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“Marcial Maciel. Historia de un criminal”: nuevo Libro sobre fundador de Legionarios de Cristo…

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Lo conocí en Tijuana; él tenía 56 años y yo 19, relata la esposa mexicana de Maciel

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En imagen de archivo, el fundador de los Legionarios de Cristo con el papa Juan Pablo II

Carmen Aristegui

Periódico La Jornada
Domingo 28 de noviembre de 2010, p. 12

Presentan libro sobre el pederasta

Este domingo, en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, será presentado el nuevo libro de Carmen Aristegui: Marcial Maciel. Historia de un criminal. En 296 páginas, documenta la trayectoria oscura del fundador de los Legionarios de Cristo. Con autorización de la editorial Random House Mondadori, que publica este volumen bajo su sello Grijalbo, presentamos, a manera de adelanto, el capítulo 13, de un total de 17, donde la familia González Lara rinde testimonio sobre los abusos de los que fueron víctimas por parte de Marcial Maciel.

FotoUstedes son la familia que construyó Marcial Maciel en México. Hoy han decidido compartir su historia con la sociedad mexicana; tienen sus razones para hacerlo. Una fundamental es que se conozca la verdad. Blanca, ¿cómo conociste a Marcial Maciel? Lo conocí en Tijuana. Es una historia muy larga; siempre te bajan la luna, el sol, las estrellas. Todo. Él tenía 56 años y yo diecinueve. Me dijo que era viudo y que andaba buscando una muchacha para casarse, que quería formar su familia. Lo conocí, no sé si desgraciadamente o afortunadamente. Ya no sé ni cómo decirlo. Pero así surgió todo.

Tú eras una joven de 19 años que acababa de separarse de su pareja; tenías un bebé muy chiquito, Omar, que después él adopta y lo reconoce como parte de esta familia. Así es. No hubo boda, él nunca se quiso casar. Yo era muy inocente, era una niña de 19 años y realmente no tenía la suficiente madurez. Sí adoptó a mi hijo Omar, que es de mi primer matrimonio que había tenido en Sinaloa. Y seguimos adelante y todo. Nunca nos casamos pero vivimos casi 30 años unidos. Por los viajes que él hacía, a veces estábamos juntos; a veces, por su trabajo, estaba fuera del país.

Según él, ¿en qué trabajaba? Siempre mantuvo lo de la Shell Internacional. ¡Puras mentiras! Luego decía que era detective privado, que era de la CIA. Total que puras mentiras; así me llevó todo el tiempo y yo ¡le creí toda la vida! Realmente yo no sabía con quién vivía. Pero pues la verdad llegó.

¿Cómo explicaba el hecho de que él se presentaba como Rivas y tus hijos son González? Decía que se llamaba José Rivas. Cuando llegó el momento en que se tenían que registrar, cuando nació Raúl, me dijo: Voy a buscar un acta de nacimiento que tengo por ahí; voy a buscar bien los apellidos de mi papá. Entonces ya no hubo de otra y me dijo que sus apellidos eran González y Rodríguez. Y el Rivas quedó atrás.

¿Fueron 30 años? Veinticinco. Él venía y se estaba un mes, dos meses; a veces nos íbamos de vacaciones. Iba y venía constantemente, y todos los días, tres, cuatro veces al día, me hablaba por teléfono. Nos escribíamos muchas cartas; me mandaba muchas tarjetas postales. Siempre hubo mucha comunicación.

¿Y cuándo te diste cuenta? En 1997, cuando salió la revista Contenido.

¿Tú viste Contenido, con la portada de Maciel? Sí, fue donde yo me di cuenta y hubo mucha confusión en mí porque realmente yo no sabía ni con quién vivía, y de hecho él estaba en Nueva York cuando salió esta revista. Yo iba a caminar, a hacer mis ejercicios y vi la revista en el puesto del periódico. Me quedé sorprendida. En la noche él me llamó por teléfono y le dije: “¿Qué pasa? Aquí hay una revista así y así, es Contenido, y sales tú. Y dicen estas cosas. Te acusan de abusos sexuales, de muchísimas barbaridades”. No, no, pero cómo puede ser. Él lo negó. Y dijo: Ahorita voy para allá, tomo el primer vuelo que encuentre y voy para México. Fue cuando yo me enteré de la verdadera historia, de su otra cara.

Raúl, tu madre vio la revista y dice: Ese es mi marido. ¿Qué hace ahí? Lo enfrenta. ¿Qué pasó contigo? En esa ocasión nos percatamos de la revista, habla mi papá y mi mamá le expresa: Saliste en una revista, regresa de Nueva York, y él me dice: Raúl, te voy a mandar dinero en un sobre con el señor Antonio para que vayas a todos los puestos de revistas de Cuernavaca y las compres. Y así fue; llegó el señor Antonio con un sobre de dinero, rento un taxi, compro todas las revistas. Las que pude, porque las personas me decían: Oye, ¿por qué quieres tantas? Envía al señor Antonio con maletas, se le llenó con las revistas y se las lleva.

