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M. Vargas Llosa: Historia de una venganza de clase…

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José Steinsleger

A finales de febrero pasado, el jefe de Gobierno del Distrito Federal saludó la presencia de Eduardo Galeano en México. Aplausos: ¡eso es un presidenciable! Días después, Marcelo Ebrard distinguió a Mario Vargas Llosa. Aplausos: ¡eso es un presidenciable!

Cúcara mácara, títere fue: 1) Ebrard conoce las diferencias entre ambos escritores, pero las ideologías no van con él; 2) pensó que el título nobiliario de marqués, otorgado al pongo peruano por el rey Juan Carlos I, lo obligaba a ser cortesano; 3) echó mano al fólder palabras de ocasión para escritores célebres; 4) transfirió el entrevero PAN-PRD a la literatura latinoamericana.

Flanqueado por el séquito de genuflexos que lo siguen a sol y sombra, Vargas Llosa dijo en la ceremonia de marras: “… ambos [México y Perú] somos países antiguos, como decía (José María) Arguedas, para quien la antigüedad era un valor y yo también creo que lo es”.

Vaya, vaya… ¡Arguedas! Gloria literaria del Perú (por mérito propio), a quien nada menos que don Mario trató de desarraigado, y calumnió en La utopía arcaica (Alfaguara, 2008). Y esto, fuera de aquel texto de ultratumba que parecía dictado por el conquistador Francisco Pizarro:

“…El precio que debe pagar Perú por el desarrollo y la modernidad es la extinción de las culturas indígenas… porque éstas no son más que un lastre antimoderno e irracional” (Questions of conquest: what Columbus wrought, and what he did not, Harper’s, diciembre 1990).

En junio 2009, el gobierno de Allan García masacró a 200 indígenas de la Amazonia, y Vargas Llosa aseguró que las víctimas fueron instigadas por Hugo Chávez y Evo Morales. Y por si no quedó claro, meses después remató en Bogotá: “…el indigenismo en Ecuador, Perú y Bolivia está provocando un verdadero desorden político y social, y por eso hay que combatirlo”.

¿Cómo de una cabeza inteligente puede salir una afirmación tan monstruosa como ésa?, se preguntó José Saramago. Sin embargo, el reclamo a pensar distinto de Vargas Llosa venía de lejos, y se revistió de inaudita ruindad moral cuando el capitán de navío argentino Adolfo Scilingo reconoció que arrojó personas vivas al mar desde su avión. Molesto porque la confesión del verdugo confirmaba las denuncias, observó:

“…Está bien que [esos crímenes] provoquen indignación, pero de ningún modo es admisible la sorpresa, pues torturar, asesinar y ‘desaparecer’ ¿no ha sido acaso, desde siempre, práctica habitual de las dictaduras de América Latina y en todas partes?” (Jugar con fuego, El País, 7/5/1995).

En coincidencia con las ceremonias en el Palacio del Ayuntamiento, trascendió que el escritor inauguraría la Feria Internacional del Libro (FIL) de Buenos Aires, el próximo 20 de abril. Frente a la vigorosa protesta de los intelectuales argentinos, el agitador comercial del grupo Prisa les respondió:

“¿Qué clase de Argentina quieren…? ¿Una nueva Cuba?” Cínicamente, puso de ejemplo al Che Guevara: “…quien no era ‘nacionalista’ porque… se jugó la vida por sus ideas revolucionarias y socialistas” (Piqueteros intelectuales, El País, 13/3/11).

Pensar distinto que en octubre pasado adelantó con otra finura: ¿Qué les pasó a los argentinos? ¿Estuvieron enfrascados en alguna guerra terrible? (Perfil, Buenos Aires, 7/10/10).

Dicen que política y literatura no van juntas. Cosa que el propio Vargas Llosa refutó en una conferencia dictada en Monterrey (mayo de 2000). Como si no lo supiera él, caudillo ideológico de las oligarquías de América Latina que, irremediablemente, dirigen sus pasos al abismo.

La inauguración de la FIL Buenos Aires coincidirá, casualmente, con el aquelarre que tendrá como invitado de honor a don Mario en un seminario que versará sobre el desafío populista, organizado por la ultraconservadora sociedad Mont Pellerin (fundada por el gurú neoliberal Friedrich von Hayek).

Entre los participantes del evento estarán el derechista Mauricio Macri, jefe de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el fascista José María Aznar, el terrorista cubano Carlos Alberto Montaner, floreros de la literatura como el chileno Jorge Edwards y Alvarito, el hijo del Nobel.

En otras épocas, simuladores como Vargas Llosa medían sus palabras. Épocas en las que los escritores críticos, comprometidos y aguerridos, pesaban más que los independientes, libres y tolerantes. Ahora es distinto. Si los medios dijeran que la conductora de televisión peruana Laura Bozzo, es hija putativa de Vargas Llosa, la gente lo creería porque son tan para cual.

Mario Vargas Llosa: medio siglo de panegíricos y catilinarias en las que pocos autores destacan lo esencial. Porque el ahora marqués sin marquesado consiguió, finalmente, saborear el dulce de la venganza: la del joven que, al saber que por razones de su nacimiento sería excluido de la clase a la que anhelaba pertenecer con desesperación, clavó en el pecho de su padre una cruz, y salió al mundo en busca de una identidad.

La Jornada.mx

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Written by Eduardo Aquevedo

8 abril, 2011 at 15:07

Encuesta Adimark (marzo-abril 2011): Piñera 42% de aprobación y 49% de rechazo…

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Evaluación de Gobierno Marzo 2011

http://www.adimark.cl/es/estudios/index.asp?id=99

Presidente Piñera mantiene nivel de aprobación. Un 42% respalda la gestión del mandatario y un 49% la rechaza, ambas cifras sin variación respecto al mes anterior.

Al cumplirse un año del gobierno del Presidente Piñera, se observa estabilidad tanto en su nivel de aprobación como de rechazo. En marzo, un 42% respaldó la gestión del mandatario, mientras que un 49% la desaprueba. Un resultado que, según el cristal con que se mire, puede considerarse positivo o negativo. Por una parte, se frena la caída en el nivel de popularidad que se venía generando desde noviembre 2010, pero por la otra, se mantiene un nivel de rechazo que supera la aprobación.

El Gobierno, que se mide independientemente del mandatario,  aumenta levemente el nivel de aprobación a un 43%, en tanto el rechazo alcanza el 50%. Ambas variaciones no son estadísticamente significativas respecto a los resultados de febrero último. Con esto tanto, Presidente como Gobierno obtienen prácticamente el mismo nivel de respaldo y rechazo ciudadano.

Marzo fue un mes complejo, lleno de contrastes para el Presidente y su Gobierno. Una intensa agenda internacional del Presidente (gira a Europa y Medio Oriente, visita de Obama)  se unió al anuncio del proyecto de ley del nuevo posnatal. Todo esto debiera haber impactado positivamente los índices de aprobación, pero  el mes también estuvo marcado por los conflictos dentro del oficialismo por el caso de la Intendenta del Biobío y, a no olvidarlo, por  importantes alzas en el precio de los combustibles. El resultado neto parece señalar que las buenas noticias fueron anuladas por las negativas, observándose este resultado de estabilidad en la evaluación.

La medición de atributos del presidente se mantiene estable respecto a febrero pasado y todos superan el 50% de evaluaciones positivas, exceptuando “genera confianza” (46%) y “es creíble” (44%), que ya parecen estabilizarse como sus atributos relativamente más débiles.
Áreas de Gestión

Importantes cambios hubo en las áreas de gestión evaluadas. Las relaciones internacionales mejoran en 8 puntos su aprobación y saltan al 73%, lo que claramente se relaciona con la fuerte agenda internacional del gobierno durante marzo. La educación, en tanto, sube 6 puntos, logrando 59% de evaluación positiva. La “economía” se mantiene estable con 48% de respaldo, en tanto “la salud” presenta una mejora de 4 puntos porcentuales y llega a 33% de aprobación.

El “transporte público”, por contraste,  baja en 7 puntos su aprobación quedando en marzo en 23%, distanciadamente la peor área de gestión del gobierno. En Santiago un 19% aprueba la gestión del transporte público y en regiones la aprobación llega a un 25%. La falla en las tarjetas BIP! y  el alza en los pasajes podrían explicar la significativa caída en la aprobación  de este rubro.

El área “Corrupción en organismos del estado” cae 2 puntos respecto a febrero (32%) y se ubica en 30% en marzo. Dicha área de gestión viene cayendo sostenidamente desde diciembre pasado (43%), probablemente ligado al caso Intendenta.

Las áreas de gestión relacionadas con el terremoto se mantienen estables y no presentan variaciones significativas respecto a febrero último.

Evaluación del Gabinete

Estable se mantiene el nivel de conocimiento de los ministros de Gabinete, siendo ahora 13 los ministros que superan el 40% de conocimiento. El más conocido continúa siendo el ministro de educación Joaquín Lavín con 99%, seguido por la titular de trabajo Evelyn Matthei con 93% y por el biministro Golborne (minería y energía) con 88%.  Andrés Allamand (Defensa) alcanza el 83% de conocimiento y Pedro Pablo Errázuriz (Transporte) se mantiene en 40%. La titular del SERNAM Carolina Schmidt salta al 41% de conocimiento, hecho sin duda ligado al proyecto de postnatal anunciado en marzo.

Durante marzo, en general mejoró la evaluación del gabinete. De los 13 ministros   evaluados (que corresponden a los que superan el 40% de conocimiento público) 12 mejoran su evaluación, y solo 1 la desmejora. Laurence Golborne es el mejor evaluado con 85% de apoyo, seguido por Lavín (educación) quien aumenta 5 puntos respecto a febrero y  logra un 74% de aprobación.  Es seguido por Cruz-Coke (cultura) con 73% de respaldo.

Sin duda el anunciado proyecto de postnatal favoreció la evaluación  de la ministra Carolina Schmidt. Ella no solo mejoró su nivel de conocimiento, sino  también obtuvo una notable mejoría en su nivel de aprobación, alcanzando este mes un 72% de evaluaciones positivas, un impresionante alza respecto al 58% obtenido en febrero.  La ministra Matthei también aumenta significativamente su respaldo  llegando al 65% (51% en febrero). El Ministro Hinzpeter (interior) también muestra una mejoría significativa este mes y aumenta a 66% su aprobación.

El ministro Errázuriz, el único que cae en evaluación, cierra la lista con una caída de 10 puntos en su nivel de aprobación. En marzo, sólo un 37% aprobó su gestión. Este dato muestra que el problema del transporte público está lejos de estar solucionado.

Identificación con Coaliciones e instituciones del Estado

La identificación con el Gobierno y con la Oposición vuelve a los niveles mostrados en Enero último. Un 36% se siente identificado con el actual gobierno, en alza (era 31% en febrero pasado) mientras que un 37% afirma que se identifica con la oposición, en baja (5 puntos menos respecto a febrero).
 
La aprobación hacia la Concertación disminuye a 24% (27% en febrero) en tanto la aprobación hacia la Coalición por el Cambio sube a 34% (33% en febrero). Las evaluaciones hacia el Congreso mejoran levemente. Un 34% aprueba la gestión del Senado, mientras que un 30% aprueba a la Cámara de Diputados.

ADIMARK

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Written by Eduardo Aquevedo

5 abril, 2011 at 17:16

Publicado en CHILE, ENCUESTA, POLITICA, SOCIOLOGIA

Vargas LLosa en Argentina: los intelectuales y la derecha latinoamericana…

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La derecha, el pluralismo y la valentía

 Por Mariano Molina *

El debate sobre la invitación del Premio Nobel Mario Vargas Llosa fue falseado desde el comienzo por la maquinaria mediática y sus siempre adeptos circunstanciales.

Quiero contar que tengo el agrado y también el pequeño orgullo de conocer –aunque poco– a Horacio González, director de la Biblioteca Nacional. Es una persona siempre abierta a escuchar y observar los diversos pensamientos, experiencias sociales o culturales. Nunca he leído o escuchado expresiones suyas que marquen un pensamiento rígido, cerrado o autoritario y más de una vez me han sorprendido sus apreciaciones positivas sobre expresiones culturales y literarias denostadas y humilladas por los pensamientos dominantes.

En estos días leí sus cartas dirigidas al presidente de la Fundación El Libro sobre la visita del escritor peruano Mario Vargas Llosa y no encuentro ninguna censura ni veto a la visita del Premio Nobel. Simplemente expresó que creía inconveniente que Vargas Llosa inaugurara la Feria del Libro y expuso sus argumentos. ¿Por ser funcionario tiene vetada la opinión? Resulta entonces que Horacio González no tiene derecho a opinar y en los hechos es censurado (no por el Estado) por las corporaciones económicas y mediáticas que –cómo sabemos– a veces son más poderosas que los Estados.

Se ocultan algunas cuestiones importantes. La llegada original de Vargas Llosa al país, hasta donde llega mi pequeña información, no es en su rol de escritor y ganador de Premio Nobel, ampliamente reconocido desde diversos espacios ideológicos. El hombre viene a participar de un foro de la derecha continental, con invitados de España y otras latitudes. Ese encuentro denominado “El Desafío Populista a la Libertad Latinoamericana” se realizará entre el 17 y el 20 de abril en la ciudad de Buenos Aires, organizado por la Fundación Libertad y apoyado por algunas fundaciones cuasi-fascistas. Allí asistirán, con total libertad, varios personajes que no sólo son de derecha, sino cercanos a las peores prácticas políticas de nuestro continente, racistas, xenófobos (algún amigo dirá que es lo mismo…) y operadores de las agresiones militares de EE.UU. por el planeta. La presencia previa de Vargas Llosa seguramente ayudará mucho a la difusión y amplificación de este encuentro, porque nadie es ingenuo en estos asuntos… Estos son los datos que se ocultan y acá es –en parte– donde comienza la censura.

