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Holanda y el “fútbol total”: una visión estratégica que ganará el título…?

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Holanda es peor enemigo que Alemania

Los jugadores españoles destacan la verticalidad y la rapidez de ejecución de la jugada de su adversario en la final

image RAMON BESA - Potchefstroom – 10/07/2010

Nada más ser nombrado seleccionador de Holanda, en agosto de 2008, Bert Van Marwijk, proclamó: "Marco Van Basten me deja un equipo que sabe atacar muy bien, como se ha visto en la pasada Eurocopa. Mi reto es conseguir que también sepa defender y si conseguimos el equilibrio, podemos ser campeones". El anuncio del técnico holandés, especialmente conocido en el Feyenoord y en el Borussia Dortmund, provocó una cierta sorna, más que nada porque la oranje siempre penó por las concesiones en su área hasta que Holanda eliminó a Brasil de la Copa del Mundo. "Espero que a partir de ahora nos tomen en serio", respondió Van Marwijk, que ha mantenido el mismo dibujo y bloque del equipo nacido hace seis años: el 4-2-3-1. Ayer, en la sede de la concentración española, los muchachos de Vicente Del Bosque visionaron un vídeo de Holanda y llegaron a la misma conclusión: "Los holandeses serán más peligrosos que los alemanes en la semifinal. El partido pinta muy duro".

A los internacionales españoles les impresionó la verticalidad con la que juega Holanda. "Es un equipo muy directo y, sobre todo, que piensa muy rápido", argumenta Xavi. "Procesan las jugadas dos segundos antes que Alemania. "Sneijder va como un tiro, a la que te descuidas se ha puesto un pase de gol o ha engatillado un tiro difícil para el portero", reitera el medio español. "El reto es que Sneijder no tenga tiempo para pensar", añade Busquets. "A la que se da la vuelta y toma la pelota, Robben ya está corriendo hacia el área contraria", matiza Xavi. "Sneijder, Van Persie, Robben y Kuyt, los cuatro jugadores de arriba, son muy rápidos". La sorpresa para muchos es el papel de Kuyt, al que Johan Cruyff define como "el jugador que resuelve todos los problemas: aguanta el balón, asiste, marca goles y trabaja para el equipo". El viento del norte le convirtió en una fuerza de la naturaleza. "Hay que tenerle muy en cuenta", coincide Xavi con Xabi Alonso, buen conocedor de Kuyt.

Xavi aspira a convertirse en el jugador que más toques ha dado al balón en una fase final de un Mundial desde 1970. Únicamente le faltan 10. "Los retos individuales no me interesan. ¿Balón de Oro? Yo lo que quiero es que el equipo gane la Copa del Mundo. Hay que pensar en el bien común y no ser egoísta; si somos un equipo, podemos ganar a Holanda". El punto neurálgico del partido estará nuevamente en la divisoria. A España le interesa que los delanteros holandeses no reciban la pelota y forzar sobretodo llegadas al área de Stekelenburg. Holanda no tiene buenos zagueros, pero se defiende bien porque cuenta con un muro de contención en la divisoria con el doble pivote que forman Van Bommel y De Jong. "Son dos futbolistas tremendos por su despliegue físico", coinciden de nuevo Xavi y Xabi Alonso. "A Van Bommel se le conoce más porque ha jugado en grandes equipos", interviene Alonso. "Pero De Jong es terrible. Ambos son fuertes y pícaros, duros. Pegan".

El poder de intimidación de la pareja de medios holandeses dependerá parcialmente de la intervención arbitral y, sobre todo, de la manera que administre las tarjetas. Holanda comete muchas más faltas que España. También es un equipo con mayor poder ofensivo (12 goles frente a 7) y que selecciona mucho mejor los remates a portería: de los 80 tiros contabilizados, 41 han ido a portería, mientras que España ha disparado 103 veces, 40 entre los tres palos. "Hay que tener de nuevo la pelota y tocar sin parar", concluye Xavi. "La posesión volverá a ser decisiva". Los jugadores españoles entienden que los holandeses no les respetarán tanto como los alemanes.