¿Hubo algún tipo de confrontación, de reclamo, de pregunta de ti a tu padre? Jamás.

¿Por qué? Mira, era una persona… en primer lugar, mayor; era nuestro padre, nuestra figura paterna. Le teníamos un gran afecto; reconocemos: Es nuestro papá; como adolescente, como niño, lo ves en lo alto, como cualquier niño, y nunca cuestionamos nada. Ahora caemos en la cuenta de por qué le decían padre. Cuando estábamos en lugares públicos teníamos la indicación de retirarnos cuando llegaran personas a saludarlo.

Escuchábamos que le decían: Hola, padre. Pero mi mamá nos decía: Ha de ser padre de muchos hijos. Era un cuestionamiento que nos hacíamos, y en ese momento nos dimos cuenta.

Omar, ¿cómo viviste ese momento? En ese momento lo veíamos como una figura paterna, como nuestro ídolo, como nuestro patriarca en la familia. Nosotros nunca nos íbamos a imaginar que él fuese así. Lo quisimos mucho; él sabía cómo manejar los asuntos. Tenía una gran facilidad para expresarse, para inducir a las personas, para lavar el coco. Él siempre era muy afectuoso con todo el mundo. Me acuerdo que cuando llegaba a la casa, los vecinos le decían: Oiga, usted debe ser un santo.

Y siempre nos decía a nosotros que hiciéramos el bien. No mientas, ten una novia hasta los 25 años, no fumes, no tomes. A mí me mandó a Denver en 1997; en ese momento fue cuando surgió lo de la revista Contenido. Yo le digo: Oye, papá, a mí me interesaría ser sacerdote, ser padre. Y me dice: ¿De cuántos hijos? Y entonces le dice mi mamá: ¿Pero de cuántos hijos tú eres padre? Él se empezó a reír; una risita burloncita.

¿Cómo recuerdas esta escena, Blanca? Estábamos en la hora de la comida. Le dice a Omar: Conque quieres ser sacerdote, y se ríe. Pero de pura burla. ¿De cuántos hijos quieres ser padre, Omar? ¿Pues de cuántos hijos eres padre tú?, le contesté yo a él. No le gustó que yo saliera a defender a Omar. Y dijo: Bueno, ya, vamos a seguir comiendo; no hay que amargarnos el momento.

Christian, eres el hijo menor. ¿Qué pasa por tu cabeza cuando oyes todo esto de tu padre? Es muy confuso; la verdad realmente no sabía quién era. Toda la vida viví con mentiras hasta que me di cuenta de quién era mi padre en realidad.

Dejaste de verlo en una edad temprana. Sí, como a los seis años.

¿Cuando ustedes se separaron finalmente? Más o menos. Él tendría unos ocho años cuando nos separamos.

Y a partir de entonces ya no lo volviste a ver.

–Ya no lo volví a ver.

–Raúl y Omar, ustedes afirman que su padre abusó de ustedes. Me han dicho que se lo han contado a los legionarios. Esta historia ya la saben el obispo Ricardo Watty Urquidi, el padre [Rodolfo] Mayagoitia, director territorial, y Carlos Skertchly, el supuesto procurador de los Legionarios de Cristo ante la Santa Sede.

¿Por qué supuesto? Ricardo Watty Urquidi me comenta que Álvaro Corcuera no me puede recibir en enero pero que envía al subprocurador de los Legionarios de Cristo ante la Santa Sede. Y cuál fue la sorpresa, que no era ningún procurador, sino un padre que tuvo un cargo en una escuela de Brasil; y, bueno, no sabemos si engañaron al obispo Watty.

¿Todos ellos han escuchado tus narraciones y las de Omar? No, nada más las mías, pero yo les he hecho mención de los abusos a mi hermano.

¿Qué sucedió? A Mayagoitia solamente le comenté que había abusos, que había cosas muy fuertes; que si estaba preparado para escuchar. Le dije que habíamos sido abusados durante ocho años mi hermano Omar y yo. Mi primer abuso sucedió cuando yo tenía siete años de edad, en Colombia. Yo estaba acostado con él, como cualquier niño con su padre; baja mi calzoncillo e intenta violarme. Por instinto humano reacciono y me muevo. Se da cuenta y no me fuerza. Ese fue el primer abuso y de ahí ya empezaron todos los demás. Hacía que lo masturbáramos, que le sacáramos fotos masturbándolo; él se quedaba con las fotografías, se hacía el dormido y nos decía que su tío le hacía lo mismo; que ensayáramos con él.

¿Y tú, Omar? Mi primer abuso fue cuando fuimos a Madrid, en el Holiday Inn, me acuerdo. Se hacía el dormido y empezamos a masturbarlo; siempre nos decía que a él le dolía mucho la pierna, que al menos uno de los dos durmiéramos siempre con él. Caliéntenme la pierna porque me duele mucho. Y entonces… bueno, éramos niños, sin malicia, y él era nuestro padre.

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Lo quisimos mucho, pero creo que esto no se vale; definitivamente no tiene explicación alguna lo que hemos vivido, y no únicamente nosotros.

