Archivo para enero 2009
P. Bourdieu: los intelectuales y la política…
17 de marzo de 2008
¿Qué pasa con los intelectuales y la política?
Conferencia dictada en la convención de la Asociación de Lenguas Modernas (MLA, Chicago, 1999).
¿Pueden los intelectuales, especialmente aquellos que pertenecen a instituciones académicas intervenir en la esfera política? ¿Deben intervenir en debates políticos? Si respondemos que sí, ¿en qué condiciones pueden insertarse eficazmente? ¿Qué rol pueden jugar los investigadores en los diferentes movimientos sociales tanto a nivel nacional como (y principalmente) a nivel internacional, ya que es ése el espacio en que se decide el destino de los individuos y las sociedades? ¿Pueden contribuir los intelectuales a inventar nuevos mapas que hagan que la política se ajuste a los problemas de nuestra época?
Primero que nada, para evitar malentendidos, debo decir que los investigadores, artistas o escritores que intervienen en el mundo político no se convierten inmediatamente en políticos. Siguiendo el modelo creado por Emile Zola a propósito del caso Dreyfus, los investigadores se vuelven intelectuales o intelectuales públicos cuando invierten su autoridad específica y los valores asociados al ejercicio de su arte en una lucha política… Al invertir la competencia artística o científica en debates cívicos, los intelectuales corren riesgo de desilusionar a otros. Por un lado, pueden desilusionar a aquellos que en su universo académico cerrado eligen el camino virtuoso de permanecer encerrados en la torre de marfil y que ven en el compromiso una violación de la famosa “neutralidad” (erróneamente igualada a objetividad científica cuando es algo inevitable, es decir, un hecho, que el escapismo es siempre imposible).
Por otro lado, pueden desilusionar a aquellos que en el campo del periodismo y la política ven la práctica intelectual como una amenaza a su monopolio sobre la opinión pública… Acusar el anti-intelectualismo no excluye a los intelectuales de la crítica al intelectualismo: todos los intelectuales deben realizar una práctica de auto-crítica. La reflexividad crítica es un prerrequisito de toda acción política de los intelectuales. Estos deben llevar a cabo una crítica permanente de los abusos de poder o de autoridad que se realizan en nombre de la autoridad intelectual; o si se prefiere, deben someterse a sí mismos a la crítica del uso de la autoridad intelectual como arma política dentro del campo intelectual mismo (enseñanza, investigación, etc). Todo académico debe también someter a crítica los prejuicios escolásticos cuya forma más persuasiva es la propensión a tomar como meta una serie de revoluciones de papel. Este impulso generoso pero poco realista ha llevado a muchos intelectuales de mi generación a someterse … a un radicalismo de papel, esto es, la tendencia a confundir las cosas de lógica por la lógica de las cosas…
Habiendo postulado estas notas preliminares, puedo entonces afirmar que los intelectuales (artistas, escritores, científicos, etc. que ingresan a la acción política en base a su competencia en sus áreas de especialización) son indispensables para las luchas sociales, especialmente en el presente dadas las formas que la dominación asume. Trabajos históricos recientes y mucha inercia intelectual, han cumplido un rol fundamental para la producción e imposición de la ideología neoliberal que regula el mundo. A la producción de estos pensamientos reaccionarios debemos oponer la producción de redes críticas que ha convertido a los intelectuales específicos (en el sentido que expone Foucault) en un colectivo intelectual capaz de definirse por sí mismos los temas y fines de sus reflexiones y acciones.
Este colectivo intelectual puede y debe rellenar funciones negativas: debe trabajar para producir y diseminar instrumentos de defensa contra la dominación simbólica que descansa cada vez más en la autoridad de la ciencia. El colectivo-intelectual puede someter al discurso dominante a una crítica sin merced del léxico abstracto (globalización, flexibilidad, empleo) razonando sus usos específicos y metáforas. El colectivo-intelectual debe también someter su discurso a una crítica sociológica que extiende la crítica discursiva y desmantela las determinantes sociológicas que minan al discurso dominante (comenzando con los medios de prensa, y especialmente con los periódicos de economía). Finalmente, pueden contraponer a la autoridad pseudo-científica de los expertos, una crítica científica de los presupuestos escondidos en tales discursos.
Este colectivo puede cumplir una función positiva al contribuir al trabajo colectivo de invención política. Las consecuencias que produjo el colapso de la Unión Soviética en el mundo ha dejado un vacío que la doxa neoliberal ha llenado, y la universidad poco ha contribuido para crear una crítica social… Necesitamos reconstruir una edificio crítico y esta reconstrucción no puede ser hecha por un solo intelectual aislado….
¿Debacle financiera, crisis sistémica ? Respuestas ilusorias y respuestas necesarias, por S. Amin
Samir Amin, economista Egipcio
Informe introductivo – Foro Mundial de las Alternativas – Caracas, Octubre 2008
La crisis financiera era inevitable.
No nos cogió desprevenidos la explosión brutal de la actual crisis que además había yo evocado hace unos meses cuando los economistas convencionales se esmeraban en minimizar sus consecuencias, particularmente en Europa. Para entender su génesis, conviene abandonar la definición corriente del capitalismo que se suele definir, hoy día, como “neo-liberal globalizado”. Esta calificación es engañosa y oculta lo esencial.
El sistema capitalista actual es dominado por un puñado de oligopolios que controlan la toma de decisiones fundamentales en la economía mundial. Unos oligopolios que no sólo son financieros, constituidos por bancos o compañías de seguros, sino que son grupos que actúan en la producción industrial, en los servicios, en los transportes, etc. Su característica principal es su financiarización. Con eso conviene comprender que el centro de gravedad de la decisión económica ha sido transferido de la producción de plusvalía en los sectores productivos hacia la redistribución de provechos ocasionados por los productos derivados de las inversiones financieras. Es una estrategia perseguida deliberadamente no por los bancos sino por los grupos “financiarizados”. Más aún, estos oligopolios no producen provechos, sencillamente se apoderan de una renta de monopolio mediante inversiones financieras.
Este sistema es sumamente provechoso para los segmentos dominantes del capital. Luego no estamos en presencia de una economía de mercado, como se suele decir, sino de un capitalismo de oligopolios financiarizados. Sin embargo, la huida hacia delante en las inversiones financieras no podía durar eternamente cuando la base productiva sólo crecía con una tasa débil. Eso no resultaba sostenible. De allí la llamada “burbuja financiera” que traduce la lógica del sistema de inversiones financieras.
El volumen de las transacciones financieras es del orden de dos mil trillones de dólares cuando la base productiva, el PIB mundial, sólo es de unos 44 trillones de dólares. Un gigantesco múltiple. Hace treinta años, el volumen relativo de las transacciones financieras no tenía ese tamaño. Esas transacciones se destinaban entonces principalmente a la cobertura de las operaciones directamente exigidas por la producción y por el comercio nacional e internacional. La dimensión financiera de ese sistema de los oligopolios finaciarizados era – ya lo dije – el talón de Aquiles del conjunto capitalista. La crisis debía pues estallar por una debacle financiera.
Detrás de la crisis financiera, la crisis sistémica del capitalismo aviejado.
Pero no basta con llamar la atención sobre la debacle financiera. Detrás de ella se esboza una crisis de la economía real ya que la actual deriva financiera misma va a asfixiar el desarrollo de la base productiva. Las soluciones aportadas a la crisis financiera sólo pueden desembocar en una crisis de la economía real, esto es una estagnación relativa de la producción y lo que ella va a acarrear : regresión de los ingresos de los trabajadores, aumento del paro laboral, alza de la precariedad y empeoramiento de la pobreza en los países del Sur. En adelante debemos hablar de depresión y ya no de recesión.
Y detrás de esta crisis se perfila a su vez la verdadera crisis estructural sistémica del capitalismo. La continuación del modelo de desarrollo de la economía real tal y como lo venimos conociendo así como el del consumo que le va emparejado, se ha vuelto, por primera vez en la historia, una verdadera amenaza para el porvenir de la humanidad y el del planeta.
La dimensión mayor de esta crisis sistémica concierne el acceso a los recursos naturales del planeta que se han vuelto muchísimo más escasos que hace medio siglo. El conflicto Norte/Sur constituye por lo tanto el eje central de las luchas y conflictos por venir.
El sistema de producción y de consumo/despilfarro existente hace imposible el acceso a los recursos naturales del globo para la mayoría de los habitantes del planeta, para los pueblos de los países del Sur. Antaño, un país emergente podía retener su parte de esos recursos sin amenazar los privilegios de los países riscos. Pero hoy día ya no es el caso. La población de los países opulentos – el 15% de la población del planeta – acapara para su propio consumo y despilfarro el 85 % de los recursos del globo y no puede consentir que unos recién llegados accedan a estos recursos ya que provocarían graves penurias que pondrían en peligro los niveles de vida de los ricos.
Si los Estados unidos se han fijado como objetivo el control militar del planeta es porque saben que sin ese control no pueden cerciorarse del acceso exclusive a esos recursos. Como bien se sabe, China, la India y el Sur en su conjunto también necesitan esos recursos para su desarrollo. Para los Estados Unidos se trata imperativamente de limitar ese acceso y, en último recurso, sólo existe un medio : la guerra.
Por otra parte, para ahorrar las fuentes de energía de origen fósil, los Estados Unidos, Europa y otras naciones desarrollan proyectos de producción de agro-carburantes en gran escala, en detrimento de la producción de víveres cuyos precios en alza los azotan.
Las respuestas ilusorias de los poderes vigentes.
Los poderes vigentes, al servicio de los oligopolios financieros, no tienen otro proyecto sino el de volver a poner de pie este mismo sistema. Esas intervenciones de los Estados ¿ qué son sino las que les manda la misma oligarquía ? Sin embargo no es imposible el éxito de esta puesta de pie si las infusiones de medios financieros resultan suficientes y si las reacciones de las víctimas – las clases populares y las naciones del Sur – no dejan de ser limitadas. Pero en este caso el sistema sólo retrocede para mejor saltar y una nueva debacle financiera, aún más tremenda, será ineludible ya que las “adaptaciones” previstas para la gestión de los mercados financieros y monetarios resultan ampliamente insuficientes puesto que no ponen en tela de juicio el poder de los oligopolios.
Por otra parte, resultan divertidísimas estas respuestas a la crisis financiera mediante la inyección de fondos públicos astronómicos para restablecer la seguridad de los mercados financieros : privatizados ya los provechos, en cuanto resultan amenazadas las inversiones financieras se socializan las pérdidas. ¡ Cara: gano yo, cruz: tú pierdes !
Las condiciones de una respuesta positiva a los desafíos.
No basta con decir que las intervenciones de los Estados pueden modificar las reglas del juego, atenuar las derivas. También es necesario definir sus lógicas y sus impactos sociales. Desde luego, en teoría, se podría volver a fórmulas de asociación de los sectores públicos y privados, fórmulas de economía mixta como ocurrió durante los “treinta años gloriosos” (los años 1945/1975) en Europa y durante la era de Bandung, en Asia y en África, cuando el capitalismo de Estado dominaba ampliamente, acompañado por políticas sociales fuertes. Pero este tipo de intervención del Estado no está a la orden del día. Y ¿ están las fuerzas sociales progresistas en medida de imponer una transformación de esta amplitud ? Todavía no, opino yo.
La verdadera alternativa pasa por el derrocamiento del poder exclusivo de los oligopolios, el cual es inconcebible sin, finalmente, su nacionalización democrática progresiva. ¿ Fin del capitalismo ? No lo creo. Creo en cambio que son posibles unas nuevas configuraciones de las relaciones de fuerzas sociales que impongan al capital a ajustarse, él, a las reivindicaciones de las clases populares y de los pueblos. A condición que las luchas sociales todavía fragmentadas y a la defensiva, en su conjunto, consigan cristalizarse en una alternativa política coherente. Con esta perspectiva, resulta posible el comienzo de una larga transición del capitalismo al socialismo. Los avances en esta dirección, claro está, siempre serán desiguales de un país a otro y de una fase de su despliegue a otra.
Las dimensiones de la alternativa deseable y posible son múltiples y conciernen todos los aspectos de la vida económica, social, política. Evocaré a continuación las grandes líneas de esta respuesta necesaria.
1) – La reinvención por los trabajadores de organizaciones apropiadas que hagan posible la construcción de su unidad con el fin de trascender su dispersión asociada a las formas de explotación vigente (paro laboral, precariedad, informalidad)
2) – La perspectiva es la de un despertar de la teoría y de la práctica de la democracia asociada al progreso social y al respeto de la soberanía de los pueblos y no disociada de éstos.
3) – Liberarse del virus liberal fundado en el mito del individuo que ya pasó a ser tema histórico. Los rechazos frecuentes de los modos de vida asociados al capitalismo (múltiples enajenaciones, consumerismo y destrucción del planeta) señalan la posibilidad de esta emancipación.
4) – Liberarse del atlantismo y del militarismo que le está asociado, ambos destinados a hacer aceptar la perspectiva de un planeta organizado sobre la base del apartheid a escala mundial.
En los países del Norte el desafío implica que la opinión general no se deje encerrar en un consenso de defensa de sus privilegios con respeto a los pueblos del Sur. El internacionalismo necesario pasa por el antiimperialismo, no por el humanitarismo.
En los países del Sur, la estrategia de los oligopolios mundiales lleva consigo el hacer recaer el peso de la crisis sobre sus pueblos (desvalorización de sus reservas de cambio, baja de los precios de las materias primas exportadas y alza de los precios de los productos importados). La crisis ofrece la ocasión del renacimiento de un desarrollo nacional, popular y democrático autocentrado, que someta las relaciones con el Norte a sus exigencias, esto es la desconexión. Lo cual implica:
a) El dominio nacional de los mercados monetarios y financieros
b) El dominio de las tecnologías modernas en adelante posible,
c) La recuperación del uso de los recursos naturales,
d) La derrota de la gestión mundializada dominada por los oligopolios (la OMC) y la del control militar del planeta por los Estados Unidos y sus aliados,
e) Liberarse de las ilusiones de un capitalismo nacional autónomo en el sistema y de los mitos pasadistas.
f) La cuestión agraria, en efecto, está en el centro de las opciones por venir en los países del tercer mundo. Un desarrollo digno de así llamarse exige una estrategia política agrícola fundada sobre la garantía del acceso a la tierra para todos los campesinos (la mitad de la humanidad). En contrapunto, las fórmulas preconizadas por los poderes dominantes – acelerar la privatización de la tierra agrícola y transformar la tierra agrícola en mercancía – llevan consigo el éxodo rural masivo que bien venimos conociendo. Como el desarrollo industrial de los países concernidos no puede absorber a esta mano de obra surabundante, ésta se amasa en las barriadas o se deja tentar por las aventuras trágicas de una huida en balsa por el Atlántico. Existe una relación directa entre la supresión de la garantía del acceso a la tierra y el acrecentamiento de las presiones migratorias.
g) La integración regional, al favorecer el surgimiento de nuevos polos de desarrollo, ¿ puede constituir una forma de resistencia y de alternativa ? La regionalización es necesaria, tal vez no para gigantes como China y la India o incluso para Brasil, pero seguramente sí para otras muchas regiones, en Asia del sur-este, en África o en América Latina. Este continente está un poco en avance en este dominio. Venezuela, oportunamente, ha tomado la iniciativa de crear el Alba (Alternativa bolivariana para América Latina y el Caribe) y el Banco del Sur (Bancosur), incluso antes de la crisis. Pero el Alba – un proyecto de integración económica y política – todavía no ha recibido la adhesión de Brasil ni la de Argentina. En cambio, el Bancosur, supuesto promover otra forma de desarrollo, asocia igualmente a estos dos países pese a que, hasta hoy, sigan teniendo una concepción convencional del papel que ha de desempeñar un banco.
Avances en esas direcciones, al Norte así como al Sur, bases del internacionalismo de los trabajadores y de los pueblos, constituyen las únicas garantías de la reconstrucción de un mundo mejor, multipolar y democrático, única alternativa a la barbarie del capitalismo alicaído.
Más que nunca la lucha por el socialismo del siglo 21 está a la orden del día.
Traducido por Manuel Colinas para Investig’Action – www.michelcollon.info
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P. Krugman: la catástrofe económica y social que se avecina en EE.UU…
“La catástrofe económica se convertirá en una catástrofe en la salud pública”.
El Nobel de Economía publicó en el periódico The New York Times un artículo acerca de las consecuencias de la crisis norteamericana y aseguró que “millones perderán sus seguros de salud junto con sus empleos y, por consiguiente, cualquier acceso a tratamientos médicos esenciales”.
Por Paul Rubin Krugman(*)
El mundo ha entrado en recesión. Pero los Estados Unidos de América son el único país desarrollado en el que la catástrofe económica se convertirá también en una catástrofe en materia de salud pública, ya que millones perderán sus seguros de salud junto con sus empleos y por consiguiente, cualquier acceso a tratamientos médicos esenciales.
Esta situación plantea un interrogante: ¿Por qué la Administración (del presidente Barack Hussein) Obama ha guardado silencio, al menos hasta ahora, sobre una de las promesas principales de campaña del nuevo presidente, la de garantizar atención médica a todos los estadounidenses?
Ocupémonos de la magnitud del desastre que se avecina. Casi todos los pronósticos económicos, incluyendo los provenientes de los especialistas del equipo presidencial, aseguran que nos encaminamos a un perìodo de desempleo sumamente elevado. Y un alto nivel de desocupación implica un fuerte crecimiento en el número de estadounidenses que no tendràn cobertura de salud.
Después que la economía trastabilló a comienzos de esta década, cinco millones de personas se sumaron al sector de desprotegidos en materia de seguros de salud, y ello ocurría cuando la tasa de desempleo alcanzaba solamente el 6,3%. Esta vez el gobierno de Obama admite que aun con sus programas de estímulo, la desocupación llegará al 8%, y que se mantendrá por encima del 6% hasta el año 2012. Algunos pronósticos independientes son todavía más pesimistas.
¿Por qué, entonces, no escuchamos hablar más de ampliar el acceso a la atenciòn de la salud?
Es posible que quienes nos preocupamos por este problema estemos malinterpretando el silencio del gobierno. Pero permítaseme aventurar tres hipótesis acerca de los argumentos que estaría recibiendo el señor Obama para no avanzar hacia una ampliación de la cobertura de salud, y explicar por qué carecen de fundamento.
En primer lugar, hay quienes sostienen que una expansión màs amplia del seguro de salud sería actualmente demasiado onerosa, teniendo en cuenta las enormes sumas que están por destinarse al salvataje de la economía. Sin embargo investigaciones encomendadas por el Commonwealth Fund indican que lograr lan cobertura universal en consonancia con la propuesta de campaña de Barack Obama agregaría “solamente” 104.000 millones de dólares estadounidenses a los gastos federales en 2010.
Es una cantidad nada despreciable, por supuesto, pero que no puede compararse con las deducciones de impuestos contemplados en los planes de estímulo económico de Obama.
Es indudable que la atención de salud universal se convertirà en un gasto en expansión, que se adentrará en el futuro. Pero ello siempre ha sido así y el señor Obama ha sostenido que su programa de salud era sustentable. Las erogaciones temporarias de sus planes de estìmulo no deberían modificar este cálculo.
En segundo lugar, algunos integrantes del círculo del señor Obama podrìan estar argumentando que la reforma en la salud no resulta una prioridad actual, en vista de la crisis económica.
Sin embargo ayudar a las familias a contratar seguros de salud como parte de un plan de cobertura universal, sería una forma tan efectiva de estimular la economía como las rebajas de impuestos, que representan casi un tercio del programa de estímulo, y tendría la ventaja adicional de ayudar directamente a las familias a capear la crisis, eliminando ua de las causas fundamentales de la actual angustia de los estadounidenses.
Finalmente, y sospecho que aquì reside el motivo principal del silencio del nuevo gobierno, tenemos el argumento político de que es un mal momento para estar insistiendo en un plan de salud, debido a que la atención nacional está centrada en la crisis económica. Pero si la historia puede servirnos de orientación, este argumento resulta falso.
No se tome mi palabra como única prueba. El jefe de gabinete de la Casa Blanca (sede del ejecutivo), Rahm Emanuel, afirmó que “nadie quiere que una crisis grave termine en el canasto”. En verdad, Franklin Delano Roosevelt pudo establecer la Seguridad Social en parte debido a que la Gran Depresión puso en evidencia la necesidad de una red de seguridad social más poderosa .La actual crisis ofrece una buena oportunidad para ir rellenando los huecos que quedan en esa red social, especialmente en materia de salud pública.
Y seguramente el señor Obama no quiere repetir los errores de Bill Clinton, cuyo programa de seguridad social fracasó políticamente en parte porque el ex presidente actuó con demasiada lentitud: cuando su gobierno estaba listo para someter la legislaciòn al Congreso, la economía había comenzado a recuperarse y desaparecìa la sensaciòn de urgencia.
Algo más. Un clima de ira populista crece en el paìs, a medida que los estadounidenses ven cómo los banqueros obtienen suculentas indemnizaciones por despido mientras los ciudadanos ordinarios padecen.
Estoy de acuerdo con los funcionarios del gobierno que sostienen la necesidad de estas “indemnizaciones” (aunque tengo problemas con las cifras concretas). Pero tambièn concuerdo con Barney Frank, presidente del Comitè de Servicios Financieros de la Cámara de Representantes, quien sostiene que, tanto por motivos de necesidad política como de justicia social, la ayuda a los banqueros debe estar relacionada con el fortalecimiento de la red de seguridad social, de modo que los estadounidenses comprueben que su gobierno está dispuesto a ayudar a todos, no solamente a los ricos y poderosos.
La conclusiòn final por lo tanto, es de que no es momento de olvidar silenciosamente las promesas de campaña sobre atenciòn de salud garantizada. Es, en cambio, el momento para impulsar con fuerza el tema de la atención universal. ¡Seguro de salud, ahora!.
(x) Economista estadounidense. Premio Nobel de Economía 2008. Editada por el diario “The New York Times”, de New York, Estados Unidos de América.
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La crisis económica en EE.UU: “El sueño americano al revés”
EL PRODUCTO BRUTO ESTADOUNIDENSE SE CONTRAJO 3,8 POR CIENTO EN EL CUARTO TRIMESTRE DE 2008.
Es la caída más importante desde 1982 y se suma al retroceso de 0,5 por ciento registrado en el tercer trimestre. El presidente Barack Obama aseguró que el dato es una “catástrofe para las familias estadounidenses”
Por Fernando Krakowiak
El producto interno bruto de Estados Unidos se contrajo 3,8 por ciento en el cuarto trimestre de 2008, respecto del mismo período del año anterior, según informó ayer el Departamento de Comercio de ese país. Es la caída más importante desde 1982 (-6,4 por ciento) y se suma al retroceso de 0,5 por ciento registrado en el tercer trimestre. Además, los despidos anunciados por las principales multinacionales durante los últimos días evidencian que la crisis aún no encuentra su piso. “No es sólo un dato económico. Es una catástrofe para las familias estadounidenses. Es como el sueño americano al revés”, aseguró ayer el presidente Barack Obama, quien volvió a presionar para que el Congreso apruebe su millonario plan de estímulo a la demanda. La cifra impactó negativamente en Wall Street donde el Dow Jones cayó 1,8 por ciento y el Nasdaq 2,1 por ciento.
El mal resultado del último trimestre se debió fundamentalmente a la caída de 3,5 por ciento en el consumo, que representa las dos terceras partes de la actividad económica. El mayor impacto se notó en la demanda de bienes duraderos, como automóviles y muebles, que se desplomó un 22,4 por ciento. En respuesta, las empresas redujeron sus inversiones 19,1 por ciento. Otros datos significativos fueron la baja de 19,7 por ciento en las exportaciones y de 15,7 por ciento en las importaciones. Pese a ello, el producto igual creció 1,3 por ciento en 2008.
La contracción de 3,8 por ciento en el último trimestre decreta formalmente la recesión en Estados Unidos, al acumular dos trimestres consecutivos en rojo. Sin embargo, el Comité de Ciclos de Negocios del Bureau de Análisis Económicos declaró a fines del año pasado que la recesión había comenzado en diciembre de 2007 debido al deterioro de varios indicadores clave, como empleo, ingresos y poder adquisitivo.
La mayoría de los analistas había pronosticado que la caída iba a ser de 5,4 por ciento y ayer explicaron que eso no fue así por la acumulación de inventarios por parte de las empresas que, pese a la virulencia de la crisis, no cancelaron sus pedidos. De hecho, las ventas finales –indicador que se calcula tomando el PIB y restándole los inventarios– cayeron 5,1 por ciento. Se estima que esto no volverá a ocurrir. Por lo tanto, la caída del producto en el primer trimestre de este año podría ser mayor aún.
En la Casa Blanca consideraron que la contracción del producto refleja la gravedad de la situación y volvieron a presionar para que el Congreso apruebe el plan diseñado de reactivación económica. “Este fuerte declive muestra que los problemas que empezaron en los sistemas inmobiliario y financiero se extendieron a todos los sectores de la economía. Es fundamental actuar inmediatamente para dar respaldo al sistema financiero y a la demanda general”, aseguró Christina D. Romer, consejera económica de Obama, apenas se conoció el dato.
El plan, que esta semana fue aprobado por la cámara de Representantes y está aún pendiente de aprobación en el Senado, prevé el desembolso de 819.000 millones de dólares. Cerca de 275.000 millones se destinarían a recortes de impuestos y el resto a inversiones en infraestructura y energía. Además, Obama anunció la creación de un grupo de trabajo, encabezado por el vicepresidente, Joe Biden, que se encargará de proponer medidas para favorecer la situación de la clase media. Otra novedad fue la promesa de revertir las acciones que llevó adelante el gobierno de George W. Bush para debilitar a los sindicatos. “No creo que el movimiento sindical sea parte del problema. Para mí es parte de la solución”, declaró al firmar una serie de decretos que dejan sin efecto algunas de las restricciones impuestas por Bush. “Sabemos que no podemos tener una clase media vigorosa sin un movimiento sindical vigoroso. Sabemos que sindicatos fuertes, dinámicos y prósperos pueden convivir con empresas fuertes, dinámicas y prósperas”, concluyó.
SU INDUSTRIA CAYO 9,6 POR CIENTO
Japón en el tobogán
Japón, la segunda economía del planeta, anunció ayer que en diciembre su producción industrial cayó 9,6 por ciento y el consumo 4,6 por ciento, mientras que el desempleo trepó a 4,4 por ciento, el mayor nivel de los últimos tres años. “El problema es muy serio”, reconoció el ministro japonés de Economía, Kaoru Yosano. “Es imposible predecir cuándo la economía se recuperará, porque el problema no es sólo nacional sino global”, declaró. Los analistas afirman que la economía nipona está atravesando su peor crisis desde 1974, lo cual aparece confirmado por los malos resultados de sus empresas.
Hitachi anunció ayer el despido de 7 mil trabajadores en sus secciones electrónicas debido a la crisis, que le ha hecho prever una pérdida anual neta de 7830 millones de dólares. La firma informó que ha constatado “un descomunal descenso de la demanda a partir del mes de noviembre” en numerosas actividades (compuestos y materiales electrónicos, telecomunicaciones, equipamiento para automóviles, materiales, etcétera.).
Otro de los afectados es el gigante electrónico NEC, que echará 20 mil empleados gradualmente hasta marzo de 2010 para poder afrontar una pérdida estimada de 3200 millones de dólares. La segunda aerolínea nipona, All Nippon Airways (ANA), también prevé registrar pérdidas durante este año y Honda Motor dijo haber sufrido una caída del 89 por ciento de sus beneficios netos en el tercer trimestre fiscal. El segundo banco del archipiélago, Mizuho Financial Group, anunció pérdidas por 565 millones de dólares en los últimos nueve meses de 2008.
Página/12
Lo que hay detrás de la crisis de Gaza: la estrategia de Israel. Entrevista a Gilbert Achcar…
Daniel Finn entrevistó el pasado 10 de enero para la revista electrónica irlandesa Irish Left Review a nuestro amigo y colaborador, el analista libanés Gilbert Achcar, quien tuvo la gentileza de enviarnos el texto para su traducción castellana y reproducción en SinPermiso.
¿Cuáles cree que son los principales objetivos de la estrategia israelita al atacar actualmente a la franja de Gaza?
Se trata en realidad de una cuestión muy complicada, ya que entraña diferentes niveles. Vista panorámicamente, esta estrategia forma parte de la lucha en curso entre Israel, por una parte, y Hamas y Hezbolá, por la otra; una lucha que alcanzó su punto culminante en 2006, cuando Israel llevó a cabo simultáneamente dos guerras, una contra Gaza y otra – de gran envergadura – contra el Líbano. Esas guerras estaban ligadas a la estrategia general de la administración Bush en su confrontación con Irán. En efecto, la concepción dominante en Washington es que Hamás y Hezbolá son instrumentos del estado iraní y que, por lo mismo, forman parte de un arco de fuerzas que deberían aplastarse, si se quiere estabilizar la hegemonía estadounidense y la seguridad israelí. Lo que está actualmente en curso es, así pues, una nueva etapa de una guerra que se está librando desde hace varios años.
Enfocando con un poco más de detalle, resulta evidente que esta campaña ha sido lanzada precisamente en este momento, a partir del 27 de diciembre, por consideraciones políticas a más corto plazo. Por un lado, la administración Bush se va. Según todas las señales dadas por el equipo Obama, el gobierno israelí no tiene ningún motivo para temer un cambio mayor en la política de Estados Unidos en el Oriente Medio. Pero existe, sin embargo, la perspectiva, prometida por Obama a lo largo de la campaña electoral, de que la nueva administración empiece a dialogar con Irán. En este caso, el apoyo estadounidense a una posición dura en la confrontación con Irán podría diluirse. Teniendo esto en cuenta, una de las razones por las que la campaña ha sido lanzada en este momento preciso es, justamente, la de ahorrar a la nueva administración la necesidad de tener que afrontar de entrada una crisis mayor en Oriente Medio. El equipo Obama se ha sentido, pues, aliviado de que esto se haga todavía bajo Bush.
El problema –un fenómeno ahora recurrente en las agresiones israelíes— es que la operación ha durado mucho más tiempo del previsto: pasó la época de la “Guerra de los Seis Días”. Idealmente, el gobierno israelí –hace algunos meses muchos comentaristas evocaban esta posibilidad— habría querido atacar directamente a Irán antes de la marcha de la administración Bush. Pero ha sido imposible debido a una serie de razones relacionadas con los grandes problemas a los que se enfrentaba la propia administración Bush. En efecto, aparte de la debilidad política general de un presidente desacreditado al final de su mandato, está la crisis económica: cualquier confrontación militar con Irán sería en este momento perjudicial para los intereses de la economía mundial. [Esta entrevista se realizó poco antes de la revelación por el New York Times del rechazo de la administración Bush a una petición reciente de luz verde por parte de Israel para proceder a ataques contra las instalaciones nucleares iraníes; N.E.] En lugar de los ataques contra Irán que habría deseado como primera opción, Israel está atacando a un Hamás al que considera agente de Irán.
Hay, finalmente, una consideración resultante de un enfoque todavía más de detalle: las elecciones. Como sabe, deben celebrarse muy pronto nuevas elecciones en Israel. Ahora bien, los partidos representados en el gobierno de coalición –el partido Kadima de Olmert y de Livni, y el partido laborista de Ehud Barak— se enfrentan a una fuerte competencia por parte del Likud, la extrema derecha del movimiento sionista dominante en Israel. En cierto modo, este ataque contra Gaza es una forma de invalidar la apuesta en la que a buen seguro Netanyahou habría basado su campaña electoral.
Si se tienen en cuenta todos estos aspectos, se ve que ha habido una sobredeterminación, es decir, un proteico abanico de razones para que esta operación haya sido lanzada justo en este momento. Todo el resto, los cohetes lanzados por Hamás, etc., no son más que pretextos, lo mismo que el rapto de dos soldados por Hezbolá en julio 2006 no fue más que un pretexto utilizado por Israel para lanzar una agresión premeditada de gran envergadura.
La última confrontación entre Israel y Hamás y Hezbolá en 2006 terminó con un gran revés para el Estado israelí, lo que suscitó todo tipo de recriminaciones entre las élites políticas y militares. ¿Piensa Ud. que Israel tiene ahora alguna posibilidad realista de revertir ese fracaso y obtener una victoria, o cree Ud. que va camino de un nuevo fracaso?
Esta es precisamente la razón de que la situación actual resulte extremadamente peligrosa y preocupante. Este ataque empezó el 27 de diciembre, lo que significa que los combates llevan ya casi dos semanas de duración. El balance de muertos en cifras absolutas es ya más fuerte que el del Líbano después de dos semanas de bombardeos intensivos. Si se toman cifras relativas, sabiendo que la población libanesa es casi tres veces más numerosa que la de Gaza, hay muchas, muchas más. Lo que es muy preocupante y peligroso en la situación actual es que, precisamente debido al fracaso precedente en el Líbano en el verano de 2006, Israel no puede permitirse otro fracaso del mismo tipo. Y ello tanto por razones estratégicas, como por motivos oportunistas o de corto plazo, cálculos políticos de bajo nivel.
Por una parte, el estado israelí corre el peligro de perder gran parte de su sedicente credibilidad militar si se enfrenta a un nuevo fracaso, tanto más teniendo en cuenta que el enemigo con el que se enfrenta esta vez –Hamas, en Gaza— es ciertamente mucho más débil de lo que lo era Hezbolá en el Líbano. En efecto, Hezbolá es más fuerte en la comunidad chiíta libanesa que Hamás en Gaza, donde existe una rivalidad feroz entre Hamás y la Autoridad Palestina/Fatah, sin contar otros grupos rivales que se disputan el mismo público. Además, ciertamente Hezbolá disponía, por razones evidentes, de muchas más armas que Hamás en Gaza, una angosta franja de territorio rodeado por todas partes y estrechamente vigilado. En Gaza los palestinos pueden hacer entrar clandestinamente algunas armas ligeras, pero no armas pesadas, mientras que en Líbano Hezbolá pudo acumular un arsenal importante, tanto más fácilmente, cuanto que gozaba del apoyo de Siria.
Por lo tanto, si Israel sufre un segundo fracaso, y además contra un Hamás harto más débil que Hezbolá, sería un gran desastre, peor que el de 2006. Hay también, en segundo lugar, los pequeños cálculos de política electoral. Si la coalición en el poder en Israel saliera de esta guerra con un nuevo fracaso, los partidos que la componen no tendrían ni siquiera necesidad de presentarse a las elecciones. Netanyahu los aplastaría completamente, y ellos lo saben. Así pues, la coalición en el poder no puede permitirse un fracaso por estas dos razones combinadas; eso es lo que hace la situación tan preocupante. Podrían verse afectados por el síndrome del animal herido, volviéndose todavía más feroces de lo que lo han sido hasta ahora. El nivel de las atrocidades israelíes aumenta de guerra en guerra. La guerra de los 33 días en 2006 fue ya la agresión más brutal de una larga historia de guerras israelíes, la más desapoderada utilización de la fuerza por parte de Israel, con bombardeos masivos de regiones enteras del Líbano, de regiones civiles.
El pretexto invocado, entonces como ahora, es que los combatientes se esconden entre la población. Se trata de un argumento perfectamente hipócrita: ¿qué esperan que hagan? ¿Qué se agrupen en un terreno baldío con pancartas que digan: “bombardeadnos aquí”? Es grotesco. La realidad es que Israel trata de aplastar a partidos políticos de masa. Ciertamente, éstos están armados, pero están obligados a estarlo puesto que están amenazaos permanentemente. Se trata de movimientos populares armados. La mayor parte de sus miembros armados no son combatientes profesionales que viven en casernas. Si se tienen en cuenta todos estos aspectos del problema, vemos que las preocupaciones crecientes expresadas por los agentes humanitarios internacionales se basan en razones extremadamente serias.
Mucha gente tiene actualmente la impresión de que la población de Gaza está realmente en peligro de exterminio. No se trata de las exageraciones habituales, sino de una evaluación sobria teniendo en cuenta el nivel de violencia y de brutalidad, día tras día, con cada vez un mayor número de supuestos accidentes, en el transcurso de los cuales se apunta a concentraciones de civiles, lo que trae consigo masacres masivas. Para Israel, la única forma de evitar un fracaso pasará por reforzar su ofensiva terrestre en las zonas de fuerte densidad de población. De suerte que lo peor se hace así perfectamente posible: eso significaría miles y miles de muertos, sin contar los mutilados y heridos. Es una perspectiva terrible.
Si Hamás quiere ser considerado vencedor, aunque sea solo parcialmente, al final de esta última confrontación con Israel, ¿qué debe hacer? ¿Es suficiente su supervivencia? ¿Basta con mantenerse en pie?
¿Quiere decir si Hamás lograra efectivamente salir de la guerra con la cabeza alta? Lo cierto es que, debido a las condiciones geográficas, Hamás tiene ya una proporción de muertos en sus filas más elevada que Hezbolá en 2006. Ya el primer día en que empezaron los bombardeos israelíes, se cebaron en los edificios de las fuerzas de seguridad de Hamás y el número de muertos fue inmediatamente muy elevado. Pero si Hamás consigue salir de este ataque habiendo más o menos conservado su mando y su infraestructura; si no hace concesiones mayores –o, mejor dicho, ninguna concesión mayor que no sea recíproca, como: “Nosotros dejamos de lanzar cohetes, pero vosotros nos garantizáis que vosotros, israelitas, dejáis de dispararnos, de imponernos un embargo y de estrangularnos”—, entonces se tratará de un fracaso israelita y será considerado como una victoria política de Hamás, análoga a la obtenida por Hezbolá en 2006.
Pero en el momento en que estamos hablando esto no es más que una hipótesis, puesto que no podemos prever cómo van a evolucionar las cosas. Lo que está claro es que a escala regional, si no a escala mundial, este ataque israelí ha incrementado enormemente la popularidad de Hamás. Pero no puede decirse que vaya a ocurrir lo mismo entre los palestinos de Gaza, precisamente debido a la rivalidad entre Hamás y el Fatah. Hay división de opiniones aquí. Por supuesto, los partidarios de Fatah dirán: “Hamás nos ha puesto en esta terrible situación, sufrimos por su culpa; por supuesto, Israel es el primer culpable, pero….”- este mismo “pero” que encontramos en las declaraciones de ciertos regímenes árabes. Es especialmente lo que ha expresado desde el principio el gobierno egipcio, que está claramente en colusión con esta agresión israelita. Es también lo que se ha oído, de todos lados, por parte de los aliados árabes de los Estados Unidos. Es la misma retórica que se oyó en 2006 cuando se culpaba a Hezbolá de la agresión israelí contra el Líbano.Todavía no se sabe cuál será la salida política final para Hamás. Creo que todavía es demasiado pronto para hacer una evaluación de qué es lo que pasará a largo plazo, o aun a medio plazo. De momento, como ya he dicho, la única certeza es la creciente popularidad de Hamás a nivel regional. Por supuesto, es el resultado casi automático cada vez que Israel designa un objetivo árabe y empieza a golpearlo. El objetivo se vuelve automáticamente popular debido al odio hacia Israel y sus agresiones permanentes en la región: cualquier víctima de Israel y, sobretodo, cualquier fuerza de resistencia a Israel, tienen la seguridad de hacerse populares en la región.
Se ha hablado, en el transcurso de la pasada semana, de un cierto descontento entre la joven generación de Fatah. Ha habido noticias de que Marwan Barghouti habría enviado mensajes desde su celda en prisión expresando críticas respecto a las declaraciones hechas por Mahmoud Abbas. ¿Piensa Ud. que esto tiene alguna posibilidad de concretarse y de minar a la actual dirección de Fatah? ¿Piensa Ud. que hay alguna posibilidad de que la dirección de Fatah cambie de orientación?
Barghouti es, en cierto modo, una carta de reserva de Fatah. Mahmoud Abbas ha quemado ya de sobras sus propias cartas. Ya no tiene credibilidad y aparece como un personaje servil, un peón secundario en este juego regional. No es popular ni siquiera dentro de Fatah. Está claro, por tanto, que Fatah tendrá necesidad —inmediatamente, o a no tardar— de otra personalidad dirigente, y Barghouti sería una solución de recambio. Pero como está en prisión [israelí], su suerte depende en gran medida de Israel y, por supuesto, de Washington. En cuanto a saber cuál sería la conducta de Barghouti si se le liberara de la prisión, es muy difícil. El problema principal es saber qué tipo de relación establecería con los Estados Unidos y su peón palestino número uno, Muhammad Dahlan. Dahlan y Barghouti formaban una alianza electoral cuando las elecciones de enero 2006. ¿Proseguirían esta colaboración y constituirían una especie de equipo dominante soldado en el Fatah post-Abbas, o estarían en competencia? Está por ver.
Ha dicho Ud. que el régimen egipcio, señaladamente, y, en cierta medida, los demás regímenes árabes pro-estadounidenses son considerados como cómplices de Israel. Si la escalada continuara, si como Ud. lo ha descrito, Israel se comportara como un animal herido y utilizara métodos cada vez más brutales contra los palestinos de Gaza ¿cómo conseguiría el gobierno egipcio contener la cólera –que ya parece considerable— en el seno de su propio pueblo?
No es que se considere a esos regímenes cómplices de Israel, es que realmente lo son. La prensa incluso publicó que habían sido informados del ataque contra Gaza antes de que se desencadenara. El día en que empezó el ataque, el periódico árabe, publicado en Londres, Al-Quds al-Arabi, reprodujo un artículo de su corresponsal en Cisjordania que informaba de que la ministra de asuntos exteriores israelí, Tzipi Livni, con ocasión de su visita a El Cairo efectuada el día anterior, había informado a las autoridades egipcias de que Israel iba a lanzar una operación contra Hamás. El General Suleiman, jefe de los servicios de espionaje egipcios, le pidió expresamente que Israel apuntase a los combatientes de Hamás procurando no tocar a los civiles. El mismo día de la aparición del artículo, el ataque había empezado y los primeros objetivos apuntados fueron los edificios de la policía en Gaza. Se trataba, pues, en apariencia, de un ataque que no tocaba a los civiles y específicamente dirigido contra las fuerzas armadas. Lo que prueba sin lugar a dudas que el régimen egipcio había sido bien informado de lo que iba a pasar. Ni siquiera previno a Hamás, que fue cogido por sorpresa cuando comenzó el ataque, lo que explica el saldo inicial, muy fuerte, de muertes en las filas de sus fuerzas armadas.
El gobierno egipcio y los demás regímenes árabes aliados a Estados Unidos desearían grandemente ver debilitado a Hamás. No están a favor de una eliminación de Hamás –si es que ello fuera posible—, porque saben que eso tendría un coste humano enorme y traumático. Lo que desearían es un Hamás a tal punto debilitado, que no tuviera otra opción que la de cortar sus relaciones con Irán, lo que le obligaría a depender de ellos para sobrevivir: eso es lo que desearían los árabes aliados de los Estados Unidos. Quieren un Hamás prisionero y esperan que sea Israel quien se encargue de acorralarlo. Así, una vez Israel hubiera propinado una lección a Hamás, Egipto, y luego saudíes y jordanos, podrían decirles: “No tenéis otra elección que cooperar con nosotros; o bien entráis en el juego con nuestras condiciones, cortando todos vuestros lazos con Irán y Siria, o tendréis que enfrentaros solos a Israel, con la posibilidad de que os aplaste”.
Pero si la operación israelí fracasara, estos regímenes cambiarían de chaqueta inmediatamente, por puro oportunismo, y empezarían a culpar a Israel, multiplicando unas declaraciones de reprobación que, de todos modos, no van muy lejos. El régimen egipcio podría inflar la importancia de su desacuerdo con Israel sobre la cuestión de las tropas internacionales del lado egipcio de la frontera con Gaza, que Israel pide que El Cairo rechace. Asuntos de este tipo se exagerarían fuera de toda proporción, de manera que El Cairo y sus aliados árabes pudieran hacer ver que se enfrentan a Israel. Sus habituales discursos hipócritas explican que ellos lo hacen de forma responsable, porque conocen la potencia militar israelí y se preocupan del bienestar de sus poblaciones, no como estos locos de Hamás, y así sucesivamente.
Hezbolá ha organizado algunas manifestaciones muy importantes en Líbano en solidaridad con Hamás y con los habitantes de Gaza. Su apoyo ¿se quedará a nivel político, o hay alguna posibilidad, como ha sugerido alguien, en términos bastante alarmistas, de que Hezbolá pueda abrir un segundo frente contra Israel en la frontera Norte?
No creo en absoluto en una posibilidad de este tipo. Parece que los tres cohetes disparados desde el Líbano hacia el norte de Israel proceden de uno de los pequeños grupos palestinos ligados a Damasco. Hezbolá ha recjazado inmediatamente cualquier responsabilidad, y la coalición gubernamental libanesa en la que está representado Hezbolá ha condenado unánimemente esos disparos de cohetes. De hecho, en este estadio hay ciertamente enormes manifestaciones de solidaridad política, pero, por otra parte, Hezbolá ha aprendido la lección de 2006. Recuerde que, después de la guerra de los 33 días en 2006, el secretario general de Hezbolá, Hassan Nasrallah, declaró en una entrevista que si hubiera sabido que Israel reaccionaría como lo hizo al secuestro de sus dos soldados el 12 de julio, Hezbolá no lo habría organizado. Lo que quería decir, habida cuenta de los sentimientos humanos, es: “No les habría proporcionado este pretexto, si hubiera sabido que destruirían mi país y matarían a 1.500 personas de mi pueblo”.
Al mismo tiempo, sabemos que para Israel el secuestro no fue más que un pretexto: si no se hubiera secuestrado a ningún soldado, Israel habría encontrado cualquier pretexto –o lo habría fabricado de la nada– para hacer lo que intentó hacer por aquel entonces. Hezbolá ha aceptado la resolución 1701 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Esta resolución preveía el despliegue en el sur del Líbano no solamente del ejército libanés, sino también de una fuerza internacional, la FINUL –lo cual no interesaba a Hezbolá, puesto que esta fuerza está formada en gran parte por tropas de la OTAN y por lo tanto constituye una amenaza para ellos—. Sin embargo, Hezbolá ha tenido que aceptarlo, porque la alternativa habría sido la continuación de esa guerra horrible, y había límites humanos infranqueables. Por lo tanto, no puede permitirse aparecer como totalmente irresponsable tomando la iniciativa de abrir un segundo frente – sobretodo sin luz verde ni por parte de Damasco ni por parte de Teherán—.
Por otra parte ¿cómo puede esperarse que los libaneses abran un segundo frente, cuando los propios palestinos de Cisjordania, incluido Hamás, no lo hacen? Hamás no ha disparado cohetes desde Cisjordania. Lo que demuestra, dicho sea de paso, hasta qué punto Hamás ha cometido un grave error al decidir hacerse solo con todo el poder en Gaza, provocando así la separación de los dos territorios palestinos. No quiero decir que no hubieran debido prevenir el golpe que Dahlan estaba montando contra ellos con el apoyo de Estados Unidos y de Israel, pero no deberían haber eliminado completamente a Fatah de las instituciones de la autoridad Palestina, tal como han hecho. Precisamente, cuando más necesaria es, estratégicamente hablando, la organización de la lucha a escala de toda la región, es cuando la propia escena palestina se fragmenta en dos. Lamentable.
Estos sucesos ponen también en evidencia todo el problema de la selección estratégica de las armas. La resistencia de Hamás es heroica, cierto; pero no se pueden comparar las condiciones en Líbano con las existentes en Palestina. Durante los años de la ocupación israelí del Líbano, Hezbolá libró una guerra de usura, concentrando principalmente su acción en las zonas libanesas contra las fuerzas de ocupación. En abril de 1996 incluso firmó un acuerdo con el ocupante, con la intermediación de los Estados Unidos, estipulando que: “Los grupos armados en Líbano no efectuarán ataques a Israel por medio de cohetes Katyusha u otras armas. Israel y quienes cooperan con él no utilizarán ninguna arma contra civiles u objetivos civiles en Líbano. Además, las dos partes se comprometen a garantizar que bajo ninguna circunstancia los civiles serán objeto de un ataque y que las zonas habitadas por civiles, las regiones industriales y las instalaciones eléctricas no serán utilizadas como base de lanzamiento de ataques”. La naturaleza geográfica del terreno en el Líbano y la presencia de fuerzas israelíes en las zonas libanesas habitadas hacían posible una estrategia de resistencia popular, lo que permitió asegurar la victoria cuando Israel tuvo que evacuar el sur del Líbano en el 2000 de una forma que se parecía mucho a una debacle.
Es totalmente distinto de Gaza, en donde las tropas israelíes se habían retirado del interior de la Franja y la rodeaban. Desde el punto de vista estratégico, no tiene mucho sentido enfrentarse militarmente con ellas lanzando cohetes hacia las zonas habitadas en el sur de Israel. El hecho es que, desde el punto de vista de los Territorios Ocupados palestinos, si se hace un balance de la lucha de los palestinos contra el Estado de Israel desde 1967, está muy claro que esta lucha ha alcanzado su máxima eficacia en 1988 con la “revolución de las piedras”, la primera Intifada, sin armas de fuego, sin atentados suicidas, sin cohetes, nada de esto; solamente, movilización masiva. Esa movilización fue lo más terrible para Israel: puso a los israelíes en grandes dificultades políticas.
Hay que sacar lecciones de ello. Las diferentes fuerzas de la región no tienen suficientemente en cuenta las cuestiones estratégicas. Hay actualmente en la lucha palestina mucho maximalismo de inspiración religiosa, de la misma forma que había anteriormente un maximalismo de inspiración nacionalista. Lo que falta, por el contrario, es una evaluación realista de las condiciones, a fin de elaborar una estrategia. No una estrategia de capitulación en nombre del “realismo”, por supuesto, como la de la OLP –quiero decir la autoridad palestina, Arafat y ahora Mahmoud Abbas—. Sino una estrategia de resistencia y de liberación, de resistencia popular, para imponer a Israel un objetivo estratégico posible en las condiciones existentes. Y lo que todavía es imaginable en las condiciones objetivas actuales es conseguir que Israel se retire de los territorios ocupados en 1967, con la posibilidad para estos territorios de organizar su propio gobierno democrático, de gozar por lo menos de una soberanía política, lo que no ocurre actualmente, como se puede comprobar recordando la reacción de Israel y sus sostenes occidentales a la victoria electoral de Hamás.
Más allá de este objetivo inmediato, la única estrategia razonable a largo plazo debe incluir un cambio profundo de la propia sociedad israelí. No puede ser elaborada como una estrategia totalmente exterior a la sociedad israelí, como lo han sido las estrategias de la OLP, ayer, y de Hamás, hoy. No se puede vencer militarmente a Israel desde el exterior. No es posible a nivel de las armas convencionales, ya que Israel es mucho más potente a este nivel que el conjunto de los estados árabes de su entorno (por no mencionar que éstos no están en absoluto dispuestos a enfrentarse a Israel, y no hablo solamente de Egipto y de Jordania, sino también de Siria). Una “guerra popular” por la liberación del conjunto de la Palestina histórica no tiene sentido, puesto que los israelíes constituyen una amplia mayoría en los territorios de antes de 1967. No es como si se tratara de un ejército de ocupación, como el de Estados Unidos en Vietnam, o en Afganistán o en Irak, o como el de Israel en Líbano. Por descontado, todo el mundo sabe que Israel es una potencia militar desde finales de los años 60. Cualquier proyecto que se base en una destrucción desde el exterior del Estado israelí es, pues, irracional, mírese como se mire.
Así pues, incluso dejando aparte las exigencias del internacionalismo, es decir, el tipo de victoria sobre el Estado sionista que sería deseable, no existe, en cualquier caso, una estrategia razonable para vencerlo sin tomar en consideración la necesidad de un importante cambio en la propia sociedad israelí. Hace falta de forma imperativa que una gran parte de la sociedad israelí se oponga activamente a las políticas belicosas del gobierno israelí y luche para un arreglo pacífico, duradero, fundado en la justicia, la autodeterminación y el fin de todas las discriminaciones. Es una condición esencial, decisiva, y es la razón de que la Intifada de 1988 haya sido tan importante: suscitó una crisis real, profunda, en el interior mismo de la sociedad israelí.
Por el contrario, lo que vemos actualmente es un alto grado de cohesión y de unanimidad entre los israelíes a propósito de esta agresión, que es la más feroz y brutal de su historia. Y eso es de muy mal augurio. En estas condiciones, aun si se produjeran fracasos para Israel como el de 2006, el resultado favorecería la ruptura de sectores importantes de la población israelí con la política llevada a cabo por su gobierno (y todavía menos con el sionismo) y una resuelta oposición a la guerra, como ocurrió con amplios sectores de la población alemana durante la Primera Guerra mundial o con la población estadounidense durante la guerra de Vietnam. El resultado sería, más bien, ulteriores deslizamientos hacia la derecha. Por eso el cuadro de conjunto en la región resulta tan sombrío. Ya va dicho: si esta ofensiva resulta en un fracaso – yo lo deseo—, se puede anticipar la llegada al poder de Netanyahu, que es todavía peor que los dirigentes actuales. Es muy difícil saber a dónde llevará todo esto.
Parece, en efecto, que es un período muy peligroso para los palestinos; tal vez el momento más peligroso desde 1967. En Israel, en los medios de comunicación y en los medios del establishment, se especula con una transferencia de la Franja de Gaza a las autoridades egipcias, y de las zonas pobladas de Cisjordania, a Jordania. Si un plan de este tipo se llevara a la práctica, sería ciertamente fatal para las aspiraciones nacionales palestinas durante muchos años. ¿Qué medidas deberían tomar, en su opinión, las fuerzas en el interior de la sociedad palestina para mejorar las perspectivas del movimiento nacional?
No veo yo las cosas según Ud. las describe. Por lo pronto, la propia monarquía jordana tendría más bien miedo si tuviera enfrentarse hoy a recobrar el control sobre la Cisjordania. Cuando eso fue una perspectiva real, ya tuvo en cuenta el militarismo creciente de los palestinos; por eso los planes concebidos en su día por el anterior rey Hussein eran de tipo federal, y contemplaban, muy especialmente, otorgar a Cisjordania, o a Jordania y a Gaza, una forma de autogobierno. Pero el problema actual es que la monarquía jordana no puede contar con gente como Mahmoud Abbas para dominar a la población palestina. Saben que se enfrentan a una población muy radicalizada y que una nueva agrupación, una nueva fusión entre los palestinos de Cisjordania y los de Jordania, donde ya constituyen una mayoría de la población, sería harto peligrosa para la monarquía jordana. Éste es el problema.
Una nueva fusión de Cisjordania con Jordania tendría ciertamente interés para los palestinos, puesto que el susodicho Estado independiente en Cisjordania y en Gaza no tiene sentido. En este punto estoy totalmente de acuerdo con quienes critican la solución de los dos Estados: un, digamos, Estado independiente no tiene sentido en Cisjordania, si tiene que ser prisionero entre Israel y Jordania, entre una espada y una pared. El pueblo palestino tiene necesidad, para respirar, de la salida constituida por Jordania, sin hablar de las continuidades humanas y familiares que existen entre las dos orillas del Jordán. Hay una continuidad histórica natural de la comunidad humana que vive en las dos orillas de este río, y para que esta comunidad pueda ejercer su autodeterminación hace falta otro tipo de gobierno en Jordania, un gobierno que sea realmente democrático, lejos de la actual situación, en la que una mayoría de la población se halla oprimida por un régimen que fomenta las divisiones étnicas de naturaleza tribal.
Por eso no creo que el gobierno jordano esté entusiasmado con la perspectiva de una nueva unión de las dos orillas; mucho menos que la busque activamente. ¿Por qué el rey Hussein rompió oficialmente las relaciones entre su reino y Cisjordania en 1988? Sencillamente, porque la Intifada estaba en su momento culminante y se dio cuenta de que esta Cisjordania en la que la monarquía había reinado desde el acuerdo que su padre concluyó con los sionistas en 1948 – la Cisjordania en la que la monarquía había podido reinar más o menos sin grandes dificultades hasta 1967— se había vuelto ingobernable debido a la Intifada. Se había convertido en una patata caliente, demasiado difícil de manipular. Por eso rompió oficialmente las relaciones y abdicó de cualquier pretensión sobre Cisjordania.
¿Cree que la escena política palestina va a continuar en manos de Hamás y de Fatah en un futuro previsible, o piensa que ciertas fuerzas que actualmente son marginales tienen oportunidades de ocupar más espacio?
Actualmente, no veo tal perspectiva. Quiero decir que, por el momento, no existen competidores reales a los dos principales actores que son el Fatah y Hamás. Las demás fuerzas, en particular la izquierda palestina, han perdido crédito en estos años pasados, después de haber desperdiciado muchas ocasiones. No es, pues, de esperar que resurjan subitáneamente, como pro milagro, a menos que apareciera una nueva fuerza de la que, hasta ahora, no hemos oído hablar; y aun en este último caso, siempre le haría falta cierto tiempo para madurar. Lo que se darán, a partir de la situación actual, son nuevas evoluciones en el interior de las dos fuerzas en que se polariza la sociedad palestina, una lucha entre distintas fracciones en el seno del Fatah y de Hamás. Ni una ni otra son fuerzas monolíticas, puesto que son grandes y tienen una afiliación de masas. Por lo tanto, es más probable que se produzcan cambios en su interior que la inopinada aparición de nuevas fuerzas externas.
Dicho esto, deseo vivamente que surja una tercera fuerza, un movimiento progresista sostenido en la tradición de izquierda que existe entre los palestinos, una tradición para nada despreciable, ni siquiera en Gaza, aunque no es lo suficientemente robusta como para hacer contrapeso al Fatah o a Hamás. Desearía vivamente que surgiera una fuerza de izquierda y que se convirtiera en un actor importante en la escena palestina. Pero, para serle franco, por el momento, dejando de lado la esperanza o el deseo, no es esa una perspectiva realista, no veo las condiciones para eso.
Gilbert Achcar ha vivido en Líbano durante muchos años antes de instalarse en Francia, luego en Alemania y en el Reino Unido, donde actualmente es profesor en la Escuela de estudios orientales y africanos (SOAS) de la Universidad de Londres. Es autor y coautor de varias obras, entre las cuales El choque de las barbaries (2002), El Oriente incandescente (2003), La guerra de los 33 días (con Michel Warschawski, 2007) y, con Noam Chomsky, El polvorín del Medio Oriente (2007). Su próximo libro, Los Árabes y la Shoah, aparecerá en otoño 2009.
Traducción para www.sinpermiso.info: Anna Garriga Tarrés
J. Stiglitz y M. Yunus: entrevistas a sobre la crisis internacional…
Entrevista a Joseph Stiglitz y Muhammad Yunus
por Nathan Gardels y Hasnain Kazim
Letras Libres Nov-08
Dos Premios Nobel, uno de economía y otro de la paz, se suman al coro de voces que intenta entender las causas de la crisis financiera y sus posibles salidas. Ambos repiten como un mantra: regulación, regulación
La caída de Wall Street. Entrevista con Joseph Stiglitz
Barack Obama ha dicho que el desplome de Wall Street es la crisis financiera más grave desde la Gran Depresión. John McCain dice que la economía está en riesgo, pero que sus cimientos son sólidos. ¿Quién tiene la razón?
Obama está mucho más cerca de dar en el blanco. Sí, en Estados Unidos hay gente talentosa, grandes universidades y un buen sector de alta tecnología. Pero los mercados financieros han jugado un papel muy importante y representan un 30 por ciento de las utilidades corporativas de los últimos años. Quienes manejan los mercados financieros han cosechado estas utilidades bajo el argumento de que estaban ayudando a administrar el riesgo y a asignar el capital de manera eficiente, razón por la cual, según ellos, “merecían” esos altos rendimientos. Pero hoy se ha demostrado que eso no era cierto. Lo han hecho todo mal. Y ahora las cosas se han vuelto en su contra y el resto de la economía lo pagará conforme los engranes del comercio se ralenticen debido a la crisis crediticia. Ninguna economía moderna puede funcionar bien sin un sector financiero vigoroso. Así que el diagnóstico de Obama, según el cual nuestro sector financiero está en condiciones alarmantes, es correcto. Y si dicho sector está en condiciones alarmantes, eso significa que nuestra economía está en condiciones alarmantes.
Incluso si no nos concentramos en el caos financiero, sino en el nivel doméstico, veremos que la deuda nacional y federal es un problema importante. Nos estamos ahogando. Si reparamos en la desigualdad –la más acentuada desde la Gran Depresión – veremos que ahí hay un problema importante. Si reparamos en el estancamiento de los salarios, veremos que ahí hay un gran problema. La mayor parte del crecimiento económico de los últimos cinco años descansó sobre la burbuja hipotecaria que hoy ha estallado. Y los frutos de ese crecimiento no han sido distribuidos con la debida amplitud. En pocas palabras, los cimientos no son sólidos.
¿Cuál debería ser la política que responda al desplome de Wall Street?
Claramente, necesitamos no sólo una nueva regulación sino un rediseño del sistema regulatorio. Durante su reinado como presidente de la Reserva Federal –el periodo durante el cual creció esta burbuja hipotecaria y financiera– Alan Greenspan tuvo muchos instrumentos a su disposición para atajar el problema, pero fracasó. Después de todo, Ronald Reagan lo designó por su postura antirregulatoria. El anterior presidente, Paul Volcker, conocido por mantener la inflación bajo control, fue despedido porque la administración Reagan no lo consideraba un desregulador adecuado. Estados Unidos padece entonces las consecuencias de elegir como regulador en jefe de la economía a alguien que no creía en la regulación.
Así, para corregir el problema necesitamos en primer lugar líderes políticos y legisladores que crean en la regulación. Y además de eso, necesitamos construir un nuevo sistema capaz de lidiar con la expansión de los instrumentos financieros y económicos más allá de los tradicionales bancos. Necesitamos, por ejemplo, regular los incentivos. Los bonos deben pagarse según el desempeño multianual y no cada año, ya que esto fomenta la especulación. La opción de compra de acciones alienta la contabilidad deshonesta y es preciso ponerle un freno. En pocas palabras, hemos fabricado incentivos al mal comportamiento en el sistema, y lo que hemos obtenido es ese mal comportamiento.
También nos hacen falta “topes”. Históricamente, toda crisis financiera ha estado asociada con la expansión demasiado rápida de determinado tipo de activos, desde tulipanes hasta hipotecas. Si restringimos este fenómeno, podremos impedir que las burbujas se salgan de control. El mundo no desaparecería si las hipotecas crecieran a un 10 por ciento anual en lugar de un 25 por ciento anual. Conocemos tan bien el modelo que debemos ser capaces de hacer algo para moderarlo. Pero sobre todo, de la misma manera en que tenemos una comisión de seguridad para los bienes de consumo, necesitamos una comisión de seguridad para los productos financieros. Los hombres de finanzas inventaron productos que no estaban diseñados para administrar el riesgo sino para crearlo.
Por supuesto, creo firmemente en una mayor transparencia. Ahora bien, en términos de los estándares regulatorios, los productos financieros deben ser transparentes en un sentido técnico. Dichos productos eran tan complejos que nadie podía entenderlos. Si cada disposición de los contratos se hubiera hecho pública, no habría añadido ninguna información sobre el riesgo que le resultara útil a cualquier mortal. Tener demasiada información equivale a no tener ninguna. En este sentido, quienes llaman a una mayor apertura como solución al problema no entienden la información. Si compras un producto, quieres saber cuál es el riesgo, así de simple. Esa es la cuestión.
Los tenedores de los títulos hipotecarios detrás del colapso están en todo el mundo, en bancos o en fondos soberanos en China, Japón, Europa y el Golfo. ¿Qué impacto tendrá esta crisis sobre ellos?
Eso es cierto. Las pérdidas que sufrieron las instituciones financieras europeas por las hipotecas de alto riesgo fueron mayores a las registradas en Estados Unidos. A decir verdad, el hecho de que Estados Unidos diversificara los títulos hipotecarios entre tenedores alrededor del mundo –gracias a la globalización de los mercados– suavizó el impacto en el país. Si no hubiéramos repartido el riesgo alrededor del mundo, la caída en Estados Unidos habría sido mucho peor. Ahora, como resultado de esta crisis, se empieza a entender la asimetría informativa de la globalización. En Europa, por ejemplo, no quedaba muy claro que las hipotecas estadounidenses son hipotecas sin aval: si el valor de la propiedad se vuelve menor al valor de la hipoteca, uno puede devolver la llave al banco y retirarse. En Europa, la propiedad es una garantía, y el prestatario está obligado a pagar el monto que recibió sin que importe nada más. Este es uno de los peligros de la globalización: el conocimiento aún es local porque uno sabe mucho más sobre la propia sociedad que sobre otras.
Entonces, ¿cuál es, en última instancia, el impacto del desplome de Wall Street sobre la globalización orientada al mercado?
La agenda de la globalización ha estado estrechamente ligada a los fundamentalistas del mercado, es decir, a la ideología del libre comercio y de la liberalización financiera. En esta crisis hemos visto cómo la mayor parte de las instituciones de mercado en la economía más orientada al mercado fracasaron y corrieron a pedir ayuda al gobierno. Todo el mundo dirá ahora que este es el fin del fundamentalismo de mercado. En este sentido, el desplome de Wall Street es para el fundamentalismo de mercado lo que la caída del Muro de Berlín fue para el comunismo: le dice al mundo que esta forma de organización económica resultó no ser sustentable. A fin de cuentas, dicen todos, el modelo no funcionó. Este momento es un indicador de que los alegatos por la liberalización del mercado financiero eran falsos. ~
– Nathan Gardels © New Perspectives Quarterly
El capitalismo se ha convertido en un casino
Entrevista con Muhammad Yunus
Durante años usted ha abogado por una mayor conciencia social en nuestra forma de hacer negocios y ha denunciado lo dañina que resulta la estrechez de miras cuando sólo se busca la maximización de ganancias. Ahora el sistema financiero entero se está tambaleando.
Me entristece el curso actual de los acontecimientos. Es algo que sin duda no me hace feliz. La crisis ha lastimado a mucha gente y súbitamente ha vuelto inestable al mundo entero. En estos momentos deberíamos concentrarnos en garantizar que una crisis financiera de esta índole no vuelva a repetirse.
¿Qué debe hacerse?
Hay enormes agujeros en el sistema financiero que se deben tapiar. Está claro que ahora el mercado no puede resolver estos problemas por sí mismo, así que la gente tiene que acudir a los gobiernos para pedir ayuda de emergencia. Esto no es una buena señal, pues muestra que la confianza en los mercados se ha desvanecido. Desafortunadamente, por el momento no existe otra alternativa más que la intervención y el apoyo de los gobiernos. Hoy día ese es el método empleado para combatir la crisis, un método que se echó a andar con los 700 billones de dólares del paquete de rescate aprobado en Estados Unidos.
¿Cuál es exactamente el problema con esta estrategia?
El punto es que debemos regresar tan pronto sea posible a los mecanismos de mercado que puedan paliar la crisis y resolver los problemas. Las soluciones deben provenir del mercado y no de los gobiernos.
Pero usted mismo ha dicho que el mercado es incapaz de resolver los problemas.
En eso precisamente es en lo que debemos trabajar. Durante un largo tiempo, las prioridades principales han sido la maximización de ganancias y el crecimiento rápido, pero este enfoque nos ha conducido a la actual situación. Cada día debemos escudriñar para ver si existe crecimiento potencialmente dañino en algún lugar. Si descubrimos que lo hay, entonces debemos reaccionar de inmediato. Si algo crece anormalmente rápido, entonces debemos detenerlo. ¿Por qué no invierten todas las compañías en un fondo que compre los títulos que se han vuelto demasiado riesgosos? Ya puedo imaginar un modelo de negocios para un programa de tal naturaleza.
Por una parte, usted dice que el mercado debe resolver el problema por sí mismo pero, por otra, critica el crecimiento demasiado acelerado. Al parecer, usted cree que el capitalismo orientado hacia el lucro ha fracasado.
En absoluto. El capitalismo, con todos sus mecanismos de mercado, debe sobrevivir, no me cabe duda. Lo que condeno es que hoy sólo exista un incentivo para hacer negocios, y que este sea la maximización de ganancias. El incentivo del bienestar social debe ser incluido. Se precisan muchas más compañías cuyo objetivo principal no sea tener los rendimientos más altos, sino proporcionar el mayor beneficio a la humanidad.
¿Y usted piensa que esos dos incentivos se excluyen mutuamente? El banco que usted fundó, el Grameen Bank, que lo llevó a recibir el Premio Nobel de la Paz en 2006, ayuda a la gente y tiene rendimientos saludables.
El Grameen Bank es una compañía orientada al bienestar social que, además, tiene utilidades, pero no se concentra en maximizar sus ganancias. No me interesa convertir todas las compañías lucrativas en empresas socialmente responsables. Se trata de dos categorías diferentes, y siempre habrá negocios cuyo objetivo principal sea ganar tanto dinero como sea posible. Pero ganar tanto dinero como sea posible sólo puede ser el medio para un fin, y no un fin en sí mismo. Uno debe invertir el dinero en algo significativo, y yo defendería que ha de ser en algo que mejore la calidad de vida de toda la gente.
Pero, ¿qué tiene que ver la crisis financiera con un aumento en el número de compañías socialmente responsables?
Si hubiera más compañías socialmente responsables, la gente tendría más oportunidades para forjar sus vidas. Los mercados estarían más equilibrados que hoy.
Usted está hablando de salvar al mundo a través del altruismo…
Hay muchos filántropos en este mundo, gente que ayuda a la gente dándole casa, educación, etcétera. Pero esa es una vía de un solo sentido. El dinero se gasta y nunca regresa. Si uno invirtiera ese dinero en una compañía socialmente responsable, el dinero se mantendría en la economía y resultaría mucho más eficaz, ya que se utilizaría según los criterios del mercado generando así cierto nivel de retorno de la inversión.
¿Quién cree que sea culpable del actual desplome financiero?
El mercado mismo, por la falta de una regulación adecuada. El capitalismo de hoy se ha vuelto un casino. Los mercados financieros están impulsados por la avaricia. La especulación ha alcanzado proporciones catastróficas. Todo esto debe terminar.
La actual crisis financiera comenzó como una crisis crediticia: los propietarios de viviendas en Estados Unidos ya no podían pagar sus hipotecas. En el Grameen Bank, que proporciona micropréstamos, el índice de pago es cercano al cien por ciento. ¿Usted cree que su banco podría ser un modelo para todo el sistema financiero mundial?
La diferencia fundamental es que nuestro negocio está muy vinculado a la economía real. Cuando otorgamos un préstamo por 200 dólares, ese dinero se utilizará para comprar una vaca en algún lugar. Si prestamos 100 dólares, alguien comprará unos pollos. En otras palabras, el dinero va a parar en algo con un valor concreto. Las finanzas y la economía real deben estar vinculadas. En Estados Unidos, el sistema financiero se ha separado por completo de la economía real. Ahí se construyeron castillos en el aire y, de pronto, la gente se dio cuenta de que esos castillos sencillamente no existían. Ese fue el punto en que se desplomó el sistema financiero.
¿Y es momento de que los gobiernos intervengan en la economía de mercado y refuercen la regulación?
Debe haber regulación, pero no se debe permitir que los gobiernos conduzcan el mercado. Se ha hecho evidente que la “mano invisible” de Adam Smith, que supuestamente resuelve todos los problemas del mercado, no existe. Esa “mano” ha desaparecido en los últimos días. Lo que estamos viviendo es un dramático fracaso de los mercados. ~
– Hasnain Kazim © Der Spiegel
Traducción de Marianela Santoveña
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Evo, Lugo, Chávez y Correa en el Foro Social Mundial…
REUNIDOS POR EL FSM, CUATRO MANDATARIOS HABLARON DE LA NUEVA AGENDA LATINOAMERICANA
Los cuatro, cada uno a su manera, coincidieron en que otro mundo no sólo es posible, sino que ya nació, de la mano de los procesos democráticos que están teniendo lugar en la región. Y coincidieron en reconocerse herederos del foro social.
Por Sandra Russo
Por primera vez desde la existencia del Foro Social Mundial (FSM), cuatro presidentes latinoamericanos en ejercicio se sumaron a los debates. Fernando Lugo, de Paraguay; Rafael Correa, de Ecuador; Evo Morales, de Bolivia, y Hugo Chávez, de Venezuela, vinieron a Belém en un gesto que rebasa la empatía que existe entre los participantes y las políticas que ellos llevan adelante en sus respectivos países. Los cuatro, cada uno a su manera, coincidieron en que otro mundo no sólo es posible, sino que ya nació, de la mano de los procesos democráticos que están teniendo lugar en la región. Y también coincidieron en reconocerse herederos, portavoces, receptores del ideario que el FSM proclama desde 2001. Hablaron frente a integrantes de los movimientos sociales de la región, a quienes agradecieron que con sus luchas les hayan allanado el camino hacia el gobierno.
El encuentro no estaba anunciado y tuvo lugar en la Universidad Estadual, que hasta ayer no formaba parte de los escenarios previstos para el FSM. La seguridad de los presidentes obligó a que los organizadores dieran algunas pistas el miércoles, que la prensa haya ido al gimnasio de esa universidad a acreditarse sin saber del todo a qué, que el Movimiento de los Trabajadores Sin Tierras, que sesionaron un rato antes, extendiera las acreditaciones, y que el encuentro empezara con el estadio lleno de blancos, que se fueron cubriendo con el pasar de las horas: los llenaron indígenas de diferentes etnias, sobre todo de Ecuador, Bolivia y Brasil.
El rumor indicaba que Hugo Chávez llegaría al encuentro con los movimientos sociales, pero el que primero llegó, para sorpresa de todos, fue Rafael Correa. Un rato más tarde, llegó Lugo. Y por último, dieron el presente Evo y Chávez. Mientras Correa y Lugo esperaban a los otros dos presidentes hubo música, pero a la manera del FSM: Correa y Lugo agarraron los micrófonos, y cantaron a voz en cuello desde temas de Silvio Rodríguez hasta boleros y marchas militantes. El cartel que se desplegaba en el escenario rezaba: “Diálogo sobre la integración popular de nuestra América”.
El que empezó fue el carismático Correa, en cuyo mensaje se dedicó sobre todo a definir cómo es y cómo se imagina que debe seguir germinando el “socialismo del siglo XXI”. “Estamos en una época de cambios en América latina. No es casual que ésta sea la primera vez que hay presidentes en este foro. Pero debemos preguntarnos qué cambió. Y lo que cambió es que ya no respondemos a ese extraño Consenso de Washington al que adherían antes los gobiernos latinoamericanos. ¿Qué consenso era ése? ¿Por qué íbamos a adherir a un consenso hecho en Washington? ¿Quién consensuaba con América latina? Quién iba a pensar que después de una época en la que gobernaban Collor de Mello, Menem, Fujimori, íbamos a comenzar este proceso que inició Hugo Chávez en Venezuela, aunque quiero recordar aquí a Fidel Castro”, dijo, y los aplausos taparon su voz.
Sobre el cambio que ya comenzó, Correa dijo que espera “que al menos los responsables de esta crisis mundial hagan un mea culpa, un examen de conciencia por el desastre que han hecho. Este cambio es muy profundo. Somos parte de un proceso de esperanza, contra el modelo de injusticia y de muerte que fue el neoliberalismo. Lo que está pendiente, compañeros y compañeras, es nuestra definitiva independencia”.
Sobre la crisis, Correa alegó que lo que cae es un sistema. Y que el cambio debe incluir la ética que rige nuestras sociedades. “Venimos del culto al individualismo extremo. El socialismo del siglo XXI se expresa a través de la reivindicación del Estado, interviniendo en las cuestiones públicas. No un Estado ineficiente, porque hay que aprender las lecciones. Pero rescatamos el rol del Estado en nuestros países. También, la acción colectiva, porque el neoliberalismo nos demostró qué sucede cuando cada uno piensa solamente en sí mismo. Y por último, la planificación. Los países ricos durante décadas planificaron sus políticas, pero a los países emergentes no nos permitían planificar las nuestras.”
