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Encuesta CEP (Enero, 2013): 54% está decidido a votar por Michelle Bachelet en las presidenciales…

De acuerdo al último sondeo, la ex mandataria encabeza todas las preferencias, tanto en las primarias de la Concertación como en una eventual contienda presidencial. Le sigue Laurence Golborne con un 15 por ciento de voto ya definido, Marco Enríquez Ominami con un 8, Andrés Allamand con un 7, Andrés Velasco y Franco Parisi con un 3 y José Antonio Gómez, Ximena Rincón y Claudio Orrego con un 2.
Una primera mirada al escenario que se configuraría en las primarias presidenciales de las dos principales coaliciones políticas, entregó hoy la encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP).
En esa línea, ante la pregunta ¿Quién cree usted que será el próximo Presidente de Chile?, el 53 por ciento de los encuestados respondió que piensa que será Michelle Bachelet, un 11 por ciento Laurence Golborne y un 3 por ciento Andrés Allamand.
Por otro lado, un 54 por ciento manifestó que está decidido a votar por la ex mandataria y un 15 por ciento por el abanderado de la UDI. En ese ámbito, un 8 indicó tener su sufragio definido en favor de Marco Enríquez -Ominami y un 7 por ciento por Andrés Allamand. Andrés Velasco y Franco Parisi obtuvieron un 3 por ciento. Por su parte, Juan Antonio Gómez, Claudio Orrego y Ximena Rincón lograron un 1 por ciento y Tomás Jocelyn-Holt un cero.
En relación al sondeo de agosto, Bachelet logra un aumento de 8 puntos porcentuales en la intención de voto, Golborne disminuye un punto, mientras que Marco Enríquez Ominami y Andrés Allamand suben 3.
Para la interrogante ¿Quién le gustaría que fuera Presidente de Chile?, un 49 por ciento se inclinó por Michelle Bachelet, un 11 por ciento por Laurence Golborne, un 5 por ciento por Andrés Allamand, un 4 por ciento por Marco Enríquez-Ominami y un 2 por ciento por Andrés Velasco y Franco Parisi.
En esta versión del estudio, se realizaron además distintos escenarios en la contienda electoral. Al enfrentarse los candidatos de la oposición a los de la alianza, resultan vencedores los del oficialismo. Esto cambia si se miden con Michelle Bachelet, quien se queda con la mayor cantidad de preferencias. Sin embargo, si los principales candidatos fueran Andrés Allamand y Marco Enríquez-Ominami, este último se pone por sobre el ex ministro de Defensa con un 24 por ciento contra un 19.
Primarias
Respecto de los resultados que se darían en las primarias de ambas coaliciones, en el oficialismo, el presidenciable de la UDI Laurence Golborne se impone con un 36 por ciento de los votos, sobre un 18 por ciento que obtendría el abanderado de RN, Andrés Allamand.
En la Concertación, en tanto, un 67 por ciento marcaría su preferencia por Michelle Bachelet, un 6 por ciento por Andrés Velasco, un 2 por ciento por Ximena Rincón, un 1 por ciento por Claudio Orrego, mientras que Juan Antonio Gómez no logró menciones.
Participación
A raíz de la alta abstención registrada en los pasados comicios municipales, que alcanzó un 60 por ciento, la encuesta de este mes ahondó en la disponibilidad de los electores para acudir a las urnas.
En este sentido, un 57 por ciento de los encuestados dijo que irá a votar con toda seguridad. Un 20 por ciento dijo que probablemente sí y un 7 por ciento que probablemente no. En tanto, un 11 por ciento aseguró que con toda seguridad no acudiría a votar.
Por otra parte, un 55 por ciento se declaró como poco o nada interesado en estas elecciones y un 44 como muy interesado.
De las personas sondeadas, un 56 por ciento participó en las pasadas muncipales y un 42 por ciento se abstuvo. El mayor porcentaje de abstención se registró en jóvenes entre 18 y 24 años (60 por ciento) y en el sector socioeconómico más bajo (51 por ciento). Ambos tramos corresponden al 16 y al 40 por ciento del padrón electoral respectivamente.
Encuesta CEP: Piñera crece sólo 3 puntos (de 24% a 27%) y Bachelet mantiene “aplastante ventaja” (50%)… [Actualizado]
Representación y legitimidad: el desplome del poder
En indiscutido mal pie quedan toda la clase política —salvo Bachelet—, luego de la encuesta de ayer. Y aunque todos hablan de recambio y asumen el hastío de los votantes con la política tradicional, la vorágine electoral dejará el rompecabezas para el próximo gobierno. Mientras el establishment pone cara de circunstancia, el elástico sigue estirándose.
por MARCELA JIMÉNEZ

Nadie recuerda una encuesta CEP en que ninguno de los actores políticos registrara un alza en la evaluación positiva. Por el contrario, casi todos —salvo el presidenciable Andrés Velasco que se mantuvo— cayeron en este ítem. Es cierto que la ex Presidenta Michelle Bachelet tiene una alta evaluación positiva (76%) y el “ministro-presidenciable” Laurence Golborne también (62%) ambos cayeron siete y seis puntos respectivamente en los últimos cuatro meses. Dicho desplome lo encabeza el senador PPD, Guido Girardi que cae 9 puntos, seguido por sus pares de la DC, Ignacio Walker y Ricardo Lagos Weber que bajaron 8 puntos e incluso, la dirigente estudiantil Camila Vallejo está en la lista con 5 puntos menos.
Estas cifras son una prueba —según los analistas— del agotamiento de la gente con la clase política en general, del desgaste de la elite, pero son sólo la punta del iceberg. Un 54% califica de regular nuestra democracia, sólo un 17% cree que ésta funciona bien, los niveles de confianza en los partidos políticos está casi en el suelo (6%) y el Congreso no está mucho mejor, ya que en los últimos dos años ha caído del 28% al 10%.
Si la confianza en los sindicatos (18%) es baja, es complejo que los niveles de ésta en instituciones como el gobierno (23%), municipalidades (25%) y el Ministerio Público (15%) no supere un cuarto de los encuestados.
El director del Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales, Claudio Fuentes, recalca que esta brecha entre la clase política y la gente comenzó a principios de la década del 2000, tuvo su primer momento de expresión concreta con el movimiento de los pingüinos y que es consecuencia de un conjunto de factores. “El sistema binominal genera una representación deficiente de los intereses ciudadanos; hay un problema constitucional por los vetos que ejercen con los quórums en el Congreso que por veinte años han impedido reformas necesarias y un sistema de partidos, donde prima el criterio de las facciones y el clientelismo, con una elite maneja los partidos”, precisó.
Según Claudio Fuentes, “un próximo Presidente, debería convocar a una comisión plural, que piense la fórmula para una nueva Constitución. La sociedad chilena tiene que pensar reglas del juego que garanticen estabilidad pero también participación”, recalcó. El momento propicio es el inicio de una nueva administración, cuando todo nuevo Mandatario goza de una “luna de miel” política que le da una suerte de mayor piso para impulsar algunos temas.
La lectura que hace Fuentes es coincidente con cifras de la CEP como la del 49% considera que el binominal debería cambiarse o la suerte de caída libre en que están las coaliciones políticas tradicionales. Un 60% no se identifica con ningún conglomerado político, sólo un 18% con la Concertación, un 12% con la Alianza y un 6% con el Juntos Podemos, sin contar que un 58% rechaza como la oposición ha desarrollado su papel y un 49% desaprueba la forma que la Alianza juega su rol político.
Es indiscutido el mal pie en que esta la clase política, aunque no por eso, en ella no existe seria preocupación y ya algunos, no muchos la verdad, prenden las alarmas. El candidato presidencial,Andrés Velasco dijo ayer que es evidente “el desplome del establishment político” y que ello refleja la necesidad de un recambio, porque hay “hastío de los votantes con la política tradicional, y están pidiendo alternativas”
Para el timonel del PS, Osvaldo Andrade, “el prestigio de las instituciones está en un nivel de precariedad” y ante ello no se puede estar tranquilo. “Cuando hay una crisis de las instituciones, de la presidencia y el gobierno, urge un dialogo político entre todos los sectores”, agregó.
El escenario es complejo y si bien no se habla de estar ad portas de un estallido social, hay síntomas preocupantes como el hecho de que las instituciones democráticas son “bypaseadas” para la búsqueda y solución de conflictos. “Eso sucede cuando el Presidente de la República llama por teléfono a un empresario para solucionar un conflicto medioambiental, bypaseando la institucionalidad que existe para resolver esos problemas o que los parlamentarios legislen más reaccionando al ritmo de la coyuntura, dejando de lado el debate político de fondo”, acotó Fuentes.
NUEVAS REGLAS
Con las municipales de octubre se entrará en una vorágine electoral que sólo terminará cuando se elija, a fines del próximo año, al siguiente Presidente y un nuevo Congreso. El punto es que a pesar de algunos cambios “cosméticos” como la inscripción automática y el voto voluntario para “mejorar la participación”, no se augura una avalancha de electores en ninguno de estos comicios: sólo un 50% dice que votará con toda seguridad para elegir alcalde y concejales y un magro 57% afirma con certeza que sufragará en las presidenciales y parlamentaria del 2013.
Considerando que el desgaste es para toda la clase política, el decano de la facultad de Gobierno de la Universidad del Desarrollo, Eugenio Guzmán, advierte que “sea cual sea el próximo gobierno, tendrá la tarea de comenzar a restablecer las confianzas ciudadanas en la institucionalidad”
Una idea compartida por Fuentes. “Un próximo Presidente, debería convocar a una comisión plural, que piense la fórmula para una nueva Constitución. La sociedad chilena tiene que pensar reglas del juego que garanticen estabilidad pero también participación”, recalcó.
El momento propicio es el inicio de una nueva administración, cuando todo nuevo Mandatario goza de una “luna de miel” política que le da una suerte de mayor piso para impulsar algunos temas.
Los actuales inquilinos de La Moneda no pueden, dado el rechazo sistemático de uno de sus principales aliados, la UDI, a las reformas constitucionales pendientes, la baja evaluación ciudadana al gobierno y en la recta final de su mandato. En concreto, dijo el académico de la UDP, “Piñera no tiene capacidad para hacerlo, la derecha no quiere cambiar el statu quo, por eso se molestó tanto con la DC e Ignacio Walker que se abrió a la idea de la asamblea constituyente, porque eso implica cambiarlo”.
Bachelet mantiene aplastante ventaja y aprobación a Piñera sube levemente

Así lo revela la última encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP), donde la ex jefa de Estado registró un 50% de las preferencias ante la pregunta: ¿Quién le gustaría a Ud. que fuera la o el próximo presidente de Chile? Le sigue el actual ministro de Obras Públicas, Laurence Golborne, con un 9 por ciento.
En abril pasado la ex mandataria registró un 51% y el secretario de Estado un 7%. En el tercer lugar de las preferencias se encuentra el líder del PRO, Marco Enríquez-Ominami con un 4%; y en el cuatro lugar aparecen empatados con un 2% el ministro de Defensa, Andrés Allamand, y el economista, Franco Parisi.
Ante la pregunta ¿Quién cree que será el próximo Presidente de Chile?, un 49 por ciento de los consultados dijo que se inclinaba por la ex jefa de Estado, mientras un 8% manifestó su preferencia por el titular del MOP.
En tanto, la gestión del gobierno obtuvo un 27%, es decir, tres puntos más de la gestión anterior (abril). Mientras un 52% desaprueba la manera en que está ejerciendo su administración.
En tanto, ante la interrogante: ¿Quién debiera ser el candidato de la alianza? los resultados fueron los siguientes: Laurence Golborne con un 26%, Andrés Allamand con 7%, Pablo Longueira 2% y Bachelet con 2%. Ante la pregunta ¿Quién debiera ser el candidato de la Concertación?: Bachelet con un 46%, Andrés Velasco con un 2%, José Antonio Gómez con un 1%.
Interrogados por la decisión de votar por… las personas sondeadas dijeron: 46% Michelle Bachelet, 14% Laurence Golborne, 5% Marco Enríquez-Ominami, 4% Andrés Allamand, 3% Ricardo Lagos Weber y cierra la lista con un 1% el economista Franco Parisi.
Un 18% se identifica con la Concertación y un 12% con la Coalición por el Cambio. 60% no se identifica con sector político alguno. La instituciones mejor evaluadas son Carabineros (50%), Fuerzas Armadas (53%), Radios (51%), más abajo la Iglesia Católica (32%), diarios (32%), Televisión (31%), Movimiento Estudiantil (30%) y Gobierno (23%).
El 49% de los consultados se mostró a favor de cambiar el sistema binominal y un 42% cree que la educación debe ser gratuita, mientras un 45% cree que debe serlo para los más pobres. Sólo un 3% dice que no debe ser gratuita.
Las principales preocupaciones para los chilenos son la Delincuencia (50%), Educación (46%) y Salud (42%).
(EL MOSTRADOR.CL)
Pese a intenso despliegue comunicacional Piñera no llega al 30% de aprobación
Los días previos desde Palacio se había insistido en que estaba todo dado para llegar a ese umbral, considerando que en la Adimark de principios de agosto, se había mantenido la tendencia alza marcando un 36 por ciento de aprobación. La confianza del gobierno se basaba en una seguidilla de planificados golpes comunicacionales, como el despliegue de Piñera por los matinales de TV anunciando la baja de la pobreza en la Casen.

Un sabor amargo en la boca. Esa fue la sensación en La Moneda al conocer los resultados de la última encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP) que arrojó un 27% de aprobación a la gestión del Presidente Sebastián Piñera, tres puntos más que en la medición de abril, cierto, justo en el límite del margen de error. Pero así y todo, fue inevitable que las cifras se sintieran en Palacio como un balde de agua fría, cuando comprobaron que no habían logrado superar la meta del 30% que en días previos al sondeo, filtraron, convencidos del éxito de la estrategia comunicacional que se desplegó desde los primeros días de julio, justo cuando se realizaba el trabajo de campo de la muestra.
Mientras el Presidente Piñera —acompañado del ministro de Economía, Pablo Longueira— estaba en el patio de los cañones en una concurrida pauta de entrega de “capital semilla” a un grupo de emprendedores, el grueso de los asesores que asistían al acto estaban atentos a sus celulares esperando conocer las cifras de la CEP, que al gobierno llegaron con sólo diez minutos de anticipación.
Los días previos desde Palacio se había insistido en que estaba todo dado para llegar al umbral del 30% considerando que en la Adimark de principios de Agosto, se había mantenido la tendencia alza marcando un 36 por ciento de aprobación, señal que interpretó como un freno de los resultados a la baja. Precisamente, la confianza del gobierno se basaba en el intenso despliegue comunicacional que se efectuó mientras la CEP estuvo en terreno, desde el 5 de julio al 9 de agosto.
En esas fechas, por destacar las principales actividades, el Presidente Piñera anunció que 650 mil inscritos en Fonasa podrán decidir dónde atenderse, citó a presidentes de la Alianza a desayuno en la Moneda para ver proyecto de salario mínimo, promulga la Ley Antidiscriminación, se dieron a conocer los resultados en varios días consecutivos de la Encuesta Nacional de Caracterización Socioeconómica (Casen) en que anuncia que su gobierno logró bajar la pobreza en un 0,7% y promulga la ley que anticipa el pago del bono Bodas de Oro, junto con la aprobación del salario mínimo en el Congreso.
Dado el esfuerzo, en La Moneda reconocían que las cifras “no fueron buenas, debió ser más alta la aprobación” y desde la Alianza, coinciden en que la cosecha “no estuvo a la altura del feroz despliegue que se hizo, ya que se debió tener un mejor resultado”.
El problema estuvo, reconocieron en el gobierno, en fijarse un umbral del 30% y filtrarlo a los medios, porque con ello se autoimpusieron una meta, que a todas luces no se cumplió. En Palacio afirman que “se pecó de exitismo” y que, a todas luces, ello se debió a que hay una “suerte de microclima” en La Moneda, que claramente no está en sintonía con lo que pasa fuera de las paredes de la sede de Gobierno.
El decano de la facultad de Gobierno de la Universidad del Desarrollo, Eugenio Guzmán, precisó que, si bien es efectivo que “hay un cambio de tendencia, pero todavía es leve (…), hay que ver con qué velocidad este cambio se desarrolla y consolida los próximos meses”. En todo caso, reconoció que “la sintonía ambiente decía que se llegaba al 30% y, en ese sentido, efectivamente para el gobierno no fue un buen resultado” esta encuesta.
El académico Damián Trivelli añadió que fue evidente que Piñera “hizo todo lo posible, atrasaron la Casen para que coincidiera con el trabajo de campo de la CEP, hubo un fuerte despliegue de estrategia comunicacional y de recursos, a través de los bonos, se puso todo, pero no lograron subir”.
Ante el evidente autogol del gobierno al no pasar su propia meta, la salida pública fue centrar el acierto en el cambio de tendencia. El ministro Andrés Chadwick —con quien Piñera revisó las cifras de la encuesta en las oficinas de la SEGEGOB— declaró que “la gente empieza a percibir que las cosas pueden estar mejor, eso se está marcando en esta tendencia al alza. Lo importante es medir las tendencias, si me lo preguntan, hubiese deseado subir más, tener una adhesión mayor, pero lo serio es que la tendencia de las últimas encuestas, es que el gobierno va subiendo, la tendencia va hacia arriba, es lo que nos importa”.
¿LA PIEDRA DE TOPE?
Efectivamente el rechazo a Piñera disminuyó del 59% en abril a un 52% en la encuesta de ayer, pero la evaluación de los atributos del Presidente Piñera sigue siendo el talón de Aquiles. Un 73% dijo en la CEP que lo considera lejano, un 63% asegura que no le tiene confianza, un 64% que actúa sin destreza y un 68% que lo ha hecho con debilidad.
Por destacar las principales actividades, el Presidente Piñera anunció que 650 mil inscritos en Fonasa podrán decidir dónde atenderse, citó a presidentes de la Alianza a desayuno en la Moneda para ver proyecto de salario mínimo, promulgó la Ley Antidiscriminación, se dieron a conocer los resultados en varios días consecutivos de la Encuesta Nacional de Caracterización Socioeconómica (Casen) en que anuncia que su gobierno logró bajar la pobreza en un 0,7% y promulgó la ley que anticipa el pago del bono Bodas de Oro, junto con la aprobación del salario mínimo en el Congreso.
Desde hace meses que se ha insistido —y finalmente el Presidente acató la estrategia— en un modelo comunicacional que apuntaba a “proteger” la imagen presidencial, evitando que Piñera opinara de todos los temas y concentrando sus apariciones sólo a pautas de anuncios positivos, temas de Estado, de país, como la política internacional o los logros económicos.
