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Archive for noviembre 5th, 2008

Obama: la crisis económica y social de EE.UU. que debe enfrentar…

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Alejandro Nadal, La Jornada

LA PIEL DE LA SERPIENTE

El próximo presidente de Estados Unidos deberá pugnar por que se cumplan los tres ideales que, según John Maynard Keynes, debe satisfacer todo sistema económico: eficiencia, justicia social y libertad personal. En los últimos decenios, Estados Unidos se ha ido alejando inexorablemente de estos ideales. Por sus reflejos anacrónicos y su ignorancia, McCain en la presidencia profundizaría el desastre en estas tres dimensiones. Obama podría ser, efectivamente, factor de cambio. Pero para ello, él mismo debe completar una transformación importante.

En Estados Unidos la eficiencia económica dejó de ser la llave del crecimiento hace mucho. Desde la década de 1970, la evolución de la productividad se convirtió en tema de preocupación. Industrias que habían sido la clave del desarrollo estadunidense (la siderúrgica, la automotriz, la de máquinas, herramientas y la química) comenzaron a atrasarse con respecto a sus competidores que inexorablemente fueron arrebatándole parcelas del mercado mundial. Décadas más tarde, la industria aeronáutica y la de semiconductores empezaron a experimentar los mismos síntomas del rezago frente a sus competidores en Europa y Asia.

El retraso en competitividad minó la posición del sector externo de Estados Unidos. En 1971 Washington abandonó el sistema Bretton Woods, reconfigurando el sistema financiero mundial. Eso precipitó el desmantelamiento de las restricciones a la libre circulación del capital, abriendo las puertas a la especulación y a la expansión del capital financiero que marcó el último tercio del siglo pasado.

En Estados Unidos, el sector manufacturero fue derrotado por el capital especulativo. Los empresarios estadunidenses se concentraron en los rendimientos de corto plazo y en cocinar estados financieros de importantes compañías y bancos. Como otras economías en su etapa crepuscular, los cuadros empresariales olvidaron las innovaciones industriales y se convirtieron en grandes inventores de productos financieros.

La crisis financiera es la muestra más clara de la profunda irracionalidad del capitalismo estadunidense. Si además consideramos los indicadores sobre consumo energético, de papel, aluminio, cemento, hidrocarburos, agua, y otros, observamos que Estados Unidos es efectivamente una colosal sociedad de desperdicio. Todavía no hay una política para revertir esto y encaminar esa economía en un sendero menos dañino para el medio ambiente.

¿Qué hay de la justicia social y la libertad personal? El próximo presidente enfrenta una estructura social altamente inequitativa que debe revertir porque constituye una amenaza para la viabilidad del capitalismo estadunidense. Pero la crisis acabó por comprometer el grado de libertad en política fiscal. El rescate del sistema financiero (que no está claro si funcionará) ha costado demasiado. La magnitud del saldo fiscal deficitario es una restricción que impide lanzar grandes iniciativas en el terreno social, educativo y científico-tecnológico.

En el ámbito de la libertad personal, Obama revertiría la tendencia a la destrucción de las libertades individuales, comenzando con la aceptación de la tortura como una práctica aceptable en la “lucha contra el terrorismo”. En este terreno Obama podría lograr avances espectaculares en poco tiempo. En contraste, McCain enseñó sus cartas con el nombramiento de la señora Pallin, personaje que muestra el lado más siniestro del proto-fascismo en Estados Unidos.

Regresando al terreno económico, la pelea por el programa de Obama comenzó hace meses. Robert Rubin, uno de los más influyentes representantes del mundo financiero, se le acercó cuando Hillary perdió la postulación. Rubin fue director de Goldman Sachs antes de ser secretario del Tesoro bajo Clinton. Desde ese puesto convenció al presidente para apoyar la ley Gramm-Leach y la Ley de modernización del mercado de commodities. Estas leyes perfeccionaron la desregulación financiera en Estados Unidos y catalizaron lo que hoy constituye la peor crisis del capitalismo estadunidense.