Blanca, ¿nunca te diste cuenta de nada? Yo no me di cuenta porque, como te decía, yo no sabía ni con quién vivía. Nunca sospeché; ni por acá me pasó que este tipo fuera así o sus mañas. Igual, como dicen ellos, ¡uf!, yo lo idolatraba, ¡lo adoraba! De hecho un día le dije: Tú eres como un dios para mí.

A ver, si nomás hay un dios en el mundo cómo voy a decirle a un señor que también es como un dios para mí. Yo lo quería muchísimo, ¡muchísimo! ¡Estaba ciega! Totalmente. Hasta que me di cuenta, en 1997, cuando vi la revista Contenido. Y no estaba segura de lo que pasaba, porque él todavía me decía:

No, ya sabes cómo es la gente, ya no hallan qué hacer; lo que pasa es que me quieren sacar del Vaticano. Pídele a la Virgen de Guadalupe por el Papa que va a entrar ahora, para que no me saque. ¡Y yo todavía pidiéndole a la Virgen!

¿Cuánto tiempo mantuvieron su relación después de que viste la portada de Contenido? Yo les creí a mis hijos en 1999, que habían sufrido un abuso sexual por parte de su padre.

¿Raúl, en 1999 se lo contaste a tu mamá? Sí; yo cursaba el tercer grado de preparatoria y me empecé a sentir muy mal; tenía una sensación muy rara, de terror. Yo no sabía ni qué me estaba pasando. Rompí con mi novia y dije: Ahora sí no sé qué me pasa. Le comenté a mi papá: Me siento muy mal.

¿Emocionalmente te sentías mal? Estaba muy confundido. Llegué a pensar que algo pasaba en mi sexualidad. Experimentaba una sensación muy rara, que no se la deseo a nadie. Le dije a mi papá: Voy a ver a una psicóloga en Cuernavaca, porque ya no aguanto. Me dice: No, si vas a ver un psicólogo te pueden destrozar la vida. Yo te voy a mandar con un psiquiatra en Madrid. Entonces me manda con el doctor Francisco López Ibor a una clínica muy prestigiosa en Madrid. En ese tiempo yo me quedaba por tiempos en casa de Norma y luego en un hotel.

Norma Hilda Bolaños es la otra mujer de Marcial Maciel. Así es. Ella estaba en Madrid. Y ustedes tenían relación familiar, por lo que veo. Sí, desde niños viajábamos con Norma, Omar y yo solos. Nos dijo: Les presento a su tía Norma. De niño eso nunca lo cuestionas. Entonces voy a Madrid a tratamiento con el doctor Francisco López Ibor. Si me permites, voy a mostrarte una carta. Éste es el diagnóstico del doctor; esta carta es muy interesante porque yo acudo con él por primera vez en 1999, y cuando me llega el diagnóstico, cinco años después, me comentan que yo tenía… Si me permites la voy a leer: Paciente de 19 años de edad que acude por primera vez a esta clínica el día 1° de julio de 1999. Presentaba desde dos meses atrás sintomatología delirante con ideas de referencia; presentaba rasgos acusados previos de tipo obsesivo, humor subdepresivo. Desde el año 1994 siguió tratamiento ambulatorio a base de neurolépticos, Olanzapina, Risperidona, ansiolítico, Pinazepam y ocasionalmente Sertralina. Experimentó notoria mejoría.

¿Durante cuánto tiempo tomaste esas sustancias? Como año y medio. Cuando llego a esta clínica, el doctor me dice: Te vamos a atender muy bien y más si vienes recomendado por el padre.

¿Y qué pasó, Blanca, con tu hijo Raúl? Mi hijo siempre estaba acostado, dormido, tomando ese medicamento que le había recetado el doctor. No se podía voltear, ni se podía levantar; estaba dopado totalmente. No podía hablar, siempre estaba echando saliva por un lado, quejándose. Pasaron como dos días y yo lo tenía que llevar al baño. Digo: No, esto no es normal. ¿Cómo voy a tener a este muchacho así? Habla el señor este, su papá, y le comento: Mi hijo está así, ¿qué hago? ¿Lo llevo a un médico o qué? Él me dijo: No, no, no, sigue dándole el medicamento, lo va a componer; eso lo relaja. No pasa nada.

Por supuesto que Maciel no quería que su hijo tuviera un tratamiento psicológico en el que hablara. Yo creo que este señor lo quería tener atontado. Así lo voy a volver loco; va a haber un momento en que este muchacho no pueda hablar.

¿Ustedes confrontaron a su padre, Omar? No, por lo regular era su facilidad de palabra… dulce, amable. Yo estaba por cumplir 21 años. Vamos a Nueva York y nos presenta al hermano de Norma; se llama Luis y me dice que si me gustaría ir a Denver a trabajar. Podemos imaginarnos el porqué. Cuando en ese entonces mi hermano le comenta a mi mamá de los abusos sexuales, creo que ahí él nos está desvinculando como familia, separándonos.

