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Archivo para octubre 10th, 2008

Pierre Bourdieu: la esencia del Neoliberalismo

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Como lo pretende el discurso dominante, el mundo económico es un orden puro y perfecto, que implacablemente desarrolla la lógica de sus consecuencias predecibles y atento a reprimir todas las violaciones mediante las sanciones que inflige, sea automáticamente o —más desusadamente— a través de sus extensiones armadas, el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y las políticas que imponen: reducción de los costos laborales, reducción del gasto público y hacer más flexible el trabajo.

Publicado en Le Monde,Francia.

¿Tiene razón el discurso dominante? ¿Y qué pasaría si, en realidad, este orden económico no fuera más que la instrumentación de una utopía —la utopía del neoliberalismo— convertida así en un problema político? ¿Un problema que, con la ayuda de la teoría económica que proclama, lograra concebirse como una descripción científica de la realidad?

Esta teoría tutelar es pura ficción matemática. Se fundó desde el comienzo sobre una abstracción formidable. Pues, en nombre de la concepción estrecha y estricta de la racionalidad como racionalidad individual, enmarca las condiciones económicas y sociales de las orientaciones racionales y las estructuras económicas y sociales que condicionan su aplicación.

Para dar la medida de esta omisión, basta pensar precisamente en el sistema educativo. La educación no es tomada nunca en cuenta como tal en una época en que juega un papel determinante en la producción de bienes y servicios tanto como en la producción de los productores mismos. De esta suerte de pecado original, inscrito en el mito walrasiano (1) de la «teoría pura», proceden todas las deficiencias y fallas de la disciplina económica y la obstinación fatal con que se afilia a la oposición arbitraria que induce, mediante su mera existencia, entre una lógica propiamente económica, basada en la competencia y la eficiencia, y la lógica social, que está sujeta al dominio de la justicia.

Dicho esto, esta «teoría» desocializada y deshistorizada en sus raíces tiene, hoy más que nunca, los medios de comprobarse a sí misma y de hacerse a sí misma empíricamente verificable. En efecto, el discurso neoliberal no es simplemente un discurso más. Es más bien un «discurso fuerte» —tal como el discurso siquiátrico lo es en un manicomio, en el análisis de Erving Goffman (2). Es tan fuerte y difícil de combatir solo porque tiene a su lado todas las fuerzas de las relaciones de fuerzas, un mundo que contribuye a ser como es. Esto lo hace muy notoriamente al orientar las decisiones económicas de los que dominan las relaciones económicas. Así, añade su propia fuerza simbólica a estas relaciones de fuerzas. En nombre de este programa científico, convertido en un plan de acción política, está en desarrollo un inmenso proyecto político, aunque su condición de tal es negada porque luce como puramente negativa. Este proyecto se propone crear las condiciones bajo las cuales la «teoría» puede realizarse y funcionar: un programa de destrucción metódica de los colectivos.

El movimiento hacia la utopía neoliberal de un mercado puro y perfecto es posible mediante la política de derregulación financiera. Y se logra mediante la acción transformadora y, debo decirlo, destructiva de todas las medidas políticas (de las cuales la más reciente es el Acuerdo Multilateral de Inversiones, diseñado para proteger las corporaciones extranjeras y sus inversiones en los estados nacionales) que apuntan a cuestionar cualquiera y todas las estructuras que podrían servir de obstáculo a la lógica del mercado puro: la nación, cuyo espacio de maniobra decrece continuamente; las asociaciones laborales, por ejemplo, a través de la individualización de los salarios y de las carreras como una función de las competencias individuales, con la consiguiente atomización de los trabajadores; los colectivos para la defensa de los derechos de los trabajadores, sindicatos, asociaciones, cooperativas; incluso la familia, que pierde parte de su control del consumo a través de la constitución de mercados por grupos de edad.

El programa neoliberal deriva su poder social del poder político y económico de aquellos cuyos intereses expresa: accionistas, operadores financieros, industriales, políticos conservadores y socialdemócratas que han sido convertidos en los subproductos tranquilizantes del laissez faire, altos funcionarios financieros decididos a imponer políticas que buscan su propia extinción, pues, a diferencia de los gerentes de empresas, no corren ningún riesgo de tener que eventualmente pagar las consecuencias. El neoliberalismo tiende como un todo a favorecer la separación de la economía de las realidades sociales y por tanto a la construcción, en la realidad, de un sistema económico que se conforma a su descripción en teoría pura, que es una suerte de máquina lógica que se presenta como una cadena de restricciones que regulan a los agentes económicos.

La globalización de los mercados financieros, cuando se unen con el progreso de la tecnología de la información, asegura una movilidad sin precedentes del capital. Da a los inversores preocupados por la rentabilidad a corto plazo de sus inversiones la posibilidad de comparar permanentemente la rentabilidad de las más grandes corporaciones y, en consecuencia, penalizar las relativas derrotas de estas firmas. Sujetas a este desafío permanente, las corporaciones mismas tienen que ajustarse cada vez más rápidamente a las exigencias de los mercados, so pena de «perder la confianza del mercado», como dicen, así como respaldar a sus accionistas. Estos últimos, ansiosos de obtener ganancias a corto plazo, son cada vez más capaces de imponer su voluntad a los gerentes, usando comités financieros para establecer las reglas bajo las cuales los gerentes operan y para conformar sus políticas de reclutamiento, empleo y salarios.

Así se establece el reino absoluto de la flexibilidad, con empleados por contratos a plazo fijo o temporales y repetidas reestructuraciones corporativas y estableciendo, dentro de la misma firma, la competencia entre divisiones autónomas así como entre equipos forzados a ejecutar múltiples funciones. Finalmente, esta competencia se extiende a los individuos mismos, a través de la individualización de la relación de salario: establecimiento de objetivos de rendimiento individual, evaluación del rendimiento individual, evaluación permanente, incrementos salariales individuales o la concesión de bonos en función de la competencia y del mérito individual; carreras individualizadas; estrategias de «delegación de responsabilidad» tendientes a asegurar la autoexplotación del personal, como asalariados en relaciones de fuerte dependencia jerárquica, que son al mismo tiempo responsabilizados de sus ventas, sus productos, su sucursal, su tienda, etc., como si fueran contratistas independientes. Esta presión hacia el «autocontrol» extiende el «compromiso» de los trabajadores de acuerdo con técnicas de «gerencia participativa» considerablemente más allá del nivel gerencial. Todas estas son técnicas de dominación racional que imponen el sobrecompromiso en el trabajo (y no solo entre gerentes) y en el trabajo en emergencia y bajo condiciones de alto estrés. Y convergen en el debilitamiento o abolición de los estándares y solidaridades colectivos (3).

De esta forma emerge un mundo darwiniano —es la lucha de todos contra todos en todos los niveles de la jerarquía, que encuentra apoyo a través de todo el que se aferra a su puesto y organización bajo condiciones de inseguridad, sufrimiento y estrés. Sin duda, el establecimiento práctico de este mundo de lucha no triunfaría tan completamente sin la complicidad de arreglos precarios que producen inseguridad y de la existencia de un ejército de reserva de empleados domesticados por estos procesos sociales que hacen precaria su situación, así como por la amenaza permanente de desempleo. Este ejército de reserva existe en todos los niveles de la jerarquía, incluso en los niveles más altos, especialmente entre los gerentes. La fundación definitiva de todo este orden económico colocado bajo el signo de la libertad es en efecto la violencia estructural del desempleo, de la inseguridad de la estabilidad laboral y la amenaza de despido que ella implica. La condición de funcionamiento «armónico» del modelo microeconómico individualista es un fenómeno masivo, la existencia de un ejército de reserva de desempleados.

La violencia estructural pesa también en lo que se ha llamado el contrato laboral (sabiamente racionalizado y convertido en irreal por «la teoría de los contratos»). El discurso organizacional nunca habló tanto de confianza, cooperación, lealtad y cultura organizacional en una era en que la adhesión a la organización se obtiene en cada momento por la eliminación de todas las garantías temporales (tres cuartas partes de los empleos tienen duración fija, la proporción de los empleados temporales continúa aumentando, el empleo «a voluntad» y el derecho de despedir un individuo tienden a liberarse de toda restricción).

Así, vemos cómo la utopía neoliberal tiende a encarnarse en la realidad en una suerte de máquina infernal, cuya necesidad se impone incluso sobre los gobernantes. Como el marxismo en un tiempo anterior, con el que en este aspecto tiene mucho en común, esta utopía evoca la creencia poderosa —la fe del libre comercio— no solo entre quienes viven de ella, como los financistas, los dueños y gerentes de grandes corporaciones, etc., sino también entre aquellos que, como altos funcionarios gubernamentales y políticos, derivan su justificación viviendo de ella. Ellos santifican el poder de los mercados en nombre de la eficiencia económica, que requiere de la eliminación de barreras administrativas y políticas capaces de obstaculizar a los dueños del capital en su procura de la maximización del lucro individual, que se ha vuelto un modelo de racionalidad. Quieren bancos centrales independientes. Y predican la subordinación de los estados nacionales a los requerimientos de la libertad económica para los mercados, la prohibición de los déficits y la inflación, la privatización general de los servicios públicos y la reducción de los gastos públicos y sociales.

Los economistas pueden no necesariamente compartir los intereses económicos y sociales de los devotos verdaderos y pueden tener diversos estados síquicos individuales en relación con los efectos económicos y sociales de la utopía, que disimulan so capa de razón matemática. Sin embargo, tienen intereses específicos suficientes en el campo de la ciencia económica como para contribuir decisivamente a la producción y reproducción de la devoción por la utopía neoliberal. Separados de las realidades del mundo económico y social por su existencia y sobre todo por su formación intelectual, las más de las veces abstracta, libresca y teórica, están particularmente inclinados a confundir las cosas de la lógica con la lógica de las cosas.

Estos economistas confían en modelos que casi nunca tienen oportunidad de someter a la verificación experimental y son conducidos a despreciar los resultados de otras ciencias históricas, en las que no reconocen la pureza y transparencia cristalina de sus juegos matemáticos y cuya necesidad real y profunda complejidad con frecuencia no son capaces de comprender. Aun si algunas de sus consecuencias los horrorizan (pueden afiliarse a un partido socialista y dar consejos instruidos a sus representantes en la estructura de poder), esta utopía no puede molestarlos porque, a riesgo de unas pocas fallas, imputadas a lo que a veces llaman «burbujas especulativas», tiende a dar realidad a la utopía ultralógica (ultralógica como ciertas formas de locura) a la que consagran sus vidas.

Y sin embargo el mundo está ahí, con los efectos inmediatamente visibles de la implementación de la gran utopía neoliberal: no solo la pobreza de un segmento cada vez más grande de las sociedades económicamente más avanzadas, el crecimiento extraordinario de las diferencias de ingresos, la desaparición progresiva de universos autónomos de producción cultural, tales como el cine, la producción editorial, etc., a través de la intrusión de valores comerciales, pero también y sobre todo a través de dos grandes tendencias. Primero la destrucción de todas las instituciones colectivas capaces de contrarrestar los efectos de la máquina infernal, primariamente las del Estado, repositorio de todos los valores universales asociados con la idea del reino de lo público. Segundo la imposición en todas partes, en las altas esferas de la economía y del Estado tanto como en el corazón de las corporaciones, de esa suerte de darwinismo moral que, con el culto del triunfador, educado en las altas matemáticas y en el salto de altura (bungee jumping), instituye la lucha de todos contra todos y el cinismo como la norma de todas las acciones y conductas.

¿Puede esperarse que la extraordinaria masa de sufrimiento producida por esta suerte de régimen político-económico pueda servir algún día como punto de partida de un movimiento capaz de detener la carrera hacia el abismo? Ciertamente, estamos frente a una paradoja extraordinaria. Los obstáculos encontrados en el camino hacia la realización del nuevo orden de individuo solitario pero libre pueden imputarse hoy a rigideces y vestigios. Toda intervención directa y consciente de cualquier tipo, al menos en lo que concierne al Estado, es desacreditada anticipadamente y por tanto condenada a borrarse en beneficio de un mecanismo puro y anónimo: el mercado, cuya naturaleza como sitio donde se ejercen los intereses es olvidada. Pero en realidad lo que evita que el orden social se disuelva en el caos, a pesar del creciente volumen de poblaciones en peligro, es la continuidad o supervivencia de las propias instituciones y representantes del viejo orden que está en proceso de desmantelamiento, y el trabajo de todas las categorías de trabajadores sociales, así como todas las formas de solidaridad social y familiar. O si no…

La transición hacia el «liberalismo» tiene lugar de una manera imperceptible, como la deriva continental, escondiendo de la vista sus efectos. Sus consecuencias más terribles son a largo plazo. Estos efectos se esconden, paradójicamente, por la resistencia que a esta transición están dando actualmente los que defienden el viejo orden, alimentándose de los recursos que contenían, en las viejas solidaridades, en las reservas del capital social que protegen una porción entera del presente orden social de caer en la anomia. Este capital social está condenado a marchitarse —aunque no a corto plazo— si no es renovado y reproducido.