Si Keynes hubiera profundizado en su análisis del capitalismo contemporáneo habría anticipado que la mezcla de inestabilidad (inherente a los mercados capitalistas) e incertidumbre (sobre la composición de pasivos de los grandes agentes económicos) genera un coctel explosivo. Al incorporar en su Teoría General el impacto pleno del capitalismo financiero y especulativo, quizás habría concluido que ese sistema no puede llegar a la eficiencia.

Según la economista Joan Robinson, Keynes estaba mudando de piel mientras escribía su Teoría General, y nunca acabó de quitarse plenamente la antigua envoltura. Por eso no pudo hacer una crítica plena del capitalismo (y por eso fue recuperado por lo que la Robinson llamó el keynesianismo bastardo). Lástima. Pero eso nos deja una lección importante: en la ciencia y en la política, la crítica no puede ser a medias tintas.

Ésa es la lección que Obama debería aprender. La crítica incompleta se traduce en la recuperación por el enemigo. De llegar a la presidencia, Obama tendría que desechar la piel vieja cuanto antes. Deberá poner atención a la economía real, dentro de un esquema de responsabilidad social y buscar una mejor relación con el medio ambiente. Si no lo hace, la lógica financiera y los amigos de Rubin acabarán por comérselo a él y a las reformas que apenas ha comenzado a articular.

De la crisis financiera a la depresión económica global, por I. Ramonet

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Impacto global
Le Monde Diplomatique
El apocalipsis financiero no ha terminado. Se está transformando en recesión global. Y todo indica que vamos hacia una Gran Depresión. Por espectaculares que sean, las medidas adoptadas en Europa y en Estados Unidos no van a provocar el final de las dificultades. Lo admitió el propio Henry Paulson, Secretario del Tesoro estadounidense: “A pesar de nuestro gran plan de rescate, más instituciones financieras van a ir a la quiebra”.

En un informe sobre las crisis de los últimos treinta años, el Fondo Monetario Internacional (FMI) confirma que las que tienen a los bancos y al sector inmobiliario como protagonistas son especialmente “intensas, largas, profundas y dañinas para la economía real”. Las efectos ya se extienden por los cinco continentes: en unas semanas, el real brasileño ha perdido el 30% de su valor; el zloty polaco, un 22%; la rupia india, un 10%; el peso mexicano, un 14%. Presiones similares afrontan Indonesia, Filipinas o la República Checa.

Las autoridades estadounidenses ya han inyectado más de billón y medio de euros (equivalente al doble de lo que ha costado, desde 2001, las guerras de Afganistán y de Irak) en sus diferentes planes de rescate de bancos, cajas de ahorros y compañías de seguros. Y los grandes bancos del mundo aún necesitan varios miles de millones de euros… Lo cual les conduce a restringir el crédito a las empresas y a los particulares. Con las consecuencias muy negativas que eso está teniendo en la economía real.

Los países avanzados, entre ellos España, que han recurrido a la innovación financiera para garantizar altas rentabilidades a los inversores, son los que encajan el golpe más duro. El FMI estima que la economía de esos países tendrá el avance más débil desde hace 27 años. El mundo va camino de sufrir su peor pesadilla desde 1929.

Por sus inéditas dimensiones, esta crisis pone fin al periodo neoliberal basado en las tesis monetaristas de Milton Friedman que dominaron, durante tres décadas, el campo capitalista. Y encandilaron también a la socialdemocracia internacional. El repentino derrumbe de ese credo deja a la mayoría de los dirigentes políticos desamparados. El patético espectaculo de responsables multiplicando de modo disparatado las reuniones y las “medidas de rescate” da una idea de su despiste.