A ti, Omar, te manda a Denver, y a ti, Raúl, con un psiquiatra y te dopa. ¿Y tú Blanca? ¿Qué te puedo decir? Llegué a pensar en ponerle una demanda, pedir ayuda, defender a estos muchachos, porque realmente es algo tan duro que… ellos crecen con el corazón vacío, lleno de traumas y problemas psicológicos. Todo el tiempo fui mamá y papá para ellos. Entonces gracias a Dios toda esta situación me ha dado la fortaleza de irlos sacando adelante.

Christian, debe ser muy duro oír a tus hermanos narrar lo que acabamos de escuchar. No tenemos noticia de que tu padre haya abusado de ti. No, no. Gracias a Dios. Aunque fuera del aire, Blanca, dijiste: Me lo pidió prestado. ¿En algún punto te dijo: Préstame a Christian? Me dijo: Nena, a ver si cuando Christian tenga unos ocho añitos me lo prestas para que me lo lleve a Irlanda, para que también se prepare como Raúl. Y yo le contesté: Sí, no te preocupes, te lo voy a prestar, con todo lo que le hiciste a mis hijos. ¿Todavía quieres que te preste a Christian? ¿Qué les hice? Tú sabes qué les hiciste, ¿cómo crees que te voy a dar a mi hijo? A Raúl se lo llevó a Irlanda sin mi consentimiento.

¿Cómo fue eso? Fueron a España Omar y él, con su papá, y de regreso me mandó nada más a Omar; me habló por teléfono y me dijo: ¿Qué crees, nenita, fíjate que mandé a Raúl a Irlanda con una familia; va a estar muy bien, no te preocupes, se va a preparar ahí para que sepa muy bien el inglés para su futuro, cosas así. Me quedé sorprendida otra vez, porque dije: ¿Cómo, por qué se lleva al niño? ¿Y cuánto tiempo se fue a Irlanda? Dos años. ¿Un día te dijo: Me lo llevo y regresó al niño dos años después? No me dijo sino cuando ya lo había mandado. Me mandó a Omar solo para México y de ahí se llevó a Raúl a Irlanda. Tienen cartas, postales, tarjetas navideñas que les enviaba su padre. Está, por ejemplo, esta carta, en la que hace mención de lo que habíamos platicado, donde se espanta cuando le digo que voy a un sicólogo: Querido hijo: me dijo tu mamá que gracias a Dios y a la santísima Virgen tú ya estabas y te sentías bien; no te imaginas la alegría que me da. También me dijo que te recomendaron un psicólogo de Cuernavaca. Mira, Raúl, yo te recomiendo que no vayas con esos psicólogos porque pueden arruinar tu mente para toda la vida y hacer que no puedas vivir sin estar tomando pastillas. Se me hace muy raro que no encuentres a la doctora que recomienda el doctor López Ibor, que es el que te conoce y sabe bien tu situación. Además, recuerda que esa doctora trabajó 10 años en Madrid con López Ibor. Yo ya he hablado con esa doctora y te he recomendado.

¿Supieron qué contenían esas pastillas que tomaba Raúl por prescripción del psiquiatra recomendado por Maciel? Bueno, yo investigué más o menos para qué tipo de personas eran prescritas. Eran para personas que tenían esquizofrenia, que eran muy hiperactivas, que no podían dormir. Cuando éramos adolescentes él nos daba unas pastillas rojas, Darvoset de 100 miligramos; nos daba la mitad de esa pastilla cuando nos dolía la cabeza. Es un derivado de la morfina.

Blanca, a lo largo de esos años, ¿tuviste algún indicio de que él consumiera y que diera a tus hijos algún tipo de sustancias? ¡Nunca en la vida! Lo único que sé es que él traía siempre un maletín como de médico; sacaba un montón de pastillas después de los alimentos, o antes, y decía que eran vitaminas. Pero nunca supe qué tomaba, menos qué les diera a mis hijos.

Legionarios de Cristo en Chile: ¿Dios, dinero, poder y abusos?

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El Cardenal Silva Henríquez (Chile) y los Legionarios de Cristo

(ver texto siguiente a  la entrevista a P. Cerda)

Patricio Cerda, el ex legionario que desnuda lo más turbio de la congregación. Entrevista.

Por Beatriz Michell, La Nación.cl


 

Censuran la correspondencia de sus sacerdotes, mantienen impunes a los agresores sexuales y trabajan sólo con los ricos. Bajo el alero de la Iglesia Católica se encuentran los Legionarios de Cristo, uno de los grupos más conservadores y controvertidos, que incluso se ha ganado la sospecha del Papa Benedicto XVI y el cardenal Medina. En el libro “Legionarios de Cristo en Chile. Dios, dinero y poder”, este ex sacerdote chileno cuenta su experiencia en la Legión.

(ver también “Legionarios de Cristo: poder e influencia en la Educación Superior”…)

A los 19 años dejó a su familia para unirse a la congregación fundada por Marcial Maciel. A los 25 ya había visto cómo un sacerdote abusaba de un niño. Era 1991 y Patricio Cerda se desempeñaba como prefecto de disciplina del seminario menor de Avellaneda, en España. Una noche, llegó un niño a despertarlo para advertirle lo que ocurría en el baño. Entonces vio a Gustavo Ramos, el prefecto general de la escuela, abusando de un alumno. Luego se enteró de que esta era una práctica habitual de Ramos. “Ahí yo tuve la primera crisis vocacional. No entendía cómo podía ocurrir eso. Cuando lo denuncié me dijeron que estuviera tranquilo, que no pasaba nada, que son cosas de Dios”.

