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Archivo para enero 31st, 2009

P. Bourdieu: los intelectuales y la política…

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bourdieu000317 de marzo de 2008

¿Qué pasa con los intelectuales y la política?

Conferencia dictada en la convención de la Asociación de Lenguas Modernas (MLA, Chicago, 1999).


¿Pueden los intelectuales, especialmente aquellos que pertenecen a instituciones académicas intervenir en la esfera política? ¿Deben intervenir en debates políticos? Si respondemos que sí, ¿en qué condiciones pueden insertarse eficazmente? ¿Qué rol pueden jugar los investigadores en los diferentes movimientos sociales tanto a nivel nacional como (y principalmente) a nivel internacional, ya que es ése el espacio en que se decide el destino de los individuos y las sociedades? ¿Pueden contribuir los intelectuales a inventar nuevos mapas que hagan que la política se ajuste a los problemas de nuestra época?

Primero que nada, para evitar malentendidos, debo decir que los investigadores, artistas o escritores que intervienen en el mundo político no se convierten inmediatamente en políticos. Siguiendo el modelo creado por Emile Zola a propósito del caso Dreyfus, los investigadores se vuelven intelectuales o intelectuales públicos cuando invierten su autoridad específica y los valores asociados al ejercicio de su arte en una lucha política… Al invertir la competencia artística o científica en debates cívicos, los intelectuales corren riesgo de desilusionar a otros. Por un lado, pueden desilusionar a aquellos que en su universo académico cerrado eligen el camino virtuoso de permanecer encerrados en la torre de marfil y que ven en el compromiso una violación de la famosa “neutralidad” (erróneamente igualada a objetividad científica cuando es algo inevitable, es decir, un hecho, que el escapismo es siempre imposible).

Por otro lado, pueden desilusionar a aquellos que en el campo del periodismo y la política ven la práctica intelectual como una amenaza a su monopolio sobre la opinión pública… Acusar el anti-intelectualismo no excluye a los intelectuales de la crítica al intelectualismo: todos los intelectuales deben realizar una práctica de auto-crítica. La reflexividad crítica es un prerrequisito de toda acción política de los intelectuales. Estos deben llevar a cabo una crítica permanente de los abusos de poder o de autoridad que se realizan en nombre de la autoridad intelectual; o si se prefiere, deben someterse a sí mismos a la crítica del uso de la autoridad intelectual como arma política dentro del campo intelectual mismo (enseñanza, investigación, etc). Todo académico debe también someter a crítica los prejuicios escolásticos cuya forma más persuasiva es la propensión a tomar como meta una serie de revoluciones de papel. Este impulso generoso pero poco realista ha llevado a muchos intelectuales de mi generación a someterse … a un radicalismo de papel, esto es, la tendencia a confundir las cosas de lógica por la lógica de las cosas…

Habiendo postulado estas notas preliminares, puedo entonces afirmar que los intelectuales (artistas, escritores, científicos, etc. que ingresan a la acción política en base a su competencia en sus áreas de especialización) son indispensables para las luchas sociales, especialmente en el presente dadas las formas que la dominación asume. Trabajos históricos recientes y mucha inercia intelectual, han cumplido un rol fundamental para la producción e imposición de la ideología neoliberal que regula el mundo. A la producción de estos pensamientos reaccionarios debemos oponer la producción de redes críticas que ha convertido a los intelectuales específicos (en el sentido que expone Foucault) en un colectivo intelectual capaz de definirse por sí mismos los temas y fines de sus reflexiones y acciones.

Este colectivo intelectual puede y debe rellenar funciones negativas: debe trabajar para producir y diseminar instrumentos de defensa contra la dominación simbólica que descansa cada vez más en la autoridad de la ciencia. El colectivo-intelectual puede someter al discurso dominante a una crítica sin merced del léxico abstracto (globalización, flexibilidad, empleo) razonando sus usos específicos y metáforas. El colectivo-intelectual debe también someter su discurso a una crítica sociológica que extiende la crítica discursiva y desmantela las determinantes sociológicas que minan al discurso dominante (comenzando con los medios de prensa, y especialmente con los periódicos de economía). Finalmente, pueden contraponer a la autoridad pseudo-científica de los expertos, una crítica científica de los presupuestos escondidos en tales discursos.