Dicho esquema varió con los anuncios de la Casen con que el gobierno aseguró que logró bajar la pobreza, ya que instalaron a Piñera en la primera fila, en circunstancias que desde el mismo día que se conocieron las cifras, fueron públicamente cuestionadas y puestas en tela de juicio por la oposición, en especial por el mundo académico.
Para Guzmán, es evidente que hay “aspectos” del Presidente como “la confianza y la credibilidad que son difíciles de cambiar y ese es un flanco débil para el gobierno”. En ese sentido, subraya que la estrategia de protegerlo “quedó en nada con la Casen que lo volvió a la primera fila”.
Trivelli —quien es el coordinador del reciente estudio de la Universidad Diego Portales “Análisis de las Declaraciones de los Políticos en los noticieros centrales”— el factor de los atributos del Presidente es clave. “En julio Piñera tuvo 92% de menciones positivas en los noticieros, once puntos más que en junio. Las cifras que obtiene en confianza demuestran que da lo mismo lo que diga, la gente tiende a desconfiar, la letra chica ha calado en profundidad”.
El analista y consultor Carlos Correa agregó que “el problema de Piñera es que cuando habla la gente no le cree, su credibilidad es baja, lo que haga estará siempre teñido por ese cartel de desconfianza. Este es un gobierno que los últimos tres meses ha gobernado solamente con cuñas comunicacionales, no gobiernan, no generan acuerdos. La gente no le cree al Presidente y es más fácil construir las confianzas, que recomponer las que se rompieron, como es en este caso”.
POCA NOVEDAD EN EL FRENTE
El escenario presidencial que arrojó la CEP no varió mucho en relación a la muestra de abril, ya que Michelle Bachelet se mantuvo con una aplastante ventaja que alcanzó el 50% entre quienes les gustaría que fuera el próximo Presidente, mientras que su más cercano contrincante, el ministro de Obras Públicas, Laurence Golborne, sólo llegó al 9%, dos puntos más que hace cuatro meses, pero se enmarcan en el margen de error de la muestra. Marco Enríquez Ominani tiene un 4% y el ministro de Defensa, Andrés Allamand, quedó en el 2%, junto con el economista Franco Parisi.
Según Trivelli, queda claro que con miras a la carrera presidencial del 2013, lo mejor que puede hacer Piñera en favor de los candidatos del oficialismo es dar un paso al lado. “Debe dejar en libertad de acción a sus presidenciables, no salir del gobierno porque aún no les conviene, sino que se desempeñen fuera de su alero, es la única posibilidad para que crezcan, que no contamine a los candidatos de la Alianza poniéndose al lado”.
No es el único que piensa eso. El vicepresidente de RN, Manual José Ossandón, aseguró ayer que con los resultados de la CEP quedó claro que “este gobierno hundió a los presidenciables, que juntos suman apenas un 11 por ciento, es un despropósito para un gobierno que tiene un aparataje casi de tres años. Quiero preguntarle a los que andan celebrando estos resultados, debido a que Piñera subió tres puntos, ¿por qué ningún candidato en estas municipales se quiere sacar una foto con el Presidente?”.
Chadwick declaró que “como gobierno oficialmente no nos vamos a pronunciar sobre el mejor método para que Alianza elija su candidato, queremos respetar la institucionalidad de los partidos”. Pero ninguno desconoce en privado en La Moneda que son pocos los que creen que efectivamente se llegará a una primaria entre la UDI y RN para definir el candidato presidencial.
En Palacio consideran que ya que Longueira está prácticamente fuera de competencia —tiene un 65% de rechazo— si la distancia entre Golborne y Allamand llega al margen de los quince puntos, las primarias son un ejercicio que no vale la pena.
Longueira, en pleno patio de La Moneda, en tanto se daban a conocer los resultados de la CEP, respondió categórico: “Para que una primaria tenga credibilidad ante la ciudadanía, tiene que haber candidatos competitivos, de lo contrario no tiene ningún efecto”. Y cuando Longueira lo dice, rara vez no suceden así las cosas.
(EL MOSTRADOR.CL)
I. Ramonet: Elecciones en Francia…
La elección presidencial es, en Francia, “la madre de todas las votaciones” y el punto incandescente del debate político. Tiene lugar cada cinco años. Es un sufragio universal directo a dos vueltas. En principio, cualquier ciudadano francés se puede presentar a la primera vuelta, que tiene lugar esta vez el 22 de abril. Aunque debe cumplir una serie de requisitos. Entre ellos, contar con el apoyo de 500 cargos electos de al menos 30 departamentos (provincias) distintos (1). Si ningún candidato obtiene mayoría absoluta (más del 50% de los votos), se impone una segunda vuelta dos semanas después. Desde la instauración de la Quinta República en 1958, siempre ha habido una segunda vuelta. A ella acceden tan sólo los dos candidados que encabezan el primer turno. O sea, habrá que esperar hasta el próximo 6 de mayo para conocer el resultado. Entre tanto, toda la vida política gira en torno a ese acontecimiento central.
Por el momento, nadie tiene la partida ganada, aunque –según todas las encuestas– la final parece que se jugará entre dos candidatos: el presidente conservador saliente Nicolas Sarkozy, y el líder socialista, François Hollande. Pero quedan todavía varias semanas de campaña en las que muchas cosas pueden ocurrir (2). Y además, un tercio de los electores no ha decidido aún por quién votará…
Los debates se desarrollan en un contexto marcado por dos fenómenos principales: 1) la mayor crisis económica y social que Francia ha conocido en los últimos decenios (3); 2) una creciente desconfianza hacia el funcionamiento de la democracia representativa.
La Constitución sólo autoriza dos mandatos consecutivos. El presidente Sarkozy se declaró oficialmente el 15 de febrero pasado candidato a su propia sucesión. Desde entonces la poderosa maquinaria de su partido, la Unión por un Movimiento Popular (UMP), se ha puesto briosamente en marcha. Y ha conseguido que todos los demás candidatos de la derecha (excepto el soberanista Nicolas Dupont-Aignan) se retiren de la contienda para dejarle como único representante de la corriente conservadora (4). La batalla sin embargo no será fácil. Todas las encuestas lo dan por derrotado en la segunda vuelta frente al candidato socialdemócrata François Hollande.
Sarkozy se ha vuelto muy impopular. En el extranjero, muchas personas no lo conciben porque únicamente perciben su imagen de líder internacional enérgico dirigiendo, junto con Angela Merkel, las Cumbres europeas o las del G-20. Además, en 2011, asumió también una postura de jefe militar y consiguió ganar dos guerras, en Costa de Marfil y en Libia. Por otra parte, en el aspecto del “glamour”, su matrimonio con la célebre ex modelo Carla Bruni, con quien acaba de tener una niña, contribuye a hacer de él un actor permanente de la prensa del corazón. De ahí la perplejidad de la opinión pública extranjera ante su eventual derrota electoral.
Pero hay que tener en cuenta, en primer lugar, un principio político casi universal: no se ganan unas elecciones gracias a un buen balance de política exterior, por excelente que sea. El ejemplo histórico más conocido es el de Winston Churchill, el “viejo león” británico vencedor de la Segunda Guerra Mundial y derrotado en las elecciones de 1945… O el de Richard Nixon, el presidente estadounidense que puso fin a la guerra de Vietnam y reconoció a China popular, pero se vio obligado a dimitir para no ser destituido… Hay que añadir que otra ley parece haberse establecido en Europa estos últimos años en el contexto de la crisis: ningún gobierno saliente ha sido reelegido.
En segundo lugar, está el balance de su mandato, que es execrable. Además de los numerosos escándalos en los que se ha visto envuelto, Sarkozy ha sido el “presidente de los ricos” a quienes ha hecho regalos fiscales inauditos, mientras sacrificaba a las clases medias y desmantelaba el Estado del bienestar. Esa actitud ha alimentado las críticas de los ciudadanos que, poco a poco, se han visto engullidos por las dificultades: pérdida de empleo, reducción del número de funcionarios, retraso de la edad de jubilación, aumento del coste de la vida… No cumplió sus promesas. Y la decepción de los franceses se amplificó.
Sarkozy cometió también garrafales errores de comunicación. La noche misma de su elección en 2007 se exhibió en un célebre restaurante parisino de los Campos Elíseos festejándolo sin complejos en compañía de un puñado de multimillonarios. Aquella interminable juerga en el Fouquet’s quedó como el símbolo de la vulgaridad y la ostentación de su mandato. Los franceses no lo han olvidado y muchos de sus propios electores modestos jamás se lo perdonaron.
Con su hiperactivismo, su voluntad de estar presente en todas partes y de decidirlo todo, Sarkozy ha olvidado una regla fundamental de la Quinta República: el Presidente –que posee más poder que cualquier otro jefe de Ejecutivo de las grandes democracias mundiales– debe saber guardar las distancias. Dosificar con prudencia sus intervenciones públicas. Ser el señor de la penumbra. No quemarse por exceso de sobreexposición. Y es lo que le ha pasado. Su hipervisibilidad desgastó pronto su autoridad, y lo ha convertido en su propia caricatura, la de un dirigente permanentemente acalorado, impetuoso, excitado…
Ni una sola encuesta, hasta ahora, lo da como vencedor de estas elecciones. Pero Sarkozy es un guerrero dispuesto a todo. Y también, a veces, un golfo sin escrúpulos, capaz de actuar como un auténtico aventurero. De tal modo que, desde que se lanzó a la campaña el mes pasado, con un descaro monumental no ha dudado en presentarse –él, que ha sido el “presidente de los ricos”– como “el candidato del pueblo” esgrimiendo argumentos próximos a la xenofobia para robarle votos a la extrema derecha. No sin eficacia electoral. Y en las intenciones de voto, inmediatamente ganó varios puntos hasta conseguir situarse por encima del candidato socialista…
Éste, François Hollande, es por el momento, el claro favorito de los sondeos. Todos, sin excepción, lo dan vencedor el 6 de mayo próximo. Poco conocido en el extranjero, Hollande es considerado por sus propios electores como un burócrata por haber sido durante más de once años (1997-2008) Primer secretario del Partido socialista (5). Contrariamente a su ex compañera Ségolène Royal, nunca fue ministro. Y su nombramiento como candidato de los socialistas no resultó evidente. Sólo fue designado después de unas durísimas elecciones primarias en el seno de su partido (a las que, por razones harto conocidas (6), Dominique Strauss-Kahn, el preferido de los electores socialistas, no pudo competir).
François Hollande es un social-liberal de centro, conocido por sus habilidades de negociador y su dificultad para tomar decisiones. Se le reprocha ser demasiado blando y mantener en permanencia la confusión. Su programa económico no se distingue netamente, en el fondo, del de los conservadores. Después de haber afirmado en un discurso electoral que “el enemigo principal” eran las finanzas, se apresuró a ir a Londres a tranquilizar a los mercados recordándoles que nadie había privatizado más y liberalizado más que los socialistas franceses (7). En lo que respecta al euro, a la deuda soberana o a los déficits presupuestarios, Hollande –que afirma ahora querer renegociar el Pacto fiscal (8)– está en la misma línea que otros dirigentes socialdemócratas, como Yorgos Papandreu (Grecia), José Sócrates (Portugal) y José Luis Rodríguez Zapatero (España), quienes, después de haber abjurado de sus principios y aceptado las horcas caudinas de Bruselas, fueron electoralmente expulsados del poder.
La flacidez política de François Hollande aparece aún más flagrante cuando se le compara con el candidato del Frente de Izquierda, Jean-Luc Mélenchon. Con el 14% de las intenciones de voto, éste está resultando la gran revelación de estas elecciones. Sus mítines son los que reúnen al mayor número de personas, y sus discursos, verdaderos modelos de educación popular, los que levantan el mayor entusiasmo. El domingo 18 de marzo, aniversario de la revolución de la Comuna de París, consiguió movilizar a unas 120.000 personas en la plaza de la Bastilla, cosa jamás vista en los últimos cincuenta años. Todo ello debería favorecer cierto giro a la izquierda de los socialistas y de François Hollande. Aunque las diferencias de líneas son abismales.
El programa de Jean-Luc Mélenchon, resumido en un librito titulado L’Humain d’abord! (9) (¡Primero lo humano!) del que ya se han vendido centenares de miles de ejemplares, propone, entre otras medidas: repartir la riqueza y abolir la inseguridad social; arrebatarle el poder a los bancos y a los mercados financieros; una planificación ecológica; convocar una Asamblea Constituyente para una nueva República; liberarse del Tratado de Lisboa y construir otra Europa; iniciar la desmundialización…
El entusiasmo popular que está levantando Jean-Luc Mélenchon da una nueva esperanza a las clases trabajadoras, a los militantes veteranos y a la multitud de los jóvenes indignados. Es también una respuesta a una democracia en crisis donde muchos ciudadanos ya no creen en la política ni en el ritual de las elecciones.
Mientras se desinfla la extrema derecha y fracasa la tentativa de revivirla mediante el experimento de Marine Le Pen, estas elecciones presidenciales francesas podrían demostrar que, en una Europa desorientada y en crisis, sigue viva la esperanza de construir un mundo mejor.
Notas:
(1) Esta exigencia se reveló insuperable para por lo menos dos pretendientes importantes: Dominique de Villepin, gaulista, ex primer ministro, y Corinne Lepage, ecologista, ex ministra, excluidos de la competición.#
(2) Por ejemplo, el asesinato de tres militares en el sur de Francia y la odiosa matanza de niños judíos en Toulouse el 19 de marzo pasado, cometidos por un joven yihadista relacionado con Al Qaeda, impactaron con fuerza en la campaña, dándole naturalmente un protagonismo particular al presidente saliente Nicolas Sarkozy.
(3) Tasa de desempleo: 9,8%. Desempleo de los jóvenes de menos de 25 años: 24%. Número total de desempleados: 4,5 millones.
(4) En favor de Sarkozy, se retiraron de la competición: Christine Boutin (Partido cristiano-demócrata), Hervé Morin (Nuevo Centro) y Frédéric Nihous (Caza, Pesca, Naturaleza y Tradiciones). Por idéntico motivo, el centrista Jean-Louis Borloo no presentó su candidatura. Y la eliminación de Dominique de Villepin y de Corinne Lepage tendrá también como consecuencia que la mayoría de sus electores apoyarán al presidente saliente.
(5) En las encuestas, los dos tercios de los votantes de Hollande declaran que lo hacen por “rechazo a Sarkozy”; únicamente un tercio dice que se adhiere a las ideas de Hollande.
(6) Léase, Ignacio Ramonet, “Una izquierda descarriada”, Le Monde diplomatique en español, junio de 2011.
(7) The Guardian, Londres, 14 de febrero de 2012.
(8) Léase, Ignacio Ramonet, “Nuevos protectorados”, Le Monde diplomatique en español, marzo de 2012.
(9) http://www.lhumaindabord2012.fr
Fuente original: http://www.monde-diplomatique.es/?url=editorial/0000856412872168186811102294251000/editorial/?articulo=e50f8d39-0ffc-41e7-9b6d-e64185587269
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Por Carlos Noriega
Desde Lima
El proyecto autoritario fujimorista, que cayó en el año 2000 en medio de escándalos de corrupción, denuncias de violaciones a los derechos humanos y las protestas de la población, amenaza con regresar al poder. Empujada por un masivo apoyo mediático, la hija del ex dictador Alberto Fujimori ha logrado igualar al candidato progresista Ollanta Humala en la carrera por la presidencia del Perú, que se definirá el 5 de junio. Según tres últimas encuestas, Keiko Fujimori (foto) y Ollanta Humala están en un empate técnico, pero la tendencia favorece a la hija del ex dictador, condenado a 25 años de prisión por crímenes de lesa humanidad y corrupción.
Hace dos semanas, el candidato de la izquierda aventajaba por seis puntos a la representante de la derecha fujimorista. Esa ventaja ha desaparecido. El Instituto de Opinión Pública de la Universidad Católica le da a Humala 40,7 por ciento y a Keiko Fujimori, 40,5 por ciento. Para la encuestadora Datum, Humala tiene 40 por ciento y Keiko, 39,1 por ciento. Por su parte, Ipsos Apoyo pone en primer lugar a Fujimori con 41 por ciento, mientras Humala obtiene 39 por ciento. Los indecisos bordean el 20 por ciento, aunque se estima, según los promedios históricos, que de ellos la mitad votaría en blanco o viciado.
Las tres encuestadoras coinciden en darle a Keiko Fujimori una amplia ventaja en Lima, que concentra el 35 por ciento del electorado, mientras Humala triunfa en el interior del país, sacando una importante diferencia a su favor en las empobrecidas zonas andinas y rurales. La hija del ex dictador Fujimori, quien gobernó entre 1990 y 2000 apoyado por el empresariado y los grandes grupos de poder económico, gana ampliamente, con casi 40 puntos de diferencia, en las clases media alta y alta, y Humala lo hace en los sectores populares, aunque por un margen que no pasa los seis puntos. Repitiendo la estrategia clientelista que su padre puso en práctica desde el poder, Keiko Fujimori reparte alimentos entre los más pobres pidiéndoles a cambio su voto.
Las encuestas revelan que Humala necesita ganar más respaldo en la capital y en las clases medias para lograr la victoria. En ese intento, ha moderado su discurso y buscado consenso con sectores de centro y de centro derecha. Ha reclutado técnicos que vienen de esos sectores y ha recibido un amplio apoyo de intelectuales y académicos. Y esta semana firmó el Acuerdo Nacional, un compromiso sobre políticas de Estado y defensa de la democracia suscrito por la mayor parte de los partidos políticos. Pero Humala se enfrenta a una agresiva campaña mediática para descreditarlo, que no le da respiro.
La mayor parte de diarios y la televisión trabajan a tiempo completo para dinamitar la candidatura progresista. La prensa local, con algunas pocas excepciones, se ha parcializado sin pudor con la hija del ex dictador Fujimori, quien en su régimen controló a la prensa con millonarios sobornos. Se repiten sin pausa los mensajes que demonizan a Humala como un radical estatista y autoritario, buscando crear miedo en la población ante un posible gobierno progresista, al que los medios igualan con una especie de apocalipsis nacional. Paradójicamente, la campaña mediática contra Humala para favorecer a Keiko Fujimori se centra en presentarlo como autoritario, enemigo de la libertad de prensa y con intenciones de cambiar la Constitución para quedarse indefinidamente en el poder, es decir todo lo que en su gobierno hizo Alberto Fujimori, el padre y mentor político de la candidata que esos medios respaldan.
La prensa, que criticó duramente a Humala cuando convocó a profesionales de otros grupos políticos, ha celebrado el reclutamiento que Keiko Fujimori ha hecho recientemente del conocido economista Hernando de Soto para apoyar su candidatura. De Soto ya trabajó con el régimen autoritario del padre de Keiko y hasta febrero de este año fue asesor del dictador libio Muammar Khadafi, un dato que los medios han preferido pasar por alto.
