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Archivo para septiembre 28th, 2008

Crisis financiera: se logró por fin acuerdo de rescate en EE UU

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El compromiso logrado para salvar el sistema financiero espera el refrendo del Congreso

El acuerdo provisional alcanzado ayer entre el Congreso y el Gobierno estadounidense, que deberán refrendar ahora la Cámara de Representantes y el Senado, y que autoriza al Tesoro a inyectar paulatinamente hasta 700.000 millones de dólares con el fin de evitar el colapso de su sistema financiero es una buena noticia. Sobre todo para EE UU, pero también para todas las economías, como la española, muy dependientes de la estabilidad financiera internacional. La apertura hoy de las Bolsas mundiales dará una primera medida de su credibilidad.

Nunca EE UU precisó de una intervención pública de esa envergadura y complejidad. Nunca desde la gran depresión un ministro del Tesoro dispuso de tanta discrecionalidad como la que ejercerá Henry Paulson para adquirir por cuenta de los contribuyentes activos infectados, no sólo hipotecas subprime, que, más de un año después del comienzo de la crisis crediticia, siguen gangrenando al sistema financiero. Aunque hay que señalar que el compromiso provisional adoptado por los jefes republicanos y demócratas, tras una maratón negociadora multibanda, altera no poco el plan de rescate inicial de Wall Street propuesto por la Administración de Bush, a la que se otorgaban poderes ilimitados.

El borrador de proyecto de ley incorpora condiciones de ambos partidos, algunas más emblemáticas que significativas, como las limitaciones a las remuneraciones, escandalosas, de los ejecutivos cuyas firmas pidan ayudas. Se acentúa la defensa de los prestatarios ante las ejecuciones hipotecarias por impago y se concreta que el Gobierno reciba acciones de las compañías a las que socorre, para aliviar las aportaciones netas del contribuyente a la gestión de la crisis. Un control de las Cámaras, que se presume riguroso, permitirá ir evaluando los costes y beneficios de esta megaoperación, que según los primeros sondeos resulta muy impopular entre los estadounidenses.

Pese a las serias discrepancias iniciales, es relevante la celeridad con que ha reaccionado la clase política de EE UU al más severo trauma económico en muchas décadas. En plena campaña electoral -McCain y Obama dieron ayer su conformidad provisional- los dos grandes partidos han puesto a los ciudadanos por delante de sus intereses políticos y, en algún caso, de sus principios ideológicos más arraigados. Todos convienen en que la inacción, dejar tan gravísima crisis al arbitrio de unos mercados ineficientes, habría sido una irresponsabilidad histórica.

El acuerdo alcanzado no garantiza la inmediata normalización crediticia en EE UU, y menos en el resto de las economías afectadas, pero era condición imprescindible para no reproducir los errores que condujeron a la gran depresión. Al compromiso estadounidense deberían seguirle iniciativas en Europa para alejar amenazas específicas que, como ilustra la segunda nacionalización en el Reino Unido o las dificultades del mayor banco belga, siguen vivas a este lado del Atlántico.

El País.com

Escrito por Eduardo Aquevedo

28 septiembre, 2008 a 22:20

México: matanza en la Plaza de las Tres Culturas (Tlatelolco), 1968.

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Méjico, 2 de octubre de 1968. Diez días antes del inicio de los Juegos Olímpicos, el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz liquida a sangre y fuego la revuelta estudiantil, entre 300 y 500 jóvenes mueren masacrados por disparos del Ejército en la Plaza de Tlatelolco, también conocida como Plaza de las Tres Culturas. Más de 6.000 son detenidos.

Durante los últimos 33 años, los diferentes gobiernos del PRI mantuvieron la tesis oficial de que fueron los estudiantes quienes iniciaron los tiroteos con francotiradores colocados en los edificios de la plaza. Esa versión fue rebatida por muchos de los protagonistas e investigadores, los testimonios hablaban de lo contrario: de agentes provocadores infiltrados, de gente vestida de civil con guante blanco en la mano izquierda que iniciaron el fuego indiscriminado.

Las fotografías, proporcionadas por un informante anónimo a la corresponsal en Madrid de la Revista mejicana «Proceso», constituyen una prueba inédita e irrefutable de lo que era un secreto a voces: la matanza de Tlateloco fue un sangriento crimen de Estado. Muestran por primera vez las caras de los verdugos, y la acción de los hombres del guante blanco del Batallón Olimpia (siempre negada por el gobierno) así como la perfecta coordinación de éstos con el Ejército. Según el informante, las fotos fueron tomadas por un fotógrafo del gobierno lo cual pone de manifiesto la convicción de total impunidad con que actuaron los verdugos que dejan ser retratados; pero también demuestran que en los archivos oficiales del Estado mejicano debe existir la documentación más que suficiente para conocer las responsabilidades y hacer justicia.

Una vez más, la lucha contra la impunidad en un país hispano puede contribuir no sólo a saldar la deuda pendiente con las víctimas y juzgar a los responsables de los crímenes de Estado; sino a destapar las tramas de la sangrienta represión que en Iberoamérica acaba siempre concluyendo en algún despacho oficial de los EEUU.

Fotos inéditas de la represión

En la serie de fotografías publicadas en la revista Proceso y en el diario El Mundo aparece cómo los estudiantes detenidos fueron torturados por los paramilitares y el Ejército. La secuencia se desarrolla en los sótanos del Edificio Chihuahua, situado en la plaza y recogen la detención y tortura de los líderes estudiantiles integrantes del Comité Nacional de Huelga.

Las fotografías constituyen una prueba irrefutable de que la matanza de Tlatelolco fue un crimen de Estado. Los verdugos se dejaron retratar convencidos de que sus crímenes quedarían impunes

Las pruebas documentales del reportaje gráfico demuestran que en los archivos oficiales del gobierno han de existir pruebas más que suficientes para esclarecer los hechos y encausar a los responsables

La brutañlidad de los paramilitares obliga a poner a algunos detenidos en manos de los sanitarios. Los torturadores se muestran insultantemente alegres y satisfechos de su trabajo

Los colocan semidesnudos contra la pared, y luego de frente de tres en tres para ser fotografiados

Los indivíduos que aparecen vestidos de civil, con guante blanco en la mano izquierda y armas automáticas, son miembros del Batallón Olimpia, un temido grupo paramilitar dependiente del ministerio de Gobernación y Defensa. El guante blanco les servía como salvoconducto para identificarse ante el ejército. Al fondo se agolpan los detenidos

Se han detenido en golpear especialmente a uno de ellos. Es un representante estudiantil que actuó como primer orador del mítin.

Los detenidos, golpeados y torturados por los paramilitares, son conducidos después a manos del ejército en la planta baja del edificio.

La brutañlidad de los paramilitares obliga a poner a algunos detenidos en manos de los sanitarios. Los torturadores se muestran insultantemente alegres y satisfechos de su trabajo

Testimonio de la familia de una de las víctimas:
Romper el silencio

Diana Rivera es hermana de una de las víctimas de Tlatelolco, su hermano Guillermo (Chomy) era un adolescente de 15 años en el momento de ser abatido y muerto por tres impactos de bala. Asistió al mitin de Tlatelolco sin pertenecer a ninguna organización.

Ella también se dirigía hacia allí: «Sin embargo, ya no pudimos entrar a la plaza. Los soldados habían bloqueado la zona y nosotros nos quedamos atrás de los tanques. Unos jóvenes que huían nos dijeron: ÔEstán matando a todo mundoÕ. No había necesidad de que nos lo dijeran; nosotros escuchábamos los disparos y olíamos la pólvora.

Pensamos en ese momento que la represión era más selectiva, que sólo se disparaba contra los dirigentes. No imaginábamos que el tiroteo fuera contra el grueso del mitin». Su hermano cayó herido de muerte tras los primeros disparos, supieron que lo habían trasladado a un hospital militar y que allí falleció, persiguieron a la ambulancia que transportaba el cadáver: «Aquella persecución fue una pesadilla, no sabíamos adónde llevaban el cuerpo.

Seguimos a la ambulancia que entró finalmente al edificio del Servicio Médico Forense. Allí vi una de las cosas más espantosas de mi vida: las planchas eran insuficientes, por lo que estaban repletas de cadáveres amontonados, unos encima de otros. Había cuerpos de niños, de niñas, de mujeres embarazadas… Habría algunos 200 cadáveres de gente masacrada. La misma escena cuya foto vi después publicada en la revista ¿Por qué?, que dirigía Mario Menéndez. Esa foto yo la viví. Yo vi esa escena».

Una mentira a cambio del cadáver «Los familiares de las víctimas estábamos apiñados en el vestíbulo del Médico Forense, en la puerta había muchos soldados y policías. Era difícil encontrar un espacio para sentarse. Familias completas llorando; hombres, mujeres, niños. Ahí, en el Médico Forense, nos dijeron que solamente podíamos sacar el cadáver de mi hermano si testimoniábamos, en el acta de defunción, que había muerto por otra causa. Teníamos que elegir: decir una mentira para poder llevarnos el cuerpo, o bien, quedarnos sin él por insistir en la verdad.

No nos quedó más alternativa que dejar asentado que mi hermano murió por otras causas, ahorita ya ni recuerdo cuáles. Llevamos el cuerpo a un pequeño velatorio empezó a llegar gente: amigos, estudiantes de la vocacional que eran todavía unos niños. Llegó también una delegación del movimiento estudiantil. Nos ofrecieron 500 pesos que habían juntado en una colecta. No los aceptamos. Les dijimos que los guardaran para el movimiento.

Ellos hicieron guardia ante el ataúd.» Diana considera que será imposible investigar los hechos basándose en actas ministeriales o en certificados de defunción, puesto que en aquel entonces los familiares fueron obligados a poner otras causas de las muertes. «Más que por las actas, la investigación tendría que guiarse por testimonios de los familiares de las víctimas. Pero entre nosotros nunca hubo contacto. No había esa conciencia del derecho que hay ahora.

Y era tal el miedo a la represión, que los familiares prefirieron callar. Hoy es difícil imaginar el ambiente de terror que había en aquella época, cuando uno podía ser fuertemente reprimido por el solo hecho de asistir a una marcha.» Su esposo Daniel Molina indica que en los días posteriores a la matanza se vivía «un total estado de sitio», por lo que era imposible que los estudiantes realizaran reuniones o asambleas. «Todavía después del 2 de octubre a un compañero lo mataron por hacer una pinta.

Lo mataron por la espalda, en la colonia Obrera. El shock psicológico que sufrió mucha gente fue tan grande, que muchos prefirieron olvidar los sucesos, desterrarlos definitivamente de su mente y creer la versión oficial del gobierno. Muchísima gente tuvo esa reacción. De manera increíble se había esfumado aquella solidaridad y apoyo al movimiento de los estudiantes.»

Crónica del 68

Las movilizaciones llegaron a agrupar a más de 180.000 personas, pese a estar amenazadas por blindados del Ejército. La matanza del 2 de Octubre de 1968 vino precedida de una escalada de enfrentamientos y se enmarcaba en un ascenso de luchas y organización del pueblo mejicano; los estudiantes incluyen en sus reivindicaciones la lucha por las libertades y la denuncia de leyes y actuaciones represivas que impunemente llevan a cabo las fuerzas policiales.

El movimiento se va organizando y radicalizando ante la brutal represión. A finales de Julio, unidades del Ejército mejicano, ante la incapacidad de la policía son utilizadas para reprimir las manifestaciones estudiantiles. La tropa permanece en estado de alerta. La línea oficial del gobierno acusa al movimiento de influencias «extranjeras comunistas», pero las movilizaciones siguen en aumento.

Las manifestaciones congregan a más de 180.000 personas, y junto a los estudiantes caminan ya trabajadores mejicanos. La CIA y el FBI están en el punto de mira de las denuncias del movimiento estudiantil, acusan a algunos profesores y estudiantes de trabajar para ellas. Se forma un Consejo Nacional de Huelga, se comienza a elaborar una lista de estudiantes desaparecidos que integra 25 nombres y se celebran marchas de los estudiantes que han de recorrer las calles junto a los carros blindados; todos los efectivos policiales y varios batallones del Ejército se han puesto en alerta, pelotones de infantería, ametralladoras… la embajada de EEUU la custodian dos pelotones y diez carros blindados.

El 18 de Septiembre el Ejército ocupa la Universidad las personas detenidas en esas fechas suman 1.600 y se sigue empleando a los soldados. La masacre El 2 de Octubre se convoca un mitin en la Plaza de las Tres Culturas. Lo que reclaman los estudiantes es democracia: la derogación de un artículo del Código Penal, el llamado delito de opinión, la libertad de varios presos políticos, la destitución del jefe de la policía y el diálogo público entre el Gobierno y los estudiantes. Ya habían sufrido la represión, las detenciones y denunciaban la existencia de secuestrados y desaparecidos.

La plaza comienza a llenarse, acuden también muchos obreros, niños, mujeres, que muestran su simpatía hacia las reivindicaciones del movimiento, pero los carros blindados del Ejército convierten el lugar en una ratonera, cuando comenzaron los disparos nadie podía escapar de allí. El gobierno intentó ocultar el número de víctimas, la prensa extranjera habló de 500 muertos. Sus familiares se vieron obligados a certificar otras causas de defunción para poder recuperar los cadáveres.

La censura se volvió férrea. Hubo 6.000 detenidos, 2.000 fueron encarcelados, algunos de ellos durante varios años; sin juicio, o con procesos amañados y sin garantía alguna de defensa. El gobierno culpó a «elementos nacionales y extranjeros», los acusó de terroristas y desencadenó una brutal represión que obligó a muchos a exiliarse o abandonar la universidad y que se extendió durante los años posteriores.

La mano del Imperio

La lucha contra la impunidad no es una batalla del pasado, la mano del Imperio sigue estando detrás de las agresiones contra la libertad en cada rincón del planeta

La historia de Méjico ha sentido muy de cerca la vecina presencia de los EEUU. En el siglo XIX, la mitad de su territorio le fue arrebatado tras sucesivas guerras e invasiones. La intervención norteamericana ha sido constante y durante varias décadas sus servicios secretos se concentraron en la persecución y eliminación de líderes y movimiento revolucionarios.