Este colectivo puede cumplir una función positiva al contribuir al trabajo colectivo de invención política. Las consecuencias que produjo el colapso de la Unión Soviética en el mundo ha dejado un vacío que la doxa neoliberal ha llenado, y la universidad poco ha contribuido para crear una crítica social… Necesitamos reconstruir una edificio crítico y esta reconstrucción no puede ser hecha por un solo intelectual aislado….

¿Debacle financiera, crisis sistémica ? Respuestas ilusorias y respuestas necesarias, por S. Amin

con un comentario

crisisss1Samir Amin, economista Egipcio

Informe introductivo – Foro Mundial de las Alternativas – Caracas, Octubre 2008

La crisis financiera era inevitable.

No nos cogió desprevenidos la explosión brutal de la actual crisis que además había yo evocado hace unos meses cuando los economistas convencionales se esmeraban en minimizar sus consecuencias, particularmente en Europa. Para entender su génesis, conviene abandonar la definición corriente del capitalismo que se suele definir, hoy día, como “neo-liberal globalizado”. Esta calificación es engañosa y oculta lo esencial.

El sistema capitalista actual es dominado por un puñado de oligopolios que controlan la toma de decisiones fundamentales en la economía mundial. Unos oligopolios que no sólo son financieros, constituidos por bancos o compañías de seguros, sino que son grupos que actúan en la producción industrial, en los servicios, en los transportes, etc. Su característica principal es su financiarización. Con eso conviene comprender que el centro de gravedad de la decisión económica ha sido transferido de la producción de plusvalía en los sectores productivos hacia la redistribución de provechos ocasionados por los productos derivados de las inversiones financieras. Es una estrategia perseguida deliberadamente no por los bancos sino por los grupos “financiarizados”. Más aún, estos oligopolios no producen provechos, sencillamente se apoderan de una renta de monopolio mediante inversiones financieras.

Este sistema es sumamente provechoso para los segmentos dominantes del capital. Luego no estamos en presencia de una economía de mercado, como se suele decir, sino de un capitalismo de oligopolios financiarizados. Sin embargo, la huida hacia delante en las inversiones financieras no podía durar eternamente cuando la base productiva sólo crecía con una tasa débil. Eso no resultaba sostenible. De allí la llamada “burbuja financiera” que traduce la lógica del sistema de inversiones financieras.

El volumen de las transacciones financieras es del orden de dos mil trillones de dólares cuando la base productiva, el PIB mundial, sólo es de unos 44 trillones de dólares. Un gigantesco múltiple. Hace treinta años, el volumen relativo de las transacciones financieras no tenía ese tamaño. Esas transacciones se destinaban entonces principalmente a la cobertura de las operaciones directamente exigidas por la producción y por el comercio nacional e internacional. La dimensión financiera de ese sistema de los oligopolios finaciarizados era – ya lo dije – el talón de Aquiles del conjunto capitalista. La crisis debía pues estallar por una debacle financiera.

Detrás de la crisis financiera, la crisis sistémica del capitalismo aviejado.

Pero no basta con llamar la atención sobre la debacle financiera. Detrás de ella se esboza una crisis de la economía real ya que la actual deriva financiera misma va a asfixiar el desarrollo de la base productiva. Las soluciones aportadas a la crisis financiera sólo pueden desembocar en una crisis de la economía real, esto es una estagnación relativa de la producción y lo que ella va a acarrear : regresión de los ingresos de los trabajadores, aumento del paro laboral, alza de la precariedad y empeoramiento de la pobreza en los países del Sur. En adelante debemos hablar de depresión y ya no de recesión.

Y detrás de esta crisis se perfila a su vez la verdadera crisis estructural sistémica del capitalismo. La continuación del modelo de desarrollo de la economía real tal y como lo venimos conociendo así como el del consumo que le va emparejado, se ha vuelto, por primera vez en la historia, una verdadera amenaza para el porvenir de la humanidad y el del planeta.

