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Archive for mayo 14th, 2008

MOVILIZACION ESTUDIANTIL PUEDE FRENAR PROYECTO DE LEY SOBRE EDUCACION

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La serie de reparos al actual proyecto de Ley General de Educación que han expresado en las últimas semanas profesores, estudiantes, parlamentarios y expertos en Educación (como Juan Eduardo García-Huidobro, ex presidente del Consejo Asesor para la Calidad de la Educación), parecen haber hecho efecto en la nueva titular del Mineduc.

La Nación.cl

Mónica Jiménez no sólo invitó a participar a su equipo de expertos a figuras como Guillermo Scherping (miembro del PC y ex dirigente del Colegio de Profesores) sino que también ha escuchado con atención que la demanda de los “pingüinos” tiene expresión en otros estamentos, incluso al interior de la Concertación.

De allí que se quitara el acelerador a la votación del proyecto, definido como prioritario. Se suponía que entre la última semana de abril y la segunda de mayo la iniciativa legal debía ser votada por la sala de la Cámara de Diputados. Pero eso no sucederá antes del mensaje presidencial ni durante lo que resta del mes. Así lo adelantó el presidente de la Comisión de Educación de la Cámara, Manuel Monsalve, tras reunirse con la Ministra de Educación, Mónica Jiménez, en su calidad de integrante del equipo de la Concertación que buscará fortalecer la educación pública. “Es indispensable fijar en esta ley el tema del concepto y la definición de educación pública de excelencia, diversa y para la equidad en Chile. Eso sí tiene que estar establecido como un deber del Estado en la Ley General de Educación”, sostuvo Monsalve.

El diputado socialista dijo que es un hecho que la LGE -que nació producto de un pacto entre el Gobierno, la Concertación y la Alianza- “carece de una definición más explícita de lo que es la educación pública” y por lo mismo, anunció que para tratar eso, “haremos una convocatoria a los parlamentarios de derecha no a resolver el tema de la institucionalidad ni el del financiamiento, pero sí el concepto y definición de educación pública en la ley general”.

Falta discusión

El también integrante del equipo sobre enseñanza fiscal, senador del PPD Roberto Muñoz Barra, sostuvo que la obligación estatal de velar por la educación pública “debería estar incorporada en la LGE, pero hay votaciones de quórum calificado y aquí hay una posición muy clara de la derecha, mientras en la Concertación tampoco hay unidad. Muchos parlamentarios han dicho que van a votar en contra de cualquier modificación que se haga a la ley y otros que no van a apoyar este acuerdo con levantadita de mano”, expuso. El presidente de la Comisión de Educación del Senado, Alejandro Navarro, coincidió con que “aún es tiempo de revisar los alcances del acuerdo en educación, ya que los contenidos no representan toda la diversidad técnica, política y social de ese Consejo y de sus propuestas.

La apertura del debate se concreta ad portas del paro convocado para este 15 de mayo por los estudiantes secundarios y universitarios contra la LGE, que ya protagonizaron tomas y otras acciones en la Universidad Austral de Valdivia y Católica del Norte.

Written by Eduardo Aquevedo

14 mayo, 2008 at 23:45

Acreditación de la educación superior en América Latina

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Written by Eduardo Aquevedo

14 mayo, 2008 at 23:33

Publicado en AMERICA LATINA, Educación

Tres pistas para intentar entender Mayo del 68, F. Fernández

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Se me ocurre que hay tres pistas posibles para intentar reconstruir aquella historia más allá de la filosofía periodística de la historia dominante….

Francisco Fernández Buey (Para Kaos en la Red)

El más destacado e intelectualmente autorizado dirigente del movimiento estudiantil de resistencia antifranquista escribe para SINPERMISO sobre mayo de 1968, cuarenta años después.

Veinte años no serán nada, como dice la canción, pero cuarenta parecen una eternidad. Pienso eso leyendo los artículos conmemorativos del mayo francés del 68 que se están publicando en los suplementos de los periódicos de mayor circulación, todos, o casi todos, dominados de tal manera por el presentismo que lo que ocurrió entonces queda como perdido en una intensa niebla.

Se me ocurre que hay tres pistas posibles para intentar reconstruir aquella historia más allá de la filosofía periodística de la historia dominante.

