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Archive for noviembre 1st, 2008

McCain, en la recta final, recorta la ventaja de Obama (44% – 49%)

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Domingo, 02-11-08, ABC.es
 

WASHINGTON. Aunque las metáforas deportivas resultan muchas veces un tópico demasiado casposo para hablar de política, la lucha por la Casa Blanca ha entrado en su recta final como un maratón en el que el corredor más aventajado durante un buen tramo empieza a sentir cómo le pisan los talones justo cuando ya se empieza a vislumbrar la meta. En el último fin de semana de una batalla política librada durante dos años y con vocación de pasar a la historia de Estados Unidos, John McCain parece estar recortando distancias con respecto a Barack Obama.

Sin el absurdo paternalismo de prohibir la publicación de encuestas durante los últimos días antes de los comicios previstos para el próximo martes, la última tanda de continuos sondeos -como el publicado ayer (49,1%-44,1%) por la agencia Reuters y el canal C-SPAN- indica que el candidato republicano está escalando posiciones hasta colocarse incluso dentro del margen de error estadístico. Un impulso que se centraría sobre todo en torno a votantes independientes, clase trabajadora pero conservadora y una parte del voto femenino. Junto a la táctica de cuestionar la política fiscal de Obama.

Según ha indicado Nicolle Wallace, asesora de McCain, «no estamos diciendo que hayamos superado a Obama, pero ciertamente nos anima el recorte de diferencias que estamos viendo en las últimas encuestas». Aunque en opinión de David Plouffe, director de la campaña de Obama, «todos los Estados que votaron demócrata en el 2004 están claramente a favor de nosotros y eso nos permite mantener a John McCain a la defensiva».

Geografía y dinero

Si los últimos números ofrecen cierto confort a los republicanos, la geografía de los programas de campaña hasta el 4-N sirve para ilustrar la ventaja de los demócratas. Obama tiene previsto concentrar sus últimos días de mítines en Nevada, Colorado, Missouri, Ohio y Virginia. Jurisdicciones todas que hace cuatro años votaron a favor de un segundo mandato para el presidente Bush. Pero que esta vez no forman parte de una segura retaguardia para los republicanos en virtud de la significativa impopularidad de Bush, los efectos de la crisis y los cambios demográficos que han convertido a Obama en un candidato viable en múltiples baluartes republicanos.

Con su evidente ventaja a la hora de recaudar donaciones privadas, la campaña de Barack Obama también se está permitiendo estos días invertir el triple de dinero en propaganda que John McCain, quien ha tenido que optar por acogerse al limitado sistema de subvenciones públicas. Según un estudio de la Universidad de Wisconsin, más de un 70% del multimillonario desembolso realizado por Obama se concentra en estados de tradición republicana. Con adquisiciones adicionales de anuncios por televisión en estados conservadores como Dakota del Norte, Georgia y la propia Arizona de John.

En la fase final, el candidato republicano ha optado por concentrarse en esa dudosa retaguardia compuesta por Virginia y Ohio. Además de Pensilvania, el único gran estado que en el 2004 votó por los demócratas y que los conservadores intentan cambiar de columna este año. Con un énfasis especial entre sectores del electorado que consideran a Obama como una opción excesivamente exótica, pese a haber votado con anterioridad a favor de candidatos presidenciales del Partido Demócrata.

 
Los consejos de Karl Rove
 

Karl Rove, el gurú electoral del presidente Bush que el mes pasado anticipaba la posible victoria de Barack Obama, ha empezado a aconsejar desde las páginas de opinión del «Wall Street Journal» un necesario escepticismo. Según Rove: «La cuestión que importa es el margen. Si McCain está por debajo un 3%, su objetivo es alcanzable aunque difícil. Si está por debajo un 9%, su misión es esencialmente imposible. Con todo, la verdad es que nadie sabe con seguridad qué déficit es insuperable o incluso qué encuestas son correctas. Por eso, todos debemos actuar con el entendimiento de que nada está todavía decidido»

EE.UU, la crisis económica y la batalla de las ideas. Krugman encore…

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Los libros de Paul Krugman se basan en un concepto: la polarización política de Estados Unidos es fruto de las crecientes desigualdades económicas. El Nobel analiza en su última obra el fin de los neocons.

