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Colegio Cumbres: el lado más humano de la tragedia. Testimonios

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Por Andrea de la Cruz L.

Hoy se cumple justo una semana del trágico accidente que convirtió la gira de estudios al norte del Segundo Medio D del Colegio Cumbres en el hito más triste de la historia del establecimiento. La muerte de las nueve alumnas no sólo remeció los corazones de la comunidad del colegio, sino al país completo. Uno de los hechos más impactantes fue ver de cerca el dolor de los padres, que en público al menos nunca se derrumbaron, confortados en la más profunda fe católica.

Varios de los familiares de las jóvenes fallecidas, incluso, tuvieron el ánimo suficiente como para enviar cartas a los medios de comunicación, agradeciendo la solidaridad recibida desde los más diversos ámbitos.  Palabras que, al desgranarse con sencillez, se transformaron en una profunda lección de fe.

Con ese sentido, el padre de Bernardita María Valenzuela Prado, aceptó conversar con “La Segunda” para entregar su testimonio. Ingeniero civil industrial y profesor de la Universidad de los Andes, Alvaro Valenzuela del Valle, se confiesa conmovido por las espontáneas muestras de cariño recibidas en estos días. Esas manifestaciones, junto a la oración, han sido un bálsamo para el espíritu de la familia que formó junto a su señora Bernardita Prado, quien integró el Consejo Nacional de Televisión. Si bien los cinco hermanos de Berni (cuatro hombres de 23, 22, 20 y 11 años, más el “conchito”, una niñita de 8) lloran su temprana partida, aferrados a la fe que han cultivado en un hogar fuertemente católico buscan el sentido profundo de todo ese dolor. Tan serena está el alma del gerente general de la empresa Multicaja, que a menos de una semana de la muerte de Bernardita fue capaz de retomar sus labores en la empresa ubicada en pleno centro de la capital.

Desde su despacho deja aflorar los recuerdos que le dejó la sonriente Berni, quien era conocida por participar activamente en el movimiento Schoenstatt. “Se sentía con confianza como para contarnos todo”

La describe como “una niña normal de 15 años, muy linda, sana, amistosa, alegre y con personalidad. Con un carácter poco complicado, a la cual no vimos pasar por crisis serias o rebeldías que son frecuentes a esa edad. Por ser la primera mujer después de 3 hermanos hombres mayores, fue siempre muy cercana y compinche mía y de su mamá. Muy ayudadora en el cuidado de sus dos hermanos menores. Lo que más recuerdo son su sonrisa permanente y sus conversaciones conmigo cada vez que iba a dejarla o buscarla a alguna parte, contándome sobre sus amigas y amigos, sobre el colegio, el movimiento. Era muy comunicativa y creo que se sentía con confianza para contarnos todo. Siempre le dije que era bonita físicamente, pero sobre todo era muy linda de alma”.

-¿Cómo fue gestándose en ella esta gran cercanía con Dios y con el movimiento Schoenstatt?

-Creo que la cercanía a Dios fue algo que ella vivió siempre al interior de su familia y en el colegio. Asimismo, su relación con Schoenstatt fue cercana desde que nació, porque su mamá y yo hemos pertenecido al movimiento por muchos años, pero nosotros no hemos forzado a ninguno de nuestros hijos a participar.

Fue sólo hace tres años, mientras vivíamos en Ecuador, que decidió entrar a los grupos de la juventud femenina. Antes había pertenecido al movimiento del Regnum Christi de los Legionarios de Cristo, que es muy activo en el Colegio Cumbres. Luego, al regresar a Chile, dudó mucho entre volver al movimiento del colegio o entrar a Schoenstatt en el Santuario de Campanario, y finalmente se incorporó ahí a un grupo de jóvenes secundarias. Hasta ahora era la única de nuestros hijos en pertenecer al movimiento.

Hablaba de las otras 8 niñas “todo el tiempo”. Entre octubre de 2005 y agosto del año pasado la familia Valenzuela Prado vivió en Quito, Ecuador, por motivos de trabajo del padre. Alvaro Valenzuela cuenta que Berni fue acogida con mucho cariño por las nuevas amigas que hizo allá, específicamente en el “Colegio Menor San Francisco de Quito”, donde continuó sus estudios. A pesar de la distancia, ella igual “mantuvo una relación permanente con sus amigas del Colegio Cumbres en Chile, por chat, e-mail o visitas de algunas más cercanas”.

