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La batalla de Francia… y la precariedad social

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SAMI NAÏR 23/10/2010

MIRO004 Lo que está pasando ahora en Francia era previsible. La sublevación de las clases populares vinculadas a los servicios públicos, de las clases medias seguidas por una parte importante de la juventud, de los estudiantes, no se puede entender si no se tiene en cuenta la situación de conflicto permanente creada por el propio modo de actuar del Gobierno y del presidente Nicolas Sarkozy. Sobre la cuestión de fondo, o sea la reforma de las pensiones y de la edad de jubilación, la posición del Gobierno fue dictada a los sindicatos sin posibilidad de negociación.

Retomando las propuestas de la patronal, que pedía, desde 2007, el retraso de la edad legal de las jubilaciones, la prolongación del plazo de cotizaciones y la evaluación restrictiva del trabajo penoso, el Gobierno propuso un proyecto de ley que impone el retraso de la edad legal mínima de jubilación de los 60 a los 62 años, la prolongación de las cotizaciones durante 41,5 años y el retraso de la edad para cobrar el total de la pensión de jubilación de 65 a 67 años para los que no hayan cotizado el tiempo necesario. Estas propuestas vienen acompañadas de muchas otras sobre la convergencia público-privada, el empleo de personal de mayor edad, de los jóvenes, de los derechos de los parados, de las prestaciones por maternidad, y otros puntos importantes. De hecho, el Gobierno, aprovechando el traumatismo provocado por la crisis económica, pensaba vender todo el paquete a la vez, yendo mucho más allá de lo que se estaba hablando en Francia estos últimos años.

    En el fondo, todo el mundo, incluso los sindicatos, sabe que habrá que hacer reformas, tanto por causa de la prolongación de la esperanza de vida como por la adaptación del sistema de jubilaciones a las nuevas condiciones de la economía francesa dentro del marco de la globalización. Las posiciones del conjunto de los sindicatos (los seis más importantes del país) apuntan que se trata de una reforma global, calificada de injusta (va a profundizar en las desigualdades), esencialmente pagada por los asalariados y, sobre todo, sin un proyecto de plan de empleo y de lucha en contra de la precariedad. Lo que significa que varias categorías sociales tendrán que trabajar hasta los 72 años para poder conseguir jubilaciones completas. Piden, desde luego, una reunión comparable a la que tuvo lugar después de Mayo del 68, llamada de "Grenelle", en la que se adoptó una reforma global consensuada entre el Gobierno y los sindicatos sobre el sistema social y el mercado de trabajo. El Gobierno rechazó la propuesta y, desde la primera manifestación del 24 de junio, no quiso negociar. Dicho de otra manera, ha elegido desde el principio la confrontación directa. Frente a esta ofensiva, los sindicatos -sus reivindicaciones son serias y abiertas (sin embargo, no hay un acuerdo global entre ellos mismos, y que hubiera podido ser un margen de maniobra importante para el Gobierno)-, consideraron que el Ejecutivo quería sobre todo debilitarlos. De ahí, el inevitable enfrentamiento.

    Otro elemento importante para entender la violencia del enfrentamiento: desde su elección, Sarkozy nunca pudo conseguir el apoyo mayoritario para su política de "reformas". La idea que todos los sondeos de estos dos últimos años ponen de relieve es que su política es profundamente conservadora y beneficia sobre todo a los grupos económicos privilegiados. Un sentimiento amargo de injusticia flota en el aire, y los métodos autoritarios y a veces teñidos de desprecio de los más altos responsables políticos hacia la ciudadanía acaban de transformar este sentimiento en rebeldía "lógica", para hablar como el poeta Arthur Rimbaud. Dicho de otra manera, la situación de crisis actual tiene tanto que ver con el rechazo de unas reformas consideradas injustas en un contexto de profundas desigualdades como el enfrentamiento con un presidente y un Gobierno que han perdido todas las elecciones desde las presidenciales de 2007. El tema sindical se mezcla con el rechazo político global.

    ¿Qué va ocurrir? Si el Gobierno mantiene su proyecto, probablemente asistiremos a una contestación social "rastrera" durante los próximos años, sabiendo que va a ser un tema clave en las elecciones presidenciales de 2012. Sin olvidar que los huelguistas franceses tienen la convicción de que se trata de una contienda que supera a su país, y que tendrá muchas consecuencias sobre el resto de los movimientos sociales en Europa. La batalla de Francia está lejos de acabarse.

    EL PAIS.COM

    Written by Eduardo Aquevedo

    23 octubre, 2010 at 2:32

    El giro socialdemócrata del modelo chileno…

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    Por Ernesto Águila Z. *

    BACHELETO001 Lo avanzado hasta ahora con este programa conceptualmente socialdemócrata es aún germinal y precario, y marca una ruptura no sólo con la idea neoliberal del mercado como factótum del desarrollo económico y social, sino también con la fórmula concertacionista de los noventa de “crecer con equidad”.