Pero estas fuerzas de «conservación», que es demasiado fácil de tratar como conservadoras, son también, desde otro punto de vista, fuerzas de resistencia al establecimiento del nuevo orden y pueden convertirse en fuerzas subversivas. Si todavía hay motivo de abrigar alguna esperanza, es que todas las fuerzas que actualmente existen, tanto en las instituciones del Estado como en las orientaciones de los actores sociales (notablemente los individuos y grupos más ligados a esas instituciones, los que poseen una tradición de servicio público y civil) que, bajo la apariencia de defender simplemente un orden que ha desaparecido con sus correspondientes «privilegios» (que es de lo que se les acusa de inmediato), serán capaces de resistir el desafío solo trabajando para inventar y construir un nuevo orden social. Uno que no tenga como única ley la búsqueda de intereses egoístas y la pasión individual por la ganancia y que cree espacios para los colectivos orientados hacia la búsqueda racional de fines colectivamente logrados y colectivamente ratificados.

¿Cómo podríamos no reservar un espacio especial en esos colectivos, asociaciones, uniones y partidos al Estado: el Estado nación, o, todavía, mejor, al Estado supranacional —un Estado europeo, camino a un Estado mundial— capaz de controlar efectivamente y gravar con impuestos las ganancias obtenidas en los mercados financieros y, sobre todo, contrarrestar el impacto destructivo que estos tienen sobre el mercado laboral. Esto puede lograrse con la ayuda de las confederaciones sindicales organizando la elaboración y defensa del interés público. Querámoslo o no, el interés público no emergerá nunca, aun a costa de unos cuantos errores matemáticos, de la visión de los contabilistas (en un período anterior podríamos haber dicho de los «tenderos») que el nuevo sistema de creencias presenta como la suprema forma de realización humana.

Notas

1. Auguste Walras (1800-66), economista francés, autor de De la nature de la richesse et de l’origine de la valeur [sobre la naturaleza de la riqueza y el origen del valor) (1848). Fue uno de los primeros que intentaron aplicar las matemáticas a la investigación económica.

2. Erving Goffman. 1961. Asylums: Essays On The Social Situation Of Mental Patients And Other Inmates [Manicomios: ensayos sobre la situación de los pacientes mentales y otros reclusos]. Nueva York: Aldine de Gruyter.

3. Ver los dos números dedicados a « Nouvelles formes de domination dans le travail » [nuevas formas de dominación en el trabajo], Actes de la recherche en sciences sociales, Nº 114, setiembre de 1996, y 115, diciembre de 1996, especialmente la introducción por Gabrielle Balazs y Michel Pialoux, « Crise du travail et crise du politique » [crisis del trabajo y crisis política], Nº 114: p. 3-4.

Crisis financiera: el ‘crash’ de octubre de 2008, peor que el de 1929…

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La desconfianza hunde las Bolsas en la peor semana de su historia – En una jornada errática, Wall Street abre en caída libre y al final recupera buena parte de lo perdido

CLAUDI PÉREZ - Madrid – 11/10/2008, El País.com

Cada generación tiene su propio hundimiento bursátil, que además suele ser la antesala de una recesión global, o a lo peor de una depresión profunda. En el imaginario popular han quedado grabados a fuego el crash de 1929 y el lunes negro de 1987, en los que el veneno de la desconfianza provocó desplomes espectaculares en los mercados y acabó teniendo consecuencias devastadoras sobre el resto de la economía. Hay que conocer la historia para escapar de ella: la semana que culminaron ayer los mercados mundiales es peor incluso que las peores semanas de los meses de octubre de 1929 y 1987. En algunos aspectos, peor que ningún otro crash, a la espera de que los países más ricos, reunidos en Washington en un G-7 que se adivina clave, encuentren la varita mágica para salir del túnel.

En una jornada de grandes vaivenes, Wall Street estuvo ayer unos minutos en caída libre, los posteriores a una apertura demoledora. El día anterior se había desplomado víctima del miedo, de los recelos, de la incertidumbre en el sistema financiero que ha desembocado en un ataque de pánico sensacional. Los planes de emergencia de las autoridades políticas y de los grandes bancos centrales no consiguen detener la sangría: bastaron esas dos referencias procedentes de Nueva York para que el pánico corriera como la pólvora por todos los rincones del globo: Tokio, Londres y Madrid se despeñaron un 9%.

El Dow Jones se situó a niveles de 10 años atrás, aunque a última hora experimentó una recuperación espectacular que permite vislumbrar cierta esperanza a partir de la próxima semana. De nuevo la intervención estatal: la Administración Bush aseguró que la quiebra de Lehman no provocará grandes quebrantos a la banca.

Pero eso fue a última hora. A lo largo de la jornada, Wall Street llegó a perder hasta el 8% y sembró el miedo en los inversores. Varios parqués -tan alejados como Rusia, Tailandia, Austria, Rumania, Brasil e Islandia- cerraron sus puertas o suspendieron durante unas horas la cotización.

Los desplomes fueron la tónica de la jornada en todo el mundo, en un derrumbe en cascada que coronó la peor semana bursátil que se recuerda.

Pero no es sólo una cuestión de las Bolsas, habituadas a sobreactuar para bien o para mal. Hay más. El mercado interbancario no existe, con el sistema financiero al borde del colapso. Los mercados de bonos públicos -y sobre todo, privados-, las materias primas y el petróleo cerraron también una semana de pesadilla, un crash en cascada.

La crisis financiera es más profunda que ninguna otra porque afecta a varios mercados (Bolsas, interbancario, divisas, bonos y un largo etcétera) y es más internacional que nunca. Y la economía real -es decir, todo el entramado no financiero- empieza a sufrir: los tres grandes grupos automovilísticos de Detroit amenazan ruina, según Standard & Poor’s, y la General Motors tuvo incluso que salir ayer al paso de las informaciones que aseguraban que iba a declararse en bancarrota. Los bancos están en el origen y son el epicentro de las turbulencias, pero el contagio ha llegado a la construcción y a la industria en muchos países. Incluido España.

Como fichas de dominó, los desplomes bursátiles se iniciaron en Australia, barrieron los mercados asiáticos y después los europeos y latinoamericanos, arrastrados por los primeros minutos de Wall Street, que cedió un 8% en la apertura y a una hora del cierre se dejaba aún más del 5%, aunque al final perdió poco más del 1%. Los principales parqués europeos llegaron a caer más del 10% a media sesión, pese a las nuevas inyecciones de liquidez de los bancos centrales en Europa y Japón. El petróleo brent -de referencia en Europa- bajó a plomo, hasta los 73 dólares por barril, lastrado por la amenaza de recesión y los temores sobre una acusada caída de la demanda. Sólo el cierre de Wall Street escapó al pánico generalizado en los mercados.

Las acciones de los grandes Gobiernos no surten efecto, de momento. Las declaraciones tampoco, y en algunos casos incluso acentúan los números rojos. El secretario del Tesoro, Henry Paulson, advirtió el jueves de que puede haber nuevas quiebras de bancos. El primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, sugirió ayer la posibilidad de cerrar las grandes Bolsas. El presidente estadounidense, George W. Bush, acusó a la “incertidumbre y el miedo” del colapso. “Podemos resolver la crisis y devolver la estabilidad a los mercados, y lo haremos”, prometió. Tras esas afirmaciones, Wall Street, que había logrado reducir al mínimo las pérdidas, volvió a retroceder con fuerza, hasta el inesperado rebote final.

Las voces más influyentes de la economía mundial claman por un golpe de efecto del G-7, convertido casi en la última bala para evitar que la situación caótica en los mercados arrastre a la economía. El G-7 “debe hacer algo pronto o será el peor desplome desde la Gran Depresión”, escribía ayer el economista Paul Krugman en The New York Times. “Además de un cambio radical en el liderazgo económico, debe haber acciones políticas radicales y coordinadas entre las economías avanzadas y emergentes para evitar el desastre”, explicó a Bloomberg Nouriel Roubini, que hace dos años fue uno de los pocos expertos que se atrevieron a predecir la crisis.

Incluso el oráculo de las Bolsas durante los últimos años, Alan Greenspan -señalado ahora como el gran causante de los problemas por su política monetaria al frente de la Reserva Federal- afirmó que los inversores sólo “volverán a tomar riesgos” en torno al primer semestre de 2009, cuando se estabilice el mercado inmobiliario. Y para ello es necesaria una acción decidida del G-7, coinciden los expertos. “La crisis demuestra que los mercados no funcionan muy bien solos”, resumió el Nobel Joseph Stiglitz.

Las circunstancias excepcionales en las que está sumida la economía mundial duran ya 14 meses. El reventón de la burbuja inmobiliaria norteamericana desató la crisis subprime, con una gran incertidumbre sobre el alcance y la duración del episodio que entonces se iniciaba.

Al principio, las dificultades se circunscribían a un puñado de fondos de inversión e instituciones financieras, pero con el paso de los meses se han sucedido, sin solución de continuidad, nacionalizaciones, quiebras, intervenciones de entidades, creación de nuevos esquemas de garantías para inversores y limitaciones importantes de prácticas de mercado, como las ventas a la baja de acciones.

EE UU puso en marcha un plan de rescate multimillonario, a los que han seguido medidas similares en Europa. Pero la situación sigue sin normalizarse. “Las condiciones financieras se han endurecido, y la crisis se transmite así a la economía real”, explicó ayer José Carlos Díez, economista jefe de Intermoney. “Las Bolsas pueden bajar o subir mucho en un día, pero el auténtico problema es el colapso financiero y sus efectos sobre la economía”, afirmó Díez.

La Bolsa española cerró con una caída del 9,1%, que eleva las pérdidas semanales al 21%. Como en otros países, el plan de rescate financiero no impidió que los grandes bancos (Santander y BBVA) cayeran un 12%. Al margen del peligro de recesión mundial y de los problemas domésticos en la construcción, los problemas recientes de América Latina -que hasta ahora había capeado bien el temporal- perjudican a las grandes empresas españolas. Brasil y México salieron ayer, otra vez, a defender sus monedas.

Los analistas bursátiles no son optimistas a corto plazo. “En una situación de pánico, de nada sirven los fundamentales, la espiral arrastra a todos los valores”, explicó desde Londres Juergen Michels, de Citi.

En octubre de 1929, el pánico suicida en los mercados financieros acabó contagiando al resto de la economía, que se sumió en una gran depresión por la falta de reacción de los Gobiernos. A diferencia de entonces, tanto EE UU como los grandes Gobiernos de la eurozona y los bancos centrales de todo el mundo han empezado a reaccionar, pese a la falta de coordinación y a las dudas sobre algunas medidas de emergencia. La llave de la situación está ahora en manos del G-7. “Prepárense para un súper bazuca”, vaticinaban los analistas de Citigroup.

Días grises, semana negra

La caída de Wall Street en los últimos cinco días supera a las de las semanas de los ‘crash’ de 1929 y 1987

Cuando en 1929 Wall Street empezó a tambalearse, y los inversores intuyeron que una época tocaba su fin, salieron a la calle. Una grieta se abría en la Bolsa de Nueva York y por ella se escapó entre el 28 y el 29 de octubre el 23% del valor del Dow Jones, selectivo de referencia. En 1987 más que una grieta, estalló una tubería. Un sólo día, el oscuro 19 de octubre, un escape a presión del 22,61% en una sola jornada. En octubre de 2008 Wall Street se desangra. Es un goteo. El lunes un 3,5%, el martes algo más del 5%… Días grises que han desbordado el vaso y han dejado tras de sí la semana más negra de la historia de la Bolsa.

Siempre es en octubre. En 1929 y en 1987 reinaba una Bolsa crecida al calor del dinero más o menos fácil, de años de bonanza que habían dejado las cotizaciones en una cómoda meseta. Leyes cada vez más suaves. Controles más descontrolados. Alarmas que saltan justo cuando ya es demasiado tarde.

El 24 de octubre de 1929 pasó a la historia como el jueves negro, aunque en realidad la debacle llegó a la semana siguiente. Años veinte en Estados Unidos. Los fondos de inversiones empiezan a campar a sus anchas por el parqué y ricos y famosos pedían préstamos para invertir en Bolsa, avalados por las propias acciones que comprarían. En cinco años el Dow Jones pasa de los 50 puntos a los más de 300. Y llegó ese jueves (-2%). Al que siguieron un lunes (-13,47%) y un martes (-11,73%) verdaderamente negros. Y entonces un rebote, con dos días de bonanza. Saldo final: la semana negra terminó con una pérdida del 9,12%. La enfermedad se había extendido por los parqués del mundo.

Para que el Dow Jones se levantase del crash de 1929 hicieron falta 25 años. Al batacazo de la Bolsa le siguió una larga depresión económica que se instaló en el país, que pasó del pleno empleo a los 15 millones de parados.

En octubre de 1987 el Dow Jones había engordado. Casi 60 años después del día en el que algunos operadores saltaran por las ventanas, tenía 2.400 puntos. Y la pesadilla se concentró en sólo una jornada. El lunes 19 de octubre, un verdadero lunes negro, los inversores vieron cómo el selectivo de Estado Unidos perdía los 2.000 puntos. Y luego los 1.900 y los 1.800… Siete horas de cotización y un 22,6% menos de valor.

Esa ola llegó a España, pero la escasa eficacia del mercado disimuló la caída. Papel sin operaciones, figuraba en múltiples acciones. Aún así, el parqué madrileño no quedó ajeno La Bolsa de Madrid perdió el 5,73%, la mayor caída de su historia hasta el momento y continuó a la baja todo octubre. Según la crónica de este periódico, la situación de los mercados en todo el mundo obligó a España a “soportar un volumen de ventas casi imposible”.

