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Archivo para agosto 1st, 2008

R. KARADZIC. CRIMINAL DE GUERRA, O MILITAR DERROTADO Y CHIVO EXPIATORIO?

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Holanda. Acusado por 11 cargos, afirma que se le ha “secuestrado” y que teme por su vida Karadzic revela pactos con EU´. El ex líder serbo bosnio afirmó ante el juez del tribunal de La Haya que acordó con Richard Holbrooke poner fin a la guerra a cambio de su retirada pública; el negociador estadounidense lo niega.

El juicio del caso 18/18 comenzó ayer en el Tribunal Penal Internacional de La Haya. El líder serbo bosnio Radovan Karadzic, de 63 años, vestido con traje azul oscuro, camisa blanca, pelo corto peinado hacia atrás y un semblante serio, acusado por once cargos de genocidio y crímenes de guerra, reafirmó la teoría sostenida por su familia de que había llegado a un acuerdo secreto con el negociador estadounidense Richard Holbrooke para poner fin a la guerra de Bosnia a cambio de su retirada de la vida pública. “Mi compromiso era retirarme de la vida pública, incluso de la vida literaria”, indicó Karadzic. “A cambio, Estados Unidos cumpliría con sus obligaciones”, dijo, sin especificar en qué consistían. Holbrooke “hablaba en nombre de Estados Unidos”, aseveró.

La familia de Karadzic defiende que Holbrooke, negociador ante el ex presidente serbio Slobodan Milosevic, prometió no entregar al ex jefe político de los serbo bosnios al tribunal, si desaparecía de la escena pública. Florence Hartmann, consejera y portavoz de la ex fiscal Carla del Ponte, ya había afirmado que antes de 1997, los soldados de la OTAN desplegados en Bosnia no hicieron nada para detener a Karadzic, pese a que éste se desplazaba a sus anchas por Pale, capital de la autoproclamada república serbia de Bosnia.

Holbrooke negó, en entrevista con la CNN, el acuerdo con Karadzic, pero afirmó en cambio que obtuvo de él el compromiso de retirarse de la vida política en julio de 1996. “Negocié un acuerdo muy duro. Tuvo que dimitir inmediatamente de sus dos cargos: el de presidente de la parte serbia de Bosnia y el de presidente de su partido. Y lo hizo”, dijo Holbrooke. “Pero cuando desapareció, hizo circular una información errónea sobre el acuerdo, diciendo que no se le perseguiría si desaparecía”, agregó en serbio, única lengua que usó. Karadzic denunció que su arresto fue un “secuestro” marcado por las “irregularidades” y que teme por su vida. También solicitó hacer uso del plazo legal de 30 días para declararse culpable o no de los cargos de genocidio, crímenes de guerra y contra la humanidad que le imputa el Tribunal Penal Internacional (TPI) para la ex Yugoslavia por su papel en la guerra de Bosnia (1992-1995). Interrogado por el juez Alphons Orie sobre la ausencia de abogados a su alrededor, Karadzic dijo: “Tengo un consejero invisible. He decidido asegurar mi defensa yo mismo, no sólo en mi comparecencia inicial, sino a lo largo de todo el proceso”. Su próxima audiencia tendrá lugar el 29 de agosto, una vez consumido el plazo de 30 días solicitado.

Alphons Orie, el juez,

Escrito por Eduardo Aquevedo

1 agosto, 2008 a 17:09

LA DERECHA LATINOAMERICANA Y LAS FARC DE COLOMBIA: ESCENARIOS FUTUROS

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Colombia

por Raúl Zibechi
(15 de julio de 2008)

En el primer semestre de 2008 se ha producido un fuerte viraje político, que le permite a las derechas, locales y globales, y a las multinacionales, recuperar posiciones y retomar la ofensiva. El viraje no se circunscribe a Colombia, aunque tiene allí su epicentro mayor, sino que se extiende a países como Argentina, Bolivia y Perú, pero en lo esencial afecta a toda la región.

En Colombia, si alguna vez hubo algún equilibrio estratégico entre las FARC y las fuerzas armadas, en los últimos meses se ha quebrado a favor del Estado. La guerrilla perdió toda posibilidad de negociar un acuerdo humanitario en condiciones favorables, no puede mantener ofensivas militares ni políticas, sufre un agudo descrédito entre la población y ya no cuenta con aliados significativos en la región ni en el mundo. Aún así, lo más probable es que las FARC sigan adelante, con menguada capacidad de iniciativa y con la probable fragmentación entre sus mandos y frentes, como lo sugiere el desenlace de la liberación de los 15 secuestrados.

