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MAPU, Historia: Gobierno UP y quiebres 1971-1973… (Cuarta Parte)

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AMBROSIO1 por Cristina Moyano, Dra. en Historia

Capitulo 4:

Gobierno y quiebres 1971-1973. MAPU: el partido “que nació a caballo”

La formación de la izquierda cristiana y la primera fractura del MAPU: la oportunidad para definir la identidad marxista.

Ampliamente cubierto por El Mercurio, el conflicto desatado en la mitad de 1971 mostraba, según el periódico, las tensiones insalvables e irreconciliables, en el largo plazo, de la compleja convivencia entre marxismo y cristianismo.

La idea de que el marxismo y el cristianismo podían convivir de manera armónica y potenciarse mutuamente se termina abruptamente con la creación de la IC y la salida de los parlamentarios del MAPU, principales líderes en los primeros meses de actuación del partido, cuestión que será sobredimensionada por la prensa de derecha. Sin embargo, cabe mencionar que la formación de la Izquierda Cristiana no se debe a dichos parlamentarios, sino que a un conflicto que cruza a la DC y el sector tercerista que decide quebrar con dicho partido ante el fracaso de reformar por dentro la colectividad de la flecha roja y avanzar en un proceso de profundización de las reformas sociales y económicas prometidas bajo el lema de la “Revolución en Libertad”.

El conflicto por la definición ideológica al interior del MAPU comienza a hacerse más agudo en el mes de agosto de 1971, días previos a la inscripción formal de la colectividad en el registro electoral. Dada la importancia que tenía el hecho de convertir al MAPU en un partido, con todas las de la ley, las pugnas internas se hicieron cada vez más visibles. La nueva colectividad debía tener una ideología clara y definida y en ese ámbito parece que la opción de Rodrigo Ambrosio, Secretario General por esos años, de definirse como partido marxista, excluía la posibilidad de mantener el ideal cristiano.

Así lo expresaba una carta enviada por Jerez, Gumucio, Silva Solar y Chonchol a Ambrosio el 25 de mayo de 1971, en donde conminan al Secretario General a “abordar y resolver seriamente el problema de su ideología”. En dicha carta los viejos fundadores del MAPU enfatizaban que “para algunos, entre los que nos encontramos, somos una fuerza dentro de la izquierda, destinada fundamentalmente a ser cauce para aquellos que siendo de formación o tradición cristiana, se sienten comprometidos en un frente político y con un programa común para la fuerzas populares, fundamentalmente de formación marxista, para impulsar juntos el cambio revolucionario de la sociedad y construir en Chile una sociedad socialista… para otros, por ejemplo para muchos jóvenes del MAPU y para usted mismo, compañero Ambrosio, somos un partido leninista. Con ello deja atrás lo planteado en el principal documento teórico del movimiento que al formarse el MAPU señaló que éste hacía suyos “los valores revolucionarios que el cristianismo como fuerza cultural incorporó al mundo”.[1]

Se planteaba en esta carta que el MAPU se encontraba perdiendo la fuerza potencial, que los viejos fundadores creían tenía la nueva colectividad de izquierda. Ese elemento de identidad y que según ellos ampliaba las bases de la UP al incluir el elemento cristiano al ideario popular y revolucionario, que en nuestro país estaba articulado básicamente en torno a los partidos que se habían declarado marxistas, se abandonaba para constituirse en un partido más de la izquierda ya existente. Según los mismos parlamentarios “respetamos plenamente al cristiano que milita en un partido marxista. Nos parece una opción legítima. Pero creemos que la incorporación masiva de los sectores populares cristianos a la lucha por la construcción socialista requiere de un cauce político que les sea más accesible, y eso es a nuestro juicio, una izquierda de inspiración cristiana… que tome su puesto en la tarea de transformación revolucionaria de la sociedad junto a los comunistas, socialistas, radicales y toda la izquierda.”[2]

Sin embargo, la misiva junto con enfatizar que la opción por el marxismo leninismo dejaría fuera a un importante contingente de personas cuya identidad popular no estaba afianzada en esa ideología, también dejaba ver, entrelíneas, que la definición teórico-ideológica estaba cruzada por un conflicto generacional. Los parlamentarios señalan que son los más jóvenes los que mayoritariamente abogaron por esta definición ideológica y entre ellos se encontraba Ambrosio y la gran cantidad de militantes que provenientes de la tradición cristiana necesitaban definirse como marxistas, quebrando sus lazos con el pasado, construyendo una nueva identidad.

Finalmente la apuesta de los jóvenes no estará en aportar a la izquierda una ideología distinta, sino que una forma de poner en práctica esa ideología, una nueva forma de hacer política, que requería precisamente de cortes y rupturas con aquellos sectores tradicionales y que en el MAPU representaban los más viejos, aquellos para quienes el peso de la cultura política adquirida en la Democracia Cristiana no podía ser arrancada de raíz.

De esta forma la constitución de la Izquierda Cristiana, aún cuando se propusiera básicamente herir a la Democracia Cristiana, terminaría también hiriendo al MAPU, toda vez que la base militante y el ideario eran bastante comunes. Es por eso que los intentos públicos de Ambrosio se encuentran abocados a construir una imagen del MAPU como partido tolerante donde todos tienen espacio para hacer política, tratando con ello de mantener esa duplicidad que le daba la importancia política a la colectividad. Ambrosio señalaba que en el MAPU tenían un espacio de participación todos los que quisieren adherir a su propuesta, ya que esta colectividad era “pluripartidista no sólo como actitud, sino que como una forma de vivir y actuar”[3].

Mientras Ambrosio intentaba mantener esta imagen del MAPU para evitar que otros militantes salieran de la colectividad, la Izquierda Cristiana en sus declaraciones públicas enfatizaba la imposibilidad de que convivieran en la misma colectividad marxistas y cristianos. Las palabras de Luis Maira, líder fundador de la IC, eran bastante claras cuando argumentaba que “no polemizará con el MAPU, por cuanto los diferencia la matriz ideológica, los primeros son cristianos y los segundo de inspiración marxista”[4]. Con ello Maira zanjaba la discusión al afirmar que los cristianos revolucionarios están en la IC, los marxistas en las otras colectividades.

Para la prensa de ese entonces, el conflicto desatado con la formación de la IC viene a poner en juego la base de apoyo a la Unidad Popular. Para el Mercurio por ejemplo, la formación de esta nueva colectividad no aumenta el apoyo al gobierno de Allende, sino que divide el ya existente. Según este periódico la IC permite simplemente que los cristianos del MAPU formen su propia colectividad, dejando de convivir con los marxistas. Eran los mismos, no aumentaron, solo se dividieron, era la conclusión del periódico.

Al mismo tiempo, El Mercurio señalaba que el MAPU “al perder su identidad inicial cristiana, socialista y revolucionaria deja(ba) de ser atractiva, para convertirse en un partido leninista más que no le aporta(ba) pluralismo a la U.P[5]. Resaltaba también el periódico, para fundamentar esta idea, las palabras con que Narciso Irureta, militante de la DC analizaba el conflicto, esgrimiendo que la formación de la IC y la aparente crisis que generaría en la DC era simplemente una “estrategia para tapar la crisis de la UP”[6].

De esta forma tanto el periódico El Mercurio como la Tercera, enfatizaron la creación de la Izquierda Cristiana como un conflicto que si bien se inicia en la DC, termina afectando también al MAPU y las bases de apoyo de la Unidad Popular. Dicho enfoque, sin embargo, quedaba matizado con la forma en que se cubrió el nacimiento de la nueva colectividad política por los periódicos El Siglo y El Clarín. En estos últimos periódicos, el conflicto parecía solo rozar al MAPU, planteandose como clave el problema del debilitamiento estructural de las fuerzas demócrata –cristianas, causado por un descontento militante ante el comportamiento de las cúpulas partidarias, bastante alejado de las promesas de cambio social y de construcción de una sociedad comunitaria, que hicieron atractivo a dicho partido formado hacia fines de los años 50.

Dentro de este conflicto político, el 12 de agosto de 1971 el MAPU se inscribió como partido formal ante el registro electoral. Avalan su inscripción 34.000 firmas, de las cuales ya habían renunciado el 6 de agosto, los líderes más visibles en los primeros meses de existencia del Movimiento de Acción Popular Unitaria. No estarían en el “MAPU partido” ni Chonchol, ni Jerez, ni Gumucio, ni Silva Solar.

Sólo dos días después de la inscripción de la colectividad, Ambrosio aceptó la renuncia de los antiguos militantes y en una declaración pública afirmó que “la declaración de los renunciados envolvía una paradoja, porque mientras por un lado se integraban a un nuevo cauce revolucionario, desvalorizaban al mismo tiempo la multiplicidad de caminos que tienen los cristianos para trabajar por la revolución[7]. En forma similar, en una carta de la comisión política del MAPU hecha pública el 17 de agosto del año 1971 se argumentaba que el MAPU aceptaba la renuncia de dichos militantes, pero sin comprender la estrechez de visión de los parlamentarios, que no les permitía entender la posibilidad de que un cristiano milite en un partido sin ideología cristiana y de izquierda[8].

La “estrechez de visión” que los miembros de la comisión política del MAPU destacaron como argumento a la renuncia de estos militantes ex rebeldes de la DC, estaba referida también a otro elemento que sobresaltaron en la misma carta, referida a la profunda crítica sobre la forma tradicional de entender y practicar la política, tal como estos lo habían hecho en su partido originario. Los jóvenes del MAPU enfatizaron así, que el problema no era sólo ideológico-doctrinario, sino que contraponía dos formas de pensar y actuar la política, antagónicas tanto en el sentido ideológico así como en el sentido generacional.

La prensa de la época destacó esos elementos y contrapuso de manera más evidente la aparente incongruencia entre marxismo y cristianismo. De hecho una tira cómica que aparece en el Mercurio muestra al MAPU como un partido atropellador e intolerante, tratando con ello de estigmatizar un dogmatismo exacerbado del marxismo, que no se condice con los postulados expresos en los documentos políticos de la colectividad, donde ellos argumentaban que el marxismo era simplemente una herramienta de análisis de la realidad social y no un dogma incuestionable. En la tira cómica, aparece el sacerdote jesuita Gonzalo Arroyo, destacado militante del MAPU, pescando con un anzuelo dos peces que tienen escritos en sus vientres marxistas y cristianos, bajo los pies del sacerdote aparece escrito: ¡ Se desbordó el arroyo!.