JOAQUÍN ESTEFANÍA 01/11/2008, El País

Bill Clinton dejó la economía estadounidense, en la intersección de los dos siglos, con un crecimiento medio superior al 4% y superávit público. Las dos últimas legislaturas demócratas -básicamente la década de los noventa del siglo pasado- se caracterizaron por un incremento sin parangón de la riqueza, y dieron lugar al nacimiento de otro paradigma, la denominada nueva economía, que decía que se habían acabado los ciclos económicos. Todo ello motivado por la utilización masiva de las tecnologías de la información y la comunicación (lo relacionado con Internet y el planeta digital) y una flexibilización de las herramientas empresariales. Sin embargo, tanto desarrollo no sirvió para que se estrechasen las desigualdades en Estados Unidos, sino lo contrario, y éste es el único hilo conductor que coincide con lo que sucedería después, durante los ocho años de mandato de George W. Bush.

El apellido Bush, que desaparece ahora de la primera fila de la historia, no ha tenido suerte con la economía. Bush padre perdió las elecciones a favor de un semidesconocido Bill Clinton, después de haber vencido en la primera guerra de Irak, porque una pequeña e inoportuna recesión se coló en la campaña al grito de: “¡Es la economía, estúpido!”. Y Bush hijo, después de haber tenido que superar las secuelas del estallido de la burbuja tecnológica, de los atentados del 11-S, y de los escándalos corporativos que colocaron a Enron como su principal icono, deja la Casa Blanca como ya sabemos: EE UU al borde de la recesión, todos los desequilibrios macroeconómicos (inflación, déficit, deuda) manifestándose a la vez, e incrementándose espectacularmente las diferencias de la renta y la riqueza entre los ciudadanos.

Desde el inicio del primer mandato del actual Bush hubo un economista que manifestó abiertamente sus críticas a la política económica neocon, que hacía su principal bandera de la economía de mercado sin interferencias y que se reivindicaba heredera directa de la revolución conservadora de Ronald Reagan y Margaret Thatcher: el neokeynesiano Paul Krugman, que acaba de recibir el Premio Nobel de Economía por sus trabajos científicos, pero que había brillado en el planeta de la influencia no sólo por los mismos sino por su asombrosa capacidad de divulgación, manifestada en sus artículos semanales en The New York Times (que en España publica EL PAÍS) y por sus libros. En los últimos años ha publicado al menos tres de ellos. En El gran engaño. Ineficacia y deshonestidad: Estados Unidos ante el siglo XXI -una crónica de la primera legislatura de Bush- resume lo que ha pasado desde que la Administración Clinton cesase: caída de las Bolsas, escándalos empresariales, crisis energética, retroceso del medio ambiente, dos millones de nuevos parados, los déficits gemelos (exterior y público), recesión, terrorismo, etcétera. Krugman se asombra entonces de que la principal política económica de Bush consista en bajar los impuestos a los más ricos (con el pretexto de que son los que más invierten) en medio de dos guerras. Lo contrario de lo que decía el sentido común e incluso cualquier ortodoxia económica. Según nuestro economista, la secuencia que los neocons pretendían instalar tenía un cariz ideológico: rebajar los ingresos públicos, subir el déficit (“el déficit no importa”, declaró el vicepresidente Dick Cheney), y aumentar al tiempo los gastos de seguridad y defensa. Cuando la situación se hiciese insostenible, la solución era cristalina: reducir los gastos sociales, lo que significaba acabar con el pequeño welfare estadounidense que, a su entender, es un freno a la eficacia del sistema.