Recuerda que incluso “al regresar desde Ecuador la Berni no quedó en el mismo curso en que estaba originalmente, por lo tanto la amistad con la mayoría de las demás niñitas fallecidas era relativamente reciente. Aun así, por su carácter fácil y amistoso, esa amistad era muy profunda y nos hablaba de ellas todo el tiempo. Lo más lindo fue que junto a esas nuevas amigas mantuvo la cercanía con las antiguas y por lo tanto tenía un grupo grande de amigas en todas las secciones paralelas del Segundo Medio.

-¿Cuál cree que es la huella que dejó Bernardita en su breve paso por la vida terrenal?

-Creo que un hijo deja siempre una huella imborrable en su familia y así, aunque la Berni no esté físicamente aquí con nosotros, siempre estará presente en el corazón de todos. En efecto, cada uno de nuestros niños es muy especial para nosotros y su espacio no es reemplazado por sus demás hermanos. Supongo que algo parecido les sucederá con sus amigas y amigos más cercanos, quienes recordarán siempre su alegría, calidez y sencillez.

-¿De qué manera su familia ha logrado enfrentar su desaparición?

-Recién estamos empezando a enfrentarla y, por lo tanto, no tengo claro cómo será nuestro duelo en el futuro cercano. En este primer momento tenemos una pena enorme, la echamos muchísimo de menos y lloramos frecuentemente al recordarla, pero también tenemos la serenidad que nos da la fe en que Dios la tiene cerca suyo, que ella está bien en el cielo y va a cuidarnos. Al mismo tiempo sabemos que si Dios, que nos quiere infinitamente, permitió su muerte, nos dará fortaleza para sobrellevar esta pena y salir adelante. Adicionalmente hemos sentido muy profundamente el consuelo de la cercanía y oración de cientos de familiares y amigos e -incluso- de miles de personas que no conocemos, pero han sido impactadas por la tragedia.

-¿Cómo ha sido para sus hermanos?

-Como sus papás, los cinco hermanos están muy tristes y extrañan a su hermana, pero afortunadamente también comparten con nosotros la fe en que ahora tenemos un angelito en el cielo que nos va a cuidar.

-¿De qué manera se puede encontrar tranquilidad en un hecho tan doloroso y desgarrador como es la muerte de una hija?

-Con mucha oración y cercanía de los familiares y amigos.

No el por qué, sino el para qué

En medio del duelo, el ingeniero cuenta que la familia Valenzuela Prado no le ha abierto la puerta a los cuestionamientos del porqué de esta partida tan anticipada de Bernardita, en la “primavera” de su vida.

“Los seres humanos no tenemos la capacidad para comprender el plan de Dios. Nuestra preocupación ahora y en adelante será más bien tratar de entender el “para qué”; o sea, qué quiere Dios que surja entre nosotros o entre los que nos rodean como resultante creadora a partir de este dolor.

-¿Qué reflexión le merece la forma en que reaccionó el país entero ante esta tragedia?

-Hay innumerables pruebas de que los chilenos son muy solidarios ante las desgracias de los demás, sobre todo en tragedias o siniestros que han causado conmoción pública, pero también en campañas de bien. En esta oportunidad nosotros hemos sido sujetos de esa solidaridad enorme.

Y recuerda que “durante todo el fin de semana experimentamos la enorme solidaridad y apoyo de muchas autoridades y funcionarios de gobierno a todo nivel, de los directivos y profesores del Colegio Cumbres, así como de muchísima gente de diversas organizaciones y actividades que hizo todo para facilitarnos los trámites y procedimientos; para tener un ambiente de paz, de oración, recogimiento y tranquilidad que necesitábamos”.