Quizá muchos hablan y opinan por el prejuicio hacia Horacio González y, a través de su persona, la descalificación hacia integrantes del espacio de Carta Abierta. El director de la Biblioteca Nacional, en su carta al presidente de la Fundación El Libro, plantea: “Considero sumamente inoportuno el lugar que se le ha concedido para inaugurar una Feria que nunca dejó de ser un termómetro de la política y de las corrientes de ideas que abriga la sociedad argentina”. Se puede acordar o no con la opinión, pero tiene todo el derecho a expresarla. Luego, sobre el final de la carta, quizás el mayor motivo del supuesto veto: “Lo invito a que reconsidere esta desafortunada invitación que ofende a un gran sector de la cultura argentina y que junto a las respectivas comisiones directivas de la Fundación El Libro determine que la conferencia de Vargas Llosa –que podríamos escuchar con respeto en la disidencia– se realice en el marco de la Feria pero al margen de su inauguración”. Una vez más, Horacio González expresa su desacuerdo e invita a reconsiderar la inauguración y no la presentación de Vargas Llosa en la Feria del Libro. Tampoco solicita que se le quite la invitación.

Muchas de las voces que se expresaron en contra de esta carta, sumadas a la inmensa campaña mediática de las corporaciones hispanoamericanas, cambian el lugar del debate y establecen latiguillos vetustos como los del “veto”, “censores”, “autoritarios”, etc., etc., etc. Estos descalificativos atacan desde argumentos falaces, escondiendo los motivos reales, ocultando el debate, porque tampoco pueden defender las ideas de Vargas Llosa. De este modo confirman la sensación que sobrevuela en el ambiente, por sus mismos argumentos: la crítica es en realidad a la adhesión o cercanía con el gobierno nacional. No se animan a expresarlo, pero lo sugieren. ¿Por qué Horacio González, el espacio de Carta Abierta o cualquier ciudadano no pueden plantear su negativa a que inaugure la Feria del Libro este personaje? ¿Dónde están la verdadera censura y el veto? Vivimos en una sociedad pluralista y cada quien tiene derecho a decir lo que piensa, empezando por Vargas Llosa, que ha descalificado, discriminado y atacado a gobernantes argentinos, latinoamericanos y a quienes en cada país apoyan procesos populares.

La presidenta de la Nación, en su rol de jefa de Estado, le solicita más tarde a Horacio González que revea su carta para que no se interprete mal: “Me hizo conocer su opinión respecto de que esta discusión no puede dejar la más mínima duda de la vocación de libre expresión de ideas políticas en la Feria del Libro, en las circunstancias que sean y tal como sus autoridades lo hayan definido”, describe Horacio González. Mientras él apuesta al intercambio de ideas y lo hace público, hay otros intelectuales, algunos supuestamente de izquierda o progresistas, que siguen esquivando el bulto. Por ejemplo, Martín Caparrós plantea que el equívoco está en no llamar a las autoridades de la Feria en forma privada y solicitar que cambien la invitación: eso es apriete. Con intención o sin ella, Caparrós sigue apostando –junto a otros– al no-debate de ideas, descalificando y sosteniendo el “debate” que imponen las corporaciones mediáticas y su maquinaria de propaganda.

Los absurdos ejemplos de que, en está lógica, Borges o Cortázar serían censurados en la inauguración de la Feria son una chicana bastante berreta. Como muestra de diversidad, entre muchas otras cosas, la Biblioteca Nacional –por intermedio de su director– ha homenajeado a intelectuales como Lugones (también invirtiendo sumas importantes en sus manuscritos) hace algunos años, cuando todos sabemos que Lugones terminó muy cerca del fascismo. Sin embargo, todos tienen su espacio en la Biblioteca Nacional, un ámbito actualmente de pluralidad, participación y donde acceden sectores sociales que nunca habían tenido lugar en esos recintos reservados a la aristocracia cultural de izquierda y derecha.

Por último, creo que es importante destacar el rol de la Presidenta. Si esta amplificación del conflicto no implica la renuncia de Horacio González en la Biblioteca Nacional, se habrá dado un enorme avance hacia una nueva forma de llevar adelante los debates públicos en estos momentos de la vida política del país, porque se muestra un gesto de tolerancia, que en los hechos concretos existe desde hace muchos años, hacia aquellos que no acuerdan con sus políticas, pero también manda un fuerte mensaje a su espacio político, dando lugar a que todas los voces del kirchnerismo expresen sus ideas, aunque ella no acuerde. De esta forma censura a los obsecuentes incapaces de pensamiento propio y le muestra a la sociedad que la pluralidad y diversidad de ideas es aceptada y convive en su amplio abanico de apoyos, llevando a los hechos concretos lo que muchos levantan como bandera, pero pocos tienen el valor de practicar.

* Periodista y docente.

Tribulaciones de un intelectual argentino en la Argentina

 Por Alberto Szpunberg *

1. f. Congoja, pena, tormento o aflicción moral. 2. f. Persecución o adversidad que padece el hombre.

Esa es la definición que la Real Academia sanciona o, para no cargar los tantos ya que hay tantos susceptibles, es la definición que la Real Academia ofrece o sugiere o propone para la palabra “tribulación”. Claro, no es lo mismo la acepción 1 que la 2. La primera remite al mundo de las ideas, de los afectos, de las alucinaciones, de esa sangre que nunca llega al río; la segunda, a los 30 mil padecimientos en carne y hueso de la humanidad. Convengamos, por favor, en que la tragedia de Japón (miles y miles…) y en la de Libia (la ONU ya acaba de legalizar el crimen…) y, para no irnos tan lejos (¿lejos de dónde?), la de los predios ocupados que enfrenta a pobres contra pobres en Villa Soldati, son todas tribulaciones que pertenecen a la acepción 2; en cambio, la inminencia del Visitante, a la 1, y ni tanto ni tan siquiera. ¿En cuál de las dos acepciones ubica cada uno sus “tribulaciones”? That is the tribulation…

Todo esto viene a cuento, y nunca mejor dicho, porque, tratando de seguir las tribulaciones –por momentos, con perdón, gallináceas– que la inteligencia argentina padece en estos días ante la inminencia del Visitante –tácticas y estrategias, tomatazos sí, tomatazos no, indiferencia, juego de tensiones, bombitas de mal olor y retirada, boicot, declaraciones, dar la espalda…–, me acordé de un libro que leí de chico: Tribulaciones de un chino en China, de Julio Verne. “Cuánto hace que no leemos a Verne –me dije–, ni al mosquetero Alejandro Dumas, ni al sandokánico Emilio Salgari, ni a Colt Miller, el Justiciero…”, ni a tantos más que, allá lejos y hace tiempo, nos dieron el suficiente toque de aventura como para imaginar con el tiempo tantas maravillas: “sólo el pueblo salvará al pueblo”, “sólo la organización vence al tiempo”, “los importante es ser libres”, “el futuro es nuestro por prepotencia de trabajo”… Hasta la Revolución, che, esa que, pese a todos los fracasos en todo el mundo, sigue siempre pendiente.

El argumento de la novela de Verne es más laberíntico que las tribulaciones de un intelectual argentino en la Argentina ante la inminencia del Visitante. Vean si no: un chino rico llamado Kin-Fo reside en Shanghai. ¡Ah, Shanghai! ¿Quién no soñó alguna vez ante la palabra “Shanghai”? Bueno, nada menos que en Shanghai el maestro Wang condena duramente a Kin-Fo por no tener tribulaciones y, a la vez, por no haber vivido una vida plena, pese a tenerlo todo. Kin-Fo cree en cambio que su vida es muy aburrida a pesar de su fortuna y de estar a punto de casarse con la bellísima Lu. ¿Quién no se enamoró alguna vez de una bellísima Lu? Bueno, confío en que alguno, acaso vos, lector anónimo, seducido por la belleza y sin mayor interés que la belleza, vuelvas a ojear buena literatura.

Y hablando de buena literatura, el Visitante es realmente bueno, muy bueno, tanto como, en lo político, es un mamarracho. La prueba mayor de ello no son sus ideas reaccionarias, sino precisamente su soberbia, su agresividad, su narcisismo, su omnipotencia, que tanto huele a boom, a editoriales fuertes, a monopolios mediáticos, a academias suecas, hasta a un título de nobleza estrafalario que acaba de regalarle el rey de España. Pero repaso la lista de los atribulados intelectuales argentinos y, francamente, muchos no saben a mucho mejor o esencialmente distinto. Eso, no saben y, por lo tanto, disimulan: es fácil ser nacionales y populares ante nuestros pares; es difícil serlo en Villa Soldati, donde el impar es ley de vida. Y es comprensible. Algunos atribulados me conmueven y me recuerdan mucho a Kin-Fo. Por eso, ante la inminencia del Visitante, no olvidemos que, finalmente, Kin-Fo tiene que esconderse de una secta, cosa que sólo con gran esfuerzo consigue, y es en ese esfuerzo donde encuentra el verdadero significado de la vida. ¿Sabremos nosotros hacer el mismo esfuerzo que Kin-Fo? ¡Por los ojos de la bellísima Lu!, habría que ser Julio Verne para saberlo y nunca Visitante, ni siquiera en la intimidad del espejo, en la tertulia de los pares.

Para terminar, en las dos acepciones, la Real Academia no se olvida de poner la letra f, que señala el género femenino del nombre. Esta f es toda tuya, Cristina, ya que, en medio de tantas “tribulaciones”, tuviste la intervención más sensata. Si te presentás, te voto, y por pura alegría. También, muchachos todos y muchachas todas, por tristeza. Porque, ¿qué quieren que les diga?, en medio de tantas “tribulaciones”, muy silencioso y solo, se nos murió Viñas.

* Poeta

Página/12

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Written by Eduardo Aquevedo

29 marzo, 2011 at 17:04

Encuesta CEP (Diciembre 2010): Piñera, sólo 44% de apoyo. Los mejor evaluados: Bachelet 85%; Golborne 81%

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Fenómeno Golborne irrumpe en encuesta CEP: El segundo mejor evaluado (81%) tras Bachelet (85%) y «la» figura de la Alianza. El ministro de Minería, que no aparecía en el sondeo pasado, se instala además como la figura más importante del oficialismo (30%). Entre los mejor evaluados supera a Lavín (62%) y a Piñera (54%).

por: La Segunda

jueves, 30 de diciembre de 2010

BACHELET-CORREA-LULA1La consagración del ministro de Minería, Laurence Golborne, como la figura que irrumpió en 2010, y la mantención de los niveles de aprobación del Presidente Piñera (44%), revela la esperada encuesta CEP, cuyos resultados fueron divulgados este mediodía. El sondeo cierra el año político, confirmando además a la ex Presidenta Michelle Bachelet como la principal líder de su coalición y la personalidad mejor evaluada del país, ranking este último en que la sigue estrechamente Golborne.

Es precisamente en este ítem, la nómina de los personajes mejor evaluados del país, donde se concentran algunas de las principales revelaciones del sondeo. Así, éste muestra que ni su virtual retiro de la contingencia nacional ni su partida a Nueva York para hacerse cargo de ONU-Mujer han afectado la valoración de Bachelet, quien no sólo mantiene el primer lugar en la lista, sino exactamente los mismos números que tenía en el sondeo anterior (de julio pasado), antes de partir de Chile: un 85% de evaluaciones positivas y sólo un 4% de negativas.

Golborne, cuyo nombre es por primera vez incluido en el listado de personajes respecto de los cuales el CEP consulta a sus encuestados, se sitúa inmediatamente después de Bachelet, con un 81% de evaluaciones positivas y un 4% de negativas. Pero no sólo sus números se parecen a los de la ex Presidenta, sino también la espectacularidad de su debut. Y es que su performance sólo es comparable a la exhibida hace ocho años y medio por Bachelet cuando era ministra de Defensa y —tras un rol protagónico en la asistencia a los damnificados por temporales en Santiago, cuando salió a las calles en un vehículo Mowag del Ejército— el CEP también decidió por primera vez preguntar por ella en la encuesta.

Los resultados de entonces (agosto de 2002) sorprendieron al mundo político: con 66% de evaluación positiva, se ubicó en el primer lugar de los personajes, superando a quien era la presidenciable mejor ubicada de la Concertación, Soledad Alvear.

En cuanto al listado actual, tras Golborne se ubica el ministro Joaquín Lavín (62%), quien si bien baja al tercer lugar, sube en cinco puntos su evaluación positiva. El Presidente Piñera, aunque mantiene un 54% de menciones positivas (56% ?  en julio), aumenta en cinco puntos, a 24 %, las negativas. Quinto se ubica el ministro Rodrigo Hinzpeter, con números similares a los de julio. Sólo a continuación vienen las siguientes figuras concertacionistas: Soledad Alvear y Andrés Velasco (no fue incluido en la encuesta de julio).

