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Archive for agosto 18th, 2008

Red Voltaire: sitio web alternativo censurado y bloqueado. Entrevista a T. Meyssan

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Thierry Meyssan, director de Red Voltaire: «Internet ya es un campo de batalla en el sentido militar”

¡Thierry Meyssan, buenos días! Propulsado al escenario mediático por poner en la picota la versión del gobierno de Estados Unidos sobre el desarrollo de los atentados del 11 de septiembre de 2001…
Periodista independiente y escritor controvertido, Thierry Meyssan, desde hace muchos años, se basa en Internet para llevar a cabo sus investigaciones y difundir sus ideas. Entrevista exclusiva con el autor de L’Effroyable imposture*, que reitera sus compromisos y la utilización de una herramienta, Internet, atrapada por la censura…
¡Thierry Meyssan, buenos días! Propulsado al escenario mediático por poner en la picota la versión del gobierno de Estados Unidos sobre el desarrollo de los atentados del 11 de septiembre de 2001, además, usted es secretario general del Partido radical de izquierda de Francia (PRG) y preside la Asociación Red Voltaire, en la que milita desde 1994, por la libertad de expresión. En pocas palabras, ¿cómo definiría su acción? ¿Cuál es su principal aspiración?

Mis aspiraciones son, al mismo tiempo, comprender e influir. Soy un analista político y un militante. En contra de la visión actual de la profesión, sólo concibo el periodismo de esta manera. No me encasillo en la prensa de opinión que comenta la actualidad sin cuestionar los puntos de vista que nos vienen dados ni en la prensa dominante que, por su rechazo a tomar partido, defiende el desorden establecido.

Fui responsable del PRG desde 1994 a 2008. Pero actualmente no vivo en Francia y tuve que dejar esa función, aunque sigo muy vinculado a esta filosofía que tiene grandes aspiraciones y asume compromisos difíciles, tanto por realismo como por disciplina democrática.

Efectivamente, empecé a ser muy conocido en los medios de comunicación a raíz de mis estudios sobre los atentados del 11 de septiembre y la evolución política de Estados Unidos. Aunque fui objeto de una campaña denigratoria particularmente virulenta en los países anglosajones y en Francia, me beneficié de un gran reconocimiento, especialmente en los países mediterráneos y América Latina. De repente me encontré lanzado a la escena internacional y desde entonces tengo la oportunidad de que me consulten numerosos líderes políticos de todo el mundo que consideran importantes mis análisis. Siempre me sorprende ver el desfase entre mi actividad y el retrato poco favorable que presenta de mí la prensa francesa. ¿No se dice que nadie es profeta en su tierra?

Desde hace tres años, su sitio VoltaireNet.org se convirtió en «agencia de prensa no alineada». ¿Esta nueva fórmula es más seductora para los internautas? ¿Cuál es su audiencia? ¿Cómo financia su actividad?

Desde mi trabajo durante la guerra de Kosovo estoy preocupado por la dominación de algunas agencias de prensa (AP, Reuters, AFP) que imponen su visión de los hechos al conjunto del mundo. Eso me condujo a reanudar el combate con el Movimiento de los no alineados contra la dominación informativa, que antaño promovió la UNESCO. Convencidos de que los periodistas locales saben mejor lo que pasa sobre el terreno que las agencias de Nueva York, Londres y París, constituimos una red de agencias de prensa, diarios y revistas y comenzamos a «sindicar» nuestros artículos. Esta fórmula tiene un gran éxito en América Latina, donde nuestra red se convirtió en la primera fuente de información independiente. Ya nos movemos un poco en el mundo árabe y pretendemos seguir por todo el mundo.

No consideramos Internet como un medio de comunicación aparte. También nos apoyamos en muchas publicaciones de papel. Por mi parte publico libros, escribo artículos para grandes publicaciones políticas de Rusia, el mundo árabe y América Latina. Participo en numerosas emisiones de radio y televisión en todo el mundo y yo mismo pronto seré presentador. Sin embargo, de los medios de comunicación, Internet es el más ágil y el más barato.

Al principio, nuestra actividad se financiaba con mis derechos de autor ya que mis obras tuvieron un éxito mundial. Pero después de que mi editor se declarase en quiebra robándome los derechos que había recaudado en mi nombre, nos hemos encontrado con grandes dificultades. Actualmente, todos los gastos técnicos y algunos gastos de traducción se financian con las donaciones de los lectores. Pero a pesar de que son generosos, nuestro margen de maniobra es limitado.

Las averías observadas en las últimas semanas en VoltaireNet.org, ¿eran debidas al éxito de la llamada a los lectores o a las respuestas electrónicas de los opositores a la acción de la Red Voltaire? Según su opinión, ¿qué hay detrás de esos ataques?

En primer lugar fuimos víctimas de nuestro éxito. El servidor que utilizábamos no soportó el aumento del tráfico en nuestro sitio. En efecto, además de Voltairenet.org, nosotros editábamos en los sitios de nuestros socios y en las bases de datos documentales. Con esas perturbaciones, nuestro lugar principal, Voltairenet.org, perdió audiencia. Pero a pesar de todo ha vuelto a los 1,3 millones de visitas mensuales.