Sobre la integración latinoamericana, dijo: “Habrá que tener en poco tiempo una moneda común, regional. Debe ser una integración con una nueva lógica, y con políticas comunes en comunicación, energía, recursos, logística. ¿Qué sentido tiene que vayamos a resolver nuestros problemas a una OEA que tiene su sede en Washington?”.
Fernando Lugo, por su parte, recuperó del discurso de Correa la idea de que el cambio ya empezó, y que ese otro mundo que reclama desde hace ocho años el FSM ya tiene forma.
“Con mucha alegría recuerdo que fui desde Asunción a Porto Alegre en 2001, al primer foro. Aquí sigo viendo los rostros esperanzados de esta América latina que hoy vive un proceso intenso de cambio. Quién se iba a imaginar, no hace ocho años, hace uno, que la lucha de los movimientos sociales, de jóvenes, de indígenas, de mujeres, de trabajadores iban a dar estos frutos. La lucha de los movimientos sociales es el gran sostén de un cambio duradero en la región. Hace unos años nuestros países tenían gobiernos conservadores, a los que derrotamos. Pero no es suficiente. Hace falta un cambio de ética. Y hace falta volver a creer en la profecía del pueblo guaraní, en la Tierra Sin Mal. Hemos tenido aciertos y errores. Por eso hay que decir algunas cosas con todas las palabras. Por ejemplo, lo que sentimos cuando vemos niños palestinos masacrados.”
Lugo admitió que a la democratización de nuestras sociedades le falta mucho camino. “No sólo hace falta acercamiento entre gobiernos. Hace falta acercamiento entre partidos, entre movimientos sociales. La integración no la podemos hacer sólo los presidentes, porque sería una falsa integración. La verdadera debe venir de abajo. Mientras tanto, seguiremos caminando y cantando, como siempre.”
Evo Morales fue ovacionado por el estadio. Fue un aplauso de pie, quizá para reparar en parte el maltrato que Evo sufre en su país, pese a demostrar una y otra vez en las urnas que la mayoría de su pueblo lo apoya. Entre las cosas más directas y claras que dijo Evo, se cuenta la mención a la Iglesia Católica. “El pueblo boliviano ya habló. Pero quiero decirles hoy que no sólo la prensa boliviana es de derecha. También lo es la Iglesia Católica. Y les digo que así como otro mundo es posible, otra Iglesia también es posible”, dijo, y de nuevo el estadio se paró a aplaudir.
Sobre las grandes líneas políticas con las que los otros tres presidentes acuerdan, Evo dijo que el agua, la energía, los recursos básicos no pueden ser privados. Recordó que en su país había una base militar norteamericana: “No aceptamos ninguna base extranjera en nuestro territorio. Podrán decir que el presidente Morales se equivocó, pero nunca que cedió a alguna presión para claudicar en la lucha contra el imperialismo norteamericano”.
Y llegó el turno de Chávez; esta vez con un preocupado Pablo De Michelis, de la CTA, presente en el panel, admitió, “para la tarea antipática pero militante de medir el tiempo que habla cada presidente”. Cuando Chávez comenzó a hablar, les había tomado él mismo el tiempo a Lugo, Correa y Morales. “Hablamos veinte minutos. Yo también voy a hablar veinte minutos. ¡Socialismo, igualdad!”, se rió. Y empezó a hablar como suele hacerlo, con bromas a Evo (“que juega al fútbol todos los días a 5000 metros de altura”) y a Correa (“ya le están saliendo canas. Rafael: antes no las tenías”). Chávez se preocupó por traer una y otra vez al estadio la figura de Fidel Castro. Fue un homenaje, una dedicatoria de este foro al comandante cubano. Y cada vez que mencionaba su nombre, los miembros de los movimientos sociales reconocían el gesto y vivaban la revolución que cumplió medio siglo. “Estamos ahora ante la opción del socialismo, porque no hay una tercera vía. Es capitalismo o socialismo. Tenemos que elegir”, señaló Chávez.
Dijo que alguna vez Fidel le dijo que el FSM era la expresión genuina de las corrientes emergentes. También trajo una frase del subcomandante Marcos, que dijo que el FSM era “un nido de sueños”. Repasó la historia regional de las últimas décadas. Recordó los ’90, la “gran oscurona”, cuando se apagaron todas las luces del continente. Recordó cómo su gobierno peligró una y otra vez en 2001, 2002, 2003, bajo la sombra de la reacción. “Todos nosotros somos una consecuencia de las luchas de otros. De las luchas de ustedes. La lucha de los bolivianos trajo a Evo, la de los ecuatorianos trajo a Rafael, la de los paraguayos a Lugo, y yo cumplo con la lucha de los venezolanos. Estos últimos diez años marcan el comienzo de esta nueva época. Ahora vamos a ver qué hace el nuevo presidente norteamericano, Barack Obama, después de que su antecesor se haya ido por la puerta de atrás de la historia. Está muy bien que haya cerrado la cárcel de Guantánamo, pero lo correcto sería que les devolviera Guantánamo a sus dueños, los cubanos.”
Finalmente, eligió dedicar un homenaje a las mujeres. “Yo afirmo aquí que soy feminista. Y es más, creo que no puede existir un buen socialista que no sea feminista. Si no lo es, algo le falla”, dijo, y las feministas presentes se pararon a vitorearlo. Eran muchísimas.
Para cerrar el encuentro, después de recordar la importancia que en este proceso tuvo la Cumbre de las Américas en Mar del Plata, cuando nació el Alba y cayó el ALCA, Chávez reafirmó lo que dijeron los otros tres: “Otro mundo no sólo es posible. Es necesario. Y digo más: otro mundo ya nació. Pero tenemos que cuidarlo mucho, como a un bebé. Ese otro mundo está aquí”.
Página/12
Elementos del debate entre K. Rogoff y J. Stiglitz sobre la globalización y el FMI…
EL MALESTAR EN LA GLOBALIZACIÓN
GLOBALIZATION AND ITS DISCONTENTS
de Joseph Stiglitz, 2002, Taurus, Bogotá, 314 páginas.
Astrid Martínez*
* Profesora asociada de la Universidad Nacional de Colombia e investigadora del CIPE, Universidad Externado de Colombia, as_martinez@hotmail.com. Fecha de recepción: 24 de septiembre de 2002; fecha de aceptación: 1 de octubre de 2002.
En el verano de 1997, cuando el baht tailandés perdió súbitamente un veinticinco por ciento de su valor, nadie anticipó que se trataba del comienzo de una crisis universal. En el siguiente semestre, la crisis financiera llegó a Indonesia, Corea y Malasia. La caída del crecimiento en el sureste asiático redujo el crecimiento global y los precios de las materias primas. Las repercusiones llegaron a Rusia, África y América Latina. La crisis financiera se extendió a Brasil en 1998, a Argentina en 2001 y a Uruguay en 2002.
El descontento se expresó en las manifestaciones contra la globalización que comenzaron con ataques a los símbolos de la transnacionalización como McDonald’s en París y siguieron contra la reunión ministerial de la OMC en Seattle en diciembre de 1999 y contra otras reuniones de las entidades multilaterales en los siguientes años.
En todos los rincones del planeta la pregunta es: ¿qué falló? A comienzos de la década de los años noventa había optimismo. Los países en desarrollo y los que hacían el tránsito de una economía centralmente planificada a una economía de mercado estaban adoptando los preceptos del Consenso de Washington, y la economía mundial prometía ser más dinámica gracias a la liberación del comercio y de los flujos de capitales.
En América Latina, para Eduardo Lora (2002), la difícil situación económica internacional hace dudar sobre la capacidad de ajuste fiscal de los países. En todas partes hay manifestaciones de descontento social y de insatisfacción, y surge un espacio para propuestas populistas de izquierda y de derecha. Se observa desde 1997 un deterioro agudo en los términos de intercambio de América Latina, amortiguado parcialmente con la evolución de los precios del petróleo.
A pesar de las reducciones de las tasas de interés del Federal Reserve, no se ha reducido el costo de financiamiento para América Latina: los márgenes a principios de 2002 eran superiores en seis puntos a los vigentes en 1997, antes de la crisis asiática. Los mercados en 2001 habían diferenciado países en la región, y la crisis financiera había afectado a Argentina y Brasil, pero no a Colombia ni México. En septiembre de 2002, los márgenes se han elevado para todos los países de la región.
Los flujos de financiamiento externo a América Latina se han debilitado en los últimos años, desde 1998. En su mejor momento, esos recursos llegaron a 100 mil millones de dólares al año. Hoy cayeron a la mitad debido al comportamiento de las inversiones de cartera. En 1999 y 2000, estos flujos fueron negativos y hoy son nulos. En 2001, la inversión externa directa, IED, en la región latinoamericana fue de 57 mil millones de dólares. Las perspectivas del crecimiento en 2002 son pobres contra el 3 a 4% que se pronosticó a principios de año. La inflación ha caído en todos los países del área.
Según el mismo Lora, economista del BID, a pesar del debilitamiento de la demanda interna, los gobiernos han mantenido políticas fiscales austeras. Los países no han podido tampoco aumentar el déficit externo, “como sería deseable” para no tener que recortar aún más el gasto interno cuando están cayendo los ingresos de exportación. La inversión extranjera logró cubrir los faltantes hasta mediados de 2001, pero ese no parece ser un escenario sostenible. Debido al reducido margen de ajuste de los balances fiscales y externos para preservar la estabilidad macroeconómica, Brasil y Chile recurrieron a la devaluación en 2001 y Argentina, a la elevación de las tasas de interés. La tragedia argentina no estaba anunciada. A principios de 2000, el consenso de los mercados era que en 2001, el crecimiento de ese país sería de 4 o 5%. Los márgenes de deuda no eran superiores a 600 puntos básicos (6% por encima de los bonos del tesoro de Estados Unidos) y el país tenía una buena calificación de riesgo. Hoy, las perspectivas de crecimiento son negativas y el mercado de crédito está cerrado para ese país. A Argentina, según Lora, la afectó la devaluación del real, la caída del precio de las materias primas, el fortalecimiento del dólar y los hechos políticos internos que dificultaron la adopción de medidas de ajuste y debilitaron la confianza internacional. Todo ello creó preocupación sobre la sostenibilidad fiscal debido a la elevada deuda pública, la sensibilidad de la situación fiscal a la tasa de interés (toda en dólares) y los elevados requerimientos de endeudamiento público para 2001. A pesar del ajuste más “draconiano”, con reducción de salarios públicos, creativas reestructuras de deuda y dos soportes del FMI, Argentina no pudo superar la crisis.
Con base en las encuestas que se hacen en la región, Lora (2002) se pregunta si ha llegado el fin de las reformas que se emprendieron a principios de los años noventa en la región, si habrá retorno a las políticas de control e intervención estatal. El autor responde que hasta ahora no, que los opositores a las reformas han decidido ceder en momentos de crisis, para evitar un riesgo mayor. Sin embargo dice:
no se puede desconocer que en toda la región reina un ambiente de descontento con la situación económica y de insatisfacción con los resultados de algunas reformas económicas. Dos de cada tres personas en Argentina, Colombia y Perú opinan que la situación es mala o muy mala. Menos de la mitad de los venezolanos, brasileños o chilenos, y sólo uno de cada cinco de los peruanos, argentinos o colombianos opinan que las privatizaciones han traído beneficios.
En las actuales circunstancias de América Latina, no se han cumplido las condiciones que Lora señaló como necesarias para evitar el retroceso de las reformas: que se encontrara una solución a la situación de Argentina y evitar el contagio; que se recuperara la economía de los Estados Unidos y que se dinamizaran las exportaciones.
La democracia también parece estar en riesgo. Los latinoamericanos esperan mucho más de la democracia: dos de cada tres latinoamericanos se declaran insatisfechos o muy insatisfechos con los resultados de la democracia, y en muchos países apenas una minoría piensa que es la mejor forma de gobierno.
En este escenario, en 2001, Joseph Stiglitz de la Universidad de Columbia gana el premio Nobel de Economía, junto con Michael Spence de Stanford y George Akerlof de California, por sus contribuciones al análisis de mercados con información asimétrica1. Estos estudiosos aportaron elementos para el desarrollo de la teoría de la competencia imperfecta y de los casos en los cuales se justifica la intervención del Estado. Las fallas de mercado detectadas en estos análisis impiden que la competencia conduzca a un óptimo paretiano en el mercado. Diversos dispositivos de la regulación pueden conducir a una situación de “segundo mejor”. De esa manera, este análisis mejora la capacidad teórica de la corriente principal en economía. Sus críticos afirman que las fallas del Estado impiden que la intervención conduzca a un mejor resultado que el mercado. Los constitucionalistas, por ejemplo, son partidarios de introducir reglas fijas en el contrato social, en la Constitución Política, para reducir al mínimo el margen de maniobra de las autoridades en situaciones de falla de mercado.
El reconocimiento de la obra de estos economistas fue recibido con euforia por el movimiento internacional en contra de la globalización y por quienes están en contra de las políticas inspiradas en el Consenso de Washington. Se les otorgaba así estatus teórico a las objeciones contra el fundamentalismo de mercado que según sus detractores había inspirado las reformas económicas adoptadas en el mundo en desarrollo y en las economías en transición al capitalismo después de la caída del muro de Berlín en 1989.
La publicación del libro El malestar en la globalización de Joseph Stiglitz en 2002, en un lenguaje periodístico y accesible a la opinión pública mundial, sacó el debate de los círculos cerrados de la academia y está a punto de convertirse en la biblia de los movimientos alternativos en el mundo.
El libro fue escrito, según su autor, para narrar lo que vio, en su condición de consejero de Bill Clinton, entre 1993 y 1997, y como economista jefe y vicepresidente senior del Banco Mundial, entre 1997 y 2000, de la gestión de la globalización por parte del gobierno de los Estados Unidos y del FMI, y en menor medida por el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio, OMC. Esta gestión es la responsable de que los beneficios de la globalización, entendida como “la supresión de las barreras al libre comercio y la mayor integración de las economías nacionales”, hayan tenido un “efecto devastador” sobre los pobres de los países en desarrollo.
El libro tiene una gran repercusión por dos razones. La primera, porque fue escrito por el Premio Nobel de 2001. Innumerables autores en el mundo2, en el nivel internacional de la academia y de la política, vienen comentando y criticando el papel de las entidades multilaterales y la necesidad de revisar la arquitectura institucional internacional, con mayor énfasis desde 1997, sin que hasta el momento ninguno de ellos haya tenido el eco del manifiesto de Stiglitz. En segundo lugar, porque el contenido del libro habla de los problemas que preocupan a los gobiernos y a los pueblos de los países desarrollados y no desarrollados. El fracaso del Consenso de Washington como fórmula del éxito de la política económica en el logro simultáneo de los objetivos de crecimiento, empleo y equidad social ha minado la fe en la globalización y en la democracia. Los escándalos por la falta de transparencia de las operaciones contables de los grandes grupos económicos en los Estados Unidos y la repercusión en el mundo de la caída del valor accionario de las compañías punto com han renovado la pertinencia de la reflexión sobre el papel del Estado en la protección de los grupos que no cuentan con la información adecuada.
Stiglitz hace un juicio crítico del Consenso de Washington3 no porque estuviera mal formulado u orientado o porque fueran falsos sus enunciados que buscaban corregir los errores de la política monetaria laxa, la hiperinflación, la corrupción, la hipertrofia gubernamental y el crecimiento por encima de las posibilidades de los países, rasgos que habían caracterizado el manejo económico de los países altamente endeudados en la década de los años ochenta. “El problema radicó –según el autor– en que muchas de esas políticas se transformaron en fines en sí mismas, más que en medios para un crecimiento equitativo y sostenible. Así, las políticas fueron llevadas demasiado lejos y demasiado rápido, y excluyeron otras políticas que eran necesarias” (Stiglitz, 2002, 81). En el capítulo tres, “¿Libertad de elegir?”, Stiglitz desarrolla el núcleo fundamental de los argumentos del libro.
Estos argumentos son tres. El primero afirma el derecho de las naciones a definir autónomamente sus políticas económicas y sociales. Son los nacionales quienes mejor conocen sus problemas y sus instituciones, y las autoridades locales son las que responden por el resultado de las acciones gubernamentales. Los países que han tenido éxito para sortear la crisis son aquellos que como China, Polonia, Vietnam, Uganda, Etiopía y Malasia siguieron su propio camino, y no el indicado por el FMI. Esos países recurrieron al mercado, pero respetaron las características de sus economías y sociedades. Aquí aparecen menciones específicas sobre lo que se ha debido hacer en economías en transición, que se desarrollan después en los capítulos dedicados a Rusia. El llamado es a no ignorar las instituciones a la hora de formular las recomendaciones de política.
El segundo argumento, que es un juicio de valor no demostrado, es que las entidades multilaterales son las representantes de los intereses privados del gran capital financiero y comercial. Este hecho explica la falta de secuencia y ritmo de las exigencias hechas a los países del sureste asiático en la crisis de 1997 y 1998. El apoyo financiero que el FMI les dio a Tailandia, Indonesia y Corea era para que sostuvieran sus tipos de cambio. La medicina prescrita incluyó alzas en las tasas de interés, recortes en los gastos y aumento de los impuestos para garantizar el retorno de los capitales. La medicina fracasó, pero los paquetes de rescate sirvieron para que las empresas pagaran los préstamos que habían obtenido de la banca internacional.
Cuando Estados Unidos actúa por su cuenta y no en el marco de las agencias multilaterales, el resultado puede ser aun peor para los países. El representante comercial de los Estados Unidos pretendió obligar a China en 1994 a abrir sus mercados rápidamente, so pena de impedirle pertenecer a la OMC. En 1999 se le exigió liberar su mercado financiero para responder “a los estrechos intereses de la comunidad financiera norteamericana, que el Tesoro enérgicamente representa” (ibíd., 92). El premier chino Zhu Rongji debió volver a su país con las manos vacías, lo que debilitó su agenda reformista en contra, paradójicamente, de lo que buscaba Estados Unidos.
La liberación de los mercados financieros, precipitada por este juego de intereses, es para Stiglitz la causa central de las fallas de la apertura y la desregulación propuestas por el FMI durante la última década. Como elemento secundario menciona, sin igual énfasis, la “hipocresía” de los países desarrollados en las negociaciones comerciales cuando exigen derrumbar las barreras al comercio libre mientras levantan muros de protección para sus sectores no competitivos.
Un tercer punto es el llamado de atención sobre la necesidad de reexaminar el papel de las instituciones multilaterales y la transparencia con la cual operan, con el fin de que la globalización rinda sus frutos positivos. Se requiere reencontrar la concepción que dio origen, con la visión de Keynes, al FMI, una institución creada originalmente para corregir fallas del mercado, que aceptaba la necesidad de la acción colectiva en el nivel global, pero que se encuentra hoy en manos de los fundamentalistas del mercado. Las reformas que requiere el FMI son profundas, pero Stiglitz es muy escéptico sobre la viabilidad de esta reforma; no piensa lo mismo de la reforma del Banco Mundial y de la OMC. Respecto de estas dos instituciones, piensa que el cambio ya comenzó. La parte más sugerente de las recomendaciones alternativas es la que hace el autor en el capítulo final de su obra, en el apartado en que sugiere “Lo que se necesita” para reformar el sistema financiero internacional.
La reacción del FMI al libro no se hizo esperar. Kenneth Rogoff, consejero económico y director de investigación del FMI, le dirigió una carta abierta a Stiglitz el 2 de julio de 2002. En ella, el consejero defiende la institución y sus funcionarios, reconoce que hay que hacer ajustes en la forma como se maneja la situación de países que entran en bancarrota y duda que las recomendaciones de Stiglitz hubieran conducido a un mejor resultado. También le recuerda a Stiglitz que el FMI no causó la pérdida de Rusia, que ese país ya estaba perdido en una profunda crisis política y social cuando el FMI acudió en su ayuda. Por último pone en duda la veracidad de las afirmaciones de Stiglitz sobre conversaciones o encuentros que narra en el libro y afirma que si Stiglitz hubiera expuesto sus argumentos dentro del sistema, el FMI le habría oído.
La polémica internacional continuó. A manera de ilustración, el 9 de julio, Martin Wolf publica la columna “Wolf on Stiglitz: self-satisfied, simplistic, cogent” en Comment & Analysis. En ella reconoce la importancia de Stiglitz como economista teórico y de su testimonio por tratarse de alguien que estuvo dentro de las instituciones criticadas. Los argumentos correctos de Stiglitz son dos, según Wolf: El primero es que aquellos que se oponen a la globalización ignoran a menudo sus beneficios. El segundo es que para muchos analistas de los países en desarrollo, la globalización no ha traído los prometidos beneficios económicos. Sin embargo, los ataques personales que hace Stiglitz dejan un mal sabor. Además encuentra que el autor no reconoce las fallas del gobierno, mientras califica a sus oponentes de fanáticos del mercado. Muchos gobiernos son corruptos, violentos e incompetentes. Es ingenuo pensar que siempre actúan por el interés público.
El análisis de Stiglitz, dice Wolf, simplifica la realidad. ¿Cómo podría Rusia seguir una vía paulatina como la China si había perdido el Estado, el partido dirigente, el sistema económico y una ideología en solo meses?
Para Wolf, hay observaciones de Stiglitz que merecen ser tenidas en cuenta. Una es que la liberación de la cuenta de capital ha coexistido con regímenes cambiarios erróneos y debilitado los sistemas financieros, lo que causó catástrofes en varios países. Dos, el apoyo del FMI y del Banco Mundial a un sistema corrupto en Rusia y otros países en transición fue equivocado y motivo de escándalo. Tres, no se debió subestimar el papel de las instituciones en la promoción de la liberalización de la cuenta de capital. Cuatro, el Fondo no es transparente y debe cambiar.
Es cierto que el libro tiene por momentos un tono demasiado personal en la descripción de cómo funcionan las instituciones multilaterales y que no siempre es claro el ámbito de decisiones que estaban realmente al alcance de las instituciones y de los países en cada una de las situaciones examinadas. Sin embargo, la lectura de este libro contribuye a entender el entorno en el que operan economías como la colombiana y convoca a una reflexión sobre el papel que deben cumplir las autoridades y la sociedad en la búsqueda de nuevas propuestas de política y de respuestas a los desafíos de los países en desarrollo: promover el crecimiento, generar empleo y reducir la inequidad.
NOTAS AL PIE
1. Michael Spence mostró que los agentes mejor informados en el mercado adelantan acciones costosas para mejorar sus resultados de mercado. Para ello transmiten informaciones correctas a los peor informados y esta señal funciona. Sus trabajos han tenido aplicación en el caso de la educación como señal de productividad en el mercado laboral y en el caso de los dividendos como señal de rentabilidad en el mercado de acciones. George Ackerlof demostró que los vendedores tienen mejor información que los compradores y que este hecho conduce a una selección adversa que desmejora el bienestar de los consumidores. Igual cosa ocurre entre los prestamistas y quienes demandan los préstamos, lo que lleva a que las tasas de interés sean más altas en los países del Tercer Mundo. Joseph Stiglitz demostró que las asimetrías de la información pueden explicar fenómenos como el desempleo y el racionamiento de crédito. Sobre este último aspecto y las aplicaciones de estas contribuciones a Colombia, ver Tenjo (2002). Para una relación de la obra de los ganadores, ver www.nobelprizes.com.
2. Mencionamos dos autores pertenecientes a la academia de los Estados Unidos: Sachs (1997) y Rodrik (2002), y la CEPAL (2002).
3. El Consenso de Washington es un conjunto de recomendaciones hechas por las entidades multilaterales a finales de la década de los años ochenta a los países altamente endeudados y se resume en lo siguiente: 1. El déficit público no puede ser usado para reactivar la economía, a no ser que el mayor gasto vaya a infraestructura, y debe ser muy bajo (1 a 2% del PIB); 2. El gasto público debe ser reorientado. En vez de disponer recursos para la oferta de servicios sociales, hay que dar subsidios a la demanda en educación y salud; 3. La base impositiva debe ser amplia y las tasas marginales impositivas, bajas; 4. Las tasas de interés reales deben ser positivas para evitar la fuga de capitales e incentivar el ahorro; 5. Las exportaciones deben ser el motor del crecimiento, y la tasa de cambio real debe ser competitiva y estable; 6. La peor forma de protección son los paraaranceles y cuotas, y debe haber aranceles bajos excepto para las industrias nacientes; la liberalización comercial debe ser paulatina; 7. La restricción a la inversión extranjera es indeseable; 8. Las privatizaciones son bienvenidas cuando promueven la competencia, y son aún más útiles si ayudan a financiar el Estado; 9. La competencia se debe promover mediante una regulación adecuada, pero si la regulación la hacen administradores mal pagados, ello promueve la corrupción, y 10. Los derechos de propiedad son cruciales para el crecimiento.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
1. CEPAL. Globalización y desarrollo, vigésimo noveno período de sesiones, Brasilia, Brasil, 6 al 10 de mayo, 2002.
2. Lora, Eduardo. “América Latina en la encrucijada”, Revista El Espectador, 6 de enero, 2002.
3. Rodrik, Dani. After neoliberalism, what?, 2002, www.harvard.edu
4. Sachs, Jeffrey. “The Wrong Medicine for Asia”, New York Times, 3 de noviembre, 1997.
5. Stiglitz, Joseph. El malestar en la globalización, Taurus, Bogotá, 2002.
6. Tenjo, Fernando. “Stiglitz, sus aportes y la economía colombiana”, Carta Financiera, ANIF, enero, 2002.
KEN ROGOFF, consejero económico del Fondo lanza un ataque contra el premio Nobel Joe Stiglitz
El consejero económico del FMI, Ken Rogoff, se despachó a gusto contra el premio Nobel Joe Stiglitz, echándole en cara que las acusaciones que vierte sistemáticamente contra la institución no atienden a la verdad. Sugiere incluso que con sus palabras y sus ideas, Stiglitz, y no el FMI, podía haber agravado en su momento la crisis asiática
LA VANGUARDIA – 15.00 horas – 07/07/2002
Andy Robinson
Qué mosca le picó a Ken Rogoff, el consejero económico del Fondo Monetario Internacional (FMI)? Es la pregunta que se repite en los e-mails que se intercambian estos días entre las sedes del FMI y el Banco Mundial una en frente de la otra en la calle H de Washington. Rogoff lanzó un ataque tan visceral y personal contra el premio Nobel Joe Stiglitz durante la presentación del nuevo libro de este, “La globalización y sus descontentos”, que portavoces del banco se mostraron “asombrados” tras la conferencia.
Algunos en Washington se preguntan si el Fondo ha optado por responder al disidente Stiglitz –quien abandonó su puesto de economista jefe del Banco Mundial hace tres años bajo fuertes presiones del Tesoro de EE.UU. y del FMI– con aquel método del senador MacArthy: “character assasination”, o sea, difamación.
O como dijo un ex directivo del Fondo: “La especulación dentro de la sede del Fondo es que la alta dirección del FMI quería dar una respuesta fuerte al libro de Joe pero que Rogoff se pasó” .
Es una posible explicación aunque la misma fuente añade que “el Fondo es una organización extremadamente jerárquica y los discursos suelen ser revisados ad náuseam”. Stiglitz cree que fue una emboscada y se mostró extremadamente decepcionado. Hay un consuelo: la polémica “es fenomenal para las ventas del libro”, dijo una amiga de Stiglitz.
Todo esto ocurrió el pasado 29 de junio en una conferencia organizada por el Banco Mundial para debatir los argumentos esgrimidos por Stiglitz en su libro, muchos de ellos especialmente críticos con las políticas de austeridad que el Fondo recomendó durante las crisis en Asia y América Latina.
Rogoff tomó la palabra y en un discurso preparado, que inmediatamente después de la conferencia fue transcrito en la página web del FMI (www.imf.org), lanzó una dura invectiva contra Stiglitz calificándolo más o menos textualmente como soberbio y traidor, y tildando su libro de simplista y maniqueísta. He aquí unos extractos de su intervención: “Querido Joe (…) a diferencia de ti, me siento humilde ante el personal del FMI y del Banco Mundial (…). Me encuentro con gente que está profundamente comprometida con el fomento del crecimiento en el mundo en desarrollo y la reducción de la pobreza.(…) Representantes del Fondo han recibido tiros en Bosnia. Han trabajado durante semanas como esclavos en el frío de Tadjikistán y sin calefacción. Han contraído mortales enfermedades tropicales en África. Es gente inteligente, dotada de energía imaginativa. Su dedicación me hace sentir humilde. Pero en tus discursos y en tu libro te sientes libre para calumniarlos con desenvoltura”.
EL TEXTO DE LA INTERVENCION DE ROGOFF CONTRA STIGLITZ…
Fragmentos de la carta abierta de Kenneth Rogoff, Consejero Económico y Director del Departamento de Estudios del FMI a Joseph Stiglitz, autor de El malestar en la globalización
2 de julio de 2002
Estimado Joe,
Como tú, al ocupar mi cargo en Washington abandoné los claustros de una universidad estadounidense de primera línea, donde ocupaba un cargo académico permanente. Como tú, asumí estas funciones animado por el deseo de servir al interés general, pero a diferencia de lo que a ti te sucede,me invaden a diario sentimientos de humildad cuando me reúno con los técnicos del Banco Mundial y del FMI, personas intensamente dedicadas a promover el crecimiento económico en el mundo en desarrollo y a aliviar la pobreza. Me reúno con profesionales notables, que trabajan regularmente 80 horas por semana y que soportan prolongadas separaciones de sus familias. Funcionarios del FMI han sido blanco de disparos en Bosnia, han estado enclaustrados semanas enteras, sin calefacción, en el brutal invierno de Tayikistán, y han contraído enfermedades tropicales letales en África. Personas brillantes, dinámicas, de espíritu innovador, a quienes en tus discursos y en tu libro te permites difamar desaprensivamente.
Joe, quizá no recuerdes lo que voy a referirte, pero tuve el privilegio de ser tu vecino de oficina durante un semestre. A los economistas jóvenes, nos inspirabas profunda admiración. Uno de mis recuerdos favoritos de esa época es el almuerzo que compartimos con nuestro ex colega, Carl Shapiro. Comenzasteis a debatir la cuestión de si Paul Volcker
merecía que lo votarais para un cargo permanente en Princeton. En cierto momento, te volviste a mí, diciéndome: “Ken, tú trabajaste a las órdenes de Volcker en el Sistema de la Reserva Federal. ¿Es realmente una persona inteligente?”. Respondí algo así como: “Puede sostenerse que fue el más destacado Presidente del Sistema en el siglo XX”. Tu réplica fue: “Lo que quiero decir es si es inteligente como nosotros”. No supe cómo tomarlo, pues estabas mirando a Carl, y no a mí, cuando lo dijiste.
Dos razones me llevan a evocar esa anécdota. Primero, quizás el personal del FMI al que etiquetaste genéricamente como “de tercera categoría”—y creo que incluías también al personal del Banco Mundial en ese juicio— se sentirá mejor si sabe que forma parte del mismo grupo que el gran Paul Volcker. Segundo, el relato es un paradigma de la sin igual confianza en tí mismo con que llegaste a Washington, donde te viste confrontado con problemas de política económica un poquito más arduos que los que aparecen en nuestros modelos matemáticos, confianza que rezuman las 282 páginas de tu nuevo libro.De hecho, no me fue posible encontrar un solo pasaje en el que tú, Joe Stiglitz, admitas haber cometido siquiera el más leve error en relación con un problema importante del mundo real. Si la economía estadounidense atraviesa por un período de auge, en los años noventa, te acreditas cierto mérito. Pero si algo anduvo mal, ello se debe a que los mortales inferiores, como el Presidente del Sistema de la Reserva Federal, Alan Greenspan, o el ex Secretario del Tesoro Robert Rubin, desoyeron tus consejos.
Desearía formular tres aseveraciones sustanciales. Primero, que tu libro contiene muchas ideas y enseñanzas que los funcionarios del FMI en general podríamos compartir, aunque en su mayoría no son novedosas. Estamos totalmente de acuerdo, por ejemplo, en que es necesario modificar radicalmente los métodos que utilizamos para manejar situaciones de bancarrota de los países. La Primera Subdirectora Gerente del FMI, Anne Krueger —a quien describes como la malvada de la película por los esfuerzos que realizó en los años ochenta para promover la liberalización del comercio en el contexto de la política del Banco Mundial— ha respaldado enérgicamente una propuesta muy ambiciosa referente a los cometidos del FMI. En nuestro panel de Davos, criticaste acremente la idea en todos sus aspectos. En tu libro, en cambio, pretendes que se te reconozca el mérito de haber sido el primero en promoverla categóricamente. En tu libro abundan las insinuaciones y escasean las notas de referencia.
Segundo, recomiendas mecanismos que permitan al FMI mejorar radicalmente el asesoramiento que ofrece en la esfera de la política macroeconómica. Tus ideas son, en el mejor de los casos, sumamente polémicas, y en el peor de los casos, un curalotodo. Esto me lleva a mi tercera y más importante aseveración. En tu carácter de Economista Jefe del Banco Mundial decidiste asumir el que a tu juicio es el papel de heroico aguafiestas, que denuncia las medidas macroeconómicas, en tu opinión desacertadas, que se adoptaron durante la crisis asiática de los años noventa.
Tenías plena confianza en tí mismo; plena certeza de que las medidas que recomendabas eran impecables. En medio de una ola mundial de ataques especulativos, que tú mismo rotulaste como crisis de confianza, alimentaste el pánico al socavar la confianza en las mismas instituciones para las que trabajabas. ¿Nunca se te ocurrió que tus medidas pueden haber perjudicado a los pobres e indigentes de Asia por los que tanto te preocupas? ¿Pasaste alguna noche en vela pensando que quizás Alan Greenspan, Larry Summers, Bob Rubin y Stan Fischer tenían razón, y que tus actos impulsivos pueden haber acentuado la depresión económica o demorado —aun tan solo por un día— la recuperación a la que ahora asistimos en Asia?
Examinemos las recetas stiglitzianas para ayudar a un país deudor de mercado financiero emergente que se ve en dificultades; las ideas que describes como mejores que las que se están aplicando. Habitualmente los gobiernos acuden al FMI para obtener asistencia financiera cuando les resulta difícil encontrar compradores para sus instrumentos de deuda y cuando su moneda está perdiendo valor. Tu receta consiste en aumentar el déficit fiscal, es decir emitir más instrumentos de deuda e imprimir más dinero. A tu juicio, si el Gobierno de un país en dificultades emite más dinero, sus ciudadanos creerán súbitamente que su moneda es más valiosa. Al parecer, crees que cuando los inversionistas deciden no mantener instrumentos de deuda pública, basta incrementar la oferta para que esos títulos se vendan como pan caliente.
Nosotros, en el FMI —me corrijo: en el planeta Tierra— hace tiempo que recomendamos algo diferente.Nosotros los terrícolas hemos comprobado que cuando un país que padece dificultades fiscales trata de superarlas imprimiendo más dinero, la inflación aumenta, en muchos casos en forma incontrolable.Una inflación descontrolada estrangula el crecimiento económico y perjudica a toda la población, pero en especial a los indigentes. Las leyes de la economía pueden ser diferentes en tu parte del cuadrante gama, pero los de por aquí hemos comprobado que cuando el Gobierno de un país casi en quiebra no logra restringir en forma creíble el perfil cronológico de su déficit fiscal, las cosas en general no mejoran, sino que empeoran.
Joe: a lo largo de todo tu libro condenas al FMI porque parecería que en todos los países donde actúa hay dificultades. ¿En cierta medida, no es como si uno dijera que cuando hay epidemias suelen aparecer más médicos?
Te envuelves en el manto de John Maynard Keynes, diciendo que la finalidad de las medidas que recomiendas es mantener el pleno empleo. A nosotros, en el FMI, nos interesa mucho el empleo. Pero si un gobierno acude a nosotros suele ser precisamente porque se encuentra en una situación insostenible, y no tenemos que examinar simplemente lo que ha de ocurrir en las próximas dos semanas, sino en los próximos dos años, y ulteriormente. Es evidente que creemos en las enseñanzas de Keynes, pero en forma moderna, con un matiz.
Por ejemplo, los estudios macroeconómicos posteriores a 1975 —a los que, según sostienes, hacemos oídos sordos— destacan la importancia de controlar el presupuesto fiscal a largo plazo. De nada vale acumular deuda frente al FMI a muy corto plazo si ello empeora drásticamente la situación en un futuro no tan distante. Dicho sea de paso, en flagrante contradicción con tus asertos, con frecuencia en los programas del FMI se admiten los déficit; de hecho, es lo que ocurrió en la crisis de Asia. Si su medicamento inicial de urgencia era equivocado, el FMI reaccionó, aprendiendo de sus errores, y alterando rápidamente el rumbo.
Recomiendas mecanismos que permitan al FMI mejorar radicalmente el asesoramiento que ofrece en la esfera de la política macroeconómica. Tus ideas son, en el mejor de los casos, sumamente polémicas, y en el peor de los casos, un curalotodo.
Me corrijo: tus teorías no están revestidas por el manto de Keynes, sino por el de Arthur Laffer y otros exponentes extremos de una economía ofertista estilo Reagan que vimos en los años ochenta. Según Laffer, basta que el Estado reduzca las tasas impositivas para que las personas trabajen más y aumente el ingreso fiscal agregado. La teoría de Stiglitz y Laffer sobre la gestión de la crisis sostiene que los países no tienen que preocuparse de que el déficit aumente, ya que con ello incrementarían desproporcionadamente su capacidad de atención del servicio de la deuda. George Bush padre denominó esas ideas “economía vudú”. Tenía razón.
Debo admitir, Joe, que la economía política del mundo real es complicada, y quizás estudios adicionales prueben que estás en lo cierto. Pero lo que realmente me intriga es cómo puedes estar tan seguro, tanto como para dar la señal de alarma en mitad de la crisis, dirigiendo tus ataques contra los paramédicos cuando estaban curando a los heridos. Joe, los estudios académicos que están apareciendo en las principales revistas especializadas respaldan cada vez más las medidas de defensa de la tasa de interés sustentadas por el ex Primer Subdirector Gerente del FMI, Stan Fischer, y por el FMI, que tú, desde tu cargo en el Banco Mundial, saboteaste innoblemente. ¿No cabe la posibilidad de que quizá haya sido Joe Stiglitz quien lo estropeó todo; de que quizá hayas sido parte del problema y no de la solución?
Dices que el FMI hace oídos sordos y nunca escucha a quienes lo critican.Me consta que no es cierto, porque durante mi labor académica fui uno, entre muchos, de los que criticaron al FMI y éste me escuchó.
No hay tiempo para hacer justicia aquí a otras de tus insólitas recetas de política económica, pero me referiré a los países en transición. Acusas al FMI de haber “perdido a Rusia”. Tu análisis sobre la transición en Rusia se asemeja a un estudio en el que un teórico hace abstracción de todos los problemas cardinales y sólo se ocupa de los únicos dos que puede manejar. Te desentiendes por completo del hecho de que el FMI comenzó a actuar en Rusia cuando el país atravesaba una crisis no sólo económica, sino también social y política.
Todo tu libro delata tu implacable creencia en la propiedad difusiva de las fallas del mercado, y la firme convicción de que los gobiernos pueden hacer las cosas mejor, y en efecto lo harán. Nos llamas “fundamentalistas de mercado”.No creemos que los mercados sean siempre perfectos, según nos acusas, pero sí creemos que en muchos casos también el Estado tiene fallas, y que éstas, en conjunto, constituyen un problema mucho mayor que las del mercado en el mundo en desarrollo. Tanto el Presidente del Banco Mundial, Jim Wolfensohn, como el Director Gerente del FMI,Horst Köhler, han señalado repetidamente la importancia fundamental que tiene en el desarrollo la calidad de la gestión pública y de las instituciones. También a este respecto tu medicina alternativa —una intervención gubernamental cada vez mayor— es sumamente cuestionable en muchos contextos del mundo real.
Joe, no he tenido tiempo de verificar todos los hechos que mencionas en tu libro, pero tengo algunas dudas. En la pág. 112 afirmas que Larry Summers sometió a una severa reprimenda al ex Vicepresidente del Banco Mundial, Jean-Michel Severino.
Pero, Joe, ellos nunca se encontraron. ¿Cuántas conversaciones nunca ocurridas mencionas? Das un ejemplo según el cual se habría emitido un memorando del personal del FMI antes de la visita al país. Joe, eso no se hace;me gustaría ver la documentación en que te basas. En la pág. 208 difamas al ex “número dos” del FMI, Stan Fischer, dando a entender que el Citibank puede haberlo tentado con una oferta de trabajo a cambio de su cooperación en renegociaciones de deudas.
Joe: Stan Fischer es una persona de notoria e impecable integridad.De todas las falsas inferencias e insinuaciones que contiene tu libro, ésta es la más agraviante. Te sugiero que retires tu libro de los estantes hasta haber eliminado esa falsa acusación.
Joe, como académico, eres un genio de primer nivel. Al igual que el también ganador del Premio Nobel, John Nash, posees una “mente maravillosa”. Como responsable de la elaboración de políticas, en cambio, tus antecedentes son un poco menos espectaculares.
Con esas salvedades, tu libro me parece muy bueno.
Atentamente,
Ken
CÀTEDRA
UNESCO
A LA UPC/
http://www.odg.cat/documents/enprofunditat/Organismes_multilaterals/6_fmi_responde_stiglitz.pdf
El FMI contraataca
Por Kenneth Rogoff
Consejero Económico y Director del Departamento de Estudios
Fondo Monetario Internacional
Reproducido con permiso de FOREIGN POLICY, No. 134 (enero/febrero de 2003) www.foreignpolicy.com
Copyright 2003, Carnegie Endowment for International Peace
| Fustigado por manifestantes antiglobalización, políticos de países en desarrollo y economistas laureados con el Premio Nóbel, el Fondo Monetario Internacional (FMI) se ha convertido en el chivo expiatorio número uno del mundo. Sin embargo, los economistas del FMI no son seres malignos ni se equivocan siempre. Ya es hora de poner las cosas en su sitio y de ocuparse de cuestiones económicas más apremiantes, como encontrar la mejor manera de promover el crecimiento económico y la estabilidad financiera a escala mundial. |
Arrojar veneno contra el FMI —incluso en forma de ataques personales que ponen en tela de juicio la competencia y la integridad de sus funcionarios— se ha convertido en una expresión creativa en los últimos años. El autor de uno de los libros más vendidos califica a todos los nuevos funcionarios contratados por el Fondo como “de tercera categoría”, da a entender que la gerencia del organismo es venal y analiza el papel del FMI en la crisis financiera de Asia de finales de los años noventa como quien alude a la Alemania nazi y al holocausto. Incluso algunos de los que critican a la institución en términos más serios y equilibrados —como el redactor del Washington Post, Paul Blustein, cuya excelente reseña sobre la trastienda de la crisis financiera asiática, The Chastening, debería ser de lectura obligatoria para los futuros economistas del Fondo (y sus cónyuges)— eligen títulos que evocan al diablo. ¿No suena The Chastening como a la continuación de algún dramón de horror de los años setenta, al estilo de El Exorcista o La Profecía? Quizás esto es un resultado natural de las fuerzas del mercado. Al fin y al cabo, en un mundo en el que las noticias económicas se suceden las 24 horas del día es muy rentable ser presentado como “el más destacado crítico del FMI”.
Lamentablemente, muchas de las imputaciones con frecuencia formuladas contra el Fondo revelan una profunda confusión con respecto a las políticas e intenciones de la institución. Otras críticas, sin embargo, efectivamente se refieren a posibles fallas fundamentales de las prácticas actuales del FMI. Por desgracia, este cúmulo de recriminaciones y acusaciones hace que resulte difícil distinguir las críticas espurias de las inquietudes legítimas. Y lo que es peor, algunas de las cuestiones más serias, que deberían constituir aspectos medulares de esos debates —las referentes a la pobreza, la elección del régimen cambiario apropiado, o si el sistema financiero mundial alienta a los países en desarrollo a endeudarse en exceso, etc.— se pasan por alto con demasiada facilidad.
Considérense las cuatro críticas más comúnmente dirigidas contra el Fondo. Se argumenta, en primer lugar, que los programas de préstamos del FMI imponen una severa austeridad fiscal a los países desprovistos de efectivo. Segundo, que dichos préstamos alientan a los financistas a invertir desaprensivamente, confiando en que el Fondo los rescatará (el denominado problema del riesgo moral). Tercero, que las recomendaciones del Fondo a los países que sufren crisis de deuda o crisis monetarias no hacen más que agravar la situación económica. Y cuarto, que el Fondo, actuando de modo irresponsable, empuja a los países a abrir sus economías a flujos de capital extranjero inestables y desestabilizadores.
Algunas de esas imputaciones tienen fundamentos importantes, aunque los críticos (incluido yo mismo en mis épocas de economista académico) tienden a exagerarlas para darles mayor realce. Otras, en cambio, son polémicas y están profundamente apartadas de la realidad. Al ocuparme de ellas espero despejar la atmósfera para hacer posible un análisis más preciso y coherente sobre lo que pueden hacer el FMI y otras personas y entidades a fin de mejorar las condiciones imperantes en la economía mundial. Esa debe ser, sin duda, nuestra meta común.
El mito de la austeridad
A lo largo de los años ninguna crítica dirigida contra el Fondo ha encerrado mayor carga emocional que la de la “austeridad”. Quienes lanzan diatribas contra la institución sostienen que, en todos los países en que el Fondo se hace presente, las políticas macroeconómicas restrictivas que impone a los gobiernos invariablemente dan por tierra con las esperanzas y las aspiraciones del pueblo. (Dudo en formular citas concretas, pero con ellas sería fácil llenar toda una edición de Bartlett’s Quotations.) No obstante, a riesgo de parecer hereje, sostengo que la realidad es casi la contraria. Como norma, los programas del Fondo reducen la austeridad, en lugar de crearla. Sí, como lo oyen.
Quienes critican al FMI deben comprender que los gobiernos de los países en desarrollo no solicitan la asistencia financiera de la institución cuando el sol brilla; acuden a ella cuando ya están sumidos en profundas dificultades financieras, provocadas, en general, por una gestión desacertada y por mala suerte combinadas en diversas proporciones. Esta descripción se aplica, a lo largo de los últimos 50 años, prácticamente a todos los países con programas del Fondo: desde el Perú de 1954 hasta la Argentina de hoy, pasando por Corea del Sur en 1997.
Los responsables de la política económica de las economías en dificultades saben que el Fondo actúa donde ningún acreedor privado se atreve a intervenir, y otorga préstamos a tasas tan favorables que sus países sólo podrían soñar en obtener en las épocas de mayor bonanza. Comprenden que, a corto plazo, los préstamos del FMI permiten a un país deudor en dificultades ajustarse el cinturón menos de lo que tendría que hacerlo a falta de esa asistencia. Las condiciones de política económica que el Fondo aplica a sus préstamos sustituyen a la disciplina más rigurosa que impondrían las fuerzas del mercado si el FMI no existiera. Tanto Corea del Sur como Tailandia, por ejemplo, enfrentaban en 1997 una situación de lisa y llana cesación de pagos, o de caída libre del valor de sus monedas, resultados estos mucho más perniciosos que los que efectivamente sobrevinieron.
No obstante, la institución sirve de cómodo chivo expiatorio cuando los políticos enfrentan a la población de sus países con un presupuesto menos despilfarrador. “¡El FMI nos obligó!” es el estribillo habitual de los gobiernos que reducen el gasto y los subsidios. Nada importa que el gobierno del país —cuya insatisfactoria gestión macroeconómica suele tener mucho que ver con la crisis— mantenga, en general, una considerable discrecionalidad para elegir la política económica dentro de la gama de posibilidades existentes, no siendo la menos importante la de determinar en qué ámbitos debe reducirse el gasto presupuestario.
La crítica referente a la austeridad surge de una confusión entre correlación y causalidad. Culpar al FMI por la realidad de que todos los países deben hacer frente a sus restricciones presupuestarias es como culparlo de la ley de la gravedad.
Hay que reconocer que el FMI, en efecto, insiste en que le reembolsen sus préstamos, por lo cual al cabo de cierto tiempo los países prestatarios deben desprenderse de recursos de divisas que, de lo contrario, podrían haber destinado a programas internos. No obstante, esos reembolsos no aumentan normalmente hasta después de superada la crisis, lo que significa que a los gobiernos de dichos países les resulta más llevadero realizar los pagos. Los accionistas del FMI —sus 184 países miembros— podrían adoptar la decisión colectiva de transformar en donaciones todos los préstamos otorgados por la institución, con lo cual los países receptores de asistencia no tendrían que hacer frente a costo alguno. Sin embargo, si el FMI nunca recibiera el reembolso de sus préstamos, los países industrializados deberían estar dispuestos a reponer continuamente los recursos con que cuenta el organismo para otorgar préstamos, pues de lo contrario no se dispondría de financiamiento alguno para ayudar a enfrentar la siguiente crisis de la deuda que afectara al mundo en desarrollo.
Una crítica peligrosa
Naturalmente, en múltiples programas del FMI los países prestatarios deben reembolsar el crédito recibido de sus acreedores privados y además el recibido del Fondo. No obstante, ¿la austeridad fiscal no sería un poco más soportable si los países deudores en dificultades pudieran obligar a los prestamistas privados externos a soportar parte de la carga? ¿Por qué han de ser los contribuyentes de los países en desarrollo los que reciban el golpe en su integridad?
Se trata de una pregunta totalmente legítima, pero comencemos por aclarar algunos hechos. En primer lugar, los inversionistas privados difícilmente pueden suspirar aliviados cuando el Fondo se hace presente en el escenario de la crisis financiera de un mercado emergente. Según el Instituto de Finanzas Internacionales, dichos inversionistas perdieron alrededor de US$225.000 millones en la crisis financiera de Asia de finales de los años noventa, y alrededor de US$100.000 millones como consecuencia de la cesación de pagos de la deuda rusa en 1998. ¿Y qué decir de la crisis de la deuda de América Latina en los años ochenta, cuando el FMI ayudó a persuadir a los bancos extranjeros de prorrogar una proporción considerable de las deudas latinoamericanas durante casi cinco años y hasta de aceptar cancelaciones contables no menores del 30%? Es indudable que si los prestamistas privados externos pierden continuamente dinero al otorgar préstamos a los países en desarrollo, cesará de afluir nuevo financiamiento. De hecho, la afluencia de recursos a gran parte de América Latina —que es nuevamente el escenario de los problemas de la deuda— se redujo pronunciadamente en los dos últimos años.
En algunos casos, los acreedores privados deberían estar dispuestos a aceptar cancelaciones contables de gran envergadura de sus deudas, especialmente cuando el país se encuentra en una situación tan extraordinariamente desfavorable que, en la práctica, es insolvente. En esas circunstancias puede ser contraproducente tratar de obligar al deudor a reembolsar la totalidad de su deuda, lo que no solo afecta a su población, sino que a menudo lleva a que los acreedores reciban menos de lo que podrían obtener reduciendo la carga de la deuda del país deudor, para que éste quiera y pueda incrementar la inversión y el crecimiento económico. A veces se llevan a cabo reestructuraciones de deudas, como en Ecuador (1999), Pakistán (1999) y Ucrania (2000), pero esos casos son la excepción y no la regla, ya que las normas internacionales actuales hacen extraordinariamente engorroso y caótico el proceso de quiebra de estados soberanos. En consecuencia, la comunidad financiera oficial, guiada normalmente por el FMI, suele no estar dispuesta a imponer ese procedimiento, y en algunos casos, tiene que tratar de mantener a flote a un país mucho más allá del punto en que su economía se vuelve irrecuperable. En Rusia en 1998, por ejemplo, la comunidad oficial respaldó con financiamiento un régimen de tipos de cambio fijos evidentemente condenado al fracaso. En ultima instancia, el Fondo cortó el cordón e hizo posible una cesación de pagos, demostrando el error de los muchos inversionistas privados que creyeron que Rusia era “demasiado importante como para quebrar”. Pero si el Fondo hubiera permitido la cesación de pagos en una etapa anterior, Rusia podría muy bien haber superado la consiguiente depresión económica por lo menos con la misma rapidez y con un nivel más bajo de deuda oficial.
Como la reestructuración de la deuda frente a acreedores privados es relativamente infrecuente, a muchos críticos les preocupa, con razón, la posibilidad de que el financiamiento del FMI sea, en muchos casos, una póliza de seguros general para los prestamistas privados. Además, cuando los acreedores privados creen que el FMI acudirá en su ayuda con una operación de rescate financiero, tienen razones para prestar más y a tasas de interés mas bajas de lo que sería conveniente. Por otra parte, ese argumento seductor hace que el país deudor se endeude en exceso, lo que se traduce en crisis más frecuentes y graves, exactamente como las que el FMI fue diseñado para aliviar. Quiero ser el primero en admitir que la teoría del “riesgo moral” que entraña el crédito del FMI es lúcida (habiéndola introducido en los años ochenta), y creo, sin lugar a dudas, que en algunos casos reviste importancia. No obstante, la evidencia empírica es ambivalente. Uno de los factores que debilitan el argumento del riesgo moral es que, en general, la mayoría de los países reembolsan los préstamos del FMI; si no puntualmente, con retraso, pero pagando la totalidad de los intereses. Si el FMI recibe sistemáticamente lo que se le debe, los prestamistas privados no reciben subsidios, por lo cual no se realiza una operación de rescate en la acepción simplista del término. Por supuesto, pese a los sólidos antecedentes de reembolso al FMI en la mayor parte de los programas de préstamos otorgados a mercados emergentes, no existen garantías con respecto al futuro, por lo cual ciertamente sería erróneo negarle al riesgo moral la importancia que reviste.
Disparates fiscales
Aunque no procede culpar a las políticas del FMI por la reducción del gasto presupuestario en las economías pobres, ¿cabe la posibilidad de que el diseño de los programas del Fondo sea tan inadecuado que las condiciones desacertadas a las que están sometidas esas operaciones contrarresten con creces todos los beneficios que puedan entrañar los recursos proporcionados por los prestamistas internacionales? Los críticos aseveran, en particular, que el FMI obliga a los países a elevar las tasas de interés internas, cuando sería más eficaz bajarlas para estimular la economía. Se acusa también al FMI de forzar a las economías en crisis a reducir sus presupuestos en el medio de una recesión. Al igual que el argumento de la austeridad, esas críticas contra ciertas recomendaciones básicas de política económica del FMI parecen bastante apocalípticas, en especial cuando se envuelven en la retórica de que todos los economistas del FMI son pensadores de tercera categoría, tan refractarios al asesoramiento externo que no escucharían ni al propio John Maynard Keynes si los telefoneara desde el cielo.
Naturalmente, sería magnífico que los gobiernos de los países con mercados emergentes pudieran aplicar las “políticas contracíclicas” keynesianas, es decir que pudieran estimular la economía reduciendo las tasas de interés, aumentando el gasto público o recortando los impuestos durante una recesión. En su informe Perspectivas de la economía mundial, de septiembre de 2002, el FMI promueve exactamente esas medidas, cuando son factibles. (Por ejemplo, ha recomendado categóricamente a Alemania actuar con flexibilidad con respecto a las restricciones presupuestarias del Pacto de Estabilidad y Crecimiento Europeo, para que el gobierno no agrave la ya severa depresión económica que sufre el país.) Lamentablemente, a la mayoría de los países con mercados emergentes les resulta extraordinariamente difícil obtener crédito durante la fase de depresión del ciclo, por lo cual deben ajustarse el cinturón precisamente en el momento en que podría convenirles aplicar una política fiscal más flexible. Por su parte, el FMI —o cualquier otra entidad, dicho sea de paso— solo puede ayudar hasta cierto punto a los países que no prestan atención a la recomendación de sentido común de acumular superávit en épocas de auge —por ejemplo Argentina en los años noventa— a fin de dejar margen para los déficit que se produzcan en la fase de depresión.
Sin embargo, para algunos críticos, una solución sencilla consiste en dirigirse al FMI en términos enérgicos: si esos tozudos economistas del Fondo comprendieran, por lo menos, que una política fiscal expansiva puede ser muy eficaz para promover el crecimiento del producto, comprenderían que los países pueden superar una crisis de la deuda simplemente endeudándose aún más. ¿Recuerdan al gurú económico del ex Presidente de Estados Unidos Ronald Reagan, Arthur Laffer, que sostenía la teoría de que reduciendo las tasas impositivas el país lograría un crecimiento económico de tales proporciones que el ingreso tributario aumentaría en realidad? Con argumentos bastante parecidos, algunos críticos del FMI —desde el economista ganador del Premio Nobel Joseph Stiglitz hasta la entidad filantrópica Oxfam— sostienen que, manteniendo un déficit fiscal en medio de la conmoción producida por la deuda, un país puede lograr un crecimiento económico de tal magnitud que estará en condiciones de mantener esos altos niveles de deuda. Se presume que los acreedores comprenderán este argumento y entregarán alegremente los fondos adicionales necesarios. Problema resuelto, caso concluido. A decir verdad, ¿qué necesidad habría jamás de austeridad?
Huelga decir que la reducción de impuestos dispuesta por el Presidente Reagan en los años ochenta no se tradujo en un aumento del ingreso tributario, sino en un déficit de gran escala. Por razones similares, no existe una poción mágica para los países deudores en dificultades. Los prestamistas simplemente no se dejan persuadir por argumentos de ese género.
Aún más absurda es la idea de que los países deben bajar las tasas de interés —en lugar de elevarlas— para hacer frente a las crisis de la deuda y a las crisis cambiarias. Cuando los inversionistas temen que esté aumentando la probabilidad de que un país incurra en cesación del pago de sus deudas, lo lógico es que, para contrarrestar ese riesgo, exijan tasas de interés más altas, y no más bajas. Y cuando los ciudadanos de un país pierden la confianza en su propia moneda exigen una prima mayor para aceptar instrumentos de deuda denominados en dicha moneda o para mantener sus depósitos en los bancos nacionales. No es sorprendente que, prácticamente en todos los países que experimentaron crisis de la deuda en la última década —desde México hasta Turquía—, las tasas de interés subieran como la espuma aun cuando se permitiera la flotación de sus monedas frente al dólar.
Es lícito discutir hasta qué punto debe permitirse la subida de las tasas de interés para hacer frente a ataques especulativos contra la moneda. Cuanto más altas son las tasas de interés mayores son las tensiones que sufre la economía y más numerosas las quiebras y las caídas de los bancos; son casos clásicos los de México en 1995 y Corea de Sur en 1998. Además, como en la mayoría de los países en crisis se da una considerable “dolarización de los pasivos” —en otras palabras, una gran proporción de los prestamos están denominados en dólares— una reducción excesivamente pronunciada del tipo de cambio también es causa de quiebras; el caso de Indonesia en 1998 no es más que un ejemplo entre otros muchos. Los gobiernos deben establecer un delicado equilibrio de corto a mediano plazo, al determinar con qué rapidez han de reducir las tasas de interés respecto a los niveles de épocas de crisis. Como mínimo indispensable, quienes critican las tácticas del FMI deben reconocer la dificultad de esas soluciones de compromiso. La opinión simplista de que todo puede resolverse simplemente adoptando medidas más flexibles, “que favorezcan el empleo”, como la reducción de las tasas de interés y la expansión fiscal, es peligrosa y además ingenua en un contexto de turbulencia financiera.
Fanáticos de los controles de capital
Aunque en los medios de difusión las crisis monetarias y las operaciones de rescate financiero son los aspectos dominantes de la cobertura del FMI, gran parte de la labor de rutina del organismo consiste en un diálogo permanente con sus 184 países miembros. En el marco de los programas de supervisión del Fondo, los técnicos de la institución visitan regularmente dichos países y se reúnen con las autoridades económicas para analizar la mejor forma de lograr un crecimiento económico sostenido y tasas de inflación estables. Por lo tanto, en lugar de juzgar al Fondo exclusivamente por la eficacia de las medidas que adopta para hacer frente a crisis financieras, los críticos deberían considerar sus continuas recomendaciones para tratar de ayudar a los países a evitar problemas. A este respecto quizá el tema más polémico sea el referente a las recomendaciones sobre la liberalización de los movimientos internacionales de capital, es decir, sobre la rapidez con que los mercados emergentes deben abrir de par en par sus mercados financieros internos, dotados en muchos casos de fuertes mecanismos de protección.
Críticos tales como el economista de la Universidad de Columbia Jagdish Bhagwati, han señalado que el celo con que el FMI promueve la libre circulación de capitales en el mundo sembró inadvertidamente las semillas de la crisis financiera de Asia. En principio, si los bancos y las empresas de los mercados emergentes asiáticos no hubieran podido endeudarse libremente en moneda extranjera no habrían acumulado enormes deudas de ese género, los acreedores internacionales no habrían exigido el reembolso en momentos en que se estaba agotando la liquidez y se estaban encareciendo las divisas. Pese a que durante la crisis de Asia yo no trabajaba para el FMI, la impresión que extraje de la lectura de documentos archivados y de mis conversaciones con veteranos de la institución es que, si bien esta acusación goza de cierto predicamento, las recomendaciones del Fondo fueron más eclécticas a este respecto de lo que admite la mayoría de los críticos. Por ejemplo, en los meses que precedieron al colapso de la moneda tailandesa, en 1997, en los informes del FMI sobre esa economía se describían en términos drásticos los riesgos de liberalizar los flujos de capital manteniendo, al mismo tiempo, un tipo de cambio fijo de la moneda nacional (el baht) frente al dólar de EE.UU. Como describe vívidamente Blustein en The Chastening, las autoridades tailandesas hicieron oídos sordos a esas advertencias, confiando en que Bangkok se convertiría en un centro financiero, como Singapur. En última instancia, el baht tailandés sucumbió a un ataque especulativo de gran envergadura. Naturalmente, en algunos casos —los más famosos son los de Corea del Sur y México— el Fondo no alertó a los países en forma suficientemente categórica sobre los peligros que implicaba la apertura a los mercados internacionales de capital antes de que los mercados financieros internos y sus autoridades reguladoras estuvieran preparados para hacer frente a la consiguiente volatilidad.
Independientemente de cómo se distribuyan las culpas por las crisis financieras de las dos últimas décadas, abundan los errores de concepto acerca de las virtudes y defectos de la liberalización de los mercados de capital. En primer lugar, es lisa y llanamente un error concluir que los países con mercados de capital cerrados estén en mejores condiciones para capear el temporal en los mercados financieros. Hay que reconocer que las economías relativamente cerradas de China e India no contrajeron la “gripe asiática”, o por lo menos no se trató de casos especialmente graves. Pero tampoco lo fueron los casos de Australia y Nueva Zelandia, países que se ufanan de haber liberalizado radicalmente sus mercados de capital. ¿Por qué? Porque los mercados financieros internos muy desarrollados de esos dos países estaban sometidos a una regulación sumamente adecuada. El peligro más grave acecha en el término medio, especialmente en el caso de las economías —muchas de ellas de Asia oriental o América Latina— en las que la debilidad y la falta de desarrollo de los mercados financieros se acompañan de una insuficiente regulación.
Además, un país necesita ingresos de exportación como respaldo para hacer frente a los pagos de su deuda externa, y las industrias de exportación no brotan de la noche a la mañana. Por ese motivo, los riesgos que conlleva incurrir en problemas de financiamiento externo son mayores para los países que liberalizan plenamente sus mercados de capital antes de abrirse considerablemente a los flujos comerciales. De hecho, las economías con sectores comerciales pequeños pueden tener dificultades aunque su nivel de endeudamiento parezca moderado. Este problema ha atormentado repetidamente a los países de América Latina, en los que el comercio exterior está relativamente restringido por políticas autárquicas, que se combinan con una ubicación remota.
Quizá la prueba más elocuente de la conveniencia de liberalizar los mercados de capital sea que, pese a las perturbaciones financieras internacionales de la ultima década, la mayor parte de los países en desarrollo sigan tratando de liberalizar sus mercados de capital como objetivo a largo plazo. Son sorprendentemente pocos los países que han dado marcha atrás al proceso de liberalización financiera y de la cuenta de capital. A medida que la economía nacional se va desarrollando, sobre todo en lo tocante al nivel de negociación y a la amplia utilización de sus instrumentos financieros, los responsables de la política económica buscan tenazmente la manera de convivir con mercados de capital abiertos. Las enseñanzas de los enérgicos y fallidos intentos de los países europeos de regular los flujos internacionales de capital en los años setenta y ochenta parecen estar siendo asimiladas cada vez más por los países en desarrollo.
Incluso China, que durante mucho tiempo fue el modelo predilecto de fuerte crecimiento económico para los entusiastas de los controles de capital, se ha propuesto como objetivo cardinal a largo plazo una mayor apertura hacia los mercados de capital. Las autoridades económicas comprenden que una cosa es convertirse en una economía de US$1.000 per cápita como lo es China en la actualidad y otra mantener ese desempeño estelar en materia de crecimiento económico y algún día lograr ingresos per cápita de US$20.000 a US$40.000 como los países industrializados. Para ello, China necesitará, en ultima instancia, un mercado de capitales de categoría mundial.
Aunque, como norma universal, estamos asistiendo a un continuo proceso de aproximación a una mayor movilidad del capital, una absoluta e irrestricta movilidad del capital a escala mundial no constituye necesariamente el resultado óptimo a largo plazo. Los controles temporales a la salida de capital pueden ser importantes para hacer frente a algunas crisis financieras modernas y, al mismo tiempo, a los países que registran un aumento repentino de la afluencia de capital puede convenirles establecer diversos tipos de impuestos que no graven excesivamente esa afluencia. Chile es el ejemplo clásico de un país que parece haber utilizado con éxito impuestos sobre la afluencia de capital favorables para el mercado, aunque persiste un acalorado debate acerca de su eficacia. Sea como fuere, la comunidad internacional debe encontrar la manera de atemperar las corrientes de deuda y al mismo tiempo promover las inversiones de capital y las inversiones extranjeras directas tales como las inversiones físicas en instalaciones y equipo. En los países industrializados, los daños de una caída del 20% en los mercados bursátiles se reparten automáticamente, de forma bastante amplia, entre toda la economía; en cambio en los países que basan su financiamiento en la deuda externa, un súbito cambio de actitud de los inversionistas puede generar desastres.
No obstante, las autoridades financieras de los países en desarrollo deben considerar con cautela los controles de capital, sin pensar que son una solución fácil. Los controles “temporales” pueden arraigarse muy fácilmente, ya que las fuerzas políticas y las presiones presupuestarias hacen difícil eliminarlos. Invitados a la mesa del almuerzo, los controles de capital tratarán de quedarse también a cenar.
Un buen negocio mundial
¿La comunidad internacional debe simplemente desechar la política de movilidad mundial del capital y recomendar a los países que cierren sus fronteras? En una perspectiva que abarque el resto del siglo XXI, ¿el mundo realmente quiere adoptar una política de más estricto aislacionismo financiero?
Quizás el mayor desafío que enfrentan los países industrializados en este siglo es el que representa el extraordinario envejecimiento de su población. Teniendo en cuenta este factor, ¿no sería más conveniente que los países ricos buscaran mecanismos eficaces para invertir en países en desarrollo mucho más jóvenes, y luego utilizaran el producto de esas inversiones para brindar asistencia económica al creciente número de jubilados? Además, debemos admitir que los países en desarrollo del mundo necesitan sin dilación financiamiento para inversiones y educación, por lo cual el comercio exterior sería beneficioso para ambas partes: todos ganarían. Es cierto que las crisis de la deuda recurrentes que ha sufrido el mundo en desarrollo han atemperado esa conclusión, pero la integración financiera puede ser enormemente beneficiosa. Una retirada en toda la línea difícilmente será la solución.
¿Puede ayudar el FMI? Ciertamente. El Fondo constituye un foro clave para el intercambio de ideas y prácticas óptimas. Indudablemente se podría dejar de lado esas consideraciones y suprimir el FMI, como desean algunos detractores más extremos de la institución, pero con ello no se resolvería ningún problema fundamental. Este mundo cada vez más globalizado seguirá necesitando un foro económico mundial. Incluso hoy día, el FMI sigue siendo un foro de ese tipo para el diálogo y el debate en torno a un nuevo procedimiento internacional de quiebra que pueda atenuar el caos resultante de la insolvencia de los países deudores.
Además, el FMI, o algún organismo multilateral similar, parece ser un mecanismo esencial para dar solución a muchos otros problemas. Por ejemplo, el actual sistema de multiplicidad de regímenes cambiarios parece demasiado inestable como para sobrevivir en el siglo XXII. ¿Cómo realizará el mundo la transición hacia un sistema más estable y coherente? Se trata de un problema mundial, y para enfrentarlo se requiere la perspectiva global que el FMI puede ayudar a proporcionar.
¿Y qué decir de la pobreza? A este respecto, al organismo hermano del FMI, el Banco Mundial, con su enfoque microeconómico y social y la escala consiguientemente mucho mayor de su personal, le ha sido confiado con acierto el papel de institución orientadora. No obstante, los países pobres del mundo en desarrollo siguen enfrentando importantes desafíos macroeconómicos. Por ejemplo, aunque se aumente la asistencia, las autoridades de los países con mercados emergentes tendrán que hallar la manera de dar un vigoroso impulso a la producción interna. Quizá los países pobres no necesitarán el asesoramiento específico del FMI en materia macroeconómica, pero sí necesitarán algo muy similar.
La irreversible globalización
BANCO MUNDIAL CONTRA FMI, Y VICEVERSA
En el contexto a que estamos refiriéndonos, cargado de tensiones entre el FMI y el BM, a nadie ha extrañado nadie que un día saltara la chispa dialéctica. Concretamente, el 28 de junio, cuando en la Biblioteca del Banco Mundial se hizo un acto de presentación del libro de Stiglitz, encomendándose esa tarea a Kenneth Rogoff, actual Director de Estudios del FMI. En tan discreto ambiente, y cuando se pensaba que todo iba a ser una serena y tal vez monótona sesión dedicada a temas como el manejo de los tipos de interés, la técnica de los planes de ajuste, y la forma de institucionalizar las ayudas de ambas organizaciones a los países en crisis, Kenneth Rogoff, de lo más inesperadamente, formuló un duro ataque a las tesis de Stiglitz.
Empezó por cuestiones muy personales, defendiendo a su predecesor en el FMI, Stanley Fischer, que según Stiglitz fue premiado por los grandes grupos financieros tras su salida del Fondo; hace pocos meses, al adjudicársele la presidencia del Grupo Citi. Por otro lado, Rogoff puso en dudas las ideas centrales del libro de Stiglitz, especialmente en todo lo que concierne a la forma de trabajar el Fondo. En el sentido de que los informes sobre países, de misiones de sus funcionarios, están poco trabajados, apreciándose aún más poco las opiniones de los observadores locales. E incluso escribiendo los informes como si nunca se hubiera visitado los países a analizar.
A esa catilinaria puesta en boca de Stiglitz, Rogoff replicó que muchos empleados del FMI hacen semanas de 80 horas de trabajo, y arriesgan su vida, visitando países en condiciones extremas como las de Asia Central, a temperaturas muy bajas, o contraen enfermedades letales en las áreas tropicales. Aún más concretamente, Rogoff caracterizó el libro objeto de presentación como “una curiosa mezcla de ideología y mala ciencia económica”, para acto seguido pedir su retirada del mercado.
Toda la controversia reseñadas se produjo en medio de la tensión y la sorpresa de los asistentes, y tuvo numerosas referencias ulteriores en los grandes medios de comunicación anglosajones, como el World Street Journal, el Financial Times, The Economist, etc.
Por todo ello, debemos preguntarnos: ¿qué hay en el fondo de toda la polémica Rogoff/Stiglitz? ¿Es una lucha entre científicos para encontrar el recto camino, o más bien resulta expresivo de actitudes ideológicas muy diferentes? Lo segundo es lo más seguro, sobre la base de que Stiglitz, a lo largo de sus años en el Banco Mundial, ha sido permanente crítico de las operaciones del FMI. Por entender, según subraya ahora detenidamente en su libro, que en toda una serie de experiencias de asesoramiento del Fondo, se asigna la preeminencia suprema al mercado; sin advertir las ventajas que tendrían algunos dispositivos de regulación.
Lo expresado hasta aquí no significa, ni mucho menos, que Stiglitz se sitúe contra la globalización, que por lo demás es irreversible, y que va a seguir contra viento y marea. Como a mi juicio puso de relieve muy bien el anterior director de la OMC, Mike Moore, cuando dijo aquello de que “la única alternativa a la globalización es la guerra fría, la vuelta al armamentismo, y a las tensiones que pudieron parecernos definitivamente superadas”.
¿PUENTES ENTRE DAVOS Y PORTO ALEGRE?
Hoy, el espíritu de la controversia sobre la globalización tiene nombres propios; siendo el primero, por orden de antigüedad, el Foro Económico Mundial de Davos, la celebre estación de esquí en los Alpes suizos, donde desde hace más de 20 años se reúnen representaciones sobre todo de los países avanzados; casi siempre para subrayar la necesidad de una economía abierta de mercado. En tanto que en el Foro Social Mundial, con sede en la ciudad brasileña de Porto Alegre, la capital del Estado de Río Grande Do Sul, se defienden posturas más intervensionistas en la idea de hacer posible una mejor distribución de riqueza y renta a escala mundial.
Entre esos dos foros se sitúa Stiglitz, aceptando lo inevitable de la globalización, pero proponiendo, al mismo tiempo, una serie de reformas para que los países menos desarrollados puedan beneficiarse de ella. Lo cual hace pensar que entre Davos y Porto Alegre están tendiéndose puentes para tal vez un futuro entendimiento, tal como lo expresaba Mario Soares, el ex Presidente de Portugal, el 4 de marzo del 2002, cuando a invitación del autor de este comentario, y dentro de los Cursos de Invierno de la UCM, explicaba, recién regresado de Porto Alegre, que lo verdaderamente deseado en el Sur es una globalización con rostro humano; o como dice Mary Robinson, responsable máxima de los Derechos Humanos en las Naciones Unidas, una globalización con nuevas reglas de equidad y justicia.
En ese sentido, están cimentándose, seguramente, nuevas bases de entendimiento, que podrían personificar los más descontentos del Foro de Davos, como lo es George Soros, y los más críticos de los problemas del Tercer Mundo, como en el caso de Noam Chomsky en el marco de Porto Alegre.
Naturalmente, habrá que dar tiempo al tiempo, y la dialéctica de los hechos y las ideas, el enfrentamiento, a pesar de esas aproximaciones, proseguirá sine die. Ese es el sino del mundo en que vivimos.
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Gaza 2009: una guerra de exterminio… por N. Chomsky
“Exterminad a todas las bestias”
El sábado 27 de diciembre, EE.UU. e Israel lanzaron su mayor ataque contra indefensos palestinos. El ataque había sido meticulosamente planificado, durante más de 6 meses según la prensa israelí. La planificación tuvo dos componentes: militares y propagandísticos. Se basó en las lecciones de la invasión del Líbano por Israel en 2006 que fue considerada como mal planificada y mal publicitada. Podemos, por lo tanto, estar bastante seguros que de que lo que se hizo y dijo fue pre-planificado e intencional.
Eso seguramente incluye la oportunidad del ataque: poco antes de mediodía, cuando los niños volvían de las escuelas y la gente se acumulaba en las calles de la densamente poblada Ciudad de Gaza. Sólo costó unos pocos minutos para matar a más de 225 personas y herir a 700, un comienzo auspicioso para la matanza masiva de civiles indefensos atrapados en una pequeña jaula sin tener a dónde huir.
En su retrospectiva “Desglose de los logros de la Guerra de Gaza,” el corresponsal del New York Times, Ethan Bronner citó lo siguiente como uno de sus logros más significativos. Israel calculó que sería ventajoso si parecía “volverse loco,” causando un terror vastamente desproporcionado, una doctrina que se remonta a los años cincuenta. “Los palestinos en Gaza captaron el mensaje el primer día,” escribió Bronner, “cuando los aviones de guerra israelíes atacaron simultáneamente numerosos objetivos en medio de un sábado por la mañana. Unos 200 fueron muertos instantáneamente, horrorizando a Hamás y por cierto a toda Gaza.” La táctica de “volverse loco” parece haber sido exitosa. Bronner concluyó que: existen “limitadas indicaciones de que la gente de Gaza sintió un tal dolor por esta guerra que tratará de controlar a Hamás,” el gobierno elegido. Es otra antigua doctrina de terror estatal. No recuerdo, a propósito, la retrospectiva del Times “Desglose de los logros de la Guerra de Chechenia,” aunque los logros fueron grandes.