En Estados Unidos, los bancos han trabajado en unas condiciones de libertad absoluta concedidas en nombre de fundamentos ideológicos. Por ello, la clase política norteamericana tiene la responsabilidad del caos actual. El dogma del mercado infalible se ha autodestruido. En cambio, el modelo de los países que han mantenido algún tipo de control de cambio -China o Venezuela, por ejemplo- se ve ahora reivindicado. Y aunque el impacto de la crisis se hará sentir en todo el planeta, esas economías que no adoptaron la desregulacion ultraliberal saldrán mejor paradas. Algunos analistas resaltan, para América Latina, el interés de mecanismos como la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), el Banco del Sur, o la idea de un banco de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) recientemente propuesta por el presidente venezolano, Hugo Chávez.

Es un momento histórico (1). Se derrumba no sólo un modelo de economía sino también un estilo de gobierno. Eso altera el liderazgo de EEUU en el mundo. En particular su hegemonía económica. Sus finanzas dependen de que sigan entrando fuertes sumas de capital extranjero. Y los países de donde procede ese dinero -China, Rusia, petromonarquías del Golfo- van ahora a influir en su futuro.

En 2006, China y Oriente Próximo financiaron, a partes iguales, el 86% del déficit de los países industriales. En 2013, el superávit chino excederá la totalidad del déficit de los países industriales. Todo ello otorga a Pekín un papel decisivo en el mantenimiento de la estabilidad del sistema financiero internacional. Y es probable que, a cambio, China trate de obtener concesiones en asuntos como los de Taiwan o el Tíbet.

El declive de la economía anuncia, en general, la decadencia de los imperios (2). ¿Podrá la debilitada economía estadounidense seguir asumiendo la costosísima guerra de Irak? El conflicto de Vietnam acabó con la equivalencia entre el dólar y el oro, e hizo tambalear el sistema de Bretton Woods. La guerra de Irak, por su coste, ha provocado una transferencia de riqueza de EEUU a sus competidores. La influencia de los fondos soberanos y de China se ha reforzado. La crisis actual refuerza ese movimiento, y provoca un reequilibrio fundamental: el centro de gravedad del mundo se desplaza de Occidente hacia Oriente.

Pero tal desplazamiento desencadena consecuencias en cascada como las que plantea el ensayista británico John N. Gray: “Si EEUU se retira de Irak, Irán quedará como vencedor regional. ¿Cómo reaccionará Arabia Saudí? ¿Habrá más o menos probabilidades de una acción militar para impedir que Irán adquiera armas nucleares?” (3). Es evidente que Washington está perdiendo poder. La guerra de Georgia, en agosto pasado, mostró a Rusia rediseñando el mapa geopolítico del Cáucaso, sin que EEUU pudiera hacer nada.

La situación económica es tan grave que muchos Gobiernos echan por la borda sus creencias ideológicas, y están dispuestos a adoptar medidas que ellos mismos habrían tachado de heréticas hace poco. Por ejemplo, aumentar el gasto público. Y relanzar las inversiones en obras de infraestructura importantes como estímulo económico. El propio FMI aboga por una intervención pública más radical.

El modelo de capitalismo, diseñado por los Estados del Norte para el mayor provecho de los países ricos, ha muerto. La nueva arquitectura de economía social de mercado la definirán, a partir de la reunión del 15 de noviembre en Washington, no sólo los Grandes del G8 sino también, por primera vez, potencias del Sur como Argentina, Sudáfrica, Brasil, China, la India y México. Ya era hora.

Notas:
(1) John N. Gray, “Mucho más que una crisis financiera”, El País , Madrid, 11 de octubre de 2008.
(2) Paul Kennedy, Auge y caída de las grandes potencias , Debolsillo, Barcelona, 2004.
(3) Op. cit .

Barak Obama logra un triunfo histórico…

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La Jornada.mx

El triunfo de Barack Obama en las elecciones presidenciales realizadas ayer en Estados Unidos merece, por diversos motivos, el calificativo de histórico: por principio de cuentas, el aspirante demócrata logró combinar el respaldo esperanzado de los sectores mayoritarios de la sociedad con la aprobación de los poderes fácticos –el sector financiero, el complejo militar-industrial, la clase política, los conglomerados mediáticos, los sindicatos–, aprobación sin la cual no hay candidato que llegue a la Casa Blanca. Por añadidura, Obama, relativamente desconocido hasta antes de las primarias, logró imponerse a figuras políticas veteranas de la talla de Hillary Clinton y de su adversario final, John McCain. A ello ha de agregarse el hecho de que el aún senador por Illinois será el primer presidente estadunidense fogueado en los ámbitos progresistas de base –trabajó en acción comunitaria en Chicago– y el primer afroestadunidense que llegará a la oficina oval.