La campaña mediática contra Humala ya le ha costado el puesto a varios periodistas, que han sido despedidos por defender la independencia informativa de su trabajo. La última adquisición de esta agresiva ofensiva mediática contra Humala ha sido la contratación del escritor y popular presentador de televisión Jaime Bayly, quien en un programa televisivo de una hora semanal, que comenzó a emitirse hace dos semanas desde Miami, se dedica exclusivamente a desacreditar a Humala.
Al tiempo que demoniza a Humala, la mayor parte de la prensa intenta lavarle la cara al fujimorismo y a su candidata. Las violaciones a los derechos humanos cometidas en el régimen fujimorista, el control de los medios, la corrupción sin precedentes de ese gobierno y el apoyo que Keiko siempre le dio al gobierno autoritario de su padre no forman parte de la agenda electoral de esa prensa.
Brasil y Venezuela, dos procesos electorales cruciales para este otoño…
Rebelión, Traducido para Rebelión por Ricardo García Pérez
En América Latina se celebrarán este otoño dos procesos electorales que tendrán una relevancia decisiva para la dirección que adopte la política económica y exterior en la próxima década.
Las elecciones legislativas venezolanas del 26 de septiembre determinarán si el Presidente Chávez es capaz de obtener la mayoría de dos tercios necesaria para continuar con su programa socialista democrático sin padecer los bloqueos continuos en la tramitación impuestos por una derecha cada vez más dura.
Brasil, la economía industrial y exportadora de productos agrarios más poderosa y dinámica de la región, afronta sus elecciones presidenciales el 3 de octubre.
En ambos países, el electorado está muy polarizado, si bien en Brasil no se estructura en torno al eje socialismo-capitalismo.
En Venezuela, la derecha pretende frenar nuevos procesos de nacionalización de industrias estratégicas, fomentar la desestabilización promoviendo la desobediencia y el sabotaje de las iniciativas políticas de base de las comunidades locales e imponer restricciones al gasto presupuestario en programas sociales e inversiones públicas. El objetivo estratégico de la derecha es incrementar la penetración institucional del Ejército, los servicios de inteligencia y las agencias de «ayuda» estadounidenses con el fin de debilitar las iniciativas de política exterior independiente del Presidente Chávez y presionar a su gobierno para que haga concesiones a la Casa Blanca, sobre todo debilitando su apoyo a Irán, Palestina y, lo más importante, las organizaciones político-económicas latinoamericanas independientes que excluyen a Washington (MERCOSUR, ALBA y UNASUR).
Elecciones presidenciales: Brasil
En Brasil, las elecciones presidenciales enfrentan a la candidata del Partido de los Trabajadores, Dilma Rousseff, respaldada por el saliente Presidente Lula Da Silva, contra el antiguo gobernador del estado de Sao Paulo y abanderado del Partido Socialdemócrata Brasileño, José Serra. Las etiquetas del partido son irrelevantes, pues ambos candidatos han fomentado y están proponiendo continuar con políticas de desarrollo agro-minerales de libre comercio impulsadas por las exportaciones, y ambos encuentran respaldo entre las élites empresariales y financieras. Pese a sus vínculos con las élites empresariales y evitando toda clase de transformación radical (o siquiera moderada) de un sistema de distribución de riqueza y propiedad de las tierras enormemente desigual, hay diferencias esenciales que afectarán al resultado: (1) el equilibrio de fuerzas en el continente americano, (2) la capacidad de los movimientos sociales brasileños de articular sus demandas con libertad, (3) el futuro de los regímenes de centro-izquierda de los países vecinos (sobre todo, Bolivia, Venezuela y Argentina), y (4) los consorcios de capital público y privado para los campos petrolíferos inmensos recién descubiertos frente a sus costas.
Serra desplazará la política exterior de Brasil hacia una mayor adaptación a Estados Unidos, debilitando o rompiendo los lazos con Irán y reduciendo, o incluso eliminando, los programas de inversiones conjuntas con Venezuela y Bolivia. Sin embargo, Serra no modificará las políticas comerciales e inversionistas en el exterior en lo que se refiere a Asia. Serra proseguirá con las políticas de libre comercio de Lula con la intención de diversificar mercados (salvo donde Estados Unidos define «amenazas» geopolíticas o intereses militares) y promover las exportaciones de los sectores agrario y energético-minero. Mantendrá la política de Lula de superávit presupuestario y ajuste fiscal y de rentas. Es probable que las políticas sociales de Serra profundicen y ensanchen los recortes de las pensiones públicas y continúen con su criterio de restricción salarial, al tiempo que reducen el gasto público especialmente en educación, sanidad y lucha contra la pobreza. En ese ámbito fundamental que es la explotación de los nuevos yacimientos de gas y petróleo inmensos, Serra reducirá el papel del Estado (y su participación en los ingresos, los beneficios y la propiedad) en beneficio de las empresas petrolíferas privadas del extranjero. Es menos probable que Serra fomente la concertación con los dirigentes sindicales y que recurra a una mayor represión «legal» de las huelgas y a la criminalización de los movimientos sociales rurales, sobre todo los de ocupación de tierras del Movimiento de los Sin Tierra (MST). En el ámbito de la diplomacia, Serra se aproximará más a Estados Unidos y a sus políticas militaristas, sin mostrar apoyo manifiesto a la intervención militar directa. Una señal de que Serra suscribe el programa de Washington fue calificar al gobierno reformista de Bolivia de «narco-estado», haciéndose eco de la retórica de Hilary Clinton, en marcado contraste con los vínculos amistosos entre ambos países durante el mandato de Lula. Sin duda, Serra rechazará toda iniciativa diplomática independiente que entre en conflicto con las aspiraciones militares estadounidenses. La campaña de Rousseff, en esencia, promete mantener las políticas económicas y diplomáticas de Lula, incluyendo la propiedad pública mayoritaria de los nuevos yacimientos de petróleo y gas, el desarrollo de programas de lucha contra la pobreza y cierto margen de tolerancia (aunque no respaldo) a movimientos sociales como el MST o los sindicatos.
Dicho de otro modo: las alternativas son dar un paso atrás para regresar a las políticas represivas y conformistas de la década de 1990, o mantener el statu quo del libre mercado, la política exterior independiente, los programas de lucha contra la pobreza y una mayor integración en América Latina.
Si gana Serra, el equilibrio de fuerzas en América Latina se desplazará hacia la derecha y, con ello, se reafirmará la influencia y capacidad de acción estadounidense en todos los vecinos de centro-izquierda de Brasil. Serra seguirá en buena medida los pasos de Lula en política interior, administrando programas de lucha contra la pobreza a través de sus funcionarios, toda vez que garantice que el apoyo de los movimientos sociales a Lula se debilita. Ante unas opciones tan limitadas, las principales asociaciones empresariales de Sao Paulo respaldan a Serra (aunque determinados personajes del mundo de los negocios apoyan a ambos candidatos), mientras que los sindicatos principales están en la órbita de Rousseff; los movimientos sociales como el MST, que se sintieron traicionados cuando Lula incumplió su promesa de reforma agraria, hacen campaña «contra Serra», con lo que apoyan indirectamente a Rousseff. El dicho según el cual «América Latina va hacia donde va Brasil» tiene algo más que una pizca de verdad, sobre todo si analizamos el futuro y las perspectivas económicas de mayor integración para América Latina.
Elecciones legislativas: Venezuela
La Venezuela de Chávez es la clave para las perspectivas de cambio social progresista en América Latina. El gobierno socialista democrático apoya a los regímenes reformistas de América Latina y el Caribe, y con su gasto público ha consolidado avances pioneros en el ámbito de la salud, la educación y los subsidios alimentarios para el 60 por ciento de los sectores más pobres de la población.
Pese a la inmensa popularidad de Chávez durante toda la década y a los innovadores programas de redistribución y cambios estructurales progresistas, hay un riesgo evidente e inminente de que la derecha realice progresos significativos en las elecciones legislativas venideras.
El Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) encabezado por el Presidente Chávez tiene en su haber seis años de una tasa de crecimiento elevada, un aumento de la renta y un descenso del desempleo. En su contra juegan los 18 meses de recesión en curso, una tasa de inflación y criminalidad muy altas y unas restricciones presupuestarias que limitan la implantación de programas nuevos.
Según los documentos de la agencia oficial de ayuda exterior estadounidense, en la precampaña electoral venezolana Washington ha depositado más de 50 millones de dólares en las arcas de una oposición controlada por los «frentes» políticos y de ONG que fomentan los intereses estadounidenses, centrándose en la unificación de facciones opositoras enfrentadas, subvencionando al 70 por ciento de los medios de comunicación privados y financiando a organizaciones comunitarias controladas por la oposición en los barrios de clase media y baja. A diferencia de Estados Unidos, Venezuela no exige que los destinatarios de fondos del exterior que actúan en nombre de una potencia extranjera se den de alta como agentes extranjeros. La campaña de la derecha se centra en la corrupción gubernamental y el tráfico de drogas, una orientación inspirada por la Casa Blanca y The New York Times, que se olvidan de señalar que el Fiscal General de Venezuela ha anunciado la apertura de procesos judiciales contra 2.700 casos de corrupción y 17.000 casos de tráfico de drogas. La oposición y The Washington Post indican que el sistema de distribución estatal (PDVAL) no consigue dar cauce adecuado a varios miles de toneladas de alimento, lo que hace que se estropeen y acaben en la basura, pero no cuentan que tres antiguos directores están en la cárcel y que el ministerio de alimentación suministra en el país un tercio de alimentos básicos para el consumo a unos precios que llegan a ser un 50 por ciento más bajos que en los supermercados privados.
Sin duda, la derecha realizará progresos significativos en las elecciones legislativas, sencillamente porque parten de una situación inicial baja, su suelo, puesto que boicotearon las últimas elecciones. No es probable que su campaña contra la corrupción arrolle a la mayoría que apoya a Chávez, puesto que su anterior abanderado, el ex Presidente Carlos Andrés Pérez, fue condenado por un fraude de miles de millones de dólares y por apropiación indebida de fondos públicos. Los gobernadores y alcaldes opositores también han sido acusados de fraude y malversación de fondos y se refugian en Miami. Sin embargo, aunque la mayoría de los votantes considera que Chávez es honrado y está limpio, no se puede decir lo mismo de algunos cargos públicos de su gobierno. La pregunta es si los votantes van a reelegirlos a pesar de sus antecedentes con el fin de apoyar a Chávez, o si se van a abstener. La abstención nacida del desencanto, y no de un giro electoral a la derecha, es la mayor amenaza para una victoria decisiva del PSUV.
En la carrera hacia las elecciones legislativas, el PSUV celebró unas primarias en las que muchos consejos comunales eligieron a candidatos locales y populares frente a los escogidos por los sectores oficialistas. Será revelador ver si los candidatos de la base obtienen mejores resultados que los escogidos «desde arriba». Una victoria de los primeros fortalecerá los sectores socialistas del PSUV en contraposición a los moderados.
El proceso electoral está muy polarizado siguiendo demarcaciones de clase social, según las cuales la mayoría de las clases más bajas respaldan al PSUV y las clases medias y altas apoyan casi uniformemente a la derecha. Sin embargo, hay un sector significativo entre los más pobres y los sindicatos que está indeciso y no muy motivado para votar. Tal vez decidan el resultado final en distritos electorales esenciales, y allí es donde la campaña se recrudece. Para la victoria electoral del PSUV es clave si los sindicatos, los comités de las fábricas gestionadas por los trabajadores y los consejos comunales van a hacer un esfuerzo importante para aplacar a los votantes más reticentes y que voten a candidatos izquierdistas. Hasta los sindicalistas militantes y las organizaciones de base de trabajadores se han centrado visiblemente en disculpar (asuntos salariales) «locales» o «economicistas» o en ignorar las cuestiones políticas más generales. Su voto y su actividad como líderes de opinión encargados de mostrar «la panorámica global» son fundamentales para vencer la inercia política e, incluso, el desencanto hacia algunos candidatos del PSUV.
Conclusión:
Las próximas elecciones de Brasil y Venezuela ejercerán un impacto decisivo en la política, la política económica y las relaciones de América Latina con Estados Unidos durante toda la segunda década de este siglo. Si Brasil «gira a la derecha», fortalecerá inconmensurablemente la influencia estadounidense en la región y acallará una voz independiente. Aun cuando ningún candidato dará ningún gran paso adelante hacia una mayor justicia social, si resulta elegido la candidata preferida por Lula, Dilma Rousseff, supondrá un avance en el camino hacia una mayor integración latinoamericana y una política económica y exterior relativamente independientes. Salir elegida no abrirá la puerta a ningún cambio estructural de grandes consecuencias.
Una victoria de los socialistas venezolanos reforzará la determinación de Chávez y su capacidad para proseguir con sus políticas de bienestar social, contra el imperialismo y de apoyo a la integración. La actitud firme de Chávez oponiéndose a la militarización estadounidense, incluido el golpe de Estado de Honduras y las bases militares estadounidenses en Colombia, animan a los regímenes de centro-izquierda a adoptar una actitud moderada, pero fundamentada, en contra de la militarización. Las reformas socialistas de Chávez en Venezuela ejercen presión para que los regímenes de centro-izquierda introduzcan medidas legislativas de reforma social y fomenten los programas de lucha contra la pobreza y de creación de consorcios público-privados, en lugar de seguir las medidas neoliberales de la derecha proestadounidense más dura. En Brasil, la cuestión es votar por el mal menor, mientras que en Venezuela se trata de votar por el bien mayor.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
La mafia que se adueñó de México…
Arnaldo Córdova
La mafia que se adueñó de México… y el 20l2, es el título del nuevo libro que ha escrito Andrés Manuel López Obrador y que publica Editorial Grijalbo. Es un libro sencillo y claro como todos los suyos. Es un análisis crítico, en primer lugar, del proceso a través del cual una pequeña oligarquía se ha adueñado de México, sus riquezas naturales y humanas, en su primer capítulo, que se titula, precisamente, El saqueo
. Correlativamente, es la exposición del proceso de empobrecimiento de la sociedad a que han llevado la corrupción y la depredación de la derecha, como puede verse en su segundo capítulo, Abandono, corrupción y pobreza
.
Es también la descripción de una experiencia maravillosa que López Obrador vivió, viajando por todos los municipios del país, de lo que vio, de la gente estupenda que conoció y, también, de la belleza de nuestro país que lo asombró (es el contenido del tercer capítulo, titulado La resistencia y el peregrinar por el país
, que José María Pérez Gay llamó el alma del libro
, en la presentación del mismo); y culmina, en el cuarto capítulo, con un examen que es, a la vez, una exposición crítica y un planteamiento programático que denomina, emblemáticamente, 2012
.
Del primer capítulo, todos podrán aprender cómo se adueñó esa mafia de México; del segundo, cómo ello llevó a la miseria de las masas de la sociedad; del tercero, la visión cercana del gran pueblo que tenemos y que constituye nuestra mayor e insuperable riqueza y, además, de ese incomparable país que es México; del cuarto, podrán entrar al debate de lo que somos, de los terribles desafíos que se tienen por delante y, desde luego, de las propuestas que se están presentando a todos los ciudadanos de México no sólo para rescatar a nuestra patria de los saqueadores, sino para hacer de este país una patria digna para todos.
Sí, hay que reconocerlo, como se puede leer en la página 174 del libro, nuestro pueblo es muy susceptible a creer las mentiras que se le administran desde el poder, ese poder real que no son sólo las oficinas del gobierno, sino esos que se llaman poderes fácticos y que son los dueños de la riqueza nacional. Una muy buena franja de la población está muy despolitizada y es víctima de toda clase de manipulaciones. En nuestro pueblo hay actitudes que deberán cambiar, actitudes logreras, que López Obrador llama aspiracionistas
, una mentalidad retrógrada y sumisa, que se muestra, ante todo, en los sectores más incultos y aislados de nuestras clases medias. En esas franjas del pueblo no hay más pensamiento propio que el que les suministran la televisión y la radio.
Pero los que están del lado del pueblo no son un puñado. Son millones y siguen creciendo. Los conservadores de todas las clases sociales se conforman con esa miseria de país en la que han transformado sus explotadores a México y se sienten muy a gusto en ella, aunque sepan que nada está seguro para ellos, porque si algo nos ha dado la derecha es la más siniestra inseguridad y la duda perenne de lo que nos podrá pasar a todos en el futuro. El mensaje de Andrés Manuel López Obrador es claro y sencillo: “… lo que somos y representamos se ha logrado con autoridad moral, imaginación y firmeza; con acciones de resistencia en defensa del pueblo y de la nación, con el trabajo organizado de hombres y mujeres libres y conscientes” (p. 173).
En este gran movimiento ninguno se considera enemigo irreconciliable de nadie. En él sólo se señala a los culpables de la tragedia que está viviendo nuestra sociedad por la ineptitud de sus conductores políticos, económicos y religiosos. No se piensa en ellos como enemigos porque, si algún día se llega a gobernar este país, y ese día llegará, se tendrá que entender con ellos y encontrar con ellos la solución que les permita, también a ellos, seguir viviendo en esta sociedad y, al pueblo de México, encontrar su camino y tener en sus manos las decisiones fundamentales para hacer de la nuestra una sociedad de verdad justa, equitativa y acogedora para todos sus integrantes, sean de la clase que sean.
En la página 190 de su libro, Andrés Manuel López Obrador lo dice así: “… les decimos a los integrantes de la oligarquía, que, a pesar del gran daño que le han causado al pueblo y a la nación, no les guardamos ningún rencor y les aseguramos que ante su posible derrota en 2012, no habrá represalias. Declaramos esta amnistía anticipada porque lo que se necesita es justicia, no venganza, y ellos tendrán que entender que ningún grupo, por importante y poderoso que sea, puede seguir conspirando contra la paz social. Nada ni nadie puede valer más que el bienestar y la felicidad del pueblo”.
Estos festejos nacionales en torno al bicentenario de la Independencia y el centenario de la Revolución no salen de la retórica, la mediocridad discursiva y la alegoría demagógica que hasta hacen víctimas de sus excesos los huesos de los padres de nuestra gesta independentista como nación. Todo mundo se pregunta sobre el misterio del año diez de cada siglo para nosotros. 1810 y 1910 parecen habernos marcado. Ahora le estamos preguntando al 2010 si volverá la violencia en los meses que nos quedan. ¿Haremos de nuevo una revolución y volveremos a caer en la violencia? Nuestra respuesta es no y este nuevo libro de López Obrador lo confirma. Nosotros, a diferencia de todos los reaccionarios de México, somos enemigos de la violencia. No es nuestra vía.