De esta forma, la primera ruptura del MAPU comenzó a configurar de manera más expresa elementos de su propia cultura política. La intensidad puesta en la definición doctrinal inicial era interesante porque llevaba a la colectividad a expresar de manera pública cuál sería su manera de relacionarse con el marxismo. Aquí aparece, por lo tanto, un elemento que será importante no sólo en esos momentos, sino que más tarde dentro del proceso de renovación socialista. El MAPU entenderá el marxismo como un instrumento de análisis de la realidad social, sin dejar de lado otros elementos que permitieran adentrarse en una comprensión más profunda de lo social. Lo importante para ellos era generar una nueva forma de ver la política, donde el análisis coyuntural y estructural de la realidad chilena se volviera clave para definir la acción de los militantes. El estudio y por lo tanto una construcción más “profesional” de la política fueron elementos que van configurando la novedosa cultura política del MAPU.

Junto a lo anterior, otro elemento que va demostrando este quiebre, era una forma de militancia política que va poniendo en jaque la diversidad dentro del partido. Si bien Ambrosio en forma permanente tratará de postular que un elemento importante que aporta el MAPU a la izquierda es la posibilidad de que coexistan y convivan dentro del partido distintos actores y distintas posturas sobre lo que se entiende por socialismo y marxismo; en la práctica la militancia cotidiana, tan mezclada con el compromiso personal, la ética y la moral del militante, va imposibilitando que permanezcan en la colectividad grupos demasiado diversos. De allí que la historia de este período fundacional tenga dos quiebres importantes en un corto período de tiempo: el que acabamos de relatar y el que se irá produciendo hacia el año 1972 y que terminará por quebrar públicamente al MAPU en marzo de 1973. Esto quedará graficado de manera metafórica en un dicho atribuido a Ambrosio y recordado en la prensa por Oscar Garretón, a raíz del quiebre del año 1973: “El partido nació a caballo… de allí que no temamos a los corcoveos”[9], haciendo referencia a las turbulencias en las cuales nació y se desarrolló el MAPU en sus cortos años de existencia.

El MAPU y “la colaboración crítica” con el gobierno de la Unidad Popular.

Tal como expresamos en el capítulo anterior, el MAPU nació como colectividad para posibilitar la unión de la izquierda con miras a la elecciones de 1970. Así, una vez que Allende triunfó, el MAPU debió articular un nuevo discurso que justificara su existencia en la arena política, cuando ya se había alcanzado el objetivo fundacional.

La participación en el gobierno de la Unidad Popular conllevó al MAPU a una definición doctrinal importante que fundamentó el primer quiebre antes relatado. En forma paralela, puso a los jóvenes militantes a diseñar una estrategia de participación en el recién formado gobierno, participación que podemos definir de “colaboración crítica”.

Dicha colaboración crítica se caracterizará por el aporte de importantes cuadros técnicos en la administración del Estado. Es en esa esfera donde comenzarán a aparecer en la prensa los nombres de los militantes que hasta nuestros días son asociados al MAPU. Importantes cuadros del MAPU fueron las figuras de Oscar Guillermo Garretón[10] en la subsecretaría de Economía, quien más tarde será reemplazado por Fernando Flores[11]; José Antonio Viera Gallo[12] en la subsecretaría de Justicia, otras figuras en la CORFO como el mismo Flores o Francisco Gonzalez[13]; interventores de empresas pasadas al área de propiedad social[14], o dentro de la misma área económica y financiera, personas como Jaime Estévez, por ejemplo.

De esta forma el MAPU entregó a la gestión administrativa del gobierno de Salvador Allende importantes cuadros técnicos[15] compuestos por militantes jóvenes, con preparación universitaria y que a temprana edad se encontraban ejerciendo importantes cargos en la administración del Estado[16]. Sin embargo, esta participación en la administración no estuvo exenta de críticas a la gestión del gobierno. Así mientras algunos cuadros participaban de la construcción de la sociedad socialista desde el Estado, también coexistieron en el MAPU cuadros militantes[17] que articularon duras críticas a dicho proceso, referidas tanto a la rapidez como a la profundidad de las transformaciones.

Junto a este cuestionamiento coexiste otro referido al lugar desde es necesario construir el poder para llegar a la sociedad socialista. Un grupo importante de militantes del MAPU básicamente agrupados en el Regional de Concepción, Valparaíso y el Regional Sur de Santiago comenzaron a adherir a la propuesta de que era necesario “crear poder popular” y que por lo tanto, la participación en el Estado era una cuestión menor, razón por lo cual el partido debería concentrarse en el trabajo con las masas y desde las masas.

De esta forma parte importante de la crítica que un sector del MAPU hizo al gobierno de Allende, se realizó desde el lugar que cada militante ocupa en la sociedad. En otras palabras, el MAPU durante ese período reúne en su critica elementos visibles de la práctica política – administrativa, generadas a raíz de lo que sus propios militantes realizan. Esto es importante, por cuanto la crítica del MAPU no es solo doctrinaria, sino que también práctica, derivada de su propia participación y experiencia, cuestión que lo diferenciaba del MIR, por ejemplo.

Los cuadros técnicos de MAPU que ocuparon puestos estratégicos, fueron generando una particular forma de entender el proceso de construcción del socialismo. Su aporte crítico o de colaboración se hizo desde la perspectiva profesional administrativa donde actuaban, haciéndose cada vez más partidarios de fortalecer el poder del Estado, desde donde entendían debía dirigirse el proyecto de construcción de una sociedad socialista. De allí que el MAPU apareciera como un actor importante en el proceso económico, tanto en el sector industrial – empresarial como en el sector agrícola, ya que fue a través de su acción en la subsecretaría de economía, en la CORFO o en INDAP desde donde hablaron sus cuadros a la prensa de la época. Es por eso que una primera forma de aparición del MAPU en la prensa tuviera un corte asociado al trabajo programático, profesional y administrativo; es decir, sus actuaciones públicas estaban en estricta relación con su actuación en el gobierno.

De la acción gubernamental por lo tanto, el MAPU aprovechó los espacios para comunicar su propia idea de socialismo y de nación chilena, quedando claro que la opción del proyecto socialista debía partir de una acción práctica que evidenciara un real conocimiento de nuestra sociedad. Este elemento era válido tanto para quienes eran más partidarios de fortalecer el movimiento popular, como para quienes eran más cercanos a la idea de fortalecer el poder del Estado y potenciar el proyecto de la UP dentro del marco institucional.

Entre 1970 y fines de 1971, el MAPU planteó la línea de colaboración crítica hacia el gobierno de la UP, cuestión que en la práctica se tradujo en una militancia ordenada y disciplinada de apoyo a la gestión gubernamental con sus cuadros técnicos, dirigiendo sus principales críticas a la Democracia Cristiana, al imperialismo y a la oligarquía patronal chilena. Estos últimos focos de ataque fueron recurrentes en casi todos los partidos de la U.P, aunque el conflicto con la DC fuera más patente en el MAPU, en su afán permanente por diferenciarse de su partido original. Las tensiones internas entre los dos grandes grupos que hemos destacado, sólo asomaron en la prensa y no lograron constituir un elemento distintivo de la colectividad.

En ese período y bajo la conducción de Rodrigo Ambrosio, el MAPU se dedicó en conjunto con las labores administrativas y ejecutivas, a crecer como colectividad. Para esta última tarea, situó como elementos centrales de su trabajo el frente de masas, donde la colectividad tuvo importante participación sindical (CUT)[18], así como en las Federaciones Universitarias de Estudiantes, donde el MAPU logró bastante presencia, y en el sector campesino cuyas bases populares fueron efectivamente la gran base social de apoyo al partido junto a los estudiantes y algunos dirigentes del movimiento de pobladores. El sector campesino de apoyo del MAPU, se le debe al trabajo proveniente de la Democracia Cristiana, con figuras importantes como Jacques Chonchol y que continuaron militantes destacados como Jaime Gazmuri, por ejemplo. Las conexiones de la DC en el sector campesino a través de la creación de INDAP y la CORA en el contexto de la Reforma Agraria del gobierno de Frei Montalva, fueron generando condiciones positivas para que una vez producido el quiebre, el MAPU mantuviera dichas conexiones, que de modo general era un espacio poco visitado por la izquierda tradicional.

El trabajo de base y de proselitismo que se realizó en el contexto de la Reforma Agraria, por figuras del aparato DC del departamento campesino y que más tarde migraron de manera masiva al MAPU, posibilitó a esta colectividad heredar un espacio de influencia nuevo y que se encontraba tradicionalmente en disputa por el centro político y la derecha.

Las influencias del MAPU en otros sectores sociales, como el movimiento obrero más clásico (industrial o minero, por ejemplo) fueron más reducidas. Se puede inferir por tanto, que su capacidad de disputa de los viejos nichos fue bastante escasa, ya que el MAPU no concitó mayor atractivo para los viejos dirigentes sociales que se sentían mucho más identificados con los postulados y los estilos políticos de comunistas y socialistas.

Sin embargo, donde el MAPU logró importantes apoyos fue en aquellos sectores sociales y económicos más nuevos y que emergieron en el proceso de modernización iniciado con los radicales. La ampliación importante del sector servicios en la economía proporcionó un nicho no explorado por los partidos tradicionales, compuesto por personas jóvenes, sin militancia previa reconocida, con algunos grados mayores de preparación educacional, para quienes el MAPU aparecía como una fuerza novedosa y atractiva.