“Sería injusto dar una lista, pero igual debo destacar a la señora ministra de Educación, que no sólo nos ayudó en todo tipo de gestiones, sino que fue una compañía cercana, cálida y cariñosa para cada matrimonio en la noche del viernes, durante el viaje de ida y vuelta a Arica y en la larga vigilia nocturna en el Instituto Médico Legal. Asimismo, todo el apoyo, compañía y ejecutividad del senador Jaime Orpis y del empresario Bernardo Matte, que no sólo resolvieron muchos problemas por nosotros, sino que actuaron casi como hermanos mayores en nuestra representación y en la toma de juiciosas decisiones.

Comandante del avión presidencial que trajo a las niñas desde Arica: “Se notaba paz interior”

Ocho años lleva volando el avión presidencial al comandante de la Fuerza Aérea de Chile, Patricio Ríos. El sábado pasado, sus manos condujeron la aeronave que trajo de regreso a Santiago a las nueve niñas fallecidas del Colegio Cumbres. “No sé si nos estaba acompañando Dios, pero el vuelo fue súper agradable”, confiesa aún conmovido.

“El copiloto que iba conmigo, el capitán Jorge Villavicencio, el martes había ido a Iquique en otro avión. Por cosas del destino fue a comer en la noche al Club Militar y ahí había un montón de niñitas que se notaba que andaban en una gira de estudios. Cuando íbamos volando a Arica a las doce de la noche (del viernes, para traerlas de vuelta) me dijo parece que eran estas niñitas”, relata.

No se equivocó. Momentos más tarde las profesoras les confirmaron que las alegres muchachitas que bromeaban y reían a todo pulmón tres días antes eran las adolescentes fallecidas en la tragedia de Putre.

El comandante Ríos cuenta que cuando los papás supieron, preguntaron por el encuentro. “¿Cómo se veían?”, le dijeron al capitán Villavicencio. “La verdad que súper felices, se notaban que lo estaban pasando súper bien”, fue la respuesta. Ríos asegura que al escuchar la breve descripción “se alegraron y eso me impresionó, porque para ellos fue positivo, como que les dio tranquilidad que alguien les contara que lo habían pasado bien”.

“Un honor poder ayudarlos”

Ríos cuenta que, como padre de una pequeña de cuatro años, se conectó inmediatamente con el dolor de las familias. Igual, dice, le sucedió al resto de la tripulación, quienes no escatimaron esfuerzos para acomodar los espacios del avión y lograr así que los cuerpos de las 9 niñas pudieran regresar juntos a la capital y no en vuelos separados.

Durante el retorno, mediante un parlante, entregó las condolencias a nombre de la FACh. “Les dije que esperábamos que tuvieran la fuerza suficiente para superar este episodio tan amargo y que para nosotros era un honor poder ayudarlos”.

“Fue un vuelo tranquilo y relajado. Se notaba que los familiares sentían una paz interior de saber que se llevaban a sus niñitas de vuelta a casa”.

Susana Roccatagliata: “El amor que dieron esas niñitas a sus padres sirve para vivir mil vidas”

Pocos días antes de que el 2° Medio D del Cumbres partiera de viaje de estudios, la tesorera del Centro de Alumnos, Eloísa Garreaud, fallecida en la tragedia, llamó por teléfono a Susana Roccatagliata para invitarla a dar una charla en el colegio.

¿El tema? “Los sueños”, le dijo la joven.

La autora del libro “Un hijo no puede morir” (a raíz de la muerte de su hijo Francisco, de 4 años) y fundadora del Parque Memorial -ubicado en los faldeos del Parque Metropolitano y que recuerda a los hijos no nacidos y los fallecidos-, no dudó en hacerlo. Otras veces había acudido a hablar con los estudiantes de ese establecimiento.

La charla la dio la semana previa al trágico accidente, pero las alumnas del 2° Medio D no estaban ese día, pues ya habían partido al norte.

-Cuando ese viernes supe lo del accidente, me quería morir. Me dejó bloqueada. Fue como cuando el corazón, aunque palpita, te deja entumecida. ¡No puede ser!, pensaba, como de seguro les ocurrió a todos los chilenos. He hablado con gente que me dice que lloró al ver las imágenes en la televisión y que corrió a besar a sus hijos y decirles cuánto los quieren.

Lo que pasa con estas tragedias es “que nos pone frente a la realidad de la vida: somos finitos. Vivimos de espaldas a la muerte y, cuando se nos quita a quienes más amamos, nos damos cuenta de que la esencia del ser humano es la fuerza, el amor, la entrega, la fortaleza, que es lo que de verdad tiene trascendencia”.