Él señala con atingencia otro hecho que sí tiene significado: la sucesión presidencial. Y nos dice al respecto: “… la historia nos enseña que siempre, alrededor de la sucesión presidencial, se presentan las condiciones más propicias para iniciar los cambios que se requieren en el país” (p. 204). Sí, estamos ante una oportunidad de oro para impulsar los cambios que el país necesita, pero eso no significa llamar a la violencia. El camino de la violencia debe desaparecer para siempre de nuestro escenario, sea de grupos sociales, sea y principalmente de nuestros gobernantes que tan prestos están a echar mano de las armas y, además, sin que éstas, las armas del Estado, les pertenezcan, sino a la nación.
Sí, estamos proponiendo una transformación a fondo del país. López Obrador ha dicho que vamos a llevar a cabo la Cuarta Transformación de México
, después de la Independencia, la Reforma y la Revolución. Pero negamos que cada año diez de cada siglo tenga que ser fatalmente violento. Además, la sucesión presidencial será en 2012, no en 2010. Estamos decididos a hacer que ya no haya entre nosotros búsquedas violentas. La nuestra es la alternativa pacífica para este 2010 que acabará consumándose en el 2012. Ese es el mensaje de este nuevo libro.
Se trata de un libro programático. Todo programa político tiene que ser, a la vez, un análisis riguroso de la realidad y un Conjunto de propuestas para cambiarla. El libro de López Obrador es análisis y es propuesta y está a la vista de todos.
La Jornada.mx
Francia: prevén repunte de la izquierda y alta abstención…
Los sondeos marcan dos tendencias para el domingo: la supremacía de las listas de izquierda frente al oficialista UMP y la existencia de una mayoría abstencionista. El debate se contaminó con temas como la inmigración.
Por Eduardo Febbro
Desde París
El desencanto y su consecuencia inmediata, la abstención, amenazan la primera vuelta de las elecciones regionales que se celebran el próximo domingo en Francia. Los sondeos de opinión marcan dos tendencias fuertes: la supremacía de las listas de izquierda frente al partido presidencial UMP y la existencia de una mayoría abstencionista que podría convertir estas elecciones en las menos votadas del último cuarto de siglo. Las encuestas coinciden en apuntar el ascenso del Partido Socialista en las intenciones de voto. El PS podría obtener 31 por ciento de los sufragios frente al 27 por ciento de la UMP. En tercer lugar vienen las listas de Europa Ecología, movimiento encabezado por el ex líder de Mayo del ’68 Daniel Cohn-Bendit, 14 por ciento; la extrema derecha del Frente Nacional, 9 por ciento; el Frente de Izquierda, 6 por ciento, y el partido centrista Modem, 5 por ciento.
En términos globales, las listas de izquierda obtendrían 48 por ciento, mientras que la derecha se quedaría con 32 por ciento del electorado. El contexto muestra que pese a su desunión, su falta de línea clara y sus innumerables tropezones, la izquierda socialista no ha perdido el apoyo de su electorado regional. Sin embargo, en términos de lectura de la calidad de la democracia, lo más inquietante son los altos índices de abstención que se prevén, el desinterés de los electores por las plataformas políticas, la alucinante distancia entre los políticos y las necesidades de la población y la contaminación del debate electoral con los temas ligados a la identidad nacional, las discriminaciones y los inmigrados. Este último capítulo ha sido notablemente fructuoso en groserías de todo tipo en contra de los extranjeros. Sus protagonistas salieron de todos los sectores del arco político francés y con ello rompieron la hegemonía que la ultraderecha francesa mantenía no sólo sobre el tema, sino también con el tono vulgar y agresivo. Un miembro de la mayoría gubernamental habló de “invasión”, un ministro en ejercicio evocó que el problema era cuando había “demasiados” –gente de origen árabe– y un dirigente socialista declaró que no votaría por el ex primer ministro socialista Laurent Fabius, de origen judío, porque éste no tenía “una jeta demasiado católica”.
A este ramito de cortesías también le caben las ya abusivas vulgaridades de la extrema derecha y sus afiches electorales que hacen de los extranjeros una suerte de plaga invasora. Eso sí, todo esto sin que jamás un juez u otra autoridad se pregunte sobre los límites que ya es hora de trazar en un Estado que hizo de los derechos humanos un eje de la construcción de su identidad. En la región de la Costa Azul, Jean-Marie Le Pen tuvo que acudir ante la Justicia luego de una querella presentada por la Liga contra el Racismo debido a un sucio afiche electoral que mostraba a una mujer con velo, un mapa de Francia cubierto con la bandera de Argelia lleno de misiles y el eslogan “No al islamismo”.
La iniciativa de Eric Besson, ministro de Inmigración e Identidad Nacional, contribuyó en mucho a crear un remolino que fue arrastrando todo a su paso. Besson lanzó hace unos meses un debate sobre la “identidad nacional” mediante una consulta que consistía en responder a la pregunta “¿Qué es ser francés?”. Esa idea respondía a una estrategia electoral cara a las elecciones regionales, pero suscitó tantos debates y excesos que el primer ministro francés, François Fillon, tuvo que dejar a un costado esta propuesta para contrarrestar los efectos nefastos que estaba acarreando para la mayoría.
La crisis internacional, sus consecuencias sobre el tejido social y el desempleo, así como la incapacidad del sistema político para aliviar su impacto terminaron cerrando a los electores en el desencanto. En enero pasado, un estudio del Centro de Investigaciones Políticas de la Universidad de Ciencias Políticas (Cevipof) constató que el 67 por ciento de los franceses no tenía confianza ni en la izquierda ni en la derecha para resolver los problemas del país. Brice Teinturier, miembro de la encuestadora TNT-Sofrés, explicó al diario Le Monde que “la abstención tiene una razón mayor: la supuesta impotencia de los políticos para resolver los problemas de la sociedad francesa, en especial el desempleo”. Los medios de comunicación no son ajenos a esta distancia: privilegiaron los temas colaterales, los antagonismos de conventillo, redujeron la pertinencia de los debates en una suerte de concurso sobre quién era el más ligero, el más superficial, el más espectacular y vacío. Señoritas de llamativa belleza y jóvenes de corbatas luminosas entrevistan con la misma regla de la ignorancia a un candidato o a un cantante de moda.
El abismo entre electores y gobernantes podría llevar a la abstención a superar la barrera del 50 por ciento. En las precedentes elecciones regionales de 2004, la abstención alcanzó el 39,2 por ciento de los electores. Luego, en las presidenciales de 2007, la densa confrontación izquierda-derecha entre el actual presidente, Nicolas Sarkozy, y la candidata socialista, Ségolène Royal, movilizó al electorado. Tres años después, la abulia, el desaliento y la incomprensión están edificando un muro entre el electorado y las urnas.
Página/12
EE.UU: el nuevo conservadurismo radical…
El movimiento conservador en desarrollo en los últimos meses en Estados Unidos rompe los moldes del republicanismo tradicional y evoca el carácter racista, nacionalista y fanático del fascismo
ANTONIO CAÑO - Washington – 12/02/2010
Si alguien cree que el tándem Bush-Cheney es la versión más extrema del conservadurismo norteamericano, es posible que pronto compruebe que está en un error. El movimiento conservador en desarrollo en los últimos meses en Estados Unidos, alimentado por el rencor de una clase media empobrecida y por la ambición de una nueva clase política post-partidista, rompe los moldes del republicanismo tradicional y evoca el carácter racista, nacionalista y fanático del fascismo. Por ahora, sólo le falta el ingrediente de la violencia.
La última señal de alarma ha sido la reciente reunión de los Tea Party en Nashville (Tennessee) y el discurso de su líder más visible, Sarah Palin, que llevó el populismo hasta el grado de elogiar la ignorancia como muestra de autenticidad y de destacar como la mayor cualidad política de Scott Brown, el recientemente elegido senador por Massachusetts, el hecho de ser "simplemente un hombre con una camioneta".
Palin es aclamada por sus seguidores por la sencillez de su expediente académico, una simple graduación de periodismo por la modesta Universidad de Wyoming, frente a los títulos de Ivy League que acumula Barack Obama en Columbia y Harvard. El propio Brown ganó adeptos por la virilidad abiertamente exhibida en la revista Cosmopolitan, frente al refinamiento pudoroso de los políticos tradicionales.
La nación de los Tea Party se presenta, en efecto, convencida de haber puesto en marcha una revolución contra la oligarquía de Washington, similar a la que en el siglo XVIII expulsó a los colonialistas británicos. De repente, los republicanos con más pedigrí están en peligro ante esta oleada. El gobernador de Florida, Charlie Crist, un moderado que el año pasado gozaba de un 70% de popularidad, se ve hoy superado en las encuestas por un desconocido joven ultra religioso llamado Marco Rubio. Hasta John McCain, el indiscutible virrey de Arizona, está hoy seriamente amenazado por J. D. Hayworth, un charlatán de una radio local que, en definición de The New York Times, "cada día ataca, y no siempre por este orden, la inmigración ilegal, la pérdida de patriotismo en el país y todo lo que hace Obama".
Todas las mañanas surge entre las filas del Tea Party algún desconocido que en media hora de la demagogia más radical gana diez puntos en las encuestas. "El movimiento está madurando", afirma Judson Phillips, uno de los fundadores de este fenómeno, "las manifestaciones estaban bien para el año pasado, este año hay que cambiar las cosas, este año tenemos que ganar".
¿Ganar qué? ¿Para conducir al país hacia donde? Algunos conservadores moderados y cultos, como Peggy Noonan o David Brooks, aseguran que no hay nada que temer, que estos son grupos enraizados en las tradiciones libertarias de Estados Unidos y que su contribución servirá para dinamizar la vida política del país.
Es posible. Ciertamente, la hostilidad que este movimiento manifiesta hacia Obama no se aleja mucho de la que izquierda exhibió contra Bush -hay que recordar las menciones a su adicción al alcohol o su supuesta indigencia intelectual- y tiene cabida perfectamente, por tanto, en el juego de la democracia. Además, se trata aún de un movimiento muy incipiente. Una encuesta publicada hoy muestra que un 34% de los norteamericanos no ha oído hablar de los Tea Party y que sólo el 18% los apoya.
Pero, desde la óptica europea, ese 18% es mucho y lo que defienden suena peligrosamente excéntrico. Uno de los oradores en Nashville sostuvo con convicción que "está mejor documentado el nacimiento de Cristo que el de Obama". "Es africano", gritó una mujer entre la audiencia. Detrás de esta campaña que le niega a Obama su ciudadanía norteamericana se esconde el rechazo a su legitimidad como presidente.
Nadie habla en EE UU del ingrediente racista de esa campaña. Para los que apoyan a Obama puede parecer ventajista acudir al grito de ¡racismo! cada vez que se le critica. Sus enemigos, por supuesto, no reconocen ese pecado, por mucho que en la reunión de Nashville se escuchara sólo una voz negra, obviamente exhibida para ocultar el carácter puramente blanco del movimiento.
Este nuevo conservadurismo recoge mucha de la frustración del hombre blanco acumulada desde la liberación femenina, los derechos civiles, de todas las leyes para la igualdad que le han ido restando poder al sector de la sociedad eternamente dominante. Ese hombre blanco que tampoco se ha visto favorecido por los buenos contactos, las amistades útiles, el dinero fácil, y que ha ido engrosando durante las últimas décadas una clase media, que fue orgullo de la nación en los años cincuenta, pero que ha sido despiadadamente maltratada por la última revolución tecnológica y la reciente crisis económica.
Esa clase media blanca herida dispara contra lo que tiene más cerca: los inmigrantes, las minorías raciales, los dirigentes políticos. Intenta reducir la competencia, que considera injusta, y pretende que Estados Unidos sea sólo para los verdaderos americanos. Busca la salvación en nuevas doctrinas, y atiende la voz maternal de Palin y los alaridos patriotas de los locutores radiofónicos. Glenn Beck o Rush Limbaugh se convierten, así, en los Walter Cronkite de los nuevos tiempos.
Los conservadores norteamericanos no creen que haya ningún peligro. Confían ciegamente en la fuerza integradora de esta democracia y en su indestructible capacidad de contener cualquier amenaza. Pero desde una óptica europea, esa combinación de demagogia, racismo, nacionalismo y xenofobia, enarbolada por una clase media herida y agitada, es una receta muy conocida y todavía temida. Es verdad que el nuevo movimiento conservador norteamericano hace gala de su defensa de la libertad y no parece aún compatible con un Gobierno que no garantizase el respeto al individuo. Pero el aroma de Nashville siembra dudas, trae malas sensaciones, asusta.
EL PAIS.COM
Chile: redes y relaciones del nuevo bloque en el poder…
Las redes de amistad y negocios del gabinete de Sebastián Piñera
Por Mónica González, CIPER | 10 de Febrero de 2010

Se toparon en los pasillos de la UC, iniciaron sus carreras en el departamento de Estudios del Grupo Cruzat y volvieron a las aulas en Chicago o Harvard. Se reencontraron en el exclusivo mundo chileno de los negocios, donde afianzaron amistades y ganaron millones al alero de los grandes grupos económicos. El alumno más aventajado los llevó al gobierno. Son los mismos de siempre, ahora en la cima del poder político.
Explorar en la historia de los ministros escogidos por Sebastián Piñera da nuevas señales sobre la convicción que se impuso en el proceso de elección. Una red invisible y cómplice y una historia común que atraviesa los últimos 30 años los une. Y no menos importante, ninguno de ellos heredó fortuna. La mayoría son profesionales de éxito que han acumulado cuantioso patrimonio colocando talento y agudeza en los negocios y en las mesas de dinero al servicio de los grandes grupos económicos. De la misma forma en que Piñera inició su conversión en millonario.
En el vértice de esta red se ubican los titulares de dos de las carteras clave de Sebastián Piñera: Hacienda y Cancillería. Felipe Larraín Bascuñán (51 años) y Alfredo Moreno Charme (48 años) son amigos de antigua data. Para ser más exactos desde 1976, cuando el futuro ministro de Hacienda ingresó a la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad Católica (UC). En ese momento, el nuevo canciller estudiaba desde hacía dos años ingeniería civil en la misma UC, pero su atracción irresistible por la economía lo hizo tomar cursos en esa facultad.
En esas aulas se hicieron amigos, formando un grupo de estudios el que también integraba Fernando Coloma, ex presidente de Canal 13 TV y director de la Bolsa Electrónica, quien integró el grupo Tantauco y figuró hasta última hora como posible miembro del gabinete.
A fines de los ’70, el grupo tuvo su primera oferta laboral. El Grupo Cruzat, uno de los más importantes de la época, había formado en el Departamento de Estudios de Forestal S.A. un verdadero motor reclutador de los más brillantes egresados de Economía de la UC. Moreno aceptó. También lo hicieron sus dos mejores amigos de facultad: Juan Bilbao y Francisco Pérez Mackenna.
Fue al alero del Grupo Cruzat que los caminos de Moreno Charme y el futuro ministro de Economía Juan Andrés Fontaine (55 años), se juntaron. El segundo acababa de llegar de la Escuela de Chicago. Había egresado en 1975 de Economía de la UC, titulándose con una novedosa tesis sobre macroeconomía y mercado laboral para luego partir a Chicago a realizar un post grado donde encontraría a Cristián Larroulet (56 años) y Joaquín Lavín (56 años), los nuevos ministros de la secretaría general de la Presidencia y Educación.
En un ambiente ajeno y lejos de responsabilidades locales, los lazos de confianza del trío y sus respectivas esposas se afianzaron y perduraron.
Del mítico semillero de Manuel Cruzat, donde Moreno y Fontaine harían escuela, hubo otros economistas que salieron a romper lo que hasta entonces se conocía como el inmutable mapa de los poderosos grupos económicos criollos. Entre ellos destaca Sebastián Piñera, Carlos Alberto “Choclo” Délano y su actual socio del grupo Penta, Carlos Eugenio Lavín.
También están los que se incorporarían al régimen militar para romper otros esquemas, como el hermano del presidente electo y su contendor de siempre, José Piñera. Su Plan Laboral y la reforma que creó la previsión privada (AFP) a principios de los ’80, hasta hoy son motivo de aguda polémica.
No sería la última vez que el grupo profundizaría y disputaría por sus habilidades en los negocios y las recetas para innovar en el modelo neoliberal desde la academia. Competitivos y buenos negociadores, se harían rápidamente un espacio en el selecto mundo empresarial chileno.
Piñera boys
Alfredo Moreno no se ancló en el semillero de Cruzat. Le faltaba un paso importante. Poco después partiría a la Escuela de Chicago, un MBA obligatorio entonces para los más brillantes que querían incursionar en el mundo del poder y las finanzas en Chile, donde los Chicago Boys impartían sus reglas sin contrapeso.
En paralelo, Felipe Larraín, el mejor egresado de su promoción, optaría en 1981 por un doctorado en Harvard, el mismo derrotero de Sebastián Piñera.
Su opción le rindió frutos. En 1998 se convirtió en profesor visitante en Harvard. A su regreso siguió ligado a la academia en la UC y desde 1994 es director de varias empresas. Ha sido asesor del FMI y de varios gobiernos, Colombia, México y Ecuador, entre otros. Viña Quintay es su incursión empresarial. Su socio, uno de sus grandes amigos, el decano de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile y futuro ministro de Transporte, Felipe Morandé (54 años).
Cuando Moreno regresó a Chile, ya nada era igual. Los efectos devastadores de la aguda crisis económica se hacían sentir por doquier. Hizo clases en la UC para cumplir el compromiso contraído con el pago de su MBA en Chicago y formó una consultora con sus ex compañeros de Economía y Chicago: Juan Bilbao, actual dueño de parte accionaria importante del Consorcio Financiero y Francisco Pérez Mackenna, principal ejecutivo del holding del Grupo Luksic.
Entre sus clientes estuvo el Citicorp del cual era gerente Sebastián Piñera, el primer banco de inversiones en Chile. Manuel Cruzat tenía el 40% de su propiedad a través del Banco de Santiago y fue él quien propuso a Piñera para el cargo ejecutivo. Piñera no lo olvidaría. Acababa de ser despedido del Banco de Talca.
Moreno y Piñera volvieron a encontrarse. Y la sintonía se hizo fina cuando Moreno se topó en Citicorp con el más antiguo socio de Piñera y su mejor amigo: José Cox Donoso. Ambos son ignacianos.
A Piñera le gustó el desempeño del trío de consultores. Y les ofreció trabajo. Bilbao y Pérez Mackenna aceptaron. Moreno Charme optó por regresar al grupo Cruzat, pero ya no existía el pujante conglomerado empresarial. Se puso a la cabeza de su área de empresas de comunicaciones en quiebra e intervenida.
A mediados de los ‘80, la amistad de Moreno y Felipe Larraín cobró nuevos bríos cuando el último le pidió que ayudara a su padre, Vicente Larraín, quien en nombre del Patronato de la Infancia, accionista minoritario del intervenido Banco de Chile, libraba una dura batalla para no perder sus activos. Así lo consigna la revista Capital en febrero de 2005. Su gestión fue brillante y dejó a Felipe Larraín endeudado de por vida con Moreno Charme.
