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Archive for noviembre 10th, 2008

Narco-guerra en Tijuana, México

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Por ED VULLIAMY/The Observer

La violenta lucha de pandillas ha cobrado este año 2.700 vidas en México

Cuando el oficial de la policía paramilitar, con rostro cubierto por un pasamontañas, apartó la frazada que cubría el cadáver, un grupo de mujeres prorrumpió en gemidos mientras cubrían los ojos de sus hijos. Al guardia de seguridad, cuyo cuerpo fue hallado fuera de un mini-mercado de Tijuana, le habían disparado varias veces a quemarropa con lo que parecía ser un arma semiautomática; su cara y su pecho estaban desfigurados por los disparos.

Este era el sexto cadáver del día, en lo que totalizaba 15 personas muertas en menos de 72 horas durante los primeros días de noviembre en esta ciudad fronteriza que funciona como portal de México a California y viceversa. Es la línea del frente de la narco-guerra (salvaje, sanguínea y repentina) que los carteles de la droga están librando entre ellos y contra las autoridades.

La guerra ya ha cobrado 2.700 vidas este año y más de 6.000 desde diciembre de 2006, cuando el Presidente Felipe Calderón lanzó la primera ofensiva seria contra los carteles que han traficado durante décadas bajo un cierto grado de protección gubernamental.

La batalla se ha librado sobre todo a través de la frontera de 3.400 kilómetros entre Estados Unidos y México, la frontera más activa del mundo. A medida que aumenta el número de cadáveres, también lo hace la brutalidad de los asesinatos. Se han encontrado cuerpos ferozmente torturados o decapitados, castrados, sumidos en ácido sulfúrico o con las lenguas cortadas.

El experto médico forense, doctor Hiram Muñoz, del departamento de homicidios de Tijuana, contó a The Observer de qué manera “los distintos tipos de mutilaciones dejan un mensaje claro. Se han convertido en una especie de tradición folclórica. Si se corta la lengua, significa que hablaron demasiado. A un hombre que delató a otro se le corta un dedo y tal vez se le pone en la boca. Si se le castra, puede haber dormido con la mujer de otro hombre. La decapitación es otra cosa: es simplemente una manifestación de poder, una advertencia para todos.

La diferencia es que en tiempos normales los muertos eran ‘desaparecidos’ o enterrados en el desierto. Ahora se exhiben para que todos los vean”. En octubre, se encontraron 13 cuerpos con sus lenguas cortadas en la calle, frente a escuela secundaria Valentín Gómez Farías. Se interpretó como una advertencia y hubo que suspender las clases. El nuevo jefe de policía de Tijuana, el teniente coronel Julián Leyzaola, impuesto por el ejército, habla de “social-terrorismo” por parte de los narcos, refiriéndose específicamente a una amenaza reciente de que si las tropas militares no abandonan la ciudad, las bandas del narcotráfico secuestrarán y matarán niños de colegio.

CIVILES ATRAPADOS

En medio de la carnicería, un viaje con las tres jóvenes mujeres del equipo forense de la policía es una experiencia abrumadora. En los suburbios de Tijuana ha sido hallado otro cadáver, visible gracias a la luz verde de una gasolinera. El parabrisas del Ford Explorer de la víctima (con placas de California) muestra tres hoyos de balas. Al parecer intentó huir por la calle y recibió otros 25 disparos. La escena de la siguiente matanza es el minimercado, donde una frazada cubre los restos del guardia de seguridad y otros dos muertos yacen al interior del local.

Los residentes de Tijuana luchan por llevar una vida normal. Un estudio reciente con drogadictos locales muestra un aumento de los sitios de venta, de 5.000 en 2004, a 20.000 ahora, y se estiman en 200.000 los jóvenes adictos a las drogas duras en esta activa ciudad de tres millones de habitantes.

Las multitudes de turistas estadounidenses se han desvanecido de la famosa Avenida Revolución. Y, con los antiguamente ostentosos narcos asumiendo ahora un bajo perfil, los famosos burdeles y clubes de strip-tease de Tijuana están vacíos.

La región fronteriza sigue siendo un lugar fuerte, excitante y potente, donde la amplia mayoría de la gente vive y trabaja honestamente. Esta frontera suele ser definida no por las personas que la habitan, sino por cualquier cosa que sea polémicamente útil a Washington, como señala el profesor Tony Payan de la Universidad de El Paso. Sostiene que los sucesivos gobiernos estadounidenses han ilógica y desastrosamente ligado sus fracasadas “guerras contra las drogas”, con las completamente diferentes “guerras” contra los indocumentados y los terroristas.

Hay una fuerte sensación de que la región está pagando el precio por la codicia de otras personas. “Somos -dice Eligio Montes, comandante de la policía de Playa Rosarito, al sur de Tijuana-un sandwich cultural en la frontera. Y ahora estamos emparedados entre los narcos de Sinaloa y las consumidores de drogas estadounidenses”.

