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La pobreza y sus explicaciones…

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"DEPENDE: POBREZA"
por Bernardo Kliksberg.

TRABAJO1 Publicado por FP. Febrero-marzo 2010.

El crecimiento económico reduce la miseria

Ojalá. La realidad ha demostrado ser mucho más compleja. El crecimiento económico es condición imprescindible, pero no suficiente. Hay muchos obstáculos en el camino a la hora de transformarlo en mejoras importantes en la existencia humana. El crecimiento viaja de forma macro y la vida de la gente transcurre en lo micro.

En primer lugar, hay distintos tipos de crecimiento. Puede ser polarizado, focalizado en algunos sectores económicos, circunscrito geográficamente, producir “islas de crecimiento” o no llegar a la gran mayoría. A ello se suma que, si la sociedad es muy desigual, se reduce la posibilidad de que penetre en los estratos más bajos. Eso es lo que ocurre en el mundo actual, cuyos grados de desigualdad han sido calificados de “groseros” en los informes de Desarrollo Humano del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y tildados de “disparidades hirientes” en la última encíclica de la Iglesia católica. El 20% más rico de la población mundial tiene más del 80% del producto bruto, el comercio, las exportaciones, las inversiones, y más del 90% del crédito. El 20% más pobre, menos del 1%. La desigualdad en la distribución de los ingresos pasó de 30 a 1 en 1960 a 74 a 1 en 1997, y ha seguido aumentando. La del capital acumulado que midió la Universidad de la ONU en 2006 es aún mayor. El 10% más rico tiene el 85% del capital mundial, el 50% inferior sólo el 1%.

Las grandes desigualdades bloquean el desarrollo económico, pero además impiden que se propague entre los más desfavorecidos. Hay sociedades con el mismo grado de riqueza, pero en unas a la gente le va mucho mejor que en otras, porque hay mayor igualdad entre las clases.

La cuestión central es cómo alcanzar un crecimiento inclusivo, en el que quepan todos. Porque ése es, además, el único camino para obtener un desarrollo sostenible. La movilidad social no es una consecuencia del crecimiento, sino el motor fundamental del mismo. Las economías más exitosas de años recientes como las nórdicas, y algunas del sureste asiático, han apostado muy fuerte por sus ciudadanos. Han invertido en educación y en salud. Encabezan las mediciones de rendimiento educativo del informe PISA y las tablas de esperanza de vida.

Los pobres son responsables de su situación

Un mito. Yo lo llamo “la gran coartada”. Para justificar la pobreza, nada mejor que echarle la culpa a las víctimas. El argumento es que los pobres carecen de ambiciones, no se esfuerzan, no estudian, actúan de forma irracional. La pobreza sería un tema de responsabilidad individual. Sería entonces una decisión personal integrarse en el bando de los exitosos o quedarse estancando. La tesis viene acompañada de una formulación semántica: hay “perdedores” y “ganadores”. Los últimos presentan cualidades opuestas. Si la responsabilidad es individual, deja de ser colectiva.

La realidad derrumba a diario ese mito. Hay 1.400 millones de personas en el mundo que viven en la pobreza extrema (menos de 1,25 dólar diario). Casi la mitad del género humano (3.000 millones) son pobres (menos de dos dólares diarios). Resulta inconcebible no ver que no son malas decisiones individuales, sino graves insuficiencias estructurales las que llevan a esos resultados.

En un mundo con una ola de revoluciones tecnológicas que han multiplicado la capacidad de producción de bienes y servicios, 1.200 millones de personas no tienen agua potable y 2.000 millones carecen de electricidad. ¿Acaso es su responsabilidad personal?

La FAO informó de que en 2008 se produjo la segunda mayor cosecha de la historia. Ese mismo año y según Acción Internacional, cinco millones de niños murieron de hambre. Está demostrado que el planeta puede producir alimentos para una población mayor que la actual. Sin embargo, 1.020 millones sufren hambruna (1 de cada 6,5) y el año pasado se incorporaron cien millones más.

Los pobres no son los responsables de vidas con hambre, sin agua y sin electricidad. Hay desigualdades abismales y deficiencias fundamentales de organización social. El problema del hambre no es sólo una cuestión de producción de alimentos (cuanto mayor, mejor), también de acceso a los mismos y de equidad. En realidad, no hay ganadores y perdedores. Con estos grados de exclusión somos todos perdedores. Se debilita la cohesión social y se crean situaciones conflictivas, que generan violencia, y sociedades enfermas.

La ayuda humanitaria no soluciona nada

Otro mito. Se opone “asistencialismo” a “ayudar” y a “dar trabajo”. Se descalifican y se debilitan las políticas sociales. En realidad, se trata de un falso dilema. La extensión y la profundidad de la pobreza requiere respuestas inmediatas.