-¿Cómo “cosas de Dios”?
-Que Dios permite ciertas cosas a veces para ayudarnos a nosotros. Por lo menos así me lo trataron de explicar a mí y a otro compañero que fue testigo de lo que presenciamos ahí, un español que se llamaba Marcos Hurtado de Mendoza y que sigue siendo legionario.

-¿Antes no había tenido indicios de abusos sexuales?
-No, yo nunca había visto ni percibido nada. A mí me parecía que se vivía una vida religiosa y que los que estaban ahí estaban siguiendo a Dios. Jamás se me pasó por la cabeza que eso podría haber ocurrido. Me resultó bastante chocante. Después de que ocurrió eso yo hablé con el superior de la orden en España, Héctor Guerra, y le dije que yo no quería seguir ahí, que si no me quitaba de ahí yo me iba para mi casa. Entonces me mandaron a Roma.

-¿Y no siguió denunciando?
-La verdad es que no fui consciente de nada, yo seguía la voluntad de Dios manifestada en los superiores, como se nos enseñaba a nosotros. Yo pensé que estaba haciendo todo bien. En Roma conocí a un chico italiano que se llamaba Stefano y una tarde me dijo que Xavier Legorreta, un consagrado de los legionarios, le había hecho tocamientos, le había bajado los pantalones y otras cosas muy chocantes. Yo lo comuniqué inmediatamente a los superiores, como era la norma en la congregación, y me dijeron que no hablara con nadie. El actual segundo de abordo, que es Luis Garza Medina, me llamó por teléfono y me dijo que cómo era posible esto. No me creían.

-Entonces Luis Garza lo emplazó por denunciar los abusos.
-Bueno, me pidió que hablara con el papá del chico [un general del ejército italiano] para que no hicieran nada y que le dijera que Xavier era un secular, que no tenía nada que ver con los legionarios y que lo iban a echar. Como el señor era un buen católico, accedió. Pero el 98 me mandaron a trabajar a España como refundador vocacional y me encontré a Xavier Legorreta todavía trabajando para la Legión. Ahora está en Alemania en una cosa que se llama “Ayuda a la Iglesia necesitada”. Nunca lo apartaron. El 2002 yo decidí dejar la congregación.

-Antes de que usted se fuera de la congregación, ¿se rumoreaba entre los legionarios que había abusos?
-No, dentro de la Legión era muy difícil que se comentara cualquier cosa porque existía una norma, que el Papa Benedicto XVI quitó, que eran los votos privados. La Legión era una especie de CNI en la cual tú tenías que decirle al superior si te enterabas de cualquier cosa, había que informarle todo. Había un control tan grande que nosotros jamás nos enteramos de nada. Cuando el 97 salió todo lo de Maciel nosotros no sabíamos nada. Dentro de la congregación se mantenía todo en secreto, pero yo tuve suerte. Pude tener acceso a internet y por curiosidad un día me puse a investigar y así fue como supe todo lo que se decía de Maciel. Até cabos y di credibilidad a las víctimas.

Como la CNI

Patricio Cerda cuenta que casi no tenía privacidad. Un superior leía su correspondencia y él interpretaba si era bueno o no para su vocación. Por eso, cuando se fue de la Legión había perdido a la mayoría de sus amigos. “Menos a mi madre, que me escribía de cuando en cuando. No teníamos acceso a la radio, ni a la televisión, ni a internet. Yo conozco personas de adentro que nunca se enteraron de que el Vaticano condenó a Maciel. Hay abusos que son tan fuertes como los abusos sexuales: el abuso sicológico, el aislamiento de la familia natural, de todas las cosas, de la sociedad”.

-Por lo que usted cuenta, es como una secta
-Efectivamente, hay una serie de estudiosos que consideran la Legión como una secta dentro de la Iglesia Católica. Las prácticas son totalmente sectarias. Los legionarios dicen que en la Legión sólo se trabaja con los líderes, que es la gente rica. Por ejemplo, John O Reilly en Chile capellán del Colegio Cumbres dice que trabajan con los ricos para ayudar a los pobres, pero eso es mentira. Que digan en qué población pobre trabaja un cura legionario o qué promociones sociales importantes ha hecho la Legión en La Victoria, en la José María Caro o en poblaciones marginales. Los legionarios utilizan a los pobres porque saben que es algo que vende mucho.

-Deme ejemplos
-Yo tengo testimonios escritos de legionarios que trabajan en la zona de Misiones en México. Los superiores los mandan a sacarse fotos con los niños pobres para después mostrárselas a los ricos y sacarles dinero. Ellos viven anclados en los mejores barrios, en las mejores casas y usan los mejores coches. Todo al estilo del fundador. Maciel utilizó el Concorde con la excusa de que tenía que ir rápidamente a Estados Unidos, y en vez de usar un coche pequeño usaba un Mercedes último modelo porque decía que tenía un dolor de espalda. Esas cosas a uno le chocan mucho.