La meticulosa planificación también incluyó presumiblemente la terminación del ataque, programado cuidadosamente para que tuviera lugar justo antes de la investidura, para minimizar la (remota) amenaza de que Obama tuviera algo crítico que decir sobre esos depravados crímenes apoyados por EE.UU.
Dos semanas después del comienzo del ataque durante el Sabbat, cuando gran parte de Gaza había sido convertida en escombros y la cantidad de víctimas mortales se acercaba a las 1.000, la agencia de la ONU UNRWA, de la que depende la mayoría de los gazanos para sobrevivir, anunció que los militares israelíes rehusaban permitir cargamentos de ayuda para Gaza, diciendo que los cruces estaban cerrados por ser Sabbat. Para honorar el día sagrado, había que negar alimentos y medicinas a los palestinos al límite de la supervivencia, pero cientos pueden ser masacrados ese mismo día por bombarderos jet y helicópteros estadounidenses.
Esta doble manera de observar rigurosamente el Sabbat atrajo poca, si alguna, atención. Tiene sentido. En los anales de la criminalidad estadounidense-israelí, una tal crueldad y cinismo apenas merecen más que una nota al pie. Son demasiado familiares. Para citar un paralelo relevante: en junio de 1982, la invasión israelí del Líbano respaldada por EE.UU. comenzó con el bombardeo de los campos de refugiados palestinos de Sabra y Chatila, que después de hicieron famosos como el lugar de terribles masacres supervisadas por el ejército israelí (Fuerzas de ‘Defensa’ Israelíes–ejército israelí). El bombardeo alcanzó el hospital local –el hospital Gaza [en Sabra, N. del T.]– y mató a más de 200 personas, según el informe de un testigo presencial, un especialista académico estadounidense en Oriente Próximo. La matanza fue el acto inicial de una invasión que mató entre 15.000 y 20.000 personas y destruyó gran parte del sur del Líbano y Beirut, que procedió con un crucial apoyo militar y diplomático de EE.UU. Este incluyó vetos de resoluciones del Consejo de Seguridad que trataron de detener la criminal agresión que fue emprendida, como apenas fue ocultado, para defender a Israel de la amenaza de una solución política pacífica, contrariamente a muchas patrañas convenientes sobre el sufrimiento de los israelíes bajo intensos disparos de cohetes, una fantasía de apólogos.
Todo esto es normal, y discutido de modo bastante abierto por altos responsables israelíes. Hace treinta años el Jefe de Estado Mayor, Mordechai Gur, observó que desde 1948 “hemos estado luchando contra una población que vive en aldeas y ciudades. Como resumiera sus observaciones el más destacado analista militar de Israel, Zeev Schiff: “el ejército israelí siempre ha atacado a poblaciones civiles, intencional y conscientemente… el ejército, dijo, nunca ha distinguido objetivos civiles [de militares]… [pero] atacó a propósito objetivos civiles.” Los motivos fueron explicados por el distinguido estadista Abba Eban: “existía una perspectiva racional, que fue cumplida en última instancia, que afectaba a poblaciones que ejercerían presión por el cese de hostilidades.” El efecto, como bien lo entendía Eban, sería permitir que Israel implementara, sin ser molestado, sus programas de expansión ilegal y dura represión. Eban estaba comentando sobre un estudio de ataques del gobierno laborista contra civiles por el primer ministro Begin, presentando un cuadro, dijo Eban, “de un Israel que inflige desenfrenadamente toda medida posible de muerte y angustia a poblaciones civiles en un estado de ánimo reminiscente de regímenes que ni el señor Begin ni yo nos atreveríamos a mencionar por su nombre.” Eban no disputó los hechos estudiados por Begin, pero lo criticó por declararlos en público. Tampoco preocupó a Eban, o a sus admiradores, que su propugnación de un masivo terror estatal también sea reminiscente de regímenes que no se atrevía a mencionar por su nombre.
La justificación del terror estatal por Eban es considerada por lo persuasiva por autoridades respetadas. Mientras continuaba el actual ataque de EE.UU. e Israel, el columnista del Times, Thomas Friedman, explicó que las tácticas de Israel tanto en el actual ataque y en su invasión del Líbano en 2006 se basan en el sano principio de “tratar de ‘educar’ a Hamás, infligiendo un fuerte número de víctimas mortales a militantes de Hamás y un fuerte dolor a la población de Gaza.” Eso tiene sentido sobre una base pragmática, como lo tuvo en el Líbano, donde “la única fuente de disuasión a largo plazo fue infligir suficiente dolor a los civiles – a las familias y empleadores de los militantes – para contener a Hezbolá en el futuro.” Y por una lógica similar, el esfuerzo de bin Laden por “educar” a los estadounidenses el 11-S fue altamente digno de elogio, como los ataques nazis contra Lídice y Oradour, la destrucción de Grozny por Putin, y otros notables intentos de “educación.”
Israel se ha esforzado por dejar en claro su dedicación a esos principios guía. El corresponsal del New York Times, Stephen Erlanger, informa que los grupos de derechos humanos israelíes están “inquietos por los ataques israelíes contra edificios que creen que debieran ser clasificados como civiles, como el parlamento, estaciones de policía y el palacio presidencial” – y, podríamos agregar, aldeas, casas, campos de refugiados densamente poblados, sistemas de agua y alcantarillado, hospitales, escuelas y universidades, mezquitas, instalaciones de ayuda de la ONU, ambulancias, y por cierto todo lo que pudiera aliviar el dolor de las indignas víctimas. Un alto oficial de inteligencia israelí explicó que el ejército israelí atacaron “ambos aspectos de Hamás – su ala de resistencia o militar y su dawa, o ala social,” este último un eufemismo para la sociedad civil. “Argumentó que Hamás era todo de una pieza,” continúa Erlanger, “y en una guerra sus instrumentos de control político y social son un objetivo tan legítimo como sus escondites de cohetes.” Erlanger y sus editores no agregan ningún comentario sobre la propugnación abierta, y práctica, del terrorismo masivo contra civiles, aunque corresponsales y columnistas señalizan su tolerancia o incluso propugnación explícita de crímenes de guerra, como señalado. Pero ajustándose a la norma, Erlanger no deja de subrayar que los ataques con cohetes de Hamás son “una obvia violación del principio de discriminación y se ajustan a la definición clásica del terrorismo.”
Como otros familiarizados con la región, el especialista en Oriente Próximo, Fawwaz Gerges, observa que “Lo que funcionarios israelíes y sus aliados estadounidenses no aprecian es que Hamás no es sólo una milicia armada sino un movimiento social con una amplia base popular que está profundamente arraigado en la sociedad.” De ahí que cuando realizan sus planes para destruir el “ala social” de Hamás, estén apuntando a destruir la sociedad palestina.
Puede que Gerges sea demasiado benévolo. Es muy poco probable que funcionarios israelíes y estadounidenses –o los medios y otros comentaristas– no aprecien esos hechos. Más bien, adoptan implícitamente la perspectiva tradicional de los que monopolizan los medios de violencia: nuestro puño de hierro puede aplastar toda oposición, y si nuestro furioso ataque resulta en numerosas víctimas civiles, todo sea por bien: tal vez los que queden serán adecuadamente educados.
Los oficiales del ejército israelí comprenden claramente que están aplastando a la sociedad civil. Ethan Bronner cita a un coronel israelí que dice que él y sus hombres no están muy “impresionados por los combatientes de Hamás.” “Son aldeanos con rifles,” dijo un artillero en un vehículo blindado para el transporte de tropas. Se parecen a las víctimas de las asesinas operaciones de “puño de hierro” del ejército israelí en el sur del Líbano ocupado en 1985, dirigidas por Shimon Peres, uno de los grandes comandantes terroristas de la era de la “Guerra contra el Terror” de Reagan. Durante esas operaciones comandantes y analistas estratégicos israelíes explicaron que las víctimas eran “aldeanos terroristas,” difíciles de erradicar porque “esos terroristas operan con el apoyo de la mayor parte de la población local.” Un comandante israelí se quejó de que “el terrorista… tiene aquí muchos ojos, porque vive aquí,” mientras el corresponsal militar del Jerusalem Post describió los problemas que enfrentan las fuerzas israelíes en el combate contra el “mercenario terrorista,” “fanáticos, todos los cuales están suficientemente dedicados a sus causas para seguir corriendo el riesgo de ser muertos mientras realizan ataques contra el ejército israelí,” que deben “mantener el orden y la seguridad” en el sur del Líbano ocupado a pesar “del precio que tienen que pagar los habitantes.” El problema ha sido familiar para los estadounidenses en Vietnam del Sur, para los rusos en Afganistán, para los alemanes en Europa ocupada, y para otros agresores que están implementando la doctrina
Gerges cree que el terror estatal estadounidense-israelí fracasará: Hamás, escribe, “no puede ser eliminado sin masacrar a medio millón de palestinos. Si Israel logra matar a altos dirigentes de Hamás, una nueva generación, más radical que la presente, los reemplazará rápidamente. Hamás es una realidad. No va a desaparecer, y no alzará la bandera blanca no importa cuántas bajas sufra.”
Tal vez, pero siempre hay una tendencia a subestimar la eficacia de la violencia. Es particularmente extraño que una tal creencia sea mantenida en EE.UU. ¿Para qué estamos aquí?
Hamás es descrito regularmente como “Hamás, respaldado por Irán, que está dedicado a la destrucción de Israel.” Será difícil encontrar algo como “Hamás, democráticamente elegido, que hace tiempo que pide una solución de dos Estados de acuerdo con el consenso internacional” –bloqueada desde hace más de 30 años por EE.UU. e Israel, que rechazan de plano y explícitamente el derecho de los palestinos a la autodeterminación. Todo es verdad, pero no es una contribución útil a la línea oficial, por lo tanto es desechable.
Detalles como los mencionados anteriormente, aunque menores, nos enseñan a pesar de todo algo sobre nosotros mismos y nuestros clientes. Así lo hacen otros. Para mencionar otro, cuando comenzó el último ataque de EE.UU. e Israel contra Gaza, un pequeño barco, el Dignity, iba en camino de Chipre a Gaza. Los doctores y activistas de derechos humanos a bordo querían violar el criminal bloqueo de Israel y llevar suministros médicos a la población atrapada. El barco fue interceptado en aguas internacionales por navíos israelíes, que lo embistieron severamente, y casi lo hundieron, aunque logró arrastrarse hasta el Líbano. Israel emitió las mentiras de rutina, refutadas por los periodistas y pasajeros a bordo, incluidos el corresponsal de CNN Karl Penhaul y la ex congresista de EE.UU. y candidata presidencial del Partido Verde, Cynthia McKinney. Es un crimen serio –mucho peor, por ejemplo, que secuestrar barcos frente a la costa de Somalia. Apenas recibió atención en los medios. La aceptación tácita de semejantes crímenes refleja el entendimiento de que Gaza es territorio ocupado, y que Israel tiene derecho a mantener su cerco, incluso autorizado por los guardianes del orden internacional para realizar crímenes en alta mar para implementar sus programas de castigar a la población civil por desobedecer sus órdenes –bajo pretextos a los que volvemos, casi universalmente aceptados pero evidentemente inadmisibles.
La falta de atención de nuevo tiene sentido. Durante décadas, Israel ha estado secuestrando barcos en aguas internacionales entre Chipre y el Líbano, matando o secuestrando pasajeros, llevándolos a veces a prisiones en Israel, con cámaras de tortura en cárceles secretas, para retenerlos como rehenes durante muchos años. Ya que las prácticas son rutinarias, ¿por qué iban a tratar el nuevo crimen con más que un bostezo? Chipre y el Líbano reaccionaron de modo muy diferente, ¿pero qué importancia tienen en el contexto actual?
¿A quién le interesa, por ejemplo, si los editores del Daily Star, del Líbano, generalmente pro-occidental, escriben que “cerca de 1,5 millones de personas en Gaza son sometidas al ministerio asesino de una de las maquinarias militares más avanzadas tecnológicamente, pero moralmente retrógradas del mundo? A menudo se sugiere que los palestinos se han convertido para el mundo árabe en lo que los judíos fueron en la Europa previa a la Segunda Guerra Mundial, y existe una cierta verdad en esa interpretación. Cuán repugnantemente adecuado, por lo tanto, que exactamente como los europeos y norteamericanos miraron para otro lado cuando los nazis perpetraban el Holocausto, los árabes encuentren una manera de no hacer nada mientras los israelíes matan a niños palestinos.” Tal vez el más vergonzoso de los regímenes árabes es la brutal dictadura egipcia, beneficiaria de la mayor ayuda militar de EE.UU., aparte de Israel.
Según la prensa libanesa, Israel, todavía “rapta rutinariamente a civiles libaneses del lado libanés de la Línea Azul [la frontera internacional] el caso más reciente en diciembre de 2008.” Y, claro está, “aviones israelíes violan a diario el espacio aéreo libanés en violación de la Resolución 1701 de la ONU” (el experto libanés Amal Saad-Ghorayeb, Daily Star, 13 de enero). Eso también ha estado ocurriendo desde hace mucho tiempo. Al condenar la invasión del Líbano por Israel en 2006, el destacado analista estratégico israelí, Zeev Maoz, escribió en la prensa israelí que “Israel ha violado el espacio aéreo libanés realizando misiones de reconocimiento aéreo casi cada día desde su retirada del sur del Líbano hace seis años. Es verdad, esos sobrevuelos no causaron víctimas libanesas, pero una violación de una frontera es una violación de una frontera. Aquí también, Israel no tiene una razón moral superior.” Y en general, no existe una base para el “consenso total en Israel de que la guerra contra Hezbolá en el Líbano es una guerra justa y moral,” un consenso “basado en una memoria selectiva y a corto plazo, en una visión del mundo introvertida, y en dobles raseros. No es una guerra justa, el uso de la fuerza es excesivo e indiscriminado, y el objetivo final es la extorsión.”
Como Maoz también recuerda a sus lectores israelíes que los sobrevuelos con retumbos ultrasónicos para aterrorizar a los libaneses constituyen el menor crimen israelí en el Líbano, incluso aparte de sus cinco invasiones desde 1978. “El 28 de julio de 1988, Fuerzas Especiales israelíes raptaron al jeque Obeid, y el 21 de mayo de 1994, Israel raptó a Mustafa Dirani, quien fue responsable por la captura del piloto israelí Ron Arad [mientras éste estaba bombardeando el Líbano en 1986]. Israel los retuvo en prisión junto con otros 20 libaneses, que fueron capturados bajo circunstancias no reveladas, durante largos períodos sin proceso. Fueron retenidos como “cartas de cambio” humanas. Al parecer, el secuestro de israelíes con la intención de intercambiar prisioneros es moral reprensible, y militarmente castigable cuando Hezbolá realiza el secuestro, pero no si Israel hace lo mismo,” y en una escala mucho mayor y durante muchos años.
Las prácticas regulares de Israel son importantes incluso fuera de lo que revelan sobre la criminalidad israelí y el apoyo occidental del que goza. Como indica Maoz, esas prácticas subrayan la redomada hipocresía de la afirmación estándar de que Israel tuvo el derecho de invadir de nuevo el Líbano en 2006 cuando dos soldados fueron capturados en la frontera, la primera acción a través de la frontera de Hezbolá en los seis años desde la retirada de Israel del sur del Líbano, que ocupaba en violación de las órdenes del Consejo de Seguridad de 22 años antes, mientras que Israel violó impunemente casi a diario la frontera durante seis años, y aquí se guarda silencio.
La hipocresía es, de nuevo, rutina. Por lo tanto, Thomas Friedman, cuando explica cómo las especies inferiores tienen que ser “educadas” mediante la violencia terrorista, escribe que la invasión israelí del Líbano en 2006, destruyendo una vez más gran parte del sur del Líbano y de Beirut mientras mataba a otros 1.000 civiles, fue un justo acto de autodefensa, como reacción al crimen de Hezbolá de “lanzar una guerra no provocada a través de la frontera entre Israel y el Líbano reconocida por la ONU, después que Israel se había retirado unilateralmente del Líbano.” Dejando de lado el engaño, por la misma lógica, ataques terroristas contra israelíes que son mucho más destructivos y asesinos que cualesquiera que hayan tenido lugar, serían plenamente justificados como reacción a las prácticas criminales de Israel en el Líbano y en alta mar, que exceden ampliamente el crimen de Hezbolá de capturar a dos soldados en la frontera. El veterano especialista en Oriente Próximo del New York Times seguramente sabe de esos crímenes, por lo menos si lee su propio periódico: por ejemplo, el párrafo 18 de una historia sobre el intercambio de prisioneros en noviembre de 1983 que señala, de pasada, que 37 de los prisioneros árabes “habían sido capturados recientemente por la Armada Israelí mientras trataban de viajar de Chipre a Trípoli,” al norte de Beirut.
Desde luego todas las conclusiones semejantes sobre acciones apropiadas contra los ricos y poderosos se basan en un error fundamental. Una cosa somos nosotros, otra cosa son ellos. Ese principio crucial, profundamente arraigado en la cultura occidental, basta para debilitar hasta la analogía más precisa y el razonamiento más impecable.
Al escribir estas líneas, otro barco va en camino de Chipre a Gaza, “llevando suministros médicos urgentemente necesitados en cajas selladas, controladas por la Aduana en el Aeropuerto Internacional de Larnaca y en el Puerto de Larnaca,” informan los organizadores. Los pasajeros incluyen a miembros del Parlamento Europeo y médicos. Israel ha sido notificado de su propósito humanitario. Con suficiente presión popular, podrían realizar su misión en paz.
Los nuevos crímenes que EE.UU. e Israel han estado cometiendo en Gaza en las últimas semanas no se ajustan fácilmente a cualquier categoría estándar –excepto por lo familiar; sólo he dado algunos ejemplos, y volveré a otros. Literalmente, los crímenes caen bajo la definición oficial de “terrorismo” del gobierno de EE.UU., pero esa designación no captura su enormidad. No pueden ser llamados “agresión” porque son realizados en territorio ocupado, como concede tácitamente EE.UU. En su exhaustiva historia erudita del asentamiento israelí en los territorios ocupados, “Lords of the Land,” [Señores de la Tierra] Idit Zertal y Akiva Eldar señalan que después que Israel retiró sus fuerzas de Gaza en agosto de 2005, el territorio arruinado no fue liberado “ni por un solo día de la sujeción militar de Israel o del precio por la ocupación que los habitantes pagan cada día… Israel dejó tras de sí tierra arrasada, servicios devastados, y gente sin presente ni futuro. Los asentamientos fueron destruidos en una acción innoble de un ocupante incivil que en los hechos sigue controlando el territorio y mata y acosa a sus habitantes mediante su formidable poderío militar” –ejercido con extremo salvajismo, gracias al firme apoyo y participación de EE.UU.
El ataque estadounidense-israelí contra Gaza escaló en enero de 2006, unos pocos meses después de la retirada formal, cuando los palestinos cometieron un crimen verdaderamente atroz: votaron “incorrectamente” en una elección libre. Como otros, los palestinos aprendieron que uno no desobedece impunemente las órdenes del Amo, que sigue parloteando de su “ansia de democracia,” sin evocar el ridículo en las clases educadas, otro logro impresionante.
Ya que los términos “agresión” y “terrorismo” son inadecuados, se necesita alguna expresión nueva para la tortura sádica y cobarde de un pueblo atrapado sin posibilidad alguna de escape, mientras es convertido en polvo por los productos más sofisticados de la tecnología militar de EE.UU. –utilizada en violación del derecho internacional e incluso estadounidense, pero para quienes se han autoproclamado Estados fuera de la ley, es sólo un tecnicismo menor. También es un tecnicismo menor el hecho de que el 31 de diciembre, mientras gazanos aterrorizados buscaban desesperadamente refugio del implacable ataque, Washington haya contratado un barco alemán para transportar de Grecia a Israel un inmenso embarque: 3.000 toneladas, de “munición” no identificada. El nuevo embarque “viene después del contrato de un navío mercante para llevar un envío mucho mayor de armamento en diciembre de EE.UU. a Israel antes de los ataques aéreos en la Franja de Gaza,” informó Reuters. Todo esto es aparte de los más de 21.000 millones de dólares en ayuda militar de EE.UU. suministrada por el gobierno de Bush a Israel, casi en su totalidad subsidios. “La intervención de Israel en la Franja de Gaza ha sido impulsada en gran parte por armas suministradas por EE.UU., pagadas con dineros públicos de EE.UU.,” dijo una información de la New America Foundation, que monitorea el tráfico de armas. El nuevo embarque fue obstaculizado por la decisión del gobierno griego de prohibir el uso de cualquier puerto en Grecia “para el abastecimiento del ejército israelí.”
La reacción de Grecia ante los crímenes israelíes respaldados por EE.UU. es bastante diferente de la cobarde actitud de los dirigentes de la mayor parte de Europa. La distinción revela que Washington puede haber sido bastante realista al considerar a Grecia como parte de Oriente Próximo, no Europa, hasta el derrocamiento de la dictadura fascista respaldada por EE.UU. en 1974. Tal vez Grecia sea demasiado civilizada para ser parte de Europa.
Si hubiera alguien que pensara que la oportunidad de las entregas de armas a Israel es extraña, e indagara más, el Pentágono tiene una respuesta: el embarque arribaría demasiado tarde para escalar el ataque contra Gaza, y el equipo militar, sea lo que sea, debe ser pre-posicionado en Israel para su eventual uso por las fuerzas armadas de EE.UU. Puede que sea exacto. Uno de los numerosos servicios que Israel rinde a su patrón es suministrarle una valiosa base militar en la periferia de los mayores recursos de energía del mundo. Por ello puede servir como una base avanzada para agresión estadounidense –o para utilizar términos técnicos, para “defender el Golfo” y “asegurar estabilidad.”
El inmenso flujo de armas a Israel sirve muchos propósitos subsidiarios. El analista de política de Oriente Próximo, Mouin Rabbani, observa que Israel puede probar armas recientemente desarrolladas contra objetivos indefensos. Es de valor para Israel y para EE.UU. ‘de doble valor, de hecho, porque versiones menos efectivas de esos mismos sistemas de armas son subsiguientemente vendidas a precios enormemente inflados a Estados árabes, que efectivamente subvencionan la industria de armamentos de EE.UU. y las donaciones militares de EE.UU. a Israel.” Esas son las funciones adicionales de Israel en el sistema dominado por EE.UU. en Oriente Próximo, y entre los motivos por los que Israel es favorecido por las autoridades del Estado, junto con una amplia gama de corporaciones de alta tecnología de EE.UU., y por cierto la industria militar y la inteligencia.
Sin contar a Israel, EE.UU. es de lejos el mayor proveedor de armas del mundo. El reciente informe de New America Foundation concluye que “las armas y el entrenamiento militar por EE.UU. jugaron un papel en 20 de las 27 mayores guerras del mundo en 2007,” con ingresos para EE.UU. de 23.000 millones de dólares, que aumentaron a 32.000 millones en 2008. No es de extrañar que entre las numerosas resoluciones de la ONU a las que EE.UU. se opuso en la sesión de la ONU de diciembre de 2008 haya habido una que pedía la regulación del tráfico de armas. En 2006, EE.UU. fue el único que votó contra el tratado, pero en noviembre de 2008 se le sumó un socio: Zimbabue.
Hubo otros votos notables en la sesión de diciembre de la ONU. Una resolución sobre “el derecho del pueblo palestino a la autodeterminación” fue adoptada por 173 contra 5 (EE.UU., Israel, dependencias de las islas del Pacífico). La votación reafirma fuertemente el negacionismo estadounidense-israelí, en aislamiento internacional. Del mismo modo, una resolución sobre “libertad universal de viaje y la importancia vital de la reunificación familiar” fue adoptada con la oposición de EE.UU., Israel, y las dependencias del Pacífico, presumiblemente pensando en los palestinos.
Al votar contra el derecho al desarrollo EE.UU. perdió a Israel pero ganó a Ucrania. Al votar contra el “derecho al alimento”, EE.UU. se quedó solo, un hecho particularmente impresionante en vista de la enorme crisis alimentaria global, que deja chica a la crisis financiera que amenaza las economías occidentales.
Hay buenos motivos por los cuales no se informa regularmente sobre los resultados de las votaciones, y los medios y los intelectuales conformistas los envían a la profundidad del agujero de la memoria. No sería atinado revelar al público lo que dan a entender esos resultados sobre sus representantes elegidos. En el caso actual sería sencillamente poco útil que el público supiera que el negacionismo de EE.UU. e Israel, que obstaculiza la solución pacífica propugnada desde hace tiempo por el mundo, llega a tal extremo que niega a los palestinos hasta el derecho abstracto a la autodeterminación.
Uno de los heroicos voluntarios en Gaza, el doctor noruego Mads Gilbert, describió la escena de horror como una “guerra total contra la población civil de Gaza.” Estimó que la mitad de las víctimas son mujeres y niños. Los hombres también son casi todos civiles, según estándares civilizados. Gilbert informa que apenas ha visto una víctima militar entre los cientos de cuerpos. El ejército israelí está de acuerdo. Hamás “hizo un esfuerzo especial para combatir a distancia –o no hacerlo en absoluto,” informa Ethan Bronner mientras “analiza los logros” del ataque estadounidense-israelí. De modo que la fuerza de Hamás sigue intacta, y fueron sobre todo civiles los que sufrieron: un resultado positivo, según la doctrina mayoritaria.
Esas evaluaciones fueron confirmadas por el jefe humanitario de la ONU, John Holmes, quien informó a los periodistas que es “una presunción justificada” que la mayoría de los civiles muertos fueron mujeres y niños en una crisis humanitaria que empeora día a día mientras continúa la violencia.” Pero debiéramos sentirnos reconfortados por las palabras de la Ministra de Exteriores israelí Tzipi Livni, la principal paloma en la actual campaña electoral, quien aseguró al mundo que no hay “crisis humanitaria” en Gaza, gracias a la benevolencia israelí.
Como otros que se preocupan por seres humanos y su suerte, Gilbert y Holmes abogaron por un cese al fuego. Pero no todavía. “En Naciones Unidas, EE.UU. impidió que el Consejo de Seguridad aprobara una declaración formal el sábado por la noche pidiendo un cese al fuego inmediato,” mencionó como de pasada el New York Times. La razón oficial era que “no había indicación de que Hamás acataría cualquier acuerdo.” En los anales de las justificaciones para deleitarse en la matanza, ésta debe ocupar un lugar entre las más cínicas. Pero, claro, eran Bush y Rice, que pronto serían desplazados por Obama, quien repite compasivamente que “si cayeran misiles donde duermen mis hijas, haría todo por impedirlo.” Se refería a los niños israelíes, no a los muchos cientos que son despedazados en Gaza por armas de EE.UU. Fuera de eso, Obama mantuvo su silencio.
Unos pocos días después, bajo intensa presión internacional, EE.UU. apoyó una resolución del Consejo de Seguridad pidiendo un “cese al fuego durable.” Fue aprobada por 14 a 0, con la abstención de EE.UU. Israel y los halcones estadounidenses se enfurecieron porque EE.UU. no la haya vetado, como de costumbre. La abstención, sin embargo, bastó para dar a Israel si no luz verde, por lo menos amarilla, para escalar la violencia, como lo hizo hasta virtualmente el momento de la toma de posesión, como había sido vaticinado.
Cuando entró en vigor (teóricamente) el cese al fuego el 18 de enero, el Centro Palestino de Derechos Humanos publicó sus cifras para el último día del ataque: 54 palestinos muertos, incluyendo a 43 civiles desarmados, 17 de ellos niños, mientras el ejército israelí seguían bombardeando casas civiles y escuelas de la ONU. La cantidad de víctimas mortales, estimaron, ascendía a 1.184, incluyendo a 844 civiles, 281 de ellos niños. El ejército israelí siguió utilizando bombas incendiarias en toda la Franja de Gaza, y destruyendo casas y tierras agrícolas, obligando a civiles a huir de sus hogares. Unas pocas horas después, Reuters informó de más de 1.300 muertos. El personal del Centro Al Mezan, que también monitorea cuidadosamente víctimas y destrucción, visitó áreas que previamente habían sido inaccesibles por los incesantes bombardeos pesados. Descubrieron docenas de cadáveres de civiles descomponiéndose bajo los escombros de casas destruidas o extraídos por aplanadoras israelíes. Bloques urbanos enteros habían desaparecido.
Las cifras de muertos y heridos son seguramente subestimaciones. Y es poco probable que haya alguna investigación de esas atrocidades. Los crímenes de enemigos oficiales son sometidos a investigaciones rigurosas, pero los nuestros son ignorados sistemáticamente. Es la práctica general, de nuevo, y comprensible, por parte de los amos.
La Resolución del Consejo de Seguridad requería la detención del flujo de armas hacia Gaza. EE.UU. e Israel (Rice-Livni) pronto llegaron a un acuerdo sobre medidas para asegurar ese resultado, concentrándose en armas iraníes. No hay necesidad de detener el contrabando de armas de EE.UU. hacia Israel, porque no hay contrabando: el inmenso flujo de armas es bastante público, incluso cuando no se informa, como en el caso del embarque de armas anunciado mientras tenía lugar la matanza en Gaza.
La Resolución también requería “que se asegurara la reapertura continua de los puntos de cruce sobre la base del Acuerdo de 2005 sobre Movimiento y Acceso entre la Autoridad Palestina e Israel”; ese Acuerdo determinaba que los cruces hacia Gaza serían operados sobre una base continua y que Israel también permitiría el cruce de bienes y personas entre Cisjordania y la Franja de Gaza.
El acuerdo Rice-Livni no dice nada sobre este aspecto de la Resolución del Consejo de Seguridad. EE.UU. e Israel ya habían abandonado efectivamente el Acuerdo de 2005 como parte de su castigo a los palestinos por no haber votado como EE.UU. e Israel lo deseaban en una elección libre en enero de 2006. La conferencia de prensa de Rice después del acuerdo Rice-Livni subrayó los continuos esfuerzos de Washington por subvertir los resultados de la única elección libre en el mundo árabe: “Pueden hacerse muchas cosas,” dijo, “para sacar a Gaza de la penumbra de la hegemonía de Hamás hacia la luz de la excelente administración que puede conllevar la Autoridad Palestina” – por lo menos, conllevarla mientras siga siendo un cliente leal, plagado de corrupción y dispuesto a realizar una dura represión, pero obediente.
Al volver de una visita al mundo árabe, Fawwaz Gerges afirmó enfáticamente lo que han informado otros presentes en el terreno. El efecto de la ofensiva de EE.UU. e Israel en Gaza ha sido enfurecer a las masas y provocar un odio a muerte contra los agresores y sus colaboracionistas. “Baste decir que los Estados árabes así llamados moderados [es decir, los que reciben sus órdenes de Washington] están a la defensiva, y que el frente de la resistencia encabezado por Irán y Siria es el principal beneficiario. Una vez más, Israel y el gobierno de Bush han entregado a la dirigencia iraní una dulce victoria.” Además, “Hamás probablemente emergerá como una fuerza política más poderosa que antes y probablemente superará a Fatah, el aparato gobernante de la Autoridad Palestina del presidente Mahmud Abbas,” favoritos de Rice.
Vale la pena tener en cuenta que el mundo árabe no está tan escrupulosamente protegido de la única cobertura viva regular de televisión de lo que sucede en Gaza, es decir “el análisis tranquilo y equilibrado del caos y la destrucción, suministrado por los extraordinarios corresponsales de al Jazeera, que suministraron “una austera alternativa a los canales terrestres,” como informa el Financial Times de Londres. En los 105 países que carecen de nuestras eficientes modalidades de autocensura, la gente puede ver a cada hora lo que sucede, y se dice que el impacto es muy grande. En EE.UU., informa el New York Times, “el bloqueo informativo casi total… indudablemente está relacionado con la crítica acerba que al- Jazeera recibió del gobierno de EE.UU. durante las etapas iniciales de la guerra en Iraq por su cobertura de la invasión estadounidense. Cheney y Rumsfeld objetaron, de modo que, obviamente, los medios independientes sólo pudieron obedecer.
Hay mucho debate sobrio sobre lo que esperaban lograr los atacantes. Algunos de los objetivos son comúnmente discutidos, entre ellos, restaurar lo que se llama “la capacidad disuasiva” que Israel perdió como resultado de sus fracasos en el Líbano en 2006 – es decir, la capacidad de aterrorizar a cualquier oponente potencial a fin de someterlo. Existen, sin embargo, objetivos más fundamentales que tienden a ser ignorados, aunque también parecen ser bastante obvios si consideramos la historia reciente.
Israel abandonó Gaza en septiembre de 2005. Personas racionales de la línea dura israelí, como Ariel Sharon, santo patrón del movimiento de los colonos, comprendió que no tenía sentido subvencionar a unos pocos colonos israelíes ilegales en las ruinas de Gaza, protegidos por el ejército israelí, mientras utilizaban gran parte de la tierra y de sus escasos recursos. Tenía más sentido convertir Gaza en la mayor prisión del mundo y transferir a los colonos a Cisjordania, un territorio mucho más valioso, en el que Israel es bastante explícito en cuanto a sus intenciones, en palabras y, lo que es más importante, en los hechos.
Un objetivo es anexar la tierra árabe, los suministros de agua, y agradables suburbios de Jerusalén y Tel Aviv que están dentro del muro de separación, irrelevantemente declarado ilegal por la Corte Internacional. Incluye a Jerusalén vastamente expandida, en violación de órdenes del Consejo de Seguridad de hace 40 años, por lo tanto irrelevantes. Israel también se ha estado apoderando del Valle del Jordán, aproximadamente un tercio de Cisjordania. Lo que queda es consiguientemente aprisionado y, además, fragmentado por salientes de asentamientos judíos que trisecan el territorio: una parte al este de Gran Jerusalén por la ciudad de Ma’aleh Adumim, desarrollada durante los años de Clinton para dividir Cisjordania; y dos hacia el norte, por las ciudades de Ariel y Kedumim. Lo que queda para los palestinos es segregado por cientos de puntos de control, arbitrarios en su mayoría.
Los puntos de control no tienen que ver con la seguridad de Israel, y si algunos tienen el propósito de proteger a los colonos, son rotundamente ilegales, como decidiera la Corte Internacional de Justicia. En realidad, su principal objetivo es acosar a la población palestina y fortificar lo que el activista israelí por la paz Jeff Halper llama la “matriz de control”, destinada a hacer que la vida sea insoportable para las “bestias de dos patas” que serán como “cucarachas drogadas que corretean en una botella” si tratan de permanecer en sus casas y tierras.
Todo eso está bien, porque son “como saltamontes comparados con nosotros” de modo que sus cabezas pueden ser “estrelladas contra las peñas y los muros.” La terminología proviene de los máximos dirigentes políticos y militares israelíes, en este caso los reverenciados “príncipes”. Y las actitudes conforman las políticas.
Los desvaríos de los dirigentes políticos y militares son suaves en comparación con las prédicas de las autoridades rabínicas. No son personajes marginales. Al contrario, son muy influyentes en el ejército y en el movimiento de colonos, personas que Zertal y Eldar desvelan como “señores de la tierra”, con enorme impacto en la política. Soldados que combatían en el norte de Gaza recibieron una visita “inspiradora” de dos destacados rabinos, quienes les explicaron que no hay “inocentes” en Gaza, de modo que todos eran objetivos legítimos, citando un famoso pasaje de los Salmos llamando al Señor para que tomara los hijos de los opresores de Israel y los arrojara contra las rocas. Los rabinos no hacían nada nuevo. Un año antes, el ex rabino jefe sefardí escribió al primer ministro Olmert, informando que todos los civiles en Gaza son culpables colectivamente por los ataques con cohetes, de modo que “no existe absolutamente ninguna prohibición moral contra la matanza indiscriminada de civiles durante una masiva ofensiva militar potencial contra Gaza orientada a detener los lanzamientos de cohetes,” según la información del Jerusalem Post sobre su veredicto. Su hijo, rabino jefe de Safed, entró en más detalle: “Si no se detienen después que matemos a 100, tenemos que matar mil, y si no se detienen después de 1.000, debemos matar a 10.000. Y si no se detienen debemos matar a 100.000, incluso a un millón. Todo lo que sea necesario para hacer que se detengan.”
Puntos de vista similares son expresados por destacadas personalidades seculares estadounidenses. Cuando Israel invadió el Líbano en 2006, el profesor de la Escuela de Derecho de Harvard, Alan Dershowitz, explicó en el periódico liberal en línea Huffington Post que todos los libaneses son objetivos legítimos para la violencia israelí. Los ciudadanos del Líbano están “pagando el precio” por su apoyo a “terroristas.” –es decir, por apoyar a la resistencia a la invasión israelí. Según él, los civiles libaneses no son más inmunes a ataques que los austríacos que apoyaron a los nazis. La fatua del rabino sefardí se aplica a ellos. En un vídeo en la página en Internet del Jerusalem Post, Dershowitz pasó a ridiculizar el habla de ratios excesivas de muertes de palestinos a israelíes: habría que aumentarla de 1.000 a uno, dijo, o incluso 1.000 a cero, queriendo decir que las bestias debieran ser completamente exterminadas. Por cierto, se refiere a “terroristas,” una categoría amplia que incluye a las víctimas del poder israelí, ya que “Israel nunca ataca a civiles,” declaró enfáticamente. En consecuencia, palestinos, libaneses, tunecinos, cualquiera que se interponga en el camino de los implacables ejércitos del Estado Sagrado es un terrorista, o una víctima accidental de sus justos crímenes.
No es fácil encontrar contrapartidas históricas para esas actuaciones. Tal vez sea de un cierto interés que sean consideradas enteramente adecuadas en la cultura intelectual y moral imperante –cuando son producidas por “nuestro lado,” es decir: que si provinieran de las bocas de enemigos oficiales, semejantes palabras provocarían indignación justiciera y llamados a una masiva violencia preventiva como venganza.
La afirmación de que “nuestro lado” nunca ataca a civiles es una doctrina familiar entre los que monopolizan los medios de violencia. Y hay algo de verdad en ello. Generalmente no tratamos de matar a civiles en particular. Más bien, realizamos acciones asesinas que sabemos matarán a muchos civiles, pero sin la intención específica de matar a civiles en particular. Según la ley, las prácticas rutinarias pueden caer en la categoría de indiferencia depravada, pero no es una designación adecuada para la práctica estándar y la doctrina imperiales. Es más similar a caminar por una calle a sabiendas de que podemos matar hormigas, pero sin estar interesados en hacerlo, porque ocupan un lugar tan bajo que simplemente no importa. Lo mismo vale cuando Israel realiza acciones que sabe matarán a los “saltamontes” y a “las bestias de dos patas” que por casualidad infestan las tierras que “libera.” No hay una expresión apropiada para esta forma de depravación moral, posiblemente peor que el asesinato deliberado, y demasiado familiar.
En la antigua Palestina, los legítimos dueños (por decreto divino, según los “señores de la tierra”) pueden decidir si otorgan a las cucarachas drogadas unas pocas parcelas dispersas. Pero no por derecho, sin embargo: “Creía, y hasta este día sigo creyendo, en el derecho eterno e histórico de nuestro pueblo a todo este país,” informó el primer ministro Olmert a una sesión conjunta del Congreso en mayo de 2006 y recibió un clamoroso aplauso. Al mismo tiempo anunció su programa de “convergencia” para apoderarse de lo que hay de valioso en Cisjordania, dejando que los palestinos se pudran en cantones aislados. No fue específico sobre las fronteras de “todo el país,” pero por otro lado, el proyecto sionista nunca lo ha sido, por buenos motivos: la expansión permanente es una dinámica interna muy importante. Si Olmert sigue siendo fiel a sus orígenes en el Likud, podrá haber querido decir las dos riberas del Jordán, incluyendo el actual Estado de Jordania, o por lo menos sus partes más valiosas.
El “derecho eterno e histórico a todo este país” de nuestro pueblo, contrasta dramáticamente con la ausencia de cualquier derecho a la autodeterminación de sus habitantes temporales, los palestinos. Como señalara anteriormente, la condición de estos últimos fue reiterada por Israel y su patrón en Washington en diciembre de 2008, en su acostumbrado aislamiento, y acompañada por un silencio resonante.
Los planes que Olmert esbozó en 2006 han sido abandonados desde entonces porque no eran bastante extremos. Pero lo que reemplaza el programa de convergencia, y las acciones que tienen lugar a diario para implementarlo, son aproximadamente las mismas, en su concepto general. Se remontan a los primeros días de la ocupación, cuando el Ministro de Defensa Moshe Dayan explicó poéticamente que “la situación actual se parece a la relación compleja entre un beduino y la muchacha que secuestra contra su voluntad… Vosotros palestinos, como nación, no nos queréis hoy, pero cambiaremos vuestra actitud imponiéndoos nuestra presencia.” “Viviréis como perros, y el que se vaya, se irá,” mientras nosotros nos apoderamos de lo que queremos.
Nunca ha cabido duda de que esos programas sean criminales. Inmediatamente después de la guerra de 1967, el gobierno israelí fue informado por su máxima autoridad legal, Teodor Meron, que “el asentamiento civil en los territorios administrados contraviene las provisiones explícitas de la Cuarta Convención de Ginebra,” el fundamento del derecho humanitario internacional. El Ministro de Justicia de Israel estuvo de acuerdo. La Corte Internacional apoyó unánimemente la conclusión esencial en 2004, y el Tribunal Superior israelí estuvo técnicamente de acuerdo aunque estuvo en desacuerdo en la práctica, en su estilo usual.
En Cisjordania, Israel puede continuar sus programas criminales con apoyo de EE.UU. y sin tener problemas, gracias a su control militar efectivo y, por el momento, a la cooperación de las fuerzas de seguridad palestinas colaboracionistas armadas y entrenadas por EE.UU. y dictaduras aliadas. También puede realizar asesinatos regulares y otros crímenes, mientras los colonos cometen destrozos y abusos bajo la protección del ejército israelí. Pero mientras Cisjordania ha sido efectivamente sometida mediante el terror, sigue habiendo resistencia en la otra mitad de Palestina, la Franja de Gaza. También debe ser aplastada para que el programa de anexión y destrucción de Palestina de EE.UU. e Israel pueda avanzar sin problemas.
La oportunidad de la invasión fue presumiblemente influenciada por la próxima elección israelí. Ehud Barak, que iba muy atrás en los sondeos, obtuvo un escaño parlamentario por cada 40 árabes muertos en los primeros días de la matanza, calculó el comentarista israelí Ran HaCohen.
Eso puede cambiar, sin embargo, Como los crímenes llegaron más allá de lo que pudo suprimir la cuidadosamente afinada campaña de propaganda israelí, incluso halcones israelíes confirmados llegaron a preocuparse de que la carnicería esté “destruyendo el alma [de Israel] y su imagen. Destruyéndola en las pantallas de televisión del mundo, en las salas de estar de la comunidad internacional, y lo más importante, en el EE.UU. de Obama” (Ari Shavit). A Shavit le preocupó sobre todo el “bombardeo de una instalación de Naciones Unidas… [por Israel]… “el día en el que el secretario general de la ONU estaba visitando Jerusalén,” un acto que “va más allá de la demencia,” consideró.
Para agregar unos pocos detalles, la “instalación” mencionada fue el complejo de la ONU en Ciudad de Gaza, que contenía el almacén de la UNRWA. El bombardeo destruyó “cientos de toneladas de alimentos y medicinas de emergencia preparadas para la distribución en el día de hoy a refugios, hospitales y centros de alimentación,” según el director de UNRWA, John Ging. Ataques militares destruyeron al mismo tiempo dos pisos del hospital al-Quds, incendiándolo, y también un segundo almacén dirigido por la sociedad de la Media Luna Roja palestina. El hospital en el densamente poblado vecindario Tal-Hawa fue destruido por tanques israelíes “después que cientos de gazanos aterrorizados se habían refugiado en su interior cuando fuerzas terrestres israelíes penetraron en el vecindario,” informó AP.
No quedó nada que salvar dentro de las ruinas al rojo vivo del hospital. “Bombardearon el edificio, el edificio del hospital. Se incendió. Tratamos de evacuar a la gente enferma, y a los heridos y a la gente que estaba allí. Llegaron los bomberos y apagaron el fuego, que volvió a estallar en llamas y lo volvieron a apagar, y se incendió por tercera vez,” dijo el paramédico Ahmad Al-Haz a AP. Se sospechó que el fuego puede haber sido provocado por fósforo blanco, que también fue sospechado en numerosos otros incendios y graves quemaduras.
Las sospechas fueron confirmadas por Amnistía Internacional después que el cese de los intensos bombardeos permitió una investigación. Antes, Israel había sensatamente excluido a todos los periodistas, incluidos los israelíes, mientras cometía sus crímenes con toda su furia. El uso por Israel de fósforo blanco contra civiles en Gaza es “claro e innegable,” informó AI. Su uso repetido en áreas civiles densamente pobladas “es un crimen de guerra.,”… “que hizo peligrar aún más a los residentes y su propiedad,” particularmente niños “atraídos a los detritos de la guerra y a menudo inconscientes del peligro.” Los objetivos primordiales, informaron, fueron el complejo de la UNRWA, donde el “fósforo blanco cayó junto a algunos camiones con combustible y causó un gran fuego que destruyó toneladas de ayuda humanitaria” después que las autoridades israelíes “habían asegurado que no se lanzarían más ataques contra el complejo.” El mismo día “un obús de fósforo blanco cayó en el hospital al-Quds en Ciudad de Gaza causando también un incendio que obligó al personal del hospital a evacuar a los pacientes… El fósforo blanco, al caer sobre la piel, puede quemar profundamente a través de músculos y hasta el hueso, y sigue quemando a menos que sea privado de oxígeno.” Si son cometidos intencionalmente, o por indiferencia depravada, semejantes crímenes son inevitables si el arma es utilizada en ataques contra civiles.
Sin embargo, es un error concentrarse demasiado en las brutales violaciones de Israel de jus in bello, las leyes hechas para prohibir prácticas demasiado salvajes. La invasión misma es un crimen mucho más serio. Y si Israel hubiera infligido ese horrendo daño con arcos y flechas, seguiría siendo un acto criminal de extrema depravación.
La agresión siempre tiene un pretexto: en este caso, la paciencia de Israel se había “acabado” ante los ataques de cohetes de Hamás, como dijera Barak. El mantra repetido interminablemente es que Israel tiene derecho a usar la fuerza para defenderse. La tesis es parcialmente defendible. El disparo de los cohetes es criminal, y es verdad que un Estado tiene derecho a defenderse contra ataques criminales. Pero no se puede deducir que tenga derecho a defenderse por la fuerza. Eso va mucho más allá de todo principio que aceptaríamos o deberíamos aceptar. Alemania nazi no tenía derecho a usar la fuerza para defenderse contra el terrorismo de los partisanos. La noche de los vidrios rotos no se justifica por el asesinato por Herschel Grynszpan de un funcionario de la embajada alemana en París. El uso de la fuerza por los británicos para defenderse contra el terror (muy real) de los colonos estadounidenses que buscaban la independencia, no era justificado, ni que aterrorizaran a los católicos irlandeses como reacción ante el terror del ERI –y el terror se acabó cuando finalmente adoptaron una política sensata de encarar los legítimos agravios. No es asunto de “proporcionalidad,” sino de selección de la acción para comenzar: ¿Hay una alternativa para la violencia?
Todo recurso a la fuerza tiene un pesado deber de la prueba, y tenemos que preguntar si puede ser cumplido en el caso del intento de Israel de aplastar toda resistencia en sus acciones criminales diarias en Gaza y en Cisjordania, donde siguen continuando inexorablemente desde hace más de 40 años. Tal vez pueda citarme a mí mismo en una entrevista en la prensa israelí sobre los planes de convergencia anunciados por Olmert para Cisjordania: “EE.UU. e Israel no toleran ninguna resistencia a esos planes, y prefieren pretender –falsamente por cierto– que ‘no existe un socio’, mientras siguen adelante con programas que vienen de largo. Podemos recordar que se reconoce que Gaza y Cisjordania constituyen una unidad, de modo que si la resistencia a los programas de anexión-cantonización de EE.UU. e Israel es legítima en Cisjordania, también lo es en Gaza.”
El periodista palestino-estadounidense Ali Abunimah observó que “no hay cohetes lanzados hacia Israel desde Cisjordania, y sin embargo los asesinatos extrajudiciales de Israel, sus robos de tierras, los pogromos de sus colonos y los secuestros nunca se han detenido ni un solo día durante la tregua. La Autoridad Palestina de Mahmud Abas respaldada por Occidente, ha accedido a todas las demandas de Israel. Bajo el orgulloso ojo de los asesores militares de EE.UU., Abbas ha reunido ‘fuerzas de seguridad’ para combatir la resistencia por cuenta de Israel. Nada de eso ha salvado a un solo palestino en Cisjordania de la implacable colonización de Israel – gracias al firme respaldo de EE.UU. El respetado parlamentario palestino, doctor Mustapha Barghouti agrega que después del gran espectáculo de Bush en Annapolis en noviembre de 2007, con mucha retórica edificante sobre la dedicación a la paz y la justicia, los ataques israelíes contra palestinos escalaron fuertemente, con un aumento de casi un 50% en Cisjordania, junto con un agudo aumento en los asentamientos y en los puntos de control israelíes. Obviamente, esas acciones criminales no son una respuesta a cohetes desde Gaza, aunque lo contrario podría ser el caso, sugiere plausiblemente Barghouti.
Las reacciones a los crímenes de una potencia ocupante pueden ser condenadas como criminales y políticamente estúpidas, pero los que no ofrecen ninguna alternativa no tienen una base moral para emitir semejantes juicios. La conclusión vale con fuerza particular para aquellos en EE.UU. que deciden implicarse directamente en los continuos crímenes de Israel – mediante sus palabras, sus acciones, o su silencio. Tanto más porque existen alternativas no-violentas muy evidentes –que, sin embargo, tienen la desventaja de que impiden los programas de expansión ilegal.
Israel tiene un medio inequívoco para defenderse: poner fin a sus acciones criminales en los territorios ocupados, y aceptar el consenso internacional, existente desde hace mucho tiempo, sobre una solución de dos Estados que ha sido bloqueada por EE.UU. e Israel desde hace más de 30 años, ya que EE.UU. vetó por primera vez una resolución del Consejo de Seguridad pidiendo una solución política sobre esa base en 1976. No entraré una vez más en detalles sobre ese ignominioso historial, pero es importante percatarse de que el negacionismo de EE.UU. e Israel es hoy aún más flagrante que en el pasado. La Liga Árabe ha ido incluso más allá del consenso, pidiendo una plena normalización de las relaciones con Israel. Hamás ha pedido repetidamente una solución de dos Estados en términos del consenso internacional. Irán y Hezbolá han dejado en claro que acatarán todo acuerdo aceptado por los palestinos. Eso deja a EE.UU. e Israel en un espléndido aislamiento, no sólo en palabras.
El historial más detallado es informativo. El Consejo Nacional Palestino aceptó formalmente el consenso internacional en 1988. La reacción del gobierno de coalición de Shamir y Peres, confirmado por el Departamento de Estado de James Baker, fue que no puede haber un “Estado palestino adicional” entre Israel y Jordania –siendo este último ya un Estado palestino por dictado de EE.UU. e Israel. Los acuerdos de Oslo que siguieron dejaron de lado los potenciales derechos nacionales palestinos, y la amenaza de que pudieran ser realizados de alguna manera significativa fue sistemáticamente minada durante los años de Oslo por la continua expansión de asentamientos ilegales por Israel. La política de asentamiento fue acelerada en 2000, el último año del presidente Clinton y del primer ministro Barak, cuando tuvieron lugar negociaciones en Camp David que la tenían como trasfondo.
Después de culpar a Yasir Arafat por la ruptura de las negociaciones de Camp David, Clinton dio marcha atrás, y reconoció que las propuestas de EE.UU. e Israel eran demasiado extremistas como para ser aceptables para algún palestino. En diciembre de 2000, presentó sus “parámetros”, vagos pero más abiertos. Luego anunció que los dos lados habían aceptado los parámetros, mientras ambos expresaron reservas. Las dos partes se reunieron en Taba, Egipto, en enero de 2001 y llegaron muy cerca de un acuerdo, y podrían haberlo hecho en unos pocos días más, dijeron en un comunicado de prensa final. Pero las negociaciones fueron canceladas prematuramente por Ehud Barak. Esa semana en Taba fue la única oportunidad en más de 30 años de negacionismo de EE.UU. e Israel. No hay motivo para que esa oportunidad en el historial no pueda ser reactivada.
La versión preferida, recientemente reiterada por Ethan Bronner, es que “Muchos en el extranjero recuerdan al señor Barak como el primer ministro quien en 2000 fue más lejos que ningún otro dirigente israelí en ofertas de paz a los palestinos, sólo para que el acuerdo fracasara y estallara en un violento levantamiento palestino que lo expulsó del poder.” Es verdad que “muchos en el extranjero” creen ese engañoso cuento de hadas, gracias a lo que Bronner y muchos de sus colegas llaman “periodismo.”
Se afirma comúnmente que una solución de dos Estados es inalcanzable ahora porque si el ejército israelí tratara de sacar a los colonos, llevaría a una guerra civil. Puede que sea verdad, pero se necesita mucha más fundamentación. Sin recurrir a la fuerza para expulsar los colonos ilegales, el ejército israelí simplemente podría retirarse a cualesquiera fronteras que sean establecidas por negociaciones. Los colonos más allá de esas fronteras tendrían la alternativa de abandonar sus casas subvencionadas para volver a Israel, o permanecer bajo autoridad palestina. Lo mismo valió para el “trauma nacional” cuidadosamente escenificado en Gaza en 2005, tan transparentemente fraudulento que fue ridiculizado por los comentaristas israelíes. Hubiera bastado que Israel anunciara que el ejército israelí se iba a retirar, y los colonos que fueron subvencionados para que gozaran de la vida en Gaza se hubieran subido tranquilamente a los camiones que les fueran suministrados y viajado a sus nuevas residencias subvencionadas en Cisjordania. Pero eso no hubiera producido trágicas fotos de niños sufrientes y de llamados apasionados de “nunca más.”
Para resumir, contrariamente a la afirmación reiterada constantemente, Israel no tiene derecho a usar la fuerza para defenderse contra cohetes de Gaza, incluso si son considerados como crímenes terroristas. Además, los motivos son transparentes. El pretexto para lanzar el ataque carece de mérito.
Hay un tema más específico. ¿Tiene Israel alternativas pacíficas a corto plazo al uso de la fuerza como reacción a los cohetes desde Gaza? Una alternativa a corto plazo sería aceptar un cese al fuego. Algunas veces Israel lo ha hecho, aunque lo viola instantáneamente. El caso más reciente y actualmente relevante es junio de 2008. El cese al fuego especificaba la apertura de los cruces fronterizos para “permitir la transferencia de todos los bienes que estaban prohibidos y limitados en su ingreso a Gaza.” Israel aceptó formalmente, pero anunció de inmediato que no acataría el acuerdo ni abriría las fronteras hasta que Hamás liberara a Gilad Shalit, un soldado israelí capturado por Hamás en junio de 2006.
El continuo tamboreo de acusaciones sobre la captura de Shalit es, de nuevo, hipocresía flagrante, incluso dejando de lado la larga historia de secuestros israelíes. En este caso, la hipocresía no podría ser más obvia. Un día antes de que Hamás capturara a Shalit, soldados israelíes entraron a la Ciudad de Gaza y secuestraron a dos civiles, los hermanos Muammar, llevándolos a Israel para sumarlos a los miles de otros prisioneros que retienen allí, casi 1.000 sin ser acusados, según las informaciones. El secuestro de civiles es un crimen mucho más serio que la captura de un soldado de un ejército atacante, pero apenas se informó al respecto en contraste con el furor por Shalit. Y todo lo que queda en la memoria, que bloquea la paz, es la captura de Shalit, otro reflejo de la diferencia entre seres humanos y bestias de dos patas. Hay que devolver a Shalit – en un intercambio justo de prisioneros.
Después de la captura de Shalir los incesantes ataques militares de Israel contra Gaza pasaron de ser simplemente cruentos, a ser verdaderamente sádicos. Pero vale la pena recordar que incluso antes de su captura, Israel había disparado más de 7.700 obuses contra el norte de Gaza después de su retirada en septiembre, sin provocar virtualmente ningún comentario.
Después de rechazar el cese al fuego de junio de 2008 que había formalmente aceptado, Israel mantuvo su cerco. Recordaremos que un sitio es un acto de guerra. En los hechos, Israel ha insistido siempre en un principio aún más fuerte: la obstaculización del acceso al mundo exterior, aunque no llegue a ser un sitio, es un acto de guerra, justificando una violencia masiva como reacción. La interferencia con el paso de Israel por los Estrechos de Tirán formó parte del pretexto para la invasión de Egipto por Israel (con Francia e Inglaterra) en 1956, y para su lanzamiento de la guerra de junio de 1967. El cerco de Gaza es total, no parcial, aparte de la disposición ocasional de los ocupantes de suavizarlo ligeramente. Y es mucho más dañino para los gazanos que lo que fue el cierre de los Estrechos de Tirán para Israel. Los partidarios de las doctrinas y acciones israelíes debieran por lo tanto no tener problema alguno con la justificación de los ataques con cohetes contra territorio israelí desde la Franja de Gaza.
Pero claro, de nuevo llegamos al principio anulador: Una cosa somos nosotros, otra cosa son ellos.
Israel no sólo mantuvo el sitio después de junio de 2008, sino lo hizo con extremo rigor. Incluso impidió que la UNRWA reabasteciera sus almacenes, “de modo que cuando se rompió el cese al fuego, se nos acabó el alimento para los 750.000 que dependen de nosotros,” informó el director de la UNRWA a la BBC.
A pesar del sitio israelí, el disparo de cohetes se redujo fuertemente. El cese al fuego se rompió el 4 de noviembre con un ataque israelí contra Gaza, que llevó a la muerte de 6 palestinos, y una descarga de cohetes en represalia (sin heridos). El pretexto para la incursión fue que Israel había detectado un túnel en Gaza que podría haber tenido la intención de ser utilizado para capturar a otro soldado israelí. El pretexto es transparentemente absurdo, como ha señalado una serie de comentaristas. Si hubiera existido un tal túnel, y llegado a la frontera, Israel podría haberlo clausurado fácilmente ahí mismo. Pero como de costumbre, el ridículo pretexto israelí fue considerado creíble.
¿Cuál fue el motivo de la incursión israelí? No tenemos evidencia interna sobre la planificación israelí, pero sabemos que la incursión tuvo lugar poco antes de las conversaciones programadas entre Hamás y Fatah en el Cairo orientadas a “reconciliar sus diferencias y crear un solo gobierno unificado,” informó el corresponsal británico Rory McCarthy. Iba a ser la primera reunión entre Fatah y Hamás desde la guerra civil de junio de 2007 que dejó a Hamás con el control de Gaza, y habría sido un paso importante hacia el progreso de esfuerzos diplomáticos. Existe una larga historia de provocaciones de Israel para eliminar la amenaza de diplomacia, algunas ya mencionadas. Puede haber sido otra más.
La guerra civil que dejó a Hamás con el control de Gaza es descrita comúnmente como un golpe militar de Hamás, que demuestra una vez más su naturaleza maligna. El mundo real es algo diferente. La guerra civil fue incitada por EE.UU. e Israel, en un burdo intento de un golpe militar para anular las elecciones libres que llevaron a Hamás al poder. Ha sido de conocimiento público por lo menos desde abril de 2008 cuando David Rose publicó en Vanity Fair un relato detallado y documentado de cómo Bush, Rice, y el Asesor Adjunto de Seguridad Nacional Elliott Abrams “respaldaron una fuerza armada bajo el hombre fuerte de Fatah Muhammad Dahlan, provocando una sangrienta guerra civil en Gaza y dejando a Hamás más fuerte que nunca.” El informe fue recientemente corroborado una vez más en el Christian Science Monitor (12 de enero de 2009) por Norman Olsen, quien sirvió durante 26 años en el Servicio Exterior, incluyendo cuatro años trabajando en la Franja de Gaza y cuatro años en la Embajada de EE.UU. en Tel Aviv, y que luego pasó a ser coordinador asociado para contraterrorismo en el Departamento de Estado. Olsen y su hijo detallan las artimañas del Departamento de Estado con el propósito de asegurar que su candidato, Abbas, ganara en las elecciones de enero de 2006 –en cuyo caso hubiera sido saludado como un triunfo de la democracia. Después del fracaso del amaño de las elecciones, se pasó a castigar a los palestinos y a armar una milicia dirigida por el hombre fuerte de Fatah, Muhammad Dahlan, pero “los matones de Dahlan actuaron demasiado pronto” y un ataque preventivo de Hamás debilitó el intento de golpe, llevando a medidas de EE.UU. e Israel mucho más duras para castigar a la gente desobediente de Gaza. La línea oficial es más aceptable.
Después que Israel rompió el cese al fuego de junio de 2008 (tal como era) en noviembre, el cerco fue reforzado aún más, con consecuencias aún más desastrosas para la población. Según Sara Roy, destacada especialista académica sobre Gaza: “El 5 de noviembre, Israel selló todos los puntos de cruce hacia Gaza, reduciendo fuertemente y a veces negando suministros de alimentos, medicinas, combustible, gas de cocina, y repuestos para sistemas de agua de y alcantarillado…” Durante noviembre, un promedio de 4,6 camiones con alimentos por día entró a Gaza desde Israel, en comparación con un promedio de 123 camiones por día en octubre. Se ha denegado el ingreso de repuestos para la reparación y mantenimiento de equipos relacionados con el agua durante más de un año. La Organización Mundial de la Salud acaba de informar que la mitad de las ambulancias de Gaza están averiadas actualmente” –y el resto no tardó en convertirse rápidamente en objetivos para los ataques israelíes. La única planta eléctrica de Gaza fue obligada a suspender su operación por falta de combustible, y no pudo recomenzar porque necesitaba repuestos, que habían estado en el puerto israelí de Ashdod durante 8 meses. La escasez de electricidad produjo un aumento de un 300% de los casos de quemaduras en el hospital Shifaa en la Franja de Gaza, como resultado de esfuerzos por encender fuegos de leña. Israel prohibió los envíos de cloro, de modo que a mediados de diciembre el acceso al agua en la Ciudad de Gaza y en el norte fue limitado a seis horas cada tres días. Las consecuencias humanas son incontables entre las víctimas palestinas del terror israelí.
Después del ataque israelí del 4 de noviembre, ambos lados escalaron la violencia (todos los muertos fueron palestinos) hasta que el cese al fuego terminó formalmente el 19 de diciembre, y el primer ministro Olmert autorizó la invasión hecha y derecha.
Unos pocos días antes, Hamás había propuesto la vuelta al acuerdo de cese al fuego de julio, que Israel no había respetado. El historiador y ex alto responsable del gobierno de Carter, Robert Pastor, transmitió la propuesta a un “alto oficial” del ejército israelí, pero Israel no respondió. El jefe de Shin Bet, la agencia de seguridad interior de Israel, fue citado por fuentes israelíes el 21 de diciembre diciendo que Hamás estaba interesado en continuar la “calma” con Israel, mientras su ala militar continuaba sus preparativos para un conflicto.
“Evidentemente había una alternativa para el enfoque militar a la detención de los cohetes,” dijo Pastor, refiriéndose al tema limitado de Gaza. También existía una alternativa más trascendental, que es poco discutida: es decir, que se aceptara un acuerdo político que incluyera todos los territorios ocupados.
El corresponsal diplomático sénior de Israel Akiva Eldar informa que poco antes de que Israel lanzara su invasión generalizada el sábado 27 de diciembre, “el jefe del politburó de Hamás, Khaled Meshal anunció en el sitio de Internet Iz al-Din al-Qassam que estaba dispuesto no sólo a un “cese de la agresión” –proponía que se volviera al acuerdo en el cruce de Rafah de 2005, antes de que Hamás ganara las elecciones y posteriormente se hiciera cargo de la región. El acuerdo era que el cruce fuera administrado en conjunto por Egipto, la Unión Europea, la presidencia de la Autoridad palestina y Hamás,” y como señalado anteriormente, llamaba a abrir los cruces para suministros necesitados desesperadamente.
Una afirmación estándar de los apólogos más vulgares de la violencia israelí es que en el caso del actual ataque, “como en tantos otros casos en el pasado medio siglo –la Guerra del Líbano de 1982, la reacción de ‘Puño de Hierro’ a la Intifada de 1988, la Guerra del Líbano de 2007– los israelíes han reaccionado a actos intolerables de terror con una determinación de infligir terrible dolor, de darle una lección al enemigo” (editor del New Yorker David Remnick). La invasión de 2006 sólo puede ser justificada sobre la base de un cinismo sobrecogedor, como ya fue mencionado. La referencia a la cruel reacción a la Intifada de 1988 es demasiado depravada para llegar a discutirla; una interpretación comprensiva hablaría de una ignorancia sorprendente. Pero la afirmación de Remnick sobre la invasión de 1982 es bastante común, una proeza notable de incesante propaganda, que merece unos pocos recuerdos.
Incontrovertiblemente, la frontera entre Israel y el Líbano estuvo tranquila durante un año antes de la invasión israelí, por lo menos desde el Líbano hacia Israel, del norte al sur. Durante ese año, la OLP observó escrupulosamente un cese al fuego iniciado por EE.UU., a pesar de constantes provocaciones israelíes, incluidos bombardeos con numerosas víctimas civiles, que presumiblemente tenían la intención de provocar alguna reacción que pudiera ser utilizada para justificar la invasión cuidadosamente planificada por Israel. Lo mejor que Israel pudo lograr fueron dos reacciones simbólicas ligeras. Luego invadió con un pretexto demasiado absurdo para ser tomado en serio.
La invasión no tuvo precisamente nada que ver con “intolerables actos de terror,” aunque tuvo que ver con intolerables actos: de diplomacia. Eso nunca ha sido poco conocido. Poco después del inicio de la invasión respaldada por EE.UU., el principal especialista académico sobre los palestinos de Israel, Yehoshua Porath –que no tiene nada de paloma– escribió que el éxito de Arafat al mantener el cese al fuego constituyó “una verdadera catástrofe ante los ojos del gobierno israelí,” ya que allanaba el camino a un acuerdo político. El gobierno esperaba que la OLP recurriera al terrorismo, debilitando la amenaza de que fuera “un legítimo socio en negociaciones para futuras acomodaciones políticas.”
Los hechos fueron bien entendidos en Israel, y no ocultados. El primer ministro Yitzhak Shamir declaró que Israel fue a la guerra porque existía “un terrible peligro… No tanto militar sino político,” llevando al excelente satírico israelí B. Michael a escribir que “la débil excusa de un peligro militar o de un peligro para Galilea ha muerto,” “Hemos eliminado el peligro político” acatando primero, a tiempo; ahora, “Gracias a Dios, no hay nadie con quien hablar.” El historiador Benny Morris reconoció que la OLP había observado el cese al fuego, y explicó que “la inevitabilidad de la guerra se basaba en la OLP como amenaza política para Israel y para el control de Israel sobre los territorios ocupados.” Otros han reconocido francamente los hechos indiscutibles.
En una artículo de opinión de primera plana sobre la última invasión de Gaza, el corresponsal del New York Times, Steven Lee Meyers, escribe que “En cierto modo, los ataques de Gaza recuerdan el juego que arriesgó Israel, y en gran parte perdió, en el Líbano en 1982 [cuando] lo invadió para eliminar la amenaza de las fuerzas de Yasir Arafat.” Correcto, pero no en el sentido que él piensa. En 1982, como en 2008, era necesario amenazar la amenaza de un acuerdo político.
La esperanza de los propagandistas israelíes era que los intelectuales y los medios occidentales se tragaran el cuento de que Israel reaccionó a una lluvia de cohetes contra Galilea, “intolerables actos de terror.” Y no han sido desilusionados.
No es que Israel no quiera paz: todos quieren paz, incluso Hitler. La cuestión es: ¿bajo qué condiciones? Desde sus orígenes el movimiento sionista ha comprendido que para lograr sus objetivos, la mejor estrategia sería demorar un acuerdo político, mientras lentamente creaba hechos consumados en el terreno. Incluso los acuerdos ocasionales como en 1947, fueron reconocidos por la dirigencia como pasos temporales hacia una expansión ulterior. La guerra del Líbano de 1982 fue un dramático ejemplo del desesperado miedo a la diplomacia. Fue seguida por el apoyo israelí a Hamás a fin de debilitar a la OLP secular y sus irritantes iniciativas de paz. Otro caso que debiera ser familiar son las provocaciones israelíes antes de la guerra de 1967 con el fin de provocar una reacción siria que pudiera ser utilizada como pretexto para la violencia y para apoderarse de más tierras –por lo menos en un 80% de los incidentes, según el Ministro de Defensa Moshe Dayan.
El asunto viene de lejos. La historia oficial de la Haganá, la fuerza militar judía anterior al Estado, describe el asesinato en 1924del poeta religioso judío Jacob de Haan, acusado de conspirar con la comunidad judía tradicional (la antigua Yishuv) y el Alto Comité Árabe contra los nuevos inmigrantes y su iniciativa de asentamientos. Y desde entonces ha habido numerosos ejemplos.
El esfuerzo por retardar la acomodación política siempre ha tenido un sentido perfecto, como las mentiras que lo acompañan sobre cómo “no existe un socio para la paz.” Cuesta pensar de otra manera de apoderarse de tierras si no eres bienvenido.
Motivos similares subyacen la preferencia de Israel por la expansión por sobre la seguridad. Su violación del cese al fuego del 4 de noviembre de 2009 es uno de muchos ejemplos recientes.
Una cronología de Amnistía Internacional informa que el cese al fuego de junio de 2008 había “logrado enormes mejoras en la calidad de vida en Sderot y otras aldeas israelíes cerca de Gaza, donde antes del cese al fuego los residentes vivían en el temor del próximo ataque palestino con cohetes. Sin embargo, cerca de ahí, en la Franja de Gaza, subsiste el bloqueo israelí y la población ha visto hasta ahora pocos dividendos del cese al fuego.” Pero los logros para la seguridad de las localidades israelíes cerca de Gaza son evidentemente sobrepasados por la necesidad sentida de disuadir de acciones diplomáticas que pudieran impedir la expansión de Cisjordania, y de aplastar toda resistencia restante dentro de Palestina.
La preferencia por la expansión por sobre la seguridad ha sido particularmente evidente desde la aciaga decisión de Israel en 1971, respaldada por Henry Kissinger, de rechazar un tratado total de paz del presidente Sadat de Egipto, sin ofrecer nada a los palestinos – un acuerdo que EE.UU. tuvo que aceptar en Camp David ocho años después, después de una guerra mayor que fue casi un desastre para Israel. Un tratado de paz con Egipto habría terminado cualquier amenaza importante para la seguridad, pero había un quid pro quo inaceptable: Israel hubiera tenido que abandonar sus amplios programas de asentamientos en el noreste del Sinaí. La seguridad era una prioridad menos importante que la expansión, y lo sigue siendo. Evidencia sustancial para esta conclusión básica es suministrada en un estudio magistral de la seguridad y política exterior de Israel de Zeev Maoz, “Defending the Holy Land.”
Actualmente, Israel podría tener seguridad, normalización de relaciones, e integración a la región. Pero es muy obvio que prefiere la expansión ilegal, el conflicto, y el ejercicio repetido de la violencia, acciones que no sólo son criminales, asesinas y destructivas sino que erosionan su propia seguridad a largo plazo. El especialista militar y en Oriente Próximo estadounidense, Andrew Cordesman, escribe que mientras la fuerza militar de Israel puede seguramente aplastar a la indefensa Gaza, “ni Israel ni EE.UU. pueden ganar con una guerra que produce una reacción [amarga] de una de las voces más sabias y moderadas en el mundo árabe, el príncipe Turki al-Faisal de Arabia Saudí, quien dijo el 6 de enero que ‘El gobierno de Bush ha dejado [a Obama] un legado repugnante y una posición temeraria hacia las masacres y el derramamiento desangre de inocentes en Gaza… Basta ya, hoy somos todos palestinos y buscamos el martirologio por Dios y por Palestina, siguiendo a los que murieron en Gaza’.”
Una de las voces más sabias en Israel, Uri Avnery, escribe que después de una victoria militar israelí: “Lo que quedará marcado a fuego en la conciencia del mundo será la imagen de Israel como un monstruo manchado de sangre, listo en todo momento a cometer crímenes de guerra y no dispuesto a acatar ninguna limitación moral. Esto tendrá severas consecuencias para nuestro futuro a largo plazo, nuestra reputación ante el mundo, nuestra posibilidad de lograr la paz y la tranquilidad. A la larga, esta guerra es también un crimen contra nosotros mismos, un crimen contra el Estado de Israel.”
Hay buenos motivos para creer que tiene razón. Israel se está convirtiendo deliberadamente en lo que posiblemente sea el país más odiado del mundo, y también está perdiendo la lealtad de la población de Occidente, incluidos los judíos estadounidenses más jóvenes, quienes probablemente no toleren durante mucho tiempo sus persistentes y horribles crímenes. Hace decenios, escribí que los que se llaman a sí mismos “partidarios de Israel” son en realidad partidarios de su degeneración moral y su problema destrucción en última instancia. Lamentablemente, ese criterio parece más y más plausible.
Mientras tanto observamos en silencio un evento raro en la historia. Lo que el difunto sociólogo israelí Baruch Kimmerling llamó “politicidio,” el asesinato de una nación –a nuestras manos.
URL: http://www.zcommunications.org/znet/viewArticle/20316
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
Rebelion.org
Evo Morales gana decisivo referéndum con un sólido 60%…
Una vez más, la votación recordó las diferencias entre el occidente y el oriente bolivianos. El gobierno ganó la aprobación de la Carta Magna, pero el No se impuso en los departamentos del oriente. Morales llamó al diálogo para implementar el texto.Evo Morales gana decisivo referéndum con un sólido 60%…
Por Sebastián Ochoa
Desde La Paz
Con el 50 por ciento de las mesas escrutadas, el Sí a la nueva Constitución llega al 57 por ciento, mientras el No alcanza el 43 por ciento. El gobierno de Evo Morales espera que al final del conteo la aprobación del texto obtenga el 60 por ciento del Sí, como prometieron los primeros sondeos de boca de urna. La oposición, que festeja el triunfo del No en los departamentos de la Media Luna (Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija), exige a Morales un “pacto social” para implementar en los departamentos del oriente las 411 leyes refrendadas el domingo pasado. Ayer, el presidente avisó que “esta Constitución es para todos los bolivianos. Si quieren pacto va a ser para aplicar la nueva Constitución. Que lo sepan algunos prefectos y autoridades regionales”.
En el Palacio Quemado calculaban que el proyecto de Constitución conseguiría el 64 por ciento de aprobación del electorado, luego de que en octubre de 2008 un “Gran Acuerdo” entre los partidos opositores y el oficialismo permitiera mandar a referéndum el texto de la Asamblea Constituyente, previa modificación en el Congreso de la mitad de sus artículos. Pero el rechazo de cuatro departamentos con cifras superiores al 60 por ciento fue un electroshock para los alicaídos líderes de la Media Luna, acusados por el gobierno de ejecutar el “intento de golpe de Estado cívico-prefectural que en septiembre pasado dejó 20 muertos.