Su rol en ese episodio convirtió al futuro canciller en director del Banco de Chile. Y reforzó su vieja amistad con Carlos Alberto “Choclo” Délano, cuando ambos se transformaron en socios de dicha entidad. Al punto que cuando Délano y Carlos Eugenio Lavín decidieron volver a la banca, Moreno se convirtió en accionista y vicepresidente del Banco Penta. Una relación que lo conectó al grupo más íntimo de Piñera, del cual forma parte Délano.
El círculo de amistades en el gabinete de Piñera se estrecha con otro de los escogidos. Porque Moreno también es muy amigo de Joaquín Lavín, con quien comparten no sólo su formación en Chicago sino la amistad de Carlos Alberto Délano, quien es socio del nuevo ministro de Educación y de Cristián Larroulet en la Universidad del Desarrollo.
Casi todos los integrantes del semillero de Manuel Cruzat reconocen que fue él mismo quien los reclutó siendo profesor de Economía de la UC. Y también que trabajar con él fue una de las experiencias que los marcó en su vida profesional. “Lo que nosotros hicimos fue repetir lo que nos había enseñado Manuel Cruzat”, confesó Carlos Eugenio Lavín en la revista de Economía de la Universidad Católica.
Según una nota de La Tercera, el presidente electo se refiere a Cruzat como “el profe”. Su amigo de la infancia, el empresario Fabio Valdés, cuñado de Cruzat, fue el intermediario de un aporte de US$24 millones que le dio oxígeno a su holding CB y que salió de los bolsillos de Piñera y Andrés Navarro.
Pero lo que mejor grafica la impronta de Cruzat es que el primer gabinete del empresario que hoy se sitúa entre los 20 millonarios más poderosos del mundo lleva el sello que hace más de dos década dejó Manuel Cruzat.
Democracia de los acuerdos: un negocio genial para la derecha…
por Rafael Luís Gumucio Rivas (Chile)
jueves, 28 de enero de 2010
La famosa democracia de los acuerdos siempre ha terminado favoreciendo a la derecha: la Ley General de Educación, celebrada en la ridícula ceremonia en que todos se presentaban tomados de la mano, no puede ser más perjudicial al gobierno de Michelle Bachelet; hay que ser muy ingenuo para creer que una ley marco puede ser aceptada cuando a ella se oponen todos los componentes de la comunidad educativa – profesores, estudiantes, padres y apoderados- lo único que salva para la derecha esta Ley es la continuidad de la educación como un negocio.
En la historia constitucional de Chile, el Poder Judicial ha estado siempre supeditado al Ejecutivo: así se plantea en la Constitución de 1833, en la de 1925 y en la de 1980 – siempre está baja la jurisdicción del Ejecutivo en el nombramiento de sus integrantes y de su funcionamiento- posteriormente, se le agregó la participación del Legislativo, a través del Senado que, según el constituyente de 1925 posee facultades judiciales, como actual como jurado en el caso de las acusaciones constitucionales y participar en el nombramiento de los ministros de la Corte Suprema.
En la República Parlamentaria, (1891-1925), se prorrateaban entre los partidos políticos los cargos de la administración pública, la educación y el poder judicial: la primera correspondía a los liberales, la segunda a los radicales y la tercera a los liberales balmacedistas; sólo hay un caso en la historia de Chile en el cual el presidente de la Corte Suprema, Javier Ángel Figueroa, se opuso a las pretensiones dictatoriales del entonces ministro del Interior, Carlos Ibáñez del Campo – posteriormente dictador- demás está decir que duró muy poco en su cargo, a pesar de ser hermano del presidente de la república, Emiliano Figueroa. Es cierto que se concedieron algunos recursos de amparo a los a favor de los desterrados, sin embargo, todos estos fueron inaplicables, pues ya se encontraban fuera del país.
En el gobierno de Salvador Allende el acuerdo de la Corte Suprema sirvió para justificar el golpe militar de 1973: Posteriormente, la Corte se transformó en un testaferro de la dictadura negando la mayor parte de los recursos de amparo, que hubieran salvado muchas vidas. El ministro Hugo Rosende nombró, a su amaño, a todos los ministros de de la Corte Suprema, cuya única condición era ser pinochetista convencido. A diferencia de la Corte de Pétain, en Francia, en Chile los supremos de la época de Pinochet jamás han sido juzgados y, ni siquiera, han pedido perdón.
En muchos artículos anteriores he criticado la actuación política de Eduardo Frei Ruiz-Tagle, sigo creyendo que dilapidó el 58% de los sufragios obtenidos en la elección presidencial: hizo un gobierno opaco y tecnocrático, en que dejó de lado los casos de derechos humanos, incluso, nunca recibió a los familiares de los detenidos desaparecidos; con su ministro del Interior, José Miguel Inzulsa, salvó al dictador y ladrón, Augusto Pinochet, de terminar sus días en una cárcel española, como bien lo merecía, sosteniendo el absurdo argumento de que la justicia chilena lo condenaría por sus múltiples crímenes de lesa humanidad y peculados.
Al parecer, Eduardo Frei está bastante cambiado – es como para creer en la reencarnación o en las segundas oportunidades, que siempre han sido desastrosas para nuestros presidentes: baste recordar los casos de Arturo Alessandri y de Carlos Ibáñez. El nuevo Eduardo Frei Ruiz-Tagle es un estadista, que expresa ideas del sentido común, un lenguaje bastante popular y oratoria rural
Mientras persistan estos torpes acuerdos, seguirá ganando la derecha y perdiendo prestigio la Concertación, que más que nunca necesita el apoyo popular para no morir por tanto acuerdo con la derecha el pueblo los mando a la oposición.
Aylwin coincide con Piñera y llama a reeditar política de los acuerdos
Después de que el Presidente electo señalara a La Tercera que es indispensable construir una "democracia de los acuerdos de segunda generación", el ex mandatario DC valoró la intención de Piñera de realizar una transición similar a la que él protagonizó en los 90.
por Bernardita Marino e Ivonne Toro

"Me siento halagado", dijo ayer el ex Presidente Patricio Aylwin cuando supo que Sebastián Piñera catalogó su gobierno como el mejor de los cuatro de la Concertación.
En entrevista con Reportajes de La Tercera, el mandatario electo afirmó ayer que "el de Aylwin fue el mejor de los gobiernos de la Concertación. Fue un gobierno fecundo al cual yo le tengo aprecio y respeto".
En esa misma línea, Cristián Larroulet -miembro del equipo de transición- dijo el sábado que "el gobierno de Piñera será muy parecido al de Aylwin".
El nuevo Presidente, además, reiteró lo que fue su discurso de triunfo la noche del 17 de enero, cuando llamó a la Concertación a construir una nueva versión de la "democracia de los acuerdos", que caracterizó la relación entre oficialismo y oposición a inicios de los 90.
Ante este planteamiento, Aylwin dijo que "indudablemente que él quiera hacer un gobierno parecido al mío no puede ser sino halagador. Yo me negaría a mí mismo si estuviera en contra".
Aunque evitó aludir directamente a la Concertación, el otrora gobernante coincidió con Piñera respecto de la necesidad de hacer alianzas para mejorar la calidad de la política. "Si todos vivimos peleándonos unos con otros es más difícil lograr ese bien común, por eso a mí me alegran estos planteamientos de Sebastián", señaló.
En ese contexto, Aylwin aprovechó de hacer un llamado a revivir la política de los acuerdos implementada durante su gestión: "Creo que la política democrática supone competencia entre distintas posiciones, pero todo gobierno tiene que buscar el bien común y el logro del bien común es más fácil si hay acuerdos".
Los dichos de Aylwin fueron valorados por el piñerismo. Rodrigo Hinzpeter -coordinador del traspaso de mando- dijo que "el Presidente Aylwin demuestra una vez más una gran lucidez y grandeza política (…). Para poder alcanzar el desarrollo es imprescindible alcanzar acuerdos transversales y amplios, para lo cual se requiere disposición al diálogo y la negociación".
En la campaña, Piñera encargó a sus asesores indagar el modelo implementado por Aylwin durante la transición a la democracia.
PS cierra la puerta
Pese al férreo respaldo de Aylwin y algunos rostros DC, como los senadores electos Ignacio Walker y Andrés Zaldívar -que se han mostrado abiertos a negociar con la derecha-, el presidente interino del PS, Fulvio Rossi, cerró la puerta a la invitación hecha por el Presidente electo.
"Hablar de gobierno de los acuerdos tiene que ver más bien con una circunstancia política, histórica, que ya se acabó", dijo ayer el senador electo en su debut como timonel socialista.
Rossi agregó que "quisiera recordarle a Sebastián Piñera que no estamos en tiempo de boinazos ni tanquetazos ni ejercicios de enlace. No hay ningún riesgo de regresión autoritaria".
El líder del PS notificó al piñerismo que durante su gestión, el partido tendrá la misión de "transformar al PS como el gran eje articulador de las fuerzas progresistas y opositoras al gobierno de la derecha, porque hemos visto señales que nos preocupan".
Equipo de transición pedirá a contralor dictar clases de administración pública a nuevo gabinete
La última semana de febrero y la primera de marzo y probablemente en el auditorio de RN -con capacidad para 80 personas y con equipamiento tecnológico-, el equipo de transición pretende dictar los cursos de capacitación sobre administración pública a las autoridades nominadas por el Presidente electo, Sebastián Piñera.
El esquema se repetiría en regiones, con el objetivo de que todos los funcionarios de confianza del nuevo gobierno conozcan cómo opera el sistema público y cuáles son las normas legales que los regirán a contar del 11 de marzo.
En este sentido, el equipo compuesto por María Luisa Brahm, Cristián Larroulet y Miguel Flores le solicitará al contralor, Ramiro Mendoza -a quien ya se le pidió una cita para analizar el proceso de instalación-, que colabore personalmente o a través de los expertos que dependen de su institución, en capacitar a quienes se harán cargo del sistema público.
La idea, afirman en el piñerismo, es que Contraloría les explique a las debutantes autoridades qué procedimientos son clave para evitar irregularidades en las reparticiones que tendrán a su cargo.
En términos generales, los cursos se iniciarán con una breve exposición sobre los otros dos poderes del Estado -Legislativo y Judicial- y un capítulo extenso respecto del Poder Ejecutivo, que contiene los principios de la gestión del Estado, las empresas públicas y el control político, administrativo, jurídico y social, además de un largo listado de prohibiciones respecto del uso de información privilegiada, el empleo de dinero, bienes o personal para beneficio propio y el uso del cargo para actividades proselitistas.
PIENSACHILE.COM
La derecha chilena: saliendo del closet político y ambigüedad política-conceptual…
Danny G. Monsalvez, Universidad de Concepción
La derecha política y su discurso “mediático” lograron imponerse finalmente el 17 de enero de 2010; con ello se materializó aquella perorata y práctica que tanto daño le ha hecho a la actividad política como es la muerte de las ideologías, teorías y proyectos de transformación social; es decir, hoy -de cuerdo a aquella visión- se impuso (no sabemos hasta cuando o hasta que grados) aquel pensamiento único y hegemónico; O bien como señala Tomás Moulian que al aceptar la muerte de las ideologías “es hacerle caso a la única ideología actualmente viva, que es el neoliberalismo, que es una ideología potentísima además, que anuncia la muerte de las ideologías, pero actúa como una de ellas: tiene un proyecto de sociedad, tiene aparatos ideológicos que permiten difundir esta idea de sociedad, sean ellas universidades, medios de comunicación, etc.” (Moulian, 2005: 99).
No obstante aquello, la segunda vuelta presidencial exteriorizó un par de acciones o fenómenos que reflejan la ambigüedad conceptual e inopia política que algunos sufren casi de manera crónica. El primero es aquel discurso que algunos pregonan con tanta fuerza de la objetividad, neutralidad e imparcialidad en el análisis de los hechos o procesos. Bajo ese discurso se pretende aparecer ante la opinión pública y la sociedad como un sujeto “políticamente correcto”, pero por sobre todo que no se llegue a advertir la ideología, credo o intención en la opinión y reflexión de quien la entrega.
De esta manera y tal como dice el columnista Carlos Peña, determinados sujetos “…creen que la imparcialidad intelectual obliga a ser neutral, la prudencia a suspender el juicio, el equilibrio a no decir nada, la cultura a pronunciar vaguedades, la reflexión a un si es no es permanente, la bondad a ser perdonavidas, la independencia cívica, la amistad a cuidar las redes como hueso santo, y el prestigio a no quebrar ni un huevo” (Carlos Peña, El Mercurio, domingo 10 de agosto de 2008, p. D 19).
Por ello es que nos parece curioso y llamativo (por decirlo menos) que aquellos que con tanta fuerza enarbolan las banderas de la objetividad, neutralidad, imparcialidad, que quieren presentarse ante la comunidad como apolíticos, independientes y que al mismo tiempo critican a quienes toman posición, son los primeros en caer en contradicciones, especialmente cuando se va a producir un cambio de coalición política en la conducción de Gobierno. En ese sentido, lo expuesto anteriormente va estrechamente ligado a otro fenómeno y que -también- es uno de los más comunes, el cual denominamos “saliendo del closet (político)” o como lo escuché recientemente una “tercera vuelta”.
¿En qué consiste aquello?. En que determinados sujetos al visualizar un posible cambio de gobierno, no dudan o trepidan en situarse del lado de quienes tienen mayores posibilidades de triunfo para posteriormente ubicarse en las esferas de aparto burocrático del Estado. Peor aun, no falta el “converso” que reniega de su pasado, de su historia, de lo que fue en algún momento y aprovecha la oportunidad para “darse vuelta la chaqueta” y pasar a constituirse en parte constitutiva del nuevo oficialismo.
Lamentablemente en los momentos de crisis políticas o en coyunturas eleccionarias aparece lo peor del ser humano: el oportunismo, figuración mediática, ansias de poder, ocupar cargos de confianza, aprovechar la instancia para pedir, solicitar y reclamar más de algún favor, alguna vuelta de mano a cambio del voto o por el apoyo brindado al sector político triunfante.
Para finalizar que mejor que citar a José Ingenieros en su clásica obra “El hombre mediocre”:
“…su vida es perpetua complicidad con la ajena. Son huestes mercenarias del primer hombre firme que sepa uncirlos a su yugo. Atraviesan el mundo cuidando su sombra e ignorando su personalidad. Nunca llegan a individualizarse: ignoran el placer de exclamar “yo soy”, frente a los demás. No existen solos. Su amorfa estructura los obliga a borrarse en una raza, en un pueblo, en un partido, en una secta, en una bandería…así medran, siguen el camino de las menores resistencias, nadando a favor de toda corriente y variando con ella; en su rodar agua abajo no hay mérito: es simple incapacidad de nadar agua arriba. Crecen porque saben adaptarse a la hipocresía social, como las lombrices a la entraña” (p. 116).
Chile: la derrota de la Concertación y el fin de la transición…
Directora de la Corporación Latinobarómetro y de la consultora Mori-Chile.
25 de Enero de 2010

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La Concertación pierde 680 mil votos entre la elección en que obtuvo más votos, que fue la de Eduardo Frei en 1993, y el 17 de Enero del 2010. Al mismo tiempo la derecha gana 463 mil votos respecto del Sí en el Plebiscito de 1988. Ese es el cambio electoral que produce la alternancia en el poder después de veinte años.
La Concertación pierde 363 mil votos respecto de la elección de Michelle Bachelet y la derecha gana 87 mil votos respecto de la primera vuelta de Joaquín Lavín en 1999, que es la elección en que la derecha había obtenido más votos hasta el domingo 17 de Enero del 2010, cuando Piñera gana con 2.582.000 votos, la mayor cantidad de sufragios recibidos por la derecha hasta hoy. La Concertación pierde más votos que los que gana la derecha. Si bien la derecha aumenta su votación, la “ganancia” de votos de la Concertación es limitado. Esto es muy relevante porque implica que el capital de votos disponibles para otros actores es considerable, o eventualmente para la propia derecha en elecciones posteriores.
La derecha fue elegida con Jorge Alessandri con solo el 31% de los votos, así es que esta elección también es una que rompe hitos para la derecha desde ese punto de vista al ser elegida con el 51.6%.
En paralelo, con todos esos records, ésta es la elección presidencial en que han votado válidamente la menor cantidad de chilenos desde 1988 cuando se inicia el nuevo padrón electoral. Votaron apenas 16 mil personas menos (aunque votaron 5 mil personas más que en la primera vuelta) que en la elección de Michelle Bachelet donde ya había un record histórico con la menor cantidad de votos válidos hasta entonces. La diferencia entonces también era pequeña, sin embargo, la tendencia continúa: cada presidente se elige con menos votos.
Este presidente se elige con 3.5 millones, el 29.85% de todos los votantes (12.000.000). Patricio Aylwin fue elegido con 3.8 millones hace veinte años, el 50.9% de todos los votantes de entonces. Es así como hemos ido entrando en la crisis de representación en los 20 años de gobiernos de la Concertación eligiendo al Presidente primero con la mitad y luego con un tercio del electorado. Un país que se ha ocupado del desarrollo, pero no de la política. Sin reforma política, esta tendencia llevará a que una minoría elija al Presidente. En vez de ir aumentando la cantidad de votos que se necesita para ser elegido primer mandatario, va disminuyendo. La política chilena no tiene este tema en la agenda de comunicaciones, ni los partidos se preocupan de ello.
Sin embargo, la candidatura de ME-O refleja esta crisis de representación al menos adentro del segmento del electorado que vota. Afuera de ese segmento no sabemos lo que pasa. Cinco millones de chilenos no votaron en esta elección, del total de doce: 3.8 no están inscritos, y 1.167.000 inscritos se abstuvieron. Es más, 8.4 millones de chilenos no votaron por el nuevo Presidente. ¿Cómo es el mandato de cambio que tiene que hacer este presidente, si la gran mayoría de los votantes se marginan del proceso electoral?
Quizá el mandato de cambio es más fuerte, siendo el primero el cambio de la política para que los ciudadanos se involucren. Quizá el mandato de cambio tiene otras características distintas a las que se cree. En eso consiste la crisis de representación, en no saber a ciencia cierta cual es el mandato.
Hay quienes dicen que esta elección perdió la Concertación, sin embargo es mucho más que eso. La combinación de votos resultante es del todo sorprendente. En primer lugar porque Piñera saca 87 mil votos más que Joaquín Lavin en 1999 y aumenta más de 500 mil votos respecto de la primera vuelta, segundo porque al mismo tiempo Eduardo Frei recupera una cantidad enorme de votos alcanzando más del 48%, cuando todo indicaba que la distancia iba a ser mucho mayor. La imagen de triunfo de Piñera era muy dominante al mismo tiempo que dada la percepción de derrota de Frei, es sorprendente que haya logrado recuperar tantos votos.