A eso se añadieron diversos ataques difíciles de interpretar hasta que llegamos a la conclusión de que existía un sabotaje interno. Pero nos encontramos con que más de 1.500 lectores respondieron a nuestra petición de ayuda económica y eso nos permitió agarrar el toro por los cuernos y cambiamos de alojamiento y de equipo técnico. Ahora disponemos de una maquinaria ultramoderna, una banda de transmisión muy amplia y un equipo técnico capaz de intervenir las 24 horas del día. Cambiaremos los DNS en los próximos días y reanudaremos progresivamente el ritmo de nuestras publicaciones.

Hemos sido objeto de numerosos ataques informáticos. No sólo los típicos ataques de mensajes múltiples para saturar el sitio, sino cosas más sofisticadas, por ejemplo la penetración en las bases de datos para cambiar el contenido. Sin hablar de los ataques físicos, como la destrucción de una de nuestras máquinas albergada en un centro de telecomunicaciones a pesar de que estaba protegida.

Al contrario de las prácticas en boga en la «blogsfera», su sitio no propone ninguna interactividad con los lectores. ¿Temen excesos por su parte? ¿Por qué no apostar por una forma de «colaboración» con los internautas?

Es algo que todos lamentamos mucho. Nuestros intentos de crear foros nos vacunaron. Inmediatamente nos invadieron elementos provocadores de todo tipo que desviaban los debates o enviaban mensajes racistas o extremistas para desacreditarnos.

Más allá de los problemas técnicos y económicos, ¿cree que Internet facilita la libertad de expresión de asociaciones como la suya o teme también el desarrollo de la censura sobre este nuevo medio de comunicación, incluso en Francia?

Por supuesto que Internet facilita el ejercicio de la libertad de expresión. Desde este punto de vista la generalización de Internet es una revolución política que trastorna a las instituciones. Pero esta libertad es relativa. En primer lugar tenemos que enfrentarnos a nuestras propias limitaciones intelectuales. En las sociedades modernas hemos perdido la capacidad de pensar por nosotros mismos y adoptamos el comportamiento gregario del consumidor de los grandes medios. Cuando nos liberamos de nuestros prejuicios, debemos hacer frente a toda clase de presiones. Y si la profesión periodística no brilla por su valentía, no hay razón que el resto de la sociedad sea mejor.

Históricamente, todos los nuevos medios de comunicación son bocanadas de aire fresco. Pero con el tiempo se enmarcan en normas legislativas y reglamentarias que los obstruyen. Ese será también, probablemente, el problema de Internet cuando encuentren los medios técnicos para controlarlo.

Más allá de la censura, que es un fenómeno nacional, Internet ya es un campo de batalla en el sentido militar del término. Estados Unidos destruyó miles de sitios durante la guerra de Kosovo. Israel hizo lo mismo durante la guerra de 2006 contra Líbano -y con ese motivo una unidad especializada del Tsahal consiguió bloquear temporalmente nuestro sitio a pesar de que en aquel momento estaba alojado en territorio francés-. De cara a los próximos conflictos, el ejército estadounidense acaba de invertir grandes sumas en materiales que le permitirán destruir decenas de miles de sitios en pocos días. Nadie está a salvo y no hay que pensar en el gobierno francés para que nos defienda si esos Estados atacan nuestros sitios.

Muchas gracias, señor Meyssan

* En español La gran impostura.

Original en francés:
http://www.neteco.com/153534-thierry-meyssan-internet-champ-bataille-sens-milit.html

Jerome Bouteiller es licenciado por la Universidad de París Dauphine y el Instituto de Estudios Políticos de París. Es el creador del sitio web NetEco.com, inaugurado en 1999, y ha ocupado diversos puestos de responsabilidad en asociaciones políticas y profesionales. Su sitio: http://www.jbouteiller.net/

Traducción de Caty R. pertenece a los colectivos de Rebelión, cubadebate y Tlaxcala. Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y la fuente.

KAOSENLARED.NET

Written by Eduardo Aquevedo

18 agosto, 2008 at 23:46

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Conflicto entre Rusia y Georgia: todo por el petróleo

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Foreign Policy in focus
 

A la hora de comentar la guerra en el Cáucaso, la mayoría de analistas estadounidenses han tendido a verla como un retorno al pasado, como una continuación de la secular y sangrienta contienda entre rusos y georgianos o, en el mejor de los casos, como una parte de los asuntos pendientes de la Guerra Fría. Muchos han hablado del deseo de Rusia de borrar la “humillación” nacional que experimentó tras el desplome de la Unión Soviética hace 16 de años, o de restaurar su “esfera de influencia” en los territorios del sur. Pero este conflicto es más sobre el futuro que sobre el pasado. Es un producto de la intensa competencia geopolítica por el control del flujo energético del mar Caspio hacia los mercados occidentales.

Esta lucha comenzó durante la administración Clinton, cuando las antiguas repúblicas soviéticas de la cuenca del mar Caspio se independizaron y empezaron a buscar clientes occidentales para sus recursos naturales de petróleo y gas natural. Las compañías occidentales buscaban ansiosamente firmar acuerdos de producción con los gobiernos de las nuevas repúblicas, pero se enfrentaron a un obstáculo difícil de franquear a la hora de exportar el producto resultante: como el mar Caspio no tiene salida al mar, cualquier energía existente en la región ha de viajar a través de conductos, y por aquel entonces Rusia controlaba todos los conductos disponibles. Para evitar la dependencia exclusiva de los conductos rusos, el presidente Clinton patrocinó la construcción de un oleoducto alternativo desde Bakú, en Azerbayán, a Tbilisi, en Georgia, y desde allí hacia Ceyhan, en la costa mediterránea de Turquía. Se trata del oleoducto BTC [por las siglas de Bakú, Tbilisi y Ceyhan], como se lo conoce hoy.