Joachim Löw estuvo especialmente cordial con más de un futbolista español el día del partido de semifinales y hasta el calentamiento del equipo fue seguido con una especia atención por los técnicos alemanes, enamorados del juego español. Holanda ha competido con tal determinación que no está para cortesías.

A Van Marwijk se le puso en la cabeza que Holanda, finalista en 1974 y 1978, tenía que ganar la Copa del Mundo de una vez y no piensa parar (el equipo suma 14 victorias consecutivas) hasta que lo consiga por más que los genuinos defensores de la naranja mecánica consideren que jugar con un doble pivote sea una traición al juego de extremos de toda la vida. Sneijder le da la razón. No es Cruyff ni Van Basten, pero aspira a convertirse en Pelé y ganar en una temporada la Champions, la Liga, la Copa -los tres torneos con el Inter- y el Mundial con la selección, igual que O Rey en 1962. Voraz como ninguno, Sneijder pretende competir incluso con Villa por el Pichichi (5 tantos cada uno) y con Xavi por el Balón de Oro.

El milagro holandés

Un país con la extensión de Extremadura jugará mañana su tercera final, fascinante para el gran vivero futbolístico de Europa – La generación actual no seduce como otras, pero compite muy bien

JOSÉ SÁMANO - Johanesburgo – 10/07/2010

En la historia del fútbol, pocas aventuras han sido más fascinantes que la de Holanda, un país con 16 millones de habitantes y la extensión de Extremadura. Un milagro. Un país donde el fútbol era un asunto de marcianos hace medio siglo y mañana afronta su tercera final de un campeonato del mundo. No solo el Mundial está en deuda con la ilusionista Holanda, sino todo el fútbol.

A finales de los sesenta, cuando el gran Real Madrid se había quedado sin depósito, este deporte languidecía entre las trincheras dominantes del calcio y las violentas guerrillas de algunos clubes argentinos. Entonces, de la nada, en una nación donde el fútbol era inexistente, subyugado por el ciclismo y el patinaje, en las calles de Ámsterdam la pelota recobró la sonrisa, surgió de forma espontánea un fenómeno contracultural. Desde aquella época su catálogo de estrellas ha convertido a Holanda en el primer vivero de Europa, en el Brasil continental.

Todo empezó en el estadio De Meer, en Amsterdam, donde Petronella Bernarda Draaijier, la mujer encargada del servicio de limpieza de un club llamado Ajax, se empeñó en que su hijo Johan fuera alistado con 10 años en las categorías inferiores. Aquel delgaducho chiquillo, que dos años después perdió a su padre, frutero, abrió la espoleta. Cruyff, Johan, nacido en 1947, siempre fue un transgresor, nunca aceptó una orden. Ya en 1964, el propio Johan y Piet Keizer, un gran delantero del Ajax cuatro años mayor que el hijo de Petronella, se convirtieron en los primeros jugadores profesionales de Holanda. Junto a ellos, un grupo de futbolistas melenudos y de patillas infinitas acunados en los tiempos rebeldes de la beatlemanía fueron refractarios a aquel fútbol declinante que entonces imperaba. Fue la semilla de la popularizada después como naranja mecánica, en referencia de la exultante Holanda de 1974. En realidad no era tan mecánica, más bien, como alguien subrayó en la época, era la desorganización más organizada que se haya conocido. La Holanda de Cruyff, Neeskens, Rep, Krol, Haan y tantos ilustres, se convirtió en el subcampeón más seductor que se recuerde. Perdió con Alemania en Múnich, y cuatro años después caería de nuevo ante el anfitrión, Argentina, pero ya sin Johan Cruyff al frente, enfrentado con los directivos. Antes de aquella final perdida ante los germanos, el fútbol holandés ya sumaba cuatro Copas de Europa: una el Feyenoord de Israel y Van Hanegem -sus dos islotes en la selección que gobernaba con puño de hierro el Ajax- y tres el equipo de Ámsterdam, que repetiría en 1995. En 1988 también hizo bingo el PSV, que frustró al gran Real Madrid de un buitre y su quinta.