La miseria mata a diario a mujeres y a niños. Unas 500.000 madres mueren durante el embarazo o el parto, el 99% de ellas en países en desarrollo. La cifra es escalofriante: una por minuto. A pesar de los avances médicos, la tasa de mortalidad materna no ha mejorado desde 1990. Entre las causas, las hemorragias y las anemias, dos problemas que pueden evitarse consumiendo a diario cápsulas de hierro que apenas cuestan unos centavos que las madres pobres no tienen. Las cesáreas, que son necesarias en uno de cada 10 partos y que cuestan menos de 100 euros, tampoco están a su alcance.

Más de nueve millones de niños mueren al año antes de cumplir los cinco. Entre un 33% y un 50% por culpa de la desnutrición. La causa de la muerte suele ser la diarrea, pero tras ella se esconden déficits agudos de micronutrientes básicos. Unos 2 millones de niños fallecen por neumonía. Los antibióticos para tratarla cuestan 27 centavos de dólar. Sus familias carecen de ellos. En total, 18 millones de personas mueren al año por causas vinculadas a la pobreza. Son muertes evitables que la crisis está agravando. Jugar al casino financiero no sale gratis. El Banco Mundial estimó que 22 niños más morirían por hora en 2009 (uno cada tres segundos) por motivos prevenibles.

Se necesitan respuestas inmediatas. La mayor característica de la pobreza es que genera con frecuencia daños irreversibles. Según Unicef, si un niño no se alimenta bien en los primeros años tendrá las conexiones interneuronales de su cerebro incompletas y un retraso severo para toda la vida. La pobreza no puede esperar. Es urgente incrementar las inversiones en salud y educación, y montar mayores redes de protección. No hay contradicción en proteger a los vulnerables y hacerlo a través de programas que, al mismo tiempo, favorezcan la articulación y la organización de la comunidad, inviertan en el desarrollo de sus líderes y potencien su capital social. Los programas más efectivos de reducción de mortalidad materna en poblaciones indígenas han sido los que se han apoyaron en el fortalecimiento de la misma comunidad y la conminaron a cogestionar el proyecto.

La pobreza no es sólo cuestión de dinero

Es mucho más. Cuando a los pobres se les pregunta en las encuestas qué es lo que más les duele de su situación, la respuesta suele sorprender a los investigadores. Se quejan de las carencias, de la falta de ingresos y de que sus hijos no pueden terminar la escuela primaria, pero lo que en verdad les genera más dolor es “la mirada de desprecio”. Sienten que amplios sectores de la población les observan como a una especie inferior, seres de baja categoría, subhombres y submujeres o que, en el mejor de los casos, les tratan con compasión.

La devaluación del pobre como persona prepara el terreno para su discriminación y, en última instancia, para su demonización. Es un sospechoso en potencia. Uno de los grupos más discriminados es el de los jóvenes en situación precaria. Un estudio de la prestigiosa ONG Periodismo Social, en el que se analizan 120.000 noticias sobre niños y adolescentes en 22 diarios argentinos, extrae conclusiones que pueden aplicarse a otras latitudes: “Pocas fuentes, pocas estadísticas, muchos términos peyorativos… las palabras para referirse a los chicos y chicas que supuestamente cometen delitos son estigmatizantes y discriminatorias… son títulos que condenan antes que lo haga la justicia”. Los pobres son seres humanos iguales a todos. Perciben la mirada degradante. Por algo, cuando se les interroga sobre las organizaciones que más valoran, sitúan en primer lugar a las que crean ellos mismos como las organizaciones indígenas, de campesinos pobres o de habitantes de zonas marginales urbanas. En esas agrupaciones el trato es horizontal y ellos son los actores, recuperan su imagen humana. Es lo que sucedió por ejemplo con Villa El Salvador en Perú, municipio autogestionado de pobres que obtuvo por sus logros algunos de los mayores reconocimientos internacionales, entre ellos el Príncipe de Asturias.

La pobreza es un complejo de ataques a la dignidad humana. Los economistas convencionales se equivocan por completo cuando abordan temas como el paro o el desempleo como una mera pérdida o merma de ingresos. La falta de trabajo vulnera las aspiraciones más básicas del ser humano. Un reciente estudio de la Universidad de Rutgers, en Estados Unidos, centrado en ciudadanos desempleados, mostró que el 68% estaban deprimidos, el 61% se sentían inútiles y el 55% estaban muy enojados. En el 58% de ellos, el paro estaba afectando a sus relaciones familiares y un 52% evitaban encontrarse con amigos o conocidos. La causa principal: sentían vergüenza por su situación.

América Latina nunca saldrá de la miseria

Es un caso paradigmático. Como experto en el tema y a pesar de que la primera palabra que viene a la mente cuando uno piensa en pobreza es África, puedo argumentar esta afirmación: el continente latinoamericano tiene un tercio de las aguas limpias del planeta, algunas de las mayores reservas de materias primas estratégicas en su subsuelo, fuentes de energía barata, excepcionales posibilidades de producción agropecuaria y una inserción agroeconómica privilegiada. Sin embargo, más de un tercio de su población está por debajo de la línea de la pobreza (189 millones), mueren 30 niños de cada 1.000 antes de los 5 años frente a 3 en Suecia o en Noruega, perecen 90 madres por cada 100.000 nacimientos frente a 6 en Canadá. La pregunta es: ¿por qué tanta pobreza en un lugar potencialmente tan rico?