Entre quienes más bajaron en su evaluación —además de la presidenta de la Cámara, Alejandra Sepúlveda, y del senador radical José Antonio Gómez, que cayeron 11 puntos, pero son conocidos por menos del 50% de los consultados—, están los senadores Guido Girardi (cae 9 puntos) y Alberto Espina (-8); el ex presidenciable Marco Enríquez-Ominami (-8); el diputado PC Guillermo Teillier y la senadora UDI Evelyn Matthei (-7); los timoneles DC y PPD, Ignacio Walker y Carolina Tohá (-5); el senador RN Andrés Allamand (-5), y el PS Camilo Escalona (-4).

También los más importantes de sus coaliciones
La ex Presidenta Bachelet también sigue como la figura más importante de la Concertación, pero baja allí 20 puntos, a un 38%. Pese a la caída, supera ampliamente a la timonel del PPD Carolina Tohá (4%), quien a su vez desplaza a Ricardo Lagos Escobar (3%), mientras el hijo del ex Mandatario, Ricardo Lagos Weber, aparece tercero (2%) y el ex ministro Francisco Vidal (1%) lo sigue.

En el caso de la Coalición por el Cambio el cuadro sufre una importante modificación: Golborne, medido por primera vez, se dispara, con un 30% que cree que es la figura más importante del bloque oficialista. Lo sigue Joaquín Lavín, quien sufre una brusca caída de 28% a 14%. Luego vienen Hinzpeter (5%) y la vocera Ena von Baer (2%).

La coordinadora del Programa de Opinión Pública en el CEP, Carolina Segovia, aseguró sobre la irrupción de Golborne que “habrá que revisar los otros resultados”, en referencia a anteriores fenómenos de popularidad. Y agregó que “con Michelle Bachelet ocurrió algo similar”. Respecto de la aprobación de Piñera, dijo que hay una suerte de “malestar” o “desapego”, aunque destacó que hay una buena percepción económica.

Written by Eduardo Aquevedo

31 diciembre, 2010 at 0:39

Encuesta Adimark (Nov., 2010): Piñera cae 13 puntos, de 63 a 50% de apoyo…

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Aprobación del presidente disminuye 13 puntos en encuesta Adimark

Piñera cae estrepitosamente tras operación para sacar a Mayne- Nicholls

De acuerdo al estudio realizado en el mes pasado, el mandatario descendió fuertemente en los atributos personales relacionados a la confianza y credibilidad, en momentos en que se especulaba su participación en la elección de la ANFP. De esta forma, señala el sondeo, el jefe de Estado y el gobierno volvieron a niveles similares a los mostrados previos al rescate de los 33 mineros.

por EL MOSTRADOR

El Presidente de la República, Sebastián Piñera, descendió significativamente sus niveles de popularidad, según la encuesta Adimark Gfk correspondiente al mes de noviembre. Caída que está relacionada con el hecho de que en octubre se especuló sobre una eventual participación del presidente en la elección de la ANFP

De acuerdo al sondeo, un 50% de la población aprobó su gestión, disminuyendo en 13 puntos su respaldo ciudadano, que alcanzó su peak en octubre pasado (63%) coincidiendo con el rescate de los 33 mineros.

En cuanto a la desaprobación del mandatario, esta aumenta en 10 puntos, ubicándose en 36%. Con esto se rompe una tendencia a la baja que venía mostrando el nivel de rechazo presidencial desde agosto último.

Los resultados de la encuesta Adimark Gfk estuvieron en línea con datos entregados por otro sondeo realizado a principios de noviembre, que arrojó que más de la mitad de los chilenos cree que hubo intervención por parte del Presidente de la República, Sebastián Piñera, y de otros miembros del Gobierno, en las elecciones de la ANFP.

De acuerdo a una encuesta de Imaginacción y Cooperativa, un 57,7% de los compatriotas así lo cree. En cambio, el 38,5 por ciento cree que no hubo vinculos entre La Moneda y el triunfo del presidente de Unión Española, Jorge Segovia.

Por esos días, el propio Jefe de Estado negó que el gobierno, a través suyo o de otras autoridades, haya intervenido en las elecciones de la ANFP y acusó una estrategia “vieja y miserable” en su contra.

“Creo que obedece a una estrategia muy vieja, pero muy miserable: miente, miente que algo queda”, recalcó Piñera.

Desde la Concertación no dejaron pasar la jugada. Reunieron las firmas para convocar una comisión investigadora en la Cámara con el fin de que aclare la supuesta intervención presidencial en las elecciones de la ANFP, dándole más tensión a un asunto en el que incluso el gobierno – en algún minuto- estudió una querella.

Entonces, Pepe Auth le echaba más leña al fuego: El Presidente tiene una larga trayectoria en materia de telefonazos” “De Sebastián Piñera conocemos muy bien su capacidad para defender con ahínco, como decía el domingo Carlos Peña, su interés. Y el interés de los accionistas de los grandes clubes era naturalmente cambiar una dirección de la ANFP que no era conveniente para sus intereses económicos”, hizo hincapié Auth.

EVALUACIÓN DEL GOBIERNO

El Gobierno también muestra una caída importante en su aprobación (9 puntos) quedando en 54% en noviembre (63% en octubre). En tanto, la desaprobación experimenta un alza de 7 puntos quedando finalmente en 33%.

Según explica el estudio, “pasado el impacto y el entusiasmo del exitoso rescate de la Mina San José, la ciudadanía modera sus evaluaciones respecto a la gestión del mandatario y su gobierno. El Presidente y el gobierno vuelven a niveles de aprobación similares a los mostrados previos al rescate”.

“La evaluación que obtiene el presidente en regiones (52%) es mayor a la obtenida en Santiago (48%), muy probablemente porque continúa la negativa percepción del sistema de transporte público en la capital y por el continuo deterioro en la percepción de la delincuencia”, agrega.

Respecto a los atributos personales del Presidente Piñera  también experimentan bajas y en su mayoría vuelven a niveles similares a los mostrados en septiembre pasado. La “capacidad para enfrentar situaciones de crisis” se mantiene como el atributo mejor evaluado con 76%, seguido por “activo y enérgico” con 74% y “cuenta con autoridad” con 72% de evaluaciones positivas. Asimismo, un 70% cree que el presidente cuenta con “capacidad para solucionar los problemas del país”.

Los atributos que sufrieron mayores retrocesos fueron “genera confianza” y “es creíble”, atributos  en los que, en  esta serie de evaluaciones, ha mostrado menores niveles de respaldo en comparación a  las otras características evaluadas. El atributo “genera confianza” experimenta una caída de 7 puntos, quedando en 54% (61% en octubre).

En tanto, “es creíble” con 49%, sufre una caída de 12 puntos respecto a octubre. (En octubre se especuló sobre una eventual participación del presidente en la elección de la ANFP).

EVALUACIÓN DEL GABINETE

En cuanto al nivel de conocimiento de los ministros de gabinete, hay subidas importantes en el conocimiento público de dos ministros: Hacienda, Felipe Larraín, que aumenta a 60%  desde un 54% en octubre y Vivienda, Magdalena Matte, quien llega al 54%  de conocimiento desde el 46% registrado en octubre.

El ministro Larraín tuvo una exposición intensa en noviembre por la discusión en el Congreso del Presupuesto 2011, mientras que la Ministra Matte  fue objeto de críticas por el avance en las tareas de reconstrucción.

Respecto a la aprobación, el ministro Golborne se consolida como el mejor evaluado con 91% de respaldo, seguido por el ministro Rodrigo Hinzpeter con 75% de evaluaciones positivas. En tercer lugar se ubica el ministro Cruz-Coke también con 75% de respaldo.

En cuarto lugar se ubica Joaquín Lavín con 73% sufriendo una caída de 5 puntos respecto a Octubre (78%). Hay que recordar que, durante noviembre, el ministro Lavín anunció un importante paquete de reformas en materia educacionales. El ministro Mañalich, de salud,  también experimentó un leve retroceso en sus evaluaciones, recibiendo un 62% de aprobación (65% en octubre).

La ministra de vivienda, Magdalena Matte, sufre una caída de cinco puntos en su aprobación y llega al 55%. Como se dijo, en noviembre hubo críticas a su rol en las tareas de reconstrucción. Entre los ministros evaluados (que son todos aquellos que presentan más de 40% de conocimiento),  la evaluación más baja corresponde al titular de Transportes, Felipe Morandé, quien mantiene este mes un  52% de respaldo.

METODOLOGÍA

Estudio cuantitativo con aplicación de encuestas telefónicas mediante sistema CATI. La muestra es
probabilística con selección aleatoria de hogares y de entrevistados. El universo está compuesto por los hogares que disponen de teléfono en los principales centros urbanos de las 15 regiones del país. El error se estima en aproximadamente +/- 3,0 % con un 95% de confianza.Se realizó entre el 03 y el 29 de Noviembre de 2010.

Roberto Méndez por encuesta Adimark: "No son buenas noticias"

El director de Adimark señaló que el tema del fútbol, la economía y la delincuencia, pueden haber sido los factores que incidieron en la aprobación de Piñera.
por La Tercera – 02/12/2010 – 11:35

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ARTÍCULOS
Ascencio y encuesta Adimark: "Se acabó el espejismo"
Encuesta Adimark confirma baja de 13 puntos en aprobación de Presidente Sebastián Piñera
Andrade expresa preocupación por "pérdida de credibilidad" del Presidente

Tras dar a conocer los resultados de la encuesta que refleja una baja en la aprobación ciudadana del Presidente Sebastián Piñera, el director de Adimark Roberto Méndez, señaló que para el gobierno "no son buenas noticias".
"Es una caída importante, sin lugar a dudas, pero en cierta manera es como un rebote, así lo interpretamos nosotros porque había subido mucho entonces esto podríamos considerarlo como una vuelta a los niveles pre mineros", sostuvo Méndez en contacto con radio Cooperativa.
Sobre los temas contingentes que podrían haber afectado la percepción ciudadana respecto a la aprobación del Mandatario, Méndez indicó el tema del fútbol, temas económicos y de delincuencia.
"Es posible a nivel de hipótesis que el tema del fútbol haya estado presente pero no es el único tema. Hay muchos temas que se movieron este mes, económicos, delincuencia”, dijo.
Además, Méndez relacionó la baja del ministro de Educación Joaquín Lavín, con la percepción que tuvo la gente sobre el ingreso del proyecto de reforma educacional al Parlamento, iniciativa que fue duramente criticada por la oposición.
"La reforma educacional, yo tengo la impresión de que por lo menos el primer impacto no fue positivo, mas bien tuvo algún costo porque el ministro Lavín retrocede también cuatro o cinco puntos", concluyó Méndez.

 

3 de Diciembre de 2010

El día después de la encuesta Adimark

Impacto profundo en La Moneda por el bajón de Piñera

Desde el gobierno se está tratando de instalar la tesis de que la caída del Presidente en el reciente sondeo era esperable, debido a que se sabía que el rescate de los 33 mineros atrapados en la mina San José elevaría su popularidad sólo de modo episódico. Pero lo cierto es que el dato superó hasta los vaticinios más pesimistas.

por Claudia Rivas Arenas

 

Es cierto que en La Moneda estaban preparados sicológicamente para bajar en las encuestas post rescate de los mineros, pero también es cierto que los más de 13 puntos que cayó abruptamente el Presidente Sebastián Piñera no dejaron a nadie indiferente.

Una prueba de ello fue la virulenta reacción de la Concertación ante las mezquinas cifras dadas a conocer por la Adimark. Y aunque en el gobierno evitan admitir que esto constituye una verdadera sorpresa y, menos aún, que preocupa que la caída haya superado los 10 puntos; repiten automáticamente la respuesta oficial y sólo algunos se atreven a reconocer algo que de nuevo queda en evidencia en este sondeo: que el mandatario “no tiene su fortaleza en los atributos débiles”.

Sólo un asesor de Palacio se atreve a admitir que lo más lejos que llegaba en sus vaticinios a la baja, en un sondeo post rescate, eran los 10 puntos. Y que lo sorprendió genuinamente los 13 que cayó desde la medición anterior. La frase aquella acerca de que “las encuestas hay que mirarlas en una línea de tiempo” explica, a juicio de un analista de gobierno, la caída de Piñera, porque este último sondeo no habría hecho nada más que volver las cosas a su lugar, en cuanto a popularidad. Misma que estima como “buena”, aún en el 50 por ciento que arroja la Adimark, dado que “está por sobre el porcentaje con que salió electo”.

Pero cuando se pone a prueba la tesis de que el tema de los mineros elevó artificialmente la popularidad del gobierno, debido a que la figura de la actual administración que más destacó, el titular de Minería Laurence Golborne, mantuvo el mismo 91 por ciento de popularidad; en el gobierno plantean que él ha “administrado” esa popularidad, “consolidando su posición”. Ello, porque según se comenta en La Moneda “tiene  atributos blandos muy fuertes y éstos son bien evaluados por la ciudadanía. Y Piñera no tiene su fortaleza en esos atributos”.

Tal parece que a pesar de los múltiples esfuerzos que han hecho sus asesores por revertir ese fenómeno, los sondeos demuestran una dura realidad: que lo que el electorado espera del jefe de Estado es eficiencia y podría ser que es justamente en esto en lo que estaría más débil. Porque un análisis que se hace en Palacio es que el elemento que más pudo haber influido en la drástica baja de Piñera es el tema de la reconstrucción. De hecho, un analista plantea que en la campaña presidencial, las encuestas mostraban que lo que le daba ventaja por sobre los demás candidatos eran atributos tales como el liderazgo, que actuaba con firmeza y que podría sacar adelante al país en materia económica.