La estrategia delineada por el Comando Sur y el Pentágono, y plasmada en el Plan Colombia II, no contempla ni la derrota definitiva ni la negociación con la guerrilla. Eliminar a las FARC del escenario sería un pésimo negocio para la estrategia imperial de desestabilización y recolonización de la región andina, a la que Fidel Castro definió como “paz romana”. Ese proyecto no puede llevarse a cabo sin guerra, directa o indirecta, o sea sin la desestabilización permanente como forma de reconfiguración territorial y política de la estratégica región que incluye el arco que va de Venezuela a Bolivia y Paraguay, pasando por Colombia, Ecuador y Perú.

Por un lado, se trata de despejar la región andina para facilitar el negocio multinacional actual (minería a cielo abierto, hidrocarburos, biodiversidad, monocultivos para agrocombustibles) que supone tanto la apropiación de los bienes comunes como el desplazamiento de las poblaciones que aún sobreviven en esos espacios. No estamos ante un capitalismo, digamos, “normal”, el que fue capaz en su momento de establecer alianzas y pactos que dieron vida al Estado benefactor, en base a la triple alianza entre Estado, empresarios nacionales y sindicatos. Se trata de un modelo financiero-especulativo y de acumulación por desposesión, que sustituye las negoaciones por las guerras y la extracción de plusvalor por la apropiación de la naturaleza. O sea, un capitalismo de guerra para tiempos de decadencia imperial.

Este sistema asume la forma de capitalismo criminal o mafioso en países como Colombia, porque no sólo es funcional a la guerra y al robo, sino que ellas forman su núcleo central, su principal modo de acumulación. Eso explica la alianza estrecha entre empresas privadas de guerra, que cuentan en ese país con 2 a 3 mil mercenarios apodados ahora “contratistas”, con un Estado paramilitar como el que encabeza Alvaro Uribe, asentado en la alianza con paramilitares y narcotraficantes. En Colombia, a ese orden de cosas le han hecho frente tres fuerzas: la guerrilla, la izquierda del Polo Democrático y los movimientos sociales. La primera cree que puede vencer con las armas o negociar con ese nuevo poder. El Polo desestima el papel de Washington y de las multinacionales, como diseñadores y usufructuarios del Estado paramilitar mafioso, y sobreestima por lo tanto los márgenes democráticos. Los movimientos, por su parte, tienen grandes dificultades para superar la escala local y sectorial y no están en condiciones, por ahora, de erigirse en actores alternativos.

El Plan Colombia II fue el encargado de diseñar ese Estado militarista y en este momento busca afianzarlo. Ahora que las FARC no representan riesgo mayor para ese proyecto, aparece con claridad el objetivo de largo plazo trazado. Lejos de abrir espacios para la negociación, como desea la izquierda, el mensaje de los últimos meses indica un solo camino: ni la paz ni la rendición les garantiza la vida a los guerrilleros. O combaten y resisten o les espera el exterminio, como sucedió a fines de la década de 1980. Se trata de golpear sus núcleos territoriales para desplazarlos hacia las zonas fronterizas con Venezuela y Ecuador, donde el Plan Colombia II aspira a convertirlos en instrumento de la desestabilización regional.

Por eso Venezuela y Hugo Chávez adoptaron la estrategia de reducir la tensión con el gobierno de Uribe. No se trata de una cuestión ideológica, como pretenden algunos analistas. Ese debate vale para las mesas de café o los despachos académicos, pero tiene escasa utilidad cuando se trata de la sobrevivencia de proyectos de cambio social. Si se consolida el proyecto imperial, toda la región sufrirá con la polarización, de ahí la urgencia por desmontar los conflictos, tanto en Colombia como en Argentina y Bolivia.

Un eventual triunfo de Barack Obama tampoco modificará las cosas. Puede atemperar los rasgos más autoritarios del uribismo, lo que explica el nerviosismo del gobierno de Bogotá y su solícita alianza con el candidato republicano. Lo cierto es que los planes del Comando Sur no dependen del inquilino de la Casa Blanca, y que estos apuntan a promover una acción integral en la región que la convierta en una zona estable y un baluarte inexpugnable para mantener la hegemonía estadounidense a escala global. En suma, las elites imperiales aspiran usar la fuerza de las armas para revertir su decadencia, que pasa por la recolonización de América Latina. En un período como el actual, sólo la movilización popular y las vías políticas pueden contribuir a debilitar la ofensiva que viene del Norte.