    El reciente discurso del 21 de mayo de la Presidenta Michelle Bachelet no sólo ha constituido una cuenta de lo realizado y un conjunto de anuncios políticos y sociales relevantes sobre el futuro, sino que ha reiterado la idea de que existe un nuevo enfoque o paradigma en la base de la formulación e implementación de las políticas públicas.

    ¿Existe este nuevo modelo o es sólo retórica? Y si este nuevo paradigma existe, ¿cuáles son sus rasgos fundamentales y de qué manera se diferencia no sólo del esquema neoliberal, sino de las propias concepciones económico-sociales anteriores de la Concertación?

    Sostendremos que en los últimos años, y particularmente bajo la administración Bachelet, lo que ha venido madurando es un giro socialdemócrata del modelo de desarrollo chileno. Ello expresado, básicamente, en la construcción de un "sistema de protección social", en un rol más proactivo del Estado en la economía y en un ideario igualitarista que ha venido instalándose con cierta consistencia en la formulación de las políticas públicas.

    El Plan AUGE y su lógica de derechos sociales garantizados, la construcción del pilar solidario del sistema previsional, el programa integral de protección de la infancia conocido como Chile Crece Contigo, el aseguramiento constitucional de 12 años de escolaridad obligatoria, el seguro de desempleo, el subsidio estatal a la vivienda, la reciente ley de igualdad salarial entre hombres y mujeres, etcétera, son algunas de esas políticas progresistas de nuevo cuño que conforman esta naciente institucionalidad de protección social o, si se quiere, los incipientes cimientos de un modelo de Estado de bienestar.

    Lo avanzado hasta ahora con este programa conceptualmente socialdemócrata es aún germinal y precario, y marca una ruptura no sólo con la idea neoliberal del mercado como factótum del desarrollo económico y social, sino también con la fórmula concertacionista de los noventa de "crecer con equidad", que seguía asimilando y reduciendo el concepto de desarrollo al de crecimiento económico, y concebía la acción social más bien a través de "programas focalizados" y no como la construcción estructural de una red de instituciones y mecanismos permanentes de protección y distribución de oportunidades y de bienestar.

    También esta nueva sensibilidad progresista se ha verificado en la agresiva acción económica contracíclica para enfrentar las crisis, en los esfuerzos de reactivación vía inversión pública y en la intervención directa del Estado sobre actividades económicas amagadas y protección del empleo, en un "revival" keynesiano impensado hasta hace unos pocos meses en nuestra ortodoxia económica.

    Mucho más tímida ha sido la instalación de la lógica socialdemócrata en el campo laboral, donde resulta una asignatura pendiente el fortalecimiento de los sindicatos, de la negociación colectiva y del diálogo social al interior de la empresa y entre los grandes actores sindicales y empresariales (lo que mostró su viabilidad en el reciente acuerdo entre la CUT y la CPC para una moratoria de una parte del potencial desempleo vía capacitación).

    En este sentido, lo que en gran medida estará en juego en diciembre de 2009 no es solo una genérica idea de cambio o alternancia sería absurdo que así fuera con los actuales niveles de respaldo del actual gobierno concertacionista sino también continuidad y profundización de este nuevo modelo social que se ha venido construyendo. Es decir, si se prosigue con este giro socialdemócrata o bien se entra en una involución neoliberal, a través de políticas de expansión del rol del mercado, desregulación, privatización de empresas públicas y, en general, la permanente propuesta de soluciones privadas para problemas públicos.

    Se debe tomar nota que en las últimas semanas el candidato de la derecha ha comenzado a hablar de "protección social". Sin embargo, resulta una conversión un poco tardía y poco creíble dentro de un sector político que hasta ahora no ha hecho ninguna revisión ni autocrítica intelectual seria de la crisis financiera internacional y de sus causas, ni ha aceptado conceptualmente el nuevo rol que el Estado ha venido jugando en lo económico y en lo social en el mundo y en Chile (la única reflexión de la crisis fue la pueril explicación de que era una nueva "falla del Estado" por no haber sabido éste regular, luego de haber predicado por décadas el laissez faire de los mercados).

    Continuidad y profundización socialdemócrata o regresión neoliberal pareciera ser la contradicción del período, por usar una categoría un poco en desuso y de otros tiempos. El arte de la política progresista en los próximos meses será concentrar las fuerzas y energías en esta contradicción principal y evitar enredarse en debates y escaramuzas secundarias y subalternas. //LND

    * Director ejecutivo del Instituto Igualdad y editor político de www.asuntospublicos.cl.

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