Reconstrucción en la palestra

Entonces, “lo que tiene que haberlo afectado directamente es el tema de la reconstrucción, en la que evidentemente ha habido retrasos”.

Su tesis es que Piñera, antes de la encuesta de octubre donde llegó al 63%, “tocó techo, porque la opinión pública no le tiene confianza y no le cree”. Por lo tanto, aunque la opinión pública “sigue valorando su eficiencia no le tiene confianza. La eficiencia no lo es todo, para gobernar”, señala Marco Moreno.

Y frente al hecho concreto de que el Presidente está mejor evaluado en regiones (52%) que en la Región Metropolitana (48%), la explicación que se da una fuente de La Moneda es que el electorado de la capital es el más impactado, incluso más que en las zonas afectadas, con el retraso aparente en este campo, porque estas semanas ha sido tema permanente en los medios.

Se han realizado reportajes en televisión en que ha quedado en evidencia, por ejemplo, que recién se están demoliendo edificios, pese a que se hubiera esperado –reconoce una fuente- que esa etapa ya estuviera superada. Lo mismo le costó a la ministra de Vivienda, Magdalena Matte, una caída de cinco puntos (de 60% a 55%) en la reciente evaluación y una interpelación que la Concertación logró aprobar en el Congreso.

A diferencia de los análisis que se hacen en el gobierno, a vuelo de pájaro todavía porque “hay que evaluar con más los efectos de la encuesta”, el analista político de la Universidad Central, Marco Moreno, estima que atribuir la baja de Piñera sólo a que pasó el efecto del rescate de los mineros “sería un análisis muy superficial”. Porque, a su juicio, la baja evaluación “tiene que ver con los atributos que no lo acompañan: la baja confianza y la permanente sospecha” de que cada vez que dice algo hay que leer entre líneas. “Eso termina por erosionar su credibilidad y le come todo el aumento” que tuvo en el sondeo anterior, “volviendo a la cifras que tenía antes y que constituyen una tendencia”, subraya Moreno.

Su tesis es que Piñera, antes de la encuesta de octubre donde llegó al 63%, “tocó techo, porque la opinión pública no le tiene confianza y no le cree”. Por lo tanto, aunque la opinión pública “sigue valorando su eficiencia no le tiene confianza. La eficiencia no lo es todo, para gobernar”. Por lo que vaticina que de la encuesta CEP, que está en etapa de terreno, “debiéramos esperar que fuera consistente con la tendencia de otras encuestas anteriores”.

Written by Eduardo Aquevedo

2 diciembre, 2010 at 12:13

Cuba y el reto cubano: más allá de la economía, la economía… (dos textos)

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  • Más allá de la economía, la economía
  • Socialismo en el Siglo XXI

Aurelio Alonso, Sociólogo cubano, en La Ventana

CUBA-CASTRO-RAULFIDEL Sigue pendiente un debate en torno a la interpretación histórica de la adopción del rumbo socialista en Cuba después de la victoria revolucionaria de 1959. Tal vez siga pendiente por muchos años, pero más importante incluso que encontrar de una vez respuesta es que no se cierre el debate. No tengo la intención de extenderme en este problema, para lo cual están mejor dotados los historiadores. Pero creo que allí descubriríamos algunas de las claves que pueden explicar los rasgos del curso ulterior seguido por el proceso cubano de socialización. Y, en consecuencia, algunos de nuestros dilemas del presente.

El Programa del Moncada quedó adjetivado con el calificativo de «programa mínimo» a partir la celeridad de la concentración de la propiedad estatal en que desembocó la generalización del proceso expropiador, y la asimilación de un estadocentrismo sin fronteras en la gestión económica entre 1960 y 1963. En aquel momento se volvió inevitable, para el imaginario político, identificar socialismo con propiedad estatal sobre los medios de producción. Volver la vista desprejuiciadamente al Programa del Moncada quizá pudiera mostrarnos que aquel programa no era en realidad tan «mínimo». Que fue rebasado entonces por una impronta forzada por la confrontación con que la política del imperio, desde el corte de la cuota azucarera y del suministro de petróleo, comenzó a desbordar claramente el ámbito del discurso, y obligó a Cuba a imponer su soberanía, como nación, con acciones de resistencia que se correspondieran con la intensidad de las medidas represivas de que era objeto.

«Nacionalizar», convertir en propiedad de la nación, que equivalía a decir del Estado, se hacía la única variable plausible en términos de la propiedad sobre los medios de producción, en tanto se volvió el signo de resistencia. Fidel siempre previó que Washington no se cruzaría de brazos ante el desplante de soberanía que le llegaba desde un Estado que creyó políticamente insignificante y manejable. Muchas veces he pensado, sin embargo, que difícilmente haya podido prever que un plan sostenido y complejo de asfixia sine die, tan erosionante como el que se fue formando en aquella escalada de medidas (y que los cubanos tenemos motivos para negarnos a llamar de otra manera que «bloqueo»), sería la respuesta del imperio.

Pido disculpas si reitero consideraciones que todo el mundo conoce, pero es muy difícil aventurar lecturas que creemos nuevas, o al menos distintas, si no se parte de otras bien conocidas. Lo que quiero subrayar ahora es que probablemente la intensidad de la confrontación llevó al proyecto cubano a una radicalidad diferente de la que contenía su enunciado inicial. Digo «diferente» y no «mayor», pues el hecho es que la transformación que proclamaba el proyecto revolucionario fue, también desde el Moncada, una transformación radical. Pero la postura radical se puede adoptar en tonos distintos y de maneras diversas, lo cual implica la posibilidad de plantearse patrones diferentes de radicalidad en los procesos de socialización de la economía. Para decirlo con pocas palabras, pienso que la idea de que más estatal quiere decir más socialista y más radical, no deja de ser también dogmática y equivocada.

En suma, que valdría la pena volver la vista al Programa del Moncada, no como un texto preliminar u omiso, con intención o sin ella, en cuanto a la definición socialista. Lo ha argumentado así con seriedad el politólogo Pedro Campos en un artículo titulado «El Programa del Moncada era socialista y está inconcluso»[1], donde descarta verlo como una propuesta superada, en sentido hegeliano. Lo verdaderamente importante de esta perspectiva es que nos sugiere el desacuerdo con su reducción a un programa mínimo, para retomarlo como punto de partida e inspiración no solo del despegue socialista cubano que tuvo lugar en sentido histórico, sino también de correcciones sustantivas que requiere nuestro tiempo.

En los cincuenta años vividos, el proyecto cubano, definido socialista por su orientación y por la estructura de la propiedad, ha atravesado etapas que se distinguen con claridad ante una mirada retrospectiva, y admite muchas periodizaciones. Hace rato que la experiencia cubana no puede ser analizada solo desde las presiones del hecho presente, sino que exige una mirada que hurgue de manera polémica en los entresijos de la perspectiva histórica. Mesa Lago registra hasta hoy, por ejemplo, nueve cambios de dirección en la política económica cubana[2]. Omar Everleny toma como punto de partida la distinción de cinco etapas[3]. No quiero atenerme aquí a una periodización más minuciosa que la que necesito, y recuerdo de paso que las periodizaciones son, como las tipologías, convenciones del proceso cognoscitivo.

Prefiero dividir ahora el proceso cubano de transformación socioeconómica en tres grandes etapas, y diría que la primera estuvo signada por la convicción de que se podría armar un proyecto socialista autóctono y lograr una inserción independiente en el sistema mundial, al margen de las tensiones impuestas desde Washington. El intento fracasó por la confluencia de diversos factores, entre los cuales el bloqueo jugó, como puede suponerse, un papel decisivo. Etapa inicial marcada por la confrontación, dentro y fuera del régimen; por la diversidad de variables en juego; por los primeros logros en justicia social; por la esperanza de que la promesa de otro mundo posible de que nos sentíamos portadores germinaría más temprano en otros entornos periféricos; y, por supuesto, por los errores de inexperiencia y los primeros reveses económicos a escala nacional, que hicieron insostenible la propuesta.

El socialismo cubano no hizo eclosión, sin embargo: ni sufrió desplazamientos de liderazgo político, ni renuncia al nivel de resistencia alcanzado; la economía preservó la estructura estatal generalizada, se mantuvo la orientación socialista radical y, en consecuencia, las prioridades hacia las realizaciones de justicia social y equidad con el énfasis en la búsqueda de respuesta a las necesidades de la salud y la educación. Estas se volvieron emblemáticas desde la alfabetización en 1961, verdadera proeza y monumento del cambio cultural, y la adopción de la medicina como derecho del pueblo desde 1965.

El cambio que sobrevino en los 70 sería, en medida principal, el requerido por la opción de articular el proyecto cubano al sistema soviético, con un obligado expediente de identidad que no dejaba espacio a los disensos en el diseño: se aceptaba un solo socialismo, el que Moscú había bautizado como «real». Se creó a partir de entonces un nuevo patrón de dependencia económica exterior. Aquel acoplamiento al Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME) proporcionó crecimiento económico sostenido durante casi dos décadas y un nivel de satisfacción muy equitativo de las necesidades de la población, aunque esta prueba de estabilidad tampoco sirviera para mitigar los rigores de la hostilidad norteamericana. La coartada para juzgar a Cuba como un Estado alineado al enemigo dentro de un mundo bipolar, ante un imaginario formado en la abominación del comunismo, se consolidaba.

No me detengo en la discusión de nada de esto, pues solo lo aludo para recordar aquí que lo que siguió a la desintegración del socialismo soviético —objeto de las páginas que siguen— abarca para los cubanos las dos décadas de la historia más reciente: es decir, que de este medio siglo Cuba ha vivido veinte años —casi un cuarto de siglo— en las coordenadas creadas a partir del derrumbe soviético y el fin del bipolarismo en el mapa mundial.

Considero este ultimo dato, el dato del tiempo, como fundamental: el tiempo histórico no es un conteo de años, es existencia transcurrida, que responde por todo el paisaje económico, político, social, cultural que se despliega hoy ante nuestra mirada. Que conforma además el punto de partida obligado tanto para búsquedas de soluciones a los problemas concretos, como para el trazado de caminos.

El dramático reto de volver a empezar

Fidel Castro bautizó como «período especial de tiempo de paz» lo que previó que se produciría en el proyecto socialista cubano de desintegrarse el sistema soviético. Pensaba en la economía y el nuevo efecto de desconexión internacional, y pensaba en la integridad de la nación, y también en el impacto sobre las condiciones de vida del pueblo. No hay país inviable, escuché argumentar a Abel Pose polemizando con Manuel A. Garretón en un en un coloquio hace casi diez años[4]. Pero la pregunta que quedaba a flote era: ¿hay sistema inviable?, ¿podría afirmarse después de 1991 que el socialismo se había probado inviable? Y si acordamos que la inviabilidad no expresa una magnitud sistémica, sino que se debe al fracaso de un experimento histórico, comienza el dilema de encontrar el camino del socialismo viable.

Fidel escogió un término logístico, el de «período especial», que no dejara duda acerca de la profundidad de la crisis que se avecinaba para Cuba después del derrumbe. Aún no había sucedido la catástrofe cuando acuñó la frase, pero si un líder socialista la veía posible era él, que desde los años 60 compartía una prevención que el Che Guevara no dudó en vaticinar de manera más explícita. No creo necesario citar al respecto, pues todo el pensamiento económico apunta críticamente a la búsqueda de una alternativa.

Lo que aconteció a partir de 1990 puede ser caracterizado como la crisis económica más aguda afrontada por el proyecto socialista aplicado en Cuba. Las crisis económicas atravesadas por el socialismo cubano no se corresponden exactamente con las crisis mundiales, de carácter capitalista, cuyo epicentro en el sistema financiero en los Estados Unidos, como eje del capitalismo mundial, las hace irradiar irremediablemente hacia el resto del Planeta. Ha sucedido incluso, como he escuchado recordar a Juan Triana, que la economía cubana ni siquiera sintió la crisis de 1974-1975, vinculada a boom de los precios del petróleo, porque la inserción soviética nos aseguraba el crudo en abundancia. Pero no hay que hacerse ilusiones a partir de circunstancias excepcionales, como esta. Esas crisis también nos llegan.

Lo cierto es que la generación de nuestras crisis y las del sistema capitalista no son explicables exactamente por las mismas causas, aunque las segundas no dejen de afectar la economía local de una u otra forma y con intensidad variable. El estremecimiento y desplome económico que sufrió el sistema cubano en los 90 fue el más agudo dentro de los países que dependían del mundo que se vino abajo, aunque, a diferencia de Europa del Este, en la Isla no removió la estructura de poder. Sin embargo, los inevitables efectos sociales —que me atrevería a centrar principalmente en la desvalorización del salario, la depauperación de las condiciones de vida y la ruptura de los patrones de igualdad— fueron sumamente severos, y acentuaron las condiciones de austeridad para la población.

Indicadores sustantivos de pobreza, como el declive brusco en los de nutrición, se hicieron intensos en los cuatro años que siguieron al derrumbe, a tono con la caída del PIB y el desvanecimiento del poder adquisitivo de la economía del país. No me toca aquí exponer el contorno de la crisis cubana que se inició a principios de los noventa, sino subrayar como, de una superación con equidad de la pobreza, en la cual se había comenzado a avanzar en las décadas precedentes, la sociedad cubana se vio sumida en una repauperización bastante generalizada.