I

La primera pista la dio Guy Debord. En 1988, cuando se cumplían veinte años de los hechos de mayo, escribió en sus Comentarios sobre la Sociedad del Espectáculo algo que podríamos tomar como punto de partida:

“La primera intención de la dominación espectacular era hacer desaparecer el conocimiento histórico en general, empezando por casi todas las informaciones y todos los comentarios razonables sobre el más reciente pasado. Una evidencia tan flagrante no necesita ser explicada. El espectáculo organiza con maestría la ignorancia de lo que ocurre e, inmediatamente después, el olvido de aquella parte de los acontecimientos que pudo ser conocida. Lo más importante es lo más ocultado. En estos últimos veinte años no hay nada que haya sido cubierto por más mentiras inducidas que la historia de mayo de 1968. Ciertas lecciones útiles podrían sacarse de algunos estudios desmitificadores sobre aquellas jornadas y sobre sus orígenes, pero eso es un secreto de Estado.”

Estas palabras de Guy Debord pueden parecer una exageración. Y tal vez lo sea. Pero son también una de esas exageraciones candidatas a la verdad: en lo que hace a mayo del 68, lo más importante es lo más ocultado. Pues la derecha política de entonces redujo la interpretación de los hechos a un gran complot anarco-marxista, a una gran conspiración (que quedaría desmontada en las primeras elecciones que siguieron a las grandes movilizaciones); el gaullismo, que salió fortalecido de ellas, vio en los acontecimientos una “crisis de civilización” a la que había que hacer frente precisamente reforzando “nuestra civilización”; los restos de los grupúsculos marxistas de entonces interpretaron los hechos como una crisis internacional del capitalismo tardío que, a pesar de la derrota de mayo, se seguiría pudriendo; y los nuevos camaleones fueron adaptando su interpretación de los hechos a lo que vino después: principio del fin de las ideologías, gran fiesta lúdico-juvenil, anuncio del individualismo contemporáneo, fin del psicodrama de la era revolucionaria, revuelta reformista, insurrección democrática que anunciaba el retorno a los principios de la gran revolución francesa, origen de los nuevos movimientos sociales, etc., etc.

“Todo mentiras”, decía Debord. Se puede decir con una expresión menos drástica: medias verdades que se corresponden bien con lo que luego, en los años que siguieron, hemos sido los unos y los otros o, más directamente, con las trivialidades de base que los mandamases del mundo que de ahí salió y los letratenientes a ellos vinculados quieren que sepan las nuevas generaciones. No estoy hablando de conspiración del silencio, ni siquiera de tergiversación conscientemente construida. Al contrario. Pienso que, en este caso, cuanto más se habla y más se escribe más domina el espectáculo y más nos alejamos todos de lo que realmente fue aquello. Así que no voy a pretender aquí contar la verdadera verdad del mayo del 68. Sólo pretendo contar brevemente mi versión de los hechos con palabras que se acerquen, eso sí, a las palabras que se pronunciaban entonces, la mayor parte de las cuales se han hecho impronunciables, y tal vez incomprensibles, en los tiempos que corren ahora.

Daré dos pistas más.

II

Segunda pista. Mayo-junio del 68 no fue la gran fiesta lúdica, como se viene diciendo casi siempre, sino el gran susto. O aún mejor: una gran protesta estudiantil que se acabó convirtiendo en un gran susto para la gran mayoría. Lo que empezó como un memorial de quejas en las universidades (en Estrasburgo, en Caen, en Nanterre) se convirtió enseguida en un movimiento de protesta social generalizado en las barricadas de París, y, a partir del momento en que se multiplicaron las ocupaciones de fábricas y las huelgas obreras, en un ensayo general revolucionario que asustó a la mayoría de la sociedad francesa del momento.

De ahí el gran susto: se asustaron los burgueses que vieron peligrar sus propiedades; se asustaron los pequeños burgueses que vieron peligrar sus privilegios y los de sus hijos (Chabrol enseña); se asustó De Gaulle que tuvo que echar mano del ejército; se asustó el partido socialista que creía pasada la época de las revoluciones; se asustó el partido comunista, que aún hablaba de revolución en general pero no de esa; se asustaron los sindicatos que se vieron rebasados por la espontaneidad de los consejistas en las ocupaciones de fábricas y criticados por los estudiantes por su inconsecuencia; y se asustó una parte de los intelectuales y profesionales que vieron con buenos ojos el arranque de los acontecimientos y todavía se solidarizaron con el movimiento en el momento de la represión, pero que no pudieron aguantar la acusación de ser unos mandarines al servicio del sistema, una acusación cada vez más repetida por los comités de obreros y estudiantes.