-Ustedes han recibido apoyo de Ratzinger y del cardenal Medina. Asimismo ¿han recibido ataques?
-De personas del Vaticano, no. Solamente de la Legión y gente a favor de la Legión. Tenemos una página web (www.exlcesp.com) que los legionarios han intentado cerrar. Incluso han enviado amenazas con abogados. Nos llegan muchos e-mails insultando y diciendo que somos enemigos de la Iglesia, lo cual es mentira. Yo fui sacerdote, me considero católico y creyente, pero eso no me priva de poder hablar con la libertad que Dios me da. Al fin y al cabo, yo tengo muy claro que todo esto lo hago en conciencia. Yo sé que a los legionarios esto les molesta mucho y a mí me han hecho la vida bastante difícil.

-¿Qué le han hecho?
-Me salí de la Legión y de un día para otro pasé de tener todo a tener nada. Los legionarios tienen una red de contactos muy extensa, por lo que te van cerrando puertas. Por ejemplo, yo escribía a una gente y ellos les escribían diciendo que no me ayudasen porque yo era un disoluto, un vividor, que andaba borracho y no sé qué.

 

01 de Diciembre de 2008

Adelanto de “Legionarios de Cristo en Chile: Dios, dinero y poder”, El Mostrador.cl

La decisión que le pesó para siempre al Cardenal Silva Henríquez

La decisión que le pesó para siempre al Cardenal Silva Henriquez

Más de dos años invirtieron los periodistas Javier Ortega y Andrea Insunza de la Universidad Diego Portales para materializar este libro que, a partir de documentos inéditos y un centenar de testimonios, reconstruye el vertiginoso posicionamiento de esta orden religiosa en el sector más influyente de Chile. Aquí, algunos extractos sobre la oposición de los vicarios para que ingresaran al país, su predilección por el lujo y cómo el Cardenal creyó que podrían contrapesar al Opus Dei. 

Por Felipe Saleh

“El nuevo ejército del Papa”, ese fue el estatus que durante el mandato de Juan Pablo II se ganaron los Legionarios de Cristo, la congregación fundada en 1941, en México, cuando la Iglesia aún era objeto de persecución en ese  país y del que era originario su fundador, el sacerdote Marcial Maciel Degollado.

Inmediatamente el grupo se perfiló como un bastión conservador, preocupado de asociarse especialmente con las clases altas y el poder empresarial. En los 40′ la congregación recibió en España apoyo del franquismo al que debe gran parte de su vertiginoso crecimiento posterior.

Este es uno de los primeros datos consignados en Legionarios de Cristo en Chile. Dios, dinero y poder, de Andrea Insunza y Javier Ortega, periodistas e investigadores de la Universidad Diego Portales. El libro, que supera las 400 páginas, parte contando la historia que rodeó el aterrizaje de los Legionarios en Chile.

En 1980, durante la habitual reunión del entonces cardenal Raúl Silva Henríquez con unas 20 personas que conformaban el Consejo de Vicarios, fue discutido el ingreso de la orden. Los asistentes creyeron que “el cura rojo”, como lo bautizó el régimen de Pinochet, iba a rechazar la entrada de la congregación teniendo en cuenta que en los círculos eclesiásticos se conocía de primera fuente el estilo de la Legión. Pero no fue así. Preocupado por la falta progresiva de sacerdotes y el declive en la cobertura educacional de la Iglesia, Silva Henríquez decidió darles luz verde. Algo que, para los que conocían el carácter del carismático prelado, sería imposible de revertir. Aún así la oposición del resto de los obispos fue potente, según lo narra el libro:

-He recibido a dos sacerdotes legionarios de Cristo. Ellos han solicitado, a nombre de la congregación, mi permiso para instalarse en el país. Y he resuelto autorizar su ingreso.

La idea es recibida con sorpresa y oposición. Uno a uno los miembros del Consejo de Vicarios intentan convencer a Silva Henríquez de dar pie atrás.

-Cardenal, perdóneme, pero usted sabe que a ellos les dicen los “Millonarios de Cristo”. ¡Sólo se dedicarán a atender a los ricos!-, reclama uno.

El encargado de la Pastoral Obrera, Alfonso Baeza; el Vicario de la Zona Oriente, Cristián Precht, y otros influyentes sacerdotes, como el Obispo Auxiliar de Santiago, Jorge Hourton, comparten esa postura. Quien manifiesta una opinión discrepante es el Vicario para la Educación, Víctor Gambino.

En una cruzada solitaria, Gambino -miembro de la orden de los Salesianos, la misma del cardenal- argumenta que los Legionarios de Cristo podrían ayudar a resolver la crisis que enfrentan varios de los establecimientos educacionales dependientes del Arzobispado, que no cuentan con suficientes sacerdotes y religiosos para asegurar su continuidad.