Fue gracias a los estudios en que tuve oportunidad de participar desde finales de los noventa que percibí las diferencias y la relación entre los conceptos de pobreza y desamparo[5]; diferencias indispensables como instrumental para comprender la gravedad de la realidad cubana y a la vez los méritos y la prioridad de las políticas sociales. Lo consigno como referencia igualmente válida para el diseño de respuesta en otros escenarios del mundo periférico.

Con esta distinción entre desamparo y pobreza me refiero al significado de la existencia de una institucionalidad, tanto política como civil, que asocie explícita o implícitamente dispositivos que garanticen protección a la subsistencia, y en general a la vulnerabilidad comunitaria, sin permitir que esta quede sujeta al entramado mercantil, o a dinámicas económicas centradas en la acumulación, aun cuando se manifiesten ajenas al mercado. Dicho sea de otro modo, que impidan que el desamparo domine la situación social, convirtiendo la anomalía en regla. No hay que olvidar que vivimos en un mundo con la mitad de la población en la pobreza y que no ha sido capaz de dar solución a la desnutrición (hambre) de ochocientos millones, a pesar de haber rebasado la capacidad productiva para hacerlo.

Ante la sacudida que siguió al derrumbe socialista en Cuba, se adoptaron reformas que introdujeron elementos de mercado temprano en los 90 (con frecuencia se citan como las reformas del 93[6], aunque las medidas que flexibilizaban el sistema comenzaron en realidad al final de los 80, y siguieron generándose hasta el 94 o el 95), coyunturales unas, y otras que tocaban estructuras. Este proceso reformador no mostró ser parte de un plan articulado, cada reforma se mostraba más bien orientada a mitigar un problema concreto, y se asumió además con muchas reticencias, o con la evidente aspiración política de revertirlas, aun si sirvieron para contener la caída brutal de la economía hacia mediados de la década.

Hubo desde entonces señales de reanimación. No obstante, no sería posible hablar en rigor de una recuperación económica hasta que se iniciaron cambios en el escenario latinoamericano que propiciarían para Cuba una nueva perspectiva de integración. Aquellas reformas, que pararon la caída, no eran suficientes para aportar una reanimación económica sostenida, en tanto contribuyeron a provocar, sin embargo, una ruptura del patrón de igualdad que había mantenido al mínimo las diferencias de ingresos familiares en las décadas anteriores.

En los 80 la proporción de lo percibido por el decil de más altos ingresos superaba en sólo 4.5 veces lo percibido por el de menores ingresos[7]; con la explosión del ingreso extrasalarial y la entrada de remesas se estima que esa proporción se desbalanceó de manera apreciable[8]. De modo que las distorsiones que vemos hoy en el escenario socioeconómico cubano resumen los efectos combinados, a veces caotizantes, de la desconexión y el derrumbe de la economía, de una parte, y de otra de las medidas aplicadas para contener la caída. Sin pasar por alto los viejos efectos combinados de las limitaciones impuestas por el bloqueo y las generadas por estrategias frustradas o erráticas: los viejos efectos dan un escenario a los nuevos, y se mantienen los unos y los otros determinando contornos. Ahora, además, habrá que contabilizar los efectos, directos e indirectos, de la nueva crisis mundial que acaba de desencadenarse en el sistema financiero y que ya vemos transferirse a la economía real.

El debate sobre una transición cubana

Otra vez en Cuba nos hemos visto obligados a repensar nuestra transición socialista. La tuvimos que repensar a principios de los setenta cuando se demostró que el alcance del poderío estadounidense estaba en condiciones de arruinar económicamente a un vecino tan frágil con sólo privarlo de escenario de inserción. Fue entonces que la dirigencia política optó por adscribir el proceso al bloque soviético. Esa decisión aseguró, como señalé al principio, un crecimiento económico decoroso y los recursos para costear los patrones de justicia social y equidad, aun en condiciones sociales de austeridad, pero no pudo propiciar la construcción de una estructura productiva sostenible. Tampoco fue un simple giro de bienestar realizado sin traumas y sin costos dentro del entramado complejo de la espiritualidad.

El tercer momento de la transición cubana va a tener otro carácter: se nos planteaba ahora como una disyuntiva. O una durísima, difícil ruta de preservación y cambios en el proyecto socialista, en un contexto mundial de dependencia neoliberal, de mercadocracia generalizada, sin escenarios de inserción alternativos; o, por el contrario, renunciar a la propuesta socialista e iniciar la transición inversa, en las coordenadas de la que se desencadenó en el Este, marcada por la economía de la privatización y el mercado, la política del pluripartidismo electoral asociado a las presiones del capital, y la ideología del individualismo, de la exaltación de la competencia y la desigualdad y la insensibilización hacia la pobreza: en una palabra, optar por la ley de la selva, la cual se asoma ya en Cuba.

Se asoma tras los conductos de la economía informal, pero tuvo su germen en un patrón individualista fertilizado en la etapa precedente por el espejismo del socialismo de mercado: el insaciable deseo de «tener más». Ese que, para sorpresa y admiración de la izquierda que se renueva, la sabiduría andina rechaza al oponerle el principio de «bien vivir».

El dilema se definía desde los mismos años 90 entre la transición de un socialismo fracasado hacia un socialismo viable, o la transición hacia un capitalismo que amablemente se nos aconsejaba realizable con «rostro humano». Se sabe que en Cuba prevaleció claramente la primera opción, pero que no se piense que no hubo motivación hacia el «rostro humano» del capital, ni que se trate de una idea pasada de moda del todo en el país. Ni en los 90 ni ahora. Porque con el socialismo viable sucede lo que con la democracia participativa: carece de referente concreto; de modo que todos o casi todos lo queremos pero no sabemos cómo será ni por dónde entrarle, aunque nos cansemos de asegurar lo contrario.

Hasta ahora tenemos más claridad en lo que le ha faltado al experimento socialista que en las propuestas idóneas para rehacerlo. Incluso el concepto de «transición», como una tarea en la agenda cubana, es rechazado por el lenguaje político oficial, y constituye uno de los temas más polémicos en Cuba[9]. No se trataría de rescatar con retoques el socialismo que tuvimos. Y que, en realidad, tenemos o creemos tener aún. Pero también pienso que, en cualquier caso, el futuro con «rostro humano» solo se podrá hacer socialista, porque la lógica del capital va a terminar siempre por tragarse cualquier empeño sostenido de justicia social, de amparo frente a la pobreza, de fórmula global equitativa, de esfuerzo por embridar el mercado, y hasta de soberanía económica.

No veo motivo para asumirlo como un rechazo intuitivo del experimento socialista conocido, lo cual llevaría a perder muchas cosas, sino de contabilizar con rigor las deficiencias probadas del modelo. Hablo ahora de deformaciones propias del modelo, no de las deficiencias que las coyunturas nos han impuesto sobre las del modelo, y que completan la amalgama generadora del caos actual. Clasificaría estas deformaciones en tres conjuntos.

En primer lugar, las económicas, estructurales, centradas en la confusión de socialización con estatización, la falta de ingenio, y de confianza, para la experimentación de formas diversificadas de socialización de la propiedad; la reticencia a buscar un patrón de eficiencia socialista que asegure la complementación de justicia y desarrollo, puesto que un proyecto de justicia social sólo será sostenible, y podrá reproducirse de manera ampliada, a partir de que cuente también con un soporte económico seguro; la demolición indiscriminada de todas las estructuras del capitalismo antes de tener con que reemplazarlas; la confusión de la necesidad de revertir el sometimiento al mercado con la ilusión de que el mercado se podía abolir por un acto de voluntad política.

«Una sociedad capitalista no lo es porque todas las relaciones económicas y sociales sean capitalistas, sino porque estas determinan el funcionamiento de todas las otras relaciones económicas y sociales existentes en la sociedad. Inversamente, una sociedad socialista no es socialista porque todas las relaciones sociales y económicas sean socialistas, sino porque estas determinan el funcionamiento de todas las otras relaciones existentes en la sociedad»[10]. De hecho, intentarlo de otro modo sería un absurdo, en el cual el socialismo, cuando ha sido creado, como hasta hoy, sin mecanismos económicos de corrección, es susceptible a sufrir la ilusión de que puede moldear la economía a voluntad. De tal modo, crea él mismo las deformaciones que obstruyen su viabilidad.

En el plano político, el modelo socialista generalizado en el siglo XX ha sido predominantemente autocrático, incapaz de articular íntegramente la institucionalidad que asegure el ejercicio de un verdadero poder popular: una democracia efectivamente participativa. El derrumbe soviético demostró que el socialismo no podrá existir sin democracia, si asumimos que democracia significa poder «del pueblo, por el pueblo y para el pueblo», como afirmó Abraham Lincoln.

La salvedad radica en que se hace necesario definir previamente el demos. En la república griega aludía una minoría esclavista, en la sociedad moderna capitalista se estratifica por el poder que aseguran las ganancias. Para que el demos devenga el pueblo, poco y mal puede hacerse si no se frena el poder del capital. Democracia no significa pluripartidismo electoral (se vuelve un negocio más) ni tampoco partidocracia movilizadora (que distorsiona el sentido del «partido vanguardia»). Coincido con Boaventura de Sousa Santos cuando afirma, en el texto citado, que «socialismo es democracia sin fin»[11]. Creo que es necesario que el partido que se proyecte portador del programa de la sociedad de justicia y equidad, si pretende legitimar su papel en «formar la república», como lo veía José Martí en su ideal del partido revolucionario, también debe vivir, en sistemas como el nuestro, una transición que lo consolide más como vanguardia, como potencia moral que preserve de los valores esenciales, y menos como poder institucional directo.

Un tercer plano estaría dado por los factores subjetivos, sobre lo cual existe en la Historia un arsenal de enunciados de valores irrealizados desde la antigüedad (desde el decálogo de la Ley mosaica, por ejemplo) y no sólo como propósitos incumplidos de los socialismos y de todas las sociedades existentes hasta nuestros días. Una sociedad en la cual la salida de las condiciones de pobreza se siga viendo hoy como la sumatoria de las soluciones familiares o individuales nunca saldrá por completo de la pobreza porque no saldrá de la enajenación. Sería siempre una sociedad centrada en la reproducción del individualismo. En la sociedad cubana el sentido de la solidaridad se ha logrado retener como un valor esencial, y es en este plano en el que se pudo distanciar del deterioro ético que se filtró en el bloque del Este. Sin embargo, no me atrevería a asegurar que se ha universalizado y se hace evidente que también dentro de la sociedad cubana, la crisis de paradigma sufrida a partir del derrumbe y las complejidades de los 90 han distorsionado sensiblemente valores que se creían con mayor grado de consolidación.

Me he detenido en esta formulación genérica para expresar donde veo los grandes desafíos que tenemos por delante los cubanos en el siglo XXI, al mantener y fortalecer la opción por el socialismo. Distinguía, al abordarlos, el modelo de la coyuntura, donde los problemas se traducen en una sociedad en la cual predomina una dislocación entre ingresos y poder adquisitivo, la economía informal se ha superpuesto a la formal, el salario del empleado de limpieza de un hospital puede ser superior al de los especialistas mejor pagados, y de no pagarse esos sueldos nadie haría la limpieza en los hospitales. Más allá de las reformas salariales se requiere llegar a las causas mismas del problema, que radican en el modelo.

Tampoco quisiera pasar por alto los significados que podríamos extraer de comparaciones entre el peso de lo modélico y el de lo coyuntural. Los altibajos de la inserción económica internacional se explican por respuestas coyunturales y, sin embargo, pueden mostrarse muy relevantes, decisivos. Cuando son de signo positivo, con el riesgo de que la clase política tienda a descuidar incluso los requerimientos de transformación del paradigma, espejismo en el cual se incurre con frecuencia. Y cuando son negativas, como es el caso del bloqueo económico de los Estados Unidos en la referencia puntual del sistema cubano, se hacen tan lesivos como para volverse objetivamente centrales en la provocación de situaciones críticas sostenidas que desvirtúan la totalidad del entorno nacional.

Lo que nos dice el IDH

Como es sabido, las insuficiencias propias del indicador de «pobreza de ingresos», motivó hace años la búsqueda de otro que englobara aspectos que quedaban fuera de consideración y, aunque sigue siendo el más funcional para comparaciones cuantitativas, se creó, y se adoptó de manera complementaria, el «índice de desarrollo humano» (IDH). En 1990 el IDH colocaba a Cuba en el lugar 39 dentro de un total de 130 países. La posición de Cuba en este índice se deterioró en los años sucesivos, según caían en el país los indicadores económicos y se deprimían las condiciones de vida de los cubanos. Su comportamiento más crítico lo tuvo en el año 1994, en que nos colocó en la posición 89 entre 173 países. Este indicador mostró, a lo largo de los noventa, el deterioro de la situación en que había quedado la población cubana, aunque hacia 1999 también comenzó a dar cuenta de una tendencia progresiva de recuperación.

El más reciente Informe de Desarrollo Humano del PNUD[12] muestra una recuperación importante de este índice en 2005, en que Cuba queda en el lugar 51. El índice de desarrollo humano de ese año, 0.838, es inferior al mostrado en 1990, que fue 0.877, y colocaba a Cuba en el sexto lugar en el conjunto de la América Latina y el Caribe. En este último Informe…, como en los anteriores, también se constata que la clasificación de Cuba como país de desarrollo humano alto se debe a los indicadores de calidad de vida, en tanto los económicos progresan muy lentamente.