El oleoducto BTC, que empezó a funcionar en el 2006, pasa a través de algunas de las zonas del mundo más inestables, incluyendo Chechenia y las provincias separatistas de Abjazia y Osetia del Sur en Georgia. Con este dato en mente, las administraciones Clinton y Bush proporcionaron a Georgia cientos de millones de dólares en ayuda militar, convirtiéndola en la receptora principal de armamento y equipamiento estadounidense en el antiguo espacio soviético. El presidente Bush cabildeó a los aliados estadounidenses en Europa para acelerar los trámites para la inclusión de Georgia en la OTAN.

Todo esto, huelga decirlo, era visto desde Moscú con un inmenso resentimiento. No se trataba sólo de que los EE.UU. estaban ayudando a crear un nuevo riesgo a la seguridad de sus fronteras en el sur, sino que, lo que es más importante, frustraba cualquier intento ruso por asegurarse el control del transporte de la energía del Caspio a Europa. Incluso desde que Vladimir Putin asumió la presidencia en el 2000, Moscú ha buscado utilizar su papel clave como proveedor de petróleo y gas natural a Europa occidental y las antiguas repúblicas soviéticas como una fuente de riqueza financiera y, al mismo tiempo, de ventaja política. La consecución de este objetivo descansa principalmente en las fuentes energéticas rusas, pero también busca dominar la distribución del petróleo y del gas natural desde los estados del Caspio a Occidente.

Para favorecer sus intereses en el Caspio, Putin, y su delfín, Dmitry Medvedev -hasta hace poco presidente de Gazprom, el monopolio estatal ruso del gas natural- se han atraído (o intimidado) a los líderes de Kazajstán, Turkmenistán y Uzbekistán para construir nuevos gasoductos a través de Rusia hacia Europa. Los europeos, temerosos de ser cada vez más dependientes de la energía proporcionada por Rusia, buscan construir canales alternativos a través del mar Caspio y a lo largo de la ruta del oleoducto BTC en Azerbayán y Georgia, circunvalando completamente Rusia.

Este es el telón de fondo en el que ha tenido lugar la lucha entre Georgia y Osetia del Sur. Los georgianos puede que solamente estén interesados en retomar el control de una zona que consideran parte de su territorio nacional, pero los rusos están enviando el mensaje al resto del mundo de que pretenden seguir controlando el grifo energético del mar Caspio, pase lo que pase. No significa necesariamente que vayan a ocupar abiertamente Georgia, pero desde luego que retendrán sus posiciones estratégicas en Abjazia y Osetia del Sur por motivos prácticos, con las bayonetas apuntando a la yugular de la BTC. Así que si incluso el alto el fuego tiene algún efecto, la lucha por los recursos energéticos -a veces oculta y secreta, a veces abierta y violenta- continuará teniendo lugar en el futuro.

Michael T. Klare es profesor de paz y seguridad mundial en la Universidad de Hampshire. Su último libro es Rising Powers, Shrinking Planet: The New Geopolitics of Energy (Metropolitan Books, 2008). El anterior libro de Klare, Blood and Oil: The Dangers and Consequences of America’s Growing Dependency on Imported Petroleum ha sido adaptado en documental.

[Enlace original: http://www.fpif.org/fpiftxt/5462]

REBELION.ORG

Written by Eduardo Aquevedo

18 agosto, 2008 at 22:52

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Bolivia: oposición conservadora lanza paro en cinco regiones

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SANTA CRUZ, Bolivia (Reuters) – La oposición conservadora boliviana encabezará el martes un paro de actividades en cinco departamentos, en un nuevo intento por bloquear las reformas que impulsa el recién ratificado presidente izquierdista Evo Morales.

Por David Mercado

La protesta de un día abarcará a los ricos distritos agrícola-petroleros de Santa Cruz y Tarija, pero sus dirigentes aseguraron que no serán afectadas las exportaciones de gas a Argentina y Brasil, la principal fuente de divisas del país.

El ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, calificó a la huelga como un “hecho esencialmente político y violento” y denunció en La Paz, la “extraña casualidad” de que coincida con el 37 aniversario del “golpe militar más cruento del siglo XX,” que llevó al poder al dictador Hugo Banzer.

La protesta fue convocada formalmente para exigir la devolución a las regiones de parte de un impuesto petrolero que Morales destinó al pago de una renta universal de ancianos, aunque el prefecto (gobernador) de Santa Cruz, Rubén Costas, no ocultó los fines políticos de la movilización.

Costas, un empresario agrícola de duro discurso antigubernamental y principal figura de la oposición, dijo el fin de semana que la huelga era también un mensaje contra la supuesta intención del gobernante izquierdista de “comunizar nuestro país” mediante una nueva Constitución.