http://www.cetri.be/spip.php?article738&lang=es

Escrito por Eduardo Aquevedo

1 agosto, 2008 a 12:35

Escrito en AMERICA LATINA, USA

América del Sur: nuevo mapa político y económico, por P.Stefanoni, N. Restivo

con 8 comentarios



Néstor Restivo. Podríamos hablar de tres momentos recientes en Sudamérica, siguiendo algo que entre otros plantea Emir Sader desde Clacso: una fase neoliberal en los 90, crisis y surgimiento de varios gobiernos que en más o en menos revisan y cambian el modelo, y hoy una especie de contraofensiva de la derecha para reocupar posiciones. No porque haya perdido dinero con los gobiernos progresistas o «nacional- populares» surgidos en la región, en general siguieron acumulando riqueza y la matriz distributiva no cambió demasiado. Pero sí es claro que no manejan el poder como antes, no tienen en los gobiernos autoridades tan permeables, algunas multinacionales se fueron con juicios (Exxon de Venezuela, Suez de Argentina, Oxy de Ecuador) y hay políticas sociales, energéticas, de derechos de pueblos nativos, educativas, o una política exterior no alineada con el imperialismo (a escala regional, el freno al ALCA, en lo global, trabando acuerdos no convenientes en la OMC o el FMI, por ejemplo), que van a contramano del esquema de los 90 y afectan a largo plazo los intereses de la reacción. Vos vivís hace varios años en Bolivia y podés ver mejor eso en Santa Cruz de la Sierra.

¿Lo enmarcás en esa reacción general de la derecha en América Latina?

Pablo Stefanoni. En parte comparto el planteo de los tres momentos. Si miramos Argentina, es claro que hay un cambio comparativamente con el anterior gobierno de Néstor Kirchner: con Cristina y el conflicto con el campo, la oposición conservadora encontró un eje, es un tema bien complejo de todos modos, pero le permitió a la derecha cierta posibilidad de acción que no tenía con Kirchner, encontraron un terreno más firme desde el cual operar.

NR. La oposición, en algunos momentos del conflicto, logró quitarle la iniciativa de la agenda a Cristina. Kirchner instalaba los temas, y ahora cuesta más, quizá por esta contraofensiva que estaría habiendo. Ahora, si aceptamos la idea de este tercer momento en que los sectores beneficiados en el neoliberalismo buscan reimponer condiciones, ¿se puede ubicar el arranque en la derrota de Chávez en su proyecto constitucional de 2007?

PS. La derrota en el plebiscito del fin de año alineó a la oposición y eso podría significar cierto giro, habría que ver qué pasa con las elecciones regionales de fin de año. Venezuela y Argentina quizá coinciden en que los dos gobiernos ya acumulan una cantidad de años –más Chávez, obvio- y eso puede producir cierto desgaste y también algún desfase entre cierta retórica nacional popular, por así decir, y en el caso argentino muchas continuidades, por ejemplo en materia petrolera. Eso le quita cierta credibilidad en la pelea entre el campo y el gobierno. Y a veces suena un poco a farsa el «cacerolazo» como la «recuperación popular» de Plaza de Mayo.

NR. ¿Y en Venezuela?

PS. Ahí veo un proceso más largo y un problema serio de gestión de Estado, un desfase entre el voluntarismo de Chávez de anunciar muchísimas cosas y un Estado que no está a la altura de llevarlas adelante, como las misiones o los mercales de venta de alimentos, que parece que no están funcionando del todo bien. Y luego de varios años, es un poco injustificable con los recursos que hay del petróleo, con los que se podría haber encarado más y mejor el tema de la industrialización. También hay problemas de corrupción en la nueva elite que se aprovecha del Estado y que Chávez no puede disciplinar. Todo esto llevaría a algún cansancio y se expresó en el último referéndum constitucional. Hubo una fuerte abstención chavista y eso definió el resultado. Lo mismo veo en la propia complejidad del Partido Socialista Unificado que no termina de cuajar como partido de nuevo tipo o más participativo y masivo.

NR. Hay desgaste, claro. Chávez lleva casi una década, el kirchnerismo va por su sexto año y a Lula en Brasil le queda hasta el 2011. El caso de Chile, con ser diferente porque es el que mantiene el programa económico más neoliberal de los gobiernos progresistas de la región, va por el cuarto mandato de la Concertación y cada elección se le complica más vencer a la derecha de verdad, que profundizaría el modelo neoliberal. Veo ese desgaste, más la prevalencia de lo retórico sobre cambios más sustanciales como un espacio que también aprovecha la derecha para reacomodarse. Aunque el desgaste tiene que ver también con el límite que presentan las propias sociedades, no sólo los gobiernos, para encarar saltos cualitativos más altos.

