Ultima parte del libro de Manuel Castells “Globalización, desarrollo y democracia: Chile en el contexto mundial”:
Observando la experiencia internacional de experiencias de desarrollo construidas en torno a proyectos colectivos, casos como los de Irlanda o Finlandia en los noventa vienen a la mente. En ambos casos hay una fuerte afirmación de identidad nacional y cultural y una voluntad de prosperar en la globalización manteniendo la solidaridad interna en la comunidad nacional. En el caso de Finlandia se afirma también el proyecto-mito de constituirse en la más avanzada sociedad de la información en el mundo, superando incluso a Suecia que fue su dominador colonial durante siglos. Y de hecho, tal y como señalé anteriormente, en base a los indicadores habituales y al ranking de Naciones Unidas, Finlandia es la sociedad de la información más avanzada, por encima de Estados Unidos. Pero lo que es relevante para el argumento aquí presentado es que ese desarrollo tecnológico y económico se planteó como afirmación de una identidad cultural y nacional en un mundo globalizado. En cierto modo, la crisis estructural que sufrió Finlandia en 1991-93 fue el acicate para encontrar un proyecto nacional movilizador en el que la identidad colectiva se transformara en proyecto. No se trata aquí de proponer a Finlandia o a Irlanda como modelo. Cada país tiene su trayectoria histórica específica. Pero la referencia finlandesa me sirve como ilustración del concepto de movilización identitaria en torno a un proyecto colectivo de futuro, enraizado en la historia, pero no dependiente de sus esencias.
¿Chile sociedad de la información? De hecho, sería un compromiso fundamental de la nueva fase del modelo democrático de desarrollo, en la medida en que el desarrollo chileno tiene que redefinir sus estrategias para ser competitivo en el nuevo contexto de la economía informacional global. Pero el desarrollo informacional es social por definición porque es desarrollo de las mentes, de las relaciones sociales y de las instituciones de aprendizaje, creación e innovación. De ahí, el círculo virtuoso entre desarrollo y bienestar, mediante la relación entre innovación, tecnología y economía. Pero si la gente no está interesada, si no es un proyecto, la sociedad de la información aparece simplemente como propaganda tecnocrática de modernidad. En cambio, el proyecto informacional consiste en adaptar la tecnología para los usos, intereses y valores de la sociedad y de cada uno de sus individuos.
Así, tal vez la movilización colectiva de Chile en función de una identidad-proyecto podría construirse en torno al desarrollo de una sociedad de la información con características propias. Pero no como proyecto tecnológico, sino como articulación entre modernidad tecnológica, prosperidad material, creatividad cultural, programa educativo, pluralismo identitario y superación del aislamiento social y cultural, un tanto provinciano en el que aún vive Chile. Ahora bien, no hay proyecto sin sujeto. ¿Cuál es ese sujeto en las condiciones actuales de Chile? ¿Y cuáles son los retos a los que tiene que enfrentarse?

