Benedetti: un sitio en la memoria, Angeles Mastretta, J.M. Serrat…
Escrito por: Ángeles Mastretta el 18 May 2009
El breve día en que conocí a Mario Benedetti, era de noche. Lo vi entonces como el hombre bueno, generoso y empeñado en el afán de ser alegre que siempre fue. Nos abrazamos. Él abrazaba tímido y suave. Como si no quisiera lastimar, como si no estuviera seguro de cuán querido podía ser. Debió tener entonces más de setenta y cinco años, se le notaban. Tuvo una vida llena de cansancios. Y con ellos andaba por el mundo, escribiendo canciones. Perseguido, lastimado, sonriente. Qué manera de sonreír, la suya. Podía ser como “como una mujer desnuda y en lo oscuro”, su sonrisa, desbaratando la muerte. Esta bárbara incansable, a la que no vamos a acostumbrarnos nunca, le llegó a él a una edad en que algunos dirían que ya no sorprende. Pero la muerte lastima y sorprende siempre. Como la vida. Mario Benedetti lo sabía bien y bien lo dijo. Por eso fue tan querido, sigue siendo. Yo le agradezco muchas cosas, pero más que ninguna el día, de noche, en que lo conocí entre tanta gente y fue conmigo tan generoso como la claridad con que miraba.*
Música para hoy: Con Serrat, "El sur también existe"
Asterisco: En respuesta a una invitación de Juan Cruz, Mario Benedetti me acompañó a presentar "Mal de amores", en Madrid, una noche abigarrada de emociones. Siempre he pensado que no se lo agradecí suficiente. Pero él decía que sí. Quedamos de vernos, pronto, en Montevideo. ¿Cuando es pronto? A mí se me hace tarde siempre, dejé pasar doce años. Ahora, tendré que ir, a ver si me lo encuentro y caminamos, en la calle, codo a codo.
El gran cronista de los sentimientos
Serrat: "Sus versos eran contagiosos"
El cantautor, que puso música a poemas de Benedetti, recuerda a su amigo
ROSANA TORRES - Madrid – 18/05/2009
"Usted madura y busca / las señas del presente / los ritos del pasado / y hasta el futuro en ciernes / quizá se ha vuelto sabio / irremediablemente / y cuando nada falta / entonces usted muere".
Estos versos del poema Currículum de Mario Benedetti escuchados en la voz de Joan Manuel Serrat cobran a la luz de la muerte del maestro más que nunca un significado especial. "Le conocí primero como poeta, luego como hombre", señala Joan Manuel Serrat, gran conocedor de la obra del poeta, y al que ya hace unos veinticinco años le llamó para comunicarle que quería poner música a los poemas de El sur también existe.
"Me fue muy fácil conectar y trabajar con él y lo que me gustó mucho fue que entendió la diferencia que hay entre un poeta y un escribidor de canciones, técnicamente hablando, y rehizo aquellos versos, para hacer letras de canciones, de una forma muy natural, porque comprendió bien los problemas que puede tener el músico a la hora de crear una canción".
El cantante calificó anoche a su amigo de "hombre muy experimentado". "Me gustaba mucho su curiosidad, su forma de incorporar, mezclar y bajar la poesía a la calle, subirla a un escenario, acercarla a la gente, por eso es un poeta muy transversal".
Serrat dijo al conocer la noticia de la muerte de Benedetti: "Vivo con la pena de perder un amigo que no voy a poder volver a ver, cuando regrese a Montevideo no lo voy a encontrar y estos vacíos que me va creando la vida cada vez son más complicados de sobrellevar, a pesar de que uno entienda muy bien qué camino es éste y que no hay otro".
El compositor y cantante mantuvo una larga y estrecha amistad con Benedetti, al que definió ayer como un hombre "bueno, trabajador, prolífico y un poquito cascarrabias, además de ser probablemente el poeta latinoamericano, no sólo que más se ha vendido, sobre todo que más se ha leído".
A la hora de hablar de qué ha sido Benedetti para la poesía latinoamericana y para la cultura mundial, Serrat guarda silencio: "Aunque esté claro que ha sido fundamental no sé medir algo así, lo que sí sé es lo que ha sido para mí y por encima de cualquier otra cosa ha sido mi amigo, siempre me ha regalado su cariño, su comprensión y su generosidad y ha sido un referente como hombre coherente, solidario y comprometido. Mientras él con sus pies empujaba la vida, también la poesía le empujaba a él, su poesía ha sido un acto de reflexión en voz alta con el que nos ha hecho reflexionar a todos; una poesía que giraba en torno a un mundo cercano plural y compartido". Para el cantante la poesía de Benedetti era sumamente "contagiosa": "Por lo cercana que le resultaba siempre al lector, mejor dicho, que le resulta, porque de ella no hay que hablar en pasado".