La razón principal es que es la más desigual de todas las regiones. El 10% más rico tiene más de 40 veces lo que el 10% más pobre, frente a 10 en España, y 6 en Noruega. Hay fuertes desigualdades en ingresos, acceso a la tierra, a la salud, a la educación y al crédito, y ahora, a las nuevas tecnologías. La región produce alimentos para tres veces su población. Sin embargo, el 16% de los niños padecen desnutrición crónica. En el 20% más pobre sólo uno de cada 3 jóvenes termina la secundaria y sólo uno de cada 100 accede a la Universidad.

La desigualdad genera “las trampas de pobreza”. Si un joven nace en una villa miseria, un caserío indígena, una zona rural pobre, tendrá problemas nutricionales, trabajará desde pequeño (el 11% de los niños menores de 14 años lo hacen), no podrá finalizar la escuela primaria o la secundaria, y, sin ella, no conseguirá trabajo en la economía formal. Un 25% de los jóvenes están fuera del mercado de trabajo y del sistema educativo.

De las “trampas de pobreza” se sale con políticas públicas activas que intenten universalizar los derechos reales a la alimentación, a la salud y a la educación, que democraticen el crédito, fortalezcan las posibilidades de generar microemprendimientos y pymes y que abran oportunidades para todos. En los últimos años, la participación creciente de la sociedad civil, y su presión para que se adoptaran políticas incluyentes, generaron cambios importantes que muestran que sí es posible combatir la pobreza y que lograrlo pasa por mejorar la equidad.

Entre ellas, el gigantesco programa social Bolsa Familia, montado por Lula da Silva en Brasil y que cubrió las necesidades básicas de 45 millones de pobres entre los pobres; los programas del Gobierno uruguayo que reformaron la salud y permitieron que todos los niños de las escuelas públicas tengan un ordenador; los programas de protección a toda la población adulta en Chile y Argentina; el subsidio universal a los niños pobres en este último país; la reducción a tasas mínimas de la mortalidad materna y la infantil aumentando la inversión en salud en medio de la crisis en Costa Rica, y otras similares en otros países.

La acción de políticas públicas enfocadas hacia las prioridades reales de la población, y el apoyo a las mismas por parte de empresas socialmente responsables y una sociedad civil movilizada por la solidaridad, pueden mejorar la difícil vida de gran parte de la población de América Latina. Pero todavía queda un largo camino por recorrer.

Siempre ha habido y habrá pobres

Coartadas. Muchas élites adjudican a la pobreza una suerte de maldición ancestral. Por ejemplo, cuando los periodistas acosaban al ex presidente argentino Carlos Menem por el aumento de la pobreza en la Argentina de los 90, consecuencia directa del modelo ortodoxo liberal que él aplicó, solía argumentar: “Pobres hubo siempre”.

Las cifras difieren y son tozudas. En ese país, la pobreza era inferior al 10% a principios de los 60 y después de Menem alcanzó el 58% a finales de 2002. En Noruega, líder mundial en Desarrollo Humano, hay cero pobreza. En España, los indicadores actuales no tienen nada que ver con los de la época de Franco.

Los profetas, creadores de la idea de justicia social, dicen en la Biblia: “No habrá pobres entre vosotros”. Se refieren a que los recursos potenciales están en todas las sociedades, y dependiendo del modelo de organización, la pobreza puede erradicarse.

Con la manida visión de la “maldición ancestral” se borra la relación entre pobreza y desigualdad y se evita hacer los cambios imprescindibles. Asimismo, se aprovecha al máximo la falta de capacidad de lobby de los pobres, los pobres no cuentan. Como señaló el premio Pulizter, Nicholas Kristoff, en The New York Times, refiriéndose a las elevadas tasas de mortalidad femenina en el Tercer Mundo en una era de avances médicos espectaculares, estas cifras no despiertan interés porque “sus víctimas son pobres, rurales, no educadas, y mujeres”. La lucha contra la pobreza pasa, en primer lugar, por romper la falta de sensibilidad actual. Ante tantas víctimas de las políticas neoliberales de las ultimas décadas, la opinión pública comenzó a percibir a los niños de la calle, a los ancianos mendigos, a las madres que piden con sus bebes, a los sin techo como si fueran parte de la naturaleza de las ciudades, como “si lloviera”.

No se conmueven ante el sufrimiento. Es necesario recuperar la capacidad del ser humano para rebelarse contra las injusticias. Y eso es la pobreza: una injusticia éticamente inadmisible.

Los pobres son culpables del cambio climático

Al contrario. El cambio climático avanza con mucha más rapidez de lo que se creía. El dióxido de carbono retenido en la atmósfera es de 385 partes por millón frente a 339 en 1980. El aumento de las temperaturas está fundiendo los glaciares y produciendo un aumento de 3 milímetros por año en el nivel del mar, el doble que en el siglo XX.