Al tortazo bursátil en Wall Street, de nuevo, le siguió un rebote. Un martes colorido (+5,88%) y un miércoles en tecnicolor (+10,15%). Balance final: una semana y un 13,17% menos. Y dos años para recuperarse.

En septiembre de este año, las Bolsas vivieron semanas volátiles. Unas bolsas sensibles, que suben y bajan a cada palabra, a cada medida. La debacle esta vez llega después de una crisis financiera mundial alimentada desde hace más de un año, a la que en España se suma el parón del ladrillo. En octubre, ni las palabras de los políticos ni las medidas millonarias de los Gobiernos calman el goteo que está secando los selectivos. Esta semana ha sido la más negra de su historia. El Dow Jones ha perdido un 18% de su valor. De 10.325 puntos a algo más de 8.500 en cinco días. Una semana sin freno y sin rebotes.

Written by Eduardo Aquevedo

10 octubre, 2008 at 20:46

Crisis del Capitalismo: hacia el fin de la Era Neoliberal

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por Marcel Claude

El sistema capitalista es un orden político, social y económico que se sustenta en la búsqueda del lucro. Es decir, obtener un beneficio mayor por sobre la inversión y de allí, atesorar ganancias sobre ganancias. Los valores que mueven al mundo capitalista son nada menos que esos viejos y desacreditados pecados capitales como la avaricia -afán desordenado de poseer y adquirir riquezas para atesorarlas- o la codicia -afán excesivo de riquezas. El orden mundial está sustentado -hoy más que en ninguna otra época- sobre este tipo de comportamientos que no provienen precisamente del conjunto de virtudes humanas, sino más bien de sus antípodas.

Capitalismo y Codicia

El capitalismo otra vez está en crisis. Los medios frenéticamente anuncian el Apocalipsis financiero now, resucitan las viejas tesis de la crisis terminal del capitalismo, esa que muchos pensadores de izquierda han pronosticado por generaciones, el Fondo Monetario, Soros, economistas de todos los rincones del planeta se adelantan a sugerir que ésta sería una de las peores crisis que haya enfrentado el capitalismo.

Independientemente de lo anterior es importante entender –en la medida de lo posible- las dimensiones, causas y reales consecuencias de semejante acontecimiento que convulsiona al planeta entero. Pero, quizás, antes de ello deberíamos partir reconceptualizando el sistema capitalista, cuál es su esencia y su razón última: el alfa y omega de tan cuestionado sistema. Muchos lo entienden como la empresa privada o la propiedad privada, la explotación del hombre o el gobierno de la derecha, las teorías de Adam Smith o de Milton Friedman, la ley de la oferta y la demanda o la “mano invisible”. Sin embargo y para ir mucho más al núcleo fundamental, aunque en todas esas caracterizaciones haya parte de la verdad, el sistema capitalista es en esencia un orden político, social y económico que se sustenta en la búsqueda del lucro para todo capital que pueda obtener una rentabilidad. Es decir, obtener un beneficio mayor por sobre la inversión y de allí, atesorar ganancias sobre ganancias. Es decir, los valores que mueven al mundo capitalista son nada menos que esos viejos y desacreditados pecados capitales como la avaricia -afán desordenado de poseer y adquirir riquezas para atesorarlas- o la codicia -afán excesivo de riquezas. El orden mundial está sustentado -hoy más que en ninguna otra época- sobre este tipo de comportamientos que no provienen precisamente del conjunto de virtudes humanas –siempre tan escasas- sino más bien de sus antípodas.

Podrán ser desacreditadas las tesis de Smith o Friedman y podrán desaparecer la propiedad privada, la economía de mercado y los gobiernos de derecha, pero si continúa el lucro como razón de ser de la sociedad humana, seguirá prevaleciendo el capitalismo y se encontrarán las instituciones adecuadas para su realización. El lucro es en definitiva -y en simples palabras- la verdadera razón de la crisis actual. Así lo entiende profundamente la Presidenta Bachelet quien se permitió decir esto ante las naciones del mundo. Bien por ella, pero, podría también decirle eso mismo a las AFP chilenas, a los grupos económicos que en Chile depredan el medio ambiente y explotan a los trabajadores debido a su insaciable codicia. Mal que mal, Chile es el paradigma del capitalismo salvaje y la tierra donde la avaricia y la codicia campean a su antojo, así como medraron las bestias en el principio de los tiempos. Pero, nadie es profeta en su tierra y si la presidenta lo hiciese, corre el riesgo de bajar mucho en las encuestas de La Tercera y El Mercurio y de allí, la Concertación podría perder las elecciones.

Para quienes no somos más que simples economistas, no se nos está permitido hablar con tanta liviandad acerca de situaciones tan complejas y fenómenos tan entreverados. No sería serio y pecaríamos de una enorme falta de prolijidad profesional. De allí que tengamos –forzosamente- la tarea de hacer esfuerzos mayores de comprensión y explicación de tales situaciones. Es necesario por lo demás, puesto que es mucho lo que se dice y escribe al respecto, mas es muy poco lo que se puede entender.

Vamos por parte. En la actualidad -y en términos macroeconómicos- el capital tiene dos grandes ámbitos para realizar ganancias: la economía real y/o la economía financiera. Es decir, puede invertir en una planta lechera, en una mina de cobre, en una empresa de transporte, o en cualquier otra actividad que signifique producir algo que tenga consistencia física o intangible, como por ejemplo, un servicio de transporte o una empresa de contabilidad que no le dan nada material pero que sí prestan una utilidad, sirven. El ritmo de maduración de estas inversiones depende del tipo de actividad, pero, obviamente no es inmediato. Si invertimos en plantar tomates, debemos esperar el tiempo de cosecha que no será nunca antes de seis meses. La alternativa es el mundo de las finanzas. Hoy por hoy, en ese mundo ya casi virtual, los tomates se cosechan de la noche a la mañana y los árboles crecen en fracciones de segundo. ¿Nada mal no? el mundo feliz, la gallina de los huevos de oro, la lámpara de Aladino, la cueva de los cuarenta ladrones, el reino de Midas y todas esas fantasías infantiles que hacen soñar con una vida más fácil y sin los sinsabores de la sentencia bíblica “ganarás el pan con el sudor de tu frente”. En la actualidad y gracias a las características del sistema financiero global, es posible ganar mucho más -y en más corto tiempo- que en actividades reales y vamos a ver la razón de esto.

En todo caso, si a la codicia como valor supremo de la humanidad capitalista le añadimos las características actuales del mercado financiero, vamos a comprender mejor las causas de la crisis actual: ¿Para qué vas a ganar 100 si puedes ganar 500? ¿Para qué vas a producir leche si puedes comprar instrumentos financieros que rentan mucho más? El primer problema es que los instrumentos financieros no se comen y los tomates sí, las acciones en bolsa no contienen los nutrientes que tiene la leche y que los niños del mundo necesitan para su alimentación; el segundo problema es que cuando se invierte el dinero en acciones o instrumentos financieros, se deja de invertir en la producción de leche o de trigo y, en consecuencia, hay menos actividad económica, menos empleo, menos leche y más hambre, más desempleo y más pobreza. Según Lynn Walsh, editor de la revista Socialism Today, durante el período 1980/90, los capitalistas aumentaron sus ganancias a través de la intensificación de la explotación de los trabajadores, pero, la inversión de capital ha caído a niveles históricos. Es decir, ha habido un excedente de ganancias no invertidas en la creación de bienes de capital para la producción real y este excedente ha sido una de las principales fuentes de dinero que se ha introducido en el sector financiero.

Esto es precisamente lo que ha ocurrido en las últimas décadas. No son pocos los especialistas que afirman que hoy la economía capitalista, en su conjunto, no es nada más que un enorme casino, en donde los ricos del mundo van a jugarse el ahorro y la riqueza del planeta: algunos perderán, pero otros van a ganar y mucho. Mientras tanto, el ahorro de los trabajadores que ponen sus fondos de pensión en las AFP y que éstas a su vez arriesgan en los mercados financieros, se va distribuyendo etapa por etapa: una parte para las utilidades de la AFP; otra para pagar las comisiones de los operadores financieros que transan las acciones o instrumentos financieros que la AFP compra; y una no despreciable porción para sustentar los costos de operación –luz, agua, arriendos, almuerzos, viajes, materiales para oficinas lujosas, etcétera- y los sueldos de los ejecutivos de bancos y fondos de inversión que transan esos instrumentos financieros. Todo ello con una promesa altamente riesgosa de incrementar el fondo para su pensión, es decir, con una alta probabilidad de que no sea cierto. Si se materializa, bien para el trabajador, para los operadores financieros, los bancos y la AFP, si no, mal solo para el trabajador, puesto que la AFP ya cortó su parte, los ejecutivos de los bancos ya recibieron sus salarios, los costos de operación ya se pagaron y las comisiones ya se cobraron. Todo ello con los fondos que se les obliga a los trabajadores a proveer para sus futuras pensiones. Así como los trabajadores que ponen sus fondos previsionales en una AFP, también hay otras personas que ponen sus ahorros en bolsas de comercio y fondos de inversión que corren la misma suerte.

Datos estremecedores que permiten sustentar estos argumentos: el sector financiero ha sido el de más rápido crecimiento en la economía mundial. A principios de los ochenta, el total de activos financieros (acciones, bonos, préstamos, hipotecas) era aproximadamente igual al Producto Interno Bruto mundial (PIB), es decir, igual a toda la riqueza del planeta. Al final del 2005, era equivalente a 3,7 veces el PIB mundial, es decir, casi cuatro veces la riqueza global, lo que significa que no hay suficientes aviones, tomates, zapatos, trigo y leche, en el mundo, para hacer efectivo el valor de todos los activos financieros. Unos cuantos hombres de negocio tienen en sus manos la riqueza del planeta que se produce hoy y que se producirá en los próximos 4 años. En ese mismo período de tiempo, el valor nominal de los derivados financieros –que son instrumentos o contratos cuyo valor deriva del que tienen los activos financieros- representó tres veces el valor del total de activos financieros y 10 veces el PIB mundial (Lynn Walsh).

Lo que vemos claramente en los últimos años, es que los dueños del capital no solo han acumulado cada vez más riqueza, también han buscado mayores rentabilidades a través de la especulación financiera y menos en la producción real. Esto porque de alguna manera, el ciclo de negocios en la economía no financiera se ha ido reduciendo y estrangulando, entre otras cosas, por la creciente concentración de la riqueza que limita la expansión de la demanda y por la disminución de la productividad de los ecosistemas naturales al ser sometidos a sobre explotación. Todo ello reduce la tasa de ganancia en la economía real empujando a los capitalistas hacia la especulación financiera. Esto, a su vez, refuerza la perdida de dinamismo de la economía real al reducirse las inversiones pues el capital migra hacia el mercado financiero.

Vemos claramente cómo la avaricia se ha desplegado por el mundo sin cortapisas y cómo ello ha desviado una riqueza gigantesca de la producción real y útil, tangible o intangible, para sustentar una orgía miserable y cruel de lucro y acumulación, mientras el desempleo, la pobreza, el hambre y la desigualdad cunden como reguero de pólvora. Dato curioso y francamente insultante: para combatir la hambruna que aqueja a más de 800 millones de personas, las naciones del mundo recolectaron 16 mil millones de dólares, mas, para resolver la crisis financiera del Wall Street el gobierno estadounidense asignó 700 mil millones de dólares –amén de todos los gastos que ya ha hecho ese país y otros del mundo desarrollado que suman una cifra similar-, es decir, 44 veces más para continuar el desenfreno absurdo de Wall Street que para enfrentar el hambre de los más necesitados ¿Perro mundo no?

El Detonante de la Crisis: las Hipotecas Subprime

Como se ha repetido hasta el cansancio, a esta crisis se le ha denominado la crisis subprime y dice relación con préstamos hipotecarios que hizo la banca norteamericana a personas que eran incapaces de hacer frente a sus obligaciones. Como sabemos, en el año 2001 hubo otra crisis financiera conocida como la “burbuja Internet” que se desarrolló debido a la entrada exitosa en las bolsas de comercio de las empresas de Internet -en Estados Unidos con Yahoo y Amazon y en España con Terra- gracias a las elevadísimas expectativas de negocio que se basaban en proyecciones demasiado optimistas en cuanto al número de usuarios que se iban a captar. Pues bien, éstas no se materializaron, lo que llevó a la caída del financiamiento y fue causa de otra crisis de liquidez. Entonces, la Reserva Federal –el Banco Central de Estados Unidos- para aportar liquidez al sistema hizo caer en dos años el precio del dinero desde un 6,5% a un 1%, lo que constituyó un fuerte incentivo para expandir el crédito, dado el bajo costo que la Reserva Federal le cobraba a los bancos y a los fondos de inversión por el dinero prestado. Esto favoreció el mercado inmobiliario y contribuyó a que, en 10 años, el precio real de las viviendas se multiplicara por dos en Estados Unidos, gracias a la mayor demanda que la disponibilidad de préstamos favorecía.

