Archivo para noviembre 22nd, 2011
La partición de Europa: la crisis del euro y las políticas de austeridad…
Alejandro Nadal
¿Suena pesimista el pasaje anterior? Veamos lo que dicen los hechos. La subasta de bonos italianos a diez años la semana pasada tuvo que realizarse a un costo financiero superior a 7 por ciento. A ese tipo de tasas, la deuda italiana que ya se sitúa en 120 por ciento del PIB es absolutamente insustentable. Si en algún momento la tasa descendió a niveles de 6.7 por ciento, eso se debió a la intervención momentánea (y con desgano) del Banco Central Europeo (BCE). Roma debe reunir más de 350 mil millones de euros en los próximos meses y cualquier titubeo del BCE haría disparar el costo de la deuda italiana a niveles realmente intolerables. Como es bien sabido, la deuda italiana está cerca de los 2 billones (castellanos) de euros. Es algo demasiado grande para poder respaldar y rescatar
. Las medidas de austeridad que ahora se acumulan sobre la economía italiana, impuestas por latroika Unión Europea-FMI-BCE profundizarán la recesión y agudizarán la crisis. Roma ha desplazado a Atenas y se encuentra bien instalada en el centro de lo que es la cambiante crisis europea.
Ante el fracaso de la cumbre europea hace dos semanas para fortalecer el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF). El proyecto de utilizar los recursos actuales del Fondo (unos 440 mil millones de euros) como base de apalancamiento para obtener un billón de euros no ha terminado bien. Hoy el FEEF apenas tiene 200 mmde paraayudar
a Italia. Así que lo único que hoy podría hacer frente a la debacle sería una acción decidida del BCE. Pero la clase política en Alemania tiene incorporada en su estructura genética el rechazo a cualquier cosa que se parezca a la emisión de billetes para contrarrestar la fase descendente de un ciclo económico, ya no se diga para entrar al quite en una crisis como la actual. Así que la intervención del BCE no es algo con lo que se pueda contar.
Y si alguien apunta que el BCE ya ha estado interviniendo para apuntalar la deuda de Grecia, Italia y España, hay que señalar que las modalidades de dicha intervención han anulado la eficacia de las medidas adoptadas. Lo primero que hizo el BCE fue anunciar que odiaba profundamente tener que comprar bonos de la deuda griega o italiana y que lo haría por cantidades limitadas y provisionalmente. Con ese desplante le dijo a los inversionistas en el mundo financiero que el BCE tenía total desconfianza de esos bonos, lo que no ayudó nada en las colocaciones de esos bonos. Y ahora que la verdadera magnitud de la crisis se revela ante todos, el BCE ya ha dejado entrever que se acerca el límite de sus intervenciones.
El dogmatismo de la austeridad fiscal terminará por hundir la economía italiana. La restructuración de su deuda no será posible y, de todos modos, no serviría para estimular el crecimiento, generar empleo y aumentar la recaudación. Es decir, Italia está atrapada en un callejón sin salida. Al igual que el caso griego, abandonar el euro se perfila como la única opción.
En ese contexto no sorprende el anuncio de Merkel en Berlín abriendo la posibilidad de una restructuración profunda de la zona euro. Quizás (es lo más probable) está ya pensando en el rompimiento de la zona euro tal y como está armada hoy. Esa reorganización implicaría mantener a unos cuantos países (Alemania, Francia, Holanda) con la moneda común (¿se llamaría el euromark?) mientras los demás recuperarían sus monedas nacionales. Por supuesto, ese cambio implicaría la redenominación de todos los contratos y deudas en las nuevas monedas nacionales y acarrearía pérdidas astronómicas.
Este mensaje es compatible con el que dejó flotando en el ambiente Sarkozy hace unos días sobre la posibilidad de una Europa de dos velocidades
. En el núcleo estarían las economías centrales que mantendrían mayor grado de integración. En la periferia estarían otras economías con vínculos mucho menos fuertes con el las economía nucleares. Todo eso significa que varias economías tendrían que abandonar la euro-moneda.
Estos arreglos requerirían cambios en los tratados medulares de la Unión Europea y eso consumiría años de negociaciones. En un pasaje todavía más desafortunado de su discurso, la Merkel afirmó que una comunidad que sostiene que nunca cambiará sus reglas, independientemente de lo que ocurra en el mundo, es una comunidad que simplemente no puede sobrevivir
. Esta es la señal de que hay que levantar el campamento. La partición de Europa no irá sin una redefinición profunda del paisaje político, quizás con trágicas consecuencias.
Paul Krugman: Leyendas del fracaso (del euro y políticas de austeridad) …
PAUL KRUGMAN
13/11/2011
Así es como acaba el euro: no con un bum, sino con un bunga bunga. Hace no mucho, los dirigentes europeos insistían en que Grecia podía y debía permanecer en el euro mientras pagase sus deudas del todo. Ahora, con Italia despeñándose, resulta difícil ver cómo puede sobrevivir siquiera el euro.
