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El ‘caso Kundera’ (¿delación o manipulación?) divide a los checos y a la opinión internacional…
PRAGA.- La prensa checa se mostró en estos días dividida por la causa de supuesta delación que ha salpicado al escritor de origen checo Milan Kundera, y que él ha negado rotundamente y comparado con un atentado ahora que empieza la Feria del Libro de Fráncfort.
“Historiadores y literatos se pelean sobre si creer o no el documento sobre Kundera”, titula este miércoles el influyente diario liberal checo ‘Mlada Fronta Dnes’.
El rotativo explica la postura del Instituto para el Estudio de los Regímenes Totalitarios (USTRCR), que da por fidedignas, y no falsificadas, las pruebas de delación, aunque no figure un protocolo policial firmado.
“A mí también me sorprendió”, según Vojtech Ripka, director del departamento de Documentación del USTRCR, quien verificó además la existencia de los agentes policiales implicados en el caso.
El autor de ‘La insoportable levedad del ser’ o de ‘El libro de los amores ridículos’ era en 1950 delegado de la residencia estudiantil de Praga donde iba a pernoctar el delatado, Miroslav Dvoracek, detenido y acusado de traición, por lo que recibió una condena de 22 años de prisión, de los que cumplió 14.
Ripka no aventuró si el motivo de la delación era por “miedo a las consecuencias de acoger a un extraño” o “por puro convencimiento”, y únicamente dio por buena la veracidad de la denuncia ante la policía, señaló a ‘Mlada Fronta Dnes’.
Por su parte, el periódico izquierdista ‘Pravo’ constata la sorpresa de algunos políticos por la publicación de supuestos materiales delicados sobre el afamado escritor. Se trata de “actas de la policía política comunista sin probar y sin estar firmadas por nadie, y que han sido entregadas a la prensa [...]. Es increíble”, señaló el ex presidente del Parlamento y antiguo disidente, Milan Uhde, en el ‘Pravo’.
El debate ha llevado a plantearse qué se debe publicar y qué no
El vicepresidente del Gobierno de coalición de centro derecha, Petr Necas, dijo que sería preciso “fijar unas reglas al instituto sobre quién es la autoridad que dice qué se puede publicar”.
El líder de la oposición parlamentaria, el socialdemócrata Jiri Paroubek, aseguró que eliminaría el instituto en caso de ganar las próximas elecciones legislativas. “Trasladaremos esta labor histórica a lugares de trabajo científicos, ya que no debe ser susceptible de politización”, dijo Paroubek.
El diario ‘Lidové Noviny’ considera que la existencia del acta policial, que describe los detalles de la presunta delación de Kundera, “hace muy difícil encontrar otra explicación”. El documento “parece una denuncia corriente, absolutamente normal. No observé en ella ninguna anomalía”, dijo al rotativo praguense Prokop Tomek, del Instituto Histórico del Ejército.
El jefe del PEN club checo, Jiri Dedecek, consideró, en declaraciones a ‘Hospodarske Noviny’, que la acusación “ha sido un argumento de márketing excelente”. “Creo que ahora la gente comprará mucho más los libros de Kundera, para descubrir ahí algunos aspectos de su vida que antes no veía. Para que comparen su verdadera vida con sus héroes literarios”, apostilló Dedecek.
EFE
Elemental, Kundera…
Por Gonzalo Garcés / La Nación
Llamado “La conciencia de occidente”, el escritor fue acusado de haber delatado en su juventud a un compañero de universidad que fue condenado a trabajos forzados. Y resulta más que oportuno que ahora, cuando nuestro propio tinglado financiero se derrumba, Milan Kundera caiga en desgracia. Abuchearlo nos levanta la moral. Nos recuerda lo buenos que fuimos.
Ya no se puede confiar en nadie. Resulta que los bancos no tenían la plata que prestaban. Resulta que somos globalmente unos 300 trillones de dólares más pobres de lo que creíamos (voy a tener que buscar una marca de atún más barata en el Líder).
Resulta que a la selección argentina le puede ganar cualquiera. Y encima, parece que Milan Kundera era un soplón.
¿Será verdad? Repasemos: Milan Kundera, el autor de novelas humanistas como “La insoportable levedad del ser” o “La broma”, la conciencia de occidente, es acusado de haber delatado en su juventud a un compañero de universidad, que fue condenado a trabajos forzados.