Todo lo anterior sucede con un récord de la menor cantidad de votos válidos desde 1988 y un récord de personas que no votaron respecto del electorado total. Un escenario difícil de imaginar.
Pareciera que es efectivo que esta elección la perdió la Concertación, y que le faltó tiempo para alcanzar a Piñera, pero también es efectivo que la derecha ganó claramente votos que nunca habían estado en la derecha. Se podría decir que son pocos, los 87 mil votos más que obtuvo por encima de lo ya obtenido por Lavín, pero sin importar el número, indica que esta elección es el fin de la transición, porque de alguna manera el miedo a la derecha y el cruzar la calle para votar por el otrora adversario, es posible. Más que en número, Piñera muestra que puso fin a la transición. Es difícil que la derecha disminuya ese piso de apoyo que logra en esta elección, lo más probable es que a partir de ella, aumente. Hay mucho de donde aumentar.
La derecha se ganó su luna de miel en que habrá que darle el beneficio de la duda en esta nueva etapa: si acaso será como la vieja derecha que ha conocido la historia o estamos frente a algo inesperado. Puede optar por ser un gobernante como muchos en América Latina, que gobierna para la mayoría, o puede gobernar para una minoría como sospechan tantos que son escépticos de la política. El mayor éxito de un gobierno de derecha sería quitarse el fantasma de ser un conglomerado que trabaja para una minoría. Ahí estaríamos frente a un cambio.
EL MOSTRADOR.CL
Chile: una radiografía electoral (el votante de la primera vuelta, 2009)…
Estudio UDP disecciona el perfil del votante en la primera vuelta
CIPER, 12 de Enero de 2010

Que Eduardo Frei obtuvo mayor apoyo entre los votantes con bajo nivel de escolaridad y que la fortaleza de Sebastián Piñera estuvo en las comunas más ricas y en las más pobres son algunas de las conclusiones del estudio “Las bases electorales de los candidatos presidenciales 2009”, elaborado por del Instituto de Investigación en Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales (ICSO-UDP). Su autor, el cientista político Mauricio Morales, toma los resultados de la primera vuelta de diciembre y los cruza con variables geográficas, económicas, sociales y políticas para elaborar una radiografía electoral de la última votación.
La información resulta relevante a la luz de la segunda vuelta electoral que tendrá lugar este domingo 17. En el último mes tanto Frei como Piñera han intentado descifrar sus bases electorales y han desplegado sus campañas para captar a aquellos votantes que en diciembre optaron por Marco Enríquez-Ominami, Jorge Arrate, anularon o votaron en blanco.

De acuerdo a Morales, “nunca en la historia electoral reciente de Chile” la votación de un candidato había estado tan fuertemente relacionada a la escolaridad y ruralidad de los electores, como en el caso de Eduardo Frei en diciembre recién pasado. Aunque ambas variables están relacionadas, el principio de “a mayor escolaridad, menor voto por Frei” se mantiene también si se consideran sólo las 50 o 100 comunas con mayor número de inscritos. Según el estudio, los votantes de Marco Enríquez-Ominami tuvieron en cambio el comportamiento inverso: más urbanos y con mayor escolaridad. Dichos factores no fueron relevantes para determinar quiénes apoyaron a Piñera.
Otro parámetro que tiene cierta relación con la ruralidad y la educación, pero que no es exactamente idéntico, es el de la pobreza. Así como el voto de MEO declinó en las comunas más rurales y con menor escolaridad, también lo hizo en las más pobres. Eso, según Morales, es coherente con el resultado de las encuestas previas. Sin embargo, llama la atención que el comportamiento de los sufragios que recibió Jorge Arrate es similar al de MEO. “Todo, en desmedro de Frei”, afirma el investigador de la UDP.
El estudio también midió el impacto del índice de desarrollo humano en los votantes, concluyendo que mientras a MEO y Arrate les fue mejor en las comunas con desarrollo medio, Piñera obtuvo sus mejores logros en las extremas (más ricas y más pobres), y Frei en las que presentan un menor desarrollo. Morales hizo el ejercicio de juntar los resultados de Frei y de MEO en este item, obteniendo una suma que replica el comportamiento histórico de la Concertación, que tiene mayor éxito en las comunas de índice medio.
Al analizar la ubicación geográfica de los resultados de la segunda vuelta, Morales concluye que las tendencias también son marcadas: mientras MEO es más fuerte en el norte, Frei lo es en el centro sur y Piñera en el sur.

Un dato interesante del estudio es la relación entre el partido del alcalde y el resultado presidencial en la comuna. En términos generales, Piñera rinde mejor en las comunas UDI y RN y cae 10 puntos en las del PC (son sólo 4), mientras que Frei sube en las de la Concertación. Sin embargo, Morales afirma que a diferencia de elecciones anteriores, el voto de la derecha es más consistente que el oficialista, mostrando resultados similares en las votaciones comunales, parlamentarias y presidenciales. La Concertación, en cambio, ha aumentado su voto cruzado, lo que a su juicio “es señal evidente de falta de lealtad por parte de los electores”.
Para graficarlo, explica que Bachelet tuvo sólo 5 puntos menos que los votos que obtuvo la lista parlamentaria de la Concertación, mientras que Frei está 15 puntos por debajo de ésta, aunque la diferencia se reduce si se descuenta al PC (que fue en alianza con el oficialismo).
Qué predice realmente la encuesta de El Mercurio-Opina…
12 de Enero de 2010
“Piñera obtiene 52,9 y Frei 47,1” concluye la bajada del 9 de enero con que El Mercurio presentó los resultados de la encuesta que encargó a Opina S.A. Como la ficha técnica sugiere un margen de error del 2,8%, el mensaje para Frei es lapidario: en el peor de los casos Piñera saca un 50,1% (la diferencia entre 52.9 y 2.8) por lo cual, pase lo que pase, el candidato de la Alianza tiene ganada la segunda vuelta.
La encuesta El Mercurio-Opina (EM-O) cubre tres centros urbanos: el Gran Santiago, Valparaíso y Viña del Mar, Concepción y Talcahuano. En todos estos centros Marco Enríquez-Ominami obtuvo más votos que a nivel nacional (21,7, 21,4 y 23,5 vs. 20,1%). Como las posibilidades de crecimiento de Piñera respecto de la primera vuelta vienen principalmente de los votos de ME-O, esto significa que Piñera tiene más posibilidades de aumentar su votación en ciudades donde ME-O obtuvo votaciones más altas. Es decir, las ciudades que cubre la encuesta EM-O son ciudades donde es razonable suponer que Piñera aumentará su votación en mayor medida que en el resto del país.
Lo relevante es quién gana en todo Chile, no en los tres centros urbanos antes mencionados. Por lo cual es interesante extrapolar a nivel nacional lo que sugiere la encuesta EM-O. Corrigiendo por la sobrerepresentación de votantes de ME-O, la diferencia a favor de Piñera cae de 5,8 a 4,2%. Llego a esta cifra asumiendo que quienes votaron por Frei, Piñera, blanco o nulo en la primera vuelta votan de igual forma en la segunda vuelta. Y que todos los votos de Arrate van para Frei. En tal caso, si votan todos quienes votaron por ME-O, la encuesta EM-O permite inferir que un 60% de quienes apoyaron al candidato díscolo votarán por Frei y el 40% restante lo hará por Piñera. Finalmente, supongo que los porcentajes anteriores también aplican a los distritos que no fueron cubiertos por la encuesta.
Es una pena que, a diferencia de lo que hace la Universidad Diego Portales y el CEP, Opina S.A.-El Mercurio no publica la base de datos con la ficha de los encuestados.
Como todo set de supuestos, los que he planteado son discutibles, pero no me parecen sesgados a favor de alguna de las opciones al inferir la votación del 56% del electorado que no cubre la encuesta EM-O. Los partidarios de Frei pueden argumentar que hay muchos votos nulos y blancos en la primera vuelta que fueron votos de protesta contra los partidos de la Concertación, pero que se inclinarán por Frei el domingo que viene. Los partidarios de Piñera, por su parte, se han jugado porque el ambiente triunfalista que lograron proyectar hasta hace poco llevará a que nulos y blancos se sumen a la opción percibida como ganadora.
El margen de error de la encuesta EM-O también está mal calculado, ya que supone que quienes no respondieron tienen preferencias idénticas a las de quienes respondieron. No se requiere ser experto en estadísticas para intuir que el margen de error para quienes no responden es mayor que aquel para quienes responden. Una corrección conservadora para esta omisión lleva a un margen de error superior al 3%. A lo cual cabe agregar que los márgenes de error asociados a una encuesta no garantizan que la diferencia entre la proyección y los resultados será menor que dicho margen.
Es una pena que, a diferencia de lo que hace la Universidad Diego Portales y el CEP, Opina S.A.-El Mercurio no publica la base de datos con la ficha de los encuestados. A pesar de lo anterior, interpretando correctamente la poca información disponible, se concluye que ésta predice un 52% para Piñera y un 48% para Frei, donde las dos votaciones anteriores tienen un margen de error del 3%.
A lo anterior se agrega que después de realizada la encuesta EM-O, la campaña de Frei finalmente está haciendo las cosas bien. El trío conformado por Carolina Tohá, Claudio Orrego y Ricardo Lagos-Weber ha dado credibilidad al mensaje del cambio generacional que viene dando el candidato de la Concertación. Y la bien aceitada campaña de Piñera ha cometido el primer error de importancia, al reconocer que se repetirán el plato rostros de la dictadura en un eventual gobierno de la Alianza.
Aún para quienes pasamos años estudiando estos temas, no deja de ser sorprendente que encuestando a poco más de mil personas uno pueda predecir el resultado de una elección donde votarán más de 7 millones de chilenos. Y, claro está, nada es mágico y hay veces que no se pueden hacer predicciones confiables. Cuando la elección es estrecha, las encuestas no sirven para predecir quién va a ganar.
Todo lo anterior sugiere que la carrera presidencial está lejos de decidida y que la noche del 17 de enero puede terminar siendo una larga jornada, en que los votos se cuenten uno a uno y se conozca el ganador sólo después del último cómputo
* Profesor de Economía de la Universidad de Yale. Encargado de la comisión para la reforma tributaria de Eduardo Frei.
EL MOSTRADOR.CL
Segunda vuelta Frei-Piñera: los indecisos, factor clave e incierto…
El voto de los indecisos: el factor clave que sigue marcando la elección a siete días de los comicios
Indecisos, nulos y blancos. Son las tres categorías de votantes que están más presentes que nunca en la mente de los dirigente políticos y, sobre todo, de los expertos electorales y los responsables de definir las estrategias para ganar la elección.
¿La razón? Existe coincidencia que se trata de las variables claves que, según el rumbo que tomen la última semana de campaña, zanjarán el resultado definitivo del balotaje, coronando como presidente a Sebastián Piñera o Eduardo Frei.
Claro que hay discrepancias entre los expertos a la hora de determinar la cantidad de personas que están en esta posición, las cuales oscilan entre 14% y 4% del electorado nacional. Vale decir: entre 980 mil y 280 mil personas no sabrían por quién votar al considerar que cada punto electoral corresponde a 70 mil votantes.
De allí, que en los comandos presidenciales existan personas dedicadas a estudiar en detalle este tema. Y la atención se está concentrando básicamente a reducir los indecisos, y por añadidura, los nulos y blancos serán vitales para el resultado final.
Cabe recordar el 13 de diciembre de 2009 hubo 199.355 votos nulos (2,76%) y 85.014 blancos (1,17%) sobre un total de 7.221.888 sufragios emitidos. Un hecho relevante, porque revela que fue la segunda cifra más baja de participación de las últimas cinco elecciones. Es más, al considerar los votos válidamente emitidos (menos nulos y blancos) muestra que fue la elección con menor preferencia de candidatos.
Perfil de indecisos, según aliancistas
Ahora bien. Para el director de estudios políticos y electorales del Instituto Libertad, José Miguel Izquierdo, los indecisos están rondando entre los 12 y 14 puntos.
Y aunque evita entregar luces sobre el origen de los datos –explicando que son estudios del Instituto Libertad- dice que ya tienen un perfil bastante claro del nuevo tipo de indecisos que definirá la elección. “Se trata de gente de centro izquierda, algunos grupos de izquierda extra Concertación y seguidores de Marco Enríquez-Ominami, caracterizados por un sentimiento muy profundo de rechazo a Frei y también a la derecha”, precisa.
“Esta gente no irá a votar en segunda vuelta y mi hipótesis es que al final terminarán nutriendo los blancos y nulos aumentando la abstención general”, explica Izquierdo. Con todo, para él “a estas alturas la cosa está bastante cocinada y si uno hiciera una encuesta hoy podría conocer el resultado”, asegurando que “vamos a quedar 52% (Piñera) versus 48% (Frei) y si se confirma la hipótesis de abstención es probable que se amplíe a un 53% versus 47%”.
Cifras similares proyecta el analista de Benchmark, Gonzalo Müller, para quien la diferencia a favor de Piñera será de 5 puntos: “Va a ser 52,5% versus 47,5% y no es producto de un análisis sino de la encuesta que hicimos”, recalca.
La visión de especialistas de la Concertación
No obstante ello, para Marta Lagos -quien entregará este miércoles el resultado de la nueva encuesta Mori, el 95% de los chilenos ya tiene claro por quien votará y sólo el 5% está dubitativo. Añadió que el electorado ha sido relativamente estable y no existen evidencias que muestren un aumento en la votación de Piñera. De hecho, dice que “en diciembre sacó 260 mil votos menos de los que logró en 2005 frente a la presidenta Michelle Bachelet”, por lo que asegura que “si gana lo hará con menos votos de los que saco Lavín en 1999”.
Para ella, lo fundamental hoy es que “la gente no esta motivada para ir a votar” y como no hay traspaso de votos hacia Piñera “porque votar nulo o blanco no es cambiar de bando” será el aumento o disminución de este segmento el que decidirá. “Si hay dos puntos más de nulos y blancos, entonces se beneficia el que tiene más votos. Y en este caso es Piñera. Por el contrario si esa gente vota por Frei, en este caso Piñera pierde doble”, explica.
Una opinión similar dio el director del Cerc, Carlos Huneeus, quien afirma que hoy los indecisos son mínimos y difíciles de cuantificar. Agregó que la información disponible sirve poco para identificarlos porque “el escenario es completamente distinto a partir del 13 de diciembre. Los indecisos serán 3 ó 4 puntos y no más y marcarán la elección”, recalcó. Añade que el efecto de Marco Enríquez-Ominami “ya es historia, porque los diputados del PRI al igual que la mayor parte de las ex personalidades ligadas a él están por Frei, por lo que su definición no tiene importancia”.
Finalmente, el analista político Alfredo Joignant coincidió en que el principal problema de Frei son “los votos nulos y blancos”, precisando que si bajan “esto será dramático y efectivamente podría ocurrir que la noche del 17 de enero no sepamos quien fue el presidente de Chile”.
L. Carmona, Diputado Comunista electo en Chile: Piñera “pondrá en venta a Chile”… Entrevista
LAUTARO CARMONA, DIPUTADO COMUNISTA ELECTO EN CHILE
“Pondrá en venta a Chile”
El actual secretario general del PC chileno señala que un eventual gobierno de Piñera profundizará la política neoliberal. Y que Frei debe proponer “lineamientos claros y novedosos” si quiere ganar el próximo 17 de enero.
Por Christian Palma
Desde Santiago
Lleva la hoz y el martillo en el pecho desde los años ochenta, cuando en plena dictadura de Pinochet participaba en las Juventudes Comunistas y se enfrentaba al tirano desde la clandestinidad. “De otra manera uno desaparecía.” Es Lautaro Carmona, actual secretario general del PC chileno y que el domingo, junto a otros dos “compañeros”, le dobló la mano a la historia tras ser elegido diputado luego de 37 años de sequía comunista en el Congreso.
De profesión cientista político, dedica su triunfo al pueblo, los trabajadores y a dos emblemáticos del color rojo que ya no están: Volodia Teitelboim y Gladys Marín. Como actor privilegiado de los acontecimientos políticos vividos en este país el pasado domingo, el electo diputado dice que es fundamental que la Concertación proponga lineamientos claros y novedosos para reencantar a la ciudadanía si quiere triunfar en el ballottage del 17 de enero. Y tal como lo dijo su candidato, Jorge Arrate, que logró el 6 por ciento en la elección presidencial, se debe lograr un acuerdo amplio de todas las fuerzas progresistas para derrotar a la derecha. Incluyendo, por cierto, a los adherentes de Marco Enríquez-Ominami, por más que este último los dejara en libertad de acción. Con todo, ese 6 por ciento comunista será la niña bonita de la segunda vuelta.
–¿Qué se siente romper primero una historia de 37 años y luego al perverso sistema binominal chileno?
–Una gran satisfacción, pues ganamos una lucha a la exclusión que impedía la representación parlamentaria a una fuerza que tiene clara raigambre en el mundo sindical, los derechos humanos, los pobladores y los estudiantes, pero que para potenciarse necesitaba la representación en el Congreso. Si bien apelamos a un acuerdo político con la Concertación, toda vez que la derecha no quiso reformar el sistema electoral, fue la ciudadanía la que en su voluntad rompió esto. Ahora tenemos una gran responsabilidad porque las expectativas de los trabajadores se sostienen en que la representación del Partido Comunista permita que temas postergados sean de debate parlamentario y que vayan en beneficio de los trabajadores y el pueblo en general.
–¿Cuáles serán los planteamientos fundamentales de esta bancada comunista en la Cámara baja y quiénes serán sus principales socios frente a la derecha?
–Tendremos la independencia propia del PC, que forma parte de la izquierda en el Juntos Podemos. Instalaremos los temas de la izquierda en esta batalla por arrinconar el ganado del neoliberalismo. Todos quienes coincidan en eso serán parte de una actividad común como un sistema laboral que les regrese la capacidad de negociación a los sindicatos, que termine con la legislación arbitraria y proempresarial que ha derivado en una persecución caníbal frente a los dirigentes. Además queremos terminar de democratizar el sistema político, acabando con el sistema binominal y pasando a uno proporcional que tenga representación directa según la incidencia en la sociedad, fomentar el derecho a votar fuera de Chile, la inscripción electoral automática y la revocabilidad de quienes ostentan cargos de elección popular y traicionan las promesas de campaña.
–¿En lo económico qué plantean?
–La defensa de la Corporación Nacional del Cobre (Codelco, la empresa productora de cobre estatal más grande de cobre del mundo y principal entrada de recursos al Estado chileno) como empresa del Estado y crear condiciones para renacionalizar la minería, una política medioambiental de Estado que incluya el agua como derecho humano en la Constitución, entre otros tópicos.
–¿El pacto contra la exclusión qué significa en concreto para el ballottage?