El domingo, en la plaza Murillo, el presidente anunció la llegada de “la nueva Bolivia”. Por su lado, las autoridades de los departamentos donde se impuso el No afirmaron que habían derrotado en las urnas al gobierno del MAS. Y pidieron un acuerdo con Morales para aplicar el estatuto autonómico tal como fue aprobado el 4 de mayo pasado (ilegalmente, según el presidente). “El pacto social que queremos todos los bolivianos no será posible si el gobierno central y el MAS se dejan llevar por un efímero triunfalismo. Negar la existencia de un No que se ha manifestado en todo el país, tratar de imponer a toda costa su proyecto de poder, encontrará nuestra firme e inclaudicable resistencia”, dijo el autoproclamado “gobernador” Rubén Costas en la cruceña plaza 24 de Septiembre.
El gobierno nacional también puso condiciones. “El diálogo tiene que darse en base a la implementación de la nueva Constitución aprobada por el pueblo, no por el Congreso, no por una asamblea. Y el gobierno tiene la responsabilidad de hacerla respetar. No podemos mover un centímetro de la Constitución aprobada por el voto popular”, dijo el ministro responsable de la Defensa Legal de las Recuperaciones Estatales, Héctor Arce.
“La aprobación de la Constitución se ha dado en circunscripción nacional, tiene efecto vinculante en los nueve departamentos y no corresponde ningún intento de separar legalmente la votación por regiones”, agregó el ministro.
Hasta ayer, el Sí tenía el 75 por ciento de votos en La Paz, departamento que reúne a 1,3 millón de los 3,8 millones de electores habilitados. La nueva Constitución también fue aprobada en Cochabamba (75% del Sí, 25% del No), Oruro (68% del Sí, 31% del No) y Potosí (60% del Sí, 39% del No), según datos de la Corte Nacional Electoral (CNE). El No tuvo el 70 por ciento en Santa Cruz –cuyos 868 mil votantes lo hacen segundo departamento en peso electoral–, Chuquisaca (70% del No), Beni (70% del No), Pando (59% del No) y Tarija (57% del No).
Una vez más, la votación recordó las diferencias entre el occidente y el oriente boliviano. “Hay un país con dos visiones, eso está muy claro. Los departamentos autónomos que dijeron No contundentemente a esta Constitución y aquellos departamentos que en su momento decidieron no ser autónomos. Esas son las dos visiones de Bolivia que hoy deben buscar un pacto nacional de cómo podemos convivir pacíficamente. De ninguna manera se podrá imponer sobre nuestros departamentos una Constitución que ha sido rechazada”, dijo al diario cruceño El Deber el presidente del Comité Pro Santa Cruz, Branco Marinkovic.
En lo inmediato, hace falta cumplir con la disposición transitoria primera de la nueva Constitución, donde dice que el actual Congreso deberá aprobar una Ley Electoral Transitoria de aquí a dos meses. Esa normativa viabilizará la elección, el 6 de diciembre próximo, de integrantes para la Asamblea Legislativa Plurinacional, como será rebautizado el Congreso. También se elegirá presidente y vicepresidente. Para este rubro ya se anotó Morales. “Tenemos 60 días y si hay obstaculización de la ultraderecha del Senado, el Ejecutivo tiene la misión de llevar adelante las elecciones de diciembre. Y tiene la obligación legítima de hacer aquello a través de un decreto supremo”, dijo Félix Rojas, senador del MAS.
La Asamblea Plurinacional prevé la inclusión de representantes de los pueblos indígenas, con los que se identifica el 65 por ciento de la población. Por medio de sus organizaciones, ya empezaron a elaborar propuestas de leyes para que las discuta el Congreso. Serán algunas de las cien leyes necesarias para implementar la nueva Constitución.
“Los indígenas vamos a trabajar leyes coherentes, en ejercicio de nuestros derechos aprobados con la nueva Constitución. Ahora tenemos que trabajar propuestas de ley para la elección de nuestros representantes. Evaluamos que serán debatidas por los legisladores para que se defina cuántos asientos nos corresponden en la Asamblea Legislativa Plurinacional”, dijo a este diario el presidente de la Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia, el tacana Adolfo Chávez.
Página/12
Se refundará Bolivia con la nueva Constitución: Evo Morales
vea también más abajo análisis: “Bolivia: algo termina y mucho empieza”
El presidente aseguró al pronunciar su discurso que a partir de hoy inicia un nuevo proceso de reconciliación nacional y los campesinos e indígenas tienen el mismo derecho que los demás ciudadanos, luego de haber sido excluidos durante muchos años.
Bolivia: ¿cambio posible?
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Max Seitz
BBC Mundo, enviado especial a La Paz, Bolivia |
La nueva Carta Magna fue aprobada por la mayoría de la población, lo que fortalece políticamente al presidente socialista y da un fuerte espaldarazo a las transformaciones radicales que ha encarado para “refundar” el país.
Tal vez el cambio más profundo que propone el texto constitucional es la reivindicación de la mayoría indígena oprimida y discriminada desde la Conquista española.
Hace tan solo 50 años, los habitantes originarios de Bolivia no tenían permitido transitar por la Plaza Murillo de La Paz, frente a la Casa de Gobierno.
Hoy las 36 etnias que existen a nivel nacional son frecuentemente acogidas allí por el presidente Morales, que proviene de la etnia aymara.
Con las reformas propuestas en la nueva Constitución, estos grupos tendrán más derechos en áreas como el gobierno, la Justicia y la tierra.
“La mayoría ha sido excluida por mucho tiempo”, comentó a BBC Mundo Sacha Llorenti, viceministro de Coordinación con los Movimientos Sociales.
“A los indígenas se les permite votar recién en 1952 y aún hoy no tienen suficiente participación en la toma de decisiones. Su lengua, su religión y sus costumbres no han sido valoradas, y esto tenía que cambiar”.
¿Confusión?
La oposición afirma que la Constitución es divisionista y discrimina a los blancos y mestizos en favor de los indígenas.
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Sin embargo, estas reivindicaciones podrían enfrentar dificultades en su aplicación, al generarse zonas grises entre las instituciones nuevas y las que actualmente están en funcionamiento o dejarán de hacerlo.
Por ejemplo, la Carta Magna establece cuatro niveles de autonomía: departamental, regional, municipal e indígena, lo que podría causar confusión de competencias.
El texto reconoce la organización comunitaria de las etnias bolivianas y la potestad de sus líderes, algo que -para los críticos- podría provocar una superposición de jurisdicciones con las autoridades ya establecidas.
Asimismo, este aspecto ha despertado el recelo de los departamentos opositores al gobierno ubicados en el Oriente boliviano, que el año pasado aprobaron estatutos autonómicos de forma unilateral y que se resisten a perder atribuciones.
Por otra parte, la Carta Magna le confiere al sistema judicial de aymaras, quechuas y otras comunidades el mismo estatus que a la Justicia ordinaria.
La oposición cree que esta provisión podría causar un conflicto de competencias con los tribunales del Estado, además de temer que se legitimen de facto castigos colectivos como linchamientos y lapidaciones, que se han vuelto más comunes en los últimos años.
Sin embargo, el antropólogo boliviano Álvaro Diez Astete asegura que ambos sistemas judiciales ya han convivido en Bolivia sin mayores problemas.
“Las justicia comunitaria no reemplaza a la que aplica el Estado, como muchos creen”, dijo Diez Astete a BBC Mundo. “Tiene funciones precisas y actúa en determinados delitos, como el adulterio y el robo de ganado”.
“Una asamblea determina la inocencia o la culpabilidad del acusado, y las penas pueden ir desde trabajos comunitarios, ocasionalmente castigos físicos, hasta el destierro, que es la pena máxima. Los casos de asesinatos o robos agravados son remitidos a la policía y a los tribunales ordinarios”, explicó.
Tensión
![]() Carlos Toranzo, analista político.
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Además de dar más protagonismo a los indígenas, la nueva Carta Magna plantea otros cambios relevantes que podrían profundizar el enfrentamiento entre el oficialismo y la oposición.
El texto permite la reelección presidencial por un período, fortalece el rol del Estado en la economía -ratificando la nacionalización de los recursos naturales-, promueve la redistribución de la tierra y define una serie de autonomías.
Los departamentos orientales rechazan la Constitución porque dicen que sienta las bases para que Morales se perpetúe en el poder, es demasiado estatista, podría restarles autonomía y discrimina a los blancos y mestizos en favor de los indígenas.
Esta puja entre dos visiones del país podría acentuarse no bien comience la reglamentación de la Carta Magna. Este proceso requiere la aprobación de más de un centenar de leyes en el Congreso y la oposición tiene mayoría en el Senado.
“La nueva Constitución da paz a quienes la buscaron, pero el mismo tiempo es el puntapié inicial de mayores conflictos, de modo que la discusión de artículo por artículo podría tomar varios años”, dijo a BBC Mundo el analista político Carlos Toranzo.
“Si se quiere avanzar contra las autonomías departamentales, las regiones se defenderán. Si se trata de desplazar de la política a las clases medias urbanas por el énfasis étnico, esos sectores pelearán por sus derechos”, ejemplificó Toranzo.
Él y otros analistas temen que la amenaza del gobierno de reglamentar la Carta Magna por decreto empeore aún más la situación.
Otro tema que puede generar confusión es la puesta en marcha de la llamada “Asamblea Plurinacional” que reemplazará al actual Congreso. La nueva Constitución dispone una cuota de parlamentarios indígenas por circunscripciones que aún deben definirse. ¿Pero se superpondrán estos distritos con los ya establecidos?
Crisis económica
La Constitución recibió una aprobación de 60% contra 40% que la rechazó.
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Uno de los problemas tal vez menos comentados que enfrenta el presidente Morales en la aplicación de la Carta Magna es la crisis financiera internacional, que ha devaluado los precios de las exportaciones, los minerales y el gas natural de Bolivia.
Según Toranzo, una transformación tan profunda como la que intenta realizar el gobierno resulta más fácil en tiempos de bonanza.
“Hoy Bolivia siente los efectos de la crisis económica. Una cosa es ofertar todo un nuevo mundo cuando el barril de petróleo supera los US$100 y otra cosa es hacerlo cuando no pasa los US$40″, afirmó.
“Las prioridades de la gente podría ser otras, tales como cuidar su bolsillo y su alimentación”.
Max Seitz
BBC Mundo, enviado especial a La Paz Los bolivianos aprobaron el domingo la nueva Constitución impulsada por el presidente Evo Morales, según sondeos a boca de urna que además reflejan un fuerte rechazo al documento en las regiones gobernadas por la oposición autonomista.
Según proyecciones difundidas por canales de televisión, alrededor del 60% de la población dijo “Sí” a la Carta Magna, mientras que un 40% se pronunció por el “No”.
Sin embargo, otros datos también extraoficiales reflejan un margen más estrecho entre las dos opciones.
En el nivel departamental, el rechazo al proyecto constitucional habría sido mayoritario en las regiones de Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija, las mismas que el año pasado aprobaron estatutos autonómicos de forma unilateral.
Mientras que el gobierno habría obtenido ganancias en La Paz, Cochabamba, Oruro y Potosí, departamentos en los que Morales tiene su base electoral.
En Chuquisaca -en cuya capital, Sucre, sesionó la Asamblea Constituyente- la batalla entre el “Sí” y el “No” fue reñida. La prefecta opositora Savina Cuellar anunció su “desacato” a la Constitución en caso de un triunfo gubernamental.
La Corte Nacional Electoral dará a conocer los resultados oficiales dentro de una semana.
Según datos parciales publicados en su sitio web, a las 11:55 AM hora local de este lunes (15:55 GMT), con apenas el 18,19% de los votos escrutados, el “Sí” habría recibido el 49,79% del respaldo popular, mientras que el “No” iba a la delantera con el 50,21%.
Es importante tener en cuenta que en Bolivia los resultados electorales oficiales tardan varios días en darse a conocer.
Reacciones
No bien se conocieron los resultados a boca de urna, el presidente Morales celebró la ratificación de los cambios radicales que ha encarado su gobierno de centro-izquierda.
![]() Evo Morales
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Ante miles de simpatizantes reunidos en La Paz, Morales dijo: “Hoy se refunda una nueva Bolivia con igualdad de oportunidades para todos”.
“El sector más humillado y marginado ahora es reconocido”, añadió, en referencia a los campesinos y los indígenas que su gobierno ha intentado reivindicar, dándoles más protagonismo en la política y la economía.
El mandatario instó a los bolivianos a unirse para aplicar la nueva Constitución y convocó a los prefectos de todo el país a crear un consejo de autonomía.
Por su parte, la oposición del departamento de Santa Cruz también festejó lo que consideró un triunfo del “No”.
Su prefecto, Rubén Costas, advirtió que no permitirá que la aprobación de la Carta Magna de línea indigenista y socialista sea utilizada por el gobierno para impulsar un proyecto “totalitario”.
Costas pidió un “gran pacto nacional” que revise la Constitución, porque -según dijo- el “mandato del pueblo (cruceño) no puede ser negado por la soberbia” del gobierno.
¿Más división?
Analistas dijeron a BBC Mundo que los resultados -no confirmados- del referendo ratifican la polarización que hay en Bolivia entre los departamentos orientales gobernados por autonomistas y los occidentales leales a Morales.
Muchos no esperaron los resultados oficiales para celebrar.
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Asimismo, confirman la división existente entre las zonas urbanas y rurales dentro de las regiones del Este.
Los observadores añadieron que, si bien la fractura de Bolivia parece mantenerse, la victoria del “Sí” podría acentuar la tensión entre Morales y la oposición.
Es que la aplicación de la Constitución requiere la aprobación de más de un centenar de leyes en el Congreso, en cuya cámara alta el oficialismo es minoría.
El gobierno ha amenazado con implementar la Carta Magna por decreto si la oposición bloquea su reglamentación en la Legislatura, y sus detractores han replicado que no lo permitirán.
“El resultado del referendo podría conducir a más enfrentamientos legales, pero también ilegales”, comentó a BBC Mundo el analista político Mario Galindo, del Centro Boliviano de Estudios Multidisciplinarios, quien no descartó nuevos episodios de violencia.
Tierra
En el referendo también se preguntó a la población -en el marco de la reforma agraria propuesta en la Constitución- cuál debería ser la superficie máxima de tierras que puede acumular un ciudadano, ya que el excedente estará sujeto a la expropiación.
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Mario Galindo, analista político
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Según las proyecciones extraoficiales, el 70% se inclinó por fijar un límite de 5.000 hectáreas, mientras que el 25% prefirió un tope de 10.000 hectáreas (el resto de los votos fueron en blanco o nulos).
Más de 3,8 millones de bolivianos votaron en el primer referendo constitucional de la historia del país. Para ser avalada, la Carta Magna debía obtener la mitad más uno de los sufragios.
La jornada transcurrió en calma, a pesar de que hubo denuncias no confirmadas de fraude por parte de la oposición.
La votación fue seguida por centenares de observadores de la Organización de Estados Americanos (OEA), la Unión de Países Sudamericanos (Unasur), la Unión Europea y el Centro Carter, en medio de un importante operativo de seguridad.
Reformas
La nueva Constitución, aprobada en diciembre de 2007 sin presencia de la oposición, reemplazaría a la que está vigente desde 1967.
Analistas afirman que los resultados ratifican la polarización que hay en Bolivia.
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Entre sus 411 artículos se destacan los siguientes puntos: permite la reelección presidencial por un período, da más poder a la mayoría indígena, define una serie de autonomías étnicas y regionales, consagra la nacionalización de los recursos naturales y promueve la reforma agraria.
Los departamentos opositores rechazan la Carta Magna porque dicen que sienta las bases para que Morales se perpetúe en el poder, da al Estado demasiada injerencia en la economía y no les concede el grado de autonomía que reclaman.
Además afirman que la Constitución es divisionista y discrimina a los blancos y mestizos en favor de los indígenas.
Mercosur felicita a Bolivia por “transparencia” en referendo
El Mercosur felicitó este lunes al pueblo de Bolivia por la “extraordinaria jornada de transparencia democrática” en ocasión del referendo constitucional celebrado el domingo en el país andino, que aprobó la nueva Carta Magna impulsada por el presidente Evo Morales.
“Hemos presenciado unas elecciones ejemplares, que muestran la extraordinaria vocación de los bolivianos por someter sus decisiones políticas trascendentes al pronunciamiento de la voluntad popular” , señaló un comunicado del bloque regional que integran Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, con Venezuela en proceso de adhesión, y Chile y Bolivia en calidad de asociados.
La Presidencia del Parlamento del Mercosur y la Comisión de Representantes Permanentes, que coordinaron la misión de observadores electorales enviados a Bolivia, verificó “el rigor de los bolivianos para cumplir con sus deberes al momento de votar y de las autoridades para preservar el secreto” .
“También comprobamos el cumplimiento de las reglas en el momento del escrutinio” , agregaron los responsables de la misión encabezada por el presidente del Parlamento, Florisvaldo Fier.
En virtud de considerar los comicios “legales, legítimos y apegados a los reglamentos electorales” , el Mercosur aseveró no tener dudas de que “serán respetados por todos los bolivianos, desde el presidente Evo Morales a cada uno de los ciudadanos, en todas las regiones y rincones de la querida Bolivia” .
Los resultados preliminares de la consulta indican que la nueva Constitución, que refuerza el papel del Estado y los poderes de los indígenas, fue aprobada con 60% de los votos, a pesar de que el No, defendido por la oposición, se impuso en cuatro de los nueve departamentos del país. (AFP)
Dom, 25/01/2009 – 20:01
La Paz.- El presidente Evo Morales afirmó que con la nueva Constitución Política, aprobada hoy con un respaldo social del 65 por ciento, se refunda Bolivia en un marco democrático con lo cual se inicia a partir de hoy un proceso de reconciliación nacional.
“Aquí empieza la nueva Bolivia, un Estado con nación, para llegar a la igualdad de todos los bolivianos y empieza la dignificación de los campesinos e indígenas”, indicó al pronunciar un discurso en el balcón presidencial de Palacio Quemado, sede del Ejecutivo.
Aclaró que aquí no hay un empate, como lo pide la oposición, sino que hay un solo ganador: la nueva constitución y por tanto “no hay media luna (región opositora conformada por los departamentos de Beni, Chuquisaca, Santa Cruz y Tarija) sino que seremos luna llena”.
Afónico, vestido con un saco negro con franjas de tela andina tejida a mano, color vino, Morales dijo que a partir de ahora los campesinos e indígenas tienen el mismo derecho que los demás ciudadanos, luego de haber sido excluidos durante muchos años.
Recordó que desde 2005 inició un proceso de transformación de Bolivia que pasa por la nacionalización de los hidrocarburos y el reconocimiento de los grupos étnicos.
Vamos de triunfo en triunfo y los neoliberales y vendepatrias permanentemente han sido derrotados, dijo en alusión a los prefectos opositores a su gobierno.
Señaló que las transformaciones profundas pondrán fin al latifundismo al disminuir de diez mil a cinco mil el número de hectáreas que pueden detentar los agroindustriales. Mandar, gobernar, obedeciendo al pueblo boliviano, es la consigna de su gobierno indicó al señalar que va a seguir trabajando a favor de los pobres.
“Aquí terminó el colonialismo interno y externo. Aquí ha terminado el neoliberalismo y la forma como subastar los recursos del Estado. Gracias a la conciencia de los ciudadanos ahora se recuperarán los recursos y ningún gobierno podrá cambiar eso”, añadió.
Morales dijo que el pueblo ha constitucionalizado algunas reivindicaciones que se ha llevado hasta ahora y queda constitucionalizado la recta dignidad a favor de los desprotegidos.
Adelantó que los servicios como agua, y energía serán públicos y no privados. Vamos bien, sólo falta mayor coordinación con todos los prefectos (gobernadores) y “tenemos la obligación de aplicar e implementar la nueva Constitución”.
Saludó a los campesinos, sindicatos que se sumaron para garantizar estas transformaciones profundas que espera el pueblo boliviano.
Llamó además a los prefectos y alcaldes para conformar un Consejo de Autonomías y pidió a los constitucionalistas trabajar juntos en la implementación de la Nueva Constitución.
Ateridos por el frío y bajo la amenaza de una llovizna, miles de bolivianos se concentraron en la Plaza Murillo, frente al Palacio Quemado, sede del Ejecutivo para festejar la aprobación de la nueva Constitución Política.
“Que viva Evo Morales”, “Gracias Evo”, “Contigo hasta la muerte”, gritaban los simpatizantes de Morales, muchos de ellos argentinos que bailaban, lanzaban gritos y hacían detonar cohetones luego de que se difundiera que ganó el `Sí´ con 65 ó 70 por ciento.
El presidente de los bolivianos ingresó raudamente a Palacio de Gobierno, vestido con una casaca (chamarra) de cuero con tela tejida andina y dos horas después salió al balcón presidencial para encabezar las festividades y cantar el himno nacional.
“Evo hermano, el pueblo dijo sí”, coreó en varias ocasiones la multitud mientras cohetones y bombardas eran detonados.
“Aquí empieza la nueva Bolivia, un estado con nación, para llegar a la igualdad de todos los bolivianos y empieza la dignificación de los campesinos e indígenas”, expresó Morales.
El referendo dirimidor de la tierra ganó con un 70 por ciento con lo cual ahora serán cinco mil hectáreas en vez de las diez mil que se detentaba hasta hoy.
Las cadenas televisivas ATB, Red UNO, PAT, Gigavisión, Unitel y la Televisión Boliviana publicaron datos en boca de urna, que no son los oficiales, pero que dieron por triunfador el proceso emprendido por Morales.
Mientras tanto, el presidente de la Corte Nacional Electoral, José Luis Exeni, dijo que todavía no tienen cifras oficiales porque tienen que realizar un recuento de votos aunque admitió que han tenido escasas denuncias y mensajes negativos respecto al padrón.
“Estamos profundizando esta democracia ya que hubo 85 por ciento de participación ciudadana, un dato fundamental que significa que los bolivianos quieren vivir en democracia y es el mensaje que se debe rescatar”, acotó.
Bolivia: algo termina y mucho empieza
Muchos pueblos latinoamericanos han demostrado en los últimos años lo que son capaces de hacer, pero entre ellos destaca de manera prominente el pueblo boliviano. Pocas oligarquías han manejado con puño de hierro el país como lo han hecho en Bolivia, todo un manual de dominación económica, social y política. Pocas minorías han tenido tanto éxito a la hora de mantener posiciones extremadamente racistas ya entrado el siglo XXI, de someter durante décadas a las clases pobres, de obstaculizar procedimientos democráticos de decisión y de buscar desesperadamente el mantenimiento de privilegios de todo tipo en un país donde sólo se distribuye la pobreza. A pesar de los programas sociales puestos en marcha por el gobierno de Morales en los últimos años, décadas de empobrecimiento y falta de políticas públicas comprometidas siguen dejando mella en el pueblo boliviano. El informe del PNUD hecho público hace dos meses alertaba sobre el aumento de la pobreza en el país, fruto de décadas de dependencia de los hidrocarburos y de la polaridad entre ricos y pobres. El 80% de la población sufre tasas de mortalidad infantil más altas que Haití o Camerún, mientras que el 20% más rico viven en condiciones semejantes a las del mundo desarrollado.
A pesar de estas condiciones, donde lo que parece urgente en el día a día es encontrar la forma de subsistencia, el pueblo boliviano ha sabido aprovechar, con paciencia pero con firmeza, la oportunidad del cambio. Ha pasado más tiempo del que pareciera desde que las calles de ciudades como Cochabamba o La Paz se llenaron de gritos reivindicando un cambio revolucionario, que sólo podría venir por el estremecimiento de la estructura del Estado y la consolidación de unas nuevas bases de convivencia en el país. Fue el inicio del proceso constituyente, cuyo primer gran paso culminará este domingo 25 de enero de 2009. Un proceso que contó con capítulos no siempre agradables: agresiones, persecuciones, fotografías de constituyentes acusados de traición en la plaza de Sucre… Esos mismos constituyentes fueron capaces de poner en riesgo no sólo su futuro, sino sus vidas y las de sus allegados –y en Bolivia no es una afirmación gratuita, como el tiempo se ha encargado de demostrar- para redactar un texto de avanzada, transformador, fruto de las reivindicaciones de la mayor parte de la población.
Un texto que, con los cambios introducidos durante el proceso de negociación del Ejecutivo para encontrar una solución a la mayoría requerida del Congreso, será sometido a la voluntad del pueblo boliviano. Es cierto que las formalidades no se guardaron en esos días en que se decidió proceder a la negociación del texto aprobado por la asamblea constituyente, y que el resultado retrocede en varios temas que habían sido de avanzada en el proyecto. Pero también lo es que los procesos no son los mismos en todos los casos, y que lo que convierte a un texto escrito en Constitución es justamente su legitimidad. Por eso, no es casualidad que éste sea el primer proyecto de Constitución votada en Bolivia. Ni que haya estado liderada por el primer presidente indígena del país. En política no existen las casualidades, y en Bolivia menos si cabe. Tampoco es casualidad que el proyecto de Constitución boliviana plantee cambios radicales, como la creación de un Estado plurinacional, la elección democrática del Tribunal Constitucional o la búsqueda de nuevos elementos de fortalecimiento democrático. Mientras en España, por ejemplo, se es incapaz de reaccionar ante un Consejo General del Poder Judicial deslegitimado en su esencia, los bolivianos tendrán la oportunidad de elegir democráticamente a su órgano de gobierno de los jueces. O mientras ya sabemos quién será nuestro próximo Jefe de Estado cuando falte el actual rey, los bolivianos podrán revocar el mandato de su Presidente en la mitad de su periodo si así lo decide la mayoría del pueblo. Así son las cosas: en algunos lugares se avanza y en otros no.
El referéndum del 25 de enero de 2009 marcará un hito en la historia boliviana. No sólo por lo que termina –una batalla de años a favor del triunfo de la voluntad de las mayorías- sino, y quizás principalmente, por las muchas cosas que empiezan, y que puede resumirse en una: el reto de aplicar una Constitución de avanzada en una sociedad que necesita de ella para acabar con el racismo, con la pobreza y con la desigualdad. Vistos los enemigos que ha sufrido el proceso constituyente, no parece un desempeño fácil. Pero con la determinación, la paciencia y la claridad de ideas que ha mostrado el pueblo boliviano, es un reto que, cuanto menos, se va a intentar con todas las fuerzas. No por nada, como decía Zavaleta, los pueblos son lo que son capaces de hacer.
Rubén Martínez Dalmau. Profesor de Derecho constitucional de la Universitat de València
martinezdalmau@gmail.com
P. Krugman: equipo economico de Obama va por mal camino…
PAUL KRUGMAN 25/01/2009
UN RESCATE INCIERTO…
La anticuada economía del vudú -la creencia en la magia de las rebajas fiscales- ha desaparecido del discurso civilizado. El culto a la economía de la oferta se ha reducido hasta tal punto que sólo lo profesan maniáticos, charlatanes y republicanos.
Pero algunos informes de prensa recientes dan a entender que muchas personas influyentes, incluidos funcionarios de la Reserva Federal, reguladores bancarios y, posiblemente, miembros del Gobierno entrante de Obama se han vuelto devotos de otro tipo de vudú: la fe en que podemos hacer que los bancos anden celebrando complejos rituales financieros.
Para explicar el problema, permítanme describir la posición de un banco hipotético que denominaré Gothamgroup, o Gotham, para abreviar.
Sobre el papel, Gotham tiene activos por valor de 2 billones de euros y unas deudas de 1,9 billones, de modo que tiene un valor neto de 100.000 millones de euros. Pero una fracción considerable de estos activos -pongamos, 400.000 millones de euros- son activos hipotecarios y otra basura tóxica. Si el banco intentase vender estos activos, no obtendría más que 200.000 millones de euros.
Por consiguiente, Gotham es un banco zombi: sigue funcionando, pero en realidad ya ha quebrado. Sus acciones no carecen por completo de valor (sigue teniendo una capitalización bursátil de 20.000 millones de euros), pero ese valor se basa enteramente en la esperanza de que los accionistas serán rescatados por una ayuda estatal.
¿Por qué iba el Estado a rescatar a Gotham? Porque desempeña una función primordial en el sistema financiero. Cuando se permitió que Lehman quebrase, los mercados financieros se congelaron y durante unas semanas la economía mundial se tambaleó al borde del colapso. Puesto que no queremos repetir la actuación, hay que mantener a Gotham a flote. Pero ¿cómo podemos hacerlo?
Bien, el Gobierno podría limitarse a darle a Gotham unos 200.000 millones de euros, suficiente para que vuelva a ser solvente. Pero esto, por supuesto, sería un enorme regalo a los actuales accionistas de Gotham y también invitaría a asumir riesgos excesivos en el futuro. Aun así, la posibilidad de que se produzca ese regalo es lo que ahora sostiene el precio bursátil de Gotham.
Un método mejor sería hacer lo que el Gobierno hizo con las cajas de ahorro zombies a finales de la década de 1980: se incautó de los bancos difuntos y se deshizo de los accionistas. Después transfirió sus activos morosos a una institución especial, la Resolution Trust Corporation [Corporación del Fideicomiso de Resolución], pagó suficientes deudas de los bancos como para devolverles la solvencia y vendió los bancos saneados a nuevos propietarios.
Sin embargo, los actuales rumores dan a entender que los políticos no están dispuestos a seguir ninguno de estos métodos. Por el contrario, supuestamente se inclinan por una solución intermedia: trasladar los activos tóxicos de los balances de los bancos a un banco malo o banco agregador público, parecido a la Corporación del Fideicomiso de Resolución, pero que no se incautaría primero de los bancos.
Sheila Bair, presidenta de la Corporación Federal de Seguros de Depósitos, intentó hace poco explicar cómo funcionaría: “El banco agregador compraría los activos a un valor justo”. Pero ¿qué significa “valor justo”?
En mi ejemplo, Gothamgroup es insolvente porque los supuestos 400.000 millones de euros de activos tóxicos que tiene en sus libros sólo valen de hecho 200.000. La única manera de que una compra pública de esos activos tóxicos pueda devolver la solvencia a Gotham es que el Estado pague mucho más de lo que los compradores privados están dispuestos a ofrecer.
Ahora bien, los compradores privados podrían no estar dispuestos a pagar lo que los activos tóxicos valen en realidad: “La verdad es que en estos momentos no disponemos de ninguna tasación racional de algunas de estas categorías de activos”, afirma Bair. Pero ¿debería la Administración pública dedicarse a declarar que sabe mejor que el mercado cuánto valen los activos? ¿Y es realmente probable que pagar un “valor justo”, sea lo que sea que eso signifique, bastaría para devolverle la solvencia a Gotham?
Lo que sospecho es que los políticos -posiblemente sin ser conscientes de ello- se disponen a dar gato por liebre: una política que se parece a la limpieza de las cajas de ahorro, pero que en la práctica equivale a hacer a los accionistas de los bancos, a expensas del contribuyente, enormes regalos disfrazados de compras de activos tóxicos a un “valor justo”.
¿Por qué estas contorsiones? La respuesta parece ser que Washington sigue teniendo un miedo mortal a esa palabra que empieza por N: nacionalización. La verdad es que Gothamgroup y sus instituciones hermanas ya son pupilas del Estado, completamente dependientes de la ayuda del contribuyente, pero nadie quiere reconocer ese hecho y aplicar la solución obvia: una absorción pública explícita, aunque temporal. De ahí la popularidad del nuevo vudú, que, como he dicho, afirma que unos rituales financieros complejos pueden resucitar a los bancos muertos.
Por desgracia, este retorno a la superstición puede salir caro. Espero equivocarme, pero sospecho que los contribuyentes estamos a punto de ser víctimas de otra mala pasada, y estamos a punto de que nos den otro plan de rescate financiero que no servirá para nada.
Paul Krugman es profesor de Economía de Princeton y premio Nobel de Economía en 2008. Traducción de News Clips. © New York Times News Service, 2009
Sobre el último libro de Paul Krugman
(El retorno de la economía de la depresión y la crisis actual, editorial Crítica)
Ahora, con la perspectiva de una década, entiende Krugman que aquélla fue un ensayo general con todo de la crisis que hoy asuela el planeta. Al último galardonado con el Nobel de la cosa -que se distingue de otros colegas, entre otros aspectos, por la gran claridad de su escritura y su envidiable capacidad argumental- le gustaría decir que esta crisis no se parece a ninguna de las que hemos visto en el pasado, pero acierta al comunicar que es idéntica a las anteriores, “con la particularidad de que, en esta ocasión, todos los elementos se dan simultáneamente”: el estallido de la burbuja inmobiliaria, comparable a lo que aconteció en Japón a finales de los años ochenta; una sucesión de pánicos bancarios como los que se dieron en los años treinta (si bien hasta hace poco parecía que el primer afectado era, sobre todo, el sistema bancario en la sombra y no la banca convencional); una trampa de liquidez en Estados Unidos que nos recuerda de nuevo lo acontecido en Japón; y más recientemente, una interrupción de los flujos de capital internacional y una serie de crisis de divisas, similares a lo que pasó en Asia a finales de la década de los noventa.
Esta tormenta perfecta es la que hace que los números y las previsiones apenas aguanten horas antes de quedarse irremediablemente viejos. Los de la Reserva Federal sustituyen a los de la Oficina Presupuestaria del Congreso; los de la Comisión Europea, a las actualizaciones de los Programas de Estabilidad 2008-2011 de los países de la zona euro, etcétera. El consenso de los principales servicios de estudio sobre la marcha de la economía ha de ser actualizado de modo casi permanente, y los cuadros macroeconómicos de los presupuestos estatales, arrojados a la basura de las antiguallas inservibles.
Por ello, las últimas previsiones de la Comisión Europea, presentadas la pasada semana por el comisario de Asuntos Económicos, Joaquín Almunia, y que sustituyen a las del mes de noviembre de 2008, tienen el valor que tienen. Escaso. Con una característica: la acelerada tendencia a la baja. No se ha tocado fondo. Se han destacado los niveles del paro, pero ¿qué me dicen de la marcha del déficit público? Ejemplos para el año presente y el futuro: Irlanda (11% y 13% del PIB), Reino Unido (8,8% y 9,6%), España (6,2% y 5,7%), etcétera.
El País.com
El aborto en América Latina: penalización, ¿derecho a la vida o represión religiosa?
BBC Mundo
Con ocasión de la despenalización del aborto en el Distrito Federal de Ciudad de México, el aborto ha regresado a la agenda.
En varios países de América Latina se discuten reformas a códigos y leyes que hoy por hoy prohíben o criminalizan la interrupción del embarazo. En otros, como Chile, el asunto no se discute. En Nicaragua, por ejemplo, el nuevo gobierno aprobó normas que castigan a las mujeres que abortan cualesquiera sean los motivos.
BBC Mundo “mapeó” la legislación vigente en la región.
La Asamblea Legislativa del Distrito Federal de México aprobó el martes 24 de abril de 2007 la reforma de las cláusulas del Código Penal capitalino que penalizaban hasta entonces el aborto.
Ahora, a las mujeres mexicanas les está permitido abortar hasta las 12 semanas de su embarazo, pero sólo en el D.F.
La ley anterior autorizaba la realización del aborto solamente en caso de violación, cuando hubiera malformaciones graves en el feto, o si la vida de la madre corría peligro.
Las modificaciones fueron propuestas por partidos de izquierda y centro-derecha, entre ellos el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el de la Revolución Democrática (PRD), que gobierna la Ciudad de México.
El conservador Partido Acción Nacional (PAN) se opuso.
Los grupos pro aborto sostienen que éste es un campo de grandes injusticias sociales.
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En Guatemala el aborto está prohibido y se castiga con entre seis meses y tres años de cárcel.
Según aclaró a BBC Mundo Nineth Varenca Montenegro, presidenta de la Comisión de la Mujer en el Congreso, “sólo se permite el aborto terapéutico, cuando el embarazo es producto de una violación o existe un riesgo inminente para la vida de la mujer”.
Desde el punto de vista de Mayra Dinora Gila Herrera, representante local del Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer (CLADEM), “hay mucha resistencia para despenalizarlo, sobre todo por la carga moral”.
El aborto está permitido por razones socio-económicas, cuando el feto presenta anomalías, y cuando hay riesgo para la vida o salud de la madre.
En otros casos, está prohibido y se castiga con penas de cárcel.
En El Salvador, según el Código Penal vigente desde 1998, se pena el aborto en todas las circunstancias, y se castiga a la mujer, a quien se lo practique, o lo facilite, con entre dos y ocho años de cárcel.
Antes de 1997, fecha en que se reformó el Código Penal, se podía recurrir al aborto cuando la mujer corría peligro, cuando el embarazo era consecuencia de una violación y cuando existían probabilidades de anomalías en el feto.
El Código Penal hondureño considera el aborto la “muerte intencional de un ser humano en cualquier momento del embarazo”, y lo castiga con entre tres y seis años de cárcel.
Sin embargo la Secretaría de Salud Pública distribuye al menos desde 2004 píldoras anticonceptivas de emergencia, o “del día después”, según denuncias de la Iglesia católica en ese país.
En Nicaragua el aborto está penalizado bajo cualquier supuesto desde octubre de 2006; incluso se castiga el aborto “terapéutico”, es decir, aquel que se practica cuando la vida de la madre o el feto corren peligro.
El aborto “terapéutico” se había permitido desde 1893 hasta noviembre de 2006.
También se penan los abortos cuando la madre es menor y ha sido violada.
Salvo en caso de que peligre la vida de la mujer, el aborto está penalizado por ley.
Se castiga con entre seis meses y tres años de cárcel.
Código Penal de 1982 tipifica el aborto como “delito contra la vida y la integridad personal”, pero exime de penas cuando la mujer fue violada y resuelve interrumpir su embarazo antes de los dos meses, y cuando corre peligro su vida o la del feto.
La madre puede interrumpir el embarazo durante las primeras 12 semanas de gestación sin justificar sus motivos, desde que en 1965 se legalizó el aborto.
Se permite el aborto solamente cuando la vida de la mujer está en peligro.
En otros casos, se penaliza.
El aborto es ilegal, excepto cuando pretende salvar la vida de la mujer.
El Código Penal de 1948 no hace excepciones.
Tres clínicas donde presuntamente se practicaban abortos fueron clausuradas el pasado febrero en Santo Domingo.
Los grupos pro vida sostienen que los derechos de la madre no pueden vulnerar los del niño.
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En Puerto Rico el aborto está consagrado como legítimo, y puede realizarse en cualquier período del embarazo.
La mayoría se realiza durante el primer trimestre, pero también se practica después.
Desde que el Tribunal Supremo de EE.UU. reconoció la legalidad de la polémica intervención en el caso Roe v. Wade, la disposición del Código Penal puertorriqueño que prohíbe el aborto salvo para salvar la salud o vida de la mujer se interpreta desde la década de 1970 en sentido amplio.
Se considera si el embarazo vulnera la salud mental y emocional de la madre, por lo que el aborto “a petición” está convalidado.
En 2006 la Corte Constitucional de Colombia determinó que el aborto es legítimo cuando un embarazo es producto de una violación, cuando está en riesgo la vida de la madre y cuando se presentan malformaciones en el feto.
Hasta entonces, en Colombia estaba prohibido el aborto en todos los casos.
El aborto está considerado como delito en el Código Penal venezolano vigente y se castiga con entre seis meses y dos años de prisión.
Propuestas similares a la reforma de México D.F. se discuten en otros países de América Latina.
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Las penas pueden reducirse si se provoca para “proteger el honor”.
Un anteproyecto de Código Penal presentado en el Tribunal Supremo de Justicia propone despenalizar el aborto en todos los casos, excepto cuando no se cuenta con el consentimiento de la mujer.
Por otro lado, la aprobación de una nueva Ley de Salud forma parte de las atribuciones cedidas al presidente Hugo Chávez por la Ley Habilitante que le permite legislar por decreto y en forma unilateral desde enero, explicó a BBC Mundo Douglas Natera, de la Federación Médica de Venezuela.
La pastilla del día después es legal en Venezuela desde 2004, según las Normas sobre Salud aprobadas por el Ministerio de Salud y Desarrollo Social.
El aborto se considera un delito en Ecuador y se pena con entre seis meses y cinco años de prisión.
No se castiga cuando se ha provocado para salvar a la mujer de un peligro de vida inminente que no pudo evitarse por otros medios, o cuando el embarazo es fruto de la violación a una deficiente mental.
Desde el año pasado un nuevo Código de Salud obliga a “los servicios de salud, públicos y privados” a interrumpir embarazos “en los casos previstos en el Código Penal”, y a suministrar “píldoras del día después” en casos de violencia intrafamiliar y sexual, y a las mujeres que conviven con el Sida.
Distintas organizaciones pro-vida han denunciado la probabilidad de que la Asamblea Constituyente convocada por el presidente Rafael Correa y aprobada por la ciudadanía en referendo establezca la despenalización del aborto.
El aborto es un delito castigado con entre uno y cuatro años de prisión, pero se permite si la vida de la madre está en peligro o si el embarazo es producto de una violación.
Distintos proyectos de despenalización han sido rechazados durante los últimos 16 años.
El ministro de Salud, José Gomes Temporao, defendió la realización de un plebiscito sobre la despenalización a principios de abril.
Tras sus declaraciones, el tema volvió a la agenda de los medios.
Según Datafolha, un 65% de los brasileños se opone a modificar la legislación vigente.
El aborto es ilegal en Perú -se considera un delito contra la vida-, excepto cuando la vida de la madre peligra.
Así lo determina el Código Penal desde 1924.
Hasta 2004 no se había establecido un “protocolo” que indicara los casos en que este “aborto terapéutico” podía aplicarse.
La despenalización fue festejada por los grupos pro aborto en Ciudad de México.
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Pero ya en 2006, las autoridades sanitarias habían autorizado al Instituto Materno Perinatal y el Hospital de San Bartolomé de Lima, y el Hospital Belén de Trujillo, a practicarlo en 17 casos distintos de enfermedad de la madre o el feto, antes de las 22 semanas de embarazo.
Este protocolo está siendo revisado por las autoridades del Ministerio de Salud.
De acuerdo con el ex ministro de Salud peruano, Luis Solari, este protocolo resolución da pie a que se aborte con fines eugenésicos, a la agencia pro vida Aciprensa.com.
En 2001, los servicios de Salud Pública comenzaron a distribuir “píldoras del día después”. Esto se suspendió en 2002, hasta noviembre de 2006.
La interrupción del embarazo es legal, previa autorización del juez, si es resultado de “una violación, rapto no seguido de matrimonio, estupro o incesto”, y si la vida de la madre está en peligro.
En otros casos se penaliza.
La ley contempla atenuantes cuando el aborto se practica para proteger el honor de una mujer soltera.
De acuerdo a Julieta Montaño, representante de Cladem en Bolivia, las organizaciones pro aborto promueven reformas a la legislación vigente desde hace una década, pero estas iniciativas han sido rechazadas.
La legislación de Paraguay sólo permite el aborto cuando está en peligro la vida de la mujer embarazada.
El Código Penal vigente desde 1998 penaliza otros motivos por los cuales se recurra a esta práctica con entre 15 y 30 meses de penitenciaría, pero contempla atenuantes para los casos en que la mujer haya actuado para “proteger su honor”.
El ministerio de Salud lleva adelante un programa de Planificación Familiar en el que se pone a disposición de la población la píldora de anticoncepción de emergencia, o “del día después”.
El aborto es ilegal en Chile, sin excepciones. Se lo penaliza con entre tres y cinco años de penitenciaría, de acuerdo a lo establecido en los artículos 342 A y 245 del Código Penal.
El aborto es un tema que suscita fuertes controversias y afecta susceptibilidades.
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En 1989 se derogó la reforma que permitía el aborto terapéutico.
En la década de 1960 la Corte Suprema definió el aborto como la “interrupción maliciosa del embarazo con el propósito de evitar el nacimiento del feto o detener el curso natural del embarazo”.
Sin embargo, la actual presidenta Michelle Bachelet firmó en enero de pasado un decreto aprobando el suministro de la píldora anticonceptiva “del día después” a las jóvenes, a partir de los 14 años de edad.
Para que la adolescente tenga acceso a la pastilla no es necesario que medie el consentimiento de sus padres.
Dos semanas antes de que el Ejecutivo tomara la resolución, la Corte Constitucional había declarado inconstitucional la distribución gratuita de la píldora.
Según los grupos denominados Pro Vida y la Iglesia católica, la “píldora del día después” es un método abortivo.
En Argentina, el aborto es un delito de acuerdo al Código Penal (artículos 85 a 88).
La legislación contempla de todos modos el aborto terapéutico, lícito siempre que el peligro a la vida de la mujer no pueda ser evitado de otra forma.
Además permite la interrupción del embarazo a la mujer demente o idiota que ha sido violada.
En 2002, la Corte Suprema de Justicia argentina prohibió la venta y consumo en el país de la “píldora del día después”.
Tanto unos como otros dicen defender la vida.
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El aborto se castiga con entre tres meses y dos años de penitenciaría, pero si se comete para proteger el honor, tras una violación, cuando la vida de la mujer corre peligro o en medio de angustias económicas, estas penas pueden ser reducidas. Incluso el juez puede llegar a eximir a los involucrados.
El parlamento discute desde 1984 un Proyecto de Ley de Salud Reproductiva que propone despenalizar el aborto hasta las 12 semanas de gestación, pero que una y otra vez ha sido rechazado.
En noviembre de 2008, el actual presidente de izquierda, Tabaré Vázquez, vetó la legalización del aborto que había sido aprobada por ambas cámaras del Poder Legislativo.
¿Por que B. Obama no habló en su discurso de Gaza, Palestina e Israel?, por R. Fisk
Por Robert Fisk *
Quizá hubiese sido útil que Obama hablara de lo que todo el mundo está hablando en Medio Oriente. Parece que faltó coraje. No, no se trata del retiro de las tropas de Irak, eso ya se sabe. Por supuesto que mencionó a “civiles masacrados”, pero esto no era precisamente lo que los árabes tenían en mente. Lo que había que hacer era llamar a las cosas por su nombre y, sin más, referirse al conflicto de Gaza.
Claro que, para ser honestos, llamó a Mahmud Abbas. Tal vez Obama piense que él es líder de los palestinos, pero como todo árabe sabe, a excepción quizás del Sr. Abbas, este hombre lo único que lidera es un gobierno fantasma, asimilable a un cuerpo que agoniza y que sólo se mantiene con vida gracias a las transfusiones de sangre que le brinda la “comunidad internacional”. Además, por supuesto, Obama hizo la llamada obligada a los israelíes.
Pero para los pueblos de Medio Oriente, si hubo algo que ensombreció el discurso inaugural del nuevo presidente norteamericano fue justamente la ausencia en su discurso de las palabras “Gaza” e “Israel”. ¿Acaso no le importó? ¿Tuvo miedo? ¿Es que el muchacho que le escribe los discursos a Obama no se dio cuenta de que el hecho de hacer hablar a su jefe de por qué a los negros no les servían un plato de comida en ciertos restaurantes hace 60 años en Estados Unidos iba a hacer pensar a los árabes en un pueblo actualmente discriminado y masacrado sólo por votar a la “gente equivocada”? Demasiados cuerpos muertos yacen en Gaza como para que la cuestión no haya estado presente en ese discurso. Imposible no verlos.
Por eso, por más distancia que el nuevo presidente haya tratado de poner en su discurso con el régimen corrupto al cual reemplazó, demasiados ecos sonaron en el ambiente, como si los atentados del 11 de septiembre hubiesen ocurrido ayer. En consecuencia, tuvimos que recordar, por ejemplo, cómo “heroicos bomberos lucharon contra las cortinas de humo que bajaban por las escaleras”.
Si bien es cierto que para los árabes frases del tipo “nuestra nación está en guerra con una red de violencia y odio de alcance mundial” remite puramente a Bush, el hecho de que Obama haya hecho referencia al “terror”, esa palabra tan usada por Bush y los israelíes, fue un signo preocupante de que todavía no captó el mensaje. De ahí que, por ejemplo, lo hayamos visto hablando de cómo, a pesar de la fuerza de los talibán y las masacres que cometen, “no nos vencerán”. ¿Les suena? En cuanto a sus menciones de “aquellos corruptos que pretenden acallar la disidencia”, frase que supuestamente aludía a Irán, lo cierto es que en el imaginario árabe esas características seguramente remitan a líderes como Hosni Mubarak en Egipto (quien por cierto también recibió una llamada de Obama), el rey Abdallah de Arabia Saudita y toda esa clase de autócratas que se la pasan cortando cabezas pero que son, claro, los aliados de Estados Unidos en la región.
Hanan Ashrawi lo entendió bien. Los cambios que hacen falta en Medio Oriente, es decir, justicia para los palestinos, seguridad para éstos y para los israelíes, el fin de la construcción de los asentamientos para judíos en Cisjordania, el fin de toda violencia, tienen que ser inmediatos. Y, si acaso el tibio nombramiento de George Mitchell como enviado para la región estaba destinado a satisfacer estas demandas, por ahora no alcanza. Ni de cerca.
El mensaje amigable destinado a los musulmanes que evocó la necesidad de encontrar un nuevo enfoque para relacionarse basado en los intereses y el respeto mutuos, simplemente no ilustra ni remite bajo ningún concepto a las imágenes del baño de sangre que tuvo lugar en Gaza durante las últimas semanas. Sí, los países árabes y muchos otros alrededor del mundo pueden regocijarse de que la era Bush haya terminado y Guantánamo se vaya a cerrar. Pero, ¿serán juzgados los torturadores de Bush y de Rumsfeld? ¿O serán discretamente cambiados de lugar de trabajo hacia alguno donde no tengan que calzarse el instrumental de tortura y escuchar a la gente gritar de dolor?
Bueno, después de todo, hay que darle una oportunidad a la nueva administración. Quizá Mitchell hable con Hamas, él es nuevo y puede hacerlo, ¿pero qué tendrán para decir los ya probados fracasos como Denis Ross, Rahm Emmanuel, Robert Gates o Hillary Clinton? Todo el mundo notó la ausencia de esas dos palabras, Palestina e Israel. Parece que eran dos papas demasiado calientes para agarrar en un día tan helado en Washington, en el que Obama ni siquiera estaba usando guantes.
* De The Independent. Especial para Página/12.
Informe PNUD 2009 (Enero) sobre Desarrollo Humano…
Hacer clic aquí:
Chile: Informe PNUD 2009 (Enero 2009) sobre Desarrollo Humano (“La manera de hacer las cosas”).
Presidente B. Obama: ¿cómo asumirá simbolos, promesas e intereses contradictorios?
Por Santiago O’Donnell
Fue la ceremonia de traspaso de poder más vista en la historia de la civilización. Como tal fue pensada y por eso la sobrecarga de simbolismo. Tuvo como máximo referente a Abraham Lincoln, el héroe republicano de la guerra civil, el hombre blanco que más hizo por la igualdad de las razas en Estados Unidos. Tuvo la bendición del pastor Rick Warren, un viejo luchador del movimiento por los derechos civiles de los años sesenta, uno de los negros vivos que más hicieron para unir a las razas en Estados Unidos. Y contó con la esforzada presencia del gran Muhammad Alí, el mejor atleta de todos los tiempos, uno de los hombres que más hicieron por la dignidad y los derechos de los negros en Estados Unidos y el mundo.
Esa es la impronta simbólica que Obama eligió darle al inicio de su presidencia, la de la unidad entre los blancos y los negros en primer lugar, para cerrar las heridas de la esclavitud, los linchamientos, las iglesias quemadas y las leyes Jim Crow.
Por eso empezó y terminó su discurso hablando de relaciones raciales. Arrancó invocando los “sacrificios” de sus antepasados y la “sangre” que dieron para alcanzar la “extensión de los derechos constitucionales”, o sea el fin de la esclavitud. Cerró recordando que hace 60 años los clientes negros eran rechazados en muchos restaurantes y ahora negros y blancos se mezclaban en el parque central de Washington para asistir a su asunción.
Así, Obama habló de unidad racial, no ya como meta o tarea pendiente, sino como punto de partida de un consenso más amplio, basado en la igualdad de oportunidades y en el respeto por el otro. El llamado a la unidad que simbolizó la ceremonia incluyó a los adversarios políticos, representados en la figura de Bush, a quien Obama trató con deferencia. También se extendió al mundo entero que miraba por televisión. Significativamente, en su discurso Obama sólo se dirigió a dos actores internacionales, ninguno de ellos aliados naturales de Estados Unidos. Al mundo musulmán le prometió un nuevo camino de paz. A los países pobres les prometió no ser indiferente.
La puesta en escena se completó con la ubicua presencia de Dianne Feinstein. La veterana senadora por California ofició de maestra de ceremonias en la explanada del Capitolio. Anunciaba lo que iba a pasar, presentaba a los números musicales, señalaba a las distintas personalidades que iban ocupando el escenario y las tribunas, llamaba a cantar el himno cuando era el momento. Feinstein representa el ala liberal y feminista del Partido Demócrata, y también es una fuerte aliada del lobby israelí. A través de ese capital simbólico, Obama buscó equilibrar el protagonismo de Bush en la ceremonia y mandar un guiño a su aliado en Medio Oriente.
Pero claro, así como es difícil conciliar intereses enfrentados en distintas partes del mundo, también lo es a nivel local. El mandato de cambio profundo que recibió el nuevo presidente tensiona la alianza policlasista y multisectorial que él propone. Esa tensión quedó en evidencia en el primer tramo del discurso inaugural, dedicado a la economía. Obama dijo que va a recompensar a los hacedores, a los creadores y a los tomadores de riesgo. Pero se reservó el derecho a agrandar el estado y anunció que habrá que tomar decisiones duras.
Los intereses que tocarán, o no, esas duras decisiones terminarán por definir las características de su alianza gobernante. Eso se verá con el tiempo. Lo que ayer hizo Obama es marcar un punto de partida y establecer las reglas básicas que regirán su presidencia.
En ese sentido, antes que líder y aún antes que ciudadano, se definió a sí mismo como un representante del pueblo. Para hacerlo usó las primeras tres palabras de la Constitución estadounidense, “We the People” (Nosotros la Gente): “Estados Unidos no prosperó simplemente por la habilidad y visión de aquellos en altos cargos. Prosperó porque Nosotros la Gente permanecimos fieles a nuestros antepasados y nuestros documentos fundantes”.
Desde ese lugar prometió que el respeto por los derechos humanos estará por encima de la lucha antiterrorista, admitiendo implícitamente que ese no fue el caso durante la presidencia de George W. Bush.
Mientras partía el helicóptero que alejaba a Bush de la Casa Blanca, dando fin a la ceremonia, el analista de la CNN en español se babeaba. “Fue una jornada impecable. En muy pocos lugares del mundo se puede presenciar un traspaso de poder voluntario, sin enfrentamientos,” dijo entusiasta desde un rincón de la pantalla, haciendo gala de un impecable castellano con acento centroamericano. “Esto demuestra que el nuestro es un gran país (Estados Unidos)”, se congratuló.
Pero mientras el analista apilaba elogios para la democracia norteamericana, millones de televidentes dispersos por el mundo se imaginaban, en un final hollywoodense, al helicóptero de Bush explotando en mil pedazos.
Lindo desastre le dejó a Obama. Linda ceremonia.
Página/12
Presidente Barak Obama: discurso inaugural (en español)
Me presento aquí hoy humildemente consciente de la tarea que nos aguarda, agradecido por la confianza que habéis depositado en mí, conocedor de los sacrificios que hicieron nuestros antepasados. Doy gracias al presidente Bush por su servicio a nuestra nación y por la generosidad y la cooperación que ha demostrado en esta transición.
Son ya 44 los estadounidenses que han prestado juramento como presidentes. Lo han hecho durante mareas de prosperidad y en aguas pacíficas y tranquilas. Sin embargo, en ocasiones, este juramento se ha prestado en medio de nubes y tormentas. En esos momentos, Estados Unidos ha seguido adelante, no sólo gracias a la pericia o la visión de quienes ocupaban el cargo, sino porque Nosotros, el Pueblo, hemos permanecido fieles a los ideales de nuestros antepasados y a nuestros documentos fundacionales. Así ha sido. Y así debe ser con esta generación de estadounidenses.
Es bien sabido que estamos en medio de una crisis. Nuestro país está en guerra contra una red de violencia y odio de gran alcance. Nuestra economía se ha debilitado enormemente, como consecuencia de la codicia y la irresponsabilidad de algunos, pero también por nuestra incapacidad colectiva de tomar decisiones difíciles y preparar a la nación para una nueva era. Se han perdido casas; se han eliminado empleos; se han cerrado empresas. Nuestra sanidad es muy cara; nuestras escuelas tienen demasiados fallos; y cada día trae nuevas pruebas de que nuestros usos de la energía fortalecen a nuestros adversarios y ponen en peligro el planeta.
Estos son indicadores de una crisis, sujetos a datos y estadísticas. Menos fácil de medir pero no menos profunda es la destrucción de la confianza en todo nuestro territorio, un temor persistente de que el declive de Estados Unidos es inevitable y la próxima generación tiene que rebajar sus miras. Hoy os digo que los problemas que nos aguardan son reales. Son graves y son numerosos. No será fácil resolverlos, ni podrá hacerse en poco tiempo. Pero debes tener clara una cosa, América: los resolveremos.
Hoy estamos reunidos aquí porque hemos escogido la esperanza por encima del miedo, el propósito común por encima del conflicto y la discordia. Hoy venimos a proclamar el fin de las disputas mezquinas y las falsas promesas, las recriminaciones y los dogmas gastados que durante tanto tiempo han sofocado nuestra política.
Seguimos siendo una nación joven, pero, como dicen las Escrituras, ha llegado la hora de dejar a un lado las cosas infantiles. Ha llegado la hora de reafirmar nuestro espíritu de resistencia; de escoger lo mejor que tiene nuestra historia; de llevar adelante ese precioso don, esa noble idea, transmitida de generación en generación: la promesa hecha por Dios de que todos somos iguales, todos somos libres, y todos merecemos una oportunidad de buscar toda la felicidad que nos sea posible.
Al reafirmar la grandeza de nuestra nación, sabemos que esa grandeza no es nunca un regalo. Hay que ganársela. Nuestro viaje nunca ha estado hecho de atajos ni se ha conformado con lo más fácil. No ha sido nunca un camino para los pusilánimes, para los que prefieren el ocio al trabajo, o no buscan más que los placeres de la riqueza y la fama. Han sido siempre los audaces, los más activos, los constructores de cosas -algunos reconocidos, pero, en su mayoría, hombres y mujeres cuyos esfuerzos permanecen en la oscuridad- los que nos han impulsado en el largo y arduo sendero hacia la prosperidad y la libertad.
Por nosotros empaquetaron sus escasas posesiones terrenales y cruzaron océanos en busca de una nueva vida. Por nosotros trabajaron en condiciones infrahumanas y colonizaron el Oeste; soportaron el látigo y labraron la dura tierra. Por nosotros combatieron y murieron en lugares como Concord y Gettysburg, Normandía y Khe Sahn. Una y otra vez, esos hombres y mujeres lucharon y se sacrificaron y trabajaron hasta tener las manos en carne viva, para que nosotros pudiéramos tener una vida mejor. Vieron que Estados Unidos era más grande que la suma de nuestras ambiciones individuales; más grande que todas las diferencias de origen, de riqueza, de partido.
Ése es el viaje que hoy continuamos. Seguimos siendo el país más próspero y poderoso de la Tierra. Nuestros trabajadores no son menos productivos que cuando comenzó esta crisis. Nuestras mentes no son menos imaginativas, nuestros bienes y servicios no son menos necesarios que la semana pasada, el mes pasado ni el año pasado. Nuestra capacidad no ha disminuido. Pero el periodo del inmovilismo, de proteger estrechos intereses y aplazar decisiones desagradables ha terminado; a partir de hoy, debemos levantarnos, sacudirnos el polvo y empezar a trabajar para reconstruir Estados Unidos.
Porque, miremos donde miremos, hay trabajo que hacer. El estado de la economía exige actuar con audacia y rapidez, y vamos a actuar; no sólo para crear nuevos puestos de trabajo, sino para sentar nuevas bases de crecimiento. Construiremos las carreteras y los puentes, las redes eléctricas y las líneas digitales que nutren nuestro comercio y nos unen a todos. Volveremos a situar la ciencia en el lugar que le corresponde y utilizaremos las maravillas de la tecnología para elevar la calidad de la atención sanitaria y rebajar sus costes. Aprovecharemos el sol, los vientos y la tierra para hacer funcionar nuestros coches y nuestras fábricas. Y transformaremos nuestras escuelas y nuestras universidades para que respondan a las necesidades de una nueva era. Podemos hacer todo eso. Y todo lo vamos a hacer.
Ya sé que hay quienes ponen en duda la dimensión de mis ambiciones, quienes sugieren que nuestro sistema no puede soportar demasiados grandes planes. Tienen mala memoria. Porque se han olvidado de lo que ya ha hecho este país; de lo que los hombres y mujeres libres pueden lograr cuando la imaginación se une a un propósito común y la necesidad al valor.
Lo que no entienden los escépticos es que el terreno que pisan ha cambiado, que las manidas discusiones políticas que nos han consumido durante tanto tiempo ya no sirven. La pregunta que nos hacemos hoy no es si nuestro gobierno interviene demasiado o demasiado poco, sino si sirve de algo: si ayuda a las familias a encontrar trabajo con un sueldo decente, una sanidad que puedan pagar, una jubilación digna. En los programas en los que la respuesta sea sí, seguiremos adelante. En los que la respuesta sea no, los programas se cancelarán. Y los que manejemos el dinero público tendremos que responder de ello -gastar con prudencia, cambiar malos hábitos y hacer nuestro trabajo a la luz del día-, porque sólo entonces podremos restablecer la crucial confianza entre el pueblo y su gobierno.
Tampoco nos planteamos si el mercado es una fuerza positiva o negativa. Su capacidad de generar riqueza y extender la libertad no tiene igual, pero esta crisis nos ha recordado que, sin un ojo atento, el mercado puede descontrolarse, y que un país no puede prosperar durante mucho tiempo cuando sólo favorece a los que ya son prósperos. El éxito de nuestra economía ha dependido siempre, no sólo del tamaño de nuestro producto interior bruto, sino del alcance de nuestra prosperidad; de nuestra capacidad de ofrecer oportunidades a todas las personas, no por caridad, sino porque es la vía más firme hacia nuestro bien común.
En cuanto a nuestra defensa común, rechazamos como falso que haya que elegir entre nuestra seguridad y nuestros ideales. Nuestros Padres Fundadores, enfrentados a peligros que apenas podemos imaginar, elaboraron una carta que garantizase el imperio de la ley y los derechos humanos, una carta que se ha perfeccionado con la sangre de generaciones. Esos ideales siguen iluminando el mundo, y no vamos a renunciar a ellos por conveniencia. Por eso, a todos los demás pueblos y gobiernos que hoy nos contemplan, desde las mayores capitales hasta la pequeña aldea en la que nació mi padre, os digo: sabed que Estados Unidos es amigo de todas las naciones y todos los hombres, mujeres y niños que buscan paz y dignidad, y que estamos dispuestos a asumir de nuevo el liderazgo.
Recordemos que generaciones anteriores se enfrentaron al fascismo y el comunismo no sólo con misiles y carros de combate, sino con alianzas sólidas y convicciones duraderas. Comprendieron que nuestro poder no puede protegernos por sí solo, ni nos da derecho a hacer lo que queramos. Al contrario, sabían que nuestro poder crece mediante su uso prudente; nuestra seguridad nace de la justicia de nuestra causa, la fuerza de nuestro ejemplo y la moderación que deriva de la humildad y la contención.
Somos los guardianes de este legado. Guiados otra vez por estos principios, podemos hacer frente a esas nuevas amenazas que exigen un esfuerzo aún mayor, más cooperación y más comprensión entre naciones. Empezaremos a dejar Irak, de manera responsable, en manos de su pueblo, y a forjar una merecida paz en Afganistán. Trabajaremos sin descanso con viejos amigos y antiguos enemigos para disminuir la amenaza nuclear y hacer retroceder el espectro del calentamiento del planeta. No pediremos perdón por nuestra forma de vida ni flaquearemos en su defensa, y a quienes pretendan conseguir sus objetivos provocando el terror y asesinando a inocentes les decimos que nuestro espíritu es más fuerte y no podéis romperlo; no duraréis más que nosotros, y os derrotaremos.
Porque sabemos que nuestra herencia multicolor es una ventaja, no una debilidad. Somos una nación de cristianos y musulmanes, judíos e hindúes, y no creyentes. Somos lo que somos por la influencia de todas las lenguas y todas las culturas de todos los rincones de la Tierra; y porque probamos el amargo sabor de la guerra civil y la segregación, y salimos de aquel oscuro capítulo más fuertes y más unidos, no tenemos más remedio que creer que los viejos odios desaparecerán algún día; que las líneas tribales pronto se disolverán; y que Estados Unidos debe desempeñar su papel y ayudar a iniciar una nueva era de paz.
Al mundo musulmán: buscamos un nuevo camino hacia adelante, basado en intereses mutuos y mutuo respeto. A esos líderes de todo el mundo que pretenden sembrar el conflicto o culpar de los males de su sociedad a Occidente: sabed que vuestro pueblo os juzgará por lo que seáis capaces de construir, no por lo que destruyáis. A quienes se aferran al poder mediante la corrupción y el engaño y acallando a los que disienten, tened claro que la historia no está de vuestra parte; pero estamos dispuestos a tender la mano si vosotros abrís el puño.
A los habitantes de los países pobres: nos comprometemos a trabajar a vuestro lado para conseguir que vuestras granjas florezcan y que fluyan aguas potables; para dar de comer a los cuerpos desnutridos y saciar las mentes sedientas. Y a esas naciones que, como la nuestra, disfrutan de una relativa riqueza, les decimos que no podemos seguir mostrando indiferencia ante el sufrimiento que existe más allá de nuestras fronteras, ni podemos consumir los recursos mundiales sin tener en cuenta las consecuencias. Porque el mundo ha cambiado, y nosotros debemos cambiar con él.
Mientras reflexionamos sobre el camino que nos espera, recordamos con humilde gratitud a esos valerosos estadounidenses que en este mismo instante patrullan desiertos lejanos y montañas remotas. Tienen cosas que decirnos, del mismo modo que los héroes caídos que yacen en Arlington nos susurran a través del tiempo. Les rendimos homenaje no sólo porque son guardianes de nuestra libertad, sino porque encarnan el espíritu de servicio, la voluntad de encontrar sentido en algo más grande que ellos mismos. Y sin embargo, en este momento -un momento que definirá a una generación-, ese espíritu es precisamente el que debe llenarnos a todos.
Porque, con todo lo que el gobierno puede y debe hacer, a la hora de la verdad, la fe y el empeño del pueblo norteamericano son el fundamento supremo sobre el que se apoya esta nación. La bondad de dar cobijo a un extraño cuando se rompen los diques, la generosidad de los trabajadores que prefieren reducir sus horas antes que ver cómo pierde su empleo un amigo: eso es lo que nos ayuda a sobrellevar los tiempos más difíciles. Es el valor del bombero que sube corriendo por una escalera llena de humo, pero también la voluntad de un padre de cuidar de su hijo; eso es lo que, al final, decide nuestro destino.
Nuestros retos pueden ser nuevos. Los instrumentos con los que los afrontamos pueden ser nuevos. Pero los valores de los que depende nuestro éxito -el esfuerzo y la honradez, el valor y el juego limpio, la tolerancia y la curiosidad, la lealtad y el patriotismo- son algo viejo. Son cosas reales. Han sido el callado motor de nuestro progreso a lo largo de la historia. Por eso, lo que se necesita es volver a estas verdades. Lo que se nos exige ahora es una nueva era de responsabilidad, un reconocimiento, por parte de cada estadounidense, de que tenemos obligaciones con nosotros mismos, nuestro país y el mundo; unas obligaciones que no aceptamos a regañadientes sino que asumimos de buen grado, con la firme convicción de que no existe nada tan satisfactorio para el espíritu, que defina tan bien nuestro carácter, como la entrega total a una tarea difícil.
Éste es el precio y la promesa de la ciudadanía.
Ésta es la fuente de nuestra confianza; la seguridad de que Dios nos pide que dejemos huella en un destino incierto.
Éste es el significado de nuestra libertad y nuestro credo, por lo que hombres, mujeres y niños de todas las razas y todas las creencias pueden unirse en celebración en este grandioso Mall y por lo que un hombre a cuyo padre, no hace ni 60 años, quizá no le habrían atendido en un restaurante local, puede estar ahora aquí, ante vosotros, y prestar el juramento más sagrado.
Marquemos, pues, este día con el recuerdo de quiénes somos y cuánto camino hemos recorrido. En el año del nacimiento de Estados Unidos, en el mes más frío, un pequeño grupo de patriotas se encontraba apiñado en torno a unas cuantas hogueras mortecinas a orillas de un río helado. La capital estaba abandonada. El enemigo avanzaba. La nieve estaba manchada de sangre. En un momento en el que el resultado de nuestra revolución era completamente incierto, el padre de nuestra nación ordenó que leyeran estas palabras:
“Que se cuente al mundo futuro… que en el más profundo invierno, cuando no podía sobrevivir nada más que la esperanza y la virtud… la ciudad y el campo, alarmados ante el peligro común, se apresuraron a hacerle frente”.
América. Ante nuestros peligros comunes, en este invierno de nuestras dificultades, recordemos estas palabras eternas. Con esperanza y virtud, afrontemos una vez más las corrientes heladas y soportemos las tormentas que puedan venir. Que los hijos de nuestros hijos puedan decir que, cuando se nos puso a prueba, nos negamos a permitir que se interrumpiera este viaje, no nos dimos la vuelta ni flaqueamos; y que, con la mirada puesta en el horizonte y la gracia de Dios con nosotros, seguimos llevando hacia adelante el gran don de la libertad y lo entregamos a salvo a las generaciones futuras.
Gracias, que Dios os bendiga, que Dios bendiga a América.
Obama Presidente de EE.UU: graves problemas y pesadas expectativas…
El nuevo presidente de EE UU centra su discurso de investidura en los graves retos que afronta su país: la crisis económica, dos guerras y la caída del prestigio americano
Ver también más abajo: “Obama frente a los escombros” y “Obama: el hombre que inicia una era”
ELPAIS.com 20/01/2009
El nuevo presidente de EE UU, Barack Obama, ha elegido la crisis, tanto económica como de prestigio, que enfrenta su país como hilo conductor del discurso más importante de su vida hasta ahora. Pero también el “espíritu” y la capacidad de su país, de sus ciudadanos, para salir de ella. Una vez más, como en la campaña electoral que le llevó hasta la escalinata del Capitolio donde ha jurado su cargo ante la misma Biblia en que lo hizo Abraham Lincoln en 1861, Obama ha apelado a la “esperanza” y al espíritu de superación de los estadounidenses para afrontar los enormes retos que tiene por delante y superarlos.
Nada más tomar juramento ante el presidente del Tribunal Supremo, John Roberts, Obama ha pronunciado un discurso en el que ha descrito la enormidad de los retos que afronta en su recién estrenado mandato, en particular la crisis económica, la peor en décadas, “fruto de la codicia y la irresponsabilidad de algunos”, pero también del “fracaso colectivo a la hora de tomar decisiones difíciles”. “Hoy os digo que los retos que enfrentamos son reales, son serios y son muchos”, ha dicho. “No podremos superarlos fácilmente o en un corto periodo de tiempo. Pero sabed esto, EE UU: los superaremos”. “Empezando desde hoy, debemos levantarnos del suelo, sacudirnos el polvo y comenzar de nuevo el trabajo de reconstruir EE UU”, ha clamado.
De hecho, ha dicho a sus compatriotas, a los que ha comenzado llamado “compañeros ciudadanos” (fellow citizens), que estaban todos reunidos frente al Capitolio porque habían elegido “la esperanza frente al miedo, la voluntad de actuar en conjunto antes que el conflicto y la discordia”. Ese espíritu es el que debe servir para sacar a EE UU de la crisis. “Vamos a proclamar el fin de las reclamaciones mezquinas y las falsas promesas, de las recriminaciones y los dogmas gastados que han ahogado nuestra política durante mucho tiempo”.
Obama ha llamado al comienzo de una “nueva era de responsabilidad”, marcando distancias con el anterior inquilino de la Casa Blanca, George W.Bush, ya devenido en ciudadano de a pie. “Para nuestra defensa, rechazamos como falsa la elección entre nuestra seguridad y nuestros ideales”, ha dicho, añadiendo que “lo que los cínicos no entienden es que el suelo se ha movido bajos sus pies”, que se han terminado las “reclamaciones mezquinas y las falsas promesas, las recriminaciones y los dogmas gastados que han ahogado nuestra política durante mucho tiempo”. En este sentido, ha llamado a los ciudadanos a la unidad y a los partidos a trabajar juntos. “Lo que nos preguntamos hoy no es si el Gobierno es demasiado grande o demasiado pequeño, sino si funciona, si ayuda a las familias a encontrar trabajos con salarios decentes, una sanidad que puedan pagar o una jubilación digna”.
También se ha referido a los retos de seguridad que afronta el país, inmerso en dos guerras, en Irak y Afganistán. Sobre Irak, ha anunciado una retirada de las tropas “responsable”, mientras que se ha comprometido a ayudar a forjar la paz en Afganistán, además de un nuevo marco de relaciones con el mundo musulmán. A los que amenazan EE UU, a los terroristas, les ha dicho que la determinación de EE UU seguirá firme. “Os decimos que nuestro espíritu es fuerte y no se puede romper. No nos sobreviviréis, os venceremos”.
Obama frente a los escombros
1) En primer lugar, una ruptura política. Es la primera vez desde 1965 que un presidente demócrata aborda su mandato en un contexto de debilidad, incluso de derrota, de las fuerzas conservadoras. En 1977, James Carter los venció en primer lugar (justamente) gracias a su promesa de una renovación ética («Yo no os mentiré nunca») tras el escándalo del Watergate; su mandato estuvo marcado por una política monetarista y por las primeras grandes medidas de desregulación; En 1993, William Clinton se presentó como el hombre que «modernizaría» el partido demócrata asumiendo para sí numerosas ideas republicanas (la pena de muerte, el cuestionamiento de la ayuda social o la austeridad financiera)
2) Después, una ruptura económica. El neoliberalismo al estilo de Reagan no es defendible ni siquiera por sus partidarios. Durante su última conferencia de prensa como presidente, el lunes 12 de enero, George W. Bush ha «admitido voluntariamente»: «Yo dejé de lado algunos de mis principios liberales cuando mis asesores económicos me informaron de que la situación que estábamos viviendo podría llegar a ser peor que la Gran Depresión (la crisis de 1929)». «Peor», de todos modos, es un poco exagerado teniendo en cuenta que la crisis de 1929 hizo fermentar las «uvas de la ira» y la quiebra puso al país al borde del caos.
Sin embargo, 2008 se ha cerrado con una pérdida de 2.600.000 empleos en Estados Unidos, 1.900.000 de ellos sólo en los últimos cuatro meses del año. Es el peor resultado desde 1945, en otras palabras, una caída libre. Podría pasar si el país tuviera las cuentas equilibradas y una posibilidad ilimitada de relanzamiento por el endeudamiento. Pero eso está lejos… El déficit presupuestario va a llegar este año a 1,2 billones de dólares y el 8,3 del PIB. Una cifra impresionantemente mala que no sólo supera el peor resultado de la era Reagan (6% en 1993), sino que además marca que el déficit se ha multiplicado por tres de un año para otro.
3) Una ruptura diplomática. Nunca, sin duda, desde la Segunda Guerra Mundial, la imagen de Estados Unidos en el mundo había estado tan degradada. La mayoría de los países consideran que la superpotencia estadounidense desempeña un papel negativo en los asuntos del mundo, a menudo en una proporción abrumadora. Iraq, Oriente Próximo, Afganistán: El statu quo aparece insostenible, tan costoso y mortífero al mismo tiempo. Después de todo, fue invocando la necesidad de una retirada de Iraq como Obama comenzó su campaña en 2007 y ha sido gracias a su insistencia en este punto como venció a Hillary Clinton –su futura Secretaria de Estado…- en las primarias. Sin embargo, el calendario de dicha retirada parece que enfrenta al presidente electo (muy impaciente) con los militares (más «prudentes» (1)). Pero la impaciencia del primero no se explica en absoluto por una posición pacifista. La retirada, en primer lugar, conlleva la voluntad de Obama de reasignar en Afganistán una parte de las tropas retiradas de Iraq. Sin embargo no es cierto que las perspectivas de hundimiento sean menores en Kabul que en Bagdad.