Si a lo anterior agregamos el hecho de que, durante años, las tasas de interés vigentes en los mercados financieros internacionales han sido considerablemente bajas, podemos entender la necesidad de los bancos por aumentar la oferta de créditos para compensar la disminución de sus márgenes de ganancia que significaba la caída de la tasa de interés. La racionalización lógica de la expansión de créditos inmobiliarios a personas insolventes era muy simple: como son más riesgosos, les cobramos más interés y si pagan, bien, pero si no pagan nos quedamos con las casas cuyos precios considerablemente más altos nos permitirán recuperar el dinero prestado y ganar un excedente. El error es obvio, los precios de las casas estaban siendo empujados hacia arriba, entre otras cosas, por el aumento de los créditos hipotecarios de mala calidad que hacían subir la demanda y, en consecuencia, el precio y la oferta futura de casas. Es decir, un boom inmobiliario artificialmente construido. Estos créditos hipotecarios se denominan hipotecas subprime, en contraposición a las denominadas hipotecas prime que tienen muy bajo riesgo de insolvencia, puesto que sus deudores son clientes con trabajo, activos e ingresos estables.

Ahora bien, el aumento en el número de operaciones de los bancos, no lo podían solventar cos sus propios recursos, por lo que, gracias a la Globalización que mantiene en línea a todos los mercados financieros del mundo, pudieron recurrir a la banca internacional para obtener los fondos necesarios. Esto, en virtud del mercado interbancario -que es donde los bancos se prestan dinero unos a otros. Sin embargo, con ello debilitaban el cumplimiento de las llamadas Normas de Basilea que le exigen al banco un capital no inferior a un determinado porcentaje de sus activos –en los que se incluyen los préstamos que otorgan. Eso fue precisamente lo que estaba ocurriendo: el aumento en los créditos hipotecarios de alto riesgo les hacía quebrantar dichas normas. Para salvar la situación, los bancos actuaron implementando dos operaciones articuladas mutuamente: primero, creando los denominados conduits, que consisten en filiales de los bancos bajo la forma jurídica de fondos de inversión que, gracias a la normativa hoy vigente, no estaban obligados a mostrar balances consolidados con los bancos que los habían creado y que pertenecían al mismo dueño; segundo, creando la llamada “Titulación” que consiste en la invención de un nuevo instrumento financiero que no es nada más que un paquete de deudas hipotecarias, en los que se mezclaban tanto las prime como las subprime. En consecuencia, ahora el banco tenía un conjunto de nuevos instrumentos que se denominaban MBS (Mortgage Backed Securities) y que consistían en un conjunto de obligaciones garantizadas por la hipoteca de los inmuebles y que no eran más que canastas que agrupaban créditos de distinta categoría de riesgo. La gracia es que esto hacía que los MBS tuvieran un riesgo menor que las hipotecas subprime por si solas, dado que promediaban su riesgo con el de las prime.

Con estos dos inventos financieros, el banco hacía que los fondos de inversión (sus conduits) compraran dichos instrumentos MBS y de esa manera lograba reducir mágicamente la vulnerabilidad en su cartera de créditos y aumentar la relación entre su capital y los créditos otorgados. Esto porque le vendían su cartera de clientes a sus fondos de inversión. Lo absurdo es que el banco y los fondos de inversión le pertenecían al mismo dueño, pero, de esa manera lograban cumplir con las Normas de Basilea. A su vez, estos fondos de inversión, mediante los créditos interbancarios conseguían los recursos para comprar los MBS y, por otra parte, vendían estos MBS a otros fondos de inversión, sociedades de capital de riesgo, aseguradoras, financieras, sociedades patrimoniales y administradoras de fondos de pensión.

Ahora bien, para que todo esto pudiese operar “limpiamente” se requería del apoyo de las clasificadoras de riesgo, es decir, tenían que ser bien evaluados por las agencias de rating, que califican en función de la solvencia de los instrumentos financieros. Para vender los MBS altamente riesgosos a operadores como las sociedades de capital de riesgo, las AFP u otros fondos que buscaban rentabilidades más altas, entre otras razones porque eso implicaba recibir comisiones según la rentabilidad obtenida, los bancos conseguían de las agencias clasificadoras de riesgo, una recalificación de los instrumentos financieros. Para ello procedían a una nueva “Titulación” o reestructuración, esta vez de los MBS, creando nuevos paquetes pero de MBS que se denominaban tranches. Aquellos con mayor probabilidad de pago eran reclasificados en categoría AAA, es decir, con el menor riesgo, los más solventes. Estos MBS ordenados en tranches fueron rebautizados como CDO (Collateralized Debt Obligations), es decir, deudas colaterales pues se apoyaban en las características de otras deudas. El cuento sigue, puesto que con estos CDO creaban otros instrumentos como los CDS (Credit Default Swaps) ofreciendo más y más intereses sobre deudas hipotecarias de dudosa credibilidad.

Todas estas operaciones tenían como punto de partida, o como hipótesis, el que las hipotecas subprime se iban a pagar y que el boom inmobiliario en Estados Unidos no se detendría jamás, aumentando constantemente el precio de los inmuebles. No obstante, a principios del 2007, los precios de las viviendas norteamericanas se desplomaron. Los deudores hipotecarios se dieron cuenta que estaban pagando por sus casas más de lo que ahora costaban y no pudieron o no quisieron seguir pagando sus deudas. Automáticamente, nadie quiso comprar MBS, CDO o CDS, y quienes ya los tenían no pudieron venderlos. Pérdida total. La crisis de credibilidad se instaló inmediatamente y los bancos debieron recurrir, una vez más, a los prestamos interbancarios, pero, o no conseguían créditos o lo hacían a tasas muy altas. En consecuencia, se produjo la temida crisis de liquidez, es decir, no había dinero, por lo que no se otorgaban créditos ni hipotecas, caía la demanda de las empresas constructoras, caía el precio de sus acciones en bolsa, empezaba a subir la tasa de interés y los deudores habitacionales empezaban a pagar más por la deuda, a las empresas menos solventes se les cerraba el acceso al crédito, los bancos se quedaban sin recursos y empezaban a vender acciones, bonos, edificios, y todo esto empezaba lentamente a repercutir en los precios y la demanda global, por lo que comenzaba a aumentar el desempleo, la inflación y a caer toda la actividad económica real. Es decir: recesión.

Las Causas Profundas de la Crisis

Muchos han sostenido que la causa de la presente crisis financiera es la denominada burbuja hipotecaria subprime. No obstante, eso solo corresponde al detonante de la crisis. Sus causas profundas dicen relación con el proceso de desregulación del mercado financiero, el comportamiento de las clasificadoras de riesgo y la conducta observada por los bancos centrales del mundo.

En el sector financiero existe un conjunto de fondos de inversión libre no reglamentados que apuestan a productos financieros con un elevado riesgo -conocidos como hedge funds- y un grupo de bancos de inversión autorizados a realizar operaciones en el mercado de capitales. Ambos hoy representan más de la mitad de todo el crédito, mientras que los bancos tradicionales están cada vez más comprometidos en acciones especulativas no reguladas, tales como los mecanismos de “Titulación” que no están obligados a informar en sus balances. Estas operaciones que cuentan con la complicidad de las autoridades políticas, fueron autorizadas por los cambios en la legislación gubernamental -la llamada “desregulación financiera”- al punto que hoy, la principal actividad de los bancos de inversión y de los hedge funds es comprar y vender deuda entre ellos mismos, obteniendo como es obvio, alguna ganancia entre cada operación. A esto ha contribuido, también, el desarrollo de la informática y de las telecomunicaciones que permiten operaciones financieras en línea y las 24 horas del día a través de todo el mundo.

No obstante lo anterior, tal como lo sostiene Lynn Walsh, el factor más importante es de carácter político e ideológico. La “desregulación financiera” se inscribe en el cambio ideológico que operó durante las últimas tres décadas del pasado siglo, cuando se abandonaron las políticas económicas de inspiración liberal-keynesiana y se asumieron las recomendadas por la Escuela de Chicago de Milton Freidman. Una suerte de retorno a las políticas liberales de principios del siglo XX. Así también, es el resultado de la imposición asimétrica de las fuerzas políticas pro capitalistas en la mayor parte del mundo occidental y de la abdicación –y en muchos casos subordinación- de gran parte de las fuerzas políticas no capitalistas a la lógica del capital. La “desregulación financiera”, es la hija predilecta de esas políticas económicas ultraliberales que han provocado las diferentes crisis que ha enfrentado el mundo en los últimos 30 años y, particularmente, la crisis subprime en curso. El mismísimo Fondo Monetario Internacional, en 1998, sostenía que las crisis que han llegado a tener efectos globales, se explican por los procesos de desregulación y liberalización financiera, así como por la innovación en los mercados de capitales de finales del siglo pasado y principios del siglo XXI, a más de otros causas.

Girón y Correa sostienen que, entre los cambios financieros estructurales más importantes ocurridos en los últimos 30 años, es posible señalar: el acortamiento de los plazos en depósitos e instrumentos financieros y el desarrollo de un activo mercado secundario de títulos, lo que ha reducido considerablemente el plazo para la realización de la ganancia; el crecimiento de las prácticas de “Titulación” del crédito; el enorme crecimiento de las operaciones “fuera de balance” de los bancos, en particular con el uso de instrumentos derivados y la administración y el comercio de títulos de deuda; y el fortalecimiento de los fondos de inversión con un alto grado de concentración de activos financieros en manos de unos cuantos administradores que pueden mover grandes volúmenes en muy corto plazo.

Todas estas transformaciones han conducido a características muy preocupantes del sistema financiero internacional, una de las cuales es la falta de transparencia, ya que nadie conoce realmente cuales son los riesgos asociados a las inversiones Otra característica aterradora que daña un fundamento crítico del sistema bancario –la honorabilidad de los compromisos, es decir, la certeza de que las deudas se pagan- es la separación entre los acreedores de deuda y quienes las arbitran, es decir, entre quienes las deben cobrar -los bancos- y los que transan títulos basados en esas deudas en mercados secundarios –los fondos o conduits- bajo el predicamento de que cuando una deuda está asegurada y se vende, no tiene ninguna relevancia el hecho de que los deudores originales estén capacitados o no para pagar dichas deudas.

Según John Hoefle, la desregulación del sistema financiero estadounidense –que regenta a los mercados financieros del mundo- permitió que se fueran eliminando de manera sistemática las medidas legislativas proteccionistas que resultaron de la lucha política del presidente Roosevelt en contra los banqueros internacionales en los años treinta. Hoefle recuerda que, en 1993, la Commodity Futures Trading Commission (CFTC), institución gubernamental responsable de regular los mercados a futuro, determinó que las transacciones de derivados efectuadas fuera de los mercados de valores, estarían exentas de toda regulación. Esto incluía operaciones de futuro de cualquier tipo, entre ellos los relacionados con los energéticos. Así también, en el 2000, se aprobó la Commodities Futures Modernization Act que dejó a ciertos derivados financieros huérfanos del control gubernamental y sin la supervisión de la CFTC.

Otra importante modificación que “desregulaba” la actividad financiera, mediante el eufemismo de la modernización de los servicios financieros, fue la Financial Services Modernization Act de 1999, que representó el mayor cambio en la regulación del sistema financiero norteamericano desde 1930. Esta ley creaba un nuevo tipo de entidades financieras denominadas Financial Holding Company (FMC), autorizadas para llevar a cabo actividades en valores, banca, seguros, así como también, en cualquier actividad calificada como financiera. De esta manera se quebrantaba la separación entre la banca comercial y la banca de inversión que estableció la Banking Act de 1933, debido a que en la época de la Gran Depresión, un gran número de quiebras bancarias se atribuyeron a la actividad especulativa de los bancos en el mercado de valores.

El economista Emilio Ocampo agrega, además, que en el año 2004 fue relajada la norma que obligaba a los bancos de inversión como Goldman Sachs, Morgan Stanley, Merrill Lynch, Lehman Brothers y Bear Stearns, a mantener una relación mínima entre endeudamiento y patrimonio. Esto llevó a que en el período 2003/07, la relación endeudamiento sobre patrimonio de Morgan Stanley pasara de 23 a 32 y lo mismo ocurrió con los otros bancos. En contraste, a fines de 2007, la deuda total de un banco comercial como JP Morgan (supervisado por la Reserva Federal) no excedía 12 veces su patrimonio.

Según el informe Nº 78 del Banco de Pagos Internacionales (BPI) “es innegable que los cambios en el sistema financiero a lo largo de los años también han contribuido de forma importante al desenlace de los acontecimientos. En concreto, las numerosas innovaciones relacionadas con la propagación del modelo financiero basado en originar y distribuir riesgos han tenido una enorme influencia. Innovaciones recientes como los productos financieros estructurados se consideraron en un principio una buena manera de repartir los riesgos asumidos. Sin embargo, la forma en la que se introdujeron empeoró significativamente la calidad de la calificación del crédito en muchos mercados y produjo una clara falta de transparencia, lo que acabó generando una enorme incertidumbre sobre el volumen real de las pérdidas y su distribución. En efecto, las innovadoras técnicas financieras de «empaquetamiento» y redistribución de riesgos hacían que éstos fueran más costosos pero menos probables, al menos durante algún tiempo. En la práctica, esto suponía que los riesgos inherentes a los nuevos préstamos parecían desaparecer, elevando con ello las calificaciones, hasta que reaparecían de repente al materializarse una pérdida totalmente inesperada”.

