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Educación en el mundo (2012): nuevos datos (TIMSS) evidencian nuevamente precariedades de Chile y A. Latina…

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Un estudio del grupo Pearson, considerando varias pruebas internacionales relevantes, situa la calidad de los sistemas educativos a escala internacional. Finlandia, Corea, China, Singapur, ademas de algunos países de la OCDE mantienen y consolidan su liderazgo. España, por debajo del promedio de la UE y de la OCDE. América Latina, peor aún, muestra un enorme rezago. Los datos indican que la calidad de los sistemas educacionales no sólo dependen de la magnitud del gasto público o privado, o incluso de la indispensable intervención del Estado, sino de una cierta cultura nacional en materia educacional. Esto queda en evidencia brutal tanto observando las experiencias más exitosas como las más precarias.

Los resultados del último TIMSS (equivalente a las pruebas PISA), que se pública en la segunda parte de este dossier, reflejan muy claramente estas tendencias, especialmente en el caso de Chile y demás países latinoamericanos incluídos.

 

España, a la cola en el panorama educativo internacional en un nuevo informe

ABC

Una vez más, otro estudio internacional pone a España en el peor lugar en el panorama educativo internacional. Se trata de un trabajo publicado por el grupo Pearson, una compañía puntera en contenidos educativos. El informe se llama The Learning Curve (La curva de aprendizaje), y ha sido elaborado «para identificar los factores clave que impulsan la mejora de los resultados educativos». Según John Fallon, consejero delegado de Pearson, «tenemos que abrir la caja negra de los datos educativos y comprender lo que verdaderamente impulsa los resultados del aprendizaje, con el fin de ayudar a los profesores y a los responsables de políticas educativas a basar su trabajo en datos reales».

El trabajo ha sido realizado por The Economist Intelligence Unit y utiliza datos de las evaluaciones internacionales OCDE-PISA, TIMSS y PIRLS, así como datos sobre alfabetización y tasas de graduación escolares y universitarias. Finlandia y Corea del Sur encabezan la lista según el nuevo índice. Hong Kong, Japón y Singapur, que siempre logran resultados altos, les siguen de cerca. De los cuarenta países con datos suficientes para su inclusión, las economías emergentes de México, Brasil e Indonesia son las que ocupan los puestos inferiores de la tabla.

Finlandia y Corea del Sur emergen como las claras «superpotencias educativas». Según el estudio, «en algunos aspectos es difícil imaginar dos sistemas más dispares. Con frecuencia se define al surcoreano como un marco rígido basado en exámenes en el que los estudiantes deben dedicar un tiempo extraordinario al trabajo; mientras que el finlandés es mucho más relajado y flexible». Sin embargo, un análisis más detallado muestra que «ambos países cuentan con un profesorado de alta calidad, valoran la responsabilidad y tienen una misión moral que sustenta los esfuerzos educativos».

Los países líderes de la categoría de habilidades cognitivas, que comprende las pruebas internacionales (PISA, TIMSS y PIRLS) de Matemáticas, Lectura y Ciencias que los estudiantes realizan en 4.º de Primaria y 2.º de la ESO, no son una sorpresa. Los cinco primeros –Finlandia, Singapur, Hong Kong, Corea del Sur y Japón– obtienen una puntuación muy por encima de la media.

En la categoría de logros educativos, que se basa en índices de alfabetización y tasas de graduación, la clasificación es diferente. Aquí, Corea del Sur va a la cabeza, seguida del Reino Unido y después Finlandia, Polonia e Irlanda.

Otros resultados importantes:

-Los ingresos importan, pero la cultura más. «Aunque no hay duda de que la inversión en educación proporciona beneficios, a la hora de conseguir resultados educativos superiores, el enfoque cultural y las perspectivas profesionales tienen la misma importancia que los ingresos, si no más».

-Los buenos profesores son esenciales y han de ser respetados. «No hay nada que sustituya a un buen profesor. Su impacto va más allá de los resultados educativos y se puede vincular a factores sociales positivos, como la disminución de la tasa de embarazosadolescentes y mayor preocupación por el ahorro para la jubilación. La formación de mejores profesionales de la enseñanza depende de más factores que una buena remuneración. Los países con los mejores resultados atraen a los mejores talentos, se preocupan por la formación continua del profesorado y también le permiten mayor libertad.

Fallon afirma: «La educación impulsa el éxito a nivel individual y nacional. Sin embargo, en lo que respecta a mejorar la educación, con demasiada frecuencia aquellos que tienen el poder de cambiar las cosas trabajan en la oscuridad. The Learning Curve trata de arrojar luz sobre la comprensión de lo que verdaderamente funciona y las razones de que esto sea así».

Michael Barber, asesor jefe para educación de Pearson, afirma: «The Learning Curve permitirá un análisis mucho más sofisticado de lo que funciona en materia de educación. Muestra que no hay recetas mágicas. Para mejorar, es necesaria una atención coherente y a largo plazo centrada en el sistema educativo».

Tabla general de clasificación de los países

PAÍS PUNTUACIÓN PUESTO

FINLANDIA 1,26 1

COREA DEL SUR 1,23 2

HONG KONG-CHINA 0,90 3

JAPÓN 0,89 4

SINGAPUR 0,84 5

REINO UNIDO 0,60 6

PAÍSES BAJOS 0,59 7

NUEVA ZELANDA 0,56 8

SUIZA 0,55 9

CANADÁ 0,54 10

IRLANDA 0,53 11

DINAMARCA 0,50 12

AUSTRALIA 0,46 13

POLONIA 0,43 14

ALEMANIA 0,41 15

BÉLGICA 0,35 16

ESTADOS UNIDOS 0,35 17

HUNGRÍA 0,33 18

ESLOVAQUIA 0,32 19

RUSIA 0,26 20

SUECIA 0,24 21

REPÚBLICA CHECA 0,20 22

AUSTRIA 0,15 23

ITALIA 0,14 24

FRANCIA 0,13 25

NORUEGA 0,11 26

PORTUGAL 0,01 27

ESPAÑA -0,08 28

ISRAEL -0,15 29

BULGARIA -0,23 30

GRECIA -0,31 31

RUMANÍA -0,60 32

CHILE -0,66 33

TURQUÍA -1,24 34

ARGENTINA -1,41 35

COLOMBIA -1,46 36

TAILANDIA -1,46 37

MÉXICO -1,60 38

BRASIL -1,65 39

INDONESIA -2,03 40

 

PRUEBA TIMSS DE CIENCIAS Y MATEMATICAS: quienes son los mejores y los peores?  Chile, América Latina, OCDE y el mundo

Las pruebas TIMSS de Ciencias y Matemáticas reflejaron el destacado avance que tuvo Chile entre 2003 y 2011, sin embargo, reflejó que el país aún sigue por debajo del promedio, establecido en 500.

En la prueba de matemáticas, Chile obtuvo unpromedio de 416, siendo superado por Túnez (425), República de Macedonia (426) y Tailandia (427). El país, en tanto, se sitúa por sobre Irán (415), Qatar (410) y Bahréin (409).

Los países que lideran la prueba de matemáticas son Corea (613), Singapur (611) y China (609).

En CienciasChile logró 461 puntos que no le alcanzaron para superar a Emiratos Arabes (465), Rumania (465) e Irán (474).

Sin embargo, este puntaje permitió al país superar a Bahréin (452), Tailandia (451) y Jordania (449).

En Ciencias lideran Singapur (590), China (564) y Corea (560) nuevamente lideran.

La prueba se realiza cada cuatro años en 53 países a estudiantes de cuarto y octavo básico y en la última medición los alumnos chilenos mostraron un gran avance en la prueba de Ciencias de octavo básico, subiendo 49 puntos respecto a su participación en 2003.

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Escrito por Eduardo Aquevedo

13 diciembre, 2012 a 1:07

I. Wallerstein: La educación superior bajo ataque…

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Immanuel Wallerstein
La Jornada
Durante mucho tiempo hubo sólo unas cuantas universidades en el mundo. El cuerpo estudiantil total en estas instituciones era muy reducido. Este pequeño grupo de estudiantes provenía en gran medida de las clases altas. Asistir a la universidad confería gran prestigio y reflejaba un gran privilegio.
El panorama comenzó a cambiar radicalmente después de 1945. El número de universidades comenzó a expandirse considerablemente, y el porcentaje de personas en el rango de edad que asistía a las universidades comenzó a crecer. Es más, esto no fue meramente una expansión en aquellos países que ya tenían universidades notables. En un gran número de países que no habían tenido instituciones o no tenían ninguna antes de 1945 se impulsó la educación universitaria. La educación superior se hizo mundial.

La presión para expandirse vino de arriba y de abajo. Desde arriba, los gobiernos sintieron una importante necesidad de contar con graduados universitarios que garantizaran su posibilidad de competir en las tecnologías más complejas requeridas en la explosiva expansión de la economía-mundo. Y desde abajo, grandes cantidades de los estratos medios y aun de los estratos más bajos de las poblaciones del mundo insistieron en que debían tener acceso a la educación superior para mejorar considerablemente sus perspectivas económicas y sociales.

La expansión de las universidades, que fue notable en tamaño, fue posible por la enorme expansión ascendente de la economía-mundo después de 1945, la más grande en la historia del moderno sistema-mundo. Hubo mucho dinero disponible para las universidades y estaban felices de poder utilizarlo.

Por supuesto, esto cambió en alguna medida los sistemas universitarios. Las universidades individuales se hicieron más grandes y comenzaron a perder la cualidad de intimidad que proporcionaban las estructuras más pequeñas. La composición de clase del cuerpo estudiantil, y luego la del profesorado, evolucionó. En muchos países la expansión no sólo significó una reducción en el monopolio de personas de los niveles más altos, como estudiantes, profesores y administradores, sino que con frecuencia significó que los grupos minoritarios y las mujeres comenzaran a tener un acceso más vasto, que antes se les había negado total o, por lo menos, parcialmente.

Este retrato rosa comenzó a tener dificultades alrededor de la década de 1970. Por un lado, la economía-mundo entró en un prolongado estancamiento. Y poco a poco, la cantidad de dinero que recibían las universidades, en gran proporción de los estados, comenzó a disminuir. Al mismo tiempo, los costos de la educación universitaria comenzaron a crecer, y las presiones de abajo para que la expansión fuera continua crecieron con mayor fuerza aún. Desde entonces la historia es la de dos curvas que van en direcciones opuestas –menos dinero y mayores gastos.

Para el momento en que arribamos al siglo 21, esta situación se tornó dificultosa. ¿Cómo se las arreglaban las universidades? Una forma importante fue lo que ha llegado a llamarse privatización. Casi todas las universidades anteriores a 1945, e incluso antes de 1970, eran instituciones del Estado. La única excepción significativa era Estados Unidos, que contaba con un gran número de instituciones no estatales, la mayoría de las cuales evolucionaron a partir de instituciones de base religiosa. Pero aun en estas instituciones privadas estadunidenses, las universidades se manejaban con estructuras no lucrativas.

Lo que la privatización comenzó a significar por todo el mundo fueron varias cosas: una, comenzó a haber instituciones de educación superior que se establecieron como negocios con fines de lucro; dos, las instituciones públicas comenzaron a buscar y a obtener dinero de donantes corporativos, que comenzaron a entrometerse en la gobernanza interna de las universidades; y tres, las universidades comenzaron a buscar patentes para los trabajos en que los investigadores de la universidad habían descubierto o inventado algo, y como tal entraron a ser operadores en la economía, es decir, se volvieron parte del negocio.

En una situación en que el dinero era escaso, o al menos parecía escaso, las universidades comenzaron a transformarse a sí mismas en instituciones parecidas a negocios. Esto puede entenderse en dos formas importantes: los más altos puestos administrativos en las universidades y sus facultades, que tradicionalmente ocupaban los académicos, comenzaron a ser ocupados por personas cuya formación era la administración y no la vida universitaria y aunque ellos conseguían el dinero, también comenzaron a fijar los criterios para asignarlo.

Comenzó a haber evaluaciones de universidades completas y de departamentos dentro de las universidades en términos de sus productos, en relación con el dinero invertido. Esto podía medirse en cuántos estudiantes deseaban emprender estudios particulares, o en qué tan reconocida era la producción de investigación de ciertas universidades o departamentos. La vida intelectual comenzó a ser juzgada con criterios seudomercantiles. Aun el reclutamiento de los estudiantes se midió en términos de cuánto dinero entraba mediante los métodos alternos de reclutamiento.

Por si esto fuera poco, las universidades comenzaron a sufrir los ataques de una corriente de extrema derecha antintelectual que veía las universidades como instituciones laicas y anti-religiosas. La universidad como institución crítica –crítica de los grupos dominantes y de las ideologías dominantes– siempre ha enfrentado la renuencia y la represión de los estados y las elites. Pero sus poderes de supervivencia siempre estuvieron basados en su relativa autonomía financiera basada en el costo real de operación. Esto era la universidad de ayer, no la de hoy ni la de mañana.

Uno puede describir esto simplemente como otro ejemplo más del caos global en el que estamos viviendo. Excepto que se suponía que las universidades jugaran el papel de ser un locus importante (por supuesto no el único) de análisis de las realidades de nuestro sistema-mundo. Son estos análisis los que pueden hacer posible navegar en la caótica transición hacia un nuevo orden mundial, que esperamos sea mejor. Al momento, los disturbios al interior parecen no ser más fáciles de resolver que los disturbios en la economía-mundo. Y se le presta mucho menos atención.

Fuente: www.jornada.unam.mx/2012/03/10/index.php?section=opinion&article=022a1mun

Traducción: Ramón Vera Herrera

Lugar y rol de la ciencia social (en América Latina)…

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DEBATE SOBRE POLITICA CIENTIFICA E INVESTIGACION EN LAS UNIVERSIDADES

El crecimiento de la investigación en ciencias sociales plantea la necesidad de evaluar una estrategia de desarrollo que contemple su rol en el sistema científico. El Instituto Gino Germani (UBA) organizó un debate y aquí se presentan las principales exposiciones.

Por Andrés Carrasco *

El desafío de lo global

Varsavsky, en 1969, definió la necesidad de politizar la ciencia como la intersección entre conocimiento, sociedad y soberanía para un modelo nacional. Hoy esa discusión sigue vigente, mostrando que no hemos avanzado sino retrocedido. La ciencia sigue siendo cientificista, atemporal y atada al positivismo. La idea de neutralidad no ha variado y es usada para legitimar la subordinación a los intereses del mercado, que provee su sentido productivista, y el retroceso del Estado, que privatiza la política científica.

La integración subordinada del desarrollo científico se encuentra hoy con un elemento que no tenía peso en los ’70. La aparición de la globalización del poder, la rendición de la soberanía, la ausencia de un arbitraje del Estado desligado de la ideología de mercado, transfirió el control a las corporaciones y convirtió al conocimiento en mercancía de los complejos industriales-financieros globales. Al mismo tiempo que la sociedad de mercado y su principal aliada, la sociedad del conocimiento, milagrosa y salvacionista, avanzan sobre el control de las instituciones productoras de conocimiento, desestructuran al sujeto crítico, suprimiendo toda valoración filosófica e ideológica que pudiere desafiar la celebración de la razón técnica.

El conocimiento científico debería ser parte de una construcción que permita el uso de recursos adecuados para sostener un crecimiento cero que modere el consumo a las posibilidades del planeta y permita su sustentabilidad. La globalización exige transferir la decisión integral de modos y razones de explotación de los bienes comunes a manos privadas, apropiándose de la decisión política. La producción de alimentos con medios e instrumentos tecnológicos de un puñado de corporaciones hace imposible pensar que el mundo resuelva el hambre del planeta, sino más bien formas de control del mercado que destruyen la “soberanía alimentaria” instalando un control social que conduce el diseño de un mundo cada vez más injusto. Y las legislaciones que regulan el patentamiento de moléculas y organismos vivos pasan a ser parte de la legitimación de ese control social necesario para el capitalismo. Si la tecnología puede sostener esta impúdica apropiación de la naturaleza para el control de la sociedad humana, no habrá necesidad de ejércitos para mantener la colonialidad. La “industrialización civilizatoria” estará diseñada para aquellos que tengan pasaje en el arca de Noé del día después. El resto, los otros, serán prescindibles.

Nuestro país tiene la oportunidad de crear o imitar. Podemos reeditar la versión neoliberal disfrazada de neodesarrollismo, pero igual de dependiente, o desarrollar un auténtico modelo soberano, al margen de la globalización. El Conicet, INTA, Conea, etc., pueden desplegar políticas que tiendan a desarrollar técnica que genere saberes propios ante las necesidades del pueblo, una elección soberana, o pueden servir a intereses dependientes implantados por concentrados corporativos.

La adopción de tecnologías es tan poderosa y poco inocente como la espada colonial. Con ella se condicionan modos de producción y usos de recursos naturales. Para ello la tecnología es diseñada a medida de las formas productivas hegemónicas de las corporaciones. Los desarrollos científicos y tecnológicos, los mecanismos de financiamiento y la privatización de la decisión política, así como los relatos que se estructuran alrededor de la “sociedad del conocimiento”, resignifican sistemas e instituciones públicas para generar conocimiento-mercancía. El conocimiento entonces pasa a ser no sólo propiedad del demandante, sino el instrumento que permite subordinar modos y estrategias para satisfacer el consumo de las sociedades centrales sin detenerse en los cambios, exclusiones, saqueos que generan a su alrededor.

* Director del Laboratorio de Embriología Molecular (UBA) y ex presidente del Conicet.

Un campo desjerarquizado

Por Silvia Guemureman *

Cada vez que reflexionamos sobre el lugar de las ciencias sociales en la política y la producción científica constatamos la misma referencia inobjetable: aún están desjerarquizadas respecto a las biomédicas y las duras. Un indicador elocuente es la facultad de rectificación con que se bendice a las dos últimas, pero se condena en las primeras. Que las ciencias duras y sobre todo las biomédicas hayan trabajado por siglos con hipótesis equivocadas, y promovido con valor axiomático certezas que luego cayeron en el desván del desprestigio, no es sino indicador de progreso y avance científico. Lo interesante es que estos “cambios” en el sentido y la dirección de las prescripciones son asimilados a nuevos descubrimientos y estadios científicos superiores. Esta facultad de rectificación les está vedada a las ciencias sociales: cuando volvemos atrás con una argumentación, eso no constituye “sino la mejor demostración de que antes no habíamos sido lo suficientemente rigurosos” y “esto habla a las claras de la poca seriedad del conocimiento producido por metodologías no-científicas”, o sea, no nos cabe el mote de personas que trabajan por el avance de la ciencia y con humildad rectifican caminos erróneos, sino que los nuevos descubrimientos en forma tautológica confirman que los viejos no eran verdaderos, y por ende, ¿por qué darles crédito a los nuevos?

Si bien es cierto que las ciencias sociales vienen ganando terreno en los organismos de ciencia y las universidades nacionales, también es cierto que la mayor participación alcanza sólo a los instrumentos de promoción más básicos (becas de formación científica y subsidios a la investigación con instrumentos poco complejos); las ciencias sociales aún no aplican a instrumentos científicos complejos y mucho mejor financiados. En las ciencias sociales es harto difícil cuantificar “beneficios” productivos. Pero acaso ¿sirven los parámetros de contabilidad para medir calidad? Y esto nos lleva al tema de la evaluación. ¿Es posible en contextos complejos de evaluaciones permanentes tener parámetros eficientes que no se anclen en la contabilidad ejecutiva y mecánica, despojada de lectura y reflexión sobre los contenidos?

Producimos muchas veces en forma compulsiva para completar los múltiples casilleros de los formularios de evaluación, pero ¿cuántas veces esperamos a que nuestros resultados estén maduros para la discusión? Debate, intercambio: ¿qué es eso? Si pocos leen, si incluso los espacios concebidos para el intercambio son, en realidad, desfiles de monólogos donde cada uno, a su turno, expone casi en forma autista. En eso se han convertido los congresos.

La lógica del mercado también atravesó la producción científica: hay mucho para consumir, dificultad para establecer diferencias, mucho marketing que inclina las balanzas en formas falaces. Esos problemas son, seguramente con matices, comunes a todas las disciplinas. Lo preocupante es que los cientistas sociales hemos internalizado tan bien aquello de que para ser científicos de pura cepa teníamos que ser como “ellos”, los duros, que en ese tren copiamos también vicios y deformaciones. Evaluaciones y publicaciones son ejemplos elocuentes. Esta dificultad se reproduce y realimenta con las posiciones objetivas que ocupan los cientistas sociales en las estructuras científicas, y valga como referencia otro observable inobjetable: la mayoría de los secretarios de Ciencia y Técnica en las universidades nacionales proceden de las ciencias duras o biomédicas.

Para avanzar en un cambio, es necesario que haya más debate y más participación de los cientistas sociales, así sea echando mano al recurso de fijar pisos de participación, cuando no de avanzar en la confección de agendas específicas, con problemáticas inherentes a las ciencias sociales.

* Investigadora del Instituto Gino Germani, coordinadora del Piumas UBA.

Más expansión y democracia

Por Dora Barrancos *

Un sistema científico que se precie debe estar regido por el principio de la expansión, hasta con desperdicio, tal como lo han hecho países que han realizado transformaciones decisivas, como Brasil. Pero ese principio suele no ser muy compartido por los propios agentes científicos, que a menudo son muy temerosos de los cambios.

En primer lugar, es necesario reconocer el aumento notable del número de becas que ha permitido una formación frondosa, pero también más rica en calidad. El mayor número de beneficiarios/as de becas del Conicet ha mejorado la calidad de la producción. La política que ha llevado al aumento geométrico de becarios y becarias ha sido solidaria, claro está, con la implantación de estudios de posgrados en universidades. Hace una década era absolutamente menguada la oferta de posgrados en ciencias sociales y hoy nos enfrentamos a un crecimiento exponencial que, desde luego, plantea serias reflexiones acerca del número de egresados que no tendrán ingreso al Conicet y que debe ser sobre todo objeto de un acuerdo entre las universidades y los organismos gubernamentales.

Hace una década, las políticas restrictivas de admisión en la Carrera del Investigador Científico (CIC) habían llevado al grave envejecimiento de la planta y no escapaba aún a los espíritus más retardatarios que se enfrentarían problemas de todo orden de mantenerse esa situación. Fue una decisión política fundamental el incremento del ingreso de científicos en un proceso que también permitió una mejor representación de nuestras ciencias. Durante los últimos años, la capacidad de ingreso al Conicet significó que los/las postulantes positivamente evaluados pudieran hacerlo. Hoy nos enfrentamos a una severa circunstancia y es que, por primera vez en estos años expansivos, el número de quienes se encuentran en condiciones de ingresar a la CIC supera las vacantes disponibles. En efecto, la captación ha estado en torno de 500 nuevos investigadores en los años recientes y en el último concurso hubo cerca de 200 candidatos/as que no pudieron ser incorporados no obstante su buena calificación. Es necesario señalar que no ha disminuido el número de vacantes, que se han mantenido las proporciones distributivas entre las diferentes áreas del conocimiento, y la que corresponde a nuestras disciplinas sociales y humanas se mantiene en torno del 30 por ciento. Pero es urgente reconocer que necesitamos ampliar la disponibilidad de vacantes en al menos un 25 por ciento, ya que no podemos limitar y menos mutilar el desarrollo del conocimiento, fiel al principio de la inexorable expansividad del sistema científico.

Forma parte vertebral de las políticas científicas, si es que hemos de mirar hacia adelante, garantizar la democratización y la equidad, la igualdad de oportunidades en orden a muy diversas dimensiones. Con relación a la perspectiva de género hemos dispuesto que se contemple la maternidad (incluida la adoptiva) como atributo para aplazar por un año la presentación de los informes obligatorios, y hemos comenzado la discusión en materia de plasticidad para las edades límite del sistema de becas cuando se trata de mujeres con hijos. Otro aspecto que concierne a la equidad es mejorar las posibilidades de quienes aplican en áreas de vacancia, sean estas consideradas en orden a espacios geográficos o a problemas del conocimiento. Hay profundas diferencias regionales que deben ser atendidas si es que deseamos una sociedad más integrada y unas ciencias más democráticas.

* Profesora consulta (Sociales-UBA), directora del Conicet por las Ciencias Sociales y Humanas.

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Escrito por Eduardo Aquevedo

22 abril, 2011 a 13:43

Limites y posibilidades de Internet y las redes sociales…

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La revolución no será twitteada

En El engaño de la red. El lado oscuro de la libertad en Internet, el periodista e investigador Evgeny Morozov sostiene que las redes sociales no sirven para luchar contra el poder. Al contrario, alega que Internet es un arma de doble filo, usada hábilmente por los regímenes autocráticos. Sin embargo, en esta entrevista con Ñ Digital, muestra un costado más optimista del que presenta en su nuevo libro.

POR Andrés Haxahax@clarin.com

Desde hace tres años más o menos, cada vez que ocurre una demostración popular masiva contra un gobierno X,  los medios de comunicación caen en el facilismo de otorgarle una gran influencia a las redes sociales como mecanismo instigador y organizador de esas protestas. El dato es contrastable en la reciente cadena de manifestaciones que este año culminaron con el fiasco de Libia. Allí se puede ver en crónicas escritas o en reportajes televisivos cómo Twitter y Facebook fueron citados en términos exultantes; como si la protesta popular no hubiera existido en la era pre-2.0.

Sin embargo, asociar las tecnologías de las comunicaciones en red a una nueva chance para los oprimidos del mundo es un argumento infantil e incorrecto, pues no tiene en cuenta que los mismos líderes que son los blancos de estas revueltas hacen un uso de Internet con fines políticos sumamente sofisticado. Los usa —justamente— para controlar, perseguir, encarcelar y reprimir. Puede ser que por un infinitésimo momento el pueblo tome el poder en Twitter. Pero ese momento es efímero. Participar en las redes sociales no es resistir, no es organizar, no es liberarse; es lo opuesto, es entregarse al sistema de una manera orwelliana. La Red es un panóptico digital. Y nosotros no somos los vigilantes, somos los vigilados.

Este, por lo menos, es el argumento de Evgeny Morozov, el investigador y periodista de Bielorrusia —y actualmente académico invitado de la universidad de Stanford— en su reciente libro, The Net Delusion: The Dark Side of Internet Freedom (El engaño de la red. El lado oscuro de la libertad en Internet) aun no traducida al castellano.

El libro de Morozov es un ataque sistemático contra el cyber-utopismo. Comienza su relato en junio del 2009 en Irán, cuando miles de jóvenes iraníes salieron a las calles de Teherán para protestar por lo que consideraban una elección fraudulenta. En ese momento un periodista llamado Andrew Sullivan posteó un artículo en un blog de la revista The Atlantic, titulada “La revolución será twitteada.” Morozov identifica este momento como el principio de la gran mentira, perpetuada hoy en día como un nuevo hecho del panorama político internacional, que Twitter es el nuevo armamento de los potenciales revolucionarios democráticos en regímenes autocráticos.

El libro de Morozov es meticuloso, impecablemente documentado. Aun para los que están en desacuerdo con su tesis tendría que ser una lectura obligatoria. Como dice Morozov, “si los periodistas no se comprometen a cuestionar escrupulosamente este nuevo mito (y, si es necesario, de contradecirlo) caerán en el riesgo de tener un efecto corrosivo en la construcción de nuevas políticas”.

Ha puesto el grito en el cielo Mozorov. Sería productivo oírlo y, como pide el autor, cuestionar cuidadosamente el papel de Internet en nuestra sociedad, nuestra política y nuestra vida privada.

A continuación, algunas de las preguntas que Morozov contestó por correo electrónico a Ñ Digital.

Dada su opinión sombría del lado orwelliano de Internet, ¿llegaría a recomendar estar completamente off-line como la única forma de tener una vida realmente libre?

Eso sería muy estúpido. Sería como negarse a usar electricidad por preocupaciones sobre el calentamiento global. Internet tiene muchas cosas maravillosas, y también lo tienen las redes sociales. Y no creo que un nuevo movimiento social pueda estar fuera de estas dos cosas si pretende triunfar. El derrotismo no es la estrategia correcta. Sino, hay que identificar los actores principales que hacen que la experiencia on-line sea tan deficiente (en general son gobiernos y empresas) y obligarles cambiar sus políticas.

Lo demás esta en las manos de los individuos. Sea cual sean los cambios que se hagan en Facebook, Google o hasta en el NSA (La agencia nacional de seguridad de los EE.UU.) Internet siempre será demasiado “pública” para algunas personas. Esto no me preocupa. Pero si tendríamos que asegurarnos de que los que quieren movilizar personas o promover sus causas no estén a la merced de Silicon Valley o las agencias de inteligencia de Washington.

¿Cómo interpreta el fenómeno de presidentes y políticos con cuentas de Twitter? ¿Es una obligación que les imponen sus consejeros? ¿O ya es una herramienta indispensable para el discurso político?

La política funciona de tal manera que los actores principales suelen llenar todos los espacios disponibles en los medios (¡En este sentido se parecen al gas!). Es como ese viejo chiste de un ladrón a quién le preguntan: ¿Por qué robaste el banco? Que contesta: Por que allí estaba el dinero. De la misma forma los políticos están en Twitter por la simple razón de que allí esta la gente. Y si no se comprometen con estos medios los mismos serán explotados por sus contrincantes. Mucho se mueve según cuán “cool” es la plataforma en dado momento. Ayer era MySpace. Mañana tal vez sea FourSquare. En la mayoría de los casos, simplemente es un truco de la las relaciones públicas. Lo brillante de actuar sobre reclamos hechos por Twitter es que sus respuestas, supuestamente personales, terminan siendo documentadas — y en algunos casos son virales. En este sentido Twitter es una herramienta ideal para manejar las relaciones públicas.

Dada su visión del fenómeno, ¿ha recibido críticas por usar Twitter? ¿Cómo le ayuda en tus trabajos periodísticos y de investigación académica?

En realidad, no. Todo lo contrario: la mayoría de las personas aprecian que conozca las plataformas sobre las cuales escribo. Para mí, es un camino de doble vía: Sigo a mil personas y me entero de muchas noticias que me hubiera perdido de otra forma. Y por otro lado, hay miles de personas que me siguen, muchos de ellos en los medios. Twitter juega un papel instrumental en mi trabajo: muchas veces posteo mis notas en inglés y después me contactan editores de diarios europeos que me siguen en Twitter, pidiéndome las notas para sus diarios. Entonces, me ayuda.

Pero también tendría que contar que recibo la mayoría de mi información por mi Kindle: me subscribo a seis diarios y decenas de revistas. Termino pasando dos horas diarias leyendo todo este material. Pero el lado positivo es que no paso tanto tiempo delante de mi computadora.

Haciendo de abogado del diablo: ¿Cuál es su escenario más optimista para la evolución de la Web? ¿De qué manera aumenta la inteligencia humana, tanto la individual como la grupal?

 Eso es fácil. Antes que nada, nunca alegue que la Web no fuese útil; como una fuente de información o de conocimientos es una herramienta maravillosa. Los tipos de riquezas culturales que han asistido en abrir hacen volar la mente. Yo mismo las aprovecho de una forma cotidiana. Y espero que todos los libros del mundo se digitalicen y sean accesibles a todos en términos justos (ahora que Google o las Naciones Unidas sea la entidad que haga esto, es algo que está por verse). Entonces, en términos de liberación personal hay mucho que Internet puede ofrecer para ellos que realmente quieran ser liberados. Para las personas que ya llevan vidas empobrecidas consumiendo telenovelas, jugando sudoku o leyendo tabloides en el mundo offline, Internet también es una bonanza — pero para que se pierdan aun más en el mundo de entretenimientos.

Por lo tanto, para comprender plenamente el impacto político y social de Internet primero tenemos que entender como se acomoda a las relaciones sociales y políticas pre-existentes. No podemos tratarlo como un fenómeno con su propia lógica y diseño independiente de estas cosas.

Algunas personas, como Kevin Kelly, creen que Internet puede llegar a tener la autonomía de un ente independiente. ¿Qué valor le da a tales escenarios?

No mucho. Esta idea es muy vieja. H.G. Wells ya estaba hablando de un cerebro global en los años 30 del siglo pasado. Que la tecnología puede lograr autonomía es un fenómeno que ha explorado profundamente Jacques Ellul en su libro La sociedad tecnológica que fue publicado en los 50. Hay muy poco de original en las teorías como las de Kelly – y no suelen ser muy profundas, intelectualmente hablando (Hace poco escribí una reseña del ultimo libro de Kelly en The New Republic).

Usualmente estos argumentos benefician las empresas de Silicon Valley que suelen presentar todo lo que hacen como una especie de favor a la humanidad. Estas empresas necesitan a promotores como Kelly quienes los ayudan a enfatizar los beneficios de la innovación mientras minimizan, a su vez, los riesgos que la tecnología presenta a las existentes relaciones sociales y políticas; incluyendo valores como la igualdad y pluralismo. Que tales modelos frecuentemente se basen en sistemas biológicos es preocupante: los artefactos tecnológicos, a diferencia de los naturales, son hechos por el hombre y por consecuencia suelen tener políticas profundas detrás de ellos. No es el caso con la mayoría de los artefactos naturales (salvando, por supuesto, que creas en el diseño inteligente).

¿Twitter es una moda pasajera o todavía tiene mucha vida por delante?

Estoy bastante convencido que dentro de 50 años no existirá Facebook, Google o Twitter. Las empresas que sobreviven mucho tiempo son excepciones. Y dado el estado de la industria de Internet hoy (creo que aun estamos en una etapa inicial donde hay muchísima experimentación) es de esperar que los líderes no sobrevivirán mucho tiempo. Hace cinco años todo el mundo pensaba que no había nada mejor que el sistema de Google PageRank para hacer búsquedas. Hoy, sin embargo, hasta Google se ha dado cuenta que hay que agregarle una capa social a la búsqueda (por ejemplo, que puedas ver qué información están buscando y encontrando tus amigos). Después ¿algo reemplazará la “búsqueda social”? Estoy seguro de que sí. Pero aun no sabemos qué.

Finalmente: ¿Cuales son los libros y los pensadores que —para usted— mejor ayudan entender Internet? Tanto como un artefacto tecnológico y como un fenómeno social.

Desafortunadamente, la mayoría de los libros sobre Internet son terribles. Personalmente yo me inspiro en libros sobre la filosofía de la tecnología, muchos escritos antes de que existiera Internet. De alguna forma logran informar mejor sobre la dirección de la sociedad tecnológica que cualquier cosa escrita en los 90. Mucho de este trabajo es muy modesto en su tono. La filosofía de la tecnología no es un campo muy amplio. Mencionaría a Langdon Winner, Don Ihde, Andrew Feenberg y Albert Borgmann como influencias. Pero ninguno es muy conocido fuera de su especialidad. Tristemente, aun estamos años luz de una “filosofía del Internet.” Esto es algo que me gustaría ver desarrollado. Entretanto tendremos que leer libros periodísticos. Entre ellos me gustaron mucho Plex de Stephen Levy, un nuevo libro sobre la historia de Google. The Information de James Gleick también era bastante bueno.

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Escrito por Eduardo Aquevedo

21 abril, 2011 a 14:19

Noam Chomsky: “El secretismo de los gobiernos es la defensa de esos gobiernos contra su propia población”…

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Ñ Digital comienza con una serie de entrevistas y análisis sobre fenómeno WikiLeaks. Aquí, una charla con uno de los intelectuales más importantes del Siglo XX y también uno de los críticos más virulentos de los Estados Unidos.

POR ANDRES HAXahax@clarin.com

Las últimas revelaciones del sitio WikiLeaks han puesto a la comunidad internacional, a la diplomacia, al gobierno de los Estados Unidos y al periodismo mismo en un estado de debate, alerta y consternación. Aun es imposible predecir cuáles serán los efectos de las acciones actuales (pasadas y futuras) de la enigmática organización, liderada por el enigmático ¿periodista? ¿provocador? ¿activista? ¿hacker? australiano Julian Assange. A un lado del espectro de opinión se ubican los esperanzados que marcan estas acciones como un paso hacia la transparencia en las maniobras y acciones de los gobiernos del planeta. En el otro extremo se ubican los que acusan a Assange de ser casi un cómplice del terrorismo internacional; alguien que, lejos de estar cumpliendo un ideal periodístico, esta poniendo en riesgo las vidas de personas.

Entre ambas visiones se abre un debate gigantesco para el que Ñ Digital convoca a intelectuales y pensadores de distintos rubros. Este es el turno de Noam Chomsky, el lingüista más importante del siglo XX y uno de los críticos más prolíficos y feroces del gobierno de su propio país, los Estados Unidos. Desde su despacho en el Massachusetts Institute of Technology, en Cambridge, Massachusetts, contundente Chomsky ofreció algunas de sus impresiones iniciales sobre este tema que ocupa las tapas de todos los diarios del mundo en estos días.

¿Considera que lo que esta haciendo WikiLeaks es una forma legítima y ética del periodismo? ¿Y cuáles serán las consecuencias de estas revelaciones al corto y largo plazo?

Vale la pena recordar que el secretismo de los gobiernos se trata, sustancialmente, de la defensa del gobierno contra su propia población. Y en una sociedad democrática la población tendría que saber qué está haciendo su gobierno para poder monitorearlo y —de hecho— determinar qué hace el gobierno. Ahora, hay excepciones con las cuales todos están de acuerdo, pero en general el caso es así. Yo no he leído todos los cables, por supuesto, pero de lo que he visto me parece que ilustra la significancia de este punto: hay cosas en los cables que los gobiernos no quisieran que su propia población supiera.

Creo que es una forma legítima del periodismo, pero creo que se tomarán medidas severas para bloquearlo.

¿Lo sorprende el trabajo que esta haciendo WikiLeaks

No es completamente nuevo. Ha habido muchas filtraciones antes —los Papeles del Pentágono, por ejemplo, en la cual yo participé, fue muy importante y más sustancial que este último. No me sorprende. Creo que mientras la accesibilidad a la información aumente con las modalidades electrónicas habrá más casos similares a este.

Qué WikiLeaks eligiera a medios tradicionales para editar y emitir las filtraciones en un primer instante, ¿es contradictorio con su postura filosófica de apertura?

Creo que no. Supongo que lo podrían haber subido directamente a Internet. Pero de esa manera circularía solamente dentro de la cultura de Internet y no entre un público general.

¿Cómo están manejando la información los medios estadounidenses?

Antes que nada tenemos que tener en cuenta que desde el principio hay un mecanismo de filtros muy severo. Entonces, los cables diplomáticos mismos proveen al gobierno lo que los diplomáticos quieren que sepan y lo que asumen que el gobierno mismo quiere oír. Entonces ya de entrada están muy editados, desde el principio.

Por ejemplo, uno de los cables más incendiarios salidos hasta ahora: el rey Saudita llamando por el bombardeo de Irán. Bueno. Eso fue seleccionado. No sabemos el contexto. Solo tenemos las frases que eligieron los diplomáticos.

Después hay una forma de censura mucho más severa que son los títulos de los diarios que dicen que los estados árabes están aterrorizados por Irán y que quieren que los Estados Unidos hagan algo al respeto. Bueno, hay un hecho muy significante escondido en esta cuestión: hay encuestas de opinión del occidente árabe. La más reciente fue publicado por el Brookings Institute el mes pasado —una encuesta muy cuidadosa— que mostró que en el mundo árabe el 10 por ciento de la población ve a Irán como una amenaza, mientras que un 80 por ciento ve a los Estados Unidos e Israel como una amenaza. Esto no se revela acá [en estas noticias]. Antes que nada, a los diplomáticos no les importa, no les importa la gente, solo les importan los dictadores. Al Departamento de Estado tampoco le importa, por las mismas razones, y aparentemente a los medios tampoco les importa: porque esto es información pública… Y todo esto refleja un profundo desprecio por la democracia. Y no solo en el gobierno, también en la cultura intelectual y de los medios. Esto es otro tipo de selección; selección severa. Y si miras a los otros documentos publicados ves muchos casos similares.

¿Estos cables demuestran que la administración de Obama es, en muchas formas, una continuación de la de Bush?

Sí, pero eso ya lo sabíamos.

¿Tiene algún mensaje esperanzador de cara al futuro?

Bueno, mi último libro publicado se llamó Esperanzas y perspectivas que salió primero en castellano, porque su origen fue en charlas que di en Sudamérica… La parte de esperanza es mayormente sobre Sudamérica. Creo que han estado pasando cosas de gran esperanza allí en la última década. No podemos predecir la historia humana. Pero si miras hacía atrás puedes encontrar un momento cuando parecía imposible que se abandonará la esclavitud, o que se permitiría derechos a las mujeres… Las cosas cambian. Pero cambian si la gente las cambia. No cambian solas y no cambian gracias a los líderes políticos.

Richard Stallman: “WikiLeaks es un modo de resistencia contra estados que odian nuestras libertades”

Referente internacional en el activismo de software libre, y el fundador del Free Software Foundation, considera a Julian Assange como un héroe. Pero disputa la utilidad de las últimas filtraciones diplomáticas.

POR ANDRES HAXahax@clarin.com

Richard Stallman es un ser sui generis. Un especie de anti-Bill Gates, en el sentido que tiene una influencia enorme en el desarrollo de software a nivel mundial pero su meta no es enriquecimiento personal, o la creación de un producto capitalista, sino liberar el software para hacer un mundo mejor a través de su Free Software Foundation. Sí, es utópico. Nacido en 1953, el hacker estadounidense tiene una manera de ser a la vez arisca y abierta (escuchen el audio de la entrevista completa que acompaña esta nota – habla un castellano muy fluido). Enfatiza con vehemencia la diferencia entre el “software libre” (el movimiento que apoya) y “código abierto”, que para el es otra cosa completamente. Ñ Digital lo consideró una fuente fundamental para seguir el debate acerca del acontecimiento WikiLeaks, ya que es uno de los activistas estadounidenses que basa su militancia por la libertad en y con la Web.

¿Qué opinas del  papel que está jugando WikiLeaks?

Lo que pienso de WikiLeaks es que es una defensa contra las mentiras asesinas de los estados.

¿De todos los estados, o de  los Estados Unidos?

De los estados. Porque no sólo los Estados Unidos miente. Muchos estados mienten. Y muchos estados matan. Pero los Estados Unidos es el más rico y el más poderoso todavía. Y ha lanzado guerras recientemente que han matado, en Irak, a un millón de personas.

¿Piensas que esto puede cambiar algo en la realidad de la política de los Estados Unidos?

No sé. Porque la política de los Estados Unidos me parece local. Y aunque Bush ha admitido que ordenó la tortura, la gente no presiona para investigarlo y acusarlo formalmente como se debería. Ya lo sabemos, porque lo ha admitido, que es culpable de la tortura. Entonces, si los Estados Unidos no lo acusan, debe hacerse en un tribunal internacional.

¿Qué te parecieron los contenidos de las filtraciones?

Hasta hoy no he visto nada muy interesante en los últimos artículos de WikiLeaks [nota de ed. La entrevista se hizo el pasado martes, 30 de noviembre]. Y por eso, no estoy convencido que estas filtraciones se tendrían que haber publicado. No creo que haya sido una buena decisión (por parte de WikiLeaks). No veo una razón para publicarlos.

En cuanto a los documentos acerca de las guerras, sí hay escándalos que el gobierno escondía del público por su vergüenza supongo, o por su deseo de evitar ser castigados por sus crímenes. En el caso de los cables diplomáticos no es lo mismo. Quizás es porque no las he visto todos los documentos… Es posible que algo importante esté por venir.

No pienso que sea deseable crear disputas entre estados o exponer toda la comunicación solo para exponerla. Pero cuando hay un escándalo o un crimen que el estado esconde, en este caso es importante exponerlo.

¿De lo contrario es solo chisme?

Sí, exacto. No veo el motivo de publicar qué piensan los diplomáticos estadounidenses sobre ciertos presidentes de otros países.

Parece, simplemente, que los diplomáticos estaban cumpliendo con sus cargos. Dijeron privadamente sus opiniones y evaluaciones… Pero es correcto que informaron al ministerio de las cosas que les parecían importantes.

Un punto acerca del cual no estoy completamente seguro es el punto de los países como Arabia Saudita que pidieron atacar Irán. No veo ningún escándalo. De todos modos Estados Unidos no atacó a Irán. Hay dos ataques que han sucedido: el del virus Stuxnet, por el que alguien esta matando a varios científicos, pero no sabemos si tiene algo que ver con esta comunicación. De todos modos, según parece, los que los Sauditas pidieron no fue esto, sino un ataque militar. Y no hubo. Entonces, la relación entre los sucesos reales y esa petición no me queda clara. No creo que estas publicaciones últimas nos hayan ayudado.

Pienso que WikiLeaks tendría que mantenerse más cerca de los escándalos, de los cuales hay muchos. Pienso que publicar comunicaciones privadas entre diplomáticos, cuando no hay nada importante detrás ellas, implica un riesgo de obstaculizar toda comunicación. Y esto no es deseable.

¿Puede ser culpa del ego del fundador de WikiLeaks?

No quiero buscar explicaciones psicológicas… Cuando no pienso que alguien ha elegido bien, eso no implica que tiene una falla personal. No estoy totalmente de acuerdo con su decisión, pero todo el mundo toma decisiones que uno puede criticar. Considero a Julian Assange como héroe, pero en este caso pienso que no dio en el blanco.

Bueno, muchísimas gracias por tu tiempo…

Pienso que WikiLeaks juega un papel en la resistencia a la tiranía, en la defensa de nuestra libertad contra los estados que odian a nuestra libertad. Pero si bastará para mantener una libertad, no lo sé. Es un reto muy difícil.

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Escrito por Eduardo Aquevedo

21 abril, 2011 a 13:03

Umberto Eco: niños y jóvenes, una generación de extraños…

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Umberto Eco  

El pensamiento de los niños ha sido formado por medios de comunicación que reducen la permanencia de un suceso a una breve frase e imágenes fugaces.

Creo que la de Michel Serres es la mejor mente filosófica que existe en Francia hoy en día. Y como cualquier buen filósofo, Serres es capaz de reflexionar sobre los asuntos actuales tan bien como sobre los sucesos históricos. Desvergonzadamente, voy a basar esta columna en el ensayo espléndido que Serres escribió el mes pasado para Le Monde, en el que nos recuerda acerca de asuntos que conciernen a la juventud actual: los hijos de mis lectores jóvenes y los nietos de nosotros, los viejos.

Para empezar, la mayoría de estos niños o nietos nunca han visto un cerdo, una vaca o un pollo, una observación que me recuerda una encuesta realizada aproximadamente hace 30 años en Estados Unidos. Reveló que la mayoría de los niños en Nueva York creían que la leche, que ellos veían que se vendía en recipientes en el supermercado, era un producto hecho por el hombre, como la Coca-Cola. Los seres humanos modernos ya no están acostumbrados a vivir en la Naturaleza; sólo conocen la ciudad. También me gustaría señalar que al salir de vacaciones, la mayoría de ellos se aloja en lo que el antropólogo Marc Augé ha definido como “no lugares”: “espacios de circulación, consumo y comunicación” homogenizados. Las villas de los hoteles de lujo o “resorts” es notablemente similar a, digamos, el aeropuerto de Singapur, cada uno de ellos dotado de una naturaleza perfectamente ordenada y limpia, arcadiana, totalmente artificial. Estamos en medio de una de las mayores revoluciones antropológicas desde la Era Neolítica. Los niños de hoy viven en un mundo sobrepoblado, con una expectativa de vida cercana a los 80 años. Y dada la creciente longevidad de las generaciones de sus padres y abuelos, tienen menos probabilidades de recibir sus herencias antes de que estén al borde de la vejez.

Una persona nacida en Europa durante los 60 años pasados no ha conocido la guerra. Y, habiéndose beneficiado de los progresos de la medicina, no ha sufrido tanto como sus antepasados. La generación de sus padres tuvo hijos más tarde en su vida que lo usual en la generación de sus padres, y sus padres muy posiblemente estén divorciados. En la escuela, estudió al lado de niños de otros colores, religiones y costumbres; esto lleva a Serres a preguntarse cuánto tiempo más los escolares en Francia cantarán La Marsellesa, que contiene una referencia a la “sangre impura” de los extranjeros. ¿Qué obras literarias puede todavía disfrutar y con cuáles establecer una conexión, dado que nunca ha conocido la vida rústica, la vendimia de uvas, las invasiones militares, los monumentos a los caídos, los estandartes perforados por balas enemigas, o la urgencia vital de la moralidad?

Su pensamiento ha sido formado por medios de comunicación que reducen la permanencia de un suceso a una breve frase e imágenes fugaces, fieles a la sabiduría convencional de los lapsos de atención de siete segundos y las respuestas de los programas de concurso con respuestas que se deben dar en 15 segundos. Y esos medios de comunicación le muestran cosas que no vería en su vida cotidiana: cadáveres ensangrentados, ruinas, devastación. “Al llegar a los 12 años de edad, los adultos ya han forzado (a los niños) a ser testigos de 20.000 asesinatos”, escribe Serres.

Los niños actuales son criados con anuncios llenos de abreviaciones y palabras extranjeras que les hacen perder contacto con su lengua madre. La escuela ya no es un lugar de aprendizaje y, acostumbrados a las computadoras, esos niños viven una buena parte de su existencia en el mundo virtual. Al escribir en el teclado usan sus dedos índices o pulgares en lugar de toda la mano (y, lo que es más, están totalmente consumidos por el afán de desarrollar varias tareas al mismo tiempo). Se sientan, hipnotizados por Facebook y Wikipedia que, según Ferres, “no excitan las mismas neuronas o las mismas zonas de la corteza (cerebral)” que si estuvieran leyendo un libro. Los seres humanos antes vivían en un mundo percibible, tangible. Esta generación existe en un espacio virtual que no establece distinción entre cercanía y distancia.

No escribiré de las reflexiones de Serres acerca de cómo manejar los nuevos requerimientos de educación. Pero su observación general del tema abarca un período de disturbio total no menos pivotal que las eras que llevaron a la invención de la escritura y siglos después, de la prensa de impresión. El problema es que la tecnología moderna cambia a una velocidad inaudita, escribe Serres, y “al mismo tiempo el cuerpo es transfigurado, el nacimiento y la muerte cambian, como lo hacen el sufrimiento y la sanación, las vocaciones, el espacio, el medio ambiente, y el estar en el mundo”. ¿Por qué no estuvimos listos para esta transformación? Serres llega a la conclusión de que quizá parte de la culpa debe atribuirse a los filósofos, quienes, por la naturaleza de su profesión, deberían prever cambios en el conocimiento y la práctica. Y no han hecho suficiente en este sentido porque, dado que están involucrados en la política día tras día, no sintieron la aproximación de la contemporaneidad’’.