El aumento de las temperaturas y de las lluvias genera un ambiente propicio para la transmisión de enfermedades infecciosas. Aumentan las inundaciones y se expanden enfermedades como el dengue, la malaria, el cólera y la fiebre amarilla. Los más afectados son los más vulnerables: los que viven al borde de zonas inundables, en viviendas precarias; los pequeños agricultores afectados por las sequías; los relegados del planeta a sus sitios más hostiles.

Se estima que el cambio climático está produciendo 300.000 muertes por año. Crecen los refugiados climáticos, que se acercan a los 50 millones. Han debido irse de sus lugares de origen y ni siquiera el Derecho Internacional tiene ninguna figura para amparar a este tipo de exiliados.

Los informes estiman que los habitantes de los países pobres tienen 78 veces más posibilidades de resultar afectados por el cambio climático que los de las naciones ricas. Se trata de una de las mayores desigualdades, la vulnerabilidad totalmente disímil.

Además, está claro que ellos no son los generadores del envenenamiento del ambiente, en el que tienen una participación marginal. Los datos no mienten, pero también en este apartado la élites del planeta culpan a los más desfavorecidos, mostrando la capacidad infinita del género humano para fabricar pretextos y no enfrentarse los desafíos morales que tienen por delante. Resulta imprescindible superar ésta y todas las otras coartadas, pretextos e insensibilidades frente a la pobreza, la gran violación de los derechos humanos del siglo XXI, para avanzar en la construcción del mundo mejor que reclaman los ciudadanos. Gandhi, como buen visionario, lanzó una advertencia que sigue en plena vigencia: “La diferencia entre lo que hacemos y lo que somos capaces de hacer bastaría para solucionar la mayoría de los problemas del mundo”.

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El autor de este artículo, Bernardo Kliksberg, ha escrito en colaboración con el indio Amartya Sen, premio Nobel de Economía, el libro Primero la gente. Una mirada desde la ética del desarrollo a los principales problemas del mundo globalizado (6ª edición actualizada, Editorial Temas, Buenos Aires, 2009). También destacan sus obras Más ética, más desarrollo, Bernardo Kliksberg (Editorial Temas, Buenos Aires, 2009) y Es difícil ser joven en América Latina. Los desafíos abiertos, del que es compilador, junto a Joseph Stiglitz, Rebeca Grynspan y otros (Editorial Sudamericana, Random House Mondadori, 2010).

Otras obras imprescindibles para analizar las causas y el impacto de la pobreza son: The Life you Can Save: Acting Now to End the World Poverty, Peter Singer (Editorial Random House, Nueva York, 2009); ‘Impact in Latin America: Economies are Better Prepared to Face the Global Crisis, People are Not’, Rebeca Grynspan, Foreign Policy (Latin America Social Forum, 2009), www.foreignpolicy.com/LASF_2009.pdf; ‘Corporate Social Responsibility in Latin America: not a Waste of Time or Money’, Rebeca Grynspan y Bernardo Kliksberg, Foreign Policy (Latin America Social Forum, 2008), www.foreignpolicy.com/promotions/lasf2008.pdf.

México, con el mayor aumento de pobreza y desigualdad en AL

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  • La crisis generó 9 millones de nuevos pobres en la región y más de la mitad son mexicanos
  • En el país los pobres representarán 38.8% de la población, o sea, más de 41 millones de personas
  • Los indigentes sumarán más de 15 millones, según los cálculos de Cepal

DR1 Roberto González Amador, Periódico La Jornada

México se convirtió en el país latinoamericano con el mayor crecimiento de la pobreza, indigencia y desigualdad en la distribución del ingreso en 2009, año en que la crisis financiera interrumpió un sexenio de avances sociales en la región, aseguró este jueves la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

La crisis financiera internacional elevó este año el número de pobres en Latinoamérica y el Caribe hasta 189 millones de personas, 9 millones más que al cierre de 2008. La mitad de esos nuevos pobres son mexicanos, de acuerdo con el organismo regional.

México mejoró los niveles de desigualdad y pobreza entre 2002 y 2006, pero la verdad es que a partir de 2006 empiezan otra vez a deteriorarse las cosas, aseguró ayer a La Jornada Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Cepal.

El organismo regional de Naciones Unidas hizo público este jueves el Panorama social de América Latina, en el que asegura que la actual crisis financiera y económica provocó ‘un cambio de tendencia” en la reducción de pobreza que venía mostrando la región.

La crisis financiera que afecta al mundo provocará que 9 millones de personas caigan en la pobreza en la región, indicó el informe.

Así, el número de pobres en Latinoamérica subirá de 180 millones en 2008 a 189 millones de personas en 2009, que representan 34.1 por ciento de la población total. Mientras, el universo de personas en indigencia aumentará de 71 a 76 millones, 13.7 por ciento de la población.

En una conversación telefónica con este diario desde su oficina en Santiago de Chile, Alicia Bárcena explicó que, para el caso de México, el número de pobres al final de 2008 se situó en 37 millones de personas, equivalentes a 34.8 por ciento de la población total. Al mismo periodo, los mexicanos indigentes sumaban 12 millones, 11.2 por ciento de la población.