El ya legendario premio Nobel de Economía, Paul Samuelson, autor de textos de estudio que muchos economistas debimos revisar y aquilatar en nuestro años de estudio, en un artículo publicado por el diario El País en enero pasado, afirma que cuando Bush se hizo con la presidencia en el 2000 y los republicanos obtuvieron mayoría en las dos Cámaras del Congreso, el “conservadurismo compasivo” de Bush se tradujo en compasivos regalos fiscales a los plutócratas, además de una nueva desregulación de la contabilidad empresarial que les permitiría ocultar las pérdidas y exagerar los beneficios, mediante un manejo de los balances que violaban las estrictas normas de contabilidad creadas en los años anteriores a Bush. El profesor Samuelson continúa diciendo que “las bancarrotas y las ciénagas macroeconómicas que sufre hoy el mundo tienen directa relación con los chanchullos de ingeniería financiera que el aparato oficial aprobó e incluso estimuló durante la era de Bush”.

No menos importante ha sido el rol de los bancos centrales. El papel que éstos desempeñaron jugó también un factor crítico en esta crisis, puesto que, utilizando el mecanismo de tasas de interés anormalmente bajas, proveían a los grandes operadores con dinero fresco y a bajo costo para sus operaciones. Recuérdese que los bancos centrales actúan como prestamistas del sistema bancario y financiero, para lo cual establecen una tasa de interés que actúa como referente para las operaciones de crédito. En particular, la Reserva Federal –el Banco Central estadounidense- cada vez que se enfrentaba a una amenaza de inestabilidad, respondía con nuevas inyecciones de liquidez. Alan Greespan –largo tiempo a la cabeza de la Reserva federal- fue el artífice de esta política que hoy continúa Ben Bernanke. Por otra parte, la deuda de los gobiernos ha sido una de las bases más importantes para el crecimiento de los activos financieros. Algunos sostienen que el crecimiento del período 2001/07 fue alimentado por las bajas tasas de interés de Greenspan y los enormes déficits fiscales de Bush que hacían subir los títulos y los volúmenes de endeudamiento en el sistema financiero. Así también, el Banco Central Europeo, ha ido inyectando liquidez monetaria para que los Bancos puedan tener dinero.

Torres López sostiene que los bancos centrales son en parte responsables de la crisis, en primer lugar porque a ellos corresponde la labor de vigilar la situación del negocio bancario, la de advertir del riesgo y prevenir sus consecuencias. No son pocos los instrumentos que tienen para realizar dicha tarea y tampoco es despreciable la información de que disponen sobre la situación financiera real que se estaba generando, pero, eligieron la complacencia y el silencio frente a la creciente volatilidad y el peligro cierto de recesión mundial que se estaba incubando; y en segundo lugar, porque los bancos centrales han utilizado la política monetaria -que es un instrumento de política económica- exclusivamente para controlar la inflación, olvidándose de cualquier otro objetivo, como el crecimiento de la actividad o el empleo, y han actuado como un soporte del sistema financiero aportándole liquidez para el negocio especulativo.

Como sostiene el Banco de Pagos Internacional (BPI), en los últimos años se han puesto claramente de manifiesto una serie de tendencias económicas y financieras inusuales, tales como el rápido crecimiento del dinero y del crédito, en el contexto de una inadecuada valoración del riesgo en forma generalizada. Las elevadas tasas de crecimiento monetario y crediticio registradas en todo el mundo por un largo período, entre otras causas, son el resultado de una política monetaria basada en tasas de interés oficiales extraordinariamente bajas en los últimos tiempos, en comparación con sus niveles de posguerra, lo que fue posible gracias a la mayor credibilidad que han tenido los bancos centrales durante los últimos años.

Por otra parte, en esta crisis, las agencias clasificadoras de riesgo han sido francamente incompetentes o han incurrido en graves conflictos de intereses. Las aseguradoras de deuda que actúan como aval en todas las emisiones de deuda –denominadas Monline porque esa es su única actividad- que comenzaron asegurando deuda pública de instituciones oficiales en Estados Unidos y que desde hace algunos años decidieron ampliar su negocio y lanzarse a las emisiones privadas, avalando cualquier tipo de bono o instrumento financiero estructurado como los MBS, CDO o CDS, han perdido credibilidad y, en consecuencia, valoración en las bolsas de comercio. A estas incluso se les acusa de estar muy implicadas en el negocio y eso explica el que no les interesara mostrar la verdadera y peligrosa naturaleza de los títulos e instrumentos financieros.

El descontento en contra de estas clasificadoras de riesgo se extiende por todo el orbe, puesto que fueron incapaces de prever el riesgo y siguieron clasificando con nota AA (de bajo riesgo) a instrumentos financieros contaminados con las hipotecas basura. Clasificadoras de riesgo como Moody’s y Standard and Poor’s, entre otras, otorgaron las calificaciones más altas (AAA) a instrumentos financieros que tenían como respaldo los famosos créditos subprime. Lehman Brothers –el gigante banco norteamericano caído recientemente- ostentaba una clasificación de bajo riesgo (AA) a pocos días de su estrepitosa quiebra. Las aseguradoras de riesgo norteamericanas más grandes del planeta – Fitch, Standard & Poor’s y Moody’s- han sido responsabilizadas por parlamentarios estadounidenses de la crisis y sus consecuencias. Más crudo fue The Wall Street Journal, quien ha señalado que estas aseguradoras no solo empujaron la crisis, sino que ganaron mucho dinero con los títulos contaminados con las hipotecas subprime. Las clasificaciones máximas de estos instrumentos financieros que otorgaban estas clasificadoras, les permitieron vender y colocar esos “instrumentos basura” a los bancos de inversión, a cambio –como no- de cuantiosas tarifas de mercado.

Duración de la Crisis

Ignacio Ramonet, citando al editorialista Martin Wolf del Financial Times, nos informa que las estimaciones van entre veinte años si tenemos suerte o menos de diez años si las autoridades actúan con mano firme. La verdad es que la dimensión del problema no está bien calibrada, aún hay mucha incertidumbre y eso se refleja en el frenético subir y bajar de las bolsas. Tampoco se sabe quienes son todos los afectados, cuántos bancos, cuántas AFP, cuántos fondos de inversión.

Claramente, la duración de la crisis dependerá del monto de las pérdidas que podrían acontecer en el curso de ésta. Lynn Walsh, citando el libro de Morris “The Trillion Dollar Meldown”, sostiene que sólo las pérdidas por las hipotecas subprime ascenderían a 450 mil millones de dólares, aunque hoy se sabe que es una estimación baja por los montos que ha invertido el gobierno norteamericano en sostener el mercado financiero. Para las empresas estima pérdidas potenciales mayores a 345 mil millones de dólares; en tarjetas de crédito las pérdidas ascenderían a 215 mil millones de dólares. En total, un billón de dólares en pérdidas o riqueza esfumada. Si a esto se agregan las pérdidas potenciales de los CDS –las deudas colaterales- y que son difíciles de precisar, no quedarían muchas ganas de seguir contando, dado que, cualquier cifra que se aventure no debería dejar de considerar que el valor nominal de éstos asciende a la escalofriante cifra de 45 billones de dólares. Es por ello que Morris sostiene que si caen los CDS “nos enfrentaríamos a una trombosis completa del sistema de crédito” y que, dado el volumen, no tiene sentido tratar de estimar la magnitud de las pérdidas. Para mayor abundamiento, Morris sostiene que una crisis caótica, convulsiva, un desastroso colapso del sistema financiero, podría producir pérdidas de hasta 3 billones de dólares.

Las medidas de solución

Las crisis financieras son difíciles de evitar en el marco del desarrollo capitalista, más aún en el contexto de un capitalismo con un sistema financiero hipertrofiado. El viejo dicho “la ambición rompe el saco” se aplica matemáticamente a este capitalismo financiarizado, aunque acá debemos hablar de bolsas y no de saco. La ambición desmedida e incontrolada es el caldo de cultivo para estas crisis monumentales, en donde las actividades especulativas no sólo son el pan de cada día, también se muestran como las actividades más legítimas, técnica, política y moralmente. Sin embargo, existen los instrumentos de política económica y los mecanismos institucionales y jurídicos que pueden corregir y contener dichas crisis. Eso fue lo que se aplicó en los años treinta como resultado de la Gran Depresión: todo un sistema institucional y de regulación económica cuyo desmantelamiento ha provocado la crisis en curso. Entre otras medidas, habría que considerar impuestos a los flujos de capital internacional, sistemas de encaje que obligaran a los capitales golondrina de corto plazo a mantener un porcentaje de sus capitales en los países de destino de sus inversiones, lo que encarece y castiga las inversiones especulativas; eliminar los famosos paraísos fiscales, obligar a los bancos a la transparencia mediante el término de las operaciones “fuera de balance” que los habilita para ocultar operaciones riesgosas; crear instituciones estatales dedicadas a la clasificación de riesgo que impida los conflictos de intereses. En definitiva, más control y regulación por parte de las instituciones públicas que aseguren el interés ciudadano por sobre cualquier otro objetivo político. No está lejos el día en que vuelvan, en gloria y majestad, las leyes antimonopolio que nunca debieron ser abandonadas.

Esto es, nada más, lo que propone Michael Moore con su especial modo de comunicarse, al exigir que “todas las regulaciones deben ser restauradas” y decretar la muerte de la revolución Reagan quien señalara como marco de sus políticas de desregulación que “El problema no es el Estado, el Estado es el problema”. En concreto Moore propone para los Estados Unidos la revocación de la Financial Services Modernization Act de 1999, promulgada por Clinton y promovida por el senador republicano Phil Gramm, principal asesor económico del candidato republicano John McCain. Esta propuesta es muy probable que sea bien acogida en un eventual gobierno demócrata encabezado por Barack Obama.

En lo inmediato, sería posible poner en juego el poder acumulado por los Fondos Soberanos de inversión, creados por los Estados y bancos centrales con recursos procedentes principalmente del petróleo y del gas. Rusia, Noruega, algunos países asiáticos y los Emiratos árabes, han constituido este tipo de fondos cuya envergadura se estima en 3 billones de dólares. Tienen su origen en los años cincuenta bajo la idea de constituir un “fondo para las futuras generaciones” y tienen, como sostiene Ibrahim Warde, características, objetivos y modos de funcionamiento diferentes a los que rigen los fondos especulativos responsables de la presente crisis. Esto y su poder financiero, los hace funcionales a objetivos político-estratégicos distanciados del desenfreno especulativo que caracteriza la economía finaciarizada. De hecho, ya han estado jugando un papel importante en la política de salvataje de los bancos caídos en desgracia a lo largo de los últimos trece meses que ha durado la crisis subprime. Como destaca Warde, en noviembre del 2007, el fondo ADIA de los Emiratos Árabes Unidos compró el 4,9% de Citigroup, primer banco mundial; dos semanas más tarde, el fondo GIC de Singapur inyectaba 10.000 millones de dólares en el grupo suizo UBS, décimo banco mundial. En diciembre del mismo año, el fondo soberano chino CIC adquirió el 9,9% del capital del gran banco de negocios Morgan Stanley; Merrill Lynch recibió 4.400 millones de dólares del fondo Temasek de Singapur. Esto entre otras operaciones que están realizando estos fondos y que hoy, a la luz de la flagrante incapacidad del mercado financiero de resolver los problemas que ha creado en el marco de la desregulación, podrían ser hábil y políticamente utilizados para ordenar el comportamiento de los flujos de inversión internacional.

Otra de las importantes reformas que deberían implementarse, dice relación con las políticas salariales de los altos ejecutivos. Emilio Ocampo sostiene que las compañías y bancos también deberán cambiar su cultura y su estructura de compensaciones y bonos, ya que es improbable que estas instituciones puedan seguir pagando a sus ejecutivos y a sus empleados el 50% de sus ingresos. En la misma dirección Moore exige que “ningún ejecutivo debiera ser pagado más de 40 veces lo que gana su empleado promedio”. Las cifras de Moore son estremecedoras: en 1980, el presidente promedio de una compañía ganaba 45 veces lo que ganaban sus empleados; en el 2003 ganaban 254 veces y ahora, después de la era Bush, cobran 400 veces, mientras en Gran Bretaña, el presidente de una compañía promedio gana 28 veces lo que recibe un empleado típico y en Japón sólo 17 veces.