La convocatoria a la protesta parecía confirmar que los líderes regionales no estaban dispuestos a permitir que Morales aproveche su reciente triunfo electoral para acelerar la aprobación de una nueva Constitución, que daría más poder a los pueblos “originarios” y consolidaría un modelo económico socialista.

Morales, declarado admirador del presidente venezolano Hugo Chávez, ganó con 67,4 por ciento de los votos un referendo de mandatos realizado el 10 de agosto, en el que fueron ratificados también cuatro de seis prefectos opositores: los de Santa Cruz y Tarija y los de los distritos amazónicos de Beni y Pando.

A estas cuatro regiones, que conforman una llamada “media luna” opositora, se sumará en la huelga el departamento centro-sureño de Chuquisaca, cuya prefecta, la opositora Savina Cuéllar, fue elegida en junio y dijo que respaldaba las demandas de autonomía de los líderes opositores.

“Lo que estamos haciendo es un mecanismo pacífico de protesta,” dijo a reporteros Roberto Gutiérrez, uno de los vicepresidentes del comité cívico cruceño, organismo que agrupa a instituciones regionales y coordina estrechamente con el prefecto Costas.

Gutiérrez calificó como infundados a rumores de que el comité cruceño alentaría el martes la toma de oficinas de instituciones nacionales como las de impuestos internos, aduana y telecomunicaciones.

El dirigente denunció el inicio de un despliegue militar en Santa Cruz, región en la que la policía ha reducido drásticamente sus servicios desde que el viernes pasado protagonizara duros choques callejeros con manifestantes autonomistas.

(Con reporte de David Mercado. Escrito por Carlos Alberto Quiroga)

SIGUE LA TENSION EN BOLIVIA

BBC MUNDO

Cinco de las nueve regiones de Bolivia, donde reside la oposición a Evo Morales, anunciaron para este martes la realización de un “paro cívico” en contra del gobierno.

La medida de presión ha elevado la tensión en el país. El gobierno envió refuerzos policiales a los departamentos en conflicto y dispuso la vigilancia militar en las instituciones estatales para evitar que grupos cívicos las tomen.

Los dirigentes cívicos, empresariales y los prefectos de esas regiones exigen al gobierno la devolución de los ingresos petroleros que fueron recortados para el pago de una renta a los ancianos mayores de 60 años.

Los líderes de cuatro regiones autonomistas -Santa Cruz, Tarija, Beni y Pando-, además de Chuquisaca, dijeron que harán cumplir la medida de presión con grupos de control y el bloqueo de calles y caminos.

Acusaciones y aclaraciones

El gobierno acusó a los cívicos y a sus grupos de choque de estar preparando actos violentos para este martes e, incluso, el ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, comparó la medida con el inicio de los aprestos golpistas del 19 de agosto de 1971.

“Debo manifestar nuestra profunda preocupación por la extraña casualidad de decretar un paro cívico que contiene cinismo, violencia, provocación, la misma fecha en que en Bolivia hace 37 años exactamente se inició el golpe militar más cruento. Nos referimos al 19 de agosto de 1971, cuando el coronel (Hugo) Banzer, con organizaciones e instituciones cruceñas llevó adelante un golpe militar violento”, dijo Quintana.

Protesta de discapacitados contra el gobierno en Santa Cruz

Un enfrentamiento entre la Policía y manifestantes discapacitados caldeó aún más los ánimos en Santa Cruz.

El presidente del Comité Cívico de Santa Cruz, Branko Marinkovic, rechazó las acusaciones del Gobierno y dijo que “el paro va a ser pacífico, el paro va a ser tranquilo, no será una toma de instituciones”.

Santa Cruz vivió días tensos desde el viernes de la semana pasada, cuando la Policía desalojó una protesta de los discapacitados, quienes reclaman el pago de un bono anual.

Tras esos hechos, la Unión Juvenil Cruceñista, el grupo de choque del Comité Cívico, intentó tomar por la fuerza el Comando de la Policía cruceña.

Un empate complicado

A raíz de los sucesos, que dejaron más de 20 heridos, el prefecto del departamento, Rubén Costas, pidió el control de la Policía cruceña, algo que el Gobierno no está dispuesto a ceder.

(Nos preocupa) la extraña casualidad de decretar un paro cívico que contiene cinismo, violencia, provocación, la misma fecha en que en Bolivia hace 37 años exactamente se inició el golpe militar más cruento.
Juan Ramón Quintana, ministro de la Presidencia

Ante esa situación, el Gobierno dispuso el envío de refuerzos de seguridad a las regiones opositoras para contrarrestar posibles actos de violencia en el paro.

El presidente Morales y los prefectos intentaron un diálogo tras conocer los resultados del referendo revocatorio realizado el 10 de agosto, sin embargo, la negociación fracasó porque las regiones exigen la devolución de los impuestos petroleros y el Gobierno se niega a ceder.

En referendo revocatorio, Morales ganó en seis de las nueve regiones de Bolivia y la oposición logró la ratificación de cuatro de sus seis prefectos, por lo que todos se declararon ganadores y nadie está dispuesto a ceder para resolver la crisis política del país.