Un posicionamiento realizado exclusivamente a partir de los ingresos (PIB per capita) movería bruscamente a la Isla al lugar 94 en los cálculos del año 2005. Esta paradoja muestra nuestras fuerzas y nuestra debilidad: la capacidad del sistema cubano de retener niveles de amparo a la ciudadanía que serían inimaginables, en una situación de crisis, dentro de una economía de mercado, por una parte; y la insuficiencia de la economía cubana para hacer sostenible el sistema, cuando es evidente que los logros en el terreno de la justicia social y la equidad tienen que descansar sobre un carril de desarrollo productivo no sujeto a la lógica de la ganancia sino a la del crecimiento del bien común de la sociedad.

Hasta aquí la estadística. Paso ahora a otros comentarios. El primero es que las cifras muestran: 1) que a pesar de la caída económica y del régimen de castigo desde los centros de poder imperialista, acrecentado a lo largo de los 90 y hasta los años finales de esta década, la economía cubana muestra capacidad de revitalizarse cuando vuelve a encontrar escenarios de inserción, sin hacer concesiones al imperativo neoliberal, ni a ningún compromiso que pueda traducirse en lazos de dependencia; 2) que el punto débil visible del sistema cubano termina siempre en el comportamiento de la economía, en el cual nunca se ha pasado de medidas aisladas, de mayor o menor alcance, que no aparecen articuladas a un cambio estructural orientado a introducir un nuevo patrón de eficiencia. Las urgencias del corto plazo interfieren con la materialización de cualquier proyección estratégica.

La recuperación económica de comienzo de la década presente, que tuvo su manifestación más elevada en el crecimiento del PIB del 12.5% en 2006, quedó todavía corta de cara a la mayoría de los indicadores de 1989. Además, el crecimiento volvió a desacelerarse con rapidez, cayendo a 7.3% en 2007 y 4.3% en 2008. Para 2009 se ha ajustado la cifra propuesta al 2.5%, aunque rigurosos estudios econométricos consideran esta como una variante óptima y menos probable que una cifra próxima al 1%. Y aun peor, si no encuentran solución los problemas que traban el sistema de pagos (al parecer el de mayor incidencia inmediata), no se descarta un comportamiento en el rojo, de alrededor de –0.5%[13]. Por primera vez bajo cero en dieciséis años.

De manera que, como a principios de los noventa, terminamos la primera década del siglo XXI con una caída significativa. Lo cual no hace más que ratificar, a mi juicio, que incluso cuando miramos más allá de la economía, descubrimos que el reto más inmediato y definitorio del socialismo cubano se localiza otra vez en la economía.

La economía cubana —cargada de malformaciones— está urgida de cirugía. Pero de cirugía socialista. Igualmente si es bajo el bloqueo sostenido, como si este quedara aligerado por motivaciones humanitarias, o si fuese progresivamente desmontado. Frente a cualquier variable la economía socialista cubana no tiene otra opción que encontrar una armazón eficiente. Rediseñada sobre una noción de desarrollo distinta: desde las fuerzas que el país ha creado (en primer lugar con el capital profesional, que sigue subutilizado), con el peso de sus carencias, y sobre las incertidumbres de cada coyuntura. En primer lugar para garantizar subsistencia a nuestra población y recuperación al medio natural del cual nos nutrimos: algo que no se ha logrado plenamente en los cincuenta años transcurridos.

No puede Cuba aspirar a convertirse en otra Suiza (ilusiones sin base que he escuchado a veces) y de hecho, ni siquiera me parece sano soñar con que exista otra Suiza. Las estadísticas económicas tienen más de un significado. Del lado negativo, los altos índices de comportamiento económico también suelen ser indicativos de altos niveles de consumo, contaminación de la atmósfera, y depredación del ambiente en más de un sentido. Se ha dicho que si la norma de consumo de combustible norteamericana se universalizara el agotamiento de las fuentes se haría casi inmediato. No podrá haber autos para todos en el mundo.

Mathis Wrackernagel, investigador del Global Footprint Network de California, calculó, para noventa y tres países, la cantidad de planetas Tierra que serían necesarios en el caso de generalizarse el nivel de consumo de cada uno de ellos. Los países europeos occidentales están en la media de tres planetas, y los orientales de dos. En tanto los Estados Unidos necesitarían cinco planetas. Los países de la América Latina estarían sobre la media de un planeta, y los de África bastante por debajo. En esta correlación la línea del desarrollo sustentable estaría en un índice de desarrollo humano de 0.8, y el nivel de la huella ecológica en 1 planeta. Cuba parece ser, al momento, uno de los países que más claramente se acerca a esta correspondencia[14].

No lo digo como insinuación de complacencia. En definitiva, son estadísticas, solo estadísticas. La complacencia es hija del conformismo y contra el conformismo se rebela el imperativo de redimensionar la economía con reformas que alcancen las estructuras donde quiera que la búsqueda de una eficiencia socialista lo reclame. Se rebela también la necesidad de restaurar un régimen laboral y de participación efectiva que incentive el trabajo. Se rebela la necesidad de posibilitar mejor vida sin más gasto. Se rebela la urgencia de dar un carácter más orgánico al rescate y la protección del ambiente. Se rebela la tarea inaplazable de hacer nacer al fin la democracia.

Y, sin embargo, este dato nos dice, a mi juicio, al margen de consideraciones ideológicas, que el escenario más idóneo para los proyectos de transformación sustentable se encuentra ahora en la América Latina, donde se ha iniciado —solo se ha iniciado— una significativa modificación del mapa político. Y que Cuba presenta, de algún modo, una posición de punta, por ser el país portador experimentado de un paradigma antisistémico de referencia con validez periférica continental.

Es obvio que la realidad presente muestra una compleja panoplia de necesidades de cambio en la transición cubana. Pero es así precisamente porque la opción es la del camino socialista. La otra transición hubiera sido más sencilla, al ponerlo todo en manos del mercado. Y también terrible, porque la lógica del capital no perdona: consolida desigualdades, agudiza y extiende la pobreza, empeña soberanías, compromete futuros. Habríamos perdido en Cuba medio siglo de sacrificios.

Es la transición socialista la que requiere a cada paso la inteligencia del cambio, la evaluación de cada resultado, combinar la mirada puesta en el horizonte con la del día a día, la del gran panorama con la de la calle. También confrontar críticamente nuestros disensos. Y permitir que el pueblo asuma cada vez más un protagonismo en lo que se construye. Que algún día las masas se pongan en condiciones de participar cada vez más —como diría Ernesto Che Guevara— en la decisión de qué parte de los ingresos de la sociedad va al consumo y qué parte a la acumulación[15].

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Notas:

 Sociólogo y ensayista cubano.

1.- Véase http://www.kaosenlared.net/noticia/programa-moncada-era-socialista-esta-inconcluso, 3 de febrero de 2009.

2.- Véase «Estoy disponible para servir a mi Patria», entrevista de Carmelo Mesa Lago concedida a Roberto Veiga para Espacio Laical, no. 61, marzo de 2009, La Habana.

3.- Véase Omar Everleny Pérez Villanueva, «La estrategia económica cubana: medio siglo de socialismo», ponencia presentada en el Seminario sobre Economía Cubana y Gerencia Empresarial, 27-29 de mayo de 2009, La Habana.

4.- Coloquio internacional celebrado en La Habana en febrero de 2000, convocado por la Oficina Regional para América Latina de la UNESCO, bajo el título «Repensar a América Latina».

5.- Véase Aurelio Alonso, «Estrategias de amparo frente a las dinámicas de empobrecimiento», ponencia al XXVII Congreso de LASA, Montreal, 2007.

6.- Véase Aurelio Alonso, «Las reformas cubanas y la introducción de la lógica de mercado en el sistema económico: apuntes sobre los efectos sociales», Alternatives Sud, vol. 1, no. 2, 1994, Paris.

7.- CIEM-PNUD: Investigación sobre derechos humanos y equidad en Cuba, editorial Caguayo, S.A., La Habana, 2000.

8.- Estimados oficiales aluden recientemente a una correlación 7-1 pero varios estudios por muestreo indican que el desbalance puede haber alcanzado una proporción superior a 15-1. Vease Mayra Espina Prieto: Efectos sociales del reajuste económico: igualdad, desigualdad, procesos de complejización de la sociedad cubana, ponencia presentada en el Congreso de Latin American Studies Association (LASA), Dallas, marzo de 2003.

9.- La revista Temas dedicó su número 50-51, de abril-septiembre 2007, al tema de las transiciones. En el mismo el debate cubano ocupa un espacio relevante, a través de una encuesta aplicada por Rafael Hernández y Daybel Panellas, bajo el título «Sobre la transición socialista en Cuba: un simposio», a trece «personas que se distinguen en el campo de las ideas y el conocimiento, en la práctica social y política, pertenecientes a diferentes profesiones y generaciones».

10.- Boaventura de Sousa Santos, «¿Por qué Cuba se ha vuelto un problema difícil para la izquierda?», en la lista Other News de Roberto Savio en IPS, 6 abril de 2009.

11.- Ibidem.

12.- Informe sobre Desarrollo Humano 2007-2008. La lucha contra el cambio climático: Solidaridad frente a un mundo dividido, publicado por el PNUD, México, 2007.

13.- Véase Pavel Vidal, «El PIB cubano en 2009 y la crisis global», en IPS – Economic Press Service, 09/ 15 de mayo de 2009.

14.- Véase Carlos Fernández Liria, «Un siglo de pereza y de comunismo», en Casa de las Américas, no. 254. enero-marzo de 2009, año XLVIII, La Habana.

15.- Ernesto Che Guevara: Apuntes críticos a la Economía Política, pag. 147, Ocean Sur, La Habana, 2006.

Socialismo en el siglo XXI

Enviado el Miércoles, 16 de Septiembre del 2009 (15:33:46)

Nuestra América

Intervención de Aurelio Alonso en el VIII Taller Internacional sobre Paradigmas Emancipatorios: “Debemos realizar una especie de auditoría perenne sobre el curso que nuestras decisiones provoquen en la sociedad, para no tener que volver a percatarnos de que salimos hacia el socialismo y llegamos a otro lugar”

por Aurelio Alonso

Me voy a concentrar en cuatro puntos. El primero se refiere a la razón del planteo. No podemos pasar por alto que el uso de la preposición “en” o “de” se empieza a convertir en un dilema con carga definitoria, o al menos distintiva de posturas. Creo que se puede perder tiempo y energías tratando de delimitar si el subrayado sustantivo debe destacar, con “en”, la continuidad del socialismo, previsto que no es válido reducir “el socialismo” al experimento fallido del siglo XX. O si lo que merece subrayarse, si se escoge “de”, es la convicción, desde un proceso de superación crítica de los errores, anomalías y desatinos, de que no se trata de repetir con más cuidado el camino andado, sino de enfrentarlo con una carga de apertura en la cual prevalezca la creatividad.

Sinceramente, en mi caso personal me he habituado al “de”, porque me pareció, desde un inicio, que el primer fantasma a despejar entre los que no hemos claudicado del ideal socialista, es el de los lastres que nos presionan desde el proyecto fallido. Con lo cual tampoco creo profesar menosprecio alguno hacia el proyecto fallido; al contrario, me parece indispensable que la crítica recupere todo lo de positivo que vimos y vivimos en él, que ha sido mucho.

A pesar de que se han escrito millones de páginas, no creo que la crítica del experimento socialista del siglo XXI haya sido agotada. En realidad, la necesidad de repensarlo es tal, que nunca va a ser agotada. Incluida una evaluación ponderada del liderazgo de Stalin, que tampoco puede hacerse en blanco y negro. Me ahorro el conteo de barbaridades y la insistencia acerca de su responsabilidad en la deformación y el fracaso socialista soviético. Pero recordemos la conducción de la resistencia a la agresión mundial del nazismo y la conversión de la desolación en ofensiva, y recordemos también que en los momentos más críticos de la contienda, no detuvo la construcción del metro de Moscú, lo cual da cuenta de un profundo compromiso con la consumación de su proyecto socioeconómico. Del suyo, en el cual creía.

Pero ningún reconocimiento parcial sería suficiente para no entender que el modelo nacido de la victoriosa revolución bolchevique se mostró, a la larga, incapaz de sostenerse, y esas incapacidades tienen que ser totalmente erradicadas en la construcción de un modelo viable. Estamos obligados, como ninguna otra generación lo estuvo, a asumir la historia sin maniqueísmo.

Concluyo el punto expresando que para mí es más importante el enfoque efectivo detrás del enunciado que la precisión semántica de la preposición que escojamos. No lo convirtamos en un debate típico del medioevo. Por eso, trato de evitar que esto devenga para mí un tema polémico. En definitiva, del siglo XXI estamos llegando solo al final de la primera década y quedan noventa años para que los experimentos socialistas en que nos empeñemos muestren su viabilidad o no. Para no repetir los viejos errores y para corregir los nuevos que cometamos. Es decir, si es que no perecemos antes de hambre o de sed, o cocinados por el calentamiento global, o de cualquier otra catástrofe que se vincule a la destrucción desenfrenada del ambiente humano en la cual estamos atrapados.

El segundo punto se refiere a los dilemas de hoy. Cuando hablamos de dilemas no es posible eludir que la historia nos los impone siempre a través una solución de continuidad y ruptura que, en la práctica, solo puede ser afrontada de manera concreta y diferenciada. Y las soluciones de los dilemas siempre tienen que salir de las generaciones que los viven (mejor decir, que los vivimos). Ninguna referencia precedente, por sensata que sea, nos puede dar respuesta a los que tenemos que resolver hoy. Nos ayudarán a pensarlos, pero la solución la tenemos que elaborar ante la realidad que vivimos, los mismos que la vivimos.