No todo el Partido Republicano pensaba igual. Las anteriores no son las señas de identidad tradicionales de los republicanos (por ejemplo, no lo fueron de la Administración Nixon) sino de un pequeño grupo, muy ideologizado, con raíces en la extrema derecha religiosa y en los institutos de pensamiento fundamentalistas más relacionados con la Escuela de Chicago, que se ha apoderado de la dirección del mismo: los neocons. Ésta es la principal tesis del último libro de Krugman, Después de Bush, que subtitula El fin de los neocons y la hora de los demócratas. En él se demuestra que la polarización política es consecuencia de la desigualdad económica, lo que explicaría en buena parte el desarrollo de la actual campaña electoral. El hoy Nobel de Economía apostó en principio por Hillary Clinton como la mejor candidata demócrata a la Casa Blanca, por ser la más coherente para aplicar la política que según él debía seguir el país (el libro está escrito antes de que estallase la crisis financiera y económica): completar la obra del New Deal rooselvetiano, incluyendo una expansión del seguro social que cubriera riesgos evitables cuya relevancia se ha hecho inconmensurablemente mayor durante las últimas décadas.

En el año 1999, Krugman escribió otro libro, cuyo título puede resultar premonitorio estos días: El retorno de la economía de la depresión. En él abordaba los efectos de la primera crisis económica de la globalización: la que comenzó en el verano de 1997 en Tailandia, con la devaluación de su moneda, que se extendió primero por el conjunto de Asia, luego a Rusia y a América Latina, y finalmente al resto del planeta. Decía entonces que la economía mundial no se encontraba en depresión y que probablemente tampoco experimentaría ninguna depresión en el corto plazo. Pero que la economía de la depresión -los tipos de problemas que caracterizaron buena parte de la economía mundial en los años treinta del siglo pasado- se había instalado de forma pasmosa: hasta hace poco era difícil que alguien pensara que los países modernos se verían obligados a soportar recesiones apabullantes por temor a los especuladores monetarios; que un país avanzado podría verse con persistencia incapaz de generar el gasto suficiente para mantener el empleo de sus trabajadores y de sus fábricas; que incluso la Reserva Federal se preocuparía por su capacidad para contener un pánico del mercado financiero. La economía mundial, concluye, se ha convertido en un lugar mucho más peligroso de lo que imaginábamos. Este texto, publicado hace una década, está siendo reescrito ahora por Krugman, a la luz de la experiencia presente, que multiplica por cien lo acontecido antaño.

En 1930, John Maynard Keynes escribió que “nos hemos metido en un desorden colosal, cometiendo errores garrafales en el control de una máquina delicada, cuyo funcionamiento no entendemos”. La batalla que ha dado Krugman consiste precisamente en ello: para compartir un pronóstico de las dificultades y actuar en consecuencia, hay que comprender antes lo que está pasando. En ello ha sido un verdadero maestro. –

Después de Bush. El fin de los neocons y la hora de los demócratas. Traducción de Francesc Fernández. Crítica. Barcelona, 2008, 326 páginas. 29 euros. El gran engaño . Ineficacia y deshonestidad: Estados Unidos ante el siglo XXI. Traducción de Isabel Campos Adrados. Crítica. Barcelona, 2004. El retorno de la economía de la depresión . Traducción de Jordi Pascual. Crítica. Barcelona, 2000.

Chile: Insulza, Lagos y Frei son las cartas más fuertes, pero…

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Comienza a decantarse el abanico presidencial concertacionista

Tras el estrepitoso fracaso de la Concertación en las elecciones municipales, principalmente para el Partido Democratacristiano, el oficialismo está barajando las cartas más probables para enfrentar las presidenciales del próximo año, especialmente al candidato de la Alianza Sebastián Piñera que tiene un alto apoyo ciudadano, según las últimas encuestas. Sin embargo, no todo está dicho, ya que el conglomerado de Gobierno no tiene definido el aspirante a La Moneda y se espera que el nombre que se elija agrupe a todos los partidos en torno a su figura para poder enfrentar unidos las campañas y no sufrir una derrota que le costaría la salida del poder.

Por El Mostrador.cl

Uno de los candidatos “disponibles” para ser presidenciable es el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, quien no quiere referirse a las opciones que se barajan en el oficialismo, pero sí está claro que la gente comenzará a identificarse con el abanderado una vez que se haya definido el nombre concertacionista.

“La gente que simpatiza con la Concertación va a mencionar a su candidato preferido cuando sepa quién es ese candidato”, señala en una entrevista publicada por La Tercera.