Del gran susto salió el viaje de De Gaulle a los cuarteles. Del viaje de De Gaulle a los cuarteles salió la gran reacción de junio en París: una grandísima manifestación de todas las fuerzas de la conservación el 30 de mayo. El 13 de junio De Gaulle decretó la disolución de las organizaciones trotskistas y maoístas, así como la del Movimiento 22 de Marzo, en virtud de una ley del Frente Popular establecida en su momento contra ligas paramilitares de extrema derecha. Los responsables de la O.A.S. exiliados regresaron a Francia. Y de la gran reacción de junio salió la victoria de la derecha en las elecciones (de una derecha que, conviene no olvidarlo, entonces estaba a favor del orden y del Estado, pero también del “estado de bienestar”, de las reformas sociales y culturales, de una reforma progresiva de la universidad y hasta, en algunos casos, de la “contracultura bien entendida”).

Los estudiantes rebeldes se despidieron que con una frase que se hizo célebre: “Es sólo el comienzo. La lucha continúa”. Pero ¿fue realmente aquel mayo un comienzo o fue más bien el final de una época? En agosto de 1968, las tropas del Pacto de Varsovia aplastaron la rebelión de Praga, que fue percibida como más de lo mismo en el otro lado del mundo de la guerra fría, y la mayor parte de los rebeldes y revolucionarios de Francia (y de Europa) que habían puesto casi todas las esperanzas en la revolución autogestionada y autogestionaria se quedaron sin modelos y casi sin amigos. Asesinados Lumumba (el símbolo de la revolución africana) y Guevara (el símbolo de la revolución latinoamericana), sólo quedaba Vietnam. Y no es casual que Vietnam haya sido, a partir de 1968, el único símbolo positivo que ha unido en la calle a todos los restos del sesentayochismo.

Ese es el origen de la otra gran depresión del siglo XX, de la depresión subjetiva, por así decirlo, de la gran depresión de la izquierda rebelde y revolucionaria. Lo que vino después es lo que suele venir después en estos casos: “revoluciones pasivas” o contrarrevoluciones que se presentan a sí mismas pomposamente como “revoluciones culturales” o “revoluciones de la vida cotidiana”, que recuerdan vagamente, por las palabras que se pronuncian, lo que quisieron quienes perdieron, pero que por lo general consisten en la integración por el sistema de todo aquello que puede ser integrado sin que cambie lo esencial, o sea, la propiedad del dinero, la propiedad del poder, la propiedad de los medios de producción, el mando en plaza.

De la gran depresión producida por la derrota del 68, y no de las ideas que se expresaron en mayo del 68, salió lo que luego se ha llamado individualismo contemporáneo. Una de las grandes manipulaciones mediáticas de los últimos treinta años ha consistido precisamente en convencer a las gentes que ya no vivieron aquello de que el individualismo contemporáneo es hijo del mayo del 68. Nada más lejos de la verdad. El individualismo contemporáneo es hijo de los que vencieron a los estudiantes y obreros rebeldes del 68. O tal vez el hijo pródigo del matrimonio de éstos con quienes, habiendo perdido, se resignaron para acomodarse a la derrota.

III

Tercera pista. Muchas veces se ha dicho y se ha escrito en los últimos tiempos que los movimientos sociales nuevos, críticos y alternativos, tuvieron su origen en el mayo francés del 68. Pero también esto es inexacto. Y conviene precisarlo.

No hay duda de que 1968 representó el momento culminante de uno de los movimientos sociales más activos e interesantes de la segunda mitad del siglo XX, el movimiento estudiantil o universitario, que, por supuesto, no se redujo a los acontecimientos de Francia y que produjo manifestaciones importantes en los cuatro puntos cardinales: en Berkeley y en Milán, en México y en Barcelona y Madrid, en Berlín y en Tokio, en Londres y en Praga y en Varsovia.

Hay dos rasgos o características que aparecen reiterativamente y con mucha fuerza en todos (o casi todos) los movimientos estudiantiles de entonces, y que, efectivamente, heredarían los movimientos sociales posteriores. Me refiero al antiautoritarismo y al antiimperialismo. Antiautoritarismo no sólo en el sentido de la crítica de la autoridad de la familia, del Estado, de las iglesias y del mandarinato existente en la universidad, sino también como autonomía radical respecto de todos los partidos políticos del arco parlamentario. Y antiimperialismo entendido como oposición a los dos modelos socioeconómicos cristalizados durante la guerra fría. En líneas generales estos rasgos pasarían, ya en los años setenta, a la crítica feminista del patriarcado, a la crítica ecologista de la sociedad industrial y productivista y a la crítica pacifista de la estrategia militar del terror.