A consecuencia de la crisis de este año, que ha convertido a México en el país con la mayor contracción económica de la región latinoamericana, el porcentaje de mexicanos en situación de pobreza crecerá a 38.8 por ciento de la población total, es decir, afectará a 41 millones 252 mil 873 personas, estimó ayer Alicia Bárcena. Esto representa un crecimiento en el año de 4 millones 252 mil 873 personas, prácticamente la mitad de los 9 millones de toda la región.

En cuanto a los mexicanos en indigencia, el porcentaje pasará de 11.2 por ciento de la población total en 2008 a 14.2 por ciento en 2009, esto es, de 11.9 a 15.1 millones de personas, de acuerdo con los cálculos expuestos por la secretaria ejecutiva de la Cepal.

Antes que la crisis que estalló el año pasado provocara un aumento de la pobreza en la región, México ya era el único país latinoamericano donde este indicador acusaba un deterioro, de acuerdo con el reporte.

Las nuevas cifras disponibles para 2008 reflejan una evolución positiva de la pobreza en la región respecto de 2007, indica el informe. En Brasil, Perú y Uruguay la incidencia se redujo en tres puntos porcentuales y en Costa Rica y Paraguay en dos puntos porcentuales, en tanto que en Panamá y Venezuela lo hizo en un punto. Ecuador y República Dominicana no mostraron variaciones significativas.

El único país en el que se registró un empeoramiento en la situación de la pobreza fue México, cuyo incremento de 3.1 puntos porcentuales entre 2006 y 2008 refleja los primeros efectos de la crisis económica que se empezó a manifestar hacia fines del año, dice el informe. Un punto de incremento en la pobreza, para el caso mexicano, equivale a alrededor de 1.1 millones de personas.

Lo mismo ocurrió respecto de la distribución del ingreso. El informe publicado ayer indica que siete de 10 países de la región mostraron entre 2007 y 2008 una tendencia a la reducción de las disparidades entre los grupos extremos de la distribución del ingreso. México, añade, fue el único país que presentó una clara tendencia al deterioro distributivo, respecto de 2006.

Necesario, mejorar los sistemas de protección social

En conversación con este diario, Alicia Bárcena plantea que el incremento de la pobreza en la región este año ha sido de magnitud menor a la observada en crisis anteriores. En términos generales, añadió, en Latinoamérica no se dio en 2009 un colapso fiscal de los estados, ni hubo procesos inflacionarios o hiper inflacionarios, ni un colapso de los sistemas financieros.

Sin embargo, planteó la necesidad de mejorar los sistemas de protección social, incluso a partir de programas como Oportunidades –que ha sido imitado en otros países– o el de pensiones a adultos mayores, iniciado en la ciudad de México durante la gestión del ex jefe de Gobierno Andrés Manuel López Obrador.

Hay cuatro aliados del descenso de la pobreza, expuso Bárcena. Definitivamente, uno es el crecimiento económico; en segundo lugar, las mejoras distributivas. En América Latina se dieron sólo entre 2002 y 2008. México hizo progresos muy importantes hasta 2006, la verdad es que a partir de 2006 es cuando se deteriora un poco la situación en el caso mexicano, porque la crisis misma se empieza a sentir a partir de 2007.

En tercer lugar citó la fuerte expansión del gasto social; en el caso mexicano, y en toda la región, el gasto social se empieza a incrementar a partir de los 90 y se consolida entre 2002 y 2008, al grado de que aumenta en forma muy importante. En el caso de México, el gasto público social pasa de 390 dólares per cápita en 1990 a 810 dólares actuales, que está en el promedio de la región. En cuarto lugar, México, y la región en conjunto, tienen una estructura demográfica que abre la posibilidad de que durante varias décadas todavía haya un número menor de personas dependientes respecto de aquellas que están económicamente activas.

La Cepal recomienda que los países no bajen la guardia en relación con el gasto público social; que siga el esfuerzo de mantener las transferencias públicas que no entran en la lógica del mercado para mejorar el ingreso de los sectores más pobres, apuntó. La variable de ajuste no pueden ser los pobres.

–Usted mencionó que a diferencia de otras crisis, el ajuste no se hizo en reducir gasto en programas sociales, y ahora menciona que no se debe hacer a costa de los pobres. En el caso de México, el Congreso votó una reducción del programa Oportunidades. ¿Qué consecuencias ve por este tipo de medidas?

–Tendría que entender cuál es la lógica de la discusión. Hay quienes piensan que los programas pueden ser muy asistencialistas y que no hay una estrategia de salida, digamos. Pero para nosotros los programas de transferencias condicionadas son los que mayor progresividad han mostrado en relación con el combate a la pobreza. Por lo menos en épocas de crisis, sentimos que es muy importante no bajar la guardia.