El periódico mejicano Excelsior, publicó hace unos meses las conclusiones de un informe de la CIA, fechado en 1975, según el cual el presidente mejicano Gustavo Díaz trabajaba en total sintonía con la CIA desde que ocupó el cargo de ministro de gobernación. La agencia norteamericana presentaba informes diarios a Díaz para la eliminación de líderes revolucionarios.

En el reportaje de Excelsior también se da cuenta de la participación directa de la CIA y el FBI en el clima de terror creado en 1968: «Quien sí intervino en los sucesos de 1968, además de la CIA fue nada menos que el FBI. En 1968 la actividad terrorista del FBI se intensificó como parte de una ampliación de las operaciones de contrainteligencia en México y, según memorándum de Hoover fechado ese año y enviado al agregado jurídico: «es imperativo preservar a toda costa su cobertura, aunque se tenga que abandonar el plan de intimidación de líderes subversivos».

El movimiento estudiantil denunció sistemáticamente la intervención de agentes infiltrados que trabajaban para la CIA; durante esos años fueron constantes las desapariciones, los secuestros y el ametrallamiento de jóvenes a la salida de los colegios universitarios desde coches camuflados que actuaban con total impunidad; a ciencia cierta que muchos de ellos eran del FBI.

Deben conocerse todos los documentos que implican no sólo a los altos cargos del corrupto régimen del PRI, sino a los responsables últimos de Washington. La lucha contra la impunidad de los crímenes habidos en toda Iberoamérica ha de seguir avanzando hasta destapar todas las tramas que EEUU ha extendido para imponer el terror como método imprescindible en la expansión de su imperio. Pero nadie debe engañarse, esta no es una batalla del pasado para hacer justicia con las víctimas; la mano negra del Imperio sigue medrando hoy en cada rincón del planeta y lo seguirá haciendo hasta que la lucha de los pueblos por la libertad y la justicia los ponga a buen recaudo.

www.uce.es

Escrito por Eduardo Aquevedo

28 septiembre, 2008 a 22:05

Ecuador: voto masivo (cerca del 65%) en favor de Constitución de Correa

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Quito. (ENVIADO ESPECIAL).- Los ecuatorianos aprobaron en referéndum la nueva Constitución, dando luz verde al presidente Rafael Correa para que ponga en práctica los cambios políticos y económicos que, según sus promesas, deben cambiar al país. Las encuestas a pie de urna otorgaron al Gobierno una victoria más clara de lo que se había anticipado. Según Cedatos-Gallup, el sí ganó con un 70%, el no obtuvo 25 %, y el resto sufragios en blanco y nulos. El canal Uno-Noticias otorga al sí el 62″8 %, y al no 30″10%. Teleamazonas sumó 66″4 para el sí y 25 % para el no.

El triunfo arrollador de Correa quedó en parte empañado por la victoria no en Guayaquil, la ciudad costera que es el motor económico del país. Según las encuestas a pie de urna, el no ganó en Guayaquil con el 48″06 %, el sí obtuvo 41″80%, hubo 8″79 % de votos nulos y 1″35 % de votos en blanco. En el futuro habrá que analizar que supone que la zona más próspera del país, en defensa de la autonomía, rechace la nueva Constitución.

Al conocer las encuestas que anticipaban su triunfo, Correa saludó en primer lugar a los emigrantes ecuatorianos, “a los tres millones de exiliados de la pobreza”. El presidente señaló que el país “vive un momento histórico que trasciende las personas, es un proceso de cambio de todo un pueblo.

“Ecuador ha decidido un nuevo país, las viejas estructuras han sido derrotadas por los soldados de la revolución ciudadana”, dijo Correa en Guayaquil, desde la gobernación de la provincia de Guaymas.

Con este cuarto triunfo electoral consecutivo Correa ya tiene las manos libres para presentarse a la reelección y acelerar sus polémicas reformas socialistas, que, entre otras cosas, otorga al Estado un mayor control en sectores estratégicos. Sumak kawsay, buen vivir en lengua quechua, será el eje del nuevo marco institucional que prometió el presidente. Sin embargo, sumak kawsay, una fórmula tan difusa como el Socialismo del Siglo XXI que impulsa el joven mandatario ecuatoriano, parece ser el envoltorio de un proyecto estatista y de concentración del poder.

Por tercera vez en este año y por quinta en los últimos 26 meses, unos 9,7 millones de ecuatorianos (el voto es obligatorio) se pronunciaron sobre el texto constitucional Aunque con características propias, el modelo de Correa sigue la hoja de ruta trazada por Hugo Chávez desde Caracas. El libreto del calendario es el mismo: referéndum para convocar una Constituyente, comicios para Asamblea Constituyente, nuevo referéndum para aprobar la Carta Magna, y otras elecciones para renovar los poderes. Todo en un tiempo muy rápido; las votaciones se suceden mientras el presidente mantiene una alta popularidad y la economía todavía no se resiente de una política populista que multiplica el gasto público.

Al aprobarse la Constitución, Ecuador deberá celebrar a principios del próximo año nuevos comicios legislativos y presidenciales; Correa podrá volver a ser candidato -y aspirar a la reelección cuatro años después- sin que se le computen los 20 meses que lleva en el poder. De esta manera, el actual mandatario podría continuar en el palacio de Carondelet hasta 2017.

Muchos ecuatorianos fueron a votar con ilusión y esperanza, confiando en que se cumplirán las promesas de Correa de “un mejor vivir”.

“Tengo fe en Correa, me inspira confianza después de tantos políticos ladrones”, nos comentó Luisa Valle tras votar en un colegio del barrio quiteño Las Casas, en la falda del volcán Pichincha.

Jaime Costales, psicólogo y catedrático de la Universidad San Francisco, dijo que el ecuatoriano vive en un “delirio colectivo” por la manipulación de la conciencia con promesas mesiánicas de Correa que jamás podrán llevar al país a una nueva democracia”. “Se usan las mismas artimañas y vicios de los viejos partidos para instaurar un régimen presidencialista que aspira a controlar todos los poderes, silenciando las discrepancias e imponiendo su verdad”, señala el profesor.

Aunque Correa mantiene alta popularidad, en el mundo empresarial se esperan con recelo los cambios. Algunos analistas los rechazan por considerarlos “un listado de buenas intenciones irrealizables en la práctica”

Referéndum en Ecuador

La hora de Rafael Correa

El presidente ecuatoriano ha dedicado todas sus energías a aprobar una nueva Ley Fundamental para “refundar” el país

La Constitución que ha votado Ecuador es el punto culminante de los dos primeros años de mandato del presidente, Rafael Correa. Todo lo que ha hecho desde que asumió el poder, el 15 de enero de 2007, ha sido para dotarse de una nueva Ley Fundamental para “refundar” Ecuador desde los cimientos. Correa ha impulsado una consulta popular para preguntar a los ecuatorianos si querían una nueva Constitución y la gente le dijo que sí, y ha disuelto el Congreso electo en 2006 a favor de su Asamblea Constituyente. “Si no se aprueba me voy”, había advertido.La nueva Ley Fundamental es el último de los proyectos de reforma constitucionales que en menos de un año han puesto en marcha los tres Gobiernos considerados más de izquierda de Suramérica. El texto del venezolano Hugo Chávez, el más radical, se estrelló en la consulta popular a finales de 2007. La Constitución del boliviano Evo Morales, de corte indigenista, ha provocado una fuerte división. Fue aprobada por el Gobierno en un cuartel militar, de madrugada, y con la ausencia de la oposición. Los sangrientos enfrentamientos que se han producido desde entonces han impedido que pueda ser sometida a referéndum. Éste se ha aplazado una y otra vez. La última fecha prevista es el 25 de enero.

“Visto desde lejos, pueden verse similitudes entre Venezuela, Bolivia y Ecuador. Pero de cerca, no tienen nada que ver”, afirma Alberto Acosta, principal redactor y hasta hace tres meses presidente de la Asamblea Constituyente ecuatoriana. Acosta era uno de los pilares del Gobierno de Correa e íntimo del presidente. Dimitió porque él quería más tiempo para “acabar mejor el texto” y Correa se negó. De paso por Madrid, cuenta que “las prisas bajaron la calidad del debate y se cometieron muchos errores”.

Toda la nueva Constitución gira en torno al término Sumak Kawsay, traducido del quechua como “buen vivir”. Para conseguir el bienestar, se encumbra la figura del Estado, del que parte la planificación del desarrollo económico y la protección social. Para afianzar aún más el papel regulador y estratégico del Gobierno, el presupuesto se elaborará con una previsión de cuatro años. Todos los sectores clave (petróleo, minería, telecomunicaciones) quedarán bajo control estatal.

En Ecuador se han alzado voces en contra de este modelo, presumiendo que desembocará en la “estatización” de la economía a lo Chávez. “Esto no es así. No queremos un modelo estatista, pero sí planificado por el Gobierno, para que los recursos y las políticas se dirijan hacia donde son necesarios”, explica Acosta.

En Guayaquil, la segunda ciudad del país y la más rica, gobernada por la oposición, hay una fuerte oposición a esta planificación centralista. Correa ya ha advertido que no tolerará una rebelión de la región del Guayas como la de la provincia boliviana de Santa Cruz contra la Constitución del presidente Morales.

El nuevo texto es socialmente uno de los más avanzados del continente. Amplía la cobertura de salud y de educación. Se prohíbe el trabajo a los menores de 15 años y se considerará obligatoria la asistencia a la escuela hasta completar los estudios secundarios. Reconoce el derecho a emigrar y garantiza los derechos de los trabajadores emigrantes y de sus familias en los países de destino, así como de los inmigrantes en Ecuador. Contempla además a la familia en sus “diversos tipos”.

Muchos de los detractores de Correa no cuestionan ninguno de estos contenidos de la Ley Fundamental, sino cómo se financiarán. Correa sabe que para un país que crece a un ritmo de entre el 3% y el 4% anual un gasto público disparado es una trampa. El presidente ha dado a entender que si los ingresos por impuestos ordinarios y la renta petrolera no son suficientes, dejará de pagar la deuda externa. Sin embargo, esto conlleva el riesgo de que a Ecuador se le cierren las puertas del crédito internacional, que por cada dólar que pida tenga que pagar una barbaridad de intereses o que sólo pueda recurrir a Venezuela, que lo presta a una tasa de interés nada desdeñable.

Muchos economistas ya han llamado la atención de la escalada del déficit público por el aumento del gasto. En los primeros seis meses del Gobierno los desembolsos estatales -sin incluir los pagos de la deuda externa- alcanzaron los 2.312 millones de dólares (unos 1.580 millones de euros), según el banco central. En el mismo periodo de este año había trepado hasta los 5.630 millones, un 143% más.

Otro punto polémico es el de la reelección inmediata por otro mandato de cuatro años. Si el texto se aprueba en el referéndum se da casi por seguro que Correa convocará elecciones en el primer trimestre del año próximo y, en teoría, podría permanecer en el poder hasta 2017.

“Yo no quería la reelección inmediata, para nadie, ni presidente ni alcaldes… Al menos logré que no fuera indefinida”, relata Acosta. Existe la posibilidad de revocar legalmente el mandato presidencial, pero los requisitos para iniciar el proceso son difíciles de cumplir. Para empezar, se requiere el 15% de las firmas del padrón electoral, casi 1,5 millones.

Los indígenas (el 20% de los 14 millones de ecuatorianos) ven reflejado en el preámbulo de la nueva Constitución un Estado plurinacional. El artículo 257 permite a las comunidades indígenas “conformar circunscripciones territoriales (…) que ejerzan las competencias de un gobierno territorial autónomo”. Para muchos juristas, la Constitución puede lanzar a las comunidades indígenas a hacer reclamaciones de tierras y recursos naturales y a imponer el derecho indígena sobre el criollo.

FUENTES:  vanguardia.es/elpais.com

Con el 94,7 por ciento escrutado, los votos afirmativos están en el 63,97 %

Los votos afirmativos en el referendo constitucional celebrado este domingo en Ecuador totalizan un 63,97 por ciento, cuando se ha escrutado el 94,7 por ciento del total, informó hoy el Tribunal Supremo Electoral (TSE).

Los votos contrarios al proyecto de nueva Constitución suman 28,1 por ciento, los nulos, un 7,21 por ciento, y los blancos, un 0,72 por ciento, según el TSE.

En cifras absolutas, 4.493.921 votos son por el “sí” y 1.973.931 votos por el “no” con ese porcentaje escrutado, que corresponde a 36.840 de las 38.901 Juntas Receptoras de Votos (JRV) que estuvieron habilitadas en el referendo.

El TSE prevé completar hoy mismo el escrutinio preliminar y deberá proclamar los resultados oficiales definitivos en un máximo de diez días.

Un total de 9.754.883 ecuatorianos estaban facultados para participar en el referendo, en el que se pedía a los ciudadanos su opinión sobre la nueva Carta Magna redactada por la Asamblea Constituyente e impulsada por el Gobierno del presidente Rafael Correa.

De acuerdo al TSE, en Guayaquil, epicentro de la tensión política de los últimos días y principal centro económico del país, el “no” aventaja al “sí”, por 46,97 por ciento (528.544 votos) frente a 45,67 por ciento (513.995 votos), con el 95,59 de los votos computados.

Los votos nulos ascienden a 6,84 por ciento (77.027) y los votos en blanco a 0,51 por ciento (5.776).

Con esos resultados, el alcalde de Guayaquil, el socialcristiano Jaime Nebot, cabeza visible de la oposición en el país, rechazó hoy que el jefe de Estado haya celebrado en esa urbe el triunfo del “sí”, al considerar que la población de esa ciudad, en su mayoría, no aprobó la Carta Magna.

Las declaraciones de Nebot se dieron poco después de haber ratificado éste su voluntad de dialogar con el Gobierno si recibe una invitación para ello.

El presidente de la Asamblea Constituyente en receso, Fernando Cordero, del movimiento oficialista Alianza País, extendió hoy públicamente una invitación a Nebot para dialogar en Quito.

Plan de rescate financiero: al borde de un ataque de nervios

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EL GOBIERNO DE BUSH NO CONSIGUE QUE EL CONGRESO APRUEBE SU PLAN DE RESCATE

Las negociaciones entre el gobierno estadounidense y el Congreso se siguen dilatando. Hoy es un día crucial para llegar a un acuerdo. La mayor resistencia sigue partiendo de legisladores republicanos aferrados a los principios de libre mercado.