La dimensión mayor de esta crisis sistémica concierne el acceso a los recursos naturales del planeta que se han vuelto muchísimo más escasos que hace medio siglo. El conflicto Norte/Sur constituye por lo tanto el eje central de las luchas y conflictos por venir.

El sistema de producción y de consumo/despilfarro existente hace imposible el acceso a los recursos naturales del globo para la mayoría de los habitantes del planeta, para los pueblos de los países del Sur. Antaño, un país emergente podía retener su parte de esos recursos sin amenazar los privilegios de los países riscos. Pero hoy día ya no es el caso. La población de los países opulentos – el 15% de la población del planeta – acapara para su propio consumo y despilfarro el 85 % de los recursos del globo y no puede consentir que unos recién llegados accedan a estos recursos ya que provocarían graves penurias que pondrían en peligro los niveles de vida de los ricos.

Si los Estados unidos se han fijado como objetivo el control militar del planeta es porque saben que sin ese control no pueden cerciorarse del acceso exclusive a esos recursos. Como bien se sabe, China, la India y el Sur en su conjunto también necesitan esos recursos para su desarrollo. Para los Estados Unidos se trata imperativamente de limitar ese acceso y, en último recurso, sólo existe un medio : la guerra.

Por otra parte, para ahorrar las fuentes de energía de origen fósil, los Estados Unidos, Europa y otras naciones desarrollan proyectos de producción de agro-carburantes en gran escala, en detrimento de la producción de víveres cuyos precios en alza los azotan.

Las respuestas ilusorias de los poderes vigentes.

Los poderes vigentes, al servicio de los oligopolios financieros, no tienen otro proyecto sino el de volver a poner de pie este mismo sistema. Esas intervenciones de los Estados ¿ qué son sino las que les manda la misma oligarquía ? Sin embargo no es imposible el éxito de esta puesta de pie si las infusiones de medios financieros resultan suficientes y si las reacciones de las víctimas – las clases populares y las naciones del Sur – no dejan de ser limitadas. Pero en este caso el sistema sólo retrocede para mejor saltar y una nueva debacle financiera, aún más tremenda, será ineludible ya que las “adaptaciones” previstas para la gestión de los mercados financieros y monetarios resultan ampliamente insuficientes puesto que no ponen en tela de juicio el poder de los oligopolios.

Por otra parte, resultan divertidísimas estas respuestas a la crisis financiera mediante la inyección de fondos públicos astronómicos para restablecer la seguridad de los mercados financieros : privatizados ya los provechos, en cuanto resultan amenazadas las inversiones financieras se socializan las pérdidas. ¡ Cara: gano yo, cruz: tú pierdes !

Las condiciones de una respuesta positiva a los desafíos.

No basta con decir que las intervenciones de los Estados pueden modificar las reglas del juego, atenuar las derivas. También es necesario definir sus lógicas y sus impactos sociales. Desde luego, en teoría, se podría volver a fórmulas de asociación de los sectores públicos y privados, fórmulas de economía mixta como ocurrió durante los “treinta años gloriosos” (los años 1945/1975) en Europa y durante la era de Bandung, en Asia y en África, cuando el capitalismo de Estado dominaba ampliamente, acompañado por políticas sociales fuertes. Pero este tipo de intervención del Estado no está a la orden del día. Y ¿ están las fuerzas sociales progresistas en medida de imponer una transformación de esta amplitud ? Todavía no, opino yo.

La verdadera alternativa pasa por el derrocamiento del poder exclusivo de los oligopolios, el cual es inconcebible sin, finalmente, su nacionalización democrática progresiva. ¿ Fin del capitalismo ? No lo creo. Creo en cambio que son posibles unas nuevas configuraciones de las relaciones de fuerzas sociales que impongan al capital a ajustarse, él, a las reivindicaciones de las clases populares y de los pueblos. A condición que las luchas sociales todavía fragmentadas y a la defensiva, en su conjunto, consigan cristalizarse en una alternativa política coherente. Con esta perspectiva, resulta posible el comienzo de una larga transición del capitalismo al socialismo. Los avances en esta dirección, claro está, siempre serán desiguales de un país a otro y de una fase de su despliegue a otra.

