Archivo para febrero 19th, 2010
Marx y Minsky frente a la crisis actual…
Alejandro Nadal
Cuando la economía capitalista entra en crisis no es porque una fuerza externa la golpea. Es porque algo no anda bien internamente. Pero ¿qué podría ser ese malestar endógeno?
La pregunta no es trivial: el diagnóstico es clave para determinar las medidas para salir de la emergencia.
Hoy predomina la interpretación de que estamos en una crisis causada por la desregulación del sector financiero, bancario y no bancario. Este debilitamiento de reglas habría generado incentivos perversos a la especulación y la aceptación de riesgos desmedidos.
Por supuesto, cuando reventó la burbuja especulativa los sectores no financieros también se vieron afectados por el colapso en la demanda agregada. Por eso se han aplicado estímulos fiscales para reactivarla. Pero la narrativa oficial es que los sectores no financieros de la economía (agricultura, industria y servicios) iban bien hasta que pegó el coletazo de una crisis que nace en el sector financiero.
Eso es erróneo. Los problemas de la economía real están en la raíz de esta crisis y, mientras no sean encarados, la economía mundial seguirá sufriendo tropiezos y un día llegará una verdadera hecatombe.
En 1992, mientras los economistas oficiales cantaban loas al neoliberalismo, Hyman Minsky elaboraba su teoría sobre la inestabilidad financiera del capitalismo. Según este autor, en épocas de bonanza el optimismo lleva a empresas y familias a sobrestimar el valor de sus activos, a considerar que los buenos tiempos perdurarán y a asumir mayores riesgos.
Esto sucede en cada ciclo de negocios, pero el proceso culmina en un ciclo más largo que acaba por transformar el régimen regulatorio del sector financiero, sus mercados y hasta sus prácticas contables. La erosión de las instituciones que debían controlar la especulación y dar estabilidad termina generando la proliferación de esquemas financieros de alto riesgo, escasas garantías y grandes niveles de apalancamiento.
El modelo Minsky se queda corto. En él no hay cabida para los impulsos que desde el sector real conduzcan a la crisis. Es cierto que en los ciclos de negocios de la economía estadunidense a partir de 1980 los deudores y acreedores tomaron cada vez mayores riesgos y que a lo largo de ese periodo se erosionó el régimen regulatorio. Según esto, la crisis se debe a fenómenos psicológicos y a los incentivos perversos que favorecieron la especulación descontrolada. Los factores estructurales en las esferas (no financieras) de la producción quedan fuera de esta explicación.
En contraste, otras investigaciones revelan que entre 1973-1984 ocurrieron cambios importantes en la economía real de Estados Unidos y otras economías capitalistas. El más importante es que la tasa de ganancia comenzó a reducirse. Aunque hay diferencias entre sectores, los indicadores elaborados con diferentes metodologías no se equivocan: la tasa de ganancia se reduce en Estados Unidos, Alemania, Japón y otros países.
Esa caída en la tasa de ganancia desencadenó una ofensiva en contra de los asalariados desde la década de los setenta. Sindicatos y reglas laborales que habían mantenido una evolución favorable en los salarios y prestaciones fueron atacados en todos los frentes. La globalización neoliberal fue parte de ese ataque, generando fuerzas para deprimir más los salarios.
El resultado fue que los salarios se estancaron y el poder de compra de la clase trabajadora en Estados Unidos se debilitó. El sobrendeudamiento fue lo único que mantuvo el nivel de vida al que aspiraban las clases trabajadoras. Las burbujas especulativas mantuvieron el nivel de la demanda agregada que necesitaba la economía estadunidense.
Frente al descenso en rentabilidad, el capital se refugió en las finanzas. La ofensiva contra los asalariados y la expansión del sector financiero son dos caras de la misma moneda: la caída en la tasa de ganancia, un problema con raíces profundas en la evolución del capitalismo.
Aquí se escucha el eco del análisis de Marx que ha estado a la defensiva desde hace tiempo. El dogmatismo y varias dificultades teóricas, especialmente el llamado problema de la transformación de valores en precios de producción (planteado por Marx en el tomo III de El Capital), frenaron durante años el desarrollo crítico del pensamiento marxista. Hoy cobra fuerza la reflexión de corte marxista sobre la crisis, aunque siga pendiente la solución de varios problemas teóricos importantes.
En estos análisis se articula la evolución del cambio técnico, la competencia intercapitalista y el conflicto por la explotación y la distribución del ingreso en un edificio analítico coherente. Los aportes de Minsky, de la teoría de Keynes, y por supuesto Kalecki, se fusionan bien con estas interpretaciones marxistas. El punto central es que las raíces de la crisis están en la economía real y no sólo en la esfera de las transacciones financieras. La conclusión es clara: la economía de la globalización neoliberal (y no sólo su casino financiero) está mortalmente enferma y sus fundamentos deben modificarse radicalmente.
LA JORNADA.MX
M. Castells, sobre Internet y el capitalismo actual: "El poder está en las mentes"… Entrevista.
Manuel Castells
El sociólogo Manuel Castells, catedrático emérito en Berkeley (California) y director del Internet Interdisciplinary Institute en la UOC (Barcelona), ha dedicado la mayor parte de su obra al estudio de la sociedad de la información, analizando los cambios económicos, sociales y culturales que están transformando el mundo a gran velocidad.