Las negociaciones sobre el plan de salvataje a los bancos afectados por la crisis financiera tendrán hoy un capítulo crucial. El gobierno de George Bush reclamó ayer que las discusiones no se dilaten más, a fin de que se llegue a un entendimiento antes de la apertura de los mercados asiáticos de mañana. Sin embargo, la administración sigue encontrando resistencia en su propio partido. Los líderes republicanos en la Cámara de Representantes volvieron a exigir cambios al paquete de ayuda de Wall Street. Se resisten “por principios” a una intervención del Estado, llevando su concepción neoliberal a un extremo que podría ser fatal para el sistema financiero estadounidense, con repercusiones incalculables en demás naciones centrales contagiadas con el mismo virus.

Los diputados republicanos plantearon ayer que quieren que se mantengan los principios del libre mercado y se proteja a los contribuyentes. En tanto, el candidato presidencial demócrata, Barack Obama, volvió a manifestar su apoyo al programa de rescate, aunque con reservas. Todo quedó postergado para hoy.

“El rescate no debería hacerse a costa de los contribuyentes estadounidenses”, enfatizó John Boehner, líder de los republicanos en la Cámara de Representantes. “Es importante actuar, pero con buen criterio”, agregó. Por su parte, Roy Blunt, el principal negociador de ese grupo de republicanos, afirmó que no aceptaría “fechas límite artificiales”. Fue en respuesta a un pedido del gobierno, que asegura que es indispensable terminar de definir el programa antes de la apertura de los mercados internacionales de mañana.

Por su parte, la presidenta de la Cámara baja, la demócrata Nancy Pelosi, indicó que espera que ese cuerpo pueda votar el plan “mañana (por hoy) por la noche o el lunes por la mañana”. “No vamos a irnos hasta que aprobemos un proyecto de ley”, subrayó, lo que muestra que los demócratas son los más interesados en encauzar la situación lo antes posible. El republicano Blunto insistió en que la iniciativa “debe responder a los principios del libre mercado”. Los republicanos quieren que, en lugar de comprar deuda de mala calidad de los bancos, el Gobierno coordine un fondo con dinero privado que ofrezca garantías de pago de esos títulos.

Los demócratas se muestran dispuestos a incorporar esa idea al programa final, aunque sólo como una de las opciones a disposición del Departamento del Tesoro y no como una alternativa al plan original. Por ahora, esa dependencia, a cargo de Henry Paulson, se niega a aceptar los cambios que postulan legisladores republicanos. A su vez, esos diputados exigen que salga del proyecto de ley que manejan los demócratas una cláusula que permitiría a los jueces modificar los términos de las hipotecas de personas en quiebra para permitirles quedarse en su casa.

Bush, en tanto, aseguró ayer que el rescate financiero terminará costando menos de los 700.000 millones de dólares que la Casa Blanca pidió al Congreso. Explicó a los norteamericanos que, según el punto de vista de sus asesores económicos, “el costo final del plan será mucho menos que 700.000 millones de dólares” con los que se comprarán los activos “tóxicos” detrás de la crisis, respaldados por créditos hipotecarios blandos.

En un mensaje radial, el mandatario estadounidense señaló que con esos valores el gobierno piensa descongestionar el sistema financiero y el flujo del crédito, “aún tienen un valor intrínseco importante porque la gran mayoría de las personas eventualmente liquidarán sus hipotecas”. Bush afirmó que muchos de los valores que el gobierno compraría “probablemente subirían de precio con el paso del tiempo”, lo que significa “que el gobierno podría recuperar gran parte del gasto original, o incluso todo”.

Obama, que encabeza las encuestas, reiteró ayer su apoyo al paquete de salvataje, pero advirtió que no será aprobado si no incluye mecanismos de “supervisión”. “Si no actuamos pronto, sus empleos, sus ahorros y su seguridad económica estarán en riesgo”, dijo Obama a sus seguidores durante un acto en Greensborough, en Carolina del Norte. Pero advirtió que fue “la falta de supervisión en Washington y en Wall Street lo que nos llevó a este desastre”. “Los ciudadanos que compraron sus viviendas con los préstamos blandos también merecen un plan de salvataje”, completó.

Página/12

Escrito por Eduardo Aquevedo

28 septiembre, 2008 a 17:27

Obama y McCain: un debate no decisivo marcado por la crisis financiera

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Por Santiago O’Donnell

Todo quedó como al principio. En el primer debate cara a cara, los candidatos presidenciales de Estados Unidos, el republicano John McCain y el demócrata Barack Obama, salieron ilesos. En noventa minutos que nunca fueron aburridos, presentaron personajes bien distintos y marcaron diferencias claras en sus visiones de lo que quieren hacer con su pais y sobre todo con el mundo. El debate tuvo un abrupto cambio de trama cuando se pasó de la economía a la política exterior, al promediar los veinte minutos. Pero nunca alcanzó picos de drama, como si los contrincantes se estuvieran guardando para los dos debates que faltan de cara a las elecciones de noviembre.

Se entiende. Había sido una semana movidita, sobre todo para McCain. El crac de Wall Street lo había dejado patas para arriba. El tema se consumía la campaña y dos tercios del padrón pensaba que Obama era el más capaz para manejar la economía. Los planes del veterano de Vietnam se parecían demasiado a los de Bush y encima él mismo había confesado que la economía no era su fuerte. La tendencia se revertía. Los dos puntos que había descontado con el efecto Palin se evaporaban y la ventaja de Obama se estiraba a cinco o siete puntos, ahora sí nítida, por encima del margen de error de los encuestadores.

Más importante, Obama se afianzaba en la zona de los grandes lagos, en los estados que podrían decidir la elección por su peso en el colegio electoral, con predominio de clases medias urbanas y sectores industriales muy golpeados. Había que hacer algo. Esos empleados de fábrica de Michigan y Pensilvania que desconfían de Washington tienen miedo a perder sus trabajos y miran con recelo el avance de las minorías y los inmigrantes, esos demócratas de Reagan que ahora ven amenazadas sus hipotecas, ésos son los votantes que McCain confiaba birlarle a Obama, y ésos eran lo que ahora huían espantados de todo lo que llevara el sello republicano de la política económica de Bush.

Como si esto fuera poco, en medio de la debacle se pinchó el globo Palin. La gobernadora de Alaska se vino abajo en CBS News cuando, para sorpresa de millones de espectadores, no fue capaz de elaborar, ni siquiera con la ayuda de su simpática entrevistadora, Katie Couric, una sola idea coherente sobre política exterior o seguridad nacional, mucho menos explicar por qué Rusia puede ser, o no, una amenaza para la seguridad nacional, más allá de que limita con Alaska del otro lado de un estrecho muy estrecho. Así, para beneplácito de los imitadores y contadores de chistes, Palin pasó de estrella fulgurante a hazmerreír de la prensa local e internacional. Y todavía falta lo peor: se viene el debate de candidatos a vicepresidente. Si Palin no pudo ni zafar con una entrevistadora complaciente, cuesta imaginarse que le irá mejor cuando enfrente a Joe Biden, viejo zorro demócrata si los hay.

McCain no estaba para esto. El venía a resolver el problema de fondo de los norteamericanos. Venía a ganar la guerra, a sacar a Bin Laden de la cueva, a conducir con firmeza y serenidad, un padre protector para los tiempos difíciles. Pero nadie imaginaba que los tiempos se pondrían tan difíciles.

Mientras McCain prometía sacudir la burocracia de Washington y bajar los impuestos de las corporaciones que generan trabajo, alguien había desenchufado la computadora. Se había caído el sistema financiero mundial, empezando por Wall Street, y no se podía arreglar. Había que empezar de nuevo. Y mientras esto pasaba Obama seguía subiendo, casi sin hacer nada, como por un ascensor.

Había llegado el momento de tomar medidas drásticas. Entonces McCain puso cara de luto militar y anunció, sombrío, que suspendía la campaña. Explicó que viajaba inmediatamente a Washington para ponerse a disposición del presidente Bush y a juntar a los equipos económicos y los líderes parlamentarios para cerrar un paquete de rescate para empezar a salir de la crisis.

Obama ni se inmutó. Contestó que por supuesto él también se ponía a disposición del presidente con sus equipos económicos y que confirmaba su asistencia a Washington para encarar el problema como un tema de Estado, pero que de ninguna manera suspendía la campaña ni se bajaba del debate porque era muy importante seguir hablando del tema. No obstante, quedó la impresión de que McCain había primereado, que había dejado la sensación de estar en contacto con el ciudadano medio, con esas ganas de pegarles una sacudida a Washington y Nueva York por todo el sufrimiento económico que estaban causando.

Pero el tiro de McCain le salió por la culata. Resulta que Washington ya estaba trabajando en un acuerdo y la presencia de los candidatos no ayudaba en nada. Al contrario. Los flashes, las luces y los micrófonos empiojaron la negociación.

Hasta la llegada de McCain, los demócratas y los republicanos todavía fieles a Bush habían logrado una alianza precaria, con mucho toma y daca, para enfrentar la minoría conservadora que se oponía por principio a cualquier rescate a cuenta de los contribuyentes. Pero McCain no quería despegarse de los conservadores. Necesitaba reforzar cierta imagen de duro con las trampas del sistema financiero que se había construido en el Senado. Al no pronunciarse claramente en favor del rescate, terminó traccionando voluntades hacia el lado de los que exigían reducir, endurecer o eliminar el paquete.

Para colmo, según los testigos de la famosa reunión del jueves, donde todos se sacaron la foto en la Casa Blanca, Obama presentó su propuesta pero McCain casi ni habló. Tampoco cabildeó ni se involucró en las negociaciones de su bancada. Sólo escuchó y puso cara de preocupación.

Así las cosas, sin mucha alharaca, esa misma noche McCain dio por terminada su gestión, confirmó su presencia en el debate y partió para Mississippi.

En Mississippi McCain llevaba las de ganar. El escenario del debate era Ole Miss, cuna del pensamiento conservador del sur profundo, cuyos alumnos se hacen llamar “Los Rebeldes” en homenaje al ejército confederado que peleó para mantener la esclavitud. Los temas acordados le venían como anillo al dedo: relaciones exteriores y seguridad nacional, los únicos en que aventaja a Obama en la consideración de los votantes. Sin embargo, el republicano no pudo sacar ventajas claras durante el intercambio.

En el primer tramo, dedicado a la economía, el único ganador fue el moderador. Sin un gesto ni un tono de más, escuchando y dejando hablar, el respetado periodista Jim Lehrer de PBS, quizá la cara más conocida de la televisión pública norteamericana, supo cuándo apretar y cuándo dejarse llevar. La buena predisposición de los candidatos y el formato del debate, sin paneles ni preguntas del público, facilitó la fluidez del intercambio y mantuvo el foco en los verdaderos protagonistas.

Lehrer se había encargado de anunciar el día anterior que no se privaría de preguntar sobre la economía, el tema que preocupaba a todos, aunque no figurara en la agenda del debate que las partes habían acordado. Arrancó con eso. Después de un par de preguntas genéricas Lehrer fue directo al grano: “A raíz de la crisis, ¿qué ajustes haría a su plan económico?”.

La pregunta pareció sorprender a los candidatos, que terminaron recayendo en sus viejos slogans de campaña. Entonces Lehrer insistió: “Específicamente, ¿qué programas postergarían o dejarían de lado para afrontar la crisis?”.

Obama empezó a balbucear algo sobre su plan energético y alcanzó a decir que algún componente del plan tendrá que postergarse, que alguna partida de dinero tendrá que guardarse, pero no pudo nombrar programa alguno, mucho menos una cifra, y quedó pedaleando en el aire.

McCain arrancó hablando con más decisión. Enfiló derecho para el lado del Departamento de Defensa. Dijo que ahí se hacen muchos negociados, que él lo sabe porque conoce del tema militar y porque en el Congreso se la pasa vigilando a las grandes corporaciones y que por eso no tiene muchos amigos. Dijo que una vez hizo suspender un contrato con la Boeing y alguna gente fue a la cárcel. Al menos sonó mejor y tiró un nombre. Pero fue pura sanata. Difícilmente haya convencido al norteamericano medio, ese que no puede pagar ni la hipoteca ni la tarjeta de crédito, y que ve cómo la nafta y el supermercado le van chupando el sueldo pero no puede decir nada porque las ventas caen, el mercado se achica y el lugar de trabajo se vuelve inseguro.

El debate subió de temperatura cuando pasaron a hablar del mundo. Discutieron sobre Irak, Irán y Afganistán, a veces sobre detalles de forma, otras sobre cuestiones de fondo, cambiando golpe de archivo por golpe de archivo: vos dijiste tal cosa, vos votaste tal otra. McCain llevaba la iniciativa. Obama se justificaba y cada tanto tiraba un contraataque.

Por momentos Obama parecía respetuoso en exceso. McCain, condescendiente. Ninguneó repetidamente a su joven rival con latiguillos como “el senador Obama no entiende” o “lo que dice el senador es una ingenuidad”. Lo dijo, pero no lo demostró.

Obama tragó su orgullo y contestó “estoy de acuerdo con John” todas las veces que lo consideró necesario. Pero también mostró firmeza para defender sus convicciones: hay que irse de Irak y recuperar la confianza del mundo. Los mejores momentos del republicano llegaron sobre el final, cuando hablaron de Rusia y el cuidado de los veteranos de guerra.

McCain mostró chispazos, pero Obama transmitió más energía. Sin arriesgar, como cuidando la ventaja, el demócrata anuló la mejor oportunidad que su rival tendrá de aquí a las presidenciales para anotarse una victoria convincente. Es una manera de ver las cosas.

Pero también es válido pensar que lo que no mata, fortalece. Obama se perdió la chance de meter un golpe de knock-out en un momento muy propicio, para definir una elección que viene muy peleada. Entonces todo quedó como al principio, como si el debate nunca hubiera ocurrido. Obama mantiene su ventaja pero McCain sigue vivo.