Las dimensiones de la alternativa deseable y posible son múltiples y conciernen todos los aspectos de la vida económica, social, política. Evocaré a continuación las grandes líneas de esta respuesta necesaria.

1) – La reinvención por los trabajadores de organizaciones apropiadas que hagan posible la construcción de su unidad con el fin de trascender su dispersión asociada a las formas de explotación vigente (paro laboral, precariedad, informalidad)

2) – La perspectiva es la de un despertar de la teoría y de la práctica de la democracia asociada al progreso social y al respeto de la soberanía de los pueblos y no disociada de éstos.

3) – Liberarse del virus liberal fundado en el mito del individuo que ya pasó a ser tema histórico. Los rechazos frecuentes de los modos de vida asociados al capitalismo (múltiples enajenaciones, consumerismo y destrucción del planeta) señalan la posibilidad de esta emancipación.

4) – Liberarse del atlantismo y del militarismo que le está asociado, ambos destinados a hacer aceptar la perspectiva de un planeta organizado sobre la base del apartheid a escala mundial.

En los países del Norte el desafío implica que la opinión general no se deje encerrar en un consenso de defensa de sus privilegios con respeto a los pueblos del Sur. El internacionalismo necesario pasa por el antiimperialismo, no por el humanitarismo.

En los países del Sur, la estrategia de los oligopolios mundiales lleva consigo el hacer recaer el peso de la crisis sobre sus pueblos (desvalorización de sus reservas de cambio, baja de los precios de las materias primas exportadas y alza de los precios de los productos importados). La crisis ofrece la ocasión del renacimiento de un desarrollo nacional, popular y democrático autocentrado, que someta las relaciones con el Norte a sus exigencias, esto es la desconexión. Lo cual implica:

a) El dominio nacional de los mercados monetarios y financieros

b) El dominio de las tecnologías modernas en adelante posible,

c) La recuperación del uso de los recursos naturales,

d) La derrota de la gestión mundializada dominada por los oligopolios (la OMC) y la del control militar del planeta por los Estados Unidos y sus aliados,

e) Liberarse de las ilusiones de un capitalismo nacional autónomo en el sistema y de los mitos pasadistas.

f) La cuestión agraria, en efecto, está en el centro de las opciones por venir en los países del tercer mundo. Un desarrollo digno de así llamarse exige una estrategia política agrícola fundada sobre la garantía del acceso a la tierra para todos los campesinos (la mitad de la humanidad). En contrapunto, las fórmulas preconizadas por los poderes dominantes – acelerar la privatización de la tierra agrícola y transformar la tierra agrícola en mercancía – llevan consigo el éxodo rural masivo que bien venimos conociendo. Como el desarrollo industrial de los países concernidos no puede absorber a esta mano de obra surabundante, ésta se amasa en las barriadas o se deja tentar por las aventuras trágicas de una huida en balsa por el Atlántico. Existe una relación directa entre la supresión de la garantía del acceso a la tierra y el acrecentamiento de las presiones migratorias.

g) La integración regional, al favorecer el surgimiento de nuevos polos de desarrollo, ¿ puede constituir una forma de resistencia y de alternativa ? La regionalización es necesaria, tal vez no para gigantes como China y la India o incluso para Brasil, pero seguramente sí para otras muchas regiones, en Asia del sur-este, en África o en América Latina. Este continente está un poco en avance en este dominio. Venezuela, oportunamente, ha tomado la iniciativa de crear el Alba (Alternativa bolivariana para América Latina y el Caribe) y el Banco del Sur (Bancosur), incluso antes de la crisis. Pero el Alba – un proyecto de integración económica y política – todavía no ha recibido la adhesión de Brasil ni la de Argentina. En cambio, el Bancosur, supuesto promover otra forma de desarrollo, asocia igualmente a estos dos países pese a que, hasta hoy, sigan teniendo una concepción convencional del papel que ha de desempeñar un banco.

Avances en esas direcciones, al Norte así como al Sur, bases del internacionalismo de los trabajadores y de los pueblos, constituyen las únicas garantías de la reconstrucción de un mundo mejor, multipolar y democrático, única alternativa a la barbarie del capitalismo alicaído.