Pero si por movimientos sociales nuevos entendemos lo que por entonces empezó a llamarse “nuevo feminismo”, o ecologismo o pacifismo, hay que decir enseguida que el mayo francés del 68 tuvo muy poco que ver con eso. Basta para probarlo con ver los documentos escritos y orales que han quedado de las asambleas de Nanterre y la Sorbonne: ahí hay muy poco feminismo, casi nada de ecologismo y, desde luego, nada de pacifismo.

Sintomáticamente no hay ni una sola mujer entre los líderes destacados del movimiento y las grabaciones que han quedado (cintas magnetofónicas y cinematográficas) muestran que a las mujeres apenas se las dejaba tomar la palabra en los comités. Es verdad que se citaba Reich y se hablaba de sexualidad liberada, pero mayormente para varones. El primer cartel publicitario détournée, que muestra a una mujer acariciándose los pechos mientras de su boca sale el gemido orgasmático ( “Ahhhhhh!!! La Internarnacional Situacionista!!!”) no era precisamente una representación del gusto del nuevo feminismo…

Las alusiones a los hyppies y a los beatknis que hay, por ejemplo, en los textos situacionistas de entonces son todas despreciativas o paródicas. Y el lenguaje y el tono de la mayoría de las intervenciones en las asambleas y en los comités de ocupación, así como el de la mayoría de los panfletos escritos, era más bien “guerrero”, crítico del militarismo, sí (particularmente cuando se hablaba de la intervención norteamericana en Vietnam), pero también exaltador de la violencia revolucionaria, ya fuera en términos leninistas, guevaristas, consejistas, maoístas o para recordar las virtudes de Durruti, de los combatientes del Vietcong o del general Giap.

Los orígenes del feminismo, del ecologismo y del nuevo pacifismo que cuajarían como movimientos en las dos décadas siguientes no están ahí. Hay que buscarlos en otros sitios: en las universidades norteamericanas, en las manifestaciones británicas contra la guerra (organizadas por el Comité Russell, entre otros), en los discursos de Luther King y en la Universidad Libre de Berlín.

Para no alargar más este punto y concluir con la tercera pista pondré aquí un sólo ejemplo. El eslogan más célebre y más veces repetido del mayo francés fue: “La imaginación al poder”. Todo el mundo lo ha oído repetir muchas veces como símbolo de lo que allí se cocía. Repetida cientos de veces por los grandes medios de comunicación, esa frase se trivializó hasta el punto de que, fuera ya de su contexto, parece sugerir una de estas dos cosas: hyppis y provos, protesta lúdica, ecologista y pacifista. Así sonaba ya años después de que fuera escrita por primera vez. Y sin embargo lo que quiso decir con ella quien la escribió no tiene nada que ver con pacifismo, protesta lúdica y medio-ambientalismo. Voy a restituir su sentido original (las cursivas son mías) para que se pueda comparar. Esa frase cerraba una breve pero contundente declaración de principios en la entrada principal de la Sorbona de París, asediada por la policía. La declaración decía así:

“Queremos que la revolución que comienza liquide no sólo la sociedad capitalista sino también la sociedad industrial. La sociedad de consumo morirá de muerte violenta. La sociedad de la alienación desaparecerá de la historia. Estamos inventando un mundo nuevo original. La imaginación al poder.”

No es extraño que unos años después Guy Debord dijera que había para morirse de risa, al constatar lo que la “sociedad del espectáculo” había conseguido hacer con esa y otras muchas frases célebres del movimiento del 68.

Francisco Fernández Buey es catedrático de Filosofía Moral en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona y autor del libro Utopía e ilusiones naturales (Ediciones del Viejo Topo, Barcelona, 2007).

Written by Eduardo Aquevedo

14 mayo, 2008 at 20:37

El ’68 y la década del caos

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1968 es un año símbolo, pero no necesariamente un año síntesis. Acontecimientos espectaculares, violentos y multitudinarios le imprimieron el sello de revolucionario, pero definir la naturaleza de esa revolución es lo arduo. Los enigmas y las polémicas se han hecho interminables.