Falta poco para las elecciones. Apenas una eternidad.

sodonnell@pagina12.com.ar

Página/12

Escrito por Eduardo Aquevedo

28 septiembre, 2008 a 17:20

Sistema mundial y poder global: Fiori polemiza con Arrighi y Wallerstein

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Entrevista al Profesor José Luis Fiori

“Mi divergencia con Arrighi y Wallerstein no es coyuntural, es teórica” dice el cientista político y habitual columnista de L.Od. profesor de la UFRJ  José Luis Fiori en el reportaje que se puede leer a continuación realizado por la periodista brasileña Claudia Antunes, editora de temas internacionales de Folha de San Pablo donde fue publicado inicialmente la entrevista.La aproximación económica entre alemanes y rusos está pesando decisivamente en la división cada vez más profunda entre los europeos”, dice el cientista político brasileño, agregando que en cuanto a EEUU. la “estrategia imperial” es anterior a la elección de George W. Bush.  Ella es reiterada en los programas de todos los candidatos a la sucesión americana”.

La traducción al español y el titular es de La ONDA digital.

- Usted refutó en varios artículos la idea del fin de la hegemonía americana tal como fuera expuesta por los sociólogos Giovanni Arrighi e Immanuel Wallerstein.  Pero usted también afirma que el mundo tiene o se encamina para tener nuevos polos de poder.  En el fondo, ¿no habría más coincidencias que divergencias entre su análisis y el de ellos?

– Mi divergencia con Arrighi y Wallerstein no es coyuntural, es teórica, no está en la caracterización que los dos hacen de la coyuntura inmediata, está en la teoría en que los dos sustentan sus proyecciones de largo plazo; la hipótesis es de que el “sistema mundial moderno” requiere la existencia de “potencias hegemónicas” sucesivas para mantener el orden político y el buen funcionamiento de la economía internacional

Dentro de esta teoría, el “líder” aparece en la historia como una especie de respuesta funcional al problema de la ingobernabilidad de un sistema que es anárquico porque está formado por Estados nacionales soberanos.  En general, esta teoría destaca las contribuciones positivas del hegemon para el “gobierno global” del sistema.

Por esto, él no consigue controlar el movimiento continuo de competencia y expansión de los Estados y economías nacionales que ya conquistaron la condición de “grandes potencias” y forman parte del “núcleo central” de todo el sistema, pero siguen compitiendo entre sí, incluso en los períodos que aparentan una alta “tranquilidad sistémica”.

Fue exactamente la crítica de esta teoría que me llevó al concepto de poder global del libro.

- ¿Y qué significa?

– Cuando digo poder global, no me estoy refiriendo a una entidad o a una instancia mundial particular.  La expresión encubre un modo de analizar el funcionamiento y las tendencias de largo plazo del sistema mundial que se formó a partir de la expansión de algunos Estados europeos en el siglo 16.

Este análisis privilegia el movimiento y las contradicciones que mueven este sistema, impidiendo su estabilización y cualquier tipo de gobierno global estable o de paz perpetua.  Él se parece a un universo en expansión continua, movida por la lucha de las grandes potencias por el poder global y que por esto están siempre creando, al mismo tiempo, orden y desorden, paz y guerra.  Lo que ordena y estabiliza este sistema, por más doloroso que sea reconocerlo, no son los hegemones, sino la existencia de “ejes conflictivos crónicos” y la posibilidad permanente de guerra.  El sistema no acumula poder y riqueza sin la competencia de las naciones y no se estabiliza sin las guerras.

– ¿Pero usted no admite ni la existencia de una crisis de la hegemonía americana – que estaría dada por el ultra-esfuerzo militar en Irak, los déficit crecientes, la burbuja inmobiliaria, la pérdida de credibilidad?

– Lo que estoy intentando decir es que no se consigue saber qué significa exactamente crisis de la hegemonía americana.  ¿Cualquier dificultad política, burbuja económica o incluso guerra, enfrentada o perdida por los Estados Unidos? De ser así, afirmar que existe una crisis de la hegemonía es apenas una frase fácil, sin significado o consecuencia precisa.

Pero si el caso es anunciar el fin de la hegemonía americana, estoy totalmente en desacuerdo.  Creo que la estrategia imperial americana sigue en curso expansivo, a pesar de sus dificultades.  Después del gobierno de Clinton, con la elección de George W. Bush y con los atentados de 2001, la política externa adoptó una nueva retórica, más belicista, y asumió de forma explícita un proyecto imperial.

Pero la estrategia imperial del Estado americano ya venía de antes, y se mantuvo igual, desde el fin de la Guerra Fría.  Esta estrategia acumuló victorias, pero también viene enfrentando problemas para seguirse expandiendo.

- ¿Y cuáles usted identifica como problemas principales?

– De un punto de vista vertical, está cada vez más difícil para los Estados Unidos mantener el orden e imponer sus posiciones dentro de los territorios “periféricos”, que nacieron del desmantelamiento del sistema colonial europeo.  Del punto de vista horizontal, fue la estrategia expansiva de los Estados Unidos que incentivó en gran medida la transformación asiática que hoy se le escapa del control.

Los norteamericanos ya no tienen más como frenar la expansión económica de China, ni pueden seguir más adelante con su estrategia global sin contar, por lo menos, con un socio chino.  Pero más allá de esto, la victoria americana en la Guerra Fría también trajo de vuelta a Alemania y a Rusia para dentro del juego del poder europeo e internacional.  Y hoy, estos dos países están reconstruyendo sus “zonas de influencia” en Europa y en Asia Central, limitando las ambiciones americanas en estas regiones.

- ¿Pero también no hay un cierto fatalismo en su previsión de retorno a la vieja disputa entre potencias, como a fines del siglo 19  e inicios del 20?

– Puede ser, pero lo que realmente está sucediendo no es precisamente un retorno a la vieja disputa entre las grandes potencias, que es una frase efectista y una forma de explicar la reaparición en los noticieros de las disputas entre Estados Unidos y Rusia, China y Japón, Alemania y Francia, etc.  La disputa entre las grandes potencias nunca terminó, apenas se entibió como suele suceder después de una gran guerra o victoria contundente como en el caso de la Guerra Fría.

- ¿Cómo este marco internacional se refleja en las próximas elecciones en los Estados Unidos?

– Estas presiones externas están aumentando las divisiones dentro de los Estados Unidos y es probable que, después del fracaso de Irak, se produzca un re-alineamiento de fuerzas dentro del establishment norteamericano, como ocurrió después de la derrota en Vietnam.  Son momentos en que se forman nuevas coaliciones de poder y pueden definirse nuevas estrategias internacionales.  Pero estos procesos de re-alineamiento son lentos, y no es probable que el actual coincida con las próximas elecciones presidenciales norteamericanas.  Los programas de los principales candidatos demócratas y republicanos muestran que la vieja estrategia imperial se mantiene de pie.

Todos los candidatos se proponen reconstruir el liderazgo mundial de los Estados Unidos y todos defienden la necesidad de una diplomacia multilateral.  Pero, al mismo tiempo, todos proponen aumentar los gastos militares, expandir los contingentes y multiplicar las inversiones en investigación e innovaciones tecnológicas para uso en guerras asimétricas.  Y lo más interesante: casi todos los candidatos proponen la creación de brigadas o agencias civiles encargadas de reconstruir y administrar los territorios y los gobiernos incorporados o alcanzados por el poder americano alrededor del mundo.

- Usted también dice que China, en la medida en que se torne una superpotencia, va inevitablemente a inclinarse por el expansionismo militar.  ¿Por qué este vuelco?

– Es verdad que hasta el momento China se ha mantenido fiel a su modelo original de expansión imperial, que fue diplomática y mercantil, distinta de la expansión bélica y después capitalista de los europeos.  Y creo que lo más probable es que China se restrinja en los próximos años a la lucha por la hegemonía en el sudeste asiático, sin provocar ni aceptar ningún tipo de confrontación fuera de su zona de influencia.

Pero si China sigue el camino pasado de todas las grandes potencias que existieron dentro del sistema mundial moderno, lo más probable es que, en algún momento, tenga que combinar su expansión económica con una expansión político-militar global.  Pero no está excluida la posibilidad de que se repita lo que ya sucedió, en el siglo 17, con la fusión de los intereses económicos anglo-holandeses, y en el siglo 20, con la fusión de los intereses anglo-americanos.

- ¿La relación entre China y Estados Unidos hoy puede ser caracterizada como complementaria, tal como la de americanos y europeos occidentales en la post Segunda Guerra?

– La relación económica actual entre Estados Unidos y China es absolutamente complementaria, del punto de vista comercial y financiero.  Como ocurrió muchas veces con Estados o potencias con vocación global, la competencia incluye la preparación permanente para la guerra, sin que desaparezca el efecto dinamizador de la complementariedad, incluso en la carrera tecnológico-militar.

Pero esta complementariedad actual entre China y Estados Unidos no es igual a la que existió entre los Estados Unidos y los europeos occidentales.  En aquel momento hubo esa relación entre una potencia victoriosa y poco alcanzada por los efectos destructivos de las guerras y sus aliados que habían sido casi completamente destruidos y que los Estados Unidos necesitaban que estuviesen de pie.

Por otro lado, también existió la relación de los Estados Unidos con sus derrotados de antaño: Alemania, Japón e Italia.  Estos países fueron transformados en protectorados militares y, al mismo tiempo, en el caso de Alemania y de Japón, en dínamos del crecimiento regional de Europa y de Asia, respectivamente, una especie de convidados al desarrollo global de la economía americana, que transnacionaliza su estructura productiva durante este período, dos o tres décadas antes de su globalización financiera.

– Usted ha indicado la insolvencia de las interpretaciones de los años 90 que preveían el fin o la no importancia de los Estados.  Hoy, en parte por causa de lo que se llama nacionalismo de recursos, ellos retomaron su protagonismo.  Pero esto también coincide con una crisis de los sistemas políticos y principalmente de los partidos.  ¿Cuáles son las causas y las posibles consecuencias de esta paradoja?

– Creo que la creencia en el fin de los Estados tuvo una fuerza particular en América Latina y en los países que nacieron de la antigua URSS, donde fueron aplicadas de forma más rigurosa y extensa las políticas neoliberales.  Fuera de ahí, nadie nunca tomó muy en serio estas previsiones.  Incluso en el caso de los países latinoamericanos y de Europa del Este que ya comenzaron a recuperarse de la devastación neoliberal de los años 90, el Estado ya retomó su papel en el comando estratégico de sus economías.  De a poco va siendo encajonada la ilusión del fin de las fronteras.

Ya con relación a la llamada crisis de los sistemas y partidos políticos, no es tampoco la primera vez que se habla de esto.  En la década del 90 se habló mucho del fin de las ideologías y del fin de los partidos ideológicos, que habrían sido sustituidos por organizaciones que fueron llamados en la época partidos “catch all”, que no representaban más a ningún sector social específico.  En los años 70 se habló mucho de la crisis del sistema político democrático, incluso en la vieja Europa.

Hoy mismo sólo se habla de esta crisis de partidos en algunos países, y siempre en comparación con un modelo ideal que nunca existió en ningún lugar.  Por todos lados, los partidos conservadores siguen cumpliendo su papel de siempre.  Los partidos de izquierda son los que tal vez estén pasando por una crisis de identidad y por un período de cambio.  La vida política no siempre es heroica.  A veces los conflictos pierden intensidad y la agenda de debates queda repetitiva y apática.  Es cuando se hace más visible la dimensión bruta de la lucha por el poder, sin ingredientes ideológicos.

– Pero la insolvencia de los partidos tradicionales también trae riesgos de autoritarismo.  ¿En qué medida un proyecto como el de Chávez, por ejemplo, que es tremendamente vertical, puede sobrevivir sin la presencia del propio Chávez?

– América Latina es un buen ejemplo de lo que yo decía sobre la supuesta crisis de los partidos, porque se habla de esto exactamente en los países donde se produjeron victorias de fuerzas progresistas y donde las fuerzas políticas tradicionales sufrieron reveces.

Son en general países que vivieron largos períodos dictatoriales bajo el control de fuerzas políticas conservadoras que se alternaban en el poder, descalificando el proceso de alternancia democrática.  Pero en estos países ha habido ahora elecciones y plebiscitos repetidos.  Son sistemas en proceso de reestructuración, que llevará algún tiempo.

En estos momentos de cambios profundos, tal vez sea bueno retomar la vieja tesis del sociólogo alemán Max Weber sobre el papel del carisma o de los liderazgos carismáticos como casi el único camino posible para reformar estructuras e instituciones políticas tradicionales, patriarcales o patrimoniales, esclerosadas pero con una enorme capacidad de preservación.

Hoy es posible identificar en América Latina varios casos de liderazgos carismáticos, cuya fuerza política trasciende sus organizaciones partidarias.  En todos estos casos, como decía el propio Weber, la sucesión será un problema difícil porque el carisma es intransferible.

- ¿Qué ejemplos históricos usted tiene en mente?

– Cuando hablo de fuerza de los liderazgos carismáticos, y de su papel transformador en la historia, gracias a la capacidad de movilización de los pueblos y de cambio de los hábitos e instituciones consolidadas, para salir fuera de América Latina y encima del Ecuador, pienso en los nombres de (Charles) De Gaulle, (Winston) Churchill y (Franklin) Roosevelt.

– Aquí en la región, ¿Morales y tal vez Lula, también serían líderes carismáticos?

– Creo que Morales y Lula son también personajes carismáticos, que trascienden en mucho sus organizaciones partidarias de apoyo.  Pero creo que es imposible llegar a un acuerdo preciso sobre este asunto y por eso creo que la provocación intelectual está en la idea de Weber y no en los ejemplos o casos que entran más o menos dentro del concepto.

- ¿El ruso Vladimir Putin sería otro caso actual?

– El caso de Rusia es completamente diferente del de Venezuela.  Putin ya fue electo como parte de un movimiento de recomposición del poder de la burocracia del Estado ruso destruido por la descomposición de la URSS y por el efecto de las políticas del período Yeltsin.

Putin no es un líder carismático. Es un servidor del Estado y un funcionario de su núcleo duro ligado a la seguridad, una especie de última línea de resistencia de cualquier Estado que ocupa una posición de gran potencia.

La sucesión de Putin no será un tema sencillo, sobre todo dentro de la burocracia de Estado rusa, pero el proyecto en curso de reconstitución del poder de Rusia trasciende al actual presidente y creo que seguirá adelante.

– Su análisis sobre la situación de América Latina es optimista, al diagnosticar que la región está viviendo “tal vez una ruptura revolucionaria”. ¿Hay diferencia entre la llamada ola roja de hoy y el rojo anti-imperialismo? ¿Por qué los Estados Unidos no podrían retomar el protagonismo de décadas en la región?