-¿Cómo pueden encontrar consuelo las familias?

-Lo más importante es haber tenido el privilegio de ser padre y madre de esas niñas. El orgullo de haberlas tenido, conocido y gozado el tiempo que fuera. Una vida no tiene valor por el hecho de vivir 50, 60 o 70 años, sino en cuanto a mí como padre y madre esa vida le dio sentido. El amor que les dieron esas niñitas sirve para vivir mil vidas. Eso es inconmensurable y viene de la fe.

-¿Cómo se llena el espacio que deja la muerte de un hijo?

-Nada lo llena. Ese hijo es único y la relación que se tenía con él también es única. El duelo significa integrar el dolor a tu vida. Eso ocurre en el tiempo, cuando ya puedes vivir sin sentir ese cráter en el estómago, sin ese vacío, sin ganas de vomitar. Cuando puedes incorporarlo a la vida y volver atrás. En mi caso (recibe 700 mails mensuales de papás que han perdido un hijo), con cada muerte vuelvo atrás, al momento en que me dijeron que mi hijo Francisco había muerto. Pero ese flashback dura menos tiempo y puedo ir hacia delante.

Susana Roccatagliata dice que “la aceptación es la etapa final del duelo. Al principio te parece extraño no dejar de pensar un minuto en él. Después lo piensas con dulzura y recuerdas los mejores momentos. La muerte no hace que la relación con un hijo termine. Puedes escribirle cartas y hablarle”.

-¿Y usted lo hace?

-Sí. Las pérdidas son parte de la vida. Cuando uno pierde un hijo cambia para siempre, nunca vuelve a ser el mismo. Puedes ser más sabio, cambiar tus prioridades y darte cuenta de que no eres omnipotente, que no puedes controlar el destino. El duelo exige paciencia, que uno sienta paz y una fuerza tremenda. A quienes somos creyentes, nos sostienen la fe y ese hijo que ya no está.

En el Parque Memorial -“ese pedacito de cielo que estamos haciendo en la tierra”-, Susana (que ha mantenido contacto con las mamás de las jóvenes) planea “hacer algo maravilloso para las nueve niñitas. Lo haremos con la ayuda de sus compañeras y será una sorpresa para los papás. No podemos adelantar mucho, pero se necesitan recursos, así que confío en que las empresas no me cierren la puerta cuando la toque”.

Blogs, cartas y columnas dieron al país un aire distinto

La emoción, las plegarias y las dolidas palabras de consuelo, tratando de encontrarle un sentido a la tragedia que arrebató la vida de nueve alumnas del Colegio Cumbres, se plasmaron en los cientos de cartas y correos electrónicos publicados en diarios y portales de internet.

Cadenas por Facebook —se crearon 25 grupos que suman 130.853 personas— y mails colmaron la “red”, revelando la inmensa conmoción que provocó entre los chilenos el dramático desenlace que tuvo una inocente gira de estudios.

Warnken: “Nada podrá llenar sus piezas vacías”

Cristián Warnken, que perdió a su pequeño hijo Clemente la Navidad pasada, cuando cayó a una piscina, también dedicó su pluma a las “Mariposas”, como bautizó a las nueve víctimas en la columna que publicó ayer en “El Mercurio”.

“Nada podrá llenar sus piezas vacías, sus puestos en la sala de clases, ese silencio y esa ausencia que vibran tanto alrededor nuestro cuando alguien tan joven se va. Quien no ha escuchado el sonido de esa ausencia no entiende lo que estoy diciendo (…) Nadie está preparado para decirle adiós a lo que ama (…) No queremos verlas ahí, bajo tierra, porque ellas vinieron a correr sobre la tierra y a conquistarla”, escribió.

Y añadió: “Se fueron estas hijas maravillosas, sus padres quedaron huérfanos de ellas, para hacerse ahora hijos del misterio. Dejémoslos nacer a este misterio doloroso, tan hondo, dejémoslos llorar y gritar, incluso clamar”.