PS. Hace poco el chileno Manuel Antonio Garretón decía que la izquierda en América Latina no está tomando el poder sino sólo tomando el gobierno. En el discurso de Chávez es más clásica esa idea de toma del poder, creer que es para siempre, que todo se juega a lo máximo, pero ¿la sociedad lo ve así? Me refiero por ejemplo a la idea de socialismo, de la cual se habla sobre todo en Venezuela, algo en Ecuador y no tanto en Bolivia. Digo, hay ahí cierto desfase entre la propuesta de la dirigencia chavista y bastante confusión en el mundo popular, donde la izquierda clásica venezolana no había llegado. Me parece que entre la cultura política que irradia el gobierno y la cultura popular heredada no se llegó a tender puentes más efectivos. ¿No es apresurado hablar de socialismo sin haber preparado antes más el terreno? En todo caso, para volver al planteo original, luego de la derrota de Chávez en 2007, a nivel regional ya se habla mucho menos del socialismo del siglo XXI como se hablaba antes, cuando ese concepto había logrado cierta expansión en la región.

NR. Volvamos a ese planteo de la contraofensiva en Bolivia, y lo que está pasando en el oriente liderado por Santa Cruz.

¿Encaja en lo que estamos hablando, o tiene otros componentes?

PS. En un punto tiene que ver, aunque siempre hay particularidades en cada caso. En el de Bolivia, el accionar opositor de Santa Cruz empezó casi en paralelo al triunfo de Evo Morales, diría que aún antes. La demanda autonómica tiene dos partes, y cabalga sobre un tema histórico: hablamos de un país con muchas dudas sobre su integridad y unidad territorial por las guerras en las que perdió territorio con varios países vecinos y por los problemas concretos de falta de comunicación e infraestructura entre las regiones, un país donde no es sólo altiplano y oriente sino norte y sur (los de Tarija hablan de los «norteños» para referirse al gobierno central de La Paz). Dicho esto, y aclarando que observo una cierta inflación sobre el tema de la autonomía de Santa Cruz, tanto dentro como afuera de Bolivia, decía que la demanda autonómica tiene dos partes. Una más democrática y otra conservadora. La primera son reclamos atendibles a un Estado ferozmente centralizado. Santa Cruz ni siquiera habla de federalismo, no se anima por el tabú histórico del unitarismo y el te mor al separatismo, habla de una autonomía más ambigua, más a la española, donde algunos departamentos (provincias) sean más autónomos que otros menos. Recién en los años 80 en Bolivia pudieron elegirse los alcaldes (intendentes) y en 2005 los prefectos (gobernadores). Eso era muy indefendible.

NR. Bueno, es que en la región, en el siglo XIX, predominó la forma unitaria, en Chile aún el presidente elige a dedo a los gobernadores de las regiones. Pero decías que la demanda autonómica tiene otra pata más reaccionaria.

PS. Sí, obviamente me refiero a que el oriente con eje en Santa Cruz se quiere blindar a los cambios que plantea Evo y ellos no quieren, en particular la política de tierras y en general el giro nacionalista e indigenista del gobierno. Toda vez que hubo un gobierno nacional o popular, por llamarlos de un modo que englobe al MNR y la Revolución del 52, a Juan José Torres en los 70 o Evo ahora, la organización del golpe o de la reacción provino y proviene ahora de Santa Cruz. Igual incluso pasó con la UDP de Siles en los años 80. Dicho sea de paso, Siles ni siquiera podía ira Santa Cruz, Evo al menos va.

NR. No le va tan bien, hay un discurso racista muy fuerte contra su gobierno, agresiones de la extrema derecha…

PS. Pero igual puede ir, y se estima que tiene un tercio del electorado departamental con él. Bien, los movimientos revolucionarios o populares nacieron siempre en occidente, y el oriente se opuso. En la crisis del gas de 2003, hasta se barajó la idea de que Sánchez de Lozada fuera a gobernar desde Santa Cruz. Ahora, por más que Santa Cruz pase a la ofensiva contra la política de Evo, su fuerza no es nacional. Sus planteos son muy radicales pero pasan por evitar que esa política entre en su departamento, pero no tiene fuerza ni hasta ahora líderes (de ellos a los que apoyen) que puedan ofrecer una alternativa nacional.