–No es vinculante. La dirección del Juntos Podemos está tomando en cuenta las opiniones del candidato Jorge Arrate para iniciar un diálogo en la perspectiva de construir un acuerdo para derrotar a la derecha en segunda vuelta. Pero eso debe significar una reacción muy activa del equipo que sostiene la candidatura presidencial de Eduardo Frei, donde se tiene que construir un acuerdo programático mínimo que potencie las posibilidades del pueblo y los trabajadores.
–¿Existen esos puentes?
–La necesidad, desde la perspectiva de la Concertación, es absoluta. Siempre ha existido espacio para conversar. Creemos que llegó la hora de poner en el centro los grandes intereses, que puedan reencantar, justificar y explicar por qué esta gran convergencia contra la derecha más reaccionaria y neoliberal.
–¿Qué le parece que el ex socialista Marco Enríquez-Ominami, que salió tercero en primera vuelta, no convocara a sus electores para votar por Frei, allanando aún más un triunfo de la derecha?
–Para nosotros no es lo mismo quién gobierne Chile. No tanto por nosotros, que tenemos el rigor de 17 años de dictadura, 37 años sin parlamentarios, entre otros puntos, sino que lo medimos por la consecuencias que tendrá para el pueblo. Si hay una fuerza que puede lograr acuerdos que beneficien a los trabajadores, renunciar a eso me parece un ejercicio que puede ser muy complejo y muy cruel con la gente. Puede ser que Frei no cautive a los militantes, pero uno puede orientar, convocar y cada uno votará soberanamente, no sólo hay que pararse en las expectativas de los resultados que se dieron, pues aquí hay más que eso. A mí no me da lo mismo retroceder violentamente en las conquistas de los trabajadores, por eso hacemos este esfuerzo.
–¿Qué significa para usted que Piñera gane la presidencia?
–Se completaría el control total, por la vía de un ejercicio de un poder electo, con los poderes fácticos (mediático, económico) y ciertos espacios internacionales. Se profundizará a niveles exagerados y muy peligrosos la aplicación de una política neoliberal, como en los mejores tiempos de éste y, por tanto, en los peores tiempos del pueblo. Ese es el peligro real, transformar Chile en una gran empresa en venta, bajo los dictámenes norteamericanos como potencia imperial. Oponerse a eso debe ser el compromiso de Frei.
–¿Por qué Piñera ganó entonces la primera vuelta?
–No es ningún secreto que la Concertación como coalición está desgastada. El efecto de Enríquez-Ominami tiene que ver con eso. Pienso que ese desgaste incluso alcanzó al entusiasmo con que se trabajó en la carrera presidencial en primera vuelta. Además, es evidente que con tres candidaturas con juicio crítico a la derecha, sucedería algo parecido a lo que sucedió en 2005 con los candidatos de derecha Joaquín Lavín y Sebastián Piñera respecto de Michelle Bachelet, que finalmente terminó ganando. Pero el tema es más complejo y tiene que ver con el agotamiento que produjo distorsión, fugas y una falta de encantamiento que han sostenido anteriores campañas de la Concertación.
–¿Gana la Concertación en segunda vuelta?
–Dependerá mucho de si la Concertación da un giro profundo y con qué van a reencantar a la ciudadanía. Si es así, compromete nuestro aporte y tendremos que ir a un puerta a puerta casa por casa, como lo hicimos los tres candidatos comunistas que ganamos el domingo.
Página/12
El retorno de la derecha latinoamericana…
Por Immanuel Wallerstein
Algo extraño está ocurriendo en América latina. Las fuerzas de derecha en la región están emplazadas de tal modo que pueden desempeñarse mejor durante la presidencia de Barack Obama que durante los ocho años de George W. Bush. Este encabezaba un régimen de extrema derecha que no tenía ninguna simpatía por las fuerzas populares en América latina. Por el contrario, Obama encabeza un régimen centrista que intenta replicar la “política del buen vecino” que proclamara Franklin Roosevelt como forma de anunciar el fin de la intervención militar directa de Estados Unidos en América latina.
Durante la presidencia de Bush, el único intento serio de golpe de Estado con respaldo de Estados Unidos ocurrió en 2002 contra Hugo Chávez en Venezuela y tal asonada falló. Fue seguida de una serie de elecciones por toda América latina y el Caribe, donde los candidatos de centroizquierda ganaron en casi todos los casos. La culminación fue una reunión en 2008 en Brasil –a la que Estados Unidos no fue invitado y donde el presidente de Cuba, Raúl Castro, recibió trato de héroe virtual—.
Desde que Obama asumió la presidencia, se ha logrado perpetrar un golpe de Estado: en Honduras. Pese a la condena que expresó el mandatario, la política estadounidense ha sido ambigua y los líderes del golpe ganaron su apuesta de mantenerse en el poder hasta las próximas elecciones para presidente. Hace apenas muy poco, en Paraguay, el presidente católico de izquierda Fernando Lugo pudo evitar un golpe militar. Pero su vicepresidente, Federico Franco, de derecha, está maniobrando para obtener de un Parlamento nacional hostil a Lugo un golpe de Estado que asume la forma de un enjuiciamiento. Y los dientes militares se afilan en una serie de otros países.
Para entender esta aparente anomalía debemos mirar la política interna de Estados Unidos, y cómo afecta a su política exterior. El Partido Demócrata es la misma coalición amplia que siempre ha sido, pero el Partido Republicano se ha desplazado más a la derecha. Esto significa que los republicanos tienen una base menor. Lo lógico sería que esto significara bastantes problemas electorales. Pero, como lo estamos viendo, esto no funciona exactamente de ese modo.
Las fuerzas de la extrema derecha que dominan el Partido Republicano están muy motivadas y son bastante agresivas. Buscan purgar a todos y cada uno de los políticos republicanos a quienes consideren demasiado “moderados” e intentan forzar a los republicanos en el Congreso a una actitud negativa uniforme hacia todas y cada una de las cosas que proponga el Partido Demócrata y en particular el presidente Obama. Los arreglos políticos de compromiso ya no son vistos como políticamente deseables. Por el contrario. A los republicanos se los presiona para marchar al ritmo de un solo tamborilero.
Entretanto, el Partido Demócrata opera como siempre ha operado. Su amplia coalición va de la izquierda a una cierta derecha del centro. Los demócratas en el Congreso invierten casi toda su energía política en negociar unos con otros. Esto implica que es muy difícil aprobar legislaciones significativas, como lo vemos actualmente con el intento de reformar las estructuras de salud estadounidenses.
Entonces, ¿qué significa esto para América latina (y de hecho para otras partes del mundo)? Obama tiene una base diversa y una agenda ambigua. Su postura pública se bambolea entre una firme posición centrista y unos moderados gestos de centroizquierda. Esto vuelve su posición política esencialmente débil. Obama desilusiona a los votantes de izquierda y la realidad de una depresión mundial hace que algunos de sus votantes centristas se aparten de él por miedo a una deuda nacional creciente.
Para Obama, al igual que para Bush, América latina no está en la cúspide de las prioridades. Está muy preocupado por las elecciones de 2010 y 2012. Y esto no es algo insensato. Lo que la derecha latinoamericana hace es sacarles ventaja a las dificultades políticas internas de Obama para forzarle la mano. Se percatan de que no cuenta con la energía política disponible para atajarlos. Además, la situación económica mundial tiende a redundar en contra de los regímenes en el cargo. Y en la América latina de hoy son los partidos de centroizquierda los que están en el cargo. Si Obama lograra triunfos políticos importantes en los próximos dos años, esto mellaría, de hecho, el retorno de la derecha latinoamericana. ¿Pero logrará tales triunfos?
Traducción: Ramón Vera Herrera.
Página/12
Encuesta CEP (noviembre 2009): Piñera (36%), Frei (26%), ME-O (19%) y Arrate (5%)…
11 de Noviembre de 2009
Encuesta CEP (realizada en octubre)
Tanto como el abanderado de la derecha como el presidenciable de la Concertación bajan su nivel de apoyo, este último dos puntos con respecto al sondeo anterior. En tanto, el diputado ex PS y el candidato del Juntos Podemos suben su adhesión ciudadana, con un alza de 2% y 4% respectivamente. En un escenario de segunda vuelta, el empresario obtiene un 43% en comparación a un 37% de Frei. En tanto, contra ME-O el inversionista obtiene un 40% ante un 37% del ex PS.
Lea aquí la encuesta CEP completa
La esperada encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP) arroja que Sebastián Piñera y Eduardo Frei avanzan a segunda vuelta en las elecciones del próximo 13 de diciembre en Chile.
En la pregunta en urna a entrevistados inscritos en los Registros Electorales señala que el candidato de la Coalición por el Cambio obtiene 36% de las preferencias, mientras el de la Concertación llega a 26%.
El abanderado independiente Marco Enríquez-Ominami subió a 19%, mientras el candidato del pacto Juntos Podemos, Jorge Arrate, alcanzó el 5% de las preferencias, agrega el sondeo. Un 14% no vota, vota en blanco o vota nulo.
La coordinadora del Área de Opinión Pública del CEP, Carolina Segovia, precisó que “en la comparación de estos resultados con sondeos anteriores no se observan cambios estadísticamente significativos” para Piñera, Frei y Enríquez-Ominami.
También se mantiene estable el número de personas que no vota por ninguno de ellos (14%), mientras, destacó, Jorge Arrate en cambio si muestra un alza importante de un 1% a 5%.
Segunda vuelta
En el hipotético escenario del balotaje entre Sebastián Piñera y Eduardo Frei, un 43% vota por el primero y un 37 % por el segundo, quedando un 20% de personas que no votan o votan en blanco o votan nulo.
Este ítem, referido al voto con urna de los inscritos, de acuerdo a Segovia muestra “una leve alza en Sebastián Piñera y un leve descenso en el caso de Eduardo Frei” comparado con los resultados de agosto.
Un ejercicio similar entre el Piñera y el diputado muestra una leve caída en las preferencias por Piñera y una leve alza en las de MEO: 40 contra 37 puntos porcentuales. En esta caso un 23% no votaría, votarían en blanco o votaría nulo.
La CEP anterior
El último estudio CEP, de agosto, dio 37 puntos a Piñera, 28 a Frei, 17 a Enríquez Ominami y 1 a Arrate que en ese entonces tenía similar porcentaje al de Alejandro Navarro y Adolfo Zaldívar, ambos retirados de la carrera a La Moneda.
En esa ocasión en la segunda vuelta entre el empresario y el senador DC se registraba un empate técnico con 42 puntos porcentuales para el primero y 39 para el segundo. En una hipotética contienda Piñera-MEO en enero el resultado era 44-34, respectivamente.
Los resultados de la encuesta del Centro de Estudios Públicos son los más esperados por el mundo político por el nivel de confiabilidad que tiene, pues es la más representativa del electorado a nivel nacional, tanto en población urbana como rural.
En este caso, dado a conocer sólo 48 horas antes del inicio oficial del período de propaganda, termina por revelar el escenario electoral a un mes de las elecciones presidenciales y parlamentarias.
LA NACION.CL
Arrate tras CEP: “Derecha infla a MEO”
/ Lanacion.cl
Escéptico con los resultados de la encuesta CEP se mostró el candidato del Juntos Podemos, quien llegó a 5% en la medición. “No tengo ni confianza ni fe en las encuestas”, dijo.
Vea más en sitio Elecciones 2009
El primer presidenciable en reaccionar a los resultados de la encuesta del Centro de Estudios Públicos fue el candidato de la izquierda, Jorge Arrate, quien fiel a su discurso insistió en que nunca le ha creído a estos sondeos electorales.
“Las encuestas nunca han acertado con la votación de la izquierda”, remarcó el ex ministro, mostrándose confiado en que la elección del 13 de diciembre le dará un porcentaje mucho mayor al 5 por ciento que muestran los resultados de la CEP de hoy.
“No quiero sacar ni 4 ni 5 puntos, yo quiero sacar mucho más (…) La calle me dice que voy a sacar mucho más, porque la gente va a votar sin miedo”, indicó.
Arrate también fue crítico con el sistema de encuestas, e insistió en su tesis de que “hay una carambola a dos bandas que busca reducir las posibilidades de la candidatura de la izquierda y afectar la candidatura de la Concertación, a través de un proceso en que la derecha ha inflado la candidatura de Marco Enríquez Ominami”.
En la misma línea, el candidato de la izquierda no quiso comentar la notable alza en atributos que tuvo en este sondeo el CEP. “No lo interpreto, porque no tengo ni confianza ni fe en las encuestas”, remató.
Carlos Peña: La segunda vuelta la ganará quien sintonice con los más liberales
El columnista precisó que la disputa de la Elección se dará entre dos proyectos institucionales (Frei y Piñera) y no entre uno institucional y otro de liderazgos individuales (ME-O).
Por Renata Robbio, Emol
SANTIAGO.- Tras los resultados de la última encuesta CEP, y pese a todos los cálculos electorales que están haciendo los partidos, el columnista y abogado, Carlos Peña, precisó que la única conclusión certera que arrojó el resultado del estudio, radica en que los votos de la segunda vuelta dependerán de un grupo de personas muy pequeño, que está ordenando sus preferencias presidenciales de acuerdo al grado de liberalismo que percibe de cada candidato.
"La competencia de segunda vuelta se va a producir entre quienes logren captar ese estrato delgado de votantes, al parecer más liberales, que estarían inclinándose por Marco Enríquez-Ominami (ME-O) y luego pasándose a Piñera (…). El desafío de la segunda vuelta es disputar esos votos", planteó Peña.
Según el columnista, lo anterior explicaría por qué Enríquez-Ominami, en segunda vuelta, resulta ser más competitivo que el de la Concertación, Eduardo Frei, para enfrentarse con el de la Alianza, Sebastián Piñera.
"Esto parece que Piñera lo intuía (…) por eso no es inocente el tema de la homosexualidad en la franja, porque es un guiño y una oferta simbólica de reconocimiento a ese sector más liberal que Piñera sabe que está con ME-O, pero que en segunda vuelta podría estar con él", explicó Peña.
Sin embargo, aclaró que pese a que ME-O obtiene un porcentaje de apoyo importante en la segunda vuelta (37%, al igual que Frei), en la primera, éste no le ganará al candidato de la Concertación, ya que no sólo los separan siete puntos, sino que además, el abanderado del oficialismo presenta un proyecto político más consolidado.
"Es cierto que Frei tiene una mala noticia: bajó dos puntos; pero desde su perspectiva de competencia, la mejor noticia para él es que, al parecer, ME-O no lo alcanza (…). La disputa de las Elecciónes se dará entre dos proyectos institucionales (Frei y Piñera) y no entre uno institucional y otro de liderazgos más bien individuales (ME-O)".
Asimismo, precisó que aunque Enríquez.Ominami ha demostrado ser un buen competidor, desde el punto de vista de la política, "creo que no arroja buenos resultados".
Para Peña, la gran incógnita no es quién ganará las Elecciones Presidenciales, sino qué ocurrirá con ME-O si es que no pasa a segunda vuelta, en ese caso, "el mutismo de Enríquez-Ominami sería inexplicable".
"Yo no tengo duda de que le convendría más apoyar a Frei porque el futuro político de ME-O está en la posibilidad que él tendría (…) de influir, esta vez, definitivamente en la conformación futura de la Concertación. Eso sólo podrá hacerlo si manifiesta cierta convergencia con el candidato de la Concertación", afirmó Peña.
Pese a la reñida disputa que se espera para las próximas Presidenciales, Peña comentó que el desafío para todos los candidatos es cuadrarse con el espíritu de la gente, que hoy está más optimista, más liberal y menos conservador, "quien logre sintonizar con eso, tendrá la victoria a su lado".
LA ENCUESTA CEP DE NOVIEMBRE…
Por El Mostrador
Este mediodía el Centro de Estudios Públicos (CEP) dio a conocer su última encuesta presidencial, correspondiente al mes de octubre, la cual reveló que el candidato de la Coalición por el Cambio, Sebastián Piñera, alcanza 36% entre los inscritos en los registros electorales, seguido por el abanderado de la Concertación, Eduardo Frei con 26%, y el candidato independiente, Marco Enríquez Ominami con 19% y el candidato del Juntos Podemos, Jorge Arrate con 5%.
La votación de Piñera supone un punto menos que en la encuesta del CEP de agosto, mientras la de Frei una merma de dos puntos, la de Enríquez Ominami una subida de dos enteros y la de Arrate un aumento de cuatro unidades.
Las cifras responden a una opinión "en urna" de los encuestados, que es a su juicio la mejor representación de lo que ocurre en la realidad.
Un 14 por ciento de los encuestados no votarían por ninguno o lo harían en blanco o nulo, según el sondeo.
Los primeros análisis señalaron que el escenario apunta a que el empresario y el senador DC disputarían la segunda vuelta electoral, el próximo 17 de enero.
En ella, según el sondeo, Piñera obtiene el 43 por ciento de las preferencias y Frei un 37 por ciento, con un 20 por ciento de encuestados que no votarían o lo harían en blanco o nulo.
En el caso menos probable de que sea el diputado ex socialista Marco Enríquez-Ominami el que dispute la segunda vuelta con el candidato de la derecha, Piñera obtiene un 40 por ciento y el parlamentario un 37 por ciento.
Según la muestra, un 54 por ciento votos del candidato oficialista en una segunda vuelta irían para Enríquez-Ominami, mientras que un 12 por ciento para el empresario.
Otros
Respecto de los atributos de los candidatos, Piñera lidera la "confianza" que ven los encuestados con un 41 por ciento de respaldo. Respecto de la "firmeza" de los abanderados, el empresario logra un 56 por cientos, mientras que Frei y Enríquez-Ominami alcanzaron un 42 y un 38 por ciento, respectivamente.
El 78 por ciento de los consultados aprueba el desempeño de la Presidenta Michelle Bachelet, subiendo seis puntos.
Metodología
El sondeo se realizó a 1.505 personas de 18 años o más, en zonas tanto urbanas como rurales, en 141 comunas del país, usando el método de la entrevista a través del muestreo estratificado, aleatorio y probabilístico, con un error de tres por ciento, entre el 08 y el 30 de octubre de 2009. Tiene un 3% de error muestral y un 95% de confianza.
Encuesta Imaginacción (sept. 2009): Piñera 37,8%, Frei 28,2% y Marco-Ominami 20,5% en primera vuelta…
Piñera tiene más atributos políticos que Frei según encuesta de Enrique Correa
Mientras que el candidato de la Alianza es evaluado, después de Michelle Bachelet, con mayor Liderazgo y Autoridad para conducir el país, el abanderado oficialista se mantiene en la mayoría de los atributos en segundo lugar, entre los tres presidenciables, y su mejor perfomance la obtiene en la Responsabilidad para atender los asuntos del Estado.