Vial Larraín: “Un espíritu purificado en el dolor”

El ex rector de la Universidad de Chile y abuelo de Bernardita Barros Vial, Juan de Dios Vial Larraín, tampoco se contuvo y entreabrió la puerta de su dolor a través de una columna de opinión.

“Hay golpes profundos en el alma que generan lo que los griegos llamaron una “catarsis”, es decir, una purificación del espíritu. Ante los cuerpos de las muchachas muertas alineados al pie del altar del Colegio Cumbres, se sintió efectivamente un aire de altura, una elevación de los corazones ante la más terrible entre los enemigos de la vida: la muerte. La muerte tronchando en su primavera los corazones de esas muchachas”.  Y añadió:

—De ordinario las ceremonias fúnebres son aplastantes. Reina en ellas el “heraldo negro”, como la llamara el poeta César Vallejo. Pero en los patios de ese colegio, en la caravana al Parque del Recuerdo y en el crepúsculo del Parque había otro aire, otra luz. La oración sostenida era sencilla, era una oración a la Madre, el avemaría. Y se rezaban ¡vaya misterio!, los misterios llamados “gloriosos”. Era la visión de la Gloria la que reinaba sobre la muerte; era la vida, por encima de los cuerpos muertos y a la que de una manera sutilísima todos los espíritus se acercaban.

Vial Larraín contó cómo su nieto de 10 años “al borde del ataúd de su hermana, tocaba la madera con los ojos bañados en lágrimas que llegaban también al abuelo. Esta escena se repetía miles de veces (…) Era ciertamente un alma colectiva, mejor dicho: un espíritu. Un espíritu purificado en el dolor”.

—Pocas veces estas cosas suceden. Pero ocurren y tienen la fuerza de una epifanía. El alma de una nación, de tantas familias, de tantísimos individuos, se conmovió, vivió los tres días de una Semana Santa, reflexionó el abuelo de la “Berni”, como llamaban cariñosamente a su nieta.

“El camino de los ángeles”

Desde Madrid, Joaquín Márquez escribió: “Pido a quienes pasen por ahí (el lugar del accidente) que no lo olviden. Que cuando vayan en sus autos, buses o camiones, recuerden que desde allí subieron a los cielos nueve niñas santas y las saluden con respeto. Para mí, desde hoy, esa ruta tiene un nuevo nombre: El camino de los ángeles”.

El sacerdote Hugo Tagle Moreno escribió otra carta, resaltando que “la oración silenciosa de cientos de personas, las cuentas de Rosario y las celebraciones de la Eucaristía en que se han reunido muchos fieles dan testimonio de que la fe vivida y solidaria en el dolor no cae en el vacío”.

Cristina Bitar: “Me enseñaron a ver a mis hijos de otra manera”

“Bernardita, Elisa, María de los Angeles, María Trinidad, Magdalena, Valentina, Eloísa, Magdalena y Bernardita sólo alcanzaron a vivir esa etapa maravillosa de la vida en que se vive para otros. Fueron y existieron para su familia, sus padres, sus hermanos, sus  amigos, su colegio, todos a quienes les entregaron su amor desinteresado y puro (…) No las conocí, pero con su trágica partida ellas me enseñaron a ver a mis hijos de otra manera”, opinó en su columna la directora ejecutiva de Independientes en Red, Cristina Bitar.

—Con su vida hicieron bien y dieron felicidad a los suyos. Con su muerte entregaron un mensaje a todos los chilenos: nos recordaron que, a veces, perdemos esa capacidad de entregarnos a los otros y nos quedamos enredados en ambiciones grandes que sólo construyen almas pequeñas.

“¡Qué demostración de fe!”

Como si fuera una búsqueda de crecimiento espiritual, a través del sufrimiento, muchas personas rescataban —por medio de sus cartas— el valor de la fe.

Bernardo Larraín, tío de una de las víctimas, así lo resaltó: “¡Qué demostración de fe! Una cachetada en la cara a quienes ven la fe quizás desde la vereda con indiferencia (me incluyo) o directamente como algo anticuado y conservador que hay que extirpar. ¡Qué demostración de familia!, la de familias numerosas que mostraban cómo el dolor y la esperanza alimentada por la fe pueden unirse”.