Los vicarios han escuchado varias veces las quejas del cardenal por la falta de sacerdotes. Y aunque saben de esto, insisten.

-Ellos no solucionarán el problema, cardenal. Usted verá cómo pronto los tendremos en el barrio alto-, alega uno de los presentes.

-Sé muy bien la fama que tiene la Legión… -retruca el cardenal, pero, como en otras ocasiones, es notorio que no dará pie atrás.

-Al menos oblíguelos a hacerse cargo del Zambrano-, propone otro de los presentes. La moción despierta apoyo. El sacerdote alude al Instituto Zambrano, un colegio administrado por el Arzobispado de Santiago, emplazado en Estación Central, que originalmente estuvo a cargo de la congregación de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, y que en los ‘80 educa a niños y jóvenes de clase media baja.

Al cardenal le parece una sugerencia atendible. En los días posteriores vuelve a tratar el tema con otro sacerdote, Jorge Medina, en su casa de Simón Bolívar. Medina, al igual que Gambino, emite una opinión favorable. “En ese tiempo, no sé por qué motivo, yo estaba bastante cerca del cardenal Silva Henríquez. Recuerdo que yo estaba en el despacho del cardenal y él me preguntó. Yo le di una opinión favorable, y recuerdo que le fascinó la idea del Zambrano”, recuerda Medina.

De este modo, Silva Henríquez abre formalmente las puertas para el ingreso de los Legionarios de Cristo a Chile. Desde entonces, y en tan sólo tres décadas, el grupo experimenta un explosivo crecimiento, penetrando la elite chilena gracias al selectivo proselitismo que desplegarán tanto sus sacerdotes como los miembros del Regnum Christi, el paraguas que agrupa también a los integrantes laicos del movimiento, mucho más numeroso que el brazo eclesial de la Legión y que resultará esencial para su expansión.

Aunque silencioso, el crecimiento de los Legionarios de Cristo en Chile estará marcado de hitos relevantes en los que, aparte de las críticas y los enemigos, habrán ganado influencia y aliados muy poderosos.

Los sacerdotes de Pierre Cardin

El rechazo que generaban los Legionarios de Cristo entre los obispos chilenos venía de la experiencia que un grupo de profesores chilenos tuvieron en México, a mediados de los 70′, donde fueron reclutados por la orden para trabajar en los colegios y la universidad que tenían en su país de origen.

Poco a poco los chilenos van reparando en detalles propios del estilo de vida de los estudiantes que acuden a los establecimientos de la Legión.

-¿Quién tiene un jet privado aquí?-, pregunta en una ocasión un profesor. La mitad de los alumnos levanta la mano.

A varios de los invitados les llama la atención la elegancia de los sacerdotes, que visten ternos o trajes oscuros de marca Pierre Cardin, un lujo por ese entonces, y que a diferencia de los religiosos chilenos, se relacionan muy naturalmente con aspectos más mundanos de la vida social mexicana.

El choque cultural es fuerte. En el Instituto Cumbres, a mediados de la década del ’70, todavía se utilizan métodos como el “azote” para reprender a los alumnos, incluso con el consentimiento de los padres. Además, los sacerdotes fomentan el secretismo, para que los estudiantes concurran a actividades del Regnum Christi, sin revelárselas a sus padres, de modo de generar mayor mística y compromiso con el brazo laico del movimiento. Esta práctica está ligada a la experiencia de la Iglesia Católica mexicana en la primera mitad del siglo XX, cuando fue perseguida. Algo que influirá especialmente en el carisma que Maciel infunde a la Legión.

Cuando lleva sólo tres meses en ese país, uno de los chilenos decide renunciar. Es el primero. No comparte el método de enseñanza, ni el modus operandi de los legionarios: cada vez que presenta un proyecto en su rol de asesor del Cumbres, un superior -que permanece en el anonimato- adopta una decisión que le es comunicada por otro sacerdote, de modo que no puede debatir ni defender sus planteamientos.

-Tenga paciencia, profesor. Esto va a cambiar, para eso los trajimos-, le prometen.

Un año más tarde, las condiciones son las mismas. Esta vez, su renuncia es indeclinable.

Desde entonces, el profesor sostiene tres encuentros en los que relata su experiencia a sacerdotes o autoridades eclesiásticas. El primero es con un miembro de la Compañía de Jesús, en México. “No haga nada en contra de ellos… Usted no tiene una congregación detrás que lo apoye”, le recomienda el sacerdote.

El segundo ocurre un par de años después, en Chile. El profesor visita al sacerdote Jorge Hourton, en la oficina de este último en Recoleta, donde se desempeña como Vicario de la Zona Norte de Santiago. Es 1978 y Hourton es el primer integrante de la Conferencia Episcopal chilena en tener noticias de primera mano sobre la congregación fundada por Maciel. Dos años después, en 1980, Hourton integrará, en su calidad de obispo auxiliar de Santiago, el Consejo de Vicarios que se opondrá infructuosamente a la llegada de la Legión a Chile.