De allí que una de las labores importantes de esta colectividad, junto al trabajo tradicional en el frente de masas, se concentró en buscar “los mejores” cuadros técnicos, para ocupar lugares del aparato gubernamental y aumentar en conjunto, su dotación parlamentaria. Esto último se debía realizar con suma urgencia, por cuanto si bien el MAPU nació como colectividad teniendo cinco parlamentarios, al momento de la fundación de la I.C se quedó sin ninguno. De esta forma, el registro de la prensa nacional va mostrando cómo esta colectividad que si bien era un grupo “minúsculo” o diminuto como lo definía el Mercurio[19], fue haciéndose cada vez más importante en la gestión gubernamental, así como en lugares visibles del movimiento estudiantil, de trabajadores y campesinos.

La concentración en estos dos frentes de trabajo permite graficar su concepción del poder y la política. De acuerdo con la prensa, el MAPU concentró su trabajo partidario en aumentar sus bases sociales de apoyo así como en aumentar sus cargos en el Estado. De allí que los MAPUS aparecieran en la prensa de la época enfatizando el objetivo de ayudar a construir un puente entre el movimiento social y el político, de manera que el primero pudiera efectivamente convertirse en un actor con capacidad autónoma de participación en la construcción de la sociedad socialista. Sin embargo, los grados de preparación que el MAPU privilegiaba para participar de la administración, terminaban generando una exclusión efectiva de todo aquel militante que no pudiera colaborar técnicamente en dichas tareas. Por ello, que la configuración pública de esta colectividad esté concentrada en figuras provenientes del ámbito profesional universitario y no existen militantes conocidos (o al menos recordados por la prensa) que pertenecieran a otros ámbitos de la vida social o económica de nuestro país.

Esto último se hizo más visible en el período de la dirección de Ambrosio, quién terminó por sistematizar esta conexión entre lo social y lo político, en su teoría de los “dos filos”. En dicha “teoría” se esbozaba que era necesario que los MAPUS estuvieran presentes tanto en el aparato del Estado como en los movimientos sociales, porque el partido debía ser entendido como el vehículo que permitiera conectar estos dos espacios, que según su crítica a los partidos tradicionales, permanecían desconectados. De allí que mientras se pretendía crecer en la esfera social, participando en la CUT o ganando federaciones de estudiantes (secundarias y universitarias), también se abocaran a decidir racionalmente en qué ámbitos del Estado les parecía adecuado participar para seguir creciendo orgánicamente y ganando influencia en las bases sociales. Sólo en este sentido, el MAPU suponía se podía construir hegemónicamente un proyecto socialista. Sin ambos frentes ocupados y conectados, la disociación entre lo político y lo social se mantendría.

Para muchos esta teoría y este espíritu que nutrió la forma de participación del MAPU en la UP, era una simple forma de ocultar “artificiosamente” una intensa vocación de poder de quienes participaban en dicho movimiento. Críticos del MAPU veían en esos años, que esta colectividad era usada como trampolín social y económico para hombres y mujeres que aspiraban a participar de las labores del Estado y tener un trabajo estable y remunerado[20].

Sin embargo, esta crítica no era una prerrogativa exclusiva de los partidos opositores a la UP, sino que también generó conflictos al interior del MAPU. El 18 de diciembre de 1971, se realizaba en Santiago el 4° pleno de la Directiva Nacional del MAPU, cuyo objetivo central era “realizar un balance realista, crítico y autocrítico del primer año de gobierno; diseñar las grandes tareas de gobierno y del partido para el año 1972 y hacer una revisión autocrítica del funcionamiento del MAPU, su desarrollo en las masas y su funcionamiento en el gobierno”.

En la recurrente y permanente autocrítica que realiza el MAPU de su actuación[21], se van delineando claramente dos corrientes internas que comenzarán a tensionar la militancia interna. Por un lado, la corriente partidaria de acentuar el trabajo en las masas y en los movimientos sociales y que proponía una proletarización del partido y de sus militantes, criticando la preocupación dirigencial de nutrir con cuadros técnicos al aparato de gobierno. Dicho sector planteaba como tarea urgente la necesidad de articular los Comités de Unidad Popular, concebidos como “el mejor vehículo de comunicación entre el gobierno y las masas”[22], evitando la desmovilización que según ellos se estaba generando con la excesiva burocratización en la que había caído el gobierno de la UP. Ante ello, este sector era también partidario de unirse con el MIR y con el PS para aumentar la movilización y tensionar la estructura oficial (régimen político constitucional), permitiendo así acelerar el proceso de transición hacia el socialismo, configurando además lo que más tarde se conocería con el nombre del Polo Revolucionario.

Por otro lado, se delineaba el sector partidario de mantener puestos importantes en el aparato del Estado y en el Parlamento, por cuanto entendían que no sólo era importante contar con apoyo de masas sino que también contar con las herramientas que el poder institucional establecía como válidas para realizar las transformaciones hacia el socialismo. Aunque ambas corrientes terminaban en el mismo objetivo, las tensiones y las críticas que ambos sectores comenzaban a hacerse se volvieron cada vez más fuertes.

Sin embargo, las resoluciones del 4° Pleno del MAPU estipulaban que las tareas para el año 1972 serían las siguientes: “lucha antiimperialista, expropiación de todos los monopolios, acelerar la Reforma Agraria, ganar la batalla de la producción, ganar a los medianos y pequeños empresarios, organizar el abastecimiento, incorporar a las masas a las instancias de poder, recuperar la iniciativa en el terreno ideológico, preparar la batalla por el Parlamento y mejorar los métodos de dirección en la UP y el gobierno”[23]. Estas tareas trataban de unir ambas posturas dentro de la colectividad, estableciéndose bajo la dirección de Ambrosio que no había una incongruencia en ellas, y que el MAPU debía dirigir sus acciones tanto a la esfera social como a la esfera estatal y administrativa. Para Ambrosio tensionar ambas acciones, terminaría disolviendo la potencialidad del MAPU dentro de la UP y por lo tanto, haciendo a este partido inoperante y prescindible dentro de coalición de gobierno.

Mientras el MAPU se concentraba en estas labores de construcción de una identidad ideológica, el resto de la Unidad Popular, sobre todo el PC y un sector del Partido Socialista (sector moderado, liderado por Clodomiro Almeyda), encabezados por la figura del Presidente Salvador Allende, veían que el MAPU gastaba demasiado tiempo en discusiones fútiles, por cuanto su potencialidad como colectividad había sido zanjada en el momento de su creación.

Según la carta que Allende le envío a Rodrigo Ambrosio, disculpándose por no estar presente en la clausura del 4° Pleno, el Presidente enfatizaba que la incorporación del MAPU a la UP era una muestra “de pluralismo ideológico y verdadera democracia, cristianos, laicos y marxistas hemos volcado en un programa de gobierno, cuyas primera etapas ya hemos cumplido y seguiremos cumpliendo inflexiblemente. Así estamos haciendo la Historia.” Continúa más adelante Allende, diciendo que “tenemos que demostrarle a estos chilenos que están equivocados y que aquellos que son cristianos se convenzan que nadie que considere al cristianismo como eje central de su existencia puede ser adversario nuestro. No hay nada de lo que el gobierno popular construya que no pueda contar con la adhesión y participación de los discípulos del carpintero. Aún por sobre los errores que podamos cometer, porque es ese también uno de los riesgos de la revolución chilena, que no se sujeta a ningún modelo extraño a nuestra nacionalidad. Para un auténtico cristiano tales riesgos no deben constituir una valla, sino un estímulo para una sociedad sin explotadores ni explotados.”[24]

Allende termina dicha carta, diciéndole a Ambrosio que el MAPU ha ocupado, en el sentido antes descrito, un lugar de vanguardia, como incentivo para zanjar la discusión que se volvía cada vez más visible dentro de la colectividad y se decidieran de manera definitiva por una colaboración “inrrestricta” (y no crítica) al gobierno, dada la tenaz oposición que tenía en su contra.

De esta forma, mientras Ambrosio y sus correligionarios gastaban horas tratando de construir una identidad y un estilo político propio, Allende les reforzaba la imagen cristiana. El gran aporte del MAPU, según el sector de la izquierda que el Presidente representaba, estaba puesto en la integración de un sector social e ideológico que antes escapaba a la izquierda tradicional. Sin embargo, el cristianismo no era para el MAPU carta de nada, ni señal de identidad y menos de una cultura política en particular. A los hijos de Ambrosio esto ya les parecía un “karma”, que les recordaba permanentemente el pecado original y se esforzaron en construir un tipo de partido distinto en la izquierda, donde elementos no asociados al cristianismo les permitieran mostrar una identidad también distinta a su origen demócrata cristiano. Sin embargo, en ese esfuerzo se entienden los dos quiebres. El primero antes relatado y el segundo, que se gesta en la decisión definitoria sobre el MAPU, su carácter y objetivo político en la lucha por el poder y el socialismo.

Los signos públicos, que auguraron el segundo y gran quiebre del MAPU, se comienzan a visibilizar en los primeros días del año 1972 y se agudizan de manera profunda después del paro de Octubre del mismo año, mismo período en el que se realiza el II Congreso de la colectividad. La primera luz la daría la renuncia al partido hecha por entonces Intendente de Ñuble, Alejandro Bell. En su carta de renuncia este militante aduce como motivo de su accionar la disconformidad “en lo que se refiere a la relación entre el partido y el aparato de gobierno[25]. Bell, manifiesta que el Partido ha abandonado su quehacer social y que la actual directiva sólo está preocupada de la burocracia administrativa, ante lo cual aduce que el colectivo en el que milita ha perdido su norte y su sentido.

Otros de los puntos que hicieron pública la tensión al interior de la colectividad fue la discusión de la propuesta del MAPU de crear un “Partido Federado” que permitiera enfrentar de mejor forma las elecciones de mayo de 1973. Dicho partido pretendía concentrar las fuerzas de la UP, en un gran organismo disciplinado que permitiera por un lado contener las fuerzas que tendían a la dispersión y por otro lado, articular un discurso hegemónico y coherente que le diera una base de apoyo más sólida al gobierno de la UP. Sin embargo, si bien esta propuesta estaba liderada por la Dirección oficial del MAPU, existían algunos militantes del sector más radical que advertían que esta era una preocupación menor, ya que la gran tarea era hegemonizar el movimiento social, labor que permitiera constituir bases poderosas para oponerse con fuerza a la acción sediciosa de la oposición.