De la escuela holandesa no solo se han exportado jugadores, sino un método, un dictado que ha servido de andamiaje para algunos equipos de leyenda: el Milan de Arrigo Sacchi que abrazaban Van Basten, Rijkaard y Gullit, el Barça de ensueño de Cruyff y Ronald Koeman o la actual selección española. Esta ha metabolizado el guión holandés con el equipo azulgrana de cordón umbilical, primero en los tiempos de Van Gaal y luego en la obra perfeccionada por Rijkaard y rubricada hasta lo sublime por Pep Guardiola.

La generación actual, la que mañana se medirá a España, no es la de mayor fantasía, ni mucho menos. Es naranja, pero ya no tiene aquel encanto revolucionario de los setenta, ni la maravillosa versatilidad del equipo de los noventa que lideraba un bailarín del Bolshoi como Van Basten, ni la más tecnocrática de Kluivert, Bergkamp y Overmars. Todas ellas tuvieron algún cortocircuito, bien porque se cruzaron con equipos campeones, o bien porque alguien tiró una cerilla en su concentración. Desde los tiempos de Cruyff, no han sido pocos los conflictos internos, incluidas las sospechas entre las nomenclaturas del Ajax, el Feyenoord y el PSV. En África, la selección ha vivido en armonía. Sin el talento de sus antepasados, el grupo de Bert van Marwijk ha sabido cohesionarse. En cuanto a tensión competitiva nada tiene que envidiar a los equipos de sus conspicuos predecesores. Esta selección triunfó en sus ocho partidos de la fase de clasificación (ante Noruega, Escocia, Macedonia e Islandia) y lleva otras seis victorias en Sudáfrica. Desde el deslumbrante Brasil de 1970 ningún equipo ha encadenado racha semejante. No es la mejor Holanda, pero no es una selección cualquiera y el fútbol hace tiempo que la espera en el trono. También la espera España, a la que jamás se ha enfrentado en una Eurocopa o un Mundial. Los amistosos sí que han resultado útiles: en 1957, Di Stéfano debutó con España ante Holanda, lo mismo que Xavi y Puyol el 15 de noviembre de 2000. Cómo han cambiado las cosas desde entonces: más cautivadora esta España; más competitiva esta Holanda donde los milagros no tienen fin.

Written by Eduardo Aquevedo

9 julio, 2010 at 22:02

Holanda 2-1 Brasil: triunfo del mejor fútbol (el modelo de Bielsa)…

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El ‘dunguismo’ acaba con Brasil

Destruido el mecano defensivo, la incapacidad de su seleccionador despeña a la ‘canarinha’ ante una Holanda que no cautiva, pero sabe aprovechar los errores del adversario

JOSÉ SÁMANO - Puerto Elizabeth – 02/07/2010/El País.com

El héroe holandés

Hace 16 años, en el fútbol brasileño se incubó un virus. La canarinha llevaba sin ganar el Mundial desde México 1970 y Carlos Alberto Parreira, el seleccionador de entonces, decidió la mutación. Brasil se europeizó y salió triunfador en 1994, con Carlos Dunga, un futbolista recio, bronco y sin luces en los pies, como máximo exponente del trueque. La cepa se extendió y, con Dunga ya como técnico, Brasil se sintió inmune al fracaso. Hacia el trono por la vía industrial, sin concesiones al arte que había divinizado a Leónidas, Pelé, Garrincha, Jairzinho, Rivelinho… Incluso a Zico, Falção y Cerezo, que nunca fueron campeones del mundo, pero están grapados en la retina de todos los nostálgicos.

Ahora, este Brasil de brocha larga también fue repatriado antes de tiempo, como el equipo de 1982. A diferencia de aquel, de este apenas habrá eco. Si acaso se hablará del dunguismo, salvo que en Brasil se encuentre antídoto. Tampoco Holanda, su verdugo, cautiva como antes, pero el fútbol siempre ha estado en deuda con los naranjas. En Puerto Elizabeth se cobró parte de ella y ni siquiera necesitó una de sus grandes generaciones. En esta Holanda no hay cordón umbilical con los viveros del Ajax de Michels y Cruyff, ni con el de Van Gaal y Kluivert y aún menos con el del Milan de Van Basten y Gullit. A esta Holanda algo desteñida le bastaron dos jugadas algo azarosas para desterrar al pentacampeón, lo que retrata más a los de Dunga, que, con todo a favor, se contuvieron a la espera de cualquier ocurrencia propia. O, mejor, a la espera de que el rival no tuviera ninguna. Si el fútbol se deja en manos de los bingueros, todo es posible.