Siempre se ha dicho que la prensa, a la que hoy casi todos ven con un futuro incierto, es el cuarto poder. ¿Lo es? El sociólogo Manuel Castells (Hellín, Albacete, 1942), que aborda esta cuestión en su último libro, titulado Comunicación y poder (Alianza Editorial), analiza durante dos horas esta y otras muchas cuestiones en una conversación mantenida con Magazine.
¿Qué es comunicación y qué es poder?
Comunicación es compartir significado a través del intercambio de información, y poder es la capacidad de algunas personas, organizaciones o instituciones de hacer que otros actúen de forma que favorezca los intereses y los valores de los que tienen el poder.
¿El poder quiere apropiarse de la comunicación?
El poder se ejerce a través de la comunicación. El poder es una relación, no es una cosa, no es un ente. No hay el poder desencarnado, hay gentes, instituciones que establecen una relación de poder, no es que el poder controle la comunicación o los medios de comunicación. Pero se ejerce a través del espacio de la comunicación.
¿Cómo?
El poder, fundamentalmente, tiene dos formas que se suelen combinar. Una, la coacción, el obligar legal o ilegalmente por la posibilidad de ejercer violencia o intimidación. La otra es influir las mentes, influir en lo que pensamos porque determina lo que hacemos. Esto es, el poder está en las mentes. En nuestras sociedades es esta segunda forma de poder la que es decisiva. Todo depende de cómo pensamos, de las señales que recibimos en nuestro cerebro y cómo las procesamos. Y esas señales nos llegan del entorno de comunicación. Los medios de comunicación son el instrumento para organizar ese entorno de comunicación. Quien sea capaz de diseñar y hacer funcionar en un sentido u otro el proceso de comunicación socializado –la comunicación que pueda llegar a todo el mundo¬ tiene una de las claves del poder.
El control de las mentes… puede llegar a ser inquietante. ¿Es algo de lo que pudo ocurrir durante la guerra de Iraq, donde toda una nación respondía en función de un doble mensaje: el miedo al terror y el patriotismo?
Exacto.
Es muy inquietante que alguien pueda controlar los resortes de la mente de un país entero y que pueda conducir a actuar como quiere.
Absolutamente. Pero, claro, se pudo actuar así porque el miedo está ya en nuestras mentes. No es sólo que nos inciten el miedo. Es que si tú has sufrido un atentado terrorista, te han volado el centro de tu ciudad más importante y han muerto 3.000 personas, tienes miedo. Y si luego te dicen que te van a exterminar, envenenar…, pues tienes miedo. Luego hay una manipulación política, claramente documentada ahora, que afecta en parte a los medios de comunicación que reciben y publican historias que no son verdaderas. Esto activa los mecanismos de miedo en la mente de las personas y la posibilidad de ser manipuladas. Pero lo interesante de las sociedades es que los procesos son abiertos; también se pueden activar otros mecanismos: el espíritu crítico, la esperanza, la solidaridad, etcétera. Y como los procesos son abiertos, además del caso de la guerra de Iraq, también podemos señalar otros casos; por ejemplo, que un régimen aparentemente controlado e indestructible como el de los ayatolás en Irán es puesto en cuestión y se tambalea por la movilización espontánea de redes de comunicación a través de internet. Es un movimiento que, obviamente, no derriba un régimen represivo, pero lo pone en cuestión. Por tanto, yo diría que la capacidad de intervenir en las mentes de las personas es extraordinaria en el mundo de la comunicación digital, multimodal y omnipresente.
Dos ejemplos radicalmente diferentes. ¿Qué vale más, el bien por conseguir o el mal que se pueda generar?
Independientemente de la evaluación que podamos hacer, ese es nuestro mundo. Vivimos en ese mundo de comunicación y de redes de poder que se organizan a través de los sistemas de comunicación. Una cuestión es qué podemos pensar y cómo nos podemos situar en ese fenómeno y otra cosa es reconocer el fenómeno, porque hoy por hoy la gente piensa que recibe toda la información y luego decide. Esto es irreal. La neurociencia ha demostrado que trabajamos a partir de emociones y sentimientos. Por ejemplo, hay cinco veces más probabilidad de registrar una información que coincide con lo que ya pensamos que una información que contradice lo que ya pensamos.
El poder vigila a la gente, pero ahora también se le puede vigilar a él.
Sí, pero no el poder, los poderosos: son personas, son organizaciones, no es algo abstracto llamado el poder.
¿Quién tiene el poder? ¿Tiene nombre y apellidos o es algo abstracto?
No, todo es muy concreto, son los que tienen mayor capacidad de intervención en el espacio de la comunicación y a veces son amplias redes espontáneas por móviles o por internet. Por ejemplo, en el caso del 11-M del 2004, en realidad del 12 y 13 de marzo del 2004, quienes cambiaron las relaciones de poder fueron las personas que construyeron y organizaron manifestaciones y protestas espontáneas denunciando lo que ellos percibían como mentira… Tenían más poder que toda la televisión publica, porque cambiaron el sentido del voto. Es un buen ejemplo para mostrar que no es siempre el poder vertical.