– Creo que existen por lo menos dos diferencias fundamentales entre este vuelco progresista contemporáneo y los tiempos de lo que usted llama viejo anti-imperialismo.  La primera es que hoy ya no existe más la misma identidad entre competencia geopolítica y bipolarización ideológica que marcó la segunda mitad del siglo 20.  Y la segunda es que el liderazgo progresista de América Latina actual no atiende más por el mismo nombre y no defiende ni está implementando el mismo proyecto de gobierno.

Hoy América Latina es un campo mucho más abierto que en el pasado para la innovación social y política, sin dogmatismos y sin fórmulas acabadas.  Los Estados Unidos mantienen su poder y pueden siempre reafirmar su protagonismo en el continente.  Pero la novedad tal vez esté del otro lado del mostrador, de los nuevos gobernantes que han mostrado voluntad de cambiar el tipo de relación secular que mantienen con los Estados Unidos y que vienen contando con el apoyo de sus sociedades.

En este contexto, el grado de libertad de acción de los Estados Unidos es mucho menor que en el pasado, cuando contaba con el apoyo casi incondicional de las elites empresariales y de los gobiernos del continente.

- ¿Cómo ve usted la alianza estratégica propuesta por los Estados Unidos a Brasil en torno del alcohol?

– La alianza propuesta por el gobierno Bush ya fue hecha y rehecha varias veces en nuestra historia, con o sin alcohol, y con el mismo resultado.  Brasil fue durante casi todo el siglo 20 el socio menor de la coordinación hegemónica de los Estados Unidos en América del Sur.  Ahora el alcohol entra como Pilatos en el Credo, porque lo que se está proponiendo una vez más, es una sociedad con Brasil en el control de algunos gobiernos regionales.

Pero la verdad es que casi todos los gobiernos actuales de América del Sur están proponiendo una rediscusión de la propia forma de ejercicio de la hegemonía hemisférica de los Estados Unidos.  El resultado de estas negociaciones no será inmediato, pero no hay duda de que dependerá muchísimo de la forma en que Brasil se comporte en estas negociaciones, sustentando con firmeza su reivindicación de una nueva posición dentro del contexto americano y mundial.

Con relación a la idea de los biocombustibles en sí, es preciso tener claro que son necesarias muchas décadas para cambiar una matriz energética.  Que yo sepa, eso nunca se hizo por medio de alianzas estratégicas entre apenas dos países, por más importantes que ellos puedan ser.  Además de esto, se trata de una propuesta hecha por un gobierno americano en fase terminal y sin capacidad de iniciativa.

Analistas como el ex ministro de Hacienda Rubens Ricupero, han expresado el temor de que los Estados Unidos traspasen el costo del ajuste de su economía a otros países, como lo hicieron con Japón (cambio) y con América Latina (intereses) a fines de los años 70 e inicios de los 80. ¿Usted ve movimientos en este sentido?

– Creo que no se trata de un temor con relación al futuro, sino de un dato de la historia capitalista.  Fue así con el Reino Unido y sigue siendo así con los Estados Unidos: la ventaja de ser una gran potencia que ocupa una posición de centralidad económica global, gracias al control que detenta del sistema monetario y financiero internacional.  En el caso americano, esta capacidad aumentó mucho después del fin del Sistema de Breton Woods, con el nuevo sistema monetario internacional dólar-flexible, que se consolidó en las décadas del 80 y 90.  Un nuevo sistema en que la moneda dominante sigue siendo la norteamericana, y su única base de sustento o referencia es el propio poder de los Estados Unidos.

Pero muchos analistas han señalado una descentralización del poder mundial, por lo menos del punto de vista económico, que estaría dada por el hecho de que el estallido de la burbuja inmobiliaria en los Estados Unidos no contaminó a los emergentes, principalmente a China. ¿Este poder de transferencias de las crisis americana para terceros no sería menor ahora?

– Es verdad que las principales economías emergentes disponen hoy de reservas significativas y, por lo tanto, tienen una capacidad mucho mayor que en los años 90 para reaccionar al impacto inmediato de crisis financieras localizadas.  Pero el caso del estallido de la burbuja inmobiliaria no llega a ser un buen ejemplo porque el Banco Central americano decidió proteger los mercados y mantener el ritmo inmediato de la actividad económica.  Pero nadie sabe calcular exactamente lo que habría ocurrido si los Estados Unidos hubiesen tomado una decisión contraria, ni siquiera cuál será el efecto a mediano plazo de la decisión que el FED tomó.  ¿Cuál es el impacto, por ejemplo, de la desvalorización del dólar sobre las exportaciones de todas las economías arrastradas al euro?

En verdad, hoy sólo es posible especular sobre las consecuencias de una desaceleración de la economía americana o de una retomada acelerada de las exportaciones de los Estados Unidos, con disminución de su déficit comercial.  Pero en cualquier caso, siempre habrá transferencia de costos para otros países.

– La Unión Europea acostumbra estar ausente de la mayoría de las proyecciones geopolíticas, y continúa siendo vista como apéndice de los Estados Unidos.  ¿Los europeos viven definitivamente en una eurolandia, despegados del mundo bajo la protección americana?

– Es realmente muy difícil que la Unión Europea pueda tener una voz activa en el juego de poder internacional mientras siga bajo la protección atómica y convencional de la OTAN, bajo el comando norteamericano, y con una moneda semi-estatal, como es el caso del euro.

Sin armas y sin moneda, usted será siempre un poder menor en el juego de las grandes potencias.  Pero creo que, además de eso,  Europa está enfrentando un nuevo problema que fue creado por la reunificación de Alemania y por el retorno de Rusia al sistema de poder europeo.

– Usted ya había mencionado la nueva dinámica de la relación entre Alemania y Rusia.  ¿Cómo ella puede amenazar la unidad europea?

– Es bueno que la gente recuerde que el proyecto de unificación de Europa sólo puede ser llevado adelante gracias al desenlace de la 2ª Guerra Mundial y sólo consiguió mantener su identidad y unidad durante cuatro décadas gracias a la Guerra Fría.  En un primer momento, inmediatamente después de la 2ª Guerra, Francia, Gran Bretaña, Bélgica, Luxemburgo y Holanda, se unieron para crear la Unión Occidental de defensa colectiva, dirigida contra Alemania.

Sólo después de 1950 es que estos países abdicaron de su posición revanchista y transfirieron para los Estados Unidos y la OTAN la función de domesticación de Alemania.  Por esto, en 1955 los alemanes fueron admitidos en la OTAN y transformados inmediatamente en un protectorado militar de los Estados Unidos.  Gracias a esta división de funciones, Alemania Federal puede firmar el Tratado de Roma y ser incorporada al proyecto de construcción de la Comunidad Económica Europea.

La Guerra Fría consiguió mantener unida a la Unión Europea bajo la égida militar de la OTAN y de los Estados Unidos.  Más recientemente, Vladimir Putin dijo en una entrevista que “el mayor desastre geopolítico del siglo 20 fue la desintegración de la Unión Soviética”, y es muy probable que él tenga razón.

Pero le faltó decir que esta “victoria aliada” fue responsable también por el resurgimiento de Rusia y de Alemania.  Lo cierto es que la unificación alemana representó una transformación cualitativa en el proceso de unificación de Europa.  No sólo porque Alemania se transformó en la mayor potencia demográfica y económica de la Unión, sino también porque pasó a operar una política externa más autónoma.

Después de su expansión económico-financiera en la dirección de Europa central y de Rusia, durante la década de 1990, Alemania reapareció aún más fuerte, como un centro de poder con posibilidad real de hegemonizar la economía del continente europeo.

Al mismo tiempo, en la década del 90, los Estados Unidos colaboraron decisivamente para desplumar a la URSS de 15 Estados y aceleraron la extensión de la OTAN y de sus bases militares en dirección a Europa del Este, ocupando posiciones en Asia Central y cercando a Rusia.

No es de extrañar que Rusia haya acabado reaccionando a este cerco y hoy aparezca cada vez más agresiva, justamente en su frontera geopolítica con Alemania, con quien mantiene relaciones económicas cada vez más estrechas.  Creo que esta tensión geopolítica y esta aproximación económica entre alemanes y rusos está pesando decisivamente en la división cada vez más profunda entre los europeos, un motivo fundamental de la ausencia de Europa en el juego de poder internacional.

En este sentido, además, Europa no está paralizada, está retomando sus raíces.

Traducido para LA ONDA DIGITAL por Cristina Iriarte

www.laondadigital.com

Escrito por Eduardo Aquevedo

28 septiembre, 2008 a 16:16

Nuevo orden geopolítico mundial: fin del Acto Primero, I. Wallerstein

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Immanuel Wallerstein, ex Presidente de Asociación Intenacional de Sociología (ISA)

Sería un error subestimar la importancia del acuerdo que el 9 de septiembre tomaron Nicolas Sarkozy de Francia, en su capacidad de actual presidente de la Unión Europea (UE), y Dimitri Medvedev, presidente de Rusia. Es un acuerdo que marca el fin definitivo del Acto Primero del nuevo orden geopolítico mundial.

¿Qué se decidió? Los rusos accedieron a retirar todas sus tropas de lo que se conocen como “áreas centrales de Georgia”, o “Georgia, propiamente”, es decir, las partes de Georgia que los rusos reconocen como Georgia. Estas tropas están siendo remplazadas por 200 monitores de la UE, y es algo que se emprende con base en las garantías ofrecidas por la UE de que no habrá ningún uso de fuerza contra Osetia del Sur y Abjazia.

El asunto del reconocimiento ruso a la independencia de Osetia del Sur y Abjazia se ha dejado abierto por completo. Sarkozy y el ministro de Relaciones Exteriores de la UE, Javier Solana, “esperan” que en el futuro Rusia permita que los monitores de la UE entren en estas áreas. El ministro ruso de Relaciones Exteriores, Serguei Lavrov, dijo que no hacen tal promesa y que “todo arreglo de supervisión futura requerirá de la ratificación de los gobiernos de Osetia del Sur y Abjazia”. Lavrov dijo que las tropas rusas se mantendrían en ambas áreas “en el futuro previsible”. Y aunque el secretario del Consejo de Seguridad Nacional de Georgia, Alexander Lomaia, aplaudió las claras fechas límites para la retirada rusa de la Georgia “propiamente dicha”, anotó que era “mala noticia que [el acuerdo] no se refiriera a la integridad territorial [de Georgia]”.

Este acuerdo fue alcanzado por Europa y Rusia, y Estados Unidos no jugó ningún papel diplomático en lo absoluto. Medvedev acusó a Estados Unidos de haber dado su bendición a la acción original georgiana de invadir Osetia del Sur. Dijo que, por el contrario, los europeos son “nuestros socios naturales, nuestros socios clave”.

El presidente de Georgia recibió mucho aliento de John McCain, y el vicepresidente Cheney voló ahí para decir que Estados Unidos daría mil millones de dólares en asistencia para la reconstrucción de Georgia. Pero el secretario de Defensa, Robert Gates, al explicar por qué esta ayuda no incluía asistencia militar y por qué no habría sanciones económicas contra Rusia, dijo: “si actuamos muy precipitadamente, podemos ser nosotros quienes quedemos aislados”.

Así que, ¿cuál es el fondo del asunto? Rusia consiguió en Georgia más o menos lo que quiso. Su reconocimiento “irrevocable” de Osetia del Sur y Abjazia es algo que tal vez pueda canjear en el futuro por un viraje básico en las relaciones de Georgia con Rusia. Si no, no. El hecho es que Europa cree que necesita reconciliarse con Rusia y ha descartado reanudar lo que los chinos llaman “la guerra civil europea”.

Estados Unidos se percata de que no tiene cartas reales con qué jugar. Entre tanto, en Medio Oriente sus aliados más cercanos lo rechazan públicamente. En Irak, el primer ministro Maliki se ha vuelto un negociador muy rudo en torno a la continuada presencia de las tropas estadunidenses, y no es imposible que, si Estados Unidos no hace más concesiones importantes, los acuerdos actuales que terminan el 31 de diciembre simplemente se agoten.

En Afganistán, el presidente Karzai está tan exasperado con las misiones de bombardeo de las tropas especiales estadunidenses que ha exigido “una revisión de la presencia de tropas estadunidenses y de la OTAN en el país”, en lo que CBS News llama un “discurso de palabras ásperas”. La provocación inmediata fue un ataque aéreo en Azizabad que el ejército estadunidense alega que dejó pocas bajas y que estaba dirigido contra los talibanes. Los afganos insisten en que no había talibanes ahí y que un gran número de civiles fue asesinado. Cuando los funcionarios de Naciones Unidas y otros dieron credibilidad a la versión afgana, el general estadunidense de mayor rango en Afganistán, David McKiernan, se retractó de la posición estadunidense e hizo un llamado a que se emprendiera una investigación estadunidense de alto nivel, a cargo de un general venido de Estados Unidos.

Y en Pakistán, el presidente Bush autorizó la persecución álgida de los talibanes de Afganistán a Pakistán, contraviniendo la advertencia del Consejo Nacional de Inteligencia de que esto conllevaría “un alto riesgo de desestabilizar más al gobierno y al ejército paquistaníes”. La incursión consiguió lo que el New York Times llama “una declaración inusualmente fuerte” del jefe del ejército paquistaní, el general Asfaq Kayani, quien dijo que sus fuerzas defenderían la soberanía paquistaní “a toda costa”. Dado que el gobierno estadunidense ha considerado al general Kayani como su fuerte simpatizante en Pakistán, esto no es exactamente lo que Estados Unidos quería escuchar.

Así que, ignorado en Georgia, y atacado por sus aliados más cercanos en Irak, Afganistán y Pakistán, Estados Unidos se encuentra algo descontento por cómo entra en las realidades del mundo posterior a la guerra fría, en el cual tiene que jugar con reglas nuevas que le resultan muy poco de su agrado.