El eventual abanderado advierte que el conglomerado oficialista no posee ideas actualmente, explicando que “en la elección municipal afectó mucho que no hubiera propuestas. Nadie sabía por qué estaba cada cuál y creo que lo esencial es que la Concertación desarrollo, ni siquiera le digo grandes tesis ideológicas, ni ningún libro, ni nada por el estilo, sino seis o siete cuestiones en las que claramente estamos divididos con la derecha”.

Insulza dijo estar de acuerdo con lo planteado por el timonel del PS, Camilo Escalona, en orden a competir en una primaria entre él y Eduardo Frei, siempre en el entendido que Ricardo Lagos mantiene su posición de no presentarse a una designación de este tipo.

“Yo la entiendo y la comparto, porque naturalmente una primaria es entre sectores distintos. Con dos candidatos del mismo sector sería un poco raro. Por lo tanto habría que ver cómo se dirime ese tema su es que ocurriera y espero que eso se aclare este mes también”, sostuvo.

El eventual apoyo de la DC a Insulza y el cuestionamiento a Frei

Según expresó el jueves el vicepresidente de la DC, Sergio Micco, algunos sectores del partido estarían dispuestos a apoyar una candidatura del “Panzer” y negociar un pacto parlamentario para aumentar el número de escaños en el Congreso, precisa el diario La Nación.

En tanto, sectores alvearistas criticaron la baja contribución que tuvo el senador Frei con la ex timonel de la colectividad cuando esta estaba al mando de la falange.

El senador alvearista, Jorge Pizarro, expresó que Frei cuestionó el mecanismo porque sabía que ese método Alvear contaba con un apoyo interno que el ex mandatario no tenía. “Esta actitud de Frei le ha hecho daño a él y al partido”, acusó Pizarro.

Sin embargo, estimó que el partido debe concentrarse en evitar que el próximo candidato DC se le haga lo que le “hicieron a Soledad Alvear”. “Espero que los gestos de unidad vengan de parte de todos, ya que con mucha pasividad hubo gente al interior del partido que la culpó de ser la responsable del fracaso electoral, en circunstancias que quienes negociaron las plantillas y tomaron las decisiones vienen de todos los sectores de la DC”, mencionó.

A pesar que el sector cercano a la senadora Alvear cuestiona el protagonismo de Frei durante la gestión de Soledad Alvear, este espera que la junta nacional de diciembre lo proclame candidato, por lo que sus operadores políticos están intentando recomponer las relaciones rotas con el alvearismo.

Los liderazgos actuales

Ante el liderazgo que posee el ex mandatario Ricardo Lagos, el diputado PPD Antonio Leal instó a su colectividad a pedirle oficialmente que sea el abanderado de un “amplio sector del progresismo de la Concertación”.

El legislador cree que con la aparición de Lagos y Frei en escena, el conglomerado oficialista se fortalece porque “las dos figuras fueron grandes presidentes de Chile y que demostraron una enorme capacidad para enfrentar escenarios difíciles como el que vivimos”.

A pesar de su empeño en postular a Lagos como candidato oficialista, no descartó la posibilidad que su partido apoye a Frei si es el mejor aspirante a La Moneda, como tampoco le cabe duda que la DC hará lo mismo si el ex mandatario socialista-PPD esté mejor posicionado en las encuestas.

Este jueves, el propio timonel del PPD, Pepe Auth, dijo que las cartas más fuertes de la Concertación actualmente son los ex mandatarios.

Por tal motivo, el dirigente se mostró partidario de redefinir el itinerario presidencial tanto de su partido como del resto de la coalición, con el objetivo de encauzarlo hacia una primaria abierta.

Economía coloca a Obama como favorito en elecciones…

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Un sondeo de ‘The New York Times’ sitúa a McCain 11 puntos por detrás

YOLANDA MONGE – Washington – 01/11/2008, El País

A tres días de las elecciones, Barack Obama y John McCain siguen su titánico esfuerzo por captar votos mientras que las últimas encuestas confirman una sólida ventaja del candidato demócrata, no sólo en su valoración general sino en todos los aspectos por los que los electores deciden su voto, especialmente, el de la economía. Un sondeo del diario The New York Times y la cadena CBS, publicado ayer, sitúa al candidato republicano 11 puntos por detrás de su rival demócrata y establece, además, que Obama continúa teniendo una significativa ventaja en asuntos claves como el manejo de los asuntos económicos, el sistema sanitario y la guerra de Irak.