Written by Eduardo Aquevedo

20 noviembre, 2009 at 21:27

Huelga general en Perú contra política económica neoliberal

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Huelga general paralizó Perú

Alan García reconoce que 60% de la población está descontenta
Miles de trabajadores de la construcción marchan hacia la plaza Dos de Mayo durante la huelga contra Alan. (AFP)
Víctor Juárez, LATINO / Lima
Un paro nacional en protesta por el alza del costo de vida y la privatización y concesión de tierras, aguas y bosques en la Amazonía paralizó parte del Perú este miércoles 9 de julio, e incluso se registraron brotes de violencia en varios departamentos del sur, la sierra y la selva del país.

Convocado por organizaciones indígenas y sociales, y la Central General de Trabajadores del Perú (CGTP), en todos los departamentos del país se realizaron inmensas marchas para protestar contra el Gobierno. Ante ello, el Presidente Alan García dijo que entiende que las protestas son producto del descontento de un 60% de la población, pero remarcó que no es a través de agresiones como se logrará una mejora en la situación económica.

En Madre de Dios miles de manifestantes, entre nativos, campesinos, mineros y pobladores, incendiaron la sede del Gobierno Regional de Puerto Maldonado, capital del departamento selvático más alejado de la capital. La protesta, que se desarrollaba de forma pacífica, se tornó violenta cuando los policías lanzaron bombas lacrimógenas contra los huelguistas.

En Huancavelica manifestantes incendiaron también el local del Programa Estatal Juntos, ente de apoyo social que funciona en el centro de la ciudad. En Ayacucho, Arequipa, Cerro de Pasco, Junín y Huánuco, las marchas también se tornaron violentas. En el Cusco se suspendió el servicio turístico de trenes hacia Machu Picchu, para evitar desmanes o atentados contra los turistas. En Ica la Carretera Panamericana Sur fue tomada por manifestantes por varias horas; y en Pisco fue tomada la vía Libertadores de Wari, que conecta a Lima con Ayacucho.

Aunque en Lima la paralización no fue total, quienes sí interrumpieron de forma unánime sus actividades fueron los maestros afiliados al Sindicado Único de Trabajadores de la Educación (SUTEP), pues los colegios lucieron casi vacíos. Durante uno de los principales mítines de la CGTP en la Plaza Dos de Mayo (Lima), el secretario general, Mario Huamán, calificó el paro de exitoso; no obstante, por la tarde el ministro del Interior, Luis Alva Castro, informó al país que éste fue un fracaso, pero reconoció que hay problemas por la desigualdad y la pobreza, “los cuales hay que resolver con el diálogo”. El resultado de la jornada fue de 220 detenidos por causar disturbios o daños a la propiedad pública.

Cambios en el gabinete peruano luego de la huelga

Luis Valdivieso, un economista de la Universidad de Boston, asumió hoy como nuevo ministro de economía de Perú, en reemplazo de Luis Carranza, quien renunció luego de un paro nacional

Valdivieso, de 57 años y quien ha vivido muy poco en Perú en las últimas décadas, juró el cargo ante el presidente Alan García, en una ceremonia cumplida en Palacio de Gobierno.

Los analistas dan por descontado que el relevo no implicará ningún cambio de fondo en el manejo económico del gobierno de García. El nuevo ministro, al igual que antecesor, es considerado un liberal “ortodoxo” y se pronostica que cerrará la caja fiscal con el mismo vigor con que lo hizo su antecesor.

Por otro lado, el anterior titular de la cartera, Luis Carranza, de 41 años, no explicó las razones que lo llevaron a dimitir, pero negó que haya sido por discrepancias con varios de sus colegas, quienes, según versiones periodísticas, le reprochaban su rigidez para no proveer de fondos a iniciativas sociales.

Justamente, su dimisión se da luego de la huelga nacional y movilización convocada la semana pasada por la Central General de Trabajadores de Perú (CGTP) que reunión a miles de trabajadores y campesinos, quienes exigieron una mayor redistribución de la riqueza.

Perú: la pobreza, eje de las protestas actuales

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Marcelo Justo
Marcelo Justo
BBC Mundo

En Perú la pobreza está otra vez en el centro del debate político.

Alan Garcia

Alan García: quiere reducir la pobreza a un 30%.

Las últimas cifras del Instituto Nacional de Estadísticas e Información (INEI), que muestran una caída de la pobreza del 5% en 2007, despertaron gran polémica. En medio de esta controversia, la poderosa Asamblea Nacional de Gobiernos regionales acordó un plan integral de lucha contra la pobreza que le presentará al presidente Alan García.

La economía está creciendo a un 9%, pero sus índices de desigualdad figuran entre los más altos del planeta. Por eso las cifras del INEI presentados a fin de mayo despertaron esperanza.

Cuestionamientos

Según el Instituto la pobreza había caído un 5% en 2007 y un 10% desde 2006. Pero tanto la oposición como sectores independientes cuestionaron la fiabilidad de las mediciones. El ex director del Instituto, Farid Matuk, dijo que el descenso estadístico se había conseguido con un cambio de metodología. Otros críticos señalaron que el Instituto no había tomado en cuenta el aumento de la inflación y el precio de los alimentos, de mayor incidencia en zonas rurales que urbanas.