La Jornada.cl

Ampliar el foco a la década ayuda a entender el contexto en el que 1968 ingresó a la historia, con la insurrección estudiantil de mayo en Francia, la invasión de tropas soviéticas a Checoslovaquia, y la ofensiva del Tet que determinó la derrota de la intervención estadounidense en Vietnam. Algunos autores franceses se refieren a los “años 1968”. Años más o menos, en la década de 1960 surgió en Italia la reacción contra los manicomios, se vivió el auge de las luchas negras por los derechos civiles en Estados Unidos, nacía el movimiento de los homosexuales, el feminismo se volvía más complejo, ampliando sus objetivos de la simple igualdad a la equidad de género y los derechos reproductivos. El ecologismo daba sus primeros pasos, despertando a la importancia vital de la diversidad biológica.

El reconocimiento de la diversidad como valor y principio vital, contrariando siglos de entronización de la homogeneidad –“masificación” era el término de la época– fue una transformación que el mundo sufrió en aquella década. Pasó a estar a la orden del día el respeto a la diversidad étnica, sexual, humana, biológica, de pensamiento, religiosa, cultural. En este aspecto, el tropicalismo brasileño estuvo más acorde con los nuevos tiempos que otras corrientes artísticas y que los propios militantes revolucionarios.

La industrialización de las sociedades había exacerbado la esquematización de casi todo, en nombre de la productividad. La familia debía tener padre, madre y dos hijos (desde el salario mínimo hasta los automóviles fueron concebidos para cuatro personas), la escuela era una fábrica de profesionales calificados. Casas, ropas, comidas, carreras, todo lo más parecido posible, hecho en una línea de producción. El ideal de uniformización no tenía ideología, de allí que el comunismo lo llevara más a fondo, con la vigencia de partidos únicos que intentaban extirpar las ideas disidentes. Esta tendencia se hizo más evidente en la alimentación, por ejemplo. En el transcurso de su historia, la humanidad se alimentó de unas 10.000 especies vegetales, hoy reducidas apenas a 150, y con más de la mitad del volumen consumido concentrado en sólo cuatro: arroz, papa, maíz y trigo. Este es uno de los factores de la actual crisis alimentaria.

Las nuevas perspectivas de supervivencia de los indígenas con sus lenguas y culturas, como pueblos con identidad propia, también son producto de la “revolución de la diversidad” que puede ubicarse en los años 60, así como la libre opción sexual, la ciudadanía de las personas con deficiencia y la idea de inclusión en general. El ser indígena ya no es, como se creía, un estadio prehistórico que se supera con la extinción o la asimilación.

No se trata sólo de valores o derechos reconocidos, sino también del enriquecimiento de la humanidad, de mayor creatividad y, a menudo, de nuestra supervivencia. Pero son ideas que demoran en arraigar. Sólo ahora, Bolivia y Ecuador buscan definirse como estados plurinacionales, y en Brasil aún hay generales que ven los territorios indígenas en la frontera como amenazas a la soberanía nacional. América Latina obtuvo su potencial de agitación política con la Revolución Cubana y el “Ché” Guevara asumiendo la misión de diseminar guerrillas, hasta ser asesinado en 1967 en Bolivia. Los grupos insurgentes se volvieron habituales, inclusive en la próspera Europa.

La rebelión de 1968 devino pandémica sobre todo por el movimiento estudiantil. En Brasil desafió a la dictadura con la “Passeata dos Cem Mil” en Río de Janeiro y con otros choques callejeros con la policía, hasta la captura y prisión de toda su dirigencia en octubre de aquel año.
En México, los estudiantes tuvieron como respuesta la masacre de la plaza de Tlatelolco, con decenas o cientos de muertos, nunca se ha sabido con certeza. Alemania, Estados Unidos, Italia, Japón y otros países ricos y democráticos también reprimieron con violencia a sus jóvenes.

El mayo francés fue emblemático por la amplitud de la sublevación y de los cuestionamientos. Las barricadas de París contagiaron a millones de trabajadores que paralizaron el país, ocupando unas 300 fábricas. “Prohibido prohibir”, “abajo el Estado”, “la imaginación al poder”, “sé realista, pide lo imposible” o “no confíes en nadie mayor de 30 años” fueron lemas imperativos de los manifestantes. La furia del rechazo a todo fue el grito de libertad de una juventud emergente que ya no podía tolerar las camisas de fuerza heredadas.

La píldora anticonceptiva existía desde 1960, pero la moral vigente reprimía el sexo. Nada de relaciones sexuales antes del casamiento. Las religiones eran omnipresentes y castradoras. Ser ateo era casi un crimen. Y el pelo largo una señal de delincuencia. El orden jerárquico era absoluto, casi militar, en las relaciones familiares, laborales y escolares y entre el Estado y la sociedad.