El hecho, reportado esta semana por todos los diarios del mundo, habría ocurrido en 1950. El delatado, Miroslav Dvoracek, había escapado de Checoslovaquia para evitar ser reclutado en el ejército; cuando regresó, lo hizo como espía al servicio de occidente. Iva Militka, una amiga, acepta alojarlo por una noche, pero le refiere el asunto a su novio y futuro marido, Ivan Dlask, que tiene sus sospechas respecto de Dvoracek. Resultado: esa noche Dvoracek es detenido.
Lo curioso es que el acta que registra la denuncia indica que el denunciante no fue Dlask, sino su amigo Milan Kundera.
Bien: nada nos reconforta más que un linchamiento. Y mucho mejor si el linchado era un referente ético. ¿Cómo, tantos años predicando y se guardaba semejante secreto? En realidad, Kundera no predicó demasiado: sus novelas hablan de personajes sufridos y estoicos, reflexionan sobre la posibilidad de permanecer enteros en la adversidad.
En los años 70, el público occidental entendió que se refería exclusivamente a la adversidad de vivir en un país socialista. Así que el endiosamiento de Kundera, que fue en verdad desmesurado, cabe achacarlo más bien a la necesidad que occidente tenía de sentir que “hacía algo” por los oprimidos del estalinismo.
Kundera, además, no era un converso al capitalismo, sino un propugnador del “socialismo con rostro humano”. Se convirtió así en nuestro comunista preferido: si lo cubríamos de dólares y premios, podíamos sentir que éramos también un poco heroicos, un poco sufridos y hasta progresistas.
Pero ser tan generoso, a la larga, cansa. Y resulta más que oportuno que ahora, cuando nuestro propio tinglado financiero se derrumba, Kundera caiga en desgracia.
Abuchearlo nos levanta la moral. Nos recuerda lo buenos que fuimos con esos socialistas que, por lo visto, eran todos igual de infames.
PIEZAS QUE NO ENCAJAN
Otro factor vuelve atractivo al caso Kundera: la posibilidad de encontrar rastros de la delación, ese “pecado original”, como lo llamó con incomparable gazmoñería un diario alemán, en sus ficciones. Casi nadie sabe bien para qué sirve la literatura.
¡Qué buena noticia, descubrir que sirve para husmear en los trapos sucios de un famoso! Ahora ya podemos volver a leer a Kundera con pasión. Notar, por ejemplo, que el protagonista de “La insoportable levedad del ser” es un médico que un día, como Dvoracek, es acusado de agente imperialista y lo pierde todo.
Vaya, vaya: ¿Kundera pensaría en su víctima? ¿Y qué tal este título de uno de sus primeros libros: “El libro de la risa y el olvido” ¿La risa de Kundera tras salirse con la suya, el olvido de su infamia? Así podríamos seguir un rato.
Éstos, me parece, son algunos de los sentimientos que rondan en la comunidad progre de Europa y Estados Unidos. Pero desde este rincón austral, y por lo que pueda valer, veamos si a simple vista la historia se sostiene.
Kundera ha negado todo. Esto era de esperar. Hace años, cuando Günter Grass admitió que había formado parte de las SS, el escandalete fue considerable; pero al menos Grass había confesado por iniciativa propia. Más duro lo habría tenido si lo hubiera descubierto un periodista avezado.
En cuanto a Kundera, no obstante sus protestas, ahí está el acta con su nombre. El servicio secreto checo niega que pueda ser una falsificación. A mí me gustaría saber algo: en 1968, cuando los soviéticos entraron en Checoslovaquia, Kundera cayó en desgracia. ¿Realmente es descartable que hayan forjado entonces una calumnia contra él? Pero lo más sospechoso es el silencio de Iva Militka. Durante sesenta años sufrió el estigma de los soplones.
Y tenemos que creer que su marido, Dlask, sabía que el verdadero culpable era un famosísimo escritor, sabía que con una llamada telefónica su mujer quedaba libre de cargos, pero se abstuvo. Hay matrimonios que se llevan mal, pero todo tiene sus límites.
Lo que me parece indiscutible, en cambio, es la interpretación policial de las novelas de Kundera. Y no sólo espero ansioso nuevas revelaciones, sino que invito a los investigadores a escrutar la obra de otros. Como mínimo hallaremos en los “Veinte poemas de amor” la prueba de que Neruda abusó sexualmente de una muda autista (“Me gusta cuando callas porque estás como ausente “). “Putas asesinas” no nos dejará dudar que Roberto Bolaño, en sus ratos libres, fue travesti y asesino serial.
Y al pasar estremecidos las páginas de “La fiesta del chivo” sabremos que Mario Vargas Llosa, en realidad, era el general Trujillo. Se avecinan tiempos gloriosos para la crítica literaria.