NR. Pablo, la elite cruceña fue penetrada en años recientes por inversores extranjeros, como los petroleros, o brasileños y argentinos dedicados a la soja o en menor medida a la ganadería.

¿Cómo juegan esos nuevos actores en la conformación de una nueva derecha en Bolvia?

PS. Todavía no son visibles en las elites, sí se habla de un cambio en el sentido que antes había logias cruceñas -Los Caballeros del Oriente y Toborochi- que controlaban las cooperativas de servicios públicos, muy importantes, y en general ciertos espacios de poder, como los comités cívicos. Pero en los 90 perdieron peso y se articula una elite de otro tipo por la entrada del capital extranjero en la soja y el petróleo y el gas por las privatizaciones. Tienen base en Tarija pero la sede de las empresas están en Santa Cruz.

NR. Bueno, la Cámara de Hidrocarburos, por ejemplo, es parte del apoyo del comité cívico.

PS. Sí, en ese caso se ve que en la elite entraron intereses extranjeros. Es curioso cómo generan todo tipo de fantasma en la población, como la idea de que quieren dividir Bolivia. Y hay quienes dicen que como el embajador estadounidense Philip Goldberg (muy activo y criticado por el gobierno de Evo) fue embajador en Kosovo, y como hay dirigentes empresarios de origen croata, hablan de un peligro de «yugoslavización», como en la Segunda Guerra Mundial se hablaba de una «polonización» de Bolivia, por la partición de Polonia… imágenes exageradas que tienen que ver con aquellas dudas de la integridad territorial boliviana. Santa Cruz, en definitiva, lo que sí busca es la desconexión para tratar de impedir un programa de reformas de Evo sobre todo en tierras, en la reforma agraria, en recursos naturales, en impuestos. Y hay que decir que si antes de 2004 un Estado autonómico no era evidente, ahora lo es, y Santa Cruz lo ve como su logro histórico. Hoy la autonomía se acepta en todos lados (incluso el gobierno) aunque cada uno la interpreta a su modo en cuanto a las competencias. Y Evo está muy fuerte, lo vamos a ver en el referendum revocatorio de agosto, impulsado con un muy mal cálculo político por la oposición de Podemos, del Tuto Quiroga.

NR. Hablemos de algo que me parece clave para no poder avanzar más en algunas reformas en toda la región: la capacidad técnica, los cuadros del Estado. Uno ve Bolivia y, si no estuvieran con Evo el vice Alvaro Linera o quizá Juan Ramón Quintana en el gabinete, pareciera que no hay mucho más como para mantener un proceso revolucionario. En Venezuela (como pasó en Bolivia con YPFB o en Argentina con YPF), la salida de cuadros de PDVSA en la era neoliberal vació de inteligencia a la empresa clave. En Ecuador quizá sí hay una segunda línea de Rafael Correa bien preparada, pero no mucho más allá. En Brasil sí el PT ha generado escuela de cuadros, aunque algunos se fueran por la política de Lula, además que el Estado, por ejemplo en Itamaraty (cancillería) tiene una línea de acción de largo plazo

¿Ves como un problema serio la falta de cuadros en estos gobiernos de la región, un déficit que en general no tiene la derecha cuando gobierna?

PS. Sí, no sé si tanto en Argentina, el peronismo logró mantener una estructura con capacidad de gestión, más allá de la opinión de cada uno.

NR. A diferencia del APRA peruano, el PRI mexicano o el MNR boliviano, procesos digamos similares, ciertamente el peronismo, por su eje sindical o porque supo adaptarse a cada etapa reciclándose sorprendentemente, superó la crisis de los grandes partidos. Es un caso muy especial. En Bolivia o Venezuela y otros casos hubo una implosión de viejos partidos y surgieron nuevas elites (aun de derecha, como en Colombia, liderada por Uribe). Y por otro lado, los movimientos sociales no lograron imponer en Argentina, tras la crisis de 2001, un liderazgo distinto y con proyección nacional.

PS. Coincido. El peronismo fue capaz de reciclar mucha gente que por ejemplo había sido importante en el menemismo. Pero en la región sí se nota falta de liderazgo. El chavismo, por ejemplo, ocupó un vacío, igual Correa en Ecuador o el MAS en Bolivia. Con todo Ecuador es interesante porque es casi espejo de Bolivia: hay más cuadros en el gobierno y menos movimientos sociales, Correa defiende la idea de una revolución ciudadana que toma la idea de ciudadanía más individual que corporativa, y dijo que los corporativismos son malos así fueran empresarios, indígenas o sindicales. En Bolivia en cambio llegan al gobierno los movimientos sociales pero hay pocos cuadros. El MAS es bastante pobre en su rol. Evo ha avanzado bien en la alfabetización, en la cuestión sanitaria, pero en otras cosas no puede. Chávez igual, pasó una década y no se ven tantos resultados estructurales. Muchas veces debió hacer un estado ad hoc, como son las misiones. Y el tema de los cuadros y su preparación es un déficit. También influye la idea latinoamericana del caudillismo o de un presidencialismo fuerte.