El 89% de los estadounidenses, según ese sondeo, declara tener una visión negativa de cómo está la economía y un 85% considera que el país no va en la dirección adecuada. Ante tan pésimo panorama, un 54% de los encuestados considera que Obama mejoraría la situación económica frente al 32% que cree que el artífice de una mejora en las finanzas sería McCain. La burda propaganda del fontanero Joe no ha parecido funcionar y los encuestados parecen tener una visión parecida respecto a si los candidatos aumentarán los impuestos: 50% Obama; 46% McCain.

En un tema tan polémico y relevante aquí como el sistema de salud, casi el triple de los encuestados en comparación con McCain dicen que con el aspirante demócrata a la Casa Blanca la cobertura médica llegará a más personas: un 66% frente al 23%.

Respecto a la guerra que se libra en Irak, un 7% cree que la política de Obama llevará a una menor presencia militar en aquel país mientras que el 56% de los encuestados consideran que con el ex veterano de Vietnam la implicación en el país árabe y el envío de tropas será mayor. La encuesta deja claro la percepción de los votantes de que Obama haría un mejor trabajo en los temas antes citados pero sin embargo a la hora de definir quién sería mejor comandante en jefe los números todavía se vuelcan a favor de McCain. El 47% de los cuestionados cree que el senador de Arizona sería más efectivo en ése puesto. El 33% opinó que Obama.

Quien podría convertirse el próximo martes en el primer presidente negro de la historia de Estados Unidos, no pierde oportunidad en sus mítines para resaltar los vínculos de su contrincante con George Bush, el mandatario con los peores índices de popularidad que se recuerdan en el país desde Harry Truman en 1952: un 22%. “George Bush cavó un profundo agujero . Y ahora quiere pasarle la pala a John McCain”, dijo ayer Obama en un mitin. Ambos candidatos están pisando a fondo el acelerador en los últimos días de campaña y han emprendido una carrera frenética que les llevará a ocho estados con tres diferentes husos horarios. Eso sí, la campaña de Obama informaba de que el senador de Illinois pasaría ayer unas horas por su casa en Chicago para celebrar Halloween con sus hijas.

“Confío en nuestra victoria”, declaró ayer McCain en Ohio, uno de los estados clave de la elección. McCain, 72 años, dice mantener la esperanza a pesar de que otro sondeo, el del diario The Washington Post y la cadena ABC le daba ayer hasta 8 puntos de desventaja frente a Obama. Sus esfuerzos por situarse como el candidato del cambio no han calado. Según el sondeo de New York Times / CBS el senador por Illinois es visto como “el candidato del cambio” por el 64% de los encuestados, mientras que sólo el 39% cree que McCain efectuaría “un auténtico cambio”.

También parece dejar claro este último estudio que la candidatura de Obama ha cambiado la percepción de la raza en el país. Cerca de dos tercios de los entrevistados creen que blancos y negros tienen las mismas posibilidades en la sociedad. Y un 14% declara que mucha de la gente que conocen no votaría por un negro. Pero esos números han mejorado desde que se inició la campaña. Por ejemplo, a mediados de julio sólo la mitad de los encuestados creían que la sociedad era igualitaria en la raza y era mucho mayor el porcentaje que rechazaba la idea de un afroamericano en al Casa Blanca.

Finalmente, la encuesta expone una vez más los pésimos números atribuidos a la aspirante a vicepresidenta. La estrella de la gobernadora de Alaska parece apagarse cada día un poco más. Según el sondeo del Times, casi seis de cada diez votantes creen que Sarah Palin no está preparada para el cargo. Esta cifra es nueve puntos superior que a principios de mes. Joe Biden gusta a los encuestados. Tres cuartas partes ven perfectamente en el puesto al senador demócrata.

