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TOP (2008, QP) Mejores Universidades Chilenas, según Qué Pasa

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TOP (2008, QP) Universidades Chilenas, según Qué Pasa

 

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¿Clasificar Universidades?, por Joan Subirats

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El País, Madrid

A medida que avanzamos en sistemas globales de información y la movilidad de personas se acentúa, crece la necesidad de orientación en un mundo cada vez más lleno de incertidumbres. No es nada extraño para los que nos dedicamos a la actividad universitaria desde hace años recibir peticiones de información o consejo de amigos o conocidos, referentes a la mejor o menor calidad de las opciones para cursar un master o para solicitar una beca de formación o de investigación. Hace años, algunos medios de comunicación españoles, siguiendo la estela de prestigiosos periódicos británicos, elaboraron un ranking de licenciaturas y de universidades españolas atendiendo, entre otros, al dudoso criterio por el cual cuantos menos alumnos aprobaban las materias de una licenciatura, más prestigio y calidad tenía tal carrera.

Así, el lugar de honor lo ocupaban las ingenierías de caminos, al acumular el mayor número de suspensos. En otras ocasiones, las clasificaciones de universidades se hicieron con mayor cuidado (por ejemplo, el informe dirigido por Jesús de Miguel), pero siempre se generaban críticas o acusaciones de sesgo, al entender que se estaban privilegiando ciertas cuestiones por encima de otras. En la actualidad, el llamado ranking de Shanghai, elaborado por la Universidad Jiao Tong de esta ciudad, en el que se ordenan las consideradas 500 mejores universidades del mundo, está generando muchos desasosiegos, incomodidades y protestas, sobre todo por parte de las universidades europeas, que quedan claramente en inferioridad con relación a las universidades norteamericanas.

La clasificación que realiza la Universidad de Shanghai se basa en los siguientes criterios: número de premios Nobel y de académicos merecedores de las medallas Fields que han salido de sus aulas y laboratorios; investigadores más citados en 21 especialidades; cantidad de artículos publicados en las revistas Nature y Science; número de artículos publicados por sus académicos en revistas de impacto, y finalmente, una medida que compara tamaño de la universidad con rendimiento académico de la institución. La selección de indicadores apunta a un tipo de universidades calificadas normalmente como “universidades de investigación”, con largas trayectorias en el campo de la innovación científica y tecnológica. En este ranking de las 500 universidades de todo el mundo analizadas, el predominio de las universidades norteamericanas es espectacular. Hemos de tener en cuenta que de las más de 4.000 universidades que existen en Estados Unidos, apenas unas 200 se consideran universidades de investigación. En Europa, sólo el Reino Unido y, a una cierta distancia, Suiza, Holanda y los países escandinavos consiguen descollar en el mencionado ranking. Francia y Alemania mantienen ciertas posiciones, pero demuestran falta de renovación, mientras España queda claramente atrás, a pesar del esfuerzo de los últimos 20 años, que no logra compensar la marginalización anterior.

Las quejas se fundamentan, sobre todo, en los criterios que se utilizan para elaborar el ranking, que condicionan notablemente el resultado final. Si bien hasta hace poco éste era un tema que aparentemente afectaba sólo a los implicados en el mundillo universitario, los efectos del ranking empiezan a notarse. La Unión Europea anunció hace sólo unos días, por boca de su comisaria Odille Quintin, su intención de elaborar un nuevo sistema de clasificación, que tuviera más en cuenta las especificidades europeas y que no estuviera tan sesgado en beneficio de la investigación por encima de la docencia o por el predominio de las publicaciones en inglés por encima de las escritas en otras lenguas. También se critica el desequilibrio a favor de las ciencias experimentales y de la salud con relación a las ciencias sociales y a las humanidades.