NR. Con todos los déficit que vemos, sin embargo sería imposible un proceso de integración sudamericana como el que se impulsa con una corriente mayoritaria de otro tipo de gobiernos. ¿Cómo ves ese proceso?

PS. Muchos proyectos son buenos, pero me parece que el déficit es que después no hay posibilidad de procesamiento institucional de las ideas, eso complica la integración muchas veces, incluso Chávez en algunas cumbres actuó así y Lula se enojó («el Mercosur no sirve para nada», llegó a decir en un momento el venezolano) o descalificó lo hecho por los cancilleres. Veo la integración hasta ahora como un proceso más político y de afinidad de los gobiernos que de hechos concretos.

NR. Pero hay aspectos que avanzan, la complementación industrial en algunas ramas en Argentina y Brasil, la cuestión energética, el proyecto Banco del Sur, la posible coordinación algún día de temas monetarios o hasta de defensa, o una cara común frente a organismos globales. Claro, eso no quiere decir que todo vaya sobre ruedas ni que sea de resolución rápida, pero otro tipo de gobiernos no hubieran ido en esa línea. De hecho, proyectos «alternativos » de integración hay, como los del IIRSA que impulsa el Banco Mundial, pero supone una estrategia que mira al mercado externo para exportar recursos naturales, desde soja a cobre, pasando por otros productos agroganaderos o mineros básicamente. En ese sentido me pregunto si estos años con Lula, Chávez, Kirchner, o los más recientes Evo, Correa, Tabaré Vázquez en Uruguay, se aprovecharon lo suficiente como para dejar instituciones de integración perdurables y en avance, como defensa a futuras acciones que puedan poner en peligro esta construcción de unidad sudamericana.

PS. En Venezuela o Bolivia se cambió mucho la subjetividad popular y eso no es poco, pero a nivel más estructural, si por ejemplo llegara otro tipo de gobierno a Venezuela, no está claro qué cambió estructuralmente en ese país con Chávez, me refiero a algo que sea difícil revertir, no las misiones u otras políticas que tuvieron y tienen efecto social pero no son medidas estructurales. Lo que habría que discutir es qué es un proyecto post-neoliberal hoy, más allá de lo retórico, creo que la izquierda latinoamericana está discutiendo poco los procesos nuevos. Cuba es un agujero negro, hay razones nostálgicas… pero no es bueno no discutir lo que está pasando con estas nuevas medidas de Raúl Castro. Por supuesto hay, para hablar de Cuba o de Venezuela o de otro país de la región, grupos duros, trotskistas, que están ahí para criticar y descalificar y decir que son medidas burguesas. Pero hablo de la izquierda que apoya este tipo de procesos. Me gustaría verla discutir más activamente.

NR. Decís si gana otro gobierno en Venezuela. Ese era el tema de esta charla, ¿no? Qué pasa si la reacción logra imponerse. Este escenario no es fatal que se quede para siempre. En Argentina, y a veces lo olvidamos, en 2003 bien pudieron pasar a ballotaje Menem y López Murphy, estuvieron a muy pocos puntos. A Chávez en el golpe de 2002 quizá lo bajaban. Correa no ganó la primera vuelta. Si gana la derecha en Chile será otra cosa, más allá de todo lo tibia que sea la Concertación. En Uruguay, dentro del Frente Amplio hay una línea que maneja el Ministerio de Economía y la relación con EE.UU con Danilo Astori a la cabeza. Lula termina mandato en 2011. A veces me queda la sensación de que faltó capitalizar más este momento democrático en la región, aun aceptando lo difícil de un proceso transformador en esta época, la herencia recibida, los miles de muertos en el camino…

PS. Por eso creo que falta debatir y criticar más, con ánimo constructivo. Sería para entender más este proceso.