Entre tanto, como nota al margen, irónica y no carente de importancia, el 10 de septiembre se celebró en Ginebra un importante desarrollo de la física de partículas, cuando el laboratorio de la Organización Europea para la Investigación Nuclear (conocido como CERN, por sus siglas en francés) logró un avance científico importantísimo después de 14 años de trabajo y un gasto de 8 mil millones de dólares. Fue un momento tan importante en la ciencia mundial que sus contrapartes estadunidenses en el Fermilab de Batavia, Illinois, abrieron botellas de champaña a las 4:38 de la mañana para celebrar. Sin embargo, Pier Oddone, el director del Fermilab, admitió que era un “momento agridulce”. Hasta 1993, Estados Unidos era la autoridad en la física de partículas. Ese año, el Congreso estadunidense, inundado de confianza en sí mismo por haber “ganado” la guerra fría, consideraba que resultaba muy costoso construir el tipo de supercolisionador necesario para este avance de la física de partículas –ahora que geopolíticamente era ya algo innecesario. Los europeos tomaron una decisión muy diferente y Estados Unidos se halla ahora en un segundo lugar aquí también.

Llamo a esto el fin del Acto Primero porque ha sellado la realidad de una arena geopolítica verdaderamente multilateral. Por supuesto, hay otros actos por venir. Y cualquier amante del teatro sabe que el Acto Primero meramente establece quiénes son los actores. Es en el Acto Segundo donde vemos lo que ocurre realmente. Y luego ocurre el Acto Tercero con el desenlace.

© Immanuel Wallerstein

Traducción: Ramón Vera Herrera

La Jornada.com

Escrito por Eduardo Aquevedo

28 septiembre, 2008 a 6:56

Allende en el umbral de un nuevo período histórico, por A. Quijano

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Clacso

En los últimos treinta años, ha habido dictaduras más prolongadas y más brutales, dentro y fuera de América Latina. ¿Porqué, entonces, tantos en todo el mundo se alistan hoy a conmemorar precisamente el ominoso comienzo de esta particular historia? El que produjo el régimen de Salvador Allende no era el más radical, ni el más profundo, de los procesos de cambios históricos que tenían lugar en ese mismo momento en América Latina. ¿Porqué, entonces, concitó por sobre todos los otros la esperanzada atención de todo el mundo? ¿Y puesto que era un régimen establecido según todas las reglas de la democracia liberal y vuelto a legitimar del mismo modo, dos años después, en elecciones municipales, porqué el Estado de Estados Unidos, cuya hegemonía no era entonces contestada entre los socios del mundo imperialista, decidió, junto con sus socios chilenos, destruirlo de manera sangrienta, alegando que lo hacía nada menos que en defensa de la democracia?

Treinta años no son siempre suficientes para producir una perspectiva eficaz que desoculte los sentidos históricos de los procesos y de los sucesos ocurridos en su curso. Al cerrarse éste, sin embargo, ahora no es difícil advertir que estas no son tres décadas cualesquiera, sino el tiempo de un específico período histórico cuya singular importancia apenas comenzamos a entrever, porque las implicaciones de los cambios históricos que ha producido apenas están comenzando a desplegarse, inclusive un modo diferente de producir nuestro conocimiento de la historia. Puesto que no dispondré aquí del espacio necesario para presentar y discutir de modo sistemático las respectivas cuestiones, me restringiré a señalar y abrir las que pueden ser consideradas como decisivas.

Crisis y globalización de la contrarrevolución.

Este período histórico se abrió con la más profunda y duradera de las crisis, que aún no termina, del actual patrón de poder mundialmente dominante. Y se desarrolló, hasta aquí, como un victorioso proceso contrarrevolucionario. Esta última dimensión del proceso no consiste sólo, y quizá no tanto, en la derrota y en la desintegración del “campo socialista” como rival principal del imperialismo y junto con él, inclusive de las entonces minoritarias corrientes y organizaciones antagonistas del capitalismo. Consiste también, y ante todo, en la aceleración y en la profundización abruptas de las tendencias centrales de este patrón de poder, a partir de aquellas derrotas de sus rivales y antagonistas. Eso no podía dejar de implicar, y ha implicado, la rápida intensificación de la dominación política imperialista y de la explotación capitalista del trabajo, a escala mundial. En otros términos, este proceso ha producido la derrota social y política extremas de los dominados y explotados del mundo. Se trata, por eso, de un proceso mundial de contrarrevolución del imperialismo capitalista. Tal es el carácter básico de lo que la prensa capitalista llama “globalización”. Y el Golpe de Pinochet, el 11 de setiembre de 1973, que llevó a la muerte de Salvador Allende y a la destrucción del régimen de la Unidad Popular en Chile, fue el evento mayor con el cual se inició este específico período histórico y en particular su dimensión contrarrevolucionaria (1).

El contexto histórico que produjo la crisis

Lo que la prensa gringa bautizó como “stagflation”, la inusitada combinación de estancamiento productivo con inflación, inédita en la historia capitalista, estalló ese mismo año de 1973, casi al mismo tiempo que la formación de la OPEP y poco después del Golpe de Pinochet.

La asociación histórica entre dichos acontecimientos no es difícil de establecer.

La OPEP era una señal dramática, por la importancia del petróleo para el capitalismo, de la intensificación de la lucha mundial por la desconcentración del control del poder, recomenzada al término de la Segunda Guerra Mundial como proceso anticolonial y antiimperialista en Asia, África y América Latina, y que en algunos pocos casos había avanzado hacia una alguna redistribución real de dicho control (China, Cuba, o Bolivia tempranamente derrotada entre 1952 y 1964).

En América Latina en particular, ambas dimensiones de ese conflicto aparecieron asociadas. Los “nacionalistas” y los “socialistas” se deban la mano, pues tenían un interés común: el control del estado. De un lado, las luchas guerrilleras que después de Cuba se extendieron a Colombia, Venezuela, Argentina, Uruguay, Bolivia, pugnaban por una redistribución del control del poder. Y los propios trabajadores, de manera mucho más profunda y radical en el caso de la Asamblea Popular de Bolivia, víctima de un Golpe Militar un año antes que el de Pinochet. De otro lado, las corrientes “modernizadoras” y “desarrollistas” de las capas medias y de algunas fracciones burguesas, pugnaban también por lograr alguna desconcentración del control del poder, como en los casos de la Democracia Cristiana, sobre todo en Chile y Venezuela, y del militarismo reformista y nacionalista, como en los casos de Velasco Alvarado, Rodríguez Lara, Juan José Torres, Torrijos, en Perú, Ecuador, Bolivia, Panamá, respectivamente, todos empeñados en prevenir procesos revolucionarios.

Simultáneamente, los trabajadores explotados de todo el mundo, y en particular en el “Centro” del universo capitalista, no sólo continuaban sino extendían y profundizaban sus propias luchas por negociar mejor las condiciones y los límites de la explotación y, en primer lugar por aumentar salarios y mejorar sus condiciones de trabajo. De ese modo, la disputa mundial se desarrollaba en dos canales y en dos niveles simultáneos. De una parte, entre los grupos burgueses del mundo, por la desconcentración o la redistribución del control del capital y del plusvalor entre grupos burgueses de desigual acceso al control del poder capitalista. Mientras de otro lado las luchas de los trabajadores de todo el mundo ponían en cuestión la distribución del plusvalor entre la burguesía y los explotados, a escala mundial, pero en especial en el “centro” del capitalismo.

La creciente agudización de esos dos tipos y niveles del conflicto social y político mundial – que ya había comenzado a generar sus efectos desde 1969 con la decisión norteamericana de anular los acuerdos de Breton Woods sobre la relación dólar-oro y con la creciente extensión de la inflación mundial, que llegaba ya al doble dígito en Estados Unidos por primera vez en su historia – desembocó a fines de 1973 en la brusca caída mundial de la tasa de ganancia y, con ella, en el también abrupto estancamiento de la producción, mientras continuaba creciendo la inflación.

La magnitud y la profundidad de la crisis en la estructura de acumulación capitalista, de un lado aterró a los grupos capitalistas que ocupaban el “Centro” del control mundial del patrón de poder, esto es, a los principales grupos imperialistas. Pero del otro lado, sin duda generó en sus rivales del “socialismo real” la ilusión de avanzar en la disputa por la hegemonía mundial, y entre las corrientes y organizaciones anticapitalistas, la ilusión de que, por fin, estaba cerca la revolución socialista como efectiva liberación del poder. Para tales corrientes, la liberación del trabajo era, con seguridad, la cuestión predominante, seguida de la “liberación nacional”. Pero si se recuerda bien, los movimientos de liberación femenina, los movimientos antirracistas, antihomofóbicos, los movimientos de jóvenes, estaban ya en pleno desarrollo. Y el propio patrón eurocéntrico de producción y de control del conocimiento estaba ya en cuestión. Al estallar la “stagflation”, todo ese contexto entró en combustión. Era, de ese modo, un momento de genuina crisis del poder, en todas sus dimensiones. ¿Por qué esta crisis se desarrolló y, aunque parcial y temporalmente, se resolvió como una victoriosa contrarrevolución capitalista global?

Pinochet y el comienzo de la contrarrevolución.

Se puede entender ahora que la decisión del Estado de Estados Unidos, entonces bajo la conducción de Nixon y Kissinger, primero de impedir la elección de Allende y después de destruir a cualquier costo el régimen de la Unidad Popular, que él presidía, no fue sólo, ni principalmente, el resultado de la presión de las empresas estadounidenses afectadas por la política de nacionalizaciones, ni de las disputas hegemónicas con la entonces Unión Soviética en la llamada “Guerra Fría”, aunque, sin duda, esos elementos no dejaron de estar en juego. Tras las derrotas en Vietnam y en Argelia, que continuaban las ocurridas antes en China y Corea del Norte, para la coalición imperialista y su Estado hegemónico, la revuelta nacionalista y socialista latinoamericana, en el momento mismo en que se hacían explícitas dificultades crecientes en la estructura mundial de acumulación, no podía ser tolerada.

Y muy en especial, un régimen como el de Allende, que era nada menos que el resultado del desarrollo de un movimiento político- social que había logrado, después de varios intentos, usar con éxito las propias reglas de juego de la democracia liberal, para establecer el control de los representantes políticos de los trabajadores y de las capas medias asociadas, sobre el Estado. Y que precisamente por eso era mundialmente acogido por los trabajadores y socialistas de todo el mundo, como una genuina alternativa al “socialismo real”. El genio malvado de Kissinger, en ese preciso momento en la atalaya principal de la fortaleza imperialista, no podía no percibir las señales de la crisis mundial que llegaba, cuando muchos de los observadores del mundo ya estaban discutiendo sobre ella, ni los riesgos de la propuesta allendista para el poder capitalista mundial y en primer término para la hegemonía de Estados Unidos (2).

Otra cuestión histórica debe ser aquí abierta de nuevo, aunque no sea esta la ocasión de una más detenida indagación. Estados Unidos es un caso excepcional en la historia, pues la historia de su desarrollo nacional está estructuralmente asociada a la de su constitución como sede imperial regional, primero, y a su consolidación como sede imperial mundial después. Las etapas son, en general, conocidas. La conquista de las tierras de los “indios” y el virtual exterminio de éstos; la imposición de su dominio en el Caribe; la conquista de la mitad norte de México; la guerra con el moribundo imperio colonial español y la conquista de Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam, que propulsó a Estados Unidos a la categoría de poder imperial mundial; su intervención política al final de la Primera Guerra Mundial, ya como actor decisivo, imponiendo el wilsonismo como la ideología principal de esa postguerra; su intervención militar masiva en la Segunda Guerra Mundial y su definitiva entronización como el Estado Hegemónico del imperialismo capitalista frente al “campo socialista”. Y, finalmente, tras la desintegración de éste y después de la Guerra del Golfo, como el Estado Hegemónico del Bloque Imperial Global (3).

Lo que de todo ello se desprende es que ninguna explicación de la decisión de tal Estado norteamericano de destruir a cualquier costo el régimen de Allende y de la Unidad Popular, puede ser completa sin insertarla en ese específico patrón histórico de la historia nacional, imperial y hegemónica de Estados Unidos. Porque desde esa perspectiva, para el Estado y la burguesía yanquis, Allende y la Unidad Popular no implicaban solamente los específicos problemas de la guerra fría o los riesgos de un proceso que levantaba simpatías mundiales por trabajar un camino socialista no estaliniano. Tales elementos, por ocurrir precisamente en ese contexto, ponían en cuestión de más dramática forma uno de los fundamentos centrales, una de las condiciones decisivas del patrón histórico mismo del desarrollo nacional-imperial de Estados Unidos: el dominio imperialista sobre América Latina.

Históricamente, el Estado yanqui reaccionó siempre con violencia, directa e indirecta, en todos los casos en que pudiera estar en juego su hegemonía imperial en América Latina. No se podría explicar de otro modo la recurrente intervención de Estados Unidos, ya desde fines del siglo XVIII en el Caribe y en Centro América, en especial en Nicaragua, y en toda América Latina desde los primeros años del siglo XX, comenzando con su intervención en la derrota de la revolución latinoamericana entre 1925-1935 (4). Sin duda, el nuevo carácter revolucionario de los procesos de Bolivia o de Chile, al comenzar la década de 1970, en el contexto de la disputa hegemónica y de la crisis mundial que se iniciaba, exacerbó esa tendencia constitutiva de la historia de las relaciones entre el Estado Hegemónico del capitalismo imperialista y América Latina. El Estado de Estados Unidos no retrocedió ante nada para mantener y ampliar esa dominación. Incluso, si se fue convirtiendo, como Chomsky afirma, en el principal estado terrorista del mundo después de la Segunda Guerra Mundial, esa trayectoria fue ejercida y desarrollada, en primer término en América Latina.

La derrota y desintegración del socialismo del periodo

Empero, nada de eso es suficiente para explicar la derrota de los dos procesos más importantes para los trabajadores latinoamericanos en ese período: la Asamblea Popular Boliviana, en 1972, y la Unidad Popular, presidida por Allende, en 1973. Aquí sólo anotaré dos cuestiones. Primero, el que ambos, cada cual a su propio modo, fueran procesos que proponían opciones distintas al despotismo burocrático bautizado por el estalinismo como “socialismo real” y que esa fuera, precisamente, la razón de la atención esperanzada de los socialistas de todo el mundo. Esa es una indicación eficaz del descrédito del estalinismo, sobre todo después de la derrota de la ola revolucionaria de 1968 en todo el mundo y, muy especialmente, tras la invasión rusa a Checoeslovaquia, en 1969, para derrotar el intento democratizador del régimen de Dubcek. Pero no menos también de la profunda y decisiva crisis del pensamiento socialista dominado por la perspectiva eurocéntrica de conocimiento, en el marco de la colonialidad del poder imperante. Y, por supuesto, de la política de lo que entonces se admitía como la versión dominante del socialismo, en particular en el denominado “campo socialista”, y que se resolvería durante este preciso período con la desintegración de dicho “campo”. Este ya estaba comenzando el curso que lo llevaría a su rápida desintegración en la siguiente década, culminando con la súbita implosión de la Unión Soviética. Tal implosión mostró, además, que su Estado y su Partido de Estado estaban ya bajo la dirección de quienes inmediatamente después aparecieron como agentes de la neoliberalización capitalista en todos sus países.