Si para Estados Unidos y para el mundo el fin de la era Bush es un alivio, resulta doblemente reconfortante que el sucesor no sea un republicano un tanto extraviado en sus posturas ideológicas, como McCain, sino un hombre que ha expresado en reiteradas ocasiones la necesidad de reordenar las prioridades gubernamentales y comprometer al poder público en la atención de las necesidades de la sociedad, por encima de los intereses del gran capital. Asimismo, el demócrata se ha deslindado de las posturas belicistas del actual gobierno y ha señalado la necesidad de reconstruir las libertades individuales y los derechos civiles, devastados por el autoritarismo policial que desplegó el todavía presidente estadunidense en su “guerra contra el terrorismo”. En el ámbito de las relaciones internacionales, el discurso de Obama, si bien no exento de la arrogancia imperial característica de Washington, ha puesto énfasis en la necesidad de privilegiar el diálogo por encima de las medidas de fuerza.

Por lo que hace a Latinoamérica y México, aunque el candidato vencedor carece de experiencia en la relación con las naciones situadas al sur del río Bravo, y por más que se ha abstenido de formular señalamientos específicos, es claro que sus posturas generales serán mucho más benéficas para la región que la demagógica simpatía que Bush y McCain manifiestan hacia el subcontinente y hacia la población de origen latinoamericano que reside –con documentos migratorios o sin ellos– en territorio estadunidense. La distancia de Obama ante las doctrinas económicas causantes del actual desastre financiero mundial, y su reserva para con las irracionales, violentas y contraproducentes estrategias antidrogas seguidas por las administraciones republicanas, hacen pensar que el relevo en la presidencia estadunidense será positivo para nuestras naciones. Queda por ver cuál será la postura que adopte el afroestadunidense, tras asumir el cargo, en materia migratoria.

Por otra parte, la derrota del Partido Republicano en los comicios de ayer abre, en forma paradójica, un periodo riesgoso y difícil: en los poco más de dos meses que le quedan en el cargo, es previsible que Bush procure agravar la circunstancia, de por sí catastrófica, que deja a su sucesor, y que puede traducirse en nuevas provocaciones belicistas fuera de Estados Unidos, en disposiciones que contribuyan a perpetuar la pérdida de derechos y libertades dentro del país y en medidas de protección, encubrimiento y enriquecimiento de última hora para las mafias empresariales nucleadas en torno al actual poder presidencial.

No es prudente, por último, abrigar expectativas de un cambio radical en el poder de Estados Unidos a consecuencia de la llegada de Barack Obama a la Casa Blanca. Pero sería injusto desconocer las marcadas y positivas diferencias políticas y humanas entre el triunfador en los comicios de ayer y el hombre que en ocho años ha llevado al poder estadunidense a sus peores simas morales y económicas.

Obama, la excepción inprevista…

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Cambio en la Casa Blanca – El mundo mira hacia EE UU

Un hombre para la eternidad

obama11JOHN CARLIN 05/11/2008, El País.com

Mucho se ha comentado sobre el hecho histórico de que Barack Obama sea negro. Y lo es, lo cual es muy positivo para Estados Unidos, y quizá incluso para el mundo. Pero tampoco es negro del todo, lo cual también es positivo.

Como nos recordó la foto que todo el mundo vio ayer del joven Obama con sus abuelos maternos, es mestizo. Sólo que, por los misterios de la biología, lo que predomina en su rostro son los genes de su padre keniano.