¿Es internet una herramienta de apertura y democratización?
De incremento de la libertad, porque no hay que mitificar internet. Internet es una plataforma de comunicación libre y muy difícil de controlar. Pero los usos de la libertad no dependen de internet. Se puede utilizar la libertad para subvertir la libertad. Por ejemplo, la idea de que las empresas mediáticas controlan internet porque poseen YouTube, MySpace, Facebook… en realidad no es tan así, porque las plataformas son de comunicación libre, y si las empresas cortan esa comunicación libre, la gente se va al lado a otra plataforma de comunicación o crean otra nueva. MySpace y YouTube tienen que permitir una gran libertad en el espacio de comunicación porque, si no, pierden usuarios. Se trata de una comercialización de la libertad. Vender posibilidad de comunicación libre. El que la gente sea libre al comunicar no garantiza lo que la gente va a hacer con esa libertad. Uno de los temas más interesantes de internet es que nos obliga a descubrir quiénes somos realmente porque lo que hacemos en internet es lo que realmente la sociedad es. Es nuestro espejo en la historia.
¿Quiénes somos?
En internet hay de todo: gente heroica dispuesta a luchar y morir por la libertad y la solidaridad con los demás y gente dispuesta a organizar una banda racista o una yihad islámica. Somos ángeles y demonios. Y en qué proporción, depende de los momentos. Nadie está libre en un momento dado de ser xenófobo. Nadie es racista, pero cuando te preguntan si te da igual que tu hija se case con un árabe, entonces mucha gente responde que no. En ese sentido, internet tiene un efecto profiláctico porque nos impide mentirnos a nosotros mismos como sociedad, y por eso mucha gente tiene miedo a internet, porque se tiene miedo a sí misma.
Sostiene que el único riesgo de internet somos las personas porque se vive en un mundo superdesarrollado tecnológicamente pero subdesarrollado éticamente. Una tecnología sin ética es muy peligrosa.
Sí, pero lo que pasa es que el genio ha salido de la botella. La tecnología no la vamos a parar ni la vamos a cambiar. Mejor nos reparamos a nosotros mismos. Pero, efectivamente, ha habido un deterioro ético. Ha habido una individualización total de los proyectos personales y una debilitación de las instituciones tradicionales de control social sin que hayan surgido nuevas. No es que yo vaya a defender la familia tradicional, la religión tradicional o el Estado tradicional…, pero todo eso se ha debilitado. La globalización ha debilitado en la práctica el poder de los estados nacionales, el proceso de secularización en nuestro ámbito ha disminuido los controles de una moral religiosa, la crisis del patriarcado en la familia ha hecho que haya una gran inseguridad en las relaciones personales y una ruptura real de la disciplina tranquila y sistemática de los niños y de los jóvenes dentro de la familia. Todas las instituciones que aseguraban una cierta estabilidad han dejado paso a una individualización: yo y el mundo. Yo con las redes que yo me construyo en el mundo.
Hay una quiebra.
Se han roto en cierto modo los lazos comunitarios de las sociedades. En ese sentido, lo que puede ser una ética individual ya no es ética, porque ética es la referencia a unos principios comunes que se aceptan. Esto ha sido amplificado enormemente por un modelo de crecimiento económico y de organización económica que la gente llama capitalismo, pero que yo creo que es insuficiente porque hay muchos tipos de capitalismos. La historia de que el capitalismo en general pervierte los valores éticos es una historia totalmente ideológica, pero lo que sí ocurre es que el tipo de modelo de organización económica que hemos vivido en los últimos 15 o 20 años sí que maximiza la idea de que todo me está permitido con tal de ganar dinero, independientemente de lo que le pase a la empresa. Y a los clientes.
La criminalización de una parte del capitalismo también es fundamental. Se han constituido multinacionales del crimen, en parte ligadas a la descomposición de sistemas como el soviético, en parte ligadas a la reacción en muchos países pobres donde se considera que el único negocio posible es el crimen, la prostitución o la trata de niños. A partir de ahí se genera un todo vale, y si a ese todo vale le enchufamos una tecnología tan potente como es internet, la capacidad de conexión móvil en el mundo entero, una red global de transporte aéreo, una red de comercio marítimo informatizado que comunica todas las economías…, tenemos un problema muy serio. Y esto no se soluciona controlando internet. Primero, porque no se puede controlar, y segundo, porque sería perder el instrumento básico sobre el que funcionan la sociedad de la información y la economía del conocimiento. Sería como intentar controlar los desaguisados del capitalismo o del estatismo soviético cortando la electricidad. El rearme moral tanto de la empresa como de la política es más importante que nunca porque la capacidad tecnológica de desarrollar proyectos potentes es tan enorme que sin un control estamos yendo hacia la desintegración del tejido social.
¿Cuál sería su receta para evitarlo?
Para empezar, se ha hablado muy mal de los gobiernos y de la política, y algo habrán hecho…
LA VANGUARDIA.ES
17/01/2010