Las tensiones de este período estuvieron contenidas por la figura de Ambrosio, que constituía un liderazgo indiscutido dentro de la colectividad. Su gran preparación intelectual era reconocida por todos los sectores políticos, cuestión que generaba un respeto y admiración que permitía unificar cualquier disidencia en torno a su figura. Nadie dentro de la colectividad parecía querer ir en su contra[26]. Sin embargo, un suceso fortuito posibilitó que se dieran las condiciones para que las tensiones dentro del MAPU generaran el quiebre inminente.

El 19 de mayo de 1972, Rodrigo Ambrosio muere en un accidente de tránsito en Panamericana Norte, cuando el vehículo donde viajaba trató se sobrepasar a un camión que transportaba cemento. Le acompañaban ese día el más tarde electo vicepresidente de la CUT Eduardo Rojas.

La muerte de Ambrosio genera un descalabro interno, no hay un liderazgo claro que asuma su conducción. De manera interina, ocupará la Secretaría General del Partido el hombre de confianza de Ambrosio, Jaime Gazmuri. Sin embargo, las posiciones de éste último más distanciadas de los sectores radicales de la colectividad, condujeron a acelerar el conflicto, ante lo cuál el 24 de junio de 1972, el MAPU convoca al 5° Pleno, que presenta como objetivo examinar la situación política interna de la colectividad y del país.

Dicho Pleno tiene también como objetivo encubierto, parar la serie de renuncias masivas que a contar de mayo del año 72 se estaban produciendo en el partido, que enfatizaban que dicha colectividad “no había cumplido las aspiraciones de los trabajadores[27]. Según el periodico El Siglo, estos militantes habían migrado hacia el MIR[28]. Se comienza articular de forma cada vez más clara una vinculación fraccional entre un sector del MAPU y el MIR, así como con el sector del PS dirigido por Carlos Altamirano. El polo revolucionario que nunca se constituye de manera oficial, comenzaba a funcionar en la práctica desde mediados del año 72.

Bajo la conducción de Gazmuri, el MAPU va delineando sus posturas políticas y en las resoluciones del pleno antes mencionado, queda de manifiesto el gran apoyo que tenían las posturas más críticas al gobierno de la UP. Según las conclusiones plenarias, el MAPU enfatiza que el gobierno debe apresurar la constitución del área social de la economía, “la cuál deberá ser organizada como centro de dirección de la economía en conjunto, con plena participación de las masas en la política de distribución”[29].

En agosto de ese mismo año, Gazmuri debe enviar una carta al Presidente Allende donde se plantea “la existencia de serios problemas en la dirección de la UP especialmente en lo que se refiere a la movilización y participación de las masas”[30]. Así mientras Gazmuri es presionado por un sector del MAPU a plantear posturas cada vez más críticas al gobierno, por otra parte, el sector operativo interno manejado por los cercanos a dicho Secretario General eliminan del partido a los grupos más radicales. El quiebre por lo tanto se hacía inminente.

El violento quiebre: Se delinea una cultura política.

El 25 de mayo de 1972 Gazmuri es confirmado como cabeza del MAPU en su cargo de Secretario General y el 29 de ese mismo mes esta colectividad llamaba a acentuar el proceso revolucionario chileno. Sin embargo, cinco días antes de esta declaración “4 interventores del MAPU renuncian a sus cargos por no hacerse efectiva la participación de los trabajadores en la administración de esas empresas… Raimundo Baeza (uno de los interventores) argumentó que la UP no se había pronunciado sobre el traspaso de esas empresas al área social y dijo que la dirección del MAPU les había obligado a perseguir a los trabajadores adictos al Frente de Trabajadores Revolucionarios”[31].

Se va configurando así, a través de los escritos de prensa, un partido que aparecía divido en la práctica. Mientras por un lado la dirección aparecía liderando una crítica formal pero responsable al gobierno, los líderes intermedios y otros más visibles actuaban en otros frentes más radicales y para algunos de ellos, la colectividad ya no tenía razón de existir. Es necesario recalcar aquí que esta imagen de un partido fracturado, inorgánico y poco disciplinado era resaltada por la prensa de oposición a la UP. Así mientras el Mercurio y La Tercera enfatizaban las tensiones, El Siglo y El Clarín trataban al sector disidente a la dirección como grupúsculo que sufre de infatilismo político[32] y que sólo entorpece la conducción gubernamental.

Lo que queda claro a pesar de estas diferencias es que el conflicto al interior del MAPU adquirirá ribetes cada vez más violentos, caracterizando un estilo de hacer política donde la intransigencia y el desprecio por la colectividad y su orgánica van delineando un nuevo estilo político.

En la segunda mitad del año 1972 el MAPU continúa actuando en el frente social y en el gobierno. Así el 13 de julio de 1972, gana la segunda vicepresidencia de la CUT con Eduardo Rojas[33] y el 27 de julio manifiesta su acuerdo con la constitución de una Asamblea Popular en Concepción, cuestión que desata la ira del Presidente y del Partido Comunista.

El 4 de agosto del mismo año la dirección del MAPU es obligada, por el Presidente Allende a retractarse del apoyo a dicha Asamblea. Es así como una nueva declaración de la dirección consignó el “rechazo de las acciones espontaneístas y el intento de implantar el paralelismo en los poderes públicos[34]. José Antonio Viera Gallo, subsecretario de Justicia y militante del MAPU, acusa a los partidarios de dicha Asamblea de sufrir de infantilismo político, declarando que el MAPU no está por respaldar iniciativas que debiliten los poderes del Estado legítimamente consagrados por la Constitución[35].

Se va configurando así un estilo confrontacional de hacer política, donde la estructura partidaria parece más un espacio de ubicación y reconocimiento para el resto de los conglomerados políticos, que un espacio de actuación para los mismos miembros. La facilidad para que las posturas divergentes lleguen a la prensa y sean destacadas por ella, no manifiesta sólo el interés de la oposición por resaltar los conflictos, sino que la debilidad de la estructura orgánica del MAPU y los grandes márgenes de libertad dados para que cada militantes apareciera como voz valida del colectivo. También puede dar cuenta de las redes y contactos que los militantes utilizaban para hacer públicas sus divergencias. Así el partido parecía significar bastante poco cuando la disputa por el poder se hacía inminente.

Ante esta situación la colectividad podía fracturarse, tomar otro nombre o integrarse a otro colectivo, por cuanto eran sus militantes con sus particulares experiencias de vida los que hacían al partido, configurando un estilo personalista de hacer política, donde si bien se aceptaba al partido como institución legítima para alcanzar el poder político, también se demostraba que en la práctica podían existir otras formas igualmente válidas. Todo dependería del momento histórico y sus características.

El 2 de diciembre de 1972 se inició el II Congreso Nacional del MAPU que culminó el 7 del mismo mes. Dicho Congreso se realiza después de ocurrido el paro de Octubre, que deja a Allende y sus partidarios muy debilitados frente a la oposición. Desde sus inicios las voces que auguraban la división se hacían más fuertes. En este pleno el MAPU asume una identidad marxista leninista, renegando de cualquier otra influencia en la composición de su ideología. Se reniega por tanto del cristianismo o de la forma en que Ambrosio entendía el marxismo, es decir, esta filosofía pasaba de ser una herramienta válida para el análisis social a convertirse en un dogma.

Hacia el día 6 de ese mes, y en pleno desarrollo del Congreso las críticas a la directiva de Jaime Gazmuri eran cada vez más violentas. Dicho dirigente ya no podía jugar el rol conductor y ante ello se elige una nueva directiva que estaría compuesta por Oscar Guillermo Garretón como Secretario General, y como subsecretarios Eduardo Aquevedo (líder de la fracción más radical del MAPU) y Juan Enrique Vega (más cercano a las posturas de Gazmuri). Con dicha directiva a la cabeza, el MAPU da a conocer que en “el pleno general se aprobó la estrategia política en orden a aumentar la base proletaria de la UP y del propio MAPU, convirtiéndolo en un partido revolucionario”.

Con lo anterior se desliza la crítica interna tanto a la conducción del gobierno así como a la dirección de Ambrosio y Gazmuri, quienes no habían logrado aumentar considerablemente las bases del MAPU en los sectores proletarios del país. De hecho, los grandes apoyos provenían de estudiantes secundarios y universitarios, profesionales jóvenes, técnicos, campesinos y trabajadores del sector servicios y obreros de áreas de la industria más “moderna” (ej. Area metalúrgica). Sin embargo, en el mundo poblacional y en los obreros de la industria más clásica el MAPU tenía poca influencia real. Su estilo político no les era atractivo.

De esta forma con Garretón a la cabeza, el MAPU va articulando una línea de crítica pública al gobierno que va perdiendo la idea de colaboración manifestada en los inicios de la UP. Por ejemplo el 28 de enero de 1973, el MAPU plantea abiertamente una postura contraria a la propuesta del comunista Orlando Millas sobre el área de propiedad social y la posibilidad de coadministrar las empresas. Según la colectividad de la bandera verde “la creación y desarrollo multiplicado de organismos de base tales como las JAP y los Comandos Comunales, es decir, del control y poder revolucionarios de las masas, es el fundamento y la condición de la nueva política. Pues bien, el impulso de esta política por parte de la UP y del gobierno ha sido hasta hoy demasiado débil, casi inexistente”[36].

Sin embargo, pese a que esta era la declaración oficial de la colectividad, el 4 de febrero del mismo año aparecía Jaime Estévez apoyando la tesis comunista, avalada por Fernando Flores (como subsecretario de Economía, en reemplazo de O. Garretón quien era candidato a diputado por la zona de Concepción). Según Estévez “la única solución es el control del pueblo y del gobierno sobre la producción y la distribución[37]. Así nuevamente las opiniones de la directiva de turno eran desafiadas y desautorizadas por las voces disidentes.