Written by Eduardo Aquevedo

18 agosto, 2008 at 22:14

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Una lección para EE.UU y Europa: Rusia impone su poder y sus condiciones

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REPORTAJE: EL ZARPAZO RUSO

PILAR BONET 17/08/2008

El Gobierno de Moscú ha obtenido un gran éxito al lograr que el presidente Sarkozy aceptara hablar, por primera vez en Occidente, de los territorios no reconocidos de la antigua URSS sin mencionar la integridad territorial de Georgia.

 

La guerra ha vuelto al Cáucaso. El enfrentamiento de Georgia con Rusia por conquistar Osetia del Sur es el síntoma más inquietante de viejos problemas vecinales que, como enfermos no tratados, se han agravado con el tiempo, además de haberse contagiado de las dolencias, las manías y las obsesiones de los grandes actores de la geopolítica mundial.

En la noche del 8 al 9 pasados, Mijaíl Saakashvili, el presidente de Georgia, trató de solucionar por la fuerza uno de los cinco conflictos que quedaron en la geografía de la antigua URSS cuando se fragmentó en 15 países. El de Chechenia, el más virulento de todos, ya fue resuelto por Rusia (por lo menos de momento) al precio de dos guerras, decenas de miles de muertos y la instauración en el poder de Ramzán Kadírov, que dicta su propia ley en aquella región caucásica.

El resto de territorios que no han encontrado salida para sus aspiraciones -Osetia del Sur y Abjazia, en Georgia; el Alto Karabaj, en Azerbaiyán, y el Transdniéster, en Moldavia- llegaron a un estado de congelación tras diversos acuerdos de alto el fuego firmados en la primera mitad de los años noventa. Desde entonces han sido independientes de hecho y han vivido en un mundo paralelo al de los Estados reconocidos en 1991, a los cuales en la práctica nunca se han sometido. El Alto Karabaj se mantiene gracias a Armenia, y los otros tres lo hacen merced a la ayuda de las tropas de pacificadores rusos y el apoyo político y económico de Moscú, que ha repartido generosamente pasaportes entre sus habitantes.

Kosovo ha derretido aquel universo congelado. La independencia lograda por la antigua región autónoma de Serbia con el apoyo de EE UU y otros países occidentales ha supuesto un precedente para todos, un ejemplo a imitar para los territorios no reconocidos y a evitar para quienes pretenden controlarlos. Al deshielo de la situación de Osetia del Sur y Abjazia ha contribuido la aparición de Mijaíl Saakashvili, un líder encumbrado por la Revolución de las Rosas (2003) con prisa por “reunificar las tierras georgianas” e ingresar en la OTAN a toda carrera para, según el primer ministro ruso, Vladímir Putin, “intentar arrastrar a su país y a otros pueblos en su aventura sangrienta”.

Igualmente importante en la gestación del conflicto es la política de afirmación de intereses de una Rusia enriquecida y embravecida por los hidrocarburos, la cual, desde la perspectiva de Saakashvili, “no ha aprendido nada, después de los mongoles” y no tiene “ni un gramo de civilización”.

El cóctel preparado con estos ingredientes ha sido la guerra de Osetia del Sur. Para conquistar este territorio, las tropas georgianas realizaron un ataque masivo preparado concienzudamente. Los rusos lo rechazaron en nombre de sus conciudadanos residentes en Osetia del Sur y, en su contraataque, cruzaron la frontera de otro país -por primera vez desde que desapareció la URSS- para entrar en Georgia y realizar operaciones militares en el territorio de ésta (en Gori, la patria de Stalin, y en el puerto de Poti, en el mar Negro, por citar sólo dos casos). Pese al acuerdo entre Georgia y Rusia gestionado hace unos días por el presidente francés, Nicolas Sarkozy, el pasado jueves parecía que los soldados rusos no abandonarían las posiciones militares en territorio de Georgia que son imprescindibles para la seguridad de Abjazia y Osetia del Sur.

Osetios y rusos calculan que el número de muertos y heridos oscila entre los 1.600 y 2.000, aunque esta cifra parece exagerada a quienes han recorrido la zona y podría estar deliberadamente inflada en el marco de la propaganda de guerra para subrayar la magnitud del ataque georgiano. Las pérdidas de los militares rusos son de 74 muertos, 171 heridos y 19 desaparecidos, según cifras facilitadas por el Estado Mayor ruso el pasado 13 de agosto. En las operaciones participaron reclutas cumpliendo su servicio militar, según el diario Novii Izvestia.

Paralelamente, Abjazia aprovechó la guerra en Osetia del Sur para abrir un segundo frente y reconquistar la parte alta del valle de Kodor, que los georgianos ocuparon en 2006 para establecer un régimen leal a Tbilisi, algo parecido a lo que habían hecho también en Osetia del Sur, en el pueblo de Kurta, a seis kilómetros de Tsjinvali. A diferencia de Osetia del Sur, donde los pueblos georgianos (hoy vacíos) y los osetios forman un mosaico, Abjazia es un territorio compacto.

La guerra propagandística que ha acompañado las hostilidades hace difícil la reconstrucción precisa de muchos aspectos. Saakashvili saca a los rusos de sus casillas porque éstos creen sinceramente que el líder georgiano dice una cosa y hace exactamente lo contrario con el beneplácito de europeos y, sobre todo, de los norteamericanos.