El ex candidato a presidente y dirigente opositor Ollanta Humala indicó que las estadísticas habían cambiado, pero nadie se había enterado en las calles.

Los fantasmas de la estadística

En medio de la polémica, el instituto admitió que había insertado los datos de más de 700 familias que no habían contestado el cuestionario, pero reiteró que los resultados eran genuinos.

Familia peruana

Según el informe del INEI, en la sierra y la selva peruanas siete de cada diez pobladores son pobres.

Lo mismo dijo el Banco Mundial que participó en la medición.

En ese contexto, la Asamblea Nacional de Gobiernos Regionales (ANGR) presentará al gobierno de Alan García un plan a nivel local, regional y central para que la lucha contra la pobreza prioridad a las zonas rurales. “Sólo así podrá lograrse bajar la pobreza extrema en las zonas más alejadas del país”, señaló al diario peruano “La República” el presidente regional de Ayacucho Ernesto Molina.

Según el informe del INEI, en la sierra y la selva peruanas siete de cada diez pobladores son pobres. En la zona urbana de Ayacucho, por ejemplo, la pobreza cayó en 10 puntos entre 2006 y 2007, pero en la sierra rural sólo disminuyó 3,2 puntos en el mismo período.

A fines de los ’90, más del 50% de los peruanos vivían debajo de la línea de la pobreza. Alan García indicó que quiere reducir este porcentaje a un 30% al final de su mandato en 2011. Si las estadísticas siguen siendo tan favorables, muy probablemente lo logre. Habrá que ver si la realidad reflejará el optimismo de las mediciones.

Neoliberalismo y exclusión social…

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Entrevista a Loic Wacquant.

Se presenta como un “sociólogo urbano”, estudia la transformación de las ciudades y la marginalidad social y es considerado el principal discípulo de Pierre Bourdieu, el célebre sociólogo francés con quien escribió uno de sus numerosos libros. Su mundo es el de las fronteras entre “el adentro” y “el afuera”, los guetos de Chicago, las periferias de París, los barrios suburbanos de las metrópolis latinoamericanas, el de cómo se trazan las fronteras internas de una sociedad cuando ella queda dominada por la pura lógica del mercado.

Para Loic Wacquant, es un error observar las formas actuales de la marginalidad afuera o detrás nuestro, en el pasado, o en el “atraso”: “ellas están dentro de los espacios y relaciones sociales, delante nuestro, y si no empezamos por reconocerlo no podremos cambiarlo”, dice. Hiperactivo, 47 años, llegó a Buenos Aires, visitó las cárceles, donde asistió a los cursos universitarios que se dictan allí, dio una conferencia y se fue al día siguiente. Vino invitado por la UBA en el marco del 50 aniversario de la Carrera de Sociología, con el auspicio de la Fundación OSDE , Clacso y el Ministerio de Educación.

Se utilizan muchas metáforas y eufemismos para hablar de la marginalidad social: “excluidos del reparto de la torta”, “castigados del modelo”, “bomba de tiempo”, “sectores en problemas”, “condenados de las ciudades”, “parias urbanos” ¿cómo se establece hoy esta relación entre pobreza, exclusión e inseguridad en las grandes metrópolis y sus periferias?

Es cierto, cuando se mira desde lejos o desde arriba, se apela a un discurso exotizante, un discurso del miedo, para el cual los barrios pobres se caracterizan por todo lo que falta. Pero cuando uno mira de cerca se observa que hay una similitud, sí, es el sub-proletariado que vive en los barrios en la parte más baja de la jerarquía de la ciudad; pero esa marginalidad urbana no está configurada de la misma manera en todos lados.

Hay situaciones de exclusión social que son comunes

Sí, claro, se da la experiencia del sentimiento de ser rechazado, el desprecio colectivo, la estigmatización de esos barrios es la misma en Estados Unidos con el gueto y los negros; en Francia, con los suburbios obreros y los inmigrantes; en Brasil, con las favelas, en Argentina con las villas miserias, etc.. Pero, yendo al interior, uno puede descubrir que allí viven personas como tú y yo, que tratan de construir una vida, de sostener una familia, pero que enfrentan limitaciones materiales que son extremas y que sobre todo se ven marcadas por la inestabilidad de vida. Es la imposibilidad, justamente, de asentarse en el mundo del trabajo y de proyectarse hacia el futuro.

Los estallidos de violencia en los suburbios de Francia reflejan una “americanización” de estas formas de exclusión social?

Lo que vemos, sobre todo, es que en Estados Unidos el discurso sobre el gueto y en Francia sobre “las banlieues” esconden la aparición de nuevos regímenes de marginalidad cuya característica principal es la inestabilidad de la condición asalariada. Esa inestabilidad no es una característica de los pobres, sino de los empleos y de la nueva relación salarial que se establece. Se atribuye erróneamente a los pobres rasgos que no se deben a ellos sino a la posición socio-económica en la que están y a la degradación de sus condiciones de vida.