La pugna anterior se da en el marco de la campaña electoral del año 73, que en marzo debía renovar el parlamento. De manera, los militantes del MAPU tuvieron que participar en una campaña electoral divididos de facto a partir de diciembre del año 72. Los resultados de dicha elección son bastante magros para la colectividad, obteniendo un 2,79%[38] de la votación, que correspondían a 101.987 votos. Ninguno de sus candidatos por la zona de Santiago, Carmen Gloria Aguayo (candidata a Senadora), José Antonio Viera Gallo (candidato a diputado por el primer distrito – Santiago) y José Miguel Inzulza (candidato a diputado por el tercer distrito – Santiago) resultaron electos.

Es más, si comparamos electoralmente el porcentaje de votación que había obtenido la DC en la elección de 1969, correspondiente a un 30,98% de la votación nacional, con el resultado obtenido por la misma colectividad en el año 1973, correspondiente a un 28,32 %; podemos decir que la DC sólo había disminuido un 2,66%, es decir, muy similar a los resultados de la cifra electoral obtenida por el MAPU cuatro años después. En la práctica, si sólo consideramos los resultados electorales, el MAPU era en 1973 lo mismo que pareció ser en el momento de su fundación: el grupo rebelde escindido de la DC. Sin embargo, dicha interpretación puede prestarse a errores, por cuanto el MAPU efectivamente había concitado nuevas adhesiones distintas del grupo original. ¿Dónde estaban esos votos entonces? Pareciera, que muchos miembros del MAPU votaron ya divididamente, manifestando la clara tensión entre las fuerzas más radicales y rupturistas de la UP y aquellas más gradualistas y cercanas al Presidente Allende.

En marzo de ese mismo año, Allende desesperadamente hace un llamado de atención a la dirección enfatizando que “El MAPU habla como si estuviera fuera de la UP”[39]. Con ello pretendía enderezar las torcidas filas, pero no lo consigue.

La mecha ya estaba encendida, solo cabía esperar el tiempo que demorara en tocar el explosivo para estallar definitivamente. Ese tiempo se acortó, ya que el 2 de marzo del año 1973, el Mercurio filtra un documento en donde militantes del MAPU afirman que el gobierno de Allende sólo tiene recursos económicos para mantenerse a flote hasta fines de abril. Este informe lapidario sobre el manejo económico, desató la ira del gobierno quien desconoció la validez del mismo. Se le calificó de falso y de errado. Los autores del documento del conflicto fueron Eduardo Aquevedo, Rodrigo González, Enrique Olivares, Kalki Glauser y Carlos Montes.

Mientras las críticas del grupo partidario de la tesis moderada, que a estas alturas funcionaba como aliado de las posturas del Partido Comunista, se volvían contra el Secretario General y su incapacidad de mantener la disciplina interna así como a la irresponsabilidad de los autores del documento, el Mercurio resaltaba la capacidad analítica de los cuadros del MAPU a quienes se les atribuía la autoría del mismo.

Según este periódico “en primer término hay que reconocer que el menos significativo numéricamente de los movimientos agrupados en la UP, es el que da muestras de abarcar con mayor conciencia la incapacidad con que actúan los organismos de la actual administración y de precisar las causas de su inefectividad. Esto podría explicarse por actuar en el seno del MAPU elementos capaces de tomar en sus manos los instrumentos de la teoría marxista y aplicarlos a la realidad política con mucha más conciencia revolucionara que las directivas de los partidos que aparecen como propietarios del programa socialista”[40].

Más allá de lo que expresa El Mercurio de los jóvenes autores del documento, que considerado en el contexto de fuerte oposición que este periódico realizaba al gobierno de Allende puede ser leído como un intento de enardecer los ánimos de la coalición gobernante, también es posible detectar la “valoración” que hace el mismo diario sobre los militantes del MAPU. En otras palabras, si le extraemos la intención política coyuntural al escrito periodístico, es posible encontrar una mirada importante desde la derecha hacia los militantes del MAPU.

Así, cuando el periódico enfatiza la idea de que en dicha colectividad es posible encontrar “elementos capaces de tomar en sus manos los instrumentos de la teoría marxista y aplicarlos a la realidad política”, da cuenta de la percepción que existía sobre los cuadros altamente preparados del MAPU. De esta forma, si bien El Mercurio afirma que este partido es el “menos significativamente numérico”, era a su vez y dada, sus condiciones profesionales, y por qué no decirlo también (aunque no lo exprese abiertamente el periódico), de clase, la colectividad más “certeramente” crítica de la UP. Esto permitiría esbozar que para la opinión de Derecha que representa el Mercurio, el MAPU aparecía como un partido altamente intelectualizado y crítico, dado el grado de preparación académica y profesional que tenía la mayoría (sobre todo la dirigente) de sus militantes. Lo anterior quedaría expresado, cuando el periódico afirma que esta colectividad es vista así en comparación con “las directivas de los otros partidos que aparecen como propietarios del programa revolucionario”.

De allí por lo tanto que para el sector de derecha que representa la opinión de El Mercurio, los MAPUS fueran visibilizados, identificados como un grupo o partido distinto de los que tradicionalmente habían existido en la izquierda. Uno de los elementos que los hacía aparecer atractivo para la época, era el alto grado de preparación con que contaban sus cuadros dirigentes. Jóvenes profesionales que ponían al servicio de la política y la conquista del poder, sus formaciones intelectuales y académicas. Representaban por lo tanto la combinación justa de idealismo revolucionario con el tecnócrata profesional que aporta desde su práctica.

Ante el lapidario documento que vaticinaba el fracaso de la política económica de la Unidad Popular, el gobierno exigió tomar sanciones contra los autores del mismo. Ante ello, la directiva encabezada por Garretón se negó aduciendo la libertad de expresión interna así como al carácter del documento. Según el Secretario General lo que había que juzgar era el por qué se había filtrado un documento que no tenía para nada un carácter público, y por ende, sus autores no habían cometido ninguna falta.

Sin embargo, el sector encabezado por Gazmuri, presionado por el Partido Comunista y Allende, pedían la cabeza de los autores. Ante la imposibilidad de llegar a un acuerdo, el día 7 de marzo del año 1973 el MAPU se divide. La división de esta colectividad cobra ribetes de excesiva violencia, que no sólo debe ser entendida en el contexto de polarización social que se vivía seis meses antes del golpe, sino que también debido a la forma y el estilo propio de la colectividad al momento de resolver conflictos.

En un acto que fue calificado por el Secretario General O. Garretón como un intento de autogolpe, Jaime Gazmuri y Fernando Flores, que mantenían el control de la Secretaria de Asuntos Especiales del MAPU [41](SAE) expulsaron a quince miembros de la colectividad entre los que se encontraban los miembros de la directiva E. Aquevedo y el mismo Garretón, entre otros[42]

Jaime Gazmuri se autonomina Secretario General subrogante, conformando una nueva directiva en conjunto con Fernando Flores, José Miguel Inzulza, José Antonio Viera Gallo, y Carmen Gloria Aguayo. Dicha directiva acusa a los expulsados de “realizar labores obstruccionistas debido a su carácter pequeño burgués” y califica la escritura y filtración del documento como “no sólo un atentado contra la disciplina del partido, sino además el hecho político más grave creado por grupos divisionistas desde que el partido fue formado por Ambrosio[43].

De esta forma, la división quedaba manifiesta con la constitución de dos directivas que se autoarrogaban tanto el nombre de la colectividad como la herencia de Rodrigo Ambrosio. En represalia a la expulsión hecha por la directiva de Gazmuri, el 9 de marzo Oscar Guillermo Garretón expulsa al sector conducido por Flores y Gazmuri, declarándolos fuera del partido y enfatizando que el MAPU es “un partido que nació a caballo, de allí que no temamos a los corcoveos”[44].

Así mientras el sector que decía mantenerse fiel al gobierno y a la vía institucional, dirigido por Gazmuri, afirmaba que “era necesario eliminar a los ultraizquierdistas del MAPU[45] y lanzaba proclamas varias por medio de la prensa, el grupo de Garretón buscaba apoyo en las otras colectividades de la izquierda para que reconocieran su dirección como la única legítima. El 15 de marzo tanto el Partido Socialista como el MIR afirman que el verdadero MAPU es el que conduce O. Garretón[46].

Así los registros de prensa que cubren el período desde la división hasta el día que el registro electoral dictamina que el único MAPU que existe legalmente es el que se quedó con la mayor parte de la directiva, es decir, el grupo encabezado por Garretón[47], van dando cuenta de la violencia que adquiere el conflicto entre los camaradas militantes.

El día 19 de mayo, fecha en que esta colectividad celebraba su fundación y conmemoraba la muerte de Ambrosio, se realizaron dos actos paralelos del MAPU. Dichos actos intentan apropiarse de la figura de Ambrosio como símbolo de identidad, de manera de dar continuidad con su pasado inicial. De allí que la figura de este personaje, reconocido como el fundador de la colectividad, fuera tan peleada por ambos bandos. Quién se apropiara de él pretendía erigirse como el grupo legítimo ante el resto de las colectividades políticas, así como ante el resto de los militantes disidentes.

Sin embargo, los grupos disidentes no sólo se pelearon la figura de Ambrosio, sino que la prensa de la época registró también violentos incidentes entre los militantes que se disputaban los bienes materiales de la colectividad, como los autos y las sedes del partido. El conflicto tomó ribetes de suma seriedad cuando detuvieron a dos individuos por homicidio frustrado en San Fernando[48], en una espiral de violencia, golpizas callejeras, intentos de incendio y acusaciones públicas varias.

Otra acusación que cayó sobre los militantes del MAPU, y que fue hecha por opositores a la UP, tuvo relación con el usufructo del estanco de autos, para la compra de dichas especies que tenían como destino la campaña electoral de marzo de ese mismo año. Sin embargo, a los autos se les suma la adquisición de camiones y de artículos de línea blanca, que poco tenían que ver con la campaña misma. Las acusaciones de corrupción recayeron sobre Gazmuri, quién terminó reconociendo el hecho. Sin embargo, el episodio fue rápidamente empañado por la espiral confrontacional que hacia fines de junio de 1973, auguraba la antesala del golpe de Estado.