No sé si Serres esté completamente acertado, pero ciertamente no está totalmente equivocado.

La Nación.cl

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Escrito por Eduardo Aquevedo

20 abril, 2011 a 18:49

Actualidad y persistencia histórica del patriarcado…

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 Por Boaventura de Sousa Santos *

Página/12

No hay naturaleza humana asexuada; hay hombres y mujeres y, para algunos, otros sexos. Hablar de naturaleza humana sin hablar de la diferencia sexual es ocultar que la “mitad” de la humanidad integrada por las mujeres vale menos que la de los hombres. Bajo formas cambiantes según tiempo y lugar, las mujeres han sido consideradas seres cuya humanidad es problemática (más peligrosa o menos capaz) en comparación con la de los hombres. A la dominación sexual que este prejuicio genera la llamamos patriarcado y al sentido común que lo alimenta y reproduce, cultura patriarcal.

La persistencia histórica de esta cultura es tan fuerte que, incluso en las regiones del mundo en las que ha sido oficialmente superada por la consagración constitucional de la igualdad sexual, las prácticas cotidianas de las instituciones y las relaciones sociales continúan reproduciendo el prejuicio y la desigualdad. Ser feminista hoy significa reconocer que esta discriminación existe y que es injusta, y desear activamente que sea erradicada. En las actuales condiciones históricas, hablar de naturaleza humana como si fuese sexualmente indiferente, sea en el plano filosófico o en el político, es pactar con el patriarcado.

La cultura patriarcal viene de lejos y atraviesa tanto a la cultura occidental como a las culturas africanas, indígenas e islámicas. Para Aristóteles, la mujer es un hombre mutilado y, para Santo Tomás de Aquino, siendo el hombre el elemento activo de la procreación, el nacimiento de una mujer es una señal de debilidad del procreador. A veces anclada en textos sagrados (la Biblia y el Corán), esta cultura ha estado siempre al servicio de la economía política dominante que, en los tiempos modernos, han sido el capitalismo y el colonialismo. En Tres Guineas (1938), en respuesta a un pedido de apoyo financiero para la guerra, Virginia Woolf se niega y, recordando la marginación de las mujeres en la nación, afirma provocativamente: “Como mujer, no tengo país. Como mujer, no quiero tener país. Como mujer, mi país es el mundo entero”. Durante la dictadura en Portugal, las Nuevas cartas portuguesas, publicadas en 1972 por Maria Isabel Barreno, Maria Teresa Horta y Maria Velho da Costa, denunciaban al patriarcado como parte de la estructura fascista que sostenía la guerra colonial en Africa. “Angola es nuestra” era el correlato de “las mujeres son nuestras” (de nosotros, los hombres), y con el sexo de ellas se defendía la honra de ellos. El libro fue incautado de inmediato porque justamente fue percibido como un libelo contra la guerra colonial, y sus autoras no fueron juzgadas sólo porque entretanto estalló la Revolución de los Claveles, el 25 de abril de 1974.

La violencia que la opresión sexual implica se produce bajo dos formas, hardcore y softcore. La versión hardcore es el catálogo de la vergüenza y el horror del mundo. En Portugal, en 2010 murieron 43 mujeres víctimas de la violencia doméstica. En Ciudad Juárez (México), en los últimos años fueron asesinadas 427 mujeres, todas jóvenes y pobres, trabajadoras de las fábricas del capitalismo salvaje, las maquiladoras, un crimen organizado conocido como femicidio. En varios países de Africa se sigue practicando la mutilación genital. En Arabia Saudita, hasta hace poco las mujeres ni siquiera tenían partida de nacimiento. En Irán, la vida de una mujer vale la mitad que la de un hombre en un accidente de tránsito; en un tribunal judicial, el testimonio de un hombre vale tanto como el de dos mujeres; en caso de adulterio la mujer puede ser lapidada hasta morir, una práctica que, por otro lado, está prohibida en la mayoría de los países de cultura islámica.

La versión softcore es insidiosa y silenciosa, se produce en el seno de las familias, las instituciones y las comunidades, no porque las mujeres sean inferiores sino, por el contrario, porque son consideradas superiores en su espíritu de abnegación y en su disponibilidad para ayudar en tiempos difíciles. Como es una disposición natural, no hace falta siquiera preguntarles si aceptan los encargos ni bajo qué condiciones. En Portugal, por ejemplo, los actuales recortes del gasto social del Estado victimizan en particular a las mujeres. Las mujeres son las principales proveedoras de cuidado a las personas dependientes (niños, ancianos, enfermos, personas con discapacidad). Si con la clausura de hospitales psiquiátricos y la ausencia de soluciones alternativas los enfermos mentales son devueltos a sus familias, el cuidado queda a cargo de las mujeres. La imposibilidad de conciliar el trabajo remunerado con el trabajo doméstico hace que Portugal tenga una de las tasas de fertilidad más bajas del mundo. Cuidar de los vivos se torna incompatible con desear más personas vivas. Y esto es apenas una expresión extrema de algo que está pasando un poco por todas partes.

Pero la cultura patriarcal tiene, en ciertos contextos, otra dimensión particularmente perversa: la de crear en la opinión pública la idea de que las mujeres son oprimidas y, como tales, víctimas indefensas y silenciosas. Este estereotipo hace posible ignorar o desvalorizar las luchas de resistencia y la capacidad de innovación política de las mujeres.

Es así como se ignora el papel fundamental de las mujeres en la revolución de Egipto o en la lucha contra el saqueo de tierras en la India; la acción política de las mujeres que lideran municipios en tantas pequeñas ciudades africanas y su lucha contra el machismo de los líderes partidarios que bloquean el acceso femenino al poder político nacional; la lucha incesante y plena de riesgos por la punición de los criminales llevada a cabo por las madres de las jóvenes asesinadas en Ciudad Juárez; las conquistas de las mujeres indígenas e islámicas en su lucha por la igualdad y el respeto de la diferencia, transformando desde adentro las culturas a las que pertenecen; las prácticas innovadoras en defensa de la agricultura familiar y las semillas tradicionales de las mujeres de Kenia y de tantos otros países de Africa; la presencia de mujeres en los movimientos antimineros (recordemos la muerte de Betty Cariño Trujillo en Oaxaca) y en todos los que pelean por el reconocimiento de la naturaleza como “bienes comunes”, tal como ocurre en estos días en la Argentina; la palabra de las mujeres palestinas que, cuando son interrogadas por autoconvencidas feministas europeas sobre el uso de anticonceptivos, responden: “En Palestina, tener hijos es luchar contra la limpieza étnica que Israel impone a nuestro pueblo”.

* Doctor en Sociología del Derecho; profesor de las universidades de Coimbra (Portugal) y de Wisconsin (EE.UU.). Traducción: Javier Lorca.

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Escrito por Eduardo Aquevedo

18 abril, 2011 a 14:32

Escrito en CULTURA, SEXO, SOCIEDAD

M. Vargas Llosa: Historia de una venganza de clase…

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José Steinsleger

A finales de febrero pasado, el jefe de Gobierno del Distrito Federal saludó la presencia de Eduardo Galeano en México. Aplausos: ¡eso es un presidenciable! Días después, Marcelo Ebrard distinguió a Mario Vargas Llosa. Aplausos: ¡eso es un presidenciable!

Cúcara mácara, títere fue: 1) Ebrard conoce las diferencias entre ambos escritores, pero las ideologías no van con él; 2) pensó que el título nobiliario de marqués, otorgado al pongo peruano por el rey Juan Carlos I, lo obligaba a ser cortesano; 3) echó mano al fólder palabras de ocasión para escritores célebres; 4) transfirió el entrevero PAN-PRD a la literatura latinoamericana.

Flanqueado por el séquito de genuflexos que lo siguen a sol y sombra, Vargas Llosa dijo en la ceremonia de marras: “… ambos [México y Perú] somos países antiguos, como decía (José María) Arguedas, para quien la antigüedad era un valor y yo también creo que lo es”.

Vaya, vaya… ¡Arguedas! Gloria literaria del Perú (por mérito propio), a quien nada menos que don Mario trató de desarraigado, y calumnió en La utopía arcaica (Alfaguara, 2008). Y esto, fuera de aquel texto de ultratumba que parecía dictado por el conquistador Francisco Pizarro:

“…El precio que debe pagar Perú por el desarrollo y la modernidad es la extinción de las culturas indígenas… porque éstas no son más que un lastre antimoderno e irracional” (Questions of conquest: what Columbus wrought, and what he did not, Harper’s, diciembre 1990).

En junio 2009, el gobierno de Allan García masacró a 200 indígenas de la Amazonia, y Vargas Llosa aseguró que las víctimas fueron instigadas por Hugo Chávez y Evo Morales. Y por si no quedó claro, meses después remató en Bogotá: “…el indigenismo en Ecuador, Perú y Bolivia está provocando un verdadero desorden político y social, y por eso hay que combatirlo”.

¿Cómo de una cabeza inteligente puede salir una afirmación tan monstruosa como ésa?, se preguntó José Saramago. Sin embargo, el reclamo a pensar distinto de Vargas Llosa venía de lejos, y se revistió de inaudita ruindad moral cuando el capitán de navío argentino Adolfo Scilingo reconoció que arrojó personas vivas al mar desde su avión. Molesto porque la confesión del verdugo confirmaba las denuncias, observó:

“…Está bien que [esos crímenes] provoquen indignación, pero de ningún modo es admisible la sorpresa, pues torturar, asesinar y ‘desaparecer’ ¿no ha sido acaso, desde siempre, práctica habitual de las dictaduras de América Latina y en todas partes?” (Jugar con fuego, El País, 7/5/1995).

En coincidencia con las ceremonias en el Palacio del Ayuntamiento, trascendió que el escritor inauguraría la Feria Internacional del Libro (FIL) de Buenos Aires, el próximo 20 de abril. Frente a la vigorosa protesta de los intelectuales argentinos, el agitador comercial del grupo Prisa les respondió:

“¿Qué clase de Argentina quieren…? ¿Una nueva Cuba?” Cínicamente, puso de ejemplo al Che Guevara: “…quien no era ‘nacionalista’ porque… se jugó la vida por sus ideas revolucionarias y socialistas” (Piqueteros intelectuales, El País, 13/3/11).

Pensar distinto que en octubre pasado adelantó con otra finura: ¿Qué les pasó a los argentinos? ¿Estuvieron enfrascados en alguna guerra terrible? (Perfil, Buenos Aires, 7/10/10).

Dicen que política y literatura no van juntas. Cosa que el propio Vargas Llosa refutó en una conferencia dictada en Monterrey (mayo de 2000). Como si no lo supiera él, caudillo ideológico de las oligarquías de América Latina que, irremediablemente, dirigen sus pasos al abismo.

La inauguración de la FIL Buenos Aires coincidirá, casualmente, con el aquelarre que tendrá como invitado de honor a don Mario en un seminario que versará sobre el desafío populista, organizado por la ultraconservadora sociedad Mont Pellerin (fundada por el gurú neoliberal Friedrich von Hayek).

Entre los participantes del evento estarán el derechista Mauricio Macri, jefe de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el fascista José María Aznar, el terrorista cubano Carlos Alberto Montaner, floreros de la literatura como el chileno Jorge Edwards y Alvarito, el hijo del Nobel.

En otras épocas, simuladores como Vargas Llosa medían sus palabras. Épocas en las que los escritores críticos, comprometidos y aguerridos, pesaban más que los independientes, libres y tolerantes. Ahora es distinto. Si los medios dijeran que la conductora de televisión peruana Laura Bozzo, es hija putativa de Vargas Llosa, la gente lo creería porque son tan para cual.

Mario Vargas Llosa: medio siglo de panegíricos y catilinarias en las que pocos autores destacan lo esencial. Porque el ahora marqués sin marquesado consiguió, finalmente, saborear el dulce de la venganza: la del joven que, al saber que por razones de su nacimiento sería excluido de la clase a la que anhelaba pertenecer con desesperación, clavó en el pecho de su padre una cruz, y salió al mundo en busca de una identidad.

La Jornada.mx

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Escrito por Eduardo Aquevedo

8 abril, 2011 a 15:07

Vargas LLosa en Argentina: los intelectuales y la derecha latinoamericana…

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La derecha, el pluralismo y la valentía

 Por Mariano Molina *

El debate sobre la invitación del Premio Nobel Mario Vargas Llosa fue falseado desde el comienzo por la maquinaria mediática y sus siempre adeptos circunstanciales.

Quiero contar que tengo el agrado y también el pequeño orgullo de conocer –aunque poco– a Horacio González, director de la Biblioteca Nacional. Es una persona siempre abierta a escuchar y observar los diversos pensamientos, experiencias sociales o culturales. Nunca he leído o escuchado expresiones suyas que marquen un pensamiento rígido, cerrado o autoritario y más de una vez me han sorprendido sus apreciaciones positivas sobre expresiones culturales y literarias denostadas y humilladas por los pensamientos dominantes.

En estos días leí sus cartas dirigidas al presidente de la Fundación El Libro sobre la visita del escritor peruano Mario Vargas Llosa y no encuentro ninguna censura ni veto a la visita del Premio Nobel. Simplemente expresó que creía inconveniente que Vargas Llosa inaugurara la Feria del Libro y expuso sus argumentos. ¿Por ser funcionario tiene vetada la opinión? Resulta entonces que Horacio González no tiene derecho a opinar y en los hechos es censurado (no por el Estado) por las corporaciones económicas y mediáticas que –cómo sabemos– a veces son más poderosas que los Estados.

Se ocultan algunas cuestiones importantes. La llegada original de Vargas Llosa al país, hasta donde llega mi pequeña información, no es en su rol de escritor y ganador de Premio Nobel, ampliamente reconocido desde diversos espacios ideológicos. El hombre viene a participar de un foro de la derecha continental, con invitados de España y otras latitudes. Ese encuentro denominado “El Desafío Populista a la Libertad Latinoamericana” se realizará entre el 17 y el 20 de abril en la ciudad de Buenos Aires, organizado por la Fundación Libertad y apoyado por algunas fundaciones cuasi-fascistas. Allí asistirán, con total libertad, varios personajes que no sólo son de derecha, sino cercanos a las peores prácticas políticas de nuestro continente, racistas, xenófobos (algún amigo dirá que es lo mismo…) y operadores de las agresiones militares de EE.UU. por el planeta. La presencia previa de Vargas Llosa seguramente ayudará mucho a la difusión y amplificación de este encuentro, porque nadie es ingenuo en estos asuntos… Estos son los datos que se ocultan y acá es –en parte– donde comienza la censura.

Quizá muchos hablan y opinan por el prejuicio hacia Horacio González y, a través de su persona, la descalificación hacia integrantes del espacio de Carta Abierta. El director de la Biblioteca Nacional, en su carta al presidente de la Fundación El Libro, plantea: “Considero sumamente inoportuno el lugar que se le ha concedido para inaugurar una Feria que nunca dejó de ser un termómetro de la política y de las corrientes de ideas que abriga la sociedad argentina”. Se puede acordar o no con la opinión, pero tiene todo el derecho a expresarla. Luego, sobre el final de la carta, quizás el mayor motivo del supuesto veto: “Lo invito a que reconsidere esta desafortunada invitación que ofende a un gran sector de la cultura argentina y que junto a las respectivas comisiones directivas de la Fundación El Libro determine que la conferencia de Vargas Llosa –que podríamos escuchar con respeto en la disidencia– se realice en el marco de la Feria pero al margen de su inauguración”. Una vez más, Horacio González expresa su desacuerdo e invita a reconsiderar la inauguración y no la presentación de Vargas Llosa en la Feria del Libro. Tampoco solicita que se le quite la invitación.

Muchas de las voces que se expresaron en contra de esta carta, sumadas a la inmensa campaña mediática de las corporaciones hispanoamericanas, cambian el lugar del debate y establecen latiguillos vetustos como los del “veto”, “censores”, “autoritarios”, etc., etc., etc. Estos descalificativos atacan desde argumentos falaces, escondiendo los motivos reales, ocultando el debate, porque tampoco pueden defender las ideas de Vargas Llosa. De este modo confirman la sensación que sobrevuela en el ambiente, por sus mismos argumentos: la crítica es en realidad a la adhesión o cercanía con el gobierno nacional. No se animan a expresarlo, pero lo sugieren. ¿Por qué Horacio González, el espacio de Carta Abierta o cualquier ciudadano no pueden plantear su negativa a que inaugure la Feria del Libro este personaje? ¿Dónde están la verdadera censura y el veto? Vivimos en una sociedad pluralista y cada quien tiene derecho a decir lo que piensa, empezando por Vargas Llosa, que ha descalificado, discriminado y atacado a gobernantes argentinos, latinoamericanos y a quienes en cada país apoyan procesos populares.

La presidenta de la Nación, en su rol de jefa de Estado, le solicita más tarde a Horacio González que revea su carta para que no se interprete mal: “Me hizo conocer su opinión respecto de que esta discusión no puede dejar la más mínima duda de la vocación de libre expresión de ideas políticas en la Feria del Libro, en las circunstancias que sean y tal como sus autoridades lo hayan definido”, describe Horacio González. Mientras él apuesta al intercambio de ideas y lo hace público, hay otros intelectuales, algunos supuestamente de izquierda o progresistas, que siguen esquivando el bulto. Por ejemplo, Martín Caparrós plantea que el equívoco está en no llamar a las autoridades de la Feria en forma privada y solicitar que cambien la invitación: eso es apriete. Con intención o sin ella, Caparrós sigue apostando –junto a otros– al no-debate de ideas, descalificando y sosteniendo el “debate” que imponen las corporaciones mediáticas y su maquinaria de propaganda.

Los absurdos ejemplos de que, en está lógica, Borges o Cortázar serían censurados en la inauguración de la Feria son una chicana bastante berreta. Como muestra de diversidad, entre muchas otras cosas, la Biblioteca Nacional –por intermedio de su director– ha homenajeado a intelectuales como Lugones (también invirtiendo sumas importantes en sus manuscritos) hace algunos años, cuando todos sabemos que Lugones terminó muy cerca del fascismo. Sin embargo, todos tienen su espacio en la Biblioteca Nacional, un ámbito actualmente de pluralidad, participación y donde acceden sectores sociales que nunca habían tenido lugar en esos recintos reservados a la aristocracia cultural de izquierda y derecha.

Por último, creo que es importante destacar el rol de la Presidenta. Si esta amplificación del conflicto no implica la renuncia de Horacio González en la Biblioteca Nacional, se habrá dado un enorme avance hacia una nueva forma de llevar adelante los debates públicos en estos momentos de la vida política del país, porque se muestra un gesto de tolerancia, que en los hechos concretos existe desde hace muchos años, hacia aquellos que no acuerdan con sus políticas, pero también manda un fuerte mensaje a su espacio político, dando lugar a que todas los voces del kirchnerismo expresen sus ideas, aunque ella no acuerde. De esta forma censura a los obsecuentes incapaces de pensamiento propio y le muestra a la sociedad que la pluralidad y diversidad de ideas es aceptada y convive en su amplio abanico de apoyos, llevando a los hechos concretos lo que muchos levantan como bandera, pero pocos tienen el valor de practicar.

* Periodista y docente.

Tribulaciones de un intelectual argentino en la Argentina

 Por Alberto Szpunberg *

1. f. Congoja, pena, tormento o aflicción moral. 2. f. Persecución o adversidad que padece el hombre.

Esa es la definición que la Real Academia sanciona o, para no cargar los tantos ya que hay tantos susceptibles, es la definición que la Real Academia ofrece o sugiere o propone para la palabra “tribulación”. Claro, no es lo mismo la acepción 1 que la 2. La primera remite al mundo de las ideas, de los afectos, de las alucinaciones, de esa sangre que nunca llega al río; la segunda, a los 30 mil padecimientos en carne y hueso de la humanidad. Convengamos, por favor, en que la tragedia de Japón (miles y miles…) y en la de Libia (la ONU ya acaba de legalizar el crimen…) y, para no irnos tan lejos (¿lejos de dónde?), la de los predios ocupados que enfrenta a pobres contra pobres en Villa Soldati, son todas tribulaciones que pertenecen a la acepción 2; en cambio, la inminencia del Visitante, a la 1, y ni tanto ni tan siquiera. ¿En cuál de las dos acepciones ubica cada uno sus “tribulaciones”? That is the tribulation…

Todo esto viene a cuento, y nunca mejor dicho, porque, tratando de seguir las tribulaciones –por momentos, con perdón, gallináceas– que la inteligencia argentina padece en estos días ante la inminencia del Visitante –tácticas y estrategias, tomatazos sí, tomatazos no, indiferencia, juego de tensiones, bombitas de mal olor y retirada, boicot, declaraciones, dar la espalda…–, me acordé de un libro que leí de chico: Tribulaciones de un chino en China, de Julio Verne. “Cuánto hace que no leemos a Verne –me dije–, ni al mosquetero Alejandro Dumas, ni al sandokánico Emilio Salgari, ni a Colt Miller, el Justiciero…”, ni a tantos más que, allá lejos y hace tiempo, nos dieron el suficiente toque de aventura como para imaginar con el tiempo tantas maravillas: “sólo el pueblo salvará al pueblo”, “sólo la organización vence al tiempo”, “los importante es ser libres”, “el futuro es nuestro por prepotencia de trabajo”… Hasta la Revolución, che, esa que, pese a todos los fracasos en todo el mundo, sigue siempre pendiente.

El argumento de la novela de Verne es más laberíntico que las tribulaciones de un intelectual argentino en la Argentina ante la inminencia del Visitante. Vean si no: un chino rico llamado Kin-Fo reside en Shanghai. ¡Ah, Shanghai! ¿Quién no soñó alguna vez ante la palabra “Shanghai”? Bueno, nada menos que en Shanghai el maestro Wang condena duramente a Kin-Fo por no tener tribulaciones y, a la vez, por no haber vivido una vida plena, pese a tenerlo todo. Kin-Fo cree en cambio que su vida es muy aburrida a pesar de su fortuna y de estar a punto de casarse con la bellísima Lu. ¿Quién no se enamoró alguna vez de una bellísima Lu? Bueno, confío en que alguno, acaso vos, lector anónimo, seducido por la belleza y sin mayor interés que la belleza, vuelvas a ojear buena literatura.

Y hablando de buena literatura, el Visitante es realmente bueno, muy bueno, tanto como, en lo político, es un mamarracho. La prueba mayor de ello no son sus ideas reaccionarias, sino precisamente su soberbia, su agresividad, su narcisismo, su omnipotencia, que tanto huele a boom, a editoriales fuertes, a monopolios mediáticos, a academias suecas, hasta a un título de nobleza estrafalario que acaba de regalarle el rey de España. Pero repaso la lista de los atribulados intelectuales argentinos y, francamente, muchos no saben a mucho mejor o esencialmente distinto. Eso, no saben y, por lo tanto, disimulan: es fácil ser nacionales y populares ante nuestros pares; es difícil serlo en Villa Soldati, donde el impar es ley de vida. Y es comprensible. Algunos atribulados me conmueven y me recuerdan mucho a Kin-Fo. Por eso, ante la inminencia del Visitante, no olvidemos que, finalmente, Kin-Fo tiene que esconderse de una secta, cosa que sólo con gran esfuerzo consigue, y es en ese esfuerzo donde encuentra el verdadero significado de la vida. ¿Sabremos nosotros hacer el mismo esfuerzo que Kin-Fo? ¡Por los ojos de la bellísima Lu!, habría que ser Julio Verne para saberlo y nunca Visitante, ni siquiera en la intimidad del espejo, en la tertulia de los pares.

Para terminar, en las dos acepciones, la Real Academia no se olvida de poner la letra f, que señala el género femenino del nombre. Esta f es toda tuya, Cristina, ya que, en medio de tantas “tribulaciones”, tuviste la intervención más sensata. Si te presentás, te voto, y por pura alegría. También, muchachos todos y muchachas todas, por tristeza. Porque, ¿qué quieren que les diga?, en medio de tantas “tribulaciones”, muy silencioso y solo, se nos murió Viñas.

* Poeta

Página/12

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Escrito por Eduardo Aquevedo

29 marzo, 2011 a 17:04

Carta abierta de Roger Waters, fundador de Pink Floyd, sobre racismo israeli contra palestinos…

con 2 comentarios

Roger Waters · · · · ·
13/03/11


En 1980, una canción que escribí, Another Brick in the Wall Part 2, fue prohibida por el gobierno de África del Sur porque era usada por los niños negros sudafricanos para reivindicar su derecho a una educación igual. Ese gobierno del apartheid impuso un bloqueo cultural, por así decir, sobre algunas canciones, incluida la mía.

Veinticinco años más tarde, en 2005, niños palestinos que participaban de un festival en la Cisjordania usaron la canción para protestar contra el muro del apartheid israelí. Ellos y ellas cantaban: “¡No necesitamos la ocupación! ¡No necesitamos el muro racista!”  En ese tiempo, yo no había visto con mis propios ojos aquello sobre lo que ellos estaban cantando.

Un año más tarde, en 2006, fui contratado para actuar en Tel Aviv.

Palestinos del movimiento de boicot académico y cultural a Israel me exhortaron a reconsiderarlo. Yo ya me había manifestado contra el muro, pero no creía que un boicot cultural fuese una vía correcta. Los palestinos defensores del boicot me pidieron que visitase el territorio palestino ocupado para ver el muro con mis ojos antes de tomar una decisión. Yo acepté.

Bajo la protección de las Naciones Unidas visité Jerusalén y Belén. Nada podía haberme preparado para aquello que vi ese día. El muro es un edificio repulsivo. Está custodiado por jóvenes soldados israelíes que me trataron, observador casual de otro mundo, con una agresión llena de desprecio. Si así fue conmigo, un extranjero, imaginen lo que debe ser con los palestinos, con los subproletarios, con los portadores de autorizaciones. Supe entonces que mi conciencia no me permitiría apartarme de ese muro, del destino de los palestinos que conocí, personas cuyas vidas son aplastadas diariamente de mil y una maneras por la ocupación de Israel. En solidaridad, y de alguna forma por impotencia, escribí en el muro, aquel día: “No necesitamos del control de las ideas”.

Considerando en ese momento que mi presencia en un escenario de Tel Aviv iba a legitimar involuntariamente la opresión que yo acababa de presenciar, cancelé mi concierto en un estadio de fútbol en Tel Aviv y lo cambié para Neve-Shalom, una comunidad agrícola dedicada a criar pollitos y también, admirablemente a la cooperación entre personas de creencias diferentes, donde musulmanes, cristianos y judíos viven y trabajan lada a lado en armonía.

Contra todas las expectativas, este acto se transformó en el mayor evento musical de la corta historia de Israel. Para asistir, unos 60 mil fans lucharon contra los embotellamientos del tránsito. Fue extraordinariamente conmovedor para mí y para la banda y, al finalizar el concierto, obligado a exhortar a los jóvenes presentes a exigir a su gobierno para alcanzar la paz con sus vecinos y para que respete los derechos civiles de los palestinos que viven en Israel.

Desgraciadamente, en los años que siguieron, el gobierno israelí no realizó ninguna tentativa de implementar una legislación que garantizara a los árabes israelíes derechos civiles iguales a los que tienen los judíos israelíes, y el muro creció inexorablemente, anexando cada vez más la franja occidental.

Aprendí en ese día de 2006, en Belén, algo de lo que significa vivir bajo la ocupación, encarcelado tras un muro. Significa que un agricultor palestino tiene que ver cómo se arrancan olivares centenarios. Significa que un estudiante palestino no puede ir a la escuela porque el paso de control está cerrado. Significa que una mujer puede dar a luz en un auto, porque el soldado no la dejará pasar hasta el hospital que está a diez minutos de ese lugar.  Significa que un artista palestino no puede viajar al extranjero para exhibir su trabajo o para mostrar un film en un festival internacional.

Para la población de Gaza, encerrada en una prisión

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Escrito por Eduardo Aquevedo

14 marzo, 2011 a 17:22

Escrito en CULTURA, ISRAEL, PALESTINA

Un siglo después, ¿cuánto han avanzado las mujeres?

con un comentario

Hoy hay mujeres astronautas y presidentas, académicas y empresarias, propietarias de tierras y de negocios. En varias partes del mundo, las mujeres gozan de libertades que hace 100 años, cuando se celebró el primer Día Internacional de la Mujer, eran impensables.

El movimiento de las sufragistas (suffragettes, en inglés) de fines del siglo XIX y principios del XX fue un antecedente clave. Posteriores movimientos feministas han puesto énfasis en la igualdad entre hombres y mujeres.

Desigualdades de género

La justicia de género es un cuenta pendiente.

Pero como lo muestran datos globales, pese a las décadas de lucha contra la desigualdad de género ésta es una pugna que permanece aún vigente.

Aunque los avances logrados en el último siglo son significativos respecto al derecho a votar, al reconocimiento de su trabajo, a la educación, a ocupar instancias de decisión y acabar con la discriminación, los siguientes gráficos indican que la sociedad aún tiene un buen trecho por recorrer.


Haga clic en el menú de abajo:

clic Empleo y salarios :: clic Acceso a la tierra :: clic Liderazgo :: clic Cuotas en América Latina

EMPLEO Y SALARIOS

En la mayoría de los países, las mujeres ganan entre el 70% y el 90% de los salarios de los hombres, y la brecha es aún más amplia en algunos países latinoamericanos.

Brecha salarial Source: UN Women

El gráfico se apoya en la base de datos sobre sueldos mundiales de la Organización Internacional del Trabajo, OIT (2009). Las cifras son para el período más reciente del que se dispone: 2006-2008.

Las mujeres tienen el 41% de los empleos totales en el sector no agrícola, dice ONU Mujeres, la entidad de Naciones Unidas para la igualdad de género y el empoderamiento femenino cuya directora ejecutiva es Michelle Bachelet, la ex presidenta de Chile.

En Asia meridional y occidental y en África del Norte, según ese organismo, el empleo de las mujeres fuera de la agricultura sigue siendo extremadamente limitado: constituye sólo un quinto de los trabajos en la industria y el sector de servicios.

Más de la mitad de las mujeres del mundo (53%) tienen ocupaciones vulnerables, como empleadas domésticas sin remuneración y trabajadoras por cuenta propia.

La participación de la mujer en la fuerza laboral en América Latina y el Caribe es similar al promedio mundial, pero inferior a la de algunas regiones, particularmente Asia Oriental y el Pacífico, donde la cifra supera el 70%, según indican datos del Banco Mundial.

Gráfico Fuerza laboral global Fuente: Banco Mundial

El gráfico se apoya en un informe de esta entidad (2009) y usa la base de datos GenderStats, con cifras de 2007.

El informe del organismo también señala que la participación femenina en la fuerza laboral tiende a concentrarse en unos pocos sectores, principalmente comercio, educación y salud, situación que las vuelve más vulnerables ante crisis específicas.

clic Volver arriba^^

ACCESO A LA TIERRA

Pese a que las mujeres componen la mayoría de los agricultores a pequeña escala y tienen una función crucial en materia de seguridad alimentaria en los países en desarrollo, los planes de distribución de la tierra suelen estar dirigidos en su gran mayoría a terratenientes hombres, señala ONU Mujeres.

Datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés) indican que la propiedad de tierras agrícolas por parte de las mujeres representa sólo una fracción de la de los hombres.

Disparidad de tierras

La información es del periodo más reciente del que se dispone (2001-2005) y se apoya en la base de datos de género y derecho a la tierra (2010) de la FAO.

clic Volver arriba^^

LIDERAZGO POLÍTICO

ONU Mujeres destaca que en ninguna región del mundo se ha logrado el nivel del 30% de puestos de liderazgo a cargo de mujeres.

Hasta la fecha existe sólo un 18,6% de mujeres en los parlamentos de todo el planeta. Sin embargo, 29 países han alcanzado o sobrepasado el 30%. De esas 29 naciones, por lo menos 24 han introducido cuotas en el Poder Legislativo.

En todo el mundo, las mujeres ocupan apenas el 16% de los puestos ministeriales.

Carteras ministeriales - UN Women
Parlamentos UN Women

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CUOTAS EN AMÉRICA LATINA

Cuando Dilma Rousseff asumió la presidencia de Brasil, se sumó al grupo de mandatarias que en años recientes han tenido a su cargo el destino de sus países en América Latina: Laura Chinchilla (Costa Rica), Cristina Fernández (Argentina), Michelle Bachelet (Chile) y Mireya Moscoso (Panamá).

La inserción de mujeres en puestos de decisión se ha visto reforzado en la región por cambios en las leyes electorales para establecer cuotas de inscripción de candidatas a los congresos nacionales.

El ejemplo que pinta el gráfico a continuación refleja cuán dramático es el cambio que puede marcar la aplicación de una ley de cupos, en este caso a fines de la década de los años 90:

Mujeres parlamentarias en Argentina

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Escrito por Eduardo Aquevedo

8 marzo, 2011 a 23:13

Escrito en CULTURA, SEXO

París: el silencio de los intelectuales…

con 2 comentarios

Thomas Wieder · · · · ·

Obnubilados por el islamismo, incapaces de pensar una democracia árabe, o simplemente ignorantes, los intelectuales se muestran discretos respecto a las actuales revueltas. Aplaudir, desde luego. Alegrarse, evidentemente. Pero evitar entusiasmarse. Y sobre todo, ser prudentes. Frente a la contestación que ruge en el mundo árabe-musulmán, los intelectuales franceses parecen debatirse entre estos dos mandatos contradictorios. Tan dispuestos habitualmente a enardecerse cuando un pueblo se levanta contra la tiranía, hete aquí que se muestran asombrosamente discretos. "Este silencio ensordecedor no es habitual”, reconoce el sociólogo Rémy Rieffel, autor de un estudio consagrado a los Intellectuels sous la Ve République (Hachette, 1995). Dicho esto, se explica por el hecho de que muchos de nuestros intelectuales se sienten incómodos".

Incomodidad, pues. Esto es lo que habría vuelto a nuestros sabios tan poco elocuentes. Para el filósofo Régis Debray, la explicación salta a la vista: "¿Qué va a esperar usted de gente que pasa sus vacaciones en su riad [1] de Marrakech o en palacios de Túnez o Egipto?" A este argumento, el perdonavidas de Pouvoir intellectuel en France (Ramsay, 1979) añade un segundo: "Están paralizados por el pavor que le tienen al islamismo y no saben qué pensar de movimientos populares que, tarde o temprano, corren el riesgo de volverse contra Israel".

A menudo en desacuerdo con Régis Debray, sobre todo respecto a la cuestión israelí-palestina, Alain Finkielkraut coincide en este punto. "Digo “admiración", pero digo también "vigilancia", pues lo que hoy sabemos es ante todo que no se sabe qué sesgo va a tomar". El filósofo se cuida, sin embargo, de distinguir entre el caso tunecino y el egipcio: "En Túnez, viendo el papel de las mujeres y la moderación de los manifestantes, todo hace pensar que es un verdadero movimiento democrático el que ha echado a Ben Alí del poder. En Egipto es más complicado: cuando se ven los ataques de los que son víctimas los coptos, cuando se sabe que el país vive desde hace años en un estado de recalentamiento antiisraelí y antisemita, cuando se leen lemas del tipo "Mubarak sionista", y cuando se sabe que Irán se alegra de lo que pasa, no digo que lo peor sea seguro sino solo que hay cómo para estar inquietos, y que hace falta evitar todo juicio definitivo".

Desterrar los "lemas simples" es también lo que predica Bernard-Henri Lévy. Pero para el filósofo, (miembro del consejo de vigilancia de Le Monde), este indispensable examen de la complejidad de la situación" no debería ser un freno para el compromiso, al contrario. "Tenemos dos deberes", explica el director de la revista La Règle du jeu. "El primero consiste en ayudar a los demócratas a llegar hasta el final de su apuesta política, y esto alentándoles a adoptar algunos compromisos claros: por la libertad de expresión, por ejemplo; por el respeto al pluralismo; y asimismo, pues también eso es democracia, por el respeto del tratado de paz egipcio-israelí de 1979. El segundo es desear la extensión de los movimientos democráticos al conjunto del mundo musulmán".  

Una legítima "timidez" vinculada, tal como lo resume el historiador Jean Lacouture, a una forma de "incertidumbre en cuanto al giro que van a tomar los acontecimiento" y al "miedo a ver triunfar a los integristas": esto por lo que respecta a la explicación positiva, la que honra por lo menos, adornándolos con la virtud de la prudencia, a los intelectuales de hoy. Pero merecen apuntarse otras explicaciones, menos halagadoras.

Unas remiten a la "obcecación" de la que algunos se han hecho culpables frente a los regímenes hoy abucheados. Es la tesis de Olivier Mongin. "Repitiendo "más vale Ben Ali que Bin Laden", y "mejor Mubarak que los Hermanos Musulmanes", muchos se han enzarzado en una contradicción: los mismos que defendían los derechos del hombre en la Europa del Este apoyaban a los dictadores del mundo árabe con el pretexto de que eran bastiones contra el islamismo. Para los intelectuales toda la dificultad reside en concebir la inscripción de valores democráticos en culturas políticas diferenciadas", explica el director de la revista Esprit.

En el fondo de este moralismo de geometría variable, Daniel Lindenberg identifica lo que no duda en calificar de "prejuicio racista". Autor de un ensayo consagrado a la deriva "neoconservadora" de una parte de la inteligentsia (Le Rappel à l’ordre, Seuil, 2002), este especialista de historia de las ideas no se anda por las ramas: "Hace falta decir, ay, lo que es: muchos intelectuales piensan en su fuero interno que los pueblos árabes son retrasados congénitos para los que no sirve más que la política del palo". 

Heredado del periodo colonial, este prejuicio se vio reforzado tras el 11 de septiembre "Muchos luchan por salir de la secuencia abierta en 2001 y marcada por el credo neoconservador que considera al Islam abono del terrorismo", explica Daniel Lindenberg. “Obsesionados por el miedo a la sharia, les ha pillado desprevenidos, como si no estuvieran equipados con el programa que les permitiera comprender que lo que pasa, sobre todo en Túnez, es sencillamente una "primavera de los pueblos"”. 

Este estado de "confusión mental" lo percibe igualmente André Glucksmann. Para el filósofo, la sorpresa "que experimentan, como él, muchos intelectuales no se refiere sólo al hecho de que "todas las revoluciones, por naturaleza, pillan a la gente desprevenida". Descansa, de un modo más fundamental, en la "la idea de que ese soplo de libertad parecía imposible en lo que se ha dado en llamar "el mundo árabe"”.

Para André Glucksmann, no obstante, los acontecimientos actuales deben sobre todo llevarnos a "desembarazarnos a definitivamente de dos grandes teorías en boga con posterioridad a la caída del muro de Berlin”. La primera, el llamado "fin de la historia", teorizada en 1989 por el politólogo norteamericano Francis Fukuyama, pretende que "la modernización económica produce democratización". La segunda, el denominado "choque de civilizaciones", defendida en 1996 por el politólogo norteamericano Samuel Huntington, tiende a hacer del mundo islámico un bloque monolítico hostil por naturaleza a los valores occidentales. "Lo que pasa hoy en Egipto recuerda, por un lado, que un régimen que se desarrolla económicamente no se democratiza necesariamente y, por otro, que los árabes no están condenados por nacimiento o cultura al despotismo", explica André Glucksmann.

¿Intelectuales prisioneros de esquemas de pensamiento que los hacen poco aptos para pensar la novedad? Para Henry Laurens, titular de la cátedra de Historia Contemporánea del mundo árabe en el Collège de France, el problema es de hecho anterior a la caída del muro de Berlín. “Si los intelectuales mediáticos no tienen gran cosa que decir, es porque la mayor parte de ellos continúa razonando con categorías propias de la Guerra Fría. Analizan el totalitarismo islamista como analizaban el totalitarismo soviético".

Subrayando que “muchos, como Raymond Aron, han sabido pensar la democracia liberal, pero han sido incapaces de pensar el Tercer Mundo”, el historiador advierte sin embargo que la "discreción de los intelectuales llamados generalistas" no debe hacer olvidar el "reforzamiento de los expertos", también conocidos como investigadores especializados. "El mundo árabe" explica, "es un sector bien encuadrado por la investigación francesa. Pero es verdad que los especialistas "académicos", siendo como son ultracompetentes en su terreno, se muestran reticentes a tomar posición sobre áreas geográficas que no conocen al dedillo. Se trata de gente que se expresa de forma generalmente matizada y que es, por tanto, menos audible que los "grandes" intelectuales, prestos a lanzar ucases a cada momento". Una forma de decir que son también las mutaciones mismas de la escena intelectual, y no solamente su loable circunspección o sus culpables anteojeras ligadas a la apuesta del momento, las que incitan a los maîtres à penser a mostrarse tan discretos.

NOTA T.:  [1] Un riad es una casa o palacio tradicional de varios pisos con un patio en su interior, situada en la medina. En ciudades como Marrakech, muchos de ellos han sido rehabilitados y reacondicionados como restaurantes, hoteles o lujosas viviendas particulares, frecuentemente por europeos.   

Thomas Wieder, joven periodista del diario vespertino parisino Le Monde, es también profesor agregado en la École normale supérieure de Cachan y autor de Les Sorcières de Hollywood.

Traducción para www.sinpermiso.info: Lucas Antón

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Escrito por Eduardo Aquevedo

7 marzo, 2011 a 16:01

Los Chilenos según Jaime Bayly… una visión que duele a muchos y que comparten algunos, o no?

con 16 comentarios

Los chilenos

Autor: Jaime Bayly

Echado en su cama del hotel Ritz, agobiado de ver los programas de bailes simiescos en la televisión chilena, harto de ver los noticieros que hacen alarde de algún mínimo triunfo deportivo de algún chileno en alguna competencia internacional, apelmazado por las noticias espesas de El Mercurio y levemente irritado por el aire arribista y trepador de La Tercera, hastiado en fin del aire chileno enrarecido que respira a la espera de que aparezca su víctima más preciada, esa mujer esquiva y misteriosa, Alma Rossi, que no aparece y que tal vez nunca aparecerá, Javier Garcés piensa que no tiene nada en particular contra los chilenos, pero tiene mucho en general contra los chilenos. No he sido nunca un peruano con fobia a lo chileno, lastrado por el viejo rencor de la guerra perdida, acomplejado porque ellos prosperaron y nosotros seguimos rezagados y debatiendo con aspereza asuntos que ellos ya zanjaron con inteligencia.

No soy antichileno, se dice Garcés. Pero estos días en Santiago, unos días en los que ya he matado a dos chilenos con tan exquisita fruición, me han permitido tener una percepción más exacta de lo que son en promedio los chilenos, y me han permitido por tanto sentir que los chilenos naturalmente me caen mal, aunque no tan mal como mis compatriotas, los peruanos. Pero los chilenos me caen mal, esto está claro ahora y no estaba claro antes, cuando solía venir a menudo a Santiago, a Viña, a Cachagua, a Valparaíso, a Zapallar, a presentar mis libros y dar conferencias sosas. Me caen mal porque son falsos, hipócritas, fariseos, taimados. Me caen mal porque simulan ser conservadores cuando son libertinos. Me caen mal porque fingen ser honrados cuando son tan tramposos como los argentinos (sólo que más discretamente). Me caen mal porque son por naturaleza pérfidos, desleales. No puedes creer en ellos. No te dicen nunca lo que están pensando. Te dicen algo retorcido y fraudulento para obtener algún beneficio generalmente monetario. Les gusta demasiado el dinero. Venden a su madre por dinero (yo no vendo a mi madre por dinero porque la amo y porque vivo del dinero de mi madre, que es una razón más para amarla). Son trepadores, arribistas, y lo peor es que han trepado y ya se sienten más arriba que los demás y te miran para abajo.

Y si bien han sabido hacer dinero y sobre todo ahorrarlo, esconden dos defectos que me resultan particularmente despreciables: son avaros, tacaños, miserables, son roñosos, son trémulos y cobardes para gastar, guardan la plata por falta de audacia, por pusilánimes, porque piensan en su jubilación, no en darse la gran vida, como los argentinos, que no ahorran un carajo pero se divierten mucho más. Y luego me irrita que los chilenos miren ahora para abajo a sus vecinos sólo por esa sensación de bonanza que los embarga cuando antes debieran mirarse al espejo. Perdón por la franqueza, pero si elijo a un chileno al azar, es feo, es un guiñapo, es un enano contrahecho, es sujeto de facciones como cuchillos afilados, es feo como una patada en los testículos. Y a pesar de eso, se sienten lindos, se sienten regios, se sienten estupendos, se sienten Primer Mundo. Primer Mundo, los cojones. Son sólo una tribu más, una tribu como la argentina, como la peruana, como la uruguaya, sólo que, como les da miedo divertirse y gastar el dinero, como ahorran por instinto conservador, son ahora una tribu pujante que sale a comprar negocios en las tribus vecinas. Pero eso no los hace mejores, los hace más odiosos porque se permiten un aire de superioridad, una mirada condescendiente, y son sólo unos rotos culiaos, con perdón por la ordinariez. No tengo nada contra los chilenos en particular, y tengo amigos chilenos, y conozco a chilenos encantadores en Santiago y en Lima y en Madrid, pero tantos días de reclusión en el Ritz y de minuciosa contemplación de los hábitos y costumbres chilenos me llevan a esta severa conclusión: en general, los chilenos me caen como el culo y cuando los escucho hablar con esa tonadilla tan insoportable me caen aún peor.

Prefiero mil veces a los argentinos. Prefiero mil veces a los colombianos. Prefiero cien mil veces a los uruguayos. Los chilenos suelen ser falsos, lambiscones, desleales, buenos para la intriga y el chisme, ensimismados contando sus pesitos revaluados, de pronto orgullosos de la tribu a la que pertenecen porque un tenista gana un puto partido o porque van al mundial de fútbol y vuelven a perder con Brasil, tanto nadar para morir ahogados. Javier Garcés piensa que un chileno promedio es tan feo como un peruano promedio y tan mentiroso como un peruano promedio aunque menos haragán que un peruano promedio, pero eso que algunos encuentran meritorio, el espíritu laborioso y pujante y emprendedor del chileno promedio, es lo que a Garcés le inflama o irrita un tanto los cojones. Porque, se dice Garcés, el chileno no es bueno como amigo, te traiciona casi siempre, y tampoco es bueno como socio, te quiere sacar ventaja casi siempre, y tampoco es bueno para el vicio, porque les sale el pudor y la mojigatería y cada tres calles hay una estatua al fascista santificado de Escrivá de Balaguer. Lo que no sé, piensa Garcés, es si la mujer chilena es buena para culear. Y está claro que, en promedio, una chilena está más buena que una peruana, aunque nunca más buena que una argentina, pero sí he visto estos días en Santiago a no pocas chilenas a las que les empujaría la verga, gustoso.

En conclusión, los chilenos me caen como el culo pero me gustaría darle por el culo a una chilena y hacerla mi rota culiá, piensa Garcés, y toma una copa de champagne, y piensa a cuál de sus amigas chilenas debería llamar para invitarla a cenar y tratar de llevársela a la cama. El problema es que todas están casadas, se detiene a pensar. Aunque esto, bien mirado, puede no ser un problema en modo alguno, porque si hay una tribu llena de cornudos es la chilena: hay que ver lo papanatas que son los chilenos para dejarse engañar por sus mujeres, hay que ver lo astutas y mitómanas y putitas que son las ricas chilenas casadas para buscar un buen pedazo de verga fuera de casa, habrá que ir llamando a mis amigas chilenas a ver cuál me presta un rato su culito, piensa Garcés. Chilenos del orto: ¿todo el puto día tienen que estar bailando tonadillas afiebradas brasileras en televisión? Tengo que salir a caminar, piensa Garcés, y seca la copa de champagne y apaga el televisor, harto de esa chusma de putas y maricas y animadores vocingleros y concursos de bailes simiescos. Y después dicen que son alemanes o ingleses estos huevones, piensa Garcés, en el ascensor: los chilenos son tan bárbaros y feos como nosotros los peruanos, basta de hipocresías.

[pedimos perdón por poner algunos puntos aparte para facilitar la lectura]

(Fragmento de Morirás Mañana 2, El Misterio de Alma Rossi, novela que será publicada por Alfaguara después del verano y está ambientada en Santiago, Viña del Mar, Reñaca y Zapallar).

Perú21.pe

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Escrito por Eduardo Aquevedo

6 marzo, 2011 a 22:42

Chile: la imposible domesticación del pueblo mapuche

con un comentario

Raúl Zibechi, La Jornada

chile-mapuches2 La guerra que el Estado chileno declaró al pueblo mapuche hace 150 años aún no ha terminado. La república criolla que el 18 de septiembre celebra su bicentenario lanzó en 1861 una guerra de exterminio contra todo un pueblo, que se extendió hasta 1883. La ocupación militar de la Araucania, el territorio al sur del Bio Bio, terminó con 260 años de autonomía mapuche que debió aceptar la corona española por conducto del Parlamento de Quilín, el 6 de enero de 1641, que reconoció la frontera y la independencia de hecho del pueblo mapuche.

Tras la ocupación de la Araucania los mapuches fueron confinados en reducciones, perdieron los 10 millones de hectáreas que controlaban y fueron convertidos en agricultores pobres forzados a cambiar sus costumbres, formas de producción y normas jurídicas. La dictadura del general Pinochet profundizó el despojo. Si en 1960 cada familia mapuche tenía un promedio de 9.2 hectáreas, al terminar la dictadura le correspondían poco más de 5. El broche final lo puso la democracia por medio del avance de las grandes empresas forestales y la construcción de hidroeléctricas: en la actualidad cada familia mapuche cuenta con sólo 3 hectáreas.

En efecto, el conjunto de las tierras mapuches no llega a 500 mil hectáreas, donde viven unos 250 mil comuneros en unas 2 mil reservas que son islotes en un mar de pinos y eucaliptos. Las familias indígenas tienen la mitad de ingresos que las no indígenas; sólo 41 por ciento de las viviendas mapuches tiene alcantarillado y 65 por ciento electricidad. La mortalidad infantil en algunos municipios indígenas supera en 50 por ciento a la media nacional. Cuando pretenden recuperar sus tierras, o sea su dignidad, se les aplica la ley antiterrorista (Ley 18.314, de 1984) sancionada por Pinochet.

chile-mapuches1 La huelga de hambre de 32 presos mapuches iniciada hace 60 días se inscribe en esta larga guerra del Estado contra un pueblo. Exigen que no se les aplique la ley antiterrorista, el fin del doble procesamiento (ya que muchos presos son sometidos a la justicia militar y a la civil), que no se utilicen testigos encapuchados que restringen la defensa y que se ponga fin a la militarización del territorio mapuche.

El Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas emitió un informe, el 18 de mayo de 2007, en el que señala que la definición de terrorismo en la ley chilenapodría resultar demasiado amplia y ha permitido que miembros de la comunidad hayan sido acusados de terrorismo por actos de protesta o demanda social. Agrega que la aplicación de esa ley se presta a arbitrariedades y discriminaciones, ya que en Chile se ha aplicado mayoritariamente para la persecución penal de mapuches.

Por otro lado, la ley antiterrorista sólo se aplica al pueblo mapuche. Si las organizaciones mapuches queman un camión de una empresa forestal, son acusados de terrorismo. Sin embargo, cuando trabajadores en huelga queman un autobús, como ha sucedido en reiteradas ocasiones, se les aplica la legislación civil. Para el abogado de derechos humanos Hernán Montealegre, esto se debe a que los propietarios de tierras tienen mucha influencia en los gobiernos (El Mostrador, 3 de septiembre de 2010).

Es la justicia del colonizador, como señala el politólogo mapuche José Marimán. Chile sanciona a los mapuches con leyes que no aplica a otros ciudadanos, dándoles a ellos el trato de seres de segunda categoría o colonizados. A los mapuches se los tortura con total impunidad, incluyendo a niños y ancianos, se los ha acusado con base en montajes falsos, sin que nadie los desagravie cuando se prueba la falsedad de las acusaciones, y algunos son juzgados por tribunales militares y civiles a la vez (doble juicio), por delitos similares a los que cometen chilenos protestando por otras razones, como es tirar piedras o escupitajos a los policías y sus carros de combate (El Quinto Poder, 7 de septiembre de 2010).

La maniobra más reciente es el intento de aplicar el Convenio 169 de la OIT, que establece los derechos colectivos, pero de forma inconsulta y vaciados de contenido, de modo de reconocer formalmente la existencia de pueblos indígenas pero sin incluir los derechos y potestades que les corresponden. El gobierno de Sebastián Piñera, auxiliado por la Concertación, no quiere que la resistencia mapuche empañe los festejos del bicentenario y busca destrabar la huelga de hambre que, luego de semanas de aislamiento mediático, comienza a romper el cerco.

No será posible, pese a la represión y la cooptación, doblegar al pueblo mapuche. Tres razones de fondo lo impiden. La primera es la propia historia y cosmovisión mapuche. En Wallmapu no se desarrolló una sociedad indígena de tipo estatal, como sucedió en los Andes y Mesoamérica, escribe el historiador Pablo Marimán Quemendo. Los colonizadores, al incorporar por la fuerza a una sociedad indígena de tipo horizontal, matriarcal y segmental como la mapuche, abrieron una situación compleja de abordar hasta el día de hoy. Mundos tan diferentes sólo pueden convivir reconociéndose.

A esta honda brecha cultural, económica y política se suma una segunda escisión de carácter colonial:Se nos habla de igualdad, fraternidad y libertad, pero se nos trata como indios vencidos, ciudadanos de segunda clase que se les hace víctimas de políticas racistas, señala Marimán. En tercer lugar, el modelo neoliberal ha empujado a amplios sectores no mapuches a experimentar formas de vida y de exclusión similares a las que sufre ese pueblo. Los ha convertido en sus aliados potenciales, en particular a los jóvenes de las ciudades que sufren el triple cerco de la pobreza, la represión y las políticas sociales discriminadoras.

El pueblo mapuche no fue vencido por la guerra de exterminio, ni por la dictadura, ni por la democracia progresista que combinó represión con soborno. Acosados por el Estado, despreciados por las izquierdas electoreras, vuelven a poner el cuerpo para sensibilizar a los de abajo, mapuches y blancos, para seguir viviendo, para seguir siendo pueblo.

Escrito por Eduardo Aquevedo

10 septiembre, 2010 a 15:56

“Cuba vive un cansancio histórico”. Entrevista

con 2 comentarios

Leonardo Padura · · · · ·

Wilfredo Cancio Isla

05/09/10

Leonardo Padura no se ha permitido descansar este verano tras la espléndida acogida a El hombre que amaba a los perros, una novela que absorbió sus faenas creativas por cinco años.

Incansable y pertinaz, con una disciplina de trabajo a prueba de tentaciones, el escritor está avanzando ya en su próximo proyecto narrativo, mientras concluye dos guiones cortos para la película Siete días en La Habana que reunirá a directores internacionales e imparte un curso sobre estrategias literarias en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, en Santander, España.

Pero Padura sabe que la ola de El hombre que amaba los perros va a acompañarlo todavía por largo tiempo. Obra de indagación histórica y de contemporánea vitalidad a un tiempo, El hombre… toma como pretexto el asesinato de León Trotski a manos de Ramón Mercader para trazar una desgarradora parábola de las utopías y los totalitarismos del siglo XX, con amplias resonancias en la Cuba de hoy.

El libro –editado por Tusquets- no se ha publicado aún en Cuba, donde Padura vive, escribe y atesora una amplísima popularidad entre los lectores nacionales. Sin embargo, la edición española está circulando de mano en mano dentro de la isla y Padura confiesa satisfacción al recibir, día tras día, mensajes de seguidores que le agradecen haberlo escrito.

El escritor, de 55 años, estuvo recientemente de paso por Miami y aprovechó para cumplir un apretado itinerario afectivo. Padura conserva un sentido casi sacrosanto de la familia y los amigos, y su vocación de lealtad ha estado siempre por encima de las discordias políticas y los rituales ideológicos que suelen dividir el mapa cubano. Esta entrevista marca también un reencuentro aplazado por ocho años, con la voluntad de hablar de sus pasiones más entrañables: la literatura, el cine, la pelota, el barrio habanero de Mantilla…Y, por supuesto, Cuba

Una perversión histórica

El hombre que amaba a los perros es visto por la crítica como la historia destructiva de una utopía, la metáfora de la invención totalitaria del socialismo y la reconstrucción literaria de uno de los crímenes más reveladores del mundo moderno. ¿Te sientes cómodo con estas definiciones o tu novela es algo más que eso?

Es eso y otras cosas más. Es, sobre todo, una reflexión sobre cómo se pervirtió la utopía más importante del siglo XX, la utopía que los hombres están persiguiendo desde que existen como género humano, la utopía que se empezó a forjar en los siglos XVI y XVII por parte de filósofos y pensadores. La gran aspiración fue desde entonces una sociedad con plena libertad y un máximo de democracia. Esa fue la promesa del socialismo cuando triunfa en la Unión Soviética. Y la perversión de esa utopía es la esencia de mi novela. Está visto con un sentido histórico, pero también metafórico, porque el personaje cubano de la novela, Iván, que es el único de ficción, no es un personaje real. En Iván reuní muchas historias de vidas cubanas, muchas historias reales que a lo mejor no le ocurrieron todas a un individuo, pero les ocurrieron a muchos individuos, de ahí el carácter simbólico del personaje.

¿Tú crees que es posible refundar una utopía de cara al siglo XXI?

Por supuesto. Una de las razones por las que se pervirtió esa utopía del sueño igualitario de la humanidad fue el totalitarismo. A pesar de que la novela describe un cuadro tétrico de lo que ocurrió en la historia del siglo XX, es también un llamado a la necesidad del hombre de refundar una utopía. La sociedad moderna se ha organizado de una manera en la cual el individuo es cada vez menos importante. Refundar una utopía, como dice uno de los personajes de la novela, significa que no nos volvamos a engañar o no tratemos de engañar a los demás, y tratemos realmente de jugar limpio.

Una de las revelaciones de la novela está en la protección que recibió Ramón Mercader en Cuba…

Resulta revelador porque Mercader es un personaje que está en el centro de uno de los acontecimientos más trascendentes del siglo XX. El asesinato de Trotski fue prácticamente un magnicidio a pesar de que no tenía el poder político. Pero a la vez Mercader es un hombre del que no se conocía su historia, pues necesitaba ser un hombre sin historia. Es decir, toda la historia de Ramón Mercader fue creada para que hiciera lo que hizo y después para que no revelara lo que había hecho. Y la estancia de Mercader en Cuba constituye un episodio sin una especial significación histórica. El no quería vivir en la Unión Soviética y su mujer, la mexicana Rogelia Mendoza, a quien Mercader conoce mientras está preso en México, tampoco quería vivir allí.  No les permitieron casarse en la cárcel porque de lo contrario él hubiera podido quedarse a vivir en México y los mexicanos no lo querían en el país. De hecho, lo sacaron de México el mismo día que salió de la cárcel. Y ellos van a Cuba porque es el único lugar donde hallan un refugio cercano de alguna manera al mundo a que pertenecían: Mercader a España y Rogelia Mendoza a México.

Misterio bien guardado

¿Cómo logró disfrazarse la identidad de Mercader en Cuba?

Mercader vivió en Cuba de una manera totalmente incógnita para casi todos los cubanos. Conozco personas que visitaban su casa, que eran amigos de los hijos de Mercader –de Mercader no, ese hombre se llamaba en Cuba Jaime Ramón López-, que lo conocían como un republicano español y eran amigos de sus hijos Arturo y Laura, y nunca supieron que este hombre era Ramón Mercader. Solamente un círculo muy reducido de viejos militantes comunistas que habían conocido a la madre de Mercader tuvieron alguna relación con él. Fue un misterio altamente resguardado. Incluso hay una anécdota que es bien ilustrativa: los médicos que le diagnosticaron y trataron el cáncer supieron que este hombre era Mercader porque dio la casualidad que viajaron a Argentina al día siguiente de su muerte. Y cuando montaron en el avión de Aerolíneas Argentinas les dieron un periódico donde aparecía la foto del asesino de Trotski que había muerto en Cuba. En aquel momento supieron que el paciente que habían atendido no era Jaime Ramón López sino Ramón Mercader.

¿Te quedó algo sobre la vida de Mercader en Cuba que no hayas dicho en la novela?

Precisamente estoy bastante avanzado en un libro que es trabajo acumulativo, una especie de apostillas a la novela, donde cuento historias como la de los médicos de Mercader; la de los amigos de los hijos; la historia de la madre, Caridad, una catalana nacida en Cuba; la relación de Mercader con el cineasta Tomás Gutiérrez Alea… Es un libro de comentarios y testimonios que no me cabían en la novela, pero que son también muy interesantes para un lector interesado. Lo empecé a escribir casi terminada la novela, porque como sabes yo soy un trabajador compulsivo y no puedo levantarme y ponerme a mirar el techo o ponerme a leer una novela por el placer de leer una novela. Yo necesito trabajar siempre. Lo publicaré cuando pase el reflujo de la novela.

Tú has contado ampliamente la realidad cubana a través de tus novelas y cuentos, pero quiero saber cómo tú describirías la situación actual de la isla no como el escritor de ficción, sino desde la perspectiva del ciudadano común. ¿Cuál es el futuro con este presente agotado?

Hay un problema fundamental en Cuba del que yo hablo en mi novela La neblina del ayer (2005), y que se ha ido agudizando con los años: el cansancio histórico. Creo que Cuba es un país que vive un cansancio histórico. La gente está cansada de sentir o que se le diga que está viviendo un momento histórico y quiere vivir una normalidad. Esto ha generado además un desgaste moral bastante serio en la sociedad cubana. En un país donde la prostitución deja de ser un oficio reprobable y se convierte muchas veces en una salvación para la economía hogareña con el beneplácito y la admiración de la familia, hay algo que funciona mal, como funcionaba mal en el reino de Dinamarca en la época de Hamlet.

Un país donde la mayoría de las personas tiene que buscar alternativas de supervivencia en los márgenes o más allá de los márgenes de la legalidad y lo hacen con total desenfado, como una actividad absolutamente normal, es un problema serio. El propio gobierno –que es el empleador del 90 por ciento de los cubanos- ha reconocido que los salarios que les paga a sus asalariados son insuficientes para vivir, lo que es un reconocimiento a que las personas tienen que buscar alternativas de supervivencia. Y cuando alguien en Cuba, por ejemplo, espera poder resolver sus problemas con los 100 ó 200 dólares que les puede mandar un pariente desde Estados Unidos, México, España, o espera resolver los problemas haciendo un determinado negocio que está más allá de los márgenes de la legalidad, es una sociedad que tiene problemas. Y estos problemas tienen un costo social y moral que va a ser lo más difícil de poder superar en un futuro inmediato.

Dentro de ese panorama de extravíos, dónde se sitúa la juventud cubana. ¿qué piensan, que aspiraciones tienen, cómo enfrentan la realidad social la generación del futuro?

Un fenómeno entre los más graves para el futuro de Cuba es que una parte notable de los jóvenes del país están emigrando o piensan emigrar, y entre ellos hay un porciento alto de personas preparadas, que deberían asumir las responsabilidades de un futuro en lo social, en lo académico, en la vida económica del país. Al mismo tiempo, hay un sector de esa juventud muy despolitizado, que lo que quiere es vivir su vida, muy distintos de lo que fuimos nosotros hace 20 ó 30 años. Eso explica la existencia de tribus urbanas bastante numerosas como los emos, los freekies, los raperos, los reguetoneros, que ven la vida desde perspectivas bastante desafiantes y poco ortodoxas. En fin, es una generación mucho menos comprometida con la política, a pesar de que siempre la propaganda oficial afirma que la juventud sigue comprometida políticamente.

Obama, una ganancia enorme

¿Cómo evalúas estos dos primeros años de la presidencia de Barack Obama para Cuba?

Te digo que en esencia soy un admirador de Obama y pienso que es en general, una ganancia enorme con respecto a lo que significó la administración Bush. Con respecto a las relaciones con Cuba se esperaban cambios mucho más significativos. Todavía las relaciones no han llegado al punto donde estuvieron en la época del 90 durante el gobierno de Bill Clinton, cuando fluyó mucho más fácilmente el fenómeno de los intercambios académicos, deportivos, culturales. Pero algo se está moviendo al menos. Y una visión diferente, más abierta hacia la sociedad cubana, es fundamental en estos momentos. Cerrar espacios es, en definitiva, alimentar la política de plaza sitiada que se ha practicado en Cuba durante estos años. Confío en que la flexibilización de posiciones avance y se profundice.

Como millones de cubanos, tú también tienes familiares a ambos lados del estrecho de la Florida. ¿Qué importancia tú le atribuyes a la familia como un espacio de reconciliación nacional por encima de las reticencias de los gobiernos?

La familia ha sido esencial para la evolución de las relaciones bilaterales. La familia cubana ha resistido y ha impuesto sus valores en las épocas más difíciles. Hubo momentos de una tensión absoluta, eso lo sabe todo el mundo: si tu madre vivía en los Estados Unidos y tú vivías en Cuba, sólo por tener relaciones con ella quedabas al margen de la sociedad. Afortunadamente eso pasó hace ya mucho tiempo y la familia cubana demostró ser capaz de pasar por encima de todos los obstáculos que le impusieron las circunstancias del diferendo. Los nexos familiares entre ambas orillas son el pilar más firme para cualquier proceso futuro en la isla.

Sé que has estado rastreando pistas y personajes en Miami para tu próxima novela. ¿De qué se trata?

Decidí que en voy a recuperar el personaje de Mario Conde como hice anteriormente en La neblina del ayer, es decir, complejizando mucho más la historia. Estoy pensando ahora en un libro cuya tesis fundamental sea la libertad como condición humana, como necesidad humana, como concepto filosófico, como estado de vida… Una visión sobre la libertad muy amplia. La historia comienza en la época de 1640 en el estudio de Rembrandt en Amsterdam y termina en La Habana contemporánea. El personaje clave será un judío polaco que vivió durante tres décadas en Cuba, donde ocurre un suceso que desencadena la trama de la novela. Por ahí vamos.

Postdata: Semanas después de su regreso a La Habana, Padura conoció de la muerte de Olga Guillot en Miami, el pasado julio. Y quiso sumar a la entrevista sus palabras de tributo a la legendaria cantante cubana: “Olga Guillot es un monumento a la cubanía, a la resistencia, al amor a una música y, especialmente, a un género. Con ella se va una de las penúltimas, de las grandes, el color, el brillo, la voz de una época irrepetible, por la que (por gentes como ella, Bola, Benny, Celia…) siempre he tenido una nostalgia no vivida, pero muy real”.

Leonardo Padura es un celebrado novelista cubano, mundialmente reconocido. Su último libro, El hombre que amaba a los perros,, una novela sobre el asesinato de Trotsky hace ahora exactamente 70 años, se publicó el año pasado en España y va a publicarse en Cuba este año.

Café Fuerte, 18 agosto 2010

Escrito por Eduardo Aquevedo

6 septiembre, 2010 a 17:15

Chile: la huelga de hambre de los presos mapuches y el doble discurso del gobierno…

con 2 comentarios

Por José Aylwin / Co Director Observatorio Ciudadano

Una veintena de presos mapuche recluidos en diversos centros carcelarios del sur han iniciado en los últimos días una huelga de hambre. Exigen del Estado poner fin a la aplicación de la ley antiterrorista en causas que les involucran así como a su procesamiento por la justicia militar, y la desmilitarización de sus comunidades. Pocos saben que en Chile hoy existen 58 personas mapuche, o simpatizantes de su causa, procesados o condenados por la ley antiterrorista por la reivindicación de sus tierras o de sus derechos políticos. De ellas 5 se encuentran condenadas y 42 en prisión preventiva, en tanto que 11 se encuentran cumpliendo medidas cautelares en libertad. Entre los delitos que se les imputan, o por los que cumplen condena, están los de incendio, homicidio frustrado y lesiones, amenazas, y asociación ilícita, todos ellos con carácter “terrorista”.

Debemos recordar que la ley antiterrorista, aprobada bajo el régimen militar, ha sido aplicada en forma casi exclusiva a los mapuche por casi una década. Dicha ley ha sido cuestionada dado que en ella se establecen tipos penales amplios que posibilitan su aplicación a hechos que nada tiene que ver con terrorismo, y que pueden ser juzgados y sancionados por la legislación penal ordinaria. Ha sido cuestionada además, por cuanto no garantiza el debido proceso al permitir la mantención del secreto de la investigación por largos períodos, la protección de los testigos, dando lugar a la existencia de testigos sin rostro, y al impedir la aplicación de medidas cautelares distintas de la prisión preventiva. También lo ha sido por la elevada penalidad que establece, la que duplica en varios casos aquella establecida en la legislación ordinaria.

Esta realidad ha sido representada por diversas instancias de DDHH de la ONU, incluyendo el Consejo de Derechos Humanos que nuestro país integra (2009), los que lo han instado al Estado chileno a revisar la aplicación de esta ley a los mapuche por hechos de protesta social, y a reformarla de modo de eliminar los tipos penales abiertos que contiene que hacen posible su aplicación arbitraria.

Otro hecho que ha sido cuestionado desde la perspectiva de los derechos humanos es la intervención de la justicia militar en algunos de los procesos que se siguen en contra de los mapuche por hechos de protesta social. La necesidad de que el Estado chileno reforme el Código de Justicia Militar, limitando la jurisdicción de los tribunales militares al enjuiciamiento de personal militar acusado de delitos de carácter militar, fue representada a Chile por la Corte Interamericana de Derechos Humanos en su sentencia en el caso Palamara Ibarne v. Chile (2005). Lamentablemente a la fecha, dicha reforma sigue sin materializarse.

La militarización de las comunidades mapuche involucradas en conflictos de tierras también ha concitado preocupación internacional. Solo el año pasado la UNICEF llamó la atención por los impactos adversos que la presencia masiva de las policías, así como su actuar abusivo, generaron en niños y niñas de diversas comunidades de la Araucanía, entre ellas Temucuicui y Rofue.

Esta huelga de hambre de los presos mapuche es la primera que enfrenta Piñera como presidente. Los mensajes que ha dado su gobierno en relación a ella, hasta ahora, no son muy auspiciosos. Pocos días antes de su inicio el propio Piñera anunció el endurecimiento de la política de seguridad pública, proponiendo, entre otras medidas, la reforma a la ley antiterrorista para agravar las penas por los delitos que considera y para favorecer la delación. Tales anuncios desoyen las recomendaciones de los órganos internacionales ante referidos, dejando en evidencia que su compromiso con los derechos humanos no pasa de ser meramente discursivo.

El inicio de la huelga de hambre, además, coincide en el tiempo con la liberación de los presos políticos en Cuba, hecho por cierto valorable, que ha sido celebrado por diversos personeros de gobierno y de oposición. Curiosamente, quienes aplauden esta medida, mantienen hasta ahora silencio respecto a la situación de los mapuche encarcelados por la aplicación de legislación antiterrorista, quienes, bien pueden considerarse como presos políticos, en la medida ello es consecuencia de una opción política del Estado chileno para perseguir su responsabilidad en hechos que, si bien en ocasiones pueden ser delictivos, pueden ser investigados y sancionados en base a la legislación ordinaria existente en el país.

El doble estándar del gobierno de Piñera, así como de personeros de la que hoy es la oposición, que en el pasado desde el gobierno también usó de esta ley para perseguir la protesta social mapuche, es patético. Habla mal de la clase política chilena.

The Clinic.cl

Escrito por Eduardo Aquevedo

23 julio, 2010 a 23:04

La revolución cubana en su laberinto…

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José Miguel Arrugaeta-Joseba Macías

Gara/Rebelión

CUBA-FC2 Una vez más Cuba vuelve a ser importante noticia internacional, esta vez de la mano de la liberación de manera escalonada de 52 opositores detenidos en el año 2003 y condenados a diversas penas de prisión bajo la acusación de estar al servicio de una potencia extranjera, en este caso Estados Unidos. El detonante de esta situación hay que buscarlo en la inesperada muerte durante una huelga del hambre de Orlando Zapata, sumado a este grupo de presos durante su estancia en la cárcel. Ahora son la Iglesia católica y el Gobierno español los “agentes mediadores” en una operación diplomática que ha levantado numerosas suspicacias en el interior de una Revolución que sigue sumida en una fuerte crisis económica y social.

La muerte de Orlando Zapata colocó al Gobierno revolucionario cubano en una tesitura sumamente incómoda a nivel internacional. En primer lugar, el hecho demostraba en sí mismo la nueva determinación de algunos miembros de la oposición interna de llevar sus reclamaciones al límite. Al mismo tiempo los gobiernos europeos y el estadounidense, funcionando al unísono con los grandes medios de prensa internacionales, tenían la excusa perfecta para acusar al ejecutivo cubano de “crueldad”, como responsable directo de una muerte “innecesaria y evitable”.

Los pequeños grupos opositores del interior de la Isla no dejaron pasar la oportunidad para ejercer presión, esencialmente mediática, con el claro objetivo de obtener la liberación de los 52 presos que quedaban de los 75 condenados iniciales tras el operativo desarrollado por el Gobierno cubano en la primavera de 2003, intentando demostrar así una capacidad de presión y apoyo social de los que realmente carecen. La estrategia opositora se ha basado en dos ejes diferentes y en ocasiones contrapuestos en sus matices y agendas: el primero, más político, las movilizaciones de las denominadas “Damas de Blanco”, organización integrada esencialmente por familiares de los propios presos. El segundo, la huelga de hambre “a muerte” iniciada inmediatamente por el disidente Guillermo Fariñas en su propio hogar, exigiendo la urgente e incondicional liberación de todos los encarcelados y hoy ya suspendida.

La inicial posición gubernamental, lógica y coherente con toda la trayectoria revolucionaria, negó la posibilidad de cualquier negociación y solución bajo presión, ya que esta actitud sería interpretada como una muestra de debilidad, activando paralelamente sus mecanismos de control policial y social respecto a las movilizaciones de las Damas de Blanco. Al mismo tiempo, el Gobierno advertía que la salud de Fariñas era únicamente una cuestión bajo la responsabilidad de este ciudadano, al no estar sujeto a ninguna causa y, por lo tanto, gozando de plena libertad.

En medio de este juego de posiciones cerradas y con una intensa marea mediática internacional, los caminos parecían aparentemente bloqueados cuando, de manera ciertamente inesperada, el propio Presidente cubano Raúl Castro daba inicio a un movimiento imprevisible a ojos de especialistas y observadores: tras una reunión personal mantenida con el Cardenal primado de la Iglesia Católica cubana, Monseñor Jaime Ortega, el Gobierno daba a conocer públicamente el encargo de mediación ante este conflicto a la institución religiosa.

El mismo Cardenal aclaraba, en sus medidas palabras posteriores, que esta gestión era “nacional y entre cubanos”, añadiendo que durante el encuentro habían tratado también otros temas relacionados con el futuro de Cuba, sentando así un precedente inédito respecto a los mecanismos de negociación interna en la larga y accidentada historia de la Revolución, protagonizada además por dos entidades, el Estado y la Iglesia católica, que han vivido numerosos puntos de fricción y distanciamiento desde 1959.

A manera de otra brillante jugada de ajedrez diplomático el resultado mismo del movimiento auguraba una solución muy cercana al conflicto. Resultaba evidente que el Gobierno estaba en disposición de acceder a la rápida liberación y concesión del pasaporte para la salida del país de los 52 presos y sus familiares directos. Sin embargo, el inédito suceso ha disparado también numerosas conjeturas al romper la tradicional política revolucionaria de “cerrar filas y posiciones” ante amenazas y presiones.

¿Cuál sería la razón que podría explicar entonces este cambio de posición por parte del Gobierno cubano? Realmente, las causas y objetivos que han motivado la decisión resultan a estas alturas una incógnita no explicada ni tan siquiera a sus propias bases, siendo difícil de entender desde una lógica estrictamente política. Quizás se pueda considerar que la actitud pueda responder al marcado interés en conseguir, de una manera urgente, la supresión de la llamada Posición Común europea, tocada ya de muerte por inoperante. Una Posición Común, por lo demás, que quedaría privada con este gesto de fondo de cualquier otro argumento, lo que subsidiariamente dejaría aislada también la política de inmovilismo estadounidense hacia la Isla, obligando así a gestos directos por parte de la administración Obama que, hasta el momento, ha mostrado ser esencialmente partidaria de esperar con paciencia a que afloren a la superficie las cada vez más marcadas contradicciones que conviven en el interior de la sociedad cubana.

También hay que considerar, a la hora de analizar estos hechos, los recientes y reiterados anuncios del Comandante Fidel Castro a través de sus periódicas reflexiones sobre un inminente e inevitable conflicto bélico de carácter internacional, con uso de armas nucleares, que se iniciaría en Irán y se extendería hacia otros lugares conflictivos del planeta. Bajo esta lógica preservar a Cuba como escenario neutral podría resultar sin duda un fin en sí mismo. En realidad, más allá de especulaciones y conjeturas, los objetivos y razones de la decisión tomada por el Gobierno revolucionario se irán desvelando a muy corto plazo y al calor de futuros y seguramente próximos acontecimientos.

El precio de una decisión.

Si los “beneficios” de estas medidas adoptadas resultan aún un enigma, los costos parecen más evidentes: en primer lugar, cuestión nada desdeñable, la imagen de cesión ante las presiones mediáticas y diplomáticas pero, muy especialmente, ante la propia movilización y determinación de los exiguos y muy reducidos grupos de la oposición interna. En segundo lugar, el nuevo papel otorgado a una institución como la Iglesia Católica, que ha manifestado en momentos claves de estos cincuenta años fuertes enfrentamientos con la Revolución, además de ambigüedades de todo tipo respecto al bloqueo y ante determinadas políticas estadounidenses que no ha condenado. Una Iglesia, por lo demás, que no oculta desde la carta pastoral de 1992 sus ambiciones de cara a jugar un activo papel político, a pesar de su más que limitado peso social (la mayoría de la población cubana se declara no creyente). Y, en tercer lugar, habría que hablar de la importante función otorgada a la diplomacia española, que vuelve a manejar el tema Cuba como un asunto de “agenda interna” siempre ajustado a su obsesiva óptica de impulsar una “transición” hacia el libre mercado, con todas sus consecuencias. En este sentido, no hay que olvidar que actualmente más de 300.000 cubanos tienen también nacionalidad española, bien por matrimonio o por ser hijos o nietos de ciudadanos españoles (a pesar de que la Constitución cubana vigente excluye de manera explícita la doble nacionalidad).

Urge la toma de decisiones

La cuidada puesta en escena de este acuerdo entre el Cardenal Jaime Ortega y el Presidente cubano, Raúl Castro, bajo la atenta y complaciente mirada de Miguel Ángel Moratinos como testigo privilegiado e invitado de honor para la ocasión (comprometiendo, de hecho, la afirmación inicial del Cardenal Jaime Ortega de que era un asunto exclusivamente “entre cubanos”), no deja de ser finalmente, en claves de cotidianidad, una operación estratégica sin mayor trascendencia acogida por la mayoría de la población cubana con notoria indiferencia e incluso, en algunos casos, con un marcado desagrado al carecer de cualquier explicación oficial sobre el hecho, así como por el desmesurado protagonismo otorgado a la jerarquía católica y al Gobierno español. A pesar de noticias y cables internacionales que continúan tergiversando la realidad, sigue siendo ese “detrás de la fachada”, es decir, el interior de la sociedad cubana donde las realidades vitales, cambiantes y contradictorias continúan jugando sus cartas ante una Revolución que se mueve en un complejo laberinto.

La aspiración a una agenda de cambios internos, expresada abierta y mayoritariamente por casi tres millones de cubanos y cubanas en asambleas abiertas hace casi tres años, sigue siendo la gran asignatura pendiente, la promesa reiterada del Gobierno revolucionario que no acaba de cristalizar ni hacerse visible como programa o voluntad política. Al día de hoy apenas se pueden enumerar la puesta en marcha de muy escasas medidas de cierta trascendencia por su carácter estructural como la efectiva repartición en usufructo gratuito de las numerosas tierras agrícolas abandonadas, que poco a poco van mostrando resultados productivos. O, también, la eliminación de los comedores en los centros de trabajo, sustituidos por el pago de las subvenciones que se destinaban a ese fin en efectivo a los trabajadores, una medida aplicada de manera general desde el comienzo de este mes de julio en todos los centros laborales (con excepción de los vinculados a los Ministerios de Salud y Educación).

Mientras el tiempo pasa y las medidas de transformación interna se siguen “estudiando con detenimiento”, la crisis financiera (pago de exportaciones y capacidad inversora) es pública y de imposible solución bajo las pautas de la actual estructura económica y la escasa productividad que no acaba de ser estimulada por los muy bajos salarios laborales. El mercado negro sigue disfrutando de una salud excelente, mientras la especulación y la corrupción continúan su irrefrenable expansión. En medio de esta delicada situación social y económica, donde siguen sin propiciarse soluciones, crece el descontento, los distanciamientos, el escepticismo y los desánimos.

La dirigencia de la Revolución, más allá de sus movimientos diplomáticos, continúa presionada por el tiempo, los retos y las necesidades de una sociedad cansada y desmotivada, mientras urge la puesta en marcha de inmediatas salidas internas que ayuden a superar el complicado laberinto actual.

Impugna sanción académico separado del PCC por criticar la corrupción oficial

Gerardo Arreola, Corresponsal

Periódico La Jornada
Jueves 15 de julio de 2010, p. 21

La Habana, 14 de julio. Un académico, separado del Partido Comunista de Cuba (PCC) por haber criticado públicamente la corrupción oficial, ratificó sus denuncias e impugnó la sanción, de la cual afirmó que favorece el silencio y el oportunismo.

En un desacostumbrado caso, el economista Esteban Morales, de 67 años, doctor en ciencias y experto en las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, fue separado de las filas del partido después de divulgar en abril pasado un artículo en el cual afirmó que la corrupción es la verdadera contrarrevolución y resulta mucho más peligrosa que la llamada disidencia interna.

La separación es una sanción menos grave que la expulsión, pero en la práctica tiene el mismo efecto de apartar al militante del PCC.

El castigo transmite un mensaje a la intelectualidad revolucionaria, a la masa partidaria y a la izquierda en general, de que el partido va a ser implacable con quien considere que se equivocó, aunque haya sido de buena fe, y que es preferible quedarse callado, practicando el oportunismo y haciéndole el juego a lo mal hecho, replicó Morales en un segundo artículo esta semana.

El primer texto circuló en abril por correo electrónico, luego se difundió en el sitio de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac), a la que pertenece Morales, pero desapareció a los pocos días. Más tarde el caso saltó a la web de izquierda Kaosenlared, basada en España.

La sanción fue adoptada en junio por el comité del PCC en el municipio Playa, una zona de la capital y a finales de ese mes la hizo pública en Kaosenlared otro académico, Pedro Campos, ex miembro del PCC e impulsor de un debate abierto sobre el socialismo en Cuba.

El núcleo de base de Morales había optado por una amonestación, pero el comité municipal decidió endurecer el castigo, que ahora entra en un proceso de apelación que subirá escalones hasta llegar al congreso partidario, según fuentes que están al tanto del caso.

En julio el artículo inicial reapareció en el sitio de la Uneac y Morales abrió un blog. Desde el inicio del episodio, el investigador dejó de aparecer en la Mesa Redonda, el programa televisivo de comentarios políticos, del cual era invitado habitual.

El carnet se fue con los sancionadores, la militancia comunista se quedó con Esteban Morales, escribió Campos. Luego recordó una idea reiterada por el presidente Raúl Castro, la más reciente ocasión en abril pasado, cuando invitó a fomentar la discusión franca y no ver en las discrepancias un problema, sino la fuente de las mejores soluciones.

A continuación preguntó si se está tratando de transmitir que Raúl anda por un lado y la dirección del PCC, que no admitiría la crítica desde dentro de las filas, por otro.

Ex director del Centro de Estudios Hemisféricos y sobre Estados Unidos, Morales ha rehusado hablar con periodistas. En su primer alegato había pedido una explicación pública de la destitución, en marzo pasado, del general de división Rogelio Acevedo como presidente del Instituto de Aeronáutica Civil de Cuba, ya fuera para reivindicarlo o condenarlo frente a versiones sobre un presunto caso de corrupción.

Sin duda se va haciendo evidente que hay gente en posiciones de gobierno y estatal, que se están apalancando financieramente, para cuando la revolución se caiga, y otros, que pueden tener casi todo preparado para producir el traspaso de los bienes estatales a manos privadas, como tuvo lugar en la antigua URSS, expuso entonces.

En su nuevo artículo, Morales propuso que el PCC combata frontalmente la corrupción, permitiendo que toda la información llegue a todos los núcleos de base y no se quede sólo en la dirigencia. El control informativo en la cúpula fue una deformación soviética que permitió a algunos líderes convertirse en nuevos ricos, sin que lo pudiera impedir el militante de a pie, agregó el especialista.

Recordando una similar advertencia de Fidel Castro en 2005, Morales añadió que la corrupción puede contribuir a destruir el sistema político cubano desde dentro, con lo cual resulta convergente con la política de Estados Unidos hacia la isla.

La corrupción mina la confianza del pueblo en los dirigentes, en las instituciones y crea el ambiente moral que permite a la contrarrevolución avanzar, señaló Morales. Constituye el mayor peligro interno que tenemos actualmente.

Escrito por Eduardo Aquevedo

15 julio, 2010 a 22:15

Matrimonio para gays y lesbianas en Argentina, un gran avance de la igualdad de derechos…

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Discursos de la época del medievo en debate sobre uniones gays en Argentina

Stella Calloni, Corresponsal

image Periódico La Jornada
Jueves 15 de julio de 2010, p. 37

Buenos Aires, 14 de julio. El Senado de Argentina debatía esta noche el proyecto de ley de matrimonio entre personas del mismo sexo, que ya fue aprobado por la Cámara de Diputados, en un enfrentamiento en el que algunos discursos parecían surgir del medievo, mientras en las calles se cruzaban las manifestaciones de uno y otro lado.

Algunas mujeres permanecían rezando ante el Congreso de la nación, convencidas de que se trata de una guerra de Dios contra el demonio y en defensa de la familia, y otros haciendo sonar vuvuzelas –un nuevo elemento que se introdujo en las manifestaciones locales después del Mundial de Futbol en Sudáfrica– manifestaban su apoyo en defensa de los derechos de las minorías.

Al cierre de esta edición continuaba el intenso debate y se esperaba una reñida votación en las próximas horas.

Anoche en una de las manifestaciones en contra de la ley de matrimonios gays, se escucharon incluso voces que pedían el retorno del 76, es decir, de una dictadura militar, ante la amenaza a la integridad de la familia y otros conceptos tan conocidos para los que vivieron los regímenes autoritarios que padeció el país.

Aunque este proyecto de ley fue introducido por legisladores no oficialistas, la oposición más dura es contra el gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, alentada por la cúpula eclesiástica, lo que ha transformado esta situación en un nuevo esquema de enfrentamiento.

En esta cruzada hay una particularidad, y es que el tema dividió las aguas en todos los bloques del Congreso.

Una comisión senatorial intentó cambiar lo aprobado en la Cámara de Diputados por otra propuesta de unión civil, lo que fue considerado anticonstitucional, porque ya no era un debate sobre lo consensuado en la cámara baja, y porque tenía graves contenidos que fueron calificados como discriminatorios, lo que provocó una oleada de protestas de los promotores de esta legislación.

El bloque oficialista sostenía que se había violado la Constitución, en su artículo 81, al cambiar intencionalmente los giros a comisión y violentar el reglamento y la historia.

El dictamen de minoría que avala el proyecto sancionado por los diputados cuenta con el apoyo del oficialismo y de parte de la opositora Unión Cívica Radical.

FotoEn las calles, con el frío inclemente, las discusiones tienen otro tono. Militantes de organizaciones sociales, estudiantes, legisladores, sindicalistas, siguen los debates y corean consignas. Y hay algunos encontronazos discursivos con los remanentes de los que ayer marcharon convocados por la cúpula de la Iglesia en la guerra de Dios.

El ministro de Economía Amado Boudou, citado por la agencia oficial Télam, sostuvo por su parte que la ley es un avance de la sociedad que tiene que ver con el acceso a derechos civiles y que las distintas marchas no tienen demasiada importancia: lo importante es ver a una sociedad que avanza en la igualdad de derechos.

Por otra parte, César Cigliutti, de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA), destacó que esta organización logró dar un debate esencial en la sociedad alrededor de la familia, porque nuestra campaña afirma que somos familias, y agradeció la respuesta de la sociedad que acompaña esta demanda y a los medios de comunicación.

También mencionó con emoción los discursos hermosos de senadores heterosexuales y padres de familia, en favor de nuestros derechos, y sostuvo que respetaban las posiciones contrarias, pero a lo que nos oponemos es a la imposición de ese dogma a toda la nación, porque estamos hablando de leyes civiles en una sociedad diversa.

Otro tema que salió a luz en estos días es el apoyo de autoridades de la Iglesia a la pasada dictadura militar y a la participación de sacerdotes junto con represores en crímenes de lesa humanidad, dejando solos a los religiosos que se enfrentaban a estos crímenes. La presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, cuestionó a la Iglesia, porque nunca se pronunció por los 500 niños que nos robó la dictadura y tampoco ha condenado este delito probado del padre Jullio Grassi, que fue encontrado por la justicia responsable de abusos hacia menores.

"Argentina es referente"

El secretario de Movimientos Sociales del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), Pedro Zerolo, felicitó "al pueblo y los legisladores" argentinos por la aprobación en el Senado de la Ley de matrimonio entre personas del mismo sexo, que, aseguró, convierte a Argentina en un ejemplo para América Latina. El dirigente asistió al debate de la norma en Buenos Aires, de cuya elaboración participó como experto.

"Argentina se convierte hoy en un referente para América latina al reconocer la igualdad legal para lesbianas y gays", señaló Zerolo tras abandonar Buenos Aires hacia donde viajó para asistir al debate de la Ley que, según opinó, tiene como modelo la legislación española al respecto.

"Al cumplirse cinco años de la aprobación de nuestra ley, volvemos a vivir un día histórico para América latina que pone de manifiesto que el camino hacia la igualdad que iniciamos en España es imparable, a pesar de los de siempre", opinó.

Zerolo, que participó como experto en la elaboración de esta Ley en el Congreso argentino, reconoció la labor de las organizaciones argentinas que llevan "muchos años trabajando de forma incansable para concienciar a la sociedad y a los partidos políticos argentinos de la necesidad de reconocer la igualdad jurídica para las parejas de lesbianas y gays".

El responsable de Movimientos Sociales del PSOE calificó, asimismo, de "valiente" la actitud y el compromiso del Gobierno argentino y de su presidenta, Cristina Fernandez, con la aprobación de este texto legislativo.

CHA: "Se trata de igualdad y de igualdad ante la ley”

César Cigliutti, presidente de la Comunidad Homosexual Argentina manifestó sentir “mucha emoción” por la reciente aprobación de la ley que habilita el matrimonio homosexual y cuestionó nuevamente las declaraciones del Obispo Bergoglio: “Fue muy violento para nuestra comunidad y para sus propios feligreses", subrayó.

“Si de algo se trata es de igualdad y de igualdad ante la ley", manifestó Cigliutti en declaraciones radiales horas después de que el Senado haya convertido en ley la iniciativa que ya contaba con media sanción de la Cámara de Diputados.

“Con respecto a este concepto en los discursos que hubo en contra del proyecto, hubo muchas apreciaciones tan denigratorias en cuanto a la diferencia, que nos parece lamentable que en un Senado se confundan los conceptos y se cambie por fundamentalismos y dogmas religiosos”, explicó el representante de la CHA.

“De los argumentos en contra, lo que para nosotros fue el peor discurso sostenido fue el de la senadora Liliana Negre de Alonso por lo que viene diciendo en todos los medios”, indicó.

En cuanto a las declaraciones del Cardenal Bergoglio, Cigliutti dijo que le parecieron “dolorosas”. “No puedo creer que un obispo esté hablando de guerra, del demonio, puede estar en la injusticia pero no referido a la modificación de una ley civil. Creo que fue muy violento para nuestra comunidad y para sus propios feligreses”, advirtió.

“A muchos no les gustó lo que dijo porque fue muy violento y, con respecto a este resultado, se ve que fue una mala estrategia”, agregó.

Al ser consultado sobre si hubo incidentes en la Plaza de los Dos Congresos, dijo que había mucha gente en apoyo a la ley y 20 personas que estaban rezando frente al Congreso con un cartel en una reja donde nadie puede colgar un cartel. “Hubo una discusión entre 20 personas y otras 15 del otro lado. Fue un incidente menor”, concluyó.

Página/12

Escrito por Eduardo Aquevedo

15 julio, 2010 a 18:55

Suiza deja en libertad a Roman Polanski…

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El cineasta no será extraditado a EE UU, donde está acusado de violar a una menor en 1977. La presunta víctima había retirado todo cargo en su contra.

RODRIGO CARRIZO COUTO - Ginebra – 12/07/2010/El País.com

image La ministra de Justicia de Suiza, Eveline Widmer-Schlumpf, ha comunicado hoy la puesta en libertad, y por tanto la no extradición a EE UU, del cineasta francopolaco Roman Polanski, de 76 años de edad. No cabe recurso contra esta decisión. El director de filmes como El pianista se hallaba en arresto domiciliario en suelo helvético, donde llegó a pasar un periodo en la cárcel tras ser detenido en septiembre de 2009, a petición de EE UU, cuando acudía al festival de cine de Zúrich a recibir un homenaje. Estados Unidos le acusa de haber abusado en 1977 en California de la entonces niña (tenía 13 años) Samantha Geimer. Esta, que había posado para él durante una sesión de fotos organizada para la revista Vogue, posteriormente le acusó de violación.

Polanski llegó entonces a un acuerdo con el juez Rittenband por el que se archivarían todas las acusaciones si el director admitía haber mantenido relaciones sexuales con la menor. Pasó más de un mes en una cárcel californiana y, tras abandonarla, temiendo que el juez no cumpliera su palabra, el cineasta huyó del país, al que no ha regresado desde entonces.

Esta noche, a través de su abogado Hervé Temime, el cineasta ha declarado su "profundo agradecimiento" a la gente que le ha apoyado y ha asegurado que no hablará más públicamente tras la decisión de la justicia suiza, informa AFP.

Según ha explicado a los medios de comunicación la máxima autoridad judicial helvética, la demanda realizada por Estados Unidos "podía incurrir en errores de forma". Las posteriores investigaciones y aclaraciones necesarias "no permiten con absoluta certeza excluir todas las dudas" en este caso.

Samantha GeimerLa Oficina Federal de Justicia, equivalente del Ministerio de Justicia, pidió a las autoridades americanas el 3 de marzo de 2010 el envío de las actas del proceso llevado a cabo en 1977. Según este documento, se demuestra que el fiscal habría asegurado a Polanski que los 42 días pasados en prisión en una institución psiquiátrica cubrían la totalidad del delito cometido.

Pero la negativa de los estadounidenses a presentar esta documentación llevó a los suizos a considerar que la pena podría haber sido ya sentenciada y cumplida. "Vistas las presentes circunstancias, no es posible excluir totalmente la posibilidad de un error de forma grave", ha comentado Eveline Widmer-Schlumpf. En vista de esta incertidumbre, el Ejecutivo suizo opta por liberar al realizador de El Pianista.

Tras la detención en Suiza en septiembre de 2009, los abogados de Polanski lograron que el cineasta pasara en diciembre a la situación de arresto domiciliario en su chalé de Gstaad. Desde entonces, con la ayuda de sus asesores, ha estado luchando por no ser extraditado.

El proceso al cineasta ha polarizado la opinión de políticos e intelectuales, con declaraciones y artículos en medios de comunicación posicionándose a favor o en contra de la libertad para Polanski.

La vida de Polanski se había visto convulsionada previamente por otro hecho criminal. Ocho años antes del supuesto abuso sexual, el 9 de agosto de 1969, Sharon Tate, su segunda esposa, embarazada, fue asesinada por la banda de Charles Manson, líder de una secta satánica.

Lee aquí, en inglés, el comunicado oficial de la Justicia suiza sobre la puesta en libertad de Roman Polanski

Escrito por Eduardo Aquevedo

12 julio, 2010 a 15:54

Lapidación en Irán y otros lugares: una lacra cultural criminal y medieval…

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¿Quién tira la primera piedra?

El proceso de lapidación está descrito, con toda la frialdad de los textos legales, en los artículos del Código Penal iraní.- Las condenadas deben ser enterradas "hasta por encima de los senos"

ÁNGELES ESPINOSA | Teherán 09/07/2010

image Debe de ser una de las muertes más horribles que se pueda imaginar. Una a una, las piedras van golpeando la parte superior del cuerpo, magullándolo, lacerándolo, hasta que la acumulación de heridas acaba con la vida del reo. Despacio. Sin piedad. El proceso está descrito, con toda la frialdad de los textos legales, en los artículos 98 al 107 del Código Penal iraní, que incluso establece quién debe tirar la primera piedra.

En primer lugar, se entierra en un agujero al condenado, "hasta la cintura" si es un hombre y "hasta por encima de los senos" en el caso de las mujeres, según estipula el artículo 102. Parece evidente que es más fácil escapar del agujero en el primer caso, extremo que garantiza el perdón si no hubiera testigos (artículo 103). También se determina (artículo 104) que "las piedras no pueden ser tan grandes como para que maten a la víctima al primer o segundo golpe, pero tampoco tan pequeñas que no puedan ser llamadas piedras".

En el caso de que la condena haya sido fruto de la confesión, como se pretende en el caso de Sakineh Ashtiani, el juez tiene la responsabilidad de arrojar la primera piedra. Si hubiera habido testigos, serían estos quienes tendrían el dudoso honor; a continuación, vendría el juez y el resto de los presentes en la ejecución que por ley no pueden ser menos de tres.

Dado que las lapidaciones son muy polémicas, suelen celebrarse a puerta cerrada y es por tanto difícil saber qué tipo de personas acceden a participar en un castigo tan cruel. Hay que tener mucho estómago para aguantar la lenta agonía que garantiza el goteo de piedras hasta qué las hemorragias o la fractura del cráneo causan la muerte. La película La Lapidación de Soraya M., basada en el libro del mismo título de Freidoune Sahebjam, permite acercarse a ese horror.

Lapidación en Irán

El destino de la mujer condenada a ser lapidada en Irán sigue en el aire

Fuentes de las autoridades iraníes aseguran que suspenden la lapidación por la presión internacional pero sigue la condena a muerte.- El abogado de Ahstiani dice no saber nada

ÁNGELES ESPINOSA / EL PAÍS | Teherán / Madrid 09/07/2010

La mujer condenada a muerte por adulterio en Irán no será lapidada, según han anunciado las autoridades iraníes. Sin embargo, el abogado de de la víctima asegura que no tiene constancia de ningún tipo de decisión por parte de las autoridades iraníes.

De cumplirse lo dicho por las fuentes iraníes, el régimen de Teherán cede en principio a la presión internacional, pero sólo en parte, ya que sigue condenada a muerte. Amnistía Internacional (AI), que lleva a cabo una campaña de firmas para salvarla, asegura que en el comunicado del Gobierno iraní sólo se dice que no va a ser lapidada pero no menciona que vaya a conmutarse su pena de muerte, por lo que puede ser ejecutada "en cualquier momento". El método de ejecución más usual en Irán es "el ahorcamiento", añade AI.

La sentencia a muerte por lapidación para Ahstiani, de 43 años y madre de dos hijos, implicaba ser enterrada hasta el pecho y golpeada hasta la muerte con piedras que no sean tan grandes como para matarla de forma instantánea ni tan pequeñas que no le causen daño, tal como establece el código penal de la República Islámica.

"No hay pruebas en su caso que justifiquen esta sentencia inhumana", denunció la Campaña Internacional por los Derechos Humanos en Irán, la primera en dar la voz de alarma. La campaña respondía al llamamiento del abogado de Ashtiani, Mohammad Mostafaeí, quien, agotadas todas las instancias, difundió el caso en su blog. Desde entonces, Amnistía y Human Rights Watch, entre otras, se han sumado a la movilización internacional pidiendo su perdón.

El código penal vigente en Irán desde la revolución islámica de 1979 establece la lapidación para los adúlteros, pero de acuerdo con esa polémica interpretación de la sharía (ley islámica), el delito debe probarse por la confesión repetida del acusado o el testimonio de cuatro testigos varones (o de tres hombres y dos mujeres). El ayatolá Mohammad Ebrahim Yannati asegura que no hay base religiosa para ese castigo.