Conclusiones

En un artículo de Victor Ramos, titulado “Derecho a alimentarse, derecho a rebelarse”, se sostiene que hace muy poco tiempo, cuando las bombas caían en Irak, en marzo del 2003, las bolsas internacionales, principalmente las europeas y Wall Street, reaccionaban con euforia y que esto habría llevado a reconocer a dirigentes del Partido Popular español (PP), que España había perdido una gran oportunidad al retirar las tropas. La búsqueda de beneficios exorbitantes ha llevado al mundo a un retroceso gravísimo en la estructura de valores que orienta el quehacer humano y ello tiene implicancias monumentales haciendo crecer la desigualdad, la pobreza y la destrucción de los ecosistemas naturales del planeta, incrementando exorbitantemente el índice de dolor y sufrimiento de miles de millones de personas. Cuando la humanidad vuelva a encontrar su centro y se restauren ciertos valores y virtudes humanas que han sido enviadas a la zona de castigo en el curso de los últimos treinta años, muy probablemente lo que ocurre en Wall Street será incorporado al grupo de las grandes calamidades de la historia humana, como lo fueron los campos de concentración nazis, el estalinismo, las explosiones nucleares de Hiroshima y Nagasaki, el SIDA, el hambre africana y las dictaduras latinoamericanas, entre muchas otras.
Mientras tanto, si bien esta crisis no sea aquella tan esperada por el pensamiento de izquierda tradicional como la “crisis terminal del capitalismo”, al menos esperemos que Ignacio Ramonet, uno de los editores de Le Monde Diplomatique, tenga razón cuando sostiene que el derrumbe de Wall Street es comparable, en la esfera financiera, a lo que representó, en el ámbito geopolítico, la caída del muro de Berlín, con lo que se terminaría con la era iniciada con Ronald Reagan en 1981, poniéndole fin a la “edad de oro” de Wall Street. Si esto ocurre sería todo un logro y un progreso para la humanidad, pero, tal como lo sostiene Paul Samuelson, todo el mundo sabe que, hoy en día, el dinero sirve para comprar votos legalmente. Por eso los realistas matizan su optimismo con cierta cautela. www.ecoportal.net

Marcel Claude es Economista – Director de Arena Pública, plataforma de opinión de Universidad ARCIs

Referencias

Ignacio Ramonet, El fin de una era del capitalismo financiero. http://www.attac.es/portalattac/index.php?option=com_content&task=view&id=338&itemid=1
Fernando A. Torres, Armagedón desciende sobre el “libre mercado”.
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Michael Moore, Cómo arreglar el lío en Wall Street. http://viejoblues.com/Bitacora/michael-moore-como-arreglar-el-lio-en-wall-street
Leopoldo Abadía, La Crisis Ninja. http://leopoldoabadia.blogspot.com/search/label/%2B%20ANEXO%201%20Crisis%20NINJA
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http://www.ecoportal.net

Written by Eduardo Aquevedo

10 octubre, 2008 at 17:07

Asociación Latinoamericana de Sociología (ALAS): origenes desde visión de A. Poviña

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Orígenes de la asociación latinoamericana de Sociología: algunas notas através de la visión de Alfredo Poviña

The origins of the Latin American Sociology Association: a few notes through the outlook of Alfredo Poviña

Adrián Scribano

Doctor en Filosofia de la Universidad de Buenos Aires. Profesor Titular de la Universidad Nacional de Villa Maria, Córdoba – Argentina


RESUMO

El presente articulo pretende mostrar, a través de la narración de Alfredo Poviña, la posible atmósfera de los primeros Congresos de ALAS. No se limita a una mera reproducción de los dichos del autor, sin embargo a partir de éstos últimos, por supuesto parciales e interesados, se intentan plantear de modo muy preliminar algunas preguntas que posibiliten continuar la indagación sobre la génesis de ALAS. (Asociación Latinoamericana de Sociología)
Para logra la meta propuesta se sintetizan algunos textos que posibilitan conocer la Fundación de ALAS. Se presentan brevemente algunos datos sobre los seis primeros congresos de ALAS. Se reseña la idea de Poviña sobre la sociología y se finaliza con una breve sistematización de los nudos centrales que emergen del trabajo, y que posibilitarían una indagación más adecuada sobre los orígenes de ALAS.
El presente ensayo es muy sencillo y tiene un carácter provisional y preliminar; sólo busca encender algunas luces que permitan explorar el pasado para que su oclusión no deforme el futuro, bajo el convencimiento de que la sociología debe ser una disciplina científica que hace de la vigilancia epistémica y la reflexividad sus actividades centrales.

Palabras-claves: congresos ALAS, misión, metáfora, sentido.


ABSTRACT

This article intends to show, through Alfredo Poviña’ narrative, the possible atmosphere of the first congresses of the Latin American Sociology Association (ALAS). It is not restricted to a mere reproduction of the authors words; rather, based on them – which are seen as partial and interested – it attempts to show in a very preliminary way a few questions that allow to move on with the interrogation about the genesis of ALAS.
To achieve the proposed aim, some texts are summarized, which allow to get to know ALAS’ foundation. Data are briefly presented about the six first ALAS congresses. Poviña’s idea of sociology is reviewed, closing with a brief systematization of the core points that emerge from his work, which would allow a more adequate interrogation about the origins of ALAS.
This essay is very simple and has a provisional and preliminary character. It only seeks to shed some light to explore the past in order for its occlusion not to deform the future, based on the conviction that sociology must be a scientific discipline that makes epistemic vigilance and reflexivity its central activities.

Key words: ALAS congresses, mission, metaphor, meaning


Este articulo no es sobre Alfredo Poviña, pues ese trabajo hubiera demandado revisar una producción bibliográfica muy extensa y prácticamente desconocida; tampoco es una historia de los orígenes de ALAS, lo cual hubiera exigido una tarea de reconstrucción histórica y teórica que excedía las fuerzas y recursos disponibles. El presente texto pretende mostrar, a través de la narración de Alfredo Poviña, la posible atmósfera de los primeros Congresos de ALAS. No se limita a una mera reproducción de los dichos del autor, sin embargo a partir de éstos últimos, por supuesto parciales e interesados, se intentan plantear de modo muy preliminar algunas preguntas que posibiliten continuar la indagación sobre la génesis de ALAS.

En primer lugar, se caracteriza sintéticamente al narrador a través de su curriculum vitae. En segundo lugar, se reproducen algunos textos que posibilitan conocer la Fundación de ALAS. En tercer lugar, se presentan brevemente algunos datos sobre los seis primeros congresos de ALAS. En cuarto lugar, se reseña la idea de Poviña sobre la sociología y se finaliza con una breve sistematización de los nudos centrales que emergen del trabajo, y que posibilitarían una indagación más adecuada sobre los orígenes de ALAS.

El presente trabajo es muy sencillo y tiene un carácter provisional y preliminar; sólo busca encender algunas luces que permitan explorar el pasado para que su oclusión no deforme el futuro, bajo el convencimiento de que la sociología debe ser una disciplina científica que hace de la vigilancia epistémica y la reflexividad sus actividades centrales.

1.- ¿Quién fue Alfredo Poviña?

Cuando comencé a trabajar en este artículo me enteré que Alfredo Poviña (según su propio CV) fue decano de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba durante los años 1962-1967 y 1977-1982. Como es obvio, mi primer reflejo fue no trabajar sobre alguien que ocupara esos cargos en dos de las dictaduras más sangrientas de la historia de la Argentina. Una pocas horas de lectura me convencieron, además, de que “su” sociología se situaba muy lejos de mis intereses académicos y políticos. Sin embargo, en una lectura posterior me di con la sorpresa que estaba frente a un testigo presencial de los orígenes de ALAS y eso me hizo reconsiderar mi primera actitud. Si, más allá de lo que haya sido o no Alfredo Poviña, se presenta como uno de los fundadores de la Asociación Latinoamericana de Sociología, este lugar lo convierte en un punto de convergencia especial para comenzar una arqueología institucional y temática. Me convencí que el ejercicio de una vigilancia epistemológica y crítica reflexiva sobre nuestro presente en tanto asociación de sociología no podía obviar esta visión sobre los orígenes, es por eso que hay que comenzar ubicando al narrador en el campo de la sociología de su época.

Entre los datos que contiene la presentación de su curriculum vitae “Alfredo Poviña. Una Síntesis” (1982g) son relevantes para este trabajo los siguientes:

Obtuvo el título de Doctor en Derecho y Ciencias Sociales en la Universidad Nacional de Córdoba en 1930 con una tesis sobre “Sociología de la Revolución”.

En el mismo año fue profesor suplente de Sociología por concurso en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Córdoba.

Fue profesor adjunto de Sociología por concurso en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires en 1939 y Titular por concurso de la misma Cátedra entre 1948 y 1952.

Entre 1955 y 1970 ocupó las Cátedras de Sociología en las facultades de Derecho y Ciencias Sociales y de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba.

Presidente de ALAS entre 1950 y 1964 y también presidente del Instituto de Internacional de Sociología entre 1963 y 1969.

Publico más de 20 libros y unos 170 artículos en revistas especializadas y periódicos.

Como puede observarse, y más allá de preferencias y simpatías, Poviña ocupó una posición privilegiada en el campo y desde ella se puede comenzar un rastreo de la génesis del mismo.

2.- La Fundación y el sentido de ALAS

Este apartado busca representar esquemáticamente qué significaba ALAS para nuestro narrador. Se selecciono rastrear algunas de sus definiciones y lo qué el presenta como el símbolo de la Asociación. Es posible que entre la multiplicidad de sentidos que se anudaron en torno a ALAS estas líneas ayuden a descifrar algunos elementos para comprender su pasado.

2.1 ¿Qué es ALAS?

Un tema interesante que emerge en los textos consultados es la visión de Poviña sobre lo que era ALAS desde su posición de fundador y presidente. Según este autor ALAS nace el 7 de septiembre de 1950 en Zürich en un encuentro ocasional de diez sociólogos quienes -aparentemente en el Congreso Internacional de Sociología- deciden su fundación.

Más allá de lo que indica el estatuto, que de acuerdo a nuestro autor se aprueba en Buenos Aires en el primer Congreso, en su discurso como presidente de ALAS ante el VII Congreso efectuado en Colombia, Poviña afirma:

ALAS …no es la obra personal de nadie, ni tampoco una institución de carácter ejecutivo; pero sí es una incitación permanente y una presencia activa en toda América (1982c, p. 352).
En ALAS …
Hay profesionales de las sociología y hay aprendices de sociólogos, y más sentimos esto que aquello. Pero el problema no está en darse cada uno su ubicación, en auto-rotularse,1 sino en hacer obra efectiva y dejar para la historia el juicio final (1982c, p. 352).
ALAS …
se mantiene de modo permanente en el plano de sus preocupaciones, referente al estudio los problemas de América Latina, enfocados con un doble lente: el ángulo sociológico, y el de hacerlo, no solamente ‘para contar árboles’ -que naturalmente hay que contarlos- sino también para mirar el bosque en su conjunto y en su perspectiva, sobre la base de que el problema de saber cuántos son y cómo son,2 da pie para hacer una sociología teórica, general y doctrinaria, con un abierto sentido universal (1982c, p. 354).

Es posible entrever que hay tres rasgos centrales que definían ALAS para uno de sus fundadores: a) la flexibilidad institucional, b) la apertura a la diversidad de experiencias y formaciones y c) su especificidad problemática.

Es observable también, como veremos más adelante, que, desde la mirada que hace pública nuestro narrador, ALAS nace con la intención de ser un espacio para albergar a todos aquellos que, de un modo u otro, “hacen sociología”.

2.2 De metáforas y símbolos

Uno de los elementos más llamativos en esta exploración por los orígenes de ALAS fue el encuentro con un símbolo de la Asociación seleccionado por los fundadores: La Victoria de Samotracia.3 La narrativa de Poviña adquiere caracteres metafóricos para expresar qué es ALAS a través de la explicitación del significado de La Victoria.

En el Congreso de Caracas nuestro autor enfatiza

...dejamos cumplido el mandato que recibiéramos en Zürich , en diez años de intensa y paciente acción, y que damos ya por concluido, en la renovación de autoridades; cual es el de unir, bajo las alas de la Victoria de Samotracia, símbolo adoptado por nosotros para la institución, a los sociólogos, investigadores, autores y profesores de toda América Latina (1982d, p. 359).

Mientras que en Quito había afirmado que

…Vocación y presencia inspiran básicamente la existencia de ALAS y se mantiene a través del tiempo en la obra realizada. Nuestra institución no cuenta con apoyo oficial permanente, ni nacional o privado, ni de fundación o institución alguna. No hemos pedido, tanto por dignidad, como porque sentimos que su potencia no está en el campo económico, sino en las “ALAS” de la Victoria de Samotracia, que es su símbolo, como expresión de su ideal y destino. Ha nacido de un modo espontáneo, con las alas abiertas, para cobijar a todos los sociólogos que buscan su amparo (1982c, p. 352).