Es evidente que la geopolítica del capitalismo globalizado favorece que la concentración del poder tecnológico, militar y económico venga acompañada de una concentración del poder del conocimiento. Pero nos debería preocupar que, con un PIB inferior al de España, el conjunto de países escandinavos coloquen siete universidades entre las 100 primeras del ranking, cuando nosotros colocamos sólo una (y ello gracias al peso del las investigaciones médicas, que responden a dinámicas poco trasladables a otros campos del saber). Deberíamos también preguntarnos por el papel del CSIC en el sistema de investigación español, con pocos incentivos a la doble afiliación, cuando ello es una situación muy generalizada en otros contextos. En general se constata que el tamaño acaba siendo un elemento importante, y ello está conduciendo a procesos de unificación de universidades francesas. ¿Alguien está pensando qué ocurre en Cataluña? ¿Podemos seguir trabajando con lógicas de competitividad local cuando necesitamos tamaños y dinámicas que nos permitan plantearnos objetivos más globales? Por otra parte, el tipo de clasificaciones del estilo de la de Shanghai informa muy poco sobre la calidad de enseñanza de las universidades y nada nos dice sobre su nivel de inserción en las necesidades de transformación social de su entorno. ¿Dónde se estan valorando los esfuerzos de una u otra universidad en el sentido de incorporar a personas adultas, a alumnos con discapacidad, o sus aportaciones en los debates y problemas sociales de la comunidad en la que están integradas? Es igualmente absurdo tratar de ignorar un ranking como el de Shanghai por lo que tiene de esfuerzo importante para analizar y sistematizar una cierta ordenación de la investigación competitiva a escala global, como asumirlo de manera acrítica y orientar nuestro sistema universitario hacia cotas que no son alcanzables a corto plazo. Lo más razonable es trabajar simultáneamente en la mejora de nuestras posiciones globales, esforzándonos al mismo tiempo en una mayor articulación entre dinámicas de generación de conocimiento y capacidad de servicio a la comunidad. Para ello necesitamos criterios e indicadores de rendimiento universitario más completos y más plurales, yendo más allá de un escenario en el que predominan criterios respetables, pero sesgados con relación a la necesariamente compleja actividad universitaria.

Joan Subirats es catedrático de Ciencia Política de la UB.

Reforma a educación superior en Chile: encuesta coincide con Mineduc

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  • Necesidad de información pública, fidedigna y relevante es uniforme
  • Para la OECD, problema principal es la desigualdad social

Según un informe del Mineduc uno de los ítemes básicos que se deben reformular para mejorar la calidad de la enseñanza superior en Chile es que las instituciones entreguen “información pública, oportuna, fidedigna y relevante”, justo lo que el barómetro de la educación del centro de estudios Mori revela como un gran ausente.

El tecer Barómetro de la Educación Superior confirmó la tendencia de las dos mediciones anteriores, en términos que Chile mantiene una expectativa social exitosa sólo a partir de lograr entrar a la universidad y que dentro de esas casas de estudios superiores las más prestigiadas son la Universidad de Chile y la Universidad Católica.

Sin embargo, ese ranking no se basa en percepción de calidad de las instituciones, sino que depende del estrato socioeconómico, el lugar en que vive, la situación familiar y de cuál entidad le queda más cerca.

Otro de los resultados de la encuesta realizada a 1.200 estudiantes de terceros y cuartos medios, de todo el país, fue que “la alta segmentación del mercado de las universidades se ve en la composición de sus alumnos y su lugar en el ranking. Hay universidades muy bien posicionadas que casi no tienen alumnos de liceos subvencionados, como la Adolfo Ibáñez, mientras otras, como la San Sebastián y la Santo Tomás, tienen más del 40% de alumnos de liceos subvencionados”.

Lo más llamativo de esto, sin embargo, fue que consultada la directora de MORI (empresa encargada de la encuesta), Marta Lagos, sobre cuál es la situación en ese tema de las universidades estatales, destacó que sólo se sabe en términos generales que habría un mayor porcentaje de alumnos provenientes de establecimientos subvencionados, públicos o privados, pero que del detalle no existe información fidedigna y que es necesario hacer esos estudios.

Justamente, hace menos de un mes, el informe de la Organización Económica de Cooperación y Desarrollo (OECD) sobre el estado de la Educación Superior en Chile y su transición de un mercado de elites a uno de masas, dijo categórico que “todas las instituciones que reciben aportes fiscales directos o indirectos deben estar obligadas a la transparencia y sujetas a supervisión pública del uso de los recursos”, y que el diagnóstico demostró algo “inexplicable”: que “no hay informaciones consistentes para la formulación de políticas, por ejemplo las estadísticas sobre matrículas”.