NR. Y nos quedaron afuera varios temas, y países. Perú y Colombia, no casualmente los únicos, junto con Chile, con TLC con EE.UU. (en Colombia aún no ratificado, pero ellos tienen algo más peligroso como el Plan Colombia). Otro mapa que se puede hacer de Sudamérica es países que firmaron y que no firmaron ese tipo de TLC. Y nos quedó hablar más de Uruguay y Paraguay, ambos también con gobiernos de centroizquierda que vienen a darle a sus sociedades por primera vez la posibilidad de reformas a fondo luego de tanto tiempo con gobiernos conservadores.

http://www.cetri.be/spip.php?article746&lang=es

Escrito por Eduardo Aquevedo

1 agosto, 2008 a 12:14

COLOMBIA: EL LADO OCULTO Y SUBJETIVO DEL SECUESTRO

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El amor murió en la selva

El drama del secuestro se añade muchas veces el final de la relación de pareja de las víctimas – El trauma cambia los roles – La soledad y los chismes agrandan la brecha

“Se llevaron a un hombre y me devolvieron otro”, afirmó, con un deje de dolor, Lucy de Géchen, el día que anunció el divorcio de su esposo Jorge Eduardo. Habían pasado apenas cuatro meses desde que él, con 20 kilos menos, encanecido y con aspecto de tener muchos años más de los que realmente tenía, había recuperado la libertad después de seis años de permanecer secuestrado por la guerrilla de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia). “Se enamoró de otra”, agregó sentida Lucy, como si recordara el largo tiempo que esperó a su hombre.

No es un caso aislado. Los secuestros, todos ellos, causan un efecto emocional enorme. Tan grande, que los sentimientos cambian. Y se transforman en el que está allá, aislado, humillado y en el que se queda soñando en el abrazo de bienvenida. El 48% de las parejas acepta que la dolorosa experiencia ha golpeado sus relaciones, aseguran en País Libre, fundación que trata de descifrar las más profundas huellas que deja el secuestro que en Colombia prolifera con las FARC, el narcotráfico y la delincuencia común. Lo dijo Jorge Eduardo Géchen en comunicado público: “Nuestra separación es una de las secuelas que nos han dejado esos seis años de profundo sufrimiento”.

En Colombia, para nadie pasó inadvertida la frialdad, la indiferencia con que Ingrid Betancourt saludó a Juan Carlos Lecompte, su segundo esposo, al llegar a Bogotá tras su rescate el pasado 2 de julio. Ella viajó un día después a París; él se quedó en Bogotá. Para frenar los rumores y las conjeturas, Lecompte dio la cara. En una entrevista con el diario El Tiempo abrió su alma. “Esperaba un abrazo fuerte”, dijo. “El amor por mí pudo habérsele acabado en la selva”. Y aseguró que los chismes sobre las supuestas relaciones que él tuvo, pudieron llevar a este frío encuentro.

La directora de País Libre, Olga Lucía Gómez, explica gráficamente lo que ocurre. “Es una película de vídeo; alguien da al pause, la detiene y se mete en otro mundo. En el momento de regresar desea que al pulsar de nuevo el pause siga rodando la misma película; pero resulta que ya no es la misma”. Igual proceso viven las familias. “Volver a combinar ese cúmulo de vivencias y sentimientos, ponerlos en una sola vía, es un tema muy complejo”, asegura esta psicóloga.

Los chismes sobre lo que ocurre aquí y allá, figuran en la lista de los factores que inciden para que el anhelado reencuentro no funcione. Hay más. En las interminables horas de soledad hay tiempo para revisar, para evaluar cada expresión de la relación. A veces esa reevaluación no coincide. Y está el cambio de roles. El hombre vuelve y encuentra a su mujer -antes tímida, dependiente-, convertida en hábil negociante, desenvuelta en escenarios públicos pues asumió, en su ausencia, la bandera contra el secuestro, el manejo del dinero…

El choque se produce también con los hijos. El de uno de los que aún permanece en la selva confesó hace poco: “No sé si voy a aceptar que mi papá me regañe cuando regrese”. Se lo llevaron cuando él era un colegial de nueve años. Hoy es un aventajado universitario. Pero para otros el impacto resulta aún mayor: regresan y un niño al que jamás han visto, se les cuelga al cuello y los llama papá. Sus mujeres estaban embarazadas cuando a ellos les partieron en dos la vida.

Clara Rojas, secuestrada con Ingrid Betancourt a comienzos de 2002, asegura que retomar el hilo de la “novela en pausa”, es más fácil para el secuestrado. “Las familias cambian pero están en el mismo ambiente. Sin embargo, uno tuvo una vivencia totalmente diferente, difícil de explicar y lograr que, con la óptica de aquí, se entienda”.