Europa prosperaba, con un sistema de protección social sin precedentes. Pero era una euforia de reprimidos, al menos para los estudiantes. Hoy cuesta imaginar que la segregación racial era legal en muchos estados estadounidenses hasta 1964, cuando se aprobó la Ley de Derechos Civiles, reivindicación del movimiento negro cuyas protestas se volvieron masivas a partir de 1955. En aquel año, Rosa Parks se negó a ceder su asiento en el autobús a un blanco, iniciando una rebelión contra la ley segregacionista de Alabama. En 1968 fue asesinado Martin Luther King, el principal líder negro. La intolerancia reinante se agravaba por la guerra fría, que aterrorizaba al mundo con la inminencia de una conflagración nuclear y cercenaba la actividad y las ideas políticas con las “fronteras ideológicas”.

En Brasil o se era parte de la ” civilización occidental, cristiana y democrática” o comunista, y por tanto sujeto a prisión y torturas a partir de 1964. La cosa no era muy diferente del otro lado de la “cortina de acero”. La invasión de Checoslovaquia en agosto de 1968 sofocó un intento de flexibilizar el régimen con un “socialismo de rostro humano”. Muchas insurgencias de entonces fueron esfuerzos para crear un socialismo distinto del soviético, y en ese aspecto la Revolución Cubana fue una esperanza frustrada.

Pero fue también una época extremadamente creativa. No sólo dio origen a los más diversos movimientos, sino a una gran variedad de nuevas ideas y creaciones artísticas. Los grandes compositores populares brasileños surgieron en aquellos años, así como el educador Paulo Freire, la iglesia progresista, la Teología de la Liberación. Era un período de utopías, esperanzas y generosas entregas. En África nacían nuevos países independientes, algunos luego de sangrientas guerras anticoloniales, como Argelia –con un millón de muertos–, y con promesas revolucionarias. También se intentaban “revoluciones pacíficas”, como la elección de Salvador Allende en Chile, en 1970.

Fueron ilusiones, en la mayoría de los casos. Allende murió en el golpe de Estado de Augusto Pinochet, en 1973. Los gobiernos africanos autoproclamados marxistas eran una imposibilidad que acabó en guerras internas y corrupción. Muchos manifestantes del mayo francés saludaron la Revolución Cultural china, ignorando que ella entrañaba la negación del espíritu libertario de los estudiantes. No por casualidad, también en los años 60 se desarrolló la “teoría del caos”, o de los sistemas dinámicos no lineales. Esos estudios constataron que pequeñas alteraciones en un sistema, antes consideradas despreciables, pueden alterar por completo el resultado. Es el llamado “efecto mariposa”, el aleteo que puede provocar tempestades del otro lado del mundo, un grado de incertidumbre que fue incorporado a las ciencias.

“Todos somos sujetos” fue uno de los gritos de 1968. El estudiante no es un “pre-ciudadano” aún en formación. Las minorías, las mujeres, todos son actores relevantes y con causas propias. Se rompieron también las amarras de la izquierda. La revolución y la lucha por conquistas sociales dejaron de ser privativas de los obreros y los sindicatos, como postulaban los marxistas. Los movimientos sociales se multiplicaron y ganaron las calles, desembocando en la fragmentación actual. El mundo siempre fue un mosaico no lineal, sólo que hasta entonces no era reconocido como tal.

Written by Eduardo Aquevedo

14 mayo, 2008 at 19:33

A un paro nacional estudiantil convoca la FECH para jueves 15

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La Federación de estudiantes de la Universidad de Chile hizo un llamado a secundarios y universitarios para que realicen una marcha que comenzará en Plaza Italia y que terminará en el bandejón central de la Alameda, donde entregarán una carta en el ministerio de Educación.

La manifestación se realizaría para protestar por el sistema educativo que -a juicio de la federación-“no sólo agranda las brechas en materia educacional, sino que también las crea en materia económica y social”.

Los estudiantes quieren expresar también su rechazo a la aprobación de la Ley General de Educación -que entraría en reemplazo de la vigente Loce- y señalan que en caso de aprobarse, “jamás se conocerá lo que es la educación pública”.

Written by Eduardo Aquevedo

14 mayo, 2008 at 18:49

Publicado en CHILE, Educación, ESTUDIANTES