Más que nunca la lucha por el socialismo del siglo 21 está a la orden del día.

Traducido por Manuel Colinas para Investig’Action – www.michelcollon.info

www.redescristianas.net

P. Krugman: la catástrofe económica y social que se avecina en EE.UU…

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k1 “La catástrofe económica se convertirá en una catástrofe en la salud pública”.

El Nobel de Economía publicó en el periódico The New York Times un artículo acerca de las consecuencias de la crisis norteamericana y aseguró que “millones perderán sus seguros de salud junto con sus empleos y, por consiguiente, cualquier acceso a tratamientos médicos esenciales”.

Por Paul Rubin Krugman(*)

El mundo ha entrado en recesión. Pero los Estados Unidos de América son el único país desarrollado en el que la catástrofe económica se convertirá también en una catástrofe en materia de salud pública, ya que millones perderán sus seguros de salud junto con sus empleos y por consiguiente, cualquier acceso a tratamientos médicos esenciales.

Esta situación plantea un interrogante: ¿Por qué la Administración (del presidente Barack Hussein) Obama ha guardado silencio, al menos hasta ahora, sobre una de las promesas principales de campaña del nuevo presidente, la de garantizar atención médica a todos los estadounidenses?

Ocupémonos de la magnitud del desastre que se avecina. Casi todos los pronósticos económicos, incluyendo los provenientes de los especialistas del equipo presidencial, aseguran que nos encaminamos a un perìodo de desempleo sumamente elevado. Y un alto nivel de desocupación implica un fuerte crecimiento en el número de estadounidenses que no tendràn cobertura de salud.

Después que la economía trastabilló a comienzos de esta década, cinco millones de personas se sumaron al sector de desprotegidos en materia de seguros de salud, y ello ocurría cuando la tasa de desempleo alcanzaba solamente el 6,3%. Esta vez el gobierno de Obama admite que aun con sus programas de estímulo, la desocupación llegará al 8%, y que se mantendrá por encima del 6% hasta el año 2012. Algunos pronósticos independientes son todavía más pesimistas.

¿Por qué, entonces, no escuchamos hablar más de ampliar el acceso a la atenciòn de la salud?

Es posible que quienes nos preocupamos por este problema estemos malinterpretando el silencio del gobierno. Pero permítaseme aventurar tres hipótesis acerca de los argumentos que estaría recibiendo el señor Obama para no avanzar hacia una ampliación de la cobertura de salud, y explicar por qué carecen de fundamento.

En primer lugar, hay quienes sostienen que una expansión màs amplia del seguro de salud sería actualmente demasiado onerosa, teniendo en cuenta las enormes sumas que están por destinarse al salvataje de la economía. Sin embargo investigaciones encomendadas por el Commonwealth Fund indican que lograr lan cobertura universal en consonancia con la propuesta de campaña de Barack Obama agregaría “solamente” 104.000 millones de dólares estadounidenses a los gastos federales en 2010.

Es una cantidad nada despreciable, por supuesto, pero que no puede compararse con las deducciones de impuestos contemplados en los planes de estímulo económico de Obama.

Es indudable que la atención de salud universal se convertirà en un gasto en expansión, que se adentrará en el futuro. Pero ello siempre ha sido así y el señor Obama ha sostenido que su programa de salud era sustentable. Las erogaciones temporarias de sus planes de estìmulo no deberían modificar este cálculo.

En segundo lugar, algunos integrantes del círculo del señor Obama podrìan estar argumentando que la reforma en la salud no resulta una prioridad actual, en vista de la crisis económica.

Sin embargo ayudar a las familias a contratar seguros de salud como parte de un plan de cobertura universal, sería una forma tan efectiva de estimular la economía como las rebajas de impuestos, que representan casi un tercio del programa de estímulo, y tendría la ventaja adicional de ayudar directamente a las familias a capear la crisis, eliminando ua de las causas fundamentales de la actual angustia de los estadounidenses.

Finalmente, y sospecho que aquì reside el motivo principal del silencio del nuevo gobierno, tenemos el argumento político de que es un mal momento para estar insistiendo en un plan de salud, debido a que la atención nacional está centrada en la crisis económica. Pero si la historia puede servirnos de orientación, este argumento resulta falso.