PARÉNTESIS, por Mario Benedetti, Montevideo 2008
Acompáñenme a entrar en el paréntesis
que alguien abrió cuando parió mi madre
y permanece aún en los otroras
y en los ahoras y en los puede ser
lo llaman vida si no tiene herrumbre
yo manejo el deseo con mis riendas
mientras trato de construir un río
en sus nubes los pájaros se esconden
no es posible viajar bajo sus alas
lo mejor es abrir el corazón
y llenar el paréntesis con sueños
los pájaros escapan como amores
y como amores vuelven a encontrarnos
son sencillos como las soledades
y repetidos como los insomnios
busco mis cómplices en la frontera
que media entre tu piel y mi pellejo
me oriento hacia el amor sin heroísmo
sin esperanzas pero con memoria
por ahora el paréntesis prosigue
abierto y taciturno como un túnel
CERRAR LOS OJOS, por Mario Benedetti, Montevideo 2008
Cerremos estos ojos para entrar al misterio
el que acude con gozos y desdichas
así / en esta noche provocada
crearemos por fin nuestras propias estrellas
y nuestra hermosa colección de sueños
el pobre mundo seguirá rodando
lejos de nuestros párpados caídos
habrá hurtos abusos fechorías
o sea el espantoso ritmo de las cosas
allá en la calle seguirán los mismos
escaparates de las tentaciones
ah pero nuestros ojos tapados piensan sienten
lo que no pensaron ni sintieron antes
si pasado mañana los abrimos
el corazón acaso de encabrite
así hasta que los párpados
se nos caigan de nuevo
y volvamos al pacto de lo oscuro
PRESAGIOS, por Mario Benedetti, Montevideo 2008
Los presagios nos cercan / nos oprimen
pueden llegar con vivas o con lágrimas
son quizá las propuestas del futuro
que acuden con su estilo mesurado
en la vejez / que nos agarra exhaustos
se le meten a uno entre las canas
y al recibirlos con melancolía
les hacemos un sitio en la memoria
los presagios inspiran desconfianza
mueven sus pétalos agonizantes
y van de a poco fabricando olvidos
heridas del amor con cicatrices
presagios son augurios / vaticinios
se entienden con el alma y con la lluvia
y suelen trabajar sobre seguro
no hay presagio más fiable que la muerte
Una vida que no tiene repuestos
La claridad y su apuesta por las emociones consiguieron que los lectores se identificaran masivamente con la obra del autor de ‘Poemas de la oficina’
JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS - Madrid – 18/05/2009
"La vida es una máquina / para la que no hay respuestas / ni repuestos". Eso dicen unos versos de Máquina, un poema incluido en Testigo de uno mismo, el último libro de Mario Benedetti, publicado pocos días antes de su muerte y lleno, no ya de versos finales sino, como decía él mismo, gran futbolero, de "versos semifinales".
Puede que Benedetti supiera más de repuestos que de respuestas. De hecho, uno de sus muchos primeros trabajos lo consiguió en una empresa de recambios del automóvil. Recaló en ella después de dejar colgado el bachillerato y de pasar por el Liceo Alemán de Montevideo. También después de pasar penurias porque un falso amigo estafó a su padre, químico, vendiéndole una farmacia vacía. Fue en Tacuarembó, la capital del estado al que pertenece Paso de los Toros, el pueblo en el que nació Mario Benedetti en 1920.
En 1945 publicó su primer libro, La víspera indeleble, un poemario que nunca quisó reeditar. Contaba Benedetti que su visión de la lírica cambió al descubrír en Buenos Aires la poesía "sencilla y clara" de Baldomero Fernández Moreno. Hasta entonces, la poesía que se escribía en el Río de la Plata estaba tejida con un léxico de importación: "Los poemas estaban llenos de corzos y gacelas. Animales que aquí no hay", recordaba el autor de Poemas de la oficina (1956).
Puede que éste sea el libro en el que aparece ya madura la voz del Benedetti más conocido: sencilla, irónica, sentimental, como dicha en medio de una conversación. En un tiempo en el que la poesía parecía hecha para ser declamada engolando las esdrújulas en un campo de fútbol, el escritor uruguayo se unía al tono cercano de Nicanor Parra y Ernesto Cardenal. De esa pasta están hechos títulos como Noción de patria (1963), Poemas de otros (1974), Cotidianas (1979) y El olvido está lleno de memoria (1995). Esos libros le valieron en 1999 el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, el más importante del género, pero, sobre todo, le valieron el fervor de un público que se identificaba con poemas amorosos como Corazón coraza, Hagamos un trato o Táctica y estrategia. Las canciones de Daniel Viglietti o Joan Manuel Serrat y un filme como El lado oscuro del corazón, de Eliseo Subiela, no hicieron más que multiplicar la fama del poeta más popular de América Latina después de Neruda.
Además de poesía, Mario Benedetti escribió de todo: artículos de periódico, ensayos, teatro y narrativa. En 1960 publicó La tregua, una novela adaptada para el cine por Sergio Renán que en 1977 optó al Oscar que terminaría llevándose Amarcord.
Su compromiso con la izquierda uruguaya le costó, tras el golpe de Estado de 1973, un exilio que le llevó a Cuba y de allí a España, después de ser expulsado de Perú por un policía que se quedó dormido mientras él hacía las maletas y, de paso, se deshacía de documentos comprometedores. Al despertar sólo acertó a decir: "Por favor, no se lo diga a mis jefes". Mario Benedetti tardó 10 años en volver a Uruguay. Hacía ya tiempo que había escrito que su noción de patria era "la urgencia de decir nosotros".
Obra escogida
- ‘Inventario 1, 2 y 3′. Reúnen parte de su poesía agrupada hasta esas fechas. (Visor, años de publicación; 1990, 1993 y 2003).
- ‘Articulario’. Selección de artículos periodísticos.
La primera parte, Desexilio
y otras conjeturas acoge aquellos textos que se publicaron en EL PAÍS entre 1982 y 1984. Y la segunda, Perplejidades de fin de siglo, entre 1990 y 1993. (Editorial Aguilar-EL PAÍS, 1994).
- ‘Cuentos completos’. Es una recopilación de relatos cortos. (Alfaguara, 1994).
- ‘El ejercicio del criterio’. Este libro es parte de su obra crítica. Conjunto de ensayos publicados entre 1950 y 1994. (Alfaguara, 1995).
- ‘La tregua’. Su novela más emblemática (1960).
- ‘El porvenir de mi pasado’. Son cuentos que escribió entre 2000 y 2003, excepto el titulado Niñoquepiensa, que data de 1956 (Alfaguara, 2003).