Que se le perciba como negro es bueno para la América negra. Manda un mensaje de un valor incalculable. El victimismo ancestral de los afroamericanos, los descendientes de los esclavos, ha inhibido la evolución de este sector de la población en lo económico, lo político y lo social. El hecho de que el color de la piel apenas influye en la capacidad de prosperar de los habitantes del “país de las oportunidades” se ha demostrado en el notable éxito que han tenido los recientes inmigrantes africanos, cuyos ingresos y nivel educativo han estado por encima de los de la media del país.

El ver que un hombre del mismo aspecto que ellos ha llegado a las alturas más elevadas de la política estadounidense tiene que servir para la población afroamericana como incentivo y como gran golpe de confianza.

Esto no significa que los blancos o los hispanos o los de origen asiático tengan que sentirse de ningún modo amenazados o excluidos de la fiesta. Porque ellos también pueden reconocerse en Obama, o pueden ver en él un americano medio más. Por su porte, por su aire y, ante todo, por su forma de hablar inglés, Obama no corresponde al estereotipo del negro americano con el que se asociaba a un fallido candidato negro anterior, Jesse Jackson. Cuando uno habla por teléfono con un estadounidense desconocido detecta inmediatamente, en 90 casos de cada 100, si la persona es negra. El afroamericano tiene un acento distintivo, con una clara nota sureña que lo delata, independientemente del lugar de Estados Unidos en el que viva o haya nacido.

Obama no habla así. Obama habla como un blanco típico de clasemedia de Connecticut o Colorado. En cuanto a las palabras que usa y cómo las ordena, está en otra órbita comparado con George W. Bush, por poner un ejemplo. Habla con la elocuencia, claridad y amplitud de vocabulario del más eminente abogado o profesor universitario. Pero no deja de tener visibles raíces africanas, lo que implica que todo el mundo no sólo pueda identificarse con algún aspecto de él, sino que ofrece el ejemplo de una persona digna y susceptible de emular. Obama combina los atributos del continente en el que se originó la especie humana con los del infinitamente variado país en el que él nació. Es un hombre para la eternidad.

 

Obama, presidente

Lourdes Heredia
BBC Mundo, Washington

Barack Obama escribió una nueva página en la historia de Estados Unidos al convertirse en el primer hombre negro en ser elegido presidente.

Ha tomado mucho tiempo, pero esta noche… el cambio ha llegado a Estados Unidos”, dijo el presidente electo en Chicago, ante una multitud jubilosa por la victoria.

Para Justin Webb, editor para Norteamérica de la BBC, el resultado de las elecciones tendrán un profundo impacto en el país.

Según Webb, los estadounidenses mostraron estar profundamente descontentos con el estado actual de las cosas y, además, tratan de cerrar la puerta al pasado racista de su país.

De los 50 estados americanos, Obama ganó 26, y entre ellos los que figuraban como “indecisos” en las encuestas previas a las elecciones. Este fue el caso de Indiana, Florida y Ohio, que finalmente se inclinaron por Obama.

De todos los estados sólo falta por conocerse los resultados finales en Carolina del Norte y Missouri.

Adelante desde el principio

Simpatizantes de Barack Obama en Chicago.

Miles de personas se congregaron en Chicago para celebrar el triunfo de Obama.

Desde el inicio del conteo, las encuestas a boca de urna le otorgaban al candidato demócrata la delantera sobre su rival republicano, John McCain.

Poco después, las proyecciones de los grandes medios -entre ellos la BBC- mostraron que Obama tenía suficientes representantes en el Colegio Electoral para convertirse en el 44° mandatario de EE.UU.

Cuando esto se confirmó, en medio de escenas de júbilo, Barack Obama habló ante decenas de miles de simpatizantes que lo esperaban en el Gran Park de Chicago, el parque al borde del lago Michigan.

“Esta victoria les pertenece realmente a ustedes”, dijo Obama a sus simpatizantes. “Si alguien dudaba que en Estados Unidos todo es posible, si alguien cuestionaba el poder de nuestra democracia, lo ocurrido esta noche es la respuesta”, agregó.