No se tome mi palabra como única prueba. El jefe de gabinete de la Casa Blanca (sede del ejecutivo), Rahm Emanuel, afirmó que “nadie quiere que una crisis grave termine en el canasto”. En verdad, Franklin Delano Roosevelt pudo establecer la Seguridad Social en parte debido a que la Gran Depresión puso en evidencia la necesidad de una red de seguridad social más poderosa .La actual crisis ofrece una buena oportunidad para ir rellenando los huecos que quedan en esa red social, especialmente en materia de salud pública.

Y seguramente el señor Obama no quiere repetir los errores de Bill Clinton, cuyo programa de seguridad social fracasó políticamente en parte porque el ex presidente actuó con demasiada lentitud: cuando su gobierno estaba listo para someter la legislaciòn al Congreso, la economía había comenzado a recuperarse y desaparecìa la sensaciòn de urgencia.

Algo más. Un clima de ira populista crece en el paìs, a medida que los estadounidenses ven cómo los banqueros obtienen suculentas indemnizaciones por despido mientras los ciudadanos ordinarios padecen.

Estoy de acuerdo con los funcionarios del gobierno que sostienen la necesidad de estas “indemnizaciones” (aunque tengo problemas con las cifras concretas). Pero tambièn concuerdo con Barney Frank, presidente del Comitè de Servicios Financieros de la Cámara de Representantes, quien sostiene que, tanto por motivos de necesidad política como de justicia social, la ayuda a los banqueros debe estar relacionada con el fortalecimiento de la red de seguridad social, de modo que los estadounidenses comprueben que su gobierno está dispuesto a ayudar a todos, no solamente a los ricos y poderosos.

La conclusiòn final por lo tanto, es de que no es momento de olvidar silenciosamente las promesas de campaña sobre atenciòn de salud garantizada. Es, en cambio, el momento para impulsar con fuerza el tema de la atención universal. ¡Seguro de salud, ahora!.

(x) Economista estadounidense. Premio Nobel de Economía 2008. Editada por el diario “The New York Times”, de New York, Estados Unidos de América.

www.telam.com.ar

La crisis económica en EE.UU: “El sueño americano al revés”

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crisis2008EL PRODUCTO BRUTO ESTADOUNIDENSE SE CONTRAJO 3,8 POR CIENTO EN EL CUARTO TRIMESTRE DE 2008.

Es la caída más importante desde 1982 y se suma al retroceso de 0,5 por ciento registrado en el tercer trimestre. El presidente Barack Obama aseguró que el dato es una “catástrofe para las familias estadounidenses”

Por Fernando Krakowiak

El producto interno bruto de Estados Unidos se contrajo 3,8 por ciento en el cuarto trimestre de 2008, respecto del mismo período del año anterior, según informó ayer el Departamento de Comercio de ese país. Es la caída más importante desde 1982 (-6,4 por ciento) y se suma al retroceso de 0,5 por ciento registrado en el tercer trimestre. Además, los despidos anunciados por las principales multinacionales durante los últimos días evidencian que la crisis aún no encuentra su piso. “No es sólo un dato económico. Es una catástrofe para las familias estadounidenses. Es como el sueño americano al revés”, aseguró ayer el presidente Barack Obama, quien volvió a presionar para que el Congreso apruebe su millonario plan de estímulo a la demanda. La cifra impactó negativamente en Wall Street donde el Dow Jones cayó 1,8 por ciento y el Nasdaq 2,1 por ciento.

El mal resultado del último trimestre se debió fundamentalmente a la caída de 3,5 por ciento en el consumo, que representa las dos terceras partes de la actividad económica. El mayor impacto se notó en la demanda de bienes duraderos, como automóviles y muebles, que se desplomó un 22,4 por ciento. En respuesta, las empresas redujeron sus inversiones 19,1 por ciento. Otros datos significativos fueron la baja de 19,7 por ciento en las exportaciones y de 15,7 por ciento en las importaciones. Pese a ello, el producto igual creció 1,3 por ciento en 2008.