Los Zetos y Los Negros
La guerra se ha extendido también al corazón de México, registrándose macabras ejecuciones tanto al sur como en Chiapas. La revista Proceso publicó una foto de portada del liderazgo completo político y militar del país bajo el título “Impotencia”, y concluyó en que “los narcos son ahora una estructura nacional”.

El principal activista contra los carteles de la droga de Tijuana, Víctor Clark Alfaro, habló de “una guerra contra la sociedad misma, en todos los niveles de la vida, la escuela y la comunidad, con violencia en las calles y movimientos aún más siniestros detrás de la violencia, para crear sicosis en la sociedad y criminalizar la economía”.

La guerra también se ha propagado a Estados Unidos, con 135 arrestos en octubre de operadores de los carteles mexicanos.

El impactante y creciente nivel de violencia no es sólo una respuesta a la tardía contraofensiva de México contra las pandillas de las drogas, sino también un síntoma de una fragmentación entre los propios carteles.

El tráfico de cocaína desde Sudamérica a EEUU (y gran parte de Europa), y el tráfico de heroína y metamfetaminas producidas en México, se convirtió en un casi monopolio mexicano durante los años 90, operado por cuatro carteles, cada uno de los cuales controlaba una de las cuatro “plazas” principales, o rutas hacia Estados Unidos.

El sector de Texas pertenecía al cartel del Golfo y su ala militar, Los Zetos, integraba a ex tropas antinarcóticos mexicanas. Un paso central por Ciudad Juárez era territorio dominado por el cartel de Juárez y la gigantesca plaza entre Tijuana y California estaba controlada por los hermanos Arellano y su hermana Envida, quien asumiría el mando del clan según suponen las autoridades.

Pero una cuarta plaza centro-occidental no especificada era manejada por la Alianza de Sangre, o cartel de Sinaloa, por el estado de ese nombre en la costa del Pacífico, muy al sur de la frontera, de donde surgió la mayoría de los otros grandes traficantes.

Este cartel fue fundado y es dirigido por Joaquín “El Chapo” Guzmán, quien fue encarcelado en 1993 pero escapó dramáticamente en 2001 y ahora es un fugitivo y una especie de héroe folclórico narco. Guzmán utilizó la ofensiva del Gobierno de 2006 para reclamar toda la frontera.

La guerra que arrecia en Tijuana es en gran medida entre sus rebeldes y aquellos leales a la familia Arellano. Moreno Manjarrez dice que ya está “completamente terminada” una alianza forjada en la cárcel entre los carteles de Sinaloa y de Juárez, lo que genera mayor caos, y los de Sinaloa están enfrentando a los Zetos del cartel del Golfo con su propio y bien entrenado ejército, Los Negros.

La Nación.cl

Obama: prioridades políticas y sociales, por P. Krugman

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krugman2PAUL KRUGMAN 09/11/2008

El martes, 4 de noviembre de 2008, es una fecha que vivirá en la fama (lo opuesto a la infamia) para siempre. Si a quien lee estas líneas la elección de nuestro primer presidente afroamericano no le emocionó, si no le llenó los ojos de lágrimas y le hizo sentirse orgulloso de su país, es que le pasa algo.

Ahora bien, ¿marcará también esta elección un punto de inflexión en la política propiamente dicha? ¿Puede Barack Obama emprender verdaderamente una nueva era de políticas progresistas? Sí, puede.

En estos momentos, muchos comentaristas recomiendan a Obama que tenga cuidado. Algunos usan argumentos políticos: EE UU, dicen, sigue siendo un país conservador, y los votantes castigarán a los demócratas si se inclinan hacia la izquierda. Otros dicen que la crisis financiera y económica no deja margen de maniobra para actuar, por ejemplo, en la reforma de los seguros médicos. Confiemos en que Obama tenga suficiente sentido común para ignorar esos consejos.

Por lo que respecta al argumento político, cualquiera que dude que hemos vivido un gran realineamiento político no tiene más que ver lo que ha sucedido en el Congreso. Tras las elecciones de 2004, hubo muchos que declararon que habíamos entrado en una era prolongada, quizá permanente, de dominio republicano. Desde entonces, los demócratas han obtenido dos victorias consecutivas y han ganado al menos 12 escaños en el Senado y más de 50 en la Cámara de Representantes. Ahora disponen de unas mayorías en las dos cámaras más amplias de las que tuvo el Partido Republicano en ningún momento de sus 12 años de reinado.

Hay que tener en cuenta, además, que la elección presidencial de este año era un claro referéndum sobre filosofías políticas, y venció la filosofía progresista.