¿En qué se diferencia la marginalidad actual de la de otras épocas no tan lejanas?

Básicamente, en que vivimos una transición del “Welfare” como un derecho a estar protegido de la sanción del mercado, a un “Workfare”, a una obligación de trabajar, de seguir una formación, de dar a la comunidad como contrapartida de la ayuda social que se recibe. De modo que el trabajo deja de ser un derecho para convertirse en un deber del ciudadano, que empuja a los pobres hacia un mercado laboral precario e inestable. Y entonces, se funden y confunden los barrios obreros estables con la economía callejera informal, dominada por actividades ilícitas o criminales, y la violencia y el miedo que estas generan, con gran circulación de armas de fuego y de drogas, más los enclaves marginales, definidos por la experiencia de un estigma de grupo y una decadencia colectiva.

¿Qué papel juega el Estado en estos cambios?

Es fundamental. Tenemos una política estatal que por dos lados aumenta y difunde la inseguridad social. Por el lado de la desregulación económica y por el lado de la restricción de los programas de protección social. Esa turbulencia y esos desórdenes sociales que son creados por la desregulación económica y el retiro de la ayuda social, hay que contenerlos de alguna manera particular.

¿Se los contiene desplegando el Estado penal?

La paradoja es que el despliegue de la policía, de la justicia criminal y las cárceles, es una respuesta que da el Estado a la inseguridad social que las políticas públicas crearon al des-regular la economía y reducir la protección social. Por eso es algo que se ve en el mundo entero. Como escribió Marx, un fantasma recorre el mundo, sí, pero no es el proletariado; es el fantasma del neoliberalismo y sus resultados.

La marginalidad y la exclusión social ¿serían un “logro” del neoliberalismo?

Es el producto necesario del neoliberalismo. En el caso de los ideólogos del neoliberalismo, se lo presenta de dos formas. Una, como un residuo del pasado: “hay mucha gente pobre, hay que esperar hasta que dejen de serlo y seguir ‘neo-liberalizando’ para que dejen de serlo. Y si realmente se des-regula, desaparecerán la desocupación y la pobreza”. La segunda es que se trata de un fenómeno transitorio. Habría una transición entre las sociedades reguladas keynesiana y fordista, y el Estado futuro del neoliberalismo. O sea que habría un período en el que “sí, es cierto, hay muchos daños, hay muchos costos, hay mucha pobreza, pero hay que esperar” .

¿Qué respuesta da a esos argumentos?

Lo que sostengo es que esta marginalidad no es un residuo del pasado, y tampoco es un fenómeno transitorio o efímero. Es un fenómeno que está ligado al desarrollo mismo de los sectores más avanzados de la economía. Y por lo tanto está delante de nosotros, no detrás. Y está aquí para durar. Y mientras se insista en apostar a lo que se llama el camino de la economía avanzada, sin contemplar el cuadro social completo, se seguirá reproduciendo marginalidad avanzada.

¿Cuál sería la respuesta alternativa en el modo de encarar el problema ?

En América Latina se observa desde hace quince años un aumento de la violencia, de la criminalidad, del miedo en las ciudades y, por lo tanto, en reacción a ese aumento de la inseguridad y el miedo el Estado reacciona diciendo: “vamos a activar la policía, la justicia, la prisión”. “Mano dura”. “Tolerancia cero”. Y esa reacción de utilizar el Estado penal para tratar de contener la violencia fracasa porque no toca la causa que es la inseguridad social y económica. Si se deja que la inseguridad económica siga ahí, forzosamente habrá inseguridad criminal Y se puede aumentar la policía, la justicia y las cárceles, se pueden multiplicar por dos, por tres, por cinco y poco se logrará.

Pero Usted mismo señala que el regreso del pleno empleo y el viejo Estado asistencial no es posible ni deseable.

Hacen falta políticas de largo plazo, a cinco, diez, veinte años. (Los políticos deben tener una mirada a largo plazo. Y pensar no sólo en esta generación sino en la generación que viene). Hay que tener el valor, aunque no haya una caída inmediata de la criminalidad, en sostener el crecimiento económico y el mejoramiento de empleo. Aunque es verdad, las nuevas formas de la marginalidad no se resuelven sólo con crecimiento y empleo.

¿Entonces?

Creo que hay que inventar un nuevo Estado social o prepararse para enfrentar desórdenes e inseguridad crónica. Un componente, por ejemplo, es el principio de una renta universal del ciudadano. Que cada familia tenga acceso a un ingreso mínimo independientemente del trabajo. Que los bienes públicos esenciales, la educación, la salud, la seguridad, la vivienda y el transporte sean provistos en una cuota mínima a todo el mundo. Hay que inventar nuevos programas que permitan distribuir de la manera más igualitaria posible esos bienes fundamentales para tener una sociedad democrática. Se puede empezar con un ingreso universal ciudadano o por el acceso a la educación y la formación profesional para toda la vida. Tener políticas de salud pública y de educación muy activas es la mejor lucha contra la criminalidad.

(ddooss.org)

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