Ashtiani había sido condenada con anterioridad a 99 latigazos por "relación ilícita" con el presunto asesino de su marido. Sin embargo, otro tribunal reabrió el caso y decidió que dicha relación se había producido en vida del finado, por lo que constituía "adulterio", a pesar de carecer de testigos. En el juicio, la mujer se retractó de la confesión que hizo durante el interrogatorio porque dijo que había sido coaccionada. Desde entonces ha negado la acusación y pedido clemencia. Además, según su abogado, tiene dificultades para entender el persa, porque pertenece a la minoría azerí que habla un dialecto turco.

Según Amnistía, "las circunstancias que rodean el caso de Ashtiani no son la excepción, sino la regla en Irán", donde al menos otras ocho mujeres y tres hombres corren el riesgo de ser lapidados. Como resultado del diálogo con la UE, el poder judicial decretó una moratoria de esa pena en diciembre de 2002. Igual que otros avances conseguidos durante el mandato del reformista Mohamed Jatamí, no se convirtió en ley. Así que se han seguido pronunciando veredictos de lapidación y los jueces más conservadores las han ejecutado. El último caso conocido se produjo en enero del año pasado en la ciudad de Mashhad.

Escrito por Eduardo Aquevedo

9 julio, 2010 a 23:11

Holanda y el “fútbol total”: una visión estratégica que ganará el título…?

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Holanda es peor enemigo que Alemania

Los jugadores españoles destacan la verticalidad y la rapidez de ejecución de la jugada de su adversario en la final

image RAMON BESA - Potchefstroom – 10/07/2010

Nada más ser nombrado seleccionador de Holanda, en agosto de 2008, Bert Van Marwijk, proclamó: "Marco Van Basten me deja un equipo que sabe atacar muy bien, como se ha visto en la pasada Eurocopa. Mi reto es conseguir que también sepa defender y si conseguimos el equilibrio, podemos ser campeones". El anuncio del técnico holandés, especialmente conocido en el Feyenoord y en el Borussia Dortmund, provocó una cierta sorna, más que nada porque la oranje siempre penó por las concesiones en su área hasta que Holanda eliminó a Brasil de la Copa del Mundo. "Espero que a partir de ahora nos tomen en serio", respondió Van Marwijk, que ha mantenido el mismo dibujo y bloque del equipo nacido hace seis años: el 4-2-3-1. Ayer, en la sede de la concentración española, los muchachos de Vicente Del Bosque visionaron un vídeo de Holanda y llegaron a la misma conclusión: "Los holandeses serán más peligrosos que los alemanes en la semifinal. El partido pinta muy duro".

A los internacionales españoles les impresionó la verticalidad con la que juega Holanda. "Es un equipo muy directo y, sobre todo, que piensa muy rápido", argumenta Xavi. "Procesan las jugadas dos segundos antes que Alemania. "Sneijder va como un tiro, a la que te descuidas se ha puesto un pase de gol o ha engatillado un tiro difícil para el portero", reitera el medio español. "El reto es que Sneijder no tenga tiempo para pensar", añade Busquets. "A la que se da la vuelta y toma la pelota, Robben ya está corriendo hacia el área contraria", matiza Xavi. "Sneijder, Van Persie, Robben y Kuyt, los cuatro jugadores de arriba, son muy rápidos". La sorpresa para muchos es el papel de Kuyt, al que Johan Cruyff define como "el jugador que resuelve todos los problemas: aguanta el balón, asiste, marca goles y trabaja para el equipo". El viento del norte le convirtió en una fuerza de la naturaleza. "Hay que tenerle muy en cuenta", coincide Xavi con Xabi Alonso, buen conocedor de Kuyt.

Xavi aspira a convertirse en el jugador que más toques ha dado al balón en una fase final de un Mundial desde 1970. Únicamente le faltan 10. "Los retos individuales no me interesan. ¿Balón de Oro? Yo lo que quiero es que el equipo gane la Copa del Mundo. Hay que pensar en el bien común y no ser egoísta; si somos un equipo, podemos ganar a Holanda". El punto neurálgico del partido estará nuevamente en la divisoria. A España le interesa que los delanteros holandeses no reciban la pelota y forzar sobretodo llegadas al área de Stekelenburg. Holanda no tiene buenos zagueros, pero se defiende bien porque cuenta con un muro de contención en la divisoria con el doble pivote que forman Van Bommel y De Jong. "Son dos futbolistas tremendos por su despliegue físico", coinciden de nuevo Xavi y Xabi Alonso. "A Van Bommel se le conoce más porque ha jugado en grandes equipos", interviene Alonso. "Pero De Jong es terrible. Ambos son fuertes y pícaros, duros. Pegan".

El poder de intimidación de la pareja de medios holandeses dependerá parcialmente de la intervención arbitral y, sobre todo, de la manera que administre las tarjetas. Holanda comete muchas más faltas que España. También es un equipo con mayor poder ofensivo (12 goles frente a 7) y que selecciona mucho mejor los remates a portería: de los 80 tiros contabilizados, 41 han ido a portería, mientras que España ha disparado 103 veces, 40 entre los tres palos. "Hay que tener de nuevo la pelota y tocar sin parar", concluye Xavi. "La posesión volverá a ser decisiva". Los jugadores españoles entienden que los holandeses no les respetarán tanto como los alemanes.

Joachim Löw estuvo especialmente cordial con más de un futbolista español el día del partido de semifinales y hasta el calentamiento del equipo fue seguido con una especia atención por los técnicos alemanes, enamorados del juego español. Holanda ha competido con tal determinación que no está para cortesías.

A Van Marwijk se le puso en la cabeza que Holanda, finalista en 1974 y 1978, tenía que ganar la Copa del Mundo de una vez y no piensa parar (el equipo suma 14 victorias consecutivas) hasta que lo consiga por más que los genuinos defensores de la naranja mecánica consideren que jugar con un doble pivote sea una traición al juego de extremos de toda la vida. Sneijder le da la razón. No es Cruyff ni Van Basten, pero aspira a convertirse en Pelé y ganar en una temporada la Champions, la Liga, la Copa -los tres torneos con el Inter- y el Mundial con la selección, igual que O Rey en 1962. Voraz como ninguno, Sneijder pretende competir incluso con Villa por el Pichichi (5 tantos cada uno) y con Xavi por el Balón de Oro.

El milagro holandés

Un país con la extensión de Extremadura jugará mañana su tercera final, fascinante para el gran vivero futbolístico de Europa – La generación actual no seduce como otras, pero compite muy bien

JOSÉ SÁMANO - Johanesburgo – 10/07/2010

En la historia del fútbol, pocas aventuras han sido más fascinantes que la de Holanda, un país con 16 millones de habitantes y la extensión de Extremadura. Un milagro. Un país donde el fútbol era un asunto de marcianos hace medio siglo y mañana afronta su tercera final de un campeonato del mundo. No solo el Mundial está en deuda con la ilusionista Holanda, sino todo el fútbol.

A finales de los sesenta, cuando el gran Real Madrid se había quedado sin depósito, este deporte languidecía entre las trincheras dominantes del calcio y las violentas guerrillas de algunos clubes argentinos. Entonces, de la nada, en una nación donde el fútbol era inexistente, subyugado por el ciclismo y el patinaje, en las calles de Ámsterdam la pelota recobró la sonrisa, surgió de forma espontánea un fenómeno contracultural. Desde aquella época su catálogo de estrellas ha convertido a Holanda en el primer vivero de Europa, en el Brasil continental.

Todo empezó en el estadio De Meer, en Amsterdam, donde Petronella Bernarda Draaijier, la mujer encargada del servicio de limpieza de un club llamado Ajax, se empeñó en que su hijo Johan fuera alistado con 10 años en las categorías inferiores. Aquel delgaducho chiquillo, que dos años después perdió a su padre, frutero, abrió la espoleta. Cruyff, Johan, nacido en 1947, siempre fue un transgresor, nunca aceptó una orden. Ya en 1964, el propio Johan y Piet Keizer, un gran delantero del Ajax cuatro años mayor que el hijo de Petronella, se convirtieron en los primeros jugadores profesionales de Holanda. Junto a ellos, un grupo de futbolistas melenudos y de patillas infinitas acunados en los tiempos rebeldes de la beatlemanía fueron refractarios a aquel fútbol declinante que entonces imperaba. Fue la semilla de la popularizada después como naranja mecánica, en referencia de la exultante Holanda de 1974. En realidad no era tan mecánica, más bien, como alguien subrayó en la época, era la desorganización más organizada que se haya conocido. La Holanda de Cruyff, Neeskens, Rep, Krol, Haan y tantos ilustres, se convirtió en el subcampeón más seductor que se recuerde. Perdió con Alemania en Múnich, y cuatro años después caería de nuevo ante el anfitrión, Argentina, pero ya sin Johan Cruyff al frente, enfrentado con los directivos. Antes de aquella final perdida ante los germanos, el fútbol holandés ya sumaba cuatro Copas de Europa: una el Feyenoord de Israel y Van Hanegem -sus dos islotes en la selección que gobernaba con puño de hierro el Ajax- y tres el equipo de Ámsterdam, que repetiría en 1995. En 1988 también hizo bingo el PSV, que frustró al gran Real Madrid de un buitre y su quinta.

De la escuela holandesa no solo se han exportado jugadores, sino un método, un dictado que ha servido de andamiaje para algunos equipos de leyenda: el Milan de Arrigo Sacchi que abrazaban Van Basten, Rijkaard y Gullit, el Barça de ensueño de Cruyff y Ronald Koeman o la actual selección española. Esta ha metabolizado el guión holandés con el equipo azulgrana de cordón umbilical, primero en los tiempos de Van Gaal y luego en la obra perfeccionada por Rijkaard y rubricada hasta lo sublime por Pep Guardiola.

La generación actual, la que mañana se medirá a España, no es la de mayor fantasía, ni mucho menos. Es naranja, pero ya no tiene aquel encanto revolucionario de los setenta, ni la maravillosa versatilidad del equipo de los noventa que lideraba un bailarín del Bolshoi como Van Basten, ni la más tecnocrática de Kluivert, Bergkamp y Overmars. Todas ellas tuvieron algún cortocircuito, bien porque se cruzaron con equipos campeones, o bien porque alguien tiró una cerilla en su concentración. Desde los tiempos de Cruyff, no han sido pocos los conflictos internos, incluidas las sospechas entre las nomenclaturas del Ajax, el Feyenoord y el PSV. En África, la selección ha vivido en armonía. Sin el talento de sus antepasados, el grupo de Bert van Marwijk ha sabido cohesionarse. En cuanto a tensión competitiva nada tiene que envidiar a los equipos de sus conspicuos predecesores. Esta selección triunfó en sus ocho partidos de la fase de clasificación (ante Noruega, Escocia, Macedonia e Islandia) y lleva otras seis victorias en Sudáfrica. Desde el deslumbrante Brasil de 1970 ningún equipo ha encadenado racha semejante. No es la mejor Holanda, pero no es una selección cualquiera y el fútbol hace tiempo que la espera en el trono. También la espera España, a la que jamás se ha enfrentado en una Eurocopa o un Mundial. Los amistosos sí que han resultado útiles: en 1957, Di Stéfano debutó con España ante Holanda, lo mismo que Xavi y Puyol el 15 de noviembre de 2000. Cómo han cambiado las cosas desde entonces: más cautivadora esta España; más competitiva esta Holanda donde los milagros no tienen fin.

Escrito por Eduardo Aquevedo

9 julio, 2010 a 22:02

Mundial de futbol: Holanda-España, la final de Johan Cruyff…

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El legendario holandés se siente más cercano a La Roja, que simboliza la evolución del juego que abanderó en los años setenta y en el Barça, mientras que la ‘oranje’ señala más su recesión

RAMON BESA - Johanesburgo – 09/07/2010

Johan
 Cruyff Johan Cruyff comenzó la Copa del Mundo con la esperanza de que España triunfara futbolísticamente y el deseo de que las cosas le fueran bien a Holanda. Ambos deseos se han cumplido, para mayor gloria de El Profeta, y a mitad de camino, a caballo de Sudáfrica y su residencia de El Montanyà, ha tenido tiempo incluso de devolver la insignia de presidente de honor del Barcelona. No necesita ninguna distinción, ni siquiera acreditación, para ser reconocido como uno de los personajes más fascinantes del fútbol. Ni siquiera ha precisado ganar el Mundial para ser considerado uno de los mejores campeones de la historia porque la grandeza no se mide necesariamente por los trofeos obtenidos, sino también por la influencia que provocan determinadas maneras de entender el juego. Más que la final de Cruyff, que también, el partido del domingo en Johanesburgo supone sobre todo el triunfo del cruyffismo como religión universal.

"¿Con quién voy?, se pregunta Cruyff en su articulo de El Periódico. "Soy holandés, pero defiendo el fútbol que juega España", se responde. La misma afirmación que transmitió a EL PAÍS nada más comenzar el torneo. El drama de Cruyff es que se siente más cercano a la selección española que a la holandesa porque La Roja simboliza la evolución del juego que abanderó en la década de los setenta, regularmente reflejado en el Barça, mientras que la oranje señala más su recesión. El punto de partida continúa siendo la Holanda de 1974. Nunca levantó el trofeo, como tampoco la Hungría de 1954. Sin embargo, ambas se ganaron la credibilidad que nunca tuvieron selecciones coronadas, seguramente con la excepción de Brasil. Juegue quien juegue, la canarinha siempre será esclava del impacto que provocó su artística actuación en el Mundial de México 1970, cuando llegó a formar con cinco dieces en la delantera: Jairzinho, Gerson, Tostão, Pelé y Rivelino.

A Cruyff le da igual que el fútbol le deba una Copa a Holanda. A veces son los equipos pequeños los que se cobran las grandes deudas. La Quinta del Buitre nunca ganó la Copa de Europa y, sin embargo, su huella futbolística fue especialmente benigna para el fútbol español. Más trascendente fue todavía la onda expansiva del dream team de Cruyff. El éxito actual del fútbol español, y también el de La Roja, se explica precisamente por fenómenos como los vividos durante los ochenta en el Madrid y los noventa en el Barça. Nunca fueron éxitos nominales sino colectivos. Jamás se les conocerá por el nombre de un futbolista o un entrenador determinado, o por un cheque al portador, sino que han pasado a la posteridad por su espíritu asociativo, solidario, total, respetuoso con las leyes del fútbol, deporte de equipo por excelencia, nunca una competición individual. Ahí está la diferencia entre Diego Armando Maradona y Cruyff. Ambos han trascendido de manera muy diferente.

La Roja está impregnada del espíritu de Cruyff y de la estética del Barça, de la misma manera que tiene los rasgos reconocibles del gen competitivo del Madrid, la épica española de toda la vida, y se mantiene permeable a las influencias propias del momento futbolístico. El toque de Xavi, la garra de Ramos, el gol de Villa, el despliegue de Xabi Alonso o la naturalidad de Capdevila se complementan extraordinariamente en un equipo plurinacional que juega con la pelota del Barça. El fútbol pertenece al equipo azulgrana, la administración y gestión la llevan figuras del madridismo y el presidente es un vasco. Y la mayoría de los aficionados sienten suya la selección porque el debate de los clubes ha sido sustituido por el sentido de la identificación y pertenencia al juego. Ya no se trata de defender la furia, sino de presumir de una forma de atacar, sin complejos, provocando la admiración de los rivales, resaltando una serie de valores.

España no admite personalismos de ningún tipo ni permite el culto al egoísmo. La prensa argentina subrayaba al inicio del torneo: "A España le falta Messi". A día de hoy, a punto de finalizar el campeonato, se oye: "A Argentina le falta Xavi". Los triunfos no tienen propietario ni llevan la firma de un entrenador. Vicente del Bosque no quiere ni ser ni parecerse a José Mourinho y esquiva cualquier polémica con Luis Aragonés. "Las cosas de Luis" han pasado a mejor vida.

Imposible practicar el individualismo en La Roja. Las figuras están mal vistas en la cancha, en los despachos y en las salas de prensa. El sentido común y la discreción se impone al periodismo a distancia o de despacho y a la banalización. Casillas es noticia por sus paradas y no por su noviazgo con Sara Carbonero. También el politiqueo interesado está mal visto y ya no se pregunta por el color de las medias de los jugadores que son catalanes o vascos ni se mira qué jugadores se ponen más o menos trascendentes cuando suena el himno.

Tampoco se mercadea. No se compra ni se vende, sino que se juega. El valor del fútbol es un intangible al que ha contribuido mucha gente, sobre todo los discípulos de Cruyff y de La Naranja Mecánica. Louis van Gaal, por ejemplo, presente también en selecciones como la alemana o la holandesa además de la española. Y muy especialmente Pep Guardiola, un cruyffista radical, el mejor a la hora de desarrollar el juego del holandés. Ahí están Busquets y Pedro, dos futbolistas que hace dos temporadas militaban en la Tercera División al igual que el alemán Müller.

Los españoles juegan de memoria, tienen los automatismos muy aprendidos y su repertorio es tan importante que son muy capaces de resolver el mejor de los partidos con un córner. No desprecian ninguna de las suertes del fútbol. Únicamente se imponen tener la pelota y jugar en el campo del contrario, circunstancia que convierte el trabajo defensivo en un exigente ejercicio de tensión y concentración, tan imprescindible como la fluidez y la velocidad de circulación en el juego de los medios y la versatilidad, profundidad y dinamismo de los delanteros.

Posesión, presión y precisión. Al adversario no le queda más remedio que correr detrás del balón y de los españoles. La furia pasó a mejor vida y Cruyff siente hoy que La Roja está más cerca de la selección holandesa que perdió el Mundial de 1974 que de la que disputará el título en Johanesburgo. "España es la copia del Barça", escribe Cruyff, entusiasmado con Guardiola y más receloso con Bert van Marwijk, y sus ayudantes, Frank de Boer y Cocu, que ya pertenecen a una generación distinta de la que tuvo en el Barça, más cercana a Van Gaal.

Ahí está el éxito de Cruyff por encima de cualquier Copa. El fútbol que propagó perdurará siempre a partir de equipos como La Roja. Hoy, todos los equipos quieren ser España, gane o no el título, de la misma manera que antes la mayoría quería parecerse a Holanda por sus finales de 1974 y 1978. Difícilmente puede haber una mejor victoria y un mayor honor.

Cruyff se sentirá orgulloso el domingo de la final. A un lado, Holanda, una selección que, en palabras del periodista Simon Kuper, refleja "la inteligencia nacional del fútbol más que la calidad individual de los jugadores". Y al otro, España, la versión más modernizada de La Naranja Mecánica, sin grandilocuencia, a la española si se quiere, heredera del fútbol más revolucionario, aquel en que el espíritu colectivo prima sobre la mayor de las individualidades. Nadie la retrata mejor que Del Bosque y su jugador preferido, Busquets.

El Mundial de los centrocampistas

Los medios de España y Holanda, los mejores del torneo, han silenciado a cuantos delanteros se han cruzado en su camino

RAMON BESA - Johanesburgo – 09/07/2010

Cristiano Ronaldo se largó del Mundial con un escupitajo a la prensa deportiva y, para evitar que la del corazón siguiera sus pasos, anunció que había sido padre. A Messi se le vio llorar dentro del campo y fuera de él por la eliminación de Argentina. A Rooney ni siquiera le quedaron palabras para explicar el fracaso inglés. Tampoco Eto’o y Drogba tuvieron nada que decir pese a jugar en África. Los delanteros armaron mucho ruido a su llegada y se fueron de mala manera, silenciados por el juego de los mejores centrocampistas, como Xavi o Sneijder. Únicamente Villa, junto al alemán desterrado Klose, aguanta el tirón y compite por ser pichichi.

Joachim Löw anunció que la semifinal entre Alemania y España se decidiría en el centro del campo: "Nuestro problema número uno se llama Xavi; el dos, Iniesta". La tesis del seleccionador germano se cumplió sin que encontrara una solución al cuestionario. Alemania goleó a Inglaterra y Argentina a partir de su hegemonía en la divisoria, con futbolistas del calibre de Schweinsteiger, Khedira, Müller y Özil. Pero la ausencia de Müller resultó capital para que Löw no diera con la manera de responder al juego de Xavi, Iniesta, Alonso y Busquets. Vicente del Bosque ni siquiera tuvo que recurrir al renqueante Cesc y aprovechó para refrescar un ratito a Silva.

Alrededor de Xavi, el mejor jugador de la pasada Eurocopa y aspirante a ser elegido el número uno del Mundial, la selección completó, por fin, una actuación de mérito contra el equipo que más y mejor venía actuando en África, Alemania. El seleccionador español consiguió que Busquets y Xabi Alonso mezclaran tan bien como Xavi e Iniesta sin que se debatiera sobre el doble pivote con la misma vehemencia que antes se discutía sobe los carrileros. Al igual que en el Barça, los especialistas se imponen a los polivalentes en una tarea en la que el apoyo de los zagueros resulta capital a fin de que el campo resulte corto y ancho, a gusto de los medios más técnicos.

Puyol y Piqué están acostumbrados a defender desde posiciones avanzadas en el Barça. Prefieren jugar con tensión psicológica y concentración a despejar el balón desde el área de Casillas. Ayudan a los volantes a superar la divisoria con su empuje y, por otra parte, invitan a los delanteros a trabajar como medios en la presión. Pedro se cansó de hacer la goma en el partido contra Alemania. Aunque la Mannschaft no se partió, sus medios quedaron en inferioridad, superados por el juego de entrelíneas de España. Trochowski y Özil acompañaron mucho menos de lo que lo hizo al final Kroos. A los alemanes siempre les faltó un medio para aplicar el plan de Löw. El seleccionador alemán pretendía imitar a Mourinho para que el Alemania-España fuera una repetición del Inter-Barça. No le salió porque, habitualmente, la victoria siempre cae del lado del equipo que más se arriesga con la pelota.

Ahora, el reto de La Roja es superar a la oranje, que presume igualmente de tener una buena línea divisoria. Van Bommel y De Jong se combinan bien con Sneijder y, si es necesario, con Van der Vaart mientras Kuyt ayuda como lo hace Pedro.

"Va a ser un partido muy táctico y tenso", aventuró ayer Bert van Marwijk, el seleccionador holandés, sorprendido porque los españoles "apenas dejaron jugar a los alemanes". Del Bosque, mientras tanto, mantenía la serenidad y la naturalidad de los partidos anteriores. A buen seguro que se guarda una carta táctica porque, a veces, sorprende desde la alineación, como pasó contra Alemania al poner a Pedro, y en otras aprovecha la profundidad de banquillo para cambiar el tono del duelo. Los medios, sin embargo, siempre han sido fijos: Busquets, Xabi Alonso, Xavi e Iniesta, que solo se perdió el partido frente a Honduras. La incógnita está en el delantero que acompañe a Villa.

Holanda-España, Xavi contra Sneijder, los medios al poder, con Villa y Robben como agitadores ofensivos, el uno como punto y final de La Roja y el otro como vedette de los oranje. África, finalmente, le ha venido bien a Europa cuando la Copa pintaba muy cercana a América. Los medios han cambiado el pronóstico.

EL PAIS.COM

Escrito por Eduardo Aquevedo

8 julio, 2010 a 22:01

Uruguay excelente derrota a Ghana, y es único sudamericano en semifinales…

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Uruguay se reconcilia con la historia
Abreu confirmó su locura al lanzar el penalti decisivo a lo Panenka

IGNACIO TYLKO / JOHANNESBURGO

Día 03/07/2010 – 00.13h

Definitivamente, Abreu es uno de los tipos más ‘locos’ del mundo. El veterano delantero que todavía hace sus pinitos en el Botafogo, salió, lanzó el penalti decisivo y lo marcó a lo Panenka. Resolvió un duelo agónico en el que Ghana puso el corazón en un puño de África cuando Gyan, el héroe ante Estados Unidos, erró una pena máxima en el último segundo de la prórroga. Rotos por la adversidad, los africanos fallaron otros dos en la tanda decisiva. Los rechazó Muslera, el nuevo ídolo charrúa.

Abreu lanzó el último penalti a lo Panenka

El ejército de Forlán impuso el peso del escudo, de la tradición. Sus soldados sudaron sangre hasta reconciliarse con la historia. Uruguay vuelve a semifinales después de 40 años. Elegidos para la gloria por un país minúsculo, con apenas tres millones y medio de habitantes pero con un respeto reverencial al fútbol, a la mitología Celeste. Con estilo, con sudor infinito, con el espíritu del ‘maracanazo’ que, como dice el ‘Maestro’ Tabárez, se transmite de generación en generación desde Salto a Punta del Este. Schiaffino y Odulio Valera ya tienen sucesores.

Las ‘Estrellas Negras’ no pudieron mantener vivo el sueño de un continente. Sólo la mala suerte y los nervios de Gyan les impidieron ser el primer país de África que alcanza las semifinales de una Copa del Mundo. Y el duelo del 6 de julio contra Holanda, en Ciudad del Cabo, asomaba muy abierto en el horizonte, igual que con Uruguay como protagonista.

Hace un mes, Ghana aparecía, minúscula, en el inmenso mapa de África. Hoy, como recordaba el dibujante del diario ‘Sowetan’, todo el continente se iluminaba con la bandera roja, amarilla y verde. La estrella negra de cinco puntas, lucía en el mundo.

Los rostros en el túnel de vestuarios ya reflejaban el peso de la historia. Miradas perdidas, ojos humedecidos, concentración máxima. Los uruguayos cantaron su himno como si les fuera la vida, como un ejército de patriotas prestos para la batalla. Y los ghaneses se palparon sus corazones, que bombeaban rápido la fresca sangre africana. Buscaban un impulso del alma.

Hubo un montón de gestos y acciones que pusieron los pelos de punta. La pelea constante entre Luis Suárez y Vorsah, dos gladiadores en el aérea. El cabezazo de rabia de Boateng al banderín de córner. La brutal caída de Fucile tras un salto con Inkoom. El lateral zurdo del Oporto se fue al suelo como un saco y se quedó inmóvil. Segundos de zozobra en el mundo entero. Salió indemne de milagro. Las lágrimas de Luis Suárez al cometer el penalti, las de Gyan al estrellarlo contra la madera…Las de los ganadores y, sobre todo, las de los perdedores.

Los uruguayos salieron como motos. En apenas media hora, los sudamericanos lanzaron media docena de saques de esquina. Siempre Forlán, que golpea en el córner como si ejecutase un golpe franco. Líder natural de esta selección, el ariete del Atlético volvió a echarse el equipo encima. Muestra una personalidad arrolladora, aunque a veces le pierda el exceso de egoísmo de un ‘Bota de Oro’. Todo lo quiere, faltas cercanas al área, lejanas, laterales, saques de esquina… Comienza las jugadas, las continúa y las acaba. Recién iniciado el choque, ya resopla. No para de correr.

Kingson tuvo que lucirse para desviar un tiro de Suárez, el ‘matador’ del Ajax, y para sacar una mano de balonmano tras un rechace que estuvo a punto de convertirse en gol en propia meta. Los ghaneses parecían cohibidos, presos de la ansiedad, de la responsabilidad, del saber que tenían a 900 millones de personas pendientes. Superado el susto inicial, empero, comenzaron a desperezarse, a lanzar esos zarpazos que les caracterizan. Esperan atrás y cuando recuperan salen como bestias. Son un equipo bien estructurado por el serbio Rajevac.

El Soccer City tembló con el resoplar de las vuvuzelas, que ‘tronaban’ cada vez que los ghaneses se acercaban a Muslera, el portero del Lazio. El último cuarto de hora del primer período fue un monólogo africano. Un cabezazo fuera de Muntari y una plástica chilena de Kevin Prince Boateng, el medio alemán, avisaron de su peligro. Ya en el segundo minuto de descuento, los celestes se distrajeron y permitieron a Muntari, el díscolo medio del Inter que llegó a ser expulsado de la selección olímpica por perturbar el ambiente, armar su pierna izquierda y sorprender a todos.

Lejos de deprimirse, los uruguayos salieron a muerte en la reanudación. Como les ocurrió ante Corea del Sur, el gol encajado les espoleó. Les llamaba la memoria, la posibilidad de reverdecer viejos laureles. Era una oportunidad pintiparada, la mejor en casi medio siglo. Y otra vez entró en juego Forlán. En un falta algo escorada a la izquierda, descerrajó un disparo que dejó flotando el Jabulani. Demasiadas trayectorias para Kingson, soberbio después para desviar un remate de Suárez, con el arma no tan bien calibrada como ante los asiáticos.

Tabárez quería más. Movió pronto el banquillo. Tuvo que retirar pronto a Lugani, por lesión, y luego arriesgó con Lodeiro, el medio del Ajax, y sobre todo con Abreu. Pensó que era un día señalado para el ‘Loco’, que todavía hace sus pinitos por el Botafogo. Rajevac fue más cerebral, más serbio, más ajedrecista. Hasta el minuto 87’, sólo había hecho un cambio. Pensaba en la prórroga, a la que sus hombres llegaron más frescos. Panteras negras. La persiguieron y la tuvieron en el último suspiro del tiempo extra. Penalti claro por mano de Luis Suárez en la misma raya. Y expulsión. Pero Gyan rompió el Jabulani contra el larguero. La tragedia africana se veía venir. Gyan tuvo la osadía de lanzar el primero de la tanda, igual que Forlán. Y lo marcó. Pero Mensah y Adiyiah encumbraron a Muslera.

Escrito por Eduardo Aquevedo

3 julio, 2010 a 22:54

Holanda 2-1 Brasil: triunfo del mejor fútbol (el modelo de Bielsa)…

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El ‘dunguismo’ acaba con Brasil

Destruido el mecano defensivo, la incapacidad de su seleccionador despeña a la ‘canarinha’ ante una Holanda que no cautiva, pero sabe aprovechar los errores del adversario

JOSÉ SÁMANO - Puerto Elizabeth – 02/07/2010/El País.com

El héroe holandés

Hace 16 años, en el fútbol brasileño se incubó un virus. La canarinha llevaba sin ganar el Mundial desde México 1970 y Carlos Alberto Parreira, el seleccionador de entonces, decidió la mutación. Brasil se europeizó y salió triunfador en 1994, con Carlos Dunga, un futbolista recio, bronco y sin luces en los pies, como máximo exponente del trueque. La cepa se extendió y, con Dunga ya como técnico, Brasil se sintió inmune al fracaso. Hacia el trono por la vía industrial, sin concesiones al arte que había divinizado a Leónidas, Pelé, Garrincha, Jairzinho, Rivelinho… Incluso a Zico, Falção y Cerezo, que nunca fueron campeones del mundo, pero están grapados en la retina de todos los nostálgicos.

Ahora, este Brasil de brocha larga también fue repatriado antes de tiempo, como el equipo de 1982. A diferencia de aquel, de este apenas habrá eco. Si acaso se hablará del dunguismo, salvo que en Brasil se encuentre antídoto. Tampoco Holanda, su verdugo, cautiva como antes, pero el fútbol siempre ha estado en deuda con los naranjas. En Puerto Elizabeth se cobró parte de ella y ni siquiera necesitó una de sus grandes generaciones. En esta Holanda no hay cordón umbilical con los viveros del Ajax de Michels y Cruyff, ni con el de Van Gaal y Kluivert y aún menos con el del Milan de Van Basten y Gullit. A esta Holanda algo desteñida le bastaron dos jugadas algo azarosas para desterrar al pentacampeón, lo que retrata más a los de Dunga, que, con todo a favor, se contuvieron a la espera de cualquier ocurrencia propia. O, mejor, a la espera de que el rival no tuviera ninguna. Si el fútbol se deja en manos de los bingueros, todo es posible.

Resultó caricaturesco que Brasil se despeñara por dos graves errores defensivos, supuestamente el cum laude de Dunga. En el primero, tras un centro de Sneijder desde un costado, Julio César y Melo se estamparon y la coronilla de este pasará a la historia. En 97 partidos en los Mundiales nunca un brasileño se había autogoleado. Es lo que tiene tanta montonera en la defensa propia. El segundo también fue significativo. Robben lanzó un córner y hubo dos peinadas. La de Kuyt y la decisiva del más bajito sobre el césped, Sneijder, anclado en el área pequeña de Julio César. Es lo que tiene defenderse en un bosque con tanto defensa propio. Para colmo, Melo, uno de esos dunguistas que su técnico alinea con fórceps, se procuró otro titular en el anecdotario de la Copa. Desde ayer es el primer jugador en 80 años de torneo que se marca un gol y es expulsado.

Antes de que Holanda remara, Brasil tuvo el partido a su antojo. Un gol de Robinho, propiciado no solo por un buen pase del ubicuo Melo, sino también por la falta de aplicación de los centrales holandeses, le abrió las puertas de las semifinales. Prueba del disloque defensivo de la selección de Van Marwijk ?Ooijer se alistó a última hora por lesión de Mathijsen en el calentamiento? es que al cierre de Robinho por el callejón central llegó Robben. Holanda estaba gripada, con la peor versión de Van Persie, con Robben ofuscado con Robben y Sneijder fuera de plano. Pero a Brasil le gusta jugar con el candado, siempre con cinco escoltas ante Julio César. Como mínimo, si Maicon esprinta, con tres de los cuatro defensas y los matracas (Melo y Silva). En los mejores momentos de los brasileños, Kaká, primero, y Maicon, luego, estuvieron a punto del gol. Brasil no es corista. No hay acordeón: los de arriba se buscan la vida entre ellos para que no se destape Julio César.

Nada cambió en Holanda en el segundo acto, igual de poco fluida, salvo dos goles circunstanciales. Robben, a base de faltas que lo eran y otras que no, sacó de quicio a más de un brasileño. Dunga, doctorado en los juegos subterráneos, retiró a Bastos, marcador del extremo del Bayern y que ya tenía una tarjeta, pero sostuvo a su titán Melo, tan proclive a los cortocircuitos. A un gol del empate y con más de 20 minutos por delante, el jugador del Juventus pisoteó a Robben en el suelo. Lo vio Nishimura, el árbitro, y ante Brasil apareció un himalaya. Con la diana de Sneijder, Dunga bien podría haber retirado a uno de los dos medios defensivos. No lo hizo. Todo riesgo le paraliza. Expulsado Melo, pudo haber retirado a un defensa y acabar a pecho descubierto. No lo hizo. Al contrario, retiró a un goleador, Luis Fabiano. Derribado el mecano defensivo, no había otro manual y a Dunga siempre le costó improvisar en el campo y fuera de él. Con Brasil al borde del precipicio, tampoco agotó el tercer cambio. Ni siquiera ordenó a Lucio o Juan, sus poderosos centrales, que hicieran de arietes postizos. Brasil estaba paralizada por el dunguismo.

Huntelaar, torpe, muy torpe, incapaz de resolver dos jugadas de ariete parvulario, alargó la angustia de Holanda. Al final, más serpentinas para Sneijder y Robben, finalistas de la Liga de Campeones, a una estación de la última cita del Mundial. Y Kaká, de nuevo frustrado. Como Cristiano Ronaldo. El fútbol no es bursátil. Prevalecen otros valores. Algunos encuentran atajos de vuelta en el exilio. Otros, como Dunga, se empeñan en capar la escuela más artística que haya existido.

HOLANDA: Superman Sneijder

El medio de Holanda elimina a Brasil, descompensada por la infantil expulsión de Melo y un fallo clamoroso de Julio César

JORDI QUIXANO 02/07/2010/ El País.com

imageSneijder vale un imperio. Holanda, país exquisito en el mundo del fútbol porque siempre destacó por su juego atildado pero por su poca eficacia, se ha ganado el respeto en Sudáfrica. La selección ‘oranje’ doblegó a la ciclotímica Brasil con el toque, con la precisión en las mezclas y con un descaro que desacreditó a quienes le presuponían un tono competitivo irrelevante. Sneijder solventó los apuros con dos goles e iluminó a Holanda al tiempo que descabalgó a Brasil, selección que contempla como fracaso todo lo que no es laurearse en el torneo.

Arrebatadora, con combinaciones en las posiciones concluyentes, incluso con adornos de tacón, bicicletas y caños, Brasil se presentó al encuentro como un equipo sin fisuras. Aseado en defensa; demoledor en ataque. Holanda pareció por momentos un rival de papel mojado, empequeñecido por la voracidad y la circulación del cuero del adversario. Robinho era ese futbolista desequilibrante del Santos que enamoró al mundo; Kaká atendía con igual eficacia al juego por los pasillos interiores como las cabalgas de Maicon por la derecha; y Luis Fabiano afilaba el gol con unos desmarques estupendos, con unos arrastres que generaban espacios tan generosos como definitivos. Así, Felipe Melo recibió en su campo, avanzó unos metros y vio las diagonales del frente de ataque. Luis Fabiano a la banda para descuajaringar a los centrales y Robinho al centro para recibir el balón. De primeras, hábil para pillar en tierra de nadie al portero, engatilló el menudo brasileño para adelantar a Brasil. Parecía que había vuelto el ‘jogo bonito’. Fue una ilusión de 45 minutos, lo que tardó Sneijder en reactivarse.

Juega Holanda sin un delantero centro porque el técnico Van Marwijk entiende que su selección hace daño con las llegadas desde la segunda línea. No le importa carecer de un ariete que no fije a los centrales porque prefiere las embestidas de Robben, Kuyt, Van Persie y Sneijder. Y funciona de rechupete porque la ‘oranje’ ha descontado a todos los rivales (Dinamarca, Japón, Camerún, Eslovaquia y Brasil) con victorias. Ayer, una vez más, Sneijder, que este año ha ganado la Champions, la Serie A y la Coppa, presentó su candidatura para discutirle el Balón de Oro a Messi. Así, recortó en el vértice del área, cargo la pierna izquierda y soltó un centro envenenado que se enfilaba a la portería. Julio César, quizá el mejor portero del mundo, salió a por uvas porque midió mal el salto y chocó con Melo, que acarició con la cresta la pelota para meterla dentro de su portería. No sería la única pifia de Melo.

El centrocampista, máxima expresión de Dunga, calco del entrenador en sus tiempos mozos, es un futbolista que da más patadas que pases, que se dedica a destruir el juego antes que ejercer de arquitecto. Y pierde la cabeza con frecuencia. Se midió con Robben, perdió la partida tras endosarle dos patadas y, no contento, le clavó los tacos cuando la pelota ya no estaba en juego. Expulsión más que merecida y condenación para Brasil. Sobre todo porque Sneijder la había liado de nuevo. Robben lanzó un saque de esquina, Kuyt la peinó en el primer palo y Sneijder remató a gol de cabeza. Dos goles, una sentencia.

Sin más respuesta, Brasil se perdió en el campo dando tumbos, entradas a destiempo y provocando rifirrafes que solo le perjudicaban. La réplica la dio Holanda, que siguió con su juego de toque, con el ataque por bandera, como si dijera al mundo que es una selección de fútbol plástico, que todas las críticas a su resultadismo se desvanecían en los momentos claves y ante la selección favorita. Sneijder, mientras tanto, sonreía por el campo. Se creía Superman. Con razón.

"El fútbol que soñamos no existe"

Tostão se une a Cruyff en la crítica a la falta de fantasía del juego de Brasil

CAYETANO ROS - Puerto Elisabeth – 02/07/2010

image Los brasileños se debaten entre su amor por el espectáculo y su devoción por la victoria, como si una cosa estuviera reñida con la otra. Así lo creen después de la experiencia fallida de Alemania 2006, cuando Carlos Parreira juntó a Ronaldo, Adriano, Ronaldinho y Kaká, y Brasil cayó ante Francia en cuartos de final, víctima, según la torcida, de los excesos juerguistas de los tres primeros. Se impuso la ley del péndulo y el siguiente seleccionador, Carlos Dunga, fue el más austero de todos, tanto en las costumbres como en los planteamientos y en la elección de jugadores. Hasta el punto de que hoy se mide a Holanda y Johan Cruyff le envió una crítica muy ácida. "No pagaría una entrada por ver a Brasil", dijo en el Daily Mirror. "Muchos brasileños compartimos la teoría de Cruyff", abundó Tostão, uno de los cinco media puntas del mítico Brasil de México 70, junto a Pelé, Jairzinho, Gerson y Rivelino. "El fútbol de fantasía que soñamos no existe", sentenció.

Pero Dunga ni se inmutó cuando le pidieron que defendiera su ideario ante el ataque de Cruyff. "Él no paga porque le da las entradas la FIFA. Yo sí pagaría por ver cualquier partido del Mundial. Todas las opiniones son respetables", comentó. Y la de Cruyff remite a aquellos medios brasileños que le provocaron emociones fuertes. "Gerson, Tostão, Sócrates, Falcao, Zico… Ahora veo a Gilberto, Melo, Bastos y Baptista", dijo con menosprecio. "Puedo entender que se lleve a algunos de estos, pero hace falta un organizador y chicos más habilidosos. Es una vergüenza para el torneo. Los aficionados siempre esperan al jugador brasileño y su fantasía, pero ahora no existe".

¿No existe o Dunga no quiere verla? En casa se han quedado Ganso, Ronaldinho, Diego, Hernanes, Neymar y Pato, adorados por la torcida, resignada ante la criba del preparador. Tostão ofrece un repaso sobre cada uno de ellos: "Ronaldinho es tan brillante que, al 40%, es mejor que todos los demás. Merecería estar aun sin ser titular. Ganso es muy joven: solo lleva jugando bien hace unos meses; lo mismo que Neymar; Hernanes tiene altos y bajos y a Dunga solo le gustan jugadores regulares los 90 minutos, un pensamiento mediocre; y Pato no está bien".

Al seleccionador de Rio Grande do Sul, de 46 años, le avalan los éxitos en la Copa de América (2007) y la Copa Confederaciones (2009), además de la clasificación para Sudáfrica y un Mundial hasta ahora sencillo, con tres triunfos y un empate, ocho goles a favor y dos en contra. Sus números confirman la tesis de Cruyff y Tostão: la canarinha no brilla en ataque como solía. Ha quedado rezagada, a rueda de España, por ejemplo en la posesión del balón o en los remates a portería. Y entre los cinco pistoleros del torneo, Messi, Gyan (ambos con 23 tiros), Villa (19), Podolski (16) y Sneijder (15), no figura ningún brasileño. Robinho, con 10, está lejos. Eso sí, Kaká es el líder de las asistencias de gol, empatado con Thomas Müller, con tres cada uno.

"El fútbol cambió hace mucho", reflexiona Tostão. "Los brasileños juegan fuera y asimilaron otra forma de jugar. Ya no son diferentes. Cruyff tampoco debería pagar por ver a otras muchas selecciones. Por la única que pagaría yo es por España, que es el Brasil de otras épocas. Una final España-Brasil sería muy interesante: un choque de estilos".

A Dunga, ex jugador de poco talento y mucha brega, le gusta el doble pivote defensivo, Gilberto y Melo. La mejor canarinha, sin embargo, se vio en el 3-0 a Chile, en octavos de final, cuando, obligado por la lesión de Melo, Dunga aligeró la medular con un solo medio centro, dos interiores, un enganche, y dos puntas. Sancionado Ramires y recuperado Melo, Dunga volverá hoy al doble pivote con el que se estrelló ante Portugal (0-0). Cruyff y Tostão no piensan pagar para verlo.

Escrito por Eduardo Aquevedo

2 julio, 2010 a 12:52

En Sudáfrica, ¿tiembla el fútbol-negocio?

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Aram Aharonian, Question digital

FUTBOL-BRASIL-ITALIA Quienes disfrutamos y los que sufren con el fútbol, por igual, coinciden que este deporte-espectáculo es un fenómeno político y social que entre otras funciones opera como un mecanismo de identidad nacional. Tampoco hay dudas sobre el hecho de que el fútbol-espectáculo posibilita la manipulación de la sociedad en pos de afianzar el modelo político-económico y el statu quo, disuadiendo el cambio social y, a la vez, abriendo las puertas a las enormes ganancias de pocas empresas trasnacionales.

Ciao Italia, ciao

Al fútbol se le considera el deporte más popular del mundo, ya que unos 300 millones de personas lo practican a lo largo y ancho del orbe, desde Corea del Norte hasta Estados Unidos, desde Palestina a la caribeña Turcos y Caicos.

Es entretenimiento, diversión y pasión, pero también es una actividad muy lucrativa tanto para las federaciones nacionales, para la Federación Internacional de fútbol Asociación (FIFA) y para las empresas trasnacionales, socias de esta institución en la organización de los torneos locales, regionales, intrarregionales, interregionales e, incluso, las copas mundiales.

Hace ya 24 años, cuando el Mundial e México, escribíamos una nota-ficción junto a Víctor Ego en la que especulábamos que quizá en el futuro los mundiales se jugarían entre los contratados por Nike contra los de Adidas, los de Coca Cola contra Gatorade… Ni tan lejos estábamos: Internacionales de Milán, campeón de Italia y de Europa, es supuestamente un equipo italiano donde generalmente no se alinea a ningún italiano.

Sin dudas, el fútbol tiene implicaciones políticas, sociales y culturales muy amplias, y dentro de esta teoría neoliberal de dejar todo librado al mercado, el Mundial sirve para que, a través de los medios cartelizados de comunicación, estas grandes empresas trasnacionales garanticen nuevos mercados para sus productos.

Hay jugadores que ganan más por ser “modelos” de estas empresas trasnacionales, que por su labor profesional. Las empresas pelean el mercado para que los mejores jugadores usen tal o cual calzado o ropa deportiva, se afeiten o no, tomen este refresco o la otra bebida energizante, usen este reloj, aquel automóvil. Son los mejores referentes para el consumismo: Fulanito triunfó porque usó esta marca y tú también puedes (si usas la misma marca, claro).

Hay más selecciones nacionales (199) en la Federación Internacional que países reconocidos en las Naciones Unidas (186). La FIFA reconoce a Escocia, Gales, Irlanda del Norte y hasta ha admitido a Palestina. Parafraseando al estratega prusiano Karl von Clausewitz, se podría concluir que “el fútbol es la continuación de la guerra con otros métodos”.

Y no sería la primera vez que este mecanismo de identidad nacional tenga derivaciones bélicas (o sirva de excusa para ello), como ocurriera en 1969 en la tragedia armada vivida por Honduras y El Salvador.

La crisis del capitalismo europeo

Por eso, ¿permitirá la FIFA y sus socios que un pequeño país –y, a la vez pequeño mercado- se apodere de la Copa del Mundo? ¿A quién le venderán, entonces, los cientos de millones de camisetas, de zapatillas, cervezas, refrescos, electrodométicos, automóviles, televisores, etcéteras, etcéteras… y hasta vuvuzelas? ¿Lo permitirán árbitros que muchas veces han inclinado la balanza en favor de los más poderosos? (Basta recordar la clasificación de Francia con el manotón de Thierry Henry.)

La crisis capitalista en Europa trajo aparejada la debacle de los dos últimos finalistas del Mundial: Francia e Italia. También se fueron Grecia, Serbia y Dinamarca. De Inglaterra y Alemania sobrevivirá apenas uno hasta cuartos de final. Desaparecieron grandes mercados para colocar los productos y entre los africanos (presuntos mercados emergentes) apenas clasificó Ghana. Hay preocupación en la FIFA.

Quedan varios mercados emergentes de países subdesarrollados, como los latinoamericanos, que metieron a Brasil, Argentina, Uruguay, Chile, Paraguay y México entre los 16 mejores. Si es por mercados potenciales, Brasil, Argentina y México son los más rescatables, y, además, en los dos primeros la crisis del capitalismo ha sido contenida con medidas oportunas. Y, junto a ellos, aparecen los outsiders asiáticos, Japón y Corea del Sur.

En su desesperación por sobrevivir deportivamente, aquellos orgullosos equipos blancos europeos debieron abrir sus puertas a los inmigrantes e hijos de inmigrantes: Francia salió campeona del mundo con muchos jugadores nacidos o hijos de nativos de sus ex colonias. En la selección holandesa de los años 1980-90 había varios nacidos en Surinam, por ejemplo. Después de muchos años, hay negros, polacos y turcos jugando en la selección alemana (y hasta un brasileño), olvidando aquello de la raza aria… Aparecen brasileños incorporados a la selección portuguesa, un argentino en la italiana.

En 1924, Uruguay, un país –entonces- de casi dos millones de habitantes, entró a puntapiés en la geografía mundial, al clasificarse Campeón Olímpico, hazaña que repitió cuatro años más tarde. Y en 1930, esos blancos, mulatos, zambos y negros de un “paisito” que casi se cae del mapa, que se divertían jugando al fútbol, fueron los primeros campeones mundiales, proeza que repetirían en Brasil 20 años después.

Pero Uruguay no es el único ejemplo, aunque sí, quizá, el primero. Ahí estuvo Costa Rica con sus tres millones de habitantes llegando a cuartos de final en 1990, y la Bolivia aymara en la Copa estadounidense de 1994. O la presencia de Eslovenia, con apenas dos millones de habitantes, y Eslovaquia, con 5,4 millones, en el mundial de Sudáfrica. Eslovenia casi clasifica a octavos de final y Eslovaquia, parte de la antigua Checoslovaquia, lo logró y nada menos que ante Italia, el último campeón.

El fútbol debiera servir para integrar símbolos nacionales, como estilos, ritmo, movimientos, dinámica, que tengan que ver con la propia historia e idiosincrasia de los pueblos y las naciones. Decía el argentino Dante Panzeri que el fútbol es la dinámica de lo impensado. Claro, Panzeri se refería al deporte y a sus cultores, y no al espectáculo profesional –y el circo asociados- auspiciado por las grandes trasnacionales.

Pero cuando vemos hoy, en Sudáfrica, que las selecciones africanas, en su mayoría, son dirigidas por “mercenarios” entrenadores europeos, observamos cómo se les quiere amputar esa identidad en pos de un supuesto “juego moderno y competitivo”. Cuando se salen de los rígidos esquemas de entrenadores que vienen del frío, es cuando renace la alegría del juego africano, cuando se oyen de fondo los tambores de la selva, y no solo las vuvuzelas.

¿Se juega como se piensa? Esa es una buena pregunta. Porque lo que quedó demostrado en Sudáfrica es el aburguesamiento del profesional europeo, que parece haber perdido (salvo honrosísimas excepciones) la alegría de jugar, para calcular cada paso que da en la cancha y sus alrededores. Los han vuelto metrosexuales, modelos de otras mercancías (y no de su arte, que es el jugar al fútbol) y de consumismo, alejados de sus gentes, de su idiosincrasia,  su historia. Hoy se juega más de acuerdo a los cálculos que haga la federación de cada país y las ideas o esquemas que tenga el entrenador (y si es foráneo, peor).