Es evidente que ALAS representa la libertad que da la no sujeción, la presencia de pensamiento y acción, su capacidad de volar autónomamente. La sociología nace, al menos en tanto Asociación y más allá de las intenciones de sus creadores, buscando dar ALAS al continente. La contextualización y genealogía de este símbolo y de sus potenciales trasposiciones metafóricas parecen ser una buena pista para una socio-génesis del campo sociológico en el continente.4

3- De congresos y fundadores: fechas, temas y lugares

A pesar de la escasa información que Poviña brinda en los textos consultados, es posible observar cómo aquellos diez fundadores se empeñaron en la consecución de los Congresos de ALAS. Según los textos aludidos, los seis (6) primeros congresos y la mayoría de sus respectivos presidentes conformaron el “Grupo Zürich.”5 La lista de lugares y presidentes es la siguiente:

1ª Alfredo Poviña (Buenos Aires) (Fundador)
2ª Carneiro Leao (Río de Janeiro/ San Pablo6)
3ª Luis Bossano (Quito) (Fundador)
4ª Astolfo Tapia Moore7 (Santiago de Chile) (Fundador)
5ª Isaac Ganón8 (Montevideo)
6º Rafael Caldera (Caracas) (Fundador)

Una reconstrucción parcial de las fechas y temáticas abordadas por los Congresos9 puede ser realizada de la siguiente manera:

1. Del 20 al 25 de septiembre de 1951 se realiza en Buenos Aires el Primer congreso cuyo tema fue “…los problemas fundamentales de la sociología latino americana.” (1982c, p. 352)
2. Del 10 a 17 de Julio de 1953 se realiza en Río de Janeiro y en San Pablo el Segundo congreso donde se trabajaron los siguientes temas: “…Sociología general, estructura social, contactos culturales, y problemas sociales y sociología aplicada.” (1982c, p. 353)
3. Del 12 al 18 de Octubre de 1955 se realizó en Quito el Tercer congreso donde se abordaron los siguientes ejes: “…Bases para un programa de la enseñanza de la Sociología en Latinoamérica, teoría de las clases sociales y su realización en América, la sociología rural en la América Latina; los problemas de la educación desde un punto de vista sociológico; problemas de mestizaje y realidad indígena en América“. (1982c, p. 353)
4. Del 6 al 13 de Julio de 1957 se efectúa en Santiago de Chile el Cuarto congreso cuyo, “…Temario incluía los problemas relativos a la teoría y métodos de la sociología, sociología política, sociología rural, y la industrialización de América Latina, desde el punto de vista sociológico“. (1982c, p. 353)
5. Del 6 al 11 de Junio de 1959 se realizó en Montevideo el Quinto congreso que trabajó las siguientes temáticas: “…Efectos sociales del desarrollo económico; sociografía de la vivienda rural y urbana; metodología de la investigación en el área de Latino América; partidos políticos, clases sociales y grupos de presión”. (1982c, p. 354)
6. Del 7 al 14 de Abril de 1961 se realizó en Caracas el Sexto congreso “…Su temario fue la investigación científica sociológica en América Latina; partidos políticos y sociología electoral; y el cambio social en el Continente“. (1982c, p. 354)

Como es fácil de advertir, entre el primer y sexto Congreso han pasado once años y las temáticas, más allá de que reflejan parcialmente las problemáticas locales, van recorriendo los profundos cambios que el continente va sufriendo. Si bien lo teórico y lo metodológico tienen, de una manera u otra, un lugar central, los “problemas latinoamericanos” ocupan el puesto de ejes vertebradores de las discusión. Como así también, además de aparecer siempre “la sociología” o “lo sociológico” como tópico a discutir, su cariz específico lo da la preocupación de su “aplicabilidad” a los procesos sociales.

4.- ¿Qué sociología?

Otro tema interesante, hallado en esta primera reconstrucción, es la mirada de Poviña sobre qué significa la sociología en Latinoaméricana en sus discursos como presidente de ALAS y también del Congreso del Instituto Internacional de Sociología efectuado en Córdoba.

En su discurso en Caracas sostenía:

…La sociología es un saber que posee vigencia histórica permanente, mediante la cualidad de ver renovada de un modo incesante, su problemática, surgiendo las cuestiones, como expresión de la realidad contemporánea y de la época. Es siempre ciencia del presente… (1982c, p. 355).

Además, en su discurso en Córdoba, afirmaba que la sociología

…es una disciplina del presente. Su objeto son los problemas actuales del quehacer colectivo. Es la respuesta a las incitaciones del medio social. Es la presencia científica para salvar el compromiso del hombre frente a la agresión de la realidad. Le da el arma de lucha, el plan de combate para enfrentarse con la existencia;… (1982b, p. 337).

Agregando que, “…La sociología es la ciencia que se está haciendo constantemente sobre la base de la actualidad. No puede dormir sobre sus laureles; vive “tocando arrebato”, convocando a sus especialistas a la plaza pública,…” (1982b, p. 338).

Más allá de las ideas y conceptos propios de la sociología que cultivara Poviña, estos párrafos dejan entrever tres rasgos del quehacer sociológico que permitirían servir de guías para una indagación posterior: la sociología como ciencia del presente, la relación directa entre trabajo sociológico y estructuración social y su “destino” de participación en los espacios públicos. Se hace evidente que la relación entre “política” y sociología fue desde lo inicios una preocupación de la Asociación.

Es muy probable que la mirada de nuestro autor no haya sido hegemónica en la sociología latinoamericana, pero su visualización señala claramente sobre la posibilidad de hacerla pública. Es decir, el hecho que Poviña lo diga en público indica, al menos, la tolerancia pública que tenían las ideas expresadas y éstas parecen reconstruir, por lo menos potencialmente, la visión sobre lo que las “sociologías de cátedra” pensaron.

5.- Aquel pasado, nuestro futuro

Más allá del estado preliminar de este trabajo, es posible esbozar algunas notas en tono de preguntas que permitan continuar la indagación sobre los orígenes de ALAS.

En primer lugar, es muy interesante encontrarse que en la década de los 50 la “sociología de cátedra” se da a sí misma una organización institucional de carácter regional, lo cual habla claramente de un aspecto pocas veces abordado por la historiografía disciplinar contemporánea. Un rastreo más pertinente sobre lo que aquí se denominó “Grupo Zürich” puede ser una pista interesante para ampliar las visiones existentes.

En segundo lugar, las temáticas abordadas por los Congresos posibilitan entender cómo la sociología en América Latina, más allá y más acá de su practicantes, ha estado ligada a las problemáticas sociales de mayor preocupación epocal, lo que impulsaría a indagar, en un seguimiento socio-histórico, las permanentes -y obvias- relaciones entre teoría social y estructura social.

En tercer lugar, y a partir de lo desarrollado, puede apreciarse cómo aquella sociología “como ciencia del presente” de un modo u otro ha generado el actual presente sociológico. En muchas ocasiones, y a veces de modo legítimo, en la historia de la sociología se pasa por alto la “etapa” representada en los que “enseñaban” sociología; quizás la historia de ALAS permita reconstruirla de modo más adecuado. Esa reconstrucción se presenta como importante para observar con mayor detenimiento el surgimiento de la llamada “sociología científica”, tópico central para un saber sobre la genealogía disciplinar.

Para finalizar, es posible advertir que aquel pasado debe ser conectado con nuestro futuro de manera que se pueda desocultar lo que ha quedado reprimido en el olvido y hacerlo crítico. Todos aquellos que creemos que el aporte de la sociología -por distintas vías- puede ser fundamental para los procesos emancipatorios tenemos la obligación de hacer de esta ciencia una que no trabaje sobre el olvido y que vea en el presente un pista para entender el futuro.

Referencias

MARSAL, J. Cambio Social en América Latina. Bs.As: Solar/Hachette, 1967. Links ]

LA REPUBLICA EN LA RED. Hoy realizan homenaje a Ganón en la Sala Maggiolo. 2000. Disponível em: <http://www.diariolarepublica.com/2001> Acesso em: 22/12/04 out. 2001. Links ]

POVIÑA, A. Historia de la Sociología Latinoamericana. México: FCE, 1941. Links ]

POVIÑA, A. Sociológica. de Teoría y de Historia. Córdoba: Editorial Assandri, 1982a. Vol. I y II Ediciones de la Academia Nacional de Derecho y Ciencias Sociales. Links ]

POVIÑA, Alfredo. El I.I.S. en Córdoba-Madrid-Roma In: POVIÑA, Alfredo. Sociológica. De Teoría y de Historia. Vol. I y II Ediciones de la Academia Nacional de Derecho y Ciencias Sociales. Córdoba: Editorial Assandri, 1982b. p. 335-349. Links ]

POVIÑA, Alfredo. A.L.A.S. y sus siete congresos In: POVIÑA, Alfredo. Sociológica. De Teoría y de Historia. Vol. I y II Ediciones de la Academia Nacional de Derecho y Ciencias Sociales. Córdoba: Editorial Assandri, 1982c. p. 351-357. Links ]

POVIÑA, Alfredo. Caldera y el Congreso de Caracas In: POVIÑA, Alfredo. Sociológica. De Teoría y de Historia. Vol. I y II Ediciones de la Academia Nacional de Derecho y Ciencias Sociales. Córdoba: Editorial Assandri, 1982d. p. 359-361. Links ]

POVIÑA, Alfredo. Aquí Jose Medina Echavarria y allá dos notas finales In: POVIÑA, Alfredo. Sociológica. De Teoría y de Historia. Vol. I y II Ediciones de la Academia Nacional de Derecho y Ciencias Sociales. Córdoba: Editorial Assandri, 1982e. p. 364-365. Links ]

POVIÑA, Alfredo. Historia y Futuro de S.A.S. In: POVIÑA, Alfredo. Sociológica. De Teoría y de Historia. Vol. I y II Ediciones de la Academia Nacional de Derecho y Ciencias Sociales. Córdoba: Editorial Assandri, 1982f. p. 367-483. Links ]

POVIÑA, Alfredo. Una hoja de Vida. Un curriculum y una síntesis In: POVIÑA, Alfredo. Sociológica. De Teoría y de Historia. Vol. I y II Ediciones de la Academia Nacional de Derecho y Ciencias Sociales. Córdoba: Editorial Assandri, 1982g. p. 411-413. Links ]

Recebido: 28/02/2005
Aceite final: 05/05/2005

1 Sin duda el material consultado, no solamente el citado, en este trabajo abre las puertas para una reconsideración crítica del así llamado período de “Cátedras” en la sociología de América Latina, que en una primera instancia se presenta como fuente muy rica para entender la posterior “Sociología Científica”.
2 Es muy interesante observar cómo Poviña hace alusión en varios textos a Gini y “las matemáticas en sociología” con un interés metodológico y político académico muy evidente, lo que muestra -en contra de lo que piensan algunos- e l lugar que la metodología tenia en esos años y esos personajes.
3 Victoria de Samotracia, 190 a.C. Escultura: Museo Nacional del Louvre. Conocida también como “La victoria alada”
4 De acuerdo a la narración de Poviña, ALAS fue la primera Asociación en todo el continente.
5 Se adopta la denominación Grupo Zürich para indagar posteriormente las discontinuidades con el llamado Grupo de Palo Alto o Grupo Latinomericano para el desarrollo de la sociología creado en California en 1961, entre otros cfr. Marsal ob. Cit., p. 171 nota 13.
6 Según Poviña el Secretario General del Congreso fue Odorico Pires Pinto.
7 Tapia Moore fue, según Poviña, Vice-Presidente de ALAS desde su fundación.
8 Fundador de la Asociación Internacional de Sociología según una noticia aparecida en La Republica ob. Cit
9 Un elemento importante a la hora de la reconstrucción de la historia de los seis primeros congresos es que, de acuerdo a lo relatado por Poviña, cada uno de ellos publicó sus Actas.

La crisis financiera y la caída del Muro de Wall Street

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Por Alfredo Zaiat, Página/12

Cuando alemanes orientales comenzaron de madrugada a derrumbar a fuerza de mazazos el Muro de Berlín también se terminaba de desmoronar un sistema económico, político y social. El 9 de noviembre de 1989 fue el día que cayó el muro de unos 50 kilómetros de largo y 4 de alto que durante 28 años había dividido a Berlín Occidental de la República Democrática Alemana. Fue el acontecimiento simbólico del fin de una época y el comienzo del proceso de desaparición de la poderosa Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Políticos, intelectuales y militantes del Partido Comunista en el mundo se quedaron sin referencia, sin el faro que orientara su accionar cotidiano.

En las dos décadas previas a la debacle final, ya había comenzado un persistente cuestionamiento a ese modo de organización burocrática y represiva que bajaba del Kremlin. Pero muchos no podían romper con esos lazos de lealtad a la caricatura que se había convertido lo que fue la extraordinaria revolución bolchevique. Implicaba un profundo conflicto existencial, imposible de resolver, respecto de todo lo que habían cultivado, creído e interpretado a lo largo de su vida. Lo que vino después para esas sociedades fue mejor en el aspecto de las libertades individuales, pero no lo fue tanto en cuanto a condiciones materiales para las mayorías, salvo para una elite que se apropió del control de las riquezas de esos países. Esta semana el mundo ha empezado a vivir un acontecimiento histórico similar a partir de la quiebra del banco de inversión Lehman Brothers y la compañía de seguros AIG: la caída del Muro de Wall Street.

Los golpes que van destrozando cada uno de esos ladrillos son el símbolo del fin de una época y el comienzo de una era hoy desconocida. Fueron casi 40 años de mercados financieros cada vez más desregulados, con entes de control públicos colonizados por los banqueros, libre movimiento de capitales especulativos y desarrollo de sofisticados instrumentos financieros que intensificaron el frenesí del casino global. Los gobiernos perdieron el control del sector financiero de la economía. Los dueños de las entidades, ejecutivos, analistas y operadores de esos mercados percibían ingresos obscenos, constituyéndose en una casta privilegiada durante estos años de dominio del mundo financiero sobre la economía real. Semejante poder terminó condicionando a las autoridades democráticas definiendo la lógica de funcionamiento general de las potencias, como en Gran Bretaña, donde la “industria financiera” representa el 30 por ciento de su economía. En la década pasada ya habían empezado a emerger síntomas de esta crisis: el crac bursátil de 1987, la ruina de Long Term Capital Management, el estallido de la burbuja de las puntocom y la quiebra de Enron, entre otros. Como los mismos fanáticos de la nomenclatura soviética, políticos, banqueros centrales, economistas de la city e inversores sofisticados no admitían cuestionamiento a la concepción del libre mercado y el predominio de las finanzas.