Crisis mundial: algunos errores sobre la explicación de la crisis…

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Un artículo difundido recientemente en algunos medios de información de izquierdas lleva por título: “Nos sobran analistas, nos faltan activistas”. Pero si nos sobran analistas es porque éstos repiten en realidad los mismos análisis. Cada análisis se sigue de unos principios distintos, y de ellos se sigue también un programa político distinto, y una táctica política distinta. Pero el problema no es tanto que falten activistas, como que los análisis sean o no acertados, pues de análisis erróneos se siguen programas políticos erróneos, con lo que sobrarían también activistas guiados por ellos. Este artículo trata de advertir sobre algunos de estos análisis erroneos, desde la teoría marxista. Como dice el profesor de economía Rolando Astarita: “Algo que he visto a lo largo de mi militancia es que, por ejemplo, un trabajador que entendió que tenía que ir a la Plaza del No contra Menem, el día de mañana podía ser kirchnerista. Pero un trabajador que entendió la plusvalía, que adquirió conciencia de qué es la explotación del capital, no pasa más del otro lado de la barrera ideológica” (entrevista a Rolando Astarita en el libro “Las izquierdas en la política argentina”, Divino Tesoro, 2007).

Este artículo está dividido en dos partes. En la primera se critican algunos aspectos de la explicación dominante de la crisis, que se filtran en cierta medida en las explicaciones de la izquierda (capitalista); en la segunda se critica la explicación, basada en la teoría del subconsumo, compartida por la doctrina keynesiana (y, hoy día, decir keynesiano es casi lo mismo que decir “de izquierdas”, y viceversa), y por algunos marxistas. Nos dejamos algunos aspectos en el tintero: el amplio tema del neoliberalismo y, en particular, de la desrregulación financiera. Para una explicación histórico-económica del neoliberalismo en términos marxistas, remitimos a la excelente obra de Gerard Duménil y Dominique Lévy, recientementa traducida: “Crisis y salida de la crisis. Orden y desorden neoliberales”, Fondo de Cultura Económica, 2007; para una explicación detallada de la desrregulación financiera, y de la proliferación de la ingeniería financiera promovida por ella, remitimos al artículo de Rolando Astarita: “Sobre la crisis financiera (I): Sobre los mecanismos de control de los mercados financieros”  (http://www.elrevolucionario.org/rev.php?articulo966).

1. La crisis no empieza siendo una crisis financiera, que luego se traslada a la “economía real”, sino al revés.

La explicación oficial de la crisis difundida por los medios de comunicación dominantes comienza diciendo que la causa de la crisis ha sido la “codicia” de unos pocos especuladores. Pero el fin que mueve a los agentes capitalistas en general, y no sólo a “algunos”, es la búsqueda de beneficio, y no la “codicia”. La búsqueda del beneficio es una causa, junto con otras, fundamental de las crisis, en tanto que aquella es consustancial al capitalismo y las crisis también lo son. La búsqueda del beneficio no es algo ajeno al capitalismo, que algunos introducen en él de vez en cuando, produciendo las crisis.

Pero el aspecto fundamental de la explicación dominante no se presenta siquiera como tal, sino que se da por supuesto. Se da por supuesto que la crisis ha comenzado siendo una crisis financiera, y, con el pretendido fin de evitar su contagio a la “economía real”, se aplican medidas de rescate del sector financiero.

Todos sabemos que ha habido un exceso de crédito, que las entidades financieras se han volcado masivamente a la concesión de créditos hipotecarios para la compra de viviendas, y para el consumo en general. Según la explicación dominante, la crisis financiera se ha producido cuando muchos de los prestatarios se han revelado insolventes.

Pero miremos las cosas desde otra perspectiva, o completemos la visión unilateral y falsa, por tanto, que ofrece la explicación dominante. En primer lugar, si ha habido tantos insolventes ha sido porque éstos no han podido seguir pagando sus hipotecas conforme los intereses subían (junto con la inflación), bien porque sus salarios no han acompañado a dichas subidas, bien porque han perdido sus empleos, directamente. Pero los bajos salarios y el aumento del desempleo son, en último término, efectos de la crisis. Es decir: si la economía estuviera creciendo a un ritmo, digamos, adecuado (para responder al crédito), que hubiera permitido un aumento del empleo y los salarios, no se habría producido la crisis financiera. Sin embargo, los medios fijan nuestra atención en el aspecto financiero de la crisis, en la caída de las acciones de las entidades financieras, en vez de en el aumento del desempleo y en la bajada de los salarios, que son consecuencia de la crisis de la “economía real”.