Políticamente, el nuevo presidente tiene las manos libres. El paisaje de escombros que hereda va a obligar a una cierta contención a sus adversarios políticos. Su amplia victoria se ha beneficiado del impulso de las fuerzas vivas del país, especialmente los jóvenes. Y además están los sugerentes reportajes especiales, a menudo hagiográficos, que la prensa del mundo entero ha dedicado a Obama. La esperanza que suscita su entrada en la Casa Blanca es inmensa; y eso no se explica únicamente por el hecho de que el presidente de Estados Unidos sea negro. De un golpe, la «marca de América» se recuperó. Algunas decisiones de alto valor simbólico relativas al cierre de Guantánamo y la prohibición de la tortura han reforzado ese sentimiento de nueva era. «Debemos poner el mayor cuidado en reafirmar nuestros valores y en proteger nuestra seguridad», ha declarado el nuevo presidente.
Después vienen los problemas. No es suficiente irrigar la economía estadounidense de liquidez para que la máquina económica y el empleo recuperen el movimiento. La inquietud de la población en cuanto al futuro es tal, que lejos de dedicarse a consumir, ahorra más que nunca (2). La tasa de endeudamiento de las familias, que no había dejado de crecer desde 1952, ha conocido su primer retroceso en el tercer trimestre del año pasado. Así, algo que seguramente es deseable a medio y largo plazo, pone en peligro el relanzamiento rápido a través del consumo y la inversión que espera el nuevo equipo de la Casa blanca. «Si no hacemos nada, esta recesión podría durar años» ha advertido Obama, deseoso de que su programa de gastos suplementarios de 775.000 millones de dólares, compuesto de gasto público y rebajas de de los impuestos, sea adoptado rápidamente por el Congreso. ¿Será suficiente? Algunos economistas demócratas, como Paul Krugman, consideran que es insuficiente y está mal planeado (3).
La situación internacional tampoco parece prestarse a un resultado inmediato. Deliberadamente o no, los dirigentes israelíes han colocado a su gran aliado ante un hecho consumado –una guerra especialmente impopular en el mundo árabe- y obligan al nuevo presidente a hacerse cargo de un asunto minado que no constituía en absoluto su prioridad. La parcialidad en este asunto tiene el peligro de demostrar que Estados Unidos ya no podrá defender nunca una posición equilibrada en Oriente Próximo, y esto podría empañar muy deprisa su popularidad en el ámbito internacional.
Pero todo no se resume en un hombre, aunque sea nuevo. Sobre todo porque la novedad es mucho menos sorprendente cuando se examinan las actuaciones de Obama en cuanto a su gabinete. Por una ministra de Trabajo próxima los sindicatos, Hilda Solis, que promete una ruptura con las políticas anteriores, nombra a una ministra de Asuntos Exteriores, Hillary Clinton, cuyas orientaciones diplomáticas rompen menos con el pasado, y a un ministro de Defensa, Robert Gates, claramente heredado de la administración Bush. En cuanto a la diversidad del equipo, seguramente no es de naturaleza sociológica. Veintidós de los treinta y cinco primeros nombrados de Obama son diplomados de una universidad de élite estadounidense o de un encopetado colegio británico… Esto recuerda un poco la vuelta a la «competitividad» de los «best and brightets» (los mejores y más brillantes) de la administración Kennedy-Johnson. La prepotencia que caracteriza a este tipo de individuos a menudo los conduce a alardear de su poder y convertirse en fabricantes de catástrofes mundiales, como se observó durante la guerra de Vietnam. Pero Estados Unidos, en los tiempos que corren, está más bien en el abatimiento «centrista» que en la audacia del «Yes, we can», que constituiría la amenaza más temible.
(1) «Timetable for Iraq too slow for Obama» (Calendario de Iraq demasiado lento para Obama) International Herald Tribune, 15 de enero de 2009.
(2) «Hard-Hit Families Finally Saving Aggravating Nation’s Economic Woes» (Las familias más afectadas al final serán la solución de los crecientes problemas económicos de la nación) The Wall Street Journal, 6 de enero de 2009.
(3) Paul Krugman «The Obama Gap» The New York Times, 8 de enero de 2009.
Texto original en francés: http://www.monde-diplomatique.fr/carnet/2009-01-16-Obama-investiture
Serge Halimi es periodista de Le Monde diplomatique y autor del libro Les Nouveaux Chiens de Garde (Los nuevos perros guardianes), Raisons d’agir, 2ª edición, 2005.
Rebelion.org
Obama es juramentado
Barack Obama se convirtió en presidente de Estados Unidos al ser juramentado en las escalinatas del Capitolio ante cientos de miles de personas congregadas en Washington.
Obama, como es tradición, juró colocando su mano izquierda ante la biblia para prometer “preservar, proteger y defender” la constitución de Estados Unidos.
En su discurso aseguró que va a rehacer al país.
“De tanto en tanto el juramento se produce en medio de nubarrones y de tormentas”, dijo Obama.
Los observadores e incluso los corresponsales de la BBC en distintos puntos del país reportan que existe la percepción de que en este día se está haciendo historia.
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LOS DESAFÍOS DE OBAMA
Tasa de desempleo: 7,2%, la más alta en 16 años.
Las ventas minoristas cayeron por sexto mes consecutivo en diciembre 2,7%.
La venta de autos se desplomó 22,4% por debajo de los niveles registrados hace un año.
La venta de viviendas en noviembre en su nivel más bajo en 17 años.
El déficit de la balanza comercial cayó a 40,4% en noviembre, su punto más bajo en cinco años.
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Por primera vez un presidente de Estados Unidos asume el cargo con el índice de popularidad más alto: 78%.
Obama destacó los grandes desafíos que tendrá el país en estos próximos cuatro años de su gobierno.
“Nuestra economía está muy deteriorada porque no tomamos decisiones firmes”.
“Los retos que enfrentamos son reales”.
“Pero sepan esto estadounidenses: van a ser encarados”, aseguró Obama, seguido de aplausos y gritos de la multitud.
Aunque los termómetros en la capital estadounidense bien pueden estar bajo cero, una temperatura inferior incluso al promedio de la estación según los reportes meteorológicos, el ambiente, el humor de la ciudad, es bastante cálido.
Obama se convirtió en presidente justo al mediodía, hora de Washington, pese a que el acto propiamente dicho se llevó a cabo minutos después. Esto se debe a que la constitución del país así lo establece.
Obama enfrenta grandes retos sin precedentes. EE.UU. está inmerso en la incertidumbre en momentos en que su economía enfrenta su peor crisis en décadas. El nuevo mandatario también deberá hacerse cargo de las guerras en Irak y Afganistán, así como el conflicto entre palestinos e israelíes.
Obama: el hombre que inicia una era
Nick Bryant, BBC
Nunca antes un presidente de Estados Unidos había revelado tanto de sí mismo antes de ser juramentado o había provocado tanto interés público antes de su toma de posesión como lo ha hecho Barack Obama.
En la mitad de sus cuarentas, el presidente electo de Estados Unidos ya había autorizado dos biografías, que se convirtieron en best-sellers globales.
La búsqueda de identidad del nuevo mandatario estadounidense ha sido un factor clave en su camino ascendente hacia el poder.
Pese a toda la franqueza que ha mostrado en sus apariciones mediáticas y las más de 400 páginas de su cautivadora autobiografía, “Dreams from My Father” (Sueños de mi padre), Obama se mantiene como una figura frustrantemente elusiva y enigmática para muchos.
BBC Mundo lo invita a descubrir quién es exactamente Barack Hussein Obama.
Su historia comienza en un lugar exótico: Hawai.
A finales de la década de los cincuenta, el recién incorporado estado de Estados Unidos se convirtió en el lugar en el que su padre africano, Barack Hussein Obama, y su madre estadounidense, Ann Dunham, se conocieron.
La familia Obama hará historia cuando se mude a la Casa Blanca.
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El padre del nuevo líder de los estadounidenses, un talentoso y extrovertido economista, dejó las orillas del lago Victoria de Kenia, tras ganar una beca en la Universidad de Hawai.
Su madre, Ann, cinco años menor que Barack, era una “difícil y tímida muchacha estadounidense”, de Wichita, Kansas.
Una curso de ruso fue lo que los hizo coincidir y, después, enamorarse.
Padre negro, madre blanca
La pareja se casó el 21 de febrero de 1961, un mes después de que John F. Kennedy asumió la presidencia de Estados Unidos.
Casi seis meses después, los Obama estaban celebrando el nacimiento de su hijo, Barack Hussein Obama.
Fue el fruto de lo que en esa época parecía ser una rareza de la sociedad estadounidense de la postguerra: un matrimonio interracial. Como el mismo Barack Obama escribió, su padre era tan “blanco como una brea”, mientras que su madre era tan “blanca como la leche”.
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Su padre volvería a aparecer sólo una vez más en su vida, cuando Obama tenía 10 años ![]() |
Evidentemente, hay claves del carácter de Obama en los poco ortodoxos antecedentes y personalidades de sus padres.
Su papá se convirtió en el primer estudiante negro de la Universidad de Hawai y en el presidente de la Asociación Internacional de Estudiantes.
Era famoso por su elocuencia, sus opiniones fuertes y su carisma.
Su madre no tuvo hermanos. Fue bautizada Stanley Ann porque sus padres anhelaban un niño. Como colegiala y estudiante fue conocida por su ingenio, su determinación y su vocabulario afable.
Separación
El matrimonio no duró mucho. Obama difícilmente encajó en el molde de un esposo fiable.
Antes de arribar a Hawai, había estado casado con una keniata, con quien tuvo cuatro hijos.
Obama encarna los años de lucha de los negros de EE.UU. para conseguir el reconocimiento de sus derechos civiles.
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El padre del hoy presidente de Estados Unidos le mintió a su esposa Ann cuando le dijo que estaba divorciado.
Cuando su hijo Barack Obama era todavía un bebé, decidió aceptar una beca en Harvard y rechazar una oferta más lucrativa de la Universidad de Nueva York, la cual le hubiese permitido mantener a su familia.
De esa forma, su esposa Ann y el pequeño Barry -como llamaban al presidente electo de Estados Unidos- se quedaron en Hawai.
Su padre volvería a aparecer sólo una vez más en su vida, cuando tenía 10 años.
La ruptura del matrimonio de sus padres le abrió paso al nuevo capítulo de la vida de Barack Obama: sus años en Indonesia.
Su vida en Yakarta
Ann conoció a otro estudiante extranjero en la Universidad de Hawai, un indonseio llamado Lolo Soetoro. Vivieron durante dos años como una familia en Hawai y en 1967 partieron hacia Yakarta.
Seis meses después, Barry había aprendido indonesio. Cada día, su madre lo despertaba a las 4:00 a.m. para darle clases de inglés antes de salir rumbo a la escuela. Quizás su sed por progresar y su fiera autocrítica tienen sus raíces en esas lecciones de madrugada.
Hubo otras influencias en su formación. Su padrastro era musulmán, aunque seguía una corriente del Islam que, de acuerdo con Obama, “le daba cabida a vestigios de antiguas creencias y al hinduismo”.
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En los programas de televisión, importados de Estados Unidos, se dio cuenta de que los personajes negros en las series de Mission Impossible (Misión Imposible) pasaban todo el tiempo escondidos y que “no había nadie como yo en el catálogo de Navidad de Roebuck (una tienda estadounidense)” ![]() |
Claramente, a Obama le impresionó la amplia experiencia y la sabiduría de su padrastro. “(Él no sólo sabía) cómo cambiar un neumático desinflado, sino cómo empezar una partida de ajedrez”, escribió el líder estadounidense.
“Conocía cosas más complejas como por ejemplo la manera en que yo podía manejar mis emociones y la forma en que se pueden explicar los constantes misterios del destino”.
Quizás el temperamento estable y la capacidad de mantener la objetividad emocional del líder estadounidense provienen de su padrastro. En una oportunidad, después de que Barry había sido intimidado por un niño de mayor edad, Lolo le enseñó a su hijo adoptivo cómo golpear, otra lección útil para su futura carrera política.
Conciencia social
El indonesio también le mostró a Obama el sufrimiento que se padece en los países del Tercer Mundo, lo cual pudo haber sido clave para despertar su conciencia social.
Además, y quizás más importante aún, Obama se volvió más consciente de su color de piel. En los programas de televisión, importados de Estados Unidos, se dio cuenta de que los personajes negros en las series de Mission Impossible (Misión Imposible) pasaban todo el tiempo escondidos y que “no había nadie como yo en el catálogo de Navidad de Roebuck (una tienda estadounidense)”.
El talento de Obama al pronunciar discursos se ha convertido en una “herramienta política vital”.
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A los 10 años, Obama regresó, sin su madre, a Hawai para completar su educación. En Indonesia, había estudiado por dos años en una escuela católica y por otros dos años más en un colegio musulmán.
Sus abuelos maternos, Stanley y Madelyn, se encargaron de su crianza en ese período de su vida.
No fue el mejor de los regresos. En su primer día de escuela, hubo risas cuando la maestra pronunció su exótico nombre y se congeló cuando vio a una niña llamada Coretta, la única pupila negra en su grado.
“Desde el primer día, evitamos vernos, pero nos observábamos a la distancia”, escribió el presidente electo de Estados Unidos. “Era como si el contacto directo no recordara nuestro aislamiento”.
Cuando su padre lo visitó en Hawai, sintió una extraña emoción y un orgullo familiar y racial.
“Tu papá es bien simpático”, le dijo uno de sus compañeros, después de que su padre había pronunciado un discurso en su clase.
Luego de ese emocionante día escolar, Barack Obama volvió a ser abandonado por su padre.
Los años en la preparatoria estarían arruinados por la confusión y la falta de confianza.
“Estaba tratando de desarrollarme como un negro en Estados Unidos”, escribió, “y más allá de mi propia experiencia, nadie a mi alrededor parecía saber lo que eso exactamente significaba”.
Este es el periodo de su vida en el que empezó a vivir como lo que él mismo denominaba: una caricatura de un adolescente negro. Amaba jugar baloncesto, bebió y experimentó con narcóticos (marihuana, cocaína -cuando podía pagarla-, pero no heroína).
Su esposa, Michelle, ha sido una pieza clave en su carrera política.
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Al mismo tiempo, le apenaba que al estar en Hawai estuviese apartado de la auténtica experiencia de ser negro: crecer en el sur -posterior a la segregación- o en los barrios de Harlem, Detroit o el sur de Chicago.
Búscando su identidad
Aunque su madre estaba interesada en el emergente movimiento de defensa de los derechos civiles, él no tenía una relación directa con la lucha por la igualdad racial.
Fue atraído por los escritos de Malcom X, que tenían especial énfasis en el nacionalismo negro, la autodisciplina y la confianza en uno mismo.
No tan contundente fue su atracción hacia los ensayos menos encendidos del reverendo Martin Luther King, enunciados con un tono más integracionista y de armonía racial.
Tras graduarse de la preparatoria, se inscribió en el Colegio Occidental de Los Ángeles, donde había suficientes estudiantes negros para fundar una “tribu”.
Dos años después, fue transferido a la Universidad de Columbia en Nueva York.
En los vecindarios de negros de Chicago fue donde Barack Obama encontró su misión política.
El estudiante universitario se dedicó a trabajar por su comunidad en proyectos de vivienda.
Chicago también fue el lugar donde Obama encontró a Jesús y a su esposa Michelle, a quien ha llamado “el amor de mi vida”.
Pronto entró en contacto con un exuberante predicador, el reverendo Jeremiah Wright.
Obama ha sido, sin lugar a dudas, un fenómeno mediático global.
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La primera vez que escuchó uno de sus sermones, el presidente electo de Estados Unidos tuvo una crisis y lloró.
Ese sermón estaba titulado The Audacity of Hope (La audacia de la esperanza), nombre que llevaría el discurso que pronunció Obama en la Convención Demócrata de 2004 y el libro que lanzó su candidatura presidencial.
Durante sus primeros tres años en Chicago, Obama solía reflexionar con sus amigos sobre si debería convertirse en un predicador, un periodista o un novelista. Sin embargo, la ley fue lo que lo atrajo y fue así como obtuvo un lugar en la prestigiosa Escuela de Leyes de Harvard.
Africano y estadounidense
Sus años en Harvard, especialmente cuando se convirtió en el primer presidente negro de la publicación Harvard Law Review, lo pusieron en el foco de los medios de comunicación de su país.
Su paso por la Escuela de Leyes de Harvard también atrajo la atención de su futura esposa, Michelle, una abogada de una compañía de Chicago, donde Obama trabajó como un abogado asociado.
La descendiente de esclavos, cuya tesis en la Universidad de Princeton se concentró en el progreso de los negros, estaba mucho más arraigada a la tradición negra.
Obama es algunas veces llamado un africano y un estadounidense, pero no un afroestadounidense. En contraste, no hay duda de que la sangre de su esposa la lleva a establecer un parentesco con generaciones que datan de la época previa a la guerra civil en el sur de Estados Unidos.
Michelle y Barack se casaron en 1992, año en el que Obama participó en la campaña electoral de la candidata Carol Moseley Braun, quien se convirtió en la primera mujer afroamericana en conquistar un puesto en el Senado.
La mejor amiga de Michelle es la hija del activista de los derechos civiles Jesse Jackson.
La esposa de Obama había trabajado con el alcalde de Chicago Richard M. Daley.
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No hay un Estados Unidos liberal o un Estados Unidos conservador. Existe un Estados Unidos de América. No hay un Estados Unidos negro o blanco o un Estados Unidos latino o asiático. Existe un Estados Unidos de América ![]() Barack Obama
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Esos contactos fueron fundamentales para que el hoy presidente de Estados Unidos conociera la élite demócrata de la ciudad.
En 1996, Obama lanzó su candidatura para conseguir un curul en el senado de Illinois.
Mostrando el lado implacable y duro de su personalidad política, derrotó a la titular de ese cargo y ex aliada, Alice Palmer.
Jeremiah Wright se convirtió en uno de sus aliados más cercanos, al igual que Tony Rezko, un político radicado en Chicago que fue condenado por fraude y soborno.
Pronto, Washington se convertiría en el blanco de las ambiciones de Obama. En 2000, después de cuatro años en el senado de Illinois, intentó ganar las primarias demócratas para obtener un puesto, por Chicago, en el Congreso. Pero fue derrotado por Bobby Rush, un ex Pantera Negra.
Cuatro años después, Obama consiguió la nominación de su partido para luchar por un lugar en el Senado de Estados Unidos, una campaña que lo haría entrar en contacto con el senador John Kerry.
El discurso
Tan impresionado quedó Kerry con Obama que lo invitó a dar un discurso clave en la Convención Demócrata.
Durante la hora de mayor audiencia, Obama desplegó su herramienta política más importante: el poder de su palabra. El principal tema de su discurso fue: la auto-búsqueda de Estados Unidos.
“No hay un Estados Unidos liberal o un Estados Unidos conservador”, dijo. “Existe un Estados Unidos de América. No hay un Estados Unidos negro o blanco o un Estados Unidos latino o asiático. Existe un Estados Unidos de América”.
Su quijotesca historia personal se convirtió en su mensaje: “Me paro aquí, hoy, agradecido por la diversidad de mi herencia”, señaló, “sabiendo que mi historia es parte de una historia más grande, la de Estados Unidos”. Podría decirse que ese discurso de 2004 fue el momento decisivo de la campaña de 2008.
Barack Obama ganó la presidencia tras convencer a más del 50% del electorado estadounidense de que su historia es un espejo de ellos mismos. Con poesía y porte, le dio una voz a su historia personal, que es tan desordenada, complicada, desconcertante e inspiradora como la del país que ahora dirige.
¿Quién es Barack Obama? Para sus miles de admiradores, es la auténtica muestra de lo que es el Estados Unidos moderno.
Obama, Chávez y América Latina…
Obama asumió el martes 20 de enero la presidencia de los EE.UU., y antes de hacerlo opina entre otros temas sobre Chávez y América Latina. En su entrevista a Univisión opinó en efecto sobre muchos tópicos, incluidos los ya mencionados, pero nuevamente no dijo nada significativo sobre la crisis en el medio oriente y el rol de Israel como país agresor. En ese rubro nada que pueda cuestionar al “presidente Bush”.
Pero sobre América Latina y Venezuela, tampoco dice nada que contradiga las conocidas posiciones de Bush, salvo quizás en el tono… Obama sostiene que “Chávez ha sido una fuerza que ha impedido el progreso de la región”. ¿En qué sentido? ¿Por su vínculo con las Farc? ¿O por su constante cuestionamiento de las políticas estadounidenses en América Latina y su apoyo a Cuba? Podría pensarse que más por esto último que por su relación con las Farc, relación que en muchos aspectos ha contado con el apoyo de la mayoría de los países latinoamericanos e incluso del gobierno colombiano, por su rol en la liberación de rehenes…
Más allá del estilo caudillesco o autoritario de Chávez, diríamos más bien que su rol en América Latina ha sido positivo, en el sentido de promover una corriente independientista o de autonomía nacional y continental, de centro-izquierda o de izquierda, de cuestionamiento de las políticas neoliberales y conservadoras que devastaron al continente durante más de tres décadas. Obviamente su rol ha sido negativo para esas políticas y para sus sostenedores, comenzando por el propio gobierno norteamericano.
La verdadera pregunta es más bien: ¿”EE.UU. es una fuerza que favorece el progreso de la región”? Para una gran mayoría de latinoamericanos, EE.UU. representa más bien un gigantesco obstáculo, una fuerza opresiva, un promotor del despojo de riquezas y excedentes generados en este continente, así como un factor de desestabilización de fuerzas políticas y gobiernos progresistas (mediante golpes de estado innumerables)… Obama por cierto conoce la historia, pero ¿está dispuesto y en condiciones de modificarla en alguna medida? Sabemos que no pocos depositan en él inmensas expectativas: ¿en que medida estará a la altura de ellas, o simplemente será una decepción más?
E. Aquevedo
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Primeras declaraciones desde que fue electo, donde critica un gobierno latinoamericano.
Barack Obama: “Chávez ha sido una fuerza que ha impedido el progreso de la región”
El Mandatario electo de Estados Unidos, que asume mañana, dijo que está dispuesto a mejorar las relaciones bilaterales.
Poco duraron las palabras de cortesía entre el Presidente Electo de EE.UU., Barack Obama, y el Mandatario venezolano, Hugo Chávez. Obama se refirió a su homólogo latinoamericano como un obstáculo que “ha impedido” el progreso de América Latina, en una entrevista que concedió la semana pasada a Univisión, y que fue segmentada y transmitida el martes y ayer domingo.
Es la primera vez que Obama aborda públicamente temas de interés para los hispanos en Estados Unidos y América Latina en general desde su elección, y el Mandatario electo fue claro: “Chávez ha sido una fuerza que ha impedido el progreso de la región”.
“Por otra parte, Venezuela es un país de importancia crítica en el comercio con toda la región, es un proveedor importante de petróleo”, declaró. “Es decir, nosotros estamos dispuestos a comenzar conversaciones diplomáticas de cómo mejorar las relaciones”.
Sin embargo, señaló que “hay que ser muy firmes cuando vemos estas noticias, que Venezuela está exportando actividades terroristas o respalda a entidades maliciosas como las FARC. Eso crea problemas que no se pueden aceptar. Ese no es un buen comportamiento internacional que debemos esperar de cualquiera en el hemisferio”.
Chávez, quien hace dos meses calificó la elección de Obama como un hecho histórico que permitiría reanudar un diálogo “constructivo”, retomó su tono crítico y severo contra EE.UU. y dijo que “no hay mucho que esperar” del nuevo Mandatario.
En un acto público, la noche del sábado, Chávez dijo que “si algún país ha sido una fuerza perversa, que ha interrumpido el progreso, la libertad, y la vida en este continente, ese país es el que tú vas a comenzar a gobernar. No es Chávez ni Venezuela ¿No te has dado cuenta todavía Obama?”.
También el jefe de Estado acusó a Obama de ponerse del lado de la oposición en su campaña contra la enmienda constitucional que permitirá la reelección indefinida de Chávez.
A pesar de sus palabras contra Chávez, el Mandatario que asumirá mañana, dijo que todavía está dispuesto a “hablar con quien sea cuando nos beneficie”, para darle un “cambio” a las relaciones con Latinoamérica.
Incluso, dentro de sus planes, expresó, está ablandar las restricciones de viajes a Cuba y remesas desde EE.UU. a las islas, pero aseguró que no levantaría el embargo y que dialogará.
En tanto, ayer Evo Morales, Presidente de Bolivia, señaló que Obama es bienvenido a entablar relaciones con los países de la región, pero aseguró que se encontrará con un “bloque fuerte”, que no aceptará una relación de “sometimiento”.
“Nuestra nación está en guerra. Nuestra economía está en crisis (…) No se olviden de que el verdadero carácter de nuestra nación se revela no en los tiempos de comodidad y calma, sino por lo que hacemos bien cuando los tiempos son difíciles”.
BARACK OBAMA
Entrevista a Insulza, Secretario Gral. de la OEA: “Es una pelea de un lado no más”
GONZALO VEGA SFRASANI
En conversación con “El Mercurio”, el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, se refirió a las declaraciones cruzadas entre Barack Obama y Hugo Chávez, afirmando que “es una pelea de un lado no más”.
“Trataré de ser lo más franco posible. Creo que el Presidente Obama ha dicho alguna cosa de carácter muy general de Venezuela, pero creo que no tiene ningún interés en buscar una pelea con el Presidente Chávez. El Presidente Chávez está en campaña para el referéndum, entonces naturalmente ha tomado este asunto”.
“No creo que haya habido de parte del Presidente electo ningún ataque ni mucho menos. Por lo tanto diría que es una pelea de un lado no más, desde el otro lado no creo que el Presidente Obama esté muy preocupado del tema Venezuela en estos días”.
-¿En las futuras relaciones entre Estados Unidos, Cuba y Venezuela, ¿quién tiene que tomar la iniciativa?
“Lo de Cuba me parece interesante. Por una parte hay tres medidas unilaterales: Guantánamo, liberalizar los viajes a la isla y permitir las remesas del dinero. Y al mismo tiempo Raúl Castro ha dicho que ellos van a responder gesto por gesto”.
“Vamos a ver qué va a hacer Cuba después de eso, si considera que hay que tomar otras medidas, y eso contribuye a relajar las tensiones. Creo que la situación es más bien promisoria. Ojalá hubiera disposición también a hacer gestos respecto a la presencia de Cuba en la OEA. Eso es lo que quiere la mayor parte de los latinoamericanos”.
-¿Cree que América Latina estará más presente en la agenda del nuevo gobierno, en relación a como fue durante la administración de George W. Bush?
“En un comienzo el Presidente Barack Obama va a estar muy atado a la crisis económica”, advierte Insulza.
Pero agrega que hay señales positivas: “Él ha dado señales de que tiene interés de dialogar con los presidentes de América Latina. Cuando hablé por teléfono con él, me dijo que iba a ir a la Cumbre de las Américas (en abril en Trinidad y Tobago). Se ha reunido ya con el Presidente de México. Creo que va a haber un interés mayor por América Latina. Creo que esa ha sido una cierta tradición de los demócratas en su política exterior”.
-¿Y él le habló de algún otro viaje a la región?
“Entiendo que se está conversando de un primer viaje a la región. Creo que naturalmente el Presidente debería visitar pronto México, y seguramente Brasil, y no descarto que vaya a otros países del sur. Ellos han tenido siempre frases muy favorables a Chile, y por qué no podría darse que en el primer viaje a la región estuviera Chile. Pero él no me habló de eso”.
Confianza en Obama para salir de la crisis
El 61% de los norteamericanos cree que dentro de cinco años la situación económica cambiará gracias a la gestión de Barack Obama.
En una encuesta divulgada ayer por el diario The New York Times, el 83% de los participantes considera que la situación actual es peor que la de hace cinco años, pero el 79% se declaró “optimista” acerca de las perspectivas para los próximos cuatro años debido a la presencia del demócrata en la Casa Blanca.
También el 60% de los encuestados señaló que tiene una opinión “favorable o muy favorable” de Obama, cifra superior al 22% que opina lo mismo de George W. Bush.
El Mercurio.cl
P. Krugman: Ideas para Obama…
PAUL KRUGMAN 18/01/2009
La semana pasada, al presidente electo Barack Obama le pidieron que respondiese a los escépticos que afirman que su plan de estímulo no bastará para ayudar a la economía. Obama respondió que quiere oír ideas sobre “cómo gastar dinero de manera eficiente y eficaz para hacer que arranque la economía”. Pues bien, entraré al trapo, aunque como explicaré en breve, la metáfora del “arranque” es parte del problema.
En primer lugar, Obama debería descartar su propuesta de dedicar 114.000 millones de euros a subvenciones fiscales a empresas, lo cual no ayudaría mucho a la economía. Lo ideal sería que desechase también el recorte propuesto de 114.000 millones de euros en impuestos sobre la renta, aunque soy consciente de que fue una promesa electoral.
El dinero no despilfarrado en recortes de impuestos inútiles podría usarse para proporcionar más ayuda a los estadounidenses con problemas: aumentar las prestaciones de desempleo, ampliar el Medicaid [asistencia médica a personas sin recursos] y más. ¿Y por qué no iniciar ya las subvenciones para seguros -probablemente a un ritmo de 75.000 millones de euros o más al año- que serán esenciales si queremos una atención sanitaria universal?
Pero lo principal es que Obama necesita ampliar su plan. Para entender por qué, echen un vistazo a un nuevo informe de su propio equipo económico.
El sábado 10 de enero, Christina Romer, futura directora del Consejo de Asesores Económicos, y Jared Bernstein, que será economista jefe del vicepresidente, publicaban cálculos sobre lo que se conseguirá con el plan económico de Obama. Su informe es razonable e intelectualmente honrado, un cambio que se agradece después de las farragosas matemáticas de los últimos ocho años. Pero también deja claro que el plan se queda muy escaso respecto a lo que la economía necesita.
De acuerdo con Romer y Bernstein, el plan de Obama alcanzará su máximo impacto en el cuarto trimestre de 2010. Proyectan que, sin el plan, la tasa de desempleo en ese trimestre sería de un desastroso 8,8%. Pero incluso con el plan, el desempleo sería del 7%, aproximadamente como en la actualidad.
En el informe se afirma que, después de 2010, los efectos del plan desaparecerán rápidamente. Sin embargo, la tarea de impulsar la plena recuperación no quedaría rematada: la tasa de desempleo se mantendría en un doloroso 6,3% en el último trimestre de 2011.
Es cierto que la previsión económica es una ciencia inexacta, en el mejor de los casos, y las cosas podrían ir mejor de lo que predice el informe. Pero también podrían ir peor. En el informe se reconoce que “algunos analistas particulares prevén que las tasas de desempleo llegarán al 11% si no se toma ninguna medida“. Y yo coincido con Lawrence Summers, otro miembro del equipo económico de Obama, que recientemente declaraba: “En esta crisis, hacer demasiado poco plantea una mayor amenaza que hacer demasiado”. Por desgracia, ese principio no se refleja en el plan actual.
¿Cómo puede entonces Obama hacer más? Incluyendo en su plan mucha más inversión pública, lo cual será posible si adopta un punto de vista más a largo plazo.
El informe de Romer y Bernstein reconoce que “un dólar de gasto en infraestructuras es más eficaz para crear puestos de trabajo que un dólar de rebajas fiscales”. Sin embargo, sostiene que “en un marco temporal corto, la inversión pública que puede efectuarse con eficacia tiene un límite”. ¿Pero por qué tiene que ser corto el marco temporal?
Por lo que yo sé, los planificadores de Obama se han centrado en proyectos de inversión que impulsarán el empleo sobre todo a lo largo de los próximos dos años. Pero dado que es probable que el desempleo siga siendo elevado mucho más allá de esa ventana de dos años, el plan debería incluir también proyectos de inversión a más largo plazo.
Y hay que tener en cuenta que incluso un proyecto que surta su mayor efecto en, pongamos, 2011, puede proporcionar un significativo respaldo económico en años anteriores. Si Obama abandona la metáfora del “arranque”, si acepta el hecho de que necesitamos un programa plurianual más que un efímero brote de actividad, puede crear muchos más puestos de trabajo mediante la inversión pública, incluso a corto plazo.
Aun así, ¿no debería Obama esperar una prueba de que hace falta un plan de miras más anchas y a más largo plazo? No. Ahora mismo la parte del plan de Obama relativa a la inversión está limitada por una escasez de proyectos listos para empezar de inmediato. Si Obama da su visto bueno ahora, podría haber en marcha mucha más inversión para finales de 2010 o 2011; pero si tarda mucho en decidirse, esa oportunidad habrá desaparecido.
Una cosa más: incluso con el plan de Obama, el informe de Romer y Bernstein predice una tasa de desempleo media del 7,3% en los próximos tres años. Es un porcentaje que da miedo, suficientemente elevado como plantear un verdadero riesgo de que la economía estadounidense quede atrapada en una trampa deflacionaria como la de Japón.
Por lo tanto, mi consejo al equipo de Obama es que se olviden de rebajar los impuestos a las empresas y, lo más importante, que afronten la amenaza de hacer demasiado poco haciendo más. Y la forma de hacer más es dejar de hablar de arranques y contemplar con más amplitud de miras las posibilidades para la inversión pública.
Paul Krugman es columnista del diario ‘The New York Times’. Traducción de News Clips. © New York Times News Service, 2009
El País.com
La izquierda (FLNFM) gana elecciones generales en El Salvador…
El Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional lleva la delantera en el recuento de votos en el Congreso unicameral
La ex guerrilla izquierdista de El Salvador habría obtenido una mayoría de los escaños en el Congreso unicameral del país centroamericano en los comicios legislativos del domingo, mostraron el lunes los datos del Tribunal Supremo Electoral.
Estos comicios, en los que los salvadoreños también votaron para renovar las autoridades municipales, estaban considerados como un termómetro para medir las posibilidades del candidato del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), Mauricio Funes, de ganar las presidenciales del 15 de marzo.
Con el recuento de casi el 70 por ciento de los votos emitidos para renovar el Congreso, el FMLN obtenía un 49,5 por ciento, frente a un 40 por ciento de la gobernante Alianza Republicana Nacionalista (Arena), que presenta a la presidencia al ex jefe de policía Rodrigo Ávila.
Arena, que gobierna desde 1989, actualmente ocupa 34 de los 84 escaños que tiene el Congreso, y el FMLN tiene 32.
Funes, un ex presentador de la cadena de noticias CNN que a diferencia de anteriores candidatos presidenciales del FMLN no tiene pasado guerrillero, es favorito para ganar las elecciones de marzo, según la mayoría de las encuestas.
El FMLN, que en pleno apogeo de la Guerra Fría se enfrentó a las fuerzas de seguridad nacionales en una guerra civil entre 1980 y 1992 que dejó alrededor de 75.000 muertos, se convirtió en partido político en 1992 y es hoy la principal fuerza opositora.
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El Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN, izquierda) lideraba el recuento de votos en el Congreso unicameral de El Salvador, cuando se habían escrutado el 60,25% de las actas de votación, informó este lunes el Tribunal Supremo Electoral (TSE), que suspendió el recuento hasta este lunes.El FMLN obtenía 574.992 votos frente a los 513.180 votos de la gobernante Alianza Republicana Nacionalista (ARENA, derecha), según los datos del TSE.
Muy distanciados de los dos primeros aparecían el Partido de Conciliación Nacional (PCN) con 114.140; el Partido Demócrata Cristiano (PDC) con 91.886, el Partido Centro Democrático (CD) 28.966, el Frente Democrático Revolucionario (FDR) 15.646.
El Tribunal llevaba escrutadas 5.744 actas de votación procesadas, el 60,25% de un total de 9.533, antes de suspender el recuento por esta noche hacia las 01H34 locales (07H34 GMT).
Según las proyecciones, el FMLN obtendría en el nuevo Congreso 37 diputados, cinco más que ahora, mientras que la gobernante ARENA perdería un diputado, a 33.
El resto de partidos minoritarios conseguirían alrededor de 14 escaños, cuatro menos que en la legislatura anterior, según los cálculos preliminares.
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La ex guerrilla salvadoreña se encaminaba a convertirse en la primera fuerza del Congreso, mientras la derecha, que en las elecciones del domingo le arrebató la alcaldía de San Salvador, lideraba en las municipales, según datos oficiales preliminares.
Cuando iban escrutadas el 60,25% de las actas de votación, el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN, izquierda) obtenía 574.992 votos en el Congreso frente a los 513.180 de la gobernante Alianza Republicana Nacionalista (ARENA, derecha), indicó el Tribunal Supremo Electoral (TSE).
Según algunas proyecciones, el FMLN obtendría en el nuevo Congreso unicameral 37 diputados de los 84 escaños en juego, cinco más que ahora, mientras que ARENA perdería un diputado, para situarse en 33.
El conjunto de los partidos minoritarios conseguirían alrededor de 14 escaños, cuatro menos que en la legislatura anterior, según cálculos preliminares.
En el terreno municipal, pese a haber conquistado una treintena más de alcaldías, el FMLN sufrió un fuerte revés en la capital, donde se proclamó vencedor el candidato de la derecha, Norman Quijano, poniendo fin a doce años de gestión de la ex guerrilla.
“Quiero agradecer infinitamente a Dios por este triunfo. Agradezco a los capitalinos su confianza”, fueron las primeras palabras pronunciadas por Quijano durante un acto frente a la sede de ARENA, que gobierna El Salvador desde 1989.
Una victoria que el FMLN no ha reconocido oficialmente, aunque implícitamente lo ha hecho el candidato presidencial, Mauricio Funes, al asegurar que “no nos dejemos impresionar por los resultados aquí en San Salvador”.
“Vamos a esperar y a respetar esos resultados, pero eso no significa que ellos han ganado la elección presidencial. La elección presidencial la vamos a ganar nosotros”, aseguró Funes, tras “felicitar” al pueblo salvadoreño “porque ha abierto camino que nos llevará a la victoria definitiva este 15 de marzo”, fecha de la elección presidencial, en la que él aparece como favorito en los sondeos frente al candidato de la derecha Rodrigo Ávila.
La izquierda considera que ha ganado “el primer tiempo del partido”, según Medardo González, coordinador del FMLN. La segunda parte la disputarán en marzo. Una victoria de la ex guerrilla pondría fin a veinte años de gobiernos de derecha en este país donde la guerra civil de 17 años concluyó en 1992.
Según el portavoz del FMLN, Sigfrido Reyes, “logramos una votación histórica para el FMLN que le dan más diputados y más alcaldías”, declaró Reyes a AFP.
Entre las más de 85 de las 262 alcaldías del país conquistadas por la izquierda figuran cinco de las 14 cabeceras departamentales.
El FMLN le ha arrebatado a ARENA Usulután, La Unión y Zacatecoluca, y a la coalición formada por el Frente Democrático Revolucionario (FDR) y el Partido Demócrata Cristiano (PDC), Santa Ana, según el escrutinio preliminar.
La ex guerrilla también mantiene la alcaldía de Santa Tecla, y pugna con ARENA por hacerse con las de Sonsonate y Chaltenango, entre las más importantes del país.
Por su parte, ARENA ganaría, además de en la capital, en Ahuachapán, San Vicente, Sensuntepeque y ha perdido Izalco, una emblemática alcaldía donde siempre ha inaugurado sus campañas electorales desde 1982.
De estos resultados preliminares se desprende que la derecha gobernante, que antes de estos comicios mandaba en 147 municipios, mantendrá la hegemonía.
Aproximadamente la mitad de los 4,2 millones de salvadoreños convocados el domingo a las urnas para renovar el Parlamento y las alcaldías acudieron a votar en una jornada electoral marcada por la normalidad pese a los retrasos en la apertura de los colegios electorales y otras irregularidades, según las diferentes misiones extranjeras de observación.
(AFP)
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El partido de izquierdas de El Salvador parece estar encaminado a conseguir una victoria electoral en la votación para el congreso celebrada ayer, lo que daría al partido de las guerrillas de la Guerra Fría una oportunidad histórica para alcanzar la presidencia.
Con el 32% de los votos escrutados, el Frente de Liberación Nacional Farabundo Martí (FLNFM) se situaba con un 38,9% del apoyo popular en la Asamblea Nacional, frente al 31,2% que alcanzaría el partido gobernante, el derechista Alianza Republicana Nacionalista (ARENA).
Un buen resultado en las elecciones al Congreso podría dar al candidato presidencial del FLNFM, Mauricio Funes, una mayor posibilidad de alcanzar la presidencia del país en las elecciones del próximo marzo. La última encuesta realizada en diciembre daba al candidato una ventaja de 16 puntos porcentuales sobre el candidato de ARENA, Rodrigo Ávila, ex jefe de Policía de El Salvador. Funes, que fue periodista, trabajó en la guerra civil del país, que duró 12 años, aunque nunca luchó en ella y no perteneció a la guerrilla.
Los errores de la derecha
Desde que la guerra acabó, con los acuerdos de paz de 1992, el FLNFM ha perdido tres elecciones presidenciales en beneficio de ARENA. Según los analista, el motivo que le ha alejado de la presidencia podría ser el pasado violento del grupo.
Sin embargo, ARENA no ha logrado acabar con la violencia de las bandas ni convertir el crecimiento económico en ganancias para los pobres. Además, ha perdido popularidad por apoyar la guerra de Irak, liderada por Estados Unidos, enviando soldados al país.
Funes promete buscar políticas amigables de mercado y llevarse bien con Washington si se impone y apela a que los votantes favorables a Estados Unidos voten al FLNFM, aunque mucho nunca lo hayan hecho.
Los detractores de Funes temen que El Salvador se una al bloque latinoamericano izquierdista que encabeza Venezuela si gana el candidato del FLNFM, aunque él insiste en que no lo hará.
J. Stiglitz: el camino escabroso hacia la recuperación…
JOSEPH E. STIGLITZ 18/01/2009
Hoy existe un consenso de que la recesión de Estados Unidos -que ya lleva un año- probablemente sea extensa y profunda, y que casi todos los países se verán afectados. Siempre pensé que la noción de que lo que sucediera en Estados Unidos estaría desacoplado del resto del mundo era un mito. Los acontecimientos lo están confirmando.
Afortunadamente, Estados Unidos por fin tiene un presidente que de alguna manera entiende la naturaleza y la gravedad del problema y que se comprometió a implementar un fuerte programa de estímulo. Esto, junto con la acción concertada de los Gobiernos en otras partes, hará que la depresión sea menos severa de lo que sería si no fuera así.
La Reserva Federal de Estados Unidos (Fed), que ayudó a crear los problemas mediante una combinación de liquidez excesiva y regulación laxa, intenta enmendar las cosas inundando la economía de liquidez -una medida que, en el mejor de los casos, simplemente impidió que las cosas fueran peor de lo que son-. No sorprende que quienes ayudaron a crear los problemas y no vieron venir el desastre no hicieran un buen trabajo a la hora de resolverlo. Por ahora, ya está establecida la dinámica de la caída y las cosas se pondrán peor, no mejor.
De alguna manera, la Fed se parece a un conductor ebrio que, al darse cuenta de repente de que se está saliendo del camino, empieza a conducir alocadamente de un lado a otro de la ruta. La respuesta a la falta de liquidez es cada vez más liquidez. Cuando la economía empiece a recuperarse y los bancos comiencen a prestar, ¿podrán drenar suavemente la liquidez del sistema? ¿Estados Unidos se enfrentará a un brote de inflación? ¿O, más probablemente, en otro momento de exceso, la Reserva Federal reaccionará exageradamente, cortando la recuperación de raíz? En vistas del trazo confuso exhibido hasta ahora, no podemos tener mucha confianza en lo que nos aguarda.
Aún así, no estoy seguro de que haya un reconocimiento suficiente de algunos de los problemas subyacentes que enfrenta la economía global, sin el cual la recesión global actual quizá no dé lugar a un crecimiento robusto -no importa el buen trabajo que realice la Fed.
Durante mucho tiempo, Estados Unidos desempeñó un papel importante a la hora de mantener en funcionamiento la economía global. El libertinaje de Estados Unidos -el hecho de que el país más rico del mundo no pudiera vivir con sus propios medios- fue muchas veces criticado. Pero tal vez el mundo debería estar agradecido, porque sin el libertinaje norteamericano, la demanda agregada global habría sido insuficiente. En el pasado, los países en desarrollo cumplían este papel a través de un déficit comercial y fiscal. Pero pagaron un precio alto, y ahora están de moda la responsabilidad fiscal y las políticas monetarias conservadoras.
De hecho, muchos países en desarrollo, temerosos de perder su soberanía económica en manos del FMI -como ocurrió durante la crisis financiera asiática de 1997-, acumularon cientos de miles de millones de dólares en reservas. El dinero que se dedica a reservas es ingreso que no se gasta.
Es más, la creciente desigualdad en la mayoría de los países del mundo implicó que el dinero pasó de quienes estaban dispuestos a gastarlo a quienes están tan bien que, por más que lo intenten, no pueden gastarlo todo.
El apetito interminable de petróleo del mundo, más allá de su capacidad o voluntad para producirlo, aportó un tercer factor. Los crecientes precios del petróleo transfirieron dinero a los países ricos en petróleo, contribuyendo nuevamente a la inundación de liquidez. Si bien por ahora se desinflaron los precios del petróleo, una recuperación robusta haría que se dispararan otra vez.
Durante un tiempo, la gente hablaba casi favorablemente de la inundación de liquidez. Pero esto sólo fue la otra cara de lo que había preocupado a Keynes -una insuficiente demanda agregada global-. La búsqueda de retornos contribuyó al apalancamiento y a la aceptación imprudente de riesgos subyacentes a esta crisis.
El Gobierno de Estados Unidos, durante un tiempo, compensará el ahorro creciente de los consumidores norteamericanos. Pero si los consumidores de Estados Unidos pasan de un nivel prácticamente cero de ahorro como tenían a un modesto 4% o 5% del PBI, entonces el efecto desalentador sobre la demanda (además del que resulte de las caídas en la inversión, las exportaciones y los gastos de los Gobiernos estatales y locales) no se verá plenamente compensado ni siquiera por los programas más grandes de gasto del Gobierno. En dos años, los Gobiernos, conscientes de los gigantescos aumentos de la carga de la deuda como resultado de los megarrescates y los asombrosos déficits, se verán presionados a arrojar excedentes primarios (donde el gasto del Gobierno neto de pagos de intereses es menor que los ingresos).
Hace pocos años se le tenía miedo al riesgo de un desdoblamiento desordenado de los “desequilibrios globales”. La crisis actual puede ser vista como parte de eso, pero es poco lo que se está haciendo respecto de los problemas subyacentes que dieron origen a esos desequilibrios. No sólo necesitamos estímulos temporales, sino soluciones a más largo plazo. No es que exista una escasez de necesidades; es sólo que quienes podrían satisfacer esas necesidades tienen una escasez de fondos.
Primero: necesitamos revertir las tendencias preocupantes de una creciente desigualdad. Una carga tributaria más progresiva sobre los ingresos también ayudará a estabilizar la economía a través de lo que los economistas llaman “estabilizadores automáticos”. También ayudaría si los países desarrollados avanzados cumplieran con sus compromisos de ayudar a los más pobres del mundo aumentando sus presupuestos de ayuda exterior al 0,7% del PBI.
Segundo: el mundo necesita enormes inversiones si ha de responder a los desafíos del calentamiento global. Los sistemas de transporte y los patrones de vida deben cambiarse drásticamente.
Tercero: se necesita un sistema de reservas global. Tiene poco sentido que los países más pobres del mundo les presten dinero a los más ricos a tasas de interés bajas. El sistema es inestable. El sistema de reservas en dólares está deshilachándose, pero probablemente sea reemplazado por un sistema dólar/euro o dólar/euro/yen que es incluso más inestable. Las emisiones anuales de una moneda de reserva global (lo que Keynes llamaba Bancor o el Fondo Monetario Internacional llama DEG) podrían ayudar a estimular la demanda agregada global, y utilizarse para promover el desarrollo y encarar los problemas del calentamiento global.
Este ejercicio será lúgubre. El interrogante que necesitamos formularnos ahora es: ¿cómo podemos mejorar las posibilidades de que finalmente logremos una recuperación robusta?
Joseph E. Stiglitz es profesor de Economía en la Universidad de Columbia y Premio Nobel de Economía en 2001. Copyright: Project Syndicate, 2009. www.project-syndicate.org Traducción de Claudia MartínezJoseph
El País.com
La Economía Cubana: problemas y transformaciones en curso…
Un panorama actual de la Economía Cubana, las transformaciones en curso y sus retos perspectivosJorge Mario Sánchez Egozcue y Juan Triana Cordoví Ver más abajo, ¿Cuba: un nuevo modelo económico? |
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Contenido1. Resultados de los años 90: soluciones y retos perspectivos
2. ¿Qué tipo de reformas se esperan en la economía, y en qué áreas?
3. Interacciones asociadas a las transformaciones
4. La relación económica con la UE 5. La variable EEUU en los resultados de los años 90 y perspectivas
1. Resultados de los años 90: soluciones y retos perspectivos 1.1. Lo singular de la transformación de los noventa Cuba arriba a la década de los años 90 tras 30 años de esfuerzos en pos del desarrollo bajo una concepción socialista que puso en práctica un modelo de economía altamente centralizado, sustentado en un patrón de inserción internacional totalmente dependiente de la producción azucarera y altamente concentrado en un solo país –la Unión Soviética–, quien proveía las fuentes fundamentales de energía, recursos financieros, alrededor del 85% de la demanda externa de azúcar y más del 70% de las importaciones. El desplome del campo socialista puso al país frente a una situación de emergencia no anticipada, al borde del colapso económico. Hubo que recomponer todo el sistema de relaciones económicas, comenzando desde abajo en un contexto que se agravó por el reforzamiento del bloqueo norteamericano estimulado ante la expectativa de que se produjera un efecto dominó político que arrastrase consigo a la isla. La discusión sobre las causas de la crisis que afrontó la economía cubana ha sido extraordinariamente amplia y aun no está del todo concluida. Dentro de Cuba existen dos posiciones extremas, una que atribuye la crisis al impacto de la caída del bloque socialista y la desaparición de la URSS, y por lo tanto ubica los orígenes fuera del propio funcionamiento del sistema, y otra que la atribuye casi exclusivamente a factores internos, asociados en lo fundamental al mal funcionamiento del sistema en su conjunto. El tiempo ha permitido que se abran paso interpretaciones más equilibradas (y también mejor fundamentadas) que han podido arrojar luz sobre el carácter multifacético de ese proceso. En síntesis, es lugar común hoy admitir entre las causantes:
Sin embargo, la diferencia de interpretaciones en cuanto a las causas de la crisis se convierte en unanimidad con respecto las consecuencias que esta acarreó. Tanto por la magnitud de la caída del producto (un 34% acumulado en tres años, de 1990 a 1993, comparable al crack de los años 30 en la economía norteamericana) como por los desequilibrios que se generaron: la reducción drástica del aprovechamiento de la capacidad industrial (según estimaciones en 1993 solo se aprovechó entre el 12% y el 15% de la capacidad industrial instalada), la contracción del comercio exterior (en más del 70%), la expansión del déficit fiscal (sobre 150%) y el aumento de la inflación a niveles récord, con una tasa de cambio informal que pasó de 7 a 150 pesos por dólar en unos pocos meses, (en un momento en el que el salario promedio nominal estaba en torno a los 200 pesos) por citar los mas relevantes. No es de extrañar, entonces, que se produjera en respuesta un proceso de transformaciones sin precedentes, orientado en primera instancia hacia el rescate del sistema sociopolítico en las nuevas condiciones y, a mas largo plazo, hacia una profunda y cautelosa reconfiguración de todas las relaciones económicas, estructuras institucionales y métodos de formulación de políticas, que ya transita por su segunda o tercera etapa tras mas de 15 años de cambios progresivos con dinámicas mixtas, en unos casos de reforzamiento o expansión de las transformaciones introducidas, y en otros de contracción o congelamiento dependiendo de los resultados y las percepciones asociadas. Con frecuencia se suele reducir esta dinámica de adaptación y reforma a una trayectoria lineal de apertura –más o menos gradual- que más tarde o más temprano lleve hacia una economía de mercado. Este error con frecuencia es causa de expectativas no satisfechas, y se debe en lo fundamental a dos causas: primero, desconocer el hecho de que en la práctica hay en marcha un proceso dual de aprendizaje y de corrimiento de los límites de lo admisible y lo conveniente; y, segundo, equiparar de manera mecánica reforma económica con cambio político aún cuando no hay en el caso cubano un proceso político de ruptura o desarticulación de las estructuras de gobierno. Vistas en el tiempo, a diferencia de las otras transformaciones estructurales precedentes (la primera fue la que tuvo lugar luego de la independencia de España al transferirse todo el eje del sistema de relaciones económicas hacia EEUU, y la segunda con la revolución, al desplazarse hacia la URSS y el campo socialista) en la que comienza con la crisis de los años 90 se pueden identificar algunas diferencias medulares:
De esta suerte, las condiciones inéditas en el orden externo e interno han hecho del proceso iniciado en la década de los 90 una de las etapas más ricas en matices y situaciones de toda la historia económica de Cuba. 1.2. Ajuste al crecimiento y cambio estructural derivados de la crisis Una mirada a estos últimos 18 años de evolución en la economía cubana permite identificar al menos tres grandes momentos. De 1990 a 1993: crisis y ajuste Este fue un período de plena crisis económica, expresada en el deterioro de todos los indicadores macroeconómicos, aunque con diferencias entre ellos en cuanto a velocidad y magnitud. Es también el período en que se generan (o incrementan de forma inusitada) los grandes desequilibrios del sistema, como resultado de la crisis y de retardos en la respuesta desde el diseño de política económica, que privilegió el ajuste material (recortes reiterados en insumos y abastecimientos debido a la disminución de la oferta) por encima del ajuste funcional (vía instrumentos monetarios, fiscales y de comercio exterior) y de los cambios estructurales necesarios apara expandir la oferta. Pero no debe interpretarse de forma mecánica este período, pues ya desde finales de los años 80 el gobierno comienza “experimentos” importantes en el sector turístico y con el capital extranjero (en el turismo)[1] y también un par de años antes se inicia la transformación del sistema empresarial de la Fuerzas Armadas que promovía la introducción de métodos “modernos” de dirección y le conferían a la empresa estatal un grado de autonomía y flexibilidad inéditos hasta ese momento en la economía cubana.[2] A principios de los años 90 el gobierno decide descentralizar el comercio exterior cubano, hasta ese momento concentrado un unas decenas de empresas todas, o la mayoría de ellas, pertenecientes al Ministerio de Comercio Exterior. En junio de 1993 Cuba despenaliza el dólar y crea una economía dual y parcialmente dolarizada. Esta medida tiene, junto al impacto político e ideológico (no solo significó la legalización de la posesión de dólares sino la despolitización de la tenencia de dinero norteamericano) un efecto trascendente en la economía al mover el patrón de acumulación hacia la moneda norteamericana y beneficiar a los sectores con mayores niveles de actividades[3] en este segmento dolarizado. Para el verano de 1993 se aprueba la primera de las medidas estructurales: la creación de las Unidades Básicas de Producción Cooperativas, mediante la cual se entrega una parte significativa de la tierra en manos de empresas estatales a los colectivos de trabajadores en usufructo gratuito e indeterminado. En términos sectoriales, la producción y exportación de azúcar constituye el motor principal de la economía y una de las fuentes de financiamiento de la naciente expansión turística. De 1994 a 1999: crecimiento y cambio estructural A partir de 1994 la economía comienza un proceso de crecimiento que dura hasta hoy. Es a la vez un período donde se consolidan las tendencias a la descentralización de la economía, la expansión del espacio de las relaciones de mercado y de la inversión extranjera directa. Este es también el período en que Cuba transita de una economía basada en un producto de industrialización primaria (el azúcar de caña) hacia los servicios (el turismo) basados en ventajas naturales (ubicación geográfica, clima, sol y playas). Se producen hechos trascendentes, de una parte ocurre un proceso de redimensionamiento industrial provocado por las restricciones financieras que afronta el país y por el reacomodo del sector industrial hacia el mercado de divisas (turismo y tiendas en dólares) de otra, se consolida un proceso de reestratificación social (también con base en el acceso a dólares) que abre espacios a desigualdades “no funcionales” a los valores sociales de la Revolución Cubana. Ello está asociado también al deterioro que sufren los grandes programas en los que se sustentó la equidad social desde 1959: sistemas de educación y salud con cobertura universal gratuita y subvención generalizada a la canasta de alimentos. Estos programas aunque no fueron abandonados no pudieron ser atendidos en la magnitud de recursos requerida. De hecho, su deterioro fue parte del coste de la recuperación asumido con anticipación por el gobierno.[4] Para finales de la década de los años 90 Cuba había estabilizado el crecimiento de la economía (3,4% promedio anual para el período 1994-1999) con equilibrios macroeconómicos consolidados, si bien altamente sensibles, en especial por la existencia de tres monedas circulando en el país (el dólar norteamericano, el peso cubano y el peso cubano convertible[5]) y la existencia de dos tipos de cambio.[6] Se había producido además otro hecho relevante, junto a la producción azucarera (que inicia su decadencia hacia 1996) y el turismo (en franco dinamismo) aparecen dos nuevos “motores de crecimiento”: las remesas (en lo fundamental provenientes de EEUU) y la Inversión Extranjera Directa, cuyo manejo discrecional le permitió al gobierno concentrarla en sectores que resultaron clave para los esfuerzos de reconstrucción de la economía. De esta suerte, tras 30 años de esfuerzos de desarrollo sin conseguir romper la dependencia de la producción y exportación de azúcar de caña, la crisis iniciada en los años 90 es la que, paradójicamente, conduce al país hacia la “diversificación” de las fuentes del crecimiento económico. Tabla 1. Medidas introducidas (entre 1988 y 1997)
De 1999 al 2007: reajuste funcional y crecimiento A partir de 1999 aparecen señales que indican el comienzo del reajuste funcional, nuevamente hacia formas más centralizadas de dirección de la economía. El punto culminante de ese proceso es la creación de la “Cuenta Única del Estado” y la creación de la Comisión de Asignación de Divisas. Pero también el Proceso de Perfeccionamiento Empresarial (cuyo propósito fue crear el marco regulatorio adecuado para que la empresa estatal alcanzara niveles de productividad y eficiencia más elevados) entra en un prolongado letargo, se produce además el reordenamiento de la Inversión Extranjera Directa (que implicó el congelamiento primero de las inversiones en el sector inmobiliario y posteriormente la recompra de estos negocios por parte de dos empresas estatales CUBALSE y CIMEX), la reducción paulatina de la cantidad de asociaciones existentes y su concentración en actividades y sectores de importancia capital para el país) y se eleva el nivel de decisión sobre las propuestas en este sector y las exigencias sobre las sucursales de empresas extranjeras. Se produce, además, una reducción sustancial de las empresas cubanas con derecho a realizar actividades de comercio exterior y se centraliza una parte importante de las importaciones en un grupo reducido de empresas con el propósito de abaratar el coste de un parte importante de las compras en el extranjero. Entre 2004 y 2005 se produce la supresión de los cobros y pagos en dólares entre las empresas nacionales y la sustitución del mismo por el CUC en estas operaciones, y unos meses más tarde se elimina el cobro en CUC de los servicios de consultoría y otros servicios entre empresas cubanas. Otro sector sobre el cual se incrementan los niveles de exigencia es el del trabajo por cuenta propia, donde además se reducen la variedad de “oficios” y se restringe (o suprime) la concesión de licencias para un grupo de actividades, lo que en el medio plazo ha generado una mayor concentración de la riqueza en este sector. De 1999 a 2007 se pueden distinguir claramente dos períodos: (1) el correspondiente a inicios de la primera década del siglo (de 2001 a 2003), con un magro crecimiento económico que no rebasó el 3% promedio de crecimiento anual; y (2) el correspondiente a al período 2004-2007, con una tasa de crecimiento del 6,1% promedio anual y donde es inobjetable el efecto positivo de la apertura del mercado venezolano a los servicios médicos cubanos, así como la reorientación de las importaciones de combustible desde ese país bajo condiciones mas favorables y la consolidación de proyectos de cooperación y negocios con Venezuela, bajo la propuesta del ALBA. Coincide también en estos años la reanimación del comercio con China y el acceso de Cuba a líneas de crédito a medio plazo que impactan positivamente en el crecimiento económico y la renovación de servicios e infraestructura (transportes –público y de carga–, autobuses, ferrocarriles y camiones) e inversiones en minería y otros sectores. La presencia China ha generado un efecto desplazamiento considerable, probablemente menos apreciado debido a que, en comparación con el impacto que tiene la relación con Venezuela, aparece en menor proporción relativa. Sin embargo, China se ha constituido en poco tiempo en uno de los socios internacionales estratégicos.[7] En 2003 ya era el tercer socio comercial, sólo aventajado por Venezuela y España, con 300 millones de dólares en exportaciones hacia Cuba (manufacturas electrónicas, maquinaria y telefonía) e importaciones levemente superiores a los 121 millones de dólares (tabaco, productos químicos, equipos médicos de alta tecnología, vacunas y pesca). No menos importante son los proyectos de inversión en minería (níquel, del que Cuba tiene las segundas reservas mundiales) que permitirán duplicar en poco tiempo la capacidad cubana de exportación, así como proyectos conjuntos con Venezuela en áreas como infraestructura para transporte de combustibles (conductoras en el país y la base de banqueros de Cienfuegos –ésta última permitirá un posicionamiento estratégico en la región del Caribe–) y generación de electricidad.[8] 1.3. El comportamiento macroeconómico El debate sobre el desempeño económico en estos años es abundante y rico en posiciones, lo cual hace muy difícil reflejarlo en unas pocas líneas. Lo cierto es que el mismo abarca desde el tema de las estadísticas en sí mismas y su disponibilidad, la metodología para calcular algunos de los indicadores principales, la capacidad de esos indicadores para reflejar la riqueza de lo que esta ocurriendo en la economía real y la compatibilidad con otros países, hasta aquellos otros mas ligados al desempeño de la economía vista a través del comportamiento de esos indicadores. No es el propósito de este epígrafe entrar en ese debate y menos aun el de querer establecer donde están los límites de la verdad y la razón. Solo constatar que:
La etapa de 1990 al año 2000 ha sido ampliamente estudiada y documentada en trabajos dentro y fuera de Cuba, por lo que solo reseñaremos algunos temas de relevancia. Caída y recuperación del PIB La caída continuada del PIB desde el año 1990 hasta 1993 es, a todas luces, el efecto combinado de dos fenómenos, el primero de carácter estructural (deformaciones estructurales no resueltas por las estrategias de desarrollo asumidas hasta 1989 o creadas al calor de esas estrategias) y, el segundo, ligado al anterior pero de corte más coyuntural (la caída del sector externo). En cuanto al primero, resulta evidente hoy que pese a los esfuerzos de desarrollo realizados del 1959 a 1989 Cuba no pudo desprenderse de un grupo de características propias de cualquier país subdesarrollado: “La combinación de aquellos obstáculos estructurales que las diferentes estrategias de desarrollo no pudieron eliminar, los mismos que consolidaron un patrón de crecimiento extensivo, y de las insuficiencias funcionales, que provocaron rigideces y lentitud en la corrección del mecanismo de funcionamiento, tanto a nivel macro como microeconómico, es la base sobre la cual se profundiza la crisis a partir de los años 90 provocado por el choque externo que significó la desaparición del campo socialista y la URSS, lo cual le dio nuevas características cualitativas. Todas en conjunto, constituyen las verdaderas causas de dicha crisis, de la misma manera que su profundidad está asociada específicamente con la desaparición del campo socialista”.[10] Gráfico 1. Impacto macroeconómico del shock externo en los 90
Fuente: Anicia García, CEEC Universidad de La Habana, 2007. En síntesis, algunas de las principales características de la economía nacional que condicionan el estancamiento primero y la caída posterior del PIB fueron:
Más allá de cualquier discusión acerca de las estadísticas (fiabilidad, comparabilidad, etc.), lo que resulta incuestionable es la magnitud de la crisis y la profundidad del impacto del sector externo sobre la economía cubana en el período 1989-1993. El período 1994-1999 se corresponde con el inicio de un proceso de recuperación relativamente modesto en términos cuantitativos (la tasa de crecimiento promedio anual es del 3,4%) para esos años, pero significativo en el orden cualitativo pues se produce sobre bases sustancialmente distintas. A diferencia de los años anteriores a 1990, en que la oferta tenía un papel significativo en el crecimiento vía importaciones (principalmente de la URSS), esta vez la demanda agregada jugará un papel determinante (vía turismo, remesas e inversiones extranjera directa). Ello conforma un patrón de crecimiento diferente, ligado decisivamente a la disponibilidad de divisas y al acceso al mercado en divisas, lo que en términos reales obligo al “redimensionamiento del sistema productivo cubano” generando sectores “ganadores y perdedores” dentro del propio sector estatal y abriendo espacios de inserción inéditos para el sistema empresarial. Así, en el caso del período comprendido entre 1994-2001, la productividad total de los factores PTF es el factor más importante en la explicación del crecimiento económico del período. No todo este crecimiento puede ser atribuido al “conocimiento”, pero resulta importante notar como el aporte de los otros factores resulta el más bajo de todos los períodos. Sin duda, la reanimación de la demanda externa vía expansión del turismo y algunas exportaciones, como níquel y tabaco en la segunda parte de la década del noventa jugaron un papel relevante, pero ese crecimiento se alcanza con niveles de inversión muy bajos y también con escasos niveles de crecimiento del empleo. Tabla 2. Crecimiento del PIB desde la perspectiva de los Factores de Producción
(1) Tasa de crecimiento sobre PIB calculado según la PPP (Paridad del Poder Adquisitivo). Fuente: Oscar U-Echevarría, Ponencia Presentada en el Seminario “25 Años del INIE”, 2003. Otro elemento a tener en cuenta está asociado a la “volatilidad del crecimiento”. Durante esos seis años el comportamiento de la tasa de crecimiento del PIB experimenta variaciones significativas. Tomando incluso la extensión de la serie hasta 1993, último año en que aparece por la metodología “tradicional”, la volatilidad del crecimiento se hace más evidente. Hay coincidencias en señalar como uno de los factores causales de ese hecho el comportamiento del sector externo. Un balance de estos años indica que, de una parte, se alcanzó la recomposición del comportamiento fiscal y monetario, la mejoría del poder de compra del salario en comparación con los deteriorados niveles de 1993 y 1994 y la tasa de desempleo abierto por debajo del 6%; pero, de otra parte, se generaron distorsiones que gravitaron y gravitan aun sobre la capacidad de crecimiento de la economía, entre otras:
1.4. Diversificación de los motores del crecimiento La excesiva concentración de la dependencia de la economía nacional respecto de la producción de azúcar de caña fue identificada, incluso antes del año 1959,[11] como una de las principales razones de los problemas que el país padecía. Paradójicamente, los esfuerzos en pos del desarrollo realizados hasta 1959 hicieron a Cuba aun más dependiente de la producción azucarera,12 no solo en términos de ingreso por exportaciones sino también en cuanto a los encadenamientos productivos que esta industria generaba.[13] La pérdida del mercado azucarero y la inexistencia de un mercado sustituto que cumpliera el mismo papel, hizo que de 1990 a la fecha los motores del crecimiento se diversificaran, aunque en esencia siguió siendo el componente externo decisivo en ese proceso. Turismo, remesas y capital extranjero se convirtieron a partir de entonces en los motores principales de la recuperación. Lo nuevo de esta vieja dependencia del sector externo está asociado a los siguientes factores: (1) aparecieron tres nuevos motores para impulsar el crecimiento; (2) se produjo una diferencia sustancial en cuanto a encadenamientos hacia atrás a la que obligó el turismo (y el mercado en divisas en general) y que hace que el sector industrial cubano se haya visto obligado no solo a redimensionarse (como efecto obligado de la crisis y la pérdida de las fuentes de financiamiento y tecnología “tradicionales”) sino también a modernizarse para satisfacer nuevos “requisitos” de calidad y diversidad y poder “competir” (tanto por el mercado turístico como por el mercado interno en divisas) con la producción foránea;[14] (3) cambió el “patrón de acumulación”, no en su esencia, pues el acceso al ahorro externo ha sido y sigue siendo decisivo, sino en cuanto a la forma de acceder al mismo y de disponer de él (se pasó de un acceso y disposición totalmente centralizado y decidido “desde arriba” hacia otro en que la iniciativa y el uso bajo determinados “márgenes de flexibilidad” fueron decisivos y permitieron reajustes en función de la eficiencia y la productividad y que funcionó hasta inicios del siglo XXI); (4) cambió en el patrón de industrialización, desde la producción de bienes intermedios y de capital (cuyo destino fundamental era la industria azucarera) hacia la producción de bienes de consumo de bajo nivel tecnológico y también de bajo nivel de integración hacia atrás en muchos casos (¿modernización perversa?) aunque, no obstante, permitió la recuperación de una parte del sector industrial nacional; y (5) se hizo decisivo el “mercado interno (en divisas)” en esa dinámica de recuperación. Lo nuevo que incorpora el siglo XXI al impulso del crecimiento desde la perspectiva sectorial es la aparición del níquel como una fuente importante de recursos externos, y a finales del quinquenio la aparición de los servicios médicos y del sector biofarmaceútico como fuentes de ingresos para el crecimiento. A diferencia del azúcar y el turismo, estos tres son sectores muy concentrados en sí mismos, con relativamente poca capacidad de generar encadenamientos hacia atrás o hacia delante, aunque por diferentes causas. En el caso del níquel, la combinación de concentración territorial del mineral y de refinado fuera del territorio nacional limita el efecto multiplicador sobre la economía nacional. En el caso del sector biofarmaceútico, de indudable importancia estratégica en el futuro inmediato, los requisitos de los insumos necesarios para la producción de fármacos biotecnológicos hacen que la industria cubana tenga pocas oportunidades de suministrar esos medios. En cuanto a los servicios médicos que el país exporta, fundamentalmente a Venezuela, su impacto directo en el sector productivo es muy reducido. Sin embargo, la mejora que la exportación del níquel y los servicios médicos han provocado en la balanza de pagos abre oportunidades al relanzamiento de los sectores productores de bienes (agricultura e industria), que se encontraban en un proceso de franca depresión entre 2001 y 2206. Gráfico 2. Evolución de sectores escogidos (precios de 1997)
Fuente: Anuario estadístico de Cuba, Oficina Nacional de Estadísticas. La recuperación de estos sectores es vital para el presente y el futuro del país, primero porque permiten generar empleo productivo, y segundo por su impacto sobre la balanza comercial y de pagos vía sustitución de importaciones. 1.5. Diversificación de actores e intereses Como resultado de las transformaciones derivadas de las reformas de los 90 al menos pueden ser identificados cuatro tipos genéricos de actores cuyos intereses no siempre son concordantes a pesar de la regulación estatal:
Como se comprenderá, resulta casi imposible lograr una concordancia de intereses entre estos distintos actores, toda vez que las condiciones de desempeño son sustancialmente diferentes entre ellos (a saber: orientación de mercado, moneda, precios, regulaciones, etc.). Aunque el Estado actúa como regulador e intermediario mediante la planificación estratégica y la redistribución, subsisten tensiones que se derivan de modo “natural” de las diferencias de entorno. Otras discrepancias son simplemente resultado de la “manera de administrar”, por lo que el proceso de transformaciones tiene implícito un carácter dual: de un lado evitar que la brecha se haga cada vez más grande (entre el que genera divisas y el que la recibe por asignación), para que no se consoliden deformaciones en la forma de una cultura de de tipo rentista que conspira contra la eficiencia y la sustentabilidad general del crecimiento; y, de otro lado, el reajuste en los incentivos, las regulaciones y los métodos de administración que confrontan serias dificultades de compatibilización. Lo antes dicho confirma la complejidad de la tarea de reformar el entorno en que operan estos agentes económicos y , por lo tanto, la necesidad de asumir el proceso de manera que los efectos de asimilación puedan distribuirse en el tiempo. 2. ¿Qué tipo de reformas se esperan en la economía, y en qué áreas? Existen de modo general dos referentes sobre la dirección y el contenido de las transformaciones perspectivas para la readecuación de la economía cubana. Una de ellas es estimulada desde el exterior y tiene su ejemplo extremo en los estudios prescriptivos que se producen en Miami, EEUU. Según estos, sólo es legítimo lo que entra en la concepción de la agenda política de una minoría con posiciones extremas desconectada de la realidad del país. Su limitación fundamental está en el desconocimiento de las instituciones cubanas que son, en definitiva, quienes asumen esta tarea. Como señalara Rafael Rojas en marzo pasado en la Casa de América (Madrid): “las posibilidades de influencia de los grupos opositores y del exilio en la dinámica del cambio en Cuba pudieran verse castradas si estos sectores siguen sin reconocer la legitimidad de gobierno de La Habana”.[15] En contraparte, en el otro extremo se sitúan los planteamientos del gobierno cubano, en el sentido de apoyar una posición que favorece un tratamiento de tipo gradual, articulado, consensuado y con un estilo más pragmático, que representa un cambio cualitativo, manteniendo como ejes del consenso interno la defensa de la justicia social y la soberanía nacional, a la vez que asume un proceso de corrimiento de las bases del liderazgo hacia formas mas colegiadas que se complementarían con la renovación de las estructuras institucionales y la reactivación de las soluciones a nivel local mediante el empoderamiento de sus organizaciones y la descentralización progresiva de la gestión de los recursos. Tal vez lo más significativo en el plano del clima político en el que se están promoviendo los cambios ha sido la apelación a un debate político nacional en el que más de 5 millones de cubanos expresaron sus críticas y puntos de vista sobre los problemas y las necesidades de la nación. Estos fueron recogidos en alrededor de 1,2 millones de planteamientos que constituyen la base inmediata de legitimación de las propuestas de cambio para el país, salidas de esa consulta popular. En otras palabras, la convocatoria a establecer un dialogo critico abierto en lo interno saca de las manos de la tecnocracia el proceso de articulación de las soluciones para ponerle un sello diferente de transparencia e interacción. De un lado el proceso en sí mismo es un factor de creación de expectativas que luego inevitablemente se tendrán que ir modulando de acuerdo con las prioridades que se definan y los recursos disponibles para asumirlas y, de otro, ha servido para rearticular el consenso interno en los temas y definir el carácter y velocidad de las transformaciones. Los temas debatidos van desde las prohibiciones y las trabas burocráticas que limitan (por ejemplo, el acceso a los hoteles de los nacionales, o para poder viajar al extranjero), hasta otras más de fondo que sin duda requieren más tiempo y análisis, como la transformación de la agricultura, la apertura a la inversión extranjera, la reorganización de la producción, el sistema de propiedad, los bajos salarios y la doble moneda. Con esta convocatoria, el gobierno actual no se enfrenta a una situación de renovación de la legitimidad política sino de mantenimiento del consenso y el respaldo internos para darle continuidad y profundidad a las reformas iniciadas. Una característica particular es que éstas no se presentan como ruptura con el pasado sino como continuidad y perfeccionamiento dentro del sistema político institucional, por lo que el llamamiento a realizar los planteamientos críticos resultó ser en la práctica un referendo de facto sobre la necesidad de hacer las reformas y de respaldo al nuevo gobierno. Una síntesis de las medidas tomadas hasta la fecha sería como sigue:[16]
Algunas de estas medidas tienen un impacto innegable en la esfera productiva y otras son de un carácter más limitado. Sin embargo, en su conjunto todas tienen una influencia positiva en el saneamiento del clima subjetivo. 2.1. Crecimiento: centralización y descentralización El estudio del proceso de crecimiento económico en Cuba ha estado por lo general subsumido dentro un tema mucho más amplio y abarcador, el del desarrollo económico. De esta suerte, también ha sido fundamentalmente subsidiario y muy dependiente de otros análisis. Pocas dudas hay de la urgencia que tiene Cuba de crecer y de hacerlo de forma tal que ese crecimiento facilite el camino al desarrollo del país. Un tema siempre presente en la discusión al respecto está asociado a la relación entre crecimiento, centralización y descentralización. Se trata de la influencia del marco regulatorio en el crecimiento económico. Esta es una vieja discusión en Cuba que se reedita periódicamente,[18] asociada lógicamente a “movimientos pendulares” de la regulación. No obstante, la mayoría de los trabajos hasta los años 90 no tomaron este como el eje central. Una nueva generación de trabajos al respecto aparece a partir de mediados de esta década coincidiendo, y no de forma casual, con la última de las inflexiones del ciclo regulatorio cubano.[19] Lo nuevo que aportan una parte de estos últimos estudios está en el esfuerzo por capturar esa relación entre marco regulatorio y crecimiento desde la perspectiva de la contabilidad del crecimiento y en crear un marco teórico e instrumental que permita darle una mayor “objetividad” al análisis de esa relación. Se han identificado ciclos de crecimiento asociados al comportamiento de la productividad total de los factores, que en lo fundamental corroboran el carácter determinante de la acumulación de factores en el crecimiento experimentado por la economía cubana, que entre 1971 y 1989 estuvo basado en la acumulación de factores y que a partir de 1987 y hasta 1991 ese “estilo de crecimiento” se agota (si se atiende al comportamiento de la productividad total), mientras que a partir de 1991 y hasta 2002 son las ganancias de productividad –provocadas, entre otras razones, por los cambios en el contexto regulatorio (el desplazamiento hacia una mayor descentralización)– las que sustentan el crecimiento. El esfuerzo por capturar la relación entre crecimiento y marco regulatorio condujo a resultados importantes para interpretar el “futuro posible”. Al respecto se identifican etapas del ciclo regulatorio a partir de 1980:[20] 1980-1986, descentralización; 1987-1991, centralización; 1992-2001, descentralización; y 2002-2005, centralización (en este último caso, a criterio de los autores de este trabajo esta etapa podría extenderse hasta mediados del año 2007). Gráfico 3. Índice compuesto de Centralización
Fuente: Yaima Doimeadiós, “Un modelo de crecimiento económico para Cuba: un análisis desde la productividad de los factores”, tesis doctoral, Facultad de Economía, diciembre de 2007. Lo relevante de estos estudios y de las realidades a la que corresponden está asociado la disyuntiva para el presente y el futuro, a saber:
2.2. Cambio estructural del sector externo y crecimiento De 1990 a la fecha se han producido en Cuba cambios estructurales significativos que se expresan al menos en dos dimensiones: la participación sectorial en la estructura del PIB y el desplazamiento en la composición de las exportaciones. Gráfico 4. Cambio estructural en la inserción internacional: del azúcar a los servicios (ingresos por exportaciones en %)
Fuente: Jorge Mario Sánchez-Egozcue, “Panorama de la Economía Cubana”, presentación para la Agencia Canadiense para la Cooperación Internacional ACDI, febrero de 2008; elaborado con datos de AEC-ONE. En cuanto a la estructura del PIB, el peso de los servicios se ha hecho totalmente determinante. Gráfico 5. Estructura del PIB, 2000-2007
Fuente: ONE, Panorama económico y social 2007, febrero de 2008. Si bien es cierto que la metodología de calculo del PIB a partir de 2000 beneficia a los servicios, también lo es que el crecimiento de este último sector ha sido, como promedio, mayor que el crecimiento de los sectores productores de bienes en todos estos años a partir de 2000, producto de la prioridad otorgada al relanzamiento de los programas sociales. Tabla 3. Dinámica de crecimiento de los sectores productores de bienes
Fuente: cálculos basados en Anuario estadístico de Cuba, 2006, y Panorama económico y social 2007, 2008. La pérdida de peso relativo de los sectores productores de bienes (agricultura e industria) está directamente asociada a dinámicas de crecimiento sectorial muy bajas. Ello obliga a cambiar está tendencia en el futuro inmediato si se desea revertir la situación en cuanto al desequilibrio de comercio exterior y a la productividad total, pues la parte de los servicios que ha liderado el crecimiento se caracteriza por ser actividades que son comparativamente intensivas en factor trabajo y que se dirigen, principalmente, a la demanda final en los mercados internos, dos rasgos que típicamente limitan el crecimiento de la productividad.[21] Otro aspecto interesante es que, a diferencia de otras experiencias donde los servicios “destinados a la venta” alcanzan dinámicas importantes, altas ganancias en productividad y acompañan al crecimiento del producto ganando peso en la estructura del mismo, en el caso de Cuba en los últimos años esos servicios (básicos) con excepción de las telecomunicaciones, no han experimentado ganancias en su peso dentro de la estructura del producto, lo cual puede limitar las aspiraciones de crecimiento, si esa disminución de la participación está correspondiendo a deterioro continuado de la infraestructura necesaria para lograr ganancias sostenidas de eficiencia y productividad total o a disminución de los procesos de tercerización de la economía. Desde la perspectiva de la relación entre cambio estructural, crecimiento y desarrollo, donde el consenso parece aceptar que “la superación de las deformaciones estructurales de una economía se produce en el largo plazo” y que “el cambio de la estructura productiva es lo que permite mayor profundización de la división del trabajo, la especialización y el crecimiento de la productividad, así como la expansión gradual de actividades más sofisticadas”,[22] permanecen entonces importantes interrogantes a futuro. En especial, en el trabajo más arriba referenciado, que abarca el período de 1975 a 2003, se sugiere:
Atendiendo a estas características y los retos que en el futuro debe enfrentar el país surgen interrogantes que deben ser resueltas convenientemente si se desea avanzar por un camino sostenible:
Y si así fuere,
Y si así fuere,
Estas son algunas de las cuestiones que quedan por definir en la perspectiva de la sustentabilidad, pero no son las únicas que se formulan hacia el interior de los medios de análisis. El debate actual sobre el contenido y el alcance de las reformas necesarias se ha ido articulando en diversas direcciones, lo que demuestra la vitalidad de las propuestas subyacentes. Por ejemplo, se reconoce la necesidad de cambios estructurales pero se ha argumentado que “se trataría de un proceso de reestructuración entendido en un sentido amplio y que debería contener, como mínimo, tres tipos de transformaciones: (a) redefinición de las bases materiales de acumulación (por ejemplo, las proporciones entre el consumo y la inversión; el tamaño relativo y el papel de diferentes sectores como la agricultura, la industria y los servicios; y la prioridad concedida a distintas ramas de la economía); (b) reinserción en la economía internacional (por ejemplo, una nueva especialización internacional); y (c) la reforma del sistema económico (por ejemplo, el papel del mercado, la regulación estatal de las formas de propiedad, y la organización empresarial)… lo que con mayor urgencia necesita la economía cubana es una ‘reforma’, antes de intentar un ‘cambio estructural’ más completo”.[23] Sin embargo, la dinámica del proceso mismo no es concebida en sentido general por la mayoría de los analistas como un proceso de ruptura, antes bien como una reforma gradual que pudiera (o no) autorreforzarse, en dependencia de las percepciones políticas que el proceso genere. Como señalara Ignacio Ramonet recientemente, “es poco probable que asistamos a una Perestroikacubana o a una apertura política o a elecciones multipartidistas.[24] Por lo pronto, la prioridad estratégica está orientada a recomponer el marco regulatorio, los incentivos y las estructuras, con vistas a dinamizar y recomponer las relaciones económicas en el plano doméstico. Con ello se lograría relajar las tensiones que se acumulan en lo inmediato por el lado de la insuficiente capacidad de respuesta en las condiciones actuales para alcanzar una reanimación suficientemente vigorosa como parar contrapesar los factores negativos. Entre estos últimos se han citado:
Las prioridades afirmadas por el gobierno en la asignación de recursos a corto plazo son:[25]
2.3. Manejando las distorsiones: mercados, precios, salarios El énfasis puesto en las distorsiones que hoy obstaculizan un crecimiento mayor de la economía cubana y reducen los incentivos al trabajo confirma la imposibilidad de crecer de espaldas al funcionamiento macroeconómico. La segmentación de mercados Por lo general este fenómeno es atribuido a la existencia de dos monedas con espacios institucionalmente preestablecidos (el mercado en pesos cubanos –CUP–, que es el único en el que se reporta el índice de inflación, y el mercado en pesos cubanos convertibles –CUC– que reemplazaron a los dólares que circularon hasta el año 2004) y ha sido visto como un fenómeno que afecta principalmente a la población. De manera sintética, esta primera división permite identificar una faceta de la dualidad monetaria. Dos monedas que conviven en un mismo espacio territorial, pero manteniendo cada una su circuito de circulación propio, así como los mecanismos de formación de precios. La parte de esta división que opera en pesos cubanos representa el grueso de los ingresos de la población y absorbe una porción importante de los subsidios estatales destinados para el sostenimiento de los servicios sociales (educación, servicios de salud, atención a ancianos, etc.) y en sentido general depende de las asignaciones en moneda convertible que resultan de los mecanismos de redistribución. Mientras que el sector que opera en moneda convertible (dólares americanos y canadienses, euros y pesos convertibles –CUC–), más conocido como sector emergente, dispone de márgenes de consumo y redistribución menos restrictivos. Gráfico 6. Segmentación de mercados (ingresos y gastos)
Fuente: Jorge Mario Sánchez Egozcue, Seminario Internacional Migración y Remesas en el Caribe: Impactos y Políticas, Friedrich Ebert Foundation, República Dominicana, 2005. Sin embargo, esta primera descripción no alcanza a mostrar la complejidad del entramado de incentivos y distorsiones que se generan a partir de esta estructura, que si bien es funcional desde la perspectiva de contar con un mecanismo de captación del dinero circulante que luego se redirecciona hacia el aparato productivo, también es fuente de disfuncionalidades e inercias perniciosas que le confieren rigidez al conjunto del sistema monetario-mercantil para adecuarse a un entorno internacional cada vez mas volátil. La segmentación de mercado está asociada también a la existencia de disposiciones institucionales que inhiben la coordinación más eficiente de los espacios de mercado en Cuba, no solo atendiendo al tipo de moneda que en ellos funciona sino también a las reglas bajo las que esos mercados operan y que, por lo tanto, influyen también en la formación del precio final de los productos y en los incentivos. Tabla 4. Segmentación de mercados: monedas y regulación
Fuente: elaboración propia. Aun cuando esta ilustración de la segmentación de mercados en Cuba no sea completa, permite comprender la compleja madeja dentro de la cual se mueven las empresas, la población y el Estado. Estos mecanismos fueron creados como una respuesta coyuntural a inicios de los años 90 pero, sin embargo, tras haber contribuido a paliar las limitaciones iniciales de liquidez, hoy constituyen un complejo entramado que afecta tanto la toma de decisiones como la asignación de recursos en base a criterios de eficiencia y, por lo tanto, restringe también la productividad del trabajo. Todo parece indicar a partir de los últimos pronunciamientos del gobierno sobre este tema, que ya se ha llegado a un punto en el que hay conciencia de que resulta imprescindible comenzar a actuar para modificar esas condiciones –se ha dicho que de manera gradual– para permitir lograr una mayor coherencia y racionalidad entre los diferentes espacios de mercado yla planificación. Los precios Los precios y los factores que influyen en su formación resultan también decisivos en los propósitos de remontar la productividad, la eficiencia y mejorar los incentivos. Dos factores resultan determinantes: el tipo de cambio y el salario. La búsqueda de un tipo de cambio único que funcione para toda la economía y para todos los bienes y servicios (incluyendo el trabajo) es hoy uno de los asuntos más necesarios. Si el “precio relativo” del dinero no funciona correctamente difícilmente el resto de los precios pueda hacerlo. El propósito principal de la política monetaria en Cuba[26] ha sido lograr la estabilidad del tipo de cambio de CADECA (24 pesos cubanos por dólar en la actualidad) dado el peso relativo que el consumo en divisas tiene en el nivel de vida del cubano promedio, que no se expresa solo en la proporción del ingreso familiar que se gasta en este segmento de mercado, sino en la variedad y calidad de los productos a los que solo se puede acceder en ese mercado. En el segmento de la población, la distorsión fundamental está asociada a que mientras esta paga una parte de los bienes y servicios que consume en CUC o en pesos cubanos (al cambio de CADECA), esta percibe su salario (así como los aumentos sucesivos que se han verificado) en pesos cubanos devaluados por la inflación acumulada de 1990 a la fecha,[27] el anclaje salarial que desde 1990 hasta el 2004 jugó un papel básico en la recomposición de los macroequilibrios y por los cambios en la estructura del gasto y el peso siempre creciente de aquella parte del mismo en CUC (o dólares norteamericanos en su momento). La pregunta se desprende por sí misma: ¿debe cambiar el propósito de la política monetaria en la actualidad?, ¿debe sacrificarse la estabilidad alcanzada?, ¿debe combinarse el camino hacia una tasa única con el menor sacrifico posible de la estabilidad de la tasa? Pero donde las distorsiones en el campo monetario tienen su efecto más pernicioso es en el sector empresarial. La existencia de dos tasas de cambio ha obligado a llevar una doble contabilidad, y hasta tres si tenemos en cuenta la “moneda única” en donde de facto se opera con una tasa uno a uno y se suman los resultados en pesos cubanos y pesos cubanos convertibles, distorsionando tanto los resultados productivos como los indicadores de eficiencia y haciendo mucho más difícil el trabajo de la planificación sobre bases reales. Así, las empresas cubanas compran insumos (al menos una parte) en pesos cubanos convertibles a la tasa de cambio de mercado y “compran trabajo” (y pagan) en pesos cubanos (en algunos casos como el sector turístico a una tasa uno a uno, evidentemente sobrevaluada, lo cual disminuye la rentabilidad de este sector exportador). Entonces, ¿cuál es el coste real?, ¿cuál es el nivel real de eficiencia y de productividad?, ¿cómo comparar estos resultados con los resultados internacionales?, ¿cuál es la competitividad real de los productos y servicios “transables” cubanos?, ¿cómo ejercer una planificación realmente eficiente que contribuya a incrementar productividad y que permita la asignación adecuada de recursos desde el Estado?, ¿cómo avanzar entonces hacia el “arreglo salarial” sobre bases realmente sostenibles? La necesidad de lograr una lectura mas transparente del desempeño de la empresa cubana es una necesidad reiteradamente postergada (incluso con anterioridad a 1990), independientemente incluso del tipo de propiedad: En este caso, en una economía donde el predominio de la forma estatal de la propiedad social es tan elevado, eliminar distorsiones que adulteran el aporte real a la riqueza social o contribuyen a incentivos no merecidos, magnifica la pérdida. De igual manera, si se pretende la diversificación de los actores económicos, la eliminación de estas distorsiones es casi una precondición indispensable. La otra cara de las distorsiones está asociada no al ámbito monetario, sino al fiscal. Durante los últimos 10 años Cuba ha logrado gestionar adecuadamente el comportamiento fiscal, logrando mantener el déficit por debajo del 4% de peso en el producto, a pesar de las fuertes erogaciones para dar cobertura financiera a decisiones políticas de indudable impacto social, como la gratuidad de los servicios de educación y salud, la decisión de reducir el mínimo el desempleo y la apertura de fuentes de empleo de baja productividad, la subvención generalizada a productos,[28] etc. La supresión de las distorsiones en el campo monetario (asumir una tasa de cambio única) obligaría a rediseñar la política fiscal, buscar nuevas fuentes de ingresos y ampliar la base imponible como forma de garantizar la sostenibilidad del equilibrio fiscal alcanzado. 2.4. La agricultura, reordenamiento de gestión-gasto y descentralización parcial Cuba tiene una superficie total de 10.988.600 hectáreas (109.000 kilómetros cuadrados) de las cuales 6,6 millones se consideran superficie agrícola y de estas 3,1 millones se reportaban oficialmente como tierras bajo cultivo, mientras que 2,3 millones eran pastos naturales y 1,7 millones se reconocían como tierras ociosas[29] a finales del año 2006. El modelo de desarrollo agrícola aplicado en Cuba desde inicios de los años 60 priorizó los cultivos de exportación (caña de azúcar, café y tabaco). Una consecuencia del modelo de desarrollo agrícola aplicado durante mas de tres décadas fue la conformación de una estructura poco flexible de la producción agropecuaria, donde algo más del 52% de la superficie cultivada estuvo ocupada por cultivos destinados a la exportación, correspondiéndole a la caña el 48,7% de la misma. Además, una parte importante de la tierra cultivada estuvo dedicada a pastos, llegando a ocupar estos un 35% del total de las tierras en el sector agrícola. Cuatro factores le confieren al sector un carácter estratégico para la economía nacional:
El sector agropecuario cubano, aunque con muy poco peso relativo en el PIB, tiene una importancia fundamental para el conjunto de la economía por impactar de forma directa por su influencia en el nivel de vida de la población y en las cuentas externas, al ser la partida de alimentos la segunda de mayor peso en las importaciones y, también, por su participación indirecta en el PIB y por su efecto multiplicador sobre el resto de la economía. El sector genera el 20% del empleo total del país (970.700 de 4.867.700), casi duplicando a la educación (580.000 empleos), el segundo de mayor capacidad de generación. A pesar de haber disfrutado de una fuerte dotación tecnológica y energética durante los años anteriores a 1990, los rendimientos y nivel de productividad de la agricultura fueron en general bajos en relación a la media mundial, con la excepción de los cultivos de la papa y el tomate. Al cierre del 2007, este sector contribuye directamente tan sólo con el 3.8%, a la formación directa del Producto Interno Bruto del país. Antes del descenso significativo de la producción agropecuaria, el sector aportaba entre el 7.0% y el 8.0% aproximadamente. El sector agropecuario jugó un papel importante en las transformaciones económicas iniciadas en los años 90. De hecho, una parte importante del proceso de descentralización y expansión de las relaciones de mercado comenzaron en el. Dos fueron los hechos más significativos:
Los resultados productivos del sector desde el año 2000 hasta el 2007 demostraron que se hacía imprescindible asumir transformaciones radicales. Efectivamente, la tasa de crecimiento promedio anual durante estos años no supero el 0,9%. Cuatro son las medidas principales puestas en práctica por el gobierno para la transformación del sector:
La recuperación del sector agropecuario debe entenderse como parte de un proceso de reformas más amplio. Tanto en el proceso de reformas de inicios de los 90, como en la actualidad, ha sido el sector que lo ha iniciado, lo cual se debe a su efecto sobre la población vía precios de los alimentos y también sobre el desequilibrio de la balanza comercial vía sustitución de importaciones. Sin embargo, la descapitalización que sufre el sector, junto a la emigración de la fuerza de trabajo y el consecuente despoblamiento de los campos de Cuba, obligan a pensar que esa recuperación debe tener como un componente fundamental la modernización y recapitalización del agro cubano, para lo cual se necesita una fuerte inversión de capital que muy probablemente el Estado no esté en condiciones de suministrar en toda su magnitud, de donde se puede inferir que existe la posibilidad de que se llegue a concretar el interés anunciado hace pocos meses de facilitar espacios para formas de inversión extranjera. 3. Interacciones asociadas a las transformaciones 3.1. Baja del turismo tradicional y aumento de la exportación de servicios salud: de la renta del azúcar a la renta de los médicos ¿Se repiten los 80? A diferencia de los años anteriores a 2004, en la actualidad la exportación de servicios médicos constituye el primero de todos los renglones de exportación de Cuba, con alrededor del 50% de todos los ingresos por exportaciones (de bienes y servicios). Aun cuando la terciarización del sector externo vía exportaciones de servicios médicos ha sido exitosa en términos de ingresos aportados, es un tema de mucha discusión en el que se identifican diferentes posiciones, desde aquellas que cuestionan su sustentabilidad sobre la base de que se sustenta en acuerdos entre gobiernos en los que la voluntad política ha sido decisiva, otras que aducen su bajo impacto directo en el sector productivo nacional vía encadenamientos hacia atrás y hacia delante con las industrias nacionales, hasta aquellas otras que consideran que puede convertirse en el “nuevo sector pivote” de la economía nacional desde el cual, gracias a sus ingresos, poder relanzar los sectores productivos del país. Hay, no obstante, coincidencias en que Cuba no debe repetir el error histórico de hacer depender su economía de un solo sector y de un solo país. Otra perspectiva del análisis esta en el hecho real de que Cuba ha venido creando una especie de rampa de lanzamiento en torno al sector de la salud. Más de 25.000 médicos cubanos trabajan hoy en diversos países, pero el grueso se encuentra prestando servicios en Venezuela junto a varios centenares de técnicos de la salud, enfermeros y personal de apoyo. Si tenemos en cuenta, junto a los servicios médicos, la exportación de equipos médicos y medicamentos genéricos y biotecnológicos y la inversión en el exterior en el sector biotecnológico junto a negocios de transferencia de tecnología, entonces estamos en presencia de uno de los sectores más dinámicos de la economía nacional, con altas posibilidades de generación de sinergias que potencien su efecto sobre el resto de la economía en un futuro próximo. El turismo, por su lado, provee a Cuba de la cuarta parte de sus ingresos por exportaciones, le compra a la industria nacional más del 68% de lo que consume y garantiza más de 100.000 empleos directos y otro tanto de forma indirecta, generando encadenamientos hacia atrás que dinamizan el sector industrial cubano. La insuficiente comercialización y la falta de promoción, el aumento de la competencia en la región y la sobrevaluación del peso cubano convertible pueden haber influido en el descenso de los arribos. A esto se suma el deterioro de la calidad de los servicios y de las instalaciones, afectadas por la reducción de las inversiones (las construcciones para el turismo fueron el 25% de lo ejecutado en el año 2005),[30] que puede ser otro factor de influencia en el desempeño adverso del sector. Sin embargo, la recuperación experimentada en los primeros tres meses del año 2008, con un crecimiento en las entradas de turistas del 15% indica una posible reversión del comportamiento de los últimos tres años. Unos de los retos que tiene asociado su desarrollo es el problema de la definición de un proyecto de desarrollo estratégico cuyas implicaciones para la generación de empleo y la infraestructura son importantes: ¿debe Cuba renunciar a una “locomotora de crecimiento” como el turismo, que ya en los años 50 era prácticamente el segundo sector de nuestra economía y que en los 90 demostró suficiente capacidad para competir con éxito en la región, a pesar de la desventaja de no acceder al mercado norteamericano, y contar con una demostrada capacidad de arrastre para generar encadenamientos productivos desde la economía nacional? En principio, la respuesta es que si bien es recomendable potenciar la industria del ocio por sus beneficios esperados, en realidad el problema es de definición de su alcance. Las ventajas comparativas principales de la economía cubana en la actualidad con respecto a sus competidores regionales no radican en su clima, sus recursos naturales o su posición geográfica con respecto a los flujos comerciales. Es la inversión acumulada de varios millones de dólares a lo largo de décadas que ha llevado a contar con una masa de profesionales (no sólo en la salud) en diversos perfiles, que van desde las ciencias de la informática, la biotecnología, la aplicación de técnicas y métodos avanzados en la agricultura hasta otras áreas de la actividad de innovación, cuyo desempeño está todavía por debajo de las capacidades efectivas disponibles. Otros aspectos a considerar en esa perspectiva se pueden resumir en la tabla siguiente, que propone una evaluación de fortalezas y debilidades en comparación a los países del entorno del Caribe. Tabla 5. Cuba: fuentes relativas de ventajas competitivas respecto a los estándares del Caricom
Fuente: Jorge Mario Sánchez-Egozcue, 2004.[31] Se asumen como nivel de referencia los estándares del Caricom. La escala ha sido confeccionada con los siguientes “valores”: el término fuerte significa que rebasa la media regional, moderada: que es igual a la “media” regional, débil que es inferior a la media regional, e insuficiente que no alcanza un nivel mínimo compatible. Sin embargo, a pesar de lo dicho, la estructura del ingreso por exportaciones de Cuba confirma claramente el predominio de los servicios. Turismo y exportación de servicios de salud concentran el grueso de los ingresos. Gráfico 7. Trayectoria de reemplazo en la composición de las exportaciones
Fuente: elaborado con datos del Anuario estadístico de Cuba, ONE. 3.2. Reacomodos en las bases de la inserción internacional cubana, la reorientación hacia China y Venezuela Un aspecto que debe ser considerado en la evolución mas reciente es que no sólo se ha producido un desplazamiento geográfico de los polos de actividad económica y financiera sino también del carácter de los acuerdos que los sostienen. En los años 90 prevalecieron la UE y Canadá como los ejes de donde se establecieron los nuevos esquemas de comercio e inversión que vinieron a reemplazar el antiguo campo socialista. El turismo, las nuevas inversiones en infraestructura (transportes, aeropuertos, telecomunicaciones, etc.) la minería y las nuevas industrias (energía, manufacturas diversas, electrónica) permitieron expandir y renovar las bases productivas del país. Todos estos resultados se lograron a partir de esquemas que tenían como referente fundamental los precios y las condiciones del mercado internacional, por lo que puede afirmarse que la reinserción internacional cubana de ese período se realizó completamente a partir de los criterios de competitividad y coste normales. Sin embargo, a partir de la creciente reorientación de las fuentes de financiamiento y mercado hacia China y Venezuela, este factor ha sido significativamente sustituido por un marco de negociaciones diferente, es decir, que en la actualidad la plataforma fundamental de inserción internacional cubana descansa en acuerdos establecidos de gobierno a gobierno. Estos tienen como ventaja principal que han provisto un entorno de mayor estabilidad y respaldo a medio plazo, preservando dichos vínculos de la amenaza permanente del reforzamiento de las sanciones norteamericanas (como sucedió con las transacciones financieras realizadas en dólares, que tuvieron su muestra mas evidente en las sanciones impuestas por la Oficina de Activos Extranjeros OFAC del Departamento del Tesoro norteamericano de una multa de 100 millones de dólares impuesta a la banca USB por aceptar depósitos en dólares del gobierno cubano). Pero, por otro lado, en el caso venezolano, tienen el inconveniente de que concentran el riesgo en otra dirección, puesto que potencialmente pueden conducir hacia una excesiva dependencia de arreglos establecidos en condiciones especiales que pudieran ser sujeto de cambios sustanciales imprevistos si las condiciones políticas domésticas varían. El resultado neto de la reorientación posterior a 2004 es que tanto Canadá como la UE han perdido peso relativo en la relación comercial y financiera cubana, no porque su desempeño fuese menor o por cambios en sus dinámicas previas, sino por el agresivo posicionamiento chino y venezolano en virtud del apoyo gubernamental recíproco y de la voluntad expresada de fortalecer las dinámicas de integración alternativas a las incertidumbres del mercado internacional. A medio plazo, la inversión china tendrá fuertes impactos en la expansión de los ingresos por exportaciones de níquel, en la recuperación del sistema de transportes y la incorporación de nuevas capacidades de refinado de petróleo, mientras que Venezuela representa casi dos tercios de los ingresos actuales por exportaciones de servicios de salud y el beneficio de compras de combustible en condiciones ventajosas, más el potencial efecto derrame asociado a la integración en proyectos “gran-nacionales” de comercio, inversiones y colaboración hacia otros países latinoamericanos, si bien hasta el momento en ese terreno ha habido mas energía política invertida en la firma de sus protocolos que en la implementación efectiva a corto plazo. En el año 2004 Cuba firmó con Venezuela el acuerdo de intercambios de servicios médicos por petróleo, y casi simultáneamente China concedió nuevas líneas de créditos para inversiones. En solo tres años y poco meses más, ambos países aportan un tercio de todas las compras internacionales cubanas, por más de 2.200 millones de dólares y 1.569 en el último año, respectivamente, Dichas operaciones son el origen de la parte mas sustantiva del incremento de la deuda reciente.[32] El último reporte realizado por la Comisión Intergubernamental Cuba-Venezuela informó en febrero de 2007 acerca de la profundización de estos vínculos con la firma de 355 proyectos bilaterales por un valor de 1.500 millones de dólares. El comercio bilateral con China reportado fue de 1.792 millones de dólares el año pasado, con un incremento del 105,4% respecto al año 2005. Por otro lado, en enero de 2006, el comercio cubano con Venezuela fue de 2.600 millones de dólares (casi el doble en comparación con los 1.400 millones de dólares de 2004), lo que significa que entre los dos países capturan hoy el 35% del comercio cubano.[33] 4. La relación económica con la UE Tras el colapso socialista, la UE fue ganando progresivamente importancia como parte del proceso de relocalización de las relaciones comerciales y financieras cubanas. De los países de Europa Oriental, Rusia y Ucrania han sido quienes han tratado después de un período relativamente largo de recuperar parte de su presencia en el mercado cubano. Durante la década de los 90, la UE fue el primer socio comercial para Cuba. De 1993 a 2004 proveyó más de 147 millones de euros en asistencia, y tiene abierta en La Habana una oficina para administrar esos programas. A pesar del relativamente escaso apoyo a nivel oficial, el comercio, las inversiones y el turismo han estado creciendo durante ese período sin grandes contratiempos. La asistencia económica se transformó desde un marco inicial de “ayuda humanitaria” para un país que se reconocía estaba transitando por una aguda crisis, hacia otro enfoque mas laxo a mediados de los 90 de “cooperación económica”, que indicaba un cambio en la percepción de la asistencia de corto plazo hacia programas de apoyo a las transformaciones en curso entonces, después de comprenderse que había estabilidad política y que en el proceso de reanimación económica solo era posible avanzar si estaba complementado con recursos externos.[34] En sentido general, hasta la fecha el grueso de los vínculos con los países de la UE han sido establecidos en base a arreglos de tipo bilateral y dependen de tres factores: (1) la actitud de EEUU, que ha insistido en promover un proceso de convergencia política hacia sus posiciones respecto a la isla mediante la promoción de la internacionalización del bloqueo; (2) el bajo peso relativo de los intereses económicos (aunque existen buenas posibilidades de desarrollo en áreas como el turismo y las inversiones, Cuba no es un mercado especialmente sensible para la UE); y (3) las percepciones en la Comisión y el Parlamento Europeo sobre la situación política doméstica, lo que tiene un reflejo importante en el clima de apoyo o desestímulo al fortalecimiento de dichos vínculos económicos.[35] En términos generales, la relaciones económicas de Cuba con la UE pueden ser caracterizadas como una mezcla de cooperación limitada, intercambios en base a esquemas bilaterales con bajo apoyo gubernamental y desacuerdos políticos (que se concretan en las sanciones impuestas desde 2003, que el gobierno cubano califica de condicionalidad inaceptable), que inhiben una ampliación y profundización de estos. A inicios de 2000, la UE era el principal socio financiero y comercial para Cuba, y la segunda fuente emisora de turismo. El comercio en bienes con Europa estaba en torno al 43%, con un promedio para el período 1990-2001 del 26.6% (ocupando el segundo puesto). Las importaciones europeas representaban poco más del 31%, con España, Italia y Francia entre los primeros socios, mientras que el 40% de las exportaciones cubanas se dirigieron hacia esa zona. Otra área en la que la UE ha alcanzado una presencia significativa es la IED, pues hasta 2007 había en el país unas 232 AEI (Asociaciones Económicas Internacionales), 41 concentradas en la industria básica y el turismo. Por países, España y Canadá representan el 50%, seguidas por Italia, aunque también existen arreglos llamados Producciones Cooperadas, en las que de nuevo España e Italia acaparan el 47%, además de unos 74 Contratos de Administración, concentrados casi todos en el sector del turismo. Las oportunidades principales para estos vínculos están en la construcción, el turismo, la industria básica y la agricultura, sobre todo aquellos proyectos que estén orientados hacia la sustitución de importaciones. También resulta importante considerar algunas recomendaciones formuladas hace ya algunos años para contrapesar los efectos del la Ley Helms-Burton de EEUU, que siguen teniendo vigencia e ilustran áreas en las que se pudiera trabajar: buscar mecanismos para acelerar las negociaciones de deuda cubana, promover programas de apoyo a las exploraciones de las posibilidades de inversiones por las empresas europeas en Cuba, así como el incremento de las disponibilidades de créditos a las exportaciones para firmas europeas que encuentran que la falta de seguros o su elevado coste son el obstáculo mas importante para expandir sus ventas.[36] También sería inútil ignorar que la coincidencia de muchas de las exportaciones cubanas con las de sus vecinos regionales plantea otros desafíos, por lo que no necesariamente un escenario en el que estuviesen resueltos los aspectos políticos e institucionales sería una garantía a priori de que no hubiesen otros obstáculos a trabajar. Por lo pronto, las reservas fundamentales, en el caso en que se lograra una descompresión del entorno político, estarían en la flexibilización y ampliación de la cobertura financiera y de seguros para las operaciones comerciales. En junio próximo, la UE se prepara para revisar su política hacia Cuba. Como preludio al encuentro, Louis Michel, comisario europeo de Desarrollo y Ayuda Humanitaria, realizó una visita recientemente a la isla para entablar un diálogo con el gobierno. Al concluir, declaró que en Cuba empieza a respirarse un nuevo aire que trae consigo cambios y que la UE debe de extender su mano a los cubanos en este momento. Los Países Bajos y España son considerados actualmente los países con una postura mas activa por la revisión de las sanciones, mientras que la República Checa mantiene una posición de sostenimiento de las mismas. “Dichas sanciones, ni las europeas ni las estadounidenses, han funcionado”, admitió Maxime Verhagen,[37] el ministro de Relaciones Exteriores de los Países Bajos, una declaración que indica que el problema sustantivo con la UE no sólo se refiere a las dificultad de articular un consenso entre posiciones antagónicas sino al hecho mismo de que incluso bajo un mismo entendido puede suceder que subsistan diversas interpretaciones sobre lo ya acordado a la hora de la implementación. No obstante, incluso con el levantamiento de las sanciones y una voluntad de apoyo a las relación económica (ya fuera a nivel bilateral o comunitario) es difícil que se produzcan cambios drásticos en el actual curso de la inserción internacional cubana, como para que se recuperen los primeros lugares que ocuparon algunos países europeos en el comercio de los 90. Al menos es una alternativa que parece poco probable a corto plazo. 5. La variable EEUU en los resultados de los años 90 y perspectivas 5.1. El comercio de bienes (alimentos y productos agrícolas) Desde finales de los años 80 se produjeron algunos intercambios comerciales entre Cuba y EEUU que consistieron en compras de medicinas, equipos y alimentos que provenían de empresas subsidiarias de las casas matrices norteamericanas situadas en terceros países. No es hasta comienzos de los 90 en que la desaparición del campo socialista le da un impulso adicional a dichos intercambios, incrementándose de manera significativa debido al efecto sustitución resultante de la pérdida de los proveedores habituales, llegando a sobrepasar la cifra de los 700 millones de dólares. Sin embargo, este flujo creciente se desploma en relativamente poco tiempo con la aprobación de la Ley Torricelli en 1992, propuesta bajo la expectativa de que, sin esa nueva alternativa comercial, el gobierno cubano se vería en poco tiempo enfrentado a un colapso económico en una suerte de “efecto dominó” asociado a la pérdida de su capacidad de alcanzar una reinserción económica internacional efectiva a corto plazo. En la perspectiva de las décadas precedentes de aislamiento recíproco, en las que no hubo ningún intercambio económico, lo logrado en los 90 sirvió como la confirmación de un potencial pendiente a realizarse, estimulando al sector de negocios norteamericano a continuar buscando opciones dentro de las restricciones vigentes, lo que se reflejó en un activismo creciente que permitió facilitar los pasos posteriores. Antes del año 2001, el tema del comercio EEUU-Cuba era percibido fundamentalmente como un objeto de especulación académica más que como una realidad inminente a corto plazo para los empresarios.[38] Hasta los más optimistas se inclinaban con preferencia por otras posibilidades de negocios en la región antes que invertir tiempo, dinero y energías en algo que se presumía tan incierto. Esta percepción cambia drásticamente para fines del mismo año, cuando las condiciones de impasse dan un giro favorable tras el paso del huracán Michelle, que causó daños estimados superiores a los 1.866 millones de dólares. El gobierno norteamericano ofreció entonces ayuda humanitaria que fue rechazada por el gobierno cubano con el argumento de que no aceptaba la condicionalidad con que esta se ofrecía. Como alternativa, se propuso un proceso expedito de concesión de licencias por el Departamento del Tesoro para facilitar la compra de alimentos. Es así que en diciembre de 2001 las primeras compras se efectúan por un valor de 35 millones de dólares y poco después, en septiembre del año siguiente, se efectuaba en La Habana la primera Feria Agrícola EEUU–Cuba, con la presencia de 750 representantes de 288 compañías de 33 estados, en la que los contratos firmados alcanzaron la cifra de 112 millones de dólares.[39] A partir de ese momento, en apenas tres años EEUU se convirtió en el principal abastecedor de productos agrícolas para Cuba, con un saldo de 392 millones de dólares, equivalentes al 42% del total de las importaciones en este rubro. La acelerada trayectoria de este intercambio comercial se puede apreciar en la Tabla 6. Tabla 6. Importaciones cubanas de alimentos de EEUU (valor de compras en dólares), 2007
Tabla 7. Acuerdos comerciales firmados entre el gobierno cubano y representaciones norteamericanas (hasta 2007)
Hasta la fecha, bajo la cobertura del Trade Sanctions Reform and Export Enhancement Act(TSRA) de 2000, más de 4,350 compañías y 132 asociaciones agrícolas y federaciones han visitado el país para explorar las posibilidades del mercado cubano. Entre los años 2001 y 2006 se firmaron contratos con 159 empresas o firmas de 35 estados en los que se comprendían más de 300 productos alimentarios o agrícolas, y se involucraron 23 puertos para esas transacciones, situando a Cuba como el mercado número 25 en términos absolutos para las exportaciones norteamericanas en esos rubros.[40] Los contratos alcanzaron un valor de 2.280 millones de dólares (equivalentes a 8,3 millones de toneladas en bienes), de los que casi se ha cumplimentado el 100% al momento de elaborarse este estudio. Tampoco debe dejar de señalarse que una de las razones tras este espectacular incremento de las ventas es el deterioro de la eficiencia doméstica en la producción de alimentos por diversas causas, lo que contribuyó en no poca medida a este resultado, por lo que no debe verse en esta evolución un fenómeno exclusivamente atribuible a los procesos de desvío de comercio, o sustitución de mercados como también se le llama, en virtud de los menores costes en trasportes y seguros asociados a la cercanía geográfica o por factores de precio. La reducción de la vulnerabilidad alimentaria Entre los años 2005 y 2006 se produce una declinación parcial en esta tendencia explosiva, atribuible a varios factores pero en especial al reforzamiento de las medidas de bloqueo tras la elección de George Bush a un segundo período presidencial en 2004, lo que se tradujo en la implementación de nuevas regulaciones de la Oficina de Activos Extranjeros –OFAC– del Departamento del Tesoro, requiriendo el pago por adelantado de las compras antes de que las naves salieran de puertos norteamericanos, requisito que produjo el efecto inmediato de contraer la capacidad de pago cubana y forzó a reorientar parte de las compras hacia otros mercados más distantes con costes superiores. A esto se le sumó la reducción de los flujos de remesas, lo que sin duda afectaba la disponibilidad de divisas por la parte cubana. En contraparte, también tuvieron una influencia en esta evolución las nuevas y mejores condiciones crediticias ofrecidas por competidores como Vietnam, China, Canadá y Francia, que permitieron recurrir a créditos para las compras a corto y medio plazo que están vedados para los exportadores norteamericanos. La contracción resultante de este cambio en las condiciones de acceso al mercado norteamericano sirvió para exponer un factor no considerado antes: la vulnerabilidad asociada a una excesiva dependencia en los suministros de alimentos desde EEUU en un contexto de tensiones políticas. Como resultado de ello, se ha incorporado el elemento de la seguridad alimentaria en las consideraciones cubanas a este respecto en la forma de una cuota de mercado para esas importaciones que no debe rebasar grosso modo el 50% de las importaciones totales. Por otro lado, hay que tomar también en consideración otros elementos extra-económicos que han estado gravitando sobre la configuración de estos flujos comerciales más allá de los tradicionales de competitividad en precio, calidad y condiciones de envío. Estos incluyen las tensiones para la agencia estatal cubana encargada de las transacciones, Alimport, que debe también asegurar una diversificación de proveedores y fortalecer las relaciones geopolíticas en función de intereses estratégicos del país, así como dirigir las compras que se realizan en EEUU hacia distritos congresionales o estados en los que se puedan reforzar los intereses locales para presionar a la Administración en la dirección de la normalización de relaciones con Cuba.[41] El presidente de Alimport, Pedro Álvarez, ha comentado que las prohibiciones para poder obtener cobertura financiera de fuentes privadas y públicas de EEUU también inciden de manera adversa para Cuba al incrementar la clasificación recibida como “riesgo país”, lo que repercute en el aumento de los costes financieros de las transacciones en al menos un 5%, lo que representa un aumento adicional en los gastos estimados en 21,8 millones de dólares en el año 2006.[42] Otros factores mencionados incluyen a los proveedores tradicionales del mercado cubano, quienes reclaman que debido a la práctica de inmovilizar los fondos para las compras de mercancías norteamericanas por períodos entre 10 a 15 días antes de la recepción de las mismas, los lleva a afrontar condiciones restrictivas de pagos que incrementan los costes de las operaciones. Un tercer elemento es el coste de las transferencias financieras. Los bancos cubanos tienen pérdidas de alrededor de unos 30 millones de dólares por tener que pagar a través de terceros bancos en otros países en monedas diferentes del dólar americano. Finalmente, está la inseguridad con las entregas de las mercancías por los retrasos en los pagos, lo que en el año 2004 representó un gasto de 300 millones de dólares en bienes de consumo para la distribución racionada comprados en lugares distantes a mayores precios, costes de transporte y seguros, debido a la inseguridad con las operaciones en el mercado norteamericano. En comparación con el potencial de comercio identificado en varios estudios a lo largo del tiempo, las cifras actuales están aún lejos de esas proyecciones. Sin embargo, el hecho particularmente relevante a señalar es la paradoja de que el nivel más alto nunca antes alcanzado en el comercio entre los dos países desde la revolución haya sido alcanzado precisamente en el momento en que la política de sanciones económicas esté en su punto más álgido. No cabe duda de que nuevos factores han surgido de esta evolución en las relaciones comerciales bilaterales entre Cuba y EEUU: (1) la emergencia de un actor como el sector de negocios, que pasó de una actitud de indiferencia o de espera por un escenario de cambio de gobierno hacia un activismo creciente por acceder al mercado cubano sin la pre-condicionalidad del cambio político; (2) que el creciente comercio que se establece a partir de 2004 ha puesto en evidencia impactos asociados a esa actividad que antes no existían y que pueden ser relevantes hacia el futuro; y (3) que incluso en el supuesto de un escenario de normalización de relaciones económicas sin complicaciones extremas, para Cuba constituye un reto de no poca magnitud la consideración de los reacomodos que este proceso pudiera tener en la composición de sus asociaciones comerciales y económicas como una relación de trade-off entre estabilidad y diversificación de riesgo, de un lado, y, de otro, los beneficios del acceso al mercado (natural) geográficamente mas cercano, con menores costes y elevados estándares de calidad pero, sobre todo, asociado a una alta sensibilidad política que pudiera anular todos esos beneficios. 5.2. Proyecciones en turismo El ministro cubano de Turismo, Manuel Marrero, estimó que un millón de turistas norteamericanos podría visitar la isla en el primer año si el embargo fuese levantado.[43] Cifras similares han sido reportadas por otros estudios con algunas variaciones en el marco de tiempo, situándolo entre uno a tres años, y en magnitud desde uno hasta cuatro millones de visitantes, respectivamente. En el horizonte mínimo se sitúan los resultados de la US-Cuba Trade Association y la American Society of Travel Agents (ASTA). En el año 2004 Cuba recibió poco mas de 209.000 visitantes desde EEUU, lo que situaba a este país entonces como el sexto mercado emisor con una cuota de mercado que superaba el 10%. De los 2,2 millones de turistas que visitaron Cuba en el año 2006, se estima que los ciudadanos norteamericanos fueron el 8,8%, y en 2007 el 10,6%, aproximadamente la mitad de los que habían venido hasta el año 2000, debido al reforzamiento de las restricciones de licencias de viaje por la OFAC a partir de 2004. Tabla 8. Cuba: visitantes de EEUU
Fuente: José L. Perelló, “El escenario turístico cubano, polarización de una tendencia”, Centro de Estudios del Turismo, presentación en el VIII Seminario Estudios Canadienses, 2008. Se asume también que el incremento en las capacidades de hospedaje y la mejora de los servicios hoteleros alcanzados en la década ha permitido acomodar la creciente demanda del turismo norteamericano a corto plazo, si bien esta sigue por debajo de su potencial mínimo de un millón de visitantes, pues lo recibido hasta ahora representa alrededor de un 20% de ese total. Por lo mismo, este mercado constituye un área de particular atención. Ello no significa que no sean necesarios ajustes perspectivos en cuanto a infraestructura y servicios debido a las peculiaridades del consumo y los estándares de calidad de ese segmento de mercado, sobre todo considerando la competencia de los vecinos regionales, pero en términos generales se acepta que la moderada tasa de ocupación promedio actual (alrededor de un 60%-70%), así como las diferencias estacionales con respecto a los emisores principales (Canadá y Europa), que se orientan con preferencia hacia el período invernal, permiten contar con un margen de maniobra confiable a corto plazo para acomodar la demanda actual. De acuerdo con los estimados de la Comisión Internacional de Comercio de EEUU, si las restricciones de viajes fuesen eliminadas, a corto plazo se recibiría un flujo mínimo de 171.000 visitantes, que podría llegar a 554.000 o incluso 1,1 millones de turistas, con un potencial de incremento anual sobre esa cifra de 226.000-358.000 visitantes, lo que representa un efecto directo de incremento en los ingresos de entre un 13% a un 33%.[44] Un impacto adicional de este incremento en el arribo de turismo norteamericano estaría asociado al aumento de la demanda cubana de importaciones de productos y bienes agrícolas norteamericanos, que resultaría de disponer de una expansión de los ingresos por ese motivo. No obstante estas proyecciones, las cifras de los visitantes cubano-americanos son inexactas porque una parte llega a Cuba por terceros países. A continuación se presentan las estimaciones para EEUU. Tabla 9. Turismo desde EEUU hacia Cuba (miles de visitantes), 2000-2005
Fuente: USITC. Cuba se enfrenta hoy a varios retos en la industria turística, algunos de carácter doméstico como la protección medioambiental, los impactos culturales, el desarrollo de la infraestructura de servicios, una mayor integración con la agricultura y las industrias domésticas, y la flexibilización de mecanismos financieros domésticos vinculados al transporte aéreo así como ajustes en los márgenes de convertibilidad. Todos estos son factores que, junto a la agresiva competencia de la región, han estado erosionando parcialmente algunas de las ventajas iniciales. Sin embargo, por el lado cubano, la transformación más importante ha sido la del desplazamiento desde el turismo convencional hacia el turismo de salud, corrimiento que a su vez ha sido la base de una transformación estructural mas profunda en todo el comercio exterior, que se ha desplazado masivamente hacia la exportación de servicios de salud, al punto que aproximadamente un 70% de los ingresos actuales del país provienen de esa fuente. Este corrimiento ha relegado al turismo de primera a tercera fuente de ingresos en relativamente poco tiempo. Teniendo en cuenta las potencialidades antes descritas, hay sin embargo que insistir en la importancia de evaluar con mesura los impactos probables que una explosión de turismo norteamericano implica, no sólo por el lado positivo en términos de ingresos, mejoras de infraestructura y el efecto de “onda” hacia otros sectores de la economía cubana, sino en una lógica mas amplia, en la que, sin abandonar el propósito de aprovechar las ventajas que representa, estas se articulen a la vez dentro de una estrategia que dé prioridad a las ventajas reales del país en otros sectores intensivos en capital humano como las industrias y servicios basados en el conocimiento (medicina, software, biotecnología, etc.), que poseen no sólo un impacto mayor en términos de valor agregado sino que tienen asociado un efecto multiplicador mas significativo en la generación de empleo y de encadenamientos productivos. Es por estas razones que el turismo norteamericano no debe verse como un fin en sí mismo y se le debe vincular con una perspectiva integradora, es decir, su papel “dentro” y no “sobre” la plataforma de desarrollo del país a largo plazo. Esto es de particular importancia para Cuba, cuyo perfil de exportaciones es muy similar al de sus vecinos del Caribe en cuanto al contenido de productos primarios y los servicios. Por lo mismo, debe reforzar aquellos aspectos en los que su diferenciación le confiere una ventaja relativa, en especial en cuanto a la calificación laboral y el contenido tecnológico de avanzada. En resumen, las proyecciones para el turismo norteamericano en una eventual despenalización representan ciertamente una oportunidad importante a corto plazo para expandir los servicios y multiplicar sus efectos hacia otras áreas de la economía cubana (transportes, comunicaciones, construcción, agricultura, industria del ocio, etc.), pero en una visión a mayor alcance no necesariamente tiene que ocupar un lugar prioritario. 5.3. Los envíos de remesas Las remesas se han constituido en el tercer componente de peso en las relaciones económicas bilaterales entre Cuba y EEUU a partir de los años 90. Con anterioridad a la actual euforia que rodea este fenómeno de los crecientes flujos de envíos de dinero desde los países desarrollados hacia los países emisores de emigrantes, se había asumido con respecto a estos una actitud en la que prevalecían la infravaloración de sus efectos macroeconómicos y sociales. Esto se debía en parte a la simplificación a priori de sus efectos en el consumo por tratarse de circuitos simples y sumamente fragmentados, y también como consecuencia de la falta de métodos de registro confiables y uniformes. Estas limitantes han sido reconocidas, y en la actualidad puede constatarse que hay todo un resurgimiento de una literatura analítica que cuestiona muchos de los mitos precedentes, proponiendo nuevas interpretaciones sobre los impactos de las remesas, no sólo a nivel del consumo, sino sobre las políticas macro y de inserción en los circuitos financieros, fenómeno en el que mucho de activismo tienen también organismos como el BID, el FMI y el Banco Mundial que han producido sendos trabajos sobre el tema. El aumento de atención hacia las remesas se produce porque su importancia ha crecido hasta desplazar en magnitud los flujos de ayuda para el desarrollo, e incluso de inversión extranjera privada en algunos casos, llegando a ser la segunda fuente de financiamiento para los países en desarrollo como se puede apreciar en el siguiente Gráfico tomado del estudio del Banco Mundial. Gráfico 8. Remesas, segunda fuente de ingresos en América Latina
Fuente: Inter-American Development Bank, Multilateral Investment Fund, Sending Money Home, Leveraging the Development Impact of Remittances, Washington DC, 2006. Al tener una comunidad residente en EEUU que supera el millón de emigrados, Cuba no está fuera de esas corrientes, incluso aunque su entramado institucional y económico difiere sustancialmente del de sus vecinos caribeños y centroamericanos, la isla se ha incorporado a la tendencia general asumiendo muchas de las características comunes a los países receptores en cuanto a los volúmenes, la frecuencia de los envíos y sus usos generales, aunque como se verá, con una particular sensibilidad política y económica que le dan una sello distintivo. Existen para el caso cubano relativamente pocos estudios (públicos) que han cubierto algunas facetas de este fenómeno, como la situación relativa del país en el contexto hemisférico, la evolución de las acciones políticas que los gobiernos de EEUU y Cuba han tomado para promover o restringir las remesas, las transformaciones en las relaciones sociales y transnacionales entre los emigrantes y la sociedad cubana, los impactos en la diferenciación social y los niveles de consumo de los hogares, sobre los efectos generales y de caracterización general. Este tema aún requiere profundizar otras facetas, pero en esta ocasión nos referiremos sólo a una caracterización general y a sus efectos multiplicadores sobre la economía cubana en virtud de sus especificidades, como la segmentación de mercados, la dualidad monetaria y los mecanismos de reasignación de financiamientos para la actividad empresarial, ya que estos canales son decisivos en la configuración de los impactos asociados a las remesas en el caso cubano. Los estimados de los flujos de remesas para Cuba varían en dependencia de la fuente y de los métodos y los supuestos aplicados en un rango entre 700 millones de dólares 1.000 millones anuales, de los que casi en totalidad son envíos desde EEUU. El indicador proxy mas cercano son las transferencias netas reportadas en la balanza de pagos, donde las remesas se consideran que representan en promedio el 90% de estas. Las complicaciones con la estimación se deben a la superposición de las remesas con otros flujos de ingresos al dinero convertible circulante como los “derrames” del turismo, los ingresos que traen desde el exterior artistas y profesionales a su regreso tras cumplimentar contratos, los pagos complementarios que el gobierno da en moneda convertible y otras formas de interacciones en la recirculación doméstica. Tabla 10. Envíos de remesas a Cuba, estimados por fuentes (en millones de dólares)
Fuentes: CEPAL e informes de Cuba de transferencias netas corrientes (de las que las remesas se estiman aproximadamente en un 90%); CEPAL (1997, 2004-2005); ONE, Anuario estadístico de Cuba (1999-2005), ONE, Cuba en cifras 1998, Informe del Banco Central (1990-94), The Economist Intelligence Unit (EIU), Country Risk Service 2nd Quarter 1998, abril de 1998, Country Report (2003-2004, noviembre de 2002), (2004-2005, mayo de 2004), (2005-2006, septiembre de 2005, noviembre de 2004), World Development Indicators (WDI) 1960-2000; Lorena Barberia (2004). Calculado como la diferencia entre transferencias netas y ayuda oficial para el desarrollo, tabla 10.2, p368. Gráfico 9. Las remesas, tercera fuente de ingresos en los años 90
Fuentes: Lorena Barberia, “Remittances to Cuba: An Evaluation of Cuban and US Government Policy Measures”, en Jorge I. Domínguez, O. Everleny y Lorena Barberia (eds.), The Cuban Economy at the Start of the Twenty-First Century, Harvard University Press, 2004, tabla2, p. 46. Datos de la IED tomados de CEPAL (1997, 2001, 2003). Datos de los demás indicadores de World Development Indicators (2003). Las remesas en Cuba tienen una naturaleza dual, de un lado actúan como un ingreso que expande las reservas del Banco Central ampliando la capacidad de pago del país, pero por otro, hacia lo interno, tienen un importante efecto de ampliación del margen de financiamiento a la actividad empresarial, puesto que una vez recaudados, los dólares en manos del Banco se convierten luego en créditos para la actividad mercantil minorista. Sin embargo, su impacto principal se deriva del contexto de la dualidad de mercados y monedas, ya que los ingresos por esta vía tienden a constituir una fuente de estabilización de distorsiones en los precios que presionan sobre los salarios, y de polarización social no vinculada a los ingresos por el trabajo, creando una mentalidad de rentismo que refuerza la exclusión de los sectores de menos ingresos. Gráfico 10. Remesas: América Latina y Cuba
Aunque se ha reportado que alrededor de un 60% de la población cubana tiene acceso a dólares, ello no significa que estos ingresos se perciben de manera estable o uniforme. Existe una clara concentración geográfica asimétrica de los flujos, lo que se refleja en la cantidad de casas de cambio (CADECAS) por territorios, esa orientación a su vez pareciera tener una relación cercana con la cantidad de locaciones de turismo internacional, lo que sugiere que tal vez la circulación de divisas tiene un componente importante del derrame del turismo como propinas y pagos realizados fuera de las redes estatales. Sin embargo, no es totalmente descartable que esta interpretación también pudiera estar enmascarando otras interacciones menos evidentes. Los rasgos que hacen diferente la situación de Cuba en el tema de las remesas con respecto a los demás países receptores latinoamericanos pueden resumirse como:
La mayoría de los estudios realizados han confirmado que el destino principal de las remesas es el consumo (alimentación, vestido, equipos electrodomésticos, etc.) y en una proporción menor para otros usos como reparación de casas, ahorro y cuasi-inversión a microescala en pequeños negocios. Es éste último uso el que tiene un mayor impacto en el caso cubano como factor de diferenciación social, puesto que el ingreso inicial no se “gasta” sino que se convierte en pequeños negocios que multiplican la brecha de ingresos de los receptores con respecto a los trabajadores que dependen solo del ingreso normal. Este proceso de polarización social puede apreciarse con toda claridad en el Gráfico que se muestra a continuación, en el que se aprecian los distintos sectores de la población por deciles, es decir, niveles de ingreso, y los porcentajes de remesas que cada grupo poblacional recibe del total. Según esta investigación, realizada en Ciudad de La Habana (donde se concentran casi dos tercios de todas las casas de cambio del país) se puede constatar como los dos grupos de mayores ingresos son los que captan casi el 60% del total de las remesas que llegaron ese año. Gráfico 11. Distribución de los receptores de remesas por niveles de ingresos en Ciudad de La Habana, 2004
Fuente: elaborado con datos tomados de L. Añé, A. Ferriol y M. Ramos, “Reforma económica y población en riesgo en la Ciudad de la Habana”, Programa Efectos sociales de las medidas de ajuste económico sobre la ciudad, Diagnósticos y perspectivas, INIE-CEDEPE-ONE, 2004. En consecuencia, las remesas no son solo un problema desde la perspectiva de la gestión a nivel macroeconómico de los flujos financieros, sino que plantea por sus características propias retos nuevos en el plano de las políticas internas de compensación social, salarios y empleo por citar las más evidentes. Sin embargo, la visión predominante desde el gobierno norteamericano ha sido reduccionista, en el sentido de que estas se consideran solo como un flujo neto de ingresos que ha contribuido a darle flotabilidad financiera al gobierno cubano, razón por la que las medidas introducidas tras el segundo mandato de George Bush en 2004 se han orientado hacia su reducción al máximo posible.[45] De los elementos antes expuestos, pueden inferirse algunas implicaciones de política que se sintetizan a continuación.
5.4. El petróleo en la plataforma costera del Golfo Recientemente un nuevo factor se ha sumado al del tradicional sector de negocios agrícolas: el petróleo en la plataforma marítima del Golfo de México, en la zona que pertenece a Cuba. Se ha informado por agencias cubanas que la isla cuenta con abundantes reservas en esa zona sin precisar detalles,[46? al tiempo que se destacaba que los 112 kilómetros cuadrados que comprende esa área habían sido divididos en 56 bloques, de los que una parte ya habían sido negociados. La parte mayor con la firma española Repsol-Ypf con 20 bloques contratados, de los que actualmente están en operación seis. Otras compañías extranjeras que participan, cada una con cuatro bloques, son la canadiense Sherrit Oil & Gas, Petronas de Malasia, y Petro de Vietnam. Otras compañías de China, Francia, la India, Malasia, Noruega, Venezuela y Vietnam también están en fase exploratoria o considerando su participación. Este hecho representa en la práctica que por primera vez en la historia de las relaciones entre Cuba y EEUU aparece un factor de “coste estratégico por mantener el bloqueo”.[47] El anuncio de la posibilidad de extraer petróleo en la plataforma marítima cubana ha generado, como es lógico, reacciones en el Congreso y actualmente existen tres propuestas al respecto.[48] Una es de los representantes cubanoamericanos de Florida Lincoln y Mario Díaz-Balart e Ileana Ros-Lehtinen y del senador Mel Martinez proponiendo una legislación que combina preocupaciones medioambientales con el compromiso tradicional de destruir la revolución cubana mediante el reforzamiento del bloqueo extendiéndolo hacia este sector. La propuesta de Mel Martínez se orienta a intimidar a los posibles inversores extranjeros mediante la denegación de visas para entrar en territorio de EEUU a los ejecutivos –y sus familiares– de las firmas que entren en acuerdos con el gobierno cubano. Otra propuesta, del senador Bill Nelson, busca ampliar la zona de prospección norteamericana unas 150 millas hacia el interior de la zona cubana, promoviendo la eliminación del tratado de fronteras marítimas entre los dos países de 1997. Una tercera propuesta, de los senadores Byron Dorgan, Jeff Flake y Larry Craig, permitiría a las empresas norteamericanas participar en las operaciones de extracción mediante el mecanismo actual de las licencias especiales de OFAC, que sería modificado para incluir las empresas petroleras y sus subcontratistas. El gobierno cubano ha expresado que no constituye una prioridad inmediata para el país el convertirse en exportador de petróleo. El principio seguido es que “el petróleo se subordine a la política económica y no a la inversa”,[49] dándole mayor énfasis en lo inmediato a los planes estratégicos de reconversión de la generación doméstica de energía mediante la descentralización de su estructura en plantas de menor escala que se acompañan de una modernización de las redes y de sustitución de equipos. Un hecho importante que sí cambia en lo inmediato la posición relativa de Cuba en este terreno es la apertura de la refinería de Cienfuegos, re-equipada y modernizada con una inversión venezolana, que ha situado al país en la posición de procesador y re-exportador de combustibles a escala regional, con orientación preferente hacia el Caribe y los países miembros del acuerdo del ALBA. Un estudio realizado por el US Geological Survey[50] estimó, empleando una metodología de prospección geológica, que las reservas cubanas alcanzaban unos 4.600 millones de barriles de petróleo aún sin descubrir, y un promedio de 9,8 trillones de pies cúbicos de gas natural acompañante (8,6 trillones de pies cúbicos de gas asociado disuelto, 1,2 trillones de pies cúbicos de gas no asociado y una media de 900 millones de barriles de gas natural líquido en la cuenca norte cubana). La empresa cubana Cupet ha establecido un acuerdo con Pebercan para establecer una asociación (incluyendo operación y gastos) con vistas a abrir varios pozos con un presupuesto de 111 millones de dólares y, si se completan otros programas adicionales, podría alcanzar los 183 millones de dólares, con la expectativa de llevar el programa hasta una producción básica de 13.000 barriles diarios y 18.500 barriles diarios en el programa condicional.[51] La continuidad de la guerra en el Medio Oriente y los altos precios del petróleo han creado condiciones en que la re-evaluación del potencial petrolero cubano en aguas del Golfo ha provisto un efecto palanca adicional contra el bloqueo. Bajo la percepción de que no actuar a tiempo solo facilita que otros competidores sigan tomando ventaja, se ha informado que nuevos actores como Halliburton están haciendo lobby para influir en las restricciones del bloqueo en este terreno.[52] 5.5. Las restricciones de acceso al mercado norteamericano El acceso al mercado norteamericano de los bienes y servicios cubanos en un escenario de normalización de las relaciones económicas sigue siendo hasta la fecha uno de los problemas más complejos a dilucidar. Hay acumuladas reclamaciones multimillonarias por ambas partes, a lo que se suma un conjunto de regulaciones especiales que involucran a varias instituciones norteamericanas, que no resultaría nada fácil de desmontar. Las principales agencias federales que controlan el comercio actual entre los dos países bajo requisitos especialmente establecidos son: el Departamento de Comercio, el Buró de Industria y Seguridad (BIS) –que controla las exportaciones y re-exportaciones hacia Cuba– y el Departamento del Tesoro –mediante su agencia de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), que regula por mandato todas las transacciones que involucran activos cubanos, incluyendo las regulaciones que afectan viajes y relaciones financieras con Cuba–. Ninguna de las regulaciones bajo las cuales estas agencias establecen su actividad actual entra dentro de lo que pudiésemos llamar “procedimientos estándar” para el resto de los países de América Latina. Otro factor a considerar es la reclamación cubana en cuanto a la indemnización por el coste asociado al bloqueo. Aunque difícil de cuantificar con precisión, dichos costes toman muchas formas, incluyendo la reorientación de mercados –con sus costes implícitos de transporte y seguros–, los impactos tecnológicos, las pérdidas por reorientación de las exportaciones, del turismo y los vuelos comerciales, mayores recargos en la deuda externa y la migración laboral calificada para referenciar sucintamente aquellos de entre los más reconocidos, pero también su efecto se ha extendido hacia terceros países, con impactos también significativos. Las pérdidas cubanas acumuladas registradas oficialmente sobrepasan ya los 96 billones de dólares. Por su parte, ambos gobiernos tienen también como asunto pendiente de solución el tema de las compensaciones por las expropiaciones que el gobierno revolucionario realizara en los primeros años después del triunfo. Este es sin duda uno de los temas mas complicados a dirimir, pues tiene múltiples aristas, muchas de las cuales requieren de una negociación marco de tipo político-jurídica que establezca definiciones, métodos de valoración y esquemas de tratamiento, sin lo cual resulta difícil concebir avanzar hacia una normalización de las relaciones económicas en sentido amplio. Un factor de particular importancia es el hecho de que la Ley Helms-Burton de 1996 (The Cuban Liberty and Democratic Solidarity Act) modificó drásticamente la capacidad de negociación del presidente de EEUU, restringiendo su margen de discrecionalidad al tener que probar que se satisfacen las condiciones establecidas en esa misma Ley para poder modificar sus normativas.[53]Reforzada después de la segunda Administración Bush en 2004 para limitar los viajes familiares, intercambios académicos y toda forma de colaboración precedente, el embargo en sentido general permanece como la pieza central de una estrategia obsoleta y rígida, sin contacto con la realidad cambiante del país y sin capacidad efectiva de alcanzar su fin último de derrocar al gobierno cubano, como señala con toda claridad Julia Sweig: “la política hacia Cuba, dirigida esencialmente hacia el cambio de régimen ha sido por largo tiempo dominada por los deseos (wishful thinking), y cada vez mas desconectada de la realidad de la isla, reforzada por un ambiente político que premia alimentar a la Casa Blanca con lo que ellos quieren escuchar”.[54] Como consecuencia de la creciente pérdida de capacidad para influir en los acontecimientos que suceden en Cuba, y de la renovada inserción internacional de la isla que le ha permitido contar con buenas proyecciones de crecimiento económico hacia el futuro, algunos analistas han llegado a considerar que ello sólo demuestra que “el fin del bloqueo puede no ser una prioridad urgente para la próxima generación de líderes políticos cubanos en el futuro inmediato”.[55] El levantamiento de las restricciones para las exportaciones cubanas introduciría a su vez la competencia en sectores particularmente sensibles para Florida, como el turismo, los mercados de frutas y la industria pesquera. Además, el comercio mismo sería retroalimentado por oportunidades nuevas para las empresas norteamericanas de invertir en re-equipamiento, infraestructura (transportes de mercancías, energía y telecomunicaciones), agricultura, minería, construcción, manufacturas y servicios, tal como ya ha sucedido con empresas de Canadá y Europa. Hasta el presente, el bloqueo ha sido efectivo inhibiendo una participación mas activa de la inversión extranjera, pero no lo suficiente como para detenerla y en modo alguno como para inducir cambios políticos en la dirección buscada. En realidad, el sector de negocios norteamericano ha sido afectado por esa misma ley, al privarle de la posibilidad de participar en un mercado que ha demostrado tener posibilidades reales. El crecimiento que se ha logrado a partir de 2004 encierra en sí mismo algunas claves imprescindibles para entender las necesidades futuras.[56] De una parte, en los tres últimos años la economía se ha visto impulsada por el sector externo,[57] en especial por los ingresos provenientes de la venta de servicios médicos y el turismo, que han permitido aligerar la restricción de la balanza de pagos, mientras que los sectores de la producción material (agricultura, minería e industria), con excepción del año 2007, muestran tasas de crecimiento promedio anual muy cercanas al 1% (en el período 2001-2006), resultado de un proceso de deterioro continuado del sistema productivo y de la pérdida de algunos resortes e impulsos al crecimiento generados en los años 90 (en especial el efecto de arrastre del turismo y de las tiendas de recuperación de divisas sobre el sistema industrial nacional). De otra, dentro del mismo sector de servicios, uno de sus subsectores, el turismo, muestra señales de retroceso evidente y cede espacio a la competencia de otros mercados de la región. Hay al menos tres preguntas que se desprenden de esta combinación de hechos:
No puede descuidarse el hecho de que el proceso de crecimiento alcanzado también permitió al país rescatar los sectores de la educación y la salud, fuertemente dañados durante los años de la crisis y de la recuperación inicial, esenciales en la continuidad de nuestro socialismo. Tampoco puede desconocerse la complejidad de los procesos de crecimiento y la influencia recíproca entre aquellos y los procesos de cambio estructural de la economía. De hecho, debe tenerse en cuenta la posibilidad de resultados aparentemente contradictorios, por ejemplo, cuando los sectores de mayor dinámica en la generación de puestos de trabajo son a la vez los de menores ganancias de productividad.[59] ¿Qué hacer? La respuesta a esta pregunta obliga a realizar un balance, aunque sintético de dónde se encuentra la economía hoy:
Entonces, ¿qué hacer? La respuesta es: avanzar por etapas, en un proceso paulatino de aproximaciones que evite shocks traumáticos: Ir solucionando distorsiones e incentivando el sector productivo tradicional, cuidando los equilibrios actuales. La creación de un tipo de cambio para el sector empresarial que permita medir la eficiencia, generar incentivos para exportar y para sustituir importaciones, incrementar el aprovechamiento de los recursos nacionales con el consecuente mejo desempeño de las empresas estatales y de la economía nacional, y mejore sobre esta base la asignación de recursos, junto al comienzo del cierre de la brecha entre la tasa de cambio oficial y la tasa de cambio de CADECA, podría contribuir de forma indirecta a un proceso paulatino de eliminación de la dualidad monetaria.[61] Este debe ser un proceso paso a paso que permita el acomodo de las empresas estatales y la corrección sistemática del proceso. Incrementar el salario real sin aumentar el salario nominal podría ser una de las primeras acciones cuyo efecto positivo ayudaría a recuperar el concepto esencial de que el salario constituya la principal vía de satisfacción de las necesidades de la mayoría de la población cubana. Para ello resulta posible la reducción sustancial de los precios de los productos de mayor rotación y alta demanda en las tiendas de recuperación de divisas mediante la reducción del impuesto sobre la venta de los mismos. Ello impactaría positivamente en la redistribución del ingreso y la mejoría del consumo de los sectores de menores ingresos y tendría también un impacto positivo sobre los mercados agropecuarios vía efecto sustitución. También evitaría el incremento del circulante que se generaría de incrementarse el salario nominal en condiciones de débil respuesta productiva y de dificultades para incrementar la oferta debido a la restricción de balanza de pagos. La recuperación del sector agropecuario podría ir acompañando desde el inicio este proceso, por su efecto sobre la población vía precios de los alimentos y también sobre el desequilibrio de la balanza comercial vía sustitución de importaciones.[62] Sin embargo, la descapitalización que sufre el sector, junto a la emigración de la fuerza de trabajo y el consecuente despoblamiento de los campos de Cuba, obligan a pensar que esa recuperación debe tener como un componente fundamental la modernización y recapitalización del agro cubano, para lo cual se necesita una fuerte inversión de capital que muy probablemente el Estado no esté en condiciones de suministrar desde un inicio. Por esa razón, resulta congruente pensar en la promoción de la inversión extranjera en el mismo. Cuba ha tenido experiencias exitosas de inversión extranjera en la agricultura: la recuperación de la producción de cítricos y la de tabaco está asociada a la misma.[63] Se podría también tratar de estimular el regreso de familias al campo, algo sobre lo cual ya existen experiencias igualmente obliga a considerar la necesidad de estímulos materiales suficientemente importantes que promuevan la decisión familiar. Expandir el mercado, liberando acceso a bienes y servicios, lo cual contribuiría a expandir los incentivos al trabajo y a conservar los equilibrios macroeconómicos con efectos positivos sobre la demanda agregada. Ello también tendría un efecto sobre el mercado negro, disminuyendo su espacio físico y su tamaño económico. Relanzar el sector de la pequeña y mediana empresa cooperativa (y privada) Lo que permitiría descargar al Estado de compromisos que no son decisivos para el fortalecimiento de la economía socialista y, a la vez, generar un tejido empresarial que contribuya a elevar la eficiencia del sistema en su conjunto, reorientando una parte del gasto destinado hoy a mantener empresas improductivas hacia los sectores sociales. Sin embargo, la pequeña y mediana empresa (cooperativa o privada, según convenga en cada situación específica) debe concebirse como complemento al sistema productivo estatal o sustituto del sistema estatal en servicios como comercio y gastronomía y para fomentar la tercerización. Dos asuntos estratégicos al respecto conviene destacar; el primero está asociado a las propias características de la fuerza de trabajo en Cuba, con un alto grado de calificación y una distribución muy equitativa territorialmente,[64] lo que permitiría fomentar un sector de pequeñas y medianas empresas de alto contenido tecnológico o de servicios de alto valor agregado para el sistema productivo estatal. El segundo es la importancia que estas mismas empresas pudieran tener en los proyectos de desarrollo a escala local, por su capacidad para aprovechar eficientemente el conocimiento tácito y explícito sobre el territorio, complementando a las empresas estatales de subordinación nacional o local. Se trata entonces de hacer funcional a los objetivos socialistas este sector y sumarlo a la dinámica productiva nacional. Reactivar la inversión extranjera sumando nuevas prioridades La experiencia de la inversión extranjera directa en Cuba ha sido, en general, exitosa,[65]cumpliendo con los propósitos iniciales para los que fue diseñada. Sin embargo, si atendemos a las necesidades actuales que enfrenta el país, se hace evidente que aún es posible encontrar nuevos espacios o concentrar los esfuerzos donde la inversión extranjera directa ayude al esfuerzo estatal en pos de mejoras sustanciales. Entre esos nuevos y no tan nuevos espacios pudiera estar la contribución a:
Obviamente, esta nueva etapa de transformaciones requiere también de procesos colaterales en el ámbito legal, institucional y programático que la acompañen y le den toda la coherencia, solidez, transparencia y legitimidad que los mismos requieren dentro de nuestro socialismo. En un segundo momento, luego de haber logrado la reactivación del sector productor de bienes materiales, habría que trabajar por culminar la eliminación de la dualidad de la economía y la brecha cambiaria, siempre iniciando el proceso desde la empresa hacia la población, alineando el entorno empresarial en la dirección de la productividad, la eficiencia y la competitividad, lo cual obligaría a repensar el sistema de perfeccionamiento empresarial para también alinear los sistemas internos de la empresa con estos nuevos cambios. Se requiere, además, la revisión de la política salarial y la actualización del sistema fiscal. El tiempo, sin duda, sigue siendo el recurso más escaso en cualquier proyecto de transformación, pero la premura no debe entorpecer ni frustrar los propósitos. Se necesita tiempo para permitir los acomodos institucionales necesarios, facilitar la adecuación de los sistemas regulatorios y permitir la adaptación de las personas a estas nuevas condiciones. Muy al contrario de lo que puede pensarse, Cuba tiene tiempo: entre varias razones, porque ya en los años 90 logró sobrevivir a peores condiciones, cuando la desaparición del campo socialista y de la URSS, sumado a las fallas estructurales no resueltas en las estrategias de desarrollo adoptadas desde los años 60 provocaron las más profunda crisis económica que haya vivido el país en su historia; entonces, el proceso de transformaciones implementado bajo condiciones extremas, literalmente al borde del colapso económico, permitió crear nuevas fuentes de crecimiento y relanzar la economía sobre otras bases funcionales; porque en el país hay un entorno doméstico de estabilidad política y gobernabilidad, porque a diferencia de años atrás, hoy en el contexto político regional y hemisférico se rechazan las políticas absurdas de aislamiento y se favorecen en su lugar modelos de integración que representan oportunidades nuevas, en resumen, porque se dan condiciones en sus relaciones económicas domésticas y externas incomparablemente mejores que hace 14 años, y si el país logró rebasar entonces tan difíciles circunstancias, hoy el reto parece menos intimidante, aún cuando muchas verdades establecidas hasta ahora puedan quedar desechas en elcamino. Jorge Mario Sánchez Egozcue Juan Triana Cordoví [1] En 1988 se funda la primera empresa mixta cubana entre Cubanacan S.A. y el Grupo Sol para la explotación de un primer hotel en Varadero. [2] Este es el precedente histórico de lo que después se conoció como “Perfeccionamiento empresarial”. [3] A este segmento de la economía nacional se le denominó “economía emergente”. [4] Desde los inicios del llamado Período Especial se alertó sobre la necesidad de postergar determinadas metas de desarrollo social. [5] El peso cubano convertible se introdujo en 1994 y en sus inicios solo se emitían pesos convertibles contra dólares físicos como respaldo (encaje 1 a 1). [6] El tipo de cambio oficial (1 dólar = 1 peso cubano) y el tipo de cambio extraoficial o de CADECA (1 dólar = 26 pesos cubanos). 7 Jorge Mario Sánchez Egozcue y Lourdes Regeiro, “Latin America vis a vis the FTAA: Between Relaunching and Alternatives”, en G. Prevost y C. Oliva (eds.), TheBush doctrine and Latin America, Palgrave Macmillan, Nueva York, 2007. [8] BBC Mundo.com, “Chávez estrecha alianza con Castro”, 28/IV/2005. [9] La necesidad de perfeccionar la contabilidad del PIB no es algo exclusivo de Cuba. De hecho, es un proceso continuo que lleva a cabo la comisión correspondiente del sistema de Naciones Unidas. [10] J. Triana Cordoví, “Cuba transformación económica 1990-1997: supervivencia y desarrollo en el socialismo cubano”, tesis doctoral, 1999. [11] El Informe Truslow de 1950 (Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento), por ejemplo, era preciso en cuanto a la dependencia cubana de la producción azucarera y la necesidad de la diversificación. [12] La URSS pagó como promedio 36.4 centavos por libra de azúcar crudo en el período 1975-1989 cuando el precio en el mercado mundial para el mismo período era de 11.49 (véase J.L. Rodríguez, El desarrollo económico y social de Cuba, 1990, p. 292). [13] La industria azucarera producía el 14% de la producción mecánica del país y era también el destino final del 20% de de toda la producción de la industria mecánica no azucarera, del 13% de la industria básicay de un 8% de la industria ligera. [14] El espacio y papel de la competencia en la transformación de los 90 es uno de los temas menos debatidos explícitamente en el orden teórico. Este vuelve a ser hoy uno de los asuntos teóricos y prácticos más importantes y también más complejos, pues no solo se asocia a la vieja discusión entre aperturismo y proteccionismo, sino que en el caso de Cuba se le añade la discusión (implícita y explícita) entre mercado y planificación. [15] Lenier González Mederos, “Construir un posible en la infinidad”, Espacio Laical, febrero de 2008, p. 73. [16]Versión a partir de BBC Mundo.com, “Cambios y expectativas”, 29/IV/2008, y Prensa Latina, “Cuba incrementa pensiones y asistencia social”, La Habana, 27/IV/2008. [17] Es el caso de los jubilados y de los salarios en el sector judicial, a partir de mayo próximo (incremento de un 20% promedio a más de 2.154.000 personasbeneficiadas con la seguridad y asistencia sociales a un coste anual de 809.900.000 pesos. También se incrementan el salario a los casi 10.000 trabajadores del Tribunal Supremo Popular y de la Fiscalía General de la República, con un incremento medio de 211 pesos en general y de 425 para jueces y fiscales. El coste anual de esta medida es de 27 millones de pesos y el salario medio crecerá en el sector judicial de 360 a 559 pesos, un 55%. El incremento de las pensiones favorecerá al 99% de los cubanos implicados en esas prestaciones, para lo cual se anunció un mínimo de 200 pesos (antes era de 164), mientras los que recibían de 202 a 360 ahora tendrán 40 más. [18] Pueden consultarse Vilariño y Domenech, “El sistema de dirección y planificación de la economía en Cuba”; Acosta Santana, “Teoría y práctica de los mecanismos de dirección de la economía en Cuba”; González; “Modelos económicos socialistas: escenarios para Cuba en los años 90”; Carranza, Gutiérrez y Monreal, “Cuba: la reestructuración de la economía. Una propuesta para el debate”; y Triana Cordoví, “Cuba: transformación económica 1990-1997, supervivencia y desarrollo en el Socialismo Cubano”. [19] Y. Prado, “Marco institucional: influencia en el crecimiento productivo en Cuba”, Facultad de Economía, Universidad de la Habana, 2006, y Yaima Doimeadios, “Un modelo de crecimiento económico para Cuba: un análisis desde la productividad de los factores”, Facultad de Economía, diciembre de 2007. [20]Yaime Doimeadios, op. cit. [21] R. Torres Pérez, “Cambio estructural y crecimiento económico en Cuba: un enfoque a partir del uso de los factores productivos”, Centro de Estudios de la Economía Cubana, 2007. [22]Ibid. [23] Pedro Monreal, “El problema económico de Cuba”, 2008. 24 Ignacio Ramonet, “Fidel del primer al cuarto Poder”, Kaosenlared.net, http://www.kaosenlared.net/noticia/fidel-del-primer-cuarto-poder, 26/IV/2008. [25] Discurso de Raúl Castro, 24/II/2008, ante la Asamblea Nacional (Parlamento) y Presentaciones en la sesión del Parlamento cubano, 28/XII/2007, realizadas por: José L. Rodríguez, ministro de Planificación y Economía, Osvaldo Martínez, jefe de la Comisión Económica del Parlamento, y Georgina Barreiro, ministra de Finanzas y Precios. [26] Se han producido en los últimos años innumerables trabajos sobre los problemas monetarios en Cuba de inobjetable valía, tanto el plano analítico como normativo. (en su mayoría gestados desde los Centros de Estudio y la Facultad de Economía de la Universidad de La Habana, y desde el Banco Central) entre los que vale mencionar los de Katia Cobarrubias (tipo de cambio), Anabel Cruz (remesas), Jorge M. Sánchez (inflación y estabilización), Annia Fundora (precios y crecimiento), Vilma Hidalgo, Yaima Doimeadios, y Carlos Pérez-Soto (instituciones y políticas), Pavel Vidal (inflación, políticas), Viviana Togores y Jorge M. Sánchez (remesas, estratificación territorial y consumo) y otros mas que demuestran un creciente interés y una estimulante diversificación de acercamientos que contrasta con el vacío de los años precedentes. [27] El salario de 189 pesos cubanos –CUP– de 1989 equivale hoy en términos reales a 46 pesos –CUP– para la misma estructura de gasto y mercados que en 1989 (P. Vidal Alejandro, “La inflación y el salario real”, IPS, año 20, nº 10). [28] Solo a modo de ejemplo, de no existir esa subvención al arroz, componente esencial de la dieta del cubano, tendría que ser vendido por el sistema racionado, a más de 11 pesos cubanos la libra, mas de 40 veces el precio actual en ese mercado. Sin embargo, en el caso de los alimentos, ese diferencial de precios podría convertirse en una oportunidad de incentivación de los productores (estatales, cooperativos o privados), con márgenes importantes de mejora, para el Estado, vía reducción de la subvención, la población por el incremento de la oferta y los productores, por el mejoramiento de los precios mayoristas. Un esquema como el empleado en el caso del programa energético, de pago contra ahorro de importación de petróleo podría ser empleado. [29] ONE, Anuario estadístico de Cuba, 2006. [30] ONE, Panorama económico y social 2006, www.one.cu. [31] Jorge Mario Sánchez Egozcue, “Challenges of Cuba’s Insertion in Caribbean-US Trade”, en Jorge I. Dominguez, Omar E. Pérez y Lorena Barberia (eds.), The Cuban Economy at the Start of the Twenty-First Century”, The David Rockefeller Center Series on Latin American Studies, Harvard University Press. [32] “Supera los 15 mil mdd la deuda externa de Cuba, al cierre de2006”, La Jornada,31/VII/2007. [33] Marc Frank, “Cuba’s Trade Booms with China and Venezuela”, Reuters, 27/II/2007. [34] IRELA, “Cuba y la Unión Europea, las dificultades del diálogo”, 1996, http://www.irela.org, p. 6. [35] Jorge Mario Sánchez Egozcue, “Redefining Cuba’s International Economic Interests”, en Michael Erisman y John Kirk (eds.), Redefining Cuban Foreign Policy: The Impact of the Special Period, University of Florida Press, 2006. [36] Gareth Jenkins, “Implications for Trade and Investment of the Cuban Liberty and Democratic Solidarity Act 1996 (Helms-Burton)”, Cuba Business, July 1996, p. 8. [37] Pablo Gámez, “¿Cambiará la política europea sobre Cuba?”, Radio Netherland, 18/IV/2008. [38] La sección sobre Cuba-EEUU es una versión reducida del trabajo Jorge Mario Sánchez-Egozcue, “Economic Relations Cuba-US, Bilateralism or Geopolitics?”, presentado en el Congreso de la Asociación de Estudios Latinoamericanos de EEUU (LASA), Montreal, 6-8/IX/2007. [39] Estos datos y los siguientes de esta sección han sido tomados de MINAL, Alimport Cuba, 2007, y del Informe Especial “US Agricultural Sales to Cuba: Certain Economic Effects of US Restrictions”, Investigation No. 332—489, Publication 3932, United States International Trade Commission (USITC), julio de 2007. [40] Por productos más destacados, Cuba es el tercer mercado para el arroz (USA Rice Federation), el octavo para el pollo (USAPEEC) y el duodécimo para trigo (US Wheat Association). [41] Comisión Internacional de Comercio de EEUU, Recent Trends in US-Cuba Agricultural Trade, USITC, 2007. [42] María Julia Mayoral, “Pierden empresarios de EEUU oportunidades de negocios en Cuba”, Granma, 6/I/2007. [43] “Cuba Not Ready, But Expecting US Tourists”, Reuters, 2007. [44]USITC,op. cit., 2007, pp. 3-14 y 3-17. [45] Las enmiendas en cuestión introducidas por OFAC han sido: en la Licencia General, párrafo (a) de la sección 515.570 reduciendo los limites de los envíos trimestrales a Cuba, par. (c)(4)(i) secc. 515.560, y párr. (d)(1) secc. 515.570 para las ONG, párr. (a)(3) secc. 515.572 para las transacciones de bancos con remesas y otras instituciones afines. Fuente: “OFAC Issues New Interim Final Rules for CUBA”, 16/VI/2004, US-Cuba Trade and Economic Council Inc., 2004 Commercial Highlights, www.cubatrade.org. [46], “Abundantes Reservas de Petroleo, Segun Empresa Estatal”, La Habana (ANSA), 13/VIII/2007, www.ansalatina. [47] BBC News, 9/XI/2006, http://news.bbc.co.uk/go/pr/fr/-/2/hi/americas/5321594.stm. [48] Robert Sandels, “The Specter of Cuban Oil Haunts the Blockade”, Cuba-L Analysis, 6/VI/2007. [49] Granma International, 1/VIII/2007. [50] World Energy Assessment Project Fact Sheet, Assessment of Undiscovered Oil and Gas Resources of the North Cuba Basin, mayo de 2005, http://energy.cr.usgs.gov/oilgas, North Cuba Basin Assessment Team (Christopher J. Schenk –Task Leader, schenk@usgs.gov–, Thomas S. Ahlbrandt, Ronald R.Charpentier, Mitchell E. Henry, Timothy R. Klett, Richard M. Pollastro y Jean N. Weaver). [51] “Tarara: Discovery of the New Potential Field”, Pebercan Press Release (Canadá), 15/II/2006. [52] “Oil Relief in Cuban Waters”, TheWashington Post, 18/VIII/2006. [53] Véase un análisis interesante de Philip Peters en “Transition in Detail”, The Lexington Institute, Cuba Policy Report, 29/VI/2006. [54] Julia E. Sweig, “Fidel’s Final Victory”, Foreign Affairs, enero-febrero de 2007. [55] “En sus años finales, el bloqueo no es ni la zanahoria ni el garrote que solía ser”, Peters, Phillip, Ibid., p. 4. [56] J. Triana Cordoví, “La economía cubana en el 2005: crecimiento, reajuste funcional y consolidación del cambio estructural”, CEEC, enero de 2007. [57] P. Vidal Alejandro, “Modelo para la predicción del PIB cubano”, Boletín cuatrimestral, CEEC, abril de 2007,www.uh.cu/centros/ceec. [58] J. Triana Cordoví, “Cuba: los retos del crecimiento en una nueva etapa de desarrollo”, Seminario CEEC, abril de 2007. [59] R. Torres Pérez, “Cambio estructural y sus posiblesefectos en el crecimiento económico a través del movimiento sectorial de la fuerza de trabajo (1975-2003)”, CEEC, enero de 2007. [60] Y. Doimeadios e Y. Prado, “Marco institucional: influencia en el crecimiento productivo en Cuba”, FEC-UH, 2006. [61] P. Vidal Alejandro, “Redimensionando la dualidad monetaria”, Boletín cuatrimestral, CEEC, agosto de 2007,www.uh.cu/centros/ceec. [62] A. Nova González, “La producción agropecuaria en el 2006 y sus retos”, Boletín Cuatrimestral, CEEC, abril de 2007, www.uh.cu/centros/ceec. [63] Obviamente hay sustanciales diferencias entre promover la inversión extranjera directa en segmentos con un mercado externo seguro y hacerlo en el mercado interno, pues la garantía de recuperación de los desembolsos y los problemas asociados a la propiedad de la tierra pueden tener un peso mayor. No obstante, hay espacio para hacerlo. [64] S. Odriozola Guitart, “Hacia una nueva concepción del capital humano en Cuba”, FEC-UH, 2007. [65] O.E. Pérez Villanueva, “La inversión extranjera en Cuba: ¿avances o retroceso?”, CEEC, enero de 2007. |
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Cuba: ¿un nuevo modelo económico? |
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El economista Omar Everleny es profesor de la Universidad de La Habana y vicedirector del Centro de Estudios de la Economía Cubana, una institución que desarrolla investigaciones para el gobierno cubano. Everleny sostiene que la economía nacional está transformándose hacia un modelo mas descentralizado “que tiene que estimular las fuerzas productivas”, y pone como ejemplo a Vietnam pero recalcando que no se copiarán modelos. Para este economista, el primer paso esencial es elevar la productividad económica de la agricultura con el fin de bajar los precios de los alimentos y aumentar así el poder adquisitivo del salario de los trabajadores. Sin embargo, afirma también que va a ampliarse el trabajo por cuenta propia, sobre todo en el área de los servicios, donde de hecho ya muchos oficios se desarrollan de forma privada ante la falta de recursos del Estado. Producir alimentos La agricultura parece el primer escalón que se plantea cambiar el nuevo gobierno, Everleny nos explica que “la primera medida fue el aumento de los precios que se pagan, así creció el acopio de leche que realiza el Estado”.