De acuerdo con los resultados de la última Encuesta de Opinión Pública de Imaginaccion Consultores desarrollada en agosto, la que sólo se efectúa a ciudadanos inscritos en los registros electorales, se mantiene la aprobación hacia la gestión de la Presidenta de la República Michelle Bachelet, esta vez con un 72%.
El Gobierno por su parte, también mantiene una alta aprobación durante los últimos cinco meses consecutivos, ya que el 60,9% de los chilenos aprueba la forma en que desarrolla su labor.
En tanto, en ambas coaliciones se mantienen grados de desaprobación hacia su gestión, mientras que la Concertación de Partidos por la Democracia sólo alcanza un 30,7% de aprobación a su gestión, y mantiene la brecha de 30 puntos entre la aprobación del Gobierno y la coalición oficialista, un 35,2% aprobaría la gestión de la Alianza por Chile, la que por su parte experimenta un aumento de 5 puntos porcentuales en comparación a julio.
Primera y segunda vuelta
En la carrera presidencial, en primera vuelta con lista cerrada, Sebastián Piñera mantiene el liderazgo con un 37,8%, seguido de Eduardo Frei con un 28,2%, quien registra la mayor alza, pero dentro del error estadístico. Marco Enríquez-Ominami alcanza sólo un 20,5%. En segunda vuelta se mantiene el empate técnico entre Sebastián Piñera (44,6%) y Eduardo Frei (42,6%).
Atributos
Mientras que el candidato de la Alianza es evaluado, después de Michelle Bachelet, con mayor Liderazgo y Autoridad (52%) para conducir el país, Capacidad e Inteligencia (60,6%) para hacer frente a las dificultades, Autoridad para llevar a cabo su programa de gobierno (56,5%) y Responsabilidad para atender los asuntos del Estado (57,5%), Eduardo Frei se mantiene en la mayoría de los atributos en segundo lugar, entre los tres presidenciables, y su mejor perfomance la obtiene en la Responsabilidad para atender los asuntos del Estado.
En tanto, Marco Enríquez-Ominami, después de Michelle Bachelet, lidera en Honestidad (49,6%), es considerado Cercano y es Querido y Estimado (44,3%) por los encuestados. Por su parte, el atributo más disputado es la capacidad para Escuchar, donde las diferencias entre los candidatos son estrechas.
Metodología
Este tracking de Opinión Pública Política que realiza la empresa Imaginaccion Consultores hace más de un año, especializada en Asuntos Públicos y Comunicación Estratégica, presidida por el ex ministro Enrique Correa, es cuantitativo y corresponde en esta oportunidad a 1052 entrevistas telefónicas aplicadas entre el 1 y 29 de agosto a hombres y mujeres inscritos en los registros electorales, mayores de 18 años.
Encuesta CEP: debilidades y fortalezas de Frei, Piñera y Marco-Ominami…
Patricio Navia
El electorado chileno es bastante diverso y plural. No es lo mismo hablarle a un hombre de clase media joven que a una mujer de clase media baja de la tercera edad. El electorado es lo suficientemente diverso como para obligar a los candidatos a aterrizar sus sueños y propuestas a las realidades concretas de la cotidianidad de esta variopinta nación que es Chile. La encuesta del CEP, cuya base de datos está públicamente disponible, permite algunas conclusiones más profundas que los ya comentados titulares: Piñera 37, Frei 27 y Enríquez 18 en el total; 37-28-17 entre los inscritos.
Aprobación a Bachelet
Piñera concentra la votación de los que desaprueban el desempeño de Bachelet. Frei gana entre los que aprueban y Enríquez obtiene más votos también entre los que aprueban. Pero Piñera logra la mitad de sus votos entre los que aprueban a Bachelet. La aprobación presidencial trasciende las fronteras ideológicas.
Eje izquierda-derecha
Aunque la identificación con partidos y coaliciones es débil, la mayoría de los chilenos se posiciona cómodamente en una escala política de 1 a 10 en el eje izquierda-derecha. La mayoría se ubica en posiciones moderadas (entre 4 y 6). Si Piñera gana entre los votantes que se identifican hacia la derecha en el plano ideológico, Frei y Enríquez compiten voto a voto entre los que se ubican a la izquierda. Pero entre aquellos ubicados en el centro de la escala, Frei y Piñera aparecen empatados y Enríquez consigue su mejor votación. Los votantes moderados decidirán hacia dónde se cargará la balanza en enero.
Lucha de clases
Si sólo votara la elite, Piñera gana en primera vuelta, y Frei terminaría tercero. Frei es más competitivo entre los sectores de menos ingresos, especialmente en mujeres de clase baja y media baja. Si Frei no penetra en la clase media, difícilmente podrá volver a La Moneda. Marco Enríquez-Ominami tiene problemas de género más que de clase. Le va mejor entre los hombres de clase baja que entre hombres de más ingresos. Pero su mejor votación está en las mujeres de clase alta y clase media. Si logra ampliar su apoyo en hombres de clase media y mujeres de clase media baja, será un candidato muy competitivo.
Hombres-mujeres
Piñera le lleva 15 puntos de ventaja a Frei entre los hombres, pero sólo tres puntos entre mujeres. A Enríquez le va algo mejor entre las mujeres también. Piñera necesitará atraer más votos de mujeres, en especial en segunda vuelta y entre las mujeres de menos ingresos. Si quieren llegar a La Moneda, Enríquez y Frei deben mejorar su votación entre hombres, especialmente Enríquez.
Las edades
Piñera arrasa entre hombres jóvenes y adultos. Pero entre todos los adultos mayores y mujeres adultas, Frei es muy competitivo. Enríquez es mucho más popular entre los jóvenes, pero inmensamente impopular entre los hombres de la tercera edad. Si Piñera no mejora su votación entre la gente mayor, tendrá problemas para llegar a La Moneda. En términos de edad, Frei y Enríquez se comportan de forma opuesta. Donde uno es fuerte, el otro es débil. Compiten con Piñera en distintos grupos etáreos, pero ambos deben aprender las fortalezas del otro para aspirar a ser un rival poderoso a Piñera.
Cuestión estratégica
Los candidatos deben tomar una difícil decisión. O se centran en fortalecer sus grupos de apoyo que les son más afines -mujeres para Frei, hombres para Piñera y jóvenes para Enríquez- o salen a disputar votos a terreno enemigo. En 2005, Bachelet optó por centrarse en fortalecer su voto más duro, el de mujeres, anticipando que Lavín-que le competía en ese sector-terminaría en tercer lugar y que ella podría cosechar parte de ese apoyo. Si Piñera cree que Frei será su contendor en enero, debería buscar el voto más joven a Enríquez. Si cree que Enríquez dará la sorpresa, deberá tender puentes al voto del adulto mayor.
BLOG LA TERCERA
Radiografía a los números de Enríquez-Ominami…
MEO no tiene un electorado pluriclasista, como Frei y Piñera. Para crecer en su aspiración de derrotar a Frei tiene que abrirse a los estratos populares, en los cual los partidos de la Concertación y la UDI son fuertes. Es una tarea compleja. Desde el punto de vista partidario son claramente socialistas y personas sin identificación partidaria.
Por Carlos Huneeus*
El "fenómeno" Marco Enríquez-Ominami (MEO) no apareció en la encuesta CERC de Abril, pero si en la de Julio, demostrando que los cambios en la opinión pública no son rápidos, por más que cierta prensa lo haya apoyado con una energía sin precedentes en la historia de las elecciones en Chile, con decenas de artículos y reportajes al diputado y a los miembros de su familia.
La encuesta entrega una información muy útil para conocer su posición entre los chilenos y para tener una radiografía de su electorado.
En primer lugar, MEO es visto por los chilenos a la izquierda -tiene una puntuación media de 3,56 en la escala de 1 a 10-, bastante más a la izquierda que el electorado, que en Chile tiene una posición más bien de centro-derecha, 5,53. MEO es visto bastante más a la izquierda que Frei, que tiene una puntuación media de 4,48.
Esta posición constituye un ancla para él, que le impide desplazarse libremente al centro y hasta la derecha, como busca hacerlo con un jefe programático de derecha y promoviendo la privatización de Codelco, "gobernar con los mejores" y declararse "pinochetista" en el tema de la salida al mar para Bolivia.
En segundo lugar, MEO tiene un electorado acotado en términos socioeconómicos: mayoritariamente mujeres y personas de buen nivel económico. En el sector medio-alto, que son una minoría, empata con Frei, mientras que en los sectores medio bajos y bajos, especialmente populares, que son mayoritarios, tiene apenas un 7%.
MEO no tiene un electorado pluriclasista, como Frei y Piñera. Para crecer en su aspiración de derrotar a Frei tiene que abrirse a los estratos populares, en los cual los partidos de la Concertación y la UDI son fuertes. Es una tarea compleja.
En tercer lugar, los votantes de MEO desde el punto de vista partidario son claramente socialistas y personas sin identificación partidaria. Un 69% de los votantes socialistas lo mencionan como uno de "los cinco políticos con más futuro", superando ampliamente al senador Frei entre los votantes de su propio partido, 46%.
Los votantes socialistas se inclinan mayoritariamente por MEO en la pregunta cerrada con los seis candidatos presidenciales, 59%, mientras sólo 18% votan por Frei, 6% por Arrate y 4% por Navarro.
El peso de los socialistas en el electorado que hoy tiene MEO es muy importante, pues del total de sus votantes (15% en la pregunta de seis candidatos) un 22% votará por un candidato parlamentario del PS en diciembre. Sólo el 5% de los votantes de MEO votarán por un candidato del PPD.
El peso de los votantes socialistas en la candidatura de MEO se confirma con la pregunta de recuerdo de voto: cómo votó en las elecciones parlamentarias del 11 de diciembre de 2005. Esta es una pregunta que tradicionalmente incluimos en las encuestas del CERC para complementar la información sobre las orientaciones políticas de los encuestados, especialmente los que no dicen cómo votarán.
Los resultados indican que 38% que dice haber votado por el PS en las anteriores elecciones legislativas votará por MEO como presidente, un 35% votará por Frei, un 11% votará por Piñera, 5% por Arrate y 4% por Navarro.
Cuando repetimos el ejercicio que hicimos con la pregunta de intención de voto parlamentario y analizamos la estructura del voto MEO por recuerdo de voto de partido, 21% dice haber votado por un candidato del PS, 10% votó por un candidato del PPD, 9% por uno del PDC, 20% no estaba inscrito. En consecuencia, la procedencia del voto MEO es claramente de votantes de la Concertación y particularmente del PS.
Quienes dijeron que la postulación de MEO no dañaba a la Concertación estaban equivocados: daña la postulación de Frei y también al PS, el partido de la presidenta Michelle Bachelet. Hay tres puntos menos de votantes socialistas en Diciembre que los que recuerdan haber apoyado a un candidato de este partido hace cuatro años.
Los votantes socialistas son los que menos fidelidad tienen hacia su partido: mientras el 67% de los votantes de RN en el 2005 votarán por el partido el 2009, el que tiene la mayor tasa de retención, sólo lo hará el 40% de los socialistas por la colectividad de Allende, Grove y Bachelet, por debajo de la UDI (45%), PDC (50%) y PPD (52%).
MEO ha ido más allá de los votantes de la Concertación, porque su principal electorado se encuentra entre los que no dicen por qué partido votarán en Diciembre (26%) y los que no apoyarán a ningún partido (18%). Se trata de votantes débilmente integrados al sistema político y, por ende, poseen una inclinación insegura hacia el candidato presidencial y que puede no darle el apoyo en Diciembre.
Aparte de estas limitaciones, MEO tiene otra enorme dificultad: apenas un 3% "cree que será presidente". Es decir, se le ve débil para ser un postulante que compita con fuerza para llegar a La Moneda. También un 3% respondió esta pregunta en las otras dos encuestas cara a cara hechas antes y que representan al conjunto de la población, la de Cep en Mayo y Mori, en Junio, demostrando que esta barrera es bastante poderosa.
Esta debilidad de MEO es compartida por sus votantes: sólo el 17% cree que será Presidente. La mayoría de sus votantes cree que el próximo presidente será Piñera (28%) o Frei (27%), habiendo un 28% que no responde.
En consecuencia, Meo enfrenta complejos desafíos para consolidar su electorado en torno al 15% y, más aún, si quiere expandirlo para derrotar a Frei y pasar a la segunda vuelta para enfrentar a Sebastián Piñera.
*Carlos Hunneus es director del Centro de Estudios de la Realidad Contemporánea (CERC).
EL MOSTRADOR.CL
La Píldora y el poder conservador en Chile, E. Aquevedo
La lucha por la pastilla se reanuda y divide ahora más que en 2008 a las fuerzas de derecha y DC, por los urgentes intereses electorales de Piñera y de Frei
Al poner fuera de la ley la pastilla anticonceptiva en 2008, el Tribunal Constitucional (TC) puso en evidencia lo que ya se ha dicho muchísimas veces: Chile no solo es aún extremadamente conservador en el plano político y socio-económico, a juzgar por el modelo de desarrollo administrado por la Concertación que concentra riquezas, que impone desigualdad social y precariza el trabajo; al mismo tiempo — como correlato decisivo de ello -– Chile es también uno de los más conservadores de A. Latina en el plano valórico y cultural en general.
Poner la pastilla del día después al alcance de los sectores medios y populares del país ha sido, en efecto, una de las batallas sanitarias y valóricas más difíciles libradas por el gobierno contra la derecha más conservadora del país, sostenida en especial por el catolicismo integrista. Ello contrasta abruptamente con la situación de la mayoría de los países de la región.
Esto es sin duda mirado con extrema simpatía por el Vaticano, quien desde hace varias décadas promueve y construye esa hegemonía conservadora en las clases dominantes locales, apoyando sin ambages a sus organizaciones de "vanguardia" en la formación ideológica de la élite dirigente del país, tales como el Opus Dei, los Legionarios de Cristo y otros núcleos afines… En este aspecto se sabe que la Jerarquía de la Iglesia Católica chilena ha realizado una activa campaña contra “la pastilla del día después”, y se ha denunciado al Opus Dei de seguir presionando a empresas farmacéuticas para impedir su fabricación y distribución. Numerosos estudios dan cuenta, en fin, de la creciente influencia del conservadurismo católico en las fuerzas políticas de centro-derecha del país (incluidos segmentos de la DC), en el poder judicial, en la educación primaria, secundaria y universitaria, en los medios de comunicación, en el empresariado y en las fuerzas armadas obviamente… ¿debe extrañar entonces que el TC haya decidido lo que decidió?
El Tribunal Constitucional (TC) es una herencia de la dictadura de Pinochet, con una composición mayoritariamente católica integrista, y es parte del amplio dispositivo ("enclaves autoritarios") construido para preservar tanto la institucionalidad impuesta en ese período como el modelo económico y los "valores" que le sirven de sustrato. Acotemos que uno de los componentes más influyentes del sector dominante del TC es el cuestionado Raúl Bertelsen, ex Rector de La Universidad de los Andes, la que se ha convertido en la institución estrella del Opus Dei en el sistema educacional chileno. Ello habla claro de la importancia de este personaje.
El Poder Judicial en su conjunto, cuyo rol en el episodio de la pastilla ha sido decisivo, sigue dominado por un núcleo fuertemente conservador y es parte también de ese dispositivo. Todo ello, en todo caso, expresa una relación de fuerzas a escala nacional que no se mide sólo por el número de jueces o componentes de dichas instituciones comprometidos con esa orientación, sino principalmente por el peso enorme de los ya conocidos "poderes fácticos" (empresariado, poder militar, grupos religiosos, medios de comunicación predominantes, etc.) sobre la organización formal del Estado, incluidos los Gobiernos de turno, y de sus orientaciones estratégicas.
Pero en esta ocasión la situación parece diferente a la del año anterior, en la medida que la coyuntura y la relación de fuerzas ha cambiado por la irrupción en extremo competitiva de la batalla presidencial. Frei, desde luego, no puede dar la espalda a la Presidente Bachelet, principal sostenedora de esta iniciativa y reforzada por el gran apoyo ciudadano que ahora concita. Frei seguramente aglutinara a la gran mayoría de la DC en favor de la defensa de la pastilla para desbloquear su distribución nacional con alguna iniciativa legislativa. Piñera, igualmente, presionado por una fuerte mayoría social y política que defiende la distribución de la pastilla, deberá movilizar todas sus redes de sustento político para dar también apoyo a píldora, para no enajenarse el apoyo femenino en la contienda electoral. Es decir, en este momento la situación parece más favorable que en el 2008, en que el factor político-electoral juega un rol que en ese instante no estaba presente. Los “poderes fácticos” pueden ahora quedar relegados a un segundo plano y por consiguiente no lograr sus objetivos. Veremos que ocurre en las semanas que vienen.
(este texto es una versión actualizada de una nota publicada ya en 2008)







EDUARDO ENGEL
En la consulta con urna, ante un escenario de primera vuelta, el empresario logra 37%, mientras el senador de la DC alcanza 28 %, bajando 2 puntos, y Marco Enríquez Ominami, logra 17%, anotando un aumento de 4 puntos respecto del estudio anterior. Jorge Arrate, Alejandro Navarro y Adolfo Zaldívar, marcan un punto cada uno.
Eva Golinger

-Había una cláusula en la letra chica de la universidad que decía que en casos excepcionales se podía hacer una memoria en cualquier tema relativo a algún ramo hecho en Ingeniería. Él había asistido a un seminario mío y me pidió que le dirigiera la tesis. Acepté-, relata Garretón, quien era director del Centro de Estudios de la Realidad Nacional (CEREN), que se creó en la UC tras la reforma universitaria.
“No es más que un manifiesto político”, describe un académico de izquierda que leyó en esos años la tesis de Flores. Escrito en primera persona plural, el texto parte del trabajo del marxista checoslovaco Karel Kosik. Luego dedica un capítulo al tema “Desarrollo y dependencia”, que incluye un análisis político e histórico del “fracaso del pensamiento social Latinoamericano”. Si bien dice que no pretende declararse marxista, cree que sólo dicha escuela de pensamiento refleja la práctica social revolucionaria que era contemporánea en aquellos años.
Entre sus propuestas de cambio están terminar con la práctica de estudiantes y profesores que hasta ese momento son “representantes aventajados de la pequeña y alta burguesía”, para ampliar la perspectiva hacia personas con distintas posiciones. La nueva universidad contemplaría también una revolución de la gestión proveniente de la “complejidad de los sistemas” y una estructura que llama “praxeología política”, basada en la cibernética y la ciencia social crítica.
Tras el regreso a la democracia, se quedó en un principio en Estados Unidos, pero empezó a hacer negocios en Chile. También armó fundaciones, se hizo conocido por su carácter arrogante y nada empático, pero también se popularizó la idea de que era un hombre renovado y lleno de ideas brillantes y amigos poderosos. “Todos saben que soy de izquierda y me gusta ganar dinero”, decía en 1999 al diario El Sur.