Paralelamente a los conflictos internos que terminaron con el quiebre público de la colectividad, la tensión expresaba también un conflicto que cruzaba a toda la U.P. La existencia práctica del famoso polo revolucionario, compuesto por el MAPU, el MIR y el PS (dirigido por Altamirano), también se hizo pública con la famosa acusación por intento de sedición a la Armada. Dicha acusación recayó sobre Garretón (Secretario General del MAPU y diputado por la zona de Concepción) y sobre Carlos Altamirano en ese entonces senador y Secretario General del Partido Socialista, a quienes se les atribuye un ejercicio de inteligencia para tratar de configurar un grupo dentro de la marinería que estuviera dispuesto a realizar una especie de autogolpe interno, para desbancar cualquier intento de golpe al gobierno de Allende, así como de generar un compromiso directo de esta rama con el proyecto revolucionario más radical.

Paralelamente a lo anterior el 8 de agosto del año 73, El Mercurio publica “MAPU DE VALPARAISO CONTRA LAS FFAA”. Según el registro de prensa,”diez estudiantes universitarios y obreros, pertenecientes al MIR y al MAPU, fueron detenidos luego de ser sorprendidos repartiendo propaganda subversiva para las FFAA en los blocks de Carabineros”[49]. De esta forma al intento de infiltrar la Armada, se le acusa también a la colectividad de intervenir en Carabineros.

Estas acusaciones generarán la petición de desafuero parlamentario de Garretón y Altamirano el primero de septiembre de 1973, cuestión que es formalizada por la Corte Suprema el 3 de septiembre del mismo año. Según El Mercurio el desafuero es pertinente para investigar las numerosas “menciones en diversas declaraciones como “autores intelectuales” del intento de sublevación en la Armada por varios de los detenidos”[50].

La resolución definitiva quedó en suspenso… ocho días después acaeció el golpe de Estado y en la práctica tanto los cercanos a la conducción de Allende, como los sectores del “polo revolucionario” fueron los culpables de la crisis “social, política, económica y moral” por la que pasaba nuestro país, según los dichos de la Junta Militar que asumió el poder ese día 11 de septiembre. La historia final del MAPU quedaba trunca.

De esta forma, seis meses después de la división del MAPU, que condujo a sus militantes a un enfrentamiento interno desgarrador, acaeció el golpe de Estado del 11 de septiembre. Poco tiempo habían tenido ambas fracciones, la que mantuvo el nombre legítimo de MAPU y el grupo de Gazmuri y Flores que tomó el nombre de MAPU – Obrero y Campesino (MAPU-OC), para rearmarse como colectividad. Las disputas, la violencia interna, la ruptura de amistades y de vínculos internos, sumados al clima político nacional, terminó destruyendo la colectividad que había nacido en el año 1969 y que se había planteado como objetivo ser el puente conector para que los partidos de izquierda se unieran en una sola fuerza. De su objetivo inicial y fundador: “la unidad”, quedaban en septiembre de 1973 dos fracciones que simbolizaban una cultura política particular: la de los jóvenes de los años 60.

Los jóvenes militantes que aspiraban a la unidad de las fuerzas de izquierda terminaron fracturando su propia colectividad. El fuerte compromiso y la radicalidad de una cultura política que hizo de la militancia el aspecto más significativo de sus vidas, estructuró un tipo de militante donde la experiencia compartida y el poder terminaron siendo los elementos identitarios más fuertes.

Cuando el partido se fractura, ya no quedan más que los recuerdos y los símbolos. Cuando la violencia del golpe recae sobre los partidos políticos y la sociedad entera, no queda más que la lucha de resistencia atomizada. Sin embargo, para militantes que entendían que la política se podía hacer fuera del partido o de la institucionalidad partidaria, la desaparición del colectivo por la fuerza de los hechos represivos no era un golpe tan desastrosamente duro. La identidad MAPU podía permanecer en cada uno de sus militantes quienes eran en suma el partido, más allá de la estructura oficial que los cobijaba.

¿Cómo lo lograron? Creemos que aquí es necesario abordar las historias de vida y los relatos que cada uno de sus militantes puedan hacer de ese pasado fundacional y para ello ahondaremos en las memorias que de este momento histórico tienen algunos militantes políticos.



[1] La Tercera 7/08/1971.

[2] El Siglo, 7/08/1971.

[3] La Tercera 19/08/1971.

[4] La Tercera 19/08/1971.

[5] El Mercurio 5/8/1971.

[6] El Mercurio 15/08/1971.

[7] El Mercurio 14/08/1971.

[8] El Mercurio 17/08/1971.

[9] La Tercera. 9/03/1973.

[10] Ex gerente general de IANSA, y ex gerente del METRO y de Teléfonica, después del retorno a la democracia en Chile. Actual militante del Partido Socialista de Chile.

[11] También formó parte de los cuadros dirigenciales de la CORFO y actualmente es Senador de la República por la Región de Tarapacá.

[12] Actual Senador de la República, militante del Partido Socialista

[13] Ex director del INIA (Instituto Nacional de Investigaciones Agrícolas) y candidato a senador por La Serena, durante la UP.

[14] Es el caso de Juan Francisco Sanchez interventor de la fábrica Textil Yarur.

[15] Al respecto cuenta Ismael Llona en sus memorias: “Al gobierno van los buenos cuadros técnicos-políticos como Fernando Flores, el Dr. Juan Carlos Concha, Carlos Bau, José Antonio Viera-Gallo, Oscar Guillermo Garretón, Rodrigo Egaña, Eugenio Ruiz Tagle. También Nelson Avila, intendente de Aconcagua hace más de treinta años. Santiago Bell, Pancho Gonzalez, el Coco Echenique. Pepe Olavaria los coordina, desde el partido.

En la dirección del partido quedan los mejores “para la dirección de la revolución”: Ambrosio, Gazmuri, Correa, el chico Avila, políticos-técnicos, y sus acompañantes en la copol, la comisión política: Eduardo Rojas, Alejandro Bell, Pancho Geisse, Maria Antonieta Saa, Cesáreo Flores, Luchín Toro, Vicente Sota, Fránex Vera, Jorge Setz y el MC que serviría como MC y en agitprop.

Los compañeros de la Cono, comisión nacional de organización, el negro Santander, el chico Riveros, el gordo Perelló, que sufrió un ataque al corazón, y Pete el Negro, que se les murió de un ataque al corazón.” En Los Santos están marchando. Ediciones Off The Record, Santiago, 2006. Pág. 68-69.

[16] Por ejemplo Oscar Guillermo Garretón tenía 27 años al momento de asumir como Subsecretario.

[17] Es importante resaltar que las voces criticas también provenían de esos cuadros que participaban de la administración.

[18] Obtuvo la 2ª vicepresidencia en 1972 y ya la tenía desde 1970.

[19] El Mercurio 17/2/1972

[20] El Mercurio, 15 de agosto de 1971.

[21] Nos sorprende que en los pocos años de existencia de dicha colectividad, se hayan realizado 5 plenos y 2 Congresos orgánicos e ideológicos, que mantenían al MAPU en una actividad partidaria interna bastante intensa.

[22] La Tercera, 9 de Enero de 1971.

[23] El Mercurio, 19 de diciembre de 1971.

[24] Carta publicada en el Siglo, 20 de diciembre de 1971.

[25] El Mercurio, 21 de Enero de 1972.

[26] Ismael Llona recuerda en sus memorias sobre la figura de Ambrosio: ““El joven Lenin, que ya se había autodesignado, fue el designado. Su figura agradable, con cuidados bigotes debray, jockey escocés, pálido, manta gruesa y clara de mediano propietario agrícola; un discurso autodictado y leído en el aire o en el viento, atrayente por lo racional y lo verdadero: su pasión por la política como arte de dirigir para dirigir en el bien de los que estaban mal; su carácter aparentemente duro en el bien de los que estaban mal; su carácter aparentemente duro y aparentemente afable; su decisión de ordenar nacer, como diría Pablito, se impusieron entre sus pares.

Entre 1967 y 1970 trabajó sin descanso para construir partido, partido revolucionario; construir alianzas; construir ideas; construir programa; construir estrategias y tácticas.

Leía mucho pero tenía también quien le leyera y le formateara las fichas correspondientes; en Concepción, Eduardo Aquevedo; en Santiago, Tomás Moulián.

Escribía y para ello se apoyaba en Kalky Glausser. Corregía y corregía” “Con Ambrosio, el Mediocampista entendió que el cambio revolucionario en el que había soñado desde adolescente sólo se podía hacer desde el poder – que era bastante más que el gobierno – y que el poder había que conquistarlo – con el gobierno y desde el gobierno- con una revolución”. Llona, Ismael. Op. Cit. P. 64 y 65.

[27] El Mercurio, 24 de mayo de 1972.

[28] El Siglo, 25 de mayo de 1972. “Dirigentes del MAPU se pasaron al MIR: Seis dirigentes del MAPU, entre ellos el interventor de la industria SUMAR, Jaime Gre (sic) Zegers, fueron expulsados por la dirección nacional de esa colectividad. El informe emitido por ese organismo señala que la Comisión Nacional de Control y Cuadros de Infiltración y actividades fraccionales de dicho partido, los expulsó por oportunismo político, traición al partido, a la clase obrera y al pueblo”

[29] El Mercurio, 24 de junio de 1972.

[30] El Mercurio, 14 de agosto de 1972.

[31] La Tercera, 24 de mayo de 1972.

[32] El Siglo marzo de 1973.

[33] Este militante acompañaba a Ambrosio en el auto el día del accidente y pertenecía al sector más cercano a Jaime Gazmuri.

[34] Palabras de Jaime Suarez quien reemplaza como ministro del Interior al Socialista Hernan del Canto. EL siglo, 4 de agosto de 1972.

[35] La Tercera, 2 de agosto de 1972.

[36] El Mercurio 28 de enero de 1973.

[37] El Mercurio, 2 de abril de 1973.

[38] Base de Datos Políticos de las Américas. Universidad de Georgetown. http://www.georgetown.edu/pdba/spanish.html.

[39] La Tercera, 31 de marzo de 1973.

[40] El Mercurio, 2 de marzo de 1973.