Además ahora “los problemas de la agricultura se deciden a nivel municipal sin medidas centralizadoras desde arriba” lo cual, según el economista, permitirá mayores libertades y facilidades a los productores. Dentro de esta misma estrategia está la apertura de tiendas para que los campesinos puedan comprar los insumos y las herramientas que necesiten y la reducción del número de ministerios que atienden la alimentación, que en la actualidad son cuatro. Sobre la propiedad de la tierra, Everleny aclara que “no estamos pensando en venta de tierras como tal” pero explica que se está empezando a dar tierras improductivas -cinco hectáreas por familia- en usufructo gratuito de por vida. La doble moneda y el salario El problema de la doble moneda es, según Omar Everleny, uno de los elementos que desmotiva la producción y afirma que “está claro que hay que ir a una sola moneda, aunque ahora no sabría decirte a cuál de las dos”.
“Hay que ir a un acercamiento entre las dos monedas para terminar con la eliminación de una porque llevamos demasiados años con esa dualidad”, asegura. “Eso es un elemento desmotivador de la producción, el salario no juega el papel que le corresponde porque hay una parte de los bienes que se adquieren en otra moneda”. Según el economista, el peligro está en que “si se hace una medida financiera sin resultados productivos que lo avalen se convierte en agua y sal”. “No se hace nada aumentando los salarios si no crece la producción porque entonces aumentan los precios y el salario termina siendo menor”. Sin embargo, explicó que el ingreso puede ser mayor, “el ejemplo esta en las empresas agrícolas militares, donde no había temor a pagar salarios altos a quienes tuvieran resultados productivos reales, eso funcionó muy bien, ¿Por qué no aplicarlo en otras áreas?”. Otra de las vías de mejorar el poder adquisitivo, según Everleny será “bajando determinados precios de bienes en divisas que tienen altos precios por el impuesto del 240% y en algunos casos hasta el 270%”, IVA que el gobierno aplica en las tiendas de moneda dura. El modelo económico Omar Everleny no acepta que se vaya a copiar el modelo chino porque “funciona por otras variables entre ellas el tamaño del país y el enorme mercado interno”. Sin embargo, afirma que “vamos a tomar elementos del modelo chino y del vietnamita”.
“Uno de los temas importantes en este tipo de economías es el mercado interno, algo que ya se empieza a tener en cuenta en Cuba”, sostiene el vicedirector del CEEC y pone como ejemplo el acceso a los hoteles o al servicio de celulares de los cubanos. En el futuro el Estado dejará algunas actividades a los trabajadores por cuenta propia. “El sector de servicios, talabartería, chapistería, reparación de electrodomésticos, barberos, hay un gran número de actividades que el Estado debería controlar por vía de los impuestos”. Finalmente, Omar Everleny recuerda la posibilidad de la eliminación del embargo económico por la nueva administración de EE.UU., “primero llegarían 2,5 millones de turistas más, se podrían comprar otras producciones en los EE.UU. y habría libre remesas de dinero hacia Cuba”. |
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Chile debe abandonar el paradigma neoliberal…
JUAN GUILLERMO ESPINOSA, ECONOMISTA: “Estamos dejando atrás décadas de neoliberalismo”
Uno de los asesores de Eduardo Frei Ruiz-Tagle ve con alarma que las dimensiones de la crisis están cambiando paradigmas que se consideraban inamovibles, pese a lo cual, a su juicio, las autoridades en Chile reaccionan tarde. Éste debería ser el año de la solidaridad, dice; de mover el centro de gravedad del manejo económico desde las grandes empresas hacia las pymes y la economía del hogar. De lo contrario, podría convertirse en el año de los desórdenes.
En Chile, al menos fuera de las fronteras de la izquierda extra parlamentaria, es un anatema hablar en contra de los paradigmas del neoliberalismo imperantes en el país. Pero hay algunos que lo hacen. Uno que va contra la corriente es Juan Guillermo Espinosa. Militante DC, ingeniero civil de la Universidad de Chile, doctor en Economía de la Universidad de Cornell y ex director ejecutivo del BID, fue embajador en La Haya durante el Gobierno de Ricardo Lagos. Hoy divide su tiempo entre la Facultad de Economía, Administración y Negocios de la Universidad Pedro de Valdivia, de la que es decano, y el equipo económico que apoya la candidatura de su camarada Eduardo Frei.
Un hombre del establishment convencido, sin embargo, de que estamos entrando a una nueva era, que vendrán nuevos paradigmas que apuntarán hacia el desarrollo con un enfoque más integral, con una visión más social de la economía. Será el resultado de los efectos devastadores que, a su juicio, causará una crisis económica que nació y se esparció por el planeta debido a una doctrina neoliberal extrema, sin regulaciones, que se estaba convirtiendo en una suerte de pensamiento único.
A diferencia de quienes aseguran que Chile está mucho mejor blindado en esta ocasión a cómo lo estaba para crisis anteriores, sostiene que el país está a merced de equipos de trabajo sin capacidad de poner en práctica las políticas sociales que se necesitan en este momento complicado. “La gran mayoría de nuestros economistas están formados como dicen hoy en Estados Unidos en la universidad de Wall Street, y en nuestro país en lo que ahora llaman ‘las universidades de la cota mil’. En todos los ámbitos políticos se han producido conversiones o acercamientos a esta doctrina de moda”, dice.
Pero también se habla de un redescubrimiento de las teorías keynesianas.
Hoy están reapareciendo enfoques de economía social y de reconsideración de un desarrollo más integral que no sólo descansa en el crecimiento económico. Estamos frente a un gran vuelco, estamos dejando atrás años, por no decir décadas, de neoliberalismo, de libre mercado sin regulaciones, para entrar a este nuevo período con restablecimiento de doctrinas con mayor intervención pública. Hay una recuperación del rol del Estado en todas las economías, no en las emergentes o periféricas, hablo de las 10 ó 12 más grandes economías del planeta.
Usted es muy crítico con la manera con que se está manejando la economía en Chile.
Es que toda nuestra legislación, incluyendo la del Banco Central, está construida bajo un enfoque neoliberal y de libre mercado sin regulaciones.
¿Qué consecuencias puede tener este enfoque?
Hemos tenido signos bastante claros de deflación, con todos los bancos centrales del mundo bajando aceleradamente las tasas de interés. Pero cuando los precios y la producción caen, y la demanda no se recupera, es muy poco lo que puede hacer la política monetaria, por el contrario, tiene que aventurarse en territorios, más allá de esta fórmula tradicional de intentar manejar la economía con una sola variable, subiendo o bajando las tasas de interés, para adentrarse en regulaciones más precisas en el sistema financiero y crediticio, para que realmente restablezca la cadena del crédito, que es la que hoy está suspendida. Es un instante muy complejo, que puede incluso significar que la coalición de gobierno pierda la elección presidencial, aunque en eso hay opiniones encontradas.
¿Chile va a caer en crisis, o será sólo un frenazo fuerte del crecimiento?
Yo creo que va a ser una fuerte desaceleración. No va a ser una recesión con crecimiento negativo.
¿Cuáles son sus estimaciones de crecimiento?
Cuando el Banco Central empieza a proyectar entre un 2,5 y un 3,0 por ciento, todos los especialistas saben que el Central se equivoca sistemáticamente o hace predicciones más elevadas que la realidad. En este momento, un 80 por ciento de los especialistas pronostica un crecimiento entre un 1,5 y un 2,0 por ciento.
¿Está entre ellos?
Sí, por cierto, aún cuando pienso que nuestro crecimiento es bastante poco representativo de lo que ocurre en la totalidad de la economía. Tenemos una economía que pertenece a las grandes corporaciones, que son el dos o el tres por ciento de todas las empresas del país. En general, son los que más influyen en las políticas públicas, más de un 80 por ciento del crédito está concentrado en las grandes empresas, son los que financian los medios de comunicación y, por lo tanto, tienen un poder y un voto diario, mientras el resto de la población y de las empresas, que son las pequeñas y micro empresas, no tienen mayor incidencia en las políticas públicas y sociales en general. Están ausentes incluso en la formación del Producto Interno Bruto. En realidad, el crecimiento refleja lo que le ocurre principalmente a las grandes empresas del país.
¿Usted qué cambiaría?
Tanto los grandes grupos económicos como las políticas públicas deberían preocuparse en mucha mayor proporción del segmento de empresas medianas y pequeñas, para atenuar las pérdidas de empleo, y para la economía de los hogares, que es el tercer gran segmento de nuestra economía. Las políticas públicas están mucho más orientadas al lado de la oferta más que de la demanda. No es posible en estos años seguir sosteniendo este enfoque sin preocuparse del lado de la demanda y del nivel y la calidad de vida que la población ha alcanzado. Éste debiera ser el año de la solidaridad en Chile, para que no lleguemos a los excesos de las crisis del pasado, en que el desempleo subía rápidamente hasta dos dígitos. Que el tipo de recursos que el sector público coloque, y la responsabilidad social de las empresas, apunten a las condiciones de vida de los sectores de ingresos medios y más bajos, porque de otra manera esta crisis va a tener un componente social y provocará un aumento de la violencia, de los enfrentamientos internos, precisamente en un año electoral.
Pero el Gobierno ha tomado medidas. La Presidenta acaba de anunciar que se destinarán 4.000 millones de dólares para tratar de paliar la situación.
Las autoridades están reaccionando a destiempo. No hay evidencia más clara que el rezago con que Hacienda y el Banco Central van adoptando las medidas, lo hacen sobre la base de indicadores de tres o cuatro meses anteriores, cuando estamos viendo un vuelco muy agudo en la economía internacional que empezó a manifestarse en junio-agosto del 2008, con la caída de los precios del petróleo, del cobre, de los granos y de un sinnúmero de otros productos básicos. Nuestro Banco Central ha venido a reaccionar bajando las tasas ¡sólo en enero de 2009!, cuando se tenía una distancia de más de ocho puntos con la tasa de política monetaria de la Fed de Estados Unidos. Y no ha adoptado ninguna medida respecto a las diferentes líneas de crédito para las empresas y los hogares endeudados, la renegociación de deudas a menores tasas. Esto se va a transformar en un problema agudo en tres o cuatro meses más, cuando se empiecen a manifestar los grados de morosidad y de pérdidas que están ocurriendo en los diferentes mercados.
¿Hacia mediados de año Chile estará en lo más fuerte de la tormenta?
Efectivamente, creo que desde el punto de vista de la población, de los hogares, el período más adverso se va a dejar sentir en el invierno.
¿Cómo será palpable?
La persona común y corriente se va a dar cuenta por las fuertes alzas que empezará a mostrar el desempleo, por la paralización de más y más empresas. Creo que estamos perdiendo la ocasión que se nos está presentando para atenuar esos efectos, porque si se sigue hablando solamente de las grandes empresas y de un salvataje del sistema financiero, esta crisis va a dejar de ser una oportunidad para mejorar en coordinación, en integración, en solidaridad y en la eficiencia social de las políticas públicas. Las autoridades económicas han presentado en los últimos años cerca de ocho paquetes de medidas para reavivar la economía y no han logrado los objetivos que se habían propuesto, particularmente en el campo de la mediana y la pequeña empresa, y en el área de la equidad y de las políticas sociales. Yo me atrevería a decir que el problema de esos paquetes ha estado en la deficiencia con que han sido puestos en práctica.
¿Puede pasar lo mismo con el reciente paquete de medidas reactivadoras anunciadas por la Presidenta?
Una alta proporción de ellas pueden implementarse tardíamente frente al rápido desarrollo que puede mostrar esta crisis en los próximos meses. Hay que formar equipos de trabajo, con ayuda de todos los sectores (Parlamento, grupos empresariales, emprendedores, organizaciones no gubernamentales) para buscar la implementación oportuna, rápida y eficaz de esas medidas.
¿Quiere decir que el diseño del paquete es adecuado, pero se aplicará muy tarde?
Así es. No quiero calificar si es el óptimo o no, pero diría que hay medidas interesantes, aunque la gran mayoría requiere una preparación y coordinación entre las empresas públicas, semi públicas, las instituciones crediticias y de promoción privadas, y no están preparadas para ello.
¿En estos juicios usted engloba los planes de subsidio a la contratación que se aplicarán a partir de marzo?
Ese, por ejemplo, es un tipo de plan que sería tremendamente innovador respecto de lo que se ha hecho en el pasado. Nunca antes hemos tenido en los planes de empleo una medida de esta naturaleza, y, por lo tanto debieran tratar de implementarse ya.
¿Considera entonces que tendrán un efecto positivo?
No sólo positivo, sino que es una gran innovación en políticas sociales. Pero debe considerarse una forma de evaluación inmediata, desde el primer momento, para lograr el máximo de efectividad. No hay que olvidar que todos estos planes pro empleo van a tender a ser muy criticados desde la oposición por tratarse de un año electoral. Es un año muy complejo, no cabe duda de que la oposición va a hacer uso político de esta crisis internacional que no tiene un origen interno. Este plan en particular de subsidio a la contratación es una forma de traspasarle directamente recursos al sector privado, pero al de empresas medianas y pequeñas, y ese es el énfasis que hay que darle.
Pero hay muchas grandes empresas que, como resultado de la crisis, están postergando inversiones y reduciendo personal. ¿Qué les diría?
Una respuesta genérica y casi automática en un período más recesivo es postergar las inversiones. Pero habitualmente, esto es el resultado de visiones de corto plazo y de la falta de una estrategia de mediano-largo plazo. En 12 a 18 meses habremos salido de esta coyuntura negativa, si es que no antes, y el gran riesgo de esta estrategia es salir de la recesión sin ventaja, mientras los competidores sí han invertido. Además, despedir trabajadores que son importantes para el desarrollo de largo plazo de la empresa en los que se ha invertido años en capacitar, es una de las decisiones que casi siempre se lamentan desde el principio. Una de las oportunidades de los tiempos de crisis es invertir más en capacitación de las personas, aprovechando que están menos ocupadas. El cardenal y la Conferencia Episcopal han pedido, especialmente a los empresarios del país, que hagan los mayores esfuerzos para no despedir trabajadores en esta coyuntura negativa.
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Una visión neomarxista: “Los átomos de la crisis”, por Alejandro Nadal…
La destrucción de capital que trae aparejada la crisis es una lección importante. Demuestra que detrás de los amables rituales y sofisticados gadgets con los que disfrazamos la realidad social, yacen fuerzas destructivas que algún día terminarán con todo.
La crisis no sólo ha provocado una colosal desvalorización de capital contable en la esfera financiera. También causa la destrucción física de máquinas, líneas de producción y empresas. Por supuesto, con el desempleo la crisis alcanza el grado máximo de devastación, poniendo en peligro la vida de millones de personas. Y lejos de ser enviado a un segundo plano, el tema de la destrucción ambiental debe estar al frente de la discusión sobre la salida de la crisis.
Por eso el Programa de Naciones Unidas sobre medio ambiente (PNUMA) dio a conocer en octubre pasado una iniciativa para hacer compatible la economía con el medio ambiente. La idea central de este proyecto es que urge colocar las prioridades de la sustentabilidad en el corazón de la economía. Después de años de retórica hueca, se trata de que el entorno físico ocupe el lugar que le corresponde en las decisiones de los agentes económicos.
El nombre de la iniciativa es extraño: se puede traducir como la Iniciativa para una economía verde (IEV). Desgraciadamente, la IEV no está bien estructurada y sus fundamentos son débiles, por decirlo diplomáticamente.
La iniciativa está organizada alrededor de seis temas: energía renovable, transporte, desechos, infraestructura ambiental, negocios basados en la biodiversidad y tecnologías limpias. Es evidente que los primeros dos son clave para la reducción de emisiones de gases invernadero y para alcanzar una mayor eficiencia. El tercero es crucial para intensificar el reciclaje de productos y embalajes y, en general, para alcanzar un metabolismo industrial que no descanse en la destrucción del medio ambiente.
El solo enunciado de los componentes de la IEV es una señal sobre la confusión en la que están empantanados sus autores. Poco de lo que contienen estos rubros es realmente un tema de economía. En materia de energía, transporte y desechos, por ejemplo, de lo que se trata es de “reverdecer la tecnología”. Lo cual no está mal. Pero algo esencial está faltando.
El tema de la biodiversidad es colocado en relación directa con las “oportunidades de negocios” y con la rentabilidad, ignorando a los dos mil millones de campesinos que trabajan en todo el mundo, cuidando suelos, agua y agro-biodiversidad. Y en medio de otro escándalo conceptual, en la IEV el medio ambiente es visto como un componente de la “infraestructura” sobre la que descansa la economía. Supongo que con estas orientaciones, el siguiente paso será recomendar la privatización de la mencionada infraestructura natural.
La IEV ignora que las relaciones económicas del modelo que provocó esta crisis son las mismas que han intensificado el profundo deterioro ambiental que hoy amenaza la supervivencia de la humanidad. La sobreproducción, el exceso de capacidad instalada y el colapso de la demanda efectiva son resultado de ese modelo. Y los procesos de erosión de suelos, contaminación de acuíferos, extinción masiva de especies, cambio climático, por mencionar unos ejemplos, se han intensificado con este modelo delirante que descansa sobre bases equivocadas.
La desregulación financiera, la concentración de poder de mercado, la manipulación de precios, el estancamiento del salario real, la apertura ciega de mercados, los premios para el capital financiero, los flujos de capital especulativo, son asuntos que reclaman atención a gritos. Pero la IEV no les presta atención. Como si estos temas no tuvieran nada que ver con el desarrollo sustentable.
Una cosa es evidente. La crisis financiera y económica global no se va a superar con sólo oprimir el botón de reinicio, el “reset”. Si se mantienen en pie las estructuras y procesos que dieron lugar a la globalización neoliberal, lo único que va a lograrse es reiniciar un nuevo ciclo que acabará por estallar con mucha mayor intensidad en unos pocos años. El astronómico estímulo fiscal planeado por la administración Obama no sólo será desperdiciado, sino que será el detonador de una debacle económica sin paralelo dentro de unos pocos años.
En conclusión y por paradójico que parezca, el simple “rescate” de la economía no es una buena idea. Lo que se necesita es descartar el modelo neoliberal para proceder con un diseño nuevo que realmente coloque a la justicia, la responsabilidad social y la integridad ambiental en el centro de las prioridades.
Marx lo vio claramente: no hay un átomo de materia que penetre en las relaciones sociales. Éstas no son lo mismo que las cosas materiales que les dan soporte. Si en esta etapa de la historia se requiere hacer compatible a la economía capitalista con la sustentabilidad, es necesario transformar las relaciones económicas que han sido la marca del modelo neoliberal. No basta con “reverdecer” la tecnología.
Alejandro Nadal es economista. Profesor investigador del Centro de Estudios Económicos, El Colegio de México, y colabora regularmente con el cotidiano mexicano de izquierda La Jornada.
La Jornada, 7 enero 2009
El retorno triunfante de J.M. Keynes, por Joseph Stiglitz…
Ahora somos todos keynesianos. Incluso la derecha en Estados Unidos se sumó al bando keynesiano con un entusiasmo desenfrenado y en una escala que, en algún momento, habría sido verdaderamente inimaginable.
Para quienes nos adjudicábamos alguna conexión con la tradición keynesiana, éste es un momento de triunfo, después de que nos dejaran en el desierto, prácticamente ignorados, durante más de tres décadas. En un nivel, lo que está sucediendo ahora es un triunfo de la razón y la evidencia sobre la ideología y los intereses.
La teoría económica se había dedicado a explicar durante mucho tiempo por qué los mercados sin obstáculos no se autocorregían, por qué se necesitaba regulación, por qué era importante el papel que jugaba el Gobierno en la economía. Pero muchos, especialmente la gente que trabaja en los mercados financieros, presionaban por una suerte de fundamentalismo de mercado. Las políticas erróneas resultantes -impulsadas, entre otros, por algunos miembros del equipo económico del presidente electo de Estados Unidos, Barack Obama- ya antes habían infligido enormes costos a los países en desarrollo. La luz se hizo justo cuando esas políticas empezaron a generar costos en Estados Unidos y otros países industriales avanzados.
Keynes sostenía no sólo que los mercados no se autocorregían, sino que, en una crisis pronunciada, la política monetaria probablemente resultara ineficiente. Se necesitaba una política fiscal.
Pero no todas las políticas fiscales son equivalentes. En Estados Unidos hoy, con una montaña de deuda inmobiliaria y un alto nivel de incertidumbre, los recortes impositivos probablemente resulten ineficientes (como lo fueron en Japón en los años 1990). Gran parte, si no la mayor parte, del recorte tributario norteamericano del pasado mes de febrero fue destinado al ahorro.
Con la enorme deuda que deja atrás la Administración de Bush, Estados Unidos debería estar especialmente motivado para obtener el mayor estímulo posible de cada dólar invertido. El legado de subinversión en tecnología e infraestructuras, especialmente del tipo verde, y la creciente brecha entre los ricos y los pobres requieren una congruencia entre el gasto a corto plazo y una visión a largo plazo.
Eso exige la reestructuración de los programas tanto tributario como de gasto. Bajarles los impuestos a los pobres y aumentar los beneficios de desempleo al mismo tiempo que se aumentan los impuestos a los ricos puede estimular la economía, reducir el déficit y disminuir la desigualdad. Reducir el gasto en la guerra de Irak y aumentar el gasto en educación puede incrementar la producción en el corto y largo plazo y, al mismo tiempo, reducir el déficit.
A Keynes le preocupaba la trampa de la liquidez -la incapacidad de las autoridades monetarias para inducir un incremento en la oferta de crédito a fin de aumentar el nivel de actividad económica-. El presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Ben Bernanke, hizo un esfuerzo por evitar que se culpara a la Fed de agravar esta crisis de la misma manera que se la responsabilizó por la gran depresión, asociada con una contracción de la oferta monetaria y el colapso de los bancos.
Y aun así deberíamos leer la historia y la teoría con cuidado: preservar las instituciones financieras no es un fin en sí mismo, sino un medio para alcanzar un fin. Lo importante es el flujo de crédito y la razón por la cual el fracaso de los bancos durante la gran depresión fue importante es que participaban en la determinación de la capacidad crediticia; eran los depositarios de información necesaria para el mantenimiento del flujo de crédito.
Sin embargo, el sistema financiero de Estados Unidos cambió drásticamente desde los años treinta. Muchos de los grandes bancos salieron del negocio del préstamo y se metieron en el “negocio con movimiento”. Se centraron en comprar activos, reempaquetarlos y venderlos, al mismo tiempo que marcaron un récord de incompetencia a la hora de evaluar el riesgo y analizar la capacidad crediticia. Se invirtieron cientos de miles de millones de dólares para preservar estas instituciones disfuncionales. Ni siquiera se hizo nada para reencauzar sus estructuras perversas de incentivos, que alentaban el comportamiento cortoplacista y la toma de riesgos excesiva. Con recompensas privadas tan marcadamente diferentes de los retornos sociales, no sorprende que la búsqueda del interés personal (codicia) condujera a consecuencias tan destructivas desde un punto de vista social. Ni siquiera velaron por los intereses de sus propios accionistas.
Mientras tanto, es muy poco lo que se está haciendo para ayudar a los bancos que efectivamente hacen lo que se supone que deben hacer los bancos: prestar dinero y evaluar la capacidad crediticia.
El Gobierno federal asumió miles de millones de dólares en pasivos y riesgos. Al rescatar al sistema financiero, tanto como en política fiscal, necesitamos preocuparnos por el “retorno de la inversión”. De lo contrario, el déficit -que se duplicó en ocho años- aumentará aún más.
En septiembre se decía que el Gobierno recuperaría su dinero con intereses. A medida que se incrementó el rescate, cada vez resulta más evidente que éste era simplemente otro ejemplo más de una mala apreciación del riesgo por parte de los mercados financieros, como vienen haciendo consistentemente en los últimos años. Los términos de los rescates de Bernanke y Paulson eran desventajosos para los contribuyentes y, aun así, a pesar de su volumen, hicieron poco para reactivar el préstamo.
La presión neoliberal para una desregulación también satisfacía algunos intereses. A los mercados financieros les fue bien a través de la liberalización del mercado de capitales. Permitir a Estados Unidos vender sus productos financieros riesgosos y participar en una especulación en todo el mundo puede haber beneficiado a sus compañías, aunque esto les impusiera grandes costos a otros.
Hoy, el riesgo es que se utilice y se abuse de las nuevas doctrinas keynesianas para satisfacer algunos de estos mismos intereses. ¿Acaso quienes presionaron por la desregulación hace 10 años aprendieron la lección? ¿O simplemente querrán imponer reformas cosméticas: el mínimo requerido para justificar los rescates con centenares de miles de millones de dólares? ¿Hubo un cambio de parecer o solamente un cambio de estrategia? Después de todo, en el contexto de hoy, perseguir políticas keynesianas parece incluso más rentable que ir detrás del fundamentalismo de mercado.
Hace 10 años, en el momento de la crisis financiera asiática, se discutió mucho sobre la necesidad de reformar la arquitectura financiera global. Poco se hizo. Es imperativo que no sólo respondamos adecuadamente a la crisis actual, sino que emprendamos reformas a largo plazo que serán necesarias si queremos crear una economía global más estable, más próspera y equitativa.
Joseph E. Stiglitz es profesor de Economía en la Universidad de Columbia y ganador del Premio Nobel de Economía en 2001.
Traducción de Claudia Martínez
El País, 11 enero 2009
A. Alonso, sociólogo cubano: socialismo, problemas socio-económicos y alternativas en Cuba. Entrevistas…

Dos entrevistas…
Ver también “Cuba: 50 años de revolución…”
En Cuba tenemos lo que podríamos llamar una transición del socialismo clásico del siglo veinte a uno viable en este siglo. Lo digo de una manera muy vaga, pues si me pregunta cuál es ese tipo de socialismo y cuáles sus patrones, solo puedo afirmar que aquí es donde tiene que funcionar la imaginación en todos los niveles de nuestra sociedad, no tan solo la imaginación del liderazgo político. Aquí es donde debe estar toda la población pensando, en los espacios barriales, comunales, provinciales, sectoriales, en fin, el imaginario colectivo funcionando.
por Carlos Torres
El Foro Social Mundial se ha convertido en el espacio de mayor envergadura y creatividad para analizar y promover alternativas viables al desquiciamiento que afecta al mundo. En enero pasado, se dieron nueva cita en Porto Alegre los movimientos y organizaciones sociales que bregan por un mundo distinto. Se discutieron ideas y acciones que orienten la búsqueda de “otro mundo posible”. Entre ellas, las del sociólogo y politólogo Aurelio Alonso, investigador del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS) de La Habana, quien se refirió a la contribución del proceso cubano a la búsqueda de alternativas al neoliberalismo.
Aurelio Alonso, 64 años, perteneció al consejo de dirección de la revista Pensamiento Crítico, desempeñó labores diplomáticas y académicas en Francia y, a su regreso a La Habana, se incorporó como investigador al Centro de Estudios de América (CEA). Es profesor adjunto en la Universidad de La Habana y miembro del comité de redacción de la prestigiosa revista Alternatives Sud, que se publica en Bélgica bajo la dirección de François Houtart. En 1994 fue coautor, con Julio Carranza, del libro La economía cubana: ajustes con socialismo, y en 1998 publicó Iglesia y política en Cuba revolucionaria.
¿Cuáles serían las visiones que suponen alternativas que trasciendan la elaboración teórica?
—En las comunidades y países, especialmente en América Latina, el concepto de “alternativa”, como muchos otros que se utilizan en las ciencias sociales, va cobrando fuerza, complejidad y diversidad. Lo mismo ocurrió en los años 70 y 80 con el concepto de sociedad civil y con otros. ¿De qué hablamos cuando nos referimos a alternativas en un mundo globalizado? Tenemos que darles una connotación global integral, pero también entender sus particularidades. Personalmente, discuto la idea de “modelos” porque se aplica a cosas muy distintas. Por ejemplo, el desarrollo de las comunidades de la cuenca del río San Francisco, en Brasil, como alternativa de poder popular, sería muy distinto al concepto de alternativa que se puede utilizar en Cuba, con relación a lo que vivimos como sociedad. Se trataría de dilucidar el concepto de alternativa con relación a qué.
En cuanto a Cuba, existe la idea general que nuestro país ya es un proyecto alternativo: el que se gestó con la Revolución. En términos históricos eso es válido, muy cierto, y surge en un momento en que ese concepto no era usado de manera común. En esa época hablábamos de revolución, de socialismo, si implementábamos reformas o llevábamos adelante una revolución, si en América Latina era la lucha armada o la transición pacífica por la vía electoral el mejor camino de liberación.
Los países del este europeo hablan hoy de transición en un sentido opuesto. Nosotros nos habíamos referido siempre a la transición hacia el socialismo. Ahora es desde el socialismo, como se aplica en Moscú. Por lo tanto, debemos hacernos preguntas complementarias, al plantearnos la idea de una alternativa: alternativa a qué, desde dónde y para quién.
¿Entonces es necesario desentrañar esa fragmentación conceptual que está planteada?
—Exactamente, porque desentrañarla nos permite entender, por ejemplo, el aspecto alternativo del proyecto cubano, su aplicabilidad a otros proyectos o modelos alternativos latinoamericanos. La época ha cambiado y se parte desde otras situaciones distintas a la del triunfo de nuestra Revolución. Las condiciones para realizar las propuestas son otras y los reveses históricos muy diferentes, también. Incluso nuestros reveses son aplicables solo a las correcciones que nosotros mismos debemos implementar como propuesta alternativa, en el contexto actual. Esas correcciones, en algunos casos, ya las hemos asumido. Otras están pendientes de ser asumidas o ser impuestas por nuestra propia historia. Pero no son necesariamente válidas para el resto de América Latina.
Esta afirmación puede parecer muy teórica; sin embargo, la podemos concretar en una imagen clara. En el contexto estructural de la excesiva liberalización que ocurre en nuestro continente en las áreas de la producción y comercio y de los mecanismos de reproducción del capital, la búsqueda de alternativas tiene que enfrentar el freno impuesto por esa liberalización, que ha reducido la capacidad estatal de implantar o mantener mecanismos de reformas sociales. En el caso cubano, el problema más bien es, quizás, un estatismo demasiado elevado. La economía cubana es esencialmente estatal, incluso más de lo que fue la economía soviética, a pesar de que las reformas de los noventa han logrado niveles importantes de descentralización económica. Pero es todavía incipiente y, al menos en mi opinión, insuficiente para dar respuesta a las necesidades de la economía cubana.
Los pasos que debemos seguir en el desarrollo de nuestra alternativa suponen una cuota de liberalización económica, sin que esto implique asumir una posición neoliberal. Para América Latina, en cambio, los pasos deben orientarse a restringir y disminuir la liberalización de la economía y las finanzas.
EL CASO CUBANO
Si hablamos de liberalización debemos considerar, por lo tanto, sus dos dimensiones, su expresión interna y externa y en interés de qué y de quiénes esta funciona, sea en su forma productiva o financiera.
—En efecto, el problema, o al menos uno de ellos, radica en que nuestra economía no se liberaliza internamente en la medida necesaria para producir una dinámica de crecimiento de la economía y de mejor distribución del producto social. La economía interna se mantiene altamente centralizada. Ello es aplicable de igual modo al sistema político y al esquema administrativo. Por ejemplo, los municipios jamás han podido implementar una política de resarcimiento económico propio. Nuestros municipios están trabados por una estructura piramidal. Si los municipios reciben todo desde arriba, financiera y políticamente, es muy limitado su rango de autonomía para ejercer iniciativas.
Siguiendo esa línea de análisis, ¿en el municipio cubano debieran producirse mecanismos que permitan recabar fondos e impuestos —sea para prestar servicios o para transarlos en su esfera de responsabilidad— para dinamizar una suerte de mercado local o comunal?
—Sí, exactamente, y que no se haya logrado representa uno de los déficit del proyecto cubano. Es uno de los aspectos que deberá corregirse en su momento, que espero sea más temprano que tarde. En ese sentido y prosiguiendo con la idea central, yo veo al proyecto cubano como una alternativa al modelo neoliberal de capitalismo dependiente. Eso lo piensa mucha gente en Cuba. Pero nos quedaríamos cortos si no lo entendiéramos, también, como una alternativa al socialismo de Estado del siglo veinte. En eso coincidimos con opiniones que se debaten en otras latitudes. El desafío pasa entonces por reinventar el socialismo, si queremos hablar seriamente de alternativas. Hablamos de un socialismo que genere las condiciones para la participación efectiva de la población, la gestación de espacios de participación democrática efectiva en entidades políticas y económicas. En ese terreno, las municipalidades tienen mucho que avanzar. La descentralización, autonomía y autosuficiencia se podrán alcanzar por la vía de una fuerte participación en esos espacios locales, originando lo que podríamos llamar la creación de sustentabilidad desde abajo.
Suena bien su afirmación. Sin embargo, me parece que estas ideas no estaban en lo que conocimos en los denominados “socialismos reales”. Aparece como una insuficiencia o déficit teórico del socialismo y resultado de una falta de creatividad o, del rol excesivo del partido y el Estado en las instancias de organización en la base social.
—Esas y otras tantas son las razones que nos permiten descifrar las situaciones de hoy. De igual manera ha existido cierta falta de imaginación en la búsqueda de formas de propiedad social que sean más adecuadas y efectivas, que permitan que el capital socializado se reproduzca con la misma eficiencia o una eficiencia no inferior a la que tiene el capital privado, porque no podemos olvidar que lo que reproduce el socialismo es capital socializado, pero capital de todos modos. Todas estas ideas están en la base del problema.
Yo agregaría algunas cuestiones más universales, quizás más atrevidas, motivado por Eric J. Hobsbawm en su análisis del siglo veinte. ¿No sería, tal vez, el socialismo del siglo pasado un modelo adelantado para las condiciones existentes en el mundo? Por decirlo de otro modo, ni el tiempo ni el sistema estaban maduros para producir una alternativa socialista. El capitalismo no había generado las condiciones materiales para producir el socialismo, y me pregunto si no es así. Porque, en ocasiones, tendemos a culpar a los líderes de los procesos; es el caso de Gorbachov, a quien se culpa del fracaso de las reformas soviéticas. Pero hasta qué punto ese sistema no estaba ya condenado, estructuralmente, y con o sin Gorbachov, el sistema no tenía futuro.
Entender esto es muy importante, pues nos permite tener una visión menos coyuntural de los procesos y dotarnos de una idea más científica, diría yo, acerca del colapso del socialismo del siglo veinte. Yo pienso que la enorme crisis de los socialismos reales es un fracaso estructural, político y económico. En lo cual tienen por supuesto responsabilidad los actores, los arquitectos de su construcción, y en este caso específico, Stalin tiene mucha. Pero tampoco soy partidario de reducir el análisis al stalinismo. No podemos verlo como una hechura deformada de carácter estrictamente personal. Ni desconocer logros de la construcción soviética.
Si ese es el caso, debemos preguntarnos, cuál es la importancia del líder o los liderazgos, quiénes ejercen esos roles y cómo, en las sociedades, esos liderazgos se reproducen de manera constructiva. Pareciera que en la experiencia soviética no se produjeron muchos elementos edificantes que puedan ser rescatados para un proyecto socialista de nuevo tipo.
—Tampoco es así, no vamos a caer en el pecado inverso. Habría que evaluar bien la experiencia soviética. Las críticas a ese proceso son muy polarizadas. Las tendencias son al rescate o al rechazo, y el balance positivo no esta ahí, en los extremos. Se trata de ir al realismo de la crítica radical y profunda de los fracasos y errores, lo cual nos llevará, inevitablemente, a reconocer los éxitos. Por ejemplo, los logros relativos a la equidad distributiva, son los más exitosos que han existido en el mundo hasta nuestros días.
Nadie más ha podido reproducir esos niveles de igualdad distributiva y de condiciones de vida en una sociedad tan populosa, en toda la historia de la humanidad. Habiendo salido esa sociedad de una miseria absoluta, el liderazgo basado en una gran voluntad fue capaz de hacer, además, que todo un pueblo se levantara contra el fascismo. Aunque hay que cuidarse y evitar el voluntarismo, el ingrediente de la voluntad es necesario. Esos avances y otros aspectos de desarrollo que se dieron en condiciones muy adversas, hay que acreditárselos a ese esquema. Sin por ello tener que comprar el esquema completo. Ese país, la URSS, llegó a ser una verdadera potencia. En condiciones diferentes, y en otra escala, esta apreciación sobre los aportes de la voluntad podría ser también pertinente para el modelo socialista cubano, cada cual con sus especificidades.
TRANSICIÓN A UN SOCIALISMO VIABLE
Dentro de ese contexto podemos suponer que el socialismo cubano continúa siendo una alternativa al capitalismo y también una alternativa a su propia historia, ¿existen esas condiciones?
—Sí, creo que existen las condiciones. En Cuba tenemos lo que podríamos llamar una transición del socialismo clásico del siglo veinte a uno viable en este siglo. Lo digo de una manera muy vaga, pues si me pregunta cuál es ese tipo de socialismo y cuáles sus patrones, solo puedo afirmar que aquí es donde tiene que funcionar la imaginación en todos los niveles de nuestra sociedad, no tan solo la imaginación del liderazgo político. Aquí es donde debe estar toda la población pensando, en los espacios barriales, comunales, provinciales, sectoriales, en fin, el imaginario colectivo funcionando.
¿Existen espacios en Cuba para el funcionamiento del imaginario colectivo?
—Sí, por supuesto. En ocasiones me han preguntado si acaso el sistema es ahora más duro o más intolerante. Yo puedo responder que sí y que no, pues el sistema cubano se va construyendo y moviendo como todos los sistemas políticos socialistas, transitando de acuerdo a las presiones y condiciones existentes. En la actualidad, hay un nivel más amplio que el que teníamos hace diez años, más avanzado en libertades de asociación y de prensa. No permite llegar aún a lo ideal, pero existen más espacios para el disenso, se aceptan más las críticas y ello expresa una diversidad imprescindible, porque la diversidad es importante y no radica en diversidad profesional. La diversidad solo puede existir y ser practicada si pensamos en caminos distintos para resolver un problema, sin tener que someternos a un pensamiento único por muy socialista que sea. Lo cual tampoco implica que uno viole las normas existentes. Las normas son la legalidad de una sociedad, otra cosa son los criterios con relación al proyecto social.
¿Qué aspectos del socialismo cubano pueden contribuir al desarrollo de alternativas en América Latina?
—No sé, eso no me toca a mí, es una pregunta para los latinoamericanos. Tenemos un caudal vasto de experiencias y están disponibles, porque además sabemos que los latinoamericanos están con nosotros, están a nuestro favor, en contra del bloqueo, por que nos dejen en paz construyendo nuestro camino. Pero a la vez, nuestra apologética excesiva debe ser reevaluada. La visión triunfalista de que Cuba está en el mejor de los mundos y que es la más grande democracia y la salvación de América Latina, tampoco es una buena lectura de nuestra realidad. Esa visión puede, incluso, generar otro tipo de bloqueo, que no permita que la gente vea todo lo bueno de Cuba y tenga una comprensión realista de nuestra contribución a sus propios procesos.
DESIGUALDADES EN CUBA
Las reformas económicas han generado en Cuba cambios importantes, tanto en la economía como en diversos estratos sociales. El sistema igualitario y de equidad ha sufrido algunas mutaciones que se han hecho perceptibles. ¿Espera que la apertura de la economía, aunque parcial, contribuya a superar la desestratificación creada por la urgencia de las reformas?
—Se puede decir que Cuba ha sufrido una dislocación del patrón de equidad alcanzado, que era muy alto. Los estudios realizados en los años ochenta arrojaron resultados sorprendentes. El salario medio más alto en la franja de salarios del 20% que ganaba más, era cuatro veces superior al salario del 20% que percibía menos salario. Es decir, la relación era de cuatro a uno. Existían también otras mediciones que arrojaban una proporción de seis a uno. En todo caso, una distancia social irrisoria, que indica un cuadro de equidad excepcional. Sin embargo, ese cuadro se ha dislocado; es el problema más grave de las reformas y liberalizaciones. Ese patrón se estima que está por encima del rango de 20 a uno. Estamos hablando de salarios reales, antes del período especial, en que el 95% del trabajo era asalariado. Hoy la cifra del salario ronda el 65 a 70% del ingreso total. Hablamos de ingresos comprobados. Existe una cantidad alta de ingresos que no son controlados. Es muy difícil distinguir entre ingresos no salariales e informales para establecer porcentajes más exactos. Yo creo que, en la medida que se profundicen esas reformas, este fenómeno, esta distorsión, todavía puede crecer. El gran desafío del Estado cubano y de nuestro socialismo, es el de la justicia social. El problema de la educación, la salud, el deporte, son problemas resueltos y hay que mantenerlos. El desafío hoy, insisto, es normalizar el patrón de equidad, aunque tampoco podemos pensar que vamos a recuperar el patrón anterior igualitario. De lo que se trata es de evitar que se eleve. El efecto más grave de las reformas es el de la inequidad. Es mucho más grave que la prostitución, el cual es también un efecto del crecimiento de las desigualdades sociales.
Sin embargo, es preciso aclarar que no todo es producto de las reformas. También se deben incluir los efectos de la caída de la economía, del orden del 35% en el ingreso bruto y de más del 75% de pérdidas en las exportaciones. El cisma que afecta a la justicia social y la equidad está determinado por ese doble factor que traumatiza a la economía cubana; y aunque la sociedad se recupera, esa recuperación no se equipara con el antiguo patrón igualitario. En el patrón de equidad existente, las diferencias son mayores que en el pasado.
Parafraseando a un amigo debo afirmar que al período especial entramos todos juntos y vamos saliendo uno a uno, cada cual como puede. Ello aunque todos los índices empiezan a subir, pero de manera diferenciada y desigual. La economía creció el año 2000 en 5%, sin embargo, en el 2001 el crecimiento se redujo al 2,7%; en el 2002 bajó todavía más, al 1,1%, y para el 2003 se prevé un 1,3%. Según esos datos, que son oficiales y discutidos en la Asamblea Nacional del Poder Popular, es muy difícil recuperar los niveles anteriores. Lo importante es encontrar fórmulas que dinamicen la economía, sin profundizar esa brecha que, aunque sea menor si la comparamos con el capitalismo neoliberal, acarrea efectos sociales que habría que evitar.
Si nosotros no hubiésemos tenido que enfrentar más de cuarenta años de bloqueo, nuestra economía y nuestra realidad política y social serían mucho más justas, más igualitarias y más optimistas. Tenemos los factores y recursos para continuar bregando por un socialismo cubano que, sin renegar de su historia, se empine por sobre sus propias limitaciones históricas para superar las trabas impuestas, no tan solo por nuestros errores sino también, y en primera instancia, por las condiciones internacionales que hemos debido enfrentar. De eso estoy convencido.
http://laventana.casa.cult.cu/modules.php?name=News&file=article&sid=1249
El impredecible final del laberinto cubano
La Revolución Cubana está próxima a su medio siglo. Teorizar desde cualquier ángulo sobre ella se vuelve un ejercicio difícil pero apasionante. El proyecto político y social cubano, me atrevo a decir que gatea todavía, busca situarse en un mundo áspero y contradictorio. Con enemigos poderosos y grandes amigos en todo el mundo. Cuba sigue su camino. Mas en su andar, importantes pensadores desde las más extremas y moderadas posiciones opinan sobre ella. Aurelio Alonso, actual subdirector de la revista Casa de Las Américas es uno de ellos. Sobre un críptico laberinto hurga en los intersticios de los grandes retos que hoy enfrenta nuestra nación, 50 años después de haber escogido un destino diferente. Este sociólogo y reconocido pensador intenta darnos algunas claves de la Cuba actual.
¿Qué sintió Aurelio Alonso como pensador y persona cuando supo que se derrumbó el campo socialista y la URSS?
—Para mí —como para casi todo el mundo— fue algo totalmente inesperado y sorpresivo, pero si en algún lugar del mundo ha habido una comprensión racional del derrumbe y no una comprensión por claudicación fue en Cuba, porque nosotros sabemos que en algunos países de ese campo, como Polonia y Hungría, se había desarrollado ya una proyección reformista muy fuerte hacia una economía de mercado.
“En los años 60 el proyecto cubano trató de desarrollarse con una cierta autonomía, lo cual no pudo realizar con éxito, y tuvo que adherirse al CAME y alinearse al sistema soviético. Pero ya el Che Guevara casi había pronosticado el derrumbe del sistema socialista, algo que en general se veía muy difícil y poco probable. Yo pienso incluso hoy que el sistema podía haberse reformado desde adentro sin haberse desestructurado.
“Para nosotros la caída en lo económico fue una catástrofe y en lo político provocó una crisis de paradigma. Se había asumido el criterio que ese sería nuestro modelo de desarrollo, y de repente se desmorona, motivo por el cual muchos pensaron que aquí también iba a caer el socialismo. No obstante, para los dirigentes cubanos se retuvo con claridad la opción de resistir por todos los medios este embate. Que esto era necesario y posible a la vez.”
¿En algún momento usted pensó que aquí también se caería el socialismo?
—Sí, yo siempre pensé que podía caerse, como pienso que todavía puede caerse. Si algo demostró el campo socialista fue que la irreversibilidad del sistema no era una ley inviolable. Esa falsa idea de que habíamos llegado a una sociedad superior y que no era reversible fue totalmente errónea. Esto lo asume Fidel en el 2005 en un discurso —que resultó alarmante y sorpresivo porque nunca él había reconocido posibilidades al fracaso— cuando habla que nuestro socialismo podíamos destruirlo nosotros mismos, y menciona la corrupción. Yo hablaría de mucho más que de la corrupción, hablaría de burocracia, de inmovilismo y de la rutinización de nuestro sistema.
“Pienso que la destrucción del sistema siempre es posible y hay que salvarlo todos los días, rehacerlo todos los días, perfeccionarlo todos los días, incluso lo que no se haga hoy puede ser un lastre para el mañana. Este ha sido un problema serio del socialismo cubano: que ha estado entrampado desde afuera por un bloqueo externo pero también desde adentro por una cuota de incertidumbre muy alta.”
Usted, en una entrevista para el periódico mexicano La Jornada, habla de reinventar el socialismo. ¿Qué significa para Aurelio Alonso reinventar el socialismo en Cuba?
—La primera vez que yo usé esta palabra fue en Chile en el año 2003, cuando digo que el futuro del mundo debe ser socialista pero que había que reinventarlo, no solamente en Cuba sino también los proyectos de socialismo que nacen hoy en América Latina en el marco de sociedades que están intentando cambios radicales y revolucionarios, como lo son Venezuela, Bolivia y ahora el caso de Ecuador.
“Estos son países que tienen que reinventar, no pueden asumir ningún esquema anterior, ni el modelo soviético ni el actual modelo chino que es muy controversial debido al alto compromiso alcanzado con el mercado en esa sociedad, lo cual ha generado mucha incertidumbre en determinados sectores, en cuanto al rumbo futuro. Para encauzar esas experiencias socialistas de hoy hay que pensar en reinventar. Se ha vuelto un verbo clave.
“Nuestro socialismo también hay que reinventarlo, mirando críticamente a la experiencia del sistema en el siglo XX. Por ejemplo en el plano económico debemos decir que de una economía que está muy estatizada debemos llegar a una economía más flexible donde el Estado no pierda su poder económico. Es decir, ni el control integral del aparato económico nacional, ni su protagonismo empresario, como inversor principal, en sectores que resulten clave. Pero que deje espacios a otras formas de propiedad, como pueden ser formas de propiedad cooperativa, y también una mayor presencia de la economía familiar. Y ni siquiera excluir la posibilidad de otras en las cuales ni hayamos pensado. Los esquemas atentan contra la imaginación.
“Todo esto debe implementarse con un balance donde ninguna de las formas no socializadas o menos socializadas imponga una norma de mercado a las más socializadas. Buscar una configuración que provea eficiencia, pero no en los términos cuantitativos de la economía de mercado, sino con una concepción nueva de la eficiencia, orientada a hacer sustentable al sistema en su conjunto.
“Ahora, ¿qué camino habría que tomar? ¿Qué tiempo puede demorar? ¿Cómo se puede hacer? Esas son preguntas más concretas que requieren respuestas más concretas. Y respuestas más concretas implican el manejo de muchas variantes que no están a mi alcance. Pero no tengo duda en cuanto a la necesidad de romper la identificación de lo estatal con lo socializado o socialista. Habría mucha más tela por donde cortar, por supuesto.”
¿No hay una idea implícita también en ese término de fracaso?
—Claro que sí. Hay dos cosas: está el significado del fracaso del modelo anterior y está no perder de vista también los aportes reales de aquel modelo. Empezando por la Unión Soviética, que de un imperio más feudal aun que capitalista, sostenido por el mujik (el campesino), se convirtió en menos de medio siglo en la segunda potencia mundial. No todo fue fracaso en aquella economía, de la cual pueden extraerse experiencias importantes, siempre teniendo en cuenta que el conjunto del modelo no se sostuvo, ni en lo económico ni en lo político. En lo político porque el socialismo, que es el único régimen mundial donde la sustentabilidad depende de la democracia, no ha sido capaz de crearla.
“El capitalismo puede vivir sin democracia, fíjate que donde primero se implanta el modelo neoliberal en América Latina es en el régimen de Pinochet, el capitalismo usa los mecanismos de institucionalización política que le son convenientes y rentables en cada lugar sin ningún escrúpulo. E incluso aplica patrones autoritarios, y a veces de corte fascista, al amparo de esa institucionalidad que llama democrática por sostenerse en regímenes electorales y de alternacia gubernamental.
“Al capitalismo no le interesa crear una verdadera democracia, pero al socialismo sí, y eso fue lo que faltó en Moscú, donde si hubiera habido un verdadero poder popular, el gobierno soviético hubiera podido asumir un esquema de reformas mucho más radical encaminado a sostener el sistema socialista. No radical en renunciar al mismo. Todo eso falló porque no había un poder popular, el pueblo no tenía ningún poder, desde un nivel comunitario hasta los más altos niveles estatales, en la toma de decisiones.”
¿Cuáles son entonces los problemas del proyecto democrático cubano?
—Creo que debemos partir de reconocer que hemos armado un proyecto demasiado estatizado, muy burocratizado con un nivel muy limitado de participación popular en los sistemas de decisiones de todo orden. Esto puede definir a grandes rasgos el problema, pero que tiene muchas expresiones puntuales e institucionales. Por ejemplo existe un sistema de poder popular donde la Asamblea Nacional —que electoralmente es muy democrática, pero los elegidos tiene un poder muy limitado para tomar cualquier decisión— se reúne solo dos veces al año y vota cosas que ya han sido tramitadas. Esas votaciones unánimes te dan la medida de lo insustancial de su gestión.
¿Habría que refundar entonces la democracia cubana actual?
—«Refundar» no es la palabra, refundar significa volver a fundar, un diseño distinto, liquidando todo lo anterior. Yo creo que hay que transformarlo críticamente, tener una posición más crítica por parte de los actores políticos, en todos los niveles, de poder hacia la organización del poder. El papel del partido a mi juicio debería ser transformado: el partido no puede dirigir al Estado, es el pueblo el que debe dirigir al Estado. Martí usaba unas palabras que siempre me han impresionado, él hablaba de un partido para formar la república no para dirigir la república, para Martí el partido debe tener un papel más ético, más de vanguardia.
“Esto nos lleva al análisis de que son dos cosas distintas un partido-vanguardia y un partido-poder. Si nos montamos en una estructura de poder ya estamos rebasando el papel de la vanguardia; y si nuestro propósito es articular la garantía, la reproducción y el perfeccionamiento de la vanguardia dentro del proyecto, nuestra aspiración no puede traducirse en el ejercicio del poder, ya se refiera a administrar con eficiencia, o cualquier dispositivo que releve al pueblo de la responsabilidad de las decisiones.
“No son ideas antagónicas, pero tampoco coincidentes, incluso pueden contraponerse en algunas cosas porque ejercer el poder crea intereses corporativos, entonces quieres estar en el Partido para poder ejercer el poder. Es toda una dinámica de intereses y compromisos de acuerdo al papel que juegan las instituciones.”
¿Cree usted en la superación de una férrea mentalidad de plaza sitiada sin subestimar nunca la inteligencia del enemigo?
—Eso es muy difícil. Para superar esa mentalidad de plaza en estado de sitio debe dejar de existir el estado de sitio real. Esta mentalidad de plaza sitiada se crea porque somos una verdadera plaza sitiada. Los últimos 15 años son la prueba más clara de ello: cómo los Estados Unidos han cambiado toda su política hacia el antiguo campo socialista excepto hacia Cuba. Y comienzan el hostigamiento hacia esos regímenes latinoamericanos que se aproximan o siguen proyecciones antiimperialistas, afines a las de Cuba.
“La política de cerco existe y el centro principal se está desplazando hacia Venezuela. Este país es, más que Cuba, objeto previsible de una posible invasión, por los intereses norteamericanos allí, puesto que Venezuela es uno de los suministradores más de petróleo a los Estados Unidos, y esta asentada geográficamente sobre las segundas reservas de petróleo más grandes del mundo.”
En varios de sus artículos sobre la sociedad cubana y el impacto de la crisis de los 90 usted dice que Cuba tiene una crisis de inserción debido al mundo al cual se enfrenta. ¿Ha logrado el país insertarse en la dinámica global contemporánea a la vez que protege su modelo?
—Yo hablo sobre la crisis de inserción que provocó la caída del llamado «campo socialista», porque hasta el año 1989 Cuba no padecía esta crisis debido a su inserción dentro de un sistema internacional. La inserción siempre ha sido un problema para nuestro país, los primeros años de la revolución fueron de ruptura y búsqueda de un camino independiente de inserción en el mercado mundial, el cual no logramos. Ya entonces se pueden identificar los elementos propios de una primera crisis de inserción hasta que Cuba opta por ingresar al CAME y obtiene una asociación internacional articulada, orgánica y estable. También una nueva situación de dependencia.
“Este sistema (el del CAME) no llegó a dominar una porción suficientemente elevada de la economía mundial. Además se montó sobre un equívoco, puesto que no llegó a ser un sistema distinto, en términos de mercado, al sistema capitalista dominante, es decir, al mercado mundial, sino es una forma de integrarse desde una perspectiva colectiva a la economía mundial.
“Cuba vive a partir de ahí un momento económico provechoso, aunque nos volvimos también más azucareros, más dependientes de un mercado cautivo con pocas posibilidades de salirnos de ese sistema. En la época actual hemos ido logrando una inserción policéntrica, ya que no dependemos de ningún centro en particular. Me atrevería a caracterizar la articulación económica internacional a partir de tres contrapartes: Venezuela, China y algunos países desarrollados.”
¿Cómo ve Aurelio Alonso el socialismo del siglo XXI que Chávez nos propone?
—Esa es una teorización. Confieso que yo también he usado ese término, pero lo cierto es que no se sabe todavía cuál es, o cuales serán los socialismos de este siglo porque solo han pasado siete años. Yo creo que hay una correlación de fuerzas que demuestra condiciones favorables, como nunca hasta nuestros días, para reiniciar una búsqueda del socialismo en América Latina. Por ahí viene el verbo «reinventar», y como todavía habrá mucho que reinventar, le hago un cierto rechazo a que alguien venga a estratificar modelos como si tuvieran la verdad en la mano.
“Nosotros no podemos ponernos a construir modelos en abstracto, tampoco significa que no podamos teorizar pero debemos hacerlo de manera progresiva. Las condiciones de los países que vayan a construir ese socialismo saliendo de profundas complicaciones de dependencia neoliberal como son los países latinoamericanos, deben ser sobre la base de una serie de pasos, de construcciones distintas a una sociedad como la cubana de economía muy estatizada. Quizás los objetivos sean similares pero los puntos de partida, los caminos, las estrategias tienen que ser distintas.
“Incluso nosotros no debiéramos ver, a ultranza, como un pecado capital, privatizar. Venezuela parte, de hecho, de una sociedad hiperprivatizada, y no creo que los procesos nacionalizadores que se hagan necesarios puedan orientarse a la desprivatización masiva. También existen condiciones diferentes para los países que parten con una cantidad enorme de recursos materiales, naturales y los que no. Nunca van a ser iguales tampoco las condiciones en que pueda triunfar un proyecto socialista en un país capitalista desarrollado, necesariamente serán condiciones diferentes. El dilema no está en teorizar o no teorizar, sino en si construimos modelos o no construimos modelos, a partir incluso de experiencias evaluadas como exitosas.”
¿Hasta qué punto le hizo daño a nuestra economía copiar el modelo soviético y adoptar una excesiva centralización?
—Eso es muy difícil de decir. Habría que preguntarse también hasta que punto la economía hubiera subsistido si no adopta el modelo soviético. No se trataba solamente de acogerse a un modelo sino de adaptarse a las exigencias de un conjunto de países para poder insertarse. La cuestión no era «si no te adaptas al modelo no te ayudamos», era «si no te adaptas no tienes manera de insertarte».
“Este modelo le hizo daño y le hizo bien al país, porque nos permitió salir de la crisis de principios de los 70 y a partir de ahí obtuvimos una dinámica de desarrollo estable. Uno de los grandes daños fue en el aspecto financiero, pues había que buscar en el resto del mercado fuentes de financiamiento no contempladas en el CAME, y nos acogimos al flujo de la corriente crediticia en eurodólares que ofrecía el mundo desarrollado en esos años. Como es sabido, esto generó un proceso de endeudamiento que desbordó la capacidad de pago del país en divisa convertible.
“También habría que considerar que nuestras políticas de inserción han estado ligadas a instrumentos jurídicos y no a una dinámica mercantil. Se montaban fábricas que después no funcionaban o funcionaban a muy baja capacidad por no hacerse las previsiones pertinentes. Fíjate que la crisis de la economía cubana no empieza en realidad con la caída del campo socialista, empieza con la carencia de recursos financieros para saldar los cumplimientos de la deuda externa en divisa convertible en los primeros años de los 80.
“En el año 1985, Cuba tiene que decirle a los acreedores occidentales capitalistas que no puede pagar y para poder acceder a nuevos préstamos los acreedores le exigen al país una fuerte reducción del gasto público y un programa de privatización que priorizara la eficiencia económica por encima de los gastos sociales. Una versión de las «políticas de ajuste» del FMI y el Banco Mundial, características de las ataduras de la dependencia neoliberal. Cuba no acepta y declara la moratoria de la deuda.
“Los créditos capitalistas significaban alrededor del 16% de la entrada de divisas al país, pero ese 16% afectaba al 35% de la economía cubana. Los convenios con los países del CAME se basaban en lo que esos países te podían dar, que no coincidía siempre con lo que se necesitaba; en tanto, los créditos capitalistas significaban la entrada de divisas al país para buscar ofertas de acuerdo con tus necesidades. La moratoria de la deuda con los acreedores occidentales trajo como consecuencia que el nivel de dependencia de Cuba al CAME se elevara de aproximadamente un 65% hasta cerca de un 90% en 1989.”
¿Qué cambios estructurales más urgentes necesita la economía cubana para un despegue de sus fuerzas productivas?
—En primer lugar debemos enrumbar la mirada hacia la subsistencia. Siempre hemos rechazado aplicar un modelo de subsistencia, pero los principales gastos del país siguen siendo los combustibles y los alimentos. Nunca se podrá llegar a la total suficiencia, pero no se puede depender en 50 o 60% de importaciones en esos rubros. En este país hay mucha tierra sin cultivar. Está la famosa anécdota de Raúl de que solo veía marabú en su viaje a Camaguey. Evidentemente hay un problema estructural que requiere un cambio estructural.
“Hay un 30% de los productores agrícolas que hoy garantizan más del 60% de la producción de alimentos, y estos son los productores privados y las cooperativas con mayor autonomía en sus decisiones. Son los menos atenazados por los suministros del Estado, por el compromiso de entrega al Estado, por la elección de sus cultivos por parte del Estado, por los precios que impone el Estado. Yo no soy un experto en esos temas pero sí hay mucha gente que ha escrito sobre eso y tiene sus puntos de vista.
“Creo que habría que ponerle un poco más de atención a los críticas. Hay que generar cambios en la agricultura que garanticen un mayor autoabastecimiento. Yo pienso que el socialismo del siglo XX fue tan estatista de vocación en todas partes, que hoy nos cuesta adoptar otras formas de propiedad como la cooperada y la privada.”
¿Considera la negación del mercado como la negación del desarrollo?
—Mira, el mercado no es el capital pero el capital sí hizo al mercado. Las economías de mercado avanzan hasta que el capital se cae. Debe buscarse la desconexión entre mercado y capital y a su vez el mecanismo de reducción del peso específico del mercado como dispositivo de conducción de la economía. Yo no creo en el «socialismo de mercado». Tú no puedes dirigir la economía socialista mediante el mercado. La economía socialista debe estar dirigida de manera global por una institucionalidad social representativa de los intereses de la población y que domine al mercado.
“Al mercado hay que acudir para armar una lógica de eficiencia sin comprometer el proyecto social. Una eficiencia no dictaminada por las leyes del mercado sino por una lógica montada en los intereses superiores de la sociedad, dentro de la cual el mercado provea también, con sus mecanismos, aseguramientos armónicos con el interés global del proyecto. El mercado de que hablo no puede convertirse en una concesión al interés privado en detrimento del interés social, sino subordinarse a él.”
Desde que Raúl asumió la presidencia del país se habla de cambios, básicamente. ¿Cómo pudiéramos diferenciar la personalidad de Raúl con la de Fidel?