El negocio

¿Quiénes manejan la FIFA? Hasta el 1974 fueron los europeos, pero era otra época más romántica del fútbol (obviamente dejando de lado los campeonatos mundiales ganados por Italia en plena dictadura de Mussolini). El brasileño Joao Havelange rompió esa hegemonía europea hasta que nuevamente la tomó el suizo Joseph Blatter, quien está ahora al frente de las decisiones del organismo.

Dicen que fue Havelange y su visión empresarial la que globalizó y el fútbol y lo convirtió en mercancía, generando ingresos millonarios para ciertos consorcios trasnacionales. En 1994 llevó al Mundial a un país donde el fútbol era muy poco popular. Ahí hizo caso de las influencias de las empresas trasnacionales, asociadas ya a la FIFA en el negocio. Lo mismo pasó con las Olimpíadas, cuando Delta Airlines y Coca Cola lograron imponer la sede de Atlanta.

Y hoy llegaron a Sudáfrica, a África por primera vez, buscando nuevos mercados para los mismos productos, cuyas ventas bajaron sensiblemente en el último año en Europa y Estados Unidos, gracias a la crisis de modelo económico y político. En Sudáfrica, la mayoría negra se contagió de la fiebre mundialista, mientras los blancos estaban más interesados en el partido de rugby que jugaron los Sprinboks con Francia.

Obviamente, la FIFA olvidó a quienes generan al negocio, a las futbolistas, la mayoría de los cuales (exceptuando los pocos cientos de privilegiados) sufren situación de servilismo por parte de los clubes (e intermediarios) que trafican sus fichas y sus futuros.

La página web de la FIFA señala que las Copas del Mundo “generan ingresos sustanciales (…) a través de la venta de boletos, los derechos de transmisión, los patrocinadores y la mercancía alusiva.” También señalan que “los beneficios fluyen a los equipos finalistas, mientras que la FIFA retiene únicamente los fondos que necesita para financiar sus costos administrativos y las actividades centrales para el siguiente período de cuatro años”.

Suena demasiado altruista, ¿no?, sobre todo cuando se sabe que las ganancias de la institución superaron los 400 millones de dólares en el mundial anterior, cifra exponencialmente superior a los gastos administrativos que pueda tener.

¿Habrá posibilidad para que un país “chico” se alce con la Copa? Claro, sería un muy mal negocio para los mercaderes, pero ¡que bueno sería para el fútbol!

Fuente: http://questiondigital.com/?p=5174

Escrito por Eduardo Aquevedo

26 junio, 2010 a 16:39

Chile: Perder hasta ganar…

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MUNDIAL SUDÁFRICA 2010 / CHILE

Rafael Gumucio sigue la selección de chile.

Por: Babelia Mundial de Fútbol26/06/2010

ChileA los chilenos no se nos da la alegría. Tan cerca de Brasil, al lado mismo de Argentina y no sabemos celebrar si no estamos completamente borracho, golpeando si es posible faroles y carabineros. Nuestra especie de carnaval, la fiesta de independencia del 18 de septiembre, siempre deja tras de si una estela de muertos en la carretera, de borrachos abrazados a las algas de un río, mujeres golpeadas hasta morir, numerosos presos en las comisarías vomitando en los rincones mismos del calabozo.

Si no sabemos celebrar, es porque no tenemos en general porque hacerlo. Cuartel olvidado del imperio español, famoso por una guerra interminable con los indios, nos hemos felicitado siempre por ser serios, es decir tristes. Nos hemos complacido en conmemorar derrotas que luego son victorias: El desastre de Rancagua, la sorpresa de Cancha Rayada, el combate naval de Iquique.

Nos conocen nuestros vecinos del norte por nuestra crueldad en la guerra, nuestros vecinos del oeste por nuestra falta de imaginación, el resto por nuestra parquedad que sonríe sólo al final. No digo nada nuevo, nada que no hayan repetido mil veces los mejores y los peores de nuestros cronistas. Nada que no haya dejado rubricado en la dudosa eternidad del papel de diario Joaquín Edwards Bello. Lo que escondemos mejor, lo que sabemos disfrazar, son nuestras profundas ganas de que esto no sea así, nuestra ansia de fiesta, nuestro hambre de revancha, nuestra ciega sed de venganza contra un destino que no hemos elegido pero que sí nos ha elegido a nosotros. Las ganas de ser ciegos, de ser sordos, de ser machos, de ser fuertes, de ser talentosos que vistieron a Chile entero de rojo e interrumpieron todos los trabajos e instituciones, que convirtieron el Twitter, la radio, el Facebook, y los diarios en un vertedero de teorías peregrinas, visiones redentores, mensajes a la posteridad. Una anticipada fiesta infinita que cortó el trafico en el centro de Santiago y en buena parte de sus barrios periféricos y obligó a un grupo de ingenieros de la Universidad de Chile en calcular por anticipado las probabilidades exactas de clasificación (94 por ciento, tituló Las Ultimas Noticias, el diario más leído del país).

Estas ansias sin fin de fiesta, estas ganas infinitas de celebrar no iban a permitir que la realidad aguara la tomatera. Chile en la pantalla jugó un poco peor de lo que suele jugar, multiplicando las patadas y las imprecisiones. La elegancia ofensiva de la que hace alarde Bielsa quedó en cuestión cuando Chile se quedó con 10 y España con 10 que parecían 12 o 13. Daba lo mismo, no importaba nada, los editorialistas, los lideres de opinión (llamados aquí opinólogos) habían decretado que aquí partía una nueva era. Poco importaba que esta partiera casi igual que en el mundial anterior, calculando los puntos, mendigando resultados, contando con la valentía final de Honduras para clasificar. La energía acumulada tenía que estallar fuera cual fuera el resultado. Teníamos que ganar incluso si perdíamos. La vuvuzela mental tenía que chillar, y chilla a esta hora precisa en la ventana misma de mi departamento. ¿La derrota? ¿La acumulación de tarjetas amarillas? ¿La escasez absoluta de oportunidad de goles? Una forma extrema, una forma final de recordarnos que somos los que somos: El país al final de todo que tiene que perder, que sabe perder, que debe, que espera perder incluso para ganar. El país que ha tenido esta extraña maldición–que es quizás, a la luz de la historia latinoamericana un privilegio–de celebrar, de disfrutar, las victorias parciales. Las victorias parciales, las únicas que duran, las únicas que importan, las únicas que cuenta después de todo.

Rafael Gumucio, escritor chileno, autor de "La deuda”.

El Pais.com

Escrito por Eduardo Aquevedo

25 junio, 2010 a 23:28

Mundial de Sudáfrica: España aguanta una tortura… y Chile clasifica a octavos…

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CHILE 1 – ESPAÑA 2

España aguanta una tortura

La selección jugará el martes contra Portugal los octavos de final tras un ejercicio de sufrimiento ante el rival más incómodo posible.- Chile es un equipo de autor, pura obra del estilo Bielsa

JOSÉ SÁMANO - Pretoria – 25/06/2010/ El País.com

Una noche en vilo dejó a la selección española en los octavos de final tras un partido torturador, un desvelo constante para el campeón de Europa. No se encuentra España, ni la de Viena ni la de hace una estación , y Chile confirmó todas las sospechas. En tiempos de zozobra no es el mejor rival posible, es un sacamuelas, un equipo que te deja en los huesos. Para el conjunto de Del Bosque fue un tormento, un encuentro áspero, tensado hasta la extenuación, con las virtudes que se le suponen al equipo laminadas por los celadores chilenos, a destajo en todos los rincones. A España le costó coger aire, dar continuidad al juego. No tuvo hilo y, esta vez, las circunstancias le auparon hasta el reto del martes ante Portugal. Allí llegará tras un martirio que no esperaba. Una lección: ya sabe que en este juego no todo son alfombras, que los Mundiales son un planeta aparte y lo que se ve por el retrovisor no cuenta.

España sigue

Chile es un equipo de autor, con el guión de Marcelo Bielsa, un ajedrecista del fútbol. Un técnico tan apasionado como sus jugadores, que parecen vietnamitas, ocupan los espacios como titanes, a la orden, tal que mosqueteros, siempre de forma gremial. No dejan un trozo de moqueta libre. No hay equipo de Bielsa que dé carrete al rival. El argentino concibe el campo como un tablero, cada pieza en su sitio. Desde la pizarra, Chile es impecable, pero le falta lo que distingue a la aristocracia del fútbol. El oficio es una cosa, el talento no se entrena, llega concebido desde la cuna y en Chile abundan admirables subalternos.

A falta de ingenio, la liturgia chilena fue un engorro para España, desnaturalizada por el campo de minas sembrado por su adversario. El equipo de Del Bosque no encontraba salidas, cada chileno le discutía la pelota, cada chileno apretaba las correas a su presa. Xavi, encadenado por Estrada; Iniesta, rehén de Vidal; y Fernando Torres víctima de sí mismo, desnortado, aún paciente de un menisco extirpado. Chile lograba que a cada instante fuera subastada la pelota. El partido requería el martillo, el de Piqué, Puyol, Alonso y Busquets, sostenes desde el arranque de España, incapaz de dar una puntada hasta que Bravo entregó la cuchara.

Villa tiene una costumbre: marca goles. Estos carpantas del gol no necesitan un partido a favor, con ellos el gol va por su cuenta. Bien lo sabe este asturiano salido de los socavones de carbón de Tuilla. Ante tipos como Villa, cualquier desliz es una condena, máxime si el borrón del rival es considerable. Bravo, el meta de la Real Sociedad, capitán chileno, ya curtido, se saltó el manual. A un pase largo de Xabi Alonso a Torres, muy lejos del área, inclinado a la orilla izquierda, respondió el portero con una precipitada salida. Y aún peor, con un despeje hacia el interior del campo. Un disparate mayúsculo, una ganga para Villa, por mucho que éste estuviera a varias lunas de la portería. Para gente como él, el gol nunca está lejos. Su zurdazo dio comba a la pelota, que embocó en la red desnuda.

Aliviada por Bravo, España tuvo un respiro. En lo anímico, no en lo físico, exigida hasta la extenuación por Chile, que juega con herraduras en las botas, con los tacos bien afilados, un equipo de mucha lija. Golpe a golpe desgasta, intimida y suspende el juego las veces que haga falta. Estrada, el escolta de Xavi, bien pudo ser expulsado mucho antes, como Ponce, que dio una cuchillada a Torres desde el suelo. El encuentro era un suplicio para el grupo de Del Bosque, hasta que por una vez cogió el hilo. Una trenza entre Iniesta, Torres, de nuevo Iniesta y luego Villa derivó en un tanto del azulgrana. Por el camino, Estrada atropelló sin voluntad alguna a Torres. Disculpado en la dureza, una levedad le exilió del partido. Así son los árbitros, de imprevisible rasero.

Ni con todo de cara fue capaz España de coger vuelo, el mal trago se perpetuó toda la noche. La mayor virtud de este equipo es el destino de la pelota, pero Chile fue interruptor constante. Xavi e Iniesta no lograban tener peso en el juego, no había contemplaciones. La selección jugaba atormentada, sin un patrón. Y mucho más desde el tanto de Millar, un remate dislocado por la rodilla de Piqué. A la cara de Bielsa no hay rendición posible, ese voluntarismo castrense que inculca es innegociable, nadie está eximido. Desteñida España, Del Bosque metió tralla con Javi Martínez, relevo de Alonso, cazado en el tobillo izquierdo en el primer acto. Convaleciente Torres, el seleccionador buscó el gol de Cesc, el único centrocampista de la plantilla que tiene vocación de ariete. Pero el encuentro se anestesió definitivamente con una mirada entre unos y otros al marcador de Suiza. El empate sin goles entre helvéticos y hondureños clasificaba a los dos. Un tanto de Suiza y otro de España hubiera hecho descarrilar al grupo de Bielsa. Por ello hubo paz en los últimos minutos, ni un rasguño. Por fin resopló la selección española, rumbo a Ciudad el Cabo para tomar el pulso a Cristiano Ronaldo. El calvario de la primera fase, superado. Enderezado el rumbo tras la penitencia por el batacazo ante Suiza, es hora de que España vuelva a ser España.

El milagro de América

Siete de las ocho selecciones del continente han alcanzado los octavos

EDUARDO RODRIGÁLVAREZ 26/06/2010

El Mundial de África se ha convertido en el milagro de América. La desolación del continente africano, con un único representante, Ghana, de los seis que partieron el 11 de junio, se convierte en el milagro americano con siete clasificados en octavos de final de los ocho participantes (el 87,5%). Solo Honduras se ha quedado fuera para hacer un pleno que hubiera sido increíble. Europa ha incluido al 46%, Asia al 66% y África al 16%. Es el mejor resultado para América desde 1986, cuando se instaló el sistema de octavos de final y se amplió el número de participantes. Nunca América, desde entonces, había colocado más de cinco países en octavos.

Hay excusas que no sirven. La importancia de las Ligas americanas es seguramente menor a la dureza de las Ligas europeas. Pero eso no explica los fracasos de selecciones como Francia o Italia y la segura caída en octavos de Alemania o Inglaterra. La mayoría de los jugadores americanos juegan en Ligas europeas y por lo tanto han sufrido los rigores del viejo continente.

La hiperprofesionalización del fútbol ha afectado en menor medida al sentimiento nacional de las selecciones americanas, muy identificadas con la defensa de sus respectivos países. La rutina dice que, por ejemplo, los futbolistas brasileños se reservan para las citas de su selección en cada Mundial y concluyen las Ligas de sus equipos a un nivel inferior a su promedio. Todo es discutible y seguramente nada es explicable al cien por cien.

Hay puntos de vista para todo. América ha apostado fuerte por sus selecciones, empezando por los entrenadores. El efecto Maradona, más que una apuesta táctica, trataba de impulsar la autoestima y la comunión más absoluta con un país que adora a El Pelusa. Brasil sigue la línea de la mano dura con Dunga, a sabiendas de que la genética de sus futbolistas siempre dejará libre el ramalazo del arte cuando haga falta. Chile ha apostado por Bielsa, un autor futbolístico con guión propio. México ha vuelto a confiar en Aguirre tras el fracaso de Hugo Sánchez. Y así sucesivamente. Sabida es la productividad histórica de futbolistas del continente americano, diseminados por todo el mundo. La fábrica no para. Y encima Argentina, un tanto avejentada, ha encontrado a Messi, sobre todo, a Agüero, a Higuaín para meter mucho más que miedo. Uruguay, de la mano de Forlán y Tabárez, no ha vuelto a ser lo que fue, pero ha recuperado la autoestima y Paraguay, con Martino, construye un fútbol interesante. EE UU se distingue sobre todo por su perseverancia y ya es un equipo temible. No es un milagro casual. Tampoco el de Asia.

Escrito por Eduardo Aquevedo

25 junio, 2010 a 20:25

Chile vs. España: «¡Ni un solo paso atrás!»

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El ataque insoportable

Los jugadores de Chile, el equipo más dinámico del Mundial, se amotinaron ante la carga de obligaciones tácticas que les impuso Bielsa

DIEGO TORRES - Pretoria – 25/06/2010 /El Pais.com

futbol-suazo-paraguay Mauricio Isla estalló el 30 de marzo de 2008. "Me gritó mucho", dijo el defensa de Chile para comenzar a explicar que abandonaba la selección porque no podía soportar las exigencias tácticas de Marcelo Bielsa. "Sinceramente, no me deja jugar tranquilo", prosiguió. "Tengo claro que no debo seguir en este proceso. No soy el jugador que Bielsa quiere. En el Udinese, el técnico Pasquale Marino me dice que no suba tanto y Bielsa quiere que suba y baje a cada rato. Uno tiene que ser atleta para hacer esas cosas y por eso prefiero quedarme en el Udinese que es donde soy feliz jugando. Para la selección no voy a jugar. Yo solamente quiero ser feliz".

Isla, que solo quería ejercer de lateral derecho, continuó en su selección a pesar de la devastadora entrevista que concedió a El Mercurio. "Bielsa me llamó y me dijo que le había hecho daño pero me perdonaba y que si me gritaba era porque creía que yo podía hacer esas cosas", dijo. Ayer, durante el último entrenamiento a puerta cerrada para preparar el partido contra España, Isla se ejercitó como volante ofensivo por la derecha, acompañando en la misma línea a Estrada y Beausejour en un esquema de 4-3-3. Lo más probable es que hoy Casillas acabe teniendo que cuidarse de los disparos de Isla, que entrará desde atrás, acompañando los ataques masivos de su equipo. Su ejemplo sirve para definir la versatilidad de un equipo que bulle atacando y defendiendo.

Los jugadores chilenos pasaron del pánico a la serenidad. "Estamos tranquilos", repiten estos días. Durante los últimos años Bielsa combatió el temor escénico con la mecanización y logró conformar un equipo en el que los relevos, las coberturas, la presión y las maniobras ofensivas, ofrecen un abanico único en la Copa del Mundo. Si Chile carece del talento de otras selecciones lo compensa con una riqueza táctica que durante una época sus ejecutantes juzgaron insufrible. "Yo soy un obsesivo del ataque", dijo Bielsa cuando comenzó a entrenar en Primera, en Newell’s, en 1990. "El trabajo de destrucción tiene cinco pautas y adiós. Se llega al límite. El fútbol ofensivo es infinito, incalculable. Por eso es más fácil defender que crear".

Para ajustar mecanismos ofensivos, Bielsa obliga a sus jugadores a cambiar de mentalidad cuando les impone funciones a las que no estaban habituados. Cuando entrenaba a la selección argentina le pidió a Kily González y a Santiago Solari lo mismo que ahora le pide a su lateral zurdo, Gonzalo Jara: que ataque como un extremo, centrando un mínimo de diez veces por partido, y que defienda como un lateral. "Esto es físicamente imposible porque llegaría tan cansado arriba que no podría centrar bien", le dijo Solari. El técnico le respondió presentándose en su habitación con un vídeo: "No diga que no lo puede hacer porque aquí se demuestra que lo ha hecho con el l Madrid".

Bielsa, que se inspiró en Michels, Sacchi y Van Gaal, agita a los jugadores reclamándoles lo inaudito. A Helguera, cuando era medio centro en el Espanyol, lo obligó a jugar de central. Lo mismo hizo con Estrada en Chile. Lo colocó de central en un amistoso ante Zambia, y al ver que el jugador se desorientaba y perdía la pelota en un regate imprudente, Bielsa saltó en la banda y gritó: "¡Estrada! ¿Qué carajo estás haciendo?". Hoy Estrada jugará de pivote.

Contra España no habrá tregua. Chile buscará el modo de perforar la portería implicando a todos sus jugadores. Centrales, laterales, volantes, extremos y delanteros. "No cambiaré de estrategia" dijo ayer Bielsa, ante las especulaciones de que buscará el empate, "porque es más fácil intentar ganar que hacer un proyecto para no perder. Hace tiempo que jugamos a lo mismo. Lo que unifica el modo de jugar no son los planteamientos posicionales sino la intención de superar al rival por los caminos más comunes, e intentar atacar lo más posible y defender lo menos posible".

 

«¡Ni un solo paso atrás!»

Los chilenos insisten en la necesidad de jugar al ataque a pesar de que el empate les basta para clasificarse

 

JOSÉ MANUEL CUÉLLAR / JOHANNESBURGO-www.abc.es

Día 25/06/2010 – 02.35h

A Chile le llaman la Rojita, y de siempre fue así. No es porque sea menos que España y ahora a la nuestra se le llame la Roja. Es que siempre fue la Rojita para ellos y se muestran orgullosos del apodo. No es de extrañar que en este Mundial lo estén aún más. Por fin han consolidado un equipo de fiar, pues es de lo mejorcito de este evento. Rápidos, ofensivos, con ambición, muy agresivos en el robo de balón y con una convicción permanente en lo que hacen.

Marcelo Bielsa les ha motivado muy bien y potenciado sus puntos fuertes, aunque también tienen sus lagunas. Atrás, sus centrales sacan bien el balón, nada de pelotazos. Además, tienen técnica y potencial para hacerlo. Por los costados son más débiles y cuando no tienen a Carmona para hacer las coberturas lo pasan mal con los balones a sus espaldas. Si se ven presionados, se meten demasiado atrás y eso les crea problemas.

En el mediocampo son fuertes porque su agresividad les permite robar para hacerse con el balón y controlar los partidos, pues luego son muy directos en el pase. Elaboran menos que España, pero al robar tanto propician un buen número de ocasiones.

Arriba tienen problemas cuando no está Suazo porque les falta gol. Estando el «Chupete» completan un bloque muy sólido y competitivo. Será un partido complicado.

Es la enseñanza de Bielsa y a ella se aplican los chilenos como si fuera el catecismo: jugar como siempre, mantener el mismo estilo. Con el empate basta, pero no hay que pensar en él sino salir a por todas, agresivos y no dar un paso atrás.

El capitán que los manda, el portero Claudio Bravo conversó con ABC e hizo hincapié en este aspecto: «El objetivo es no especular. Ir a ganar y no dar un solo paso atrás. Es lo que hemos estado ensayando durante toda la semana porque sería ilógico salir a empatar el encuentro. No entra dentro de nuestra filosofía hacer eso. Jugaremos de la misma forma sea cual sea el resultado que necesitemos, esté quien esté delante. Vamos a morir con nuestra idea».

El central Ponce abundaba en la misma idea: «Afrontamos todos los partidos de la misma forma, tenemos un estilo que nos ha traído hasta aquí y qué mejor forma de refrendarlo que ante un gran equipo como el español». Ponce desveló una de las claves del éxito de Chile, una operación de desgaste que debe seguir en el partido ante España: «La fortaleza de nuestra defensa es porque los primeros zagueros son nuestros delanteros, que hacen una labor de presión tan buena que logra que los rivales lleguen cansados a nuestras últimas filas de retaguardia».

Mark González es, de los jugadores chilenos, el que probablemente mejor conozca a los españoles, pues al igual que Bravo ha jugado en nuestra Liga. De ahí el halago que hizo de los hombres de Vicente del Bosque: «Francamente, a pesar del resultado de Suiza, me sigue pareciendo el equipo más peligroso del Mundial. Les conocemos bien, son los mismos jugadores de la Eurocopa. Sabemos de la calidad que tienen y de sus individualidades. Son capaces de complicar la vida a cualquiera. No nos llevamos a engaño respecto a ellos».

Alexis Sánchez, el habilidoso extremo chileno, reitera la idea: «Hay que salir al ataque y sin complejos. No nos queda otra ante un equipo como el español».

Un estilo para ganar

España se juega ante la seductora y compleja selección chilena su futuro en el Mundial de Sudáfrica – Es previsible que Iniesta y Arbeloa sustituyan a Navas y Capdevila

JOSÉ SÁMANO - Johanesburgo – 25/06/2010 / EL PAIS.COM

Desde el fuero interno de la selección española se emiten una y otra vez las mismas señales de humo: el estilo no se negocia. Elocuente, sí, pero España no se juega hoy un concurso de belleza, sino el pase a los octavos de un Mundial. A partir de su guión de los dos últimos años, es muy probable que el éxito esté a su alcance; si llega por otra vía, ante las eliminatorias siguientes, el equipo se soltará las cadenas que de forma imprevista le pusieron los suizos. A excepción de Holanda, no hay equipo europeo que haya tenido garantizado el pase antes de la tercera jornada. Algunos, como Francia e Italia, se despeñaron. Otras de abolengo, como Alemania e Inglaterra, han estado al borde del abismo.

Ninguno de los dos caminos, al toque o a lo que sea, le resultará fácil a España. Chile es una selección sin fisuras, que se mueve por toda la cancha como un acordeón, al toque de tambor de ese loco maravillosamente cuerdo que es Marcelo Bielsa, un asceta del fútbol, sabio, meticuloso hasta la enfermedad. "Los entrenadores podemos cometer dos pecados: hacer caminar a jugadores que vuelan o hacer volar a jugadores que caminan. La capacidad de pensar es la única que no puede perder un entrenador", suele sostener este argentino de Rosario. Tan obsesivo que cuando era un adolescente de las categorías inferiores de Newell’s dormía en una pensión abrazado a una moto.

A Chile le bastaría un empate para sellar su clasificación matemática. Pero no entra en sus cálculos. "Es más difícil apostar por un empate que por una victoria", manifestó ayer Marcelo Bielsa. El técnico apuntó que su equipo, "como siempre", intentará "ser protagonista" y para ello "buscará el balón y atacará". En la delantera, Suazo, el chico que esta temporada ha jugado en el Zaragoza, no sabrá si puede alinearse hasta el último instante a causa de las molestias físicas que sufre.

Para contrarrestar el armónico sistema chileno, al que, de momento, como a España, solo le ha fallado la puntería, es previsible que Del Bosque altere la alineación presentada ante Honduras e Iniesta releve a Navas y, quizás Arbeloa a Capdevila. En este caso, España cerraría mejor la banda por la que percute con el turbo Alexis Sánchez, uno de los mayores peligros chilenos. El lateral madridista es mejor defensor y se le ve con más chispa que a su compañero del Villarreal, que en los dos partidos anteriores ha estado un tanto retraído tanto en el ataque como en la defensa.

Del Bosque se mostró ayer sereno a su llegada a Pretoria. "No siento vértigo", subrayó el seleccionador, que se mostró confiado en que el de hoy no sea el partido más importante de su vida. El salmantino volvió a enfatizar el poder del equipo chileno y dejó caer de nuevo: "Nunca dijimos que fuéramos favoritos. Hasta la fecha, hemos sido muy dignos en las victorias y también en las derrotas". Sobre el rival señaló que se trata de "un equipo difícil para cualquiera y tiene dos armas fundamentales como la presión y la salida al ataque. Lo hacen estupendamente", dijo.

Más conciso aún estuvo Xavi, el eje del juego español; de alguna forma, el guardián de un estilo que ha entronizado a España. Xavi, que se siente feliz en este Mundial pese al contratiempo frente a Suiza, fue rotundo: "Pase lo que pase, vamos a morir con nuestras ideas. El estilo no ha cambiado, solo hay algunas variantes".

Escrito por Eduardo Aquevedo

25 junio, 2010 a 0:37

El Vaticano y su odio teológico contra Saramago: sobre un insuperado espíritu inquisitorial…

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El artículo de ‘L’Osservatore Romano’ contra el fallecido Nobel portugués no despide más que una ira furiosa y vulgaridad. Lo único que consigue es delinear un proceso exactamente al estilo del Santo Oficio

PAOLO FLORES D’ARCAIS 22/06/2010

José 
Saramago José Saramago ha dejado la isla de Lanzarote. Sus restos mortales han ido a Portugal, donde serán incinerados después de la capilla ardiente. Una parte de sus cenizas regresará a la isla para ser sepultada al pie de un olivo". Las agencias de noticias que transmitían estas informaciones añadían otra más: el gran escritor desaparecido era objeto de un reconocimiento extraordinario, el ataque furioso del diario de la Santa Sede, L’Osservatore Romano, tan dominado por la pulsión del anatema que daba salida a una prosa desquiciada y torcida. Pero ya se sabe que la caridad cristiana, en manos de la Iglesia jerárquica, puede hacer milagros.

Es evidente que las inolvidables novelas del Nobel portugués tienen la capacidad de absorber al lector "en cuerpo y alma", despiertan su espíritu crítico y, al mismo tiempo, las emociones y la fantasía, incluso ante temas sobre los que la Iglesia jerárquica pretende ejercer un monopolio vigilante, si el órgano oficial del presunto Vicario de Cristo en la Tierra ha sentido la necesidad irrefrenable de vomitar a tambor batiente un vade retro! de injurias incoherentes, con el cuerpo aún caliente, en vez del requiescat in pacem canónico.

Comienza con que "aunque haya fallecido a la respetable edad de 87 años, no podrá decirse de José Saramago que el destino le mantuvo con vida a toda costa", una expresión que tal vez pretende ser una utilización irónica de una frase de su novela Todos los nombres pero que, por el contrario, no despide más que odio y vulgaridad.

A continuación inicia el rosario de acusaciones contra sus novelas, su contenido, su estilo, todo: "La Historia con mayúscula en filigrana con la del pueblo" (solo faltaría, en alguien que era novelista y no historiador), "una estructura autoritaria totalmente sometida al autor, más que a la voz narradora" (a la "pluma" del Papa se le escapa que, independientemente de que el relato lo conduzca la voz narradora o el autor, "Madame Bovary c’est moi", como explicaba Flaubert y como sucede con cualquier escritor), "una técnica de diálogo completamente deudora de la oralidad" (no se sabe cuál es el problema, porque la fusión entre narración y oralidad es uno de los elementos estilísticos que hacen que las obras de Saramago sean memorables), "un intento imaginativo que no se molesta en encubrir con la fantasía la impronta ideológica de eterno marxista"; ya está, aquí estamos, eso es lo que saca de quicio al periódico del Papa. Y sobre todo, "un tono de inevitable apocalipsis con un presagio perturbador que pretende celebrar el fracaso de un Creador y su creación".

En resumen, la grandeza literaria es lo de menos. L’Osservatore Romano resulta patético cuando trata de reevaluar bajo el perfil de la creatividad una obra que hizo de José Saramago el mayor escritor vivo y lo único que consigue es delinear un proceso exactamente al estilo del Santo Oficio. Primera imputación: "respecto a la religión, dado que siempre tuvo la mente enganchada en una banalización desestabilizadora de lo sagrado (…), Saramago no dejó nunca de apoyar un descorazonador simplismo teológico". En italiano, lo primero que evoca siempre la palabra uncinata (enganchada) es la croce uncinata, la cruz gamada, una asonancia hitleriana, un lapsus con el que se perjudican a sí mismos, porque es un adjetivo que más valdría haber evitado en el periódico de un Papa que en su juventud lució la enseña de las Hitlerjugend. Pero cuando se es esclavo furioso del odio teológico ya no se controla lo que se dice.

Por otra parte, dado que la otra imagen que evoca uncinato es la de los ganchos en los que cuelgan los cuartos de la res los carniceros, las palabras "una mente uncinata da una banalizzazione", "una mente enganchada en una banalización", o las ha escrito un genio de la ficción barata, o las han firmado con tinta azul en cualquier gimnasio. Y ahora viene la pregunta: ¿el autor de la necrológica cristiana quiere decir que el cerebro de Saramago estaba desestabilizado por la banalización de lo sagrado (es decir, que estaba loco o era un gilipollas), o que dicha banalización, unida a su materialismo libertario, desestabilizaba la fe de los lectores? Porque, si se trata de este último caso, eso sería un elogio.

¿Y en qué consistiría el "descorazonador simplismo teológico" de que le acusa Claudio Toscani? En haber sostenido (la síntesis es de Carneade) que, "si Dios está en el origen de todo, Él es la causa de todo efecto y el efecto de toda causa" y, por consiguiente, por haberse enojado con "un Dios en el que nunca había creído, por Su omnipotencia, Su omnisciencia, Su omnividencia". Es decir, por haber ilustrado con un talento narrativo espectacular las antinomias de la teodicea, que los doctores de la Iglesia no han sabido nunca resolver pese a siglos de sutilezas teológicas y de agarrarse a clavos ardiendo. Además, Toscani, en su papel de filósofo improvisado, olvida que la característica de Dios que es incompatible con la omnipotencia no es la omnisciencia, sino la bondad y la justicia infinitas, vistos los horrores de los que está llena "Su" creación.

Pero la obra que hizo que las jerarquías de la Iglesia vertieran auténtica bilis, una bilis que aún perdura 20 años después, fue, por supuesto, El Evangelio según Jesucristo, "un desafío a las memorias del cristianismo del que no se sabe qué salvar". No lo sabe el amanuense del Papa, porque sí lo saben muy bien los millones de lectores apasionados y los historiadores del cristianismo primitivo, que dan por sentado que el profeta judío itinerante de Galilea llamado Jesús no se consideró jamás el Mesías (para una minoría, como mucho, "Cristo no sabe nada de Sí hasta cuando está a un paso de la cruz", precisamente lo que Toscani reprocha a Saramago), y que, en efecto, "María fue para él una madre ocasional", hasta el punto de que no sabemos nada de ella aparte de que opinaba que su hijo estaba "fuera de sí" (Marcos, 3:21). Cuando el paladín del Evangelio según Ratzinger concluye, con la lanza en ristre pero la prosa un poco retorcida, que "la esterilidad lógica, antes que teológica, de esos asuntos narrativos, no produce la deconstrucción ontológica buscada, sino que se enrosca en una parcialidad dialéctica tan evidente que es preciso negarle toda credibilidad", solo se puede decir: "de te fabula narratur".

Por otra parte, el odio teológico impide el respeto a la lógica e incluso a los hechos: como golpe final, L’Osservatore Romano reprocha al gran escritor que "un populista extremista como él, que se había hecho cargo del porqué de los males del mundo, debería haber vinculado el problema a las estructuras humanas pervertidas, desde las histórico-políticas hasta las histórico-económicas", exactamente lo que hizo Saramago, con su empeño inagotable "en nombre de los últimos", de los pobres, los marginados, que debería recordar algo a quien pretende predicar el Evangelio todos los domingos. El escritor llamaba a todo esto "comunismo", pero, como ha recordado Luis Sepúlveda, para Saramago, "ser comunista en el confuso siglo XXI" era sencillamente "una cuestión de ética frente a la historia", no era ideología sino entender "la solidaridad como algo unido al hecho de vivir. Nadie se había sacrificado tanto por tantas causas justas y en tan poco tiempo".

Paolo Flores d’Arcais es filósofo y editor de la revista Micromega. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

EL PAIS.COM

Escrito por Eduardo Aquevedo

22 junio, 2010 a 20:16

El Vaticano critica y denigra a Saramago, evidenciando permanente intolerancia de la Iglesia…

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El Vaticano condena otra vez a Saramago tras su muerte

iglesia-irlan2 Le acusa de "populismo extremista" y le define como "ideólogo antirreligioso"

MIGUEL MORA | Roma 19/06/2010

Ni elogio fúnebre ni nota necrológica neutra. Fiel a su historia, el Vaticano ha dedicado hoy a José Saramago, fallecido el viernes a los 87 años en Lanzarote, un ataque denigratorio, una condena de un tono casi sarcástico, que suena casi a celebración por la muerte de uno de los intelectuales que más lúcidamente ha condenado los abusos cometidos en nombre de la religión y la hipocresía y contradicciones de la Iglesia de Roma.

El artículo dedicado al autor de ‘Memorial del convento’ por el diario oficial de la Santa Sede, L’Osservatore Romano, se titula La omnipotencia (relativa) del narrador, está firmado por Claudio Toscani y mezcla reflexiones sobre su tarea de intelectual de izquierdas con descalificaciones del tipo "populista extremista".

La pieza subraya la "ideología antirreligiosa" de Saramago, a quien define como "un hombre y un intelectual de ninguna capacidad metafísica, (y que vivió) agarrado hasta el final a su pertinaz fe en el materialismo histórico, alias marxismo". Para añadir: "Colocándose lúcidamente de la parte de la cizaña en el evangélico campo de trigo, (Saramago) se declaraba insomne por las cruzadas, o por la inquisición, olvidando el recuerdo de los ‘gulag’, de las purgas, de los genocidios, de los ‘samizdat’ (panfletos de la Rusia soviética) culturales y religiosos".

Por lo que respecta a la religión, continúa la nota, "uncida como estuvo siempre su mente por una desestabilizadora banalización de lo sagrado y por un materialismo libertario que cuanto más avanzaba en los años más se radicalizaba, Saramago no dejó nunca de sostener una simplificación teológica inquietante: si Dios está en el origen de todo, él es la causa de todo efecto y el efecto de toda causa".

La estocada posterior es durísima. "Un populista extremista como él, que se hacía cargo del porqué de los males del mundo, habría debido antes que nada aplicar el problema a todas las estructuras humanas erróneas, desde las histórico-políticas a las socioeconómicas, en vez de saltar al detestado plano metafísico y culpar, de manera demasiado cómoda y carente de cualquier otra consideración, a un Dios en el que nunca creyó debido a su omnipotencia, a su omnisciencia, a su omnipresencia".

El artículo critica de modo especial la novela ‘El Evangelio según Jesucristo’, con la cual, dice L’Osservatore Romano, el Premio Nobel de Literatura lanzó "un reto a la memoria del cristianismo de la cual no se sabe qué se puede salvar si, entre otras cosas, Cristo es hijo de un padre imperturbable que lo manda al sacrificio, que parece entenderse mejor con Satanás que con los hombres, y que domina el Universo con poder pero sin misericordia".

"Irreverencias aparte", concluye la pieza, "la esterilidad lógica, antes que teológica, de tales asuntos narrativos no produce la buscada deconstrucción ontológica, sino que se retuerce en una parcialidad dialéctica tan evidente como para impedirle alcanzar cualquier objetivo creíble".

El País.com

Escrito por Eduardo Aquevedo

19 junio, 2010 a 20:18

Fallece José Saramago, gran Nobel portugués

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La capilla ardiente del escritor, primer premio Nobel en lengua portuguesa, será abierta mañana en el ayuntamiento de Lisboa

JUAN CRUZ / JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS - Madrid – 18/06/2010

José Saramago

José Saramago en playa Quemada, entre Yaiza y Tías en Lanzarote (Canarias).- PEDRO WALTER

José Saramago será incinerado el domingo en Lisboa, la ciudad en cuyo ayuntamiento quedará instalada mañana la capilla ardiente. El escritor portugués falleció hoy en torno a las dos menos cuarto (hora peninsular española) a los 87 años en su residencia de Tías (Lanzarote). Hasta días antes de su muerte, el Premio Nobel trabajaba ya en una nueva novela, Alabardas, alabardas, espingardas, espingardas. Ese título, tomado de un verso de su paisano Gil Vicente, recoge la historia de un obrero de una fábrica de armas. Lleva escritas alrededor de 30 páginas, según sus editores.

Se va Saramago, el hombre que nos previno contra una destructora epidemia de ceguera. Y en estos tiempos su adiós parece un símbolo. El primer Premio Nobel que recibió la lengua portuguesa ha sido un referente para toda la izquierda del planeta. Afiliado al Partido Comunista, y a pesar de sus éxitos literarios, Saramago no dejó jamás de implicarse en todos los asuntos sociales y políticos.Quizá por su activismo eligió como compañera desde hace 25 años a la también periodista sevillana Pilar del Río. España y Portugal unidos en un matrimonio que a Saramago le habría gustado llevar hasta el altar de lo político. "El hombre que se atrevió a decir no", ése podría ser un buen epitafio para él. En estos tiempos en los que, más que nunca, nos obligan a decir que sí. – AGENCIA ATLAS

Entre tanto, la editorial Alfaguara trabaja ya en la traducción de José Saramago en sus palabras, un volumen al cuidado de Fernando Gómez Aguilera que recopila las opiniones sobre política y literatura del autor luso. Además, el director Miguel Mendes estrenará a finales de julio el documental Jose y Pilar (unión ibérica), una aproximación al mundo del escritor y su esposa. El filme es una colaboración de El Deseo y 02, las productoras de Pedro Almodóvar y Fernando Meirelles respectivamente. Éste último dirigió hace dos años la adaptación de la novela Ensayo sobre la ceguera.

Como su propia obra, José Saramago era un árbol con muchas ramas. El autor de La balsa de piedra fue poeta antes que novelista de éxito y antes que poeta, pobre. Unido el periodismo a esos otros tres factores (pobreza, poesía y novela) se entenderá la fusión entre preocupación social y exigencia estética que ha marcado la obra del único Premio Nobel de la lengua portuguesa hasta hoy. En 1998, el máximo galardón literario del planeta reconoció a un hijo de campesinos sin tierra que había nacido en 1922 en Azinhaga, Ribatejo, a 100 kilómetros de Lisboa. Tenía tres años cuando su familia emigró a la capital, donde las penurias rurales se tornaron en penurias de ciudad. Así, el futuro escritor se formó en la biblioteca pública de su barrio mientras trabajaba en un taller después de abandonar la escuela para ayudar a mantener una casa en la que ya faltaba su hermano Francisco, dos años mayor que él y muerto poco después del traslado.

Las pequeñas memorias (editadas en España por Alfaguara, como el resto de su obra desde que abandonara Seix Barral) es el título que Saramago puso al relato de una infancia que siempre tuvo un pie en la aldea de la que había emigrado. Su novela Levantado del suelo (1980) cuenta las peripecias de varias generaciones de campesinos del Alentejo. No fue su primera novela pero sí la que supuso su primera consagración después de que Manual de pintura y caligrafía rompiera en 1977 un silencio de casi 30 años. Eran los que habían pasado desde la aparición de Tierra de pecado, su verdadero, aunque poco exitoso, estreno como novelista. En esas tres décadas Saramago había trabajado como administrativo, empleado de seguros y de una editorial; se había casado y divorciado de su primera esposa, publicado tres libros de poemas, ingresado en el Partido Comunista -clandestino durante la dictadura de Salazar- y, sobre todo, consagrado como periodista.

Levantado del suelo siguió Memorial del convento, en 1982, y dos años más tarde El año de la muerte de Ricardo Reis. Centrada en la figura del heterónimo de Fernando Pessoa, el gran poeta del Portugal moderno, la novela es un intenso retrato de Lisboa de la mano de un poeta imaginario que, igual que pasó nueve meses en el vientre materno, ha de pasar un tiempo equivalente desde la muerte del hombre que lo creó antes de desaparecer definitivamente. La fama internacional le vino a Saramago precisamente con esta novela escrita con una rara intensidad poética que había sabido asimilar todas las lecciones de la narrativa moderna. En una conferencia pronunciada por esos mismos años 80 solía recordar el consejo que él mismo solía dar a los lectores que decían no entender bien sus libros por las mezclas de voces y la ausencia de marcas convencionales en los diálogos: "Léalos en voz alta". Funcionaba.

En ese tiempo, la actividad de Saramago se vuelve frenética. Una laboriosidad que le ha acompañado hasta su muerte con la escritura incansable de novelas, diarios, obras de teatro y hasta un blog . Tras la fábula iberista La balsa de piedra (1986), en la que España y Portugal se desgajan literalmente del continente europeo y se lanzan a flotar sobre el Atlántico, llegaron Historia del cerco de Lisboa (1989) y El evangelio según Jesucristo (1991). Su visión heterodoxa del mesías cristiano levantó una polémica que arreció cuando el gobierno de su país se negó a presentar el libro al Premio Literario Europeo. Herido con aquel gesto, Saramago se instaló en Lanzarote con Pilar del Río, su segunda esposa y nueva traductora. La misma polémica de tintes religiosos se reprodujo en 2009 al hilo de la publicación de una novela considerada hiriente por la jerarquía católica lusa, Caín. Meses antes, el escritor se había visto envuelto en otro rifirrafe. Esta vez en Italia: su editorial de siempre, propiedad de Silvio Berlusconi, se negó a publicar El cuaderno, un libro basado en el blog del escritor, que no ahorraba en él críticas al primer ministro italiano.

La publicación en 1995 de Ensayo sobre la ceguera, el relato de una epidema que convierte en ciegos a los habitantes de una ciudad -Fernando Meirelles la llevó al cine en 2008 con Julianne Moore como protagonista- abrió una nueva etapa en la obra de José Saramago. Novelas como La caverna, El hombre duplicado, Ensayo sobre la lucidez o Las intermitencias de la muerte llevan al terreno narrativo reflexiones sobre el consumo, la sociedad de masas, el sistema democrático o la idea de la muerte. Muchas de ellas parecen nacidas de una pregunta: "¿qué pasaría si?" Si la gente votase masivamente en blanco en unas elecciones, si alguien decidiese vivir al margen de la economía capitalista, si se encontrasen dos hombres totalmente idénticos. Otra de esas preguntas era qué pasaría si la gente dejase de morir. José Saramago sabía que había cosas que sólo suceden en la imaginación crítica de un escritor de novelas.

EL PAIS.COM

Un hombre llamado Saramago

“Caín”, la última novela de José Saramago me llego un día de lluvia y el sobre que contenía el libro venía medio desecho, pero la tinta de bolígrafo es por fortuna resistente y la dedicatoria no había sufrido daños. También llovía hace dieciocho años en Bad Homburg, un lugar cercano a Frankfurt donde, cada año, empezaba realmente la Feria del Libro, la mítica Buchmesse, durante una cena ofrecida por Ray-Güde Mertin, nuestra agente literaria. Y en esa tarde de lluvia, mientras todos bebíamos estupendos vinos alemanes, mientras escritores y editores de todo el mundo nos encontrábamos, tocábamos, narrábamos lo que en ese momento nos ocupaba, nadie se percató de que el timbre de la casa no funcionaba.

De pronto, uno de los camareros se acercó a la anfitriona y le susurró: “en la puerta hay un hombre llamado Saramago”. Entonces entró ese hombre flaco acompañado de un ángel llamado Pilar, ese hombre que miraba a los ahí reunidos con ademanes de estar perdido, hasta que reconoció al novelista uruguayo Mario Delgado Aparaín y ambos se fundieron en un abrazo. A partir de ese momento se formó el rincón de los latinoamericanos que tratábamos de responder a las mil preguntas que nos hacía José Saramago, que sabía de nuestros países más que muchos de nosotros mismos.

José Saramago entendía la solidaridad como un hecho consustancial a vivir, nadie se jugó tanto por tantas causas justas y en tan poco tiempo. Los que alguna vez lo invitamos a Chiapas, a los campamentos del Tinduf, a la Araucanía, a cualquier territorio del continente americano donde se precisara, no un mensajito esperanzador carente de médula, sino un discurso fuerte sobre los derechos humanos, la justicia y la dignidad de los pobres, sabíamos que lo más probable es que aceptara, poniendo en juego su propia salud y su precioso tiempo de escritor enorme.

José Saramago llegó a todos los lugares a los que creyó que tenía que llegar. Supo definir mejor que nadie lo que significaba ser un comunista en el confuso siglo XXI: es una cuestión de actitud, dijo, una cuestión de ética frente a los acontecimientos y la historia.

Y ahora llueve también en Asturias cuando la radio me informa del deceso de ese hombre llamado Saramago, cuyo ejemplo es un icono de la decencia social, y autor de libros que permanecerán en la memoria de los siglos.

Será dura y difícil la senda de los preocupados por la ética sin la presencia de José Saramago. Será duro saber que no está cuando precisemos de su voz alentadora en las mil batallas pendientes contra un sistema feroz. Pero sé que una voz en nuestras conciencias, en los momentos de dudas o peligros, nos recordará que con nosotros todavía sigue el ejemplo de ese hombre, de ese hombre llamado Saramago.

*Luis Sepúlveda es escritor y colaborador de Le Monde Diplomatique. Gijón, 18 de junio de 2010.

Le Monde diplomatique

Escrito por Eduardo Aquevedo

18 junio, 2010 a 14:46

Noam Chomsky en París…

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Vilma Fuentes

CHOMSKY5 Con motivo de la visita a Francia de Noam Chomsky, invitado a dar una corta serie de conferencias, se rindió homenaje al más grande pensador actual, según se anunció. Visita notable, cuando se sabe que no venía desde hace un cuarto de siglo.

Es interesante preguntarse qué puede significar rendir homenaje, escuchar. O no escuchar. El maestro de la lingüística generativa fue recibido en el Colegio de Francia y en universidades donde expuso los principios de su especialidad. Se le esperaba también en el terreno político.

Sus análisis, concernientes al curso del mundo contemporáneo, los cuales desarrolla en un estilo que le es propio, tanto más radicales cuando ofrece el rostro más sonriente al exponerlos, eran deseados con el raro temor que suscita el iconoclasta, el pensador capaz de las más atrevidas audacias.

Una extraña sensación de apodera del auditorio cuando quien habla, siempre sonriente, se expresa con el travieso placer de perturbar a quienes lo escuchan y de echar al suelo sus idées reçues (ideas recibidas). Chomsky es estadunidense, no hay duda alguna, luego, no cesa de denunciar las exacciones de su país, Estados Unidos.

Chomsky es judío, es un hecho, luego, no tiene palabras bastante severas para calificar las decisiones estratégicas, políticas y militares del Estado de Israel.

Quien habla así, no se hace sólo amigos. Pero no parece que tal sea la principal inquietud de Chomsky. Sabe desde hace buen tiempo que una parte de la intelligentsia francesa y parisiense no lo quiere. Él tampoco. Podría recuperar la canción de Serge Gainsbourg: “Je t’aime. Moi, non plus” (Yo te amo. Yo, tampoco). Ser querido, recibir honores, no tiene importancia. Lo que importa es no mentir. Al menos cuando se pretende ser intelectual, investigador, filósofo o pensador. La cuestión no es sólo moral: está directamente ligada a la preocupación de conservarse fiel al rigor de los métodos racionales y científicos. Un crimen es un crimen, y no deja de ser un crimen lo haya cometido un extranjero o un natural del propio país.

Cuando habla de esta manera, Chomsky perturba. El sacrosanto principio del patriotismo nacional, según el cual se prohíbe condenar al país natal, la patria, como debe abstenerse de criticar a la madre, es un principio que parece obsoleto. Paradójicamente, vivimos una época en que los furores nacionalistas renacen, más fanáticos unos que otros, dispuestos al combate en todo el mundo.

Este sabio lingüista, quien habla a sus 80 años como hablaba a los 10, edad de su primer texto en contra de las tropas de Franco en España, ¿no seguiría siendo un soñador, un utopista retardado? A veces debe pensarlo él mismo. Sonriente: qué importa si sueño en un mundo donde se mata; mi oficio no es alentar a los asesinos, sino señalar el crimen que cometen.

Un incidente revelador del clima de libertad en Francia se produjo hace algunos años cuando Chomsky aceptó firmar una petición que reclamaba el derecho de expresión de un cierto Faurisson, conocido por sus escritos revisionistas sobre la historia de la Segunda Guerra Mundial.

Chomsky no compartía para nada el punto de vista ni las ideas de Faurisson, pero no veía la utilidad de prohibirle expresarlas y llevarlo ante la justicia.

No pueden imponerse límites a la libertad de expresión. Las peores imbecilidades pueden ser dichas sin deber castigarlas. Es el mejor medio de olvidarlas pronto. Es, sobre todo, el acto de confianza acordado al poder de la razón, sin el cual ninguna sociedad racional puede pretender sobrevivir.