Marta Lagos coincidió y, audaz, hizo un pronóstico. “Los planteles no están obligados a entregar información y eso afecta la formulación de políticas”, dijo, adelantando que el 37% de los jóvenes en Chile que no está contento con la sociedad que tenemos, se frustra y rebela ante una nación que le propone como único camino valorado el de la universidad, en circunstancias que a ella sólo llegan 3 de cada 10 (de 7 que aspiraban lograrlo), por lo que “sólo se podría esperar aumento del descontento de los jóvenes”.

El movimiento Pingüino, en opinión de Lagos, sería tanto reflejo de la demanda por calidad de la educación media, como por lo que los jóvenes ya saben que les va a tocar vivir al salir de cuarto medio, sin expectativas valoradas.

Así se explicaría también que la encuesta no dé cuenta de descontento en universidades cuestionadas públicamente como la UTEM por el caso de criminalística, pues, según Lagos, “donde hay grandes protestas, los jóvenes se sienten interpretados en su descontento”.

“Resulta paradojal que la Universidad de Chile le saque ventaja a la Universidad Católica en el año en que el movimiento estudiantil de la Universidad de Chile se toma la Casa Central de ese plantel y lo paraliza durante varios meses. El sentido común hace pensar que hechos como ese podrían perjudicar, más que beneficiar la imagen de una universidad”, destacó el barómetro, adjudicando tal situación al “malestar masivo de los jóvenes con la sociedad, que se sienten interpretados por la protesta de la U. de Chile”.

Otro dato que arrojó la encuesta fue que el plantel que más creció en valoración de los alumnos de los últimos años de la enseñanza media fue la Universidad de Santiago que el 2006, entre los padres recibió 21% de preferencias; el 2007, entre alumnos de 1º a 4º medio, un 18% y ahora en estudiantes de 3º y 4º medio, un 27%.

En todo caso, las cinco universidades mejor ubicadas fueron todas del Consejo de Rectores: U. de Chile, 73%; UC, 71%; U. de Santiago, 27%; U. de Concepción, 17% y Federico Santa María, con 15%.

Entre las privadas las tres primeras fueron la Andrés Bello (16%), la Diego Portales y la de las Américas (ambas con 9%), sin embargo, esta última aparece también primera entre las peores universidades (14%).

En el ámbito de los institutos profesionales, en cambio 4 de cada 10 entrevistados no menciona institución alguna, siendo Inacap (hoy universidad) el líder (47%), seguido por DUOC (34%).

Frente a la pregunta sobre cuáles son los peores un 69% no respondió, lo que da cuenta de la falta de información.

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Equidad en educación
La tercera versión del Barómetro de la Educación Superior -una encuesta de percepción realizada por el centro de estudios MORI a estudiantes de tercero y cuarto medio- mostró un análisis que no hizo otra cosa que ratificar la necesidad de reformulación en pos de mejorar la calidad de la enseñanza superior en el país.

Según la encuesta, en Chile la expectativa social es que el éxito sólo se logra consiguiendo el ingreso a la universidad y, ojalá, apostando a las instituciones más prestigiosas: la Universidad de Chile y la Católica. También mostró que el ranking de mejor o peor universidad no se basa en la calidad de estas instituciones de educación sino del conocimiento general que tienen de ella.

El estrato social del alumno también determina la casa de estudios a la que mira, fomentando la segmentación del mercado. Así, según explicó la directora de MORI Marta Lagos, hay universidades privadas como la Adolfo Ibáñez que casi no tienen alumnos de liceos subvencionados, mientras otras como la San Sebastián tienen más del 40% de estos alumnos.

En el Ministerio de Educación ya trabajan en una nueva política de educación superior. La apuesta es que estas entidades no discriminen y que todos los alumnos tengan acceso a una educación de calidad en esta etapa.