El detonante inmediato de la confrontación fue un ataque por sorpresa georgiano en la noche del 7 al 8 de agosto. Los rusos -desde los altos dirigentes hasta los ciudadanos de a pie- le aplican un solo calificativo: “pérfido”. Para Tbilisi, el objetivo es el “restablecimiento” de un “orden constitucional” que -hay que subrayar- nunca existió de hecho en Osetia del Sur.

A principios de los años noventa, cuando en Tbilisi estaba en el poder Zviat Gamasajurdia, los georgianos intentaron someter a Osetia del Sur, que los rechazó por las armas, tras un penoso bloqueo de Tsjinvali, que, por estar metida en un valle, es muy vulnerable a los ataques desde las alturas vecinas por el sur y los pueblos georgianos en las montañas. En 1992, el presidente de Rusia, Borís Yeltsin, y el de Georgia, Eduard Shevardnadze, firmaron en Dagomís (Sochi) un acuerdo regulador del conflicto. En virtud de este pacto fue creado un mecanismo tripartito, la Comisión Mixta de Control (CMC), que sentaba a la mesa a rusos, georgianos y osetios, y enviaba a la zona un contingente pacificador formado por tres batallones: uno georgiano, otro ruso y otro osetio, a razón de 500 hombres cada uno, amén de la posibilidad de ser reforzados.

En los últimos años, la CMC se reunía de forma cada vez más esporádica y los pacificadores colaboraban cada vez menos y estaban cada vez más a la greña. Hace ya tiempo que Saakashvili quería eliminar a los pacificadores rusos presentes en Osetia del Sur y en Abjazia, por considerarlos tropas de ocupación que han tomado partido por los separatistas. Sin embargo, los rusos se han negado a marcharse invocando los acuerdos de los noventa y la necesidad de proteger a osetios y abjazos. Georgia ha presionado en vano a los países de la Comunidad de Estados Independientes (CEI), bajo cuya égida actúan formalmente los pacificadores rusos en Abjazia, para que suspendieran su mandato, y también ha tratado de involucrar a pacificadores de otros países en los dos territorios independentistas.

En julio pasado, las hostilidades en Osetia del Sur fueron en aumento. Por las noches, los georgianos disparaban sobre Tsjinvali desde los altos vecinos y la población civil había comenzado a evacuar a los niños a Osetia del Norte. Los aviones rusos llegaron a volar sobre la capital osetia para “enfriar las cabezas calientes”. El 7 de agosto la situación dio un giro radical y se transformó en guerra abierta cuando Tbilisi mandó su aviación y sus tanques a la conquista de Osetia del Sur. Ni los osetios ni los rusos esperaban la agresión, sobre todo después de las declaraciones televisivas de Saakashvili, que por la tarde del 7 de agosto había exhortado a mantener la calma y no responder a las “provocaciones” de los surosetios. Ante las mágicas palabras del presidente cesaron los tiroteos sobre Tsjinvali, que habían durado todo el día. A la capital osetia llegó el ministro de reintegración georgiana, Temur Yakobashvili, que se reunió a puerta cerrada con el embajador para asuntos extraordinarios del Ministerio de Exteriores de Rusia, Yuri Popov, y Borís Chochíev, el representante de Osetia del Sur en la CMC. Yakobashvili abandonó Tsjinvali en un coche con cristales ahumados y sin hablar con la prensa, según la periodista Marina Perevózkina.

La sensación de relajo era tal que Popov, Chochíev y Marat Kulajmétov, el jefe de los pacificadores rusos en Osetia del Sur, hicieron un descanso antes de comunicar a los periodistas, entre las ocho y las nueve de la noche, que se había acordado un alto el fuego y que a mediodía del viernes, día 8, se reunirían Yakobashvili y Chochíev.

Perevózkina dormía ya cuando el secretario de prensa de los pacificadores despertó personalmente a todos los periodistas del hotel Alán, el único aceptable de la ciudad, que fue renovado para acoger en noviembre de 2006 a los reporteros que cubrieron el referéndum en el que Osetia del Sur reafirmó su voluntad de independencia, ya expresada en otra consulta popular en 1992, y reeligieron también a su presidente, Eduard Kokoity. Kulajmétov quería hacer una declaración urgente en el cuartel de los pacificadores, pero cuando el militar se disponía a hablar cayó una carga de mortero sobre el cuartel y los periodistas salieron huyendo, mientras la artillería georgiana, apoyada por la aviación, atacaba la ciudad con morteros, misiles y bombas.

La periodista Perevózkina, con otros compañeros y pacificadores osetios, pasó la noche en la caseta de las duchas, un edificio poco consistente, de donde saldría para correr como una liebre hacia el sótano del hotel. La odisea que la llevó por huertos y sótanos se acabaría para ella el sábado 9 de agosto por la noche, cuando pudo abandonar la ciudad.

Irina Kuksenkova, del diario Moskovski Komsomólets, que también estaba en el cuartel de los pacificadores rusos en Tsjinvali, registró la conversación por radio en la que una unidad rusa advertía a otra del comienzo del ataque masivo de los tanques georgianos sobre Tsjinvali. Eran las 23.37 (dos horas menos en España) del jueves 7 de agosto. En el momento del ataque, afirmaba Kuksenkova, Rusia tenía 1.700 soldados en Tsjinvali. Esos efectivos eran insuficientes para repeler la ofensiva que Tbilisi ha calificado como “medidas de respuesta a la provocación de Osetia del Sur y de defensa de la agresión rusa”. Medios militares rusos aseguraban que en ella han participado 10.000 hombres.