Se viene a decir que la causa de la crisis ha sido el exceso de crédito. Pero, ¿con respecto a qué se produce el exceso de crédito? Con respecto al crecimiento de la economía. La causa de la crisis no es, entonces, el exceso de crédito, sino la falta de un crecimiento correspondiente de la economía. El exceso de crédito es efecto, y no causa, de la crisis.

Pero la crisis ya estaba ahí desde 2001. Tras la crisis de los 70 y principios de los 80, el capitalismo ha vivido un período de crecimiento desde mediados de los 80 hasta finales de los 90. Cuando la burbuja bursátil de las .com estalló, la FED bajó drásticamente los tipos de interés, con lo que dio un respiro a la economía mundial. Las entidades financieras se lanzaron entonces al mercado hipotecario y al sector de la construcción. De esta forma se postergó la crisis, pero la crisis ya estaba ahí.

Culpando de la crisis a los excesos del sistema financiero se trata de exculpar al sistema capitalista. Esta maniobra no es nueva: el fascismo y el nazismo ya culparon de la crisis de los 30 a la “plutocracia” o al “capitalismo financiero”, identificándolo con los judíos.

2. La causa de la crisis no es el subconsumo.

Pasamos ahora a una explicación de la crisis compartida tanto por la izquierda capitalista como por algunos marxistas. Unos y otros se basan en la teoría subconsumista. Muchos artículos aparecidos últimamente en medios de información de izquierdas comparten esta teoría. La teoría del subconsumo, aunque errónea, tiene al menos la virtud de tratar de ir a las causas del problema.

La teoría del subconsumo tiene una larga tradición que se remonta a Sismondi y Malthus, pasando por Hobson hasta llegar a Keynes y algunos marxistas como Luxemburgo, Baran y Sweezy, por ejemplo. Podemos exponer brevemente la lógica fundamental de esta teoría. La idea general es simple (baso la exposición en Anwar Shaikh, “Valor, acumulación y crisis”, Razón y Revolución, 2006): Si los trabajadores sólo reciben como salario el equivalente a una parte del valor del producto (nos referimos al producto social total), entonces sólo podrán comprar una parte del producto, lo que conduce al subconsumo (o a la sobreproducción). Las versiones más vulgares de la teoría se detienen aquí. Pero prosigamos: la otra parte del valor del producto serría comprada por los capitalistas, con su ganancia. Dicho ésto, parece que el problema está resuelto. Sin embargo, podría estarlo para el caso de lo que Marx denomina la reproducción simple, es decir, para el caso en que el capital no se acrecienta y la economía no crece, es decir, para el caso en que todo el beneficio es consumido por los capitalistas, que no dedican nada a la inversión. Pero si los capitalistas no consumen todo su beneficio e invierten una parte, entonces topamos finalmente con el problema del subconsumo. Para la teoría del subconsumo, el problema es, por tanto, la inversión. Llegamos así a una paradoja: la teoría del subconsumo podría explicar las crisis, si se entendiera por crisis la falta total de inversión y, por tanto, de crecimiento de la economía. Pero, si esta teoría fuera cierta, la economía capitalista no podría crecer, con lo que las economías capitalistas no habrían crecido a lo largo de su historia. Pero el crecimiento económico capitalista es un hecho histórico (aunque también lo es que este crecimiento pasa por fases de auge y de retroceso, y que las fases de auge son cada vez más limitadas). En conclusión: la teoría del subconsumo explica la crisis ¡al precio de dejar sin explicar el crecimiento, es decir, al precio de concluir que la economía capitalista se encuentra en una crisis perpetua!