Las peores universidades
Al ser consultados por lo que creían son las cinco peores universidades, el ranking fue encabezado -al igual que el año pasado- por la Universidad de Las Américas con un 14%. En segundo lugar quedó la Universidad Santo Tomás con un 9% y tercero, la Universidad del Mar con un 8%.

A estas tres siguieron la Univesidad de los Lagos (6%), La República (6%) y otras (26%).

También llamó la atención que un 50% de los jóvenes consultados dijo no saber la respuesta, lo que habla de la desinformación en la que se encuentran.


Por Soraya Rodríguez / La Nación

 

OECD: desigualdad es el principal problema del sistema universitario chileno

Esta inequidad no se expresa sólo al ingresar al sistema, sino también en la segmentación que se hace entre las instituciones universitarias y no universitarias.

La Organización Económica de Cooperación y Desarrollo (OECD) dio a conocer hace tres semanas un informe sobre educación superior.

En esa oportunidad señaló que en Chile uno de los principales déficit en el país es la desigualdad a lo largo de todos los años de estudios pero que al momento de optar por la educación superior, se acentúa.

Aunque reconoce que en materia de cobertura se ha crecido enormemente, señaló que hoy existe una educación para ricos y pobres porque hay desigualdad en el acceso a la educación superior para estudiantes provenientes de orígenes sociales distintos.

Esta inequidad no se expresa sólo al ingresar al sistema, sino también en la segmentación que se hace entre las instituciones universitarias y no universitarias.

“El problema empieza en la educación básica y media. Los resultados obtenidos a estos niveles siguen asociados a las condiciones sociales de las familias de los estudiantes”, señaló el estudio.

También dice que la PSU como único instrumento de evaluación “mantiene y puede estar acentuando este problema, así como el hecho que “estudiantes de familias ricas van a universidades, adonde la educación tiene más prestigio y calidad, mientras que estudiantes más pobres van a los centros de educación tecnológica o institutos profesionales, adonde la calidad suele ser peor”, según comentó en esa oportunidad Simón Schwartzman presidente del Instituto de Estudios del Trabajo y Sociedad de Brasil y encargado de la presentación del estudio.

Respecto de la calidad de la educación el informe planteó la necesidad de generar sistemas de evaluación y acreditación, donde ese objetivo signifique “atender de la mejor manera a todos los que la institución tiene la misión de servir”.

Mientras que en financiamiento dijo que si bien Chile tiene “una infraestructura sofisticada que ha facilitado la transición hacia la educación superior de masas; los gastos por estudiantes son bajos, y los costos para los alumnos y sus familias son muy altos, comparados con los de otros países.

Universidad de las Américas: de la Acreditación cuestionada a la crisis

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Por Por Beatriz Michell / La Nación

Estrategias para evitar fuga de estudiantes en la U. de las Américas

Con tal de que el estudiante no se vaya, lo hacen pasar los ramos y le ofrecen homologar asignaturas. No importa mejorar la calidad de la educación, sino retener a los clientes en el mercado de la sala de clases. Una estrategia de marketing que se traduce en negocio redondo para los empresarios… y en una tumba para los sueños estudiantiles.

La cuestionada acreditación revelada la semana pasada por LND no es lo único que empaña la gestión y la credibilidad de la Universidad de Las Américas. Notas adulteradas para que los jóvenes pasen de curso y homologación de ramos son algunas de las tácticas que utiliza esa casa de estudios para enfrentar la alta tasa de deserción que sufre. Según datos de la Comisión Nacional de Acreditación (CNA), entregados directamente por la universidad para su proceso de acreditación, la deserción al año 2005 fue de 66%.

Muchos estudiantes entran convencidos de que la casa de estudios les abrirá las puertas para un próspero futuro profesional, pero una vez dentro se dan cuenta de que la universidad no les entregará las herramientas para cumplir su sueño. “Los alumnos se van porque los niveles de exigencia son mínimos, no por malas notas”, asegura un profesor. Sin embargo, las medidas que ha tomado esa casa de estudios del grupo Laureate Internacional Universities, para evitar la deserción no están totalmente enfocadas a mejorar la calidad de la educación que ahí se imparte, sino a hacer el camino más fácil a los estudiantes para que no se vayan. “Lo hacen para seguir sacándole plata a los alumnos”, explica una decepcionada maestra de la institución.