Tal vez la mejor forma de subrayar la importancia de este dato es comparar esta campaña con la de hace cuatro años. En 2004, el presidente Bush ocultó su verdadera agenda. Se presentó, para decirlo claro, como el defensor de la nación contra terroristas unidos en matrimonios homosexuales, y dejó atónitos a sus propios partidarios cuando, poco después de vencer, anunció que su primera prioridad iba a ser la privatización de la Seguridad Social. Aquello no era por lo que la gente había pensado que votaba, y el plan de privatización pasó rápidamente de ser una empresa gigantesca a convertirse en una farsa.

Este año, en cambio, Obama presentó un programa que incluía el seguro médico garantizado y los recortes fiscales para la clase media, pagados con unos impuestos más altos para los ricos. John McCain dijo que su rival era un socialista y un “redistribuidor”, pero EE UU votó por él. Eso sí que es tener un mandato.

¿Y qué ocurre con el argumento de que la crisis económica va a impedir poner en marcha un programa progresista?

No cabe duda de que la lucha contra la crisis costará mucho dinero. Rescatar el sistema financiero exigirá seguramente grandes sumas de dinero, además de los fondos ya desembolsados. Y también necesitamos con urgencia un programa de aumento del gasto público para fomentar la producción y el empleo. ¿Es posible que el déficit del presupuesto federal ascienda a un billón de dólares el año que viene? Sí.

Pero los manuales clásicos de economía nos dicen que está bien, que es apropiado incurrir en déficits temporales ante una economía deprimida. Y uno o dos años en números rojos, si bien contribuirían modestamente a los futuros gastos financieros federales, no deberían ser un obstáculo para un plan de salud que, por muy rápidamente que se convirtiera en ley, seguramente no entraría en vigor hasta 2011.

Aparte de eso, la propia respuesta a la crisis económica es, en sí, una oportunidad de impulsar un programa progresista. No obstante, Obama no debe imitar la costumbre del de Bush de convertir cualquier cosa en un argumento a favor de sus políticas preferidas. (¿Recesión? La economía necesita ayuda; ¡vamos a bajar los impuestos a los ricos! ¿Recuperación? Los recortes fiscales para los ricos funcionan; ¡vamos a aplicar unos cuantos más!).

Pero sí sería justo que la nueva Administración deje claro que la ideología conservadora, con su convicción de que la codicia siempre es buena, ha ayudado a crear esta crisis. Lo que dijo Franklin Delano Roosevelt en su segunda toma de posesión -“siempre hemos sabido que el interés egoísta e irresponsable era malo desde el punto de vista moral; ahora sabemos que es malo desde el punto de vista económico”- no ha sido nunca tan cierto como hoy.

Y hoy parece ser uno de esos momentos en los que también es verdad que, por el contrario, lo que es bueno desde el punto de vista moral es bueno desde el punto de vista económico. Ayudar a los más necesitados, aumentando las prestaciones de salud y desempleo, es lo que se debe hacer desde una perspectiva ética; es una forma mucho más eficaz de estímulo económico que rebajar el impuesto sobre las plusvalías. Ofrecer ayuda a gobiernos locales en situación difícil para que puedan mantener los servicios públicos esenciales es importante para quienes dependen de dichos servicios, pero es también una forma de evitar pérdidas de puestos de trabajo e impedir que la economía caiga en una depresión aún más profunda. Es decir, abordar un programa de prioridades progresista -llamémoslo un nuevo New Deal- no es sólo posible desde el punto de vista económico, es exactamente lo que necesita la economía.

Lo importante es que Barack Obama no debe escuchar a quienes tratan de asustarlo para que sea un presidente inactivo. Ha recibido un mandato político; tiene de su parte el sentido común económico. Podríamos decir que lo único a lo que debe tener miedo es al propio miedo.

Paul Krugman es profesor de Economía en la Universidad de Princeton. © New York Times Service, 2008. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia

El País.com

Chile: las debilidades de la izquierda parlamentaria, por C. Huneeus

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10 de Noviembre de 2008

La larga permanencia en el gobierno también tuvo altos costos para los partidos de izquierda. Las figuras del sector que opinan en los principales periódicos sobre el futuro de la Concertación no son senadores, académicos o intelectuales, como en los países avanzados, sino ex ministros o altos funcionarios de gobierno integrados al mundo de la empresa privada.

Por Carlos Huneeus

La Concertación aspira a un quinto gobierno, un objetivo muy difícil de alcanzar porque es inédito, con las excepciones de Suecia, Alemania e Italia. El estado de los partidos y las dificultades del gobierno Bachelet tampoco lo facilitan.

Fue posible en esos países por la solidez de sus partidos, que les permitió ser el eje de las definiciones programáticas y de reclutamiento de sus ministros, y por la calidad de los liderazgos de los jefes de gobierno, que eran, además, presidentes de sus partidos.