[41] Dirigida en esos años por Gabriel Gaspar, actual Subsecretario de Guerra.

[42] Otros expulsados fueron Rodrigo Gonzalez, René Plaza, Gonzalo Ojeda, René Roman, Kalki Glauser, Francisco Ureta, Rodrigo Rivas, Fernando Robles, Luis Magallón, Alejandro Bahamondes, Carlos Pulgar, Leopoldo Vega, Alfonso Néspolo y Carlos Lagos. La Tercera, 8 de marzo de 1973.

[43] La Tercera, 8 de marzo de 1973.

[44] La Tecera, 9 de marzo de 1973.

[45] Palabras de Mario Montanari, en La Tercera 10 de marzo de 1973.

[46] La Tercera, 15 de marzo de 1973.

[47] Dictamen que tiene como fecha 2 de junio de 1973. Esto nutrió uno de los gritos de batalla del MAPU, y que se siguió usando en los años de dictadura: “EL MAPU es un solo y está con GARRETON”.

[48] El Mercurio 18 de mayo de 1973.

[49] El Mercurio, 1 de septiembre de 1973.

[50] El Mercurio, 3 de septiembre de 1973.

El capitalismo “desregulado” o “flexible” y las relaciones sociales. Entrevista a Richard Sennett.

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Entrevista a Richard Sennett, por C. del Olmo

En su último libro publicado en España, El respeto, habla usted abundantemente de su vida: del compromiso político de sus padres, de su infancia en un bloque de viviendas sociales en Chicago… ¿Contribuye de algún modo esa herencia a explicar la orientación o el enfoque de su trabajo teórico?

Mi padre y mi tío, que eran anarquistas, lucharon en la Guerra Civil española con el POUM, y su relación con España estuvo bastante circunscrita a Cataluña, y a Barcelona en particular. Cuando volvieron a Estados Unidos se encontraron con que allí a nadie le importaba la diferencia entre estalinistas, anarquistas y trotskistas y fueron catalogados, simplemente, como izquierdistas. De ahí parte la larga relación que tiene mi familia con España. Tras la muerte de Franco me quedé asombrado al ver que la mayor parte de los españoles de mi generación que conocía porque estaban exiliados en Nueva York, se convertían de pronto en alcaldes de ciudades como Barcelona. Uno de ellos, Narcís Serra, llegó a ser Ministro de Defensa. Me sorprendió mucho aquella brusca evolución. En cuanto a la relación de mi historia personal con mis libros, lo cierto es que si incluí en El respeto todo este material autobiográfico no fue para intentar explicar de dónde proceden mis teorías o, al menos, no fue exactamente por eso.

Pero, ya que estaba escribiendo sobre el respeto, esa relación tan básica para el buen funcionamiento de la sociedad, para el estado de bienestar y los pobres, pensé que sería más ilustrativo describirlo recurriendo a mi propia infancia que limitarme a teorizar. El respeto forma parte de una trilogía cuyo primer libro es La corrosión del carácter y que se completa con un ensayo que aparecerá próximamente en España: La cultura del nuevo capitalismo. Estos tres volúmenes forman una especie de ciclo en el que describo qué es el nuevo capitalismo centrando mi atención en el trabajo en el caso de La corrosión del carácter, en el estado de bienestar en El respeto y en la cultura en el que libro que está a punto de salir.

Resulta habitual que en los estudios sociales de los últimos años se mencione un cambio económico, político y social que habría tenido lugar entre finales de los sesenta y comienzos de los setenta, un cambio que se ha conceptualizado de maneras muy diferentes: capitalismo tardío, sociedad posindustrial, paso a un sistema de producción posfordista o a un régimen de acumulación flexible… En La corrosión del carácter también usted aludía a esta transformación citando algunos fragmentos del clásico libro de Piore y Sabel The Second Industrial Divide. ¿Cree que se trata de un cambio de gran calado o de una modificación superficial?

En mi opinión, se trata de un cambio profundo y estructural: el capitalismo ha entrado en una nueva era, que no se puede describir únicamente en términos de globalización. Se ha producido una transformación profunda en las instituciones y también en las expectativas que tiene la gente acerca de la relación entre la economía política y la cultura. En esta trilogía de la que hablaba he intentado demostrar que no estamos presenciando simplemente un fenómeno pasajero. Y no creo que la izquierda haya comprendido aún el calado de esta mutación, como no ha comprendido las profundas modificaciones que la tecnología está introduciendo en el sistema capitalista ni en qué medida esta tecnología se emplea para incrementar las desigualdades y la dominación. Si no tenemos en cuenta esta transformación nos limitaremos a mirar hacia atrás y a pedir que las cosas no cambien, como esos estudiantes franceses que se están manifestando porque quieren una seguridad que ya no tienen. No creo que ése sea un buen método para combatir este tipo de cambio. Cuando emprendí esta investigación sobre el nuevo capitalismo que me ocupa desde hace prácticamente quince años, casi todo el mundo identificaba lo que estaba ocurriendo con una nueva fase del imperialismo americano. Sin embargo, ahora vemos que los mismos cambios están teniendo lugar en China, en la India… Sería demasiado simplista decir que ya hemos visto antes lo que está ocurriendo allí.

Se trata de dos países extremadamente pobres que, de pronto, han alcanzado una posición de poder muy importante y están presenciando cómo en su seno se genera una profunda contradicción entre los nuevos tipos de clase media y la gente que se está quedando rezagada. No cabe duda de que éste es un cambio estructural producido, digamos, por la economía y no el resultado intencionado de las maniobras de Estados Unidos. Son temas importantes sobre los que es preciso reflexionar.

En sus ensayos utiliza abundantemente estudios de caso, historias de vida y transcripciones de conversaciones. Además de manejarse estupendamente con el lenguaje, se aprecia claramente que tiene una especial sensibilidad para este tipo de relatos. No me ha sorprendido, pues, descubrir que también ha escrito usted tres novelas, que no están traducidas al castellano. ¿Qué le llevó a escribir narrativa?

A lo largo de mi formación como sociólogo aprendí a recabar y a utilizar historias de vida en mi investigación. Este método de estudio se basa en una teoría según la cual, para comprender el significado de los hechos políticos o económicos es preciso situarlos en un contexto temporal. Se trata de un enfoque que surge de la tradición etnográfica de la sociología británica, aunque también ha recibido influencias del psicoanálisis. Su objetivo es llegar a comprender la situación dentro de un marco narrativo amplio. En realidad, mi formación como sociólogo estuvo muy próxima a la antropología y dado que la mayor parte de mis investigaciones requerían entrevistas de hasta diez y doce horas, acabé desembocando en la narrativa de una manera muy natural.

Para mí, la literatura y la sociología no son cosas tan distintas. Por lo demás, si bien es cierto que no soy un novelista particularmente bueno, mis novelas fueron para mí una especie de extensión de mis estudios, una investigación diferente que también me servía para comprender el lugar de las cosas en el marco de períodos extensos de tiempo, lo cual resulta fundamental en unos momentos en los que el rasgo más relevante de la cultura del nuevo capitalismo es la ruptura del tiempo, su fragmentación en pequeñas porciones, de forma que, como explicaba en La corrosión del carácter, las experiencias resultan muy breves e inconexas. Este tipo de investigación etnológica, que produce un tipo de conocimiento muy específico, no tiene nada que ver con la escuela estadounidense, más orientada a los números y las estadísticas, pero tampoco con la francesa; es totalmente diferente. Aunque es cierto que la obra del sociólogo francés Pierre Bourdieu, que fue buen amigo mío y que también tuvo una formación antropológica, se basa en narraciones de este tipo. Curiosamente, en los últimos años estoy teniendo en la universidad, en Londres, bastantes alumnos franceses; tal vez están cansados de tanta teoría…

Dice usted que sociología y literatura no son cosas tan distintas… Si no me equivoco, hace algún tiempo declaró que su intención era volver a convertir la sociología en un género literario, como lo fue en el siglo xix. ¿Qué opinión le merecen las pretensiones científicas de los sociólogos? Y, una vez que aceptamos la sociología como género literario, ¿a qué tipo de verdad cree que pueden aspirar sus conocimientos?

La primera parte de la respuesta es que no hay por qué pensar que ciencia y arte son excluyentes. Las cosas se puede hacer como las hago yo o de otro modo. En realidad, siento un enorme respeto por los investigadores que trabajan con estadísticas, aunque mi método sea distinto. El trabajo que yo llevo a cabo, y que desarrollan otros muchos estudiosos con los que comparto un enfoque similar, desemboca en un tipo de conocimiento diferente que en alemán se denomina Verstehen; es una labor de reconocimiento y empatía, aunque tal vez «empatía» no sea la palabra adecuada. En cualquier caso, es la capacidad de imaginar una vida diferente de la propia. Naturalmente, este método basado en el Verstehen no es algo que yo haya inventado, procede de una tradición muy respetable en la que destacan figuras como Dilthey o Nietzsche.

Los conceptos de «verdadero» y «falso» forman parte de un lenguaje propio de un mundo muy específico. En las investigaciones de este tipo, en cambio, no se trata tanto de producir verdades cuanto de conseguir un entendimiento, una comprensión que constituye también conocimiento objetivo, aunque de un tipo muy peculiar, que permite descubrir qué es lo que hace que otro ser humano sea diferente de uno mismo. Y para lograr que el lector experimente esas diferencias y comprenda ciertos aspectos concretos que están en el interior de otras personas, quien realiza el análisis debe trabajar mucho su escritura. Si yo quiero, por ejemplo, expresar qué hay de extraño en la vida de un señor que trabaja como programador informático, no puedo limitarme a explicarlo, tengo que convertirlo en una experiencia concreta que poder narrar. Si me limito a decir «estas personas son diferentes de ustedes», el lector no captará nada. Por eso le doy tanta importancia a la forma en la que escribo.

He leído que Tony Blair ha citado su libro El respeto en apoyo de su Labour’s Respect Action Plan, un paquete de medidas destinadas a solventar los problemas de convivencia ciudadana –una normativa parecida a la ordenanza cívica que tanta polémica ha desatado en Barcelona–. ¿Comparten usted y Blair el mismo concepto de respeto?