Resultó caricaturesco que Brasil se despeñara por dos graves errores defensivos, supuestamente el cum laude de Dunga. En el primero, tras un centro de Sneijder desde un costado, Julio César y Melo se estamparon y la coronilla de este pasará a la historia. En 97 partidos en los Mundiales nunca un brasileño se había autogoleado. Es lo que tiene tanta montonera en la defensa propia. El segundo también fue significativo. Robben lanzó un córner y hubo dos peinadas. La de Kuyt y la decisiva del más bajito sobre el césped, Sneijder, anclado en el área pequeña de Julio César. Es lo que tiene defenderse en un bosque con tanto defensa propio. Para colmo, Melo, uno de esos dunguistas que su técnico alinea con fórceps, se procuró otro titular en el anecdotario de la Copa. Desde ayer es el primer jugador en 80 años de torneo que se marca un gol y es expulsado.

Antes de que Holanda remara, Brasil tuvo el partido a su antojo. Un gol de Robinho, propiciado no solo por un buen pase del ubicuo Melo, sino también por la falta de aplicación de los centrales holandeses, le abrió las puertas de las semifinales. Prueba del disloque defensivo de la selección de Van Marwijk ?Ooijer se alistó a última hora por lesión de Mathijsen en el calentamiento? es que al cierre de Robinho por el callejón central llegó Robben. Holanda estaba gripada, con la peor versión de Van Persie, con Robben ofuscado con Robben y Sneijder fuera de plano. Pero a Brasil le gusta jugar con el candado, siempre con cinco escoltas ante Julio César. Como mínimo, si Maicon esprinta, con tres de los cuatro defensas y los matracas (Melo y Silva). En los mejores momentos de los brasileños, Kaká, primero, y Maicon, luego, estuvieron a punto del gol. Brasil no es corista. No hay acordeón: los de arriba se buscan la vida entre ellos para que no se destape Julio César.

Nada cambió en Holanda en el segundo acto, igual de poco fluida, salvo dos goles circunstanciales. Robben, a base de faltas que lo eran y otras que no, sacó de quicio a más de un brasileño. Dunga, doctorado en los juegos subterráneos, retiró a Bastos, marcador del extremo del Bayern y que ya tenía una tarjeta, pero sostuvo a su titán Melo, tan proclive a los cortocircuitos. A un gol del empate y con más de 20 minutos por delante, el jugador del Juventus pisoteó a Robben en el suelo. Lo vio Nishimura, el árbitro, y ante Brasil apareció un himalaya. Con la diana de Sneijder, Dunga bien podría haber retirado a uno de los dos medios defensivos. No lo hizo. Todo riesgo le paraliza. Expulsado Melo, pudo haber retirado a un defensa y acabar a pecho descubierto. No lo hizo. Al contrario, retiró a un goleador, Luis Fabiano. Derribado el mecano defensivo, no había otro manual y a Dunga siempre le costó improvisar en el campo y fuera de él. Con Brasil al borde del precipicio, tampoco agotó el tercer cambio. Ni siquiera ordenó a Lucio o Juan, sus poderosos centrales, que hicieran de arietes postizos. Brasil estaba paralizada por el dunguismo.

Huntelaar, torpe, muy torpe, incapaz de resolver dos jugadas de ariete parvulario, alargó la angustia de Holanda. Al final, más serpentinas para Sneijder y Robben, finalistas de la Liga de Campeones, a una estación de la última cita del Mundial. Y Kaká, de nuevo frustrado. Como Cristiano Ronaldo. El fútbol no es bursátil. Prevalecen otros valores. Algunos encuentran atajos de vuelta en el exilio. Otros, como Dunga, se empeñan en capar la escuela más artística que haya existido.