El dilema principal, planteado en el nivel más alto de abstracción, sería el que nos cuestiona hacia dónde nos dirigimos. Vuelve a expresarse, en el plano sistémico, en la disyuntiva entre capitalismo o socialismo. Quienes consideren exhausto el proyecto socialista, lo asumen como un dilema entre capitalismo con “rostro humano” y cualquier otra opción. Su desventaja es que los referentes históricos capitalistas a los cuales se podría atribuir “rostro humano” son muy discutibles y, en todo caso, poco generalizables el modelo sueco, por ejemplo), para no decir irrepetibles.

Una visión más realista nos lleva a replantear hoy este dilema central en términos de “socialismo o barbarie”, como lo hizo Rosa Luxemburgo a comienzos del siglo XX, y lo vuelve a hacer hoy Istvan Mészáros, ahora ante un nivel de agravamiento en las relaciones socioeconómicas y políticas a escala mundial, que puede extremarlo a “socialismo o devastación”.

“Barbarie —afirma Mézáros— si es que tenemos suerte, en el sentido de que el exterminio de la humanidad sería el resultado final del destructivo curso del desarrollo del capital”.

De manera que el futuro de la humanidad tendrá que enrumbarse progresivamente a través de un proceso de socialización (contradictorio, a menudo convulso, con giros inesperados, con avances y retrocesos, con confrontaciones violentas, con la exigencia constante de reciclajes que preserven la lucidez de liderazgo, en tanto profundizan la democracia), o no habrá futuro, del todo, para la humanidad. La tragedia consiste en que el tiempo histórico para que la humanidad se percate de la urgencia del cambio radical, y oriente sus pasos en la búsqueda efectiva de solución, se reduce también radicalmente.

No me gusta ser apocalíptico; ni siquiera me quiero sentir, en el fondo, pesimista. En una ocasión oí decir a Boaventura de Sousa Santos, después de describir la tétrica situación de la realidad contemporánea, que él se consideraba un optimista, aunque un optimista trágico.

Un tercer punto al cual me he sentido motivado se vincula a la reflexión en torno a los paradigmas. Este es un problema que presenta, a mi juicio, dos perspectivas metodológicas: una es la necesidad de definir qué contenidos se nos presentan, por su naturaleza misma, paradigmáticos para nuestra proyección; la otra sería cómo aproximarnos críticamente, revisar, constatar concreciones parciales, controlar y rectificar nuestros planteos paradigmáticos. Una especie de auditoría perenne sobre el curso real que nuestras decisiones provoquen en la sociedad. Para no tener que volver a percatarnos de que salimos hacia el socialismo y llegamos a otro lugar.

En términos de paradigmas, hoy podemos afirmar que la salvación de la humanidad descansa en la construcción o reconstrucción soberana de sociedades que se sostengan en proyectos de justicia y equidad, con propuestas de desarrollo económico orientadas a sostener dichos proyectos, a la par que reproducen el producto social; que se orienten en la práctica a la eliminación de la explotación del trabajo que el capitalismo convirtió en mercancía; con esquemas de participación en el sistema de decisiones, desde la comunidad hasta el Estado central, capaces de imponer una institucionalidad democrática sin precedentes (“el socialismo es democracia sin fin” ha dicho de Sousa Santos con razón).

Y lo más importante, debido a la inminencia del peligro de sucumbir, que cambie radicalmente la actitud del hombre hacia la naturaleza, en el sentido de preservación, restauración, comunicación y asimilación, en unidad con el medio ambiente, del cual hace parte. Y el cambio de la conciencia humana, que si miramos hacia los sacrificios solidarios parece que ha sido mucho, pero si miramos a la expansión de conductas individualistas lesivas al bienestar común, deja mucho que desear. El ideal del hombre nuevo es también un componente paradigmático universal, pero no me canso de repetir que no podremos hablar del hombre nuevo hasta que no se haga salir de la cabeza humana el deseo del automóvil.

Dicho sea rápidamente y sin ser todo lo acucioso que merece el punto, para mí estos resultan enunciados paradigmáticos perfectamente generalizables. No diría yo que para caracterizar el socialismo del siglo XXI, sino para esbozar el horizonte de su construcción. Y si pensamos en ellos de manera despejada, sin querer encontrar coartadas para complacencias, veremos que es poco, a veces demasiado poco, lo que podríamos contabilizar ya como realización en los esfuerzos en que hasta ahora nos hemos empeñado.

En qué medida se asemejan o divergen entre una y otra realidad nacional la correlación de clases sociales y cómo hacerle frente en la responsabilidad práctica de construcción social. Cómo se definiría, en términos de diseño, la institucionalidad política y jurídica que responda a los intereses del pueblo. Cuáles serían, aquí y allá, las proporciones idóneas de la propiedad sobre los medios económicos desde el sector estatal hasta el privado.

Estos son, junto a otros, temas dilemáticos puntuales, que requerirán de concreciones distintas en las respuestas que implementemos. No confundir los paradigmas con las decisiones coyunturales, los méritos del corto plazo con los del largo, la movilización con la participación, lo necesario de la espontaneidad y el ingenio creativo con rechazo del liderazgo (ni al revés). Estos y otros serán siempre (o al menos por uno o dos siglos, con buen tiempo) desafíos para lograr la irreversibilidad socialista.

Si el socialismo que construyamos no se hace definible como democracia, no será socialismo; pero si no se vuelve por naturaleza irreversible tampoco será socialismo. Corro el riesgo de ser acusado de veleidades dogmáticas. Acepto el riesgo. Pero no he abandonado la idea de la irreversibilidad. Aunque de ningún modo crea que la hemos conseguido al votar su inclusión en el texto constitucional: votamos la aspiración, pero solo el curso de la historia podrá decir si el socialismo que construimos resultará irreversible o si también cederá ante las presiones del mercado. Y, sobre todo, ante la inmensa deformación hegemónica que el dominio de los medios masivos de información ha impuesto al pensamiento. Vuelvo a recordar el deseo del automóvil como síndrome erosionante de nuestro tiempo. Creo, sin embargo, que la irreversibilidad, cuando tengamos modo de comprobar que ha sido lograda, será definitoria.

No puedo terminar sin detenerme un instante en el mapa latinoamericano de hoy. Tan sólo un instante —no hay tiempo para más ahora— para recordar que no estamos debatiendo en un plano estrictamente teórico. Estos temas han sido puestos al día por las exigencias, los desafíos y las esperanzas que nos plantea el cambio que las masas han impuesto en el escenario latinoamericano. Para recordar que frente al avance devastador del modelo neoliberal se ha impuesto una ola de resistencia y transformaciones que ha cambiado el mapa político, social y económico de la América Latina.

El cambio latinoamericano que se inició con la revolución bolivariana en Venezuela, y que se ha generado una onda expansiva, convierte al continente el laboratorio sociopolítico y económico por excelencia del mundo periférico hacia la transformación del ordenamiento mundial y hacia la subsistencia del planeta. Hacia el rescate de los paradigmas y la asunción de la posibilidad —difícil y escabrosa pero real— de que el dilema “socialismo o devastación” no se resuelva por la vía de la tragedia. Por supuesto que este punto merece más precisiones, pero sería imposible ahora ir más lejos.

La Habana, 5 de septiembre de 2009

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Intervención de Aurelio Alonso en la mesa Socialismo en el siglo XXI que sesionó en el VIII Taller Internacional sobre Paradigmas Emancipatorios, realizado en La Habana del 2 al 5 de septiembre de 2009

I. Wallerstein: una política de izquierdas para una época de transición

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Por Immanuel Wallerstein, Sociólogo


 

La versión que presentamos aquí, autorizada y supervisada por el autor, es traducción del original que ha editado en inglés el Fernand Braudel Center: (http://www.fbc.binghamton.edu/iwleftpol2.htm).
Traducido por Ignacio Reyes García.

 

En 1999, di una conferencia sobre la actual política de izquierda en el Caucus for a New Political Science (2), en la que resumí la situación actual de la izquierda mundial de la siguiente forma:

1) Tras 500 años de existencia, el sistema capitalista mundial está, por primera vez, en una verdadera crisis sistémica, y nos encontramos en una época de transición.

2) La salida a esta situación es intrínsecamente indeterminada, pero, no obstante, por primera vez en 500 años existe una verdadera perspectiva de cambio fundamental, que puede ser progresivo, pero no necesariamente.

3) En esta coyuntura, el principal problema para la izquierda mundial es que la estrategia para la transformación del mundo, desarrollada en el siglo XIX, está hecha trizas, y, por consiguiente, se actúa con inseguridad y debilidad en el marco de un generalizado estado de depresión.

Tomaré estas tres afirmaciones como supuestos que no puedo argumentar aquí, aunque ya lo he hecho de forma extensa en otro lugar (3), y me centraré en sus implicaciones para una estrategia de izquierdas durante los próximos 10-20 años. La primera implicación es que no hemos sido derrotados globalmente. El derrumbe de la Unión Soviética no fue un desastre para la izquierda mundial. Ni siquiera estoy seguro de que pueda considerarse un revés.

No sólo nos liberó de forma colectiva del respetuoso temor hacia la estrategia y la retórica leninistas, obsoletas, sino que también impuso una enorme carga sobre el centro liberal mundial, que perdió el apoyo estructural que, de hecho, recibió de los movimientos leninistas, que habían controlado el radicalismo popular durante mucho tiempo por medio de sus garantizados ”brillantes mañanas” a alcanzar por la vía de un presente desarrollo leninista(4).

Ni siquiera creo que la ofensiva global del neoliberalismo y la llamada globalización hayan estrangulado nuestras posibilidades. Por un lado, se trata de una exagerada propaganda que no sobrevivirá a la deflación que se aproxima. Por otro, engendrarán, han engendrado, su contratoxina. Además, estructuralmente hablando, en la actualidad el capitalismo mundial no goza de una ”nueva economía”, sino que está en mal estado.

Déjenme resumir mi posición sin argumentarla, por cuestiones de tiempo y espacio(5). Además de las dificultades políticas causadas por el derrumbamiento del leninismo y el final de la Guerra Fría, el capital se mueve hacia tres asíntotas estructurales que obstaculizan irremediablemente su capacidad de acumulación:

1) la desruralización del mundo, que pone fin a su capacidad de control sobre el crecimiento de la proporción entre los salarios y valor total mundial creado;

2) los límites ecológicos de la contaminación y del uso de recursos no renovables, que limita la capacidad del capital para reducir los costes de los inputs por medio de su externalización continuada;

3) el proceso de democratización que se extiende por todo el mundo, evidenciado por las presiones populares siempre al alza en cuanto a gastos en salud, educación e ingresos garantizados a lo largo de toda la vida, lo que ha creado una constante presión impositiva ascendente en tanto que porcentaje del valor mundial creado.

Ciertamente, el capital intenta reducir estas presiones estructurales en todo momento. En eso ha consistido la ofensiva neoliberal de los últimos veinte años. Pero la curva a largo plazo actúa como un trinquete ascendente. Aunque regularmente consiguen reducir esas presiones, la disminución es siempre inferor al incremento provocado por el siguiente impulso ascendente. Para luchar contra esto, predican la denominada TINA (There is no alternative, o, en castellano, no hay alternativa), tratando de reducir la voluntad de poner en marcha una contrapolítica. Esto tampoco es nada nuevo. Gareth Stedman Jones, intentando explicar la relativa estabilidad política a finales del siglo XIX en Gran Bretaña, lo atribuyó a la ”manifiesta inevitabilidad del capitalismo” y a su ”manifiesta invulnerabilidad”(6). La I Guerra Mundial echó por tierra tales sentimientos, al menos por un largo tiempo. Ahora están siendo resucitados, o, al menos, la derecha lo está intentando.

Si estamos buscando una estrategia de izquierda para el siglo XXI, primero debemos recordar cuál ha sido esa estrategia. La estrategia de la izquierda desarrollada durante la segunda mitad del siglo XIX y vigente hasta que fue más o menos rechazada en el último tercio del siglo XX (simbólicamente, podríamos hablar del período 1848-1968), fue, evidentemente, la denominada estrategia en dos etapas: primero, obtener el poder estatal; después, transformar el mundo. Deben hacerse tres observaciones sobre esta estrategia:

- probablemente, era la única posible por aquel entonces, puesto que los movimientos con cualquier otra clase de estrategia podrían ser simplemente aplastados por el uso del poder estatal;

- fue adoptada por todos los principales movimientos, tanto las dos ramas del movimiento socialista mundial, socialdemócratas y comunistas, como los movimientos de liberación nacional;

- la estrategia fracasó porque tuvo éxito. Los tres tipos de movimientos llegaron al poder en casi todos los lugares durante el período 1945-1970, y ninguno de ellos fue capaz de cambiar el mundo, lo cual condujo a la profunda desilusión actual ante esta estrategia, y provocó, como resultado sociosicológico, un fuerte antiestatalismo (7).

Desde 1968, diversos movimientos, viejos y nuevos, han puesto a prueba muchas estrategias alternativas, y además tuvo lugar un saludable cambio en las relaciones entre los movimientos antisistémicos, disminuyendo considerablemente las mortíferas denuncias mutuas y las feroces luchas de antaño, evolución positiva que hemos subestimado. Quisiera ahora sugerir algunas posibles líneas a lo largo de las cuales podríamos desarrollar la idea de una estrategia alternativa.