La caída del Muro de Wall Street provocará un perturbador conflicto existencial a esos protagonistas parecido al vivido por los militantes comunistas con el hundimiento de la URSS. Ese mundo del dinero fácil, ideas del liberalismo mágico, estilo de vida, teorías y postulados se ha pulverizado. Se han quedado sin un faro en la vida. Serán patrullas perdidas del sistema capitalista con predominio de las finanzas que está acabado. El riesgo para Argentina, que está bastante blindada de coletazos de la crisis internacional, es la existencia en el país de un contingente numeroso de esos milicianos que, aún alienados de un fanatismo conmovedor por el ideario que ha fracasado, ha empezado a deambular por gran parte de los medios exponiendo su propia mediocridad. Se sabe que no es fácil para los seres humanos admitir su propia decadencia. Sus ideas presentadas como verdades absolutas durante décadas en relación con la concepción celestial del mercado libre, de la administración del riesgo, de la dispersión del capital y eficiencia de la actividad financiera son un fiasco a nivel global. Hasta se quedaron sin el argumento final de su fundamentalismo acerca de que eran los agentes sociales (políticos, sindicatos) argentinos la razón de la debilidad permanente de la economía. El estallido se ha producido en el corazón del capitalismo financiero y la respuesta desesperada del líder extremista del laisser faire fue una intervención impresionante del Estado.

El origen de esta crisis terminal no se encuentra solamente en la irresponsabilidad de un grupo de banqueros ambiciosos en el manejo de créditos hipotecarios de baja calidad. Su raíz se remonta a comienzos de la década del setenta. El mundo de las finanzas internacionales comenzó a cambiar a partir del 15 de agosto de 1971. Ese día el presidente republicano Richard Nixon ordenó suspender la compraventa de oro decretando la inconvertibilidad del dólar con ese metal precioso, con el objetivo de poder emitir sin restricciones para cubrir sus desequilibrios externos, al tiempo de intentar la defensa del dólar como moneda internacional, como explicó Susanne de Brunhoff en su didáctico libro La política monetaria, publicado en 1973. Ese fue el inicio del final del sistema que desde la Segunda Guerra Mundial los países desarrollados habían utilizado para administrar las finanzas y el comercio global (Bretton Woods). Uno de los aspectos fundamentales de ese esquema era que la relación entre las paridades cambiarias de esas naciones estaba fija en dólares, y que el valor del dólar estaba respaldado por el oro a una cotización –garantizada por el Tesoro de Estados Unidos– de 35 dólares la onza. Esto provocó el descalabro del mercado de cambios y luego de intentar sin exito volver a definir tipos de cambio fijos, en julio de 1972 se permitió que la libra esterlina flotara contra el dólar y luego le siguieron Japón con el yen y el resto de las potencias europeas con sus respectivas monedas. Antes de esa medida de Nixon, el tipo de cambio fijo estaba defendido por fuertes controles del flujo de capital entre países, y también estaban muy controlados los mercados financieros domésticos.

La inconvertibilidad del dólar fue la puerta que se abrió para desregular los flujos internacionales de capital debido a la necesidad que tenían las empresas y bancos de cubrirse por las fluctuaciones de las tasas de cambio de las monedas. Fue el mordisco a la manzana del pecado. Las firmas que negociaban en los mercados extranjeros presionaban para poder diversificar su cartera de activos para reducir riesgos. La idea era que tenían que operar en divisas y activos financieros en transacciones inmediatas y a futuro en función de la percepción del riesgo que implicaba la fluctuación de los tipos de cambio. Desde entonces se empezó a desarrollar en forma vertiginosa la “industria financiera”, con la creación de instrumentos sofisticados que requerían una cada vez mayor desregulación de los mercados, apertura de los sistemas bancarios y liberación al movimiento de capitales. Se fue construyendo así el casino global donde la administración del riesgo fue transferida desde el Estado al sector privado. Esa liberalización internacional ha exacerbado la volatilidad del mercado y aumentado enormemente el peligro de contagio. Es lo que se vivió en la región durante la década del noventa y, por fortuna, mal que le pese a la secta de brujos nativos, el tránsito a contramano del Consenso de Washington les permite a esos países tener mejores defensas para enfrentar el actual crac de Estados Unidos y Europa.

Ese orden financiero global ha estallado con la burbuja inmobiliaria y los créditos subprime en Estados Unidos, activos que alcanzaron el estadio final de la sofisticación de instrumentos financieros desregulados. Ya nada será igual, aunque todavía no se vislumbra el modelo que lo sustituirá. Otra forma de regulación del sistema capitalista emergerá luego de la caída del Muro de Wall Street, lo que no significa que vaya a surgir rápidamente teniendo en cuenta la disputa que se precipitará dentro de Estados Unidos, pero fundamentalmente porque el eje del poder hegemónico global pasará a estar compartido con nuevas potencias en crecimiento.

Nobel de Literatura 2008: Le Clézio, autor francés, se impone sobre favoritos

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  • Jean-Marie Gustave Le Clézio es el ganador del Premio Nobel de Literatura
  • La Academia destaca su visión como “explorador de la humanidad”
  • Su nombre no estaba en las quinielas de los favoritos para el Nobel
  • En 2008 ha publicado su último libro ‘Ritournelle de la faim’
 
El francés Le Clézio gana el Nobel de Literatura 2008El francés Le Clézio gana el Nobel de Literatura 2008
 

RTVE.es/AGENCIAS MADRID 09.10.2008

El novelista  francés Jean-Marie Gustave Le Clézio es el ganador del Premio Nobel de Literatura 2008.

“Autor de nuevos rumbos, de la aventura poética y del éxtasis sensual”, con estas palabras ha definido la  Academia  al escritor en un comunicado en el que destacan además su visión como “explorador de la humanidad, dentro y fuera de la civilización dominante“. La Academia señala que, partiendo de los últimos estertores del existencialismo y del nouveau roman, Le Clézio ha conseguido “rescatar las palabras del estado degenerado del lenguaje cotidiano y devolverles la fuerza para invocar una realidad existencial”.

Novelista y ensayista, doctor en letras por la Universidad de Niza, el nuevo premio Nobel empezó a escribir muy joven con 7 años inspirado por los paisajes marítimos de Isla Mauricio donde vivió. En la actulidad reside en México y ha llegado a escribir más de 50 libros. Proviene de una familia bretona emigrada a Isla Mauricio en el siglo XVIII y ha recibido ya numerosos premios a lo largo de su trayectoria:  premio Renaudot en 1963, Premio Paul Morand, en 1980 y elegido en 1994, mejor escritor frances vivo.

‘La fiebre’, ‘El éxtasis material’, ‘Tierra Amada’, ‘El libro de las huidas’ y ‘La guerra’ son algunas de las obras del nuevo Nobel de Literatura que en 2008 ha publicado su último libro, ‘Ritournelle de la faim’. Le Clézio no estaba en las quinielas de los favoritos para el Nobel de Literatura que el año pasado recayó en la escritora inglesa Doris Lessing, y en el 2006 fue para el novelista turco Orhan Pamuk.

El Premio Nobel de Literatura es en palabras de su creador Alfred Nobel un galardón que debe entregarse cada año “a quien haya producido en el campo de la literatura la obra más destacada, en la dirección ideal”. El premio está dotado con 10 millones de coronas, un millón de euros.

SU PERFIL PERSONAL Y LITERARIO

Sus obras están marcadas por su gusto viajero, por su sensibilidad ecologista y por su amor por la cultura amerindia.

  • Nació en Niza en 1940 y recibió el Premio Renaudot con ‘El procès verbal’ en 1963
  • En 1994 un sondeo le designó como “el más grande escritor en lengua francesa”
  • Ha escrito medio centenar de obras entre novelas, cuentos y ensayos
  • Sus páginas están llenas de gran humanismo y de críticas a Occidente
  • Fue expulsado de Tailandia, donde hizo el servicio militar, por denunciar la prostitución infantil

Gustave Le Clézio no ha dejado de escribir desde que cumplió siete años.  El Premio Nobel de Literatura 2008, gran viajero, ecologista y enamorado de la cultura amerindia, es autor de medio centenar de libros con un gran transfondo humano. Nació el 13 de abril de 1940 en Niza, en el sur de Francia, hijo de una madre bretona y un médico británico afincados en la isla Mauricio. A los 23 años, este Licenciado en Letras, comenzó a ser conocido tras ganar el premio Renaudot en 1963 por su obra ‘Le procés verbal’, después de haberse quedado a las puertas de conseguir el premio Goncourt, el más prestigioso de las letras francesas.

Esta obra definiría su literatura existencialista, próxima a Georges Perec y Michel Butor y admirativa de Michel Foucault y Gilles Deleuze.  Su obra, que engloba cuentos, novelas, ensayos, traducciones de mitología india y libros de fotos, entre otras obras, es percibida como una crítica al materialismo de Occidente. En sus páginas hay una atención constante a los desfavorecidos y excluidos.  En su literatura, Le Clézio rescata palabras olvidadas del lenguaje cotidiano para darles un nuevo impulso evocador.

Su escritura es clásica, sencilla pero refinada y colorista.

Su vida ha estado marcada por los viajes que realizó desde muy pequeño. Sus dos primeros libros los escribió con tan sólo siete años en el barco que llevaba a su padre a Nigeria, durante la Segunda Guerra Mundial. En 1964 descubrió México, una país que le ha fascinado y cuya cultura le tiene enamorado.

En 1967 hizo el servicio militar en Tailandia como cooperante pero fue expulsado por denunciar la prostitución infantil, por lo que tuvo que terminarlo en México.  Durante cuatro años, entre 1970 y 1970, empleado por el Instituto de América Latina, comparte su vida con los indígenas de Panamá. Una experiencia que tendrá un mucha influencia en su obra.

En los últimos años vive a caballo entre Niza, París y la ciudad mexicana de Alburquerque. Su intensa labor académica le ha llevado a trabajar en las universidades de esta última ciudad, pero también de Bristol, Londres, Perpiñán, Bangkok, México, Boston y Austin.  Después de ‘Le procès verbal’, en sus siguientes libros denuncia los problemas que provoca la vida en las grandes ciudades y pronto comienza a escribir obras de signo ecologista, como “Terra amata” (1967), “Le livre des fuites” (1969), “La guerre”” (1970) y “Les géants” (1973).

Premio de la Academia Francesa en 1980

En 1980 recibe un nuevo espaldarazo al recibir el premio de la Academia Francesa por “Désert”, un evocador relato del contraste entre la grandiosidad de las culturas perdidas del norte de África y la mirada de los inmigrantes indeseados en Europa. La proximidad con el norte de África le viene de su esposa Jemia, de origen marroquí, con la que contrajo matrimonio en 1975.

A partir de ese momento, Le Clézio comienza a centrar su obra en el universo amerindio, una cultura en la que profundiza a partir de la traducción de obras como “Las profecías de Chilam Balam” o “El sueño mexicano o el pensamiento interrumpido”. La temática de sus obras cambia, se centra en viajes y en mundos desconocidos y comienza a tener un gran éxito de ventas.

Un sondeo para la revista francesa Lire le designó en 1994 como el “el más grande escritor de la lengua francesa”, por delante de Julien Green. Jean Marie Gustave Le Clézio dijo entonces: “Yo habría puesto a la cabeza a Green”.

 

Escritores “Nobel” de habla hispana

Entre los 100 autores galardonados con el premio en el siglo XX diez de los escritores fueron de habla hispana: los españoles José Echegaray y Eizaguirre (1904), Jacinto Benavente (1922), Juan Ramón Jiménez (1956), Vicente Aleixandre (1977), y Camilo José Cela (1989); los chilenos Gabriela Mistral (1945) y Pablo Neruda (1971); el guatemalteco Miguel Ángel Asturias (1967); el colombiano Gabriel García Márquez (1982) y el mexicano Octavio Paz (1990).

El Nobel de literatura es una de los premios que siempre va rodeado de polémica sobre todo por los autores de reconocimiento mundial que han quedado excluidos. Es el caso de autores clásicos del siglo XX que no han recibido el premio como Proust, Tolstoi, Ibsen, Borges, o James Joyce, entre otros.

 

Medicina, Física y Química

La Fundación Nobel ha anunciado ya los premios en las categorías de Medicina galardonando al alemán Harald zur Hausen y los franceses Francoise Barré-Sinoussi y Luc Montagnier, descubridores de los virus del Papiloma Humano y del sida.

El Nobel de Física ha distinguido a los japoneses Toshihide Maskawa y Makoto Kobayashi y al estadounidense de origen japonés Yoichiro Nambu por sus descubrimientos en el campo de la física subatómica.

Los científicos Osamu Shimomura, Martin Chalfie y Roger Tsien van a compartir el Nobel de Química por descubrir y desarrollar una proteína fluorescente.

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Written by Eduardo Aquevedo

10 octubre, 2008 at 0:44

Publicado en CULTURA, HUMANIDADES, MUNDO, SOCIEDAD

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