HOLANDA: Superman Sneijder

El medio de Holanda elimina a Brasil, descompensada por la infantil expulsión de Melo y un fallo clamoroso de Julio César

JORDI QUIXANO 02/07/2010/ El País.com

imageSneijder vale un imperio. Holanda, país exquisito en el mundo del fútbol porque siempre destacó por su juego atildado pero por su poca eficacia, se ha ganado el respeto en Sudáfrica. La selección ‘oranje’ doblegó a la ciclotímica Brasil con el toque, con la precisión en las mezclas y con un descaro que desacreditó a quienes le presuponían un tono competitivo irrelevante. Sneijder solventó los apuros con dos goles e iluminó a Holanda al tiempo que descabalgó a Brasil, selección que contempla como fracaso todo lo que no es laurearse en el torneo.

Arrebatadora, con combinaciones en las posiciones concluyentes, incluso con adornos de tacón, bicicletas y caños, Brasil se presentó al encuentro como un equipo sin fisuras. Aseado en defensa; demoledor en ataque. Holanda pareció por momentos un rival de papel mojado, empequeñecido por la voracidad y la circulación del cuero del adversario. Robinho era ese futbolista desequilibrante del Santos que enamoró al mundo; Kaká atendía con igual eficacia al juego por los pasillos interiores como las cabalgas de Maicon por la derecha; y Luis Fabiano afilaba el gol con unos desmarques estupendos, con unos arrastres que generaban espacios tan generosos como definitivos. Así, Felipe Melo recibió en su campo, avanzó unos metros y vio las diagonales del frente de ataque. Luis Fabiano a la banda para descuajaringar a los centrales y Robinho al centro para recibir el balón. De primeras, hábil para pillar en tierra de nadie al portero, engatilló el menudo brasileño para adelantar a Brasil. Parecía que había vuelto el ‘jogo bonito’. Fue una ilusión de 45 minutos, lo que tardó Sneijder en reactivarse.

Juega Holanda sin un delantero centro porque el técnico Van Marwijk entiende que su selección hace daño con las llegadas desde la segunda línea. No le importa carecer de un ariete que no fije a los centrales porque prefiere las embestidas de Robben, Kuyt, Van Persie y Sneijder. Y funciona de rechupete porque la ‘oranje’ ha descontado a todos los rivales (Dinamarca, Japón, Camerún, Eslovaquia y Brasil) con victorias. Ayer, una vez más, Sneijder, que este año ha ganado la Champions, la Serie A y la Coppa, presentó su candidatura para discutirle el Balón de Oro a Messi. Así, recortó en el vértice del área, cargo la pierna izquierda y soltó un centro envenenado que se enfilaba a la portería. Julio César, quizá el mejor portero del mundo, salió a por uvas porque midió mal el salto y chocó con Melo, que acarició con la cresta la pelota para meterla dentro de su portería. No sería la única pifia de Melo.

El centrocampista, máxima expresión de Dunga, calco del entrenador en sus tiempos mozos, es un futbolista que da más patadas que pases, que se dedica a destruir el juego antes que ejercer de arquitecto. Y pierde la cabeza con frecuencia. Se midió con Robben, perdió la partida tras endosarle dos patadas y, no contento, le clavó los tacos cuando la pelota ya no estaba en juego. Expulsión más que merecida y condenación para Brasil. Sobre todo porque Sneijder la había liado de nuevo. Robben lanzó un saque de esquina, Kuyt la peinó en el primer palo y Sneijder remató a gol de cabeza. Dos goles, una sentencia.

Sin más respuesta, Brasil se perdió en el campo dando tumbos, entradas a destiempo y provocando rifirrafes que solo le perjudicaban. La réplica la dio Holanda, que siguió con su juego de toque, con el ataque por bandera, como si dijera al mundo que es una selección de fútbol plástico, que todas las críticas a su resultadismo se desvanecían en los momentos claves y ante la selección favorita. Sneijder, mientras tanto, sonreía por el campo. Se creía Superman. Con razón.