Pero ¿cuál es el significado de la eurodebacle? Como siempre pasa cuando se producen los desastres, los ideólogos se apresuran a afirmar que el desastre confirma sus opiniones. Así que es hora de empezar a desacreditarlos.
Empecemos por lo primero: el intento de crear una moneda común europea fue una de esas ideas que traspasan las fronteras ideológicas habituales. Fue aclamado por la derecha estadounidense, que lo veía como la mejor alternativa al regreso del patrón oro, y por la izquierda británica, que lo veía como un gran paso hacia una Europa socialdemócrata. Pero los conservadores británicos, que también lo veían como un paso hacia una Europa socialdemócrata, se opusieron. Y fue cuestionado por los progresistas estadounidenses, a quienes les preocupaba -con razón, diría yo (pero qué otra cosa iba a decir, ¿no?)- lo que pasaría si los países no pudiesen usar la política monetaria y fiscal para combatir las recesiones.
Así que ahora que el proyecto del euro se está yendo a pique, ¿qué lecciones podemos extraer de ello?
He estado escuchando dos afirmaciones, ambas falsas: que los males de Europa reflejan el fracaso de los Estados de bienestar en general y que la crisis de Europa justifica una austeridad fiscal inmediata en EE UU.
La afirmación de que la crisis de Europa demuestra que el Estado de bienestar no funciona proviene de muchos republicanos. Por ejemplo, Mitt Romney ha acusado al presidente Obama de inspirarse en los "demócratas socialistas" europeos y ha declarado que "Europa no está funcionando en Europa". La idea, se supone, es que los países en crisis tienen problemas porque están siendo aplastados por la carga del elevado gasto público. Pero los hechos dicen otra cosa.
Es cierto que todos los países europeos tienen prestaciones sociales más generosas -entre ellas, la asistencia sanitaria universal- y un gasto público más elevado que los de EE UU. Pero los países que están ahora en crisis no tienen Estados de bienestar más grandes que los de los países a los que les va bien (en todo caso, la correlación es la contraria). Suecia, con sus beneficios célebremente generosos, muestra unos resultados estelares; es uno de los pocos países cuyo PIB es más alto ahora que antes de la crisis. Por otro lado, antes de la crisis, el gasto en programas de bienestar social expresado como porcentaje de la renta nacional era más bajo en todos los países ahora en apuros que en Alemania, por no hablar de Suecia.
Ah, y Canadá, que tiene asistencia sanitaria universal y una ayuda a los pobres mucho más generosa que la de Estados Unidos, ha capeado el temporal de la crisis mejor que nosotros.
La crisis del euro, por tanto, no dice nada sobre la sostenibilidad del Estado de bienestar. ¿Pero supone un argumento a favor de apretarse el cinturón cuando la economía está deprimida?
Escuchamos esa afirmación continuamente. Estados Unidos, nos dicen, haría bien en recortar drásticamente el gasto ya mismo o terminaremos como Grecia o Italia. Una vez más, sin embargo, los hechos cuentan una historia diferente.
Primero, si nos fiamos en el mundo en general, vemos que el gran factor determinante de los tipos de interés no es la magnitud de la deuda pública, sino si un Gobierno obtiene préstamos en su propia moneda. Japón está mucho más profundamente endeudado que Italia, pero el tipo de interés de los bonos japoneses a largo plazo es solo de alrededor del 1%, frente al 7% de Italia. Las perspectivas fiscales de Reino Unido parecen peores que las de España, pero Reino Unido puede adquirir préstamos a poco más del 2%, mientras que España está pagando casi un 6%.
Resulta que lo que ha pasado es que, al adoptar el euro, España e Italia se han rebajado en la práctica a la categoría de países tercermundistas que tienen que solicitar préstamos en monedas de otros, con toda la pérdida de flexibilidad que ello conlleva. En particular, como los países de la eurozona no pueden imprimir dinero ni siquiera en caso de emergencia, están sujetos a interrupciones de la financiación de un modo en que no lo están los países que han conservado su moneda. Y la consecuencia es la que estamos viendo ahora mismo: Estados Unidos, que obtiene préstamos en dólares, no tiene ese problema.
La otra cosa que tienen que saber es que, frente a la actual crisis, la austeridad ha sido un fracaso en todos los lugares donde se ha probado: ningún país con deudas importantes ha conseguido congraciarse con los mercados financieros haciendo recortes drásticos. Por ejemplo, Irlanda es la niña aplicada de Europa, al haber respondido a sus problemas de deuda con una austeridad salvaje que ha disparado la tasa de paro hasta el 14%. Pero el tipo de interés de los bonos irlandeses sigue estando por encima del 8% (peor que el de Italia).
La moraleja de la historia, por tanto, es que hay que desconfiar de los ideólogos que intentan apropiarse de la crisis europea en beneficio de sus programas. Si escuchamos a esos ideólogos, todo lo que conseguiremos es que nuestros problemas -que son diferentes de los de Europa, pero posiblemente igual de graves- empeoren aún más. -
Paul Krugman es profesor de Economía de Princeton y fue premio Nobel en 2008. © 2011 New York Times News Service. Traducción de News Clips.