Esa solidez de los partidos no se da en Chile. Con la excepción de la UDI, son débiles como organización y en su desempeño. Las directivas del oficialismo han adoptado decisiones equivocadas, reduciéndolas a máquinas electorales, pareciendo imitar a las colectividades de EE.UU.  Chile tuvo una evolución democrática desde el siglo XIX porque  tuvo partidos organizados. Reducirlos sólo a las elecciones, es destruirlos.

Los errores del PDC son conocidos, pero también el PS y el PPD están en dificultades. El conflicto en las elecciones internas del PPD condujo a la renuncia del senador Fernando Flores, acompañado de un diputado, y a la expulsión de uno de sus fundadores y presidente de la colectividad, Jorge Schaulsohn. Para frenar la sangría de militantes, la directiva de Pepe Auth, junto al PRSD, presentó una segunda lista en las elecciones de concejales prometiendo más votos y concejales para la Concertación. Fue una técnica electoral de corto plazo y significó una definición estratégica: quebrar a la coalición ante sus adherentes. Auth no logró lo prometido y la coalición tuvo una lamentable experiencia de competencia interna. Su decisión de proclamar la candidatura del ex presidente Lagos le permite desviar la atención sobre ese grave error y reafirma la prioridad de la técnica electoral, reafirmando las dudas sobre las funciones de un partido instrumental hoy.

El PS también está en problemas, pues la renuncia del senador Alejandro Navarro, el tercero de la Concertación en solo dos años, da cuenta de un conflicto más profundo, que la directiva de Camilo Escalona no ha enfrentado: las diferencias acerca de ciertas políticas económicas y estilos de gestión que priorizan los intereses empresariales, poniendo en un segundo plano su atención de los derechos de los trabajadores, la juventud y las mujeres, especialmente del mundo popular. La larga permanencia en el gobierno también tuvo altos costos para los partidos de izquierda. Las figuras del sector que opinan en los principales periódicos sobre el futuro de la Concertación no son senadores, académicos o intelectuales, como en los países avanzados, sino ex ministros o altos funcionarios de gobierno integrados al mundo de la empresa privada. La participación socialista en la CUT ha reforzado el carácter marginal de esta organización en el sistema político y su cada vez más debilitada influencia entre los trabajadores.

Aquí hay un nudo gordiano para el PS y el PPD: personalidades  que son directores de grandes empresas, especialmente reguladas y españolas, ayudan al desarrollo de relaciones entre el poder económico y el poder político. Esta realidad irrita a los militantes de los partidos y despierta desconfianza en el electorado de la coalición, en un país subdesarrollado y con graves desigualdades económicas y sociales. El caso más llamativo es Jaime Estévez, ex presidente del BancoEstado, durante cuya gestión se concedió un crédito al grupo Luksic para adquirir el Banco de Chile y que fue  nombrado director de éste inmediatamente después de abandonar el gobierno Lagos. Este banco integra el Administrador Financiero del Transantiago, cuyos graves problemas han requerido la ayuda económica del gobierno. Estévez,  además, es director de Endesa, la principal empresa generadora del país, que impulsa, junto a Colbún, controlada por el grupo Matte, la construcción de cinco centrales hidroeléctricas en Aysén que le permitirán aumentar su poder en esta industria. Esto va contra la política energética de los dos primeros gobiernos democráticos, que  buscó disminuir el poder de Endesa y Gener, y promover la entrada de nuevos actores.  El presidente de Chilectra, vinculada a Endesa a través de Enersis, es Jorge Rosenblut, del PPD, un ex subsecretario del sector.

La primera tarea de la Concertación es explicar por qué y para qué busca un quinto gobierno. Se debe traducir en una propuesta sustantiva que refleje su arcoíris de partidos de centro e izquierda, que apunte a resolver los problemas pendientes, comenzando por “las escandalosas desigualdades”,  proponer medidas para separar el poder económico del político, que incluye estrictas normas para evitar los conflictos de intereses, y privilegiar el atender las necesidades de la mayoría. No puede concentrar sus energías en tácticas electorales, ni ignorar que sus partidos son débiles y han perdido electores, como lo demostró la elección municipal.

El PS y el PPD han llegado a una personalización de la lucha electoral que en el pasado caracterizó a la derecha, especialmente en 1958, que no la ayuda a superar sus problemas de liderazgo y de definiciones programáticas.  Las tácticas electorales del PPD y el inmovilismo del PS y el PDC favorecen la candidatura presidencial y parlamentaria de la derecha. Las alternancias de gobiernos en Suecia, Alemania e Italia se debieron a la derrota de los partidos oficialistas, más que al triunfo de la oposición. Los partidos de la Concertación tienen que enfrentar esta difícil situación con respuestas efectivas y debieran ser apoyados en ello por el gobierno y por la presidenta Bachelet.