No, en absoluto. La cuestión de los problemas de convivencia que causan los excluidos y los marginales no tiene nada que ver con el tema sobre el que escribí en mi libro. Me sorprendió muchísimo enterarme de lo de Blair; supongo que la confusión se debe a la forma de leer que tienen los políticos. En realidad, mi libro habla precisamente sobre cómo los poderosos –y esto también vale para las instituciones– podrían tratar con más respeto a los que están por debajo de ellos, a los que están en sus manos.

En los últimos años parece como si el discurso acerca de la justicia social, tan común en los estudios urbanos, hubiera sido remplazado por un discurso, muy típico del Nuevo Laborismo, que habla de «sostenibilidad social» y en el que los objetivos de competitividad y cohesión social, antaño considerados contradictorios, aparecen como complementarios. ¿Cree que los gobiernos pueden realmente lograr esta meta conjunta?

No, cohesión y competitividad son conceptos que no pueden ir de la mano. Ése es el problema. En el capitalismo, al menos en su etapa actual, no puede haber conciliación entre las ganancias económicas y la cohesión social. Todo ese discurso del que hablas no es más que palabrería, es imposible producir simultáneamente más desigualdades económicas y más solidaridad. Esta cuestión cobra tintes dramáticos en países como China. Allí el capitalismo está en plena eclosión de una manera que los europeos no podemos ni imaginar. El Partido Comunista ha resultado ser un perfecto motor para llevar a cabo esta revolución capitalista.

Pero este desarrollo está separando drásticamente las zonas urbanas de las rurales, violando uno de los principios fundamentales del comunismo chino y provocando una terrible pérdida de cohesión y un conflicto dramático del que sólo se está beneficiando un tercio de la población, mientras las barreras que separan a este grupo de los dos tercios restantes se vuelven cada día más infranqueables. Últimamente están empezando a producirse revueltas en las zonas rurales y se está forjando todo un discurso sobre las desigualdades que el Partido Comunista Chino no está preparado para asumir. Este asunto constituye, por cierto, un buen ejemplo de las razones por las que debemos evitar dirigir la mirada únicamente a Estados Unidos, o hablar sólo del capitalismo anglosajón. Pero volviendo a tu pregunta, creo firmemente que no es realista afirmar que puede haber crecimiento económico y un incremento de la cohesión social al mismo tiempo. Tal vez fuera posible hace un siglo, pero ahora no.

Hace un par de años, Ray Pahl, uno de los padres de los estudios urbanos actuales, autor del clásico Whose city?, declaraba que los investigadores llevaban años culpando a la ciudad de ciertos aspectos de la vida social que tenían bastante más que ver con política fiscal, por ejemplo, y afirmaba que lo que deberían hacer era, precisamente, insistir en la relativa insignificancia de las pautas y procesos específicamente urbanos. ¿Está de acuerdo con esta opinión de Pahl?

Pahl es un buen amigo mío. En mi opinión, lo que quiere decir con estas palabras es que no se puede tomar un fenómeno como el capitalismo flexible, por ejemplo, y tratar de intervenir a pequeña escala, a escala urbana. Si no se cambian, por ejemplo, las normas que rigen las operaciones de los bancos, quien se limite a dirigir la mirada a la sucursal bancaria de su pueblo sólo conseguirá un impacto mínimo. De todas formas, la afirmación de Pahl es realmente rotunda… Yo creo que los cambios económicos y sociales que he estudiado han tenido un efecto claro de homogeneización en las ciudades. Hoy en día, lugares tan dispares como Londres, Nueva York, Madrid, Shanghai o incluso Bombay, resultan enormemente parecidos, lo cual no deja de asombrarme. La principal razón de esta homogeneización es que el entorno urbano es el territorio ideal para que pueda operar este nuevo capitalismo, por tanto, todas las personas y los servicios irrelevantes para esta dinámica económica son expulsados del centro de las ciudades, que queda reservado para turistas y burgueses, con el inevitable componente de exclusión social que ello conlleva.

En sus libros, especialmente en La corrosión del carácter, explica cómo la gente que se siente de un modo u otro amenazada por esta fragilización de las relaciones sociales que conllevan las nuevas condiciones flexibles del trabajo y la economía, tiende a desplazarse a posiciones políticas de derechas. ¿Qué es lo que motiva este giro político?

Me alegro de que hayas tocado este tema, porque es algo que tengo muy presente en estos últimos tiempos. Me intriga sobremanera saber por qué el primer impulso de la gente en momentos de cambio como el actual es desplazarse a posiciones de derechas. Para comprenderlo, hay que tener en cuenta que generalmente se trata de una derecha particular, tipo Vicente Fox, por ejemplo, o tipo Berlusconi, muy marcada por el individualismo, que viene a decir a la gente: «Tú también puedes alcanzar el éxito. El problema son esos pesados de la izquierda que se interponen en tu camino». Es un discurso que apela a una mentalidad de derechas individualista, desligada, en apariencia, de los intereses de los grandes grupos de poder. La única razón que se me ocurre para explicar este fenómeno es que el nuevo capitalismo pone el énfasis en la responsabilidad de cada persona frente a su propio destino, antes que en la responsabilidad colectiva, y este tipo de movimientos de derechas también refuerzan esa responsabilidad personal: le dicen a la gente que también ellos son importantes como individuos, que no son simplemente parte de la gran masa, aunque las circunstancias les hayan impedido demostrar de lo que son capaces.

En la India, por ejemplo, resulta muy interesante observar cómo las personas que más sufren los efectos de este nuevo capitalismo están siendo atraídas en gran medida por este tipo de ideología derechista que les dice: «Sí, vosotros también merecéis tener vuestra oportunidad». De modo que no es un fenómeno únicamente occidental. Y la cuestión es saber por qué los movimientos de izquierdas no conectan con estos sentimientos. Esta es la gran pregunta que la izquierda debe abordar porque, en estos momentos, lo único que parece transmitir a la gente es desesperanza. En el Reino Unido, por ejemplo, los movimientos organizados de izquierdas están totalmente anquilosados y en Francia, la izquierda se ha ganado la etiqueta de auténtico movimiento conservador, con sus reivindicaciones de estabilidad. Tal vez simplemente tengamos que esperar unos años para que la situación evolucione; al fin y al cabo, estas tendencias actuales sólo tienen diez o quince años de vida.

Puede que lo único que haga falta sea un cambio generacional para conectar mejor con la gente, que la solución radique simplemente en librarse de los líderes de mi generación que hay en los sindicatos y los partidos de izquierdas. No conozco bien la situación en España, pero no me cabe duda de que en países como Francia o el Reino Unido la vieja izquierda no tiene ninguna idea sobre qué hacer. Por ejemplo, me parece imprescindible reinventar los sindicatos de forma que apoyen a la gente que vive inmersa en esta economía flexible y va cambiando de un trabajo a otro; deberían reconvertirse en una especie de combinación de agrupación comunitaria y servicio de empleo, así podrían aportar a las personas algo de continuidad y estabilidad a pesar de las interrupciones y las rupturas que implica el nuevo capitalismo.

En cierta ocasión hablé sobre este tema en un congreso sindical en el Reino Unido, y me asombró oír las respuestas que me dieron: «No podemos hacer eso, perderíamos nuestra identidad. Somos un sindicato que sólo representa a los trabajadores de un ramo determinado, y si uno de ellos cambia de ramo, dejamos de representarlo. Además, lo que nos importa es preservar el salario de nuestros trabajadores, no buscarles empleo». Me parece una actitud absolutamente tradicional: sólo te protegen si ya tienes trabajo. Mi esperanza es que, a medida que se vaya muriendo la gente de mi generación puedan desarrollarse estos nuevos sindicatos que defiendo…

En El respeto utiliza su experiencia como violonchelista para explicar cómo una base de técnica, disciplina y «saber hacer» es necesaria para poder disfrutar de la libertad –en este caso, de un vibrato–. Imagino que es una metáfora válida para todos los ámbitos, desde la práctica artística hasta la vida cotidiana. ¿Cree que la disciplina es un valor en desuso que debiera ser rescatado?

Sí, estoy firmemente convencido. Ahora bien, cuando hablo de disciplina no me refiero al término en el mismo sentido que Foucault y sus seguidores, no es algo impuesto desde arriba. Para mí, la palabra «disciplina» es una especie de símbolo que representa la fuerza psicológica que ha de tener la gente para sobrevivir en este capitalismo tan lleno de injusticias. También me refiero a este concepto con la palabra «oficio» [craft], en el sentido de los oficios artesanos, algo que es necesario dominar. ¿Nunca has tenido la sensación de que tienes la capacidad de realizar una tarea determinada, y de que quieres hacerla bien aunque el sistema económico no te vaya a compensar por ello? Eso quiere decir que crees en ti misma, que te respetas, y eso te proporciona energía. En cambio, si te conviertes en una especie de criatura del momento, en alguien que aborda cualquier tarea aunque sólo tenga un conocimiento superficial de ella, estás perdida. De modo que esta idea de reconstrucción de uno mismo a través de una disciplina u oficio, es crucial. Porque este nuevo capitalismo resulta ser un sistema muy destructivo tanto en el plano social como en el psicológico, dañino de una forma en que no lo era el capitalismo clásico. Y si queremos soportarlo tenemos que empezar por construirnos una personalidad fuerte para enfrentarnos a él.

Vida urbana e identidad personal, Barcelona, Península, 1975
El declive del hombre público, Barcelona, Península, 1978
La autoridad, Madrid, Alianza, 1982
Carne y piedra: el cuerpo y la ciudad en la civilización occidental,
Madrid, Alianza, 1997
La corrosión del carácter: las consecuencias personales del trabajo
en el nuevo capitalismo, Barcelona, Anagrama, 2000
El respeto: sobre la dignidad del hombre en un mundo de desigualdad,
Barcelona, Anagrama, 2003
La cultura del nuevo capitalismo, Barcelona, Anagrama, en prensa.

MINERVA 02. Revista del Circulo Bellas Artes
Traducción Xohana Bastida Calvo
http://www.ddooss.org

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