Desde esta perspectiva, ahora no es, quizá, muy difícil entender porqué la Unión Soviética no estuvo interesada en apoyar ninguno de esos procesos. No es inútil recordar que una semana antes del Golpe de Banzer en Bolivia, cuando virtualmente todos en ese país sabían que ese Golpe estaba próximo, el embajador de EEUU, acusado de ser hombre de la CIA y uno de los organizadores del Golpe de Banzer, y el de la URSS, salieron del país el mismo día, de vacaciones. Y que poco después, la Unión Soviética otorgó a Banzer un crédito que había negado al gobierno de Torres- Asamblea Popular. Y el gobierno de Allende no consiguió tampoco ayuda financiera o técnica alguna desde el “campo socialista”.

Ninguno de aquellos procesos, ni el de Bolivia, ni el de Chile, pudieron contar con la ayuda del “campo socialista”, exactamente cuando el “campo imperialista” volcaba todo su poder material y político a la destrucción y derrota de la revolución socialista latinoamericana. Los de Bolivia resistieron abiertamente con las armas en la mano y fueron vencidos. Los de Chile, no obstante que la amplitud y la profundidad crecientes de la distribución de acceso al control del trabajo, de los recursos y de los productos a favor de los trabajadores, empujaban a un enfrentamiento violento de los dominadores, rehusaron en realidad preparar la defensa del proceso. El Allendismo mostró, así, que era posible comenzar la redistribución del poder según las propias reglas de la democracia liberal. Pero también hizo claro que sin una consistente preparación material y política para defenderlo, un tal proceso no puede continuar exitosamente.

Todavía hay otra cuestión que no puede ser eludida, pero que no será discutida aquí. Mientras toda la ideología formal de los revolucionarios socialistas de todo el mundo cantaba al internacionalismo, el hecho obvio es que los procesos revolucionarios de Bolivia y Chile no sólo emergieron separados, sino, sobre todo, que no produjeron, ni lo intentaron siquiera en realidad, formas de coordinación, de asistencia y de apoyo recíproco, no obstante su contigüidad territorial, precisamente cuanto más les era necesario. Por lo demás, el proceso que produjo la Asamblea Popular boliviana era, sin duda, el más radical y el más profundo de los procesos revolucionarios de ese momento en América Latina. Pero no atrajo la atención, ni la simpatía debidas, de parte del movimiento socialista mundial, ni antes, ni después de la derrota, en la escala del proceso chileno. La colonialidad del poder en América Latina es parte necesaria de esos desencuentros (5).

Allende otra vez: de la resistencia mundial a la revolución

Durante estos treinta años, dos procesos han dominado el capitalismo, sobre todo después de la desintegración del “campo socialista”. Ambos consisten en la aceleración y en la profundización de las tendencias centrales del capitalismo. De una parte, la reconcentración del control político mundial en manos del Bloque Imperial mundial. Este proceso se ha acelerado bruscamente después del otro 11 de septiembre, el del 2001 y amenaza con la recolonización imperialista del mundo. Y de la otra, la creciente y extrema polarización social de la población mundial entre un 80% que no tiene acceso sino al 18% del producto mundial, y un 20 % que tiene el control de más del 80% del producto mundial. Su desarrollo amenaza con una catástrofe demográfico-social sin precedentes en la historia conocida, que ya ha comenzado a operar en parte de Afrecha, Asia, América Latina. La exacerbación de ambos procesos comenzó con el Golpe Militar de Pinochet y Chile fue el primer escenario de la neoliberalización del capitalismo.

El siglo XXI comenzó con el Foro Social Mundial de Porto Alegre, de un lado, y, del otro, con la recesión mundial aún en curso. Casi una década de continuada resistencia a la profundización de las tendencias centrales del capitalismo, ha logrado avanzar hasta abrir de nuevo, mundialmente también, la cuestión de la revolución como destrucción del actual patrón de poder. Esa es la cuestión central del debate que ya ha comenzado. Estamos, por lo tanto, en el umbral de un nuevo período histórico. Por eso, en la conmemoración mundial del infausto 11 de Septiembre de 1973, es Allende el que vuelve, no Pinochet.

Notas

(1) No debe olvidarse las implicaciones estratégicas del Golpe de Suharto en Indonesia, en 1968, ni del de Brasil, en 1964. Tampoco el de Bolivia en 1972, antecedente directo del Golpe de Pinochet en Chile, en 1973. Pero no fue con ellos que se dio comienzo a la crisis y a la neoliberalización mundiales del capitalismo, con todas sus implicaciones en la agudización y la aceleración de la crisis del “socialismo realmente existente”.

(2) Ahora existe información suficiente acerca del debate dentro del Estado norteamericano en esos años, sobre esas cuestiones, así como sobre las principales decisiones y acciones dirigidas por Nixon-Kissinger contra el régimen de Allende y de la Unidad Popular. Para las demás regiones, véase, por ejemplo, Stephen E. Ambrose: Rise to Globalism. Penguin Books 1985. Para el caso chileno, Peter Kornbluh: The Pinochet File. A Declassified Dossier on Atrocity and Accountability. New Press, 2003. New York . Y del mismo autor: Opening Up the Files. Chile Declassified. En NACLA, vol. XXXVII, No. 1, July/August 2003, pp. 25-31

(3) Acerca de este concepto, Aníbal Quijano: Colonialidad del Poder, Globalización y Democracia. Originalmente en TENDENCIAS BASICAS DE NUESTRO TIEMPO, Instituto de Altos Estudios Internacionales “Pedro Gual”, 2000. Caracas, Venezuela.

(4) Este fue uno de los resultados de un estudio llevado a cabo entre 1986-1988: Estados Unidos, Reagan y Centro América. Lima 187-1988, que no llegó a la imprenta, pero que circuló entonces algo extensamente.

(5) Ver de José Oruro, Bolivia: La Tragedia de las Equivocaciones. En SOCIEDAD Y POLÍTICA, No. 10, Noviembre 1980, pp. 25-42. Lima, Perú.

Rebelion.org

Escrito por Eduardo Aquevedo

28 septiembre, 2008 a 6:14

Movimiento estudiantil en México de 1968 y masacre de Tlatelolco

con 61 comentarios

El movimiento estudiantil de 1968 fue un movimiento social en el que además de estudiantes de la UNAM y el IPN participaron profesores, intelectuales, amas de casa, obreros y profesionistas en la Ciudad de México y que fue reprimido por el gobierno mexicano mediante la matanza de Tlatelolco ocurrida el 2 de octubre de 1968 en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco. El genocidio se cometió en contra de una manifestación pacífica por el Ejército Mexicano y el grupo paramilitar Batallón Olimpia fraguada por el gobierno mexicano en contra del Consejo Nacional de Huelga, órgano directriz del movimiento.

Gracias a la acción gubernamental al pretender ocultar información, no se ha logrado esclarecer exactamente la cantidad oficial de asesinados, heridos, desaparecidos y encarcelados. La fuente oficial reportó en su momento 20 muertos, pero investigaciones actuales deducen que los muertos podrían llegar a varias centenas y responsabilizan directamente al Estado Mexicano.[1]

Politólogos e historiadores coinciden en señalar que este movimiento y su terrible desenlace incitaron a una permanente y más activa actitud crítica y opositora de la sociedad civil, principalmente en las universidades públicas, así como a alimentar el desarrollo de guerrillas urbanas y rurales en los años setenta.

Autores como Fernand Braudel, Immanuel Wallerstein y Carlos Antonio Aguirre Rojas coinciden en señalar al movimiento de México inserto en un contexto planetario de luchas sociales surgidas y recreadas de las universidades luego de vivirse un periodo de bonanza económica por la Posguerra, siendo Braudel el primero en denominar al movimiento Revolución cultural de 1968, caracterizado por revolucionar para siempre los tres principales espacios de recreación de la cultura: la familia, los medios de comunicación y la escuela[2] .

Los hechos

Antecedentes

Véase también: Movimiento del 68
Estudiantes sobre camión quemado el 28 de julio.

Estudiantes sobre camión quemado el 28 de julio.

El 22 de julio de 1968, un incidente de fútbol americano entre la vocacional 2 del IPN y la preparatoria Isaac Ochoterena, incorporada a la UNAM, termina en una gresca. El cuerpo policiaco de granaderos es quien disuelve a la turba, deteniendo a varios estudiantes e incursionando dentro de las instalaciones de dicha vocacional.[3]

Entre el 26 al 29 de julio de 1968, varias escuelas entran en un paro de labores, los granaderos y el ejército entran a varias de las escuelas, entre ellas, la Prepa 1 en San Ildefonso, donde fue destruida mediante un basucazo su puerta tallada en el siglo XVIII.[3]

El 30 de julio de 1968, el rector de la UNAM, Javier Barros Sierra en Ciudad Universitaria, condenaría públicamente los hechos, izando la bandera mexicana a media asta y con un emotivo discurso se pronunciaría a favor de la autonomía universitaria y exigiría la libertad de los presos políticos, refiriéndose a los estudiantes detenidos de la Prepa 1. Ese mismo día encabezaría la marcha por la avenida de los Insurgentes, donde surge un lema muy común utilizado por el movimiento estudiantil, “¡Únete pueblo!“.[3]

El ejercito mexicano en el zócalo de la Ciudad de México el 28 de agosto.

El ejercito mexicano en el zócalo de la Ciudad de México el 28 de agosto.

El 26 de agosto de 1968, una multitudinaria marcha se dirige al zócalo capitalino. Es la primera ocasión en que se insulta públicamente al presidente mexicano, Gustavo Díaz Ordaz. Al finalizar la manifestación, uno de sus líderes se pronuncia a favor de quedarse a esperar una respuesta del gobierno, a escasos días del informe presidencial.[4]

La madrugada del 28 de agosto de 1968, se abren las puertas del Palacio Nacional, de donde salieron tanques del ejército para dispersar a los manifestantes.[4]

El 13 de septiembre de 1968, tiene lugar “La marcha del silencio“, donde los manifestantes marcharon con pañuelos en la boca.[3] [4]

El 18 de septiembre de 1968, el ejército invade la Ciudad Universitaria de la UNAM.[4]

El 24 de septiembre de 1968, el ejército invade el Casco de Santo Tomás, sede del IPN.[4]

El 1 de octubre de 1968, el ejército se retira de la UNAM y el IPN.[4]

El 2 de octubre de 1968

La tarde del 2 de octubre de 1968, un día después de la salida del ejército de los campus de la UNAM y del IPN, miles de personas se reunieron en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco.

Mientras tanto, el ejército vigilaba, como en todas las manifestaciones anteriores, que no hubiera disturbios, principalmente porque el gobierno tenía temor de que fuera asaltada la Torre de la Secretaría de Relaciones Exteriores.

Por su parte, miembros del Batallón Olimpia (cuyos integrantes iban vestidos de civiles con un pañuelo o guante blanco en la mano izquierda) se infiltraban en la manifestación hasta llegar al edificio “Chihuahua” donde se encontraban los oradores del movimiento y varios periodistas.

Primera conferencia de prensa convocada por el Consejo de Huelga de la UNAM el 5 de octubre.

Primera conferencia de prensa convocada por el Consejo de Huelga de la UNAM el 5 de octubre.

Cerca de las seis de la tarde, casi finalizado el mitin, un helicóptero sobrevoló la plaza del cual se dispararon bengalas, presumiblemente, como señal para que los francotiradores del Batallón olimpia apostados en el edificio “Chihuahua” abrieran fuego en contra de los manifestantes y militares que resguardaban el mitin, para hacerles creer a estos últimos, que los estudiantes eran los agresores.[5] Los militares en su intento de defenderse, repelieron “la agresion de los estudiantes“, pero ante la confusión, los disparos no fueron dirigidos contra sus agresores, sino hacia la multitud de manifestantes que se encontraban en la plaza de Tlatelolco.

Muchos manifestantes que lograron escapar del tiroteo se escondieron en algunos departamentos de los edificios aledaños, pero esto no detuvo al ejército, que sin orden judicial, irrumpieron a cada uno de los departamentos de todos los edificios de lo que conforma la Unidad Tlatelolco, para capturar a los manifestantes.

Aún se desconoce la cifra exacta de los muertos y heridos.[6] El gobierno mexicano manifestó en 1968 que fueron sólo 20 muertos, tres años más tarde, la escritoria Elena Poniatowska, en su libro La noche de Tlatelolco publicó la entrevista de una madre que buscó entre los cadáveres a su hijo y reveló que por lo menos había contado 65 cadáveres.[7]

Jorge Castañeda en su artículo “Los 68 del 68“, publicado el 30 de agosto de 2006 en el periódico Reforma escribió:

De acuerdo con el informe histórico, en la Plaza de las Tres Culturas murieron ―cabalísticamente― 68 estudiantes y un soldado…”. Y todo uso de la fuerza pública se empezó automáticamente a asimilar al 68, pero al 68 magnificado: al de los 500, no al de los 68. Todo uso de la fuerza se volvió una masacre en potencia…”

Los Juegos Olímpicos

El sábado 12 de octubre de 1968, el presidente mexicano, Díaz Ordaz, inauguró los XIX Juegos Olímpicos, bautizados como “La Olimpiada de la Paz“, en ese momento un grupo de manifestantes lanzó sobre el palco presidencial, un papalote de color negro en forma de paloma, en repudio por la matanza del 2 de octubre.

Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado

En enero de 2005, la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (FEMOSPP), solicitó la aprehensión de 55 personas presuntamente responsables de la matanza de Tlatelolco. En mayo de 2005, la FEMOSPP aseguró que el ex presidente Luis Echeverría sería consignado ante un juez penal federal. Para entonces, la fiscalía consideraba también como sospechosos de la matanza tanto al ex presidente, como al ex procurador general de la República, Julio Sánchez Vargas; al ex agente del Ministerio Público, Salvador del Toro Rosales; al entonces subdirector de la Dirección Federal de Seguridad (DFS), Luís de la Barreda Moreno; y al entonces comandante de un grupo de agentes, Miguel Nazar Haro. En noviembre de 2006 el juez José Mattar, responsable del Segundo Tribunal Unitario en Materia Penal, ordenó la detención de Luís Echeverría. Se ordenó su arresto domiciliario, debido a su avanzada edad. En julio, un tribunal federal concedió un amparo contra el auto de formal prisión, y se ordenó levantar el arresto domiciliario. El titular del Tercer Tribunal Unitario en Materia Penal, Jesús Guadalupe Luna Altamirano, exoneró a Echeverría al considerar que no existía ninguna prueba que lo inculpara como responsable de los hechos ocurridos cuando fue secretario de Gobernación; si bien determinó que hubo genocidio planeado y ejecutado.

Libros y películas

  • El 2 de octubre es narrado en la película Rojo amanecer (1989), dirigida por Jorge Fons, que gira en torno a una familia de clase media que vive en el Edificio Chihuahua lugar donde, según diversas fuentes, empezaron la refriega. Fue filmada en 1989 y es protagonizada por Héctor Bonilla, María Rojo, los hermanos Demián y Bruno Bichir y Eduardo Palomo entre otros, pero no fue sino hasta 1990 que se permitió su exhibición por considerarse de contenidos violentos y subversivos para algunas formas de pensar.
  • La novela Muertes de Aurora de Gerardo de la Torre se refiere a la participación de un grupo de petroleros de la Refinería de Azcapotzalco en el movimiento estudiantil. José Woldenberg ha llamado este libro: “La mejor novela escrita sobre 1968″.
  • El libro La Noche de Tlatelolco (1971) de Elena Poniatowska es un trabajo periodístico en el que se recopila testimonios de varios testigos y participantes de este evento.
  • La novela Los días y los años, de Luis González de Alba, relata la experiencia personal del autor (entonces miembro del CNH) antes y después del conflicto.
  • Estos sucesos son satirizados en el libro de René Aviles Nueva Utopía y los guerrilleros, publicado en 1973.
  • La novela de “Regina: el dos de Octubre no se olvida” de Antonio Velasco Piña.
  • La película del realizador suizo Richard Dindo Ni perdón, ni olvido… [1]
  • La novela La Plaza de Luis Spota narra una historia ficticia del asesinato de una estudiante.
  • El pequeño libro La noche de Santo Tomás, escrito por el Doctor Igor de Leon, narra uno de los hechos poco divulgados del 68 mexicano, la toma a sangre y fuego del Casco de Santo Tomás.
  • La estela de Tlatelolco de Raúl Álvarez Garín.

Notas y referencias

  1. Testimonios directos, documentales y autores como Julio Scherer García, Carlos Monsiváis, Elena Poniatowska e informes desclasificados del Gobierno de Estados Unidos por The National Security Archive son un ejemplo.
  2. El movimiento del 68: un legado perdurable, entrevista con el doctor Carlos Aguirre
  3. a b c d Conología 1968 ILCE-SEP
  4. a b c d e f Los sexenios: Gustavo Díaz Ordaz, Edit. Clío.
  5. Aguayo Quezada, Sergio. La Charola: Una historia de los servicios de inteligencia en México, 2001, Págs. 133-137
  6. “The death of Tlatelolco”
  7. Poniatowska, Elena. LA NOCHE DE TLATELOLCO. Editorial Era

Enlaces externos

Commons

Wikipedia.org

Escrito por Eduardo Aquevedo

28 septiembre, 2008 a 5:32

La ideología del libre mercado está lejos de desaparecer, por N. Klein

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por Naomi Klein

Lo que sea que signifiquen los sucesos de estos días recientes, nadie debería creer las exageradas afirmaciones de que la crisis del mercado implica la muerte de la ideología del “libre mercado”. La ideología del libre mercado siempre ha sido un sirviente de los intereses del capital, y su presencia fluye y refluye dependiendo de su utilidad a esos intereses.

Durante los tiempos de prosperidad resulta rentable pregonar el laissez-faire, porque un gobierno ausente permite que las burbujas de la especulación se inflen. Cuando esas burbujas se revientan, la ideología se vuelve un estorbo, y duerme mientras el gran gobierno llega al rescate. Pero no se preocupen: la ideología regresará cuando los rescates hayan terminado. Las masivas deudas que la gente está acumulando para rescatar a los especuladores se volverán parte de una crisis presupuestaria global que será la justificación para profundos recortes en los programas sociales y para un renovado empuje hacia privatizar lo que queda del sector público. También nos dirán que nuestras esperanzas de un futuro verde son, lamentablemente, demasiado costosas.

Lo que no sabemos es cómo va a responder la gente. Consideren que en Estados Unidos toda la gente menor de 40 años creció con el pregonar de que el gobierno no podía intervenir para mejorar sus vidas, que el gobierno es el problema no la solución, que el laissez-faire es la única opción. Ahora presenciamos un gobierno extremadamente activista, intensamente intervencionista, al parecer dispuesto a hacer lo que sea necesario para salvar a los inversionistas de sí mismos.

Este espectáculo necesariamente plantea la pregunta: si el Estado puede intervenir para salvar a las empresas que tomaron imprudentes riesgos en los mercados inmobiliarios, ¿por qué no puede intervenir para evitar el inminente hecho de que millones de estadunidenses enfrenten un juicio hipotecario? De la misma manera, si 85 mil millones de dólares pueden instantáneamente ser puestos a disposición para comprar a la aseguradora gigante AIG, ¿por qué el seguro médico universal –que protegería a los estadunidenses de las prácticas depredadoras de las compañías aseguradoras de servicios de salud– parece ser un sueño inalcanzable? Y si cada vez más empresas necesitan fondos del erario para mantenerse a flote, ¿por qué los contribuyentes no pueden exigir cosas a cambio, como topes a los salarios de los ejecutivos y una garantía contra más pérdidas de empleos?

Ahora que quedó claro que los gobiernos sí pueden actuar en tiempos de crisis, será más difícil que en el futuro aleguen que no pueden hacer nada. Otro cambio potencial tiene que ver con las esperanzas que tiene el mercado de futuras privatizaciones. Durante años, los bancos de inversión globales han cabildeado con los políticos para obtener dos nuevos mercados: uno que vendría de privatizar las pensiones públicas y el otro que vendría de una nueva ola de carreteras, puentes y sistemas de agua potable privatizados o parcialmente privatizados. De pronto, ambos sueños ya se volvieron mucho más difíciles de vender: los estadunidenses ya no están de humor para confiar más sus activos individuales y colectivos a los imprudentes jugadores en Wall Street, sobre todo porque parece ser muy probable que los contribuyentes tendrán que pagar para comprar de regreso sus activos cuando la próxima burbuja estalle.

Con las pláticas de la Organización Mundial del Comercio descarriladas, esta crisis podría ser el catalizador de un enfoque radicalmente alternativo a la regulación de los mercados mundiales y los sistemas financieros. Ya vemos un giro hacia la “soberanía alimentaria” en el mundo en desarrollo, en vez de dejar el acceso a los alimentos a los caprichos de los intermediarios con materias primas. Quizá al fin llegó la hora para ideas como imponer impuestos a las transacciones bursátiles, lo cual disminuiría la velocidad de la inversión especulativa, así como otros controles del capital global.

Y ahora que la nacionalización no es una palabra sucia, las compañías de petróleo y de gas deberían estar alertas: alguien tiene que pagar por el tránsito hacia un futuro más verde, y lo lógico es que la mayor parte de los fondos provengan del altamente rentable sector que es más responsable de nuestra crisis climática. Definitivamente es más lógico que crear otra peligrosa burbuja en el comercio del carbón.

Pero la crisis que enfrentamos requiere de cambios más profundos. La razón por la cual se permitió la proliferación de estos préstamos basura no fue sólo porque los reguladores no entendían el riesgo. Es porque tenemos un sistema económico que mide nuestra salud colectiva exclusivamente con base en el crecimiento del PIB. Mientras los préstamos basura alimentaban nuestro crecimiento económico, nuestros gobiernos activamente los apoyaban. Así que lo que realmente está en predicamento con la crisis es el incuestionable compromiso con un crecimiento a cualquier costo. A lo que nos debería llevar esta crisis es a que nuestras sociedades midan la salud y el progreso de una manera radicalmente diferente.

Sin embargo, nada de esto ocurrirá sin una fuerte presión social sobre los políticos en este momento clave. Y no un cordial cabildeo, sino regresar a las calles y realizar el tipo de acción directa que propició el New Deal en los años 30. Sin él, habrá cambios superficiales y un regreso, lo más pronto posible, a más de lo mismo.

Copyright 2008 Naomi Klein.

Traducción: Tania Molina Ramírez

Naomi Klein, Es autora de La doctrina del shock. www.naomiklein.org

La jornada.com

Escrito por Eduardo Aquevedo

28 septiembre, 2008 a 3:33

La crisis financiera: ¿dinero a cambio de basura? P. Krugman

con 3 comentarios

Por Paul Krugman

Algunos escépticos llaman al plan de rescate de 480.000 millones de euros propuesto por Henry Paulson “dinero a cambio de basura”. Otros han bautizado la legislación propuesta Autorización para el Uso de la Fuerza Financiera, en referencia a la Autorización para el Uso de la Fuerza Militar, la infame ley que dio al Gobierno de Bush luz verde para invadir Irak.

Hay algo de razón en estas pullas. Todos coinciden en que debe hacerse algo grande. Pero lo que Paulson solicita para sí mismo -y para su sucesor- es un poder extraordinario para emplear el dinero de los contribuyentes en un plan que, en mi opinión, no tiene ni pies ni cabeza.

Algunos dicen que debemos sencillamente confiar en Paulson porque es un tipo inteligente que sabe lo que hace. Pero eso es sólo verdad a medias: es un tipo inteligente, pero, ¿qué exactamente en la experiencia del pasado año y medio -un periodo durante el cual Paulson ha declarado repetidamente que la crisis financiera estaba “contenida”, y después ha ofrecido remedios que no servían- justifica la creencia de que sabe lo que hace? Se lo inventa a medida que avanza, como el resto de nosotros.

Por eso, pensemos por nosotros mismos. Yo veo cuatro fases en la crisis financiera:

1. El estallido de la burbuja de la vivienda provoca un drástico aumento de la morosidad y de las ejecuciones hipotecarias, lo cual a su vez induce una caída de los precios de los activos hipotecarios, activos cuyo valor se deriva en última instancia de los pagos hipotecarios.

2. Estas pérdidas financieras dejan a muchas instituciones financieras muy escasas de capital: muy pocos activos en comparación con su deuda. Este problema es especialmente grave porque todo el mundo contrajo muchas deudas durante los años de la burbuja.

3. Como las instituciones financieras tienen demasiado poco capital en relación con su deuda, no pueden, o no quieren, proporcionar el crédito que la economía necesita.

4. Las instituciones financieras intentan pagar su deuda mediante la venta de activos, incluidos los activos hipotecarios, pero esto hace bajar los precios de los activos y empeora aún más su posición financiera. Este círculo vicioso es lo que algunos denominan la paradoja del desendeudamiento.

El plan de Paulson se basa en la compra por parte del Gobierno federal de activos problemáticos, principalmente activos hipotecarios, por valor de hasta 486.000 millones de euros. ¿Cómo resuelve esto la crisis?

Bien, podría romper el círculo vicioso del desendeudamiento, la cuarta fase de mi esquemática descripción. Pero ni siquiera eso está claro: están sometidos a presión los precios de muchos activos, no sólo los de aquellos que el Tesoro propone comprar. Y aunque el círculo vicioso sea limitado, el sistema financiero seguirá paralizado por la escasez de capital.

O mejor dicho, seguirá paralizado por la escasez de capital a no ser que el Gobierno federal pague por los activos que compra un precio muy superior al real, proporcionando a las empresas financieras -y a sus accionistas y ejecutivos- una gigantesca lluvia de dinero a costa de los contribuyentes. ¿He mencionado que este plan no me convence?

La lógica de la crisis parece exigir que la intervención no se dé en la cuarta fase, sino en la segunda: el sistema financiero necesita más capital. Y si el Gobierno va a proporcionar capital a las empresas financieras, debería obtener aquello que corresponde a quien aporta capital: una parte de la propiedad, de modo que si el plan de rescate funciona, no vayan todos los beneficios a parar a los que provocaron el caos en primer lugar.

Eso es lo que ocurrió con la crisis de las cajas de ahorros: los federales se hicieron con la propiedad de los bancos malos, no sólo de sus activos malos. Y también es lo que ha ocurrido con Fannie y Freddie. (Y por cierto, ese rescate ha hecho lo que se suponía que debía hacer. Los tipos de interés hipotecario han bajado drásticamente desde la absorción estatal).

Pero Paulson insiste en que quiere un plan “limpio”. En este contexto, “limpio” significa una ayuda financiera proporcionada por los contribuyentes sin condiciones a cambio: ninguna contrapartida por parte de los que reciben la ayuda. ¿Por qué es eso bueno? Si a eso le sumamos el hecho de que Paulson también exige una autoridad dictatorial, además de inmunidad frente a una revisión “por parte de cualquier tribunal u organismo administrativo”, el resultado es una propuesta inaceptable.

Soy consciente de que el Congreso está sometido a una enorme presión para que apruebe el plan de Paulson en los próximos días, con unas cuantas modificaciones que, como mucho, harán que sea un poco menos malo. Básicamente, después de haberse pasado año y medio diciéndonos a todos que la situación estaba controlada, el Gobierno de Bush notifica que el cielo se nos viene encima, y que para salvar el mundo tenemos que hacer exactamente lo que nos dice, ya mismo.

Pero yo insto al Congreso a que se detenga a pensar un minuto, respire hondo, e intente en serio rehacer la estructura del plan, convirtiéndolo en un plan que ataje el problema real. No dejen que los avasallen; si este plan se aprueba en su forma actual o algo remotamente parecido, todos lo lamentaremos enormemente en un futuro no muy lejano.

Paul Krugman es profesor de Economía en la Universidad de Princeton.

© New York Times Service, 2008.

El País.com

Escrito por Eduardo Aquevedo

28 septiembre, 2008 a 3:23

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