A la vista de lo bien equipados que están los georgianos, los militares rusos piden ahora un incremento de su presupuesto, en parte para medios de equipamiento electrónico. La sofisticación de los pertrechos georgianos y la cuantía de su presupuesto de defensa (hasta 890 millones de dólares o el equivalente al 8% de su PIB, según el diario Kommersant) contrastan con la situación económica del país, que ha sustituido su economía tradicional agroindustrial orientada hacia el mercado ruso por una combinación de créditos, inversiones directas inspiradas en parte políticamente y donaciones.

“La economía georgiana es artificial y depende de las entidades internacionales que reproducen en Tbilisi la misma política que llevaban en Latinoamérica en los años setenta”, señala una fuente financiera internacional. “Si dejamos de lado el maquillado de las cifras realizado por expertos funcionarios internacionales, todas las finanzas georgianas suponen la décima parte del volumen de una caja de ahorros española de medio pelo”, señalaba la misma fuente, que considera el envío de 2.000 soldados georgianos a Irak como una forma de “luchar contra el paro”.

Por la mañana del 8 de agosto, Tsjinvali era una ciudad en ruinas que a muchos les recordaba Grozni, la capital de Chechenia, durante la guerra. La sede de la presidencia y el Gobierno de Osetia del Sur, el Ministerio de Defensa y Asuntos Exteriores, el Parlamento y la Universidad habían quedado destruidos, al igual que barrios enteros, especialmente los más expuestos a las posiciones georgianas. Por la tarde del 8, los tanques georgianos se paseaban junto al cuartel de los pacificadores, y la situación para los soldados rusos y osetios que permanecían en él llegó a ser tan crítica que éstos quemaron los documentos y los códigos secretos de las comunicaciones y echaron a la hoguera la bandera georgiana que todavía ondeaba en el cuartel, incluso después de que los georgianos se fueran aparentemente a la vista de lo que se avecinaba.

El sábado 9 de agosto, los rusos recibieron refuerzos del 58º Ejército, unidades del batallón checheno Vostok y una brigada del servicio de espionaje militar. Los soldados rusos que durante todo el día estuvieron entrando en Osetia del Sur se cruzaban con una riada humana que huía hacia el norte. Cuando las agencias de prensa rusas anunciaban que Tsjinvali estaba ya bajo control, la realidad era que los rusos no habían podido entrar en Tsjinvali debido al intenso fuego de los georgianos. En opinión de Kuksenkova, un precipitado ataque ese día costó a los rusos decenas de carros blindados y prácticamente les privó de un batallón.

El domingo 10 de agosto, Tsjinvali fue dividido en dos partes: rusos y osetios controlaban el norte del mercado, y los georgianos controlaban el sur. Hubo confusión y grandes pérdidas. Los rusos derribaron uno de sus propios aviones, cuyo piloto se salvó de milagro del tiroteo amigo, según relataba Kuksenkova, y de los 200 pacificadores que intentaron salir del puesto de Shanjai (un barrio al sur de Tsjinvali) sólo 40 lograron ponerse a salvo en Dzhava, la segunda ciudad del país. Hubo que esperar a la noche, tras la entrada de refuerzos masivos, para poder hablar de una “liberación segura” de la ciudad, según afirmaba el coronel Ígor Konachenkov, ayudante del jefe de la infantería rusa. E incluso el lunes y el martes de esta misma semana seguían los combates residuales en la frontera administrativa de Osetia del Sur con Georgia. En opinión de los analistas militares rusos, tan sólo la desmilitarización de las zonas adyacentes georgianas asegura la estabilidad de la región separatista. Por esta razón, parece, el Ejército ruso emprendió operaciones en Gori, incluso después de que el presidente Dmitri Medvédev anunciara el alto el fuego el pasado martes. En esa jornada, la diplomacia comenzó a predominar sobre las armas gracias a los esfuerzos del presidente francés, Nicolas Sarkozy.

Mientras tanto, Abjazia había bombardeado a los georgianos del desfiladero de Kodor y completaba su operación para expulsarlos de allí. Los abjazos dijeron que se habían bastado solos, pero Rusia les envió 9.000 hombres y 350 blindados, así como al general Vladímir Shamánov, famoso por sus campañas en Chechenia. La situación internacional se complicó con la entrada en juego de Ucrania, preocupada por el uso de la flota del mar Negro de Rusia en contra de Georgia. Efectivamente, los buques rusos bloquearon los accesos a los puertos georgianos con el fin de impedir que las tropas de Tbilisi entraran en Abjazia por mar y también que el Ejército pudiera recibir suministros de armamento proveniente de otros países.

También en el frente abjazo, Rusia se salió del marco de la defensa de los territorios no reconocidos, al hacer incursiones en el puerto de Poti y destruir instalaciones militares en esa ciudad. Tras entrar en Zugdidi, en la zona de seguridad abjazo-georgiana, los rusos siguieron hasta Senaki. Yúshenko, con otros líderes de la nueva Europa, de Polonia y los países del Báltico, fue a apoyar a Saakashvili a Tbilisi y posteriormente promulgó un decreto por el que obliga a los buques de la flota del mar Negro a pedir permiso con anticipación para abandonar su base de Crimea. Rusia alega que la medida viola los acuerdos de 1997 sobre la flota del mar Negro.