Hay profesores que accedieron a hablar con LND porque aseguran “estar cansados de las malas prácticas” y de que “los alumnos paguen un servicio que no es barato y que es de muy mala calidad”. Son ellos los que revelan pidiendo la reserva de su identidad-, algunos procedimientos utilizados para convencer a los estudiantes de que no abandonen sus carreras. “Yo evaluaba a los alumnos con una nota, pero los mismos estudiantes que había reprobado después aparecían aprobando los ramos. O sea, en la facultad cambiaban las notas sin permiso de los profesores para que los estudiantes siguieran en la carrera”, explica un docente. El mismo testimonio es repetido por otros maestros.

POLLITOS EN FUGA

Otra táctica es homologar ramos. Así, en la malla de pedagogía básica aparecen cuatro asignaturas de lengua castellana, pero, en la práctica, la decana de la Facultad de Educación, Ana María Bruna, las redujo sólo a una, según asegura un alumno. Así, hacen el camino más fácil para sus clientes. “Esto es un negocio y lo saludable es generar plata, por lo que todo funciona con la lógica económica y lo demás no les importa”, asegura una profesora que lleva tres años trabajando en la cuestionada casa de estudios.

Una de las razones por las que la CNA negó la acreditación a la universidad fue justamente la alta tasa de deserción de alumnos.

En diciembre del año pasado, la comisión decidió no certificar a la universidad, argumentando que ésta tenía “falencias muy significativas” que lo impedirían. Sin embargo, luego de dos apelaciones, el Consejo Superior de Educación (CSE) le concedió el título el 3 de abril de este año. Dos meses después, Julio Castro, jefe de la División de Educación Superior del Mineduc al momento de la acreditación y encargado de reemplazar a la ministra en el CSE, asumió como asesor educacional de la casa de estudios, mientras Paulina Dittborn, vicepresidenta del CSE hasta la semana pasada, asumirá como rectora de la Universidad de Las Américas el 1 de agosto. Esta situación, sumada a los argumentos de la CNA sobre la gestión institucional y docente de la casa de estudios, pusieron un manto de duda sobre la acreditación.

“Si hay duda habrá que hacer la investigación que corresponda. La única forma de que el sistema se prestigie es que sea impecable. Por lo tanto, si ha habido algún error, eso tiene que corregirse no sólo para este caso, sino que para todos”, aseguró la ministra de Educación, Mónica Jiménez.

SESIÓN ESPECIAL

Pero el signo de interrogación ya se instaló. Son los mismos profesores los que dan ejemplos de la mala calidad de la universidad en la que trabajan. “No hay gente de prestigio, de alto nivel. Falta rigurosidad académica para aceptar a los profesores”, asegura un docente, quien agrega que todo se define a través de la amistad y los lazos familiares. Por ejemplo, en la Facultad de Educación hay tres profesores con los apellidos Bruna Donoso: Ana María -la decana-, Ricardo y Saturnino. Asimismo, la directora académica de la Facultad de Humanidades y jefa de la carrera de Educación Parvularia, María Luz Cano, tiene a su hija, María Soledad Villate Cano, haciendo clases.

Hay profesores que han pataleado dentro de la universidad, pero les ha ido mal. “Todo se deja hacer y a los profesores que alegan les quitan los cursos o los echan”, asegura un docente crítico, pero que mantiene silencio en los pasillos de la universidad para no sufrir la suerte de algunos de sus colegas.

Los docentes tienen su esperanza puesta en el Parlamento. La comisión de Educación de la Cámara de Diputados realizará una sesión especial, el martes 29 de julio, para analizar la situación de la acreditación de la universidad. Además, el presidente de dicha comisión, Manuel Monsalve (PS), anunció que un grupo de diputados presentará un proyecto de ley que evite que miembros de la CNA o del CSE ocupen cargos directivos en universidades. “Es el momento oportuno para investigar”, comenta un académico. LND

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