Su experiencia fue especialmente dramática. A los dos años de estar allá supo que estaba embarazada de un guerrillero. Siempre había querido ser madre. En ese momento tenía 40 años y pensé: ‘¿Qué tal que después no se me presente la oportunidad?’. Por eso no me planteé como opción abortar; decidí pelear por mi hijo”, cuenta mientras acaricia la pulsera llena de figuras de vírgenes, que le regaló hace poco uno de sus hermanos. Y fue una decisión difícil de explicar a quienes compartían con ella una cárcel alambrada en medio de la selva. “Sobre todo los hombres estaban inquietos, muy preocupados. Yo les dije: ‘Como ninguno de ustedes es el papá, tranquilos, no es problema de ustedes’. Y tomé el control de mi situación”.

Hoy Clara, como dice ella misma, “se está reinventando”. Se dedica a escribir un libro sobre su dura experiencia. El resto del tiempo lo dedica a consentir al amor que nació allá. Emmanuel de cuatro años, ojos grandes, negros y un flequillo lacio sobre su frente. “Uno cambia, se vuelve más práctico, menos apasionado. Me pregunto, entre otras cosas, si tendré la capacidad de volverme a enamorar…”. Lo dice como si pesara cada palabra, en medio de una tímida sonrisa. Trata de hablar lo mínimo. Cree que es la manera de “cicatrizar heridas”.

“En el secuestro se tiene que construir otra vida. Tiene que tener algún sentido, algún significado lo que se hace allá”, afirma, enfática, Olga Lucía Gómez. Mientras fuma, cuenta que muchos encapsulan los sentimientos, los bloquean -”si piensan mucho en su familia se debilitan”-, y concentran toda su energía en sobrevivir, en enfrentar el presente. “En las experiencias límite si no canalizan los sentimientos de amor hacia algo o alguien hay menos posibilidad de vivir…”.

Y ese amor se canaliza, a veces, hacia un compañero de pesadilla. Una ex secuestrada confesó a este periódico que tuvo opciones de enredarse con rehenes como ella, pero las desechó. “Todos eran hombres casados y una no sabía si realmente harían esfuerzos por cambiar su vida cuando regresaran”. Ella no quería sumar otro dolor a su calvario. Hoy se alegra. Algunos de sus compañeros “no visualizaron la encrucijada que les esperaba al recobrar la libertad y hoy sufren ante un nuevo dilema”.

Esos amores que nacen en medio del secuestro, casi nunca sobreviven. Perduran fuertes lazos de lealtad, se desdibuja el enamoramiento. Dary Lucía Nieto, psicóloga de País Libre, habla de otras relaciones que se dan en el marco de la supervivencia, que son difíciles de curar. Las de afecto, de agradecimiento, por los captores que tuvieron mínimos gestos de humanidad. Una mujer, cuenta, lloraba y extrañaba al guerrillero que, en medio de las marchas eternas por la selva, se la echaba al hombro cuando ella tenía los pies llenos de ampollas.

El tiempo de separación impuesto por el secuestro a las parejas se convierte en una suerte de interinidad afectiva, injusta de lado y lado. Las esposas de los 11 diputados asesinados por las FARC tras seis años de cautiverio, varias jóvenes y hermosas, pintaban así su condición durante ese largo tiempo de espera: “No somos ni viudas, ni separadas, ni casadas…”. Muchos ojos están pendientes de los movimientos de quien se queda. Las censuras llueven con el más inocente gesto de coquetería con el sexo opuesto. Hay suegras que se convierten en vigilantes de la fidelidad de sus yernos y nueras; piensan que siguen su vida demasiado a su aire.

Pero también hay secuestrados que no tienen opción de intentar el reencuentro. Uno de los 11 soldados que regresó a la vida junto con Ingrid Betancourt, encontró que su mujer ya tenía hogar con otro… Y le ocurrió también al hoy ex canciller Fernando Araujo, al que se llevaron cuando estaba estrenando segundo matrimonio con una mujer bastante menor. Al poco tiempo empezó a extrañar los mensajes radiales de ella -en Colombia hay programas dedicados a enviar mensajes a secuestrados- , preguntó a sus captores buscando respuestas al silencio. Pero sólo cuando regresó seis años después confirmó lo que se había negado a aceptar: ella era feliz al lado de su nuevo esposo y su pequeño hijo. Hoy el ex canciller también reencontró el amor. Como dice Olga Lucía Gómez, el secuestro, que se vive y se asimila luego, de diferente manera, a veces se puede olvidar, pero siempre deja huellas.

El País.com

Escrito por Eduardo Aquevedo

1 agosto, 2008 a 11:36

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