Para comprender lo sucedido y en previsión de lo que puede suceder, conviene deslindar entre los problemas mismos de las comunidades no reconocidas y los que han aportado los salvadores y mediadores. El independentismo de Osetia del Sur y de Abjazia tiene su propia lógica interna, pero sobre ella se proyectan las lógicas y ambiciones de quienes se presentan como gestores diversos del problema. Rusia ha visto en los náufragos de la antigua URSS un instrumento para afirmar su política contra la ampliación de la OTAN. Moscú ha ayudado a los separatistas con pasaportes, becas de estudios, ciertas prestaciones sociales como pensiones de jubilación y financiación de obras y comunicaciones. Pero también ha tenido a estas regiones en una especie de limbo jurídico, sin reconocerlas como Estado y sin anexionárselas. La solidaridad y las emociones que hoy despiertan los osetios en el Kremlin contrastan con la indiferencia de éste ante los problemas de los rusos a merced de déspotas asiáticos. El Kremlin nunca ha defendido en público a los rusos que sufren diferentes vejaciones en Turkmenistán, un socio clave de Gazprom en el negocio del gas. La indignación de la sociedad rusa ante el sufrimiento de los osetios contrasta también con su indiferencia ante los excesos que el Ejército ruso cometió en Chechenia, hoy aparentemente olvidados.

La Rusia de hoy no es la de los noventa, y prueba de ello es que en Osetia del Sur han luchado los batallones chechenos Vostok (Este) y Západ (Oeste), que ya fueron de pacificadores al Líbano. Putin ha sabido encauzar la energía guerrera chechena al servicio y nómina del Estado, y prueba de lo complicadas que son las cosas en el Cáucaso es Sulim Yamadáyev, sobre el que pesa una orden de busca y captura como acusado de asesinato, según Moskovski Komsomólets, uno de los jefes de las unidades chechenas en Osetia del Sur. En Osetia del Sur han luchado 218 chechenos (103 en Tsjinvali y otros 115 en las proximidades de Gori).

En 1989, el premio Nobel de la Paz Andréi Sájarov había calificado a Georgia de “pequeño imperio” con respecto a Abjazia y Osetia del Sur. De hecho, los tres presidentes que se han sucedido en Georgia desde el colapso de la URSS -Zviad Gamsajurdia, Eduard Shevardnadze y Mijaíl Saakashvili- han iniciado guerras por motivos territoriales. Cualquiera que esté familiarizado con Georgia advierte el contraste entre las dos caras del país: una refinada y exquisita, que produce música fascinante y cineastas de la categoría de Ioseliani, Cheídze, Paradzhánov o Abuladze; y otra brutal y cruel, cuyo máximo exponente fue Stalin. Esta corresponsal recuerda cómo en febrero de 1991 los ancianos de un asilo de Tsjinvali perecían de frío debido a las insoportables condiciones creadas por el corte de energía eléctrica sancionado por las autoridades georgianas.

Los georgianos se han empeñado en presentar a osetios y abjazos como “mafias delictivas”, y la retórica actual rusa en defensa de pequeños pueblos los exalta ahora prácticamente como reservas culturales de la humanidad. La realidad es más matizada. Por definición, es imposible sobrevivir como “Estado no reconocido” sin cometer ilegalidades desde el punto de vista de los reconocidos. Los abjazos pertenecen a la comunidad de los cherkesos masacrada y vencida por el Imperio Ruso en el siglo XIX, y los osetios se consideran los descendientes de los alanos, otro viejo pueblo del Cáucaso, y hablan una lengua emparentada con el farsi. Unos y otros sufren la globalización. En diciembre de 2006, un ex alto funcionario osetio se quejaba en Tsjinvali de que la cultura local estaba siendo asimilada a la rusa y de que los actuales dirigentes, acostumbrados al apoyo de Moscú, se esforzaban poco por desarrollar el potencial económico de la región, que, según él, estaba en la agricultura y la energía hidroeléctrica.

Rusia ha obtenido un gran éxito al conseguir que Sarkozy, por primera vez en Occidente, aceptara hablar de los territorios no reconocidos sin mencionar la integridad territorial de Georgia, y aunque este punto desapareció del plan consensuado con Saakashvili, lo cierto es que el tema de la independencia de los agujeros negros está ya sobre la mesa en Europa. En altos círculos rusos existen dos tendencias: una a reconocer la independencia de estas regiones, y otra a dar largas al proceso. Al no reconocer la independencia de Tsjinvali y Sujumi, el Kremlin mantiene a Georgia y Occidente pendientes de un proceso de diálogo y negociación, es decir, ata a Georgia y le impide autodeterminarse ella misma, libre de su “pequeño imperio”. Esta última postura prevalecía esta semana en Moscú. Se trata de un juego arriesgado que requiere mucha sofisticación para no desbordarse. Desde luego, los separatistas preferirían ser reconocidos ya. Hoy mismo.

EL PAIS.COM

Written by Eduardo Aquevedo

18 agosto, 2008 at 6:31

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