—Fidel es el estadista más brillante del siglo XX. Ha sido el jefe de Estado que ha demostrado la mayor capacidad para resolver la subsistencia social en las condiciones más adversas posibles y mantener un consenso para el sistema. Las revoluciones generan personalidades: ahora mismo, en Ecuador nadie sabía quien era Correa hasta hace dos años y este ha adquirido una talla de estadista impresionante. Raúl no es Fidel. Creo que Raúl tiene condición de estadista, como la tuvo el Che, y Dorticós y Carlos Rafael Rodríguez. Es una opinión muy personal. Diría incluso que Raúl aventaja en algunos aspectos a Fidel, yo creo que Raúl es mejor administrador, y mucha gente lo cree en Cuba. Él tuvo un peso decisivo en muchas de las reformas que se implementaron en los años 90 y que sirvieron para contener el desplome de la economía cubana.
¿Cuán cerca o cuán lejos está el final del laberinto cubano tras la caída del Muro?
—No se sabe dónde está el final del laberinto, ni siquiera la salida del laberinto está todavía clara. La salida ha tenido un proceso de reinserción que le debe mucho a la política de resistencia, pero también a los cambios que se están produciendo en América Latina y a la crisis del sistema imperialista. Estamos en una época de grandes incertidumbres, no podríamos precisar aun los caminos de esos proyectos y cómo van a enfrentarse al imperialismo. Un imperialismo que nos gusta calificar de agonizante pero que, incluso en su agonía, no se quedará de brazos cruzados. Seguramente van a repetirse las agresiones armadas, las cruzadas, las invasiones.
“Por lo tanto el principal aliado que van a tener los pueblos de la América Latina será la resistencia de los invadidos. En cuanto a Cuba debemos pensar que la situación de plaza sitiada puede durar 100 años más. El sitio es un componente real de nuestro laberinto.”
Al Fatah se convierte en una baja colateral de agresión de Israel
El partido del presidente Abbas pierde prestigio entre los palestinos
J. M. MUÑOZ 17/01/2009
Gaza arde arruinada y Hamás encaja un castigo demoledor a su milicia. Y, sin embargo, las imágenes de televisión han provocado un golpe mortal a su rival político, Al Fatah, el partido fundado por Yasir Arafat, hegemónico durante medio siglo. No son las tomas de los niños sin piernas o los cuerpos quemados; son las de los policías de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) cargando contra los manifestantes de las ciudades de Cisjordania. Sacan de quicio a los palestinos de Hebrón, Nablús o Yenín. Se han desconvocado protestas por falta de asistentes en Ramala mientras el mundo musulmán sale a la calle para expresar su indignación por la carnicería que Israel perpetra en la franja mediterránea. Los palestinos están furiosos. Y la ira tiene un destinatario: el presidente Mahmud Abbas y la ANP. Su prestigio y el de Al Fatah están por los suelos.
Coches oficiales han sido apedreados en bastiones de Al Fatah mientras Abbas condena las atrocidades —faltaría más—, pero sin adoptar decisión alguna. Varios de sus asesores le imploran que “autorice las manifestaciones, que se sume a ellas o que libere a los cientos de presos de Hamás que ha encarcelado en los últimos meses” de persecución fratricida contra los islamistas. Lo que sea para tratar de recuperar una imagen devastada por años de corrupción y por el fracaso del camino de la negociación con Israel. Sólo el clientelismo y las millonarias inyecciones financieras de Occidente mantienen vivo a un partido que huele a podrido.
La consternación ante los acontecimientos de Gaza —aunque algunos analistas aseguran que parte de la dirección de Al Fatah está encantada con el varapalo a los islamistas— se une a la preocupación por un porvenir sombrío. “La población se sintió defraudada, porque el proceso de paz es una mentira; sólo ve cómo se amplían las colonias judías y la construcción del muro. Israel ha asesinado el proceso de Annapolis y Al Fatah pagará las consecuencias”, opina el diputado Fayez Saqqa. “Uno de los principales objetivos de la agresión a Gaza”, continúa, “es debilitar al presidente. Se trata de colocar cadáveres encima de la mesa para que no pueda negociar. Para cualquier dirigente será doloroso estrechar la mano a alguno de los líderes que ha ordenado la masacre”.
“Israel quiere consagrar la división política entre Gaza y Cisjordania, reforzar a Hamás en la franja y hacer invisible al presidente”, señala Saqqa. No sería la primera vez. Antes de las elecciones palestinas de 2006, los ministros de Ariel Sharon tildaban a Abbas de “irrelevante”. “Dirá Israel que no hay socio para la paz. Pero lo que no quiere ni en pintura es un Estado palestino en las fronteras de 1967. Apreciamos mucho cabreo de la gente con la ANP y con el resto del mundo, pero no con Hamás”, concluye el diputado.
Los políticos de Al Fatah han amenazado varias veces con suspender el diálogo con el Gobierno de Ehud Olmert. Puro lamento hacia la galería. “Barajamos la posibilidad de disolver la ANP, sin descartar la resistencia armada. No podemos permitir que los palestinos digan que somos serviles ante la ocupación”, vuelve a advertir Saqqa. La acusación de colaboracionismo con Israel, el peor de los pecados, está en boca de infinidad de palestinos.
Es esa, precisamente, la opción que promueve Alí Jarbaui, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Bir Zeit. Alérgico a la violencia —“ni la negociación ni la resistencia sirven para nada”, asegura—, el académico es rotundo: “Debemos disolver la ANP y mantenernos bajo ocupación. Nuestra autonomía es una burla. Aceptemos que Cisjordania y Gaza son Israel y que se haga cargo de todo, porque la ANP libera a Israel del coste de la ocupación y encima nos convierte en pedigüeños. El problema es que quienes toman las decisiones viven en un mundo virtual”.
A ras de suelo trabajan los jefes fundamentalistas, conscientes de que su estrategia no está constreñida por calendarios a corto plazo. Temen en Al Fatah que políticamente salgan fortalecidos de la campaña militar lanzada por Israel. “Hamás puede perder su arsenal, pero gana argumentos. Abanderan la idea de que la negociación es inútil. Israel lo sabe y lo alimenta”, estima Saqqa. Y coincide Jarbaui: “Hoy día crece el apoyo a Hamás en Palestina y en el mundo árabe. Pero dentro de dos o tres meses se verá su verdadero respaldo. Lo que sucede en Gaza es otro golpe a Al Fatah. Deberían darse cuenta de que no debe aceptarse una negociación sin límite temporal. Abbas está pagando el precio político por ello”.
El País.com
Una guerra innecesaria y sanguinaria. Escriben J. Carter y S. Nair
| TRaducido para Rebelión por Ana Sastre |
Por experiencia personal sé que la devastadora invasión de Gaza por parte de Israel podría haberse evitado fácilmente.
Tras visitar Sderot el pasado mes de abril y comprobar el grave daño psicológico causado por los cohetes que habían caído sobre esa zona, mi esposa, Rosalynn, y yo declaramos su lanzamiento por parte de Gaza como una acción injustificable y un acto de terrorismo. Aunque raramente causaban víctimas (tres muertes en siete años), la ciudad estaba traumatizada por las impredecibles explosiones. Cerca de 3.000 residentes se habían trasladado a otras comunidades y las calles, los parques y los centros comerciales estaban casi vacíos. El Mayor Eli Moyal convocó a un grupo de ciudadanos a su despacho para reunirse con nosotros y se quejó de que el gobierno israelí no estaba tratando de detener los cohetes, ni por la vía diplomática ni por la militar.
Sabiendo que pronto nos reuniríamos con los líderes de Hamás de Gaza y de Damasco, prometimos evaluar las perspectivas de un alto el fuego. A través del jefe de los servicios de inteligencia egipcios Omar Suleiman, que actuaba de intermediario en las negociaciones entre los israelíes y Hamás, supimos que existía una diferencia fundamental entre ambas partes. Hamás quería un alto el fuego total en Cisjordania y Gaza, mientras que los israelíes se negaban a debatir ningún otro punto que no fuera Gaza.
Supimos que el millón y medio de habitantes de Gaza se estaban muriendo de hambre, ya que el relator especial de las Naciones Unidas sobre el derecho a la alimentación había descubierto que la tasa de desnutrición aguda en Gaza ya igualaba la de los países más pobres del sur del Sahara y que la mitad de las familias palestinas sólo tomaban una comida diaria.
Los líderes palestinos de Gaza se mostraron evasivos en todos los puntos, apuntando que los cohetes eran la única forma de responder a su estado de encarcelamiento y de escenificar su drama humanitario. La cúpula de Hamás en Damasco, sin embargo, se comprometió a considerar el alto el fuego sólo en Gaza, siempre y cuando Israel no atacara Gaza y permitiera que los suministros humanitarios habituales se distribuyeran a los ciudadanos palestinos.
Tras dilatadas conversaciones con los líderes de Hamás en Gaza, éstos también se comprometieron a aceptar cualquier acuerdo de paz que pudiera negociarse entre los israelíes y el Presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, que también lidera la OLP, siempre y cuando dicho acuerdo fuera aprobado por la mayoría de los palestinos en un referéndum o por un gobierno unitario electo.
Dado que nosotros sólo éramos observadores y no negociadores, confiamos esta información a los egipcios, y fueron ellos los que se encargaron de la propuesta de alto el fuego. Después de cerca de un mes, los egipcios y Hamás nos informaron de la interrupción de todas las acciones militares de ambos bandos y del lanzamiento de cohetes a partir del día 19 de junio y durante un período de seis meses, e indicaron que los suministros humanitarios recuperarían los niveles habituales que existían antes de la retirada de Israel en 2005 (aproximadamente unos 700 camiones diarios).
No pudimos confirmar este punto en Jerusalén, debido a la renuencia de Israel a admitir negociaciones con Hamás, pero el lanzamiento de cohetes se interrumpió y se produjo un aumento de los suministros de alimentos, agua, medicinas y combustible. Aunque ese aumento sólo constituyó un 20% de los niveles normales. Y esta frágil tregua fue parcialmente rota el 4 de noviembre, cuando Israel lanzó un ataque contra Gaza para destruir un túnel defensivo que había sido cavado por Hamás dentro del muro que encierra Gaza.
En otra visita a Siria a mediados de diciembre, hice un esfuerzo por ampliar el plazo de seis meses que estaba a punto de expirar. Estaba claro que el asunto más importante a tratar era la apertura de los pasos fronterizos de Gaza. Representantes del Centro Carter visitaron Jerusalén, se reunieron con oficiales israelíes y les preguntaron si esto era posible a cambio del cese total del lanzamiento de cohetes. El gobierno israelí propuso informalmente la distribución del 15% de los suministros normales a cambio de que Hamás interrumpiera el lanzamiento de cohetes durante 48 horas. Esta propuesta resultó inaceptable para Hamás y brotaron las hostilidades.
Tras 12 días de “combate”, las Fuerzas de Defensa israelíes informaron de que más de 1.000 objetivos habían sido bombardeados. Durante ese tiempo, Israel rechazó todos los esfuerzos internacionales para obtener un alto el fuego, con total apoyo de Washington. Han sido destruidas diecisiete mezquitas, la Escuela Internacional Estadounidense, muchas casas privadas y la mayoría de la infraestructura básica de esta zona, pequeña pero densamente poblada, entre la que se incluyen los sistemas que proporcionan agua, electricidad y alcantarillado. Valientes médicos voluntarios procedentes de muchos países han informado del gran número de bajas civiles, y los más afortunados pueden operar a los heridos a la luz de los generadores accionados con diésel.
La esperanza que nos queda es que cuando las hostilidades dejen de ser productivas, Israel, Hamás y los Estados Unidos aceptarán otro alto el fuego, momento en el que el lanzamiento de cohetes volverá a interrumpirse y se permitirá llegar a los palestinos supervivientes un nivel adecuado de suministros humanitarios, con el acuerdo público supervisado por la comunidad internacional. El siguiente paso posible: una paz permanente y total.
El escritor fue presidente de Estados Unidos de 1977 a 1981. En 1982 fundó el Centro Carter, una organización no gubernamental que promueve la paz y la salud en todo el mundo.
http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/content/article/2009/01/07/AR2009010702645_pf.html
He aquí lo que el Gobierno israelí ha reservado al pueblo palestino: la muerte. Podemos emprender en pleno siglo XXI la agresión a poblaciones civiles, destruir sus escuelas, hospitales, casas, lugares de culto, campos de deporte. Podemos arrasar sus aldeas, pueblos, ciudades. En el mayor silencio de la buena conciencia. Y también de la cobardía.
Esta guerra emprendida contra los palestinos obedece a sórdidos motivos electorales
Podemos hacerlo si somos un Estado que dispone de uno de los más formidables arsenales militares de todos los tiempos, que cuenta con la complicidad de los poderosos de este mundo, de sus medios de comunicación, de la horda de plumíferos siempre dispuestos a justificar lo injustificable con el pretexto de combatir el integrismo. Podemos hacerlo contra este pueblo sobre todo si éste es musulmán.
Podemos hacerlo cuando nos hemos acostumbrado a violar la legalidad internacional, las leyes más elementales de la guerra, el simple principio de humanidad.
Los dirigentes israelíes están en guerra. Lo están desde hace tiempo, mucho tiempo. Con toda impunidad. Cuentan con la complicidad de todos: de los europeos, de los asiáticos, de los rusos, de los africanos y aun de ciertos países árabes, desde hace tanto tiempo arrodillados, envilecidos y revolcados en el fango del sometimiento al imperio americano, el cual lo permite todo, y ayuda incluso a escondidas a perpetrar el crimen. ¡Pobre pueblo palestino! ¿Cómo no enloquecer de rabia? Algunos de tus hijos se convierten en terroristas que se hacen saltar por los aires asesinando a civiles israelíes. Es un crimen que hay que condenar, como el lanzamiento de cohetes sobre la población civil israelí. No es la respuesta correcta a tu tragedia. Pero sabemos lo que decís en Palestina. ¿Qué pensarían los europeos si se instalaran en su casa, les confiscaran sus tierras, y levantaran horribles y enormes muros en sus propias ciudades para encerrarlos en ellas? ¿Qué dirÃ Š ?an si vieran a colonos, alentados por el ejército, atacar a los civiles palestinos, arrancar los olivos, cortar el agua de los barrios que quieren invadir, humillar a la gente en los pasos fronterizos?
El Gobierno israelí practica el cinismo político, intentando convertir al pueblo palestino en el chivo expiatorio de sus problemas políticos internos. Ya que esta guerra emprendida de modo tan desproporcionado contra el pueblo palestino obedece a sórdidos motivos electorales, en la base de los cuales está la idea de que el partido político que mate a más palestinos ganará las próximas elecciones en Israel. Esto es un insulto para los israelíes por parte de sus cínicos dirigentes. ¿Se quiere hacer creer que el pueblo israelí está ávido de muerte, él que ha escapado a la muerte? ¿Se quiere confirmar la idea de que estaría sediento de sangre palestina? El método consiste luego en hacer pagar colectivamente a los civiles palestinos los actos de un partido político concreto, no menos irresponsable, como es en este caso Hamás. El principio de la responsabilidad colectiva está prohibido por el derecho de la guerra. Con la liquidación de los Acuerdos de Oslo y la continuación de los “asesinatos selectivos” de los dirigentes de Hamás, ¿cabía esperar que los islamistas se quedasen de brazos cruzados?
La intención, por último, de hacer creer que actuando de esta manera el Estado israelí combate el integrismo. Qué justificación tan lamentable y pobre. ¿Por qué este régimen israelí, que ha organizado la democracia dentro de sus fronteras, salvo, todo hay que decirlo, para los árabes israelíes que son tratados como ciudadanos de segunda, rechaza esta misma democracia cuando es practicada por los palestinos? Fue el pueblo palestino en su mayoría el que eligió democráticamente bajo supervisión internacional a Hamás. Y estas elecciones, ¿no eran una de las exigencias de la Hoja de Ruta apoyadas por las potencias internacionales, entre ellas Europa?
¿No gusta el resultado? Pero entonces, ¿por qué se acepta que en Israel la extrema derecha religiosa, fanática y racista esté en el poder, imponga su chantaje para llevar a cabo una guerra a ultranza y la construcción de un Israel imperial? ¿Por qué no se exige a los israelíes que neutralicen a esta gente? Ya que todos sabemos que mientras sigan teniendo peso dentro de la democracia israelí, no habrá paz en Oriente Medio.
¿Acaso no se exige porque se respeta la soberanía popular? Pues entonces también hay que respetar la de los palestinos, ya que la soberanía de los pueblos es indivisible e inalienable. Hay que someterse a ella, a menos que se desprecien los valores democráticos a los que se hace referencia con tanta demagogia en Europa, Israel o EE UU.
En realidad, con el bombardeo sobre Gaza y su posterior invasión el Gobierno de Israel hará florecer el islamismo en Palestina y en el mundo musulmán. Es la manera más irresponsable de alimentar el odio. Serán numerosos los jóvenes palestinos que sueñen con la venganza. Serán numerosas las víctimas inocentes israelíes que paguen la locura de sus dirigentes.
Estas afrentas a los principios más elementales de la humanidad y de la democracia son terribles. E imperdonables.
El enviado especial de la ONU para los derechos humanos en Palestina, Richard Falk, ha declarado que lo que está haciendo Israel al millón y medio de palestinos de Gaza es “un crimen contra la humanidad”. Ha dicho que el castigo colectivo infligido a este pueblo es una flagrante violación del artículo 33 de la cuarta Convención de Ginebra. Ha pedido que se constituya urgentemente una corte criminal internacional para averiguar y determinar las responsabilidades de los dirigentes civiles y militares israelíes, y juzgarlos.
Richard Falk es judío, judío americano. Para nosotros Richard Falk representa el honor de los judíos porque defiende, ante lo intolerable, a la humanidad en su conjunto.
Ante estos bombardeos sólo nos queda nuestra indignación. Sólo tenemos nuestras lágrimas para las lágrimas de estas madres que gritan sobre los cuerpos despedazados de sus hijos. Ya sean palestinas o israelíes. Sólo tenemos nuestro dolor ante tanto dolor. Al empezar este año, nos encontramos ante la guerra del fuerte contra el débil. Y ya es medianoche en el siglo para los palestinos. Como lo fue ayer para los pacíficos habitantes de Gernika.
B. Obama: "Me siento abrumado por los retos que nos aguardan". Entrevista.
ENTREVISTA: Primer plano BARACK OBAMA Presidente electo de Estados Unidos
JOHN HARWOOD 11/01/2009
En vísperas de su toma de posesión como presidente de Estados Unidos, Barack Obama rechaza los excesos de confianza, pero apuesta por medidas audaces para “evitar lo peor”. En la entrevista, concedida el miércoles pasado, repasa los principales puntos calientes de su programa económico.
Pregunta. Una de las cosas a las que más dinero va a destinar en cuanto tome posesión de su cargo de presidente es al paquete de estímulos económicos. Alrededor de 775.000 millones de dólares, según parece.
Respuesta. En efecto.
P. Sus asesores repiten que el peligro es quedarse cortos en la financiación de esos estímulos, no pasarse…
R. Sí.
P. Entonces, ¿por qué 775.000 millones? ¿Por qué no llegar a los 1,2 billones de dólares como han recomendado algunos economistas? ¿Cree que la cifra del billón de dólares tiene demasiada carga política para rebasarla? ¿O que un mayor gasto sólo beneficiaría a grupos especiales, en lugar de servir de estímulo? ¿O cree que ha descubierto exactamente el volumen de estímulo que se necesita?
R. En primer lugar, hay que resaltar que todos los economistas, tanto conservadores como progresistas, están de acuerdo hoy en que necesitamos un plan de recuperación importante para ayudar a poner en marcha de nuevo la economía, que a corto plazo va a costar mucho dinero, pero que siempre será mucho menos que el que nos supondría el dejar que la economía prosiga en la espiral de deterioro que ha emprendido. Hemos visto cantidades que van desde los 800.000 millones hasta 1,3 billones, y nuestra postura es que, dado cómo es el proceso legislativo, es mejor comenzar por abajo y ver cómo evoluciona la situación. Estamos preocupados…
P. Van a aumentar las dotaciones.
R. No lo sabemos todavía. Lo que nos preocupa ahora es asegurarnos de que el dinero se gaste con prudencia, que esté supervisado, que haya transparencia. Vamos a emplear este dinero para dar un impulso temporal a la economía, para crear o salvar tres millones de puestos de trabajo, pero también para hacer los pagos iniciales de cosas que se deberían haber hecho en los últimos decenios y que pueden ayudar a crear una economía más competitiva en Estados Unidos.
Ejemplos: asegurarnos de multiplicar por dos las energías alternativas y hacer que nuestros edificios y nuestros transportes sean mucho más eficientes, asegurarnos de reducir el coste de la sanidad mediante el empleo de tecnologías de la información sobre salud, construir unas escuelas de primera categoría para que nuestros hijos se beneficien de ellas y puedan competir en la economía mundial. Es decir, lo que queremos hacer es asegurarnos de que todo el dinero se gaste, primero, en crear empleo, en estabilizar la economía, pero también que se utilice con prudencia para que, cuando salgamos de esta racha en la que estamos, podamos ver una economía más fuerte, mejor, más eficaz.
P. Se han mencionado muchos paralelismos entre usted y John F. Kennedy, que también hizo historia, llegó con una familia joven y atractiva, como la suya, y reunió a un montón de cerebros de Harvard al comenzar su mandato.
R. Es verdad.
P. Durante los años sesenta aprendimos que los mejores y más brillantes no siempre aciertan.
R. Hay que tener cuidado con esos tipos de Harvard. Se quedan siempre contigo.
P. ¿Hasta qué punto confía en que su plan va a funcionar, y cómo evita el peligro de creérselo demasiado?
R. Creo que la estrategia que hemos adoptado es no hablar sólo con los de siempre, sino también con personas que tradicionalmente no están de acuerdo conmigo. Cuando hay antiguos asesores económicos de Ronald Reagan, antiguos asesores económicos de John McCain y antiguos asesores económicos de George Bush que dan consejos similares a los de los asesores de Bill Clinton y Jimmy Carter, da la impresión de que existe cierto consenso en todo el espectro político.
Las cosas no van a solucionarse de la noche a la mañana. Es una situación difícil y sabemos que, por mucho que hagamos en materia de reinversión y recuperación, vamos a tener que hacer otras cosas para mejorar la economía. Una de las cosas fundamentales será reformar el modo de funcionamiento de nuestros sistemas financieros. Necesitamos que el crédito vuelva a circular. Eso significa restablecer la confianza, restaurar la transparencia del sistema. Significa reformar por completo nuestros marcos reguladores, y ése será un gran paquete de medidas que daré a conocer durante los próximos meses. Significa que tenemos que abordar con mucha más seriedad la crisis inmobiliaria y estabilizarla. Significa que vamos a tener que pensar en cómo abordar la responsabilidad fiscal.
Por eso he anunciado hoy la designación de un supervisor que llevará a la práctica mi compromiso de campaña de examinar el presupuesto federal partida por partida, página a página, para ver qué programas funcionan y cuáles no y eliminar los que no estén funcionando y mejorar el rendimiento de los que tenemos. Es decir, se trata de un ataque en muchos frentes contra la tremenda crisis que estamos viviendo.
El objetivo a largo plazo es asegurarnos de que estamos salvando y protegiendo puestos de trabajo, que las empresas y las familias estadounidenses pueden volver a beneficiarse de los créditos. No quiero intensificar la intervención del gobierno a largo plazo. Preferiría que fuera el sector privado el que estuviera haciendo todo esto. Pero tengo la impresión de que existe un consenso, incluso entre gente que no lo manifestó así con su voto, de que necesitamos emprender medidas audaces para evitar que ocurra lo peor.
P. ¿Le preocupa pecar de exceso de confianza?
R. No, me siento abrumado por los retos que nos aguardan. En lo que sí tengo confianza es en que sé escuchar, se me da bien sintetizar los consejos que me llegan desde puntos de vista muy distintos y desde luego vamos a tomar las mejores decisiones posibles desde la perspectiva de beneficiar al ciudadano de la calle.
P. Ayudas al ciudadano de la calle y a sectores como el automóvil, los seguros y el financiero como las que se han dado en los últimos tiempos… ¿Cuándo cree que llegará el momento de empezar a pensar en la responsabilidad fiscal a largo plazo?
R. Lo primero, decir que no vamos a hacer una cosa después de otra, sino que vamos a seguir vías paralelas. Voy a elaborar un presupuesto que se presentará al Congreso en febrero y ese presupuesto incluirá proyecciones a medio y a largo plazo, además de las más inmediatas, de las previstas para el corto plazo.
P. ¿No le preocupa el incremento que estas medidas van a aportar a un déficit que ya es muy elevado?
R. Sí, sin duda. Pero lo que me interesa destacar es que no vamos a esperar hasta dentro de dos años y entonces empezar a preocuparnos de lo que vamos a hacer con el déficit. Queremos ver qué podemos hacer ahora y empezar a invertir la tendencia hacia un déficit menor. Mi principio esencial es que cuando empecemos a ver que el sector privado vuelve a prestar dinero, que el crédito empieza otra vez a circular hacia las familias y las empresas, cuando veamos que pueden obtener préstamos para comprar el coche, respaldar las hipotecas, y que el mercado de trabajo se ha estabilizado, entonces estaremos dispuestos a retirarnos. Y por eso va a ser muy importante vigilar con atención los progresos que hagamos.
Pero debe quedar claro que los cálculos más precisos de los que disponemos en estos momentos dicen que, pese a todo el enorme esfuerzo que vamos a hacer, la perspectiva de desempleo va a seguir siendo muy alta. Salvo que no será de dobles cifras, como podría ser si no hiciéramos absolutamente nada. Y quizá tenga que pasar la mayor parte del próximo año antes de que la economía empiece a recuperar el rumbo debido.
P. ¿Crecerá la economía de EE UU en la segunda mitad de 2009?
R. Bueno, no tengo una bola de cristal. Pero hay algo de lo que estoy seguro. Si no hacemos nada, las cosas irán mucho, mucho peor. Con el plan que tenemos, saldremos mejor parados que sin él. Y tengo confianza en que podemos crear o salvar tres millones de puestos de trabajo. Ya hemos perdido por lo menos dos. Y, si empezamos a ver la pérdida de tres, cuatro, cinco millones más el próximo año, ésta será una crisis como no hemos visto desde hace mucho, así que vamos a cortarla de raíz.
P. En junio dijo que quizá estaría dispuesto a aplazar algunos aumentos fiscales que había propuesto como respuesta a las actuales circunstancias económicas.
R. Sí.
P. Sabemos que tiene previstos 300.000 millones de dólares, más o menos, de recortes fiscales…
R. Sí.
P. Lo dice en su programa económico, pero ahora admite que está dispuesto a no revocar rápidamente los recortes fiscales del presidente Bush para personas que ganan más de 250.000 dólares y que va a dejar que expiren, en 2010, esas reducciones.
R. La verdad es que no puedo darle una respuesta clara e inmediata a lo que plantea. Lo que he dicho es que me preocupa menos que se haga la revocación de esas medidas este año o el que viene. Lo que me preocupa de verdad es el principio básico de que debemos restablecer el equilibrio y la justicia en el sistema fiscal. Y por eso hemos incluido en nuestro paquete una serie de recortes fiscales selectivos. El 95% de las familias trabajadoras obtendría un respiro fiscal. Queremos descubrir otras formas de llevar más deprisa ese dinero a los bolsillos de la gente, sin tener que esperar hasta que presenten su declaración el año que viene, porque, si no, no servirá de estímulo como pretendemos. Pero también queremos estar seguros de vigilar el déficit. Y en cuanto a las personas como usted y como yo, que ganamos más de 200.000 o 250.000 dólares al año, creemos que los recortes fiscales de Bush eran innecesarios, creemos que siguen siendo innecesarios, y vamos a asegurarnos de que no formen parte de nuestras leyes fiscales a largo plazo.
P. No sé qué quiere decir deprisa, pero da la impresión de que no va a tratar de conseguir la revocación acelerada este año.
R. Todavía no he tomado una decisión definitiva. Entrará en nuestras consultas con el Congreso.
P. Querría que me hable de la colaboración entre los dos partidos. Parece que hay, al menos por el momento, un nivel de diálogo diferente al que hemos visto otras veces entre ellos. ¿Hasta qué punto es importante para usted el bipartidismo en sí? Es decir, ¿estará dispuesto a aceptar ideas del otro lado del hemiciclo, aunque no le parezcan tan buenas como otras a las que podrían sustituir?
R. Sí.
P. ¿Sólo para tener un consenso más amplio y no limitarse a aprobar un paquete con el voto de tres o cuatro republicanos?
R. Claro. Lo más importante es qué es lo que ayuda a que las cosas salgan adelante. Ése es el prisma que aplico a todo. ¿Está creando o salvando tres millones de puestos de trabajo? ¿Estamos preparando el terreno para la independencia energética o reduciendo nuestros costes sanitarios, que va a ser un aspecto clave para abordar nuestro déficit a largo plazo? ¿Estamos creando un sistema educativo de primera categoría? Ésa es mi primera prioridad. No creo que el Partido Demócrata tenga el monopolio de las buenas ideas. Creo que los republicanos tienen mucho que ofrecer. Y lo que voy a hacer es escuchar y aprender de mis colegas republicanos. Y siempre que logren convencerme de que es algo que va a beneficiar a los estadounidenses. Que no se les haya ocurrido a los demócratas y sean los republicanos los que lo estén promoviendo, no es una buena razón para no hacerlo.
Ahora bien, habrá ocasiones en las que no vamos a estar de acuerdo. Y, si alguien me presenta un plan y lo defiende por motivos ideológicos pero no me puede convencer de que va a ser verdaderamente positivo para la economía, entonces no lo haremos. Y habrá ocasiones en las que tendremos disputas. Pero yo no voy a buscar pelea, y sí voy a buscar toda la cooperación posible, y estoy abierto a cualquier idea que me presenten.
P. ¿Cree que la parte de su plan que afecta a los recortes fiscales se extenderá en las consultas con los republicanos del Congreso, cuando intente obtener más apoyos para su programa?
R. La actitud que voy a tener respecto a los recortes fiscales es la misma que aplico al paquete de inversiones. Es decir, ¿es dinero bien gastado? Es dinero de los contribuyentes, que va a contribuir al déficit a corto plazo. Y, si no podemos justificarlo, entonces no vamos a gastar decenas o cientos de miles de millones de dólares sólo para que alguien esté contento, si no va a ser bueno para la economía. Ésa es la regla que voy a aplicar a todo.
P. Existe un consenso de que la vivienda es la raíz de los problemas económicos que ahora sufrimos.
R. Sí.
P. Su equipo ha indicado que Sheila Bair va a permanecer al frente de la FDIC
[Corporación Federal de Seguros de Depósitos]. ¿Qué va a proponer aparte del plan que ha presentado ella para intentar mitigar las ejecuciones hipotecarias? Y, cuando lo proponga, ¿cree que la máxima prioridad será volver a estimular la compra de vivienda, tal vez mediante créditos fiscales, o limitar las ejecuciones?
R. En primer lugar, creo que la FDIC y Sheila Bair han abordado el problema con la sensación de urgencia que quiero ver. Todavía no hemos hecho ninguna declaración oficial al respecto, pero creo que, en general, han hecho todo lo posible con los recursos que tienen para intentar apuntalar el sistema. En mi opinión, respecto al mercado inmobiliario, el Consejo de la Reserva Federal ha hecho lo que ha podido para rebajar los tipos de interés lo más posible. Por eso hemos visto algo de actividad en torno a la refinanciación. Aunque eso no resuelve el problema de la pérdida de valor de la vivienda.
Creo que lo más importante, respecto a la caída del valor de la vivienda, es evitar nuevas ejecuciones hipotecarias, que disminuyen el valor de la vivienda en todas partes. Y por eso pienso que, desde el punto de vista de los que todavía estamos pagando una hipoteca, pues a veces, en el campo, uno oye decir a una persona: “Yo me he comportado de forma responsable. ¿Por qué voy a ayudar a alguien que firmó una hipoteca que no podía permitirse?” Pues bien, hay que acordarse del dicho de que, si ves que la casa de tu vecino está en llamas, lo primero es apagar el incendio, aunque la causa haya sido su irresponsabilidad. En mi opinión, lo mismo pasa con las ejecuciones hipotecarias.
Tenemos que impedir que el mercado de la vivienda siga deteriorándose. Y eso empieza por las ejecuciones hipotecarias. Eso no significa que no podamos también ayudar algo. Quizá no siempre en forma de ayuda hipotecaria. Una cosa que nos parece muy importante en nuestro plan de reinversión es proporcionar incentivos para aclimatar las viviendas en todo el país. Es el tipo de inversión a largo plazo que puede reducir drásticamente la factura de energía, aumentar la independencia energética y reducir los gases de efecto invernadero. Es decir, hay ciertas áreas en las que podemos avanzar y aliviar la carga y ayudar a los propietarios de viviendas. Pero tenemos que hacer algo para resolver esta crisis hipotecaria. Tengo previsto exponer nuestros planes para evitar las ejecuciones hipotecarias en consultas con Barney Frank y Chris Dodd, que han trabajado mucho en este asunto, en el próximo mes o los próximos dos meses.
P. ¿Dentro de la siguiente fase del paquete de rescate financiero?
R. Dentro de nuestro ataque multifrontal para abordar la crisis.
P. Se ha especulado mucho que Larry Summers, el ex secretario del Tesoro que encabeza su consejo económico nacional, será la persona escogida por usted para sustituir a Ben Bernanke como presidente de la Reserva Federal cuando expire el mandato de este último, en 2010. ¿Tiene esa intención, o puede decir que volverá a nombrar a Ben Bernanke?
R. Larry Summers todavía no tiene ni siquiera este puesto. Lo he nombrado para él, pero aún no gobernamos. Creo que es prematuro que me ponga a especular sobre cargos que habrá que ocupar dentro de dos años cuando ni siquiera tengo a mi equipo actual en sus puestos.
P. Dígame algo sobre regulaciones. Nos encontramos en un edificio que en un tiempo albergó la SEC [la Comisión del Mercado de Valores].
R. Sí.
P. ¿Hasta qué punto va a proponer y apoyar una transformación sustancial del aparato regulador financiero? ¿Cuándo lo hará? ¿Y cree que es necesario crear un aparato regulador mundial? En abril se celebrará la reunión del G-20 en Londres.
R. Para cuando se celebre la reunión del G-20, creo que ya habremos presentado nuestra estrategia en materia de regulación financiera. Pienso que hay que poner en marcha cierta coordinación internacional. Pero ahora tenemos que cuidar también estos asuntos dentro de casa. Wall Street no ha funcionado, nuestro sistema regulador no ha funcionado como debía.
De modo que habrá que abordar una transformación sustancial. Tendremos una mejor vigilancia del cumplimiento de las normas, una mejor supervisión, más transparencia. Tendremos que examinar el batiburrillo de organismos y tratar de lograr que colabren más eficazmente entre sí. Debemos dejar de dividir funciones de tal forma que el capital en una modalidad se trata de una manera y el capital en otra modalidad se trata de otra manera, porque en estos tiempos, en los mercados financieros mundiales, todo se funde. Y existen riesgos estructurales que son posibles, sean en forma de derivados, o de seguros, o de depósitos bancarios tradicionales. Así que debemos actualizar todo el sistema para hacer frente a las necesidades del siglo XXI. Ésta es una tarea en la que mi equipo ya está trabajando y creo que, de aquí a poco tiempo, tendremos un paquete de medidas que estamos elaborando junto a Barney Frank y Chris Dodd, para presentárselo a los estadounidenses.
P. Le han comparado también a usted, y a los retos que le aguardan, con Franklin Roosevelt y los que él tuvo que afrontar.
R. Sí.
P. Porque ésta es la peor crisis financiera desde la Depresión. Cuando Roosevelt pronunció su discurso de toma de posesión, dijo a los estadounidenses: “Lo único a lo que debemos tener miedo es al propio miedo”.
R. En efecto.
P. Cuando pronuncie su discurso, el 20 de enero, ¿cree que va a tener la misma obligación de tranquilizar al pueblo estadounidense? ¿Y cómo encuentra el equilibrio entre ese mensaje y la necesidad de transmitir al tiempo que es urgente actuar?
R. Como puede imaginarse, últimamente he estado leyendo discursos de toma de posesión, y, si mira el discurso de Roosevelt, la frase que se recuerda es la que usted ha citado. Sin embargo, en realidad, el resto del discurso se centró en la necesidad de actuar y actuar ya. Y creo que explicó muy bien la naturaleza de la crisis tanto en ese discurso como en las sucesivas charlas al lado de la chimenea.
Hay un consejo que recibí de uno de los ex presidentes. Me dijo: “Mira, Barack, parte del motivo por el que te están yendo bien las cosas es que no hablas a los ciudadanos con condescendencia, hablas claro y explicas lo que ocurre”. Tengo mucha confianza en los estadounidenses. Creo que, si se es franco con ellos, si se les explica que tenemos este reto, así es como hemos llegado hasta aquí y ahora creo que debemos ir en esta dirección, tengo enorme confianza en que los estadounidenses responderán a ese reto. Por consiguiente, mi tarea, tanto en el discurso inaugural como en los próximos meses, no es más que explicar con la mayor honradez y la mayor sinceridad posibles cuáles son las circunstancias, cuáles son las mejores ideas que circulan para abordar esos retos, y, si consigo hacerlo, estoy seguro de que nos uniremos para resolver estos problemas.
P. Hasta ahora no ha tenido muchos comentarios negativos en los medios de comunicación ni en los mercados.
R. Seguro que llegarán. Pero el caso de los mercados, desde luego, es una situación ligeramente distinta. En estos momentos, dada su delicada situación, tengo que prestar cierta atención a la psicología del mercado porque parte de lo que estamos sufriendo ahora es una pérdida de confianza en el mercado y en el gobierno, y reestablecer esa confianza y esa seguridad va a ser algo muy importante.
Voy a asegurarme de mantener abierta una comunicación regular con los actores clave del mercado para explicarles cuáles son exactamente nuestros planes y pedirles que me proporcionen buenas ideas.
En conjunto, no obstante, tengo muy claro que, como presidente, debo mirar hacia el horizonte. No puedo estar pendiente de los titulares de hoy, porque, en ese caso, entonces lo más seguro es que no tome decisiones en función de lo que conviene más al país. Entonces me pasaré demasiado tiempo preocupado por el día a día político, y eso es algo que he tratado de evitar.
P. ¿Sigue teniendo una agenda electrónica en el bolsillo?
R. La verdad es que la he sacado para la entrevista, pero continúo apegado a mi BlackBerry. Tendrán que quitármela de las manos.
P. ¿Conseguirá usted vencer esta anacrónica idea de que los presidentes no pueden o no saben utilizar personalmente los dispositivos más modernos?
R. Creo que podré seguir teniendo acceso a un ordenador en algún sitio. Quizá no en el Despacho Oval. Lo segundo que espero poder hacer es que alguien dé con la manera de permitirme que siga teniendo acceso a una BlackBerry. Sé que…
P. A día de hoy, todavía tiene su BlackBerry.
R. A día de hoy, todavía la tengo. Tengo que añadir que esto es algo que preocupa no sólo al Servicio Secreto, sino también a los abogados. Ya sabe usted que esta ciudad está llena de abogados.
P. Estaba diciendo que va a pelear para conservar su BlackBerry.
R. No sé si ganaré, pero sigo intentándolo. Ah, sí, pero esto es lo que quería decir: no se trata sólo de recibir información. Quiero decir, alguien me puede imprimir las cosas importantes, puedo leer periódicos. De lo que se trata es de tener mecanismos para relacionarse de forma real con la gente de fuera de la Casa Blanca. Y tengo que buscar cada oportunidad de hacerlo, formas que no estén preparadas, que no estén controladas, formas de hablar con personas que no sólo se limiten a halagarme o ponerse de pie cuando entre en una habitación, formas de mantener los pies en la tierra. Y si puedo conseguirlo en estos cuatro años, creo que eso me ayudará a servir mejor a los ciudadanos, porque oiré sus voces. No se apagarán porque yo esté en la Casa Blanca.
P. Un par de cosas rápidas antes de terminar. ¿Dick Parsons va a ser su secretario de Comercio?
R. No he tomado una decisión definitiva sobre quién va a ser mi próximo secretario de Comercio.
P. ¿Es uno de los candidatos?
R. No voy a hacer ningún comentario al respecto. Lo único que diré es que Dick Parsons es un gran tipo, un buen amigo mío.
El Pais.com
P. Krugman: luchar contra la depresión…
PAUL KRUGMAN 11/01/2009
Si no actuamos con rapidez y audacia”, declaraba el presidente electo Barack Obama en un reciente discurso semanal, “podríamos experimentar una recesión económica mucho más profunda, que podría provocar un desempleo superior al 10%”. Si me preguntan a mí, diría que Obama estaba siendo muy suave.
El hecho es que las recientes cifras económicas son aterradoras, no sólo en Estados Unidos, sino en todo el mundo. La fabricación, en concreto, se está desplomando por doquier. Los bancos no prestan; las empresas y los consumidores no gastan. Las cosas como son, esto se parece mucho al principio de la segunda Gran Depresión.
¿Actuaremos con suficiente “rapidez y audacia” para evitar que eso ocurra? Pronto lo averiguaremos. Se suponía que no deberíamos hallarnos en esta situación. Durante muchos años la mayoría de los economistas creían que sería fácil evitar otra gran depresión. En 2003, Robert Lucas, de la Universidad de Chicago, en su discurso presidencial ante la Asociación Económica Estadounidense, declaraba que “el problema principal para prevenir la depresión se ha resuelto, a todos los efectos prácticos, y lleva de hecho muchas décadas resuelto”.
Milton Friedman, en especial, convenció a muchos economistas de que la Reserva Federal pudo haber frenado en seco la Gran Depresión simplemente proporcionando a los bancos más liquidez, lo cual habría impedido una drástica caída de la oferta monetaria. Es bien sabido que Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal, se disculpó ante Friedman en nombre de su institución: “Tiene usted razón. Fue culpa nuestra. Lo sentimos mucho. Pero gracias a usted, no volveremos a hacerlo”.
Resulta, sin embargo, que prevenir las depresiones no es tan fácil al fin y al cabo. Dirigida por Bernanke, la Reserva Federal está proporcionando liquidez igual que si fuera un equipo de bomberos tratando de apagar un fuego de gran magnitud, y la oferta monetaria ha crecido con rapidez. Pero el crédito sigue escaseando, y la economía continúa en caída libre.
La afirmación de Friedman de que la política monetaria podría haber evitado la Gran Depresión fue un intento de refutar el análisis de John Maynard Keynes, quien sostenía que, en situaciones de depresión, la política monetaria es ineficaz y que hace falta una política presupuestaria -gasto deficitario a gran escala por parte del Estado- para luchar contra el desempleo. El fracaso de la política monetaria en esta crisis demuestra que Keynes lo entendió a la primera. Y el pensamiento keynesiano está detrás de los planes de Obama para rescatar la economía.
Pero estos planes podrían resultar difíciles de vender. Los informes de prensa dicen que los demócratas esperan aprobar un plan con amplio apoyo de los dos partidos. Les deseo buena suerte.
Lo cierto es que la toma de posiciones políticas ya ha empezado, y los líderes republicanos están poniendo obstáculos a las leyes encaminadas a estimular la economía al tiempo que pretenden ser los adalides de una deliberación prudente en el Congreso, lo cual no deja de tener su gracia, teniendo en cuenta el comportamiento de su partido en los últimos ocho años.
Más en general, después de declarar durante décadas que el Estado es el problema, no la solución, por no mencionar las críticas a la economía keynesiana y al New Deal, casi ningún republicano va a reconocer la necesidad de aplicar a la crisis económica una solución de gasto a lo grande, al estilo Roosevelt.
Sin embargo, el mayor problema al que probablemente se enfrentará el plan de Obama es la exigencia de muchos políticos de que se demuestre que las ventajas del gasto público propuesto justifican sus costes, demostración que nunca se exige a propuestas de recortes tributarios.
Es un problema que Keynes conocía bien: regalar dinero, señalaba, tiende a recibirse con menos objeciones que los planes de inversión pública, “que, al no ser completamente despilfarradores, tienden a juzgarse de acuerdo con principios estrictamente ‘empresariales”. Lo que se pierde en dichos debates es el principal argumento a favor del estímulo económico, o sea, que en las actuales condiciones un aumento drástico del gasto público proporcionaría empleo a estadounidenses que de otro modo estarían en paro, y dinero que de otro modo se mantendría ocioso, y pondría a ambos a trabajar para producir algo útil.
Todo esto me hace temer por las perspectivas del plan de Obama. Estoy seguro de que el Congreso aprobará un plan de estímulo, pero me preocupa que el plan pueda retrasarse y/o rebajarse. Y Obama tiene razón: realmente necesitamos medidas rápidas y audaces.
Ésta es mi hipótesis de pesadilla: el Congreso tarda meses en ratificar un plan de estímulo, y la legislación que acaba aprobándose es demasiado cauta. Como consecuencia de ello, la economía se hunde durante la mayor parte de 2009, y cuando el plan empieza por fin a surtir efecto, lo hace sólo con fuerza suficiente para frenar la caída, no para detenerla. Mientras tanto, la deflación se instala, y empresas y consumidores empiezan a basar sus planes de gasto en la perspectiva de una economía permanentemente deprimida; y bien, uno puede ver en qué desemboca esto.
Por lo tanto, ésta es nuestra hora de la verdad. ¿Haremos realmente lo necesario para evitar la segunda Gran Depresión? -
Paul Krugman es profesor de Economía de Princeton y Premio Nobel de Economía de 2008.Traducción de News Clips. © 2008 New York Times News Service.
Bajas del Ataque de Israel en Gaza: 10 soldados israelies , y cerca de 901 palestinos…

Gaza/Jerusalén. (Agencias) – El Ejército de Israel redobló hoy sus bombardeos aéreos y de unidades de artillería en uno de los días más sangrientos de su ofensiva militar en Gaza, donde el número de muertos se elevó a 901 y a 3.695 el de heridos.
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Ocho soldados israelíes han muerto en la ofensiva que ha dejado más de 640 palestinos muertos, al menos un cuarto de ellos civiles, dijeron médicos. Los cohetes palestinos, la principal razón del asalto israelí, han provocado la muerte de cuatro civiles.
Israel dijo que sus tropas han abatido a 130 guerrilleros desde el sábado, una cifra que sugiere que la cifra de muertos palestinos desde el 27 de diciembre podría acercarse a las 770 y que los cadáveres aún estarían en el campo de batalla.
El Ejército israelí informó de la muerte de cuatro de sus soldados en la noche de ayer, tres de ellos en un incidente de ‘fuego amigo’ de sus propios carros de combate. Otros 20 militares resultaron heridos en ese incidente. La cifra total de soldados hebreos muertos en el operativo asciende así a 8.
Fuente: www.madriddigital.info; www.eluniversal.com;
Decenas de muertos en escuela de la ONU
Al menos 30 personas murieron cuando un tanque israelí disparó contra a una escuela de las Naciones Unidas en el campo de refugiados de Jabalayia, confirmaron periodistas de la BBC en Gaza.
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DATOS CLAVE: 6 DE ENERO
Al menos 580 palestinos muertos y 2.700 heridos
Ocho israelíes muertos entre civiles y militares
Mahmoud Abbas, presidente palestino, y Condoleezza Rice, secretaria de Estado de EE.UU., asisten en Nueva York a una reunión del Consejo de Seguridad de la ONU.
Nicolás Sarkozy visita a Siria y Líbano
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Previamente, la ONU había dicho que tres personas murieron luego que dos de sus escuelas que albergaban refugiados fueran bombardeadas.
La ONU, que indicó que había informado a al Israel de la posición de todas sus escuelas para evitar ataques o errores, exigió una investigación.
En el cuarto día de la ofensiva terrestre y el 11º de la campaña militar, el ejército israelí extendió sus operaciones al sur de la Franja de Gaza.
Informes señalan que este martes las fuerzas de Israel llevaron sus ataques hasta Jan Yunis, población ubicada en el sur del territorio.
También se informó de enfrentamientos alrededor de la ciudad de Gaza donde se habrían registrado más muertes producto de los proyectiles lanzados por la marina israelí.
Entre tanto, militantes palestinos continúan lanzando cohetes desde la Franja de Gaza hacia territorio israelí.
Víctimas
Médicos palestinos afirman que hay más de 560 muertos en Gaza.
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Médicos palestinos afirman que más de 560 palestinos han perdido la vida desde que comenzó la campaña militar israelí.
Por su parte, Israel sostiene que durante este período, ocho israelíes han muerto.
Fuentes militares de ese país reconocieron que tres de sus soldados murieron accidentalmente producto de “fuego amigo” en el norte de la Franja de Gaza.
Los efectivos israelíes murieron por el disparo de uno de sus propios tanques durante los combates.
Otros 24 soldados israelíes resultaron heridos en el mismo incidente.
También se confirmó la muerte de un soldado durante combates en el norte del territorio palestino.
Los israelíes aseguran que han matado a 130 militantes radicales palestinos desde el sábado.
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SU OPINIÓN
Jean Paul, San José, Costa rica
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Los operativos militares israelíes de este martes se produce luego de que se registraran fuertes enfrentamientos durante la noche en los alrededores de la Ciudad de Gaza y cerca de los campos de refugiados de Deir al-Balah y Bureij en el centro de Gaza.
Hamas y el grupo extremista palestino Jihad Islámica aseguraron haber atacado a soldados israelíes con ametralladoras y cohetes en la ciudad de Gaza.
Según testigos, se registraron fuertes explosiones y un intenso intercambio de disparos.
Situación humanitaria
Entretanto, el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) calificó la situación en la Franja de Gaza como una crisis humanitaria de grandes proporciones.
Según el director de Operaciones del CICR, Pierre Krahenbuhl, la vida de los habitantes de Gaza es “insostenible”.
La ONU dio a conocer que un millón de personas en el territorio no tienen electricidad y muchas padecerán hambre en pocos días.
Muchos palestinos han abandonado sus hogares a pesar de los peligros de desplazarse en Gaza.
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En Rafah, en el lado egipcio de la frontera con Gaza, médicos expresaron su frustración debido a que -según manifestaron- el gobierno de Egipto les restringe el paso hacia Gaza.
Informes señalan que algunos suministros médicos han llegado a Gaza y un limitado número de palestinos heridos han sido trasladados a Egipto.
Sin embargo, Egipto señala que la única forma de abrir la frontera en su totalidad es si el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmoud Abbas – y no Hamas- controla el lado perteneciente a Gaza.
Israel también ha permitido el paso de algunos camiones con ayuda hacia Gaza a través de sus puestos de control instalados en su frontera con el territorio.
Esfuerzos diplomáticos
Entre tanto, continúan los esfuerzos diplomáticos para poner fin a las hostilidades en Gaza.
El presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, luego de reunirse con los mandatarios de Líbano y Siria, dijo que un acuerdo para finalizar la ofensiva israelí “no estaba lejos”.
Según Blair, un cese el fuego es posible.
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Sarkozy hizo estas declaraciones en Líbano, luego de reunirse con el presidente, Michel Suleiman y el primer ministro, Fuad Siniora.
Poco antes, Sarkozy había sostenido conversaciones en Damasco con el presidente sirio, Bashar al-Assad, tras las cuales afirmó que le había pedido al líder sirio que ayude a convencer a Hamas de cooperar con los esfuerzos internacionales para obtener un alto el fuego en Gaza.
A Siria y a Irán se les considera como los principales países que respaldan a Hamas.
Por su parte, representantes de Hamas se reúnen con el jefe de seguridad egipcio en Cairo. Según el enviado internacional para Medio Oriente,Tony Blair -quien se ha reunido con líderes israelíes- existe la posibilidad de un cese de hostilidades inmediato si se interrumpe el suministro de armas y de dinero a Hamas a través de los túneles que comunican a Gaza con Egipto.
El ex primer ministro británico dijo que la situación que la población civil vivía en Gaza era “infernal”.
Por su parte, el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmoud Abbas, asistirá este martes a una reunión del Consejo de Seguridad de la ONU en Nueva York para buscar una solución diplomática al conflicto.
En la reunión también estará presente Condoleezza Rice, secretaria de Estado de EE.UU.
La ONU denuncia una matanza deliberada de 31 civiles perpetrada por ejercito de Israel en Gaza
Israel y Hamás rechazan la resolución para un alto el fuego inmediato
JUAN MIGUEL MUÑOZ - Ashkelón – 10/01/2009
Si atroz es el fuego indiscriminado, bien diferente, y más grave, es lo sucedido el 4 de enero en el barrio de Zeitun, en el este de la ciudad de Gaza. Los militares israelíes obligaron a 110 personas, la mitad de ellos niños, a abandonar sus viviendas y les forzaron a refugiarse en un edificio. Un día después lo bombardearon. Al menos 31 personas, según la denuncia de una agencia de Naciones Unidas y de una ONG israelí, murieron, la gran mayoría miembros de la familia Samuni. Mientras, la guerra prosigue imparable. Tanto Israel como Hamás rechazaron ayer la resolución de la ONU que hacía un llamamiento a un alto fuego inmediato.
Durante tres días, a los servicios médicos se les impidió el acceso a la casa. Cuando se les permitió, sólo lo pudieron hacer a pie. Sin ambulancias. Los relatos de testigos oculares y el de Ahmed Ibrahim Samuni, un chaval de 13 años que sobrevivió con heridas en el pecho y una pierna, a la agencia Reuters desde el hospital de Gaza son estremecedores.
“Estábamos durmiendo todos en una habitación cuando los tanques y los aviones bombardearon. Un proyectil impactó en casa. Gracias a Dios nadie fue herido. Salimos y vimos a 15 hombres que descendían de un helicóptero en los tejados de los edificios. Los soldados golpearon a los vecinos y les forzaron a entrar en una casa”, contó el niño. Al día siguiente, gran parte de su familia fue masacrada en esa vivienda. Ahmed se encargó de cuidar a tres hermanos durante tres días junto al cadáver de su madre y de 30 inocentes más. “No había agua ni pan, nada que comer”, añadió.
Tres días después del ataque, llegó la Media Luna Roja. Varios de los supervivientes, debilitados, no podían caminar. Los montones de arena alzados por los militares israelíes impedían el paso de las ambulancias, por lo que los heridos tuvieron que ser trasladados en carretas tiradas por burros, un medio cada vez más habitual en Gaza.
El Gobierno israelí asegura que investigará. Es la respuesta habitual después de masacres que se repiten desde hace décadas. Ariel Sharon derribó más de 40 casas en el pueblo de Qibya (Cisjordania) en 1953 con sus residentes en el interior; en 1982, Sharon protegió a los falangistas cristianos que perpetraban la matanza de 1.700 civiles en Sabra y Chatila (Beirut); en 1996, la aviación bombardeó una sede de Naciones Unidas en Qana y mató a 106 personas, la mitad niños; en 2006, los helicópteros dispararon contra civiles desarmados en el pueblo libanés de Marwahin. “De ninguna manera, los civiles son nuestro objetivo”, repetían ayer portavoces israelíes. No obstante, una agresión como la del 4 de enero puede no ser la última.
Tanto el Gobierno israelí como Hamás rechazaron tajantemente la resolución 1860 de Naciones Unidas aprobada la madrugada de ayer que llamaba al alto el fuego inmediato. Más de 800 palestinos -al menos 300 mujeres y niños- y 13 israelíes han fallecido en dos semanas de guerra. La iniciativa de la ONU, que no menciona a Hamás, nació muerta y los combates continuaron ayer en Gaza. También los bombardeos. Las columnas de humo negro se observaban desde 40 kilómetros de distancia. “El Ejército continuará su misión para lograr los objetivos de la operación: cambiar la situación de seguridad en el sur de Israel… Los esfuerzos para prevenir el tráfico de armas a Gaza proseguirá”, precisaba un comunicado del Gobierno.
Musa Abu Marzuk, dirigente islamista, señaló desde Damasco: “Hamás no ha sido consultado. Los intereses de nuestro pueblo no han sido tomados en consideración. Por tanto, esta resolución no nos concierne. Quien intente aplicarla tendrá que tratar con Hamás”. Obtener legitimidad es un objetivo fundamental del movimiento islamista, como lo es el levantamiento total del bloqueo económico impuesto por Israel que persiste desde hace año y medio. Si no lo consiguen, juran que soportarán lo que sea.
Por qué a Israel le será difícil derrotar a Hamás y Hezbolá…
RAMI G. KHOURI 07/01/2009
En estos días estamos viendo cómo se establecen numerosas analogías entre el ataque que está llevando a cabo Israel contra Hamás en Gaza y la guerra de 2006 entre Israel y Hezbolá en Líbano. He aquí, a mi juicio, las más importantes.
La primera analogía tiene que ver con los orígenes: Hamás y Hezbolá no existieron hasta 1982, aproximadamente. Para entender su nacimiento y su fortalecimiento es preciso verlos, en gran medida, como una respuesta contra las políticas israelíes de ocupación y colonización en Palestina y Líbano, además de otras razones de orden secundario.
Hamás y Hezbolá son los hijastros ideológicos del Partido del Likud y especialmente de Ariel Sharon, cuya estrategia de recurrir a la violencia, el racismo y la colonización como principales instrumentos para ocuparse de las poblaciones árabes ocupadas acabó engendrando una voluntad de resistencia. Los tres principales responsables de mantener en la actualidad el legado de brutalidad de Sharon -Ehud Olmert, Ehud Barak y Tzipi Livni- parecen tener una ceguera genética ante la realidad de que, cuanta más fuerza y más brutalidad emplee Israel contra los árabes, mayor será la reacción de éstos, en forma de movimientos de resistencia más eficientes y con más apoyo de la población.
La segunda analogía es la relativa a la competencia técnica. Tanto Hezbolá como Hamás han aumentado de forma sistemática su empeño y su capacidad de utilizar diversos cohetes y misiles para hostigar y atacar a Israel. Y, aún más importante, ambos han aumentado su capacidad de proteger sus lanzamisiles frente a los ataques preventivos israelíes.
El número de muertos israelíes en los últimos años asciende a unos pocos centenares, frente a los miles de palestinos que Israel ha matado. Pero la destrucción y el recuento de cadáveres no son los criterios más útiles en este análisis. Las verdaderas varas de medir para valorar lo que importa desde el punto de vista político son el persistente sentimiento israelí de vulnerabilidad y la sensación palestina de poseer fuerza, una actitud desafiante y la capacidad de responder luchando.
Desde el punto de vista de Hamás, el mero hecho de poder seguir disparando 30 o 40 cohetes diarios contra el sur de Israel mientras los israelíes destruyen gran parte de la infraestructura civil y de seguridad en Gaza es una victoria, espantosa pero tangible. Es la historia de David y Goliat a la inversa, y se desarrolla exactamente en la misma región del sur de Palestina / Israel en la que está situado el relato de la Biblia.
La frustración y la impotencia que siente Israel quedan reflejadas en sus bombardeos de la Universidad Islámica y el edificio del Parlamento palestino en Gaza, dos símbolos del tipo de modernidad y democracia que Israel y Estados Unidos aseguran querer promover en el mundo árabe pero que, en la práctica, les resulta mucho más fácil hacer saltar por los aires. Los palestinos y los libaneses pagan un precio muy caro por su perseverancia, su resistencia y sus “victorias”, pero, hasta que alguien proponga una forma menos costosa de hacer frente a la violencia israelí en este conflicto, lo más probable es que sigamos presenciando este ciclo de guerras durante bastante tiempo.
Las imágenes que vemos en televisión de los niños y otros civiles inocentes muertos en Gaza engendran una tremenda voluntad de lucha entre los palestinos y sus partidarios, tanto en todo el mundo árabe como fuera de él. Israel mantiene los ojos cerrados al hecho de que los árabes, ante la brutalidad, tienen la misma reacción que los israelíes.
En un sondeo realizado esta semana, la mayoría de los israelíes apoya que continúen los ataques contra Gaza, a pesar del elevado número de muertes entre la población civil. Por lo visto, los israelíes piensan que tienen derecho a responder a los ataques contra ellos empleando la violencia indiscriminada contra los civiles palestinos, pero que los palestinos no tienen ese mismo derecho a responder cuando les ataca Israel. ¿Por qué el doble rasero? Esta actitud racista y brutal de muchos israelíes, sobre todo los que están en el Gobierno, ha provocado, entre otras consecuencias, el nacimiento, el desarrollo y el fortalecimiento de Hamás y Hezbolá, y ha hecho que su capacidad de lucha se haya incrementado hasta el punto de obligar a Israel a aceptar un alto el fuego.
La tercera analogía está relacionada con la convergencia entre religión, nacionalismo, gobierno y política. Tanto en Palestina como en Líbano, los sistemas políticos laicos predominantes han demostrado durante años que eran disfuncionales, corruptos e incapaces de proteger a la sociedad tanto contra las agresiones israelíes como contra las luchas internas y el crimen. Los movimientos como Hamás y Hezbolá se desarrollaron en gran parte para llenar el vacío que suponía no tener ni una dirección eficaz, ni una garantía de seguridad contra los ataques israelíes ni un mínimo orden interno. Entre los resultados que han obtenido ha habido de todo: han logrado éxitos en algunas áreas pero no han sabido evitar una intensificación de la guerra y la destrucción en otras.
Tratar de desacreditar a estos movimientos acusándoles de una transgresión fundamental -por ejemplo, que emplean el terrorismo, atacan a la población civil, llevan armas, coquetean con Siria e Irán, adoptan un programa de tipo islamista- no sirve de nada, porque no va a desacreditarlos ni a destruirlos.
La razón es hasta qué punto es estructural la manera en la que desempeñan una serie de funciones que satisfacen las necesidades reales de sus ciudadanos y sus seguidores en los ámbitos de la gobernación, la seguridad local, la defensa nacional y los servicios básicos, unas responsabilidades que sus respectivos Gobiernos nacionales laicos no supieron cumplir.
La combinación de estos atributos hace que a Israel le resulte muy difícil “derrotar” a Hezbolá y Hamás tal como están estructurados en la actualidad, por mucha muerte y mucha destrucción que lleve a sus sociedades. Estos dos movimientos nacionalistas islamistas son el reflejo de una larga lista de agravios, en su mayoría legítimos, que es preciso abordar si queremos que la paz y la seguridad puedan reinar alguna vez en esta región.
Rami G. Khouri es adjunto a la dirección del periódico de Beirut The Daily Star y director del Instituto Issam Fares de Política Pública y Asuntos Internacionales en la Universidad Americana de Beirut, Líbano. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia. © 2008, Rami G. Khouri. Distribuido por Agence Global.
Universidad Academia de Humanismo Cristiano (UAHC) gana nuevos proyectos Fondecyt…
Por una paz sólida y duradera en el medio oriente…
Estimad@s amig@s,
Mientras observamos con horror el derramamiento de sangre en Gaza, consternados por cómo la crisis está tornándose totalmente fuera de control, una cosa resulta clara: esta violencia sólo traerá consigo el sufrimiento de civiles y una mayor escalada al conflicto.
Tiene que haber otro camino. Más de 280 muertos hasta ahora en la Franja de Gaza y cientos de heridos; por primera vez misiles atacando Ashdod tierra adentro en Israel y ambos lados movilizando tropas. La protesta global no se ha hecho esperar, pero hoy, hace falta mucho más que palabras: la violencia no cederá ni se alcanzará una paz duradera sin una firme acción de la comunidad internacional.
Hoy estamos lanzando esta campaña urgente que será enviada al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y a las potencias mundiales claves, reclamándoles una actuación clara en favor de un alto al fuego para luego dar respuesta a la creciente crisis humanitaria: sólo con el firme seguimiento y compromiso internacional podrán ser protegidos los civiles de ambos lados y podrán ser tomados los pasos necesarios hacia una paz amplia y duradera. Sigue el link para firmar la petición urgente y envíala a todos tus conocidos:
http://www.avaaz.org/es/gaza_time_for_peace/98.php?cl_tf_sign=1
Luego del día más sangriento de Gaza que se tenga memoria y ocho o más años de una ineficiente diplomacia global y de los Estados Unidos, necesitamos que los líderes del mundo hagan más que hacer declaraciones sobre el tema si lo que se busca es asegurar un alto al fuego. A través del Consejo de Seguridad y otros cuerpos internacionales, el mundo puede brindar la ayuda y la presión necesaria para detener la violencia y cambiar la situación en Gaza, evitando los misiles y los ataques, reabriendo los caminos bajo estricta supervisación internacional para que en lugar de tráfico de armas, más de 1 millón y medio de gente en Gaza pueda acceder a combustible, comida y medicinas que son tan necesarias.
Todas las partes de este conflicto continuarán actuando como lo han venido haciendo en el pasado si creen que el mundo permanecerá inmóvil y les permitirá seguir como hasta ahora. Nos hemos movilizado por un alto al fuego en 2006 durante la guerra Líbano − Israel con éxito, pero esta vez, la comunidad internacional debe actuar sin demoras: alcemos una verdadera protesta pública en todo el mundo. 2009 es un año en que las cosas pueden ser distintas: es tiempo de actuar en conjunto, detener la violencia y trabajar por la paz.
Con esperanza y determinación,
Brett, Ricken, Paula, Ben, Pascal, Paul, Graziela, Alice, Luis, Iain y todo el equipo de Avaaz
Insulza al final se define… Epílogo. E. Aquevedo
El 5 de enero del 2009 Insulza “tiró los guantes” de precandidato, sin realmente habérselos nunca puesto del todo. Los datos disponibles al final indican que si bien en esta historia han influido factores “externos” como la gestión de Auth en el PPD “boicoteando” en alguna medida la candidatura de Insulza y apoyando a Frei, o la ambigüedad de Lagos y su “indiferencia” posterior, así como la evolución de las encuestas en un sentido más favorable a Frei que a Insulza, etc., podría decirse más precisamente que todo ello no es causa sino consecuencia del propio actuar de Insulza como precandidato.
Es indudable que él, políticamente, no intervino adecuadamente en el contexto político nacional para modificar la configuración de fuerzas en su favor. De manera sorprendente actuó como quien espera que “los astros” o agentes externos ordenen las circunstancias en beneficio de su objetivo o “deseos” presidenciales.
O bien se explica este actuar por un complejo problema psicológico personal de dudas e indefiniciones, evidentemente disfuncionales en política, o bien se trató de un diseño político-estratégico de campaña profundamente erróneo. Los resultados están a la vista, con consecuencias negativas para la propia concertación, para proyectos de centro-izquierda eventuales pero necesarios, para alternativas de cambio significativos y también necesarios en el modelo neoliberal dominante y, en fin, para las perspectivas de la izquierda chilena y la recomposición de alianzas con fuerzas extraparlamentarias.
La hegemonía DC establecida ahora en la Concertación a través de la candidatura Frei implica, en efecto, un retroceso político y cultural en el espectro político chileno. La perspectiva laica de centro-izquierda es desplazada por un eje más claramente social-liberal, centrista, más cercano de intereses empresariales que de los de clases medias y fuerzas populares. Ya veremos como se expresa esta tendencia en el programa de gobierno que se explicitará en los meses que siguen…¿Es éste, en fin, el precio a pagar para evitar el triunfo de una derecha más dura, representada por Piñera? También esto está por verse…
Encuestas de ADIMARK y CERC indican creciente apoyo a Bachelet…
El sondeo de Adimark apuntó un 51,1% de aprobación a la mandataria contra un 34% de desaprobación, lo que implica un aumento desde el 45,6% que marcó en noviembre, mientras CERC le otorgó 49% (42% en contra) y en CEP alcanza 43%.
Alegría y compromiso para reforzar las medidas dirigidas a la gente, expresó el Gobierno ante los resultados de tres encuestas, entre ellas la de Adimark como la más destacada, que arrojan un incrementó en la aprobación a Michelle Bachelet y La Moneda.
“¿Resultado de estos números? bueno, la mayoría del país está con la Presidenta, está con el Gobierno, ¿y por qué? por lo que hablamos antes, porque es un gobierno que no va a dejar botado a nadie”, comentó luego el ministro vocero, Francisco Vidal.
“Estamos contentos, pero más obligados que nunca a sacarnos la mugre, porque estos números dejan a los agoreros del pesimismo, desde Piñera para abajo, fuera de foco. Pero no es para sentarse en el trono, ni los aplausos. No, a trabajar más”, agregó.
El secretario general de Gobierno destacó que “esta es la opinión de la gente, la gente opina en las encuestas y en las elecciones y empezamos el año, ni más ni menos que con estos números”.
Insistió en que “este es primer caso en el mundo en que un Gobierno enfrentando en la crisis logra 7 puntos más que el mes pasado, entonces nosotros estamos contentos”.
Respecto a las diferencias en los porcentajes obtenidos por los partidos políticos y en especial por los de la Concertación, Vidal le aconsejó a éstos acercarse a “la matea del curso”.
“Hay una cosa de profesor: la Presidenta 51, el Gobierno 41, la Derecha 22 y la Concertación 20, cuando eso ocurre en una sala de clases imagínense ustedes. Yo le sugiero a la Concertación que se acerque a la matea del curso, si yo tengo un 2,2 y alguien tiene un 5,1 yo me acerco, la pido los cuadernos, le pido consejo, hasta le copio”, bromeó.
Adimark-GfK: Bachelet en el mejor momento de últimos dos años: 51,1% aprueba su gestión
| Martes 6 de Enero de 2009 |
| Fuente :La Segunda Online |
| Tomando el promedio del año 2008, la Presidenta Bachelet logra una aprobación de 44,7% en el período, que es mejor que el 2007 cuando, golpeado por la crisis del Transantiago, su evaluación promedio fue de 42,3%. | ||
| Adimark-GfK dio a conocer su encuesta política la que reveló un apoyo a la gestión de la Presidenta Bachelet de 51,1%. Desde diciembre de 2006 que la aprobación de la mandataria no superaba el 50%, de acuerdo a esta serie de estudios mensuales. La mejora respecto al mes anterior es significativa y se relaciona con un alza de 7 puntos en la percepción del manejo de la economía.
El manejo de la crisis económica parece haberse transformado, a fin de cuentas, en un gran éxito para el gobierno de la Presidenta Bachelet, afirma Adimark. La economía es ahora la segunda área mejor evaluada del gobierno, después de las relaciones internacionales, y ha subido casi 18 puntos desde el magro 30% de evaluación positiva que se registraba en agosto pasado, hasta el 47,9 de aprobación en la actualidad. Tomando el promedio del año 2008, la Presidenta Bachelet logra una aprobación de 44,7% en el período, que es mejor que el 2007 cuando, golpeado por la crisis del Transantiago, su evaluación promedio fue de 42,3%. En dimensiones personales de la Presidenta, se observa en diciembre una importante mejoría en el de “querida por los chilenos”, dimensión en que sube 4 puntos. Es probable que la “invasión de privacidad” que significó las fotografías en la playa brasilera haya hecho aumentar la simpatía hacia la mandataria. El control de la delincuencia se transforma, en diciembre, en el área peor percibida de la gestión gubernamental. Apenas un 13,2% aprueba el manejo de la delincuencia, sin variación respecto al mes anterior. El Transantiago, que por varios meses fue el área de gestión peor evaluada, mejoró 4 puntos en este mes. Muy cerca de las anteriores, la corrupción en los organismos del Estado completa el trío de las áreas mas desfavorables en la evaluación del gobierno. La evaluación de la gestión de la Presidenta sigue siendo mejor en las Regiones (53,6%) que en Santiago (47%), señal de que el Transantiago sigue afectando a los habitantes de la capital. El área de Educación, que había logrado reponerse de la crisis de mediados de año que significó la salida de la ministra Provoste, muestra ahora, por segundo mes consecutivo, una tendencia moderada a deteriorarse. Durante Diciembre se conocieron los resultados de la prueba PSU. Respecto a las coaliciones políticas, la Alianza, con 22,4% de aprobación, logra superar a la Concertación (20,3%) en la evaluación de su gestión. Sin embargo, la Concertación logra concitar un mayor nivel de identificación (24,1% vs 16,2%). |
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06 de Enero de 2009
Encuesta CERC: Frei irrumpe con fuerza y escolta a Piñera entre políticos con más futuro
El senador DC, que no aparecía en el listado del sondeo anterior realizado en septiembre, se posicionó en el segundo lugar, con el 27% de las preferencias, aunque aún lejos del candidato de la Alianza, que encabeza el listado con el 52%. Este último obtiene el 53% ante la pregunta de “¿quién cree que será el próximo presidente?” pero baja a 41% frente a la consulta de “quien quiere” que sea el próximo mandatario. Frei, en tanto, consigue en estas dos consultas sólo el 8,0 y el 9,0 por ciento, respectivamente. Lea la encuesta completa
Por Claudia Rivas Arenas
Una fuerte irrupción entre los cinco políticos con más futuro tuvo el senador y candidato presidencial e la Democracia Cristiana Eduardo Frei, según la última encuesta del Centro de Estudios de la Realidad Contemporánea (CERC) que se dio a conocer este martes.
El parlamentario subió 15 puntos desde el estudio de septiembre, ubicándose en segundo lugar con 27 por ciento tras el abanderado de la Alianza por Chile, Sebastián Piñera, quien se mantiene en el primer lugar con 52%.
A los punteros les siguen tres de las figuras que ya confirmaron que no serán candidatos, como es el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza (26%), el ex presidente Ricardo Lagos (7%) y la senadora DC Soledad Alvear (12%).
Al entrar Frei en la lista de los políticos con más futro, dejó fuera a Joaquín Lavín, quien había sido uno de los políticos que más tiempo permaneció en este ítem.
La diferencia entre creer y querer
La encuesta CERC consultó también acerca de quién creen los entrevistados que será el próximo presidente de Chile y Sebastián Piñera es quien encabeza la opción con el 53% de menciones, con tres puntos más que en septiembre.
Le sigue Eduardo Frei con 8,0%, quien incrementó sus preferencias en seis puntos respecto de la encuesta de hace cuatro meses, y José Miguel Insulza, que llegó sólo al 3,0 por ciento.
Pero ante la pregunta “¿quién le gustaría que fuera el próximo presidente de Chile?”, el apoyo a Piñera se reduce ostensiblemente, cayendo a 41%, aunque Frei obtiene sólo el 9,0 por ciento.
Más atrás aparece José Miguel Insulza con 7,0 y Ricardo Lagos con 5,0 por ciento.
En esta consulta aparece el nombre del empresario Leonardo Farkas, que obtiene 2,0% de las menciones, situación que el director ejecutivo de CERC, Carlos Huneeus, atribuye a su alta visibilidad en los medios de comunicación durante la campaña de la Teletón, dado que el trabajo de campo se realizó pocos días después del evento.
Apoyo al Gobierno
Los partidarios del actual Gobierno se mantienen según CERC en 38 por ciento, pero aumentan siete puntos, a 26%, quienes se consideran opositores a la administración de la Presidenta Michelle Bachelet.
Algo similar ocurre con la evaluación que hacen los chilenos del Gobierno de la mandataria y donde la aprobación llega al 49 por ciento, mientras que la desaprobación llega a 42 por ciento, cifras que son idénticas a las de septiembre.
Municipales, crisis y voto en el extranjero
Según el sondeo, el 39% de los entrevistados cree que la Alianza por Chile fue la ganadora de las elecciones municipales de octubre, mientras que sólo el 23% considera que ganó la Concertación.
Asimismo, el 66 por ciento de los consultados está a favor del sufragio de los chilenos en el extranjero, y sólo el 25% está en contra. En la misma línea política, el 52 por ciento de los chilenos opina que el memorial en homenaje al senador Jaime Guzmán fue construido con fines político-electorales, y sólo el 17% cree que se hizo por un genuino interés de ayudar a la unidad nacional.
En materia económica, los chilenos son más bien pesimistas de lo que ocurrirá en 2009. Es así como el 68% de los consultados está preocupado o muy preocupado ante la eventual pérdida de su empleo.
Según Huneeus, la mayor preocupación se centra en los trabajadores del sector privado, mientras que es menor entre quienes se desempeñan en el sector público.
Metodología
El trabajo de campo de la encuesta fue realizado entre los días 5 y 18 de diciembre y se le aplicó a 1.200 personas mayores de 18 años en las 15 regiones del país con un error muestral estimado en 3,0% y una confianza de 95%.
Además:
Lea la encuesta completa (en formato PDF)




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