La contracción de 3,8 por ciento en el último trimestre decreta formalmente la recesión en Estados Unidos, al acumular dos trimestres consecutivos en rojo. Sin embargo, el Comité de Ciclos de Negocios del Bureau de Análisis Económicos declaró a fines del año pasado que la recesión había comenzado en diciembre de 2007 debido al deterioro de varios indicadores clave, como empleo, ingresos y poder adquisitivo.

La mayoría de los analistas había pronosticado que la caída iba a ser de 5,4 por ciento y ayer explicaron que eso no fue así por la acumulación de inventarios por parte de las empresas que, pese a la virulencia de la crisis, no cancelaron sus pedidos. De hecho, las ventas finales –indicador que se calcula tomando el PIB y restándole los inventarios– cayeron 5,1 por ciento. Se estima que esto no volverá a ocurrir. Por lo tanto, la caída del producto en el primer trimestre de este año podría ser mayor aún.

En la Casa Blanca consideraron que la contracción del producto refleja la gravedad de la situación y volvieron a presionar para que el Congreso apruebe el plan diseñado de reactivación económica. “Este fuerte declive muestra que los problemas que empezaron en los sistemas inmobiliario y financiero se extendieron a todos los sectores de la economía. Es fundamental actuar inmediatamente para dar respaldo al sistema financiero y a la demanda general”, aseguró Christina D. Romer, consejera económica de Obama, apenas se conoció el dato.

El plan, que esta semana fue aprobado por la cámara de Representantes y está aún pendiente de aprobación en el Senado, prevé el desembolso de 819.000 millones de dólares. Cerca de 275.000 millones se destinarían a recortes de impuestos y el resto a inversiones en infraestructura y energía. Además, Obama anunció la creación de un grupo de trabajo, encabezado por el vicepresidente, Joe Biden, que se encargará de proponer medidas para favorecer la situación de la clase media. Otra novedad fue la promesa de revertir las acciones que llevó adelante el gobierno de George W. Bush para debilitar a los sindicatos. “No creo que el movimiento sindical sea parte del problema. Para mí es parte de la solución”, declaró al firmar una serie de decretos que dejan sin efecto algunas de las restricciones impuestas por Bush. “Sabemos que no podemos tener una clase media vigorosa sin un movimiento sindical vigoroso. Sabemos que sindicatos fuertes, dinámicos y prósperos pueden convivir con empresas fuertes, dinámicas y prósperas”, concluyó.

fkrakowiak@pagina12.com.ar

 

SU INDUSTRIA CAYO 9,6 POR CIENTO

Japón en el tobogán

Japón, la segunda economía del planeta, anunció ayer que en diciembre su producción industrial cayó 9,6 por ciento y el consumo 4,6 por ciento, mientras que el desempleo trepó a 4,4 por ciento, el mayor nivel de los últimos tres años. “El problema es muy serio”, reconoció el ministro japonés de Economía, Kaoru Yosano. “Es imposible predecir cuándo la economía se recuperará, porque el problema no es sólo nacional sino global”, declaró. Los analistas afirman que la economía nipona está atravesando su peor crisis desde 1974, lo cual aparece confirmado por los malos resultados de sus empresas.

Hitachi anunció ayer el despido de 7 mil trabajadores en sus secciones electrónicas debido a la crisis, que le ha hecho prever una pérdida anual neta de 7830 millones de dólares. La firma informó que ha constatado “un descomunal descenso de la demanda a partir del mes de noviembre” en numerosas actividades (compuestos y materiales electrónicos, telecomunicaciones, equipamiento para automóviles, materiales, etcétera.).

Otro de los afectados es el gigante electrónico NEC, que echará 20 mil empleados gradualmente hasta marzo de 2010 para poder afrontar una pérdida estimada de 3200 millones de dólares. La segunda aerolínea nipona, All Nippon Airways (ANA), también prevé registrar pérdidas durante este año y Honda Motor dijo haber sufrido una caída del 89 por ciento de sus beneficios netos en el tercer trimestre fiscal. El segundo banco del archipiélago, Mizuho Financial Group, anunció pérdidas por 565 millones de dólares en los últimos nueve meses de 2008.

Página/12

 

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