El ahora presidente electo también dijo que los estadounidenses enfrentan algunos de sus retos más serios en 100 años.

McCain acepta

Según los resultados oficiales disponibles, Obama tendría 349 delegados -79 más de los necesarios para cantar victoria- frente a 162 del candidato republicano, John McCain.

John McCain acepta su derrota, acompañado de su esposa y de Sarah Palin y su esposo.

McCain dijo que le colaboraría a Obama.

Cuando ya era evidente que la ventaja de Obama era inalcanzable, McCain aceptó la derrota diciendo que había llamado a su rival para felicitarlo. “El pueblo estadounidense habló y habló claro”, dijo.

Y agregó: “esta es una elección histórica y reconozco la importancia que significa para los afroamericanos”. McCain envió un mensaje de unidad y dijo que, pese a sus diferencias con Obama, estaba dispuesto a darle toda la ayuda necesaria.

George Bush también llamó a Barack Obama par felicitarlo por su triunfo. “Mis felicitaciones, señor presidente electo. Qué noche tan increíble para usted, su familia y sus simpatizantes”, le dijo Bush a Obama.

Cambio de manos

La victoria del candidato demócrata empezó a tomar perfil claro cuando se reveló que había triunfado en Ohio, Pensilvania, New Hampshire y Florida, algunos de los estados que se consideraban más disputados.

LO QUE USTED PIENSA
Carlos Arturo Orantes Ayala, Guatemala

Ohio votó por George W. Bush en 2004 y fue el primer estado en cambiar de manos en estos comicios.

Pensilvania había votado por el demócrata John Kerry cuatro años atrás, pero la campaña de McCain tenía esperanzas de recuperarlo para el Partido Republicano.

New Hampshire era otro estado demócrata que los republicanos pensaban pintar de colorado.

Y Florida fue el centro de la reñida disputa electoral entre George W. Bush y Al Gore en las elecciones del 2000, y finalmente le entregó el triunfo al republicano.

Sin embargo, en lo que respecta al voto popular los números no son tan espectaculares como en las cifras que distinguen los representantes de los partidos ante el Colegio Electoral. Los últimos datos indican que el 52% de los estadounidenses votaron por Obama y 46,8% lo hicieron por McCain.

Alegría en Chicago, silencio en Arizona

En el Gran Park de Chicago, el parque al borde del lago Michigan mientras la multitud esperaba el discurso de Barack Obama, la noticia que motivó el primer gran grito de júbilo por parte de los asistentes fue la proyección que otorgaba Ohio al candidato demócrata.

Barack Obama con su familia.

La familia Obama celebró en Chicago.

Luego los gritos no cesaron: cuando los grandes medios dieron -según sus proyecciones- a Obama como seguro ganador, y cuando John McCain aceptó su derrota.

Pero el mayor rugido de júbilo se produjo en el momento en que Obama subió al escenario para pronunciar su discurso de triunfo.

Aunque sólo se dieron 70 mil boletos para estar en el área más cercana al senador por Illinois, se cree que más de un millón de personas llegó al lugar durante la noche.

En el Hotel Biltmore, Arizona, donde John McCain se casó con su segunda mujer Cindy 30 años atrás, se respiraba una atmósfera muy diferente. Los seguidores del candidato republicano habían sido invitados a celebrar “La Noche de la Victoria Electoral 2008”, como le llamaron al evento la campaña republicana.

Pero la noche comenzó mal cuando los simpatizantes del ex veterano de Vietnam conocieron las primeras proyecciones que otorgaban Pensilvania y New Hampshire a los demócratas.

Estos resultados preliminares indicaban que el candidato republicano no podría capturar dos de los estados azules donde había invertido mucho de su tiempo y de su dinero durante la campaña.

Y la noche empeoró para los republicanos cuando John McCain subió al estrado -acompañado de Sarah Palin, su candidata a la vicepresidencia- para reconocer la victoria de Obama, quien se convierte en el 44 presidente de los Estados Unidos.