También escribió Karla Rocha Haardt, hija del fallecido empresario educacional, Gerardo Rocha: “Cuan do mi hijo recién murió, hace cuatro años en Punta Cana, una amiga que había perdido a su hija me dijo que cuando otros vivieran lo mismo que yo sufriría una eternidad… Así fue. Me duele en el alma cada vez que sé de niños fallecidos, pienso en sus familias y sufro tanto que ni siquiera puedo ver las imágenes de una tragedia ajena. Tuve que tener la experiencia para poder ponerme en el lugar del otro”.

El abogado constitucionalista Arturo Fermandois relató en otra carta a los medios que “como papá que en el pasado atravesó por algo similar, en los tiempos en que suceden a la pérdida recomiendo a parientes y amigos sensibilidad y no frialdad; memoria y no olvido; compañía y no indiferencia”.

La familia de Magdalena Rodríguez Hermosilla —una de las niñas fallecidas— agradeció por escrito “a muchas personas que en forma anónima nos han expresado su solidaridad y apoyo en cartas, blogs, en saludos con pañuelos y flores durante los traslados (…) y a quienes con sus oraciones han pedido y piden por nuestras hijas. Es posiblemente una de las fuerzas más grandes que nos ayudarán a sostenernos en el camino que tenemos por delante. En momentos tan difíciles como éstos es un consuelo muy grande ver que, por sobre toda la diferencia, el país entero se une en la solidaridad con el prójimo”.

La Segunda.cl

6 comentarios

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  1. Hola a todos desde COLOMBIA:
    A todos los que puedan leer este mensaje, deseo invitarlos a que lean en sus Biblias los pasajes bíblicos de salmos 37: 9,10y 11, Apocalipsis 21: 3,4, Juan 5: 28,29, entre otros. Todos estos textos hablan de una resurrección de los muertos aquí en este mismo lugar, nuestro PLANETA TIERRA, estas niñas de seguro estan en la memoria de nuestro Dios, el creador de todas las cosas, el se encargará de devolverles la vida. Se que sus papás tendrán la maravillosa oportunidad de ver nuevamente a sus niñas, pero en este lugar terrenal si se siguen esforzando en estudiar la palabra de Dios y poniendo en práctica lo que aprenden. Asi como lo hizo también Jesús, el hijo de Dios. Éste es el dechado que debemos seguir. A fin de ganarnos el favor de Dios.

    Un abrazo a todos los papás y familiares de estas niñas ejemplares.

    Andrea M. Vallecilla

    4 marzo, 2011 at 11:50

  2. Hola soy de Argentina, y cuando me enteré de este accidente lloré como loco, soy Ramiro y tengo 20 años, y en el año 2006 con 16 años volvía junto a mi equipo de futbol de un viaje, y un camión embistió nuestro micro, fallecieron 12 chicos de 15 y 16 años, yo sufrí lesiones gravísimas en el cráneo y en el torax…muchas fuerzas a los familiares…y más aún a las sobrevivientes, que x experiencia, sé q no es fácil salir adelante, saludos desde Argentina.

    Tito

    29 noviembre, 2011 at 22:21

  3. Un saludo desde Colombia, aqui en mi país vivimos una tragedia muy similar el 28 de febrero de 2004.
    21 estudiantes del Colegio Agustiniano murieron cuando una excavadora cayo encima de la ruta escolar que los llevaba de regreso a casa, fue una tragedia muy dolorosa para todo el país.
    Un abrazo a todos los familiares de las niñas del Colegio Cumbres. Dios les de la fortaleza para sobrellevar este dolor

    Carolina G.

    22 julio, 2012 at 14:52

  4. a los padres de las ninas les quiero decir que sus hijas estan descansando en el sueno de la muerte pero muy pronto las bolveremos a ver en la ressureccion de los muertos

    cristian

    19 mayo, 2013 at 13:23

  5. ayer se cumplieron 5. años de el trágico accidente a mis amigas las recordamos mucho en especial ala kankeles

    cristian

    30 agosto, 2013 at 9:55

  6. de seguro estan en el cielo las niñas… Maria de los angeles descanza en paz pequeña ❤

    Anastacia

    20 octubre, 2013 at 16:43


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