No hace falta ir muy lejos para encontrar la solución a la contradicción planteada por las teorías del subconsumo: la solución está en aquello que para la teoría subconsumista constituye precisamente la causa del subconsumo, es decir, en la propia inversión. La inversión se materializa en más capital constante (equipos, materias primas, etc.) y en más trabajadores, destinados a ampliar la producción. Esta inversión acrecentada es la que sirve para realizar la producción anterior, fruto de una inversión acrecentada con respecto a la anterior, y así sucesivamente. En palabras de Shaikh: “Lo que muestran los ejemplos de Marx [se refiere a los esquemas de reproducción] es que, si los capitalistas realizaran la cantidad apropiada de inversión, ciertamente podrían vender su producto y obtener las ganancias esperadas. Si este éxito los estimula a invertir una vez más, en espera de ganancias aun mayores, una vez más obtendrán su recompensa, y así sucesivamente. Entretanto el consumo aumentaría debido al empleo creciente y a la creciente riqueza de los capitalistas”. Por ello la economía capitalista debe crecer necesariamente, aunque a ritmos mayores o menores. Así pues, el problema no es la inversión, sino la falta de inversión, y la inversión depende de la tasa de beneficio. Puede decirse, para terminar, que el problema de la teoría del subconsumo es que no tiene en cuenta el tiempo.

Sobre la actual crisis financiera se oye decir con frecuencia que el problema ha sido que hemos estado gastando más de lo que teníamos, es decir, más de lo que habíamos producido, gracias a un crédito excesivo. Este tópico es falso, al menos en un sentido: siempre que la economía crezca, porque lo haga la inversión, gastamos más de lo ya producido, porque la producción actual, acrecentada, es mayor que la producción pasada. Por otro lado, el crédito siempre es excesivo con respecto a la producción actual, precisamente en la medida en que presupone una producción futura acrecentada, y un mayor beneficio; porque, si la economía no creciera: ¿de dónde saldría el dinero para pagar los intereses? El problema ocurre cuando la economía no crece en la medida de lo previsto. Así como la inversión acrecentada debe servir, no sólo para pagar el crédito, sino los intereses, también debe servir para consumir el producto creado por una inversión anterior, normalmente menor. Por ello, las crisis se explican, no por un subconsumo congénito debido a la inversión, sino, al contrario, por una falta de inversión, debida a un descenso de la tasa de beneficio.

La teoría del subconsumo sirve de fundamento a la doctrina keynesiana de la crisis, pero no a la teoría de Marx (dejamos la explicación marxista de la crisis para otro artículo). Asímismo, esta teoría sirve de base a las políticas keynesianas, que no sirven para salir de la crisis, sino para paliar y prevenir sus efectos sobre la clase asalariada (ésto lo explicamos en un artículo anterior: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=73563) y, con ello, tratar de evitar que ésta se movilice contra el sistema capitalista y su Estado. El propio Keynes dijo: “Puedo estar influído por lo que me parece ser justicia y buen sentido, pero la guerra de clases me encontrará del lado de la burguesía educada”. Pero el marxismo no pretende un “capitalismo más justo”, porque entiende que ésto no es posible a la larga, sino destruir el sistema capitalista y construir el socialismo.

Sin embargo, estos días pueden leerse multitud de artículos en diversos medios de información de izquierdas, algunos de ellos escritos desde el marxismo, que ofrecen explicaciones de la crisis basadas en la teoría del subconsumo. Esta teoría puede servir, quizás, para explicar de forma simple la crisis (aunque resulte errónea, e incluso absurda, como hemos visto), pero no tiene nada que ver con la explicación marxista de la crisis, y hay que tener cuidado con el precio de esta simplificación. Porque si, según estas explicaciones erroneas, el problema es el subconsumo, bastaría (supuestamente) con volver a las recetas keynesianas redistributivas (aumento del gasto social, básicamente) con la ilusa pretensión de construir un capitalismo más justo. Pero no es ésta la solución, porque no es aquel el problema. Si las cosas se ponen difíciles para el capitalismo, ya se encargará la socialdemocracia de reeditar las políticas keynesianas, y ya lo está haciendo, en cierta medida. Por otro lado, el liberalismo puede dar nuevamente paso al fascismo, y ya lo está haciendo también, en medida creciente.

Obviamente, no se debe dejar de defender, también desde el marxismo, lo poco que queda del Estado de bienestar: sería un grave error no hacerlo. Pero también sería un grave error limitarse a ello. El marxismo tiene otro programa, y no hay mejor momento para darlo a conocer que los tiempos de crisis.

alfredo.torrado@gmail.com