Chomsky recordó al respecto el Siglo de las Luces –y a Voltaire, quien no dudó en afirmar que estaría dispuesto a arriesgar su vida para permitir a alguien expresar ideas que le repugnaban. Y, de paso, esta defensa de la libertad de expresión permitió a Chomsky dar una lección a las buenas conciencias de la intelligentsia parisiense y mostrarles que se hallaba más próximo del espíritu de Voltaire que ellos.

vilmafuentes22@gmail.com

La Jornada.mx

Escrito por Eduardo Aquevedo

14 junio, 2010 a 23:12

E. Hobsbawm: las mutaciones incesantes de un mundo sin sosiego

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Entrevista al historiador Eric Hobsbawm

Las mutaciones incesantes de un mundo sin sosiego

New Left Review/Clarín

klee101 En la mirada de Eric Hobsbawm. El gran historiador inglés, autor de clásicos ineludibles sobre el siglo XX, examina la crisis actual y los vertiginosos cambios de las últimas décadas en la política global, y retrata el horizonte por venir. Una entrevista especial de la New Left Review, reproducida en castellano por el diario argentino Clarín.

Es probablemente el mayor historiador vivo. Su mirada es universal, como lo muestran sus libros La era de la revolución y La era del capitalismo. Esta entrevista constituye su más reciente ejercicio de una visión global sobre los problemas y las tendencias del mundo moderno.

Su obra Historia del siglo XX concluye en 1991 con una visión sobre el colapso de la esperanza de una Edad de Oro para el mundo. ¿Cuáles son los principales cambios que registra desde entonces en la historia mundial?

Veo cinco grandes cambios. Primero, el desplazamiento del centro económico del mundo del Atlántico norte al sur y al este de Asia. Este proceso comenzó en los años 70 y 80 en Japón, pero el auge de China desde los 90 ha marcado la diferencia. El segundo es, desde luego, la crisis mundial del capitalismo, que nosotros predijimos siempre pero que tardó mucho tiempo en llegar. Tercero, el clamoroso fracaso de la tentativa de Estados Unidos de mantener en solitario una hegemonía mundial después de 2001, un fracaso que se manifestó con mucha claridad. Cuarto, cuando escribí Historia del siglo XX no se había producido la aparición como entidad política de un nuevo bloque de países en desarrollo, los BRIC (Brasil, Rusia, India y China). Y quinto, la erosión y el debilitamiento sistemático de la autoridad de los Estados: de los Estados nacionales dentro de sus territorios y, en muchas partes del mundo, de cualquier clase de autoridad estatal efectiva. Acaso fuera previsible pero se aceleró hasta un punto inesperado.

¿Qué más le ha sorprendido?

Nunca dejo de sorprenderme ante la absoluta locura del proyecto neoconservador, que no sólo pretendía que el futuro era Estados Unidos, sino que incluso creyó haber formulado una estrategia y una táctica para alcanzar ese objetivo. Hasta donde alcanzo a ver, no tuvieron una estrategia coherente.

¿Puede prever alguna recomposición política de lo que fue la clase obrera?

No en la forma tradicional. Marx estaba sin duda en lo cierto al predecir la formación de grandes partidos de clase en una determinada etapa de la industrialización. Pero estos partidos, si tenían éxito, no funcionaban como partidos exclusivos de la clase obrera: si querían extenderse más allá de una clase reducida, lo hacían como partidos populares, estructurados alrededor de una organización inventada por y para los objetivos de la clase obrera. Incluso así, había límites para la conciencia de clase. En Gran Bretaña el Partido Laborista nunca obtuvo más del 50 por ciento de los votos. Lo mismo sucede en Italia, donde el PCI era todavía más un partido popular. En Francia, la izquierda se basaba en una clase obrera débil pero políticamente fortalecida por la gran tradición revolucionaria, de la que se las arregló para convertirse en imprescindible sucesora, lo cual les proporcionó a ella y a la izquierda mucha más influencia. El declive de la clase obrera manual parece algo definitivo. Hay o habrá mucha gente que quede realizando trabajo manual, pero no puede seguir siendo el principal fundamento de esperanza: carece del potencial organizativo de la vieja clase obrera y no tiene potencial político.

Ha habido otros tres importantes desarrollos negativos. El primero es, desde luego, la xenofobia, que para la mayoría de la clase obrera es, como dijo el alemán August Bebel, el "socialismo de los tontos": salvaguardar mi trabajo contra gente que compite conmigo. Cuanto más débil es el movimiento obrero, más atractiva es la xenofobia. En segundo lugar, gran parte del trabajo y del trabajo manual que la administración pública británica solía llamar "categorías menores y de manipulación", no es permanente sino temporario; por ejemplo, estudiantes o emigrantes trabajando en catering. Eso hace que no sea fácil considerarlo como potencial organizable. La única forma fácilmente organizable de esa clase de trabajo es la que está empleada por autoridades públicas, razón por la cual estas autoridades son vulnerables. El tercero y el más importante de estos cambios es la creciente ruptura producida por un nuevo criterio de clase, en concreto, aprobar exámenes en colegios y universidades como un billete de acceso para el empleo. Esto puedes llamarlo meritocracia pero está institucionalizada y mediatizada por los sistemas educativos. Lo que ha hecho es desviar la conciencia de clase desde la oposición a los empleadores a la oposición a juniors de una u otra clase, intelectuales, élites liberales o aventureros. Estados Unidos es un típico ejemplo, pero, si miras a la prensa británica, verás que no está ausente en el Reino Unido. El hecho de que, cada vez más, obtener un doctorado o al menos ser un posgraduado también te da una oportunidad mejor para conseguir millones complica la situación.

¿Puede haber nuevos agentes?

Ya no en términos de una sola clase pero entonces, desde mi punto de vista, nunca lo pudo ser. Hay una política de coaliciones progresista, incluso de alianzas permanentes como las de, por ejemplo, la clase media que lee The Guardian y los intelectuales, la gente con niveles educativos altos, que en todo el mundo tiende a estar más a la izquierda que los otros, y la masa de pobres e ignorantes. Ambos grupos son esenciales pero quizá sean más difíciles de unificar que antes. Los pobres pueden identificarse con multimillonarios, como en Estados Unidos, diciendo "si tuviera suerte podría convertirme en una estrella pop". Pero no puede decir "si tuviera suerte ganaría el premio Nobel". Esto es un problema para coordinar las políticas de personas que objetivamente podrían estar en el mismo bando.

¿En qué se diferencia la crisis actual de la de 1929?

La Gran Depresión no empezó con los bancos; no colapsaron hasta dos años después. Por el contrario, el mercado de valores desencadenó una crisis de la producción con un desempleo mucho más elevado y un declive productivo mayor del que se había conocido nunca. La actual depresión tuvo una incubación mayor que la de 1929, que llegó casi de la nada. Desde muy temprano debía haber estado claro que el fundamentalismo neoliberal producía una enorme inestabilidad en el funcionamiento del capitalismo. Hasta 2008 parecía afectar sólo a áreas marginales: América Latina en los años 90 hasta la siguiente década, el sudeste asiático y Rusia. En los países más importantes, todo lo que significaba eran colapsos ocasionales del mercado de valores de los que se recuperaban con bastante rapidez. Me pareció que la verdadera señal de que algo malo estaba pasando debería haber sido el colapso de Long-Term Capital Management (LTCM) en 1998, que demostraba lo incorrecto que era todo el modelo de crecimiento, pero no se consideró así.

Paradójicamente, llevó a un cierto número de hombres de negocios y de periodistas a redescubrir a Karl Marx, como alguien que había escrito algo de interés sobre una economía moderna y globalizada; no tenía nada que ver con la antigua izquierda: la economía mundial en 1929 no era tan global como la actual. Esto tuvo alguna consecuencia; por ejemplo, hubiera sido mucho más fácil para la gente que perdió su trabajo regresar a sus pueblos. En 1929, en gran parte del mundo fuera de Europa y América del Norte, los sectores globales de la economía eran áreas que en gran medida no afectaron a lo que las rodeaba. La existencia de la URSS no tuvo efectos prácticos sobre la Gran Depresión pero sí un enorme efecto ideológico: había una alternativa. Desde los 90 asistimos al auge de China y las economías emergentes, que realmente ha tenido un efecto práctico sobre la actual depresión, pues ha ayudado a mantener una estabilidad mucho mayor de la economía mundial de la que hubiera alcanzado de otro modo. De hecho, incluso en los días en que el neoliberalismo afirmaba que la economía prosperaba de modo exuberante, el crecimiento real se estaba produciendo en su mayoría en estas economías recién desarrolladas, en especial China. Estoy seguro de que si China no hubiera estado ahí, la crisis de 2008 habría sido mucho más grave. Por esas razones, vamos a salir de ella con más rapidez, aunque algunos países seguirán en crisis durante bastante tiempo.

¿Qué pasa con las consecuencias políticas?

La depresión de 1929 condujo a un giro abrumador a la derecha, con la gran excepción de América del Norte, incluido México, y de los países escandinavos. En Francia, el Frente Popular de 1935 solo tuvo el 0,5 por ciento más de votos que en 1932, así que su victoria marcó un cambio en la composición de las alianzas políticas en vez de algo más profundo. En España, a pesar de la situación cuasirrevolucionaria o potencialmente revolucionaria, el efecto inmediato fue también un movimiento hacia la derecha, y desde luego ése fue el efecto a largo plazo. En la mayoría de los otros Estados, en especial en el centro y este de Europa, la política se movió claramente hacia la derecha. El efecto de la actual crisis no está tan definido. Uno puede imaginarse que los principales cambios o giros en la política no se producirán en Estados Unidos u occidente, sino casi seguro en China.

¿Cree que China continuará resistiendo la recesión?

No hay ninguna razón especial para pensar que de repente dejará de crecer. El gobierno chino se ha llevado un buen susto con la depresión, porque ésta obligó a una enorme cantidad de empresas a detener temporalmente su actividad. Pero el país todavía está en las primeras etapas del desarrollo económico y hay muchísimo espacio para la expansión. No quiero especular sobre el futuro, pero podemos imaginarnos a China dentro de veinte o treinta años siendo a escala mundial mucho más importante que hoy, por lo menos económica y políticamente, no necesariamente en términos militares. Desde luego, tiene problemas enormes y siempre hay gente que se pregunta si el país puede mantenerse unido, pero yo creo que tanto la realidad del país como las razones ideológicas continúan militando poderosamente para que la gente desee que China permanezca unida.

Pasado un año, ¿cómo valora la administración Obama?

La gente estaba tan encantada de que hubiera ganado alguien con su perfil, y en medio de la crisis, que muchos pensaron que estaba destinado a ser un gran reformista, a la altura de que hizo el presidente Franklin Roosevelt. Pero no lo estaba. Empezó mal. Si comparamos los primeros cien días de Roosevelt con los de Obama, lo que destaca es la predisposición de Roosevelt a apoyarse en consejeros no oficiales para intentar algo nuevo, comparado con la insistencia de Obama en permanecer en el mismo centro. Desperdició la ocasión. Su verdadera oportunidad estuvo en los tres primeros meses, cuando el otro bando estaba desmoralizado y no podía reagruparse en el Congreso. No la aprovechó. Podemos desearle suerte pero las perspectivas no son alentadoras.

Si observamos el escenario internacional más caliente, ¿cree que la solución de los dos Estados, como se imagina actualmente, es un proyecto creíble para Palestina?

Personalmente, dudo de que lo sea por el momento. Cualquiera que sea la solución, no va a suceder nada hasta que Estados Unidos decida cambiar totalmente su manera de pensar y presione a los israelíes. Y no parece que eso vaya a suceder.

¿Cree que hay alguna parte del mundo donde todavía sea posible recrear proyectos positivos, progresistas?

En América Latina la política y el discurso público general todavía se desarrollan en los términos liberal-socialistas-comunistas de la vieja Ilustración. Esos son sitios donde encuentras militaristas que hablan como socialistas, o un fenómeno como Lula, basado en un movimiento obrero, o a Evo Morales. Adónde conduce eso es otra cuestión, pero todavía se puede hablar el viejo lenguaje y todavía están disponibles las viejas formas de la política. No estoy completamente seguro sobre América Central, aunque hay indicios de un pequeño resurgir en México de la tradición de la Revolución; tampoco estoy muy seguro de que vaya a llegar lejos, ya que México ha sido integrado a la economía de Estados Unidos. América Latina se benefició de la ausencia de nacionalismos etnolingüísticas y divisiones religiosas; eso hizo mucho más fácil mantener el viejo discurso. Siempre me sorprendió que, hasta hace bien poco, no hubiera signos de políticas étnicas.

Han aparecido movimientos indígenas de México y Perú, pero no a una escala parecida a la que se produjo en Europa, Asia o África. Es posible que en India, gracias a la fuerza institucional de la tradición laica de Nehru, los proyectos progresistas puedan revivir. Pero no parecen calar entre las masas, excepto en algunas zonas donde los comunistas tienen o han tenido un apoyo masivo, como Bengala y Kerala, y acaso entre algunos grupos como los nasalitas o los maoístas en Nepal. Aparte de eso, la herencia del viejo movimiento obrero, de los movimientos socialistas y comunistas, sigue siendo muy fuerte en Europa. Los partidos fundados mientras Friedrich Engels vivía aún son, casi en toda Europa, potenciales partidos de gobierno o los principales partidos de la oposición. Imagino que en algún momento la herencia del comunismo puede surgir en formas que no podemos predecir, por ejemplo en los Balcanes e incluso en partes de Rusia. No sé lo que sucederá en China pero sin duda ellos están pensando en términos diferentes, no maoístas o marxistas modificados.

Siempre ha sido crítico con el nacionalismo como fuerza política, advirtiendo a la izquierda que no lo pintara de rojo. Pero también ha reaccionado contra las violaciones de la soberanía nacional en nombre de las intervenciones humanitarias. ¿Qué tipos de internacionalismo son deseables y viables hoy día?

En primer lugar, el humanitarismo, el imperialismo de los derechos humanos, no tiene nada que ver con el internacionalismo. O bien es una muestra de un imperialismo revivido que encuentra una adecuada excusa, sincera incluso, para la violación de la soberanía nacional, o bien, más peligrosamente, es una reafirmación de la creencia en la superioridad permanente del área que dominó el planeta desde el siglo XVI hasta el XX. Después de todo, los valores que occidente pretende imponer son específicamente regionales, no necesariamente universales. Si fueran universales tendrían que ser reformulados en términos diferentes. No estamos aquí ante algo que sea en sí mismo nacional o internacional. Sin embargo, el nacionalismo sí entra en él porque el orden internacional basado en Estados-nación ha sido en el pasado, para bien o para mal, una de las mejores salvaguardas contra la entrada de extranjeros en los países. Sin duda, una vez abolido, el camino está abierto para la guerra agresiva y expansionista.

El internacionalismo, que es la alternativa al nacionalismo, es un asunto engañoso. Es tanto un eslogan político sin contenido, como sucedió a efectos prácticos en el movimiento obrero internacional, donde no significaba nada específico, como una manera de asegurar la uniformidad de organizaciones poderosas y centralizadas, fuera la iglesia católica romana o el Komintern. El internacionalismo significa que, como católico, creías en los mismos dogmas y tomabas parte en las mismas prácticas sin importar quién fueras o dónde estuvieras; lo mismo sucedía con los partidos comunistas. Esto no es realmente lo que nosotros entendíamos por "internacionalismo". El Estado-nación era y sigue siendo el marco de todas las decisiones políticas, interiores y exteriores. Hasta hace muy poco, las actividades de los movimientos obreros (de hecho, todas las actividades políticas) se llevaban a cabo dentro del marco de un Estado. Incluso en la UE, la política se enmarca en términos nacionales. Es decir, no hay un poder supranacional que actúe, sólo una coalición de Estados. Es posible que el fundamentalismo misionero islámico sea aquí una excepción, que se extiende por encima de los Estados, pero hasta ahora todavía no se ha demostrado. Los anteriores intentos de crear super-Estados panárabes, como entre Egipto y Siria, se derrumbaron por la persistencia de las fronteras de los Estados existentes.

¿Cree entonces que hay obstáculos intrínsecos para cualquier intento de sobrepasar las fronteras del Estado-nación?

Tanto económicamente como en la mayoría de los otros aspectos, incluso culturalmente, la revolución de las comunicaciones creó un mundo genuinamente internacional donde hay poderes de decisión que funcionan de manera transnacional, actividades que son transnacionales y, desde luego, movimientos de ideas, comunicaciones y gente que son transnacionales mucho más fácilmente que nunca. Incluso las culturas lingüísticas se complementan ahora con idiomas de comunicación internacional. Pero en la política no hay señales de esto y ésa es la contradicción básica de hoy. Una de las razones por las que no ha sucedido es que en el siglo XX la política fue democratizada hasta un punto muy elevado con la implicación de las masas. Para éstas, el Estado es esencial para las operaciones diarias. Los intentos de romper el Estado internamente mediante la descentralización existen desde hace treinta o cuarenta años, y algunos de ellos con éxito; en Alemania la descentralización ha sido un éxito en algunos aspectos y, en Italia, la regionalización ha sido muy beneficiosa.

Pero el intento de establecer Estados supranacionales fracasa. La Unión Europea es el ejemplo más evidente. Hasta cierto punto estaba lastrada por la idea de sus fundadores, quienes apostaban a crear un super-Estado análogo a un Estado nacional, cuando yo creo que ésa no era una posibilidad y sigue sin serlo. La UE es una reacción específica dentro de Europa. Hubo señales de un Estado supranacional en Oriente Próximo pero la UE es el único que parece haber llegado a alguna parte. No creo que haya posibilidades para una gran federación en América del Sur. El problema sin resolver continúa siendo esta contradicción: por una parte, hay prácticas y entidades transnacionales que están en curso de vaciar el Estado quizá hasta el punto de que colapse. Pero si eso sucede -lo que no es una perspectiva inmediata, por lo menos en los Estados desarrollados-, ¿quién se hará cargo entonces de las funciones redistributivas y de otras análogas, de las que hasta ahora sólo se ha hecho cargo el Estado? Este es uno de los problemas básicos de cualquier clase de política popular hoy en día.

Eric Hobsbawm es el decano de la historiografía marxista británica. Uno de sus últimos libros es un volumen de memorias autobiográficas: Años interesantes, Barcelona, Critica, 2003.

Fuente: http://www.clarin.com/suplementos/zona/2010/05/23/z-02198934.htm

Manuel Castells, La era de la información. Sociedad, economía y cultura…

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INVESTIGACION2 Prólogo

La red y el yo

-¿Me consideras un hombre culto y leído?
-Sin duda -replicó Zi-gong-. ¿No lo eres?

-En absoluto -dijo Confucio- Tan sólo he agarrado el hilo que enlaza el resto*.

Hacia el final del segundo milenio de la era cristiana, varios acontecimientos de trascendencia histórica han transformado el paisaje social de la vida humana. Una revolución tecnológica, centrada en torno a las tecnologías de la información, está modificando la base material de la sociedad a un ritmo acelerado. Las economías de todo el mundo se han hecho interdependientes a escala global, introduciendo una nueva forma de relación entre economía, Estado y sociedad en un sistema de geometría variable. El derrumbamiento del estatismo soviético y la subsiguiente desaparición del movimiento comunista internacional han minado por ahora el reto histórico al capitalismo, rescatado a la izquierda política (y a la teoría marxista) de la atracción fatal del marxismo-leninismo, puesto fin a la guerra fría, reducido el riesgo de holocausto nuclear y alterado de modo fundamental la geopolítica global.

El mismo capitalismo ha sufrido un proceso de reestructuración profunda, caracterizado por una mayor flexibilidad en la gestión; la descentralización e interconexión de las empresas, tanto interna como en su relación con otras; un aumento de poder considerable del capital frente al trabajo, con el declive concomitante del movimiento sindical; una individualización y diversificación crecientes en las relaciones de trabajo; la incorporación masiva de la mujer al trabajo retribuido, por lo general en condiciones discriminatorias; la intervención del estado para desregular los mercados de forma selectiva y desmantelar el estado de bienestar, con intensidad y orientaciones diferentes según la naturaleza de las fuerzas políticas y las instituciones de cada sociedad; la intensificación de la competencia económica global en un contexto de creciente diferenciación geográfica y cultural de los escenarios para la acumulación y gestión del capital.

Como consecuencia de este reacondicionamiento general del sistema capitalista, todavía en curso, hemos presenciado la integración global de los mercados financieros, el ascenso del Pacífico asiático como el nuevo centro industrial global dominante, la ardua pero inexorable unificación económica de Europa, el surgimiento de una economía regional norteamericana, la diversificación y luego desintegración del antiguo Tercer Mundo, la transformación gradual de Rusia y la zona de influencia ex soviética en economías de mercado, y la incorporación de los segmentos valiosos de las economías de todo el mundo a un sistema interdependiente que funciona como una unidad en tiempo real. Debido a todas estas tendencias, también ha habido una acentuación del desarrollo desigual, esta vez no sólo entre Norte y Sur, sino entre los segmentos y territorios dinámicos de las sociedades y los que corren el riesgo de convertirse en irrelevantes desde la perspectiva de la lógica del sistema. En efecto, observamos la liberación paralela de las formidables fuerzas productivas de la revolución informacional y la consolidación de los agujeros negros de miseria humana en la economía global, ya sea en Burkina Faso, South Bronx, Kamagasaki, Chiapas o La Courneuve.

De forma simultánea, las actividades delictivas y las organizaciones mafiosas del mundo también se han hecho globales e informacionales, proporcionando los medios para la estimulación de la hiperactividad mental y el deseo prohibido, junto con toda forma de comercio ¡lícito demandada por nuestras sociedades, del armamento sofisticado a los cuerpos humanos. Además, un nuevo sistema de comunicación, que cada vez habla más un lenguaje digital universal, está integrando globalmente la producción y distribución de palabras, sonidos e imágenes de nuestra cultura y acomodándolas a los gustos de las identidades y temperamentos de los individuos. Las redes informáticas interactivas crecen de modo exponencial, creando nuevas formas y canales de comunicación, y dando forma a la vida a la vez que ésta les da forma a ellas.

Los cambios sociales son tan espectaculares como los procesos de transformación tecnológicos y económicos. A pesar de toda la dificultad sufrida por el proceso de transformación de la condición de las mujeres, se ha minado el patriarcalismo, puesto en cuestión en diversas sociedades. Así,, en buena parte del mundo, las relaciones de género se han convertido en un dominio contestado, en vez de sor una esfera de reproducción cultural. De ahí se deduce una redefinición fundamental de las relaciones entre mujeres, hombres y niños y, de este modo, de la familia, la sexualidad y la personalidad. La conciencia medioambiental ha calado las instituciones de la sociedad y sus valores han ganado atractivo político al precio de ser falseados y manipulados en la práctica cotidiana de las grandes empresas y las burocracias. Los sistemas políticos están sumidos en una crisis estructural de legitimidad, hundidos de forma periódica por escándalos, dependientes esencialmente del respaldo de los medios de comunicación y del liderazgo personalizado, y cada vez más aislados de la ciudadanía. Los movimientos sociales tienden a ser fragmentados, localistas, orientados a un único tema y efímeros, ya sea reducidos a sus mundos interiores o fulgurando sólo un instante en torno a un símbolo mediático.

En un mundo como éste de cambio incontrolado y confuso, la gente tiende a reagruparse en torno a identidades primarias: religiosa, étnica, territorial, nacional. En estos tiempos difíciles, el fundamentalismo religioso, cristiano, islámico, judío, hindú e incluso budista (en lo que parece ser un contrasentido), es probablemente la fuerza más formidable de seguridad personal y movilización colectiva. En un mundo de flujos globales de riqueza, poder e imágenes, la búsqueda de la identidad, colectiva o individual, atribuida o construida, se convierte en la fuente fundamental de significado social. No es una tendencia nueva, ya que la identidad, y de modo particular la identidad religiosa y étnica, ha estado en el origen del significado desde los albores de la sociedad humana.

No obstante, la identidad se está convirtiendo en la principal, y a veces única, fuente de significado en un periodo histórico caracterizado por una amplia desestructuración de las organizaciones, deslegitimación de las instituciones, desaparición de los principales movimientos sociales y expresiones culturales efímeras. Es cada vez más habitual que la gente no organice su significado en torno a lo que hace, sino por lo que es o cree ser. Mientras que, por otra parte, las redes globales de intercambios instrumentales conectan o desconectan de forma selectiva individuos, grupos, regiones o incluso países según su importancia para cumplir las metas procesadas en la red, en una corriente incesante de decisiones estratégicas. De ello se sigue una división fundamental entre el instrumentalismo abstracto y universal, y las identidades particularistas de raíces históricas. Nuestras sociedades se estructuran cada vez más en tomo a una posición bipolar entre la red y el yo.

En esta condición de esquizofrenia estructural entre función y significado, las pautas de comunicación social cada vez se someten a una tensión mayor. Y cuando la comunicación se, rompe, cuando deja de existir, ni siquiera en forma de comunicación conflictiva (como sería el caso en las luchas sociales o la oposición política), los grupos sociales y los individuos se, alienan unos de otros y ven al otro como un extraño, y al final como una amenaza. En este proceso la fragmentación social: se extiende, ya que las identidades se vuelven más específicas y aumenta la dificultad de compartirlas. La sociedad informacional, en su manifestación global, es también el mundo de Aum Shinrikyo, de la American Militia, de las ambiciones teocráticas islámicas/cristianas y del genocidio recíproco de hutus/tutsis.

Confundidos por la escala y el alcance del cambio histórico, la cultura y el pensamiento de nuestro tiempo abrazan con frecuencia un nuevo milenarismo. Los profetas de la tecnología predican una nueva era, extrapolando a las tendencias y organizaciones sociales la lógica apenas comprendida de los ordenadores y el ADN. La cultura y la teoría posmodernas se recrean en celebrar el fin de la historia y, en cierta medida, el fin de -la razón, rindiendo nuestra capacidad de comprender y hallar sentido, incluso al disparate. La asunción implícita es la aceptación de la plena individualización de la conducta y de la impotencia de la sociedad sobre su destino.

El proyecto que informa este libro nada contra estas corrientes de destrucción y se opone a varias formas de nihilismo intelectual, de escepticismo social y de cinismo político. Creo en la racionalidad y en la posibilidad de apelar a la razón, sin convertirla en diosa. Creo en las posibilidades de la acción social significativa y en la política transformadora, sin que nos veamos necesariamente arrastrados hacia los rápidos mortales de las utopías absolutas. Creo en el poder liberador de la identidad, sin aceptar la necesidad de su individualización o su captura por el fundamentalismo. Y propongo la hipótesis de que todas las tendencias de cambio que constituyen nuestro nuevo y confuso mundo están emparentadas y que podemos sacar sentido a su interrelación. Y, sí, creo, a pesar de una larga tradición de errores intelectuales a veces trágicos, que observar, analizar y teorizar es un modo de ayudar a construir un mundo diferente y mejor. No proporcionando las respuestas, que serán específicas para cada sociedad y las encontrarán por sí mismos los actores sociales, sino planteando algunas preguntas relevantes. Me gustaría que este libro fuese una modesta contribución a un esfuerzo analítico, necesariamente colectivo, que ya se está gestando desde muchos horizontes, con el propósito de comprender nuestro nuevo mundo sobre la base de los datos disponibles y de una teoría exploratoria.

Para recorrer los pasos preliminares en esa dirección, debemos tomar en serio la tecnología, utilizándola como punto de partida de esta indagación; hemos de situar este proceso de cambio tecnológico revolucionario en el contexto social donde tiene lugar y que le da forma; y debemos tener presente que la búsqueda de identidad es un cambio tan poderoso como la transformación tecnoeconómica en el curso de la nueva historia. Luego, tras haber enunciado el proyecto de este libro, partiremos en nuestro viaje intelectual, por un itinerario que nos llevará a numerosos ámbitos y cruzará diversas culturas y contextos institucionales, ya que la comprensión de una transformación global requiere una perspectiva tan global como sea posible, dentro de los límites obvios de la experiencia y el conocimiento de este autor.

TECNOLOGIA, SOCIEDAD Y CAMBIO HISTORICO

La revolución de la tecnología de la información, debido a su capacidad de penetración en todo el ámbito de la actividad humana, será mi punto de entrada para analizar la complejidad de la nueva economía, sociedad y cultura en formación. Esta elección metodológica no implica que las nuevas formas y procesos sociales surjan como consecuencia del cambio tecnológico. Por supuesto, la tecnología no determina la sociedad . Tampoco la sociedad dicta el curso del cambio tecnológico, ya que muchos factores, incluidos la invención e iniciativas personales, intervienen en el proceso del descubrimiento científico, la innovación tecnológica y las aplicaciones sociales, de modo que el resultado final depende de un complejo modelo de interacción . En efecto, el dilema del determinismo tecnológico probablemente es un falso problema , puesto que tecnología es sociedad y ésta no puede ser comprendida o representada sin sus herramientas técnicas .

Así, cuando en la década de 1970 se constituyó un nuevo paradigma tecnológico organizado en torno a la tecnología de la información, sobre todo en los Estados Unidos (véase el capítulo 1), fue un segmento específico de su sociedad, en interacción con la economía global y la geopolítica mundial, el que materializó un modo nuevo de producir, comunicar, gestionar y vivir, Es probable que el hecho de que este paradigma naciera en los Estados Unidos, y en buena medida en California y en la década de los setenta, tuviera consecuencias considerables en cuanto a las formas y evolución de las nuevas tecnologías de la información. Por ejemplo, a pesar del papel decisivo de la financiación y los mercados militares en el fomento de los primeros estadios de la industria electrónica durante el periodo comprendido entre las décadas de 1940 y 1960, cabe relacionar de algún modo el florecimiento tecnológico que tuvo lugar a comienzos de la década de los setenta con la cultura de la libertad, la innovación tecnológica y el espíritu emprendedor que resultaron de la cultura de los campus estadounidenses de la década de 1960.

No tanto en cuanto a su política, ya que Silicon Valley era, y es, un sólido bastión del voto conservador y la mayoría de los innovadores fueron metapolíticos, sino en cuanto a los valores sociales de ruptura con las pautas de conducta establecidas, tanto en la sociedad en general como en el mundo empresarial. El énfasis concedido a los instrumentos personalizados, la interactividad y la interconexión, y la búsqueda incesante de nuevos avances tecnológicos, aun cuando en apariencia no tenían mucho sentido comercial, estaban claramente en discontinuidad con la tradición precavida del mundo empresarial. La revolución de la tecnología de la información, de forma medio consciente , difundió en la cultura material de nuestras sociedades el espíritu libertario que floreció en los movimientos de la década de los sesenta. No obstante, tan pronto como se difundieron las nuevas tecnologías de la información y se las apropiaron diferentes países, distintas culturas, diversas organizaciones y metas heterogéneas, explotaron en toda clase de aplicaciones y usos, que retroalimentaron la innovación tecnológica, acelerando la velocidad y ampliando el alcance del cambio tecnológico, y diversificando sus fuentes . Un ejemplo ayudará a comprender la importancia de las consecuencias sociales inesperadas de la tecnología.

Como es sabido, Internet se originó en un audaz plan ideado en la década de los sesenta por los guerreros tecnológicos del Servicio de Proyectos de Investigación Avanzada del Departamento de Defensa estadounidense (Advanced Research Projects Agency, el mítico DARPA), para evitar la toma o destrucción soviética de las comunicaciones estadounidenses en caso de guerra nuclear. En cierta medida, fue el equivalente electrónico de las tácticas maoístas de dispersión de las fuerzas de guerrilla en torno a un vasto territorio para oponerse al poder de un enemigo con versatilidad y conocimiento del terreno. El resultado fue una arquitectura de red que, como querían sus inventores, no podía ser controlada desde ningún centro, compuesta por miles de redes informáticas autónomas que tienen modos innumerables de conectarse, sorteando las barreras electrónicas.

Arpanet, la red establecida por el Departamento de Defensa estadounidense, acabó convirtiéndose en la base de una red de comunicación global y horizontal de miles de redes (desde luego, limitada a una elite informática instruida de cerca de 20 millones de usuarios a mediados de la década de 1990, pero cuyo crecimiento es exponencial), de la que se han apropiado individuos y grupos de todo el mundo para toda clase de propósitos, bastante alejados de las preocupaciones de una guerra fría extinta. En efecto, fue vía Internet como el Subcomandante Marcos, jefe de los zapatistas chiapanecos, se comunicó con el mundo y con los medios desde las profundidades de la selva Lacandona durante su retirada en febrero de 1995.

No obstante, si bien la sociedad no determina la tecnología, sí puede sofocar su desarrollo, sobre todo por medio del estado. 0, de forma alternativa y sobre todo mediante la intervención estatal, puede embarcarse en un proceso acelerado de modernización tecnológica, capaz de cambiar el destino de las economías, la potencia militar y el bienestar social en unos cuantos años. En efecto, la capacidad o falta de capacidad de las sociedades para dominar la tecnología, y en particular las que son estratégicamente decisivas en cada periodo histórico, define en buena medida su destino, hasta el punto de que podemos decir que aunque por sí misma no determina la evolución histórica y el cambio social, la tecnología (o su carencia) plasma la capacidad de las sociedades para transformarse, así como los usos a los que esas sociedades, siempre en un proceso conflictivo, deciden dedicar su potencial tecnológico .

Así, hacia 1400, cuando el Renacimiento europeo estaba plantando las semillas intelectuales del cambio tecnológico que dominaría el mundo tres siglos después, China era la civilización tecnológica más avanzada de todas, según Mokyr . Los inventos clave se habían desarrollado siglos antes, incluso un milenio y medio antes, como es el caso de los altos hornos que permitieron el fundido de hierro ya en el año 200 a.C. Además, Su Sung inventó el reloj de agua en 1086 d.C., sobrepasando la precisión de medida de los relojes mecánicos europeos de la misma fecha. El arado de hierro fue introducido en el siglo VI y adaptado al cultivo de los campos de arroz encharcados dos siglos después. En textiles, el torno de hilar manual apareció al mismo tiempo que en Occidente, en el siglo XIII, pero avanzó mucho más de prisa en China debido a la existencia de una antigua tradición de equipos de tejer complejos: los telares de arrastre para tejer seda ya se utilizaban en tiempos de las dinastías Han.

La adopción de la energía hidráulica fue paralela a la de Europa: en el siglo VIII los chinos ya utilizaban martinetes de fragua hidráulicos y en 1280 existía una amplia difusión de la rueda hidráulica vertical. El viaje oceánico fue más fácil para las embarcaciones chinas desde una fecha anterior que para las europeas: inventaron el compás en torno a 960 d.C. y sus juncos ya eran los barcos más avanzados del mundo a finales del siglo XIV, permitiendo largos viajes marítimos. En el ámbito militar, los chinos, además de inventar la pólvora, desarrollaron una industria química capaz de proporcionar potentes explosivos, y sus ejércitos utilizaron la ballesta y la catapulta siglos antes que Europa. En medicina, técnicas como la acupuntura obtenían resultados extraordinarios que sólo recientemente han logrado un reconocimiento universal.

Y, por supuesto, la primera revolución del procesamiento de la información fue chino: el papel y la imprenta fueron inventos suyos. El papel se introdujo en China 1.000 años antes que en Occidente y la imprenta es probable que comenzara a finales del siglo VII. Como Ojones escribe: «China estuvo a un ápice de la industrialización en el siglo XIV» . Que no llegase a industrializarse cambió la historia del mundo. Cuando en 1842 las guerras del opio condujeron a las imposiciones coloniales británicas, China se dio cuenta demasiado tarde de que el aislamiento no podía proteger al Imperio Medio de las consecuencias de su inferioridad tecnológica. Desde entonces tardó más de un siglo en comenzar a recuperarse de una desviación tan catastrófica en su trayectoria histórica.

Las explicaciones de un curso histórico tan inusitado son numerosas y polémicas. No hay lugar en este prólogo para entrar en la complejidad del debate, pero, de acuerdo con la investigación y el análisis de historiadores como Needham , Qian , Jones , y Mokyr , es posible sugerir una interpretación que ayude a comprender, en términos generales, la interacción entre sociedad, historia y tecnología. En efecto, como señala Mokyr, la mayoría de las hipótesis sobre las diferencias culturales (incluso aquellas sin matices racistas implícitos) fracasan en explicar no las diferencias entre China y Europa, sino entre la China de 1300 y la de 1800. ¿Por qué una cultura y un imperio que habían sido los líderes tecnológicos del mundo durante miles de años cayeron de repente en el estancamiento, en el momento preciso en que Europa se embarcaba en la era de los descubrimientos y luego en la revolución industrial?

Needham ha propuesto que la cultura china estaba más inclinada que los valores occidentales a mantener una relación armoniosa entre el hombre y la naturaleza, algo que podía ponerse en peligro por la rápida innovación tecnológica. Además, se opone a los criterios occidentales utilizados para medir el desarrollo tecnológico. Sin embargo, este énfasis cultural sobre un planteamiento holístico del desarrollo no había impedido la innovación tecnológica durante milenios, ni detenido el deterioro ecológico como resultado de las obras de irrigación en el sur de China, cuando la producción agrícola escalonada llevó a la agresión de la naturaleza para alimentar a una población creciente. De hecho, Wen-yuan Qian, en su influyente libro, critica el entusiasmo algo excesivo de Needham por las proezas de la tecnología tradicional china, pese a su admiración por el monumental trabajo de toda una vida. Qian sugiere una vinculación más estrecha entre el desarrollo de la ciencia china y las características de su civilización, dominada por la dinámica del Estado. Mokyr también considera que el Estado es el factor clave para explicar el retraso tecnológico chino en los tiempos modernos. Cabe proponer una explicación en tres pasos: durante siglos, la innovación tecnológica estuvo sobre todo en manos del Estado; a partir de 1400 el Estado chino, bajo las dinastías

Ming y Qing, perdió interés en ella; y, en parte debido a su dedicación a servir al Estado, las elites culturales y sociales se centraron en las artes, las humanidades y la promoción personal con respecto a la burocracia imperial. De este modo, lo que parece ser crucial es el papel del Estado y el cambio de orientación de su política. ¿Por qué un Estado que había sido el mayor ingeniero hidráulico de la historia y había establecido un sistema de extensión agrícola para mejorar la productividad desde el periodo Han de repente se inhibió de la innovación tecnológica e incluso prohibió la exploración geográfica, abandonando la construcción de grandes barcos en 1430? La respuesta obvia es que no era el mismo Estado, no sólo debido a que se trataba de dinastías diferentes, sino porque la clase burocrática se había atrincherado en la administración tras un periodo más largo de lo habitual de dominio incontestado.

Según Mokyr, parece que el factor determinante del conservadurismo tecnológico fue el miedo de los gobernantes a los posibles impactos del cambio tecnológico sobre la estabilidad social. Numerosas fuerzas se opusieron a la difusión de la tecnología en China, como en otras sociedades, en particular los gremios urbanos. A los burócratas, contentos con el orden establecido, les preocupaba la posibilidad de que se desataran conflictos sociales que pudieran aglutinarse con otras fuentes de oposición latentes en una sociedad mantenida bajo control durante varios siglos. Hasta los dos déspotas ilustrados manchús del siglo XVIII, K’ang Chi y Ch’ien Lung, centraron sus esfuerzos en la pacificación y el orden, en lugar de desencadenar un nuevo desarrollo.

A la inversa, la exploración y los contactos con los extranjeros más allá del comercio controlado y la adquisición de armas, fueron considerados, en el mejor de los casos, innecesarios y, en el peor, amenazantes, debido a la incertidumbre que implicaban. Un Estado burocrático sin incentivo exterior y con desincentivadores internos para aplicarse a la modernización tecnológica optó por la más prudente neutralidad, con el resultado de detener la trayectoria tecnológica que China había venido siguiendo durante siglos, si no milenios, precisamente bajo su guía. La exposición de los factores subyacentes en la dinámica del Estado chino bajo las dinastías Ming y Qing se encuentra sin duda más allá del alcance de este libro.

Lo que interesa a nuestro propósito de investigación son dos enseñanzas de esta experiencia fundamental de desarrollo tecnológico interrumpido: por una parte, el Estado puede ser, y lo ha sido en la historia, en China y otros lugares, una fuerza dirigente de innovación tecnológica; por otra, precisamente debido a ello, cuando cambia su interés por el desarrollo tecnológico, o se vuelve incapaz de llevarlo a cabo en condiciones nuevas, el modelo estatista de innovación conduce al estancamiento debido a la esterilización de la energía innovadora autónoma de la sociedad para crear y aplicar la tecnología. El hecho de que años después el Estado chino pudiera construir una nueva y avanzada base tecnológica en tecnología nuclear, misiles, lanzamiento de satélites y electrónica demuestra una vez más la vacuidad de una interpretación predominantemente cultural del desarrollo y retraso tecnológicos: la misma cultura puede inducir trayectorias tecnológicas muy diferentes según el modelo de relación entre Estado y sociedad. Sin embargo, la dependencia exclusiva del primero tiene un precio, y para China fue el del retraso, la hambruna, las epidemias, el dominio colonial y la guerra civil hasta al menos mediados del siglo XX.

Puede contarse una historia bastante similar, y se hará en este libro (véase el volumen III), sobre la incapacidad del estatismo soviético para dominar la revolución de la tecnología de la información, con lo que ahogó su capacidad productiva y socavó su poderío militar. No obstante, no debemos saltar a la conclusión ideológica de que toda intervención estatal es contraproducente para el desarrollo tecnológico, abandonándonos a una reverencia ahistórica del espíritu emprendedor individual sin cortapisas. Japón es, por supuesto, el ejemplo contrario, tanto para la experiencia histórica china como para la falta de capacidad del estado soviético para adaptarse a la revolución de la tecnología de la información iniciada en los Estados Unidos.

Japón pasó un periodo de aislamiento histórico, incluso más profundo que China, bajo el shogunado Tokugawa (establecido en 1603), entre 1636 y 1853, precisamente durante el periodo crítico de la formación del sistema industrial en el hemisferio occidental. Así, mientras que a comienzos del siglo XVII los mercaderes japoneses comerciaban por todo el este y sudeste asiáticos, utilizando modernas embarcaciones de hasta 700 toneladas, en 1635 se prohibió la construcción de barcos de más de 50 toneladas y todos los puertos japoneses excepto Nagasaki fueron cerrados a los extranjeros, mientras que el comercio se restringía a China, Corea y Holanda . El aislamiento tecnológico no fue total durante estos dos siglos y la innovación endógena permitió a Japón seguir con un cambio incremental a un ritmo más rápido que China . No obstante, debido a que el nivel tecnológico japonés era inferior al chino, a mediados del siglo XIX los kurobune (barcos negros) del comodoro Perry pudieron imponer el comercio y las relaciones diplomáticas a un país muy rezagado de la tecnología occidental.

Sin embargo, tan pronto como la Ishin Meiji (Restauración Meiji) de 1868 creó las condiciones políticas para una modernización decisiva conducida por el Estado . Japón progresó en tecnología avanzada a pasos agigantados en un lapso de tiempo muy corto . Sólo como ejemplo significativo debido a su importancia estratégica actual, recordemos brevemente el desarrollo extraordinario de la ingeniería eléctrica y sus aplicaciones a la comunicación en el último cuarto del siglo XIX . En efecto, el primer departamento independiente de ingeniería eléctrica en el mundo se estableció en 1873 en la recién fundada Universidad Imperial de Ingeniería de Tokio, bajo la dirección de su decano, Henry Dyer, un ingeniero mecánico escocés. Entre 1887 y 1892, un sobresaliente académico de la ingeniería eléctrica, el profesor británico William Ayrton. fue invitado para dar clase en la universidad y desempeñó un papel decisivo en la diseminación del conocimiento en una nueva generación de ingenieros japoneses, de tal modo que a finales del siglo la Oficina de Telégrafos ya fue capaz de reemplazar a los extranjeros en todos sus departamentos técnicos. Se buscó la transferencia de tecnología de Occidente mediante diversos mecanismos.

En 1873, el taller de maquinaria de la Oficina de Telégrafos envió a un relojero japonés, Tanaka Seisuke, a la exposición internacional de máquinas celebrada en Viena para obtener información sobre éstas. Unos diez años más tarde, todas las máquinas de la Oficina estaban hechas en Japón. Basándose en esta tecnología, Tanaka Daikichi fundó en 1882 una fábrica de electricidad, Shibaura, que, tras su adquisición por Mitsui, prosiguió hasta convertirse en Toshiba. Se enviaron ingenieros a Europa y los Estados Unidos, y se permitió a Western Electric producir y vender en Japón en 1899, en una empresa conjunta con industriales japoneses: el nombre de la compañía fue NEC. Sobre esa base tecnológica, Japón entró a toda velocidad en la era de la electricidad y las comunicaciones antes de 1914: para esa fecha, la producción de energía total había alcanzado 1.555.000 kilovatios a la hora y 3.000 oficinas de teléfonos transmitían mil millones de mensajes al año. Resulta en efecto simbólico que el regalo del comodoro Perry al Shogun en 1857 fuera un juego de telégrafos estadounidenses, hasta entonces nunca vistos en Japón: la primera línea de telégrafos se tendió en 1869 y diez años después Japón estaba enlazado con todo el mundo mediante una red de información transcontinental, vía Siberia, operada por la Great Northern Telegraph Co., gestionada de forma conjunta por ingenieros occidentales y japoneses, y que transmitía tanto en inglés como en japonés.

El relato del modo cómo Japón se convirtió en un importante actor mundial en las industrias de las tecnologías de la información en el último cuarto del siglo XX es ahora del conocimiento público, por lo que puede darse por supuesto en nuestra exposición . Lo que resulta relevante para las ideas aquí presentadas es que sucedió al mismo tiempo que una superpotencia industrial y científica, la Unión Soviética, fracasaba en esta transición tecnológica fundamental. Es obvio, como muestran los recordatorios precedentes, que el desarrollo tecnológico japonés desde la década de 1960 no sucedió en un vacío histórico, sino que se basó en décadas de antigua tradición de excelencia en ingeniería. No obstante, lo que importa para el propósito de este análisis es resaltar qué resultados tan llamativamente diferentes tuvo la intervención estatal (y la falta de intervención) en los casos de China y la Unión Soviética comparados con Japón tanto en el periodo Meiji como en el posterior a la Segunda Guerra Mundial.

Las características del Estado japonés que se encuentran en la base de ambos procesos de modernización y desarrollo son bien conocidas, tanto en lo que se refiere a la Ishin Meiji como al Estado desarrollista contemporáneo , y su presentación nos alejaría demasiado del núcleo de estas reflexiones preliminares. Lo que debemos retener para la comprensión de la relación existente entre tecnología y sociedad es que el papel del Estado, ya sea deteniendo, desatando o dirigiendo la innovación tecnológica, es un factor decisivo en el proceso general, ya que expresa y organiza las fuerzas sociales y culturales que dominan en un espacio y tiempo dados. En buena medida, la tecnología expresa la capacidad de una sociedad para propulsarse hasta el dominio tecnológico mediante las instituciones de la sociedad, incluido el Estado. El proceso histórico mediante el cual tiene lugar ese desarrollo de fuerzas productivas marca las características de la tecnología y su entrelazamiento con las relaciones sociales.

Ello no es diferente en el caso de la revolución tecnológica actual. Se origino y difundió, no por accidente, en un periodo histórico de reestructuración global del capitalismo, para el que fue una herramienta esencial. Así, la nueva sociedad que surge de ese proceso de cambio es tanto capitalista como informacional, aunque presenta una variación considerable en diferentes países, según su historia, cultura, instituciones y su relación específica con el capitalismo global y la tecnología de la información.

INFORMACIONALISMO, INDUSTRIALISMO, CAPITALISMO Y ESTATISMO: MODOS DE DESARROLLO Y MODOS DE PRODUCCION

La revolución de la tecnología de la información ha sido útil para llevar a cabo un proceso fundamental de reestructuración del sistema capitalista a partir de la década de los ochenta. En el proceso, esta revolución tecnológica fue remodelada en su desarrollo y manifestaciones por la lógica y los intereses del capitalismo avanzado, sin que pueda reducirse a la simple expresión de tales intereses. El sistema alternativo de organización social presente en nuestro periodo histórico, el estatismo, también trató de redefinir los medios de lograr sus metas estructurales mientras preservaba su esencia: ése es el significado de la reestructuración (o perestroika en ruso). No obstante, el estatismo soviético fracasó en su intento, hasta el punto de derrumbar todo el sistema, en buena parte debido a su incapacidad para asimilar y utilizar los principios del informacionalismo encarnados en las nuevas tecnologías de la información, como sostendré más adelante basándome en un análisis empírico (véase volumen III).

El estatismo chino pareció tener éxito al pasar al capitalismo dirigido por el Estado y la integración en redes económicas globales, acercándose en realidad más al modelo de Estado desarrollista del capitalismo asiático oriental que al «socialismo con características chinas» de la ideología oficial , como también trataré de exponer en el volumen III. Sin embargo, es muy probable que el proceso de transformación estructural en China sufra importantes conflictos políticos y cambio estructural durante los años próximos. El derrumbamiento del estatismo (con raras excepciones, por ejemplo, Vietnam, Corea del Norte, Cuba, que no obstante están en proceso de enlazarse con el capitalismo global) ha establecido una estrecha relación entre el nuevo sistema capitalista global definido por su perestroika relativamente lograda y el surgimiento del informacionalismo como la nueva base tecnológica material de la actividad tecnológica y la organización social. No obstante, ambos procesos (reestructuración capitalista, surgimiento del informacionalismo) son distintos y su interacción sólo puede comprenderse si separamos su análisis. En este punto de m¡ presentación introductoria de las idées fortes del libro, parece necesario proponer algunas distinciones y definiciones teóricas sobre capitalismo, estatismo, industrialismo e informacionalismo.

Es una tradición de mucho arraigo en las teorías del postindustrialismo y el informacionalismo, que comenzó con las obras clásicas de Alain Touraine y Daniel Bell , situar la distinción entre preindustrialismo, industrialismo e informacionalismo (o postindustrialismo) en un eje diferente que el que opone capitalismo y estatismo (o colectivismo, en términos de Bell). Mientras cabe caracterizar a las sociedades a lo largo de los dos ejes (de tal modo que tenemos estatismo industrial, capitalismo industrial y demás), es esencial para la comprensión de la dinámica social mantener la distancia analítica y la interrelación empírica de los modos de producción (capitalismo, estatismo) y los modos de desarrollo (industrialismo, informacionalismo). Para arraigar estas distinciones en una base teórica que informará los análisis específicos presentados en este libro, resulta inevitable introducir al lector, durante unos cuantos párrafos, en los dominios algo arcanos de la teoría sociológica.