"El fútbol que soñamos no existe"

Tostão se une a Cruyff en la crítica a la falta de fantasía del juego de Brasil

CAYETANO ROS - Puerto Elisabeth – 02/07/2010

image Los brasileños se debaten entre su amor por el espectáculo y su devoción por la victoria, como si una cosa estuviera reñida con la otra. Así lo creen después de la experiencia fallida de Alemania 2006, cuando Carlos Parreira juntó a Ronaldo, Adriano, Ronaldinho y Kaká, y Brasil cayó ante Francia en cuartos de final, víctima, según la torcida, de los excesos juerguistas de los tres primeros. Se impuso la ley del péndulo y el siguiente seleccionador, Carlos Dunga, fue el más austero de todos, tanto en las costumbres como en los planteamientos y en la elección de jugadores. Hasta el punto de que hoy se mide a Holanda y Johan Cruyff le envió una crítica muy ácida. "No pagaría una entrada por ver a Brasil", dijo en el Daily Mirror. "Muchos brasileños compartimos la teoría de Cruyff", abundó Tostão, uno de los cinco media puntas del mítico Brasil de México 70, junto a Pelé, Jairzinho, Gerson y Rivelino. "El fútbol de fantasía que soñamos no existe", sentenció.

Pero Dunga ni se inmutó cuando le pidieron que defendiera su ideario ante el ataque de Cruyff. "Él no paga porque le da las entradas la FIFA. Yo sí pagaría por ver cualquier partido del Mundial. Todas las opiniones son respetables", comentó. Y la de Cruyff remite a aquellos medios brasileños que le provocaron emociones fuertes. "Gerson, Tostão, Sócrates, Falcao, Zico… Ahora veo a Gilberto, Melo, Bastos y Baptista", dijo con menosprecio. "Puedo entender que se lleve a algunos de estos, pero hace falta un organizador y chicos más habilidosos. Es una vergüenza para el torneo. Los aficionados siempre esperan al jugador brasileño y su fantasía, pero ahora no existe".

¿No existe o Dunga no quiere verla? En casa se han quedado Ganso, Ronaldinho, Diego, Hernanes, Neymar y Pato, adorados por la torcida, resignada ante la criba del preparador. Tostão ofrece un repaso sobre cada uno de ellos: "Ronaldinho es tan brillante que, al 40%, es mejor que todos los demás. Merecería estar aun sin ser titular. Ganso es muy joven: solo lleva jugando bien hace unos meses; lo mismo que Neymar; Hernanes tiene altos y bajos y a Dunga solo le gustan jugadores regulares los 90 minutos, un pensamiento mediocre; y Pato no está bien".

Al seleccionador de Rio Grande do Sul, de 46 años, le avalan los éxitos en la Copa de América (2007) y la Copa Confederaciones (2009), además de la clasificación para Sudáfrica y un Mundial hasta ahora sencillo, con tres triunfos y un empate, ocho goles a favor y dos en contra. Sus números confirman la tesis de Cruyff y Tostão: la canarinha no brilla en ataque como solía. Ha quedado rezagada, a rueda de España, por ejemplo en la posesión del balón o en los remates a portería. Y entre los cinco pistoleros del torneo, Messi, Gyan (ambos con 23 tiros), Villa (19), Podolski (16) y Sneijder (15), no figura ningún brasileño. Robinho, con 10, está lejos. Eso sí, Kaká es el líder de las asistencias de gol, empatado con Thomas Müller, con tres cada uno.

"El fútbol cambió hace mucho", reflexiona Tostão. "Los brasileños juegan fuera y asimilaron otra forma de jugar. Ya no son diferentes. Cruyff tampoco debería pagar por ver a otras muchas selecciones. Por la única que pagaría yo es por España, que es el Brasil de otras épocas. Una final España-Brasil sería muy interesante: un choque de estilos".

A Dunga, ex jugador de poco talento y mucha brega, le gusta el doble pivote defensivo, Gilberto y Melo. La mejor canarinha, sin embargo, se vio en el 3-0 a Chile, en octavos de final, cuando, obligado por la lesión de Melo, Dunga aligeró la medular con un solo medio centro, dos interiores, un enganche, y dos puntas. Sancionado Ramires y recuperado Melo, Dunga volverá hoy al doble pivote con el que se estrelló ante Portugal (0-0). Cruyff y Tostão no piensan pagar para verlo.

Written by Eduardo Aquevedo

2 julio, 2010 at 12:52

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