(1) Extender el espíritu de Porto Alegre. ¿Cuál es ese espíritu? Lo definiría como la convergencia no jerárquica de la familia mundial de los movimientos antisistémicos para ejercer presión en favor de: (a) la claridad intelectual, (b) acciones militantes basadas en la movilización popular que puedan ser vistas de forma inmediata como útiles para las vidas de las personas, (c) las tentativas de proponer, a más largo plazo, cambios más fundamentales.

Son tres elementos cruciales del espíritu de Porto Alegre. Se trata de una estructura difusa, más o menos similar a lo que Jesse Jackson denomino ”la alianza del arco iris”. Es una estructura que, sobre bases no meramente simbólicas, ha agrupado a escala mundial a movimientos del Sur y del Norte. Se trata de una estructura militante, tanto intelectual (no pretende alcanzar un consenso global con el espíritu de Davos) como políticamente (en el sentido que los movimientos de 1968 eran militantes). Naturalmente, tendremos que ver si un movimiento mundial difusamente estructurado puede mantenerse unido en algún sentido significativo y por qué medios puede desarrollar sus tácticas de lucha. Pero su propia flexibidad hace más difícil su liquidación y alienta la neutralidad vacilante de fuerzas centristas.

(2) Utilizar tácticas electorales defensivas. Si el mundo de la izquierda se implica en tácticas militantes extraparlamentarias y difusamente estructuradas, se plantea inmediatamente la cuestión de nuestra actitud hacia los procesos electorales. Pensar que son cruciales o que son irrelevantes lleva a tener que elegir entre Scylla y Charybdis. Las victorias electorales no transformarán el mundo, pero no pueden ser despreciadas. Son un mecanismo esencial para proteger las necesidades inmediatas de las poblaciones del mundo contra las agresiones en busca de ganancias. Hay que tratar de obtenerlas para minimizar el daño que puede ser infligido por la derecha a través del control de los gobiernos de todo el mundo.

Sin embargo, esto hace de las tácticas electorales un asunto totalmente pragmático. Una vez que dejamos de pensar en la obtención del poder como una forma de transformar el mundo, dichas tácticas se convierten en un asunto relacionado con el ”mal menor”, y la decisión de cuál es el menor de los males tiene que ser tomada caso a caso y momento a momento. Depende, en parte, de cuál es el sistema electoral. Un sistema mayoritario, ”el que gana se lleva todo”, debe ser abordado de forma diferente a uno con dos vueltas o proporcional. Pero la regla general que nos guíe tiene que ser la ”izquierda plural”, lema actual en Francia y que en América Latina se ha denominado frente amplio. En la izquierda mundial existen muchas y diferentes tradiciones de partido e incluso de ”subpartido”. La mayoría de estas tradiciones son reliquias de otra época, pero mucha gente todavía sigue votando de forma acorde con ellas. Dado que las elecciones son un asunto pragmático, es crucial crear alianzas que respeten dichas tradiciones, aspirando a obtener el 51% de los votos. ¡Pero no bailemos en las calles cuando ganemos! La victoria electoral es simplemente una táctica defensiva.

(3) Promocionar incesantemente la democratización. La demanda más popular en los Estados de todo el mundo es ”más”. Más educación, más salud, más garantías de contar con ingresos asegurados durante toda la vida. Esto no solamente es popular: es también inmediatamente útil en las vidas de la gente. Y reduce los márgenes para la acumulación incesante del capital. Estas demandas deben ser expuestas a viva voz, continuamente y en todas partes. Nunca será excesivo hacerlo.

Claro está que la ampliación de todas estas funciones del ”estado del bienestar” siempre plantea problemas respecto a la eficiencia del gasto, a la corrupción, a la creación de burocracias demasiado poderosas e irresponsables. Son problemas que debemos estar dispuestos a abordar, pero nuca debemos cejar en la reivindicación básica del más, mucho más.

Los movimientos populares no deberían ahorrar estas demandas a los gobiernos de centroizquierda que ellos han elegido. Aunque estos gobiernos nos resulten más ”amistosos” que un gobierno claramente de derechas, eso no significa que debamos arrojar los guantes de pelea. Al presionar a los gobiernos ”amigos”, se empuja también hacia el centroizquierda a fuerzas derechistas de la oposición. Sin presión, los gobiernos de centroizquierda se deslizan hacia posiciones de centroderecha. Aunque ocasionalmente puedan existir circunstancias especiales que aconsejen obviar estos truismos, la regla general en lo que a democratización se refiere es más, mucho más.

4) Forzar a que el centro liberal cumpla con sus preferencias teóricas. Es decir, forcemos el ritmo del liberalismo. Rara vez el centro liberal quiere aquello que proclama o practica lo que predica. Tomemos algún tema evidente, como, por ejemplo, la libertad. El centro liberal solía denunciar con regularidad a la URSS, porque no permitía la libre emigración. Pero, por supuesto, la otra cara de la libre emigración es la libre inmigración. No es muy útil poder salir de un país a menos que se pueda ir a alguna otra parte. Debemos presionar para conseguir fronteras abiertas.

El centro liberal reivindica regularmente mayor apertura comercial y mayor libertad empresarial, manteniendo al gobierno alejado de la toma de decisiones empresariales. La otra cara de esto es que los empresarios que fracasan en el mercado no deberían ser salvados. Cogen los beneficios cuando tienen éxito; así que deben acarrear con las pérdidas cuando fracasan. Se dice a menudo que salvar a las compañías es salvar empleos. Pero hay maneras mucho más baratas de salvar empleos, como pagar el subsidio de paro, promover la formación y el reciclaje o, incluso, fomentar nuevas oportunidades de empleo, opciones que no implican cargar con las deudas del empresario fracasado.

El centro liberal insiste regularmente en que el monopolio es algo malo. Pero la otra otra cara de esto sería la abolición o fuerte limitación del sistema de patentes, y la no implicación del gobierno en la protección de industrias frente a la competencia extranjera. ¿Esto dañaría a las clases trabajadores en las zonas nucleares del sistema? No necesariamente, si el dinero y la energía se invierten en intentar conseguir una mayor convergencia mundial de los niveles salariales.

Los detalles de la propuesta son complejos y hay que discutirlos. La cuestión, sin embargo, radica en no permitir que el centro liberal mantenga su retórica, y coseche los beneficios de ello, sin pagar los costes de sus propuestas. Además, el verdadero modo político de neutralizar la opinión centrista es hacer referencia a sus ideales, no a sus intereses. Hacer demandas basadas en su retórica es una manera de apelar a los ideales de los elementos centristas, en vez de hacerlo a sus intereses.

Finalmente, debemos tener siempre en cuenta que un buen aprovechamiento de las ventajas de la democratización no está al alcance, o lo está en menor grado, de los estratos más pobres, debido a las dificultades que tienen a la hora de sortear los obtáculos burocráticos. Recupero la propuesta formulada, hace unos 30 años, por Cloward y Piven: hay que ”reventar los escalafones”, es decir, movilizarse en las comunidades más pobres de modo que éstas puedan hacer pleno uso de sus derechos legales(8).

5) Hacer del antirracismo la medida definitoria de la democracia. La democracia se define por tratar a toda la gente de una misma manera, en términos de poder, de distribución y de oportunidades para la realización personal. El racismo es el modo primario de distinguir entre aquellos que tienen derechos (o más derechos) y aquellos que no tienen derechos o tienen menos. El racismo define a los grupos y ofrece simultáneamente una justificación torticera para la práctica. El racismo no es una cuestión secundaria, ni a escala nacional ni a escala mundial. Es el modo por el cual la promesa de criterios universales formulada por el centro liberal es minada sistemática, deliberada, y constantemente.

El racismo está generalizado a través del actual sistema-mundo. No hay rincón del planeta en el que no esté como una característica central de la política local, nacional y mundial. En su discurso a la Asamblea Nacional Mejicana (29/3/2001), la comandante Esther del EZLN dijo:

Los blancos (ladinos) y la gente rica se burlan de nosotras, mujeres indígenas, por nuestra forma de vestir, por nuestra forma de hablar, por nuestro idioma, por nuestra forma de rezar y curar, y por nuestro color, que es el color de la tierra que nosotras trabajamos(9).

Continuó su intervención en favor de la ley que garantizaría la autonomía de los pueblos indígenas, diciendo:

Cuando los derechos y la cultura de los pueblos indígenas sean reconocidos… la ley comenzará a acercar su hora y la hora de los pueblos indígenas… Y si hoy somos mujeres indígenas, mañana seremos los otros, hombres y mujeres que son asesinados, perseguidos o encarcelados debido a su diferencia.

6) Avanzar hacia la desmercantilización. La peor del sistema capitalista no es la propiedad privada, que es simplemente un medio, sino la mercantilización, que es el elemento esencial en la acumulación de capital. Hoy, el sistema-mundo capitalista no está plenamente mercantilizado, aunque hay esfuerzos para conseguirlo. Pero de hecho podríamos movernos en otra dirección. En vez de transformar universidades y hospitales (tanto si son propiedad estatal o de titularidad privada) en instituciones lucrativas, deberíamos estar pensando en cómo podemos transformar las fábricas de acero en instituciones no lucrativas, es decir, estructuras autosostenidas que no pagan dividendos a nadie. Este es el rostro de un futuro más esperanzador que, de hecho, podría comenzar ahora.

7) Recordar siempre que estamos viviendo una época de transición del actual sistema-mundo a algo diferente. Esto significa varias cosas. No deberíamos dejarnos arrastrar por la retórica de la globalización o por las peroratas derrotistas basadas en la TINA. No sólo existen alternativas, sino que la única alternativa realmente inexistente es la continuación de nuestras actuales estructuras.

Durante 20, 30 o 50 años habrá una lucha inmensa en torno a cuál será el sistema sucesor, y su resultado es intrínsecamente indeterminado. La historia no está a favor de ninguna parte. Depende de lo que lo hacemos, lo que ofrece una gran oportunidad para la acción creativa. Durante la vida normal de un sistema histórico, incluso los grandes esfuerzos transformadores (también llamados ”revoluciones”) tienen limitadas consecuencias, ya que el sistema genera grandes presiones para recuperar su equilibrio. Pero en el ambiente caótico de una transición estructural, las fluctuaciones llegan a ser salvajes y pequeños impulsos pueden tener grandes consecuencias favoreciendo una u otra rama de una bifurcación. Este es el momento en el que la acción puede resultar especialmente operativa.

El problema principal no es la organización, por importante que sea. El problema clave es la lucidez. Las fuerzas que desean cambiar el sistema a fin de que nada cambie, para que surja un sistema diferente pero igualmente o aún más jerárquico y polarizador, tienen dinero, energía e inteligencia a su disposición. Vestirán los falsos cambios con ropas atractivas. Solamente un cuidadoso análisis nos librará de caer en sus muchas trampas.

Utilizarán lemas con los que no podamos discrepar, como los derechos humanos. Pero les darán un contenido que mezcle algunos elementos altamente deseables con otros muchos que perpetúen la ”misión civilizadora” de los poderosos y privilegiados sobre los ”no civilizados”. Debemos diseccionar cuidadosamente sus propuesatas y desenmascarar sus faroles. Si un procedimiento judicial internacional contra el genocidio es deseable, entonces debe aplicarse a todo el mundo, no únicamente al débil. Si las armas nucleares o la guerra biológica son peligrosas, incluso bárbaras, entonces ningún poseedor de tales armas es digno de confianza.

En la incertidumbre inherente al mundo, en sus momentos de transformación histórica, la única estrategia plausible para la izquierda mundial es la búsqueda militante e inteligente de su objetivo básico: la consecución de un mundo relativamente democrático, relativamente igualitario. Tal mundo es posible. No es seguro que llegue a ser realidad. Pero no es imposible.

NOTAS.

1. Conferencia en la Socialist Scholars Conference, New York City, 13 de abril de 2001.

2. Fue publicado como: ”A Left Politics for the 21st Century? o, Theory and Praxis Once Again”, en New Political Science, XXII, 2 de junio de 2000, pág. 143-159.

3. Además del anterior artículo en New Political Science, vea Utopística, o las opciones históricas del siglo XXI (Mexico: Siglo XXI de Mexico, 1998).

4. Discuto esto detalladamente en Después del liberalismo (Siglo XXI, UNAM, México, 1996)

5. Ver, para la cuestión expuesta, ”¿Globalización o era de transición? Una visión a largo plazo de la trayectoria del sistema-mundo”, en Casa de las Américas, nº 219, abril-junio 2000, pp. 14-25, y en Revista de la Universidad de San Carlos de Guatemala, año 1, nº 8, abril-junio 2000, pp. 10-14.

6. Languages of Class, Cambridge: Cambridge Univ. Press, 1982, pág. 74.

7. Ver este análisis con mayor detalle en Giovanni Arrighi, Terence K. Hopkins y Immanuel Wallerstein, Movimientos antisistémicos, Madrid, ed. Akal.

8. Frances Fox Piven & Richard A. Cloward concluyen su libro sobre bienestar público así: ”en ausencia de reformas económicas fundamentales, creemos que reventar los escalafones es la reforma verdaderamente relevante, que debería ser defendida y ampliada. Incluso ahora, no reciben ningun ayuda cientos y miles de familias empobrecidas con derecho a los servicios de asistencia” Regulating the Poor: The Functions of Public Welfare, Nueva York, Pantheon, 1971, pág. 348 (versión original en cursiva).

9. http://www.ezln.org/marcha/20010320.htm

©Immanuel Wallerstein 2001

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