Este libro estudia el surgimiento de una nueva estructura social, manifestada bajo distintas formas, según la diversidad de culturas e instituciones de todo el planeta. Esta nueva estructura social está asociada con el surgimiento de un nuevo modo de desarrollo, el informacionalismo, definido históricamente por la reestructuración del modo capitalista de producción hacia finales del siglo XX.

La perspectiva teórica que sustenta este planteamiento postula que las sociedades están organizadas en torno a proceso humanos estructurados por relaciones de producción, experiencia y poder determinadas históricamente. La producción es la acción de la humanidad sobre la materia (naturaleza) para apropiársela y transformarla en su beneficio mediante la obtención de un producto, el consumo (desigual) de parte de él y la acumulación del excedente para la inversión, según una variedad de metas determinadas por la sociedad. La experiencia es la acción de los sujetos humanos sobre sí mismos, determinada por la interacción de sus identidades biológicas y culturales y en relación con su entorno social y natural. Se construye en torno a la búsqueda infinita de la satisfacción de las necesidades y los deseos humanos. El poder es la relación entre los sujetos humanos que, basándose en la producción y la experiencia, impone el deseo de algunos sujetos sobre los otros mediante el uso potencial o real de la violencia, física o simbólica. Las instituciones de la sociedad se han erigido para reforzar las relaciones de poder existentes en cada periodo histórico, incluidos los controles, límites y contratos sociales logrados en las luchas por el poder.

La producción se organiza en relaciones de clase que definen el proceso mediante el cual algunos sujetos humanos, basándose en su posición en el proceso de producción, deciden el reparto y el uso del producto en lo referente al consumo y la inversión. La experiencia se estructura en torno a la relación de género/sexo, organizada en la historia en torno a la familia y caracterizada hasta el momento por el dominio de los hombres sobre las mujeres. Las relaciones familiares y la sexualidad estructuran la personalidad y formulan la interacción simbólica.

El poder se fundamenta en el Estado y su monopolio institucionalizado de la violencia, aunque lo que Foucault etiqueta como microfísica del poder, encarnada en instituciones y organizaciones, se difunde por toda la sociedad, de los lugares de trabajo a los hospitales, encerrando a los sujetos en una apretada estructura de deberes formales y agresiones informales.

La comunicación simbólica entre los humanos, y la relación entre éstos y la naturaleza, basándose en la producción (con su complemento, el consumo), la experiencia y el poder, cristaliza durante la historia en territorios específicos, con lo que genera culturas e identidades colectivas.

La producción es un proceso social complejo debido a que cada uno de sus elementos se diferencia internamente. Así pues, la humanidad como productor colectivo incluye tanto el trabajo como a los organizadores de la producción, y el trabajo está muy diferenciado y estratificado según el papel de cada trabajador en el proceso de producción. La materia incluye la naturaleza, la naturaleza modificada por los humanos, la naturaleza producida por los humanos y la naturaleza humana misma, forzándonos la evolución histórica a separarnos de la clásica distinción entre humanidad y naturaleza, ya que milenios de acción humana han incorporado el entorno natural a la sociedad y nos ha hecho, material y simbólicamente, una parte inseparable de él. La relación entre trabajo y materia en el proceso de trabajo supone el uso de los medios de producción para actuar sobre la materia basándose en la energía, el conocimiento y la información. La tecnología es la forma específica de tal relación.

El producto del proceso de producción lo utiliza la sociedad bajo dos formas: consumo y excedente. Las estructuras sociales interactúan con los procesos de producción mediante la determinación de las reglas para la apropiación, distribución y usos del excedente. Estas reglas constituyen modos de producción y estos modos definen las relaciones sociales de producción, determinando la existencia de clases sociales que se constituyen como tales mediante su práctica histórica. El principio estructural en virtud del cual el excedente es apropiado y controlado caracteriza un modo de producción. En esencia, en el siglo XX hemos vivido con dos modos predominantes de producción: capitalismo y estatismo.

En el capitalismo, la separación entre productores y sus medios de producción, la conversión del trabajo en un bien y la propiedad privada de los medios de producción como base del control del capital (excedente convertido en un bien) determinan el principio básico de la apropiación y distribución del excedente por los capitalistas, aunque quién es (son) la(s) clase(s) capitalista(s) es un tema de investigación social en cada contexto histórico y no una categoría abstracta. En el estatismo, el control del excedente es externo a la esfera económica: se encuentra en las manos de quienes ostentan el poder en el Estado, llamémosles apparatchiki o ling-dao. El capitalismo se orienta hacia la maximización del beneficio, es decir, hacia el aumento de la cantidad de excedente apropiado por el capital en virtud del control privado de los medios de producción y circulación. El estatismo se orienta (¿orientaba?) a la maximización del poder, es decir, hacia el aumento de la capacidad militar e ideológica del aparato político para imponer sus metas a un número mayor de sujetos y a niveles más profundos de su conciencia.

Las relaciones sociales de producción y, por tanto, el modo de producción, determinan la apropiación y usos del excedente. Una cuestión distinta pero fundamental es la cuantía de ese excedente, determinada por la productividad de un proceso de producción específico, esto es, por la relación del valor de cada unidad de producto (output) con el valor de cada unidad de insumo (input). Los grados de productividad dependen de la relación entre mano de obra y materia, como una función del empleo de los medios de producción por la aplicación de la energía y el conocimiento. Este proceso se caracteriza por las relaciones técnicas de producción y define los modos de desarrollo. Así pues, los modos de desarrollo son los dispositivos tecnológicos mediante los cuales el trabajo actúa sobre la materia para generar el producto, determinando en definitiva la cuantía y calidad del excedente.

Cada modo de desarrollo se define por el elemento que es fundamental para fomentar la productividad en el proceso de producción. Así, en el modo de desarrollo agrario, la fuente del aumento del excedente es el resultado del incremento cuantitativo de mano de obra y recursos naturales (sobre todo tierra) en el proceso de producción, así como de la dotación natural de esos recursos. En el modo de producción industrial, la principal fuente de productividad es la introducción de nuevas fuentes de energía y la capacidad de descentralizar su uso durante la producción y los procesos de circulación. En el nuevo modo de desarrollo informacional, la fuente de la productividad estriba en la tecnología de la generación del conocimiento, el procesamiento de la información y la comunicación de símbolos.

Sin duda, el conocimiento y la información son elementos decisivos en todos los modos de desarrollo, ya que el proceso de producción siempre se basa sobre cierto grado de conocimiento y en el procesamiento de la información . Sin embargo, lo que es específico del modo de desarrollo informacional es la acción del conocimiento sobre sí mismo como principal fuente de productividad (véase el capítulo 2). El procesamiento de la información se centra en la superación de la tecnología de este procesamiento como fuente de productividad, en un círculo de interacción de las fuentes del conocimiento de la tecnología y la aplicación de ésta para mejorar la generación de conocimiento y el procesamiento de la información: por ello, denomino informacional a este nuevo modo de desarrollo, constituido por el surgimiento de un nuevo paradigma tecnológico basado en la tecnología de la información (véase capítulo 1).

Cada modo de desarrollo posee asimismo un principio de actuación estructuralmente determinado, a cuyo alrededor se organizan los procesos tecnológicos: el industrialismo se orienta hacia el crecimiento económico, esto es, hacia la maximización del producto; el informacionalismo se orienta hacia el desarrollo tecnológico, es decir, hacia la acumulación de conocimiento y hacia grados más elevados de complejidad en el procesamiento de la información. Si bien grados más elevados de conocimiento suelen dar como resultado grados más elevados de producto por unidad de insumo, la búsqueda de conocimiento e información es lo que caracteriza a la función de la producción tecnológica en el informacionalismo.

Aunque la tecnología y las relaciones de producción técnicas se organizan en paradigmas originados en las esferas dominantes de la sociedad (por ejemplo, el proceso de producción, el complejo industrial militar), se difunden por todo el conjunto de las relaciones y estructuras sociales y, de este modo, penetran en el poder y la experiencia, y los modifican . Así pues, los modos de desarrollo conforman todo el ámbito de la conducta social, incluida por supuesto la comunicación simbólica. Debido a que el informacionalismo se basa en la tecnología del conocimiento y la información, en el modo de desarrollo informacional existe una conexión especialmente estrecha entre cultura y fuerzas productivas, entre espíritu y materia. De ello se deduce que debemos esperar el surgimiento histórico de nuevas formas de interacción, control y cambio sociales.

Informacionalismo y perestroika capitalista

Pasando de las categorías teóricas al cambio histórico, lo que verdaderamente importa de los procesos y formas sociales que constituyen el cuerpo vivo de las sociedades es la interacción real de los modos de producción y los modos de desarrollo, establecidos y combatidos por los actores sociales de maneras impredecibles dentro de la estructura restrictiva de la historia pasada y las condiciones actuales de desarrollo tecnológico y económico. Así, el mundo y las sociedades habrían sido muy diferentes si Gorbachov hubiera logrado su propia perestroika, una meta política difícil, pero no fuera de su alcance. 0 si el Pacífico asiático no hubiera sido capaz de mezclar la forma tradicional de interconexión comercial de su organización económica con las herramientas proporcionadas por la tecnología de la información. No obstante, el factor histórico más decisivo para acelerar, canalizar y moldear el paradigma de la tecnología de la información e inducir sus formas sociales asociadas fue/es el proceso de reestructuración capitalista emprendido desde la década de 1980, así que resulta adecuado caracterizar al nuevo sistema tecnoeconómico de capitalismo informacional.

El modelo keynesiano de crecimiento capitalista que originó una prosperidad económica y una estabilidad social sin precedentes para la mayoría de las economías de mercado durante casi tres décadas desde la Segunda Guerra Mundial, alcanzó el techo de sus limitaciones inherentes a comienzos de la década de 1970 y sus crisis se manifestaron en forma de una inflación galopante . Cuando los aumentos del precio del petróleo de 1974 y 1979 amenazaron con situar la inflación en una espiral ascendente incontrolada, los gobiernos y las empresas iniciaron una reestructuración en un proceso pragmático de tanteo que aún se está gestando a mediados de la década de 1990, poniendo un esfuerzo más decisivo en la desregulación, la privatización y el desmantelamiento del contrato social entre el capital y la mano de obra, en el que se basaba la estabilidad del modelo de crecimiento previo.

En resumen, una serie de reformas, tanto en las instituciones como en la gestión de las empresas, encaminadas a conseguir cuatro metas principales: profundizar en la lógica capitalista de búsqueda de beneficios en las relaciones capital-trabajo; intensificar la productividad del trabajo y el capital; globalizar la producción, circulación y mercados, aprovechando la oportunidad de condiciones más ventajosas para obtener beneficios en todas partes; y conseguir el apoyo estatal para el aumento de la productividad y competitividad de las economías nacionales, a menudo en detrimento de la protección social y el interés público. La innovación tecnológica y el cambio organizativo, centrados en la flexibilidad y la adaptabilidad, fueron absolutamente cruciales para determinar la velocidad y la eficacia de la reestructuración. Cabe sostener que, sin la nueva tecnología de la información, el capitalismo global hubiera sido una realidad mucho más limitada, la gestión flexible se habría reducido a recortes de mano de obra y la nueva ronda de gastos en bienes de capital y nuevos productos para el consumidor no habría sido suficiente para compensar la reducción del gasto público. Así pues, el informacionalismo está ligado a la expansión y el rejuvenecimiento del capitalismo, al igual que el industrialismo estuvo vinculado a su constitución como modo de producción.

Sin duda, el proceso de reestructuración tuvo diferentes manifestaciones según las zonas y sociedades del mundo, como investigaremos brevemente en el capítulo 2: fue desviado de su lógica fundamental por el «keynesianismo militar» del gobierno de Reagan, creando en realidad aún más dificultades a la economía estadounidense al final de la euforia estimulada de forma artificial; se vio algo limitado en Europa occidental debido a la resistencia de la sociedad al desmantelamiento del Estado de bienestar y a la flexibilidad unilateral del mercado laboral, con el resultado del aumento del desempleo en la Unión Europea; fue absorbido en Japón sin cambios llamativos, haciendo hincapié en la productividad y la competitividad basadas en la tecnología y la colaboración, y no en el incremento de la explotación, hasta que las presiones internacionales le obligaron a llevar al exterior la producción y ampliar el papel del mercado laboral secundario desprotegido; y sumergió en una importante recesión, en la década de los ochenta, a las economías de África (excepto a Sudáfrica y Botswana) y de América Latina (con la excepción de Chile y Colombia), cuando la política del Fondo Monetario Internacional recortó el suministro de dinero y redujo salarios e importaciones para homogeneizar las condiciones de la acumulación del capitalismo global en todo el mundo.

La reestructuración se llevó a cabo en virtud de la derrota política de los sindicatos de trabajadores en los principales países capitalistas y de la aceptación de una disciplina económica común para los países comprendidos en la OCDE. Tal disciplina, aunque hecha respetar cuando era necesario por el Bundesbank, el Banco de la Reserva Federal estadounidense y el Fondo Monetario Internacional, se inscribía de hecho en la integración de los mercados financieros globales, que tuvo lugar a comienzos de la década de los ochenta utilizando las nuevas tecnologías de la información. En las condiciones de una integración financiera global, las políticas monetarias nacionales autónomas se volvieron literalmente inviables y, de este modo, se igualaron los parámetros económicos básicos de los procesos de reestructuración por todo el planeta.

Aunque la reestructuración del capitalismo y la difusión del informacionalismo fueron procesos inseparables, a escala global, las sociedades actuaron/reaccionaron de forma diferente ante ellos, según la especificidad de su historia, cultura e instituciones. Así pues, sería hasta cierto punto impropio referirse a una Sociedad Informacional, que implicaría la homogeneidad de formas sociales en todas partes bajo el nuevo sistema. Ésta es obviamente una proposición insostenible, tanto desde un punto de vista empírico como teórico. No obstante, podríamos hablar de una Sociedad Informacional en el mismo sentido que los sociólogos se han venido refiriendo a la existencia de una Sociedad Industrial, caracterizada por rasgos fundamentales comunes de sus sistemas sociotécnicos, por ejemplo, en la formulación de Raymond Aron .

Pero con dos precisiones importantes: por una parte, las sociedades informacionales, en su existencia actual, son capitalistas (a diferencia de las sociedades industriales, muchas de las cuales eran estatistas); por otra parte, debemos destacar su diversidad cultural e institucional. Así, la singularidad japonesa , o la diferencia española , no van a desaparecer en un proceso de indiferenciación cultural, marchando de nuevo hacia la modernización universal, esta vez medida por porcentajes de difusión informática. Tampoco se van a fundir China o Brasil en el crisol global del capitalismo informacional por continuar su camino de desarrollo actual de alta velocidad. Pero Japón, España, China, Brasil, así como los Estados Unidos, son, y lo serán mas en el futuro, sociedades informacionales, en el sentido de que los procesos centrales de generación del conocimiento, la productividad económica, el poder político/militar y los medios de comunicación ya han sido profundamente transformados por el paradigma informacional y están enlazados con redes globales de salud, poder y símbolos que funcionan según esa lógica.

De este modo, todas las sociedades están afectadas por el capitalismo y el informacionalismo, y muchas de ellas (sin duda todas las principales) ya son informacionales , aunque de tipos diferentes, en escenarios distintos y con expresiones culturales/institucionales específicas. Una teoría sobre la sociedad informacional, como algo diferente de una economía global/informacional, siempre tendrá que estar atenta tanto a la especificidad histórica/cultural como a las similitudes estructurales relacionadas con un paradigma tecnoeconómico en buena medida compartido. En cuanto al contenido real de esta estructura social común que podría considerarse la esencia de la nueva sociedad informacional, me temo que soy incapaz de resumirlo en un párrafo: en efecto, la estructura y los procesos que caracterizan a las sociedades informacionales son el tema de que trata este libro.

EL YO EN LA SOCIEDAD INFORMACIONAL

Las nuevas tecnologías de la información están integrando al mundo en redes globales de instrumentalidad. La comunicación a través del ordenador engendra un vasto despliegue de comunidades virtuales. No obstante, la tendencia social y política característica de la década de 1990 es la construcción de la acción social y la política en torno a identidades primarias, ya estén adscritas o arraigadas en la historia y la geografía o sean de reciente construcción en una búsqueda de significado y espiritualidad. Los primeros pasos históricos de las sociedades informacionales parecen caracterizarse por la preeminencia de la identidad como principio organizativo. Entiendo por identidad el proceso mediante el cual un actor social se reconoce a sí mismo y construye el significado en virtud sobre todo de un atributo o conjunto de atributos culturales determinados, con la exclusión de una referencia más amplia a otras estructuras sociales.

La afirmación de la identidad no significa necesariamente incapacidad para relacionarse con otras identidades (por ejemplo, las mujeres siguen relacionándose con los hombres) o abarcar toda la sociedad en esa identidad (por ejemplo, el fundamentalismo religioso aspira a convertir a todo el mundo). Pero las relaciones sociales se definen frente a los otros en virtud de aquellos atributos culturales que especifican la identidad. Por ejemplo, Yoshino, en su estudio sobre la nihonjiron (ideas de la singularidad japonesa), define significativamente el nacionalismo cultural como el objetivo de regenerar la comunidad nacional mediante la creación, la conservación o el fortalecimiento de la identidad cultural de un pueblo cuando se cree que va faltando o está amenazada. El nacionalismo cultural considera a la nación el producto de su historia y cultura únicas y una solidaridad colectiva dotada de atributos únicos .

Calhoun, si bien rechaza la novedad histórica del fenómeno, resalta asimismo el papel decisivo de la identidad para la definición de la política en la sociedad estadounidense contemporánea, sobre todo en el movimiento de las mujeres, en el gay y en el de los derechos civiles de los Estados Unidos, movimientos todos que «no sólo buscan diversas metas instrumentales, sino la afirmación de identidades excluidas como públicamente buenas y políticamente sobresalientes» . Alain Touraine va más lejos al sostener que, «en una sociedad postindustrial, en la que los servicios culturales han reemplazado los bienes materiales en el núcleo de la producción, la defensa del sujeto, en su personalidad y su cultura, contra la lógica de los aparatos y los mercados, es la que reemplaza la idea de la lucha de clases» . Luego el tema clave, como afirman Calderón y Laserna, en un mundo caracterizado por la globalización y fragmentación simultáneas, consiste en «cómo combinar las nuevas tecnologías y la memoria colectiva, la ciencia universal y las culturas comunitarias, la pasión y la razón» . Cómo, en efecto. Y por qué observamos la tendencia opuesta en todo el mundo, a saber, la distancia creciente entre globalización e identidad, entre la red y el yo.

Raymond Barglow, en su ensayo sobre este tema, desde una perspectiva sociopsicoanalítica, señala la paradoja de que aunque los sistemas de información y la interconexión aumentan los poderes humanos de organización e integración, de forma simultánea subvierten el tradicional concepto occidental de sujeto separado e independiente.

El paso histórico de las tecnologías mecánicas a las de la información ayuda a subvertir las nociones de soberanía y autosuficiencia que han proporcionado un anclaje ideológico a la identidad individual desde que los filósofos griegos elaboraron el concepto hace más de dos milenios. En pocas palabras, la tecnología está ayudando a desmantelar la misma visión del mundo que en el pasado alentó .

Después prosigue presentando una fascinante comparación entre los sueños clásicos recogidos en los escritos de Freud y los de sus propios pacientes en el entorno de alta tecnología de San Francisco en la década de los noventa: «La imagen de una cabeza… y detrás de ella hay suspendido un teclado de ordenador… ¡Yo soy esa cabeza programada!» . Este sentimiento de soledad absoluta es nuevo si se compara con la clásica representación freudiana: «los que sueñan [ ...] expresan un sentimiento de soledad experimentada como existencial e ineludible, incorporada a la estructura del mundo [ ... ] Totalmente aislado, el yo parece irrecuperablemente perdido para sí mismo» . De ahí, la búsqueda de una nueva capacidad de conectar en torno a una identidad compartida, reconstruida.

A pesar de su perspicacia, esta hipótesis sólo puede ser parte de la explicación. Por un lado, implicaría una crisis del yo limitada a la concepción individualista occidental, sacudida por una capacidad de conexión incontrolable. No obstante, la búsqueda de una nueva identidad y una nueva espiritualidad también está en marcha en el Oriente, pese al sentimiento de identidad colectiva más fuerte y la subordinación tradicional y cultural del individuo a la familia. La resonancia de Aum Shinrikyo en Japón en 1995-1996, sobre todo entre las generaciones jóvenes con educación superior, puede considerarse un síntoma de la crisis que padecen los modelos de identidad establecidos, emparejado con la desesperada necesidad de construir un nuevo yo colectivo, mezclando de forma significativa espiritualidad, tecnología avanzada (química, biología, láser), conexiones empresariales globales y la cultura de la fatalidad milenarista .

Por otro lado, también deben hallarse los elementos de un marco interpretativo más amplio que explique el poder ascendente de la identidad en relación con los macroprocesos de cambio institucional, ligados en buena medida con el surgimiento de un nuevo sistema global. Así, como Alain Touraine y Michel Wieviorka han sugerido, cabe relacionar las corrientes extendidas de racismo y xenofobia en Europa occidental con una crisis de identidad por convertirse en una abstracción (europeas), al mismo tiempo que las sociedades europeas, mientras veían difuminarse su identidad nacional, descubrieron dentro de ellas mismas la existencia duradera de minorías étnicas (hecho demográfico al menos desde la década de 1960). O, también, en Rusia y la ex Unión Soviética, el fuerte desarrollo del nacionalismo en el periodo postcomunista puede relacionarse, como sostendré más adelante (volumen III), con el vacío cultural creado por setenta años de imposición de una identidad ideológica excluyente, emparejado con el regreso a la identidad histórica primaria (rusa, georgiana) como la única fuente de significado tras el desmoronamiento del históricamente frágil sovetskii narod (pueblo soviético).

El surgimiento del fundamentalismo religioso parece asimismo estar ligado tanto a una tendencia global como a una crisis institucional . Sabemos por la historia que siempre hay en reserva ideas y creencias de todas clases esperando germinar en las circunstancias adecuadas. Resulta significativo que el fundamentalismo, ya sea islámico o cristiano, se haya extendido, y lo seguirá haciendo, por todo el mundo en el momento histórico en que las redes globales de riqueza y poder enlazan puntos nodales e individuos valiosos por todo el planeta, mientras que desconectan y excluyen grandes segmentos de sociedades y regiones, e incluso países enteros. ¿Por qué Argelia, una de las sociedades musulmanas más modernizadas, se volvió de repente hacia sus salvadores fundamentalistas, que se convirtieron en terroristas (al igual que sus predecesores anticolonialistas) cuando se les negó la victoria electoral en las elecciones democráticas? ¿Por qué las enseñanzas tradicionalistas de Juan Pablo II encuentran un eco indiscutible entre las masas empobrecidas del Tercer Mundo, de modo que el Vaticano puede permitirse prescindir de las protestas de una minoría de feministas de unos cuantos países avanzados, donde precisamente el progreso de los derechos sobre la reproducción contribuyen a menguar las almas por salvar?

Parece existir una lógica de excluir a los exclusores, de redefinir los criterios de valor y significado en un mundo donde disminuye el espacio para los analfabetos informáticos, para los grupos que no consumen y para los territorios infracomunicados. Cuando la Red desconecta al Yo, el Yo, individual o colectivo, construye su significado sin la referencia instrumental global: el proceso de desconexión se vuelve recíproco, tras la negación por parte de los excluidos de la lógica unilateral del dominio estructural y la exclusión social.

Éste es el terreno que debe explorarse, no sólo enunciarse. Las pocas ideas adelantadas aquí sobre la manifestación paradójica del yo en la sociedad informacional sólo pretenden trazar la trayectoria de mi investigación para información de los lectores, no sacar conclusiones de antemano.

UNAS PALABRAS SOBRE EL MÉTODO

Éste no es un libro sobre libros. Aunque se basa en datos de diversos tipos y en análisis y relatos de múltiples fuentes, no pretende exponer las teorías existentes sobre el postindustrialismo o la sociedad informacional. Se dispone de varias presentaciones completas y equilibradas de estas teorías , así como de diversas críticas 46, incluida la mía 47 . De forma similar, no contribuiré, excepto cuando sea necesario en virtud del argumento, a la industria creada en la década de los ochenta en torno a la teoría postmoderna 48, satisfecho por mi parte como estoy con la excelente crítica elaborada por David Harvey sobre las bases sociales e ideológicas de la «posmodernidad» , así como con la disección sociológica de las teorías posmodernas realizada por Scott Lash . Sin duda debo muchos pensamientos a muchos autores y en particular a los antepasados del informacionalismo, Alain Touraine y Daniel Bell, así como al único teórico marxista que intuyó los nuevos e importantes temas justo antes de su muerte en 1979, Nicos Poulantzas . Y reconozco debidamente los conceptos que tomo de otros cuando llega el caso de utilizarlos como herramientas en mis análisis específicos. No obstante, he intentado construir un discurso lo más autónomo y menos redundante posible, integrando materiales y observaciones de varias fuentes, sin someter al lector a la penosa visita de la jungla bibliográfica donde he vivido (afortunadamente, entre otras actividades) durante los pasados doce años.

En una vena similar, pese a utilizar una cantidad considerable de fuentes estadísticas y estudios empíricos, he intentado minimizar el procesamiento de datos para simplificar un libro ya excesivamente pesado. Por consiguiente, tiendo a utilizar fuentes de datos que encuentran un amplio y resignado consenso entre los científicos sociales (por ejemplo, OCDE, Naciones Unidas, Banco Mundial y estadísticas oficiales de los gobiernos, monografías de investigación autorizadas, fuentes académicas o empresariales generalmente fiables), excepto cuando tales fuentes parecen ser erróneas (por ejemplo, las estadísticas soviéticas sobre el PNB o el informe del Banco Mundial sobre las políticas de ajuste en África). Soy consciente de las limitaciones de prestar credibilidad a una información que puede no siempre ser precisa, pero el lector se dará cuenta de que se toman numerosas precauciones en este texto, así que por lo general se llega a conclusiones sopesando las tendencias convergentes de varias fuentes, según una metodología de triangulación que cuenta con una prestigiosa tradición de éxito entre los historiadores, policías y periodistas de investigación.

Además, los datos, observaciones y referencias presentados en este libro no pretenden realmente demostrar hipótesis, sino sugerirlas, mientras se constriñen las ideas en un corpus de observación, seleccionado, he de admitirlo, teniendo en mente las preguntas de mi investigación, pero de ningún modo organizado en torno a respuestas preconcebidas. La metodología seguida en este libro, cuyas implicaciones específicas se expondrán en cada capítulo, está al servicio del propósito de este empeño intelectual: proponer algunos elementos de una teoría transcultural y exploratoria sobre la economía y la sociedad en la era de la información, que hace referencia específica al surgimiento de una nueva estructura social. El amplio alcance de mi análisis lo requiere la misma amplitud de su objeto (el informacionalismo) en todos los dominios sociales y las expresiones culturales. Pero de ningún modo pretendo tratar la gama completa de temas y asuntos de las sociedades contemporáneas, ya que escribir enciclopedias no es mi oficio.

El libro se divide en tres partes que la editorial ha transformado sabiamente en tres volúmenes. Aunque están interrelacionados analíticamente, se han organizado para hacer su lectura independiente. La única excepción a esta regla es la conclusión general, que aparece en el volumen III pero que corresponde a todo el libro y presenta una interpretación sintética de sus datos e ideas.

La división en tres volúmenes, aunque hace al libro publicable y legible, suscita algunos problemas para comunicar mi teoría general. En efecto, algunos temas esenciales que trascienden a todos los tratados en este libro se presentan en el segundo volumen. Tal es el caso en particular del análisis de la condición de la mujer y el patriarcado y de las relaciones de poder y el Estado. Advierto al lector de que no comparto la opinión tradicional de una sociedad edificada por niveles superpuestos, cuyo sótano son la tecnología y la economía, el entresuelo es el poder, y la cultura, el ático. No obstante, en aras de la claridad, me veo forzado a una presentación sistemática y algo lineal de temas que, aunque están relacionados entre sí, no pueden integrar plenamente todos los elementos hasta que se hayan expuesto con cierta profundidad a lo largo del viaje intelectual al que se invita al lector en este libro.

El primer volumen, que tiene en las manos, trata sobre todo de la lógica de lo que denomino la red, mientras que el segundo (El poder de la identidad) analiza la formación del yo y la interacción de la red y el yo en la crisis de dos instituciones centrales de la sociedad: la familia patriarcal y el Estado nacional. El tercer volumen (Fin de milenio) intenta una interpretación de las transformaciones históricas actuales, como resultado de la dinámica de los procesos estudiados en los dos primeros volúmenes. Hasta el tercer volumen no se propondrá una integración general entre teoría y observación que vincule los análisis correspondientes a los distintos ámbitos, aunque cada volumen concluye con un esfuerzo de sintetizar los principales hallazgos e ideas presentados en él. Aunque el volumen III se ocupa de forma más directa de los procesos específicos del cambio histórico en diversos contextos, a lo largo de todo el libro he hecho cuanto he podido por cumplir dos metas: basar el análisis en la observación, sin reducir la teorización al comentario; diversificar culturalmente mis fuentes de observación y de ideas al máximo, utilizando la ayuda de colegas y colaboradores para abarcar las que están en lenguas que desconozco. Este planteamiento proviene de mi convicción de que hemos entrado en un mundo verdaderamente multicultural e interdependiente que sólo puede comprenderse y cambiarse desde una perspectiva plural que articule identidad cultural, interconexión global y política multidimensional.

Manuel Castells, La era de la información. Tomo I, Economía, Sociedad y Cultura, Edit. Siglo XXI

http://www.hipersociologia.org.ar

Kundera apoya a Polanski: considerar la existencia humana en su realidad concreta…

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Kundera apoya a Polanski y denuncia lo "absurdo" de su situación

El escritor checo-francés Milan Kundera manifiesta su apoyo a Roman Polanski en una nota publicada por el diario Le Monde fechado el viernes, en la que denunció "lo absurdo de la situación" del cineasta en arresto domiciliario en Suiza desde el 4 de diciembre de 2009.

Foto sin fechar del escritor franco-checo Milan Kundera.Kundera 
manifiesta su apoyo a Roman Polanski en una nota publicada por el diario
 Le Monde fechado el viernes, en la que denunció "lo absurdo de la 
situación" del cineasta en arresto domiciliario en Suiza desde el 4
 de diciembre de 2009.

Foto sin fechar del escritor franco-checo Milan Kundera.Kundera manifiesta su apoyo a Roman Polanski en una nota publicada por el diario Le Monde fechado el viernes, en la que denunció "lo absurdo de la situación" del cineasta en arresto domiciliario en Suiza desde el 4 de diciembre de 2009.

El escritor checo-francés Milan Kundera manifiesta su apoyo a Roman Polanski en una nota publicada por el diario Le Monde fechado el viernes, en la que denunció "lo absurdo de la situación" del cineasta en arresto domiciliario en Suiza desde el 4 de diciembre de 2009.

Negándose a pronunciarse sobre el aspecto jurídico del caso Polanski, el escritor afirma que "es el arte europeo, su literatura, su teatro el que nos ha enseñado a romper la cortina de las reglas jurídicas, religiosas, ideológicas y a ver la existencia humana en toda su realidad concreta".

"Fiel a esta cultura", añade Milan Kundera, "me niego a hacerme el ciego ante lo absurdo de la situación de Polanski, perseguido por un acto que ocurrió hace 33 años, que ha sido desde hace mucho tiempo perdonado por todos los actores del drama y cuyo juicio prolongado hasta el infinito no aportará nada bueno a nadie, a nadie, a nadie".

"Si Europa sigue siendo Europa, si sigue siendo heredera de su propia cultura, no podrá soportar en silencio lo absurdo de esta cruel pantomima representada en un chalet suizo", escribe el autor de "La insorportable levedad del ser", que precisó que no conoce en persona a Polanski.

Perseguido por la justicia en Estados Unidos en 1977 por haber mantenido relaciones sexuales con una menor, el cineasta afirma haber llegado entonces, tras 42 días de cárcel, a un acuerdo con la justicia y haber tenido que huir para exiliarse en Francia tras un cambio de opinión del juez.

Polanski fue detenido en cumplimiento de una orden de captura internacional estadounidense el pasado 26 de septiembre al llegar a Zúrich, Suiza, para asistir a un festival de cine. Fue liberado el pasado 4 de diciembre bajo fianza y se encuentra desde entonces bajo arresto domiciliario en su chalet de Gstaad.

AFP, actualizado: 06/05/2010

Escrito por Eduardo Aquevedo

8 mayo, 2010 a 14:26

Bolivia: del Estado aparente al Estado integral…

con 6 comentarios

Álvaro García Linera*

Bolivia_encrucijada Uno no puede dejar de destacar la lucidez histórica de los movimientos sociales de inicios del siglo xxi que, a tiempo de resistir las estructuras de dominación, se plantearon la revolución del Estado, esto es, la abolición del Estado aparente, la superación del desencuentro catastrófico entre formación social y formación estatal. Ese programa de refundación estatal es lo que se llamó Asamblea Constituyente.

La solidez de los Estados modernos radica en el acuerdo y aceptación activa que la sociedad brinda a la existencia de la institucionalidad política y a los monopolios (de la coerción, de la administración de una parte de las riquezas públicas y de la legitimidad) que caracterizan a la organización estatal.

Eso significa que el Estado es una síntesis connotada y aceptada de las fuerzas, los pactos, las jerarquías y los horizontes compartidos, en torno a una hegemonía social, al interior de una comunidad política territorializada llamada nación o país.

Esta solidez estatal no es un tema de acatamiento de la norma (ilusión juridicista) ni tampoco de hábito cultural (ilusión pedagogista), sino de consistencia estatal, esto es, del modo en que la sociedad construye su pertenencia o externalidad al Estado y del modo en que se produce la adhesión social a las acciones del Estado.

Si la sociedad civil-extensa produce su condensación política en el Estado, estamos ante una relación orgánica óptima entre Estado y sociedad. Y si a ello sumamos un bloque de clases que ha logrado exitosamente constituirse como poder estatal, con la capacidad de promover su liderazgo político-cultural, el consenso y los compromisos prácticos del resto de las clases sociales, en torno a sus acciones, estamos ante un Estado fundado en el principio de hegemonía histórica.

La suma de ambos componentes de estatalidad, la relación orgánica óptima y la hegemonía histórica son lo que, siguiendo a Gramsci, podemos denominar como Estado integral, que no sólo habilita la solidez de los estados democráticos sino el mejor escenario para que las clases sociales laboriosas puedan impulsar una expansiva socialización de la democratización de los bienes públicos (materiales e inmateriales). La ausencia de una relación orgánica óptima entre sociedad civil y Estado, es decir, cuando el Estado es y se presenta abiertamente como organización política exclusiva de una parte de la sociedad en apronte, contención y exclusión de otras partes mayoritarias de la sociedad civil, da lugar a lo que, siguiendo a Zavaleta, se puede denominar un Estado aparente.

En Bolivia, hasta hace cuatro años, el Estado nunca se había constituido como condensación jerarquizada de las fuerzas sociales ni fue asumido como “comunidad política”, sino siempre se presentó como “parte”, como pedazo político externo al resto de la sociedad y, por ello, como impostura de comunidad política, como apariencia, esto es, como patrimonio de abolengo o “billetera” de una parte reducida de la sociedad enfrentada a la inmensa mayoría de la sociedad civil.

Independientemente de cual haya sido el régimen político prevaleciente, democrático o dictatorial, desde su fundación, la estructura estatal boliviana se caracterizó por la parcialidad, su patrimonialización e incompletitud hegemónica. El Estado siempre fue visto y utilizado como mecanismo de un bloque social minoritario para imponer, dominar, excluir y contener a la mayoría social. De ahí que se puede hablar que las clases dominantes tuvieron una visión “instrumental” del Estado y nunca pudieron construir hegemonía histórica.

Esto ha llevado a que, desde la fundación de la República, una porción mayoritaria del país –los indígenas y las clases laboriosas– se haya sentido excluida y haya vivido gran parte de su actividad política al margen de la institucionalidad seudo-modernizante con la que las élites adornaban al Estado. Paradójicamente, mientras las clases dominantes recubrían el Estado aparente con una retórica seudo-modernista que encubría un Estado patrimonial y encapsulado en la coerción, como modo regular de lograr el acatamiento a las normas, las clases sociales subalternas eran las que reivindicaban una modernidad de la participación y la adhesión voluntaria de la sociedad a instituciones compartidas.

De ahí que haya una característica histórica del país: no sólo el recurrente desborde y bloqueo de la sociedad sobre el Estado, sino también la continua producción de comportamientos y demandas políticas al margen de la institucionalidad oficial, por vía de los sindicatos, comunidades agrarias, juntas vecinales y comités cívicos, en los que la sociedad civil construyó sus prácticas políticas. Es como si institucionalidad estatal  y sociedad civil hubieran vivido en mutuo acecho y hostilidad permanente, rotas de vez en cuando por pequeños periodos de estabilidad política que, más que resultar de una conciliación de intereses, surgieron del autoritarismo (1971-1977) o del adormecimiento social (1987-2000). Acá, la excepción no fue crisis política-estatal, sino la estabilidad, pues el Estado presentó, desde sus raíces formativas, una falla de incompletitud social, de inorganicidad óptima, irresuelta desde el nacimiento de la República hasta principios del siglo xx.

De ahí que a lo largo de la historia, cada vez que la sociedad civil se revitalizaba, como en los últimos años, se abalanzaba inmediatamente por múltiples lados y con diversas demandas estructurales irresueltas, sobre un Estado que estaba incapacitado de articular, canalizar y resolver estas deudas históricas. Así, la insurgencia democrática de inicios de esta década, desde la “guerra del agua”, la “guerra del gas” y las marchas y bloqueos de caminos que reivindicaron el reconocimiento de los derechos indígenas, la soberanía sobre los recursos naturales, las autonomías departamentales o la ciudadanía social con bienestar material, va más allá de las críticas al “neoliberalismo” o al “centralismo”; éstas fueron querellas hacia la propia estructura patrimonial-colonial del Estado aparente (centralista, mono-cultural y excluyente) que nunca incorporó a la sociedad civil-plena y a las regiones, como fuerza constitutiva de su existencia.

Por eso, uno no puede dejar de destacar la lucidez histórica de los movimientos sociales de inicios del siglo xxi que, a tiempo de resistir las estructuras de dominación, se plantearon la revolución del Estado, esto es, la abolición del Estado aparente, la superación del desencuentro catastrófico entre formación social y formación estatal. Ese programa de refundación estatal es lo que se llamó Asamblea Constituyente.

La propuesta de Asamblea Constituyente surgió en este inicio de siglo como una exigencia de incorporación de la inmensa mayoría de la sociedad civil laboriosa, anteriormente excluida del Estado, en el ejercicio de derechos, de reconocimientos y usufructo de los bienes públicos; ello se canalizó como irrupción en la composición real del Estado. Pero la sociedad plebeya, obrera e indígena, barrial y estudiosa se planteó simultáneamente la presencia de su ser colectivo, clasista y nacional, como fuerza directriz y dirigente de la sociedad civil en el Estado. De esa manera, óptimo orgánico entre Estado y sociedad y hegemonía histórica de un nuevo bloque social de Estado emergieron como agenda de las grandes sublevaciones entre 2000 y 2005. Voluntad de poder y voluntad de conducción nacional-popular bajo la forma de un nuevo Estado fueron las fuerzas estructurantes del proceso estatal constituyente y de la Asamblea Constituyente de 2006.

Y es la articulación virtuosa de estos dos componentes en la acción movilizada de la sociedad, la que diferencia este momento revolucionario de todos los otros momentos revolucionarios precedentes de la historia de Bolivia. La fundación de la República la condujeron los realistas reciclados como independentistas, tras el debilitamiento y dispersión de la verdadera sociedad civil luego de quince años de extenuante lucha armada (los guerrilleros de la independencia y las milicias indígenas sublevadas). Por ello fue que e1 Estado republicano nació como mutación simbólica, pero no material, del Estado colonial.

Un segundo momento de redefinición de la ecuación Estado/sociedad fue la Revolución de 1952, que llevó a una redistribución de algunos bienes materiales públicos (la tierra en el occidente y el excedente minero), pero reforzó la exclusión de los derechos colectivos de las mayorías indígenas y preservó el uso patrimonial del Estado, con lo que la base material del Estado colonial se reforzó. Acá hubo ímpetu social de incursionar en el Estado (óptimo orgánico), pero no hubo estrategia de hegemonía histórica de los insurrectos que delegaron la conducción de su proyecto a una clase social diferente y heredera de la vieja dominación señorial.

Con el tiempo, la abdicación del mando sobre el Estado (1952-1957) llevó a la gradual expulsión del Estado y, a la larga, a la pérdida del usufructo de los bienes del Estado que se consumó durante el régimen neoliberal de privatización de las empresas públicas (1985-2005).

El inicio del siglo xxi vino con la irrupción democrática de una sociedad civil laboriosa no sólo apetente de construir Estado, sino de conducirlo, esto es, de ser soberana en el Estado. A esto es lo que se llama un ambio de forma histórica y de contenido material del Estado.

El ámbito de escenificación democrática de esa revolución de forma y contenido fue la Asamblea Constituyente. Esto no significa que la Asamblea haya sido el lugar político de esa revolución. No. El campo real y territorial de esta lucha de clases abierta y generalizada de estos años fue el país en su conjunto; en tanto que su momento de condensación territorial fue desplazándose de occidente a oriente. Pero el lugar planteado como el escenario donde transmutar la fuerza social en fuerza electoral y la confrontación social en confrontación política discursiva y argumental, fue la Asamblea Constituyente. Se planteó que la Asamblea sea el lugar donde la correlación de fuerzas políticas culturales de la sociedad civil quede condensada como instituciones y derechos; en tanto que el liderazgo indígena-popular devenga en naturaleza social del Estado, y los consentimientos y compromisos de las clases desplazadas queden como momento de la composición material del Estado.

Todo ello, bajo la forma de una nueva Constitución Política del Estado. Bajo esta lectura, se puede decir entonces que los movimientos sociales plantearon a la sociedad civil ampliada, representada en la Asamblea Constituyente, esto que se puede llamar un armisticio histórico (nueva Constitución Política del Estado) como modalidad de la construcción de un Estado integral.

Sin embargo, la respuesta de las clases políticas desplazadas del mando estatal fue la conspiración contra el gobierno revolucionario, el sabotaje a la Asamblea Constituyente, la confrontación y el intento de golpe de Estado cívico-prefectural (2007-2008). Buscaron recuperar, por la fuerza, lo que habían perdido por el voto, sin comprender que cuando la voluntad de soberanía estatal se apodera del espíritu colectivo de las clases subalternas, el regreso a la sumisión es una ilusión imposible.

En una apuesta que develó la decadencia política de unas clases sociales acostumbradas a gobernar no por la convicción de los gobernados sino por su propia compulsión, abandonaron el escenario de la Asamblea Constituyente, donde podían lograr un mejor reconocimiento dialogado de sus expectativas colectivas, y optaron por el escenario de la confrontación en las calles, allá donde los movimientos sociales son y han sido siempre soberanos territorialmente. De allí vino una seguidilla de batallas y derrotas de las antiguas clases dominantes: derrota electoral en el Referendo Revocatorio (agosto de 2008); derrota militar en el intento de golpe civil prefectural (septiembre de 2008); derrota política en el diálogo gobierno-prefectos y los acuerdos congresales (octubre de 2008); derrota de los preparativos de guerra civil y separatismo (abril de 2009). La suma de ello dio como resultado una derrota histórica-moral y política-cultural de las antiguas clases dominantes, y la consolidación de un nuevo bloque de poder Estatal integral. La posterior aprobación, en referendo, de la nueva Constitución Política del Estado y la reelección con mayoría universal (64 por ciento) del Presidente Evo Morales Ayma, cierran el ciclo de transición estatal y dan inicio a la construcción del nuevo Estado.

Lo decisivo de estas victorias del bloque de poder indígena-plebeyo es que no se han traducido en una exclusión material de las antiguas clases dominantes del Estado, de la economía o de la política; esto podía haberse dado, tomando en cuenta el escenario golpista, separatista y de fuerza por el que optó una parte activa de las clases desplazadas del gobierno del Estado. Pero ello hubiera reproducido hacia las minorías, la acción de exclusión y extraestatalidad de la que antiguamente fueron objeto las mayorías, volviendo a imposibilitar la ecuación del óptimo orgánico del Estado y, peor aún, la posibilidad de hegemonía histórica de las clases indígenas-populares.

De ahí que la nueva Constitución Política del Estado, al momento de reconocer los derechos y presencia material de las formaciones económicas, sociales y políticas de las clases laboriosas anteriormente excluidas, haya garantizado los derechos y la base material del resto de las clases componentes de la sociedad civil-ampliada, todo ello en el marco de la pluralidad de las estructuras económicas, políticas y culturales que caracterizan la sociedad boliviana. Y en una nueva muestra de voluntad de liderazgo político-moral, fue el bloque de poder indígena-plebeyo el que decidió, en ausencia y derrota de las clases anteriormente gobernantes, incorporar un nuevo conjunto de derechos, garantías y posibilidades para la totalidad de la sociedad, incluidas las clases dominantes desplazadas. Al final, la hegemonía, entendida como liderazgo político, consenso cultural y compromisos materiales, se presenta en su doble composición real: como consagración e inversión de un hecho de dominación (momento de fuerza histórica de la voluntad de poder) y como incertidumbre estratégica (momento de indeterminación del devenir histórico), por tanto, fruto de una construcción siempre inacabada e inestable a largo plazo que debe ser producida por la política y con política.

Esta posibilidad actual de una ecuación de óptimo orgánico entre Estado y sociedad, más hegemonía histórica, ha sido posible por la emergencia de un nuevo punto de vista de Estado y en el Estado que ha llevado a plantearse, como problema a superar, lo que para el antiguo bloque de poder era un privilegio a preservar: la colonialidad del Estado, la centralización territorial del poder y la patrimonialidad de la riqueza pública. Estos tres componentes estructurales que atraviesan el Estado neoliberal, el Estado nacionalista, el Estado liberal… hasta la fundación de la República, hasta tiempos coloniales, y que formaron el basamento invariable de la estatalidad en Bolivia, de su debilidad, de su pre-modernidad y sus límites, fueron las fuentes de las que se nutrió la clase dominante a cambio de nunca poder constituirse en clase dirigente. Y es que la única manera para que las clases dominantes se hubieran podido constituir como clases dirigentes era si asumían el liderazgo político histórico de todas las clases y naciones-culturales de la sociedad boliviana. Pero ello hubiera supuesto autodestruirse a sí misma en su base material, formada a partir de la patrimonialización  de los bienes públicos y la preservación de las discriminaciones y exclusiones de las mayorías indígenas.

A las anteriores clases dominantes, durante toda su existencia, se les presentó un dilema: o dominación dura asegurada a corto plazo sobre la colonialidad estatal, o hegemonía a largo plazo, sobre el desmontamiento de la patrimonialidad, colonialidad y centralismo territorial del Estado. Ellas optaron por la primera opción, por la seguridad a corto plazo y la defensa de su origen colonial-patrimonial, y con eso imposibilitaron su conversión en clase moderna y dirigente. Con el tiempo, les tocó a las clases subalternas, en la resistencia a las relaciones de dominación colonial-patrimonial, visibilizar las fallas estructurales y tectónicas del Estado, que eran las que sostenían esa dominación: la exclusión colonial (la colonialidad del Estado); la expropiación privada de los bienes públicos (la patrimonialidad del Estado); la discriminación territorial en el uso de las arcas públicas (la concentración burocrático-territorial del Estado).

De esta manera, la resistencia a las estructuras de dominación estatal fue simultáneamente la visibilización de las fallas estructurales de la formación del Estado, de su apariencia, de su divorcio con la sociedad y su debilidad política. Por ello la tarea de la revolución del Estado, de su ampliación social, de su democratización y su fortalecimiento institucional, no podía venir del lado de las clases dominantes. Había una imposibilidad histórica, de conocimiento, pues su comprensión y superación hubieran significado la autodisolución de la base material de las clases dominantes. Sólo unas clases indígenas-populares que no tenían ningún privilegio a preservar en esa formación del Estado patrimonial-colonial podían plantearse el conocimiento de estas fallas tectónicas del Estado. Y sólo unas clases que vivieran esas fallas tectónicas (colonialidad, patrimonialidad y centralismo territorial estatales) como dominación, exclusión, agobio e infortunio, podían plantearse la superación real de esas fallas.

Y así fue. La nueva Constitución Política del Estado no sólo es la consagración legal e institucional de una nueva correlación de fuerzas sociales en el Estado y de un nuevo bloque de poder histórico; es, a la vez, por la naturaleza clasista y cultural del bloque de poder constituyente nacional-popular, el proyecto político-material de resolución real, de superación de esas fallas tectónicas de larga data que hicieron del Estado boliviano un Estado aparente, sin hegemonía histórica ni óptimo orgánico con la sociedad civil. A su modo, cada uno de los agudos estudios que están presentes en este libro,* ya sea sobre el régimen de garantías, el sistema de derechos y la arquitectura institucional contenidos en la nueva Constitución, permiten entender los distintitos modos de producción de la nueva composición social plena del Estado y de la base material de la hegemonía política en Bolivia.

Las antiguas clases dominantes no pudieron ser hegemónicas porque no podían integrar en el Estado ni liderizar a la sociedad civil-extendida. Y no lo pudieron hacer porque ello hubiera supuesto la extinción de su naturaleza de clase dominante (colonial-patrimonial), obligarse a cambiar y a construir una nueva base de su dominación política, económica y cultural, lo que no estaban dispuestas a hacer. Así, si algo ancló a Bolivia en la colonialidad patrimonial del siglo xviii fueron sus clases dominantes, hasta que tuvieron que ser desplazadas del poder en 2005. Y si algo es fuente de renovación y modernización estructural de la formación estatal boliviana son sus clases plebeyas y naciones indígenas.

Pero el que sean las clases populares y naciones indígenas las que asuman el reto, por necesidad material, emancipación política y convicción cultural, de la construcción de un óptimo orgánico entre Estado y sociedad (composición social ampliada del Estado) y la construcción de una hegemonía histórica (nuevo núcleo articulador del Estado), tiene su carga y sus efectos prácticos en lo que debemos entender por modernidad estatal y por naturaleza del Estado.