Precisamente en 1980 se concreta el tercer revelador encuentro, esta vez con Raúl Silva Henríquez, quien vuelve a representar sus preocupaciones. Tras enterarse de la petición de los Legionarios de Cristo para instalarse en el país, un sacerdote jesuita cercano al prelado, se contacta con el profesor, quien ha retomado su labor docente en Santiago, para invitarlo a una reunión con el cardenal.

La conversación se realiza a puertas cerradas en Simón Bolívar. Allí el docente relata otra vez su experiencia en México. Entonces interviene el jesuita:

-Don Raúl, no haga tal de traerlos a Chile. No son un grupo que esté en la línea de la Iglesia chilena, no defienden el Concilio Vaticano II. ¡Son el momiaje mismo, cardenal!

-No, no, no creo. A mí me han dicho que hacen buenas obras.

-Oiga, padre -insiste el docente-, no deje entrar a estos tipos.

-Lo que ocurre es que estamos necesitados de sacerdotes. ¡Estamos atravesando una crisis de vocaciones!-, argumenta el cardenal. Y ante la insistencia, endurece sus palabras, aludiendo a cómo la Compañía de Jesús descuidó en los años anteriores sus vínculos con la elite chilena.

-¿Qué quieren? Ustedes son los que han dejado de lado a la clase alta. Yo soy pastor de todo Chile, y si ellos vienen a trabajar con las clases altas, bienvenido sea.

La elite santiaguina se identifica, entonces, con dos grupos religiosos. Uno es el Movimiento Apostólico de Schoenstatt, fundado en Alemania en 1941 por el padre José Kentenich, quien crea personalmente el movimiento en Chile en 1949. Exactamente diez años después se instala en el país el segundo grupo, el Opus Dei, formado en España, en 1928, por Josemaría Escrivá de Balaguer.

Algunos sacerdotes que conversan en privado con Silva Henríquez sobre la llegada de los Legionarios a Chile, afirman que el cardenal autoriza el ingreso de la congregación justamente para contrapesar a este último grupo.

“No me hable de eso por favor”

En casi 30 años funcionando, los Legionarios han conseguido plenamente el objetivo que los trajo a Chile. Distante por cierto de las esperanzas que tenía Silva Henríquez. Sus colegios educan a cerca de 10 mil alumnos provenientes del sector social más influyente. El año pasado además tomaron el control de la Universidad Finis Terrae.

En enero de 2008 murió el fundador Marcial Maciel, retirado a su pueblo natal luego que un año antes el Vaticano lo sancionara al descubrirse su oscuro y largo historial de abusos sexuales. Mucho antes, en 1986, el cardenal Raúl Silva Henríquez ya estaba arrepentido de haberlos dejado entrar:

En junio 1983, el cardenal Raúl Silva Henríquez presenta su renuncia al cargo de Arzobispo de Santiago ante el Papa Juan Pablo II, meses antes de cumplir 75 años de edad. En su reemplazo es designado el obispo de La Serena, Juan Francisco Fresno -con un perfil más moderado que su antecesor-, quien en 1985 es designado cardenal.

Tres años después de la dimisión de Silva Henríquez, en 1986, los Legionarios de Cristo fundan en Santiago su primer colegio: el Cumbres. Se trata todavía de un establecimiento pequeño, ubicado en Manquehue 146, en Las Condes, pleno barrio alto. El objetivo declarado de la Legión es conquistar a la elite de Santiago, por lo que concentran en este establecimiento los recursos captados entre sus “bienhechores”. El Instituto Zambrano, en cambio, permanece en las mismas instalaciones de Estación Central, pertenecientes al Arzobispado, sin que la congregación destine más fondos que los estrictamente necesarios. Lo que sí hará la orden, desde 1989, será inaugurar los colegios Mano Amiga, destinados a niños pobres, y que tres décadas después representarán el 25% de su red educacional escolar.

El Instituto Zambrano, en todo caso, se mantendrá siempre en un segundo plano. En los ’80, varios sacerdotes legionarios apenas visitarán el establecimiento y, en cambio, ofrecerán sus servicios como guías espirituales en colegios de mujeres y hombres del sector oriente de la capital, como el Villa María Academy, De La Salle, The Grange, y Apoquindo.

Enterado de esto, un sacerdote jesuita visita al cardenal Silva Henríquez, en su residencia particular. Toca el tema, y alude a los nuevos pasos de la Legión para ganarse a la elite chilena.

-¿Oiga, cardenal, y en qué minuto se le ocurrió a usted dejar entrar a los legionarios?-, le pregunta.

Silva Henríquez levanta su mano derecha, la mueve de un lado a otro, cierra un poco los ojos y hace un gesto de reprobación, como barriendo el aire.

-No me hable de eso, por favor, no me hable de eso-, responde.

EL LIBRO
El libroTítulo: Legionarios de Cristo en Chile. Dios, dinero y poder.

Autores: Andrea Insunza y Javier Ortega, periodistas investigadores de la Universidad Diego Portales.

Editores: Escuela de Periodismo UDP y Editorial La Copa Rota.

El libro, que en más de 400 páginas recoge más de 100 testimonios y documentos inéditos, se lanzó el jueves recién pasado en la UDP.

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