Claro, y es que por la naturaleza social de la materialidad actuante y masiva de las clases populares y naciones indígenas, sus acciones en el Estado, su devenir Estado, en tanto se mantenga su movilización política colectiva, sólo puede construir Estado democratizando, socializando y universalizando la decisión y la gestión de lo público, esto es, todo lo contrario de la monopolización de lo público que caracteriza a los estados modernos.

Igualmente, las clases plebeyas sólo pueden ampliar derechos en el Estado y ampliar la base material de los bienes públicamente usufructuados, si socializan crecientemente esos bienes públicos en vez de privatizarlos o apropiarlos en pocas manos, como sucede en los estados contemporáneos. La modernización estatal, hecha de la mano de las clases populares y naciones indígenas, es pues otro tipo de modernidad diferente a las hasta ahora conocidas. Si bien buscan construir un óptimo orgánico entre Estado y sociedad, por fuerza de su condición clasista y nacional, lo hacen no como ensamble de dos componentes disociados (Estado y sociedad), sino como disolución creciente de lo político (el Estado-gobierno de Gramsci) en la sociedad civil-ampliada que deviene simultáneamente en sociedad política.

Por ello, la “modernización” del Estado a cargo de las clases nacionales-populares, en perspectiva histórica, sólo puede realizarse como creciente disolución del Estado monopolio-coerción (el Estado-gobierno) y una creciente expansión y democratización del Estado-gestión y del Estado-decisión en la sociedad civil y de la sociedad civil en el Estado. ¿Acaso, en el horizonte, eso no es la producción democrática del socialismo, entendido como radicalización y socialización de la democracia en todos los terrenos de la vida, incluido la economía? Vistas así las cosas, el concepto gramsciano de Estado integral, como suma entre una relación óptima entre sociedad civil y Estado político, más la construcción de la hegemonía histórica de las clases conducentes de la sociedad, tiene una variante. Cuando el Estado integral lo realizan las clases sociales laboriosas y autoorganizadas de la sociedad civil es el tránsito largo pero posible a una naturaleza social del Estado al que los clásicos del marxismo le llamaron socialismo.

La nueva Constitución Política del Estado es el programa de toda una generación para un Estado integral post neoliberal. Y en el horizonte a largo plazo, determinar si a la vez es el tránsito hacia una sociedad post-capitalista dependerá de la vitalidad, de las luchas y de la cohesión de las clases laboriosas y naciones indígenas.

* Vicepresidente Constitucional del Estado Plurinacional de Bolivia.

http://www.institutoprisma.org/joomla/images/NC/nueva%20cronica%2057.pdf

Rüdiger Safranski: "La paz seguirá siendo una paz armada"

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¿Cómo se conectan el Romanticismo y los movimientos de resistencia global? Antes de participar en la Feria del Libro, el autor de "El mal" lee el siglo XXI a la luz del XIX.

Por: Héctor Pavón

EL HOMBRE tan bueno no es y para conservar la paz necesita de la justicia, pero también la protección por medio de las armas. Al parecer, la paz seguirá siendo siempre una paz “armada”.

Rüdiger Safranski es un humanista, un sobreviviente del Romanticismo alemán del siglo XIX que, a pesar de haber escrito ensayos y biografías de filosofía alemana, es un escritor muy popular. Sus libros son muy vendidos "probablemente porque los escribo con pasión. ¡Y la pasión es contagiosa!", responde por email desde Alemania.

No sólo dedicó su vida a la filosofía, también ha puesto el cuerpo para pasiones como la docencia para adultos: "Me encontré con personas de una gran curiosidad, comprometidas, que se animaron a saltar de un camino ya iniciado para volver a aprender. Esa curiosidad por las propias posibilidades es muy motivadora, también para mí." Ahora trabaja en un libro sobre el "tiempo" y la "aceleración". Invitado por el Instituto Goethe, el 24 de abril será entrevistado en público en la Feria del Libro, que comienza el jueves 22. Dice, soñador, que le habría gustado vivir en la Alemania de 1800.

-¿Qué pasaba en su país en el inicio del siglo XIX para que surgiera un movimiento tan particular, interesante y complejo como el romanticismo?

-En ese momento, Alemania no era todavía una "nación" en sentido político, sino una unión cultural, lingüística. De ahí la importancia del arte, la música, la filosofía y la literatura, que ocupaban un lugar privilegiado en el ambiente burgués. Esto dio gran empuje a todo el movimiento literario-filosófico y permitió que la "generación" en torno al 1800 saliera a escena con proyectos audaces. Querían producir una revolución en el terreno del espíritu, despertar la originalidad y la fantasía del individuo. Florecía un deseo renovado del "yo": en el centro de la atención se encontraba el "sujeto", con sus sueños, pensamientos, fantasías. Había un gran gusto por la experimentación y un anhelo de lo infinito. Todo eso confluye en una disposición general del espíritu que luego recibe el nombre de Romanticismo.

-¿Cree que fue el momento más elevado de Alemania en cuanto a la producción de ideas filosóficas, literatura, poesía, arte?

-Sí, fue un momento de apogeo. Pero no olvidemos que el Romanticismo se hallaba íntimamente ligado a otras corrientes: el Clasicismo, el Idealismo, etcétera. En Jena, por ejemplo, bastaba con cruzar de acera para que se encontraran el Romanticismo y el Clasicismo. Los románticos eran los más jóvenes y rebeldes, y se disputaban la autoridad con los que eran un poco mayores, con Schiller por ejemplo. Goethe en cambio era admirado y honrado por los románticos, algo de lo que no renegaba pues se sentía halagado. También en la filosofía descollaban figuras que contribuyeron al apogeo del Romanticismo. Fichte, Schelling, Hegel: todos estuvieron inspirados por el espíritu romántico. ¡Y ni qué hablar de la música! El Romanticismo hizo de la música el lenguaje del alma. Durante este período la música devino en un lugar sagrado, cuyos profetas eran Beethoven y después Schubert y Schumann…

-En su libro "Romanticismo", usted señala que la Revolución Francesa fue "el triunfo de la tiranía de la razón". ¿Es un triunfo contra el individuo?

-La Revolución Francesa tuvo su origen en el espíritu de emancipación, pero luego terminó desarrollando un nuevo terrorismo del conformismo. La sociedad entera fue sometida a un nuevo tipo de razón y de virtud. La religión quedó mal parada, triunfó la utilidad económica…

-Usted afirmó que "el romanticismo es también una continuación de la religión con medios estéticos". ¿Cómo considera el romanticismo a la religión?

-El presupuesto del Romanticismo fue una crítica abierta, ilustrada a la religión, es decir que cuando el Romanticismo entra en escena, la religión ya está debilitada. El Romanticismo considera la religión oficial, con sus dogmas e instituciones, muy limitada. Pero a diferencia de la Ilustración, no persigue el desencantamiento liso y llano de lo misterioso, sino que quiere conservar lo enigmático, lo infinito, lo misterioso, y no como una manifestación autoritaria impuesta desde afuera, sino como una "manifestación del alma", esto es, una subjetivación de lo religioso. Lo que les preocupa a los románticos en primer lugar no es la moral sino las percepciones estéticas, ya sea en el arte, la literatura, la filosofía, la música. Por eso podemos decir que el Romanticismo sustituye la relación dogmática-moral con la religión por una unión estética-perceptiva con lo trascendental, es decir, es la continuación de la religión con recursos subjetivos, estéticos. En este punto podemos observar algunas similitudes con el tipo moderno de religiosidad…

-¿El Romanticismo jaqueó al cristianismo al ampliar la oferta de lecturas? La Biblia deja de ser la lectura por excelencia…

-Sí, el gran filósofo de la religión durante el Romanticismo, Friedrich Schleiermacher, considera que la Biblia es un buen libro, pero que en realidad cada uno puede hacerse su propia Biblia, encontrar su religión en su alma. Para Schleiermacher la religión es "sentido y gusto por lo infinito".

-¿Cómo se puede entender la presencia del Romanticismo en el nacionalsocialismo?

-Los románticos se iniciaron muy centrados en lo subjetivo y luego fueron descubriendo el sentimiento de comunidad, y finalmente también el sentimiento de unión nacional, de historia nacional. Comenzaron a recolectar canciones y cuentos populares, etcétera. Pero abogaron siempre por la libertad y no eran nacionalistas. Pese a esto, más tarde los nacionalistas, y de hecho también los nacionalsocialistas, gustaron de remitirse al sentimiento nacional de los románticos. Esa instrumentalización posterior llevó en algunas ocasiones al –injusto– descrédito de los románticos. Finalmente, los ideólogos del nacionalsocialismo advirtieron que los románticos no cuadraban del todo con sus conceptos agresivos, racistas, y postularon su propio romanticismo que llamaron "romanticismo de acero" y que poco tiene que ver con el verdadero romanticismo.

-¿Qué marcas dejó el Romanticismo en la cultura alemana?

-La cultura alemana se encuentra atravesada por la tradición romántica. Thomas Mann, por ejemplo, siempre sostuvo ser un hijo del Romanticismo. La montaña mágica es una novela profundamente romántica. La música siguió siendo romántica por lo menos hasta Gustav Mahler y Carmina Burana de Carl Orff. El Romanticismo también se refleja en la cultura política. No es casual que el movimiento "verde", ecologista haya logrado en Alemania sus primeras conquistas; eso está ligado a la tradición romántica del amor por la naturaleza.

-¿Los movimientos de resistencia global son… románticos?

-Precisamente los ecologistas, por ejemplo, se inscriben en una tradición romántica, lo adviertan o no. También la actitud simpatizante por la diversidad de las culturas se remonta a una idea romántica que fue desarrollada sobre todo por el proto-romántico Johann Herder.

-Muchos de los románticos del 68 hoy ocupan cargos ejecutivos en empresas o en la burocracia estatal. ¿Ahí termina la utopía?

-No necesariamente. En Schiller encontramos al respecto una bella apreciación. En su obra de teatro Don Carlos, el marqués de Posa hace llevar a su amigo el siguiente mensaje: "Decidle que debe respetar los sueños de su juventud cuando llegue a hombre…"

-En su libro "¿Cuánta globalización podemos soportar?" señala que la globalización incluye el hecho de que el pensamiento global se democratiza. ¿A qué "pensamiento" se refiere?

-La conexión a través de las redes de TV e Internet, por ejemplo intensifica la comunicación, y los modos de pensamiento se intercambian y asimilan unos a otros. En el pasado, el solo hecho de la distancia hacía que las regiones permanecieran alejadas. Hoy las distancias se han eliminado y el intercambio de informaciones ocurre en tiempo real. Por primera vez en la historia de la humanidad estamos en presencia de una simultaneidad real, susceptible de ser vivida. Esto tiene consecuencias sustanciales: estamos yendo efectivamente hacia una sociedad mundial. En el pasado, era posible que los tiranos no se sintieran observados, hoy ya no. Es decir, que en el establecimiento de una esfera pública mundial radica una oportunidad: mejora los presupuestos de la democratización. Eso es bueno. Lo que no es tan bueno, sin embargo, es que el crecimiento de la red de comunicaciones puede significar también una asimilación en sentido conformista que se percibe, por ejemplo, en ciertos aspectos de la cultura: el pop es igual en todas partes, también el cine e incluso la literatura se está asimilando. Ahí hay que tener cuidado: ¡Más diversidad y menos simplismo!

-También sostiene que el hombre puede actuar e intentar blandirse contra los peligros del exterior. ¿Qué papel les cabe a las redes sociales de Internet?

-A través de las redes, las personas crean su propio mundo social. A su vez, pueden advertir que no son tan impotentes como parece y obtener mayor feedback del que era posible en el pasado, y eso fortalece el sentimiento de poder subjetivo. A lo que hay que prestarle atención, sin embargo, es a preservar la esfera privada puesto que si vamos a la Red, la Red viene a nosotros y puede atraparnos. La Red ofrece libertad pero también puede arrebatárnosla.

-Poéticamente se ha referido a la búsqueda del "claro", del espacio propio, donde se puede "habitar en el extravío". ¿Quiénes cuentan con la capacidad de hacerse un "claro" en la jungla mundial?

-En principio, cualquiera puede hacerlo. Sólo se trata de descubrir qué es lo que uno quiere y qué es lo adecuado para uno. Es cierto que esto no resulta del todo sencillo frente a la cantidad y variedad de ofertas de comunicación. Debemos aprender a establecer los propios límites, de lo contrario corremos el riesgo de convertirnos en un estanque de estímulos externos y perder el rostro propio.

-En su libro "El mal", cita a Sade cuando éste se refiere a que la naturaleza no impide las matanzas sino que más bien las induce. ¿El siglo XXI continuará con las guerras del "estado de excepción permanente" como propone Giorgio Agamben?

-Seguramente vamos a ser testigos de más guerras y matanzas, aunque quizá ya no de guerras mundiales como las del siglo XX: más bien guerras locales, "asimétricas", estados desintegrados, guerras de bandos, terroristas, etcétera. No olvidemos que sigue habiendo armas nucleares, esto es, el potencial de autodestrucción de la humanidad sigue disponible. Y tampoco se puede descartar un desvío de armas nucleares "sucias" hacia la circulación "privada". La brecha entre ricos y pobres crea conflictos que la escasez de recursos energéticos y el cambio climático no hacen más que enardecer. De ahí que no se pueda garantizar un mundo en paz. La experiencia también enseña que la supuesta "bondad" natural del hombre no garantiza la paz. El hombre tan bueno no es y para conservar la paz necesita de la justicia, pero también la protección por medio de las armas. Al parecer, la paz seguirá siendo siempre una paz "armada".

-¿Cree que el mal hoy es fácilmente identificable? O por el contrario, es el lobo con piel de cordero…

-Creímos haber dejado atrás la era de la ideología (comunismo, fascismo, etcétera), cuya característica era el hecho de hacer el mal en nombre de lo supuestamente bueno (la clase, la raza, entre otras). Sin embargo esto no ha terminado. El islamismo de hoy es la barbarie enmascarada, disfrazada de religión: el mal bajo el velo del bien. Por otro lado, el mal se halla oculto en el mecanismo meramente impersonal, objetivo, económico de los mercados. El gran daño que éstos pueden causar acabamos de verlo con la última crisis financiera.

-El mundo del trabajo, que incluye a los que trabajan y a los que quieren trabajar y no pueden, ¿es la mayor resistencia contra la vida romántica?

-Si el hombre queda reducido a un homo oeconomicus, no hay buenas perspectivas para el Romanticismo. Pero contra esto algo se puede hacer. El hombre es mucho más que un "animal de carga"; basta con que lo advierta y empiece a jugar, a soñar, a fantasear, a ir más allá de lo ordinario y lo acostumbrado, para que se encuentre ya, sin darse cuenta, camino a ser un romántico…

-Hay quienes sostienen que vivimos un retorno a pensar en el individuo a través de una filosofía humanista. ¿Cree que el Romanticismo también podría ser recobrado para esta causa?

-Estamos redescubriendo que el hombre también es un homo empathicus. Un ser que sabe de compasión, capaz de ponerse en el lugar del otro, de ser solidario, un ser con sentido de la justicia. Somos animales capaces de llorar y de alegrarnos, no sólo por nosotros mismos sino también por otros. Somos seres que no habitamos un único mundo, el material, sino muchos otros mundos en nuestra mente y nuestra alma. El hombre puede ser una criatura maravillosa; no debemos olvidarlo pese a todos los problemas.

Traducción de Carla Imbrogno

http://www.revistaenie.clarin.com/notas/2010/04/17/_-02182317.htm

Escrito por Eduardo Aquevedo

18 abril, 2010 a 19:07

El nuevo "capitalismo flexible": impactos en la personalidad de jóvenes y asalariados. Entrevista a R. Sennett

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El sociólogo norteamericano Richard Sennett realizó uno de los más lúcidos estudios acerca del impacto de la flexibilización laboral en la formación de la personalidad. Entrevistado en Nueva York, explica por qué el "nuevo capitalismo" desarticuló los lazos sociales, y anticipa la línea de su último ensayo, "La cultura del nuevo capitalismo". Por otra parte, el politólogo argentino Fernando Iglesias polemiza con esa "glorificación calvinista (y nostálgica) del trabajo".

Richard Sennett es uno de los investigadores que ha iluminado de manera más rigurosa la relación entre capitalismo y personalidad. Desde sus primeras investigaciones históricas hasta sus últimos libros, ha utilizado diversos registros —archivos, novelas, entrevistas y la observación— para delinear dos hipótesis que recorren toda su obra: una, que la privatización de la vida pública redunda en una ausencia de espacios donde los extraños puedan encontrarse y reconocerse en sus diferencias; que las formas de la política que de esto resultan están cargadas del código afectivo más propicio para la esfera íntima y culminan en los líderes carismáticos y autoritarios.

Sennett se hizo conocido en Argentina en 2002 con la publicación de La Corrosión del Carácter, un libro en el que el autor discute las consecuencias personales de la flexibilización laboral. Su último libro publicado en Argentina es Respeto, en el que, desde un registro autobiográfico, interroga las posibilidades de interactuar equitativamente y en cooperación en relaciones teñidas por la desigualdad de capacidades y experiencias. En Nueva York, Sennett habló con Ñ.

- —La relación entre capitalismo y personalidad ha sido un núcleo de su obra. ¿Piensa que es aún productivo hacer estas preguntas?

- —Si, de hecho esta pregunta se hace muy urgente por los cambios producidos por y en el capitalismo moderno. Este tiende a ser mucho más individualizado, aislante que en el pasado. Lo que argumento es que este nuevo capitalismo flexible desmonta la arquitectura burocrática que durante muchos años, a veces de manera feliz, otras no tanto, mantuvo a la gente agrupada. En este sentido el nuevo capitalismo es un sistema mucho más individualizante que los sistemas fijos, a gran escala, permanentes, de las grandes burocracias. El problema con la individualización es que el valor individual ha mutado en un asunto de habilidad y movilización de talento. Ya no reside más en el respeto recibido como miembro de una categoría social: el trabajador. El centro del sistema se movió del reconocimiento hacia el auto-desarrollo y la mayor parte de la gente perdió en el cambio. El sistema no tiene suficiente espacio para acomodar a la gente a la que presiona para que sea más habilidosa y más competente.

- —¿Qué tipo de sociedades construye este nuevo capitalismo?

- —Un mundo mucho más polarizado, que se divide entre relaciones sociales a gran escala en derredor del trabajo y relaciones personales, propias del mundo privado. Lo que se pierde son las organizaciones políticas intermedias que pueden mediar. Las ciudades, por ejemplo, se hacen más homogéneas, son más parte del capitalismo que sociedades auto-organizadas. El capitalismo flexible debilitó a los gremios y sindicatos, otro tipo de instancia de mediación institucional. El tipo de sociedades que construimos se erige sobre divisiones absolutas, la abstracción creciente del mundo del trabajo y el mundo que va hacia la intimidad de las relaciones afectivas.

- —Su obra parece moverse de libro a libro; un tema irresuelto en uno parece llevarlo al próximo. ¿A dónde lo ha llevado el hecho de terminar "Respeto"?

- —En dos direcciones. Por un lado, estoy publicando una mirada general sobre el nuevo capitalismo que lleva ese título, la cultura del nuevo capitalismo. Con éste considero que ya he dicho todo lo que tenía que decir sobre este tema, así que vuelvo a uno de mis primeros amores: un proyecto sobre las prácticas culturales materiales, el tipo de asuntos sobre los que escribí un poco en El declive del hombre público. El resultado primero de esto es un libro sobre el artesanado, sobre las relaciones entre las actividades mentales y manuales. Quiero hacer una serie de libros para mostrar el modo en que la cultura aparece expresada en prácticas materiales.

- —En muchos de sus trabajos utiliza su propia práctica artesanal, la música, como metáfora de la interacción social. ¿Cuáles son los límites y las ventajas de esta metáfora?

- —La ventaja es que nos ayuda a comprender cómo existe la cooperación en la desigualdad. La colaboración musical sucede entre gente que no hace lo mismo. El punto es entender, por ejemplo en una orquesta; cómo un gran número de actores individuales que hacen cosas diversas y de diverso valor expresivo tocan juntos. Es en ese sentido que la música se convierte para mí en una campo de investigación sobre la cooperación. El límite es bastante obvio. Que el poder controla a las relaciones sociales de una manera que aparece más morigerada en la música. Las prácticas de control tienen un fin distinto en las artes performativas que en la sociedad en general. Este no es sólo un dilema personal, existe toda una línea de pensamiento que se remonta a Maquiavelo, que piensa de manera dramatúrgica a las acciones sociales y políticas.

- —¿Cómo relaciona a la música con el resto de su práctica intelectual?

- —¡No la relaciono! Las tengo totalmente separadas. No enseño música, escribo sobre ella pero trato de no escribir sobre lo que me gusta tanto. Nunca tuve una relación fácil entre estos dos mundos. Yo nunca entré en una relación como la de Adorno, cuya experiencia de la música estaba influida por su actividad filosófica. Aunque lo que yo experimento con la música ha aparecido de alguna forma u otra en mis investigaciones sobre la vida social, no puedo decir que la sociología me haya convertido en un mejor músico, como sí podría decirse quizá de Adorno.

- —¿Y la escritura de ficción? Sé que ha escrito dos novelas.

- —Escribir no es algo que salga de manera natural, tuve que aprender cómo escribir y esto sale más fácil en la ficción que en el ensayo. Yo quisiera ser recordado como un escritor acerca de las sociedades antes que como un sociólogo y pienso que lo que trato de hacer es crear un lenguaje expresivo, una estética, para entrar a los problemas sociales. La ficción ha sido para mí un laboratorio para encontrar el lenguaje expresivo para el ensayo.

- —¿Se considera un intelectual público? ¿Cuál debería ser el rol de ese tipo de intelectual?

- —No sé qué debería hacer un intelectual público. Sí sé que alguien que escribe debe ser tan informativo como pueda para quien lo lee sin comprometer sus estándares intelectuales. Y que así es como se forma el ámbito público, cuando la gente se quiere comunicar entre sí. Quienes no se quieren comunicar, especialmente con aquellos que no son como ellos, han concluido en sus propios palacios, encierros de la búsqueda intelectual que perpetúan el propio poder. El problema es mayor en los Estados Unidos que en Europa o en América latina, donde existe una larga tradición de diálogo público. Pero en los Estados Unidos la academia tendió a aislarse de la arena pública. Aunque esto por suerte está cambiando. Estoy muy contento de que la idea de la sociología como una forma de expresión, como una forma de literatura, haya cobrado auge entre los jóvenes; que el divorcio entre saber y expresar que era tan fuerte en el momento positivista y que significaba que mucho de lo que escribían los sociólogos era ilegible, ha sido superado. Eso es bueno porque significa que los sociólogos pueden volver a la esfera pública en vez de refugiarse en una práctica intelectual hermética.

- —Desde "El Declive del hombre público" en adelante usted abogó por espacios sin fines específicos donde la gente pudiera desarrollar una sociabilidad pública. ¿Cuáles serían estos espacios hoy?

- —Creo que los que dije entonces aún se mantienen; serían espacios impersonales en vez de locales, mixtos en vez de homogéneos, espacios esencialmente urbanos. El cambio reside en dónde se pueden encontrar estos espacios. Cuando escribí el libro, el tamaño de la mayoría de las ciudades marcaba que el centro urbano sería el lugar de la sociabilidad pública. Con el tipo de ciudades que se están desarrollando hoy en día, la idea de un solo centro como el foco de la vida social se ve eclipsada. Acabo de volver de Shangai, una ciudad de 20 millones de habitantes. No tendría sentido, seria ecológicamente disfuncional intentar concentrar todas las funciones sociales en el centro de ese tipo de ciudad. Al dispersar el centro social, al tener varios de ellos, lo que comienza a suceder —y los chinos lo están entendiendo— es que aparecen estrategias de resistencia a formas de poder altamente centralizadas. Mi respuesta sería: el carácter es el mismo que yo imaginaba, pero dado el crecimiento económico y poblacional, la locación de ese espacio público se ha convertido en múltiple, en vez de unifocal.

- —A pesar de esto ¿aún considera a la vista como el sentido principal para construir una sociedad democrática?

- —El ojo es más importante que la palabra. El ojo es el órgano por el que los extraños se conocen y reconocen y la esencia de una sociedad democrática es que la gente aprende acerca de aquellos a quienes no conoce. Diría que es el sentido más subvalorado, uno no piensa a la democracia en términos visuales, lamentablemente aún no hemos teorizado bien este aspecto. Hice un trabajo bastante pobre al respecto en La Conciencia del Ojo. Me parece una tarea urgente saber qué es lo que aprendemos cuando miramos a gente de la que no sabemos nada y mirando lugares cuando no estamos en casa. Lo visual es un ámbito político que no hemos terminado de comprender.

RICHARD SENNETT, CHICAGO, 1947. SOCIOLOGO.
Nació en uno de los barrios más pobres de Chicago y se destacó en su juventud como solista de cello. Residió en Boston, Londres y Nueva York y realiza investigaciones alrededor del mundo. El historiador y sociólogo Richard Sennett es una de las autoridades mundiales en procesos urbanos, tanto que ha sido convocado recientemente para dirigir un programa conjunto entre el MIT y Harvard (donde estudió) sobre ciudades. Enseña en la New York University y en la London School of Economics. Sus libros recientes han retomado la línea de uno de sus primeros trabajos: "The Hidden Injuries of Class", indagando la relación entre reconocimiento, identidad, trabajo y persona. Recibió en 2004 el premio a la trayectoria de la Asociación Norteamericana de Sociología.

Diario CLARIN, Suplemento de cultura Ñ.

Silvio Rodríguez: yo habría amnistiado a esos cien presos que algunos llaman “de conciencia”…

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ENTREVISTA A SILVIO RODRIGUEZ, QUE ACABA DE EDITAR SEGUNDA CITA

SILVIO1 “Son los mismos sinvergüenzas de hace cincuenta años”

El cantautor cubano se refiere a quienes controlan la información mediática globalizada y satanizan a Cuba. Silvio plantea una encendida defensa de la Revolución, con una mirada crítica hacia temas concretos. “Hay que superar la lógica de la Guerra Fría”, señala.

Por Karina Micheletto

No parece precisamente cómodo el lugar de Silvio Rodríguez: si lleva consigo el peso de los símbolos, si su solo nombre remite a una época y a una forma posible de canción –que fue posible también por una época–, el paso del tiempo lo ha enfrentado al reto de seguir perfeccionando el oficio de trovador. La forma en que ha salido airoso de tamaño desafío se escucha en Segunda cita, el trabajo que acaba de presentar. Un disco hecho de canciones bellas, potentes, que ganan musicalmente en el despojo acústico del trío jazzero que el cubano propone esta vez para acompañarlo. “No podemos ser prisioneros eternos de nuestro pasado, porque hay más mañana que ayer esperándonos”, dice Silvio Rodríguez en la entrevista que concede a Página/12 a través del mail, la forma que ha elegido en los últimos años –en los que también son contados sus conciertos– para hablar de sus nuevos discos, de sí mismo y, sobre todo, de su país. Lo que dice con poesía, pero también con claridad, lo dice justamente por Cuba, y su posición tampoco es cómoda: su amorosa y encendida defensa implica a la vez una mirada crítica hacia temas concretos. En su nuevo disco también sienta postura en temas como “Sea señora”, “un voto a la evolución política de Cuba”, según define: “A desencanto, opóngase deseo. Superen la erre de revolución, restauren lo decrépito que veo, pero déjenme el brazo de Maceo y, para conducirlo, su razón”, pide allí.

Otro tema del disco, “Tonada del albedrío”, resuena en especial por estos días, en estas tierras. “Dijo Guevara el humano que ningún intelectual debe ser asalariado del pensamiento oficial. Debe dar tristeza y frío ser un hombre artificial, cabeza sin albedrío, corazón condicional”, canta allí el trovador, y en el booklet explica que los versos fueron inspirados por el pensamiento oficial que imponen diariamente, de múltiples maneras, las empresas de comunicación. De esos “dueños de la llamada Gran Prensa” habla también el cubano en la entrevista, “los mismos sinvergüenzas que hace 50 años nos tienen bloqueados de todo, menos de su sacrosanta información”.

Entre la balada, el bolero, el danzón, el son y el jazz –entre esas potentes marcas musicales de Cuba–, Silvio avanza en las historias y tomas de postura de esta Segunda cita. “Pero déjeme comenzar nombrando a los buenos músicos que me acompañan: Roberto Carcassés al piano, Oliver Valdés en la batería y Feliciano Arango en el contrabajo”, arranca el cubano la entrevista, consultado sobre ese abordaje musical, marcando la importancia del sonido logrado por ese trío de jazz que se luce en el disco.

–En este disco se escucha una influencia general más jazzera, desde la participación de músicos de este género hasta los arreglos de los temas presentados en formato de trío acústico. ¿Por qué buscó este sonido?

–El trío de jazz, por su intimidad acústica, me parecía el escalón superior inmediato a la soledad trovadoresca. Es un formato idóneo para presentar las canciones casi como vinieron al mundo, sólo arropadas por vaporosos tules. Siempre me he sentido muy atraído por la voluptuosidad de ese sonido. Y creo que Segunda cita demuestra que es un sonido que se puede expresar con lo que hago.

–Esta Segunda cita aparece después de Cita con ángeles (el disco que grabó en 2003), y esta vez invita a todos los seres humanos a pensarse ellos mismos como querubines, no necesariamente todopoderosos. Desde los nombres de los discos, también desde el arte de tapa, plantea una continuidad. ¿Por qué apareció esto?

–Cuando estaba lanzando Cita con ángeles, que fue un disco motivado por la agresión a Irak, sabía que era muy probable que una Segunda cita estuviera en camino. Era hasta cierto punto lógico que, después de aquella aventura universal, regresara al terruño en los mismos términos de indagación. O al menos por ahí se me fue la inspiración y una vez más he tratado de cumplir con ella.

–En el disco usted dice que la canción “Tonada del albedrío” tomó forma a partir de tergiversaciones mediáticas alrededor de la figura del Che. ¿Podría contar más sobre esas “noticias” que dispararon esta canción?

–No fueron noticias. En los últimos años hay más bien un empeño sistemático en descalificar los símbolos revolucionarios, entre ellos el ejemplo de altruismo del Che. Les molesta que ese hombre haya llegado a ser un icono de los jóvenes del mundo. Empezaron a decir que su imagen se comercializaba, siendo, como fue, un anticapitalista. Precisamente porque lo mató el capitalismo es por lo que ha surgido la leyenda y la contradicción de que su imagen sea vendida. Si el Che hubiera ganado su lucha, no habría tenido sentido usarlo así, él tampoco lo habría permitido. Hoy algunos se dedican a tratar de minar su memoria con mentiras grotescas. Me fui dando cuenta de que no era casual y me dije: aquí les va una más. Tomé frases textuales y las reuní en un contexto diáfano. Por yo vivir en un país socialista subrayé su idea de que el socialismo no necesitaba intelectuales asalariados al pensamiento oficial. Yo había jugueteado con algo parecido hacía tiempo, cuando canté “Yo te quiero libre / como te viví / libre de otras penas / y libre de mí”.

–“Los que gobiernan la información mediática trazan paisajes ideológicos”, dice usted en las notas del disco. La sanción de una nueva ley de medios, a lo que se agregó la investigación sobre las adopciones realizadas durante la dictadura por Ernestina Herrera de Noble, abrió el debate sobre el tema en la Argentina. ¿Está al tanto de esta situación?

–No conozco lo de la ley de medios, pero sí la larga y dolorosa lucha de las Abuelas de la Plaza de Mayo, reclamando saber la suerte de sus seres queridos. Supongo que para algunos enfrentar lo que pasó debe ser angustioso; pero muchos otros llevan décadas viviendo en una pesadilla de ausencias y preguntas. Me parece que todas esas interrogaciones merecen sin falta su respuesta.

–Recientemente un cable de noticias informó que Pablo Milanés, consultado sobre la huelga de hambre de Guillermo Fariñas Hernández, ha expresado su de-sacuerdo con la actitud del gobierno de Cuba hacia los disidentes. ¿Cuál es su posición?

Si estuviera en mis manos, yo habría amnistiado a esos cien presos que algunos llaman “de conciencia”. Creo que hay que superar la lógica de la Guerra Fría y que nuestra política no debería articularse con la política de nadie. No me importaría que dijeran que los liberé por presión. Yo sabría que lo hice porque hay que cambiar la vieja lógica, porque no podemos ser prisioneros eternos de nuestro pasado, porque hay más mañana que ayer esperándonos. Por otro lado, nuestra prensa –inicialmente por causas de defensa– se acostumbró a ser muy recatada y triunfalista. Hemos criticado mucho eso, pero hasta ahora no ha aparecido la voluntad de superarlo. Mi posición es que todos tengamos derecho a la información, a crearnos una opinión personal de cada cosa y a comentar lo que sea, sin limitaciones. Como usted comprenderá, soy bastante idealista, porque lo que uno lee, aunque lo haga críticamente, tiende a influir. Y en la información no sólo pesa la calidad, sino también la cantidad.

–Volvemos entonces a la pregunta anterior, y a su “Tonada del albedrío”…

–Si, como dice Chomsky, la mayoría de la información que circula en el mundo la maneja la derecha, ya podrá usted imaginar lo que constantemente cae sobre Cuba. O sea que la isla lo tiene difícil porque, a pesar de sufrir la satanización, tiene el sagrado deber de no negarle su derecho a nadie. Ante este dilema, ¿hay que racionalizar la información? ¿Hay que dosificarla? ¿Censurarla? Australia acaba de decirle a Google que ella tiene derecho a escoger lo que se lea en su territorio. Creo que sólo Google protestó; el resto del mundo no le hizo el más mínimo caso a la noticia. Sin embargo, si China dice lo mismo que Australia, se dedican semanas a despedazar el antidemocrático Partido Comunista Chino. No me estoy posicionando: estoy expresando una verdad elemental de nuestros días. Y además quiero decir que a cada instante se habla peor de Cuba, la mayoría de las veces sin fundamentos, sólo porque lo desean los que pagan, los dueños de la llamada Gran Prensa y del 90 por ciento de Internet; los mismos sinvergüenzas que hace 50 años nos tienen bloqueados de todo, menos de su sacrosanta información. Usted no me lo ha preguntado, pero deseo que sepa que en el reciente curso escolar sólo se han podido admitir dos estudiantes de piano en cada conservatorio cubano. No hace muchos años podía entrar una docena de niños. He aquí una “gloriosa hazaña” de ese bloqueo que muchos aplauden.

–¿Cómo hizo todos estos años para conjugar su trabajo de músico y el de diputado? Disculpe si caigo en una pregunta repetida, es que desde aquí su doble profesión se ve como una conjunción extraña, casi un oxímoron…

–Hace ya dos años que no soy diputado. Lo fui durante quince años por votación popular, no porque me haya postulado. En Cuba hay pocos diputados profesionales. La mayoría de la Asamblea está compuesta por trabajadores de los diferentes sectores y se concurre a las reuniones ordinarias dos veces al año. En cualquier caso, mientras lo fui, no hubo contradicción profesional entre el diputado y el músico, porque se entendía que mi trabajo me llevaba constantemente de un lugar a otro.

–“Cuando tenía veinte años estaba seguro de que la poesía podía salvar el mundo”, recuerda usted en el prólogo del Cancionero editado el año pasado. A los 63 años, ¿cuál es el poder que le asigna a la poesía?

–La poesía es revelación; contribuye al saber, al mejoramiento espiritual y por ende incluso al bie-nestar físico. Es lo que creo.

–Su proyecto “Expedición al centro del hombre” lo llevó por las cárceles de Cuba. ¿En qué medida lo enriqueció a usted mismo? ¿Piensa repetir la experiencia?

–En el 2008 participamos pintores, cineastas, escritores, poetas y músicos de varias especialidades. Una de las cosas más lindas era la participación artística de los presos; ellos tienen un fuerte movimiento de aficionados. Siempre terminábamos cantando juntos porque en muchas cárceles hay muy buenos grupos musicales. Estuvimos en 16 prisiones, ante unos 40 mil reclusos. Después vi que en España estaban haciéndolo con la ópera y me pareció tan hermoso que pensé en algo parecido en Cuba, quizá con música de cámara y –¿por qué no?– también sinfónica. Pero ese sueño tendrá que esperar. En las condiciones económicas actuales, lo veo difícil.

–Ha dicho que no piensa cantar durante mucho tiempo más, pero también ha hecho público su deseo de actuar en el Colón. ¿Sigue en pie?

–Lo del Colón fue postergado porque lo estaban reparando, ahora no sé cómo andará…

–Si pudiera saber cuáles van a ser los últimos años de su vida, ¿cómo los planearía?

–Haría cosas, por supuesto; trataría de realizar algunos sueños. Pero creo que la mayor parte del tiempo lo pasaría con mi familia.

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"Encontrémonos en un claro de la historia"

Intercambio epistolar entre Silvio Rodríguez y el escritor exiliado Carlos Alberto Montaner

El cantautor Silvio Rodríguez y el escritor exiliado Carlos Alberto Montaner abren, desde posiciones antagónicas, un inédito intercambio epistolar sobre Cuba

MAITE RICO - Madrid – 09/04/2010

Los dos nacieron en la Cuba de los años cuarenta. Uno escapó de la cárcel en 1961 y, desde el exilio, comenzó una vida de combate al régimen comunista. El otro abrazó la revolución, le puso banda sonora y fue diputado durante 15 años. Todo separaba al escritor Carlos Alberto Montaner, bestia negra del castrismo, y al músico Silvio Rodríguez, icono de la causa. Tuvo que ocurrir la muerte del disidente Orlando Zapata para que los viejos enemigos iniciaran un insólito intercambio epistolar, inimaginable en otros tiempos. Desde las antípodas ideólogicas, ambos coinciden en un punto: la necesidad de mirar al futuro.

Todo comenzó el pasado 30 de marzo, con un texto poético de Silvio Rodríguez aparecido en una web procastrista (Rebelión). El cantautor lanza una serie de preguntas, una de ellas dirigida a Montaner. "Si los miles de cubanos que perdimos familia en atentados de la CIA hiciéramos una carta de denuncia, ¿la firmaría Carlos Alberto Montaner?". El escritor respondió al día siguiente en una carta abierta. "Por supuesto, Silvio, yo firmaría esa denuncia". Tras calificar de "abominables" ciertas actuaciones estadounidenses, incluida la pena de muerte, Montaner le devuelve la pregunta. ¿Firmaría el cantautor una carta de denuncia de los atropellos a los presos políticos y a los disidentes cubanos, una condena "de la censura, el partido único, la persecución por motivos de ideas, creencias o preferencias sexuales? [...] Una carta en la que les dijéramos a los Castro que 51 años es un periodo demasiado prolongado para continuar imponiéndoles a los cubanos un sistema fallido y cruel en el que ya casi nadie cree, comenzando por ti, Silvio". Montaner aboga por que "la oposición democrática y los reformistas del régimen" busquen juntos una salida "a la herencia de los Castro: un manicomio empobrecido y sin ilusión".

Para su sorpresa, el cantante respondió. Algo inusitado, si se tiene en cuenta que el régimen tiene catalogado a Montaner en el apartado de terroristas y agentes del imperialismo. La réplica de Silvio es del 2 de abril, y muy dura. Acusa al escritor de "diseñar una Cuba distorsionada que propagan las monstruosas cadenas".

"¿Te parece poco que, desde que se instauró la revolución, hace ya más de medio siglo, el 20% de la población ha huido a bordo de cualquier cosa? ¿Son falsos los fusilamientos, los maltratos en las cárceles, los actos de repudio?", responde Montaner en una carta del 3 de abril, aún inédita.

Silvio prosigue: "Repartes un odio que ha derribado aviones llenos de inocentes". Es una alusión al atentado contra el vuelo de Cubana de Aviación, perpetrado en 1976 por terroristas cubanos anticastristas, que mató a 73 pasajeros. Previamente, Montaner ha recordado el hundimiento intencionado del remolcador 13 de Marzo, que causó la muerte a 41 personas que trataban de huir de Cuba en 1994, y reprocha al cantante haber guardado silencio.

No son los únicos episodios de la historia cubana que se ponen sobre la mesa. Montaner ha recordado las matanzas de somalíes a manos de las tropas cubanas en la guerra del Ogadén. Rodríguez defiende el sacrificio de los caídos en África, que impulsó el "fin del apartheid". Montaner lamenta la "pérdida inútil" de 3.000 vidas "no en la lucha contra el apartheid", sino por el afán de Castro "de convertirse en líder planetario" y hacer "de la pobre Cuba el peón más agresivo" de la URSS.

Si el cantante esgrime la figura de José Martí, el Apóstol de la independencia cubana, y sus críticas a EE UU, el escritor le recuerda que también "criticó severamente a Marx" y defendió la iniciativa privada. "Como coincido con Martí, y no con Fidel, me parece muy bien que alguien de tu talento haya podido enriquecerse legítimamente, tener propiedades y poseer una próspera empresa de grabaciones (…) Lo que quisiera es que ese privilegio se extienda a todos los cubanos".

"Sigo con más razones para creer en la Revolución que en sus detractores. Si este Gobierno es tan malo, ¿de dónde salió este pueblo tan bueno?", escribe Silvio. "Me parece legítimo que insistas en defender aquello de la revolución que te parezca plausible", responde Montaner, que apuesta por mirar al futuro ("el pasado lo hemos hecho añicos") y construir una "Cuba sin exclusiones". Recuerda al cantante que tienen hijos de la misma generación. "¿No te parece criminal que esos jóvenes estén obligados a suscribir las ideas y prejuicios de unos confusos octogenarios encharcados en el peor dogmatismo?". "Tenemos que encontrarnos en un claro de la historia patria para darnos ese abrazo de reconciliación y cambio que casi todos anhelamos".

La respuesta de Silvio Rodríguez a esta segunda réplica, si se produce, es una incógnita. Pero el cantante se adelantó en una entrevista publicada este martes por el diario argentino Página 12. En ella, Rodríguez insta a "superar la lógica de la guerra fría". "No podemos ser prisioneros eternos de nuestro pasado porque hay más mañana que ayer esperándonos", dice. El cantante se muestra partidario de amnistiar a los "presos que algunos llaman de conciencia". "Mi posición", dice, "es que todos tengamos derecho a la información, a crearnos una opinión de cada cosa y a comentar lo que sea, sin limitaciones".

En la presentación de su más reciente disco en La Habana, Silvio pidió superar "la erre de revolución" y que se imponga la "evolución". Antes que él, otro de los fundadores de la Nueva Trova, Pablo Milanés, había reprochado al Gobierno el trato a los disidentes. Silvio Rodríguez ha insistido en que no se trata de destruir la revolución, sino de "reinventarla". Pero eso no le ha librado de las críticas de la prensa oficial. La edición digital del diario Granma mostró una caricatura de un Silvio envejecido que dice: "Sí, yo cantaba para los pobres… Eso fue antes de que ganara mucho dinero con la canción social". Montaner lo defiende: ambos coincidieron en los años ochenta, en una cena en casa de un amigo común, en Madrid. "Encontré a una persona flexible y crítica. No se parece al sistema que defiende".

Silvio Rodríguez

- El cantautor cubano Silvio Rodríguez (San Antonio de los Baños, 1946) es uno de los iconos de la revolución. Es fundador de la Nueva Trova cubana y fue diputado

durante 15 años.

- En la presentación de su último disco, en marzo, afirmó que "el país pide a gritos una revisión de montones de cosas, de conceptos, hasta de instituciones". En una de sus nuevas canciones llama a "superar la erre de revolución" por "evolución".

Carlos A. Montaner

- El escritor exiliado Carlos Alberto Montaner (La Habana, 1943) es una de las ‘bestias negras’ del castrismo. Apoyó la la revolución en sus inicios, pero después se unió a un movimiento de protesta juvenil y acabó en la cárcel, de donde escapó en 1961.

- Estudió Periodismo en la Universidad de Miami y se trasladó a Madrid en 1970, donde vive desde entonces dedicado a la escritura y a la docencia. Es vicepresidente de la Internacional Liberal.

EL PAIS.COM

Escrito por Eduardo Aquevedo

9 abril, 2010 a 12:18

Críticas al Papa y crisis por abusos sexuales, producto de fuertes luchas internas de la Iglesia?

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Los sufrimientos de Benedicto XVI

iglesia-irlan2 Bernardo Barranco V.

Desde hace más de un año hemos venido advirtiendo, en nuestras colaboraciones,  un creciente deterioro en la conducción pontifical y hemos narrado críticos episodios sucesivos que han venido erosionando la potestad del Papa.

La gestión de Benedicto XVI, justo a cinco años de su asunción, atraviesa su peor momento, uno de los más delicados jamás vividos en la historia moderna del Vaticano. El aluvión de duras acusaciones parece no cesar. El aumento de las denuncias por violencia sexual se ha convertido en un tsunami mediático que pone en cuestión todo el andamiaje y discurso crítico de la Iglesia sobre los valores y prácticas de la sociedad contemporánea, especialmente los sexuales.

Algunas argumentaciones defensivas sobre las agresiones sexuales del clero que tratan de minimizar el daño causado desde el punto de vista cuantitativo y comparativo, sin duda muestran una estrategia errónea que ha provocado mayor indignación, especialmente entre las víctimas. También se ha recurrido al desgastado argumento del complot y las conspiraciones internacionales de judíos neoyorquinos y de masones washingtonianos, que resultan poco convincentes como explicaciones centrales para entender la extensión y alcance mundial de las altas traiciones causadas por depredadores sexuales del clero.

Igualmente, ha provocado indignación la patológica protección sistemática que la estructura eclesiástica ofreció a su clero transgresor hasta tan sólo unos años atrás. Sobre todo esa desesperante actitud a minimizar, acallar, silenciar y amedrentar a las víctimas. Las recriminaciones han llegado a tocar la puerta del propio pontífice.

Los documentos publicados por el New York Times muestran que la Congregación para la Doctrina de la Fe, el poderoso dicasterio que Ratzinger dirigió antes de ser electo Papa, no reaccionó en 1996 con la rapidez ni con la fuerza que ameritaba para iniciar un juicio eclesiástico contra un sacerdote flagrantemente delictivo.

En nuestro medio, por los testimonios directos de Alberto Athié y del fallecido monseñor Carlos Talavera sabemos que desde los años 90 del siglo pasado Joseph Ratzinger contuvo la denuncia contra el fundador de los legionarios de Cristo, argumentando que “lamentablemente el caso de Marcial Maciel no se puede abrir –dijo luego de leer la carta de Athié–, porque es una persona muy querida del papa Juan Pablo II y además ha hecho mucho bien a la Iglesia. Lo lamento, no es posible” (La Jornada, 9/10/97).

A Benedicto XVI le imputan también en su etapa de obispo, y posteriormente como cardenal, haber conocido denuncias de abusos y haber hecho muy poco; sin embargo, en su defensa, el cardenal de Austria, Christoph Schöenborn, declaró a la BBC que fue el propio Juan Pablo II quien frenó una investigación de Ratzinger en los años 90, para evitar escándalos en los casos de abuso de menores dentro de la Iglesia católica y que ponían en evidencia al entonces cardenal de Viena, Hans Hermann Groer. Como sea, sin duda alguna una persona con la trayectoria y cargos ocupados por Ratzinger, lo sitúan con indiscutibles cuotas de responsabilidad; independientemente del conocimiento y rango de autoridad que haya tenido, no queda exento de la cadena siniestra de procedimientos encubridores con que la Iglesia ha manejado estos casos.

Las denuncias contra Benedicto XVI sacuden fuertemente su pontificado porque llegan en un momento de fragilidad particular y después de haber redactado un posicionamiento fuerte y crítico, aunque insuficiente, sobre el tema en el caso de Irlanda. La pregunta se condensa dramáticamente en la siguiente: ¿Siendo parte del problema, Ratzinger podrá ser la solución del mismo? Contra quienes piensan que los adversarios están afuera y son los que manipulan los grandes medios de comunicación, me parece que los enemigos más peligrosos de Benedicto XVI están adentro, en la propia Iglesia.

En estos cinco años, Benedicto XVI ha abierto varios frentes de confrontación y ha recibido fuertes presiones de los sectores fundamentalistas del Vaticano para apurar movimientos que sigan relativizando los alcances obtenidos en el Concilio Vaticano II y seguir alentando las acciones y asociaciones de agrupaciones católicas ultraconservadoras.

No obstante, en el perdón a los lefebvrianos debió enfrentar la oposición y malestar de poderosos episcopados, como el alemán, el austriaco y el francés. El caso Boffo, el distanciamiento del pontífice tras las locas aventuras sexuales del primer ministro italiano, evidenció un preocupante distanciamiento de la Secretaría de Estado con influyentes sectores de obispos italianos, encabezados por el cardenal Ruin, quienes afines al proyecto político conservador de Silvio Berlusconi, han tensado su relación con el pontífice alemán.

Hace un año, el 10 de marzo de 2009, en una inusitada carta dirigida a los obispos de la Iglesia sobre la remisión de la excomunión de obispos lefebvrianos, que desató posturas encontradas y una crisis interna, Benedicto XVI reconoció que la Iglesia vive tiempos turbulentos donde los cristianos “muerden y se devoran (…) Se desencadenó así una avalancha de protestas, cuya amargura mostraba heridas que se remontaban más allá de este momento”.

Víctor Messori, uno de los especialistas consentidos del Vaticano, señala que frente a la pederastia el  dedo acusador de Benedicto XVI no apunta hacia afuera de la Iglesia, sino sólo hacia sus hijos que la han traicionado, lo que lleva a molestias y pone como ejemplo el caso de los legionarios, sentenciando al final resentimientos: Tanto es así que entre los legionarios hay quienes sospechan que el papa Ratzinger está mal aconsejado, o incluso que forma parte de un complot contra la poderosa congregación.

Pareciera que el Papa podría estar en el centro de luchas palaciegas, vendettas y guerras de posicionamiento, como si el pacto intraeclesial que lo llevó al trono se haya fracturado o se esté restructurando. Benedicto XVI ha señalado que se va a mantener, a pesar de las habladurías e intrigas que rodean al Vaticano; sin embargo, la pregunta es: ¿cuánta presión podrá seguir soportando la Iglesia?

http://www.jornada.unam.mx/2010/03/31/index.php?section=opinion&article=016a1pol

Escrito por Eduardo Aquevedo

31 marzo, 2010 a 20:44

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